Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Una historia del territorio

Ciénaga

Ciénaga encarna la paradoja de un lugar que construyó su prosperidad desde abajo —pueblo indio y mestizo que superó a la capital colonial en el siglo XIX— para luego ver esa autonomía desmantelada por el capital extranjero del enclave bananero.

17 min de lectura51 fuentes

En el borde oriental del delta del río Magdalena, donde las aguas dulces del gran río se enredan con las salobres del Caribe, se extiende Ciénaga: un municipio del departamento del Magdalena que a lo largo del siglo XX condensó, como pocos lugares en Colombia, las contradicciones de la modernización agroexportadora. Fue puerta de entrada al enclave bananero de la United Fruit Company, escenario de la masacre de las bananeras en diciembre de 1928, materia prima literaria del Macondo de Gabriel García Márquez y, ya en el siglo XXI, uno de los municipios donde más masacres se han registrado en el conflicto armado reciente. Pensar Ciénaga es pensar, en un solo mapa, la historia larga del Caribe colombiano: la autonomía indígena y mestiza que precedió al capital extranjero, el auge y colapso de los monocultivos de exportación y la persistencia de una violencia que el Estado colombiano, una y otra vez, optó por administrar con las armas antes que con la negociación.

Un pueblo entre la ciénaga y la sierra

Ciénaga se sitúa en la franja estrecha de tierra firme que corre entre dos formaciones que definen su carácter: al occidente, la Ciénaga Grande de Santa Marta, la mayor laguna costera del país, con aguas salobres alimentadas por los caños del bajo Magdalena; al oriente, las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, el macizo litoral más alto del mundo. Ese emplazamiento anfibio —entre el agua y la montaña— explica su ecología, su economía y también su cultura. Los manglares que orlan la ciénaga levantan sus raíces hasta cinco o seis metros sobre el agua, formando trípodes gigantescos por donde circulan las canoas de los pescadores. Todavía hoy, en el interior del cuerpo lagunar, sobreviven las comunidades palafíticas de Trojas de Cataca, Buenavista y Nueva Venecia, donde unas ocho mil personas viven literalmente sobre el agua, a unos treinta y cinco kilómetros de tierra firme, sostenidas por una pesca que se practica de día y de noche.

Esa geografía no es un simple telón de fondo. La Ciénaga Grande es una de las mayores lagunas costeras del continente americano, y el ecosistema que la rodea —estudiado durante décadas por su fauna ictiológica, con especies como el macabí, Elops saurus— fue durante siglos la despensa de los pueblos del litoral. Cuando llegaron los españoles, aquel espacio ya era zona de contacto entre distintas sociedades indígenas: los taironas de la Sierra Nevada, agricultores del maíz que construyeron terrazas y canales de irrigación en las laderas; y los chimilas y guanebucanes de las tierras bajas, pescadores del litoral cuyo dominio del ambiente lagunar los conectaba con los pueblos serranos mediante rutas comerciales. La interacción entre pescadores costeros y agricultores de la yuca en la Sierra fue uno de los factores que explican el surgimiento mismo de la federación tairona: los taironas de la altura no habrían existido sin los pueblos anfibios de la ciénaga.

Más al sur, en la depresión momposina, otro grupo chimila había levantado antes de la conquista un extenso sistema de drenaje y avenamiento de cientos de kilómetros que permitía cultivar en época de crecientes y criar peces y cangrejos en la estación seca. Los pueblos del Caribe indígena no eran hordas dispersas: eran ingenieros hidráulicos, comerciantes y pescadores que habían aprendido a habitar un territorio que a los europeos les parecería, siempre, ingobernable. La dificultad que los cronistas tuvieron para identificar y ubicar a esos grupos —hasta con los taironas, cuyos rasgos culturales eran sobresalientes— dice menos sobre el desorden indígena que sobre la incapacidad del ojo español para leer sociedades organizadas de otro modo.

Fundación y siglos coloniales

La entrada europea a la región vino desde Santa Marta, fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas como la primera ciudad española en tierra firme americana. Desde ese punto se irradió el poder colonial hacia el interior, y el actual territorio de Ciénaga, ubicado apenas al sur de la bahía samaria, quedó incorporado tempranamente al orden colonial. Durante los siglos siguientes, mientras Santa Marta languidecía como capital pobre y periférica, en la orilla de la Ciénaga Grande fue tomando cuerpo una población distinta: no una villa de encomenderos, sino un pueblo de indios, pescadores y mestizos que fue creciendo lentamente al ritmo de su propia economía anfibia.

Nada distinguía a Ciénaga, durante la Colonia, del conjunto de rancherías litorales del Caribe. Pero algo cambió en el siglo XIX. En pleno período republicano, cuando el país se organizaba como una federación de estados soberanos, Ciénaga había crecido lo suficiente para superar demográficamente a la propia Santa Marta, capital del estado soberano del Magdalena. Un viajero de la época calculaba en cerca de seis mil almas la población cienaguera, compuesta casi por completo por indígenas y mestizos, mientras la vieja capital samaria, con sus casonas coloniales y sus negociantes extranjeros, se quedaba atrás. La ciudad joven tenía calles anchas y rectas, casas blanqueadas con cal y cubiertas de teja, obras nuevas en marcha. La vieja no.

Ese ascenso relativo generó una rivalidad interurbana que fue demográfica, política y comercial, pero también racial. Ciénaga era la ciudad de la población indígena y mestiza que había prosperado por sus propios esfuerzos, sin el respaldo del capital extranjero; Santa Marta, la ciudad de los comerciantes venidos de fuera, tejida al sistema mercantil atlántico. La tensión no era una anomalía local. En una economía nacional donde nueve décimas partes de las importaciones y exportaciones circulaban por las ciudades del Caribe y por el río Magdalena, cada centro urbano peleaba por su cuota del comercio, y el crecimiento de Ciénaga —como el de Barranquilla, más al occidente— se hacía a expensas de los viejos centros coloniales de Santa Marta y Cartagena. En ese ajedrez regional, Ciénaga jugaba con la fuerza silenciosa de su gente: pescadores, cultivadores, artesanos que habían levantado un pueblo próspero sin patrones ultramarinos.

Esa autonomía fue justamente lo que la llegada del banano vino a desmantelar.

La entrada de la United Fruit Company

Hacia finales del siglo XIX, la costa del Magdalena empezó a integrarse al comercio internacional del banano. Las exportaciones desde el puerto de Santa Marta crecieron a un ritmo vertiginoso: 275.000 racimos en 1900, 6,5 millones en 1915, 10,3 millones en 1929. Para ese último año, Colombia era el tercer abastecedor mundial de banano, y la fruta representaba el 7% de las exportaciones del país. Detrás de esas cifras estaba una sola empresa: la United Fruit Company, la corporación estadounidense que había construido en el trópico americano el modelo de enclave más eficaz —y más brutal— del siglo XX.

La UFC no llegó a Ciénaga como un comprador más: llegó a establecer un dominio territorial. Su zona de operación se extendió sobre buena parte de los municipios de Santa Marta, Ciénaga, Aracataca, Fundación y Pivijay, en un rectángulo de tierras planas y fértiles regadas por los ríos que bajan de la Sierra Nevada. Para 1921, la compañía era dueña del 59% de la tierra productiva e improductiva de la región bananera. Sus plantaciones se extendían hasta once kilómetros a cada lado de la vía férrea que corría de Santa Marta hacia el sur, con ramales que conectaban cada finca con la línea principal y de allí con el muelle de embarque. Ferrocarril, tierra y transporte marítimo: la UFC controlaba los tres eslabones críticos de la cadena, y con ellos condicionaba la vida de todo el que quisiera producir en la zona.

Ciénaga fue el nudo urbano de ese sistema. Su estación de ferrocarril era el punto donde convergían los trenes cargados de racimos que iban hacia Santa Marta, y su plaza —una plaza cualquiera de pueblo caribe, con almendros y kioscos— era el sitio donde los trabajadores de las plantaciones se congregaban al final de la jornada o del contrato. La ciudad que había crecido como pueblo indio y mestizo en el siglo XIX quedó, en pocas décadas, convertida en apéndice logístico de una compañía extranjera.

El régimen laboral fue el clásico del enclave. La UFC no contrataba directamente a la mayoría de los trabajadores: lo hacía a través de contratistas que enganchaban peones, muchas veces desplazados o expropiados de sus antiguas tierras. El pago se hacía con vales, no con dinero en efectivo, y esos vales solo podían canjearse en los comisariatos de la propia compañía. El trabajador ganaba, gastaba y volvía a ganar dentro del mismo circuito cerrado, sin posibilidad de ahorrar ni de comerciar fuera. La vivienda era rudimentaria, el agua estaba contaminada, y la legislación laboral colombiana —que ya contemplaba, por ejemplo, compensaciones por accidentes— simplemente no se aplicaba. Al mismo tiempo, la propia expansión de las plantaciones había arrebatado tierras a los campesinos de la región, algunos de los cuales terminaron convertidos en asalariados o trabajadores parciales del mismo enclave que los había despojado. En Ciénaga y sus alrededores, la protesta obrera nunca fue solo salarial: llevaba dentro, siempre, una lucha por la tierra.

La huelga y la masacre de 1928

En 1925 se había fundado la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, que agrupó tanto a asalariados de las plantaciones como a colonos y trabajadores agrícolas independientes. Bajo influencia primero anarco-sindicalista y luego del Partido Socialista Revolucionario, la organización dio a los peones bananeros una capacidad de acción colectiva inédita en la región. En 1928, esa capacidad cristalizó en un pliego de nueve puntos que los trabajadores presentaron a la United Fruit Company. Las exigencias no eran radicales: cumplimiento de la ley colombiana en materia de accidentes de trabajo, salarios más altos, vivienda subsidiada, fin del sistema de vales canjeables solo en los comisariatos de la empresa. En esencia, lo que los huelguistas pedían era ser tratados como trabajadores colombianos y no como servidores de un feudo extranjero.

La compañía se negó a negociar y los trabajadores se declararon en huelga. El gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez, presionado por la magnitud del paro y por el temor a una posible intervención de marines estadounidenses que la propia UFC habría insinuado, envió al Ejército al mando del general Carlos Cortés Vargas. El 5 de diciembre de 1928 se supo en Ciénaga que el gobierno nacional había declarado el estado de sitio en todo el Magdalena y suspendido las garantías constitucionales. En las primeras horas del 6 de diciembre, tras publicarse el decreto en Ciénaga y Santa Marta, los soldados salieron del cuartel local rumbo a la estación del ferrocarril, donde se había congregado una multitud de trabajadores.

Cortés Vargas ordenó disparar.

Lo que ocurrió esa madrugada en la plaza contigua a la estación de Ciénaga se ha discutido durante casi un siglo, y las cifras nunca han dejado de estar en disputa. El propio general reconoció, en su libro Los sucesos de las bananeras (1930), 47 muertos. Un corresponsal de El Espectador que llegó a la zona pocos días después calculó 100 muertos y 238 heridos hasta el 13 de diciembre. El líder sindical Raúl Mahecha habló de más de mil. Décadas más tarde, Gabriel García Márquez fijaría en la imaginación colombiana una cifra literaria, tres mil, cargada de sentido pero difícil de sostener con documentos, cifra que el historiador Eduardo Posada Carbó cuestionaría señalando las contradicciones del propio novelista al referirse al episodio en distintos momentos.

Lo que no está en discusión es la escala del hecho ni su naturaleza: una tropa del Ejército Nacional disparó contra trabajadores desarmados que exigían el cumplimiento de la ley colombiana, en beneficio directo de una empresa extranjera. Y no terminó ahí. Tras los disparos, Cortés Vargas ordenó consejos de guerra verbales que juzgaron a decenas de huelguistas —entre 54 y 136, sobre más de 700 detenidos— con penas de hasta 25 años. El gobierno justificó la represión con el argumento de haber conjurado una "inminente revolución comunista", relato que El Espectador y otros sectores de la prensa cuestionaron abiertamente. Sindicatos con cercanía al PSR movilizaban entonces trabajadores en Ciénaga, Barrancabermeja, Líbano y Girardot; el gobierno de Abadía y su ministro de Guerra Ignacio Rengifo aprovecharon los hechos del Magdalena para justificar una política represiva de mayor alcance.

En julio de 1929, Jorge Eliécer Gaitán —entonces joven parlamentario liberal— viajó a la zona bananera, recogió testimonios de trabajadores, obreros y familiares de víctimas, y regresó a Bogotá con un dossier que expuso ante el Congreso en un debate memorable. La denuncia de Gaitán no salvó a las víctimas ni obligó al Estado a rendir cuentas, pero debilitó seriamente el prestigio del Partido Conservador, que llevaba ya décadas en el poder. En 1930, la Hegemonía Conservadora cayó, y en esa caída pesó la sombra de la plaza de Ciénaga.

Del enclave al vacío

La masacre no destruyó de inmediato al movimiento obrero de la zona, pero le arrancó el corazón. Las bananeras concentraban en aquel momento el sindicato mejor organizado del país y una porción importante del socialismo colombiano naciente. El golpe combinado —muertos, procesados, exiliados, dispersos— fragmentó esa organización y, junto con la represión más amplia que siguió en otras regiones, retrasó por años la posibilidad de un sindicalismo con capacidad nacional de negociación. El paradigma de resolver los desacuerdos laborales con violencia masiva antes que con negociación quedó instalado en la práctica del Estado colombiano.

La United Fruit Company siguió operando en la región durante otras dos décadas, pero su hegemonía nunca volvió a ser absoluta. La Segunda Guerra Mundial interrumpió por completo las exportaciones durante cinco años. Tras la guerra, la compañía perdió su monopolio y empezó a retirarse de la producción directa, vendiendo o arrendando muchos de sus terrenos a cultivadores colombianos. A comienzos de los años sesenta, la UFC abandonó por completo la zona de Santa Marta y trasladó sus operaciones bananeras al Urabá antioqueño-chocoano a través de su filial Frutera Sevilla.

El retiro dejó un vacío que el Estado no supo llenar. Los sindicatos, que ya venían debilitados desde 1928, se fraccionaron aún más al perder al gran empleador contra el que se organizaban; sus miembros mermaron y las condiciones de vida de los trabajadores declinaron. La región entró en un ciclo de reconversiones agrícolas que reprodujo, con actores distintos, la misma lógica del monocultivo de exportación. En los años cuarenta se había iniciado el cultivo de algodón en Agustín Codazzi, en el sur del antiguo Magdalena Grande, y en los sesenta ese cultivo se expandió con fuerza por Valledupar, La Paz, San Diego, El Copey y Bosconia. Cuando el algodón entró en crisis, otro cultivo tomó el relevo: la marihuana, cuyo auge en el Gran Magdalena coincidió con el declive de la industria bananera a finales de los setenta y encontró en la Sierra Nevada tierras fértiles, en La Guajira decenas de puertos naturales hacia el Caribe estadounidense, y en la memoria campesina de la región un conocimiento acumulado del cannabis.

La llamada bonanza marimbera reconfiguró el paisaje humano de Ciénaga y de todo el Magdalena. Introdujo dinero rápido, armas y redes ilegales; alimentó una economía paralela que crecía al margen del Estado y a menudo con su complicidad. Cuando esa bonanza declinó, en los años ochenta, las estructuras armadas y los circuitos de tierras concentradas quedaron allí, disponibles para el ciclo siguiente.

Segundo auge bananero y violencia paramilitar

En los ochenta, con la intensificación del conflicto armado en el Urabá y la búsqueda de nuevas zonas de producción, empresas como la Promotora Bananera S.A. —de C.I. Uniban S.A.— y Banadex S.A. —filial de Chiquita Brands—, junto con inversionistas antioqueños, migraron nuevamente al Magdalena. Ciénaga volvió a ser zona bananera, aunque bajo un patrón distinto al de la vieja UFC: no un enclave único, sino un mosaico de empresas colombianas y filiales de transnacionales que operaban con contratistas, pequeños cultivadores y trabajadores enganchados en las mismas condiciones precarias de siempre.

La reactivación del banano trajo consigo la reactivación del sindicalismo. Solo en un mes de 1991, según reportó El Tiempo, dos mil personas se afiliaron a distintos sindicatos en Ciénaga. Y trajo, también, la respuesta armada. Desde los primeros años noventa, la violencia paramilitar se desplegó contra el movimiento sindical de la zona con una lógica que no se limitó a asesinar líderes: alcanzó a trabajadores rasos, miembros o simpatizantes de los sindicatos, como forma sistemática de desalentar la afiliación. Coordinadores y dirigentes fueron asesinados —Julio Henríquez Santamaría entre ellos—, y el terror se extendió hasta las bases con la clara intención de romper cualquier capacidad de organización colectiva.

Ciénaga se convirtió en uno de los epicentros de la ofensiva paramilitar del Caribe. En los años que siguieron, el municipio pasó a ser señalado como aquel donde más masacres se han presentado en las últimas décadas del conflicto y donde más violaciones sexuales se han registrado. El caso más brutal de esa nueva ola fue la incursión paramilitar de noviembre de 2000 en Nueva Venecia, la comunidad palafítica del interior de la Ciénaga Grande, cuyos pobladores fueron sacados de sus casas sobre el agua y asesinados en su propio pueblo. La masacre de Nueva Venecia se convirtió en emblema de la extensión del conflicto hasta los rincones más recónditos del territorio colombiano —hasta la gente que vivía, literalmente, sobre las aguas.

En Ciénaga, la relación entre masacre y desplazamiento forzado no es una hipótesis pedagógica: es la experiencia acumulada de un siglo. La masacre de 1928 desplazó a los sobrevivientes del sindicalismo bananero; las masacres paramilitares de los noventa y los dos mil desplazaron a las comunidades pesqueras y campesinas del entorno lagunar. La forma cambia; la relación entre violencia y despojo, no.

Ciénaga literaria: Macondo y los mártires

Mientras esa historia trágica se desarrollaba, otra Ciénaga —la de la memoria y la imaginación— tomaba forma en la literatura y en la música del Caribe colombiano. En la vecina Aracataca, apenas unos kilómetros al sur por la vía férrea que la UFC había tendido, había nacido en 1927 Gabriel García Márquez, hijo de una familia marcada por el auge y la caída del banano. La zona bananera fue el laboratorio íntimo del que salió Macondo, y la masacre de 1928 —ocurrida cuando el escritor tenía apenas un año, pero narrada en su casa por su abuelo y por otros testigos— fue uno de los episodios que fijó, en su obra, la figura del enclave violento. Cien años de soledad, publicada en Buenos Aires en 1967, tradujo la historia local en un mito universal: la compañía bananera, el pueblo devorado por su prosperidad y su ruina, el tren cargado de muertos, los tres mil que la memoria oficial se empeñó en olvidar. El coronel Aureliano Buendía tomó rasgos del general liberal Rafael Uribe Uribe, la Ciénaga Grande se convirtió en el gran mar interior de Macondo, y la masacre de las bananeras alcanzó, gracias a la novela, un lugar en la conciencia mundial que el Estado colombiano nunca le había querido dar.

La memoria literaria fue, en cierto modo, la memoria posible. Décadas después, el alcalde de Aracataca Pedro Sánchez Rueda propuso un referendo para cambiar el nombre del municipio a Aracataca-Macondo, con la esperanza de aprovechar el realismo mágico para impulsar el turismo local. La iniciativa reflejaba un impulso paradójico: la única forma de sacar provecho concreto del pasado bananero parecía ser convertirlo en escenografía turística.

En la propia Ciénaga, la memoria tomó otro camino. En la plaza del municipio se erige hoy una estatua a los "mártires de las bananeras", monumento sobrio a los muertos del 6 de diciembre de 1928 que se ha convertido en referencia obligada de la memoria sindical colombiana. Y a comienzos del siglo XXI, un poblador de Ciénaga podía empezar todavía su historia de vida con la frase: "Yo nací en un pueblo sobreviviente de la masacre de las bananeras". La masacre no es un dato de manual: es una identidad heredada.

La música del Caribe también dejó huella cienaguera. Guillermo Buitrago, uno de los grandes intérpretes y compositores del vallenato temprano, nació en Ciénaga en 1920 y, antes de morir joven en 1949, popularizó a través de sus grabaciones el sonido de la guitarra en el vallenato tradicional y llevó al disco los primeros temas del maestro Rafael Escalona. En las voces de Buitrago y en las canciones de Escalona, el paisaje del banano, del ferrocarril y de la ciénaga se filtró hacia el país entero, mucho antes de que García Márquez lo devolviera al mundo convertido en Macondo.

Lo que Ciénaga sostiene

La trayectoria de Ciénaga es la de un lugar que fue autónomo, luego subordinado, luego abandonado y, finalmente, sometido. En el siglo XIX prosperó por su cuenta, con población indígena y mestiza que superó demográficamente a la vieja capital colonial. En el siglo XX quedó atrapada en la lógica del enclave, primero como pieza del engranaje de la United Fruit Company y después como fragmento disputado en las sucesivas reconversiones agrícolas del Caribe. La masacre de 1928 no fue un accidente ni un exceso del general Cortés Vargas: fue la expresión más nítida de una decisión política —la de un Estado que optó por proteger al capital extranjero antes que hacer cumplir sus propias leyes laborales— y estableció un patrón que se repetiría, con actores distintos, a lo largo del siglo.

La violencia paramilitar de los años noventa y dos mil no cayó sobre un territorio vacío: cayó sobre un territorio donde el Estado, tras haber permitido el enclave y tras no haber ofrecido alternativa cuando el enclave se retiró, dejó espacio abierto a los actores armados que llenaron el vacío. Cada auge —el banano, el algodón, la marihuana, otra vez el banano— trajo su propia violencia; y en cada colapso, el Estado optó por la represión antes que por la reparación.

Y sin embargo, Ciénaga no es solo eso. Es también un pueblo que canta vallenato, que come pescado de la ciénaga, que recuerda a sus mártires con una estatua y a sus muertos anónimos con un silencio tenaz. Es la puerta lagunar del delta del Magdalena, el lugar donde los manglares levantan sus raíces sobre el agua y donde las comunidades palafíticas siguen viviendo, contra toda lógica, sobre el espejo salobre de la Ciénaga Grande. Es Macondo antes de Macondo. Es la prueba, tan dolorosa como necesaria, de que la historia de Colombia no se entiende sin sus periferias caribeñas: no como escenarios secundarios, sino como los laboratorios donde el país entero se ha ensayado —y se ha equivocado— una y otra vez.

Conexiones

El territorio en el archivo

Dónde aparece y con qué se relaciona

Aparece en45
Ver las 41 restantes
1849Epidemia de cólera de 1849 en el Caribe neogranadinoHecho1850Representación del territorio colombiano en el siglo XIXEnsayo1885Las guerras civiles colombianas de 1863–1903Ensayo1886La RegeneraciónÉpoca1886La Regeneración como matriz penal-excepcional de larga duraciónEnsayo1899United Fruit CompanyEntidad1900Economía de enclaveEntidad1900Hegemonía conservadoraEntidad1905AtlánticoEntidad1913Enclave bananeroEntidad1914El respice polumEnsayo1918Emergencia del movimiento obrero y socialista en Colombia (1918–1927)Hecho1920Mujeres y orígenes del movimiento social colombianoEnsayo1924Huelgas petroleras de la Tropical Oil en Barrancabermeja (1924-1927)Hecho1927María CanoEntidad1928AracatacaEntidad1928Carlos Cortés VargasEntidad1928La Ley Heroica (Ley 69 de 1928)Hecho1928La masacre de las bananeras (1928)Ensayo1928La masacre de las bananeras: mito literario y vacío judicialEnsayo1928Masacre de las BananerasHecho1928Miguel Abadía MéndezEntidad1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasEnsayo1928SindicalismoEntidad1928Zona BananeraEntidad1929Levantamiento bolchevique del Líbano y Chucurí (1929)Hecho1930Emergencia de Gaitán y del gaitanismo popular (1930–1942)Hecho1930Fin de la Hegemonía Conservadora y ascenso de Olaya Herrera (1930)Hecho1930Internacional ComunistaEntidad1934Movilización agraria y conflictos por la tierra en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca (1934–1936)Hecho1935Infraestructura y fragmentación territorial en la República LiberalEnsayo1936La síntesis socialista que no cristalizó (1925-1948)Ensayo1967Gabriel García MárquezEntidad1967Realismo mágicoEntidad1974Jaime Bateman CayónEntidad1978Bonanza marimberaEntidad1985Andrés Almarales MangaEntidad1985La cuestión agraria como sustrato del conflicto colombianoEnsayo1995Capital transnacionalEntidad1998El exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010)Ensayo1998Hernán Giraldo SernaEntidad
Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 51 fragmentos
01
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 107
2 citas
[1]

encuentra a 3.000 m de altitud, en una artesa sobre la cordillera Oriental, cerca de la ciudad de Sogamoso. Tiene 12 km de longitud y un ancho pro- medio de 6 km, con profundidades y las lagunas en las partes cordille- ranas del país. El lago de La Cocha se encuen- tra ubicado a 2.760 m de altitud, de hasta 30 m.…

p. 107
[2]

encuentra a 3.000 m de altitud, en una artesa sobre la cordillera Oriental, cerca de la ciudad de Sogamoso. Tiene 12 km de longitud y un ancho pro- medio de 6 km, con profundidades y las lagunas en las partes cordille- ranas del país. El lago de La Cocha se encuen- tra ubicado a 2.760 m de altitud, de hasta 30 m.…

p. 107
02
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 189
1 cita
[3]

país, de unos 130 km en su parte más ancha, y de unos 75 km en la más larga. En ella desembocan los ríos Magdalena, Cau- ca, San Jorge y Cesar. Después, el delta del Magdalena —principalmente en la Ciénaga de Santa Marta y el valle del Canal del Dique— constituye otra área permanente- mente cenagosa. 190 Eíndice Grst…

p. 189
03
Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 95, 100
2 citas
[4]

ello, tanto más cuanto que el remero de la cara llena de cicatrices velaba también, y de tiempo en tiempo levantaba silenciosamente la cabeza para dirigir hacia mí sus miradas penetrantes. En cuanto al viejo, parecía dormir apaciblemente: fue quizás sin razón que le atribuí pensamientos criminales. Al día siguiente,…

p. 95
[13]

no desmiente lo que promete vista a dis - tancia: las calles, anchas y rectas, están bastante animadas; las casas blanqueadas con cal están cubiertas casi todas de tejas; a través de las puertas entreabiertas de los huertos se distinguen arbustos en flor. Por todas partes hay nue - vas construcciones, testimonios de…

p. 100
04
Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 127
1 cita
[5]

dentro del agua, en los cuales viven hoy ocho mil “hombres-peces”, aislados del resto del país. Son viviendas de pescadores que se alzan sobre la superficie calmada del lago más grande de Colombia, alrededor de las cuales el tiempo no parece contar, porque las noches, como los días, están hechas para trabajar…

p. 127
05
Lista de los Peces Fósiles y Actuales de Colombia: Nombres Científicos Válidos, Distribución Geográfica, Diagnosis de Referencia & Nombres Comunes e IndígenasRicardo Álvarez-León, Ramón Hernando Orozco-Rey, María Eurídice Páramo-Fonseca, Daniel Restrepo-Santamaría · 2013 · p. 297
1 cita
[6]

1): 70. Santodomingo, N., A. Rodríguez-Ramírez & J. Garzón-Ferrei- ra. 2002. Territorios del pez Stegastes planifrons HQIRUPDFLRQHV FRUDOLQDVGHO3DUTXH1DFLRQDO1DWXUDO7D\URQD&DULEHFRORP - biano: un panorama general. Bol. Invest. Mar. Cost., 31: 65-84. Santos-Martínez, A. & A. Acero-Pizarro. 1991. Fish commu- QLW\RI…

p. 297
06
Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 120
1 cita
[7]

denominación de «caribes» y la reputación de «comedores de carne humana», convirtiéndose así en una mercancía fructuosa en los mercados de esclavos de las Antillas en las primeras décadas del siglo XVI. Los relatos de los cronistas y las relaciones oficiales revelan la existencia de una gran variedad de grupos…

p. 120
07
Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 69
1 cita
[8]

vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…

p. 69
08
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 30
1 cita
[9]

y la arahuac. Puesto que las m igraciones y el poblam iento fueron m oldeados por las condiciones geográficas alu d id as, estos tres grupos lingüísticos no constituyeron bloques territoriales cohesionados y m ás bien es tuvieron entrem ezclados y dispersos. A la llegada de los españoles, los chibchas, ligados…

p. 30
09
Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 32
2 citas
[10]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[11]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
10
Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 27
1 cita
[12]

sequías. Seis meses al año el habitante de La Mojana vive en seco, y seis sobre el agua. En los mismos suelos es pescador en épocas de inundación y ganadero y agricultor en la baja de aguas. La suya es una cultura anfibia. Hace muchos años, también en esa zona, un grupo, el chimila, antes de la con- quista española,…

p. 27
11
The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 33
1 cita
[14]

the expense of older locales. The most dramatic example of this reallocation of population was the emptying of the walled colonial stronghold of Cartagena and the growth of the hamlet of Barranquilla to become the country’s third-largest city. Population movements often ex- acerbated interurban rivalries between…

p. 33
12
Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 69
1 cita
[15]

(aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…

p. 69
13
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 113, 122
2 citas
[16]

de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…

p. 122
[42]

vez y por todas y para siempre, a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas”, dijo en uno de sus enérgicos discursos en el Congreso 113. Uribe Uribe fue un general insurgente, se desmovilizó y dejó las armas después de la Guerra de los Mil…

p. 113
14
Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 72
1 cita
[17]

EL ESCENARIO 22 importancia. En ese momento el centro geográfico del cultivo se desplazó una vez más hacia occidente. Aunque se siguió cultivando en las laderas del occi- dente de Cundinamarca, su principal expansión en el siglo xx se produjo en la Cordillera Central, en Antioquia, Caldas, el norte de Tolima y de…

p. 72
15
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 187, 219
2 citas
[18]

taciones de banano, llegando a tener once kilómetros a cada lado de la vía. Algunos ramales conectaron cada plantación con la línea principal, y de ahí al muelle en Santa Marta y al mar. En los años veinte la zona bananera cubría buena parte de los municipios de Santa Marta, Ciénaga, Aracataca, Fundación y Pivijay.…

p. 187
[23]

condiciones impuestas por la guerra obligaron a la compañía a suspender totalmente las exportaciones de ba- nano desde Colombia, por cinco años. Después de la segunda guerra mun- dial, la United Fruit Company perdió su monopolio en la región de Santa Marta y se retiró de la producción, vendiendo o alquilando muchos de…

p. 219
16
Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 50
1 cita
[19]

its dominance by forcing out the other companies and transforming campesi- no (peasant) impresarios into salaried workers. In 1908 the French firm Inmobilière et Agricole de Colombie extended its cultivations toward Aracataca. A year later Manuel Dávila P. founded the Santa Marta Fruit Company; in 1910 Ulpiano A.…

p. 50
17
Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 64
1 cita
[20]

sus actividades independientes al margen de la plantacion bananera, actuaban como una reserva de fuerza laboral. El sistema de contra- tistas implementado por la U.F.C., contratistas que a su vez enganchaban trabajadores, permitid el uso del trabajo parcial de estos campesinos. Y ademas, en la medida que la compajiia…

p. 64
18
El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 75
1 cita
[21]

menos lo mismo: casas pintadas con cal, plazas polvorientas, puentes grises sobre ríos de agua sucia. Pero justo bajo la superficie hay una historia de traición y de muerte. A principios de la década de 1920, la United Fruit Company trajo el banano, y con el tren y el telégrafo, los caminos, los correos, las esta-…

p. 75
19
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 198
1 cita
[22]

de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…

p. 198
20
Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 132
1 cita
[24]

maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…

p. 132
21
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 47
1 cita
[25]

se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…

p. 47
22
The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 487, 503
2 citas
[26]

did not repress the insurrection energetically, the United States would send troops Strikers or Revolutionaries? 481 and the national army would be in a bad position. On the 5th of Decem- ber, 1928, in the city of Ciénaga, we learned that the national government, together with the powerful, imperialist company, was…

p. 503
[29]

it is established that banana workers across the Santa Marta region did in fact strike in 1928, and that strikers were massacred when General Carlos Cortés Vargas ordered soldiers to fire on a large crowd at Ciénaga on December 6, the ques- tion remains: “How many?” Labor organizer Raúl Mahecha reported a thousand…

p. 487
23
Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 313
1 cita
[27]

germen prometedor de una ma- rina de guerra. Nada podía hacerse militarmente en aquellas lejanías in- comunicadas, como no fuese por ges- tión diplomática. De ésta se echó mano mientras el país ardía de ira, pa- triotismo herido y frustración. La Pedrera fue devuelta a Colombia el 23 de octubre de 1911, merced a la…

p. 313
24
La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 30, 33
2 citas
[28]

actualidad, en particular la forma de relacionamientos entre la población y los poseedores de tierra y las formas en las que aún se trata a la clase trabajadora del departamento. Pero del paso de la United por la zona bananera no solo quedan esos regis- tros arquitectónicos. También, como lo anuncia la primera frase…

p. 33
[40]

entre la costa Caribe y la capital del país (Velázquez, 2011). La llegada del tren a los municipios daba cierta noción de “modernidad”. En ese momento la población fue estremecida por un silbato de resonan- cias pavorosas y una descomunal respiración acezante. Las semanas pre- cedentes se había visto a las cuadrillas…

p. 30
25
María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 220
1 cita
[30]

no cortar banano. Los comerciantes locales se habían unido a la huelga, debido al monopolio que tenía la Compañía con el comisariato. Los trabajadores recibían de la empresa vales que sólo podían hacerse efectivos en su comisariato, lo cual los tenía perjudicados. Por esto, decidieron apoyar a los trabajadores con…

p. 220
26
El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 39
2 citas
[31]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
[32]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
27
Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 65
1 cita
[33]

horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…

p. 65
28
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 25
1 cita
[34]

al respecto, las cuales han sido retomadas por otras personas en diferentes formas.²⁶ Como frecuentemente se hace con Balzac para ilustrar aspectos de la vida burguesa, o con Charles Dickens para hacerlo sobre las miserias de la población en Inglaterra, acudí a un fragmento de Manuela, una novela costumbrista del…

p. 25
29
30 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 184
1 cita
[35]

ingenua nos dice el horror de aquella infamia. Oíd esta declaración rendida por un niño de 15 años ante juez competente. Ciénaga, julio 15 de 1929 Como a las tres de la madrugada me encontraba yo por la calle en busca de mi padre, señor Pedro Barrios Bosch, y al ser informado de que a él lo habían matado en la…

p. 184
30
Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 260
1 cita
[36]

H. Freeman Matheus decía en 1928: " La legación ha expresado en el pasado su opinión de que el gobierno ha exagerado mucho dichos daños en favor de sus propios propósitos, y que el objeto inmediato de los pasajes pertinentes del mensaje [del gobierno] parecen estar dirigidos a obtener apoyo para la famosa Ley Heroica…

p. 260
31
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42
1 cita
[37]

los manifestantes. Tila Uribe relató así lo que vino después: «Durante 120 días se desató la persecución por todas las zonas, se oían las descargas del Ejército que disparaba contra todo en cualquier parte, mataba sin preguntar nada; aquello era un horrible desfile de muertos. La casa sindical, la imprenta y la…

p. 42
32
Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 288
1 cita
[38]

y de ahí se proseguiría el ataque hacia la capi- tal, Bogotá. La huelga, tentativa revolucionaria o simple lenguaje tremendista, se ha- bía jugado a favor y en el terreno que quería el gobierno; su política repre- siva se justificaba, y así lo propaló y convenció a muchas gentes, en la in- minente revolución comunista…

p. 288
33
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 108
1 cita
[39]

labor con- ditions, foreign enclave ownership of land, control of a specific commodity (in this case, bananas), and the dynamics of a port city, privy to foreign ideas and forces, was Santa Marta on the north coast. There, in 1928, thousands of banana workers, fed up with abusive treatment by foreign management,…

p. 108
34
The Flight of the Condor: Stories of Violence and War from ColombiaJennifer Gabrielle Edwards (ed.) · 2007 · p. 16
1 cita
[41]

with a mix of horror and admiration and their prolonged battles against their enemies—the pájaros, the army, and the National Police—became legendary. Some Colombians, faced with an implausible reality, re- placed it with fantasy and its fictions and went so far as to embark on pilgrimages to where guerrillas were…

p. 16
35
Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 20
1 cita
[43]

del departamento de Magdalena, Pedro Sánchez Rueda, se le prendió el bombillo y propuso un referendo para cambiarle el nombre a la población. Quería que se llamara en lo sucesivo Aracataca- Macondo, en alusión al territorio en el que transcurren los cuentos y las novelas escritas por su hijo dilecto. Ese nombre tenía…

p. 20
36
Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 272
1 cita
[44]

de estar al alcance, con premios distintos pero abundantes para cada cual, del lector inteligente y del imbécil, del refinado que paladea la prosa, contempla la arquitectura y desci- fra los símbolos de una ficción y del impaciente que solo atiende a la anécdota cruda. El genio literario de nuestro tiempo suele ser…

p. 272
37
Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 138
1 cita
[45]

a escribirlos. Álvaro Mutis había viajado a México, a donde lo persiguió la intolerancia de unas empresas que consideraban siempre aceptable gastar dinero en campañas electorales y en relaciones públicas pero que veían escandaloso que se hicieran esos mismos gastos en relaciones culturales y en estímulos a los…

p. 138
38
Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 26
1 cita
[46]

Barranqui- lla, 2015, 13 de julio, radicado 2008-83160, Sentencia condenatoria contra Ferney Alberto Argumedo Torres). El auge de la marihuana coincidió con la reactivación de la in- dustria bananera en el Gran Magdalena hasta su declive a finales de los setenta por la competencia de la Frutera Sevilla, filial de…

p. 26
39
Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 61
2 citas
[47]

Company y, por lo tanto, disfrutaba de un activo comercio con los Estados Unidos. Los barcos cargados de banano transitaban constantemente entre el puerto del golfo, situado en Turbo, y los puertos es- tadounidenses de Miami, Nueva Orleans y Houston. Ofrecían un transporte conveniente hacia el norte para la marihuana…

p. 61
[48]

Company y, por lo tanto, disfrutaba de un activo comercio con los Estados Unidos. Los barcos cargados de banano transitaban constantemente entre el puerto del golfo, situado en Turbo, y los puertos es- tadounidenses de Miami, Nueva Orleans y Houston. Ofrecían un transporte conveniente hacia el norte para la marihuana…

p. 61
40
Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 73
1 cita
[49]

y, además, le exigían a uno el pago de la vacuna (extorsión). ¡La madre! Yo es por eso que nunca dejé sindicatos en mi empresa, así me fue bien. 12 Con el progreso de la producción de banano se desplegó la violencia contra los sindicatos. No se trataba solo de una serie de actos violentos contra los líderes de las…

p. 73
41
La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 83
1 cita
[50]

referencia al tercer mecanismo mencionado, de delegación de la gobernanza local a grupos privados de interés, sin considerar qué tan ilegales o legales son. Esta tendencia ha sido debilitada recientemente por las investigaciones y condenas de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General contra los políticos…

p. 83
42
Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 194
1 cita
[51]

DE LOS PESCADORES EN CIÉNAGA, MAGDALENA Objetivos Al finalizar la sesión, los estudiantes reconocerán las relaciones de causalidad entre los hechos victimizantes ocurri - dos durante el conflicto armado (masacre y desplazamiento forzado). Sesión 12 Actividades y productos Introducción El docente pide a un estudiante…

p. 194