Idea · Posconflicto
Reparación simbólica
En Colombia, la reparación simbólica designa el conjunto de medidas —actos de reconocimiento, memoria, dignificación pública y restauración ritual— que buscan restituir el buen nombre de las víctimas y transformar las condiciones que hicieron posible el daño, cuando la restitución material resulta imposible o insuficiente. Es una de las cinco columnas de la reparación integral consagrada en la Ley 975 de 2005 y ampliada por la Ley 1448 de 2011, pero antes de ser derecho fue práctica ascendente desde las comunidades.
Trayectoria de una idea
- 1988
Primeras prácticas de memoria como demanda simbólica
- 2005
Codificación jurídica: Ley 975 de Justicia y Paz
- 2011
Ley 1448: desplazamiento del énfasis al universo de las víctimas
- 2014
Bosques de Paz: reparación simbólica impulsada por el CNMH
- 2016
Acuerdo Final y creación del SIVJRNR
La lectura
La reparación simbólica en Colombia no descendió de la norma a la sociedad: ascendió de las comunidades al derecho, cargando décadas de duelos negados, cuerpos mal enterrados y silencios impuestos. Antes de que la Ley 975 de 2005 la codificara como uno de los cinco componentes de la reparación integral, ya existía en las marchas de ASFADDES con fotografías de desaparecidos, en los alabaos de las cantadoras de Bojayá, en las conmemoraciones de masacres frente a cementerios donde el Estado no había puesto siquiera una placa. Al ser juridificada ganó fuerza vinculante pero también reveló sus límites estructurales: el déficit de financiación de la Ley 1448, la desconfianza de las víctimas exiliadas, las irregularidades en la reparación económica y la persistencia de la impunidad judicial demostraron que ningún acto simbólico —ni siquiera una disculpa presidencial— puede sustituir la sanción de los responsables ni cerrar la deuda con quienes sobrevivieron. Para comunidades afrodescendientes e indígenas como las de Bojayá o Buenaventura, restaurar el ritual funerario interrumpido no es un complemento de la reparación: es su condición de posibilidad, una exigencia que el derecho colombiano ha tardado en asimilar plenamente. El concepto sigue siendo, en el posconflicto colombiano, un campo de disputa entre la radicalidad de las demandas comunitarias y la administración institucional del reconocimiento.
En Colombia, la reparación simbólica nombra el conjunto de medidas —actos de reconocimiento, memoria, dignificación pública, restauración ritual— que buscan restituir el buen nombre de las víctimas y transformar las condiciones que hicieron posible el daño, cuando la restitución material del bien perdido resulta imposible o insuficiente. No es un adorno de la reparación integral: es una de sus cinco columnas, junto a la restitución, la indemnización, la rehabilitación y las garantías de no repetición, según la fórmula que la Ley 975 de 2005 fijó en su artículo 8 y que la Ley 1448 de 2011 amplió hacia el universo de las víctimas. Pero antes de ser derecho fue práctica: comunidades afrodescendientes cantando alabaos por sus muertos en Bojayá, familiares de desaparecidos marchando con fotografías en tamaño pancarta por las calles de Bogotá, cabildos y organizaciones locales conmemorando masacres frente a cementerios donde el Estado no había puesto siquiera una placa. La ficha de este concepto no puede leerse como la historia de una norma que descendió sobre la sociedad, sino como la de una demanda que ascendió desde ella y que, al ser codificada, ganó fuerza jurídica y perdió en el camino parte de su radicalidad original.
Qué se repara cuando se repara con símbolos
La distinción se remonta, en el derecho colombiano, a una jurisprudencia de la Corte Constitucional que reconoció tres planos de reparación individual: la restitutio in integrum —devolver las cosas al estado anterior al daño—, la reparación por equivalencia en dinero y la satisfacción o reparación moral. Lo simbólico habita en el tercer plano, pero desborda el marco individual: opera también sobre víctimas colectivas —comunidades, pueblos étnicos, oficios como el periodismo, poblaciones enteras— cuyo daño no es reducible a la suma de daños personales. La misma Corte, en pronunciamientos hasta 2010, sostuvo que las víctimas colectivas tienen derecho a medidas económicas y simbólicas de satisfacción colectiva, garantías de no repetición y acciones orientadas a la reconstrucción psicosocial de las poblaciones afectadas.
La tipología funciona por capas superpuestas. La restitución devuelve tierras, empleos y bienes; la indemnización compensa en dinero lo irrecuperable; la rehabilitación atiende cuerpos y psiques dañados; la satisfacción abre el terreno de las disculpas públicas, los actos de dignificación, los memoriales, las exhumaciones que devuelven restos, los cambios de nombre en calles y plazas; las garantías de no repetición operan sobre las estructuras que hicieron posible el daño. La reparación simbólica se concentra en la satisfacción, pero desborda hacia la no repetición cuando el reconocimiento público de responsabilidad —una disculpa presidencial, por ejemplo— pretende transformar el marco moral de la sociedad. El artículo 71 de la Ley 1448 recoge esa lógica al regular medidas de satisfacción institucionales, socioculturales, pedagógicas y de memoria, vinculadas al principio 19 de los Principios y Directrices Básicos de la ONU sobre el derecho de las víctimas a obtener reparaciones.
Hay un rasgo del concepto colombiano que conviene subrayar. El daño material individual y familiar —lucro cesante, daño emergente, costos y gastos— incorpora también un valor simbólico, moral, sociocultural y ambiental; la línea entre lo material y lo simbólico no es limpia. Y sin embargo el daño colectivo puede reconocerse de manera independiente, lo que significa que la distinción, aunque porosa, no se disuelve: un pueblo puede reclamar reparación por lo que le hicieron como pueblo, más allá de lo que se les hizo a sus miembros uno por uno. Ese doble filo —lo simbólico como dimensión de todo daño y como categoría autónoma de reparación colectiva— explica buena parte de las disputas que atraviesan el campo.
Antes de la ley: el duelo negado como demanda originaria
La reparación simbólica no nace en 2005. Nace mucho antes, en los duelos que la violencia impidió cerrar. El período de La Violencia, entre 1946 y 1959, se caracterizó por una estrategia de exterminio contra sectores que luchaban por un cambio social, vinculada al riesgo de que el movimiento gaitanista accediera al poder electoral. Fue una guerra que no solo mató: enterró mal, dispersó cuerpos, prohibió lutos, impuso silencios. Cuando décadas más tarde las comunidades reclamaron memoria y reconocimiento, lo hicieron sobre ese sedimento largo de duelos truncados.
La modalidad más nítida de esa demanda apareció en los años ochenta con la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, ASFADDES. En un país donde las autoridades negaban que la desaparición forzada existiera como práctica sistemática, ASFADDES marchó por las calles de Bogotá con las fotografías de los desaparecidos ampliadas al tamaño de pancartas, sosteniendo una consigna que era en sí misma un dispositivo de resistencia: los querían vivos porque vivos se los habían llevado. La lucha buscaba, primero, el reconocimiento oficial de la modalidad como categoría de violencia; después, la aceptación de la agencia estatal en ella. Ambas victorias fueron, sobre todo, simbólicas: instalar en el lenguaje público lo que el Estado se empeñaba en no nombrar.
En esa misma clave se inscribe la primera conmemoración de la masacre de Segovia, ocurrida el 11 de noviembre de 1988 contra militantes de la Unión Patriótica, recordada un año después con una marcha al cementerio y un foro en el municipio, convocados principalmente por el movimiento A Luchar, la Corporación de Damnificados 11 de Noviembre, el Comité de Derechos Humanos y sindicatos regionales. Ese modelo —marcha al cementerio, foro, palabras en lugar del silencio impuesto— se repetiría a lo largo del país durante los años noventa y dos mil, muchas veces en total impunidad judicial. La memoria funcionó ahí como sustituto de la justicia que no llegaba, y como su exigencia. Ante la persistencia de crímenes sin investigar o archivados, víctimas y organizaciones sociales buscaron que al menos en el plano simbólico se establecieran responsabilidades y jerarquías diferenciadas entre los ejecutores, resistiendo las versiones que a algunos convenía ignorar.
La codificación: de Justicia y Paz a la Ley de Víctimas
El proceso de negociación con los grupos paramilitares en San José de Ralito, que concluyó con su desmovilización, decantó en la Ley 975 de 2005, aprobada por el Congreso y sancionada bajo la presidencia de Álvaro Uribe Vélez. Conocida como Ley de Justicia y Paz, fue el instrumento que introdujo formalmente en Colombia el discurso de la justicia transicional: el balance entre el propósito político de alcanzar la paz y el imperativo normativo de proteger los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.
El artículo 8 fijó la definición operativa del derecho a la reparación como el conjunto de acciones que propendan por la restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición de las conductas. La Corte Constitucional reconocería después ese derecho como fundamental. Pero el marco tenía un vicio de origen: se construía en torno al desmovilizado, no en torno a la víctima. Los incidentes de reparación en el proceso judicial fueron, con todo, el primer espacio institucional donde víctimas históricamente silenciadas pudieron ser escuchadas y donde se retomaron las disputas por la verdad y la justicia entre víctimas y victimarios. Los medios cubrieron los momentos emotivos con avidez, al punto que el área de reconciliación de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación —creada por la misma ley y encargada de hacer seguimiento a la reincorporación y de contribuir a garantizar los derechos de las víctimas— manifestó preocupación por la forma en que se representaban esas escenas, tanto en las versiones libres como en los incidentes.
El desplazamiento decisivo llegó con la Ley 1448 de 2011, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, sancionada bajo el gobierno de Juan Manuel Santos. Amplió el universo de víctimas a personas que hubieran sufrido daño desde el 1 de enero de 1985 como consecuencia de infracciones al derecho internacional humanitario o violaciones graves a los derechos humanos ocurridas con ocasión del conflicto armado interno. Y desplazó el énfasis normativo del desmovilizado a la víctima: por primera vez el aparato estatal pretendía ofrecer mecanismos e instituciones para identificar y reparar todos los daños derivados del conflicto, no solo para procesar a los perpetradores que aceptaran versión libre. El artículo 71 y las medidas de satisfacción —institucionales, socioculturales, pedagógicas, de memoria— fueron el corazón operativo del componente simbólico.
El tercer momento normativo llegó con el Acuerdo Final firmado entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP en 2016, negociado por delegaciones en las que figuraron, del lado gubernamental, Sergio Jaramillo Caro como Alto Comisionado para la Paz. El Acuerdo creó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición —SIVJRNR—, un ensamblaje que amarraba en un mismo diseño el esclarecimiento histórico a cargo de una comisión de la verdad, la búsqueda de los desaparecidos, la jurisdicción penal transicional, las medidas de reparación integral y las garantías de no repetición. En ese arco, la reparación simbólica dejó de ser un componente subsidiario para convertirse en el hilo que atraviesa todo el sistema: la verdad se ofrece como reparación, el reconocimiento judicial de responsabilidad se ofrece como reparación, la búsqueda de los desaparecidos se ofrece como reparación.
Trujillo, Bojayá, Granada, El Salado: la geografía de un concepto
La abstracción normativa se prueba en los casos. Y en los casos, la reparación simbólica revela su textura contradictoria.
En Trujillo, en el norte del Valle del Cauca, la Comisión de Investigación de los Sucesos Violentos de Trujillo produjo un informe que llevó al reconocimiento público, por parte del Presidente de la República, de la responsabilidad estatal en la masacre. Fue un gesto excepcional: un jefe de Estado admitiendo, ante el país, que el Estado había fallado a los suyos. Pero la Asociación de Familiares Víctimas de Trujillo, AFAVIT, no lo aceptó como cierre. Exigió que el Estado se comprometiera a sancionar a todos los responsables, y sostuvo, con años de trabajo ininterrumpido, que quedaba mucho por hacer. Los funcionarios públicos entrevistados sobre el caso concordaron en el mismo diagnóstico: la deuda seguía abierta. Trujillo demostró que un acto simbólico presidencial, cuando llega sin sanciones judiciales que lo respalden, no clausura la demanda de las víctimas: la reactiva.
En Bojayá, en el Chocó, la masacre de mayo de 2002 —ocurrida en la iglesia de Bellavista en medio de enfrentamientos entre guerrillas y paramilitares, con numerosos civiles refugiados adentro, muchos de ellos niños— produjo un daño que la lengua jurídica apenas alcanza a nombrar. Los cuerpos fueron enterrados en una fosa improvisada cerca del río Bojayá porque los combates impidieron llegar al cementerio. No hubo velorio, no hubo llanto acompañado, no hubo sepultura digna, no hubo lugar sagrado. La interrupción arrasó con el velorio de nueve días y con el cabo de año, que constituyen el cierre del proceso fúnebre en la cultura afroatrateña. En una cosmovisión donde la persona se ha regado en el movimiento por el territorio y debe recogerse al morir —donde se recorre el lugar del ombligo y se desombliga, deshaciendo las relaciones contraídas con potencias vegetales y animales—, la imposibilidad del rito no es un accidente lamentable: es la destrucción de la posibilidad misma de morir bien.
Fueron las cantadoras tradicionales quienes tomaron entonces los alabaos —los cantos fúnebres— como forma de resistencia y como modo de canalizar el duelo colectivo. Los cantos buscaban recomponer, al menos en parte, el proceso de morir interrumpido; equilibrar el exceso de mala muerte de la guerra; hacer que otros compartieran el dolor. Aurora Vergara-Figueroa ha sostenido que esa política de la espiritualidad contribuyó a que Bojayá ocupara un lugar central en el proceso de paz con las FARC entre 2012 y 2016, particularmente cuando el perdón entró en el debate. Bojayá enseñó algo que la normatividad colombiana ha tardado en asimilar: para las comunidades afrodescendientes e indígenas, restaurar el ritual funerario interrumpido no es un complemento de la reparación —es su condición de posibilidad.
En Buenaventura, esa misma cosmovisión chocaba con la desmembración de cuerpos, con partes flotando en ríos y mares, con la imposibilidad de identificar restos. Las prohibiciones paramilitares —velar sí a los muertos por causas ajenas al conflicto, velar no a las víctimas de la violencia paramilitar— destruyeron una tradición comunitaria en la que, ante cualquier muerte, los hombres no iban a trabajar, no se cerraban las puertas, todos colaboraban y se cumplían nueve noches de velorio. La práctica espiritual y cultural colectiva se convirtió, bajo presión armada, en acto solitario y clandestino.
En Granada, Antioquia, tras la toma guerrillera de 2000 en la que las FARC-EP detonaron un carro bomba de aproximadamente 400 kilogramos de dinamita que destruyó cerca de 100 viviendas y 50 locales, la comunidad emprendió acciones colectivas de reconstrucción; el Salón del Nunca Más se erigió como espacio de memoria comunitaria vinculado a los daños de la guerra. En El Salado, corregimiento del municipio de El Carmen de Bolívar en los Montes de María, los sobrevivientes que retornaron después de la masacre recuperaron las fiestas patronales de la Virgen del Rosario en octubre y, en 2009, las fiestas de San Juan con carreras de caballos y cabalgatas. El cineclub itinerante La Rosa Púrpura del Cairo —del proyecto Cinta de Sueños del Colectivo de Comunicaciones Siglo XXI, nacido en El Carmen de Bolívar— proyectó películas en la cancha del corregimiento tras el retorno de 2002, uno de los emprendimientos más significativos hacia la rehabilitación de espacios públicos marcados por el terror.
En la Comuna 13 de Medellín, la Red Juvenil organizó al menos desde 2010 performances en los que se escenificaban episodios de la Operación Orión —con sonidos de helicópteros y armas, y participantes camuflados— como actos de denuncia y memoria realizados en la estación del metro de San Javier, en el marco de las iniciativas culturales de organizaciones juveniles del sector.
Bosques, placas, árboles: la memoria como territorio
Una modalidad particular de reparación simbólica ha florecido en Colombia: la siembra de árboles como monumento vivo. En octubre de 2014, el Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis destinó una parte de la Reserva Thomas van der Hammen para construir un Bosque de Paz donde se sembraron 36 árboles en memoria de víctimas de desaparición forzada, en un proceso impulsado por el Centro Nacional de Memoria Histórica. La intención era que, al identificarse las víctimas, cada árbol recibiera una placa con el nombre y fuera entregado a su familia. Para el caso de Puerto Torres, en Caquetá, de las 36 personas exhumadas 28 familias seguían en espera de recibir el árbol con el nombre identificado de su ser querido: el ritual reparador se detenía en el umbral de la identificación forense pendiente.
En noviembre de 2017, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá cedió un espacio para construir otro Bosque de Paz, esta vez con 14 árboles sembrados en memoria de víctimas de desaparición forzada del caso Albania, también en Caquetá. Se pronunciaron los nombres, se encendieron velas, se inscribieron los nombres en placas metálicas. Cada gesto —sembrar, pronunciar, encender, inscribir— reactiva una forma antigua de reparación que la modernidad jurídica solo pudo nombrar cuando las comunidades llevaban décadas practicándola.
En El Castillo, Meta, María Eugenia Castro instaló una placa conmemorativa en la vía que conduce de El Castillo a Medellín del Ariari, en el lugar donde los paramilitares abandonaron el cuerpo de su hermano Mario Castro Bueno. La placa fue puesta diez años después del homicidio: la memoria como huella territorial, como marca en el paisaje que impide olvidar dónde ocurrió lo que se quiso hacer desaparecer.
Verdad, memoria y arquitectura institucional
La reparación simbólica tiene dos brazos institucionales mayores en el Estado colombiano contemporáneo. El primero es el Centro Nacional de Memoria Histórica, que responde al deber de memoria histórica del Estado y al propósito de recuperar el material documental relativo a los impactos de la violencia. Su antecedente fue el Grupo de Memoria Histórica, adscrito originalmente a la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, que produjo bajo la dirección de Gonzalo Sánchez G. el informe ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, referencia obligada en la comprensión pública del conflicto. Desde el CNMH se impulsó luego, con la Universidad de Los Andes y el apoyo del Instituto de Paz de los Estados Unidos, la conformación de grupos regionales de memoria histórica alojados en universidades del país profundo —la del Magdalena, la Tecnológica de Bolívar, la Pontificia Bolivariana de Bucaramanga—, un movimiento que descentralizó el trabajo de memoria y lo acercó a los territorios donde la violencia había ocurrido.
El segundo brazo es la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, presidida por el sacerdote jesuita Francisco de Roux y creada como parte del Sistema Integral derivado del Acuerdo de 2016. Junto a ella funcionaron la Jurisdicción Especial para la Paz —cuya primera presidenta fue Patricia Linares— y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, tres piezas que se repartían el trabajo de esclarecer, juzgar y buscar. El informe final de la Comisión, un amplio conjunto de textos y materiales reunidos bajo el título genérico Hay futuro si hay verdad, cerró un ciclo de trabajo consagrado al esclarecimiento del conflicto y a la elaboración de una narrativa pública que las víctimas pudieran reconocer como propia.
El derecho a la verdad, que sostiene esa arquitectura, tiene una dimensión individual —titularidad de la víctima y sus familiares, deber estatal de esclarecer hechos y responsabilidades— y una dimensión colectiva que beneficia a la sociedad, pues la determinación de los hechos contribuye al reproche social de lo sucedido y, por tanto, a la garantía de no repetición. Documentar los impactos psicosociales y los daños producidos por modalidades como la desaparición forzada se vuelve, en ese marco, condición para exigir respuestas y reparaciones adecuadas.
En el diseño del SIVJRNR se innovó también en un punto crucial: los propios responsables pueden ejecutar acciones con valor de reparación simbólica. El desminado humanitario realizado por Humanicemos, la corporación creada por las FARC, fue contemplado como sanción propia en el marco de la JEP y como garantía de no repetición: los mismos que sembraron minas retiran las minas. Cuando el gesto reparador es hecho por el perpetrador, la carga simbólica se multiplica —siempre que el gesto sea sostenido en el tiempo y verificable en el terreno.
Cuando lo simbólico sustituye lo material
El punto de mayor tensión del edificio colombiano de la reparación es también su talón de Aquiles. El plan de financiación de la Ley 1448, plasmado en el Conpes 3712, estimó que se requerían 54,9 billones de pesos para diez años entre 2012 y 2021. Los recursos efectivamente asignados entre 2012 y 2015 solo cubrieron el 47% de lo estimado. Y ese cálculo ya era deficiente en su base: subestimó gravemente el universo de víctimas al fijarlo en 3,7 millones cuando el número real era significativamente mayor. La brecha entre lo prometido y lo entregado se ensanchó en cada año fiscal.
A ese déficit estructural se sumó otra fractura: las políticas públicas de reparación, incluidas decisiones tomadas a pesar de algunos avances de la Ley de Víctimas, han sido señaladas como contrarias al principio de no regresividad consagrado en el bloque de constitucionalidad, dificultando una reparación integral real. Las políticas destinadas a la población desplazada contravinieron esa prohibición y afectaron a comunidades como las de El Castillo, en el Meta. Los exiliados colombianos manifestaron su desacuerdo con los vacíos de la Ley 1448 y desconfianza en los mecanismos de reparación, señalando que el país carecía del andamiaje institucional y la voluntad política necesarios para reparar los daños causados en el exterior.
Y hubo, además, corrupción sobre el propio dinero de la reparación. En Tolima, una víctima de violencia sexual testimonió que cerca de 100 millones de pesos llegaron para víctimas sin que ninguna los recibiera. En Sucre, se conocieron casos de funcionarios que se habrían apropiado de dineros de indemnización. El fenómeno de las clientelas alrededor de la reparación económica —redes locales que se interponen entre el Estado y las víctimas, cobrando su tajada— erosiona la legitimidad del sistema entero.
En ese contexto, la reparación simbólica corre el riesgo de convertirse en válvula de escape. Cuando el Estado no puede o no quiere restituir tierras a los desplazados, cuando la indemnización llega tarde, mermada o intervenida por operadores corruptos, cuando la sanción penal se dilata o se archiva, el acto simbólico —la disculpa, la placa, el bosque— aparece como el gesto disponible para contener la presión de las víctimas sin resolver el fondo del problema. Que las víctimas de Trujillo hayan rechazado el reconocimiento presidencial como cierre suficiente, que las de Bojayá insistan en la sanción a los responsables además de los alabaos, que las familias de Puerto Torres esperen todavía el árbol con el nombre de su desaparecido, todo eso indica que el país aprendió a exigir que lo simbólico venga acompañado, no que lo sustituya.
Enfoque diferencial: cuando la ley encuentra sus límites
Uno de los avances conceptuales más relevantes del marco colombiano ha sido el enfoque diferencial, que exige atender las desigualdades de género, edad y pertenencia étnica en la comprensión de los hechos y contextos del conflicto, reconociendo daños individuales, familiares, colectivos y diferenciales. La reparación simbólica adelantada por el CNMH se orientó explícitamente hacia la no repetición, lo que en su enfoque de género implicó atender las desigualdades que contribuyen a sostener la guerra en Colombia.
En el terreno étnico, sin embargo, el enfoque diferencial choca con un problema que ninguna ley ha resuelto del todo. La reparación colectiva a periodistas o a comunidades urbanas puede diseñarse dentro del vocabulario jurídico estándar. La reparación a comunidades afrodescendientes e indígenas exige comprender ontologías del duelo, del territorio, del cuerpo y de la muerte que el aparato normativo apenas roza. En la cosmovisión nasa, el territorio es fundamento de la vida y la cultura, y los rituales —vinculados a figuras como el kpi'sx, el trueno— buscan garantizar un ambiente equilibrado denominado wêtwêt fxi'zenxi, vida alegre. Ninguna medida administrativa de satisfacción, por bien diseñada que esté, sustituye la restauración de esa relación entre territorio, ritual y bienestar colectivo.
Por eso, cuando la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas trabajaba en la construcción de instrumentos para establecer planes de reparación individual con protocolos y medidas diferenciadas según el daño sufrido y la naturaleza de la violación, quedaba pendiente la tarea mayor: articular esos planes con las medidas colectivas de restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición, para avanzar hacia una reparación efectivamente integral. La integración seguía siendo, más que una realidad operativa, un horizonte normativo.
Herencia y disputa
La reparación simbólica en Colombia ha sido a la vez una conquista y una decepción. Conquista, porque el país pasó de un régimen donde el Estado negaba las desapariciones y las víctimas marchaban solas con pancartas de sus muertos, a otro donde presidentes reconocen responsabilidades, comisiones oficiales producen informes de miles de páginas, la Corte Interamericana ha dictado sentencias en casos emblemáticos como Los 19 Comerciantes, Mapiripán, Pueblo Bello, Ituango, La Rochela y Escué Zapata, y los propios excombatientes de las FARC despejan campos de minas que ellos mismos sembraron. Decepción, porque cada uno de esos avances se ha topado con la misma pared: el reconocimiento simbólico no ha venido acompañado, en la escala necesaria, de la sanción penal completa, de la indemnización adecuada, ni de las transformaciones estructurales que impidan que el ciclo se repita.
Las iniciativas de memoria de víctimas, organizaciones sociales y comunidades indígenas y negras forman parte del repertorio de resistencias frente a un conflicto armado prolongado. Se orientan a conmemorar y dignificar a las víctimas, sensibilizar a la sociedad civil, luchar contra la impunidad y establecer, al menos en el plano simbólico, responsabilidades y jerarquías diferenciadas entre los ejecutores cuando los procesos judiciales no avanzan. Lo simbólico es, ahí, tanto refugio como demanda; tanto lugar de duelo como palanca política.
El desafío pendiente no es teórico: consiste en que cada árbol sembrado alcance por fin la placa con el nombre, que cada disculpa presidencial vaya seguida de sentencias firmes, que los alabaos cantados a la orilla de un río puedan oírse también en la sala de un juicio, que las medidas de satisfacción del artículo 71 dejen de agotarse en el ritual y abran paso a las transformaciones que las garantías de no repetición prometen. Mientras esa articulación no ocurra, la reparación simbólica seguirá siendo lo que ha sido desde ASFADDES hasta Bojayá, desde Segovia hasta El Salado: una práctica que las comunidades sostienen porque el Estado no llega, y una promesa institucional que las víctimas aceptan sin cerrar por eso la exigencia de lo demás.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz): marco normativo que codificó por primera vez los cinco componentes de la reparación integral, incluyendo la satisfacción simbólica
- 02Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas): amplió el universo de víctimas y reguló en su artículo 71 las medidas de satisfacción como núcleo del componente simbólico
- 03ASFADDES: organización pionera en prácticas de memoria simbólica antes de su codificación jurídica, marchando con fotografías de desaparecidos por Bogotá
- 04Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH): institución que implementó procesos de reparación simbólica como los Bosques de Paz, orientados hacia la no repetición con enfoque de género
- 05Bojayá: caso paradigmático donde la restauración del ritual funerario afroatrateño (alabaos, velorio de nueve días) se convirtió en condición de posibilidad de la reparación simbólica
- 06Trujillo (AFAVIT): caso que demostró que un acto simbólico presidencial sin sanciones judiciales no clausura la demanda de las víctimas sino que la reactiva
- 07SIVJRNR: sistema creado por el Acuerdo Final de 2016 que integra la reparación simbólica como hilo transversal de verdad, justicia y no repetición
- 08Justicia transicional: marco conceptual en el que la reparación simbólica opera como balance entre el propósito político de paz y el imperativo normativo de proteger los derechos de las víctimas
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
45 documentos · 59 fragmentos
01Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 334, 3372 citas
[1]una invitación a la impunidad.4 En efecto, el proyecto buscaba motivar la desmovilización de los grupos armados a cambio de penas bajas, sin que los actores del conflicto contribuyeran a resarcir los daños que habían causado. En esencia, era un proyecto centrado en los victimarios. Después de un proceso de negociación…
p. 334
[6]subsidiados de salud, cupos para programas de vivienda y ayuda a población desplazada indígena. En el caso de los pueblos indígenas, la indeterminación de la reparación y el lugar llenado por la integralidad tuvo un elemento adicional: las políticas multiculturales. Allí se cierra el círculo del problema de la deuda…
p. 337
02El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1652 citas
[2]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…
p. 165
[3]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…
p. 165
03Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 236, 2732 citas
[4]de acciones que hayan transgredido la legislación penal, reali- zadas por grupos armados al margen de la ley, entre ellas las víctimas de desplazamiento forzado, adquirieron el derecho (que posteriormente la Corte Constitucional catalogó como fundamental) a la reparación. Este derecho a la reparación fue definido de…
p. 273
[33]batalla por evitarlo, impidiendo que se imponga una memoria que suprima, suplante, desfigure u ocul- te la memoria de los hechos que acontecieron, pero que para al- gunos sería conveniente ignorar. Por esta razón a medida que los años transcurren y la impunidad se mantiene (la mayoría de los crímenes no han sido…
p. 236
04Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 11, 392 citas
[5]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
[14]relativa, contextual y limitada legal y fácticamente. Así mismo, en el contexto de violación de derechos es un dere- cho del cual es titular la víctima y sus familiares, y que se pro- yecta en el deber del Estado de esclarecer los “hechos violatorios y las responsabilidades correspondientes” (CIDH, Corte Intera-…
p. 39
05Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 79, 872 citas
[7]perjuicios sufridos por la víctima a nivel individual y co- munitario. En el plano individual, la Corte ha sostenido que las medidas de reparación se extienden a ‘i) la restitutio in integrum, o reposición de la situación a su estado original; ii) la indemni- zación o reparación por equivalencia en dinero y iii) la…
p. 87
[48]quienes les rodean. Todo ello implicó trascender el escena- rio del proceso judicial e invitó a una reflexión sobre la necesidad de trabajar por una reparación más amplia que la que ofrece la vía judicial”. 46 “Este periodo estuvo marcado, en buena medida, por el activismo de las víc- timas y de las y los defensores…
p. 79
06Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1491 cita
[8]Introducción y conocimientos previos: La docente presentará a los estudiantes el video ¿Qué dice el punto sobre Víctimas del Acuerdo de Paz? de la Oficina del alto Comisionado para la Paz (28:44 min). Actividades Los estudiantes se organizarán en grupos para responder las siguientes preguntas en sus bitácoras: ¿Qué es…
p. 149
07No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3371 cita
[9]verdad, la recopilación de los hechos y la publicación de la memoria histórica. El programa de reparación integral a niñas, niños, adolescentes y jóvenes incluirá tres tipos de medidas de satisfacción, según sus responsables y sus impactos, los cuales son institucionales, socioculturales, pedagógicas y de memoria. 934…
p. 337
08Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 2331 cita
[10]masacre; comunicar a los familiares una confirmación fidedigna de la muerte; y entregar los restos para que pueden hacer los ritos funerarios propios de su cultura y empezar a tramitar la pérdida. También, suministrar a las familias su respectiva acta de defunción para permitir el acceso a las políticas de reparación…
p. 233
09Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas. Tomo IVCentro Nacional de Memoria Histórica; Luz Marina Monzón Cifuentes (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1451 cita
[11]y las nuevas solicitu- des a octubre de 2012 rondaban los 280. 000 registros 177. Otro aspecto pendiente del marco anterior al cual deberá hacer frente la Unidad para los casos nuevos y los antiguos es la manera en la cual se procederá a conceder las demás medi- das de reparación a las cuales las víctimas tienen…
p. 145
10Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 181 cita
[12]con enfoque de géne- ro significa, entonces, dar cuenta en cada proceso de las relacio- nes y desigualdades entre hombres, mujeres y otras identidades de género para entender de qué forma han influido en los hechos y contextos examinados (dando forma y contenido a las violencias ocurridas en el marco del conflicto…
p. 18
11La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 3751 cita
[13]personas afectadas de la incerti- dumbre que los conduce a la autoinculpación. Duodécimo. El desminado humanitario y el reconocimiento de la res- ponsabilidad garantiza la no repetición y contribuye a la reparación sim- bólica de las víctimas. Como en ningún otro hecho victimizante, el desminado humanitario permite…
p. 375
12La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · p. 3731 cita
[15]elementos de cohesión e identidad que permitan hablar de un sujeto colectivo. Aun así la reparación colectiva es necesaria, más cuando medios y periodistas son indispensables en las reparaciones simbólicas de otro tipo de grupos y comunidades. A su vez, una adecuada cons- trucción del daño colectivo a la comunicación…
p. 373
13Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 507, 5364 citas
[16]del daño individual y familiar Afectaciones en términos materiales e inmateriales a las víctimas, sus familiares y/o personas cercanas Las transformaciones y el sufrimiento familiar que pueden causar rupturas en la familia Afectaciones a grupos poblacionales o sectores sociales que afectaron su identidad colectiva…
p. 507
[17]del daño individual y familiar Afectaciones en términos materiales e inmateriales a las víctimas, sus familiares y/o personas cercanas Las transformaciones y el sufrimiento familiar que pueden causar rupturas en la familia Afectaciones a grupos poblacionales o sectores sociales que afectaron su identidad colectiva…
p. 507
[45]la dinámica comunitaria. Por ello, las medidas de reparación se centraron en fortalecer el plan de vida del colectivo, mermado por la violencia padecida, que buscaba el desarrollo económico alternativo y la promoción de cultura de paz en la región del Carare. Las siete líneas de trabajo que estableció el PIRC fueron:…
p. 536
[46]la dinámica comunitaria. Por ello, las medidas de reparación se centraron en fortalecer el plan de vida del colectivo, mermado por la violencia padecida, que buscaba el desarrollo económico alternativo y la promoción de cultura de paz en la región del Carare. Las siete líneas de trabajo que estableció el PIRC fueron:…
p. 536
14Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 1911 cita
[18]la justicia y la reparación y la necesidad de restablecer la paz, la democracia, el Estado de derecho y la convivencia pacífica (lo cual, en muchos casos, implica que víctimas y perpetradores deban convivir en los mismos espa- cios territoriales y políticos). 105 Aunque las soluciones que cada comunidad política en…
p. 191
15Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 201, 2932 citas
[19]del proceso, y el cansancio que lógicamente producen años de impunidad en las víctimas y sus representantes, lo cierto es que han reencontrado el ánimo para seguir. Prueba de lo anterior es el trabajo continuo e ininterrumpido que por tantos años ha venido desarrollando Afavit. No es verdad, tampoco, que el estado…
p. 293
[43]distintos grados de legitimidad o ilegitimidad a los actores colectivos, confían o desconfían frente a ellos, adhieren o se dis- tancian de los partidos y las instituciones, levantan distintos recla- mos frente a la tragedia y se ubican de diferente manera frente a la reparación. Además, para comprender el sentido…
p. 201
16¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 5981 cita
[20]del conflicto armado, así como el restablecimiento de sus derechos. De acuerdo al Conpes 3712 de 2011, el plan de financiación para la sostenibilidad de la Ley 1448 de 2011, también conocida como ley 598 Plan de inversiones para la paz de víctimas, se requieren 54,9 billones de pesos para los diez años de su vigencia,…
p. 598
17Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 240, 2722 citas
[21]desplazados, o a los famosos planes de vivienda que ha ha- bido por ejemplo aquí en el Meta (…) otro engaño igual (CNMH, entrevista con hombre adulto, Bogotá, 2012). 6.7. Como el cangrejo. Itinerario de la regresividad Lograr una verdadera reparación integral para las víctimas de El Castillo se dificultará aún más por…
p. 272
[28]de estas iniciativas individuales y colectivas de memoria que por supuesto no se agotan en la siguiente tabla, que sin embargo expresa algunas de las nociones del para qué recordar. 240 Pueblos arrasados Tabla No. 10. Recuento de algunas iniciativas de la Memoria Iniciativa Descripción Placa en homenaje a Mario Castro…
p. 240
18Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 2921 cita
[22]dificultad de poner en mar- cha procesos de reparación sin un marco legislativo sólido que fundamente las rutas de acción. Además, señalan que no existen mecanismos que les permitan incidir de manera efectiva en el pre- sente y el futuro de Colombia. Por otra parte, en muchos de los casos, la dilatación en los pro-…
p. 292
19La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 3971 cita
[23]menciona que los trámites ante la Unidad son gratuitos (CNMH, Diana Tamayo, Conversatorio Acceso a la Justicia y Reparación Integral, 2016). Helena, mujer víctima de violencia sexual, evidencia esta situa- ción: “ Allá hay como casi 100 millones de pesos que se llegaron pa’ las víctimas y ninguno de las víctimas…
p. 397
20¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 293, 2952 citas
[24]mediante su reconstrucción, el reconocimiento de la estigmatización a la que fueron sometidos y la impunidad en las que quedan muchos de los crímenes que sufrieron. Es precisamente la lucha contra la impunidad y las labores de dignificación de la memoria de las víctimas y sus comu- nidades las que informan las…
p. 293
[27]Procuraduría, allí gritábamos consignas unos minutos y continuábamos. A esa hora mucha gente salía de las oficinas a buscar almuerzo y se detenía a mirar la marcha, pues llevábamos las fotografías de los desaparecidos en tamaño grande, en forma de pancartas. Algunas veces repartíamos hojas volantes con la denuncia.…
p. 295
21Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 3751 cita
[25]repertorio: La primera conmemoración fue en 1989. Esa conmemoración fue un acto simbólico hacia el cementerio. Hubo también un foro en el municipio. Una marcha hacia el cementerio. Ya se había conformado la Corporación de Damnificados 11 de Noviembre. Entonces, se hizo el evento allá en Segovia. Estuvieron los…
p. 375
22Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 2251 cita
[26]la comuna 13: la huella invisible de la guerra. Es lo que resume nuestro quehacer, nuestra filosofía. Porque esta- mos de acuerdo con un cambio, pero que ese cambio se haga a través de otros espacios y procesos: arte, cultura, educación” (De la Urbe, 2011, 30 de marzo). En esta ocasión, la Red Juvenil organizó un…
p. 225
23Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 66, 722 citas
[29]Huila a sembrar 14 49 árbo- les, a pronunciar sus nombres, a encender el fuego de una vela en su memoria, a inscribir sus nombres en placas metálicas; a hacer pre- sencia en un pequeño Bosque de Paz en Bogotá 50, en donde nueva- mente estas 14 personas, simbólicamente están reunidas. Y esta vez no en fosas…
p. 66
[30]historia y con familia. Así, en la Reserva Thomas Van der Hammen 53 construimos un Bosque de Paz, sembramos 36 árboles y los rodeamos de una línea como símbolo del croquis de este país. En el centro del Bosque dejamos una placa como testimonio de ese acto de solidaridad y esperanza, pues somos 28 colombianos, en…
p. 72
24Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 348, 3522 citas
[31]nueve en otros lugares de la geo- grafía nacional. La cifra resulta un tanto exigua habida cuenta de lo que se ha señalado en el presente informe respecto del elevado número de incursiones armadas guerrilleras y el importante guaris- mo de víctimas y afectaciones causadas por las mismas. En las conmemoraciones…
p. 348
[32]con mensajes de conciliación (Se- mana por la Esperanza y la Vida) o de petición de libertad para los policías en poder de la guerrilla (Maratón por la Libertad). La identificación de los tramitadores, promotores y organiza- ciones que le dan respaldo o acompañamiento a los eventos de memoria, contribuyen a descifrar…
p. 352
25La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 2021 cita
[34]continuara extendiéndose hasta acabar con sus tradiciones. Reconociendo su sufrimiento y su luto, lo primero que decidie- ron recuperar los sobrevivientes fueron las fiestas patronales de la Virgen del Rosario realizadas en octubre; y en el año 2009 re- cuperaron las fiestas de San Juan en las que realizan carreras de…
p. 202
26Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2921 cita
[35]en la Iglesia en una fosa común. El día 3 de mayo de 2002, en medio de enfrentamientos, un grupo de hombres regresó desde Vigía del Fuerte a Bella- vista a cumplir una primera labor de reconocimiento, así como auxiliar a las personas heridas que se encontraban aún entre los escombros. Dicha labor, por el estado de los…
p. 292
27Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 202, 2082 citas
[36]la vida. En el caso del rompimiento de las relacio- OFTRVFIBODPOđHVSBEPBVOBQFSTPOBEVSBOUFTVDJDMPEFWJEB OPTFOTFÒBVOB concepción del dolor que no está asociada exclusivamente a su faceta negativa. -PTFMFNFOUPTQSFTFOUFTFOMBTEFTDSJQDJPOFTEFMPTDBQÎUVMPTBOUFSJPSFTWVFMWFO…
p. 202
[37]campesinos somos los que tenemos que sufrir, somos los que pagamos los platos rotos de los actores armados, porque si nosotros no tenemos el arma, a nosotros es a los que nos masacran, desplazan, entonces esas cosas, esos dolores no nos dejan a nosotros 0OFJEB BCSJMEF Los cantos del 2 de mayo guardan ese sentido del…
p. 208
28Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1341 cita
[38]su conjunto quedaba en silencio. Por otro lado, se logró documentar que los paramilitares die- ron un tratamiento diferenciado a los familiares de los muertos. Los familiares de personas fallecidas por causas ajenas al conflic- to armado podían realizar velorios con las restricciones arriba anotadas, mientras que las…
p. 134
29La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 1371 cita
[39]buscar ni nada, porque esa gente reaccionaba tan duro que nadie podía ir a buscar su deudo. Riohacha, Guajira, 2007, P.102. El impacto cultural En lugares de fuerte cultura afrodescendiente o indígena, la dimensión colectiva de las pérdidas o la imposibilidad de recoger los cuerpos, tienen un fuerte impacto cul-…
p. 137
30Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 3601 cita
[40]de velar a los muertos o de recuperar el cadáver de las personas asesinadas, así como “descubrir” partes de los cuerpos mutilados flotando sobre el mar, en los ríos o en lugares públicos y la imposibilidad de en- contrar a los desaparecidos o de identificar sus restos, ha modifi- cado sustancialmente la relación con…
p. 360
31Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 941 cita
[41]Chap. 4, I present one strategy they use to resist amid deracination. n otes 1. For further inquiry see http://www.semana.com/nacion/articulo/farc- piden-perdon-en-bojaya-por-la-masacre-de-2002/452601-3; http://www. semana.com/buscador?query = masacre%20de%20bojaya%2012; http://…
p. 94
32Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 1221 cita
[42]rituales que nos garantizan un ambiente agradable, con menos riesgos y equilibrado, dicho en nuestra lengua nasa, wêtwêt fxi’zenxi (vida alegre). Para garan- tizarnos el ambiente del wêtwêt fxi’zenxi, es necesario e indis- pensable relacionarnos con un Mayor que es muy distinguido en nuestra casa y que lo conocemos…
p. 122
33Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2951 cita
[44]este caso entre las víctimas y los victimarios. Este encuentro permite poner en escena no solo las luchas por la reparación, sino que se vuelve a las disputas por la verdad y la justicia. Es en este momento del proceso judicial, cuando las víctimas que han estado por lo general calladas en las demás etapas del…
p. 295
34El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 2261 cita
[47]y ha servido para la realización de diferentes reuniones y encuentros. En la misma sede funcionan la oficina administrativa y la emisora. La ATCC pudo haber solicitado otra obra de concreto, pero con inteligencia y concertación con la Sede Regional Nororiente de la CNRR, solicitó la formulación de los proyectos que…
p. 226
35Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 111 cita
[49]Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), a través de su Área de Desmovili - zación Desarme y Reintegración (DDR), sobre los años 2010 y 2011, y lo complementa y actualiza el CNMH-DAV con lo sucedido entre 2012 y 2013. Recordamos que la CNRR tuvo el mandato legal de “hacer seguimiento y verificación a…
p. 11
36Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4751 cita
[50](from the National Center for Historical Memory), including Grupo de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, “Recordar y narrar el con fl icto: Herramientas para reconstruir memoria histórica” pamphlet (2009), 19 (“a unifying”); Sánchez G., “Prólogo,” in ¡Basta ya!, 16 (“Far”). 57. Ley…
p. 475
37Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 11 cita
[51]Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador del informe Otros títulos de Memoria Histórica Trujillo. Una tragedia que no cesa (2008) El Salado. Esa guerra no era nuestra (2009) Recordar y narrar el conflicto. Herramientas para reconstruir memoria histórica (2009) El despojo de tierras y territorios. Aproximación…
p. 1
38Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2781 cita
[52]Truth, Coexistence, and No- Repetition, on a temporary and extrajudicial basis, as part of the Comprehensive System of Truth, Jus- tice, Reparations, and No- Repetition—representing the significant institu- tional framework that took shape from the Peace Agreement. In this sense, in addition to the Commission for the…
p. 278
39Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 111 cita
[53]y apoyar el trabajo de memoria histórica realizado por centros de pensa - miento regionales. Es en este contexto que el CNMH y la Universidad de Los An - des elaboraron un proyecto para impulsar el surgimiento y con - solidación de Grupos Regionales de Memoria Histórica (GRMH) que contó con el apoyo del United States…
p. 11
40Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 981 cita
[54]1.2.8. Impactos psicosociales y daños producidos por la desaparición forzada de personas y sus víctimas Con todas las características que el fenómeno asume y que han sido desarrolladas en los apartados anteriores, es fácil “imaginar” los impactos psicosociales y los daños que semejan- tes prácticas de DFP, han…
p. 98
41"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 231 cita
[55]en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…
p. 23
42Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 261 cita
[56]LAS VIOLENCIAS ENTRELAZADAS La presencia múltiple de las violencias se proyectó prácticamente en todo el país, dejó de ser un fenómeno exclusivamente rural y adoptó múltiples rostros citadinos; y más allá de lo espacial traspasó ciertas fronteras simbólicas como las universidades y las iglesias, lugares sagrados del…
p. 26
43Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4711 cita
[57]of the victims’ remains to the territory, describing how knowledge keepers guided the process and the ritual, spir - itual, and accompaniment practices they brought in dialogue with forensic procedures and protocols. War in the Middle Atrato The municipality of Bojayá in the Middle Atrato, department of Chocó, is…
p. 471
44Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2521 cita
[58]tema, visite la pieza «Una red que nos sostiene: liderazgos y construcción de paz» en la Transmedia Digital de la Comisión de la Verdad. 744 Entrevista 205 - VI - 00003. Mujer, víctima de violencia sexual, integrante de fundación de víctimas. 252 hacer algo por ellos. Si no fueran ellos, a mí no me motivaba. Estaría…
p. 252
45Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 361 cita
[59]bosque de 2.000 árboles que crecería frondoso con los recuerdos de una guerra y sus damnificados en sus raíces, escritos en papelitos. Cada afectado por la violencia escribía un mensaje a su familiar desaparecido, o a su familiar asesinado, para sembrarlo junto a un nuevo árbol que cuidaría las cuencas hídricas…
p. 36