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Idea transversal

Geografía del conflicto

La geografía del conflicto es la tesis interpretativa según la cual la violencia colombiana del siglo XX y XXI se reprodujo con obstinación en territorios específicos por la articulación de una frontera agraria en expansión permanente, economías extractivas e ilegales y un Estado que llegó tarde, mal o deliberadamente selectivo. Formulada como diagnóstico sociológico en los años sesenta, se convirtió en clave analítica central de los estudios sobre el conflicto armado y en criterio técnico del Acuerdo de Paz de 2016.

3.801 palabras57 documentos63 fragmentos citados
Geografía del conflicto

Trayectoria de una idea

  1. 1953

    Colonización armada hacia el piedemonte amazónico

  2. 1964

    Publicación de 'La Violencia en Colombia'

  3. 1978

    Publicación del libro de Paul Oquist sobre La Violencia

  4. 1980

    Reconfiguración territorial por el narcotráfico

  5. 1997

    Masacre de Mapiripán y consolidación de corredores paramilitares

  6. 2010

    Reescritura de la geografía del conflicto en Nariño

  7. 2016

    Codificación en el Acuerdo de Paz

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La lectura

La geografía del conflicto no es una metáfora cartográfica sino una hipótesis causal: la violencia colombiana encontró sus territorios de reproducción allí donde la frontera agraria en expansión, las economías extractivas e ilegales y la omisión selectiva del Estado convergieron en condiciones de desprotección estructural. Su genealogía intelectual arranca en el estudio de Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna de 1964, que demostró que La Violencia no emanaba de la periferia sino del corazón productivo del país, abriendo la pregunta de por qué su continuación se desplazó hacia las fronteras amazónicas y pacíficas. La respuesta que construyeron décadas de estudios regionales fue precisa: los campesinos expulsados del interior fundaron los pueblos donde volvería a arder la guerra, y el latifundio que los había expulsado se desplazó con ellos hacia la nueva frontera. La autonomía financiera que guerrillas y paramilitares alcanzaron mediante narcotráfico, extorsión y minería ilegal convirtió esos territorios en sistemas de guerra autosostenida, sin goteo externo que cortar. Codificada finalmente en los PDET del Acuerdo de 2016, la geografía del conflicto pasó de ser diagnóstico académico a criterio de política pública, aunque la pregunta sobre si el Estado llegará esta vez de otra manera sigue abierta.

En Colombia, la expresión "geografía del conflicto" nombra algo más que un mapa. Es una tesis: la de que la violencia del siglo XX y lo que va del XXI se reprodujo con obstinación en unos territorios y no en otros porque en ellos se articularon tres fuerzas concretas: una frontera agraria en expansión permanente, unas economías extractivas e ilegales que llenaron el hueco del mercado y de la ley, y un Estado que llegó tarde, mal o deliberadamente selectivo. Formulada primero como diagnóstico sociológico en los años sesenta, refinada por décadas de estudios regionales, convertida en clave interpretativa por el Centro Nacional de Memoria Histórica y por la Comisión de la Verdad, terminó codificada como criterio técnico en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial del Acuerdo de 2016. Es a la vez una lectura del país y una manera de intervenirlo.

Un país que se explica por sus bordes

Colombia no fue nunca un territorio homogéneo bajo autoridad uniforme. El aserto suena trivial hasta que se lo lleva al terreno: los actores armados no aparecieron al mismo tiempo en todo el país, sino en momentos distintos, ligados a los ritmos desiguales con que cada región se integró —cuando se integró— a la economía nacional y a la vida política del centro. La geografía del conflicto empieza por reconocer esa asincronía. Hay regiones donde la guerra llegó en 1948 y regiones donde la primera columna guerrillera se avistó en los años ochenta; hay corredores que solo se volvieron estratégicos cuando cambió el precio de la cocaína en Miami; hay pueblos donde el Estado nunca llegó y otros donde llegó primero como ejército y luego, con mucha demora, como escuela.

La categoría de "periferia", aplicada al caso colombiano, no describe simplemente distancia geográfica respecto a Bogotá. Describe una condición: territorios donde el Estado se hizo presente de forma precaria o intermitente, donde las comunidades acumularon décadas de desprotección, y donde esa desprotección alimentó tanto la desigualdad interregional como la legitimidad relativa de los grupos armados que ofrecieron —a su manera— lo que el Estado no ofrecía. La inserción guerrillera y paramilitar se explica en buena medida por esa oferta invertida: allí donde no había policía ni juez ni carretera ni hospital, hubo comandante, tribunal irregular, obra pública comunitaria armada y, con frecuencia, un impuesto de guerra que sustituyó al impuesto público. En zonas rurales bajo control estable de la guerrilla, esta funcionó como un Estado paralelo: resolvía disputas, organizaba trabajo colectivo, defendía el perímetro frente al ejército, los paramilitares y los grupos guerrilleros rivales.

El punto delicado —y decisivo— es que esa precariedad estatal no fue un accidente natural del relieve. Fue, en gran medida, el resultado de decisiones: proteger el latifundio antes que redistribuir la tierra, canalizar el excedente campesino hacia baldíos lejanos antes que reformar la estructura agraria del interior, delegar el orden en los poderes locales antes que construir instituciones nacionales. La geografía del conflicto describe, entonces, no un vacío sino una forma concreta —y activa— en que el Estado colombiano se hizo presente: por omisión selectiva.

El estudio fundador y su larga sombra

El concepto tiene una fecha de nacimiento y una autoría precisa, aunque su formulación acabada haya tomado décadas. En junio de 1964, Ediciones Tercer Mundo publicó el Tomo II de La Violencia en Colombia, escrito por Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, monografía de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional. El primer tomo había aparecido antes; juntos constituyeron el primer intento sistemático de dar cuenta del proceso que había desangrado al país desde 1948. El estudio manejaba una cifra —aproximadamente 200.000 muertos— obtenida por extrapolación desde una base documentada de 134.820 muertes directas, sumando estimaciones de heridos fallecidos y desplazados. La cifra tuvo enorme fortuna en la literatura posterior y, aunque investigaciones econométricas recientes basadas en censos y tasas de natalidad han estimado para el período 1949-1958 alrededor de 57.737 víctimas mortales, muy inferior, la contabilidad de Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna sigue funcionando como referencia moral incluso donde ha dejado de funcionar como cálculo.

Lo que interesa aquí no es la cifra sino el gesto: los autores trataron La Violencia como un fenómeno con ramificaciones políticas, económicas y culturales, cuya naturaleza cambiaba con el tiempo y según las condiciones locales. Al hacerlo, instalaron una intuición que sería después el corazón de la geografía del conflicto: la violencia no es un episodio uniforme ni una patología nacional homogénea, sino un proceso de textura variable, con densidades regionales distintas. La constatación empírica —que los muertos y los desplazados se concentraban en Tolima, Valle, Antioquia y Caldas, es decir, en el eje cafetero central— desmentía la idea de una violencia que emanaba de la periferia. La geografía de La Violencia era, paradójicamente, la del corazón productivo del país.

Ese hallazgo abrió una tensión que atraviesa toda la tradición posterior. Si el foco original del conflicto estaba en las zonas cafeteras densamente pobladas, integradas al mercado y con presencia estatal, ¿cómo se explica que su continuación —desde los años sesenta— se desplazara hacia las fronteras amazónicas, hacia el Pacífico, hacia los llanos, hacia el Catatumbo? Al menos parte de la respuesta la ofreció el propio Fals Borda en sus trabajos sobre configuración regional y ordenamiento territorial, y luego una generación entera de estudios: la violencia no se desplazó azarosamente sino siguiendo el rastro de la colonización campesina que ella misma había empujado. Los campesinos expulsados del interior fundaron los pueblos donde volvería a arder la guerra.

El Frente Nacional, pactado en 1958 entre los partidos Liberal y Conservador, impuso sobre este diagnóstico un silencio elocuente. La paz partidaria prevaleció sobre la verdad y sobre la justicia; La Violencia fue tratada como una clave sociológica para auscultar al campesinado —a su cultura, sus supersticiones, sus lealtades— pero no como una interpelación a la organización política que la había producido. El estudio de 1964 quedó, en ese sentido, huérfano de continuación institucional: había abierto una pregunta que el pacto bipartidista prefería no responder.

De la colonización empujada a la retaguardia armada

La documentación de campo permitió, en las décadas siguientes, reconstruir con precisión el mecanismo. Testimonios recogidos por investigadores como Sierra en los años noventa mostraron que campesinos expulsados por el Ejército en 1953 —en plena ofensiva contra las autodefensas del sur del Tolima— abrieron a machete el camino hacia la Sierra de La Macarena, atravesando el Caquetá. No fue un movimiento espontáneo ni disperso: grupos organizados por el Partido Comunista formaron "columnas de marcha" que abrieron nuevos frentes de colonización en La Macarena, replicando en la frontera una organización que la violencia había destruido en el interior. En esas mismas zonas, dos décadas después, se consolidarían frentes de las FARC.

La secuencia es la clave analítica de la geografía del conflicto colombiano: expulsión, colonización, presencia guerrillera. Y sin embargo, no funciona como determinismo. La relación causal entre despojo original y arraigo guerrillero es objeto de debate historiográfico legítimo; hay zonas de colonización donde la guerrilla no cuajó y zonas de vieja presencia estatal donde sí. Lo que sí puede afirmarse es que la colonización amazónica —proceso secular iniciado desde finales del siglo XIX— absorbió sistemáticamente las poblaciones que los conflictos estructurales del centro expulsaban, y que esa absorción reprodujo en el nuevo territorio el mismo problema que había expulsado a la gente. Estudios del Incora en los años sesenta ya lo advertían: en las zonas de colonización, los grandes ganaderos y latifundistas se apropiaban de las tierras que los colonos habían desmontado con su trabajo, obligándolos a moverse hacia una frontera aún más lejana. El latifundio no se combatía; se desplazaba.

Sobre este trasfondo se entiende por qué la reforma agraria colombiana, tantas veces anunciada, resultó marginal. Las leyes sucesivas afectaron poco la estructura de tenencia dentro de la frontera agrícola: favorecieron la titulación de baldíos en la periferia, promovieron la colonización como válvula de escape y mantuvieron intacto el modelo dual de latifundio y minifundio. Autores como Absalón Machado y Salomón Kalmanovitz han documentado cómo el latifundio ganadero se plantó desde los años treinta al frente de la resistencia contra las reformas sociales y agrarias, y cómo la alianza entre terratenientes y Estado persistió como rasgo estructural del agro colombiano a pesar de los cambios ocurridos desde los cincuenta. La geografía del conflicto es, en gran medida, la traducción territorial de esa alianza no disuelta.

Corredores, retaguardias y la lógica espacial de la guerra

Desde los años ochenta, la dinámica territorial del conflicto se hizo legible como una arquitectura de corredores estratégicos y zonas de disputa. Un corredor de movilidad, en jerga de investigación, no es solo un eje de tránsito: es un tendido minucioso de puntos de apoyo a lo largo de una ruta —fincas, veredas, funcionarios comprados, comerciantes cómplices— sin el cual la movilidad armada implica alto riesgo. Cuando un grupo pierde su corredor, pierde su capacidad de operar. La guerra colombiana puede leerse, en buena medida, como una disputa por corredores.

Las zonas donde esa disputa alcanzó mayor intensidad —el nordeste del Valle del Cauca, el oriente antioqueño, el occidente de Arauca, los Montes de María, la Sierra Nevada de Santa Marta— configuraron una geografía específica: no siempre las regiones más pobres, no siempre las más periféricas, sino aquellas donde se cruzaban rutas económicas relevantes con debilidad institucional persistente. El Medio Atrato, en el Chocó, funcionó como corredor para el transporte y exportación de cocaína hacia el Pacífico por parte de narcotraficantes procedentes del Valle, Caldas, Risaralda y el occidente de Antioquia; su precariedad estatal generó "legalidades alternativas", regímenes de orden paralelo que sustituyeron el referente simbólico del Estado y facilitaron la instalación de economías ilegales sostenidas. En el Bajo Cauca antioqueño, el control del eje fluvial del río Cauca, del Nechí y de los corredores hacia el Golfo de Urabá y el río Magdalena estructuró la conflictividad posdesmovilización, con presencia de grupos como Los Urabeños en municipios como Tarazá, El Bagre, Nechí y Zaragoza.

La masacre de Mapiripán, en el Meta, entre el 15 y el 20 de julio de 1997, marcó en la memoria colectiva el momento en que esta lógica de corredores alcanzó pleno funcionamiento en los Llanos Orientales bajo hegemonía paramilitar. El Bloque Centauros consolidaba entonces la expansión de las autodefensas hacia una región que las FARC habían considerado retaguardia; la disputa por ese territorio fue especialmente sangrienta porque lo que se jugaba no era una frontera sino una arteria.

En el Bajo Putumayo —los municipios de Orito, Valle del Guamuez y San Miguel— se dio otra síntesis reveladora: la explotación petrolera del departamento se concentró históricamente allí, y sobre ese mismo suelo se extendió el cultivo de coca y se instalaron actores armados con vocación de permanencia. Petróleo, coca y guerrilla ocuparon el mismo mapa. En Nariño, entre 2010 y 2014, las FARC-EP y el ELN intensificaron acciones armadas —atentados contra torres eléctricas y contra el oleoducto trasandino, ataques a puestos rurales de policía, un ataque a la base naval de Tumaco— en un contexto de reconfiguración territorial en el que los frentes guerrilleros retornaban a municipios de la cordillera que habían estado bajo influjo paramilitar. La geografía del conflicto se reescribía sobre sí misma: cada retirada de un actor abría un vacío que otro venía a ocupar.

La economía de guerra y la autonomía territorial

Un rasgo específico del caso colombiano, señalado por Daniel Pécaut, es la independencia financiera notable que tanto las guerrillas como el paramilitarismo alcanzaron respecto de patrocinios externos. Las FARC no dependieron de potencias internacionales; el paramilitarismo no dependió del presupuesto estatal. Ambos se financiaron con economías locales —narcotráfico, extorsión, minería ilegal, contrabando— que produjeron territorios enteros funcionando bajo lógicas de guerra autosostenida. Esta autonomía financiera es una de las causas esenciales de la prolongación del conflicto: no había goteo externo que cortar, no había mecenas al que presionar.

La expansión del narcotráfico desde los años ochenta reconfiguró la geografía existente. Los carteles, formados alrededor del tráfico de marihuana a principios de los setenta, se consolidaron territorialmente en alianza con poderes locales y establecieron corredores para el tráfico de cocaína y heroína hacia Estados Unidos. Las regiones del norte del país conectadas con la costa Caribe, y las del sur vinculadas a la producción cocalera, experimentaron altos niveles de expulsión de población. El desplazamiento forzado dejó de ser efecto colateral de la guerra política para convertirse en herramienta de acumulación económica: quien controlaba el corredor controlaba la renta, y quien pretendía controlar el corredor necesitaba vaciarlo de testigos incómodos.

En Putumayo, esa lógica dejó huella medible. A mediados de 2013, la Unidad de Restitución de Tierras había recibido allí solicitudes que sumaban cerca de dos mil predios y 65.582 hectáreas —el 4,52% del total nacional—, un volumen que confirmaba lo que los investigadores llevaban tiempo señalando: el papel histórico del narcotráfico y los cultivos de coca en la construcción territorial del departamento explica los fenómenos contemporáneos de abandono forzado y despojo. En paralelo, la expansión de los megaproyectos agroindustriales de biocombustibles —con la palma aceitera acercándose ya al medio millón de hectáreas hacia 2009— operó como factor de mayor concentración de la propiedad rural, despojo y deterioro ambiental. En la Sentencia C-644 de 2012, la Corte Constitucional declaró inexequibles normas del Plan Nacional de Desarrollo que descuidaban el balance entre zonas de desarrollo empresarial y zonas de reserva campesina, apuntando a un desequilibrio estructural que la política pública tendía a profundizar.

El deterioro de las exportaciones agrícolas desde mediados de los ochenta y la caída de cultivos transitorios durante la apertura económica de los noventa configuraron el marco en que la coca se expandió sobre territorios de agricultura previamente consolidada. Sobre ese suelo emergió una figura decisiva: el "señor de la guerra", actor que articulaba narcotráfico con aparatos de coerción y protección para sostener un orden local. La geografía del conflicto en su fase reciente es, en buena medida, la geografía de esos órdenes locales autosostenidos, hijos de una economía ilegal globalizada y de un Estado que nunca terminó de nacionalizarse.

Molano, el CNMH y la memoria como cartografía

Si Fals Borda y su generación instalaron el diagnóstico, la traducción del concepto a un lenguaje comprensible para el gran público debe mucho a Alfredo Molano Bravo. Su obra —crónicas, testimonios, informes— hizo del recorrido físico por los territorios del conflicto un método de conocimiento: escuchar a los expulsados de La Violencia, a los colonos de la Amazonia, a los pescadores del Magdalena, a las mujeres del Sarare. Molano practicó una etnografía itinerante que confirmó lo que la sociología había sospechado y añadió lo que la sociología no podía dar: el detalle biográfico, la voz de quienes habían vivido dentro del mapa.

Su influencia se hizo institucional en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. Molano fue el comisionado que orientó, hasta su muerte, el despliegue territorial del trabajo de la CEV; el enfoque territorial del Informe Final le debe la insistencia en que las voces de los sectores más victimizados debían estructurar el relato y no ilustrarlo. El tomo territorial del Informe se organizó en once unidades regionales diferenciadas —Amazonía; Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoano; Caribe; Eje Cafetero; Frontera nororiental; Magdalena Medio; Nariño y sur del Cauca; Orinoquía; Pacífico; Región Centro; Valle y norte del Cauca— más tres componentes adicionales: un texto reflexivo sobre las dinámicas territoriales de la guerra, un capítulo sobre dinámicas urbanas del conflicto y un epílogo dedicado al campesinado, al que la Comisión describió como "víctima principal del conflicto".

La arquitectura del tomo tenía una consecuencia metodológica notable: los relatos regionales no compartían fecha de inicio. Algunos se remontaban al período colonial, otros al siglo XIX, otros solo a tiempos recientes. La razón es la que había apuntado Fals Borda sesenta años antes: los actores armados no llegaron simultáneamente a todo el país. Cada región tenía su propio reloj, ligado al momento en que la vida económica nacional la había alcanzado —o la había marginado— y a las formas concretas en que sus poblaciones habían quedado articuladas, o no, a la vida política del país. La CEV formalizó así una intuición larga: la historia del conflicto colombiano no es una sino muchas historias entrelazadas, y solo el análisis regional puede sostener la promesa de comprender.

El Centro Nacional de Memoria Histórica, bajo la dirección durante años de Gonzalo Sánchez Gómez, había preparado el terreno. Los informes sobre paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, Bajo Atrato y Darién, entre muchos otros, produjeron el archivo empírico sobre el que se sostiene la lectura territorial contemporánea. El ¡Basta ya!, presentado en 2013 por el Grupo de Memoria Histórica, extendió el análisis de la violencia como fenómeno continuo desde los años cuarenta, rompiendo la periodización clásica que aislaba La Violencia (1948-1958) del conflicto posterior. Antes, el estudio de Paul Oquist sobre La Violencia, publicado en español en 1978, había estimulado la producción de estudios regionales al iluminar la enorme diversidad interna del fenómeno; en la misma dirección trabajaron después María Teresa Uribe de Hincapié desde Antioquia, Fernán González desde el análisis institucional, Darío Fajardo Montaña desde el ángulo agrario. Todos contribuyeron a que la geografía del conflicto dejara de ser una metáfora y se convirtiera en un programa de investigación acumulativo.

Del diagnóstico a la política pública: los PDET

De esa acumulación de saber regional a su codificación como instrumento estatal media un salto que la firma del Acuerdo de La Habana hizo de golpe. Lo que durante medio siglo había sido diagnóstico académico, denuncia campesina y archivo de memoria pasó, en noviembre de 2016, a ser criterio administrativo con presupuesto, cronograma y municipios focalizados. El Punto 1 del Acuerdo —la Reforma Rural Integral— y su instrumento estrella, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), asumieron explícitamente la geografía del conflicto como base de la política de paz. Los PDET focalizarían la inversión pública en los municipios más golpeados por la guerra, con la idea de cerrar la brecha que había producido y reproducido la violencia. La lógica era impecable en el papel: si la ausencia diferencial del Estado había alimentado el conflicto, la presencia diferencial del Estado debía cerrarlo.

Hubo antecedentes. Los Laboratorios de Paz, en particular el segundo (2003), habían seleccionado regiones combinando niveles de pobreza, necesidades básicas insatisfechas, presencia institucional, niveles de violencia y grado de madurez de los procesos sociales. Los criterios apuntaban a focalizar intervenciones sobre territorios con escenarios de exclusión y conflicto armado. La política de restitución de tierras, implementada durante el gobierno Santos bajo el liderazgo del Ministerio de Agricultura, resultó inédita: comenzó antes de la firma del acuerdo final, invirtiendo la secuencia habitual —Sudáfrica, por ejemplo, había esperado al pacto para empezar— y siendo considerada por quienes la condujeron como la pieza de mejor implementación en materia agraria.

La implementación del Acuerdo de 2016 confirmó, sin embargo, los límites de traducir un diagnóstico estructural en política administrativa. En su fase inicial —2017 fue descrito como el año más tranquilo vivido por Colombia en medio siglo—, la población pudo experimentar lo que significa la paz. Pero la transformación participativa regional que los PDET prometían no se materializó: en la práctica, se limitaron a proyectos demostrativos validados por la Misión de Verificación de la ONU. Bajo el gobierno Duque, el uribismo ejerció presión constante para excluir a la guerrilla desmovilizada de la competencia política, y se registró un crecimiento sin freno en el asesinato de líderes sociales. Las condiciones para transformar los territorios —donde vivían las víctimas y donde debían aterrizar los programas— se deterioraron sostenidamente.

Un rasgo estructural del proceso colombiano ayuda a entender esta dificultad: el país careció históricamente de continuidad entre gobiernos en los procesos de paz. Cada administración tendió a partir de cero, sin capitalizar los aprendizajes de la anterior. Desde 1981, apenas tres momentos exhiben continuidad: la administración Gaviria, que aprovechó la herencia negociadora dejada por el proceso con el M-19, y los gobiernos de Uribe y Santos por separado, en los que la reelección permitió cierta acumulación interna. El resultado es una intermitencia que le ha impedido al Estado colombiano transformar los territorios que su propia acción —u omisión— ayudó a producir.

Balance de un concepto

Al momento en que el conflicto llegó al punto crítico que favoreció la negociación de 2016, las FARC contaban con cerca de ocho mil combatientes y presencia efectiva en casi 200 de los más de 1.100 municipios del país; el ELN reunía menos de dos mil efectivos en medio centenar de municipios. En ambos casos, la capacidad militar se había reducido a menos de la mitad de la que habían llegado a tener. La geografía del conflicto se había estrechado, sí, pero no había desaparecido: los territorios que habían sido su corazón —el Pacífico nariñense, el Catatumbo, el Bajo Cauca, el sur del país— seguían siendo, y siguen siendo, los mismos.

Esa persistencia es el mejor argumento a favor de la potencia analítica del concepto y, al mismo tiempo, la mejor evidencia de sus límites políticos. Como herramienta de comprensión, la geografía del conflicto capturó algo real: la articulación sistemática entre frontera agraria, economías ilegales y precariedad institucional produce violencia allí donde se sostiene. Como instrumento de política pública, sin embargo, corre el riesgo de naturalizar como geografía lo que es, en el fondo, historia de decisiones. La frontera agraria no se abrió por sí sola: se abrió porque se protegió el latifundio del interior. Las economías ilegales no ocuparon un vacío neutral: ocuparon un territorio del que el Estado había expulsado a sus habitantes en 1953 y al que había regresado, décadas después, como fuerza pública sin acompañamiento civil. La precariedad no fue ausencia: fue una forma concreta de presencia selectiva.

De Fals Borda a Molano, del CNMH a la CEV, la mejor tradición del concepto ha insistido en esta doble lectura. Los territorios del conflicto son mapas, pero también son biografías colectivas de expulsión, colonización, despojo y resistencia; son economías, pero también son decisiones acumuladas de Estado; son geografías, pero también son cronologías de lo que se hizo y de lo que se dejó de hacer. Reducir esa complejidad al mapa —focalizar municipios, contar hectáreas, dibujar corredores— es útil pero peligroso: puede convertir el diagnóstico en coartada de intervenciones tecnocráticas que reproducen la misma lógica que dicen combatir.

Ahí está la apuesta del concepto en su mejor versión: no dejarse leer como cartografía inocente. La geografía del conflicto, bien empleada, no señala dónde está el problema; señala quién decidió que estuviera ahí y no en otra parte. Es menos un plano del país que un acta de responsabilidades: nombra los territorios, sí, pero para devolverle al resto de Colombia la pregunta incómoda de qué hizo, o dejó hacer, para que la violencia se quedara justamente donde se quedó.

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En el archivo

106 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Nueva Granada1831–18622
  1. 1840Navegación a vaporFicha
  2. 1850Agustín CodazziFicha
02La Violencia1946–19573
  1. 1948Violencia sexual sistemática como arma política durante La ViolenciaHecho
  2. 1949Guerrillas liberales y autodefensas campesinas (1949–1953)Hecho
  3. 1949Los pájaros y el terror conservador en el Valle del Cauca (1949–1957)Hecho
03Frente Nacional1958–19743
  1. 1960RiochiquitoFicha
  2. 1964MarquetaliaFicha
  3. 1967Decretos 157 y 158 de 1967: concesiones extraordinarias a Texas Petroleum en el PutumayoHecho
04Crisis y narcotráfico1974–199011
  1. 1982Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016Pregunta
  2. 1983Paro cívicoFicha
  3. 1984Casa VerdeFicha
  4. 1984La UribeFicha
  5. 1984Pablo Emilio Guarín VeraFicha
  6. 1985Puerto BoyacáFicha
  7. 1986Henry PérezFicha
  8. 1986Manuel Pérez MartínezFicha
  9. 1987ViolentologíaFicha
  10. 1989La RochelaFicha
  11. 1991TrujilloFicha
05Constitución de 19911991–200210
  1. 1991Pentecostalización rural en zonas de conflicto (1991–2002)Hecho
  2. 1994Nicolás Rodríguez BautistaFicha
  3. 1995Jorge Briceño (Mono Jojoy)Ficha
  4. 1995Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)Hecho
  5. 1997MapiripánFicha
  6. 1997Sevicia ritual paramilitar y violencia sexual escenificada en masacres (1997–2002)Hecho
  7. 2000El SaladoFicha
  8. 2002BojayáFicha
  9. 2002Comuna 13Ficha
  10. 2002Ruptura del Caguán, masacre de Bojayá y elección de Uribe (2002)Hecho
06Seguridad Democrática2002–20169
  1. 2000Plan Colombia y soberaníaPregunta
  2. 2001Fumigaciones aéreas con glifosato, efecto globo y desplazamiento cocalero (2001–2008)Hecho
  3. 2002Control territorialFicha
  4. 2002El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)Hecho
  5. 2003Santa Fe de RalitoFicha
  6. 2006Bandas criminales y rearme posdesmovilización (2006–2014)Hecho
  7. 2008Operación Fénix y la crisis diplomática andina de 2008Hecho
  8. 2008Raúl ReyesFicha
  9. 2016El plebiscito del 2 de octubre de 2016Pregunta
07Posconflicto2016–presente10
  1. 1980Animeros de Puerto Berrío y la adopción ritual de NN del MagdalenaHecho
  2. 2016Dairo Antonio Úsuga David, alias OtonielFicha
  3. 2016Implementación del Acuerdo Final y dejación de armas de las FARC-EP (2016-2018)Hecho
  4. 2016Paz territorialFicha
  5. 2017Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)Hecho
  6. 2017Fracaso del PNIS (2017–2022)Hecho
  7. 2018Pastor AlapeFicha
  8. 2019Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)Hecho
  9. 2019Confinamientos masivos como modalidad de control territorial en el posacuerdo (2019–2022)Hecho
  10. 2019Iván MordiscoFicha
08Transversal57
  1. 500San AgustínFicha
  2. 1000Sierra Nevada de Santa MartaFicha
  3. 1500Macizo ColombianoFicha
  4. 1510UrabáFicha
  5. 1537Cordillera OrientalFicha
  6. 1550IbaguéFicha
  7. 1612NeivaFicha
  8. 1700CaucaFicha
  9. 1800Valle del PatíaFicha
  10. 1819Llanos OrientalesFicha
  11. 1886ColombiaFicha
  12. 1886La DoradaFicha
  13. 1900BucaramangaFicha
  14. 1900Las periferias colombianas y la exclusión territorial deliberadaPregunta
  15. 1904NariñoFicha
  16. 1905HuilaFicha
  17. 1910Norte de SantanderFicha
  18. 1928CiénagaFicha
  19. 1930SumapazFicha
  20. 1950CaquetáFicha
  21. 1950OrinoquíaFicha
  22. 1950San Vicente de ChucuríFicha
  23. 1950TolimaFicha
  24. 1952YacopíFicha
  25. 1954Fuerte Militar de TolemaidaFicha
  26. 1959MetaFicha
  27. 1964ChaparralFicha
  28. 1964Sur del TolimaFicha
  29. 1965SimacotaFicha
  30. 1966Manuel Marulanda VélezFicha
  31. 1970Magdalena MedioFicha
  32. 1971Guerra contra las drogasFicha
  33. 1976SaravenaFicha
  34. 1980CimitarraFicha
  35. 1980TibúFicha
  36. 1984La MacarenaFicha
  37. 1985Alfredo Molano BravoFicha
  38. 1985La periferia urbana colombiana como geografía del despojoPregunta
  39. 1985Oriente antioqueñoFicha
  40. 1985San CarlosFicha
  41. 1987La violentología colombianaPregunta
  42. 1990Bajo CaucaFicha
  43. 1990El Carmen de ChucuríFicha
  44. 1990El CastilloFicha
  45. 1990Impunidad estructuralFicha
  46. 1990Norte del ValleFicha
  47. 1991GuaviareFicha
  48. 1995Alto SinúFicha
  49. 1995Sur de BolívarFicha
  50. 1995ToribíoFicha
  51. 1997San José de ApartadóFicha
  52. 1998MitúFicha
  53. 1998Montes de MaríaFicha
  54. 1998Zona de despejeFicha
  55. 1999El PlacerFicha
  56. 2000Bajo AtratoFicha
  57. 2000San Vicente del CaguánFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Orlando Fals Borda — coautor de 'La Violencia en Colombia' (1964), estudio fundador del análisis territorial del conflicto
  2. 02Frontera agraria — mecanismo estructural que explica la expansión del conflicto hacia la periferia amazónica y pacífica
  3. 03Desplazamiento forzado — consecuencia y herramienta del conflicto territorial; en Putumayo sumó cerca de 2.000 predios y 65.582 hectáreas en solicitudes de restitución a 2013
  4. 04Absalón Machado — documentó la persistencia del latifundio ganadero y su resistencia a la reforma agraria como base estructural de la geografía del conflicto
  5. 05Daniel Pécaut — señaló la independencia financiera de guerrillas y paramilitarismo como causa de la prolongación del conflicto y de su autonomía territorial
  6. 06Magdalena Medio, Urabá, Catatumbo, Montes de María, Caquetá, Putumayo, Arauca, Cauca, Nariño — territorios paradigmáticos donde se articularon frontera agraria, economías ilegales y precariedad estatal
  7. 07Economía cocalera — reconfiguró desde los años ochenta la geografía preexistente del conflicto, convirtiendo el desplazamiento forzado en herramienta de acumulación y control territorial
06

Documentos y fragmentos citados

57 documentos · 63 fragmentos

01Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 2062 citas
[1]

de la experiencia histórica y las maneras en que esta opera en las posibilidades de transformación vitales. Territorio En los últimos años en el país, el concepto de territorio ha aparecido profusa - mente en el interior de discursos tan distintos como las propuestas de la mesa de negociación con las farc, la política…

p. 206
[2]

de la experiencia histórica y las maneras en que esta opera en las posibilidades de transformación vitales. Territorio En los últimos años en el país, el concepto de territorio ha aparecido profusa - mente en el interior de discursos tan distintos como las propuestas de la mesa de negociación con las farc, la política…

p. 206
02La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 21 cita
[3]

La violencia en Colombia Estudio de un proceso social-Tomo II Monseñor Germán Guzmán Orlando Fals Borda Eduardo Umaña Luna Ediciones LAVP www.luisvillamarin.com La violencia en Colombia Estudio de un proceso social Tomo II © Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna Colección Actores de la…

p. 2
03La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 11 cita
[4]

?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…

p. 1
04Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 451 cita
[5]

asserts that those who bear these signs have the right to abuse and take advantage of those who do not. The inter - action between these classes of values is paradoxical, as it promotes the M. ZULETA 9 idea that the resolution of conflict is achieved through permanent war, in which the strongest side, which are…

p. 45
05Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 cita
[6]

sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…

p. 135
06Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3231 cita
[7]

colombianos muestran también vigoroso interés por el tema conexo del conflicto agrario. Esa orientación es natural, dado que muchos de los nuevos historiadores llegaron a la mayoría de edad durante La Violen- cia y que en los años setenta se produjo un recrudecimiento de los conflictos por la tierra y de la actividad…

p. 323
07Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5091 cita
[8]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
08El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[9]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
09El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[10]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
10Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1711 cita
[11]

su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
11Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3941 cita
[12]

1985), 85. 33. Malcolm Deas, "El rompecabezas de la paz," El Tiempo, Lecturas Dominicales, April 19, 1986. 34. Arturo Alape, La Paz, la violencia: Testigos de excepción (Bogotá, 1985), p. 367. 35. Ricardo Santamaría and Gabriel Silva, Proceso político en Colombia (Bogotá, 1984), 69. 36. Zabala, "La toma del Palacio de…

p. 394
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
[13]

con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

p. 48
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[14]

cercano al poder, y quien fuera uno de los más grandes tenedores de tierra del conti- nente, llegó a poseer para principios de la década del sesenta entre 35.000 y 72.000 hectáreas en el Caquetá, incluyendo varias decenas de miles en los llanos del Yarí 139. Un campesino relata: «Coparon prácticamente todo el…

p. 62
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[15]

particularidades corresponden a las lógicas propias de la región en la que están ubicadas y, por supuesto, hacen también parte del relato de todos los territorios estudiados. En todos los textos, los flujos y relaciones entre las ciudades y las zonas rurales vecinas forman parte del análisis. Los textos regiona- les…

p. 31
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[16]

simultánea en la totalidad del territorio, sino en períodos diferentes, ligados a los diferentes momentos de la integración gradual de las regiones en la vida económica del conjunto de la nación y de la difícil articulación de las poblaciones en la configuración política del país. De esta manera, se definieron once…

p. 31
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[17]

la guerra insurgente-contrainsurgente, cuyo objetivo central es la búsqueda y elimi- nación del enemigo, al que se asimilan las poblaciones y territorios en los nacieron y se insertaron las guerrillas o aquellos que se oponen a la lógica de acumulación de riqueza y poder hegemónicos. La paradoja es que la inserción de…

p. 27
17Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 3221 cita
[18]

among rural populations, political a ffi liation corresponded quite strictly with geography. In guerrilla- dominated rural areas, it is common for the guerrilla group to act as a par- allel state, o ff ering police and conflict-resolution functions as well as or- ganizing collective public works projects (this was…

p. 322
18Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 431 cita
[19]

siones de la sociedad local que en cada caso fueron re- saltadas en los estudios como parte sustantiva de las transformaciones. A esa relación básica le sigue luego un análisis complementario hecho sobre dos dimensiones que sobresalen también dentro del conjunto complejo de factores que inciden en el proceso de recon-…

p. 43
19Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1621 cita
[20]

la Ciénaga de Bojayá, lo cual ha generado preocupación entre los habitantes del Medio Atrato y sus organizaciones. 215 La precariedad del Estado en su ejercicio de control en esta región ha creado condiciones para la conversión del territorio en zona de ilegalidad y refugio. La ilegalidad se presenta en una do- ble…

p. 162
20La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 541 cita
[21]

54 La guerra escondida pios de San Vicente del Caguán y Puerto Rico), terminando en el suroccidente de Cundinamarca (mapa 5). Aparte de estos corredores existen otras zonas que han sido regiones en disputa por parte de las guerrillas, los grupos parami- litares y las Fuerzas Armadas. Estas zonas de disputa…

p. 54
21Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 541 cita
[22]

estos casos, es posible que los lugareños sepan aproximadamente por dónde acampan o de dónde vinieron. Nada más. Pre- cisamente porque los “lugareños” deben mantener su filiación en secreto, (simpatizan, apoyan, son neutrales, o son contrarios a los grupos armados, legales o no) a su vez, los grupos armados guardan el…

p. 54
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 301 cita
[23]

está más relacionada con Risaralda y el norte del Valle; las dinámicas del Pacífico valluno y caucano, más ligadas a los problemas del sur del Valle y el norte del Cauca; el andén del Pacífico nariñense está ligado a la presentación 31 llegada de la economía cocalera, golpeada en Caquetá y Putumayo. Desde esta lógica,…

p. 30
23Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1081 cita
[24]

POR LOS LLANOS Mapa 4. Presencia territorial del Bloque Centauros según menciones en el MNJCV 29 Fuente: CNMH-DAV, elaboración propia, 2020. 29- Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica. CAPÍTULO II TRAYECTORIA Y EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL BLOQUE CENTAUROS (1997-2005) 109 Línea de Tiempo…

p. 108
24La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 221 cita
[25]

del resto del Departamento, sin embargo, no hay que desconocer que esta zona fue un corredor estratégico para la movilización y entrada de grupos de guerrilla y paramilitares hacia el Bajo Putumayo. Una situación similar ca- racteriza a la zona del Piedemonte o Cuenca del Río Caquetá (Medio Putumayo) 3. En estas…

p. 22
25El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 272 citas
[26]

Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

p. 27
[27]

Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

p. 27
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1581 cita
[28]

presión que ambos actores buscaban ejercer sobre el otro para aumentar su poder de negociación en La Habana. Entre el 2010 y el 2014, la confrontación se incrementó con acciones de la guerri- lla. Tanto las FARC-EP como el ELN pusieron bombas en torres de energía eléctrica diálogos de paz en medio del conflicto, retos…

p. 158
27Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 1001 cita
[29]

de la coca a través del eje fluvial del río Cauca, Nechí y las diversas salidas por los corredores hacia la costa norte (Gol - fo de Urabá), a través de Córdoba, Sucre y Bolívar, y la utilización de rutas que provee el río Magdalena. El dominio de parte de los circuitos económicos se ha dado a través de alianzas,…

p. 100
28Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1831 cita
[30]

Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…

p. 183
2925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1461 cita
[31]

el 44.63% de la superficie ocupada 37 • Esto muestra que se fragmentó la pequeña propiedad y que los pequeños y medíanos campesinos perdíeron control sobre la tierra. mientras los gran- des propietarios lo aumentaron. Por otra parte, las leyes de reforma agraria han tenido escasos resulta- dos: han favorecido la…

p. 146
30El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 341 cita
[32]

en los años 20, Absalón Machado y otros afirman que Colombia nunca realmente ha tenido una revolución burguesa (únicamente en los años cincuenta, el país comenzó a adoptar el llamado camino junker del desarrollo agrario capitalista desde arriba)"'. En los años 30, apunra Gómez, el latifundio ganadero estaba al frente…

p. 34
31Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 261 cita
[33]

nivel de bienestar y ampliaran la democracia y el mercado interno. Para los opositores (tanto entonces como ahora) se trataba de la defensa de la propiedad privada contra la expropiación o la extinción del dominio, por una parte, y la defensa de un orden social controlado desde arriba, que no fuera desafiado por mo-…

p. 26
32Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4952 citas
[34]

paran que la tierra se convierta en un bien especulativo, que se acumula sin mayor nivel de producción (PNUD, 2011, Colombia rural 2011. Razones para la esperanza, página 78). Otra expresión de esta problemática en el sector es el fenóme - no de la implementación de megaproyectos para la producción de biocombustibles,…

p. 495
[35]

paran que la tierra se convierta en un bien especulativo, que se acumula sin mayor nivel de producción (PNUD, 2011, Colombia rural 2011. Razones para la esperanza, página 78). Otra expresión de esta problemática en el sector es el fenóme - no de la implementación de megaproyectos para la producción de biocombustibles,…

p. 495
33Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 221 cita
[36]

sus habitantes respecto de la sociedad nacional” (página 68). 23 Introducción Ese valor comercial que las economías de enclave le han dado históricamente a la tierra en Putumayo permite entender el papel del narcotráfico y los cultivos de coca en los fenómenos contem- poráneos de abandono forzado y despojo de tierras…

p. 22
34Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 152 citas
[37]

técnica y financiera del Estado para hacerlos productivos, como tampoco se ocupa de los nuevos “accionistas” de los proyectos productivos, campesinos que bajo la legislación anterior eran objeto central de las políticas agrarias, entre otras cosas porque las normas en estudio se concentraron en asegurar la…

p. 15
[38]

técnica y financiera del Estado para hacerlos productivos, como tampoco se ocupa de los nuevos “accionistas” de los proyectos productivos, campesinos que bajo la legislación anterior eran objeto central de las políticas agrarias, entre otras cosas porque las normas en estudio se concentraron en asegurar la…

p. 15
35Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1631 cita
[39]

Granada (204 personas), Argelia (202 personas) y Cocorná (190 personas). 163 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio con alto potencial de explotación económica. En una época carac- terizada por el boom del narcotráfico, la población fue expulsada principalmente de regiones ubicadas en el norte del…

p. 163
36Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 241 cita
[40]

de la economía de guerra que hizo que nuestro conflicto armado fuera tan largo. Esta economía de guerra causó una independencia increíble de los GAI colombianos frente a las dinámicas internacionales de la guerra fría. Pero sobre todo fue la causa esencial de que el conflicto armado colombiano fuera tan largo. Una…

p. 24
37Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 811 cita
[41]

ten- drían que concentrarse en la forma de organizar las sociedades locales para poder garantizar su prestigio y su supervivencia como figura ascendente en su comunidad. Estaba claro que no bastaba Fundación SEGURIDAD & DEMOCRACIA 82 ser un narcotraficante para llegar al tope de la pirámide de poder, había que poseer…

p. 81
38Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3201 cita
[42]

de precariedad para comercializar sus productos y conectarse a los mercados agrícolas: «En un punto, a La Gabarra [municipio de Tibú, Norte de Santander] se le acabó la carretera; usted fácilmente podía gastarse de Tibú a La Gabarra… ¿qué le digo yo?, se podía demorar hasta una semana. Es que los carros se enterraban,…

p. 320
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 311 cita
[43]

el escritor argentino Tomás Eloy Martínez –y bien lo sabemos todos–, la guerra en Colombia se ha librado sobre el cuerpo de los campesinos. Como se mencionó, cada uno de estos relatos tiene hilos conductores que en general coinciden con característi- cas, problemáticas, conflictos e incluso violencias que anteceden al…

p. 31
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 111 cita
[44]

educación 57 La revolución que no fue 64 El ascenso del narcotráfico 73 Insurgencias, paramilitares y mafias: la antesala del horror (1978-1991) 77 Crisis agraria campesina y étnica: segundo acto 78 Insurgencias: entre el convencimiento y la violencia 80 Sangre y terror: carteles, paras y represión estatal 93 La cruda…

p. 11
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 111 cita
[45]

pública, paramilitarismo y narcotráfico 87 Organización, movilización y resistencia 105 La guerra sin cuartel (1997-2006) 113 Insurgencias: el poder a como dé lugar 114 La máquina paramilitar 122 El asedio a Barrancabermeja 142 Persistir y resistir 148 Reconfiguración de la guerra (2007-2016) 151 Ofensiva estatal y…

p. 11
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 201 cita
[46]

lo cual convocamos a las sociedades regionales a conversar y a seguir profundizando en nuevos y renovados procesos de investigación. La Comisión quiere hacer de este capítulo un homenaje a Alfredo Molano Bravo, quien orientó hasta su muerte el despliegue territorial. En sus conversaciones y en sus libros, el…

p. 20
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2071 cita
[47]

(CNMH). Bojayá: la guerra sin límites. Bogotá: CNMH, 2010. ———. Grupos armados posdesmovilización (2006-2015): trayectorias, rupturas y con- tinuidades. Bogotá: CNMH, 2017. ———. «Base de datos del CNMH, ataques a poblaciones 1988-2012». 2012. ———. «Modelos para exportar: paramilitarismo en el Urabá Antiqueño, sur de…

p. 207
44Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[48]

tensión desapareció y las once madres vieron ante ellas a un hijo y a un padre arrepentido. Él no pudo responder a muchas preguntas sobre el modo, el tiempo y el lugar porque daba sus órdenes detrás de un escritorio, sin enterarse de detalles, pero la vulnerabilidad de su vergüenza fue suficiente para que las mujeres…

p. 27
45Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 161 cita
[49]

desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…

p. 16
46¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 731 cita
[50]

por las lógicas de la guerra, se han ido deteriorando significativamente. El uribismo ha ejercido una constante presión para sacar a la guerrilla desmovilizada de la competencia política. Su idea es que antes de tener sillas en el Congreso deberían pagar cárcel. Mientras tanto, el Centro Democrático lanzó, apenas…

p. 73
47Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 891 cita
[51]

la que, por primera vez, resulta posible pensar en su desactivación por la vía militar debido a que tras décadas de violencia, y sin atisbo de victoria por ningún lado, tanto Gobierno como guerrilla, racionalmente, llegan a un punto crítico (ripe moment) por el que mantener el conflicto abierto es mutuamente…

p. 89
48Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 5491 cita
[52]

del laboratorio de paz del Magdalena Medio, en términos de empoderamiento social, resistencia civil, generación de desarro- llo humano y planteamiento de una propuesta de paz alternativa, hizo que se pensara extender esta iniciativa a otras áreas de Colombia e intentar replicar su filosofía y conceptos en regiones que…

p. 549
49Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1501 cita
[53]

La política de restitución de tierras, que a mi entender es la pieza de mejor implementación en cuanto toca con las políticas agrarias que ha tenido el país hasta el momento, busca fundamentalmente facilitar la recuperación de las tierras de quienes han sido despojados a sangre y fuego en las últimas décadas o por la…

p. 150
50Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 241 cita
[54]

la región. Ese “síndrome de la fracasomanía” también desempeñó un papel negativo en los esfuerzos de paz en Colombia. Cada gobierno se inventó su propio modelo y, como Adán, se sintió en el primer día de la creación. De hecho, es impactante constatar que solamente hubo continuidad en tres momentos desde 1981, es…

p. 24
51Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1921 cita
[55]

en u11 centenar de poblaciones'. A la búsqueda de la Violencia Al llegar en 1958 el FN, la llamada <cgeneración de mayo)>, sur- gida de las jornadas contra la dictadura militar, era marginal en el personal político, extraído del mismo fondo de jefes, subjefes y lugartenientes que venían actuado desde las décadas…

p. 192
52Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4071 cita
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El Espectador, December 7, 1955. I N T R O D U C T I O N 1. Darío Betancourt E. and Martha L. García B., Matones y cuadrilleros: Origen y evolución de la violencia en el occidente colombiano, 1946–1965 (Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1990); and Grupo de Memoria Histórica, ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y…

p. 407
53When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 163 citas
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
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ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…

p. 16
54When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 41 cita
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and his colleagues was a gener- alized phenomenon that ravaged a major part of the nation from the year 1948 and left in its wake 200}000 dead as well as untold physical destruction. It was defined as an occurrence unique to Colombia whose ramifications were political} economic} and cultural and whose EBSCOhost: eBook…

p. 4
55No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
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el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…

p. 72
56Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 371 cita
[62]

rebel- lion, another group declared Panama independent shortly after. This time, instead of aiding the Colombian national government, the United States recognized Panama as an independent nation (Osterling 1989, 74–75). Ex- haustion from this conflict resulted in a relative peace that lasted until the long-standing…

p. 37
57Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 cita
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la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…

p. 430