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Idea transversal

Violencia sexual

La violencia sexual en Colombia es una tecnología de poder con genealogía propia que atraviesa la esclavitud colonial, la República, La Violencia bipartidista y el conflicto armado contemporáneo, ejercida sobre cuerpos concretos y comunidades enteras como instrumento de disciplinamiento, humillación y desplazamiento. Su reconocimiento como categoría jurídica autónoma es una conquista tardía de las últimas tres décadas, impulsada por el movimiento feminista, la jurisprudencia internacional y organismos como la Comisión de la Verdad y el CNMH.

4.180 palabras38 documentos55 fragmentos citados
Violencia sexual

Trayectoria de una idea

  1. 1633

    Régimen sexual esclavista en la provincia de Cartagena

  2. 1771

    Documentación judicial de relaciones sexuales complejas en la colonia

  3. 1948

    La Violencia bipartidista y el silencio sobre la violencia sexual

  4. 2000

    Tipificación penal en el Código Penal colombiano (Ley 599 de 2000)

  5. 2000

    Caso Jineth Bedoya Lima y el Bloque Centauros

  6. 2004

    Masacre de Bahía Portete: violencia sexual étnica y de género

  7. 2005

    Pico máximo de violencia sexual en el conflicto: 45,7% de los casos entre 2000 y 2005

  8. 2014

    Ley 1719 de 2014: acceso a la justicia para víctimas de violencia sexual

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La lectura

La violencia sexual en Colombia no es un fenómeno reciente ni accidental: hunde sus raíces en el régimen esclavista colonial, donde el cuerpo de la mujer negra fue simultáneamente objeto de abuso señorial, mercancía económica y materia prima del mestizaje forzado, dejando un imaginario racializado que cuatro siglos después reaparecería en la boca de paramilitares en el Caribe colombiano. Durante La Violencia bipartidista y el largo conflicto armado posterior, la violencia sexual operó como arma de guerra, mecanismo de control social y comunicación armada dirigida no solo a individuos sino a comunidades enteras, con un pico de casi la mitad de todos los casos registrados concentrado en el lustro 2000-2005. El subregistro estimado en un 95% revela que las cifras oficiales —por escalofriantes que sean— son apenas la superficie visible de un fenómeno cuya verdadera dimensión permanece en la sombra, agravada por la vergüenza, la falta de credibilidad institucional y la ausencia histórica del Estado en los territorios más afectados. Su reconocimiento como categoría jurídica autónoma —desplazada de los 'delitos contra el honor' hacia los 'delitos contra la libertad e integridad sexuales'— fue una conquista tardía que hizo posibles instrumentos como la Ley 1719 de 2014 y los informes de la Comisión de la Verdad, pero que aún enfrenta el reto estructural de la impunidad. Comprender la violencia sexual en Colombia exige leerla en su continuidad histórica: no como una serie de crímenes aislados, sino como una tecnología de poder que ha mutado de forma pero ha mantenido intacta su función de someter cuerpos para dominar territorios y comunidades.

La violencia sexual en Colombia no es un daño colateral de la guerra: es una tecnología de poder con genealogía propia, que atraviesa la esclavitud colonial, la República, La Violencia bipartidista y el conflicto armado contemporáneo. Se ejerce sobre cuerpos concretos —mujeres, niñas, personas LGBTIQ+, hombres en menor medida documentada— pero también sobre comunidades enteras a las que se busca disciplinar, humillar o desplazar. Su reconocimiento como categoría jurídica autónoma, sin embargo, es una conquista tardía: apenas en las últimas tres décadas, y por presión conjunta del movimiento feminista, la jurisprudencia internacional y organismos como la Comisión de la Verdad y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), el país logró nombrar como violencia sexual lo que antes se disolvía en categorías genéricas de honor, moral pública o daños de guerra. Fenómeno antiguo, categoría reciente: lo que hoy contamos existió siempre, pero solo hace poco encontró palabras.

Qué se nombra cuando se dice violencia sexual

La definición contemporánea, incorporada en Colombia a través del Derecho Internacional Humanitario (DIH) y del Código Penal, entiende por violencia sexual cualquier acto o comportamiento de contenido sexual que involucre el uso de la fuerza o cualquier otra forma de coerción física, psicológica o emocional: intimidación, chantaje, presión indebida, soborno, manipulación aprovechando el estado de indefensión o el desequilibrio en las relaciones de poder entre víctima y agresor. También lo es todo acto sexual sobre una persona sin capacidad para consentir —por embriaguez, efecto de estupefacientes, sueño o incapacidad mental para comprender la situación—. La categoría es amplia por vocación: cubre a adultos y menores, hombres y mujeres, en el hogar y en el lugar de trabajo, en la calle y en el campamento guerrillero, ejercida por conocidos o extraños.

Bajo ese paraguas conceptual caben modalidades muy diversas. En el conflicto armado colombiano se han identificado, entre otras: violación sexual, amenaza de violación, acoso sexual, anticoncepción o esterilización forzada, aborto forzado, trata de personas con fines de explotación sexual, esclavitud sexual, desnudez forzada, maternidad forzada, obligación de presenciar actos sexuales y tortura en estado de embarazo. La denegación del derecho a usar anticonceptivos o protección contra enfermedades también aparece tipificada. Las definiciones convencionales, con todo, tienden a orbitar sobre los órganos sexuales y dejan en la sombra actos como la felación bajo amenaza, invisibilizados en la fórmula genérica del "acto sexual violento".

Nombrar importa. Bajo la etiqueta de "delitos contra el honor" o "delitos contra las buenas costumbres" —que rigió buena parte del derecho penal colombiano hasta bien entrado el siglo XX— la víctima era una abstracción moral: la familia, el marido, la reputación. El desplazamiento hacia "delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales", consolidado con la Ley 599 de 2000, reubicó el bien jurídico protegido en la persona misma. Ese cambio de nombre no es cosmético: es el terreno sobre el que se hicieron posibles el Auto 092 de 2008, la Ley 1719 de 2014 y las categorías con las que la Comisión de la Verdad ordenaría, años después, más de setenta años de guerra.

El primer laboratorio: cuerpo esclavo y mestizaje forzado en la colonia

La violencia sexual en el territorio que hoy es Colombia tiene una fecha temprana: la del ingreso masivo de personas esclavizadas desde África en los siglos XVI y XVII. Dada la condición jurídica del esclavo, el amo abusaba impunemente de las mujeres de su propiedad, y sobre esa impunidad se construyó buena parte del mestizaje colonial. El cuerpo esclavo fue el primer terreno sistemático donde el poder ibérico ejerció una violencia sexual racializada, económica y jurídicamente amparada.

Las cifras del período son elocuentes de un desequilibrio demográfico brutal. La mayoría de los esclavos traídos de África en esos siglos eran varones, considerados más útiles para las faenas pesadas de minas y haciendas. En las minas y haciendas de la provincia de Cartagena, entre 1633 y 1724, por cada mujer había cinco esclavos varones, y los niños menores de quince años no alcanzaban el cinco por ciento de la población esclava. Cerca de un tercio del total eran mujeres, con variaciones importantes según se tratara de un enclave urbano, minero o agrícola: en las ciudades ellas tendían a estar sobrerrepresentadas; en las haciendas ocurría lo contrario.

Ese desbalance, sumado al derecho de facto del amo sobre el cuerpo de sus esclavas, produjo un régimen sexual singular. Las mujeres esclavas mantenían relaciones con sus dueños —presentadas por la historiografía tradicional como "preferencia"— con la esperanza pragmática de que sus hijos alcanzaran la libertad o de poder retenerlos junto a sí. Llamar a eso elección es un exceso: se trataba de estrategias de supervivencia dentro de un marco de dominación donde el "no" carecía de valor jurídico. A ello se sumó otra dimensión mercantil: los criterios de rentabilidad y el imaginario sexual sobre las mujeres negras llevaron a que la venta del cuerpo de las esclavas y su prostitución fueran manejadas por los amos como cualquier otra actividad económica, una fuente adicional de ingreso. La introducción de la mujer negra esclava en calidad de doméstica y concubina —primera división sexual del trabajo en el orden colonial esclavista— fijó las coordenadas de un imaginario que llegaría intacto al siglo XXI.

Ese imaginario es la herencia más venenosa del período: el estereotipo colonial según el cual la mujer negra sería "sexualmente más activa, fogosa, apetecible, voluptuosa y dispuesta". No es una curiosidad de anticuario. Cuatrocientos años después, en San Onofre y María La Baja, ese mismo imaginario reaparecería en boca de paramilitares acosando a mujeres afrocolombianas con expresiones como "chuchona", "nalgona", "las negras son sabrosas". La colonia dejó las palabras; la guerra contemporánea encontró los cuerpos.

Investigaciones judiciales del siglo XVIII documentan casos concretos que asoman detrás de las cifras: al menos un hombre mantuvo relaciones simultáneas con dos mujeres esclavizadas durante más de una década, entre 1771 y 1782. La marcada desproporción demográfica masculina, con haciendas donde había cinco varones por cada mujer, no solo impedía la autorreproducción de la población esclava, sino que generaba tensiones internas en la búsqueda de pareja. Pese a la política de separación racial promovida por la Corona, las uniones entre miembros de distintos grupos raciales fueron un rasgo estructural de la sociedad colonial hispanoamericana de los siglos XVII y XVIII, impulsadas por la conjunción de abuso señorial, desequilibrio demográfico y esperanza de libertad para la descendencia.

De la República a La Violencia: un archivo silencioso

Entre la abolición de la esclavitud, en 1851, y la mitad del siglo XX, la violencia sexual en Colombia habitó un territorio de silencio institucional. El derecho penal la subsumía en delitos contra el honor y las buenas costumbres; la sociedad la trataba como asunto privado, familiar, deshonroso de nombrar. La palabra "violación" aparecía, pero como afrenta a la honra del padre o el marido, no como daño a la mujer.

La Violencia bipartidista (1948-1958) trajo consigo una expansión brutal de agresiones sexuales asociadas a la disputa política entre liberales y conservadores en los campos de Boyacá, los Santanderes, Tolima, Caldas y Valle del Cauca. Las mujeres del bando enemigo eran violadas, mutiladas, exhibidas; los relatos sobrevivientes hablan de humillación pública, de escarnio corporal ligado al color del partido. Pero ese archivo permaneció durante décadas fuera del inventario historiográfico: se contaron los muertos, se contaron los desplazados, casi nadie contó a las violadas. Solo la revisión tardía, promovida desde los años noventa por investigadoras feministas y luego por la memoria histórica institucional, comenzó a reconstruir esa dimensión del ciclo bipartidista.

Esa invisibilidad no fue casual. Respondía a una arquitectura jurídica que carecía de herramientas para tipificar el daño, a una cultura que instalaba la responsabilidad de lo ocurrido en la víctima —para preservar la honorabilidad del cónyuge y de la familia— y a un aparato estatal ausente de las regiones donde el fenómeno arreciaba. Es una constante que reaparecería casi idéntica cuarenta años después, ya no en veredas del Tolima liberal ni en cordilleras conservadoras, sino en corredores paramilitares y campamentos guerrilleros. Cambiaron los actores, los uniformes y los mapas; el silencio, en cambio, viajó intacto.

Los escenarios materiales del conflicto armado

Cuando el CNMH cerró su primer gran inventario, contabilizó 15.076 personas víctimas de delitos contra la libertad e integridad sexual en el marco del conflicto armado colombiano, de las cuales el 91,6% fueron niñas, adolescentes y mujeres adultas. La cifra, escalofriante en sí misma, es al mismo tiempo una subestimación sistemática: el subregistro de la violencia sexual en Colombia llegaría al 95%, según cálculos de Sisma Mujer sobre datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Toda estadística oficial sobre este crimen debe leerse con esa advertencia al margen.

La curva temporal muestra picos. Entre 2000 y 2005, coincidiendo con la arremetida paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y con el recrudecimiento guerrillero de las FARC-EP y el ELN, se registró el 45,7% del total de casos del conflicto: casi la mitad concentrada en un lustro. Un segundo pico posterior recogió la actividad de los grupos armados posdesmovilización y los reacomodos guerrilleros.

Las autorías se reparten de manera desigual. En el departamento del Magdalena, entre 1990 y 2005, el 63,5% de los casos documentados fueron perpetrados por paramilitares, el 6,3% por guerrillas y el 6,3% por miembros de la Fuerza Pública. En las zonas de influencia de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM) y las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB) —Boyacá, Santander, Tolima—, los paramilitares fueron responsables de entre el 40,6% y el 55,5% de los delitos sexuales según el área. La correlación con las fases de expansión paramilitar es transparente sin necesidad de causalidad estricta.

Los modos, sin embargo, no fueron uniformes. El Bloque Centauros, operando en los Llanos Orientales, perpetró violencia sexual contra la población civil que incluyó acceso carnal violento, mutilación genital y homicidio, pese a que sus propios excombatientes afirmaban que tales actos estaban prohibidos internamente bajo pena de muerte. El caso de la periodista Jineth Bedoya Lima —secuestrada en mayo de 2000 a las puertas de la cárcel Modelo de Bogotá y sometida a tortura y violación por paramilitares—, junto a otros dos casos documentados en sentencias de Justicia y Paz, confirma el desfase entre norma interna y práctica. El Bloque Pacífico, en el sur del Chocó, alternaba dos modalidades: el enamoramiento con ofrecimiento de bienes materiales, y la violencia directa cuando la mujer no accedía. En municipios de dominio consolidado se documentó violencia sexual oportunista —no ordenada por la cadena de mando, no atada a objetivo militar— que se aprovechaba simplemente de la ventaja armada y la ausencia de sanción efectiva.

Esa distinción entre violencia "estratégica" y "oportunista" es metodológicamente frágil. Los propios informes del CNMH y del Grupo de Memoria Histórica reconocen la dificultad de aplicarla de forma consistente: casos con rasgos similares fueron clasificados de manera opuesta, y la frontera entre lo ordenado y lo tolerado se desdibuja cuando el mando conoce y no sanciona. La categoría es útil para pensar, insuficiente para dictaminar.

Los grupos armados aplicaron, además, castigos públicos de contenido humillante y de género como mecanismo de control social. Mujeres consideradas transgresoras del orden moral impuesto por los paramilitares fueron desnudadas, marcadas con letreros infamantes y expuestas al escarnio durante horas en las plazas de los pueblos. La violencia sexual, en esos casos, no operaba sobre un cuerpo individual sino sobre una comunidad a la que se disciplinaba mediante la exhibición del cuerpo humillado. Era, en sentido estricto, comunicación armada.

Bahía Portete y la dimensión étnica

Ningún episodio condensa mejor la confluencia entre violencia sexual, violencia étnica y estrategia armada que la masacre de Bahía Portete, en La Guajira, entre el 18 y el 20 de abril de 2004. Las AUC —Bloque Norte y Frente Contrainsurgencia Wayúu— irrumpieron en el territorio, y cuatro de las seis víctimas fatales fueron mujeres. Los paramilitares torturaron públicamente a lideresas wayúu de forma intencional y diferenciada por género y etnia, transgrediendo los códigos de guerra propios de la comunidad. La selección de las víctimas no fue azarosa: en la estructura wayúu, las mujeres ocupan un lugar determinante en los planos cultural, económico y político, actúan como mediadoras ante actores externos y defienden activamente a su comunidad. Atacarlas era atacar el nervio mismo del tejido social.

Bahía Portete no es un accidente: se inscribe en un patrón. El número de mujeres indígenas víctimas de violaciones de derechos humanos en el marco del conflicto pasó de 13 en el primer semestre de 2003 a 25 en el mismo período de 2004, un incremento leído como castigo directo a las mujeres que asumían roles activos de defensa comunitaria. En territorios de comunidades negras del Caribe, como San Onofre y María La Baja, integrantes de grupos armados —muchos venidos de otras regiones— acosaron a mujeres afrocolombianas con expresiones racistas y sexualizadas que traducían el viejo imaginario colonial en gramática cotidiana de agresión. En muchos casos, esas expresiones se materializaron en violencias sexuales.

La lectura conjunta de estos episodios sostiene una tesis incómoda pero robusta: los estereotipos racistas y sexistas hacia las comunidades negras e indígenas —forjados en el largo proceso colonial de jerarquización— condicionaron activamente la manera en que los miembros de grupos armados se relacionaron con esas poblaciones. La dimensión étnico-racial de la violencia sexual en el conflicto no fue un añadido al cálculo contrainsurgente, sino un habilitador autónomo. Y las estadísticas institucionales, que carecen de variable étnico-diferencial, siguen dejando fuera del registro buena parte de esa historia.

Hacia adentro: violencia reproductiva en las filas guerrilleras

La violencia sexual en el conflicto colombiano no ocurrió solo entre atacantes y víctimas civiles. Ocurrió también, con lógicas propias, hacia el interior mismo de los grupos armados sobre sus combatientes mujeres. Las FARC-EP practicaron abortos forzados en sus filas de manera sistemática, en modalidades que dependían del bloque y del frente en que se encontraran las guerrilleras. La decisión sobre la maternidad y sobre la anticoncepción no era de las mujeres: era potestad de los comandantes.

Desde la Octava Conferencia Nacional de las FARC-EP, en 1993, los niveles jerárquicos de la organización implementaron políticas explícitas de control reproductivo. El embarazo se consideraba incompatible con el funcionamiento de la organización armada, y se instalaron mandatos internos para prevenirlo o interrumpirlo. En la Novena Conferencia, de 2007, la organización determinó el Norplant como método anticonceptivo para las mujeres en sus filas, subordinando por vía de directriz orgánica la autodeterminación reproductiva de las combatientes.

Los efectos concretos fueron devastadores. Mujeres reclutadas siendo niñas o adolescentes fueron presionadas a abortar incluso en estados avanzados del embarazo. Cuando el aborto no se concretaba, o cuando por circunstancias particulares se permitía el embarazo, las adolescentes debían entregar a sus hijos a familiares o desconocidos para su crianza y regresar a las filas. La Comisión de la Verdad concluiría, tres décadas después, que se trató de una práctica sistemática y no ocasional, ejercida principalmente contra las mujeres en las filas guerrilleras. Al interior del Frente 24 y otras estructuras se documentaron además modalidades de explotación sexual —reinados y ferias con niñas de 16 años, comercio sexual con dinero y joyas— narradas por exintegrantes sobre lo ocurrido en zonas como el Bajo Simacota. La denuncia de estas violencias fue casi inexistente durante el conflicto activo: la normalización interna, el estigma, la culpabilización, el temor a las sanciones, el control territorial de los actores armados y la casi total ausencia estatal en las regiones más afectadas configuraron un régimen de silencio prácticamente hermético.

La construcción jurídica del reconocimiento

Que hoy podamos hablar de "violencia sexual en el conflicto armado" con precisión técnica es el resultado de una construcción jurídica lenta, articulada entre el derecho internacional y el derecho colombiano. Tres cuerpos normativos se entrelazaron para producirla: el DIH, el Derecho Penal Internacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. El DIH aportó el núcleo inicial de protección a las mujeres en conflicto armado y aplica —punto esencial para el caso colombiano— tanto a conflictos internacionales como no internacionales, obligando por igual a actores estatales y no estatales, incluidos grupos paramilitares.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional constituyó un salto cualitativo: en su artículo 8.2 tipificó como crímenes de guerra las graves infracciones al DIH, incorporando explícitamente diversas formas de violencia sexual —violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada— con nombre propio, por primera vez en un texto de esa jerarquía. Colombia ratificó el Estatuto y ese lenguaje ingresó a su ordenamiento interno.

En el plano nacional, la Ley 599 de 2000 tipificó la violencia sexual en contexto de conflicto armado dentro del título de delitos contra personas y bienes protegidos por el DIH, incrementando las penas para conductas como el acceso carnal violento, los actos sexuales violentos y la prostitución o esclavitud forzada cuando la víctima es una persona protegida. Catorce años después, la Ley 1719 de 2014 modificó artículos de las Leyes 599 de 2000 y 906 de 2004, adoptando medidas para garantizar el acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual, especialmente la cometida con ocasión del conflicto.

El giro decisivo, con todo, fue el Auto 092 de 2008 de la Corte Constitucional, expedido en el marco del seguimiento a la sentencia T-025 de 2004 sobre desplazamiento forzado. El auto identificó diez factores específicos de vulnerabilidad que enfrentaban las mujeres desplazadas en el conflicto, y el primero de ellos fue el riesgo de violencia sexual, explotación sexual o abuso sexual. La Corte reconoció que la vulneración de los derechos de las mujeres desplazadas a la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición era particularmente grave en materia de violencia sexual, y ordenó al Gobierno crear trece programas, seis de ellos directamente relacionados con derechos a la justicia y reparación de mujeres desplazadas víctimas de delitos, más uno específico para facilitar el acceso a la propiedad de la tierra. No inventó la violencia sexual: la nombró oficialmente, y la puso —por primera vez en la historia jurídica colombiana— en el centro del deber estatal.

La Ley 1448 de 2011, promulgada bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, articuló un modelo de justicia transicional que combinó medidas de reparación integral y verdad con flexibilización penal para desmovilizados. Los retos de implementación fueron y siguen siendo enormes: la reparación integral efectiva a víctimas de violencia sexual arrastra rezagos estructurales que la Comisión de la Verdad y organismos de veeduría han documentado con detalle. La distancia entre la norma escrita y la reparación entregada sigue midiendo el estado real del reconocimiento.

Las voces que forzaron el reconocimiento

Ninguna de estas normas se escribió sola. Detrás del Auto 092, de la Ley 1719, de las categorías con las que la Comisión de la Verdad ordenaría el archivo, hay una historia de movilización feminista que atraviesa cuatro décadas. En la segunda mitad de los años noventa, la Ruta Pacífica de las Mujeres reorientó el feminismo colombiano hacia la visibilización de los efectos de la guerra sobre las mujeres, apartándose del énfasis previo en campañas por la igualdad política y legal que había marcado los años ochenta y comienzos de los noventa. Su consigna central —"No parimos hijos e hijas para la guerra"— se convirtió en emblema de esa reorientación. Desde noviembre de 1997 orientó su trabajo hacia la incidencia política, con la convicción de que las mujeres debían jugar un papel fundamental en la construcción de la paz. El movimiento articuló argumentos jurídicos y políticos, apelando al derecho internacional para exigir una perspectiva de género en las políticas de atención al desplazamiento. Sin esa presión sostenida, el Auto 092 difícilmente habría existido.

A las organizaciones se sumaron voces individuales que rompieron el silencio a un costo personal enorme. Jineth Bedoya Lima, tras años de proceso, llevó su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que en 2021 condenó al Estado colombiano por la violencia sexual, tortura y secuestro sufridos en mayo de 2000, y por la falta de investigación diligente. Su campaña "No es hora de callar" convirtió el testimonio individual en herramienta pública.

El andamiaje intelectual del reconocimiento se armó en dos registros simultáneos. En el analítico, la lectura que la antropóloga argentina Rita Segato hizo de la violación como acto comunicativo y como forma de dominación territorial dio a jueces, comisionadas e investigadoras un vocabulario para leer los cuerpos violentados no como cifras aisladas sino como mensajes cifrados sobre el poder. En el institucional, fiscales y magistradas como Ángela María Buitrago arriesgaron carrera para sostener casos hasta sentencia, traduciendo esa comprensión conceptual en imputaciones concretas. Sin el marco de Segato, muchos casos habrían seguido leyéndose como excesos individuales; sin el trabajo de las fiscales, ese marco no habría producido condenas.

En diciembre de 2016, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, presidida por el sacerdote jesuita Francisco de Roux, comenzó su mandato con una dedicación explícita a las violencias basadas en género. Su informe final, entregado en 2022, dedicó volúmenes completos a las mujeres y a las personas LGBTIQ+ en el conflicto, apoyándose en miles de testimonios y en las categorías de violencia sexual y reproductiva que el trabajo previo del CNMH había afinado. Fue, en cierto sentido, la culminación institucional de un ciclo de nombramiento que empezó en las calles y terminó en el archivo oficial de la nación.

El silencio que persiste

Que exista archivo no significa que exista justicia. El subregistro del 95% no se corrige por decreto. En Medellín y en decenas de otras ciudades, las víctimas siguen siendo coaccionadas para guardar silencio, o sencillamente no se atreven a denunciar por temor a la revictimización institucional. Las amenazas graves de los agresores funcionan como mecanismo activo de disuasión. La normalización social y cultural de la violencia sexual, el estigma, la vergüenza y la culpabilización de las víctimas —que la sociedad instala en la mujer y no en el agresor— se combinan para perpetuar el silencio.

Los hombres víctimas de violencia sexual permanecen en un silencio aún más denso, por la vergüenza y por el estigma social asociado a la idea de que la violación es cosa de mujeres o que denunciarla implicaría admitir homosexualidad o falta de hombría. Las estadísticas institucionales carecen de variable étnico-diferencial, dejando en la penumbra las múltiples violencias sufridas por mujeres negras, afrocolombianas e indígenas. Superar ese silencio requiere procesos prolongados de acompañamiento basados en la confianza, la escucha y el respeto por el ritmo de cada víctima: no es un asunto que se resuelva con una línea telefónica ni con una campaña.

La violencia sexual en el ámbito intrafamiliar y comunitario ha estado presente a lo largo de la vida de una de cada siete mujeres colombianas —el 15,2%—, y en casi siete de cada diez casos ocurrió de forma reiterada. Es decir: la violencia sexual del conflicto no se sostuvo sobre un tejido pacífico repentinamente perturbado, sino sobre una sociedad donde la agresión sexual era ya, en tiempos de paz nominal, una condición constante y minimizada de la vida cotidiana de las mujeres. La guerra amplificó, sistematizó y racializó lo que la paz ya toleraba.

Herencia y disputa

Escribir la historia de la violencia sexual en Colombia obliga a mantener dos afirmaciones simultáneas que parecen contradecirse pero se sostienen mutuamente. La primera: hay una continuidad real, verificable, entre el régimen sexual del esclavismo colonial y las lógicas contemporáneas de agresión racializada sobre mujeres negras e indígenas. El estereotipo de la mujer negra "fogosa" y el estereotipo de la mujer indígena "disponible" no se inventaron en 1990; llevaban cuatro siglos circulando. La segunda: esa continuidad no debe leerse como una tecnología uniforme y coherente que operara con la misma lógica en la mina cartagenera del siglo XVII y en el Bloque Norte de las AUC en 2004. Cada ciclo histórico moldeó la violencia sexual con sus propias herramientas —el derecho de propiedad esclavista, la disputa bipartidista, la contrainsurgencia paramilitar, el control reproductivo guerrillero— y produjo víctimas específicas.

Lo que sí atraviesa toda la serie es una constante: la violencia sexual funcionó siempre como algo más que un acto individual. Fue mecanismo de dominación económica en la colonia, de humillación política en La Violencia, de disciplinamiento territorial en el paramilitarismo, de control interno en las guerrillas. Y en todos esos ciclos operó como un discurso puesto sobre el cuerpo ajeno: quién manda, qué cuerpos se consideran disponibles, qué transgresiones se castigan con la humillación sexualizada. Esa dimensión comunicativa, sin agotar el fenómeno, lo atraviesa entero.

La conquista más significativa de las últimas tres décadas no fue erradicar la violencia sexual —que sigue ocurriendo, en el conflicto residual y fuera de él— sino desprenderla de las categorías del honor familiar y devolverla al cuerpo de la víctima como agravio propio, nombrable, exigible. Ese desplazamiento, obra conjunta del feminismo colombiano, la jurisprudencia constitucional, el DIH incorporado y el trabajo paciente de la memoria histórica, transformó lo que puede decirse y lo que puede juzgarse. La violencia sexual existió siempre en Colombia; que hoy podamos escribir su historia es reciente, y precario, y depende de que las voces que la nombraron sigan siendo escuchadas.

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En el archivo

29 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Regeneración1886–19291
  1. 1920Huelga de las obreras textiles de Bello (1920)Hecho
02República Liberal1930–19461
  1. 1935Masculinismo estructural en la historiografía de la República LiberalPregunta
03La Violencia1946–19572
  1. 1948La Violencia bipartidista rural y los chulavitas (1948–1953)Hecho
  2. 1948Violencia sexual sistemática como arma política durante La ViolenciaHecho
04Constitución de 19911991–20026
  1. 1996Yolanda Becerra VegaFicha
  2. 1997Sevicia ritual paramilitar y violencia sexual escenificada en masacres (1997–2002)Hecho
  3. 1998Hernán Giraldo SernaFicha
  4. 1998La paradoja del 91: Constitución garantista y expansión paramilitar en ColombiaPregunta
  5. 2000El SaladoFicha
  6. 2003Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresasPregunta
05Seguridad Democrática2002–20167
  1. 2000Jineth Bedoya LimaFicha
  2. 2005La Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz)Pregunta
  3. 2006Jesús Abad ColoradoFicha
  4. 2008Auto 092 de 2008: reconocimiento judicial del impacto desproporcionado del desplazamiento sobre las mujeresHecho
  5. 2008Violencia sexual en el conflicto armado colombianoPregunta
  6. 2011Auge del campo de la memoria histórica en Colombia (2011–2016)Hecho
  7. 2011Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011)Hecho
06Posconflicto2016–presente7
  1. 2016Disputa por la memoria histórica y el Centro Nacional de Memoria Histórica (2016–2022)Hecho
  2. 2016Fragmentos, Espacio de Arte y MemoriaHecho
  3. 2016Victoria SandinoFicha
  4. 2018María Ángela Salazar MurilloFicha
  5. 2022Informe Final de la Comisión de la Verdad 'Hay futuro si hay verdad'Hecho
  6. 2022Sentencia C-055 de 2022: despenalización del aborto hasta la semana 24Hecho
  7. 2022Verdad históricaFicha
07Transversal4
  1. 1805La larga duración colonial en ColombiaPregunta
  2. 1900Reclutamiento forzadoFicha
  3. 1985Doris SalcedoFicha
  4. 1999El PlacerFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Comisión de la Verdad: organismo que contribuyó a nombrar y sistematizar la violencia sexual como categoría en más de setenta años de conflicto armado colombiano
  2. 02Jineth Bedoya Lima: periodista colombiana víctima emblemática de violencia sexual perpetrada por paramilitares del Bloque Centauros en mayo de 2000
  3. 03Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH): institución que contabilizó 15.076 víctimas de delitos sexuales en el conflicto y documentó patrones de autoría y modalidades
  4. 04Paramilitarismo: actor armado responsable del 63,5% de los casos documentados en el Magdalena entre 1990 y 2005, con modalidades que iban desde la violencia estratégica hasta la oportunista
  5. 05Mestizaje: proceso colonial construido en parte sobre la violencia sexual racializada ejercida por los amos sobre las mujeres esclavizadas
  6. 06Desplazamiento forzado: consecuencia frecuente de la violencia sexual en el conflicto, usada para disciplinar y expulsar comunidades enteras
  7. 07Bahía Portete (La Guajira): territorio donde en 2004 se perpetró una masacre con violencia sexual diferenciada por género y etnia contra lideresas wayúu
  8. 08Sisma Mujer: organización que estimó el subregistro de violencia sexual en Colombia en un 95% citando datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses
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Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 55 fragmentos

01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 3221 cita
[1]

la estratificaci ó n de los grupos sociales de la sociedad esclavista y a la legislaci ó n de la Corona para evitar la convivencia de los negros con los indios y espa ñ oles. Factores de diversa í ndole contribuyeron al cruzamiento de razas, fen ó meno bien caracter í stico de la sociedad colonial hispa noamericana.…

p. 322
02Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1601 cita
[2]

dían la obligación de promover la cristianización del esclavo sin tener en cuenta las sanciones económicas que esto podría acarrear y que iban desde una multa equivalente a la mitad del precio del esclavo hasta la confiscación de los mismos. La actitud de los propietarios hacia el pro- ceso de aculturación variaba…

p. 160
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 981 cita
[3]

En los siglos xvi y xvii, la m ayoría de esclavos traídos de África eran varones, co n sid erad o s m ás útiles que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I l i s r c 'K iA D ií C o l o m b i a. I’ a í s i r a g m l n t a i x v s c k t l d a u d i v i d i d a 1 0 1 las m…

p. 98
04Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 1711 cita
[4]

1995; Zuluaga y Bermúdez, 1997]. Adicionalmente, los criterios de rentabilidad y el imaginario sexual de las mujeres negras contribuyeron a flexibilizar los códigos morales, de tal manera que la venta del cuerpo de las esclavas y la prostitución fueron consideradas como cualquier actividad minera o agrícola, pues…

p. 171
05Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 2441 cita
[5]

Legajo 1770–1790, No. 16, f. 9v. 31 AHA, Criminal Caja B85, Legajo 1770–1790, No. 16, f. 5r, f. 15r, and f. 17r. 32 AHA, Criminal Caja B85, Legajo 1770–1790, No. 16, f. 14r, f. 17r. The enslaved women were asked if he had punished the women each time they were pregnant, and Luján was asked why not. AHA, Criminal Caja…

p. 244
06Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 367, 3702 citas
[6]

víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo. (oms, 2003, 161) Este tipo de violencia implica: […] cualquier acto o comportamiento sexual dirigido a adultos o menores, hombres o mujeres, que involucre el uso de la fuerza o de cualquier otro tipo de coerción física, psicológica o emocional así…

p. 367
[10]

partir de experiencias internacionales (como Etiopía, Su- dán, Sierra Leona y algunos países de Centroamérica), se ha podido inferir que los actos sexuales de carácter violento y sin consentimiento son riesgos inevitables en tiempos de guerra, convirtiéndose la violencia sexual en una forma de intimidar y silenciar,…

p. 370
07Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 320, 3422 citas
[7]

junto a las modalidades, el tamaño de las barras varía. El porcentaje se refiere a cada actor por separado. Número de hechos 60 40 20 0 Acoso sexual Aborto forzado Maternidad forzada Seducción forzada Otra forma de violencia sexual Obligación de presenciar actos sexuales Tortura en estado de embarazo Violación sexual…

p. 342
[9]

y que se encontraban en estado de indefensión. Las guerrillas, los paramilitares, miembros de la fuerza pública y otros agentes del Estado fueron responsables de la ocurrencia de distintas modalidades identificadas, aun cuando algunos usaron con mayor frecuencia unas que otra 912. Este tipo de actos los 910 Ver tomo…

p. 320
08Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3691 cita
[8]

particularidad de aplicar rebajas de penas a cambio de amplios márgenes de confesión y en una búsqueda de asegurar verdad, justicia y reparación a las víctimas. Si bien algunos exparamilitares han confesado algunos delitos de tipo sexual y de violencia de género, estos delitos siguen sin conocerse en su mayoría, de…

p. 369
09La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 353, 3572 citas
[11]

las mujeres como una violación grave y como una forma de tortura. Si bien durante el siglo XX, otras violaciones masivas durante la segunda guerra mundial o durante los conflictos armados en Centroamérica las muje - res habían vivido experiencias similares de violación y desprecio masivos a través de la práctica de la…

p. 357
[48]

golpes, yo fui maltratada con la cacha del revólver que los tipos cargaban, varias veces, mi seno duró más de dos meses completamente hinchado, inflamado y todavía no he tenido la oportunidad directamente de que un especialista me vea por si depende de pronto de un tumor, o algo, algo, algo… demasiado, demasiado,…

p. 353
10Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · p. 411 cita
[12]

con ocasión o en desarrollo del conflicto armado Fuente: Elaborada por la Corporación Sisma Mujer sobre la base de información del Código Penal colombiano, ley 599 de 2000. En el Título "D elito s contra personas y bienes protegidos por e l derecho Internacionalhum anitario’ se incrementan las penas por homicidio,…

p. 41
11«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 1031 cita
[13]

a los agentes no estatales, aunque en este último caso sólo en ocasiones. Las normas del derecho internacional humanitario, conocidas también como leyes de la guerra, vinculan a todas las partes implicadas en un conflicto armado, incluidos los grupos armados no estatales. Con arreglo al derecho penal internacional,…

p. 103
12Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2111 cita
[14]

II, delitos contra personas y bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario, sanción de pena privativa de la libertad por homicidio en persona protegida entre 30 y 40 años. En el ámbito internacional, el Esta- tuto de Roma de la Corte Penal Internacional en su artículo 8.2 señala que las graves…

p. 211
13Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 49, 2172 citas
[15]

invisible de la guerra. Desplazamiento forzado en la Comuna 13, Bogotá, CNRR-GMH. (2010b), La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia, Bogotá, CNRR-GMH. (2010a), La masacre de Bahía Portete: mujeres wayúu en la mira, Bogo- tá, CNRR-GMH. (2010), Bojayá. La guerra sin límites, Bogotá, CNRR-GMH. (2009a),…

p. 217
[42]

y orientaciones sexuales diversas. Los silencios que han impedido hasta ahora hablar de estos he- chos, y de los daños que ellos han causado, muestran la vergüenza y la culpa que carga una sociedad que repite prácticas y discursos que instalan la responsabilidad de lo sucedido, en quienes han su- frido directamente…

p. 49
14La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 3261 cita
[16]

el DIH aplica a los conflictos armados no internacionales, como el colombiano, y que sus obligaciones abarcan tanto a actores estatales como no estatales. Asimismo, les aplican los principios de pro- porcionalidad y distinción del derecho internacional consuetudinario relativos a los conflictos armados no…

p. 326
15La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 251 cita
[17]

Nacional de Memoria Histórica (en adelante CNMH) contabilizó 15. 076 per- sonas víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual en el marco del con fl icto armado. De estas, el 91, 6 por ciento han sido niñas, adolescentes y mujeres adultas. Aún asumiendo el su- bregistro de la cifra, este estimado…

p. 25
16Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 477, 5023 citas
[18]

70 80 90 100 Sonsón Samaná Nariño San Vicente de Chucurí Cimitarra Puerto Triunfo Cocorná El Carmen de Chucurí San Juan de Rioseco El Carmen de Viboral Fresno Pensilvania Puerto Boyacá Lerida Otanche Marquetalia Puerto Nare Falan Guaduas La Dorada Manzanares Chaguani Santa Helena del Opón La Mesa Palocabildo Venadillo…

p. 477
[26]

luz de las comunidades. De acuerdo con el relato de una exintegrante del FIC sobre lo que presenció en el Bajo Simacota: Las fiestas era una cosa impresionante. Ahí era donde se veía la explotación sexual porque ellos hacían reinados y las reinas… hacían a cada rato ferias con reinas. Hacían ferias y eso era un…

p. 502
[27]

luz de las comunidades. De acuerdo con el relato de una exintegrante del FIC sobre lo que presenció en el Bajo Simacota: Las fiestas era una cosa impresionante. Ahí era donde se veía la explotación sexual porque ellos hacían reinados y las reinas… hacían a cada rato ferias con reinas. Hacían ferias y eso era un…

p. 502
17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 44, 462 citas
[19]

por el GMH en el departamento del Magdalena entre 1990 y 2005, 40 fue- ron perpetrados por grupos paramilitares (63,5%), 4 por las guerrillas (6,3%), 4 por miembros de la Fuerza Pública (6,3%), 1 por grupos pa- ramilitares y miembros de la Fuerza Pública (1,6%) y los 14 restantes no 109. Al respecto, consultar: Sisma…

p. 44
[22]

para ellos… como una “mujer”. Re- cuerdo que una muchacha de 15 años se suicidó. No aguantó. La mujer mayor era la que nos daba ánimo, era la única que podía salir de la casa. 120 119. Entrevista #5 a líderes comunitarios, Sucre, 2010. 120. GMH, El Placer, 208. 82 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica…

p. 46
18Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 212, 2212 citas
[20]

grupos paramilitares, guerrille- ros o pertenecientes a la Fuerza Pública estuvieron igualmente propensos a abusar sexualmente de personas en estado de inde- fensión? ¿Todo hombre en armas tiene la misma inclinación y oportunidad de cometer violaciones sexuales? ¿Importaban en la ocurrencia de estos crímenes el…

p. 212
[21]

cometen frente a terceros (familiares, comunidades, organizaciones tildadas como enemigas), asumen un carácter oportunista y responden única- mente a un deseo de dominio y vejación de lo femenino. 1.5. El perfil de las víctimas Frente a las violaciones, MH, guiada por los primeros casos em- blemáticos que reconstruyó,…

p. 221
19Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 25, 732 citas
[23]

se debe a la forma, al año y al contexto (CNRR-GMH, 2011b, páginas 238 y 239). Aunque los medios son crueles y sofisticados, y el momento coincide con la disputa entre paramilitares y guerrilleros por el control de la zona, esta información a lo sumo califica la violación como sucedida en un contexto estratégico, pero…

p. 73
[49]

había consolidado en este cuerpo de derecho (Céspedes Báez, 2017, páginas 303-311). Una de las consecuencias del escalamiento del conflicto arma- do colombiano en la década de 1990 fue el aumento del desplaza- miento forzado. La consolidación de los grupos paramilitares en una estructura nacional, su expansión…

p. 25
20Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 422, 4252 citas
[24]

violación (CNMH, 2015d, pp. 44-49; CNRR-GMH, 2011, pp. 216-220). Ya se ha mencionado que la violencia sexual, principalmente bajo las formas de acoso, abuso de poder y convivencia forzada era una práctica común, espe- cialmente de los comandantes hacia las combatientes al interior de las filas del Bloque Centauros; y…

p. 422
[29]

en cuero, en cuero, cuero, cuero… Entr.: ¿Desnuda? Edo.: Con un letrero donde decía: por zorra. Todo el mundo se le reía, todo el mundo y eso para uno de mujer, yo digo que eso debe de ser muy humi- llante. (CNMH, MNJCV, 2015, 29 de septiembre) Entr.: Usted me mencionó que hirieron y amenazaron personas en San Agus-…

p. 425
21La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 248, 2512 citas
[25]

a una discoteca, y por lo que me di cuenta, pues como que él le decía que estuvieran juntos, y entonces ella no quiso y la violó. Y al muchacho lo mataron. (CNMH, MNJCV, 2017, 19 de mayo) Igualmente, imaginarios e ideas de belleza o prestigio también pudieron facilitar la utilización de distintas estrategias de…

p. 251
[31]

dicen que son ¡más calientes!”; y con los roles que deben desempeñar: “[dicen que] estamos para parir, para hacer trabajo doméstico, como que no servimos para otras cosas, o sea, que no nos ven en otros cargos de decisión”. (Mar- ciales, 2015, p. 73) Así mismo, existen estereotipos que representan a las comunidades…

p. 248
22No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 245, 2482 citas
[28]

se cometió una única vez, por lo que se habla de que fue un hecho continuado y colectivo. Milena, en su relato, cuenta las formas en que el comandante y demás compañeros del ELN la violentaron física, sexual y psicológicamente: «Ellos decían: “Juguemos a la moneda, si sale tal cosa, nos comemos a esa hem- bra, y si…

p. 248
[39]

y le pedía perdón a Dios por no haber podido proteger esa criatura y era un cargo de conciencia que no me pertenecía porque yo traté de cuidarlo lo más que pude; pero pues ya se me salió de las manos. 678 676 Informe 086-CI-00801, Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), «Una mirada crítica…

p. 245
23Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 460, 5602 citas
[30]

otra de las mar- cas que permite leer el racismo contra las mujeres afrocolombianas como otras de las prácticas utilizadas durante el conflicto armado en Colombia. Modos de violencia que están unidos por la idea de que la mujer negra es «sexualmente más activa, fogosa, apetecible, voluptuosa y dispuesta». Así mismo,…

p. 460
[41]

Tenemos un caso de jóvenes que han denunciado ahora lo de violencia sexual porque ya están viendo que se puede. Ahora sí se puede hablar. Antes no se podía, por miedo o por vergüenza; porque también la gente lo criticaba, porque les daba pena decir. Cómo iban a sentarse con una psicóloga y decirle: “A mí me violaron”,…

p. 560
24La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 17, 292 citas
[32]

a una comunidad indíge- na y a su territorio ancestral, en el que los victimarios acuden a prácticas de violencia discriminadas por género y papel social 20. 20 Como se anota en el informe sobre la masacre de El Salado del Grupo de Me- moria Histórica (MH), del registro de 2.505 masacres entre 1982 y 2007 por MH, el…

p. 29
[33]

las mujeres de Bahía Portete precisamente porque ellas cumplen en la estruc- tura comunitaria de los wayuu, un papel determinante en los pla- nos cultural, económico y político. En el artículo publicado en el Boletín de Actualidad Étnica de sep- tiembre de 2004, se expresa que el aumento cuantitativo de la vio- lencia…

p. 17
25La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 1811 cita
[34]

siempre… con todo el temor que se tenía, uno siempre sa- lía: vamos a rescatarlo. Muerto… O sea, porque uno sabía, a lo que lo sacaban, uno decía: vamos a ir y buscar el cuerpo porque ya… pa’ que no se pierda. Muchos que sí los entregaban y decían: vaya y búsquelo en tal parte, si lo encuentran, que, o si no, se lo…

p. 181
26Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1581 cita
[35]

la intervención de megaproyectos en su territorio. Conflictos entre familias wayúu por el control del puerto natural. Foco Masacre perpetrada por las AUC entre los días 18 y 20 de abril del año 2004 (6 víctimas fatales, 4 de ellas mujeres). Una masacre que ilustra la confluen- cia entre violencia contra las mujeres,…

p. 158
27Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[36]

ntrevista 236 - VI - 00004. Mujer, urbana, exiliada. 73 Son expresiones de poder y de horror que dejaron marcas en su vida y en la libre elección de ser madres. A esta conclusión llegó la Comisión tras el análisis de los testimonios reunidos y los presentados por organizaciones sociales en cuatro informes 193 que…

p. 72
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5571 cita
[37]

de colaborar con las insurgencias o las sospechosas de ser guerrilleras. La Comisión pudo constatar que los hechos más recurrentes se dieron hacia las mujeres detenidas en el marco del Estatuto de Seguridad, en contextos de tortura. Aunque como un fenómeno menos evidente, la Comisión también conoció casos de hombres…

p. 557
29Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 3391 cita
[38]

comandantes y combatientes han sido explícitas en el marco de la sexualidad. La autodeterminación sobre métodos de planificación ha sido regulada por el comandante e incluso en algunos casos están determinados en los mandatos y directrices establecidos por los grupos armados. Tal es el caso de las FARC que, en su…

p. 339
30Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 2471 cita
[40]

el cautiverio con otros seis se- cuestrados más. La liberación se produjo una vez se pagó el dinero exigido por dicho grupo [...] (CNMH, OMC, Base de Secuestro. Fe- cha de corte: 18 de noviembre de 2016). Una modalidad de violencia muy frecuente en la ciudad pero de la que no suele hablarse o denunciarse, es la…

p. 247
31El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 4372 citas
[43]

acto libre, al margen de presiones, tiempos de otros y señalamientos, respaldado por el apoyo de escucha, de atención y reconocimiento de la abogada. Llegan hasta cierto punto y dicen: ya (...), hasta ahí. Y les digo: bueno (...) Y espero, y ellas me dicen: pero faltan cosas. Entonces yo les digo: tranquilas, cuando…

p. 437
[44]

acto libre, al margen de presiones, tiempos de otros y señalamientos, respaldado por el apoyo de escucha, de atención y reconocimiento de la abogada. Llegan hasta cierto punto y dicen: ya (...), hasta ahí. Y les digo: bueno (...) Y espero, y ellas me dicen: pero faltan cosas. Entonces yo les digo: tranquilas, cuando…

p. 437
32Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 231 cita
[45]

violencia sexual ocurridos en el marco del conflicto armado”. “Desarrollar investigaciones que contribuyan al esclarecimiento y visibilización de los impactos diferenciales de la violencia contra las mujeres en el marco del conflicto armado”. “Diseñar e implementar piezas comunicativas en el marco de una pedagogía…

p. 23
33Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · p. 1951 cita
[46]

the local population. Consolidated as an organization shortly after, the Ruta Pacífica marked an important shift in the feminist movement in the country, reorienting the campaigns of the 1980s and early 1990s for women’s political and legal equality. As Doris Lamus narrates, the Ruta Pacífica emerged out of a split in…

p. 195
34Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 1891 cita
[47]

de sus principales consignas que hasta hoy las acompaña: “No parimos hi jos e hijas para la guerra”. Esa frase ha sonado durante los 10 años que llevan moviéndose por las trochas, montañas y carreteras colom bianas. El ejercicio de emprender camino y acompañar a otras mujeres en desgracia fue tomando fuerza y en…

p. 189
35Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 159, 1612 citas
[50]

Auto 092 de 2008 tiene que ver con la impunidad que rodea la comisión de una serie de hechos delictuosos que afectan en forma despro- porcionada a las mujeres desplazadas. De hecho, seis de los trece progra- mas cuya creación se ordena al Gobierno 25 están directamente relaciona- dos con la condición de víctimas de…

p. 161
[51]

Auto 092 de 2008, fundamento jurídico II.2) estimó que una de éstas tiene que ver con el “desconocimiento frontal de sus derechos como víctimas del conflicto armado a la justicia, la verdad, la reparación y la garantía de no-repetición”. Sobre este particular, el alto tribunal señaló: La vulneración de los derechos de…

p. 159
36Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 831 cita
[52]

especial sobre la situación de las mujeres víctimas del delito de desaparición forzada mediante la identificación de los móviles de su desaparición y el planteamiento de hipótesis y patrones diferenciales, a partir de los testimonios aportados por las y los familiares de las mujeres víctimas. Es preciso recordar que…

p. 83
37La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1141 cita
[53]

fijadas. Auto 092 de la Corte Constitucional (2008). Establecer un programa de facilitación del acceso a la propiedad de la tierra por las mujeres desplazadas y proteger sus dere- chos. Departamento Nacional de Planeación (junio 25 de 2009) Propuesta de política de restitución de tierras y territorios, prevención y…

p. 114
38El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1572 citas
[54]

la pretensión discursiva de alcanzar la terminación del con fl icto, y, por el otro, la falta de desarrollo adecuado de las medidas para garantizar los de- rechos de las víctimas a la justicia, a la verdad y a la reparación. Estas últimas, como veremos en detalle más adelante, fueron in- corporadas posteriormente…

p. 157
[55]

la pretensión discursiva de alcanzar la terminación del con fl icto, y, por el otro, la falta de desarrollo adecuado de las medidas para garantizar los de- rechos de las víctimas a la justicia, a la verdad y a la reparación. Estas últimas, como veremos en detalle más adelante, fueron in- corporadas posteriormente…

p. 157