Macizo Colombiano
“El Macizo Colombiano es el punto donde los Andes colombianos concentran su mayor densidad ecológica e histórica: desde el páramo de las Papas, a 3.600 metros, reparte sus aguas hacia el Caribe, el Pacífico y la Amazonía, una singularidad…”
En el sur del país, donde los Andes vuelven a plegarse antes de dispersarse en tres cordilleras, se levanta el Macizo Colombiano: un nudo montañoso de páramos y volcanes que funciona, a la vez, como la principal fábrica de agua de Colombia y como uno de los territorios más largamente disputados de su historia. De sus alturas nacen los cuatro ríos que ordenan la geografía nacional —Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá— y en sus faldas conviven, en un mismo paisaje de neblina y microfundio, comunidades yanaconas, nasas, misak, campesinas mestizas y afrodescendientes. Llamado también nudo de Almaguer, el Macizo se extiende sobre los departamentos de Cauca, Nariño, Huila y Putumayo, y su historia condensa las tensiones mayores del país: la conquista y el despojo, la formación colonial de resguardos, la lucha por la tierra, el conflicto armado, la economía ilícita y la resistencia organizada de sus habitantes. Leerlo solo como "estrella fluvial" es reducirlo. El Macizo es también una estrella política.
Una geografía que fabrica agua
El Macizo Colombiano es la fábrica de agua más importante del país y la segunda de América Latina, y la UNESCO lo reconoció como reserva de la biosfera. Estas dos afirmaciones, aparentemente técnicas, contienen la clave de cuanto vendrá después: un territorio con esa densidad ecológica y ese peso hídrico no podía sino convertirse en objeto de codicia sucesiva.
Se ubica en el extremo sur del sistema andino colombiano, en la confluencia de Cauca, Nariño y Putumayo, próximo a la frontera con Ecuador. Allí, en el páramo de las Papas, a 3.600 metros sobre el nivel del mar, nace el río Magdalena, que recorrerá 1.550 kilómetros antes de vaciarse en el Caribe. A pocos kilómetros brotan el Cauca, que corre paralelo hacia el mismo Atlántico; el Patía, que baja al Pacífico; y el Caquetá, que se pierde en la cuenca amazónica. Ningún otro punto del continente reparte sus aguas hacia tres océanos distintos con esta economía.
La razón física de semejante abundancia es también notable. La humedad del Macizo no proviene de sus propias alturas sino de las planicies cálidas que lo rodean: el valle del Magdalena por el oriente y la selva amazónica por el sur envían masas de vapor que ascienden por las laderas y se condensan en los páramos, alimentando neblinas y lluvias permanentes. Por encima de los 3.200 metros, los páramos del Macizo y de la Cordillera Central despliegan una vegetación de frailejones, pajonales, chusques, musgos y líquenes escalonada según la altitud, un ecosistema frágil que actúa como esponja y libera el agua de manera regulada durante todo el año. Osos de anteojos y algunas de las aves más hermosas de los Andes habitan estas alturas, en corredores biológicos que los frentes de colonización agrícola llevan décadas erosionando.
Que cuatro ríos mayores nazcan en un mismo nudo tiene una consecuencia que va más allá de la hidrografía: la interconexión de valles. Desde el Macizo se comunican, por corredores naturales, el valle del Magdalena con el del Cauca, y el litoral pacífico con la Amazonía. Esta condición de encrucijada explica por qué el territorio ha sido, sucesivamente, ruta de tránsito prehispánico, frontera colonial, corredor guerrillero y ruta de narcotráfico. La misma geografía que lo hace fábrica de agua lo convirtió en fábrica de conflicto.
Antes de la conquista: San Agustín, Tierradentro y el valle de Popayán
Mucho antes de que llegaran los europeos, el Macizo y sus estribaciones albergaron algunos de los complejos culturales más notables del continente. San Agustín, en el actual Huila, es un gran foco arqueológico de trascendencia americana: sus estatuas de piedra, sus montículos funerarios y sus fuentes ceremoniales dan cuenta de una densidad social sostenida a lo largo de siglos. Fue Luis Duque Gómez quien delineó, con trabajo paciente de campo y de tinta, lo que hoy sabemos del sitio, e impulsó el Parque y el Museo Arqueológico que lo protegen. Dentro del área, el Complejo Isnos parece corresponder a las primeras manifestaciones de organización social de tipo cacicazgo, deducidas de la densidad de vestigios y del sedentarismo asociado a la construcción monumental.
Al otro lado de la cordillera, en Tierradentro, la misma región andina ofreció otra respuesta al problema del entierro y la memoria: tumbas de pozo con escalones y nichos excavadas en cámaras subterráneas, algunas de ellas pintadas. La condición geológica del subsuelo —una toba volcánica bajo el estrato de humus— explica buena parte del hallazgo: un material lo bastante blando para tallarlo y lo bastante consistente para conservar la forma de escaleras y columnas durante siglos. Los caminos prehispánicos entre uno y otro sitio sugieren contacto y contemporaneidad, pero las diferencias en la forma del enterramiento apuntan más a tradiciones distintas que a una filiación directa.
Hacia el norte del Macizo, en 1535, los primeros cronistas europeos —Pascual de Andagoya, Pedro Cieza de León, más tarde Lucas Fernández de Piedrahita— describieron el valle de Popayán como una de las tierras más fértiles de América del Sur. Estaba densamente poblado, con grandes asentamientos, fuertes de madera, puentes, tejidos y adornos de oro. Más de cien unidades tribales coordinaban actividades defensivas dentro de una organización político-militar laxa pero eficaz. Esa última cualidad —la coordinación defensiva— explicaría, en los años siguientes, por qué la conquista del suroccidente sería más lenta y más sangrienta que la del altiplano.
Conquista, resguardo y la formación colonial del territorio
La entrada española al Macizo y al alto Magdalena fue devastadora en sentido literal. Antes de que Sebastián de Belalcázar consolidara su avance desde el sur, los capitanes Juan de Ampudia y Pedro de Añasco incendiaron pueblos y talaron campos en el valle del alto Magdalena, y despoblaron la región. La violencia militar no fue el único mecanismo del despojo: la ocupación de las tierras bajas, más fértiles, obligó a los sobrevivientes a replegarse hacia las alturas.
De ese repliegue —forzoso o legal— nacieron los resguardos del Macizo en el siglo XVII. Conviene entender su naturaleza. No fueron concentraciones naturales de tribus originarias del lugar, sino núcleos artificiales formados por la administración colonial con población desplazada, indios fugitivos de las guerras de conquista, forasteros y, posiblemente, yanaconas traídos desde el sur, quizá desde el Perú. La figura del resguardo cumplía a la vez una función territorial y fiscal: fijar a los indígenas en un espacio delimitado para asegurar el pago de tributos.
La ocupación española del territorio aledaño a Popayán resultó, aun así, precaria durante casi un siglo. La resistencia sostenida de pijaos, paeces y yalcones confinó la influencia efectiva de Popayán al eje entre Caloto, al norte, y Almaguer, al sur. Fue solo con el asiento de las Cajas Reales y del gobernador, tras las guerras de liberación indígena, que la ciudad adquirió su preeminencia administrativa.
Esa preeminencia se apoyaría, en los siglos siguientes, en dos motores económicos entrelazados: los ciclos mineros y las haciendas trabajadas con mano de obra esclava. La élite payanesa llegó a contarse entre las más influyentes del Virreinato de la Nueva Granada, pero su prosperidad convivió con la precariedad de la ocupación territorial y con la resistencia prolongada de las comunidades indígenas. Sobre una población total de 98.632 habitantes, la gobernación repartía su composición casi por tercios: uno blanco, otro indígena, otro de libres de color, y una franja esclava cercana a la quinta parte —un 25,4%, un 25,7%, un 30,1% y un 18,2%, respectivamente—, mezcla forzada que refleja de golpe el resultado demográfico de la conquista y del comercio negrero. En paralelo, el ganado del valle del alto Magdalena abastecía a Bogotá, Popayán, las haciendas azucareras del Cauca y sus minas, y sostenía así una economía agraria regional complementaria a la extracción minera. El Macizo y sus estribaciones se configuraron así, desde el siglo XVII, como una región dependiente pero indispensable, precaria pero codiciada.
Una colcha de retazos
De esa larga historia de desplazamientos, resguardos artificiales y mezclas forzadas emergió lo que se describiría más tarde con una imagen exacta: el Macizo Colombiano, el Cauca y Nariño son "una verdadera colcha de retazos". La expresión no es adorno. Alude a la heterogeneidad étnica y poblacional del territorio, donde conviven comunidades campesinas mestizas, comunidades indígenas y comunidades negras, en condiciones históricas de abandono estatal y de predominio del microfundio, con excepciones puntuales de latifundio en Valencia, San Sebastián y el Patía.
Entre los pueblos indígenas del Macizo, los yanaconas ocupan un lugar particular. Una nieta de Huáscar, Pascuala Inca, casada con un español de apellido Salazar, habría traído a los pueblos yana, yanacona y anacona al Macizo colombiano. Con consenso o sin él, la genealogía resume el patrón: los yanaconas del Macizo son, en parte, herencia de aquellos servidores traídos del sur andino durante la Conquista, y por lo tanto una comunidad cuya "originariedad" no depende del arraigo prehispánico local sino de una historia de desplazamiento y de reinvención.
Este linaje explica una paradoja notable. Los yanaconas perdieron tempranamente su lengua por el uso del castellano como lengua franca, y hasta hace muy poco emprendieron un proceso deliberado de reetnización. Pese a esa pérdida lingüística —o quizás precisamente por ella, que los obligó a construir identidad sobre otros marcadores— fueron exitosos en defender su condición de indígenas y sus tierras de resguardo a lo largo de toda la historia republicana. La yanaconidad, en sentido político, es tanto una construcción moderna como una herencia colonial.
En las faldas del Macizo, especialmente en el Cauca, existen núcleos importantes de otras concentraciones indígenas: los nasa (páez), los misak (guambianos) y otros grupos que sostienen procesos organizativos propios, algunos con presencia previa a los yanaconas en la vida pública regional. La convivencia entre estos pueblos, y entre ellos y los campesinos mestizos y las comunidades negras, no siempre ha sido armónica; sus intereses territoriales chocan con frecuencia en un espacio de microfundio y escasez de tierra productiva.
Quintín Lame y la larga lucha por la tierra
Ninguna figura condensa mejor la lucha indígena del suroccidente que Manuel Quintín Lame. Nacido en el Cauca, protagonista de las primeras rebeliones indígenas del siglo XX, se convirtió en un litigante nato: se defendió a sí mismo ante los tribunales en más de un centenar de encarcelamientos ordenados por terratenientes del Cauca. En 1924, junto a los líderes tolimenses José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timote, fundó el Supremo Consejo Indio, desde el cual creó el pueblo de San José de Indias y trabajó por reconstituir los resguardos de Natagaima, Velú, Yaguara y Coyaima en el sur del Tolima.
La lucha ganó otra dimensión cuando Lame y los líderes tolimenses entraron en contacto con el Partido Socialista Revolucionario en 1926 y luego con el Partido Comunista en 1930. La ideología comunista radicalizó los términos generales de la reivindicación indígena, pero también fracturó el bloque: Lame permaneció conservador en lo religioso y en la doctrina agraria, mientras Sánchez y Timote se volvieron comunistas plenos. La colaboración se rompió, aunque las semillas quedaron sembradas.
Décadas más tarde, la lucha adoptó formas nuevas. El 9 de noviembre de 1984, el desalojo violento de comunidades indígenas en López Adentro y, al día siguiente, el asesinato del sacerdote nasa Álvaro Ulcué Chocué en Santander de Quilichao detonaron la creación del Movimiento Armado Quintín Lame, fundado el 29 de noviembre de ese mismo año en el páramo de Las Moras, resguardo de Mosoco. Era una guerrilla indígena en un país donde la subversión se había leído hasta entonces en clave campesina o urbana. Se desmovilizaría años después, pero su existencia probó que la lucha por la tierra podía adoptar formas armadas específicamente indígenas.
Este linaje —Quintín Lame, la reconstitución de resguardos, la reetnización yanacona— explica también, por el flanco opuesto, por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca, delimitados por la lucha por la tierra de paeces y pijaos y por el reconocimiento de derechos políticos de los campesinos, fueron cuna de las FARC y siguen envueltos en el conflicto armado. La guerrilla marxista no fue una imposición externa sobre un territorio pasivo: fue, en parte, una forma tardía de una lucha por la tierra que llevaba siglos librándose.
CIMA, CMY y la disputa por representar el Macizo
Hacia los años noventa, dos grandes líneas organizativas se disputaban la hegemonía del movimiento regional en el Macizo. Por un lado, el Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA), orientado hacia la integración política supramunicipal y de vocación campesina-popular. Por otro, el Cabildo Mayor Yanacona (CMY), orientado hacia la recuperación territorial étnica y sustentado en sectores yanaconas y no yanaconas alineados con la agenda indígena más amplia. La disputa —integración territorial regional frente a reconstitución étnica— no es un tecnicismo organizativo: articula dos maneras distintas de imaginar la pertenencia al Macizo, la maciceñidad y la yanaconidad, cada una con implicaciones de alianzas, derechos y titularidad.
El primer paro del CIMA ocurrió en Rosas, Cauca, en 1991, precedido por una reunión preparatoria en Sucre. Fue el ensayo de un método que la organización perfeccionaría durante la década. En noviembre de 1999, indígenas del Cauca bloquearon durante 23 días la vía Panamericana entre Cali y Popayán hasta que el presidente Andrés Pastrana prometió atender la emergencia social mediante el Decreto 982. Campesinos del Macizo se sumaron a acciones sobre la Panamericana con reclamos similares: giro de recursos, incorporación en el Plan de Desarrollo, definición de mecanismos de inversión.
Los acuerdos, sin embargo, se incumplieron con regularidad. La violación de compromisos suscritos en marchas anteriores fue uno de los detonantes de nuevas protestas agrarias en los años noventa, en un contexto donde la crisis de la economía cafetera y la reducción del área cultivada —con pérdida de 605.800 hectáreas en cultivos transitorios y café— agravaban la precariedad. La misma línea de reclamo apareció en los años dos mil, con Aida Quilcué al frente de la CRIC en episodios memorables de movilización.
La represión, cuando llegó, fue extrema. La masacre de Los Uvos, condenada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como responsabilidad del Estado colombiano en el Caso 11.020, fue utilizada para intimidar al movimiento campesino del Macizo. El efecto, según líderes del CIMA, fue el contrario del buscado: la masacre fortaleció la organización en lugar de detenerla. Es un patrón que se repetirá.
Corredor estratégico: el Macizo en el conflicto armado
La condición de encrucijada geográfica del Macizo —el mismo hecho físico que permite el nacimiento de cuatro ríos hacia tres océanos— lo convirtió, durante el ciclo largo del conflicto armado, en corredor estratégico de primer orden. Un corredor, en el vocabulario de la guerra, es una franja territorial que permite a los actores armados la movilidad de tropas, comida, armas y drogas. El Macizo permite el paso del suroccidente hacia el centro del país; Tolima y Huila cumplen la función complementaria de corredores entre el sur —Caquetá y Putumayo— y la zona del Sumapaz. Este mapa explica por qué en el Macizo y su entorno operaron simultáneamente casi todos los actores armados del conflicto.
Las FARC desplegaron allí su Columna Móvil Jacobo Arenas y buena parte de sus frentes del suroccidente, con los frentes 6, 8, 29, 30 y 60 operando sobre distintos tramos del territorio. El ELN sostuvo dos estructuras en la zona, el Frente José María Becerra y el Frente Manuel Vásquez. Del lado paramilitar, el conglomerado de las AUC operó a través de tres estructuras que se repartieron el suroccidente: la Compañía Huracanes, adscrita al Bloque Los Farallones de Cali, junto al Bloque Calima y a las Autodefensas Campesinas Unidas del Suroccidente. La fuerza pública, por su parte, mantuvo la presencia del Batallón Pichincha y de la Unidad Soldados Campesinos del Ejército Nacional. Cuando los bloques paramilitares se desmovilizaron, el vacío no tardó en llenarse: aparecieron nuevas siglas —"Nueva Generación", "Águilas Negras", "Rastrojos"— que heredaron el negocio y ejercieron control político, social y militar sobre distintos territorios de Cauca y Nariño.
Las comunidades indígenas y campesinas del Macizo quedaron atrapadas en el fuego cruzado. En 2010, grupos paramilitares llegaron al corregimiento de La Herradura, municipio de Almaguer, con presunta complicidad local; la comunidad logró expulsarlos, aunque las amenazas contra líderes organizativos continuaron después mediante mensajes y señalamientos. Es un episodio revelador: probó la capacidad de acción colectiva de los pobladores, el costo personal de sostenerla y la persistencia del acecho pese a la retirada aparente. Durante las celebraciones de los 500 años de conquista, líderes y pobladores de Almaguer debieron negar su procedencia al moverse hacia Popayán para evitar represalias, y quienes se movilizaban fueron sometidos a requisas físicas —revisión de ropa y maletines— en las carreteras.
El terreno hizo el resto. Las cadenas montañosas del Macizo, los páramos como puntos de refugio, los corredores fluviales hacia el Pacífico y la Amazonía: todo convergía para hacer del suroccidente un espacio de disputa armada de larga duración durante los años dos mil.
Coca, amapola y el Plan Colombia
A esa disputa territorial se sumó, desde los años noventa, el peso creciente de la economía ilícita. Colombia se convirtió en 1997 en el primer productor mundial de hoja de coca, condición que mantendría durante varios años. En el sur del Tolima, el auge de los cultivos de amapola atrajo a las FARC y a grupos paramilitares, y transformó las dinámicas de control territorial: narcotraficantes compraron vastas extensiones de tierra, conformaron redes de autodefensas en la meseta de Ibagué y en Espinal, y reconfiguraron las jerarquías rurales.
En el Macizo mismo, la lógica fue algo distinta pero convergente. La escasez de tierra, la baja productividad agraria, la ausencia de programas agrarios adecuados y el predominio del microfundio configuraron un contexto de precariedad estructural. Cuando el cultivo de coca o de amapola apareció como opción, muchas familias campesinas no tenían alternativa realista para rechazarla. Los cultivos ilícitos, a su vez, reforzaron el control social y económico ejercido por guerrillas y paramilitares sobre las comunidades, que quedaban atrapadas en una doble dependencia: económica del cultivo, política del actor armado que lo regulaba.
La respuesta del Estado colombiano y del gobierno de Estados Unidos vino en forma de Plan Colombia. Ya antes, la administración de Ernesto Samper había ensayado la fumigación en Putumayo: 516 hectáreas en Puerto Guzmán en 1997 y 3.950 en todo el departamento al año siguiente, en un intento de recuperar la certificación antinarcóticos estadounidense tras el fracaso del PLANTE y del Pacto de Orito. Con la primera fase del Plan Colombia, entre 2000 y 2004, las aspersiones aéreas con glifosato redujeron significativamente los cultivos de coca, pero destruyeron en el proceso las economías campesinas que dependían de ellos. Vinieron entonces los desplazamientos, las migraciones, los cambios en el uso del suelo y los choques abiertos entre campesinos cultivadores y fuerza pública.
Las consecuencias sobre el Macizo y su entorno fueron indirectas pero decisivas. La presión de la fumigación y de la interdicción en Putumayo y Caquetá desplazó los cultivos hacia Nariño, cuya cercanía al Pacífico convenía a las rutas de exportación. Lo revelador fue la desproporción entre destruir y sustituir. Nariño concentró el 16% de las aspersiones acumuladas entre 1999 y 2004 y recibió apenas cinco millones de dólares para desarrollo alternativo. Guaviare soportó el 18% de las fumigaciones y dispuso de doscientos mil dólares. Caquetá, con el 13%, obtuvo dos millones. Traducido a la vida campesina, el Plan Colombia llegó al suroccidente como política de erradicación forzosa sin correlato realista de sustitución económica: quemó cultivos y no ofreció, en su lugar, casi nada.
Precariedad estructural y páramos amenazados
La misma escasez de tierra que hizo atractivos los cultivos ilícitos empujó a los campesinos del Macizo hacia arriba. Ante cabeceras municipales sin oferta agraria, familias enteras colonizaron páramos y zonas altas en busca de parcelas. Esta colonización ascendente choca frontalmente con la condición del Macizo como reserva de la biosfera y con la lógica ecológica de sus páramos: los frailejones y los pajonales que hacen posible la regulación hídrica no resisten la roza, la quema ni el pastoreo intensivo. La Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC) y Parques Nacionales han presionado a la población asentada en zonas de páramo para que abandone sus parcelas agrícolas, y han abierto así conflictos territoriales adicionales sobre una comunidad que ya vive en microfundio.
El panorama estructural es sombrío. Déficit en salud, en vías, en educación; predominio del microfundio; ausencia de latifundio significativo salvo en enclaves específicos; abandono estatal históricamente sostenido. Estos rasgos, denunciados una y otra vez por los líderes del CIMA como razón misma de la creación de la organización, no fueron subproductos accidentales de la geografía o del subdesarrollo: son el resultado acumulado de siglos de despojo, marginalidad administrativa y expolio hídrico y minero.
La paradoja se sostiene sin metáfora. El territorio que produce el agua de tres cuencas oceánicas, que abastece a Bogotá y a Popayán, que sostiene los sistemas ecológicos del sur del país, es también el territorio donde sus habitantes carecen de agua potable, de vías y de escuelas. La riqueza fluye hacia afuera; la precariedad se queda dentro.
Huella y disputa
Cómo se recuerde el Macizo Colombiano depende, en buena medida, de quién lo mire. Para el Estado y para el discurso ambiental oficial, es la estrella fluvial del suroccidente, reserva de la biosfera, fábrica de agua. Para los arqueólogos y los turistas, es la tierra de San Agustín y de Tierradentro, patrimonios de la humanidad. Para los ejércitos —regulares e irregulares— fue durante décadas un corredor estratégico. Para los cabildos indígenas, es el territorio ancestral que hay que reconstituir. Para el CIMA, es la región política que hay que hacer visible frente a un Estado sordo. Cada una de estas miradas es cierta y cada una, por sí sola, incompleta.
Antes de los procesos organizativos, el Macizo no era reconocido como una región con culturas y pueblos importantes, y las comunidades campesinas, indígenas y negras se encontraban en situación de abandono. Fue precisamente esa condición la que motivó la creación de una organización regional. La visibilidad del Macizo como sujeto político no es un dato preexistente que la historia acepte pacíficamente: es una conquista reciente, disputada, incompleta. Vértice de cuencas, corredor de guerra, territorio ancestral, región política pendiente de nombrar: la historia real del Macizo transcurre en el roce entre esas descripciones, en el hecho de que un mismo nudo de montaña pueda ser, al mismo tiempo, origen del agua del país y campo de batalla no cerrado.
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Documentos y fragmentos citados
47 documentos · 59 fragmentos01Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 553, 5572 citas
[1]Nariño 551 m apa 1 División regional y municipal del Macizo colombiano y el Alto Patía Océano Pacífico Cauca Nariño Putumayo Ecuador 552 Guerra y violencias en Colombia En términos geográficos y ambientales, la región del Macizo asume una grandísima importancia. “Al Macizo Colombiano se lo identifica como la fábrica…
p. 553
[44]cierto grado, en los últimos años por el ascenso del paramilita - rismo. Además, actualmente, a pesar del Acuerdo de Santa Fe de Ralito y del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (auc), es nítido y notorio el ascenso de una nueva generación de grupos parami - litares en el Cauca y Nariño…
p. 557
02Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 553, 5572 citas
[2]Laboratorio de Paz del Cauca y Nariño 551 m apa 1 División regional y municipal del Macizo colombiano y el Alto Patía Océano Pacífico Cauca Nariño Putumayo Ecuador 552 Guerra y violencias en Colombia En términos geográficos y ambientales, la región del Macizo asume una grandísima importancia. “Al Macizo Colombiano se…
p. 553
[45]Fe de Ralito y del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (auc), es nítido y notorio el ascenso de una nueva generación de grupos parami- litares en el Cauca y Nariño (Schultze-Kraft y Munévar, 2008). La “Nueva Generación”, las “Águilas Negras” y los “Rastrojos”, en particular, marcan pre-…
p. 557
03Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 782 citas
[3]reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…
p. 78
[4]reflejaron en grandes áreas, con manifestaciones locales en todos los niveles (Flórez, 2003; IGAC, 1977; IGAC, 2005). Aunque en la escala amplia se puedan trazar límites teóricos que separan esquemáticamente regiones naturales, es necesario plantear que siempre han existido conexiones directas entre ellas y las…
p. 78
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1452 citas
[5]prin- cipal la intensa humedad proveniente de las pla- nicies cálidas que lo circundan, especialmente del valle del Magdalena y la selva amazónica. Desde esas planicies suben masas gigantescas de vapor de agua que se condensan en los páramos, for- mando neblinas y nubes que se desgajan en llo- viznas permanentes. Es…
p. 145
[6]prin- cipal la intensa humedad proveniente de las pla- nicies cálidas que lo circundan, especialmente del valle del Magdalena y la selva amazónica. Desde esas planicies suben masas gigantescas de vapor de agua que se condensan en los páramos, for- mando neblinas y nubes que se desgajan en llo- viznas permanentes. Es…
p. 145
05Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 266, 2682 citas
[7]de afinidad amazonica orinocense con la biota ca- racteristica de los Andes. Mientras en las selvas de tierras bajas dominan las leguminosas y son muy comunes las moraceas y sapindaceas, en las selvas andinas dominan las lauraceas y son muy comunes las melastomataceas y rubiaceas. Sobre los 3.500 m se establece una…
p. 268
[9]de Narvaez, San Francis- co, Iquira, Bache, Claro, San Miguel, Tamara, Ata, Siquila y Saldafia, que irrigan el alto valle del rio Magdalena, y Palo y Toribio, tributarios del Cauca. En el paramo, por encima de los 3.200 m, domi- nan los chusques y abunda el Espeletia harwegiana, un frailejon cuya distribucion se…
p. 266
06Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 92, 1772 citas
[8]su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…
p. 177
[10]es entendido como un ecotopo, y como tal tiene un paisa- je, una morfología y un clima típicos y casi exclusivos de Colombia, es decir, de los Andes ecuatoriales húmedos. Es la culminación de la integración vertical y horizontal de la geosfera de las montañas ecuatoriales. El muy típico y exclusivo paisaje del páramo,…
p. 92
07Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1822 citas
[11]que afecta el centro del sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para…
p. 182
[12]sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para sostener la vida humana. La…
p. 182
08Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 2771 cita
[13]Figura 101. Cerámica pintada; Quindío. 118 Véase al respecto el capítulo vi de Reichel-Dolmatoff, G., 1972, San Agustín: A Culture of Colombia, Praeger Publishers, New York. 278 Gffínídi Rffcerffs-Distnaióó Figura 102. Vasija con decoración champ-levé. Figura 103. Vasija zoomorfa de doble vertedera; Quindío. 279…
p. 277
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 421 cita
[14]sur de la Costa Pacífica. A partir de 330 A. D., sigue un largo período de más de mil años, durante el cual no se conocen de- talles estratigráficos. Sólo en 1410 A. D. encon- tramos otra vez un conjunto estratificado y bien definido, que se denomina Sombrerillos, pero de nuevo corresponde a una población distinta de…
p. 42
10Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 461 cita
[15]más amplia del terri- torio colombiano. Se presenta una posibilidad de relación espacial dada por los caminos prehispánicos que unen am- bas regiones y sabemos que hubo contemporanei- dad en ambos pueblos. La diferencia principal se halla en el tipo de en- terramiento y en la forma de las tumbas, pero, si tenemos en…
p. 46
11La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 541 cita
[16]de las sociedades anteriores a la Conquista. Mientras que tales escritos se utilizan para apoyar las afirmaciones del avanzado estado de desarrollo de los muiscas y taironas (Kroeber 1946: 887-909; Reichel-Dolmatoff 1965: 143-68), el uso académico de documentos similares para la región de Popayán parece insuficiente.…
p. 54
12El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 40, 452 citas
[17]nombre y de sus afluentes (todos ellos ricos en alu- viones de oro). Sin embargo, a pesar de ser estos últimos indios «pacíficos y humanos», Ampudia y Añasco, que 41 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa años después, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magdalena, «… incendiaron cuantos pueblos y…
p. 40
[20]o desamparar, tampoco los nuevos poseedores puedan mudarlos ni despedirlos…». 46 Jínd Ficere Don Carlos— es muy posible que se tratara de uno o va- rios pueblos traídos desde el sur, durante la Conquista, y a quienes fueron asignadas las tierras hostiles del valle de Las Papas para sus viviendas. Según Castellanos,…
p. 45
13Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1711 cita
[18]menos de los comerciantes europeos; los intercambios regionales o locales suplantan a los intercontinentales, el oro entra a desempeñar —así sea débilmente— un papel como moneda local, y posiblemente el nivel de vida de los encomenderos, que han visto desaparecer el espejismo de una rápida fortuna en América y…
p. 171
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[19]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…
p. 13
15Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1121 cita
[21]con la reconstrucción histórica de las dinámicas pobla - cionales de los yanaconas hecha por Sodemman y otros, “una nieta de Huáscar, Pascuala Inca, casada con un español de apellido Salazar trajo a los pueblos yana, yanacona y anacona al macizo” (Sodemann, 2014, p. 21). Debido a la temprana pérdida de la lengua por…
p. 112
16Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[22]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
17Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 211 cita
[23]marcado carácter patrimonial. Terminada la conquista, y con ella la influencia de los caudillos de las huestes, nadie hubiera podido re- clamar privilegios que se extendieran a toda una provincia. Por e~ta razón el reparto de recursos -tierras, indios, minas- que~ó confinado a lo que.~ sería la jurisdicci~n de una…
p. 21
18Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 701 cita
[24]of the Caribbean. In no jurisdiction 17 Helg, Liberty & Equality, 273; Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convoca - toria, 533. 18 McFarlane, Colombia before Independence, 47–48. 19 Helg, Liberty & Equality, 19. 20 Helg, Liberty & Equality, 19–20. 21 Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convocatoria,…
p. 70
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 481 cita
[25]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…
p. 48
20El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 731 cita
[26]Rica), aunque ninguno de estos sitios fue exitoso". El mercado interregional de ganado no fue una novedad de este período. Aún du- rante la Colonia, el ganado ayudó a integrar el país por medio de una división regional del trabajo. El ganado en el valle del alto Magdalena abasteció a Bogotá, Popayán, las haciendas…
p. 73
21Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 50, 3202 citas
[27]a Aurelio Iragorri Hormaza que andaba en mulas de arriba pa’ abajo. Tam- bién de Carvajal, Cipriano, Tiberio Zúñiga. Comunitariamente no había nada, hacían lo que querían con nosotros. Unas escasas jun- tas comunales y eran manipuladas 399. - El Macizo Colombiano en ese tiempo no era conocido. Na- die decía que allá…
p. 320
[49]que debe orientar y sostener sus políticas de protección de esta ‘cuna’ del agua. Pero lo que no nos contaban aquellos textos con mapas y relie- ves era que el lugar llamado ‘Macizo’ poco a poco se rodearía de visitantes, que haciendo trochas y ‘des-hechos’ buscarían más y más sus picos, todo porque allá abajo, en las…
p. 50
22Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 181, 1902 citas
[28]solución del conflicto que ha producido la confrontación por la hegemonía de un discurso y de un poder que está siendo movilizado por las líneas de integración política supramunicipal liderada por el CIMA, y la de recuperación territorial étnica, en cabeza del CMY. Tanto el CIMA como el CMY tienen posiciones definidas…
p. 190
[37]que representa a todos los habitantes del Macizo, tanto a los que están en la vía, como a aquellos que los apoyan logísticamente. Los movilizados buscaban que el gobierno se comprometie- ra a girar recursos, a incorporarlos dentro del Plan de Desarro- llo y a definir mecanismos para proyectos de inversión. Demos-…
p. 181
23Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2861 cita
[29]selva-tropical. Los Chamí, Catío, así como algunos grupos Emberá de Antioquia y Caldas están bastante aculturados, lo mismo que algunos grupos Noanamá de las orillas del río San Juan. En ambas riberas del Golfo de Urabá viven unos 500 indios Cuna. La tribu está dividida en un grupo oriental que ocupa una pequeña…
p. 286
24A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 112 citas
[30]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[31]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
25When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 751 cita
[32]that the resguardos uhave no reason to exist} given the fact that their inhabi- tants... are all civilized." 1 In 1924 Quintin Lame} acting in concert with two tolimense Indians named Jose Gonzalo Sanchez and Euti- quio Timonte} formed the Supreme Indian Council. Through it} they founded a town named San Jose de…
p. 75
26Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 321 cita
[33]a sus luchas. Desde finales del siglo xix, los indígenas de la región amazónica eran objeto de una terrible explotación por parte de los grandes comerciantes de caucho; en diferentes zonas del país, otras comuni- dades veían peligrar sus resguardos. En los años veinte, la resistencia indígena se hizo más fuerte, en…
p. 32
27Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 8741 cita
[34]ajena. Las comunidades son para nosotros la máxima autoridad y a su servicio ponemos todas nuestras capacidades y esfuerzos. Participamos también de las luchas de los demás explotados y oprimidos por derrotar la esclavitud capitalista y construir una patria más justa para todos. Las organizaciones populares, los…
p. 874
28En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · p. 251 cita
[35]encarcelara como a un ladrón facineroso porque reunía a los míos en los departamentos Nariño, Cauca, capital Po- payán; Huila, capital Neiva; Tolima, capital Ibagué, y el doctor Guillermo Valencia en su carácter de representante en la Cámara Baja, pidió se me desterrara de Colombia; pero el señor presidente de la…
p. 25
29Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3461 cita
[36]cabil- dos y las comunidades indígenas habían incrementado. En 1984, sucedieron dos hechos que impulsaron el surgimiento del Movimiento Armado Quintín Lame como estructura armada organizada. Por un lado, ocurrió un desalojo violento de miembros de comunidades indígenas en las recuperaciones de tierra de López Adentro,…
p. 346
30Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 60, 3232 citas
[38]empieza a crecer, más comunidades y líderes se empiezan a vincular al CIMA (ver mapa 8). Y es en este contexto que Merca- deres se junta al CIMA. Estando aquí en Mercaderes yo entré a trabajar en el Instituto Colombiano Agropecuario –ICA–. En ese entonces me di cuenta que los pueblos de esta región habían de- cidido…
p. 60
[47]y mucha gente entregó la escritura de los predios; andaba gente armada, nosotros estamos pendientes de hacer una reunión para defender las zonas agroalimentarias 444. Para el caso del Cauca, en 2010 los paras llegan al corregimien- to de La Herradura, municipio de Almaguer. Llegaron 11, la gente los sacó, había…
p. 323
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 831 cita
[39]Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) 197. Para los miembros del CIMA, «esta masacre de Los Uvos fue hecha para hacernos retroceder y para darnos miedo y que no lucháramos. De todas formas, hicimos el paro de Rosas, tratando de que nos cumplieran los acuerdos incumplidos. A pesar de la tragedia, nos…
p. 83
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1741 cita
[40]principales símbolos de la moviliza- ción y la resistencia. Desde sus orígenes, ha estado asociada con el trabajo colectivo y los aportes voluntarios de la comunidad para buscar el buen vivir común, pero ahora es también sinónimo de «caminar la palabra», es decir, de la movilización y protesta en pro de la…
p. 174
33El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 1181 cita
[41]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
34El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 1181 cita
[42]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
35Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1841 cita
[43]disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…
p. 184
36De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 881 cita
[46]INFORME No. 1 El auge de los cultivos de amapola atrajeron a las FARC y los grupos paramilitares que actuaban en el sur del departamento, ampliando la presencia de la guerrilla y de narcotraficantes que empezaron a comprar vastas extensiones de tierra, sobre todo en el valle del Magdalena, el piedemonte de la…
p. 88
37Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 1511 cita
[48]DE CONFLICTO ARMADO Y VIOLENCIA Panorama posacuerdos con AUC Posteriormente va un apartado que da cuenta de estos mismos aspectos en el Cauca. Continúa otro subcapítulo sobre la explotación minera ilegal en estos dos departamentos, más una descripción sobre los pro - cesos de justicia y paz y un balance sobre los…
p. 151
38Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 cita
[50]insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…
p. 220
39Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 1991 cita
[51]erradicación de cultivos de coca vía fumigación con glifosato. En su afán por obtener de Estados Unidos la certi- ficación en la lucha contra el narcotráfico, en 1997 la administra- ción Samper había fumigado 516 hectáreas en Puerto Guzmán y, en 1998, 3.950 en todo Putumayo (Ramírez, 2001, página 19; Rivera, 2003,…
p. 199
40Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3371 cita
[52]verle la cara a la guerra que ya desangraba a Urabá, a Córdoba, al Magdalena Medio y a los Llanos Orientales. Pero el gobierno Pastrana había aprobado la fumigación con glifosato por aire de los cultivos de coca de Putumayo y Caquetá, los campeones nacionales en cultivos de coca. Además envió a esas selvas y llanos…
p. 337
41Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5281 cita
[53]apoderaron –y lo siguen haciendo– de cientos de predios urbanos para montar negocios legales. Otro efecto del narcotráfico sobre la reconfiguración del territorio ha estado aso - ciado con las aspersiones de agentes químicos para la erradicación de cultivos de coca, marihuana y amapola, que han causado desplazamientos…
p. 528
42Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1201 cita
[54]acumulados 1999- 2004 fumiga total acum. en DA prpto. prpto. D.A. 1999-2004 (Has.) de fumiga 1999-2004 1999-2004 (Has.) (US millones) 4º Magdalena 3.035 1.632 16º 0.3 17.8 7 5º Bolívar 27.288 22.820 7º 3.7 12.9 5 6º Cauca 18.835 9.523 11º 1.5 12.1 5 7º Cesar* 3.514 3.031 14º 0.5 11.5 5 8º Antioquia 21.833 31.147 6º 5…
p. 120
43Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2151 cita
[55]de la agricultura tradicional, si no se generan correctivos a través de instrumen- tos de política que permitan articular a la pequeña agricultura, v) la vigencia de los altos niveles de subsidios en los países industrializados y la tendencia histórica de disminución de los precios agrícolas, probablemente mantendrá…
p. 215
44Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 541 cita
[56]ha presenciado una notable compra de tierras por parte de narcotraficantes. La región andina La gran región andina comprende cuatro regiones claramente diferenciadas: la región antioqueña, la región nororiental, la región central y la suroccidental. Un 39 % de la población total del país vive en los dos grandes…
p. 54
4525 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1341 cita
[57]crisis de la economía agraria de los primeros años e incrementaron sus u Martha Cecilia Garcia, ·luchas y movimientos clvicos en Colombia duranle los ochenla y tos novenla_ Transformaciones y permanencias~. en Mauricio Archila y t.tauricio Pardo (ediiOfes). Movimitnlos sociales, fSiado y democtacia en QJkJm. bla...•…
p. 134
46Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 1991 cita
[58]funcionarios del CRC ordenaron abusivamente desalojos en territorio ancestral yanacona y, además, ofrecieron dádivas a algunos comuneros para aceptar la demarcación del corredor biológico. Los hechos son narrados por un habitante de la zona: “(…) hace varios días miembros de la CRC estaban notificando a indígenas a…
p. 199
47Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 941 cita
[59]aventones para ir a la escuela, potreros donde alguien había visto un fantasma, la casa de una anciana que había permanecido soltera toda su vida hasta que encontró el amor y el matrimonio al llegar a los noventa años, para regocijo de toda la comunidad. En Garzón, me muestra todos los pequeños lugares de oración y…
p. 94