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Una historia del territorio

Cimitarra

Cimitarra es un municipio cuya historia no puede leerse sin entender la paradoja estructural de la frontera agraria colombiana: los colonos que abrieron sus selvas a lo largo del siglo XX nunca consolidaron la propiedad de la tierra que desmontaron,…

18 min de lectura38 fuentes

En el corazón del Magdalena Medio santandereano, allí donde las estribaciones orientales de la cordillera se abren hacia la llanura del río grande, Cimitarra es uno de esos municipios en los que la historia colombiana del siglo XX puede leerse en pequeño. Frontera agraria hecha por colonos que huían de la guerra o buscaban tierra, corredor estratégico entre el altiplano andino y el río Magdalena, epicentro temprano del paramilitarismo, territorio disputado por casi todas las guerrillas y ejércitos irregulares que han operado en Colombia. En su geografía y en su historia se concentra el mismo problema irresuelto que atraviesa al país: la propiedad de la tierra y la ausencia de un Estado capaz de arbitrarla. Toma su nombre del río Cimitarra, afluente de la margen derecha del Magdalena en su tramo medio, y pertenece a una región cuya identidad se forjó, más que en ninguna otra, en la dinámica de los conflictos sociales al margen del bipartidismo.

Un municipio que es también una región

Cimitarra ocupa un lugar en la subregión sur del Magdalena Medio, aquella cuyos centros económicos más importantes son La Dorada y Puerto Boyacá, caracterizada desde temprano por el predominio del latifundio ganadero, la alta inversión privada, la explotación minera y las migraciones venidas de la región andina. Ganado grande, inversión concentrada, colonos del interior: la fórmula describe con precisión el paisaje social del municipio.

El Magdalena Medio es una franja de aproximadamente 386 kilómetros del río entre las cordilleras Oriental y Central, conformada por municipios de siete departamentos: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Magdalena y Santander. No es una división administrativa, sino una realidad geográfica y humana: una tierra caliente, selvática en su origen, donde el río fue durante siglos el único camino verdadero y donde los afluentes de su margen derecha —La Miel, Opón, Lebrija, Nare, Carare, Sogamoso y el propio Cimitarra— fijaron las rutas de penetración hacia el interior andino.

La posición del municipio dentro de la infraestructura vial regional es reveladora. Cimitarra se encuentra sobre la vía Medellín–Puerto Berrío–Cimitarra–Landázuri–Vélez–Tunja, la carretera que atraviesa longitudinalmente el Magdalena Medio y conecta el corazón antioqueño con el altiplano boyacense-cundinamarqués. Esa condición de bisagra —entre Antioquia y Santander, entre el río y la montaña, entre la selva húmeda y el altiplano frío— explica su larga historia de tránsito, colonización y disputa.

Latora, los Yariguíes y las selvas del martirio

Cuando en 1536 la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada remontó el Magdalena y llegó al poblado indígena de Latora —el sitio donde hoy se levanta Barrancabermeja—, los españoles descubrieron una región que iba a resistir la conquista con tenacidad excepcional. Los pueblos Yariguíes, Carares y Opones habitaban las selvas ribereñas y las estribaciones cordilleranas; la tradición los recuerda como grandes guerreros, aunque esa memoria pertenece más a las leyendas que alimentan la identidad regional que a una descripción etnográfica. Sus acciones bélicas respondían a la defensa de sus territorios y sementeras frente a un colonizador que arrasaba con todo.

Lucas Fernández de Piedrahita, cronista del siglo XVII, describió las enormes dificultades del primer tránsito español por las selvas próximas a la Tora: la naturaleza del lugar, escribió, parecía dispuesta para el martirio de los europeos. La densidad de la vegetación, el clima insalubre, los ríos crecidos y la hostilidad de los pueblos que defendían sus tierras hicieron del Magdalena Medio una de las regiones más impenetrables de la Nueva Granada. Las exploraciones del siglo XVI por el Valle del Magdalena solo causaron pérdidas cuantiosas sin lograr establecer linderos definitivos con las tribus belicosas que lo poblaban y que rodeaban de lejos las zonas ya sometidas del altiplano.

El resultado fue que, durante casi tres siglos, la región quedó al margen de la colonización efectiva. Los pueblos ribereños vivieron a la espera de caminos que rara vez se abrían. En la boca del Carare —afluente que desemboca en la orilla derecha del Magdalena y desde el cual se accedía al interior andino— se asentó desde temprano una población que durante siglos esperó la apertura de un camino hacia el interior. Ese camino, cuando finalmente existió en forma estable, unía el río Carare con la ciudad de Vélez a lo largo de 20 leguas, y a mediados del siglo XIX fue una de las cuatro vías principales que comunicaban el interior andino con el río Magdalena, junto con las de Barrancabermeja, Puerto Nacional y Honda.

El despoblamiento indígena fue devastador. En la región del Opón-Carare, la población habría pasado de unos 15.000 individuos en 1860 a apenas dos docenas en 1925, un colapso demográfico que se atribuye principalmente a los quineros y cazadores que penetraron las selvas en busca de recursos. En 1924, El Tiempo reseñó una masacre de indígenas en el Opón perpetrada por una compañía de colonización: un episodio que confirma que la desaparición de los Yariguíes y sus pueblos vecinos no fue solo enfermedad y hambre, sino también violencia directa.

La segunda fundación: colonos, caminos y siglo XX

Cimitarra, como tantos municipios del Magdalena Medio, no tiene una fecha fundacional que ordene su historia como una biografía. Fue, más bien, un proceso: un asentamiento que se fue consolidando a lo largo del primer tercio del siglo XX a medida que campesinos venidos del interior andino descendían por los caminos de arriería hacia las tierras calientes que los indígenas ya no defendían.

Los mapas del territorio del Magdalena Medio aparecieron de manera contemporánea al despoblamiento indígena y a la colonización campesina. Uno y otro proceso caminan juntos: los Yariguíes desaparecen del paisaje y, en el mismo movimiento, llegan los colonos con hachas y machetes. Hacia 1920-1930, la región del Magdalena Medio santandereano contaba con unos 100.000 habitantes, cifra que da la medida del ritmo con que la frontera se estaba llenando.

Los caminos de arriería que a mediados del siglo XIX conectaban los puertos del Magdalena con Vélez, Socorro, Ocaña y Bogotá fueron los ejes de esa colonización. Por ellos bajaron los primeros colonos y por ellos se sacaron los primeros productos. Cimitarra, situada sobre la ruta que unía Puerto Berrío con Vélez, se consolidó como uno de los nudos de esa red. Su vocación fue desde el inicio doble: pueblo de tránsito y pueblo de frontera agraria.

La segunda gran oleada de colonización llegó con La Violencia de los años cincuenta. Campesinos que escapaban de la persecución del Estado y de las fuerzas conservadoras —muchos procedentes de regiones como El Pato, Riochiquito y Marquetalia— buscaron refugio en zonas periféricas donde el Estado tenía presencia mínima. El Magdalena Medio, y Cimitarra dentro de él, recibió a parte de esos desplazados. Algunos venían de las llamadas repúblicas independientes: los enclaves campesinos armados que en los años cincuenta y sesenta desafiaron al Estado en el sur del Tolima, el Huila y el sur del Meta. Traían consigo una cultura política forjada en la resistencia, aunque en Cimitarra no existía todavía una organización comunista local que los acogiera.

La cuestión agraria: mejoras, latifundios y ausencia del Estado

La colonización campesina de mediados del siglo XX no produjo pequeños propietarios estables. Los estudios del INCORA en los años sesenta permitieron concluir, según Alfredo Molano, que el problema de la concentración de la tierra estaba vinculado a los propios procesos de colonización. Es la paradoja estructural del Magdalena Medio y de Cimitarra: los colonos abrían la selva, hacían las mejoras —desmonte, siembra, cercas, casas— y esas mejoras terminaban en manos de ganaderos o comerciantes. El colono se movía otra vez hacia adentro, hacia una nueva frontera, mientras la tierra que había desmontado engrosaba un latifundio ganadero.

En las zonas de colonización del Magdalena Medio, el Sarare, el Ariari, el piedemonte llanero y el Caquetá, la economía de frontera —centrada en la extracción de recursos— estuvo muy ligada a la ganadería y al latifundio. A diferencia de departamentos como Amazonas y Putumayo, donde predominaron la quina y el caucho, aquí lo que estructuró la propiedad fue el ganado. Y la ganadería extensiva es voraz con la tierra: exige hectáreas, no manos.

El Estado, durante todo ese proceso, estuvo ausente como árbitro. Su presencia en el Magdalena Medio se redujo prácticamente al ámbito militar. Cuando el conflicto entre terratenientes y campesinos por la tenencia de la tierra escaló, no hubo jueces ni títulos ni oficinas capaces de contenerlo: degeneró en violencia y abrió la puerta a que organizaciones irregulares intervinieran en los conflictos por la propiedad. Ese es el mecanismo que explica por qué Cimitarra fue, décadas después, uno de los epicentros del paramilitarismo colombiano: no era una anomalía, era la consecuencia lógica de una frontera agraria sin ley.

A ello se suma que la región es rica en subsuelo. Los yacimientos de carbón, gas y esmeraldas —a los que hay que sumar el petróleo que dio nombre a Barrancabermeja— añadieron una dimensión estratégica energética y minera a la disputa por el territorio. La tierra en Cimitarra no era solo pasto: era también corredor de rutas, era ganadería, era proximidad a los enclaves petroleros del río y sería, más tarde, ruta de coca.

Las guerrillas entran al río

La penetración de las FARC en el Magdalena Medio comenzó a finales de los años sesenta y se consolidó a lo largo de los setenta. En la zona de Cimitarra, antes de la llegada de la guerrilla, no existía organización comunista local, aunque algunos colonos venían de las repúblicas independientes que Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, había defendido en el sur. Cuando el Frente 23 de las FARC-EP se estableció en la región, el Partido Comunista ganó influencia entre los campesinos, apoyándose en las mismas redes de colonos que traían memoria de lucha.

El Ejército de Liberación Nacional, por su parte, había hecho del Magdalena Medio uno de sus territorios fundacionales desde mediados de los sesenta. En el corredor que va de Cimitarra a Landázuri, La Belleza, El Peñón, Sucre y Bolívar operó el Frente Guillermo Antonio Vásquez Bernal del ELN, coincidiendo geográficamente con el Frente 23 de las FARC. Ambas guerrillas transitaron durante décadas la misma zona, una situación que en otras regiones del país habría producido enfrentamientos directos y que aquí, sobre todo entre 2007 y 2016, se resolvió en una coexistencia territorial cuyos términos exactos —alianzas, acuerdos tácitos, simple evasión mutua— quedan en la penumbra.

La identidad política del Magdalena Medio se forjó en esa dinámica de conflicto al margen del bipartidismo. Con la excepción de La Dorada y Puerto Salgar, donde liberales y conservadores conservaron peso, en el resto de la región la movilización social se desplegó por fuera de los partidos tradicionales. Los sindicatos petroleros de Barrancabermeja, las guerrillas del Carare y el Opón, las ligas campesinas y, más tarde, la Unión Patriótica ocuparon el espacio que en otras regiones del país llenaban las maquinarias liberal y conservadora.

1983: el año en que Cimitarra entra al mapa del horror

El paramilitarismo colombiano tuvo su punto de partida en el Magdalena Medio y en Antioquia. Nació como estrategia contrainsurgente —del Estado, de las Fuerzas Armadas, de élites regionales aliadas con el naciente narcotráfico— antes de extenderse al litoral caribeño y a otras regiones del país. Cimitarra estuvo en el epicentro geográfico y cronológico de ese nacimiento.

En 1983, el municipio registró 90 homicidios atribuidos a grupos paramilitares. Esa cifra representaba el 40 por ciento de los 227 homicidios registrados ese año en los municipios del Magdalena Medio: casi la mitad del horror regional se concentró en un solo municipio. La vereda Vuelta Acuña fue la más afectada, con 26 homicidios, la mayor cifra entre las veredas cimitarreñas. En una sola vereda, en un solo año, murieron asesinadas más personas de las que caben en la memoria pública de la mayoría de las masacres colombianas.

Los grupos que ejecutaron esa violencia eran el embrión del paramilitarismo que se consolidaría en los años siguientes. El grupo de Ramón María Isaza Arango, nacido en 1977 en la orilla del Magdalena Medio caldense, fue cooptado por Henry Pérez a partir de 1983 —el mismo año de la matanza en Cimitarra— y desde entonces creció bajo el paraguas de las llamadas Autodefensas de Puerto Boyacá. Ese grupo, comandado por Pérez desde Puerto Boyacá, se convirtió en la matriz del paramilitarismo colombiano: de allí salieron los cuadros, la doctrina y, más tarde, buena parte de la estructura financiera de las Autodefensas Unidas de Colombia que Carlos Castaño ayudaría a articular en los noventa.

Cimitarra pertenecía al radio de acción inmediato de Puerto Boyacá. En términos operativos, era el flanco santandereano del proyecto contrainsurgente que se cocinaba en la orilla boyacense del río.

La dirigencia de la izquierda del municipio fue exterminada o desterrada. Entre 1984 y 1991 se registraron dos víctimas de la Unión Patriótica en Cimitarra, cifra pequeña en apariencia pero enorme cuando se considera que el municipio nunca fue un bastión electoral de la UP, y que su exterminio local fue parte de una operación mayor: el genocidio de la Unión Patriótica se coordinó desde Puerto Boyacá hacia las regiones donde ese partido tenía presencia —Urabá, los Llanos Orientales, el Nordeste Antioqueño—, y Cimitarra fue una de las plazas donde la coordinación operó con eficiencia asesina. Los líderes que sobrevivieron partieron al exilio interior o al extranjero. Otros, como el abogado y defensor de derechos humanos Josué Giraldo, dirigente de la UP en el Meta, cayeron como parte del mismo plan nacional que en Cimitarra había hecho estragos años antes.

La violencia no venía solo de los paramilitares. La ciudadanía campesina de La India y de Cimitarra vivía en zozobra constante por la presencia simultánea de paramilitares, Ejército y guerrillas, y las tres fuerzas ejercían torturas y hostigamientos. El campesino no tenía dónde refugiarse: si hablaba con la guerrilla lo mataban los paramilitares, si hablaba con el Ejército lo mataban las guerrillas, si no hablaba con nadie sospechaban todos. Los líderes campesinos eran señalados por el Estado y por la fuerza pública como voceros de la guerrilla, apéndices de la subversión o idiotas útiles, y ese señalamiento se traducía en muertes selectivas, masacres, operativos militares y paramilitares contra caseríos, y quemas y saqueos de sedes cooperativas.

Los éxodos y la neutralidad como estrategia

El Magdalena Medio fue, entre 1980 y 1988, una de las tres regiones con mayor número de población expulsada por desplazamiento forzado en Colombia. Junto con Urabá y el Alto Sinú y San Jorge, concentró más de la mitad de los éxodos registrados en esos años. La coincidencia geográfica es exacta: las mismas regiones donde nacía el paramilitarismo, donde florecía el narcotráfico y donde los conflictos por la tierra estaban sin resolver, eran las que expulsaban a la gente.

Cimitarra fue, en esa dinámica, uno de los municipios santandereanos más afectados. Entre 1980 y 1995, investigadores del CINEP registraron una alta concentración de acciones campesinas de protesta y de éxodos campesinos en el municipio. La respuesta social a la violencia no fue solo huir: fue también organizarse.

En 1987, en el corregimiento de La India —que entonces pertenecía a Cimitarra antes de la creación del municipio de Landázuri— nació la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare, la ATCC. Frente a la presencia simultánea de paramilitares, Ejército y guerrillas, los campesinos del Carare instauraron la neutralidad activa como principio de organización social. No como pasividad ni como equidistancia moral, sino como una posición política: negarse a ser parte de ningún ejército, exigir que los tres respetaran a la población civil, y desarrollar estratagemas individuales y colectivas de refugio y de subterfugio para escapar al control armado. La ATCC fue una invención campesina que se adelantó en años a las comunidades de paz que la doctrina internacional formalizaría después.

Ese mismo año, Cimitarra vio pasar la marcha de la solidaridad, una de las expresiones de un ciclo más amplio de movilización campesina en el Magdalena Medio: foros por los derechos humanos, marchas del silencio, manifestaciones campesinas, paros por el derecho a la vida. Los campesinos del río descubrieron, en medio del asedio, que la resistencia civil podía ser un lenguaje.

La Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra

En diciembre de 2002 se constituyó la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra, una figura jurídica creada en Colombia a mediados de los años noventa para controlar la dinámica de acumulación de tierras en zonas de colonización y articular el ordenamiento agrario con la formalización de títulos y la planificación rural.

Las primeras Zonas de Reserva Campesina constituidas como proyecto piloto con financiación del Banco Mundial fueron las de El Pato, en Caquetá; Calamar, en Guaviare; y Cabrera, en Cundinamarca. La ZRC del Valle del Río Cimitarra, ubicada ya en el Magdalena Medio, se sumó a esa figura como uno de los intentos más ambiciosos de aplicarla en un territorio marcado por la disputa armada.

La Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra, la ACVC, fue el actor central del proceso. Reivindicó la dignidad de la vida campesina, la sustitución de cultivos de uso ilícito y la defensa integral de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, ambientales y culturales. La ZRC era, en esa lectura, mucho más que una figura de ordenamiento: era el intento de resolver por vía organizativa y jurídica lo que ni el mercado ni el Estado ni las armas habían resuelto en Cimitarra en un siglo de colonización.

La respuesta institucional y armada fue previsible. La ACVC denunció que el Estado y el establecimiento calificaron a los campesinos organizados como radicales, voceros de la guerrilla e idiotas útiles. Los mismos señalamientos que en los ochenta habían precedido a los 90 homicidios de 1983 se repetían dos décadas después contra quienes intentaban dar salida jurídica al problema agrario. Muertes selectivas, masacres, operativos y quemas de sedes cooperativas volvieron a ser el precio de la organización.

La desmovilización que no fue: 2006 y después

El 28 de enero de 2006, en la vereda Marfil de Puerto Boyacá, se desmovilizaron las Autodefensas de Puerto Boyacá, el bloque paramilitar que había tenido su epicentro operativo en la orilla boyacense del Magdalena Medio y cuyo radio de acción incluía a Cimitarra. Pocos meses antes se había desmovilizado también el Bloque Magdalena Medio de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio de Ramón Isaza, aquel grupo nacido en 1977 y recompuesto a partir de 1994 primero como Autodefensas de Ramón Isaza, luego en 1998 como ACMM y desde 2000 con la denominación poco usada de Bloque Magdalena Medio.

En Cimitarra se presentó una dinámica similar a la de Puerto Boyacá, en un contexto marcado además por el auge de los cultivos de uso ilícito entre 2004 y 2008. La desmovilización, sin embargo, fue más un cambio de nombre que un desmonte real. Los mandos medios, las estructuras armadas, las rentas del narcotráfico y las redes de control social sobrevivieron y se reciclaron en los llamados grupos armados organizados posdesmovilización.

Entre 2009 y 2010 operó en Cimitarra y los municipios aledaños Alberto Giraldo Gómez, alias Don Alonso, un desmovilizado de las AUC rearmado. Tras su muerte, su grupo fue cooptado por Los Botalones, una estructura que en alianza con Los Rastrojos controlaba parte del negocio del narcotráfico y tenía presencia en Puerto Boyacá, Cimitarra, Landázuri, El Peñón, Bolívar y La Belleza, y que buscaba expandirse hacia El Carmen, San Vicente de Chucurí, Simacota y Puerto Parra. En paralelo, Los Urabeños —el llamado Clan del Golfo— irrumpieron en Puerto Berrío causando un elevado número de homicidios y ataques contra la población civil, e intentaron expandirse hacia Cimitarra, Landázuri y Puerto Boyacá.

La disputa entre Los Botalones y Los Urabeños entre 2009 y 2011 configuró la nueva geografía del conflicto en el Magdalena Medio santandereano. Ya no eran los grupos originarios de las Autodefensas de Puerto Boyacá que había dirigido Henry Pérez —ni tampoco los de Ramón Isaza en el Magdalena Medio caldense—, sino sus herederos reciclados, más pequeños, más fragmentados, más ligados al narcotráfico y menos al proyecto contrainsurgente ideológico que había marcado los ochenta. Pero la violencia contra la población civil —desapariciones forzadas, amenazas, asesinatos selectivos— siguió siendo el instrumento cotidiano de su dominio territorial.

Mientras tanto, las guerrillas seguían allí. El Frente 23 de las FARC-EP y el Frente Guillermo Antonio Vásquez Bernal del ELN siguieron circulando por el corredor Cimitarra-Landázuri-La Belleza-El Peñón-Sucre-Bolívar hasta la firma del Acuerdo de La Habana en 2016 y su implementación desigual en los años siguientes.

Una geografía del problema colombiano

Cimitarra concentra, en un solo mapa municipal, casi todas las capas del conflicto colombiano contemporáneo. La colonización campesina hecha por gente que huía de la guerra —primero de La Violencia bipartidista, luego de las persecuciones políticas de los cincuenta y sesenta— produjo una frontera agraria donde el Estado nunca resolvió la tenencia. Esa vacancia jurídica fue el caldo de cultivo que permitió, primero, la expansión ganadera y latifundista sobre las mejoras del colono, y luego la entrada sucesiva de guerrillas, paramilitares y grupos posdesmovilización como poderes sustitutos que administraron —con violencia— el conflicto por la tierra que el Estado no arbitró.

Pero la violencia en Cimitarra no fue solo consecuencia de la cuestión agraria irresuelta. Tuvo también una lógica contrainsurgente propia. El paramilitarismo colombiano nació aquí como estrategia deliberada para exterminar la izquierda —la Unión Patriótica, las organizaciones campesinas, los sindicatos—, y los 90 homicidios de 1983 responden a esa lógica política tanto como a las disputas por parcelas. La tierra fue el escenario, pero la guerra fue también ideológica.

Los dos planos se retroalimentaron. La ausencia del Estado como árbitro de la propiedad convirtió el conflicto agrario en conflicto armado; pero una vez que guerrillas y paramilitares ocuparon el vacío estatal, la violencia adquirió una lógica político-militar propia —exterminio de la izquierda, control territorial del narcotráfico, disputa por rutas— que ya no se reducía a la disputa por hectáreas, aunque siguiera anclada en ella.

La ATCC en 1987 y la ACVC con la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra en 2002 son la evidencia de que los campesinos intentaron resolver por vía organizativa lo que ni el mercado ni el Estado ni las armas resolvieron. Esa capacidad de agencia —la construcción de neutralidad activa, la reivindicación de una figura jurídica de propiedad colectiva, la denuncia sistemática de los señalamientos que precedieron a los asesinatos— es tal vez el elemento que la historia de Cimitarra aporta con más fuerza al inventario del conflicto colombiano. Frente a la ausencia del Estado y la sobrepresencia de los ejércitos, los campesinos del Carare y del Cimitarra inventaron formas de resistir que no fueron ni sumisión ni armas.

Cimitarra no es un caso extremo dentro del Magdalena Medio: es su síntesis. Municipio de tránsito entre Antioquia y el altiplano, frontera agraria hecha por colonos venidos de la guerra, epicentro del paramilitarismo naciente en 1983, cuna de una de las experiencias de resistencia civil más lúcidas del país, y territorio disputado hoy por los herederos reciclados de todas las violencias anteriores. Leerlo es leer, en pequeño y con nombres propios, el problema no resuelto de la propiedad de la tierra en Colombia, y la persistencia con que ese problema —irresuelto— sigue produciendo, en la geografía de un solo municipio del Magdalena Medio, la historia entera de un país.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 38 fragmentos
01
Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 144
1 cita
[1]

La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…

p. 144
02
Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 267
1 cita
[2]

adquisición útil para el Alto Magdalena, en donde no es conocido. En esta sección principia la entrada de los grandes tri- butarios del Magdalena Central. A cosa de cinco leguas de Puerto Berrío desemboca en la orilla izquierda el San Bartolomé, río que penetra profundamente en el territorio de Antioquia, pues su…

p. 267
03
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 111
1 cita
[3]

Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…

p. 111
04
Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 120
1 cita
[4]

silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…

p. 120
05
Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 458
1 cita
[5]

quedando atrás de todo el mundo…». A mediados del siglo pasado, las distintas vías de comu- nicación al río Magdalena eran las siguientes: el camino del Carare, que unía el pequeño río del mismo nombre con la ciudad de Vélez y tenía una extensión de 20 leguas; el de Barrancabermeja, que unía el puerto de idéntico nom-…

p. 458
06
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 287, 332
2 citas
[6]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
[13]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
07
El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 287, 332
2 citas
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para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
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de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
08
Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 108
1 cita
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en la cuenca del río Magdalena se encuentran gran número de ecosistemas diferentes 291. Entre estos ecosistemas se encuentran las selvas tropicales ubicadas en las pendientes húmedas desde cerca del nivel del mar hasta 1000 metros de altitud. Estas por lo general se ubicaban en las cercanías de las orillas del río.…

p. 108
09
Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 415
1 cita
[9]

era demasiado tarde para lograr su expulsi ó n, de manera que para las espa ñ oles fueron innecesarios los cercados, fortines u otras obras m á s sofisticadas. Las exploraciones que en el siglo xvi se - MANUAL DE HISTORIA I 433 efectuaron por el Valle del Magdalena o en los Llanos Orientales s ó lo causaron sinsabores…

p. 415
10
En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 24, 119
2 citas
[10]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24
[34]

y ciudades. Hemos forzado con acciones de hecho la realización de cabildos abiertos y asambleas popula- res, hemos firmado acuerdos eternamente incumplidos por los gobiernos y el Estado colombiano. Esta posición nos ha costado mucho, pues la dignidad de la vida aquí se paga con la vida misma. El establecimiento y sus…

p. 119
11
Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 231
1 cita
[11]

misma guerrilla: ganar la confianza de los campesinos, conocer palmo a palmo el t erreno (desde la to- pografía hasta la configuración social de los vecindarios), aligerar el equipo, disminuir el tamaño de las unidade s y hacer la guerra psicológica. De 1960 a 1963 fu eron liquidadas 57 cuadrillas y 20 231 232 Marco…

p. 231
12
Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 58
1 cita
[12]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

p. 58
13
Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 88
1 cita
[15]

y Riosucio, entre otros, en donde promovió procesos exitosos de colonización y de 125 “Fallan en juicio por asalto de ‘Tirofijo’”, El Tiempo, abril 30 de 1972. La cursiva es nuestra. 126 Santrich, “La Operación Sonora”. 90 Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 invasión de tierras. La…

p. 88
14
La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 258, 265
2 citas
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Bolívar (San Pablo, Morales y Simití) y Cesar (Gamarra y San Alberto). La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia 260 en la segunda estos provinieron principalmente del Bajo Magdale- na, Bolívar y las sabanas de Sucre y Córdoba. 3 Es imprescindible señalar que el Magdalena Medio adquirió su identidad por la…

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enero de 1984 en una entrevista televisada dejó claros sus argumentos en contra del proceso de paz: consideraba que la política de paz hacía ver débil al gobierno ante la guerrilla; creía que la am- nistía la fortalecía políticamente; y criticaba al Presidente por tratar de acercarse a los guerrilleros. Restrepo y…

p. 265
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El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 16, 30
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latifundio ganadero, la alta inversión pri- vada y la explotación minera. En esta subregión, cuyos centros económicos más importantes son La Dorada y Puerto Boyacá, predominan las migraciones de la región andina. También se 9 Conferencia Episcopal Colombiana. http://www.cec.org.co/img_upload/8403bf…

p. 16
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las minas de Muzo por el río Minero. La extracción de oro se desarrolló en la quebra- da de La Corcovada. 109 Entrevista a Campesino realizada por María Teresa Acosta. Mayo de 1992. Acosta,María Teresa. Op.cit. 110 ATCC. Plan de desarrollo Corregimiento de La India. 1988. S,p. pp 1-3. 111 ATCC. Plan de desarrollo…

p. 30
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Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 154
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Líder político, provincia de Vélez. Fondo Sueco Noruego y Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra-Red Agroecológica Nacional (ACVC-RAN), «Construcción de paz y reparación colectiva. 20 años de con- flicto armado y resistencia campesina en el valle del río Cimitarra, 1996-2016», 62-102. Fondo Sueco Noruego y…

p. 154
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Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22, 37
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y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…

p. 22
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Los Urabeños entraron en la disputa de Puerto Be - rrío, causando un elevado número de homicidios (ver mapa 1) y ataques contra la población civil (El Mundo, agosto 17 de 2009). Desde este municipio estarían intentando expandirse hacia otros del Magdalena Medio santandereano, Santander (Cimi - tarra y Landázuri) y…

p. 37
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El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 103, 189
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Acuña, siendo Vuelta Acuña la vereda más afectada con 26 homicidios. A su vez, estos 90 homicidios en Cimitarra I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 105 corresponden al cuarenta por ciento de los 227 registrados en los municipios del Magdalena Medio, tuvo preponderancia la actuación del grupo paramilitar en Cimitarra,…

p. 103
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Acuña, siendo Vuelta Acuña la vereda más afectada con 26 homicidios. A su vez, estos 90 homicidios en Cimitarra I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 105 corresponden al cuarenta por ciento de los 227 registrados en los municipios del Magdalena Medio, tuvo preponderancia la actuación del grupo paramilitar en Cimitarra,…

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lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…

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lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…

p. 189
19
Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 11
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de San Juan. La tercera parte Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio da cuenta de los orígenes del grupo paramilitar de Ramón María Isaza Arango desde 1977, su cooptación por Henry Pérez a partir de 1983, su particular guerra con Pablo Escobar desde 1991 y su recomposición a partir…

p. 11
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Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 12
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[24]

hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…

p. 12
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hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…

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Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 121
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GRUPOS PARAMILITARES, 1978-2016 EL ORIGEN DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA El paramilitarismo va a surgir, al igual que la guerrilla, en enclaves bajo una importante ausencia del Estado, si bien, a diferencia de la naturaleza guerrillera, en Colombia solo se puede interpretar el paramilitarismo, no como un hecho…

p. 121
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Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 430, 519
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podía ir a Berrío porque iba a estar ocupado en la finca y envió a la casa un mercado y un dinero con un mototaxista, lo cual llegó ese mismo día, pero no se volvió a saber nada de él. A comienzos de 2012, la compañera recibió una llamada de un hombre que le manifestó que no lo esperara más, que él había recibido su…

p. 430
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en: http://www.sucre-santan- der.gov.co/informacion_general.shtml, consultado el 30 de septiembre de 2013. Asociación de Campesinos del Valle del río Cimitarra –ACVC–, (2010), “Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimita- rra”, disponible en: http://www.prensarural.org/acvc/plande- sarrollozrc.pdf, 151Pp.…

p. 519
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¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 274
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es Rosas— me dijo: “Rosas, está verraca la comisión, qué tal que nos encuentren con gusanos de a metro”. 110 5.3.1.2 Los refugios y subterfugios A lo largo de la década de 1980, la población campesina de La India y Cimitarra en el Magdalena medio, vivía en zozobra constante por la presencia continua de paramilitares,…

p. 274
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Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 150
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afectando el 60 por ciento de los mu- nicipios del territorio nacional (ver Mapa 4). Al analizar la magnitud del desplazamiento a nivel regional, tres regiones sobresalen como las mayores expulsoras y represen- tan más de la mitad de los éxodos registrados en este periodo: Urabá; Magdalena Medio; y Alto Sinú y San…

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Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 227
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de febrero de 2015, en http://www.territorioindigenaygobernanza.com/col_06.html 228 Tierras y conflictos rurales Historia, políticas agrarias y protagonistas tro, las ZRC no son más que una solución a la dinámica de acumu- lación de las zonas de colonización, que debe articularse con otras políticas como la…

p. 227
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Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 552
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cercanía a los mercados. Cuando en 1996, comenzó a explorarse la posibilidad de establecer la primera de estas reservas en el departamento del Meta, el ejército, junto con unidades paramilitares desató un gran operativo paramilitar, lo que agudizó el terror entre los pobladores y su desplazamiento de la región. A…

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Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 351
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asistencia de cerca de cuatro mil personas. Los territorios campesinos agroalimentarios se están haciendo más o menos desde por ahí finales de 2015 ya se viene trabajando en eso. No se ha avanzado mucho porque los compañeros que están en esa tarea no se han dedicado mucho a eso. Los que más nos hemos dedicado es a la…

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