Huila
“El Huila es un departamento construido sobre fricciones: entre la aridez del norte ganadero y la humedad cafetera del sur volcánico, entre el latifundio heredado de la Colonia y el minifundio de colonización, entre la periferia institucional y la…”
En el sur andino, allí donde el Magdalena todavía es joven y las cordilleras Central y Oriental se abren para dejarlo pasar, se extiende el departamento del Huila: estatuaria prehispánica en San Agustín, un semidesierto de cárcavas en la Tatacoa, cafetales de altura en el sur, arrozales bajo riego en el centro y un valle ganadero al norte que se seca hacia la meseta. Es un territorio de umbral —geográfico, económico y político— cuya historia se lee mejor como una serie de fricciones sin resolver que como una periferia. Aquí nacen dos ríos que definen a Colombia, el Magdalena y el Caquetá, en el Macizo Colombiano; aquí, cerca de Marquetalia y El Pato, se gestó buena parte del conflicto armado del siglo XX; y aquí, en las mismas décadas, se compuso el sanjuanero que hoy suena en todas las ferias del país. El Huila no produce sus propios choques en aislamiento: los recibe, los amplifica y los devuelve al resto del país transformados en cultura, en guerrilla o en movilización agraria.
Un territorio de umbral
El Huila ocupa el valle alto del Magdalena, el tramo en que el gran río, tras cruzar el estrecho de Pericongo, pierde velocidad y se explaya sobre sedimentos blandos del Terciario y del Cuaternario. Esa blandura del subsuelo, erosionada durante milenios por afluentes muy encañonados, ha modelado un paisaje de cañones profundos y superficies aparentemente secas: el agua drena a alta velocidad, se agota en superficie y deja al descubierto la zona semiestepia que domina la mitad norte del departamento. Neiva, la capital, está a 472 metros sobre el nivel del mar; hacia el norte, los suelos se dedican a la ganadería extensiva y las cordilleras flanqueantes —sobre todo la Oriental— muestran una erosión intensa. El desierto de la Tatacoa, también llamado de Las Tristezas, es la síntesis paisajística de esa condición: pocos kilómetros cuadrados de aridez cárcava al norte de Neiva, hoy convertidos en imagen turística del departamento.
Al occidente, la Cordillera Central se levanta como una pared de rocas cristalinas de 800 kilómetros de longitud, sin mesetas ni pasos por debajo de 3.300 metros. Sus cumbres son todas volcanes, y una de ellas, el Nevado del Huila, con 5.439 metros, es el pico más alto de esa cordillera. Al oriente, la Cordillera Oriental cierra el valle y, en su extremo sur, se enlaza con el Macizo Colombiano o nudo de Almaguer, el gran repartidor de aguas de Colombia: allí nacen el Magdalena y el Cauca hacia el Atlántico, el Patía hacia el Pacífico y el Caquetá hacia el Amazonas. Esta condición de nudo hidrográfico convierte al sur del Huila en un cruce funcional entre la vertiente andina y la amazónica, entre el interior y la Costa, entre el Pacífico y el Orinoco.
Dentro del propio departamento, la geografía impone un dato peculiar: la región de Tierradentro, aunque pertenece administrativamente al Cauca, funciona como una cuña triangular que penetra en el costado occidental del Huila. Su base es la parte más abrupta de la Cordillera Central, entre el volcán del Puracé y el Nevado del Huila, y su acceso natural —dada la aspereza de esos terrenos— no es desde el Cauca sino desde el Huila. El llamado "Tacón del Cauca" ha ido integrándose funcionalmente al Huila mediante carreteras como la de Pitalito a Santa Rosa: un ejemplo de cómo la geografía, cuando el trazado político la ignora, termina imponiendo sus propias redes.
Los pueblos de piedra
Mucho antes de que existieran departamentos o virreinatos, en la cuenca alta del Magdalena, alrededor de los actuales municipios de San Agustín e Isnos, floreció una de las culturas escultóricas más singulares de América. Los agustinianos, cuya cronología se extiende durante siglos hasta consolidar entre los años 500 y 700 de nuestra era una etapa monumental, dejaron más de 400 esculturas en piedra sobre un área cercana a 500 kilómetros cuadrados. El repertorio es un bestiario mitológico —felinos, monos, lagartos, serpientes, ranas, águilas, búhos— tallado junto a figuras antropomorfas donde la cabeza aparece resaltada como centro solar masculino de la inteligencia. La tercera vía, la más inquietante, es la ambigua: personas que son también jaguar o serpiente, criaturas de umbral en las que lo humano y lo animal se disuelven.
El paisaje agustiniano no es solo estatuario. Bajo el suelo hay tumbas en pozos profundos con cámara lateral, sarcófagos tallados en un solo bloque de piedra, templetes de lajas que resguardan entierros importantes; y sobre la superficie, montículos que cubren templos funerarios, terrazas, terraplenes y caminos que atraviesan la selva de altura. La densidad y monumentalidad del conjunto lo han situado entre las mayores necrópolis del mundo con vestigios visibles.
A pocas jornadas de camino, cruzando los últimos contrafuertes de la Cordillera Central, se encuentra Tierradentro, contemporánea de San Agustín y probablemente en diálogo con ella: caminos prehispánicos unen ambas regiones. La diferencia principal está bajo tierra. Mientras los agustinianos construyeron sarcófagos y templetes, en Tierradentro predominan los hipogeos: pozos con escaleras talladas que descienden hasta cámaras funerarias excavadas en la toba volcánica del subsuelo. Es probable que esa geología —una piedra blanda pero estable, capaz de sostener columnas y peldaños— fuera un factor determinante en la forma de sepultura: donde el subsuelo lo permitió, se cavó hacia adentro; donde no, se labró la piedra en superficie. Dos técnicas distintas, quizás una misma comunidad cultural.
Cuando los primeros europeos llegaron al valle alto del Magdalena, encontraron pueblos que ya no eran los constructores de estatuas —esa civilización había declinado siglos antes— sino sociedades indígenas numerosas y aguerridas, distribuidas en múltiples cacicazgos. Los pijaos, en particular, se convirtieron en una pesadilla militar para los conquistadores: su liderazgo era plural y cambiante, cada tribu producía su propio pequeño cacique, y su vida entre la caza, la recolección y una agricultura mínima los volvía migratorios crónicos. Contra un enemigo así no había cabeza que cortar ni capital que tomar.
De la conquista al departamento
La entrada española al valle alto del Magdalena fue arrasadora antes de ser fundadora. Ampudia y Añasco, con hierro y fuego, incendiaron pueblos y talaron campos en una campaña que dejó la región desolada. Al año siguiente, cuando Sebastián de Belalcázar llegó desde el sur, encontró un territorio despoblado, con los indios sobrevivientes replegados hacia las alturas de las cordilleras. Buena parte de los resguardos que aparecerán después en el Macizo no eran concentraciones naturales de tribus originarias del sitio, sino núcleos formados artificialmente por el despojo: los indígenas fueron empujados desde las tierras cálidas y fértiles del valle hacia las vertientes altas, donde el suelo era pobre y el frío intenso, y allí fueron congregados por la administración colonial en resguardos.
La economía colonial del valle alto tomó forma en torno a dos actividades: la extracción de oro de aluviones —los ríos que descienden de rocas muy antiguas arrastran polvo aurífero que se decanta en los recodos— y el cultivo de tabaco, que se adaptaba bien a la sequedad y a la estrechez del valle aluvial, muy distinto en esto al Valle del Cauca. Las haciendas ganaderas se instalaron en la franja seca del norte, aprovechando pastizales naturales; los cultivos comerciales quedaron confinados a las zonas con agua.
Neiva fue fundada en varios intentos —los pijaos la destruyeron en más de una ocasión— hasta consolidarse definitivamente en 1610. Durante casi tres siglos el territorio dependió administrativamente del Cauca o de Popayán, con el Alto Magdalena reducido a provincia. La creación del departamento del Huila como entidad autónoma llegó en 1905, bajo el Quinquenio de Rafael Reyes, cuando el presidente rediseñó el mapa nacional dividiendo las grandes unidades regionales en piezas más pequeñas. La lógica no era técnica sino política: fragmentar los antiguos estados soberanos —el Cauca en particular— para debilitar poderes locales y reforzar la autoridad del gobierno central. Un editorial contemporáneo de 1905 leyó la maniobra en esos términos, y años después el ministro de Gobierno Víctor M. Salazar admitiría en su Memoria de 1922 que la legislación del Quinquenio "eliminó de golpe" las intendencias y produjo un desorden administrativo prolongado en los territorios nacionales.
Así, el Huila nació como departamento no por reivindicación de sus fuerzas locales sino por decisión de arriba: recibió su autonomía institucional como instrumento de centralización, y eso determinaría en gran medida su relación posterior con Bogotá, marcada por la dependencia fiscal y la sensación crónica de estar al borde de la agenda nacional. La creación del departamento también consolidó una identidad regional que había ido madurando en las voces del liberalismo local decimonónico: José María Rojas Garrido, orador y hombre de estado nacido en Garzón, fue presidente encargado de los Estados Unidos de Colombia en 1866 y una de las figuras del radicalismo liberal del siglo XIX, prueba de que la región tenía capacidad de proyección política nacional mucho antes de su reconocimiento formal.
La economía dual: hacienda, colonización, café
La geografía del Huila produjo dos economías paralelas que persisten hasta hoy. En el norte y el centro, el valle seco favoreció la ganadería extensiva y las grandes haciendas, herederas directas de las mercedes coloniales y de la producción tabacalera; a principios del siglo XX se sumaron los distritos de riego, y en las áreas con agua bajo control se implantó el cultivo comercial de arroz. Neiva y sus alrededores se convirtieron en el corazón arrocero de Colombia, con una agroindustria basada en la irrigación de suelos que sin ella habrían seguido dedicados a un pastoreo pobre.
En el sur, el paisaje es otro. Las estribaciones del Macizo Colombiano, con altitudes entre los 1.200 y los 2.000 metros, suelos volcánicos y neblina de altura, resultaron ideales para el café. La colonización cafetera del sur —Pitalito, Isnos, San Agustín, Palestina, Acevedo— se consolidó a lo largo del siglo XX y convirtió al departamento en uno de los mayores productores nacionales, con cafés especiales que ganaron reconocimiento internacional en las últimas décadas. Municipios como Algeciras, en la vertiente oriental, ilustran la escala del fenómeno: de las 8.465 hectáreas cultivadas, la mitad está sembrada de café, seguido a distancia por plátano, cacao, maíz, habichuela, alverja y maracuyá, con la ganadería como segundo renglón económico.
Esta dualidad —hacienda en el valle, minifundio cafetero en la ladera— no es solo geográfica. Es también social. Las grandes propiedades del norte concentraron la tierra desde la Colonia y bloquearon el acceso a los campesinos, que en el sur, en cambio, pudieron establecerse mediante colonización sobre tierras baldías. El resultado fue un departamento partido en dos lógicas agrarias: una latifundista y otra colonizadora, ambas con conflictos propios y ambas alimentando, desde ángulos distintos, la movilización campesina del siglo XX.
A esta economía agraria se han superpuesto, en las últimas décadas, dos frentes extractivos. Uno es el de los hidrocarburos, con exploración y explotación en varias zonas del departamento. El otro es el hidroeléctrico: la represa de Betania, construida en los años ochenta sobre el Magdalena, y sobre todo El Quimbo, inaugurada a mediados de la década de 2010, transformaron el paisaje del centro del Huila y desataron una de las movilizaciones sociales más largas y organizadas de la región, con pescadores, campesinos desplazados por la inundación y organizaciones agrarias reclamando el reconocimiento de daños que fueron mucho más allá de las compensaciones pactadas por la empresa. El Quimbo se convirtió, para el Huila, en el símbolo contemporáneo de una vieja pregunta: quién decide sobre el territorio y quién paga los costos del desarrollo.
La Violencia y el nacimiento de las FARC
Entre 1946 y 1966, el Huila vivió dos décadas de violencia bipartidista que dejaron una marca profunda en su vida rural. El conflicto, importado desde la política nacional, se sobrepuso a las tensiones agrarias preexistentes: donde había campesinos sin tierra reclamando parcelas frente a grandes haciendas, la disputa partidista funcionó como catalizador. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial a finales de 1949, el Partido Comunista ordenó a sus militantes armarse en autodefensa, y líderes liberales imitaron el llamado. En pocos meses había miles de guerrilleros liberales y comunistas en los campos del sur del Tolima, el occidente del Meta y el oriente del Huila.
Con la instauración del Frente Nacional en 1958, la mayor parte de esas fuerzas se desmovilizaron —el pacto liberal-conservador ofrecía amnistía y reparto del poder—, pero las guerrillas comunistas, excluidas del acuerdo, permanecieron armadas. Se replegaron en enclaves rurales donde combinaban autodefensa con formas de organización comunitaria: repartos de tierra, escuelas, comités. Uno de esos enclaves era Marquetalia, sobre el sur del Tolima, muy cerca del límite con el Huila; otros eran Riochiquito en el Cauca, El Pato en el oriente huilense hacia el Caquetá, y el Guayabero en el Meta.
El 27 de mayo de 1964, el Estado colombiano lanzó la Operación Marquetalia, un ataque militar de gran escala contra ese enclave, que se convirtió en el mito fundacional de las FARC. Los combatientes de Manuel Marulanda Vélez —"Tirofijo"— y Jacobo Arenas escaparon hacia Riochiquito, y desde allí prepararon, con Hernando González, la Primera Conferencia del Bloque Sur, celebrada en 1965 en el mismo Riochiquito. La conferencia unificó los destacamentos de Riochiquito, Natagaima, El Pato, Guayabero y Marquetalia, reuniendo alrededor de 100 combatientes bajo un mando común. Al año siguiente, en 1966, la Segunda Conferencia adoptó el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. El Bloque Sur pasó a ser las FARC, con una fuerza estimada en cerca de 350 hombres.
Tras la fundación, Marulanda, Jacobo Arenas y el comandante Joselo se trasladaron a El Pato, en la frontera Huila-Caquetá, y allí, en un lugar llamado Arenales, establecieron un comando y una escuela militar guerrillera. Por esa escuela pasarían, con los años, varios de los futuros comandantes históricos de la organización: Jorge Briceño —Mono Jojoy—, Alfonso Cano, Raúl Reyes, Timochenko. La colonización de El Pato tenía sus propios antecedentes: campesinos desplazados desde el alto Sumapaz durante la Violencia habían bajado hacia el Duda, el Guayabero y el propio Pato, y allí figuras como Richard y Camargo se incorporaron al proceso e impusieron su autoridad, entrelazando colonización campesina y organización armada.
El oriente huilense fue así, junto al sur del Tolima y las llanuras del Meta, uno de los territorios fundacionales de la principal guerrilla del país. No fue casual: la combinación de colonización reciente, ausencia de Estado, desigualdad agraria y proximidad a las fronteras administrativas —donde ningún gobierno departamental asumía responsabilidad plena— convirtió a la región en un laboratorio de organización armada.
Los años del conflicto
Durante las siguientes cuatro décadas, el Huila fue territorio de disputa. Su condición de corredor estratégico entre el sur amazónico —Caquetá y Putumayo— y la zona del Sumapaz, atravesando el Macizo, lo convirtió en paso obligado para las FARC en su expansión hacia otras regiones del país. Los cultivos de uso ilícito, que llegaron con fuerza al sur del departamento en los años ochenta y noventa, no solo fueron una fuente de recursos económicos para los grupos armados: reforzaron mecanismos de regulación y control social sobre las poblaciones rurales, tanto por parte de la guerrilla como, más tarde, de los paramilitares.
La violencia electoral fue una de las expresiones más brutales del conflicto en el Huila. Las FARC sabotearon las elecciones de alcaldes y gobernadores de 1997 en Huila y Caquetá, y en 1998 constriñeron a los electores del Caguán a votar por Andrés Pastrana en la segunda vuelta presidencial —una paradoja mayor, dado que Pastrana ganaría las elecciones para negociar precisamente con esa guerrilla—. En 2004, en un año particularmente intenso de asesinatos a líderes políticos, el 1 de mayo fue asesinado Federico Hermosa, y tres meses después el alcalde de Rivera, Humberto Trujillo, militante de la Unión Patriótica. La UP, el partido nacido en los años ochenta como brazo político legal de las FARC en la negociación con el gobierno Betancur, fue exterminada sistemáticamente en el país; el Huila fue uno de los departamentos donde el genocidio se materializó municipio por municipio.
Junto al conflicto armado, y en gran medida entrelazada con él, la movilización campesina tuvo en el Huila uno de sus arraigos más persistentes. La Asociación Nacional de Usuarios Campesinos —ANUC—, que en los años setenta encabezó las mayores tomas de tierras del país, encontró en el valle alto del Magdalena, con su vieja pugna entre grandes haciendas y colonos sin tierra, un terreno fértil. La presión organizada continuó, con altibajos, en las décadas siguientes, y resurgió con fuerza en el siglo XXI en torno a las movilizaciones contra El Quimbo, la explotación de hidrocarburos y la defensa de economías campesinas frente a los megaproyectos.
Figuras de la política y la insurgencia huilenses o vinculadas al departamento marcaron la escena nacional en distintas épocas: Guillermo Plazas Alcid, dirigente liberal y ministro; Julio César Turbay Ayala, aunque de origen bogotano, encontró en las bases liberales del Huila un apoyo político sostenido y fue presidente de Colombia entre 1978 y 1982. Del lado insurgente, Jaime Bateman Cayón, comandante del M-19, nació en Santa Marta pero operó en corredores que incluían el sur andino. El sacerdote nasa Álvaro Ulcué Chocué, aunque asesinado en el Cauca en 1984, hizo parte de un movimiento indígena regional que atraviesa Tierradentro, el Macizo y el sur del Huila.
Cultura, memoria y disputa
Si la política y la economía del Huila se explican por sus fricciones agrarias, su vida cultural se ha construido sobre una densidad simbólica notable, capaz de dialogar con el resto del país sin subordinarse a él. La estatuaria de San Agustín es la primera capa: un patrimonio arqueológico monumental que dota al departamento de una profundidad histórica excepcional dentro de Colombia. El parque, ubicado a 520 kilómetros de Bogotá, 227 de Neiva y 45 de Pitalito, atrae hoy un turismo internacional y ha desatado tensiones locales con una comunidad Yanacona reindigenizada asentada en su vecindad, que reclama derechos territoriales y participación en la administración del sitio. El pasado, aquí, no es paisaje inerte: es campo de disputa contemporáneo.
La literatura huilense tiene en José Eustasio Rivera, nacido en Aguas Claras (Rivera) en 1888, a su figura mayor. Autor de La vorágine —la gran novela colombiana sobre la selva, el caucho y la explotación de trabajadores en el Amazonas—, Rivera dejó también una obra de teatro inédita, Juan Gil, escrita en 1911, y numerosos ensayos publicados en periódicos antes de su temprana muerte en 1928. La vorágine es, entre otras cosas, un libro huilense: un hombre criado en el piedemonte del Macizo, con el Magdalena naciente al frente y la selva amazónica al oriente, escribiendo sobre el infierno verde que se abre más allá de la última cordillera.
La música mestiza del Huila comparte el repertorio de la zona andina colombiana —bambuco, torbellino, guabina, sanjuanero, rajaleña, bunde tolimense— y ha aportado uno de los géneros festivos más difundidos del país: el sanjuanero, que da nombre al reinado y a las fiestas de San Pedro celebradas en Neiva y en varios municipios cada junio, una de las ferias regionales más visibles de Colombia. Jorge Villamil Cordovez, nacido en 1929 en la hacienda El Cedral cerca de Neiva, es el compositor huilense por excelencia. Médico de profesión, fue enviado por el gobernador Andrade Manrique, en los años finales del Frente Nacional, a atender el puesto de salud de El Pato, en la frontera con el Caquetá, en medio de la "paz criolla" que siguió a la desmovilización de las guerrillas liberales. Aquella experiencia con los campesinos del oriente huilense pareció nutrir su vocación musical: Espumas, Los guaduales, El barcino, Llamarada, Luna roja son en buena medida un retrato del paisaje y de la gente del Huila rural, y se convirtieron en repertorio nacional del bambuco y del pasillo en la segunda mitad del siglo XX.
El estereotipo del "opita" —el huilense lento, sencillo, ingenuo— es una construcción externa, asignada desde otras regiones al modo del "pastuso", más que una vertiente humorística surgida del propio departamento con la fuerza que sí tienen el humor paisa, el costeño o el bogotano. Es un dato menor y a la vez revelador: el Huila entra al imaginario nacional como paisaje, como música y como conflicto, pero no como voz humorística propia.
Un umbral activo
La historia larga del Huila resiste tanto la lectura que lo hace productor autónomo de sus procesos como la que lo reduce a receptor pasivo de fuerzas externas. Su geografía de encrucijada —entre cordilleras, entre valle y macizo, entre andes y amazonía— y su desigualdad agraria estructural —hacienda tabacalera y ganadera al norte, colonización cafetera al sur, arrozal regado al centro— crearon las condiciones de posibilidad de todo lo que vino después. Pero fueron intervenciones exógenas específicas —la creación del departamento en 1905 como pieza de un rediseño centralizador, la violencia partidista de 1946 importada desde Bogotá, la Operación Marquetalia decidida por el Estado central en 1964, la expansión extractiva e hidroeléctrica de las últimas décadas— las que activaron esas condiciones en momentos precisos.
De ese doble movimiento, estructura de larga duración y choques coyunturales externos, emergió lo que hoy es el Huila: un departamento con guerrilla arraigada durante medio siglo y, a la vez, con una de las movilizaciones campesinas y ciudadanas más persistentes del país; un territorio de café de exportación y de comunidades desplazadas por represas; una tierra donde conviven las estatuas milenarias de San Agustín y las canciones de Villamil, los cafetales de Pitalito y los arrozales de Campoalegre, el ecoturismo de la Tatacoa y las cicatrices de El Pato.
Umbral geográfico y umbral histórico: por el Huila entran y salen personas, mercancías, guerrillas, ideas. Y en el Huila, cada una de esas circulaciones deja algo: un pueblo colonizado, una canción, una represa, un desplazamiento, una feria. Comprender el departamento es entender que su condición de paso no lo convierte en tránsito neutro. Aquí las cosas se transforman al cruzar, y esa transformación —hecha de piedra tallada, de café, de guerra y de música— es lo que sigue produciendo, día tras día, un lugar reconocible en el mapa profundo de Colombia.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
39 documentos · 47 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1482 citas
[1]antropomorfas y zoomorfas. Pasado el estrecho de Pericongo, el río pierde velocidad y entra en el valle alto del Magdalena. Estamos en el departamento del Huila, donde los ríos llegan a erosionar profundamente los se- dimentos del Terciario y del Cuaternario, muy blandos, creando zonas extensas, especialmente en la…
p. 148
[2]antropomorfas y zoomorfas. Pasado el estrecho de Pericongo, el río pierde velocidad y entra en el valle alto del Magdalena. Estamos en el departamento del Huila, donde los ríos llegan a erosionar profundamente los se- dimentos del Terciario y del Cuaternario, muy blandos, creando zonas extensas, especialmente en la…
p. 148
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3071 cita
[3]de Neiva. El valle del Magdalena al norte de Neiva (472 msnm), es seco y semiestepario, y se dedica en buena parte a la ganadería extensiva. Las cordilleras —especialmente la Oriental— mues- tran una intensa erosión en este trayecto. En los alrededores de Neiva y al sur de la misma cambia el ambiente, y aparecen…
p. 307
03Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 782 citas
[4]reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…
p. 78
[5]reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…
p. 78
04Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1671 cita
[6]Occidental, however, is a sheer wall of barren peaks. The Cordillera Central also begins at the Ecuadorian border, where several volcanoes are located, including the 4,276-meter Ga- leras, which erupted most recently in February and June 2009. The Cordillera Central is the loftiest of the mountain systems. Its…
p. 167
05Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 2841 cita
[7]flanco occidental de la cordillera Central, en el páramo de Santo Domingo, parque nevado del Huila 52 nace el río Palo, cuyas aguas recorren el nororiente del departamento del Cauca y desemboca finalmente sobre la margen derecha del río Cauca, en el sector llamado Bocas del Palo. En su recorrido por el departamento…
p. 284
06Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 881 cita
[8]orden sobre ellos y especialmente sobre el de las vertien- tes orientales de la Cordillera Oriental. Esto impone dos siste- mas administrativos distintos. Actualmente, hacia esa punta que ha sido denominada duran- te muchos años "El Tacón del Cauca" debido a la forma que os- tenta, se adelantan dos carreteras que…
p. 88
07Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[9]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
[10]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
08Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 401 cita
[11]en las partes elevadas de las lomas que se extienden por toda la región entre una red de arroyos y pequeños ríos. San Agustín es indudablemente el sitio ar- queológico más espectacular del país, ya que tradicionalmente está caracterizado por varios centenares de grandes estatuas de piedra y por un crecido número de…
p. 40
09Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[12]Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…
p. 352
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 271 cita
[13]el tiempo; hacia los siglos V y VII d.C. En diferen- tes sitios se incrementó la construcción de centros funerarios monumentales: montículos, templetes, sarcófagos, o tumbas de cancel, y esculturas. Dioses y creencias En esta cultura durante siglos dominan estructu- ras de pensamiento con elementos míticos y ri-…
p. 27
11Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 461 cita
[14]más amplia del terri- torio colombiano. Se presenta una posibilidad de relación espacial dada por los caminos prehispánicos que unen am- bas regiones y sabemos que hubo contemporanei- dad en ambos pueblos. La diferencia principal se halla en el tipo de en- terramiento y en la forma de las tumbas, pero, si tenemos en…
p. 46
12Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 1961 cita
[15]stand without contradiction. 20 French makes a similar point concerning a community of sharecroppers in Reindigenization and Its Discontents 177 northeast Brazil that split in two. 21 One of the factions embraced indigenous identity, whereas the other received official recognition (and its entitlements) as a quilombo…
p. 196
13El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 401 cita
[16]nombre y de sus afluentes (todos ellos ricos en alu- viones de oro). Sin embargo, a pesar de ser estos últimos indios «pacíficos y humanos», Ampudia y Añasco, que 41 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa años después, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magdalena, «… incendiaron cuantos pueblos y…
p. 40
14Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1822 citas
[17]sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para sostener la vida humana. La…
p. 182
[18]que afecta el centro del sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para…
p. 182
15Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · p. 391 cita
[19]de la dominación seño- rial de una población aborigen, ya desarrollada desde el punto de vista agrícola y previamente organizada en tor- no de sus jefes. Para que una tribu pueda ser derrotada se necesita, antes que todo, que esté unida y que tenga jefes. Los pijaos, por ejemplo, no podían ser derrotados porque sus…
p. 39
16Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 351 cita
[20]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…
p. 35
17Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 951 cita
[21]presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…
p. 95
18When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 653 citas
[22]has penned an imaginative account of the language Reyes might have used in explaining his actions: At the Threshold of aNew Age Compadre, such are the things of life. Some make you smile, some make you angIy, most make you sad and a very few bring happiness. You will remember that when I went to congress for the first…
p. 65
[23]has penned an imaginative account of the language Reyes might have used in explaining his actions: At the Threshold of aNew Age Compadre, such are the things of life. Some make you smile, some make you angIy, most make you sad and a very few bring happiness. You will remember that when I went to congress for the first…
p. 65
[24]has penned an imaginative account of the language Reyes might have used in explaining his actions: At the Threshold of aNew Age Compadre, such are the things of life. Some make you smile, some make you angIy, most make you sad and a very few bring happiness. You will remember that when I went to congress for the first…
p. 65
19Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2131 cita
[25]directores natos del Estado» al mismo tiempo que concebían a las antiguas secciones como unas entidades independientes, ligadas al resto de la República sola- mente para efectos internacionales. Así sucedía en la primera década del siglo xx, no obstante el elevado grado de centralización política alcanzado con la…
p. 213
20The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 261 cita
[26]Colombia’s unique interrelation of climate, elevation, and topography creates sharply distinct regional and cultural dif- ferentiation. One way to sketch a simplified map of regions and subregions is to trace five broad areas: 1. Colombia’s Caribbean: This is bisected by the Magdalena River; it extends westward to…
p. 26
21Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 161 cita
[27]to the department of Nari ñ o and Putumayo to Cauca. By the same act it split off several municipios from the intendancy of Meta and reassigned them to Boyac á, Huila, Quesada, and Tundama. 38 Within fifteen months this arrangement was further modified. Decree 778 of July 5,1907, revised the limits of the Meta…
p. 16
22Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 3561 cita
[28]a la re- levancia de ese episodio, este no generó un sistemático proceso de memoria ni siquiera en el ámbito local quizá porque la zona se ha- lla ubicada en proximidades a territorios con una relativa influen- cia de las FARC. Con todo, como mostraremos aquí, la memoria del episodio ha tenido otras formas…
p. 356
23Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5861 cita
[29]tratados de libre comercio, la construcción de grandes hidroeléctricas (Ituango, el Quimbo y Río Cucuama, entre otras) y la expansión de las actividades de exploración y ex- plotación de hidrocarburos y minería. Entre las nuevas demandas de las organizaciones y moviliza- ciones agrarias de tiempos recientes sobresalen…
p. 586
24Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 581 cita
[30]la confrontación armada, en el cual la común identidad cultural de los actores sociales y los combatientes permitió sellar la paz entre el Gobierno y el movimiento guerrillero, mediante un pacto que garantizaba nuevas condiciones sociales para la población. El grupo Quintín Lame acordó, en negociación con el Gobierno,…
p. 58
25¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 771 cita
[31]34 31. Véanse: Pizarro Leongómez, Las F ARC (1949-1966), 188-189; y Pizarro Leongómez, Una democracia asediada, 168. 32. Manuel Bonnet Locarno, “Operación Marquetalia. Surgen las FARC ”, en Hablan los generales. Las grandes batallas del conflicto colombiano contadas por sus protagonistas, comp. Glenda Martínez…
p. 77
26Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 671 cita
[32]joven de 15 años. (…) me dice: Este muchacho y yo hemos decidido que él se va con ustedes, (…). Recordé en seguida (…) que era hermano de un guerrillero muerto (…), -¿Por qué causa te vas con nosotros? –le pregunté–. La explicación, (…): Quiero ser hombre respetado y querido por todos como mi her- mano. Él sabía…
p. 67
27Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
[33]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
[34]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
28Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 311 cita
[35]de Abril (M-19), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o la guerrilla indigenista Quintín Lame (QL). APARICIÓN E HISTORIA DE LAS FARC, 1964-1998 Como se explicaba, las FARC toman el ataque sobre la República de Marquetalia del 27 de mayo de 1964 como su mito fundacional, si bien esta denominación no aparece…
p. 31
29La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3461 cita
[36](2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…
p. 346
30Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1001 cita
[37]destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…
p. 100
31A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 792 citas
[38]civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…
p. 79
[39]civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…
p. 79
32La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 891 cita
[40]“‘De Marquetalia se puede salir por varias trochas. Se sale para el Huila, se sale para el Cauca, se sale para Caldas. Nosotros teníamos muchas vías de escape. Y nadie lo sabía. Entonces nosotros escapamos por to- das esas trochas. Claro que había una trocha que se lla- maba la trocha central, quizá, es la trocha que…
p. 89
33El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 1181 cita
[41]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
34El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 1181 cita
[42]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
35Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2331 cita
[43]de Jorge Eduardo Gechem Turbay el 20 de febrero de 2002. En Huila y Caquetá, como en otras regiones del sur del país, la posición de las FARC-EP frente al proceso electoral fue contrastante: mientras en 1997 sabotearon de forma violenta las elecciones de alcaldes y gobernadores, para 1998, por ejemplo, en la región…
p. 233
36Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1511 cita
[44]de la zona andina Las tonadas y cantos mestizos de la zona andina o cordillerana son on- ce: bambuco, torbellino, guabina, rajaleña, sanjuanero, guaneña, bun- de tolimense, caña y cañabrava, vueltas antioqueñas y fandanguillo criollo, pasillo y danza criolla. El de mayor dispersión es el bam- buco, que cubre trece…
p. 151
37Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1781 cita
[45]realidad americanas que no habían ingresado a la literatura”. (La fábula y el desastre, op. cit., p. 504). La bibliografía en torno a la novela de Rivera se prolonga, para lo cual recomendamos la selección de Montserrat Ordóñez: La vorágine: textos críticos, Alianza Editorial, Bogotá, 1989. 38 Rivera, La vorágine, op.…
p. 178
38Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 1731 cita
[46]CREOLE PEACE AND THE MAKING OF REGIONAL IDENTITY In addition to a school and roads, the rehabilitation of the Huila-Caquetá border required—as settlers there made clear to both Andrade Manrique and the Peace Commission —the extension of medical services to the area’s hundreds of inhabitatnts. To sta ff the health post…
p. 173
39Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3291 cita
[47]vertiente mayor en el humor regional colombiano. Considero como vertiente mayor a aquella que, por el entorno cultural que revela, por la forma peculiar como se expresa (no sólo el lenguaje, sino el esquema narrativo) y por la particularidad de estas características (no se parecen a las de otros tipos, no podrían…
p. 329