Bajo Cauca
“El Bajo Cauca es uno de los territorios donde la geografía colombiana se vuelve destino: un cruce de cuencas y serranías que lo convirtió en corredor antes de que existiera el Estado que debía administrarlo.”
Bajo Cauca antioqueño
Al norte de Antioquia, donde la cordillera Central se desploma hacia la llanura caribeña y el río Cauca deja de ser torrente para volverse planicie inundable, se extiende una subregión que los mapas administrativos delimitan con seis municipios —Caucasia, Cáceres, Tarazá, El Bagre, Zaragoza y Nechí— y que la historia ha tratado, en cambio, como un yacimiento. El Bajo Cauca es la bisagra donde el interior andino paisa toca el Caribe colombiano, la puerta fluvial hacia el Magdalena por el Nechí y el San Jorge, el paso obligado entre la sabana cordobesa y la Serranía de San Lucas. Y es, sobre todo, un territorio cuyo destino ha estado escrito por el oro: aluvial, esclavista, dragado, criminalizado, siempre el mismo metal cambiando de manos. Cinco siglos de ciclos extractivos han producido aquí un paisaje reconocible en pocas latitudes del país: pueblos que nacieron con la bonanza y sobreviven a la depresión, cabeceras que crecieron con una carretera abierta hace apenas medio siglo, ciénagas mordidas por retroexcavadoras, corredores fluviales sin Estado. Comprender el Bajo Cauca es comprender qué significa, en concreto, haber sido enclave.
La geografía de un corredor
La subregión ocupa el vértice donde tres accidentes mayores del noroccidente colombiano se encuentran. Al occidente y suroccidente se levanta el Nudo de Paramillo, ese macizo del norte antioqueño que desciende de la cordillera Occidental y funciona como una fábrica de agua: de sus estribaciones, en particular de las serranías de Abibe y San Jerónimo, nacen los ríos que conforman la hoya del alto Sinú —el Sinú mismo, que baja del cerro de León a 3.200 metros, y sus afluentes Verde y Esmeralda, que confluyen antes de la Cerrazón de Urrá—. Al oriente se despliega la Serranía de San Lucas, ya en jurisdicción de Bolívar, con sus vertientes cargadas de oro de filón. Y en el centro corre el Cauca, que a la altura de Tarazá y Cáceres pierde ímpetu, se ensancha, recibe al Nechí y prepara su desembocadura en el Magdalena a través del brazo de Loba.
Esta configuración explica algo que ningún atlas convencional termina de mostrar: el Bajo Cauca no es una periferia sino un cruce. El Nudo de Paramillo articula lo que un excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia describió, con la precisión de quien lo usó como mapa operativo, como una estrella de corredores fluviales y terrestres que comunica Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar. Sin vías interiores con presencia estatal, esos corredores han quedado abiertos a quien pueda controlarlos. Al menos una tercera parte del territorio antioqueño se extiende sobre el valle del Cauca y su gran tributario el Nechí, y esa cuenca es el eje que estructura la subregión hacia adentro y la conecta hacia afuera: con la costa por el norte y con el Magdalena Medio por el oriente.
La frontera con el sur de Bolívar merece atención aparte. Los municipios de Yondó, Valdivia, Cáceres, Caucasia y Tarazá colindan con Arenal, Montecristo, San Pablo y Santa Rosa del Sur, configurando una frontera interior interdepartamental que en el papel divide y en la práctica une: es un mismo mundo minero, guerrillero y cocalero repartido entre dos jurisdicciones. Esa geografía de límite —donde termina un departamento pero no termina el territorio— ha sido a la vez maldición y refugio.
Los pueblos del oro antes del oro
Antes de que llegaran los españoles, la cuenca del Bajo Cauca y sus contornos estaban habitados por sociedades a las que las crónicas etiquetaron, con generosidad imprecisa, como caribes. La categoría dice más sobre el ojo del conquistador —que aplicaba el término a cualquier grupo que resistiera con armas— que sobre la filiación étnica real de sus habitantes; la clasificación lingüística de estos pueblos sigue siendo materia de discusión. La región era mosaico, no monolito. Los catíos ocupaban la porción occidental y noroccidental de lo que hoy es Antioquia, con presencia en la cuenca del Atrato y el alto Sinú. Los nutabe se asentaban en la zona central. Los tahami hacia el valle del Magdalena. Y en los llanos aluviales inmediatamente al norte, entrando ya en tierras cordobesas y sucreñas, se extendía la civilización zenú.
Los zenúes son el gran precedente que la subregión tiende a olvidar. En la cuenca media y baja del río San Jorge —el antiguo Jegú, que corre al oriente del Bajo Cauca y comparte con él regímenes de inundación— levantaron una de las obras hidráulicas más notables de la América prehispánica: una red de zanjas y camellones que domesticaba las crecientes anuales convirtiendo la planicie inundable en tierra cultivable. Fue una ingeniería de agua sobre agua, sostenida durante siglos, y su sola existencia obliga a repensar el paisaje del Bajo Cauca no como frontera vacía sino como periferia de una civilización que sabía leer las ciénagas. Su orfebrería —anillos, collares, filigranas— circulaba con densidad ritual: el oro no era moneda sino sustancia numinosa, símbolo de eternidad, ofrenda funeraria. Los zenúes del Panzenú conocían la práctica de apilar cascajo y tierra en túmulos sobre sus muertos, aunque ya en tiempos de la conquista la costumbre había cedido y los entierros se hacían en las casas.
Más al sur, en las montañas antioqueñas, el cacique Nutibara fue descrito por los cronistas como un señor poderoso que viajaba en litera de oro y recibía tributos en metal y vestimenta. Los mismos relatos lo pintaron caníbal, lección elemental sobre cómo leer las crónicas: el mismo oro que fascinaba justificaba, de paso, la conquista. Cuando los españoles llegaron al Nechí, la primera nota que tomaron fue la de sus arenas.
Cáceres, Zaragoza, Guamocó: el primer ciclo
El descubrimiento de los sedimentos auríferos del Nechí, hacia las últimas décadas del siglo XVI, produjo un desplazamiento tan rápido como definitorio: casi todos los mineros que trabajaban en Buriticá abandonaron ese distrito y se movieron hacia las tierras bajas. En muy pocos años fundaron tres poblaciones que iban a ser, durante medio siglo, el corazón productivo del oro neogranadino: Cáceres, Zaragoza y Guamocó. La lógica fundacional era mineralógica antes que urbana. Se plantaba una traza mínima —una iglesia, unas casas de tapia y palma, una fundición, una cárcel— donde el río prometía. Si la promesa se cumplía, llegaban cuadrillas de esclavos, capellanes, tratantes de sal y aguardiente. Si se agotaba, la selva volvía.
En 1598, el mariscal Gaspar de Rodas, uno de los conquistadores de mayor peso en la Antioquia temprana, propuso poblar una villa de españoles en las tierras circunvecinas al río Cimitarra para cortar el éxodo de los indios de Zaragoza, que huían presionados hacia esa frontera. Fue ese tipo de expansión defensiva —controlar territorios que servían de refugio a la mano de obra fugitiva— la que abrió paso hacia el oriente y desembocó, poco después, en el auge de Guamocó. A partir de 1608 muchos mineros prefirieron esas nuevas vetas, que llegaron a ser conocidas como la Villa de Oro, y durante dos décadas escasas el enclave prosperó.
Fue un auge corto y feroz. Hacia 1630 los distritos antioqueños producían la mitad de lo que habían rendido en su pico de 1600. Hacia 1660 rendían apenas una décima parte, y los depósitos de Guamocó y Zaragoza estaban agotados. Los yacimientos eran aluviales —oro suelto en las gravas de ríos y quebradas, no vetas de filón que exijan socavón—, y esa condición explica su intensidad y su brevedad: se lavaban con relativa facilidad y se acababan pronto. Guamocó fue completamente abandonada; la selva devoró los desmontes. Cáceres y Zaragoza cayeron en una depresión profunda de la que no se recuperarían del todo hasta el siglo XX. La minería colombiana se desplazó a nuevas fronteras: al Chocó y a Barbacoas en el Pacífico, a Rionegro y Santa Rosa de Osos en el altiplano antioqueño, y ese segundo ciclo aurífero del siglo XVIII dejó al Bajo Cauca en un letargo de más de doscientos años.
El patrón, sin embargo, quedó fijado. Poblar para extraer, extraer hasta agotar, abandonar. Ningún capital fijo, ninguna infraestructura durable, ninguna institución con arraigo. Cuando el segundo ciclo llegó, en el siglo XX, encontraría el terreno preparado por esta lógica original.
Mazamorreros, cuadrillas y dragas
Entre el ocaso colonial y la llegada de las dragas, la minería antioqueña sobrevivió gracias a una figura que la historia oficial suele arrinconar: el mazamorrero. Un minero suelto, sin capital, sin maquinaria, sin más herramienta que una batea de madera tallada a mano. En los años de máximo empleo del siglo XIX, aproximadamente cuatro de cada cinco de los 15.000 mineros de oro que hubo en Antioquia eran mazamorreros. Una tercera parte eran mujeres. La mayoría descendían de esclavos africanos manumitidos o de mestizos que habían huido del trabajo agrícola por deudas o servidumbre. Con esa economía mínima, esa gente extrajo la cuarta parte del oro que Antioquia exportó durante el siglo XIX.
Esa cifra basta para reconfigurar el relato. El oro antioqueño del siglo XIX no salió solo de las cuadrillas de esclavos —que oscilaban entre cincuenta y doscientos, y podían alcanzar varios cientos— sino de una masa dispersa de trabajadores libres o cuasi libres, altamente móviles, que lavaban orillas y playones donde la explotación formal no llegaba. La batea, sostenida las más de las veces por manos de mujeres afrodescendientes o mestizas, fue el instrumento de una economía paralela y persistente que las estadísticas oficiales apenas rozaron.
En el siglo XX llegó la máquina. Los distritos del Nechí fueron reactivados por compañías extranjeras que trajeron una tecnología industrial: la draga. Para 1944, la Pato Consolidated, de capital canadiense, operaba en Zaragoza y producía cerca de 100.000 onzas anuales; la Cuturú, estadounidense, unas 8.000; en Segovia, ya en el nordeste antioqueño limítrofe, la inglesa Frontino Mines explotaba filón. Las dragas eran plataformas flotantes que succionaban el lecho del río, separaban el oro por gravedad y devolvían al cauce las arenas removidas. Transformaron el paisaje: cauces desviados, playones invertidos, ciénagas alteradas. La Pato dejó una huella material y toponímica que aún hoy se lee en la comarca de Zaragoza y El Bagre.
Ese segundo ciclo repitió, con otro traje, el guion colonial. Capital foráneo, extracción intensiva, escasa transferencia a la economía local. Los mazamorreros siguieron ahí, en los márgenes de los frentes dragados, lavando lo que la máquina no alcanzaba a chupar. La coexistencia entre draga industrial y batea artesanal quedó fijada como la forma normal de la minería regional, y así llegaría al final del siglo.
Un territorio de colonización tardía
Mientras el oro cambiaba de dueños y de técnicas, el poblamiento del Bajo Cauca seguía siendo notablemente escaso. La cifra es contundente: en 1918 la subregión tenía apenas 3.835 habitantes. Comparada con las tierras cafeteras del suroeste antioqueño, ya colonizadas y densamente pobladas desde el siglo XIX, la desproporción resulta reveladora. La colonización antioqueña —esa gran onda expansiva que pobló Caldas, Quindío, Risaralda y el norte del Valle— no bajó al Bajo Cauca con la misma intensidad. Ese proyecto rural, articulado con la fundación de núcleos urbanos alrededor de una iglesia, una cantina y una gallera, y con la adjudicación de tierras a los vecinos siguiendo formas coloniales y granadinas, encontró en las tierras bajas del Nechí un ambiente menos propicio: calor, paludismo, ganadería extensiva antes que agricultura familiar.
Cuando la Ley 61 de 1874 admitió la adjudicación de baldíos nacionales al cultivador que los pusiera en producción, el marco jurídico favoreció al colono suelto por encima de las viejas formas de colonización organizada. En Caucasia se registraron dos concesiones por 2.575 hectáreas entre 1870 y 1900, cifra modesta pero indicativa de que el proceso empezaba. La ganadería se expandió en las llanuras del Bajo Cauca al mismo tiempo que la caficultura se consolidaba en las montañas del suroeste, y esa doble dinámica —hacienda ganadera abajo, minifundio cafetero arriba— dividió al departamento en dos economías rurales muy distintas, con élites, culturas y densidades de población incomparables.
El verdadero salto demográfico y territorial vino con la carretera. La apertura de la troncal a la costa Atlántica, en la segunda mitad del siglo XX, atravesó el Bajo Cauca de sur a norte y disparó una oleada de colonización que atrajo mineros, ganaderos, comerciantes y campesinos sin tierra. Esa dinámica motivó la creación del municipio de Tarazá en 1978, segregado por la Asamblea Departamental del vasto territorio de Cáceres. Y ese mismo dinamismo llevó a la subregión de aquellos 3.835 habitantes de 1918 a 225.569 en 2005: un crecimiento de más de cincuenta veces en menos de un siglo. Caucasia se convirtió en el nodo funcional, con jerarquía suficiente como para ser designada Centro Administrativo y de Servicio Regional de Antioquia, categoría que le permitió concentrar equipamientos educativos y de salud para toda la subregión.
Este poblamiento acelerado tuvo un costo estructural: en muchos municipios de colonización tardía, hacia fines del siglo XIX y aún después, la mayoría de la población no era nativa. La ausencia de una clase dominante regional enraizada dificultó la formulación de un proyecto propio. El Bajo Cauca fue poblado, pero no fue plenamente incorporado. Llegó tarde al mapa mental antioqueño, y esa demora explica en parte la fragilidad institucional con que enfrentaría, pocas décadas después, la irrupción del conflicto armado.
La estrella de corredores
Cuando el paramilitarismo colombiano se profesionalizó en los años noventa, encontró en el Nudo de Paramillo la infraestructura perfecta. La llegada al Caribe se hizo en pasos sucesivos: primero desde el Magdalena Medio hacia el nordeste antioqueño, después hacia el alto Sinú en el sur de Córdoba, y finalmente hacia el resto del Caribe colombiano. En el Bajo Cauca convergieron esas trayectorias. El territorio fue clave para la estabilización del paramilitarismo, sobre todo por la combinación de economías ilegales presentes —oro, coca, ganadería— y las ventajas del corredor entre cuatro departamentos, que permitía comercializar y financiar las estructuras armadas.
En esa configuración operaron simultáneamente varios bloques de las AUC. El Héroes de Tolová y el Córdoba —también llamado Sinú— controlaron los flancos cordobés y de Urabá; el Bananero se articuló con la salida hacia el Golfo; y el Mineros, con nombre programático, se especializó en la subregión que da título a esta pieza. La historia del Bloque Mineros está inseparablemente ligada al narcotráfico: la estructura desplegó patrones de criminalidad para garantizar su participación en ese negocio y utilizó los corredores fluviales y terrestres del Nudo de Paramillo para mover pasta, base y cocaína entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar. Interactuó con guerrillas y con otras organizaciones armadas mediante confrontación bélica, violencia selectiva y estrategias de exterminio social —el eufemismo con el que la propia doctrina paramilitar nombraba el asesinato sistemático de habitantes de calle, consumidores de drogas y otros grupos considerados prescindibles—.
La captura de rentas mineras fue parte central de la operación. Paramilitares vinculados al alias Macaco adquirieron mediante amenazas y coerción una finca minera productora de oro cuya propietaria, una señora Dora, no quería vender. La escena resume un mecanismo replicado a escala: la extorsión, la compra forzada, la administración directa de frentes productivos. En el nordeste antioqueño, en municipios como Segovia, Remedios y El Bagre —este último ya en el Bajo Cauca—, grupos armados capturaban rentas del sector minero mediante control armado sobre entables, retroexcavadoras y comercializadores.
La violencia política precedió y acompañó ese proceso. La masacre de Segovia del 11 de noviembre de 1988 quedó grabada como uno de los hitos más brutales de la guerra sucia contra la Unión Patriótica, con militantes de ese partido asesinados en el casco urbano por un comando paramilitar. Un año después, el 16 de diciembre de 1989, hombres del Movimiento de Renovación Nacional llegaron al corregimiento de Puerto Valdivia, entraron a la heladería Tairona y asesinaron a cinco personas previamente identificadas: el concejal Luis Álvarez, el boticario Martín Gutiérrez y el campesino Orlando Cadavid —los tres militantes de la UP—, junto con Gerardo Moncada y Enrique Miranda Tapias. Esa geografía del exterminio dibujó un mapa preciso de qué territorios se estaban disputando y con qué método.
Coca, minería ilegal y las Autodefensas Gaitanistas
Tras la desmovilización de las AUC en 2006, la subregión no volvió a la calma sino que entró en una nueva fase, dominada por estructuras herederas articuladas en la cadena productiva y de comercialización de la cocaína. La red de corredores del Paramillo siguió funcionando, ahora bajo otras banderas. Entre las bandas posdesmovilización y el narcotráfico existe un mutuo reforzamiento: las bandas protegen a las organizaciones exportadoras, y estas, a su vez, dinamizan y financian a las bandas. Ambas categorías se sostienen sin confundirse: la banda es aparato armado territorial; la organización de narcotráfico es red comercial. En el Bajo Cauca se necesitan una a la otra.
Sobre esa arquitectura se impusieron finalmente los Urabeños, también llamados Autodefensas Gaitanistas de Colombia, la estructura comandada durante años por Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel. Para inicios de la década de 2010 ejercían un dominio casi total sobre los seis municipios de la subregión, tanto en zonas urbanas como en las rurales cercanas a las cabeceras. La cartografía de su presencia en 2013 —Barro Blanco, El Doce y Puerto Antioquia en Tarazá; Puerto López, Puerto Claver y La Palizada en El Bagre; áreas urbanas de Nechí y Zaragoza; la vía y el río Caribona— dibuja el ordenamiento efectivo del territorio, distinto del ordenamiento administrativo. Ese dominio no se construyó solo por fuerza propia: fue resultado de enfrentamientos y alianzas con bandas rivales, con lo que quedaba de las guerrillas y, según denuncias recurrentes, con algunos integrantes de la Fuerza Pública. Una disidencia de Los Rastrojos persistió desde 2012 en Zaragoza y El Bagre, mostrando que el monopolio nunca fue completo.
El eje fluvial del Cauca y el Nechí, y las rutas terrestres hacia la costa a través de Córdoba, Sucre y Bolívar, o hacia el Magdalena por el oriente, convirtieron el Bajo Cauca en corredor de salida de cocaína hacia el Golfo de Urabá. La misma geografía que sirvió al oro colonial sirvió al alcaloide contemporáneo: los ríos no distinguen mercancías.
Paralelamente, la minería ilegal se consolidó como economía de guerra. En el Bajo Cauca, como en el norte del Cauca y en otras regiones extractivas del país, grupos armados cobran cuotas o impuestos a quienes operan retroexcavadoras, dragas artesanales y frentes de explotación. Los rechazos comunitarios a esa actividad han sido explícitos: los pueblos afectados manifiestan un rechazo casi unánime tanto a la minería ilegal como a la megaminería, denunciando su impacto sobre el territorio, la autonomía, el medio ambiente y las fuentes hídricas. Ese rechazo se inscribe en un cuadro nacional inquietante: para 2016, Colombia registraba 122 de los 1.951 conflictos ambientales reportados globalmente en el Atlas de Justicia Ambiental, lo que la ubicaba como el segundo país del mundo en ese conteo, apenas detrás de India. En el Bajo Cauca, cada retroexcavadora sobre una ciénaga es un conflicto ambiental en curso.
La víctima como archivo
Ningún relato del Bajo Cauca se sostiene sin sus víctimas. Los Urabeños y otras estructuras han sido señalados de manera reiterada como responsables de homicidios, desplazamiento forzado y trata de personas en la subregión. En Caucasia, la Mesa Departamental de Víctimas ha sido uno de los espacios donde ese archivo doloroso se organiza, articulada con instancias académicas y estatales en ejercicios de memoria que buscan que los nombres no se pierdan. La labor no es menor en un territorio donde la impunidad ha sido la regla y donde los liderazgos sociales han sido asesinados con una frecuencia que la estadística nacional sigue registrando.
La memoria de la UP —los concejales, los boticarios, los campesinos de Puerto Valdivia y Segovia— coexiste hoy con la de los mineros artesanales asesinados por negarse a pagar la vacuna, la de los jóvenes desaparecidos entre disputas de rutas, la de las mujeres víctimas de trata en los cascos urbanos que crecieron demasiado rápido. Esa acumulación de duelos es también una forma del territorio.
Herencia y presente
Cinco siglos después de la fundación de Cáceres, el Bajo Cauca sigue siendo un lugar donde el oro determina la vida material y donde el Estado llega tarde. La continuidad no es azarosa. La lógica extractiva colonial —extraer, agotar, abandonar— sentó las condiciones de posibilidad de todo lo que vino después: poblamiento efímero, ausencia institucional, dependencia estructural de un solo recurso, incapacidad para retener las rentas generadas. Sobre ese sustrato se depositó la colonización tardía del siglo XX, con su mosaico social sin clase dominante propia. Y sobre ese mosaico se articuló la captura armada del corredor por bloques paramilitares primero y por sus herederos después, aprovechando una geografía de cuatro fronteras departamentales sin control estatal efectivo.
Ninguna de esas tres capas basta por sí sola para explicar el presente. El extractivismo colonial no era destino ineludible; sin el Nudo de Paramillo como nodo de corredores y sin la irrupción específica de estructuras armadas en el último tercio del siglo XX, el rezago no habría derivado necesariamente en captura criminal. Pero tampoco puede leerse el conflicto contemporáneo como accidente geopolítico desprendido de su historia larga: sin la fragilidad institucional acumulada, sin la dependencia del oro, sin el poblamiento tardío y sin la ausencia de una élite regional con proyecto propio, los actores armados no habrían encontrado el terreno tan disponible.
Queda, bajo todo eso, una historia menos visible que también es del Bajo Cauca. La de los zenúes que domesticaron las inundaciones. La de las mujeres afrodescendientes que sostuvieron con la batea la cuarta parte de las exportaciones de oro de Antioquia en el siglo XIX. La de los colonos que llegaron por la troncal y fundaron veredas donde antes solo había monte. La de las Mesas de Víctimas que hoy insisten en recordar. Esa historia paralela, hecha desde abajo, es la que ha sobrevivido a cada ciclo de bonanza y colapso. En la tensión entre el enclave que se agota y la comunidad que persiste se escribe, todavía hoy, el porvenir del Bajo Cauca.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 53 fragmentos01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 371 cita
[1]y el Bajo Atrato chocoano 37. El paisaje antioqueño que parece haberse fijado en la imaginación de los colom- bianos –y de los propios antioqueños de las subregiones del centro– es el andino, pues al departamento lo cruzan dos ramales de los Andes de paso hacia su destino final al norte de Colombia, en la región…
p. 37
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 942 citas
[2]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
[3]de comunicación y los ejes de poblamiento fundamentales desde el período precolombino. Tiene dos partes consti- tuyentes que se diferencian mucho entre sí: el alto Sinú, montañoso, y el bajo Sinú, río de plani- cie. El primero arranca desde los múltiples afluen- A | Los ríos colombianos El Cauca recorre de sur a norte…
p. 94
03Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[4]con los bloques Héroes de Tolová, Córdoba o Sinú, Mineros y Bananero. El nudo de paramillo fue clave para la estabilización del paramilitarismo debido a la presencia de economías ilegales en la zona y a las ventajas para su comer- cialización entre Antioquia, Córdoba, Chocó y Bolívar, lo que permitió la financiación…
p. 72
04Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 1051 cita
[5]rritorios de Tolima y Antioquia, y el segundo, entre los de Cundinamarca y Boyacá. De aquí se extiende a lo largo del Magdalena hasta el Banco, punto inmediato a la línea divisoria entre los de Antioquia y Bolívar, a la izquierda, y Santander y Magdalena, a la derecha. En esta distancia queda comprendido, al…
p. 105
05El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 27, 302 citas
[6](Centro Administrativo y de Servicio Regional) de Antioquia, categoría que le permitía al municipio disponer de la infraestructura suficiente para atender la demanda de servicios educativos y de salud para la subregión (Gobernación de Antioquia, 1981). La puesta en funcionamiento de la troncal a la costa afectó el…
p. 30
[34]son aspectos destacados en tanto este Bloque interactuó con estas organizaciones, sus aliados y otros supuestos simpatizantes mediante la confrontación bélica y estrategias de vio- lencia selectiva y de extermino social. El auge del narcotráfico y los grupos irregulares que controlaron esta economía son temas de…
p. 27
06Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2981 cita
[7]pasará la carretera Medellín-Sonsón-Bogotá, que vinculará el suroeste antioqueño a la economía del puerto. Tiene un clima entre húmedo y semihúmedo. En la actualidad, con el Ferrocarril del Atlántico, de- jó de ser puerto fluvial final y se ha convertido en un centro agrícola y ganadero. 3.3.5 El departamento de…
p. 298
07En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 971 cita
[8]Antioquia: Yondó, Valdivia, Cáceres, Caucasia y Tarazá; en Bolívar: Arenal, El Pe- ñón, Montecristo, Morales, Regidor, Río Viejo, San Pablo, Santa Rosa del Sur, Simití, San Martín de Loba, Tiquisio, Achí y Can- tagallo; en Cesar: Aguachica, Gamarra, La Gloria, San Alberto y San Martín; en Norte de Santander: La…
p. 97
08Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 181 cita
[9]d el territorio que hoy conforma lepartamen Antioquia estaba ocupado por numerosos grupos indigenas, en su mayor p: caribes, entre los cuales podemos citar a los catio, embera, cuna, uraba y zen en la parte occidental y noroccidental (cuenca del Atrato y alto Sinu); los nutaba en la zona central; los tahami hacia el…
p. 18
09Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 351 cita
[10]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…
p. 35
10The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1481 cita
[11]If any children were born, they were reared with much care until their reached the age of twelve or thirteen, and, being then plump and healthy, these caciques ate them with much appetite, not considering that they were of their own flesh and blood. (Ibid., 50) The Indians in Antioquia were followed by a powerful…
p. 148
11Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
[12]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
12Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 611 cita
[13]tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…
p. 61
13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 72, 782 citas
[14]pocas ocasiones alcanzaron a convertirse en ciudades. En Antioquia, por ejemplo, a fines del siglo xvi, el descubrimiento de los ricos sedimentos del río Nechí pro- vocó el rápido desplazamiento de casi todos los mineros que se encontraban en Buriticá. En muy pocos años fun- daron Cáceres, Zaragoza y Guamocó. El…
p. 72
[26]conocimientos especialmente valo- rados por los amos eran los de los carpinteros, las parteras y los curanderos de picaduras de víboras. Las cuadrillas mineras llegaron a estar conformadas hasta por varios cientos de esclavos, aunque lo normal era que el tamaño de una cuadrilla oscilara entre los 50 y los 200…
p. 78
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 118, 1202 citas
[15]más allá del núcleo inicial del Nuevo Reino se ejercía mediante jueces de comisión, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y sólo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de…
p. 118
[23]accesible de los veneros, con- denaba de nuevo al aislamiento a regiones ente- ras y anulaba todos los esfuerzos anteriores. El hallazgo repetido de yacimientos impuso tam- bién un ritmo de desarrollo desigual que acen- tuaban la ausencia de comunicaciones y la im- posibilidad de imponer patrones políticos uni-…
p. 120
15Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 289, 3602 citas
[16]al conquistador como empresario. Él no conocía una especialización que lo confinara dentro de una actividad eco nómico-profesional demasiado rígida. Con una encomienda disponía de mano de obra que podía dedicar indiferentemente a las labores agrícolas o la minería. La producción agrícola lo inducía a un comercio muy…
p. 289
[21]camero. Bogotá, 195, p. 255. 3 4 4 H i s t o r i a e c o n ó m ic a y social i Con todo, se apresuraba a agregar, estos conflictos no afectaban sino los estratos más altos del poder y... esto no topaba con los naturales ni con el común. El siglo XVI bien merecía llamarse dorado pues... el trato y comercio estaba en su…
p. 360
16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 88, 932 citas
[17]que, a partir de 1608, m uchos m ineros prefirieron explotar las m ás novedosas y m ejor em p la zadas m inas de G uam ocó. Sin em bargo, ya en 1660 los depósitos de G uam ocó y Z aragoza estaban agotados. Según las estadísticas oficiales de acuñación, en 1630 los distritos antioqueños p roducían la m itad de lo que…
p. 88
[20]a la edad adulta. En el siglo xviii, la actividad del lavado de oro de los distritos chocoanos y otros lugares a lo largo de la costa pacífica em pezó a tener un refuerzo en las áreas m ineras recientem ente abiertas en A ntioquia. A m ediados del siglo xvii, la producción había decaído en los distritos iniciales de A…
p. 93
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 641 cita
[18]entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…
p. 64
18Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2271 cita
[19]en los dos decenios de 1590-1610. En adelante la producci ó n tiende a contraerse hasta entrar en una crisis que abarca una buena parte del siglo xvii. Hacia 1680 se observa un repunte (para el dis trito de Popay á n; posiblemente tambi é n para Antioquia) que se va afirmando en los primeros decenios del siglo xvm.…
p. 227
19Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 81, 4552 citas
[22]y es la región ecuatorial que cierra el paso al mar por el occidente. En las crónicas de la Conquista, empero, hay muchos pasajes que dan otra idea, como este, de 82 Línd Odince Vrdsíta pero que desaparecieron con increíble rapidez al entrar en contacto con los conquistadores. Por un momento la selva volvió a cubrir…
p. 81
[30]Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…
p. 455
20Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3481 cita
[24]de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…
p. 348
21Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2911 cita
[25]nacional. Sin embargo, la crisis de la minería durante la primera mitad del siglo fue bastante duradera y el volumen de producción del país probablemente no alcanzó los niveles de los últimos años coloniales hasta bien avanzada la década de los setenta. El principal rasgo de la expansión de la minería antioqueña fue…
p. 291
22La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 501 cita
[27]una planta mo- derna de cianuración, y la mina se conectó con Yarumal por una carretera de treinta y cinco millas; pero se clausuró en 1946 porque se extinguieron los minerales. CUADRO 4 PRINCIPALES COMPAÑÍAS DE MINAS DE ORO EN ANTIOQUIA EN 1944 (A) PRODUCCIÓN NOMBRE NACIONALIDAD MÉTODO UBICACIÓN APROXIMADA EN ONZAS…
p. 50
23Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3461 cita
[28]jornales implicó un mercado amplio y propicio, que sirvió de base para que en la región surgiera una industria productora de bienes de consumo. En síntesis, la producción de oro en Antioquia creó condiciones propicias para que con otros elementos se diera una industria. El mercado se amplió, se adquirieron…
p. 346
24La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 451 cita
[29]ese aliento que los anima, ese perenne anhelar que los mueve y agita. Todos ellos miran el perfil lejano de las montañas como índice de campos abiertos para su acti- vidad creadora, como señal que anuncia oro y riqueza en las tierras que demoran detrás de los ponientes. Los con- duce un viejo ardor y aunque se dicen…
p. 45
25El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 531 cita
[31]ÜTROS AGROPECUARIOS1 17,8 15,9 10,3 7,1 14,5 12,9 18,6 17,6 18,0 16,2 34,9 23,9 ÜTRos 2 1,8 4,1 14,9 6,9 8,5 8,6 7,5 14,5 12,5 8,7 8,0 15,4 TOTAL EN PESOS ORO (PROMEDIO ANUAL 3 262 3 307 6353 7394 9988 10106 13 689 15 431 12165 19154 17 216 15 542 EN MILES) 1 Incluye pieles, animales vivos, maderas, añil, caucho,…
p. 53
26Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3311 cita
[32]1918-1931 "" ~ o N.• de N.• de N.• de N.• de N.• de N.• de N.• de >-l N." de N.• de N.• de N.• de!" Municipio' hectáreas hectáreas conflictos hectáreas conflictos hectáreas conflictos "' concesiones concesiones concesiones concesiones ~ otorgadas otorgadas reportados otorgadas reportados otorgadas reportadosb ("l…
p. 331
27El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2431 cita
[33]perfiles dramáticos hacia 1920. LOCALISMO E IDENTIDAD REGIONAL La ordenación político-administrativa de la subregión cambió con fre- cuencia. Esta fluidez reflejaba más que caos o incompetencia, varias si- tuaciones de hecho: la fuerza localista de los cacicazgos municipales y la virtual inexistencia de una verdadera…
p. 243
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 871 cita
[35]los muchachos, a decirles que allá sí se pasaba bien, que allá iban a ganar plata... Muchos vecinos de allá huyeron, muchachos se fueron con ellos. Hubo una familia, ellos eran muy conocidos de mi abuelo. Tenían siete hijos. Todos los siete muchachos se fueron con la guerrilla, con el Frente 6 de Diciembre del ELN. El…
p. 87
29Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 311 cita
[36]hasta entonces empiezan a coordinarse alrededor del Clan Castaño en el sur de Córdoba, norte de Urabá y nordeste antioqueño, con intención de expandir el fenómeno a nivel nacional. Así, pasar del control mi - litar al control político, social y económico, intentan - do configurarse como un tercer actor 55 armado del…
p. 31
30Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 100, 1042 citas
[37]de la coca a través del eje fluvial del río Cauca, Nechí y las diversas salidas por los corredores hacia la costa norte (Gol - fo de Urabá), a través de Córdoba, Sucre y Bolívar, y la utilización de rutas que provee el río Magdalena. El dominio de parte de los circuitos económicos se ha dado a través de alianzas,…
p. 100
[44]excombatientes: Puerto Triunfo, Sonsón y El Prodigio, en San Luis, fue capturado por narcotráfico y por “cobrar el gramaje por la siembra de hoja de coca y producción de pasta básica, en una vasta zona que comprende municipios como San Luis, San Francisco, Sonsón, Puerto Nare y Puerto Triunfo, en Antioquia, y La…
p. 104
31La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 801 cita
[38]Sucre no registra áreas sembradas con culti- vos ilícitos, sin embargo la subregión del Golfo de Morrosquillo ha sido desde hace más de dos décadas un corredor para la salida de cocaína, que se procesa principalmente en la serranía de San Lucas al sur del departamento de Bolívar; y a su vez la pasta básica de co-…
p. 80
32Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 241, 3384 citas
[39]de homici - dios, desplazamiento forzado, trata de personas, con señalamiento frecuente de responsabilidades hacia Los Urabeños (AGC) y otras agrupaciones (Revista Semana, Restrepo Juan, 2014, agosto 9, “¿Y entonces quién manda en Urabá?”; Semanario Voz, 2014, septiem - bre 11, “Asesinado Campesino en San José de…
p. 338
[40]de homici - dios, desplazamiento forzado, trata de personas, con señalamiento frecuente de responsabilidades hacia Los Urabeños (AGC) y otras agrupaciones (Revista Semana, Restrepo Juan, 2014, agosto 9, “¿Y entonces quién manda en Urabá?”; Semanario Voz, 2014, septiem - bre 11, “Asesinado Campesino en San José de…
p. 338
[41]de la economía del narcotráfico 73. Argumen - tó el mutuo reforzamiento entre estos dos fenómenos: mientras las bandas no sean golpeadas en forma contunden - te, el narcotráfico seguirá reproduciéndose y, a su turno, este 73- Tales escenarios hacían referencia al suroccidente de Caquetá y occidente de Putu - mayo;…
p. 241
[42]de la economía del narcotráfico 73. Argumen - tó el mutuo reforzamiento entre estos dos fenómenos: mientras las bandas no sean golpeadas en forma contunden - te, el narcotráfico seguirá reproduciéndose y, a su turno, este 73- Tales escenarios hacían referencia al suroccidente de Caquetá y occidente de Putu - mayo;…
p. 241
33Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 1651 cita
[43]y metió gente, y me… hizo túneles, y piso estable, y todo. Y de ahí sacaron las mi- nas, de ahí, de ahí sacaron… comenzaron a sacar oro. Pero las autodefensas ya estaban ahí, pero las autodefensas no habían… no estaba en el negocio, porque no habían visto nada. Cuando ellos se dan cuenta que hay una finca minera que…
p. 165
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1911 cita
[45]11.515 víctimas. Suárez, Corinto, Miranda, Buenos Aires y Caloto fueron los municipios más afectados. Por otro lado, según los datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), en el norte del Cauca se han presentado trece masacres entre 2016 y mediados de 2021 que han…
p. 191
35Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 582 citas
[46]tores públicos o privados generan impactos sobre el medio ambiente que afectan de manera negativa a otros actores sociales. Este tipo de actividades genera lo que se denomina conflictos ambientales. De acuerdo con Temper et al. (2015), los conflictos ambientales se definen como movilizaciones en contra de los impactos…
p. 58
[47]tores públicos o privados generan impactos sobre el medio ambiente que afectan de manera negativa a otros actores sociales. Este tipo de actividades genera lo que se denomina conflictos ambientales. De acuerdo con Temper et al. (2015), los conflictos ambientales se definen como movilizaciones en contra de los impactos…
p. 58
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1821 cita
[48]que se asignarán, previa convocatoria estatal, al mejor postor 512. Así las cosas, para el año 2018 la solicitud de títulos mineros en la región aumentó. La Agencia Nacional Minera (ANM), reportó 188 títulos, que corresponden a 122.571,49 hectáreas y «las solicitudes mineras alcanzaron un número total de 527 con una…
p. 182
37Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 3881 cita
[49]y visibilizado a través de iniciativas que reconstruyen hechos, denuncian atropellos y los preservan en me- dios escritos. Es de destacar la reconstrucción de la masacre del 11 de noviembre que realizó la Sección Colombia de la Liga Inter- nacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos en 1990 y que se…
p. 388
38¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 191 cita
[50]2012), 150. 44. Sobre el surgimiento de estas organizaciones veáse capítulo 2. 51 Una guerra prolongada y degradada. Dimensiones y modalidades de violencia Entre los casos emblemáticos de masacres perpetradas contra territorios y militantes de la izquierda se cuentan: las masacres de Honduras y La Negra (Urabá,…
p. 19
39El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 2182 citas
[51](Noche y Niebla, 2005, página 34) El 16 de diciembre de 1989 paramilitares del MRN, algunos con uniformes azules, llegaron al corregimiento Puerto Valdivia en el municipio de Valdi- via, Antioquia, entraron a la heladería Tairona y les ordenaron a las personas que se encontraban en la tienda alejarse de las mesas y…
p. 218
[52](Noche y Niebla, 2005, página 34) El 16 de diciembre de 1989 paramilitares del MRN, algunos con uniformes azules, llegaron al corregimiento Puerto Valdivia en el municipio de Valdi- via, Antioquia, entraron a la heladería Tairona y les ordenaron a las personas que se encontraban en la tienda alejarse de las mesas y…
p. 218
40Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 951 cita
[53]seminario, tales como: Observatorio de Seguridad Humana, grupo de investigación adscrito a la Universidad de Antioquia; docentes de las universidades Autónoma Latinoamericana y Remington; la Unidad Municipal de Víctimas; Instituto Popular de Capacitación; el Museo Casa de la Memoria, el Programa Preparémonos para la…
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