Idea · Posconflicto
Paz territorial
La paz territorial es la idea, formulada por Sergio Jaramillo Caro en 2013, de que el fin del conflicto armado en Colombia exige llevar el Estado de manera integral a las periferias históricamente excluidas, con participación comunitaria real y transformación de las estructuras agrarias que originaron la guerra. Convertida en categoría de planeación pública, articuló el Acuerdo Final de 2016 con las FARC-EP y ordenó su implementación en los municipios más afectados por el conflicto.
Trayectoria de una idea
- 1987
La ATCC como primera experiencia de paz territorial comunitaria
- 1995
El PDPMM y el Laboratorio de Paz del Magdalena Medio
- 2003
Expansión del modelo de laboratorios de paz a otras regiones
- 2013
Jaramillo formula la paz territorial como categoría de Estado
- 2016
El Acuerdo Final incorpora la paz territorial como eje articulador
- 2017
Inicio de la implementación y primeras fracturas
- 2018
Pérdida de impulso bajo la administración Duque
La lectura
La paz territorial no nació en una mesa de negociación sino en las riberas del río Carare y en los caseríos del Magdalena Medio, donde comunidades campesinas construyeron durante décadas órdenes sociales propios frente a la guerra, pagando ese intento con la vida de sus líderes. Cuando Sergio Jaramillo la formuló como categoría de Estado en 2013, recogió esa tradición y la tradujo al lenguaje de la planeación pública, convirtiendo la promesa comunitaria en arquitectura financiera: 455 municipios priorizados, 86% de inversión para bienes públicos generales, instrumentos participativos como los PDET. La ambición era invertir la relación centro-periferia que había producido el conflicto; los límites, impuestos desde el inicio por una administración que se negó a tocar las estructuras de tenencia de la tierra, revelaron que la categoría podía ampliar la presencia del Estado sin alterar las relaciones agrarias de fondo. Entre 2016 y 2024, la brecha entre el diseño y la ejecución —agravada por disidencias armadas, bajas capacidades institucionales y cambios de gobierno— convirtió a la paz territorial en el mejor revelador de las fracturas históricas que pretendía cerrar. Su legado más duradero puede ser precisamente ese: haber nombrado con precisión lo que Colombia necesitaba transformar, dejando visible la distancia entre el diagnóstico y la voluntad política de actuar sobre él.
La paz territorial es la idea, formulada por Sergio Jaramillo Caro en 2013 durante las negociaciones de La Habana, de que el fin del conflicto armado en Colombia no puede lograrse desde el centro ni reducirse al silencio de los fusiles: exige llevar el Estado —justicia, catastro, servicios, participación política real— a los lugares donde nunca llegó de manera integral, y hacerlo con las comunidades que allí resisten. Convertida en categoría de planeación pública, articuló el Acuerdo Final firmado en 2016 con las FARC-EP y ordenó su implementación en 170 municipios priorizados. A la vez fórmula técnica, apuesta epistémica y promesa política, la paz territorial invirtió sobre el papel la relación centro-periferia del Estado colombiano; su implementación, en cambio, expuso las fracturas históricas de esa relación sin ofrecer los instrumentos para cerrarlas. Entre 2016 y 2024, la brecha entre diseño y ejecución convirtió al concepto en el mejor revelador de lo que pretendía transformar.
Una idea con genealogía
Cuando Jaramillo, alto comisionado para la paz del gobierno de Juan Manuel Santos, empezó a hablar de "paz territorial" en foros públicos y ante la mesa de La Habana, no inventaba un término desde la mesa: recogía —y traducía al lenguaje del Estado— una tradición de décadas de experiencias comunitarias de paz en las regiones del conflicto. Esa genealogía explica tanto la fuerza inicial del concepto como sus límites operativos.
La primera fuente fue la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), constituida en el Magdalena Medio santandereano a mediados de los años ochenta. Frente a la expansión armada del paramilitarismo, la ATCC apostó por construir de manera autónoma formas de vida digna y desarrollo socioeconómico propio, al margen de los circuitos económicos impuestos por los actores armados. Fue una opción de paz territorial comunitaria en sentido literal: definida por la vecindad al río Carare, sostenida por asamblea, orientada a que la vida cotidiana no dependiera de la protección de nadie con fusil. Los paramilitares asesinaron a sus líderes precisamente para destruir esa capacidad de constituir órdenes sociales propios.
La segunda fuente fue el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM), que dirigió inicialmente el jesuita Francisco de Roux, "Pacho". El PDPMM operó bajo una hipótesis explícita: Colombia es un país de regiones, y el conflicto se expresa predominantemente en los niveles local y regional. De ahí nació el Laboratorio de Paz del Magdalena Medio, que la Unión Europea financió principalmente —aceptó los dos planteamientos centrales del programa: construcción de lo público y desarrollo sostenible— y que De Roux reforzó con apoyo negociado ante Japón para acentuar su carácter social. El laboratorio asumía que los actores armados eran actores indirectos, con capacidad de condicionar las actividades, y que los proyectos requerían algún grado de negociación, tolerancia o aceptación para funcionar en medio del fuego. Sus resultados en empoderamiento social, resistencia civil y desarrollo humano motivaron que en 2003 se abrieran negociaciones entre la Comisión Europea, el gobierno colombiano, el Banco Mundial y varios programas de desarrollo y paz para replicar la fórmula en otras regiones.
Cuando Jaramillo formuló la paz territorial en 2013, lo hizo entonces sobre una infraestructura conceptual ya construida: la convicción de que la paz se juega en las regiones, que exige participación comunitaria real, que la inversión social debe preceder o acompañar al desarme, y que los territorios no son simples divisiones administrativas sino tramas de vida con actores propios. Lo nuevo fue el intento de convertir esa tradición —tejida desde abajo, en riesgo, contra el Estado tanto como sin él— en política oficial financiada con recursos del propio Estado y validada en la mesa con la guerrilla más antigua del continente.
La raíz territorial del conflicto
Ninguna discusión sobre paz territorial es inteligible sin la estructura agraria que la vuelve necesaria. La concentración histórica de la tierra por parte de élites regionales creó una arquitectura excluyente que empujó al campesinado a colonizar territorios periféricos —Caquetá, piedemonte llanero, Sarare, Ariari, Magdalena Medio— sin presencia estatal ni infraestructura. En esas zonas de colonización, la economía quedó atada a la ganadería y al latifundio; estudios del Incora de los años sesenta permitían concluir, como resumió Alfredo Molano, que el problema de la concentración de la tierra estaba enredado con la dinámica colonizadora. El incumplimiento sistemático de las leyes de baldíos hizo el resto: en vez de distribuir la tierra pública de manera planificada, el Estado la vinculó a la ocupación previa, dejando a los campesinos expuestos a la colonización espontánea como vía de hecho. Ese despojo de larga duración —la promesa incumplida de adjudicación— fue el suelo en que se enraizaron las guerrillas.
El siglo XX colombiano acumuló los intentos frustrados de corregir esa estructura. La Ley 100 de 1936 de Alfonso López Pumarejo y el Pacto de Chicoral de los años setenta —que la desactivó— trazaron el patrón: apenas el Estado se acercaba al problema del acceso a la tierra, los sectores poderosos reaccionaban. El punto 1 del Acuerdo Final de 2016 provocaría reacciones equivalentes, en una continuidad reconocible como histórica.
Sobre esa base, el conflicto armado profundizó el despojo. De 7.098 sentencias de restitución de tierras proferidas con corte al 28 de febrero de 2021, algo más de la mitad atribuye la responsabilidad principal a grupos paramilitares, cerca de una quinta parte a las guerrillas y otra proporción similar a enfrentamientos entre actores. Los métodos fueron múltiples y refinados: la amenaza codificada en la fórmula de "comprarle al dueño o a la viuda", las compras forzadas a precio impuesto, la falsificación de poderes y firmas en escrituras, los desalojos policivos, la caducidad de títulos parcelarios, la re-adjudicación a terceros asociados con los actores armados. El despojo no fue solo material: implicó la enajenación de aspectos íntimos y simbólicos de comunidades cuya identidad estaba tejida con el territorio.
La estructura de propiedad heredada agravaba la ecuación. En el Valle del Cauca, para tomar un solo dato, apenas el 2,39% de los propietarios controlaba en 2005 cerca de la mitad de la tierra —el 45,78%—, mientras que el 88,26% de los propietarios más pequeños se repartía poco más de un quinto de la propiedad rural, el 22,19%. A esa concentración se sumaba un sistema catastral regresivo: entre más pequeño el predio, mayor el avalúo por hectárea, y por tanto mayor la carga impositiva relativa del pequeño propietario. El aparato fiscal replicaba, hacia dentro, la desigualdad que producía la tenencia.
Este es el país que la paz territorial se propuso transformar. No un país en guerra en el sentido convencional, sino un país cuya estructura agraria producía sistemáticamente las condiciones del conflicto.
La formulación: Jaramillo, La Habana y el diseño de una categoría
Entre 2012 y 2016, Jaramillo elaboró la paz territorial como categoría capaz de sostener tres funciones simultáneas: dar sentido político al Acuerdo, ordenar su arquitectura financiera y traducir en lenguaje de Estado la tradición comunitaria heredada. Frente a Humberto de la Calle en la cabeza de la delegación gubernamental, y frente a Iván Márquez y Rodrigo Londoño "Timochenko" al otro lado de la mesa, insistió en que el fin del conflicto no podía pensarse como un tratado entre dos ejércitos sino como una transformación de las regiones donde la guerra había echado raíces.
Operacionalizada, la fórmula se tradujo en cifras precisas. El plan de inversiones para la paz territorial destinaba el 86% de sus recursos a los colombianos en general —bienes públicos, mercado y Estado local—, el 11% a las víctimas y apenas el 3% a los costos directamente relacionados con el desarme y desmovilización de las FARC. La proporción tenía valor simbólico y práctico: decía que el Acuerdo era menos un pacto con la guerrilla que una inversión en la Colombia rural que la guerrilla había disputado. Esa Colombia se concretó en 455 municipios priorizados —aproximadamente el 90% de la Colombia rural e intermedia— donde debía construirse presencia estatal integral: un sistema de justicia y seguridad rural, actualización del catastro unificado con el registro, recaudo de impuestos locales, regulación de derechos de propiedad y mercado de tierras.
La categoría era, en su ambición, una ruptura. Por primera vez, la reforma agraria, la sustitución de cultivos ilícitos, la participación política de los excombatientes y las víctimas y el fin del conflicto quedaban articulados como un solo programa territorializado. La Reforma Rural Integral (RRI), Punto 1 del Acuerdo Final, se propuso erradicar la pobreza rural extrema y reducir a la mitad la pobreza en el campo en un plazo de diez años, cerrando la brecha entre el campo y la ciudad. Contemplaba un Fondo de Tierras para campesinos sin tierra o con tierra insuficiente y un plan de formalización de la propiedad. Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) se diseñaron como el instrumento participativo para bajar la RRI a cada región priorizada. El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS) haría lo propio con la economía cocalera.
Pero la ruptura tenía límites que la propia administración Santos negoció consigo misma. El gobierno impuso desde el inicio topes claros a las demandas de las FARC de reformas más radicales al sistema económico y se negó a discutir las históricamente sesgadas relaciones de tenencia de la tierra y acceso a los recursos naturales. Alineada con procesos de neoliberalización más amplios, la administración diseñó una paz territorial que podía ampliar la presencia del Estado sin alterar la estructura de propiedad que la había hecho ausente. El 86% destinado a bienes públicos generales, leído con cuidado, decía también que la inversión no amenazaba realmente las relaciones agrarias de fondo. La paz territorial nacía, así, como ruptura conceptual real y como promesa estructuralmente acotada.
Los sujetos de la paz territorial: pueblos étnicos, campesinos, comunidades
Todo territorio tiene sujetos. La paz territorial heredó una arquitectura constitucional que reconoce esos sujetos de manera desigual, y esa desigualdad quedó incrustada en su implementación.
La Constitución de 1991 otorgó a los pueblos indígenas y afrodescendientes derechos colectivos territoriales, incluido el Artículo Transitorio 55 —desarrollado luego por la Ley 70 de 1993— que catalizó procesos organizativos en el Pacífico nariñense y consolidó organizaciones de comunidades negras durante los años noventa. Para estos pueblos, el territorio no es tierra productiva: integra subsuelo, espacio superior, seres vivos, relaciones espirituales, simbólicas y culturales; es la base de su existencia como sujetos colectivos. Su afectación equivale a atentar contra la identidad. El campesinado, en cambio, recibió un reconocimiento más limitado, sin marco jurídico colectivo territorial equivalente. Esa asimetría —pueblos étnicos con derechos colectivos plenos, campesinos como sujetos económicos sin arraigo territorial reconocido— es una tensión estructural que la paz territorial no resolvió y en ciertos casos exacerbó.
La contradicción se agrava porque el reconocimiento étnico es también parcial. El Estado reconoce constitucionalmente la autonomía territorial indígena sobre la superficie de los resguardos, pero se reserva el derecho de explotar el subsuelo entregando en concesión a empresas privadas los recursos minerales e hidrocarburos. En los territorios del pueblo Pijao, el 85% está solicitado en concesión o ya concesionado, con explotaciones mineras, de material de arrastre y de hidrocarburos que afectan ríos y sitios sagrados. La concepción indígena integral del territorio choca frontalmente con la doctrina estatal de la propiedad del subsuelo.
A esa asimetría constitucional se sumó la violencia del conflicto sobre los sujetos étnicos. Las FARC-EP y el ELN asesinaron líderes indígenas de los pueblos Makabaju, Inga, Murui, Jiw, Nukak y Sikuani, instalaron minas antipersona en territorios indígenas, prohibieron prácticas culturales como el uso del yagé y el mambeo de coca, y forzaron desplazamientos. En respuesta, las comunidades indígenas del Cauca desarrollaron sus propias iniciativas autónomas de paz: la Guardia Indígena, el Consejo Indígena para la Paz (CONIP) y el Territorio de Convivencia, Diálogo y Negociación de La María en Piendamó, todos en 2001. Esas experiencias, como la ATCC y el PDPMM en su momento, precedieron y desbordaron la categoría estatal.
En municipios como Santa Rosa (Cauca), indígenas, afrodescendientes y campesinos constituyeron en 2016 una mesa técnica intercultural para concertar la delimitación de resguardos indígenas, territorios colectivos afro y Zona de Reserva Campesina. Fue una tentativa —desde abajo, otra vez— de resolver en la práctica lo que el marco jurídico dejaba abierto. La Agencia Nacional de Tierras planteó de manera informal la intención de tomarla como referente nacional. El avance o estancamiento relativo en la legislación de las Entidades Territoriales Indígenas o de las Zonas de Reserva Campesina puede generar tensiones entre indígenas y campesinos colonos, en la medida en que la dinámica política coloca a uno u otro grupo en ventaja relativa. La paz territorial heredó esa tensión sin herramientas específicas para procesarla.
Esa desigualdad de sujetos —consagrada en la Constitución, reforzada por la violencia y solo parcialmente reconocida por el Acuerdo— fijó las condiciones en las que se puso en marcha la política pública. Del papel al territorio, la promesa se sometió al desgaste de los cronogramas y los presupuestos.
La implementación: PDET, PNIS y el desgaste de la promesa
Entre 2017 y 2022, la paz territorial pasó de categoría a política pública en operación. Los resultados, medidos contra su propia ambición, fueron modestos; medidos contra las expectativas comunitarias, decepcionantes; medidos contra el patrón histórico de intervención estatal en las regiones periféricas, ambivalentes.
Los PDET se limitaron a proyectos demostrativos que validó la Misión de Verificación de la ONU, sin alcanzar la transformación participativa regional prometida. Para 2018, observadores en la Orinoquía veían con preocupación cómo los programas del Acuerdo perdían fuerza y se reducían principalmente a la construcción de vías; la idea de transformación integral de los territorios, decían, "no había pegado en el gobierno". La llegada de Iván Duque a la Casa de Nariño en agosto de 2018, con Emilio Archila como consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación, endureció esa deriva: las presiones políticas y simbólicas del gobierno dificultaron la consolidación de lo pactado.
El PNIS enfrentó dificultades más agudas. Su diseño no recogió el principio de sustitución gradual por el que las organizaciones agrarias habían movilizado durante lustros y que gobiernos anteriores habían aceptado como parte del desarrollo alternativo. En el Catatumbo, el programa echó a andar principalmente de la mano de líderes, presidentes de Juntas de Acción Comunal y organizaciones de víctimas, que impulsaron la pedagogía de implementación e identificaron familias beneficiarias; comunidades de veredas como Puerto Las Palmas y Caño Indio en Tibú arrancaron sus cultivos de coca como muestra de compromiso. Los proyectos productivos prometidos por el Estado, sin embargo, mostraron rezagos significativos. La economía cocalera ofrece ingresos muy superiores a la agraria legal —una media jornada de coca puede rendir el triple de una jornada completa en frijol o maíz—, de modo que sin proyectos productivos sostenibles la sustitución se volvía inviable. En regiones como Nariño, la erradicación forzada avanzó en paralelo, generó tensiones y dejó campesinos muertos en manifestaciones sociales. En el Macizo Colombiano, las comunidades expresaron con claridad que no estaban dispuestas a erradicar los narcocultivos independientemente de lo que se acordara en negociaciones, y señalaron que solo la participación real, los recursos y la inversión social podrían resolver un problema estructural.
La restitución de tierras, herramienta central de la reparación territorial —anclada en la Ley 975 de 2005 de Justicia y Paz y luego ampliada por la Ley 1448 de 2011—, mostró brechas persistentes entre la demanda y la respuesta. Los datos del avance en Urabá, Sur de Córdoba y Darién Chocoano entre 2011 y 2019 evidenciaron que el número de sentencias proferidas fue significativamente inferior al de solicitudes presentadas y de predios solicitados. El llamado "ejército antirrestitución", activo en regiones como el Cesar, amenazó a funcionarias de la Unidad de Restitución de Tierras que documentaban despojos y gestionaban medidas cautelares colectivas, y forzó exilios sin posibilidad de denuncia formal. La justicia transicional territorial resultó, en la práctica, un campo de disputa donde la violencia contra los reclamantes se prolongó bajo nuevas formas.
La violencia que continuó
Nada expone mejor los límites de la paz territorial que el mapa de la violencia posterior al Acuerdo. En 2018, los 161 municipios que habían sido territorios de presencia de las FARC registraron 2.957 homicidios, con una tasa superior a la del resto del país y un aumento del 30% respecto a 2016. Un año antes, más de 105 activistas de derechos humanos habían sido asesinados en Colombia, en un contexto vinculado a regiones con presencia previa de la guerrilla. Que 2017 apareciera en algunas lecturas como el año más tranquilo vivido en Colombia en medio siglo —una interpretación ligada a la firma del Acuerdo en noviembre de 2016— convivía con esa contabilidad de líderes muertos que crecería año tras año.
Las causas de esa reconfiguración violenta son múltiples y localmente diferenciadas. En el nororiente colombiano, las disputas involucraron al ELN, a Los Pelusos, a las disidencias de las FARC-EP, al Clan del Golfo y a mafias mexicanas, con atropellos añadidos de sectores de la fuerza pública. A partir de 2017, exintegrantes de los bloques Oriental y Sur de las FARC decidieron volver a la clandestinidad y retomar las armas en la Orinoquía, lo que generó incertidumbre entre los pobladores y reactivó prácticas ligadas a los cultivos de coca. Las disidencias persiguieron y asesinaron a excombatientes firmantes del Acuerdo, percibidos como obstáculos por su participación en el PNIS y por su oposición al reclutamiento forzado o al retorno a las armas.
La Amazonía vivió una implementación coexistente con conflictos territoriales por megaproyectos extractivistas, disputas por restitución de territorios étnicos y reclutamiento forzado por disidencias, incluido el caso de 18 jóvenes arrebatados en Carurú, Vaupés. En el Eje Cafetero, los excombatientes reincorporados operaron en un contexto de fuerte rechazo ciudadano al Acuerdo —más de la mitad del electorado votó No en el plebiscito de octubre de 2016 en los tres departamentos—, lo que generó condiciones adversas para su reintegración.
La lectura estructural es difícil de esquivar: la violencia post-Acuerdo en los territorios priorizados no fue solo un fracaso de implementación sino la continuación lógica de una disputa por el control territorial que el Acuerdo no podía resolver. Sus actores centrales —élites agrarias que se opusieron al Punto 1, economía cocalera que no se sustituyó, grupos armados sucesores de las FARC y del paramilitarismo— nunca fueron parte de la negociación ni quedaron vinculados por sus compromisos. La paz territorial se implementó sobre un mapa que seguía en disputa.
Antes y en paralelo: la consolidación como sombra
Un elemento suele omitirse en las lecturas oficiales de la paz territorial: no fue la primera política del Estado colombiano en pretender llegar a las regiones. Antes y en paralelo, el Estado había implementado sucesivas políticas de consolidación territorial —el PLANTE, las Zonas Especiales de Orden Público, la Estrategia de Recuperación Social del Territorio, la Política de Consolidación Integral, el Plan Colombia, el Plan Nacional de Consolidación y Reconstrucción Territorial—. Esas políticas coexistieron con las demandas comunitarias de paz territorial y las precedieron. Su lógica dominante fue distinta: control militar del territorio, integración a la economía formal, presencia estatal orientada a la seguridad más que a la garantía integral de derechos.
La paz territorial del Acuerdo Final se insertó en esa historia sin declararlo. En algunos municipios, las mismas veredas que habían sido objeto del Plan de Consolidación pasaron a ser PDET. Para las comunidades, la diferencia debía sentirse en el enfoque —participación real, inversión social, transformación estructural— y no solo en el nombre. La distancia entre esa expectativa y la práctica, sobre todo bajo el gobierno Duque, alimentó la percepción de que la paz territorial estaba resbalando hacia una nueva versión de consolidación, esta vez ejecutada por otro nombre.
Que la sospecha se instalara con esa facilidad decía algo sobre la memoria territorial. En regiones donde el Estado había llegado antes con brigadas de erradicación, retenes militares, censos de población y programas asistenciales que se agotaban con el ciclo presidencial, la palabra "posconflicto" no bastaba para inaugurar una relación distinta. La confianza no es un decreto, y los tiempos de la comunidad —que se miden en generaciones de despojo, de bonanzas cocaleras, de líderes asesinados— no coincidían con los cronogramas de implementación fijados en Bogotá. Lo que en el papel se planteaba como innovación institucional, en el territorio se leía como un capítulo más de una serie ya conocida.
La Comisión de la Verdad, en su Informe Final —Hay futuro si hay verdad, publicado en 2022 en once tomos y veinticuatro volúmenes—, identificó los déficits estructurales del ordenamiento territorial que limitan cualquier apuesta de paz: bajas capacidades de gestión territorial, superposición de visiones sectoriales sobre el uso del suelo (ambiental, minero-energética, agropecuaria, de infraestructura, de vivienda, de ruralidad y de organizaciones sociales), sesgo urbano del ordenamiento, limitaciones de la descentralización. Y subrayó algo más incómodo: la debilidad institucional, no solo la falta de recursos, es el principal obstáculo para la sostenibilidad de la paz en los territorios periféricos. Regiones como el Chocó han recibido recursos generosos sin que ello se traduzca en impacto real, por ausencia de control fiscal e institucional.
La huella y el presente
La llegada de Gustavo Petro y Francia Márquez a la Presidencia y Vicepresidencia en agosto de 2022 revivió la retórica de la paz territorial y la articuló con una noción más amplia —"paz total"— orientada a negociaciones simultáneas con múltiples actores armados. La categoría acuñada por Jaramillo diez años antes había sobrevivido a dos gobiernos y a la propia frustración de su implementación, en parte porque no había alternativa conceptual comparable para nombrar lo que las comunidades seguían exigiendo: presencia estatal integral, participación real, resolución de los problemas estructurales que originaron el conflicto.
La Comisión de la Verdad recomendó democratizar y hacer participativa la toma de decisiones sobre los territorios históricamente excluidos, garantizando inclusión política y productiva de campesinos y pueblos étnicos, mayor equidad en la distribución de la tierra, y presencia integral del Estado. La recomendación equivalía, en la práctica, a insistir en lo que la paz territorial había prometido y no había cumplido. El desdoblamiento del vocabulario oficial —paz territorial, paz total, estabilización, consolidación— no borró la constatación de fondo: las condiciones estructurales seguían intactas, y con ellas la disputa por el territorio.
El desdoblamiento de la categoría bajo el nuevo gobierno abrió, además, un problema adicional. Si la paz territorial exige tiempos largos, participación densa y transformación de la estructura agraria, la paz total —con su lógica de mesas paralelas, ceses al fuego negociados y cronogramas políticos— corre el riesgo de subordinar la primera a las urgencias de la segunda. Los ciclos de negociación con el ELN, con las disidencias del Estado Mayor Central o con estructuras herederas del paramilitarismo se superponen a implementaciones aún inconclusas del Acuerdo de 2016, y esa superposición se vive con particular intensidad en el Catatumbo, el Bajo Cauca y el Pacífico nariñense, donde la coca, la minería ilegal y las rutas de exportación siguen decidiendo quién manda. Los sujetos comunitarios que sostuvieron el vocabulario original —Juntas de Acción Comunal, autoridades indígenas, consejos comunitarios, organizaciones de víctimas— quedan otra vez en la posición incómoda de convocados a validar procesos cuya arquitectura se decide lejos.
La ruptura conceptual fue real; la ruptura estructural, no. Esa asimetría es la clave del balance, y también la clave de por qué la categoría sigue teniendo tracción política pese a su fracaso relativo. La paz territorial ordenó una reducción real de las hostilidades entre 2016 y 2018, permitió la elección de víctimas al Congreso, dio marco jurídico a la restitución de tierras y a la sustitución de cultivos, y forzó al Estado a nombrar por primera vez —con recursos y con cronograma— 170 municipios donde la ausencia estatal era la norma. Al mismo tiempo, los PDET se redujeron a proyectos demostrativos, el PNIS incumplió compromisos productivos, el homicidio de líderes sociales se convirtió en marca del posconflicto, y la violencia se recompuso precisamente en los territorios priorizados.
Ese doble movimiento —la categoría probada en el papel, incumplida en el terreno— dejó a la paz territorial en una posición peculiar dentro del vocabulario político colombiano. Es al mismo tiempo el mejor diagnóstico disponible de la naturaleza del conflicto y el mejor inventario disponible de las resistencias que el Estado colombiano opone a transformarse. Nombra el problema con precisión y, al hacerlo, nombra también su propio límite.
Queda, entonces, una categoría que hizo su trabajo diagnóstico y falló en su tarea transformadora, y que por esa misma razón resulta imposible de descartar. Nombró, con precisión que antes no existía en el lenguaje oficial, la naturaleza territorial del conflicto y de su solución posible; obligó al Estado a inscribir en un cronograma con partida presupuestal lo que las comunidades venían reclamando desde los ochenta; puso sobre la mesa —así fuera para no cumplirlo— el compromiso de que la periferia dejara de serlo. Cualquier discusión futura sobre la paz en Colombia —con el ELN, con las disidencias, con las estructuras herederas del paramilitarismo, con las comunidades que siguen resistiendo desde el Catatumbo hasta Montes de María, pasando por el Pacífico nariñense, Arauca, el Bajo Cauca antioqueño, el Sur de Córdoba y Putumayo— tendrá que pasar por esa categoría o inventar una más precisa. La ATCC, el PDPMM y los diez años de La Habana no dejaron un método terminado. Dejaron un vocabulario y una deuda.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Sergio Jaramillo Caro — formulador de la paz territorial como categoría de Estado en 2013 y arquitecto de su incorporación al Acuerdo Final
- 02Acuerdo Final — instrumento jurídico-político que convirtió la paz territorial en política pública, articulando la Reforma Rural Integral, los PDET y el PNIS
- 03Francisco de Roux — primer director del PDPMM y precursor del Laboratorio de Paz del Magdalena Medio, experiencia fundacional de la paz territorial desde abajo
- 04ATCC (Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare) — experiencia comunitaria pionera de paz territorial autónoma en el Magdalena Medio santandereano
- 05Magdalena Medio — región donde se gestaron las experiencias comunitarias que dieron origen conceptual a la paz territorial
- 06Reforma Rural Integral — Punto 1 del Acuerdo Final, instrumento central de la paz territorial orientado a erradicar la pobreza rural extrema y cerrar la brecha campo-ciudad
- 07Juan Manuel Santos — presidente bajo cuya administración se negoció e implementó el Acuerdo Final que institucionalizó la paz territorial
- 08FARC-EP — actor armado con quien se negoció el Acuerdo Final; su desmovilización parcial y la disidencia posterior condicionaron la implementación de la paz territorial
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
48 documentos · 65 fragmentos
01Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1431 cita
[1]la seguridad de las empresas con presencia exagerada del pie de fuerza militar, se convierte en clamor y exigencia política de una democracia más real y participativa. La región ha conocido diversas políticas de Estado encaminadas a consolidar la presencia estatal y la paz en la región, tales como el Plan Nacional de…
p. 143
02Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 461 cita
[2]la capacidad de ponérsele al corte a ese problema, que pasó de ser un problema de tipo coyuntural a volverse un problema de tipo estructural. El problema de los narcocultivos. Es decir, el campesino, así en La Habana firmen las veces que les dé la gana los que quieran un acuerdo de erradicación, los cam- pesinos del…
p. 46
03Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 5332 citas
[3]de que ese era el odio contra el hombre; y para nosotros, para la comunidad, pues una tristeza, fue una tristeza. (CNMH, CV, hombre afrodescendiente víctima, Cimita- rra, 2017, 27 de marzo) El asesinato de los líderes de la ATCC pretendió destruir una organización que desafiaba la imposición de un orden social afín al…
p. 533
[4]de que ese era el odio contra el hombre; y para nosotros, para la comunidad, pues una tristeza, fue una tristeza. (CNMH, CV, hombre afrodescendiente víctima, Cimita- rra, 2017, 27 de marzo) El asesinato de los líderes de la ATCC pretendió destruir una organización que desafiaba la imposición de un orden social afín al…
p. 533
04Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 2062 citas
[5]de la experiencia histórica y las maneras en que esta opera en las posibilidades de transformación vitales. Territorio En los últimos años en el país, el concepto de territorio ha aparecido profusa - mente en el interior de discursos tan distintos como las propuestas de la mesa de negociación con las farc, la política…
p. 206
[6]de la experiencia histórica y las maneras en que esta opera en las posibilidades de transformación vitales. Territorio En los últimos años en el país, el concepto de territorio ha aparecido profusa - mente en el interior de discursos tan distintos como las propuestas de la mesa de negociación con las farc, la política…
p. 206
05¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 535, 5452 citas
[7]nacional. Y solo el 3 % del total de la inversión son cosas que tendrán que hacerse solo porque las FARC lo solicitan o porque son los costos directamente relacionados con su desarme y desmovilización. 545 ¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? En resumen, hacer la paz con las FARC cuesta 3 de cada 100 pesos, con las…
p. 545
[27]territorial en los 388 municipios rurales que proponemos priorizar, que el r-.1inisterio del Posconflicto lidere el conjunto de inversiones en ciudadanía, equidad social y Estado en los 346 municipios priorizados como de riesgo alto y medio por presencia de ilegales y economías ilicitas. Por otro lado, que la agencia…
p. 535
06Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 3131 cita
[8]no gubernamentales, entidades públicas, orga- nismos internacionales y todas las personas que hayan realizado trabajos que contribuyan a la memoria histórica de lo aconteci- do en el municipio puedan aportar copia de sus bases de datos, imágenes, videos, líneas del tiempo, artículos y otros trabajos que 313…
p. 313
07En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 821 cita
[9]en el sur de Bolí- var. Pastrana planteó con la Unión Europea, principalmente con España, la necesidad de una Mesa de Donantes para que Europa asumiera un papel distinto y complementario al Plan Colombia. de Roux negoció al mismo tiempo el apoyo de Japón con la in- tención de fortalecer el carácter social de la ayuda…
p. 82
08Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 517, 5492 citas
[10]del laboratorio de paz del Magdalena Medio, en términos de empoderamiento social, resistencia civil, generación de desarro- llo humano y planteamiento de una propuesta de paz alternativa, hizo que se pensara extender esta iniciativa a otras áreas de Colombia e intentar replicar su filosofía y conceptos en regiones que…
p. 549
[12]ciudada- nos y organizaciones sociales y comunitarias, son responsables de formular los diagnósticos regionales y fijar las propuestas de desarrollo y paz, expre- sadas en las propuestas municipales. Ellos definen cómo la población ve la región, cuáles son las necesidades de la región y qué quiere la primera para la…
p. 517
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 20, 1092 citas
[11]sinos, organizaciones, mujeres, radios comunitarios y algunos funcionarios públicos de los municipios. Acerca de ellos, un líder religioso que trabajó en la región relató a la Comisión: 316 Informe 119-CI-00064, Camargo Gómez et al., «Ejército Nacional II División», 110. 317 Informe 119-CI-00064, Camargo Gómez et al.,…
p. 109
[63]los juzgados, ni siquiera en los periódicos. La historia es una voz llena de timbres y de acentos de gente anónima 5. 4 Esta idea fue planteada por Margarita Serje en su libro El revés de la nación, en el cual analiza los relatos en torno a las regiones de las «periferias» del país y las llamadas «fronteras internas»,…
p. 20
10Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 518, 5822 citas
[13]actores armados son, hasta cierto punto, destinatarios o interlocutores de su acción. El laboratorio trata con asuntos de paz y de conflicto en una región de alta violencia. Por tanto, la relación con los actores armados es algo que necesariamente requiere ser tratado. Sus proyectos requieren algún grado de…
p. 518
[51]en Colombia (González, 2006: 340). El Consejo Indígena para la Paz (conip) fue creado, en 2001, a nivel nacional y buscaba reunir propuestas indígenas para la paz (Caviedes, 2007); se desarrollaron diálogos humanitarios en algunos casos y propiciaron circunstancias con las guerrillas para negociar el reconocimien - to…
p. 582
11Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 117, 1212 citas
[14]ramiento de la tierra por las élites regionales creó una estructura concentradora y excluyente del campesinado, que se vio forzado a colonizar territorios sin presencia estatal ni infraestructura, y que en ellos se incubó la fuerza de las guerrillas y posteriormente se expandieron los cultivos ilícitos, configurando…
p. 117
[19]de control estatal sobre el territorio significa que el Estado no puede garantizar la tenencia y uso de la tierra ni la permanencia de la población en ella, y por tanto desaparece el derecho de propiedad. Durante sus periodos de do- minio por actores armados, se trató de un despojo de territorios y una sustitución…
p. 121
12Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 411 cita
[15]ciclo. Al desaparecer los bosques, la ganadería extensiva se consolidó, a expensas de la agricultura itinerante de los campesinos, y estos se encontraron sin tierras y como población superflua en la economía de las haciendas. Las mejores tierras del país han sido colonizadas por campesinos y apropiadas luego por los…
p. 41
13El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[16]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
14El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[17]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
15Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 492, 5182 citas
[18]Convivir. 1033 Ver el tomo Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas, del Informe Final de la Comisión de la Verdad. 1034 Ibíd, 368. hacia la paz territorial 519 Forjando Futuros, de 7.098 sentencias de…
p. 518
[59]y las prácticas son afectados, y con ello fracturan el entramado vital y la dignidad 956. Frente a todas estas realidades, la Comisión hace un llamado a democratizar y hacer realmente participativa la toma de decisiones sobre los territorios históricamente excluidos. Necesitamos un país de regiones, en el que los…
p. 492
16Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1181 cita
[20]causas del conflicto armado en Colombia ha sido la disputa por la tierra. Esto ha involucrado, como era de esperarse, la relación de las personas con el territorio 294. Muchas, de hecho, se refirieron a la tierra haciendo alusiones a su propia existencia o a relaciones 293 Comisión para el Esclarecimiento de la…
p. 118
17La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2551 cita
[21]de Memoria Histórica (GMH), La tierra en disputa. Memorias del despojo y resistencias campesinas en la Costa Caribe (1960-2010) (Bogotá:Taurus y Semana, 2010); Instituto de Estu - dios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI, El despojo de tierras y territorios. Aproximación conceptual (Bogotá: Editorial…
p. 255
18"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1351 cita
[22]como el po- der militar, social y político de los narcotra fi cantes. Para el año 2005 la estructura de tenencia mostraba los mismos rasgos de concentración que se observaban a nivel nacional: el 2, 39 % de los propietarios controlaban el 45, 78 % de la tierra, en tanto que el 88, 26 % de los propietarios más pequeños…
p. 135
19La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2421 cita
[23]que haya reforma agraria". Estos datos excluyen los territorios colectivos, resguardos indígenas, los parques nacionales y en general zonas de reserva natural. Pero los datos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) nos dan otra situación aún más complicada y es el tratamiento diferencial en impuestos. "Más…
p. 242
20Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 139, 4372 citas
[24]point of the negotiation was to establish ground rules to guarantee land access for its members, as well as other conditions essential for their sustenance, without disputing the right of the business class to rural property. History seemed to be repeating itself, however, replicating what happened in 1936 when Law…
p. 437
[49]understanding of campesino that goes beyond the rhetoric of the peasant as an economic subject, devoid of ethics of rootedness and care for their territory. This gradual change came about as a result of the limited recognition of campesinos as political subjects in the Constitution of 1991, which opened unprecedented…
p. 139
21Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2261 cita
[25]• Plantear nuevas acciones de lucha contra la corrupci ó n asociada al narcotr á fico El consumo con un enfoque de salud pública • Se abordar á con un enfoque de derechos humanos y salud p ú blica Instituto Técnico Jorge Gaitán Duran 225 Pol í tica de Desarrollo Agrario Integral – Hacia un nuevo campo colombiano:…
p. 226
22La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1871 cita
[26]condiciones adecuadas para la comercialización de los productos provenientes de la producción de la economía campesina, familiar y comunitaria y mejorar su disponibilidad. Esto implicará apoyar la asociatividad, la generación de valor agregado, la información de precios, la infraestructura de comercialización (centros…
p. 187
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 180, 1892 citas
[28]calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…
p. 189
[50]742 Reyes Posada y Duica Amaya, Guerreros y campesinos. 743 Ibíd. 744 Entrevista 278-VI-00009. Campesina, víctima. 745 Entrevista 228-VI-00046. Víctima de extorsión. la guerra a muerte: el territorio en medio de las violencias (1997-2010) 181 ocasiones a las autoridades indígenas, reclutaron jóvenes y niños y usaron…
p. 180
24Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1, 162 citas
[29]desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…
p. 16
[65]CONVOCATORIA A LA PAZ GRANDE Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL Comisión para el Esclarecimieto de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición CONVOCATORIA A LA PAZ GRANDE DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN PARA EL…
p. 1
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 cita
[30]sumaron aquellas derivadas de la lenta implementación del Acuerdo Final. En este marco, además de las reconfiguraciones violentas de los territorios y la insti- tucionalización de órdenes ligados al conflicto armado interno, otros problemas que han limitado el desarrollo territorial en Colombia son: Primero, las bajas…
p. 100
26Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 371 cita
[31]‘progress’ was expected to reach deep into forgotten places. In the president’s early speeches, he used the rhetorical idea of ‘locomotive’ sectors, which tellingly points to a system of infrastructure- enabled geographical expansion of the Colombian economy predicated on strategic activities linked to transnational…
p. 37
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 193, 2062 citas
[32]hidrocarburos). Disputas entre el ELN, Los Pelusos, las disidencias de las FARC-EP, el Clan del Golfo y las mafias mexicanas alas que se han sumado atropellos cometidos por sectores de la fuerza pública en el contexto de un nuevo capítulo de la lucha contra la insurgencia y los tráficos ilícitos. Por otro lado, pese a…
p. 206
[34]apuntaba al eslabón principal de la economía campesina en esos territorios de frontera. Las comunidades se organizaron para construir los planes de sustitución y la erradicación voluntaria comenzó. Un líder social y campesino relató a la Comisión lo siguiente: «Cambió muchísimo, porque de ser una zona coquera, de ser…
p. 193
28¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 73, 782 citas
[33]por las lógicas de la guerra, se han ido deteriorando significativamente. El uribismo ha ejercido una constante presión para sacar a la guerrilla desmovilizada de la competencia política. Su idea es que antes de tener sillas en el Congreso deberían pagar cárcel. Mientras tanto, el Centro Democrático lanzó, apenas…
p. 73
[40]Aunque les daba voz y una interfaz institucional, lo que estuvo muy bien, paraba en seco cualquier veleidad con respecto de la sustitución gradual, un principio por el que distintas organizaciones agrarias habían roto más de una lanza a través de lustros de movilizaciones y que había sido aceptado también por…
p. 78
29At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3121 cita
[35]was signi fi cantly higher for municipalities with populations registered for the PNIS program than municipalities that continued to grow coca uninterrupted and for municipalities that did not grow coca (54.7% vs. 39.5% and 21.7%, respectively). Many of those killed were social activists and community leaders that…
p. 312
30Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 692, 8012 citas
[36]Ilícitos (PNIS). Las disidencias perciben a los desmovilizados como un obstáculo para sus intereses 2780. La tercera causa de la persecución de las disidencias a los excombatientes es que varios firmantes del Acuerdo de Paz se oponen al reclutamiento forzado o a volver a tomar las armas, lo que hace que las…
p. 801
[58]de derechos terri- toriales, 23 de septiembre de 2014. 2359 Entrevista 233-PR-02372. Hombre, defensor de derechos humanos. Entrevista 143-PR-00186. Mujer, abogada, derechos humanos. 2360 Defensoría del Pueblo, Alertas tempranas e informes de riesgo 2008-2016. 2361 Juzgados Especializados en Restitución de Tierras.…
p. 692
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[37]de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…
p. 140
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1721 cita
[38]informe ase- gura que 18 jóvenes fueron reclutados en Carurú, un municipio del Vaupés: «En noviembre del año pasado, 18 adolescentes fueron arrebatados de la remota comunidad de Carurú, en el oeste de Vaupés. Facciones disidentes de las FARC llega- ron al municipio, advirtiendo a los padres que tenían que entregar a…
p. 172
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[39]ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…
p. 168
34Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 89, 6682 citas
[41]de grupos armados al margen de la ley, como las Águilas Negras 140. Así mismo, aludieron a presiones para desarrollar economías extractivas legales e ilegales que afectan sus territorios. Una autoridad tradicional contó que: «El 85% de los territorios de las comunidades indígenas están solicitados en conce- sión o ya…
p. 89
[53]Acuerdo Final de Paz. • Profundizar en las investigaciones sobre las violencias de género y los delitos sexuales cometidos contra mujeres, hombres y personas LGBTIQ+ de los pueblos étnicos en el marco del conflicto armado. Los altos niveles de invisi- bilidad del delito contribuyen a la revictimización; de ahí que los…
p. 668
35Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1181 cita
[42]en contextos específicos. En esta zona en particular, hace referencia a la amplia red de relaciones entre familias, vecinos y amigos no sólo en el mismo grupo étnico, sino con otros grupos étnicos que habitan el territorio. Desde ese entramado se ha construido la forma de ocupación del territorio, y las relaciones de…
p. 118
36Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 192 citas
[43]de la Corte Constitucional, que determinan que más que una consulta, en materia de planes de desarrollo de inversión y de explotación de recursos naturales, debe obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades indígenas según sus usos, costumbres y tradiciones. A las comunidades indígenas,…
p. 19
[44]de la Corte Constitucional, que determinan que más que una consulta, en materia de planes de desarrollo de inversión y de explotación de recursos naturales, debe obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades indígenas según sus usos, costumbres y tradiciones. A las comunidades indígenas,…
p. 19
37Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 231 cita
[45]más que todo los límites. La tierra es lo palpable, lo que se puede ver, coger, sembrar, donde hacemos casa, echamos semilla, eso es la tierra. El territorio es un todo, el conjunto de tierra que incluye bosque, río, quebrada, personas, todo” (Actualización Plan de Salvaguarda étnica del pueblo Awá: 60). En ese orden…
p. 23
38¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2031 cita
[46]Para los pueblos y las comunidades indígenas y afrocolombianas el terri- torio es la base de su existencia como sujetos colectivos. En él se expre- san las relaciones productivas, espirituales, simbólicas y culturales que constituyen sus maneras particulares de acceder, conocer, ser y existir en el mundo. Así lo…
p. 203
39Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2961 cita
[47]entre indígenas y campesinos colonos, también lo es que el avance o el estancamiento relativo en la legislación y reglamentación, ya sea de las ETI o de las ZRC, puede generar tensiones entre los dos grupos.6 La dinámica de los procesos políticos puede ser tal que sean esta vez los campesinos quienes se encuentren de…
p. 296
40Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 991 cita
[48]tienen derecho a su territorio, a los recursos naturales y a sus propios planes de desarrollo, comprometiendo recursos públicos para la realización de verdaderos planes de desarrollo alternativo, a nivel económico y social, para la zona. 3. También es favorable, que la propiedad colectiva no se pueda comprar o vender…
p. 99
41Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 3471 cita
[52]que iniciamos todo un proceso de socialización, un proceso de concertación con los otros sectores que hay dentro del municipio y con el acompañamiento y la búsqueda de acompañamiento ins- titucional. Avanzamos hasta el año 2016, que constituimos la mesa técnica intercultural donde estamos indígenas, afros y campesi-…
p. 347
42Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 4031 cita
[54]una Colombia en paz con opor- tunidades y garantías para todos. Por el Gobierno Nacional: LUIS CARLOS RESTREPO Alto Comisionado para la Paz Por las Autodefensas Unidas de Colombia AUC: HERNAN HERNÁNDEZ RAMIRO VANOY LUIS CIFUENTES FRANCISCO TABARES ADOLFO PAZ JORGE PIRATA VICENTE CASTAÑO CARLOS CASTAÑO SALVATORE…
p. 403
43La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1031 cita
[55]de derechos humanos y funcionaria de la Unidad de Restitución de Tierras (URT) en un pueblo minero del departamento del Cesar, que documentaba las situaciones de despojo y buscaba medidas cautelares colectivas para estos territorios, fue amenazada por el llamado “ejército antirrestitución”, presente en algunas…
p. 103
44El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1652 citas
[56]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…
p. 165
[57]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…
p. 165
45Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 1201 cita
[60]will guarantee the construction of the Nation-State in the post-agreement (Portafolio 2016). However, a question remains: Are the resources the most important issue of this peace process? The question is pertinent when what exists is a huge economic potential in each of those territories abandoned by the state. In…
p. 120
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[61]tiempos recientes. Esto responde a la realidad de que los actores armados no hicieron presencia simultánea en la totalidad del territorio, sino en períodos diferentes, ligados a los dis- tintos momentos de la integración gradual de las regiones en la vida económica del conjunto de la nación y la difícil articulación…
p. 31
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[62]particularidades corresponden a las lógicas propias de la región en la que están ubicadas y, por supuesto, hacen también parte del relato de todos los territorios estudiados. En todos los textos, los flujos y relaciones entre las ciudades y las zonas rurales vecinas forman parte del análisis. Los textos regiona- les…
p. 31
48Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1431 cita
[64]paz en el que el país compromete sus esperanzas de futuro, y en parti- cular, si se considera que el territorio es determinante en la forma heterogénea como el conflicto armado se configura e impacta, y cómo, en consecuencia, juega su papel en la “paz territorial”. Los estudios de MH revisados centran el foco…
p. 143