Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996–2002)
Entre 1996 y 2002, los grandes medios colombianos —El Tiempo, Caracol y RCN— construyeron una representación del conflicto que amplificó sistemáticamente la amenaza de las FARC mientras los paramilitares pasaban de presencia en 109 municipios a 722 sin cobertura proporcional a su expansión ni a sus masacres. Esa asimetría fue el suelo discursivo sobre el que se asentaron el Plan Colombia y la política de Seguridad Democrática.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1996–2002
- Dónde
- Colombia, Bogotá, San Vicente del Caguán, Caguán, Urabá, Montes de María, Catatumbo, Mapiripán, El Salado, Córdoba
- Protagonistas
- Carlos Castaño Gil (jefe AUC, arquitecto de la estrategia mediática paramilitar), Salvatore Mancuso (comandante paramilitar), Manuel Marulanda Vélez 'Tirofijo' (comandante FARC), Raúl Reyes (vocero FARC en el Caguán), Andrés Pastrana Arango (presidente de Colombia 1998–2002), Álvaro Uribe Vélez (candidato y presidente electo 2002), Claudia Gurisatti (periodista RCN, entrevistó a Castaño en La Noche), Darío Arizmendi (periodista Caracol, entrevistó a Castaño), Mauricio Aranguren (periodista, autor de Mi confesión, 2001), El Tiempo, Caracol Radio y Televisión, RCN Radio y Televisión
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Estructura de propiedad corporativa de los medios: los consorcios que sustituyeron a las familias liberales y conservadoras compartían con las élites regionales y militares el diagnóstico de que la guerrilla era la amenaza sistémica al orden social, predisponiendo encuadres editoriales sin necesidad de instrucciones explícitas.
- Agencia comunicacional deliberada de las AUC: Carlos Castaño construyó una operación de legitimación pública —página electrónica, entrevistas en Cambio, El Meridiano, RCN y Caracol, el libro Mi confesión (2001)— que ofreció a los medios un interlocutor presentable y un discurso de autodefensa frente a la incapacidad estatal.
- Escenografía mediática de las FARC: los secuestros masivos (Miraflores 1998, 132 retenidos; Mitú 1998, 62 policías), las tomas de poblaciones y la silla vacía de Marulanda en el Caguán (7 de enero de 1999) proveyeron a los medios de imágenes, cifras y símbolos irresistibles que concentraron la agenda pública en la guerrilla.
- Coacción letal contra el periodismo regional: los asesinatos de periodistas —concentrados en departamentos del norte y suroccidente con fuerte presencia paramilitar y guerrillera— impusieron autocensura estructural en las zonas donde ocurría la expansión paramilitar, vaciando la cobertura local.
- Sesgo benevolente del Estado hacia el paramilitarismo: antes de 1995 no existían cifras oficiales de paramilitares dados de baja o encarcelados; la acción represiva estatal se dirigió casi exclusivamente contra la guerrilla, y el rechazo institucional a informes como el de Human Rights Watch (1996) sobre vínculos militares-paramilitares bloqueó la tematización mediática de esos nexos.
- Fracaso del proceso del Caguán: la euforia inicial y las expectativas desproporcionadas levantadas por los medios se convirtieron en descrédito acumulado conforme las FARC usaron la zona de distensión para fortalecerse militarmente, retroalimentando la narrativa de la guerrilla como actor de mala fe y principal amenaza.
Consecuencias
- Legitimación discursiva del giro militarista: la representación mediática dominante fabricó consenso para el Plan Colombia (2000) y para la política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, elegido en 2002 sobre la promesa de mano dura contra las FARC, sin que el paramilitarismo fuera tematizado como amenaza equivalente.
- Invisibilización de más de 250 masacres paramilitares (1997–2000): hechos como Mapiripán, El Aro, La Granja, El Salado y Chengue —con aproximadamente 1.700 muertos— recibieron cobertura marginal o fueron reencuadrados como bajas en combate según la versión de las AUC, retrasando décadas el reconocimiento público de su escala.
- Instalación del término 'autodefensas' en la prosa editorial: la estrategia discursiva de las AUC logró que los grandes medios adoptaran progresivamente ese encuadre, desacoplando al paramilitarismo del estigma de fuerza encubierta del Estado y del narcotráfico.
- Criminalización del campesinado cocalero: al no visibilizar que los paramilitares eran aliados del Estado y estaban orgánicamente asociados al narcotráfico, la cobertura dominante contribuyó a que la represión recayera sobre el eslabón más débil de la cadena, el campesino cultivador.
- Precondición para la impunidad estructural del paramilitarismo: la ausencia de cobertura proporcional durante la expansión paramilitar dificultó la formación de una opinión pública que exigiera rendición de cuentas, y los nexos Estado-paramilitares solo fueron documentados judicialmente años después, en el marco de Justicia y Paz y por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
- Descrédito duradero de la solución negociada: el tratamiento mediático del Caguán contribuyó al desprestigio de los diálogos de paz como instrumento político, condicionando negativamente los intentos de negociación posteriores y reforzando el consenso en torno a la salida militar.
La clave interpretativa
Por qué importa
La asimetría mediática de 1996–2002 no fue un sesgo pasivo sino un dispositivo activo: los medios funcionaron como actores que fabricaron legitimidad para el giro contrainsurgente al tiempo que la mayor expansión paramilitar de la historia colombiana ocurría fuera de foco. Comprender ese mecanismo es indispensable para entender por qué el Plan Colombia y la Seguridad Democrática encontraron respaldo social, y por qué la responsabilidad estatal en el paramilitarismo tardó décadas en ser reconocida públicamente. Es, además, un caso paradigmático de cómo la estructura de propiedad mediática y la agencia comunicacional de actores armados pueden moldear la percepción colectiva del enemigo con consecuencias políticas de largo alcance.
Desarrollo histórico
La historia completa
Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996-2002)
Entre 1996 y 2002, el conflicto armado colombiano alcanzó su punto más letal. En esos mismos años, los tres grandes conglomerados de información del país —el diario El Tiempo, Caracol Radio y RCN, con sus derivas televisivas— construyeron una representación de la guerra que privilegió sistemáticamente una amenaza sobre otra. Las FARC ocuparon el centro de la agenda pública: los secuestros masivos, las tomas de poblaciones, el fracaso escenográfico del Caguán. Los paramilitares, en cambio, pasaron de tener presencia en 109 municipios en 1994 a 722 en 2002 sin recibir una cobertura proporcional a su expansión, a sus masacres ni a sus nexos con el Estado.
Esa asimetría no fue un accidente editorial. Fue el producto conjunto de la agencia comunicacional de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), de la estructura de propiedad de los medios, de la coacción letal contra el periodismo regional y del propio ruido escénico de la guerrilla. Y fue el suelo discursivo sobre el que se asentaron el Plan Colombia y, en 2002, la política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez.
El mundo del que brota la asimetría: propiedad de élite, ejército débil y guerra escalada
La estructura sobre la que se levantó el sesgo mediático de fines de los noventa no era nueva. La prensa, la radio y la televisión colombianas habían estado durante décadas en manos de las familias nucleares de los partidos Liberal y Conservador. Eduardo Santos y Carlos Lleras Restrepo dirigieron El Tiempo; Alberto Lleras dirigió El Liberal y Semana; Enrique Olaya Herrera, Laureano Gómez y Alfonso López Michelsen combinaron el ejercicio periodístico con la aspiración presidencial. Entre 1910 y 1990, ser dueño o director de un diario y ser candidato a la presidencia fueron trayectorias muchas veces intercambiables. Esa endogamia entre élite política y propiedad mediática se diluyó en la última década del siglo XX, cuando las familias vendieron sus participaciones a grandes consorcios corporativos, pero el desplazamiento no democratizó el sistema: sustituyó un sesgo familiar por otro, el de los grupos económicos, que reprodujo con mayor eficacia la estructura de clases del país en la práctica editorial.
Esa arquitectura de propiedad se expresó en un tratamiento particular de los temas sociales sensibles. La pobreza, la salud precaria y la educación de las clases trabajadoras, cuando aparecían, tendían a hacerlo bajo el registro que los cineastas Luis Ospina y Carlos Mayolo bautizaron como pornomiseria: la miseria vista desde afuera, exhibida sin política. El Estado, además, no era pasivo: intentó manipular la información e influir en los reportajes a través de relaciones familiares, personales o políticas con directores y propietarios, complementando el condicionamiento estructural con presión coyuntural.
Sobre ese terreno cayó, a mediados de los noventa, un salto cualitativo del conflicto. Las Fuerzas Militares, castigadas en Las Delicias (1996), El Billar (1998) y Miraflores (1998), quedaron expuestas como un ejército incapaz de contener a una guerrilla que había institucionalizado el secuestro desde su Cuarta Reunión Plenaria de agosto de 1969 —cuando recomendó tomar "importantes personalidades del enemigo, o ricos industriales"— y que en los ochenta y noventa lo había convertido en su principal fuente de financiación y presión política. En paralelo, los grupos de autodefensa, hasta entonces dispersos regionalmente, se unificaron en 1997 bajo la sigla AUC, con la vocería política de Carlos Castaño Gil. La confluencia era explosiva: una guerrilla en expansión, un Estado militarmente rebasado, unos paramilitares recién federados y un sistema de medios de propiedad corporativa preparado para amplificar aquello que se acomodara al sentido común de sus dueños.
La agencia comunicacional de las AUC: cómo se fabricó una vocería
Ninguna asimetría mediática se sostiene solo por lo que los medios hacen; también por lo que los actores externos les ofrecen. Y las AUC ofrecieron algo que las FARC, encerradas en un lenguaje marxista-leninista fosilizado, no supieron construir: una operación deliberada de legitimación pública.
Carlos Castaño asumió esa vocería con una precocidad tecnológica notable. Abrió una página electrónica de las AUC, concedió entrevistas a la revista Cambio en 1997, a El Meridiano de Córdoba en enero de 1998 y, sobre todo, aceptó una entrevista televisada en el programa La Noche de RCN, conducido por Claudia Gurisatti, y otra que copó la atención pública con Darío Arizmendi en Caracol. Recibió delegaciones políticas, gremiales y académicas en sus zonas de control para explicar sus objetivos y justificar sus acciones contra las guerrillas. En 2001, el periodista Mauricio Aranguren publicó Mi confesión, un libro construido a partir de largas entrevistas con Castaño que enlazaba la historia personal del jefe paramilitar —el asesinato de su padre a manos de las FARC en 1981— con una narrativa mayor del conflicto colombiano, mezclando verdades comprobables con mentiras estratégicas en un dispositivo propagandístico de manual.
El discurso de esa operación se organizó alrededor de tres piezas. Primera, la definición de las AUC como "un Movimiento Político-Militar de carácter antisubversivo en ejercicio del derecho a la legítima defensa": la insistencia en el término autodefensas, no paramilitares, buscaba desacoplar al grupo del estigma de fuerza encubierta del Ejército y anclarlo en un derecho supuestamente natural, anterior al Estado, a armarse frente a la incapacidad de la fuerza pública. Segunda, la construcción personal de Castaño como interlocutor razonable: en Cambio negó ser "un monstruo" y afirmó que solo mataba "guerrilleros fuera de combate, que no son campesinos sino guerrilleros vestidos de civil"; en El Meridiano se autodefinió como "un hombre sensible que nunca ha utilizado las tácticas crueles" y parte del "ala moderada" de las autodefensas, mientras sus estructuras conducían masacres de conquista territorial. Tercera, el reencuadre sistemático de los hechos violentos: cuando en febrero de 2000 los paramilitares asesinaron a decenas de personas en El Salado (Montes de María), las AUC negaron que se tratara de una masacre y presentaron los muertos como bajas en combate y a las víctimas como colaboradoras de las FARC —una versión que los grandes medios recogieron con niveles variables de escepticismo y que solo investigaciones posteriores, ya en el marco de Justicia y Paz, contribuirían a desmontar.
Esta estrategia coincidió, no por azar, con la mayor expansión territorial paramilitar de la historia del país. A partir de 1997, las AUC se proyectaron hacia todos los puntos cardinales: Urabá, Córdoba, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena, Norte de Santander, Meta, Casanare, Putumayo. Los 109 municipios con presencia paramilitar de 1994 se multiplicaron hasta los 722 de 2002. La operación mediática de Castaño no ocultó esa expansión: la acompañó, la explicó, la volvió inteligible bajo la clave del derecho a la legítima defensa. Entre 1997 y 2000, en paralelo, los paramilitares cometieron más de 250 masacres que dejaron alrededor de 1.700 muertos en Mapiripán, El Aro, La Granja, El Salado, Chengue y decenas de localidades menos nombradas.
La escenografía de las FARC y la apertura del Caguán
Del otro lado, las FARC ofrecieron a los medios exactamente lo que necesitaban para sostener la narrativa de la amenaza principal: escenas, cifras y símbolos.
El 3 de agosto de 1998 tomaron la base de Miraflores, en Guaviare, y se llevaron a 132 miembros de la fuerza pública, la mayor cifra de retenidos en una sola acción guerrillera del conflicto. La toma de Mitú, ese mismo año, dejó 62 policías secuestrados. Solo en 1998, 310 personas fueron sacadas de poblados tras tomas o ataques guerrilleros y obligadas a subir a las montañas. En abril de 1999 el ELN secuestró a los pasajeros de un avión de Avianca; en mayo, a 143 feligreses en la iglesia La María de Cali, en la operación bautizada como pesca milagrosa. Cada uno de esos hechos fue, para los medios, una oferta de cobertura irresistible: nombres propios, familias en vilo, imágenes de campamentos que se filtraban meses después, condiciones de retención que testimonios comparaban con "campos de concentración" —una expresión que circuló y contribuyó al descrédito de las FARC-EP más que cualquier análisis editorial.
Sobre esa acumulación de agravios se abrió el proceso del Caguán. El 7 de enero de 1999, en San Vicente del Caguán, el presidente Andrés Pastrana Arango se sentó en la tarima inaugural junto a una silla vacía: Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, no se presentó. La imagen —el jefe de Estado esperando al jefe guerrillero que no llega— condensó, en un solo plano, una narrativa completa: la del gobierno humillado, la de la guerrilla arrogante, la de un proceso viciado desde su origen. Los medios amplificaron el gesto sin que los diálogos hubieran comenzado siquiera a sustantivarse.
Las negociaciones se abrieron a la prensa con el argumento de la transparencia. El efecto fue el contrario del previsto: al someter cada gesto a escrutinio inmediato, se instaló una presión de opinión pública que las FARC alimentaron con creces. En la zona de distensión —los 42.000 kilómetros cuadrados de despeje militar— la guerrilla no solo dialogó: entrenó personal, adquirió armamento, consolidó su estructura de mando y llegó a duplicar sus efectivos en ese lapso. El Espectador llegó a describir las escenas del despeje como "teatro del absurdo o comedia barata". El proceso avanzó envuelto en una euforia inicial y terminó, en febrero de 2002, sumergido en el descrédito.
La cobertura asimétrica: qué se amplificó y qué se opacó
Del lado de las FARC, todo era escena mediática: la silla vacía, las jaulas de los soldados retenidos, las declaraciones altisonantes de Raúl Reyes, las cifras crecientes del secuestro extorsivo —que entre 1996 y 2003 se convirtió en la principal fuente de recursos criminales del país, con las FARC como beneficiaria principal—, la interrupción reiterada de los diálogos. La agenda pública se organizó alrededor de una pregunta única: ¿qué van a hacer las FARC?
Del lado paramilitar, en cambio, se combinó una visibilidad muy administrada por Castaño con una invisibilización sistemática de tres capas de información. Primera, la escala real de la expansión territorial: la triplicación municipal entre 1994 y 2002 nunca fue objeto de un tratamiento editorial equivalente al que recibió cada avance guerrillero. Segunda, la naturaleza de las masacres: negadas como tales por las AUC y presentadas como bajas en combate, con frecuencia fueron consignadas en las páginas interiores, sin la insistencia de portada que sí recibieron los secuestros. Tercera, y decisiva, los nexos entre agentes estatales y estructuras paramilitares.
Esa tercera capa contaba con documentación disponible desde antes de 1996. Human Rights Watch publicó ese año un informe sobre los vínculos militares-paramilitares en Colombia; el ministro de Defensa Juan Carlos Esguerra lo desacreditó públicamente en El Tiempo alegando que se basaba en información desactualizada. El comandante de las Fuerzas Militares, general Harold Bedoya, contribuyó al rechazo institucional del señalamiento. Antes de 1995 no existían cifras oficiales de paramilitares dados de baja en combate o encarcelados, pese a su actividad simultáneamente violenta y pública: el Estado había dirigido su acción represiva casi exclusivamente contra la guerrilla, con un sesgo benevolente hacia las autodefensas tan pronunciado que la probabilidad estadística de una respuesta equivalente contra ambos actores era prácticamente nula.
En años posteriores, la Corte Interamericana de Derechos Humanos probaría la responsabilidad estatal en el favorecimiento del paramilitarismo en las sentencias sobre las masacres de los 19 comerciantes, La Rochela, El Aro, La Granja y Mapiripán. Salvatore Mancuso reconocería su participación en El Aro y La Granja, señalando que en la operación intervino un helicóptero de la Gobernación de Antioquia y que el secretario de Gobierno departamental Pedro Juan Moreno estuvo enterado. Los informes sobre la Comuna 13 de Medellín documentarían la actuación premeditada y sistemática de agentes de la fuerza pública en la consolidación paramilitar, con el general Mauricio Santoyo como facilitador de comunicaciones. Pero entre 1996 y 2002, en el momento en que esos hechos ocurrían, la cobertura mediática dominante no los tematizó con la intensidad que sí dedicó a cada movimiento de las FARC.
En ese mismo período, el término autodefensas se instaló progresivamente en la prosa editorial de los grandes medios y el encuadre dominante de la guerrilla como narcoterrorismo se consolidó en paralelo, sin un tratamiento equivalente del vínculo orgánico entre paramilitarismo y narcotráfico.
Por qué se produjo la asimetría: causas estructurales, coyunturales y coactivas
La asimetría de cobertura no se explica por un solo factor y no fue una conspiración planificada. Fue el resultado convergente de tres órdenes causales que operaron simultáneamente.
En el orden estructural, la propiedad corporativa de los medios reproducía un sesgo de clase que predisponía sus encuadres. Los grupos económicos que habían adquirido las participaciones de las viejas familias liberales y conservadoras compartían con las élites regionales y con parte del establecimiento militar un diagnóstico de fondo: la guerrilla era la amenaza sistémica al orden social y económico, y las autodefensas —cualesquiera fueran sus excesos— cumplían una función que el Estado no lograba cumplir. Ese diagnóstico no requería instrucciones editoriales: bastaba con la selección natural de temas, ángulos, fuentes y jerarquías informativas.
En el orden coyuntural, el fracaso ostensible del Caguán, la duplicación de las FARC en la zona de distensión, la seguidilla de secuestros masivos y las tomas guerrilleras generaron un flujo de acontecimientos que las FARC misma alimentó y que ningún medio podía razonablemente dejar de cubrir. La guerrilla, en su propia lógica, ofreció los materiales sobre los que se construyó la narrativa que la desprestigió. Simultáneamente, las AUC ejecutaron una operación comunicacional consciente y sofisticada —Castaño en televisión, Mi confesión en librerías, la insistencia terminológica en las autodefensas, la explotación del hartazgo social frente a las FARC— que colonizó activamente el espacio editorial y que, en algunos casos, encontró en los medios interlocutores dispuestos a acomodar el discurso legitimador sin escrutinio.
El tercer orden, el coactivo, suele olvidarse cuando se habla de la responsabilidad de los medios, y sin él no se entiende por qué las regiones donde más se expandió el paramilitarismo fueron también las que padecieron mayor silencio informativo. Entre diciembre de 1977 y agosto de 2015, cerca de 152 periodistas fueron asesinados en Colombia. El período 1996-2005 concentra uno de los picos más altos de esa serie histórica, con los comunicadores de radio como principal grupo victimizado —24 casos en ese decenio, 15 de ellos entre 2001 y 2005— y con el período 1986-1995 registrando 29 asesinatos de periodistas de prensa escrita, la mayor concentración en ese formato. La distribución geográfica es reveladora: Cesar concentró todos sus asesinatos de periodistas en el período 1996-2005, sin víctimas antes ni después; Sucre replicó ese patrón. Norte de Santander, Huila, Cauca, Nariño, Putumayo y Bolívar acumularon víctimas en un mapa que se sobrepone, con precisión inquietante, al de la expansión paramilitar y guerrillera.
El asesinato de José Emeterio Rivas en Barrancabermeja —periodista que había entrevistado en vivo a Carlos Castaño en el año 2000 y que fue asesinado en el contexto de una alianza documentada entre paramilitares y la administración municipal, por la cual el alcalde Julio César Ardila Torres fue condenado a 29 años de prisión— condensa la complejidad de ese régimen coactivo: los periodistas regionales operaban en zonas donde nombrar al paramilitarismo era una decisión de vida o muerte, y donde los propios comunicadores mantenían a veces vínculos ambivalentes con los actores armados que los rodeaban. La autocensura no fue una elección editorial: fue la respuesta racional a una amenaza sistemática. Los grandes medios nacionales, al replicar o citar la información regional, heredaron ese silencio.
Consecuencias inmediatas: del descrédito del Caguán al Plan Colombia y a Uribe
Los efectos políticos de la asimetría fueron acumulativos y decisivos.
En el corto plazo, la cobertura contribuyó a desprestigiar los diálogos del Caguán ante una opinión pública que había abierto el proceso con expectativas desmesuradas y que fue quedándose, semana tras semana, sin argumentos para defenderlo. El teatro del absurdo editorializado por El Espectador se convirtió en sentido común. Cuando las AUC frenaron, hacia el sur de Bolívar, la propuesta paralela del ELN de despejar una zona para negociar —movilizando pobladores y advirtiendo que sería "otro Caguán"—, ese veto encontró eco en unos medios que ya habían aceptado la equivalencia entre despeje y fracaso. El gobierno fue incapaz de superar la presión y se perdió una oportunidad de negociación con la segunda guerrilla del país.
En febrero de 2002, tras el secuestro por las FARC del avión en que viajaba el senador Jorge Eduardo Gechem y a la sombra internacional de los atentados del 11 de septiembre de 2001 —que permitían recalificar a las FARC como "organización criminal de la droga" y potencial "plataforma del terrorismo mundial"—, Pastrana canceló los diálogos. En mayo, Álvaro Uribe Vélez, quien como gobernador de Antioquia había impulsado desde 1997 el aumento de fuerza pública en Urabá durante la expansión de las AUC, ganó la presidencia en primera vuelta con una plataforma de mano dura contra las FARC. El giro electoral no fue automático ni monocausal: se apoyó en la capacidad caudillista del candidato, en la reorganización de las Fuerzas Militares que Washington había exigido a Pastrana como condición del Plan Colombia y en la acumulación de agravios reales que las FARC habían cometido. Pero se asentó sobre un suelo discursivo que los medios habían contribuido a fabricar: un país donde la amenaza tenía un solo nombre y una sola dirección.
El Plan Colombia, negociado desde 1999 y desplegado con creciente involucramiento militar estadounidense —la propia participación de Fuerzas Especiales en la operación de retoma de la zona del Caguán apenas fue mencionada por los grandes medios y no tuvo consecuencias políticas—, encontró en esa asimetría el suelo que lo hizo viable. La opinión pública colombiana llegaría a atribuir a la guerrilla la mayor responsabilidad en la violencia del país; a los paramilitares les asignaría el segundo lugar entre los actores menos responsables, por debajo incluso de la delincuencia común y el Gobierno. Esa huella cuantitativa es la más nítida de lo que ocurrió entre 1996 y 2002.
Consecuencias de largo plazo: retorno de las víctimas y déficit de memoria
La Seguridad Democrática consolidó, entre 2002 y 2010, la reorganización militar que Washington había pedido y logró indicadores de reducción de la violencia que fueron atribuidos, en buena parte, a la reinserción de los paramilitares —la fuerza más letal contra la población civil en el conflicto—. La condescendencia con esa reinserción dejó huellas institucionales profundas, entre ellas la persistencia de estructuras armadas herederas y la infiltración del Congreso por la parapolítica.
Las víctimas del paramilitarismo tuvieron que esperar a la Ley de Justicia y Paz, aprobada en 2005, para que sus testimonios accedieran con alguna sistematicidad al espacio público. Las versiones libres de Mancuso, Jorge 40 (Rodrigo Tovar Pupo) y otros comandantes desmovilizados abrieron, tardíamente, la caja de lo que había estado ocurriendo mientras la cobertura editorial dominante miraba hacia el Caguán.
La Comisión de la Verdad, en su informe final de 2022, situaría la responsabilidad mediática dentro de un cuadro más amplio de omisiones institucionales, sin transformarla en tesis exculpatoria del resto del sistema. Los grandes medios no fueron los únicos actores de la asimetría —el sistema judicial, las fuerzas de seguridad, el Congreso, sectores del empresariado y de la política regional operaron en la misma dirección—, pero fueron el canal por el cual esa asimetría se hizo sentido común, se volvió respirable, dejó de parecer una decisión política para parecer una descripción de la realidad.
Por qué este proceso sigue importando
La asimetría mediática de 1996-2002 no fue un episodio cerrado con la desmovilización de las AUC ni con el fin del gobierno Uribe. Dejó dos legados que atraviesan la política colombiana contemporánea.
El primero es una asimetría persistente en la memoria pública. Los nombres de los comandantes de las FARC —Marulanda, Reyes, Alfonso Cano, Mono Jojoy, Iván Márquez, Timochenko— son parte del vocabulario nacional; los de los comandantes paramilitares regionales, salvo un puñado, no lo son. Las masacres de El Salado, El Aro, La Granja, Mapiripán y Chengue han ganado visibilidad en los años recientes, pero el trabajo de instalarlas en la memoria pública ha requerido décadas de reparación simbólica y jurídica, contra la corriente de un archivo mediático que en su momento no las jerarquizó.
El segundo es la persistencia del encuadre. La ecuación guerrilla igual amenaza principal, paramilitarismo igual efecto colateral se sedimentó como marco interpretativo por defecto de amplios sectores de la opinión pública. Cada crisis posterior —la ruptura del proceso de paz de La Habana, el rearme de disidencias, la persistencia del ELN— tiende a leerse desde ese marco antes que reconstruir el mapa completo de actores armados que produjeron y siguen produciendo la violencia colombiana.
Comprender esa convergencia —propiedad de élite, estrategia comunicacional paramilitar, violencia contra el periodismo regional, guerrilla que abastecía su propio desprestigio— es indispensable para entender por qué el país transitó, entre el fracaso del Caguán y el amanecer del uribismo, no solo hacia una política diferente sino hacia una descripción distinta de sí mismo. Los medios no fueron espectadores de ese tránsito: fueron coproductores. El país que emergió de la década no se entiende sin el país que, durante seis años, se le contó cada mañana en la primera plana y cada noche en el noticiero de las siete.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1201 cita
[1]expandió sus operaciones al resto de la costa atlántica, a los Llanos Orientales y a algunas regiones del centro y sur del país y del litoral Pacífico. A diferencia de Fidel, quien siempre rehusó ser fotografiado y publicar entrevistas, Carlos asumió la vocería política de las autodefensas, creó una página…p. 120
02No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 358, 3612 citas
[2]por ende, a una narrativa concreta en un momento de búsqueda de una salida negociada al conflicto. A esta aparición de marzo se le sumaría una segunda entrevista a profun- didad, realizada por Claudia Gurisatti para el programa La Noche del Canal RCN, el 9 de agosto del 2000. Esta exposición mediática precedió, a su…p. 358
[24]la opinión pública. «De la vaina de las FARC, los secuestros, el cuento, la retención de toda esta gente, cuando se vieron las primeras fotos que parecían campos de concentración de todos estos soldados. Y acuérdate de todas las tomas que hizo las FARC-Ep, muy exitosamente, 1062 Centro Nacional de Memoria Histórica…p. 361
03The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4211 cita
[3]history of Colombia was called: the pepes. Our existence was tolerated by the public prosecutor’s office, the police, the army, the DAS (Colombia’s main intelligence agency), and the Attorney General’s Office. Even President César Gaviria Trujillo never ordered a move against us. Journalists applauded in silence. And…p. 421
04¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1071 cita
[4]de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…p. 107
05Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 17, 1903 citas
[5]los actores en confrontación van modificándose a medida que el con - flicto armado evoluciona y se prolonga su duración. En consecuencia con lo anterior, Mauricio Romero advierte sobre la com- plejidad de poder mantener diferencias claras en la caracterización de los pa- ramilitares y las autodefensas, proponiendo que…p. 17
[6]los actores en confrontación van modificándose a medida que el con - flicto armado evoluciona y se prolonga su duración. En consecuencia con lo anterior, Mauricio Romero advierte sobre la com- plejidad de poder mantener diferencias claras en la caracterización de los pa- ramilitares y las autodefensas, proponiendo que…p. 17
[8]ocasionada en la guerra que libraban, bajo el derecho de legitima, autodefensa, eran guerrilleros. En una entrevista realizada por la revista Cambio en 1997, por ejemplo, Cataño afirmaba lo siguiente: “Me están satanizando. No soy ningún monstruo. Lo único que acepto es que mato guerrilleros fuera de combate, que no…p. 190
06Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4851 cita
[7]no cumple debidamente con su obligación, nos ha tocado ejercer este derecho. Además, el monopolio de las armas que debe ser exclusivo del Estado, no lo es. Porque hay un enemigo nacional que está armado, entonces, la sociedad civil ante la ineficiencia del Estado y el carácter de la agresión hace respetar su derecho a…p. 485
07A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 711 cita
[9]reductos de las FARC": "Se viene hablando de una masacre cometida por las ACCU contra 'indefensos campesinos', pues han sido bajas generadas en combate, y el despliegue malintencionado y tendencioso que han hecho los voceros de la guerrilla, sólo busca ocultar la cobardía y la falta de capacidad de combate de sus…p. 71
08Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 157, 1652 citas
[10]disipó. A costa de las improvisaciones gubernamentales y de la arrogancia y desmanes de las farc, con su pretendido dominio soberano de la zona de despeje del Caguán, o las volteretas del eln, los paramilitares, ayudados por los grandes medios de comunicación y el capitalismo mañoso, adquirieron voz pública y…p. 157
[11]divisiones en su interior, cumplió el come- tido básico de desprestigiar en la “opinión” los diálogos en la zona de despeje del Caguán que, según El Espectador, parecían teatro del absurdo o comedia barata. Las AUC también frenaron la propuesta del ELN sobre el despeje de una zona al sur del departamento de Bolívar,…p. 165
09La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1121 cita
[12]entrevista al periodista Darío Arizmendi en el programa de emisión nacional «Cara a Cara». El impacto novedoso de la presencia misma del jefe paramilitar le permitió copar la atención pública y poner en escena un discurso de legitimación de la guerra contrainsurgente y de sus prácticas, así como hacer invisibles los…p. 112
10Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1851 cita
[13]grupos armados, en especial los paramilitares, construyeron sobre los motivos y fines de sus ac- ciones, como en el caso de la masacre de El Salado. En el informe sobre esa masacre, sus autores contribuyen a desmontar el estigma con el cual la Casa Castaño justificó semejante horror 99. Según el CNRR-GMH, la masacre…p. 185
11Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 681 cita
[14]prestos a sacar del fango a sus clientes. Otra reunión clandestina, tendría lugar por la misma época, esta sí, convocada directamente por los cabecillas narco-paramilitares a los dueños y directores de la poderosa prensa nacional. Completo silencio! Nada que pudiera filtrarse a la opinión publica. Al parecer en dicha…p. 68
12Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 681 cita
[15]prestos a sacar del fango a sus clientes. Otra reunión clandestina, tendría lugar por la misma época, esta sí, convocada directamente por los cabecillas narco-paramilitares a los dueños y directores de la poderosa prensa nacional. Completo silencio! Nada que pudiera filtrarse a la opinión publica. Al parecer en dicha…p. 68
13Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 771 cita
[16]al resto del país. Se reproducía en cada localidad, con la disciplina militar de verdaderos psicópatas organizados. Hecho el ensayo y vistos sus resultados, el modelo de arrasamiento se aplicó luego a otras regiones y goza del silen- cio de la prensa oficial en Colombia. Y del silencio de la prensa en los países con…p. 77
14La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · p. 137, 1422 citas
[17]propia con cifras de la FLIP; CNMH, 2013 - 2015, Entrevistas de campo en diferentes regiones del país; González y Lozano, 2004, “La censura del fuego: Periodistas asesinados en Colombia”; Revisión de prensa escrita El Tiempo y El Espectador, realizada por el Grupo de investigación CNMH. 142 La palabra y el silencio…p. 142
[18]años 1986-1995 Periodos 5 años Periodo 10 años 1996-2005 Periodos 5 años Periodo 10 años 2006-2015 Total de víctimas de asesi- nato por Departa- mento 1977- 2015 1977- 1980 1981- 1985 1986- 1990 1991- 1995 1996- 2000 2001- 2005 2006- 2010 2011- 2015 Amazonas 0 0 0 1 0 1 0 0 0 0 0 0 1 Meta 0 0 0 0 1 1 0 0 0 0 0 0 1…p. 137
15Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3431 cita
[19]News Media Although Colombian law enshrined freedom of expression and of the press before 1991, the new charter reformulated the constitu- tional bases of press freedom by prohibiting censorship, and by directly linking freedom of expression with freedom of information. However, extralegal restrictions on the media…p. 343
16Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 3051 cita
[20]the weight they deserve given their urgency. Coverage of subjects of social concern such as poverty, health, and education among the working classes is also prone to slip into what filmmakers Luis Ospina and Carlos Mayolo have called “pornomiseria” [a pornographic view of poverty]. 16 The class bias tracks with the…p. 305
17La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 791 cita
[21]del país, en una zona selvática muy cerca de la frontera con Brasil, y la mantuvieron en su poder por tres días. Fueron expulsadas finalmente por las Fuerzas Armadas, pero alcanzaron a llevarse como rehenes a decenas de policías. Para cuando inició el proceso del Caguán, cientos de soldados y policías, incluyendo…p. 79
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3311 cita
[22]sobre todo militar, de miles de millones de dólares, que se conoció como el Plan Colombia, del año 2000. Los diálogos de paz del gobierno de Pastrana se llevaron a cabo en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, uno de los municipios que hizo parte de la infame zona de despeje que el Gobierno les…p. 331
19Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2891 cita
[23]medios de comunicación levantaron expectativas como si con su presencia quedara sellada la paz en Colombia, lo cual no era verdad, y a lo que no podía prestarse”400, y añadió que además “había 396 (osé Gregorio Pérez, R a ú l Rérej. E l Canciller de la Montaña, Bogotá, Editorial Norma, 2008. 397 Cf., Víctor G.…p. 289
20Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 277, 3032 citas
[25]ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…p. 277
[46]y el mundo de la pol í tica, le plan teaban a los grupos dominantes un proyecto capitalista apoyado en una poblaci ó n obrera educada y emancipada del control autorita rio de terratenientes y curas. Entre los presidentes de Colombia de 1910 a 1990 hubo m á s periodistas que grandes propietarios de tie rras e…p. 303
21The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 581 cita
[26]predecessors’ efforts to obtain US support for tackling violence and drug- trafficking, and negotiated the bilateral agree- ment, Plan Colombia, he also led the third attempt at peace talks with the FARC in San Vicente de Caguán from 1998 to 2002, the second event that influenced Santos’s peace policy. The Caguán…p. 58
22Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3601 cita
[27]contra las FARC-EP se dio especialmente a partir de mediados de los años noventa y no puso en suficiente evidencia que los grupos paramilitares eran aliados del Estado en la lucha contrainsurgente y que estaban orgánicamente asociados al negocio del narcotráfico. 681 Isacson, «Aún si el glifosato no fuera cancerígeno,…p. 360
23El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2802 citas
[28]matando a Manuel Marulanda Vélez, jefe máximo e histórico; a Jorge Briceño, líder militar; y a Raúl Reyes, principal negociador [...] 8 Pero ni un mando medio fue capturado o muerto. Un nuevo revés militar que se sumaba a los miles que llevan las Fuerzas Armadas colombianas y estadounidenses en este largo conflicto…p. 280
[29]matando a Manuel Marulanda Vélez, jefe máximo e histórico; a Jorge Briceño, líder militar; y a Raúl Reyes, principal negociador [...] 8 Pero ni un mando medio fue capturado o muerto. Un nuevo revés militar que se sumaba a los miles que llevan las Fuerzas Armadas colombianas y estadounidenses en este largo conflicto…p. 280
24Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 1321 cita
[30]ese proceso de conversaciones como parte de la toma del poder, no fueron para poner fin al conflicto, sino para fortalecerse, con miras a lograr su propósito de la toma del poder por las armas. Jamás la guerrilla de las FARC abandonó su aspiración de llegar al poder por las armas. ¡Jamás en el Caguán abandonó esa…p. 132
25Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1611 cita
[31]pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…p. 161
26Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 4251 cita
[32]los militares habían inducido la formación de paramilitares apoyados por el narcotráfico y los latifundistas. El presidente Pastrana (1998-2002), acosado por los gringos para frenar los avances del narcotráfico y su alianza con guerrillas y paramilitares, ideó el publicitado esperpento del proceso de paz del Caguán,…p. 425
27Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 902 citas
[33]Tirofijo por sus proezas con el fusil. 79 Uno de los primeros proyectos importantes de Marulanda, después de fundar las FARC en 1964, fue planear el secuestro de un rico industrial, Harold Eder. A comienzos de 1965, Marulan- da envió a sus seguidores al Cauca, donde Eder tenía una finca de vacaciones. Allí lo capturó…p. 90
[34]Tirofijo por sus proezas con el fusil. 79 Uno de los primeros proyectos importantes de Marulanda, después de fundar las FARC en 1964, fue planear el secuestro de un rico industrial, Harold Eder. A comienzos de 1965, Marulan- da envió a sus seguidores al Cauca, donde Eder tenía una finca de vacaciones. Allí lo capturó…p. 90
28Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 1761 cita
[35]atención y los llevaron a Cuba y los can- jearon (…) si [la solución] se prolonga en el tiempo, cada semana o cada día que pase habrá más prisioneros. Entonces, lo mejor es solucionarlo in- mediatamente. Además, lo poco que tenemos para dar son los prisioneros. Entregarlos y que nos entreguen los nuestros. Así de…p. 176
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1331 cita
[36]a las comunidades y abusos 483. La guerrilla de las FARC-EP abrigaba intenciones económicas cuando realizaba los secuestros, pero también buscaba el intercambio de prisioneros 484. La estrategia de las FARC consistía en aumentar el número de secuestros de militares y políticos. En la década del noventa llegaron a…p. 133
30Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 2391 cita
[37]al que se referían como “intercambio humanitario”. 240 Tomas y ataques guerrilleros (1965 - 2013) Es así como, a las modalidades de “pescas milagrosas 62 ” y de secuestros individuales en zonas rurales y urbanas, se sumaron los secuestros masivos de policías, militares y civiles en el marco de las incursiones…p. 239
31Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1951 cita
[38]secuestros, correspondiente al 62% de ese pe- riodo. Luego de ese pico, entre el 2003 y el 2007, se dio un vertigi- noso descenso del número de plagiados por las farc y por otras organizaciones, fenómeno asociado con las operaciones militares contrainsurgentes y el debilitamiento de esa guerrilla. A partir del 40…p. 195
32Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 661 cita
[39]consecrated, because of nationwide roadblocks, the resistance of local officials, and general paramilitary resistance to the plan. As the military moved out, the paramilitaries moved in to prevent implementa- tion of the zone (Semana 2001). As peace talks and the implementation of the zone failed, the eln was involved…p. 66
33Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 851 cita
[40]están lu- chando contra nuestros enemigos, no tenemos ningún interés en comba- tirlos»25. Está visión se oye dentro de los círculos más altos de los mandos militares 26. De esta manera, las relaciones entre el Estado y los grupos son de colaboración en las zonas es en el terreno, mientras el tar. Este análisis se LOS…p. 85
34Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 781 cita
[41]táctica de los grupos paramilitares fue la utilización y asistencia de la fuerza pública para sus operaciones. Sin bien los grupos paramilitares mantienen autonomía financiera respecto a la fuerza pública y algunas instituciones del Estado, su dependencia operativa fue durante años alta. Tal situación de asistencia de…p. 78
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1801 cita
[42]Rodríguez (alias Aguilar) en Justicia y Paz. Es de anotar que el General Mauricio Santoyo jugó un papel importante al ser el facilitador de las comunicaciones entre la fuerza pública y los paramilitares 584. El mismo informe concluyó que: Durante el periodo de agudización del conflicto (2000-2002), la responsabilidad…p. 180
36El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 184, 3462 citas
[43]dirigió casi exclusivamente contra la guerrilla,1 7 5 sin prácticamente tocar;i los paramilitares. Sintomáticamente, antes de 1995 ni siquiera exis ten cifras oficiales sobre paramilitares dados de baja en combate o encarcelados, pese a su actividad simultáneamente muy violenta y pública. A juzgar por la información…p. 184
[52]por un lado, y la predicción teórica en términos de violencia política o represión, por el otro. Colombia entra en el ciclo exter- minador de la guerra contrainsurgente en medio de una amplia, abrumadora hegemonía del centrismo. Como se ha señalado varias veces a lo largo del texto, algunos de los indicadores más…p. 346
37Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 961 cita
[44]when HRW issued its report about military-paramilitary links in Colombia, its full content was discredited by Juan Carlos Esguerra, Minister of Defense at that time, on the grounds that it was based on outdated information 23 23 A recurrent argument for the rejection of human rights reports is the “lack of credible…p. 96
38Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 1391 cita
[45]ar- mas a grupos de justicia privada y a la res- ponsabilidad estatal en el favorecimiento del paramilitarismo a través de políticas le- gislativas, así como por el apoyo de sectores estatales, especialmente de la fuerza públi- ca. Dicha versión coincide con lo probado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos…p. 139
39Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 261 cita
[47]En el proceso de conformación y consolidación de la actual estrategia estadounidense hacia el conflicto armado en el país podemos distinguir tres etapas: Una primera, desarrollada entre 1995 y 1998, que se caracteriza por una prolongación y profundización de la lucha antinarcóticos con un apéndice más bien…p. 26
40Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1241 cita
[48]el peso del pasado y un futuro incierto”, en E. Ungar, edit., Gobernabilidad en Colombia, Bogotá, Universidad de los Andes, 1993: 129-186. 9 Para una visión más amplia de este tema se puede ver, Sánchez y Meertens, Op. Cit., 1997. 10 Las Farc recurrieron al terrorismo, especialmente en Urabá y Córdoba, zonas de las…p. 124
41Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 2341 cita
[49]por qué se les asigna a estas una mayor responsabilidad en la violencia que ha sufrido el país, coherente también con que, al preguntar de quién habían sido víc - timas, los afectados declararon haberlo sido, principalmente, de la guerri - lla (53 %) o de los paramilitares (45 %) (C m H, et al., 2012, 19). Sorprende,…p. 234
42Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 3291 cita
[50]era un teólogo, biblista, tenía el don de la palabra, una lengua… y su programa bien posicionado y terrible, y era una alegoría constante al proyecto de la muerte: paramilitarismo. Entrevistó en vivo a Castaño antes de la toma, o sea, año 2000, a mediados del año 2000, hizo una entrevista en vivo aquí en Barranca (…).…p. 329
43Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1841 cita
[51]aproximadamente el 11 por ciento de la población víctima de desplazamiento registrada en el RUV en estos años. A partir de 1997, la disputa territorial por el control de esta estratégica región continuó la tendencia evidenciada en los periodos anteriores y las distintas formas de violencia siguieron afectando…p. 184