Francisco de Roux
Posconflicto
N. 1943
La biografía
Francisco José de Roux Rengifo es un sacerdote jesuita colombiano nacido en 1943 que ha traducido, a lo largo de medio siglo, la teología de la liberación en dos formas sucesivas de acción pública: primero en ingeniería social sobre el territorio, mediante el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio; después en arquitectura estatal de verdad, como presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, cuyo Informe Final entregó al país en 2022. Pocas biografías colombianas condensan con tanta coherencia el arco que va del catolicismo social del siglo XX a la categoría política de "verdad" como fundamento del posacuerdo. Pocas, también, muestran con tanta nitidez los límites de esa traducción: la Compañía de Jesús a la que pertenece De Roux fue expulsada tres veces del país —en 1767, 1850 y 1861— y cada uno de sus intentos por incidir sobre las estructuras del poder colombiano ha chocado con la impermeabilidad del Estado. La suya es la trayectoria de una bisagra que articula sin garantizar.
Línea de vida
- 1943
Nacimiento en Cali
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Nació en Cali en una Colombia anterior al Bogotazo, en el seno de una tradición educativa jesuita que mantenía presencia hegemónica en el sistema escolar del país pese a las expulsiones decimonónicas de la Compañía de Jesús en 1767, 1850 y 1861.
- 1970
Formación en París y adopción de la teología de la liberación
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Su itinerario intelectual lo llevó a París, donde su formación económica se fundió con las lecturas que sacudían a la Iglesia latinoamericana: la opción preferencial por los pobres, la lectura estructural del pecado como explotación institucionalizada y la comunidad cristiana de base como célula pastoral y política.
- 1976
Allanamiento del CINEP y represión estatal
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La sede del CINEP en Bogotá —institución jesuita en la que De Roux se formó y actuó— fue allanada y los sacerdotes jesuitas Luis Alberto Restrepo y Jorge Arango fueron detenidos, acusados de pertenecer al ELN, evidenciando el riesgo que enfrentaba la tradición apostólica social de la que De Roux era parte.
- 1994
Dirección del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio
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De Roux asumió la dirección del PDPMM, primer Programa de Desarrollo y Paz del país, en una región devastada por el paramilitarismo, el ELN y la ausencia estatal. El programa buscó atender las causas estructurales del conflicto mediante organización comunitaria, economía campesina y participación política, convirtiéndose en modelo para iniciativas similares en otras regiones.
- 2016
Publicación en volumen colectivo de CLACSO sobre el proceso de paz
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Figura como autor del libro colectivo 'Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opciones', publicado en Buenos Aires por CLACSO bajo la edición de Eduardo A. Rueda Barrera, Sara Victoria Alvarado y Pablo Gentili, junto a figuras como Martha Nussbaum y Francisco Cortés Rodas, consolidando su perfil de intelectual público en el debate sobre el posacuerdo.
- 2018
Inicio del mandato como presidente de la CEV
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Asumió la presidencia de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, institución del Sistema Integral para la Paz creada en el marco del Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, con un mandato de casi cuatro años para esclarecer el conflicto armado interno.
- 2022
Entrega del Informe Final 'Hay futuro si hay verdad'
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Presidió la ceremonia de entrega del Informe Final de la CEV, compuesto por once tomos en veinticuatro volúmenes, que documentó más de nueve millones de víctimas del conflicto armado colombiano. En su discurso interpeló a los colombianos sobre su responsabilidad colectiva. El presidente en ejercicio Iván Duque no asistió; sí estuvieron presentes el presidente electo Gustavo Petro y la vicepresidenta electa Francia Márquez.
La semblanza
De Roux pertenece a una generación de jesuitas latinoamericanos formados en el intervalo que va del Concilio Vaticano II a la Instrucción del apostolado social de 1949, cuando el Superior General Jean Baptiste Janssens convocó a la Compañía a intensificar su trabajo social frente a la miseria estructural del continente. De esa convocatoria nacieron los CIAS, centros de investigación social que se sembraron en varios países. En Colombia, el CIAS derivó en el CINEP, el Centro de Investigación y Educación Popular, matriz intelectual desde la que se pensaría durante décadas el conflicto armado, la memoria y la organización popular. De Roux es la figura pública mayor de esa tradición jesuita colombiana: no su fundador ni su teórico principal, sino el operador que llevó sus categorías a los umbrales del Estado.
Su nombre está asociado a tres empresas que rara vez confluyen en una sola persona: la vida sacerdotal y académica dentro de la Compañía, la presencia sostenida en el Magdalena Medio durante los años más duros del paramilitarismo, y la conducción de la comisión de verdad que en 2022 le devolvió al país un balance moral del conflicto armado: más de nueve millones de víctimas. La articulación de esos tres planos —eclesial, territorial e institucional— es lo que da densidad a su figura y lo que la distingue de otros sacerdotes comprometidos con los pobres. De Roux no eligió ni la ruta del cura guerrillero al estilo de Camilo Torres Restrepo, ni la del intelectual de escritorio, ni la del pastor local: eligió la mediación institucional, y sostuvo esa apuesta cuando era peligrosa y cuando dejó de serlo.
Los orígenes
Nació en Cali en 1943, en una Colombia todavía anterior al Bogotazo, cuando la Compañía de Jesús mantenía una presencia hegemónica en el sistema educativo del país pese a las expulsiones decimonónicas. La formación jesuita de mediados del siglo XX era exigente y transnacional: filosofía, teología, estudios sociales, estancias fuera del país. De Roux siguió esa vía. Su itinerario intelectual lo llevó a París, donde su formación económica se fundió con las lecturas que por esos años sacudían a la Iglesia latinoamericana: la opción preferencial por los pobres, la lectura estructural del pecado como explotación institucionalizada, la comunidad cristiana de base como célula pastoral y política. La teología de la liberación no fue para él una elección ideológica adulta sino el aire de su formación.
Ese aire era denso y peligroso. Camilo Torres Restrepo había sido separado del sacerdocio por el cardenal Luis Concha Córdoba y había muerto en combate en las filas del ELN bajo el mando de Fabio Vásquez, poco después de haberse incorporado a la guerrilla. Sus textos, que argumentaban que el amor al prójimo debía ser efectivo y que la caridad tradicional resultaba insuficiente, justificaban la revolución como medio legítimo para los cristianos comprometidos con los pobres. El grupo Golconda había cristalizado esas posiciones en una crítica frontal al imperialismo neocolonial, a la burguesía nacional y al maridaje entre Iglesia y Estado. En El Salvador, la línea que corría entre pastoral y política costaría, años después, la vida de Óscar Arnulfo Romero. La generación de De Roux tuvo que decidir, muy joven, dónde se plantaba dentro de ese espectro que iba del altar al fusil.
De Roux se plantó en la mediación. No abandonó el sacerdocio ni tomó las armas; tampoco se replegó a la ortodoxia romana. Adoptó la opción preferencial por los pobres como matriz interpretativa —el pecado leído como estructura social injusta, la liberación como categoría teológica— pero la canalizó por la vía del apostolado social organizado: la del CINEP y el CIAS, la de los sacerdotes que impulsaban Fanal y la Anuc, la de quienes veían en el trabajo asociativo campesino una forma de fe encarnada. Esa vía no era neutral: en 1976, la sede del CINEP en Bogotá fue allanada y los sacerdotes jesuitas Luis Alberto Restrepo y Jorge Arango fueron detenidos, acusados de pertenecer al ELN. El CINEP se había convertido, para el Estado, en sospechoso por definición.
El CINEP y la matriz jesuita
Para entender lo que De Roux haría en el Magdalena Medio en los años noventa hay que entender qué era el CINEP en las décadas previas. Nacido del CIAS colombiano —cuyo cambio de nombre a Centro de Investigación y Educación Popular formalizó una vocación explícita hacia la investigación social crítica y la educación de base—, el CINEP se convirtió en una de las instituciones más influyentes en la producción de conocimiento sobre el conflicto armado. Su banco de datos sobre violencia política, cuya divisa según el jesuita Javier Giraldo era "salvar la memoria, no la estadística", inauguró una manera colombiana de trabajar los derechos humanos: no como registro forense sino como archivo ético. Giraldo, formado en esa casa, fundaría después la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz.
El CINEP no estaba solo. El Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, fundado en 1973, había sido la primera organización no gubernamental de derechos humanos del país, surgida en un contexto de represión que golpeaba a sindicalistas y activistas populares. Mientras el CSPP se enfocaba en la solidaridad con los presos y otras organizaciones en los mecanismos internacionales, el CINEP se orientaba al cambio social. Esa diferenciación importa: la tradición desde la que emerge De Roux no concibió los derechos humanos como una técnica jurídica sino como una herramienta de oposición política a formas autoritarias del Estado. Los derechos humanos, en clave jesuita colombiana, no eran un lenguaje neutro; eran un instrumento de disputa.
El campo en el que De Roux operaría comenzó a formarse en los años ochenta, en plena guerra activa, a diferencia de otros países latinoamericanos donde la memoria histórica surgió tras el fin de dictaduras. Colombia hizo memoria mientras el conflicto seguía ocurriendo. La Ley 975 de 2005, la llamada Ley de Justicia y Paz, articuló y visibilizó luchas que venían de la década previa. Cuando De Roux llegó a la presidencia de la Comisión de la Verdad más de una década después, entraba a un campo que su propia tradición jesuita —con Giraldo, con el CINEP, con la Comisión Intercongregacional— había ayudado a construir.
El Magdalena Medio: laboratorio y cementerio
Hay una región en Colombia que concentra, como pocas, la genealogía del conflicto armado: el Magdalena Medio. Frontera de colonización interna, corredor petrolero, geografía de baja densidad estatal y alta densidad de violencia, allí nacieron tanto el ELN como las Autodefensas Unidas de Colombia. Allí surgieron, durante los años ochenta, MAS —Muerte a Secuestradores—, Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boyacá, que luego se reconformarían como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio. Allí, también, había una tradición larga de movilización social: sindicatos petroleros con huelgas históricas, luchas campesinas por la tierra, movilizaciones cívicas por servicios públicos. La región era un laboratorio de todo lo que Colombia era: fuerza y desamparo, organización y aniquilación.
El Estado había estado presente allí de una única manera: física y represivamente militar, incapaz de balance territorial, incapaz de cohesión social. Ese vacío institucional fue ocupado por insurgencia y contrainsurgencia. La tasa de homicidio político del Magdalena Medio se disparó por encima del promedio nacional. Fue en ese escenario donde De Roux desembarcó en los años noventa para dirigir el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, el PDPMM, primer Programa de Desarrollo y Paz del país.
El PDPMM fue una apuesta improbable: pensar que la sociedad civil podía, desde el territorio y con acompañamiento eclesial e institucional, atender las causas estructurales del conflicto social, político y armado y avanzar hacia un desarrollo centrado en la dignidad humana. Los Programas de Desarrollo y Paz que le siguieron en otras regiones del país se pensarían todos desde ese molde. La idea era menos ingenua de lo que suena: no negaba la violencia, no fingía neutralidad; trabajaba con las comunidades para producir organización, economía campesina, participación política, tejido social. Era, en cierto modo, la teología de la liberación pasada por la ingeniería social: el trabajo asociativo, la promoción de la pequeña y mediana propiedad, los valores de solidaridad cristiana convertidos en programa.
El precio fue alto. Alma Rosa Jaramillo, que trabajaba con el PDPMM en Micoahumado, fue retenida por el ELN mientras cumplía labores para el programa y posteriormente asesinada por paramilitares; su cadáver fue el primero recuperado de los asesinatos selectivos que asolaron la zona. La violencia caía sobre los mediadores desde ambos lados. El sacerdote Tiberio de Jesús Fernández, torturado y asesinado el 17 de abril de 1990 en Trujillo, Valle, en el marco de una alianza entre el Ejército, la Policía, paramilitares y narcotraficantes, encarnaba el destino que amenazaba a cualquier cura comprometido con las comunidades pobres. Un sacerdote de la misma zona debió exiliarse en 1998. La lista de nombres borrados por la maquinaria de guerra atravesaba a la Iglesia colombiana comprometida.
El balance del PDPMM es ambivalente y De Roux lo sabe. El programa produjo organización comunitaria, dejó infraestructura social, entrenó una generación de líderes territoriales, articuló financiación internacional. Pero no desmontó el paramilitarismo. La desmovilización posterior no redujo considerablemente la violencia: el control paramilitar permaneció en varias áreas y emergió una nueva generación de grupos como las Águilas Negras. La ingeniería social jesuita pudo hacer mucho, pero no pudo lo que solo el Estado podía hacer, y el Estado no lo hizo. Esa lección —que el trabajo desde la sociedad civil no sustituye la responsabilidad estatal, que produce marcos y comunidades pero no garantiza resultados— quedó grabada en la biografía de De Roux y explica el temple con que abordaría, dos décadas después, la Comisión de la Verdad.
El intelectual público
Entre el PDPMM y la CEV, De Roux fue consolidándose como intelectual público. La palabra le importa: no como retórica sino como acto. Es uno de los autores del volumen colectivo Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opciones, publicado en 2016 por CLACSO en Buenos Aires bajo la edición de Eduardo A. Rueda Barrera, Sara Victoria Alvarado y Pablo Gentili, en formato digital. El libro reúne descriptores que trazan la extensión del debate colombiano de esos años —Proceso de Paz, Violencia, Guerra, Conflicto Armado, Guerrillas, Movimientos Revolucionarios, Narcotráfico, Paramilitares, Estado, Colombia— y sitúa a De Roux en el mismo espacio editorial que figuras como la filósofa Martha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado, Francisco Cortés Rodas y el propio Gentili. No es una comunidad ideológica homogénea; es la constelación internacional que en 2016 pensaba, en clave académica y política, lo que la mesa de La Habana estaba pactando.
De Roux ha escrito y hablado en ese registro durante décadas: el sacerdote que puede sentarse con empresarios y con guerrilleros, con víctimas y con militares, con obispos y con presidentes, y sostener una posición ética sin ceder a ninguna clientela. Esa capacidad —que no es carisma sino disciplina— fue lo que lo convirtió en el candidato natural para presidir la comisión de verdad del posacuerdo. No había otro con esa combinación de credenciales: territorio, teología, formación económica, autoridad moral, distancia partidista.
La Comisión de la Verdad
La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición trabajó durante casi cuatro años bajo la presidencia de De Roux. Su cuerpo de comisionados —Alejandro Castillejo Cuéllar, Saúl Franco Agudelo, Lucía González Duque, Carlos Martín Beristain, Alejandra Miller Restrepo, Leyner Palacios Asprilla, Marta Ruiz Naranjo, Patricia Tobón Yagarí, Alejandro Valencia Villa, y los fallecidos Alfredo Molano Bravo y María Ángela Salazar Murillo— reunió a intelectuales, líderes étnicos, periodistas, médicos y juristas de trayectorias diversas. La CEV no era una oficina del gobierno; era una institución del Sistema Integral para la Paz, con mandato acotado en el tiempo y con la misión, a la vez modesta y colosal, de esclarecer lo ocurrido.
El resultado fue el Informe Final titulado Hay futuro si hay verdad, publicado en Bogotá en 2022 en primera edición por la propia Comisión, con ISBN 978-958-53874-3-0 para la obra completa impresa y 978-628-7590-18-2 para la digital. La estructura es imponente: once tomos en veinticuatro volúmenes, con ilustraciones, diagramas, fotografías y mapas a color. La declaración inicial —Convocatoria a la paz grande— constituye el primer tomo, y los diez restantes componen el cuerpo del informe. Cuatro tomos se dedican a poblaciones que sufrieron el conflicto de manera diferenciada: pueblos étnicos, mujeres y personas LGBTIQ+, niñas, niños y adolescentes, y personas exiliadas. Un tomo territorial, Colombia adentro: relatos territoriales sobre el conflicto armado, recorre las regiones —el Eje Cafetero es uno de sus volúmenes— para narrar el conflicto desde cada geografía, incluyendo el Magdalena Medio, donde De Roux había pasado los años más intensos de su vida pastoral.
La cifra que ordena todo el informe es abrumadora: más de nueve millones de víctimas. No es un dato entre otros; es la constatación de que Colombia atravesó, durante más de medio siglo, una violencia de proporciones que sólo comparables catástrofes contemporáneas alcanzan. Ese balance moral, ordenado en volúmenes por poblaciones y territorios, es la aportación fundamental de la CEV: no una lista de culpables, sino una topografía del dolor.
El legado de la Comisión descansa en tres componentes concebidos para sobrevivirla: una entidad depositaria que recibe el archivo de derechos humanos, una plataforma transmedia y una exposición permanente en el Museo de Memoria de Colombia. Sus recomendaciones de no repetición se dirigen a la sociedad, al Estado, al Sistema Integral para la Paz, a la comunidad internacional y a un Comité de Seguimiento y Monitoreo específicamente creado para hacerlas exigibles. La CEV entendió que la verdad, sin arquitectura institucional que la sostenga, se disipa.
La ceremonia y su gesto
La entrega del Informe Final tuvo lugar en 2022 y en ella se cifra, con precisión ritual, la posición de De Roux en la Colombia contemporánea. En el escenario, De Roux se paró al frente, con los diez comisionados sentados detrás. Ese gesto —dar la cara, con los otros presentes pero no interpuestos— era, a la vez, homenaje a las víctimas y toma de responsabilidad. Su discurso interpeló al país sobre la responsabilidad colectiva frente a lo ocurrido: no como culpa difusa que absuelve a los perpetradores, sino como llamado a reconocer que el conflicto armado colombiano tuvo demasiadas complicidades, pasivas y activas, para que alguien pudiera declararse simplemente ajeno.
La ceremonia contó con la presencia del presidente electo Gustavo Petro y la vicepresidenta electa Francia Márquez. El presidente en ejercicio, Iván Duque, no asistió: se negó a hacerlo y en cambio emprendió una gira europea de veinte días. Ese detalle no es marginal. La CEV había nacido de los acuerdos firmados por Juan Manuel Santos con las FARC en 2016; el gobierno de Duque, heredero del uribismo que había hecho oposición cerrada al proceso de paz, no reconoció en la Comisión un interlocutor institucional. El Estado colombiano, al momento de recibir el informe que le hablaba de nueve millones de víctimas, no estuvo en la sala. El presidente electo, que aún no era gobierno, sí. La bisagra entre catolicismo social y política de verdad quedó, esa tarde, articulando un país partido en dos temporalidades: el Estado saliente que se ausentaba, el Estado entrante que apenas llegaba.
La red
Ninguna figura pública se sostiene sola, y menos una que ha operado durante cincuenta años en instituciones. La red de De Roux se organiza en círculos concéntricos. En el más íntimo, la Compañía de Jesús: el CINEP, la tradición del CIAS, los jesuitas fundadores de la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, la memoria de sacerdotes asesinados como Tiberio de Jesús Fernández. En el segundo círculo, los aliados intelectuales y políticos del proceso de paz: Alfredo Molano, cronista del Magdalena Medio y comisionado de la CEV hasta su muerte; Marta Ruiz, periodista y comisionada; Alejandro Valencia Villa, jurista de derechos humanos; Saúl Franco, salubrista. En el tercero, los interlocutores estatales del proceso: Juan Manuel Santos como presidente que firmó los acuerdos, Sergio Jaramillo como su alto comisionado para la paz, y en la otra orilla, el uribismo encarnado en Álvaro Uribe Vélez y luego en Iván Duque, con quienes De Roux mantuvo un diálogo tenso o inexistente.
En el círculo internacional, la teología de la liberación conecta a De Roux con Gustavo Gutiérrez y con la memoria de Óscar Arnulfo Romero; la formación jesuita, con Pedro Arrupe, el general de la Compañía que radicalizó su apuesta social; el trabajo comparado en justicia transicional, con las experiencias de comisiones de verdad de Brasil y Ecuador, que enfrentaron dificultades metodológicas similares en el registro del exilio. Comisionados como Carlos Martín Beristain, veterano de procesos de memoria en el País Vasco y en Guatemala, tejieron esa dimensión internacional dentro de la propia CEV. Y en la orilla más difícil, la de los actores armados: los negociadores de las FARC en La Habana, la memoria del ELN a través de figuras históricas como Manuel Pérez Martínez —sacerdote español que se sumó a la guerrilla, contraparte trágica de la trayectoria del propio De Roux—, y los comandantes paramilitares cuyos testimonios la Comisión recogió.
Los lugares también forman parte de la red. Cali, donde nació. Bogotá, donde el CINEP fue allanado en 1976 y donde se entregó el Informe Final. París y Roma, escalas de la formación jesuita. El Salvador de Romero, referencia moral. Y el Magdalena Medio con sus municipios: Barrancabermeja, San Vicente de Chucurí, Yondó, Cantagallo, Micoahumado. La biografía de De Roux es también, y muy fuertemente, una biografía de esa geografía.
La huella
¿Qué queda? Queda el Informe Final, en once tomos, como archivo que ya no puede ser desconocido. Quedan las víctimas, más de nueve millones, contadas por una institución del Estado colombiano en un documento oficial que el propio Estado, a través de su presidente saliente, se negó a recibir. Queda el legado institucional de la CEV con sus tres pilares —archivo, plataforma transmedia, museo— y con el Comité de Seguimiento y Monitoreo que debería vigilar la implementación de las recomendaciones. Queda el PDPMM, replicado en otros territorios del país como modelo de intervención de la sociedad civil sobre las causas estructurales del conflicto. Queda una manera de hablar del país: la insistencia en la responsabilidad colectiva, en la verdad como categoría política, en la paz como algo más ancho que el desarme de una guerrilla.
Queda, también, la disputa. Buena parte del país no acepta las cifras de la CEV, no reconoce la legitimidad del proceso de paz del que la Comisión emanó, no comparte el marco moral desde el que De Roux habla. La derecha colombiana ha visto en él, con frecuencia, a un capellán del santismo o a un intelectual condescendiente con las FARC; sectores de la izquierda le han reprochado, en distintos momentos, tibieza institucional o exceso de eclesialidad. Que ambas críticas coexistan es probablemente el mejor indicador de la posición que ha ocupado: mediador incómodo para todos, útil precisamente por no ser ni una cosa ni la otra.
Queda, por último, una pregunta abierta sobre la eficacia de la tradición que encarna. La teología de la liberación colombiana produjo, a lo largo del siglo XX, mártires como Camilo Torres y como Tiberio Fernández, instituciones como el CINEP y como el PDPMM, y finalmente una comisión de verdad de peso continental. Pero no logró desarticular las estructuras que denunciaba. El paramilitarismo persistió tras su desmovilización. El Estado que la CEV convocó a reconocer nueve millones de víctimas no acudió a la cita. Las Águilas Negras y sus sucesores siguen operando en las regiones donde el PDPMM sembró tejido comunitario hace un cuarto de siglo. La ingeniería social jesuita, encarnada con particular nitidez en De Roux, ha producido marcos, archivos, comunidades, lenguajes: cosas que perduran. No ha producido, no podía producir sola, la transformación estructural que ella misma nombra como horizonte.
Esa distancia entre lo que se puede desde una tradición eclesial comprometida y lo que solo puede el poder político es la que la trayectoria de Francisco de Roux ilumina con más lucidez. No es una biografía de fracaso ni una biografía de triunfo. Es la biografía de una bisagra: alguien que articuló durante medio siglo lo que en Colombia rara vez se articula —fe y política, territorio y Estado, memoria y futuro—, sabiendo que articular no es garantizar, y que el sentido moral de una vida no se mide por los resultados que produce sino por la coherencia con que se sostiene la apuesta. En un país donde tantas coherencias se compraron o se rindieron, esa es una huella que pesa.
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Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 33 fragmentos01Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 11 cita
[1]Francisco Acevedo Mauricio Bello Blanca Cepeda Wencith Guzmán Jacqueline Mendoza Nixon Mora Roque Moreno William Peña Jorge Ramírez Maira Soto María Cristina Téllez HISTORIA RECIENTE DE COLOMBIA Diez propuestas para el estudio de la con énfasis en el conflicto armado Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la…
p. 1
02Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 21 cita
[2]COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y LA NO REPETICIÓN Hay futuro si hay verdad – Informe Final. Mi cuerpo es la verdad EXPERI ENCIAS DE MUJERES Y PERSONAS LG B T IQ+ EN EL CONFLICTO ARMADO Julio de 2022 Hay futuro si hay verdad. Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la…
p. 2
03Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 11 cita
[3]CONVOCATORIA A LA PAZ GRANDE Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL Comisión para el Esclarecimieto de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición CONVOCATORIA A LA PAZ GRANDE DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN PARA EL…
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04Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 171 cita
[4]y política –y en algunos casos, una responsabilidad directa– de sectores políticos (de todas las ideologías), económicos, criminales, sociales y culturales. La guerra que dejó más de nueve millones de víctimas tiene responsables directos e indirectos que deben responder por las decisiones que tomaron, pero es también…
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05Born of War in Colombia: Reproductive Violence and Memories of AbsenceTatiana Sanchez Parra · 2024 · Página 651 cita
[5]mestizos. People of all ages, with diverse sexual orientations and gender identities and expressions; international and national representatives of social movements and grassroots organizations; former combatants; diplomats, journalists, scholars, and politicians from a wide political spectrum. The recently elected…
p. 65
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 31 cita
[6]COLOMBIA ADENTRO RELATOS TERRITORIALES SOBRE EL CONFLICTO ARMADO EJE CAFETERO Colombia. Comisión de la Verdad, autor Hay futuro si hay verdad: Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. -- Primera edición. -- Bogotá: Comisión de la Verdad, 2022. 11 tomos en 24…
p. 3
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 141 cita
[7]testimonial y coral. Una curaduría de voces que van del pasado al porvenir, pasando por el presente. Hay cuatro tomos cuyo aporte específico es hacer visibles los impactos que tuvo el conflicto en sectores y grupos humanos que sufrieron de manera diferenciada la guerra y que suelen ser poco visibles en las políticas…
p. 14
08Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7271 cita
[8]conjunto de hallazgos, de recomendaciones y aprendizajes que se expresan a través de narrativas, acciones, procesos y productos, dentro de los que se encuentra el Informe Final. Esto constituye el legado que la Comisión pone a disposición de la sociedad, del Estado, del Sistema Integral para la Paz, de la comunidad…
p. 727
09Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · Página 41 cita
[9]Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opciones / Martha Nussbaum... [et al.]; editado por Sara Victoria Alvarado; Eduardo A. Rueda Barrera; Pablo Gentili. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2016. Libro digital, PDF Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-722-209-8 1. Política Interior. 2.…
p. 4
10Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · Página 41 cita
[10]Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opciones / Martha Nussbaum... [et al.]; editado por Sara Victoria Alvarado; Eduardo A. Rueda Barrera; Pablo Gentili. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2016. Libro digital, PDF Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-722-209-8 1. Política Interior. 2.…
p. 4
11Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 1811 cita
[11]Tras sacar a sacerdotes progresistas como Gustavo Gutiérrez, nombraron al ya mencionado jesuita belga Roger Vekemans, quien había llegado desde Chile. Los jesuitas, por esos años, organizaron centros de investigación que llamaban CIAS (Centro de Investigación y Acción Social), y luego en cada país cambiaron de nombre.…
p. 181
12Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 611 cita
[12]region. Among the com - munities with the greatest presence and with a clear hegemony at an edu - cational level, the Society of Jesus stands out, despite having been expelled three times from Colombia (in 1767, 1850 and 1861). In addition to the educational system, the “international aid” derived from other projects…
p. 61
13Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · Página 1341 cita
[13]international mechanisms in relation to Colombia,” Gustavo told me. Our specific objective was to contribute to the improvement of the human rights situation in Colombia. That was not the same as what other groups were trying to do, other groups had other objectives, which were very valid and important, they were just…
p. 134
14Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 2521 cita
[14]datos disponibles Para el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), en palabras del padre Javier Giraldo, el objetivo del banco de datos de esa organización es “salvar la memoria, no la estadística”. Más que producir cifras, el banco de datos se propone hacer seguimien- to al fenómeno de la violencia…
p. 252
15El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 1982 citas
[15]de la liberación. La misma corriente teológica que había defendido el padre Camilo Torres Restrepo y la que siguieron entusiastas sacerdotes de Latinoamérica desde los años sesenta. Implicó la opción preferencial por los pobres y su desarrollo humano, en el cual se incluía la liberación del pecado, y uno de los…
p. 198
[16]de la liberación. La misma corriente teológica que había defendido el padre Camilo Torres Restrepo y la que siguieron entusiastas sacerdotes de Latinoamérica desde los años sesenta. Implicó la opción preferencial por los pobres y su desarrollo humano, en el cual se incluía la liberación del pecado, y uno de los…
p. 198
16Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3901 cita
[17]situa- ción de dependencia económica, cul- tural y política en la cual vive. La de- pendencia frente a centros extranjeros se traduce en la denominación interna ejercida por las oligarquías nacionales a lo largo de toda nuestra historia. Se- gún el documento, la Iglesia católica ha sacralizado esta dependencia exter-…
p. 390
17Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · Página 3451 cita
[18]de gracia que le pegaban al Cristo en San Martín de Loba el Viernes Santo, que era la señal indispensable para que el sacerdote procediera con la última palabra en el Sermón de las Siete Palabras (a veces no sonaba el tiro a tiempo o se atascaba la vieja escopeta de la curiosa ceremonia, lo que provo- caba siempre la…
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18"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · Página 4281 cita
[19]en no pocas ocasiones a los gamonales locales, la Iglesia Católica, el campesi- nado y sus organizaciones; la guerrilla; los narcotra fi cantes y a los grupos de paramilitares en épocas más recientes. La Iglesia Católica, en conjunto con organizaciones campesinas como Fanal y la Anuc, impulsó durante muchos años un…
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19The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 1561 cita
[20]issued in 1965, after the Colombian cardinal Luis Concha Córdoba expelled Torres from the priest- hood and before Torres left Bogotá to join guerrilla commander Fabio Vásquez, one of the founders of the Ejército de Liberación Nacional (Army of National Liberation), at a jungle camp near Opón, Santander. The expelled…
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20La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1941 cita
[21]paz, fundamentalmente en el Tolima, acompañando a los campesinos, a los indígenas. Yo creo que él fue un precursor de la teología de la liberación y del nuevo pensamiento al interior de la Iglesia católica a partir de las comunidades de base. Asumió esa responsabilidad por convicción y combinaba la actividad pastoral…
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21Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · Página 5061 cita
[22]y la expansión de la ganadería extensiva. Históricamente, el Magdalena Medio ha sido una frontera de colonización interna y se ha mantenido como una región periférica, con débil y precaria presencia del Estado, tanto física como en términos de servicios sociales y públicos (Rudqvist y Van Sluys, 2005: 15). La…
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22Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1201 cita
[23]silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…
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23Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · Página 221 cita
[24]y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…
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24Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · Página 5071 cita
[25]Medio es muy alta comparada con otras regiones de Colombia y con el promedio nacional (opi, 2006: 19). El proceso de desmovilización de los paramilitares no ha disminuido conside - rablemente tampoco la violencia en la región. El control paramilitar ha per - manecido en varias áreas y una nueva generación de grupos,…
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25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 11 cita
[26]HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL Comisión para el Esclarecimieto de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición COLOMBIA ADENTRO Relatos territoriales sobre el conflicto armado MAGDALENA MEDIO COLOMBIA ADENTRO RELATOS TERRITORIALES SOBRE EL CONFLICTO ARMADO MAGDALENA MEDIO Colombia. Comisión de la Verdad, autor…
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26Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · Página 3481 cita
[27]ocasiones, también, han sido actor es que ha n hecho frente a la violencia y ha n liderado acciones que han aportado a la construcción de paz. Como le dijo a la Comisión un empresario del Valle del Cauca: «Este es el país que nos tocó vivir. Aquí nacimos, nos educamos y formamos nuestra familia… Queremos vivir en un…
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27En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 11 cita
[28]Alfredo Molano Bravo EN MEDIO DEL MAGDALENA MEDIO I'PI:)C.jW.M DE llE5AAROIJ.D y~ ~, ltli. LABORATORIO DE PAZ ci nep..Á, u;yoma Cordaid \..j.,;~paz Las opiniones expresadas en este libro son del autor y no reflejan necesariamente las opiniones o puntos de vista del Cinep, de Cordaid y del Programa de Desarro- llo y…
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28Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 381 cita
[29]acuerdo con otros relatos el argumento usado por los criminales para detener a Alma Rosa estaba relacionado con una supuesta filiación con el ELN, a propósito de una retención que ella había sufrido por esta guerrilla en Micoahumado mientras desempeñaba labores con el PDPMM. —Eda.: Y empiezan una serie de tomas,…
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29Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Página 4271 cita
[30]1980s related to the armed conflict and its victims. However, unlike other Latin American countries that undertook memory struggles and campaigns once dictator - ships had already ended or when negotiated solutions to armed conflict had been reached, memory agents in Colombia began their struggle in the midst of an…
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30El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 242 citas
[31]activistas populares y sindicales. Ello se debió, en parte, a que eran los mismos sectores de víctimas de la violencia política y de la represión de esos años. La adopción de causas por la defensa de derechos humanos fue entonces una res- puesta solidaria de profesionales que se comprometieron con las demandas de las…
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[32]activistas populares y sindicales. Ello se debió, en parte, a que eran los mismos sectores de víctimas de la violencia política y de la represión de esos años. La adopción de causas por la defensa de derechos humanos fue entonces una res- puesta solidaria de profesionales que se comprometieron con las demandas de las…
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31Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · Página 3061 cita
[33]fue complementada posteriormen- te por la Comisión Nacional de la Verdad, que aportó como re- gistro preliminar la identificación de 2.692 casos de personas exiliadas en 1979 387. Sin embargo, esta Comisión reconoció que dicho dato no reflejaba la realidad de lo ocurrido, pues cientos de personas fueron sujetos al…
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