Miguel Abadía Méndez
Regeneración
1867–1947
La biografía
Miguel Abadía Méndez (Coello, Tolima, 1867 — Bogotá, 1947) fue el último presidente de la Hegemonía Conservadora iniciada en 1886. Jurista, catedrático perpetuo y ministro de casi todas las carteras durante tres décadas, encarnó como pocos la élite letrada del Regeneracionismo tardío: erudita, católica, disciplinada, y por eso mismo poco preparada para gobernar en medio de la primera huelga industrial masiva del país, el corte del crédito internacional y la irrupción de un movimiento obrero que ya no cabía en el idioma jurídico de sus predecesores. Gobernó a Colombia entre el 7 de agosto de 1926 y el 7 de agosto de 1930, en el tramo en que la llamada "danza de los millones" se convirtió en "prosperidad a debe" y en el que la masacre de las bananeras marcó, en diciembre de 1928, un antes y un después en la conciencia política del siglo XX colombiano. Le tocó, además, entregar el poder al liberalismo tras cuarenta y cuatro años de dominio conservador, en un gesto que la historiografía suele leer, con razón, como el rasgo más digno de su presidencia.
Línea de vida
- 1886
Formación en el marco de la Regeneración
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Abadía Méndez inició su carrera letrada en Bogotá en el contexto de la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, convirtiéndose en heredero intelectual de la tradición jurídica y confesional de Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez.
- 1904
Ministro permanente bajo sucesivas administraciones conservadoras
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A lo largo de más de un cuarto de siglo ocupó carteras ministeriales bajo los gobiernos de Rafael Reyes, Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y otros, consolidándose como el 'ministro perpetuo' del régimen conservador.
- 1926
Designación presidencial por la jerarquía eclesiástica
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El arzobispo primado Bernardo Herrera Restrepo convocó a Abadía Méndez y al general Alfredo Vásquez Cobo; el coadjutor Ismael Perdomo les comunicó la decisión ya tomada: Abadía gobernaría 1926–1930 y Vásquez Cobo lo sucedería. Asumió el 7 de agosto de 1926 sin contendor liberal.
- 1928
Aprobación de la Ley Heroica
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En octubre de 1928 el Congreso aprobó la Ley Heroica, que prohibía organizaciones populares y sindicales de oposición, impedía la difusión de ideas socialistas y establecía mecanismos de condena rápida. El arzobispo de Cartagena felicitó a los congresistas; la legación estadounidense observó que el gobierno exageraba los disturbios para obtener respaldo parlamentario.
- 1928
Masacre de las bananeras
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En la madrugada del 6 de diciembre de 1928, el general Carlos Cortés Vargas ordenó disparar contra la multitud de huelguistas bananeros concentrada en Ciénaga (Magdalena). El número de muertos es disputado: entre 47 reconocidos por Cortés Vargas y hasta 1.000 según el líder sindical Raúl Mahecha. Abadía Méndez respaldó al general y la versión oficial.
- 1929
Crisis económica y debate parlamentario de Gaitán
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El corte de créditos externos desde comienzos de 1928 y la caída del precio del café (de ~30 centavos/libra a 16–17 centavos hacia finales de 1929) hundieron la economía. Jorge Eliécer Gaitán llevó al Congreso un debate sobre la masacre de las bananeras que erosionó el prestigio conservador y proyectó su propia carrera política.
- 1930
Entrega del poder al liberalismo
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El 7 de agosto de 1930 Abadía Méndez entregó la presidencia a Enrique Olaya Herrera, poniendo fin a cuarenta y cuatro años de Hegemonía Conservadora. La división interna del conservatismo —incapaz de imponer candidato único tras la muerte del arzobispo Herrera Restrepo— facilitó la victoria liberal.
El jurista de Coello
Nació en Coello, entonces jurisdicción del Tolima Grande, en 1867: apenas un año antes de que Colombia iniciara el ciclo radical liberal que la Regeneración vendría a clausurar. Su formación fue la de un letrado provincial encaminado desde muy joven a Bogotá, donde hizo carrera universitaria y encontró, casi sin interrupciones, un aula que no abandonaría nunca. Fue catedrático toda su vida adulta —de derecho, de historia patria, de constitucional— y mantuvo sus cursos incluso durante el ejercicio de la Presidencia, un detalle que dice más sobre él que muchas actas ministeriales: se veía a sí mismo, ante todo, como profesor.
Ese perfil intelectual lo emparienta con la generación de Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín, la de los gramáticos y jurisconsultos que hicieron de la Constitución de 1886 y del Concordato de 1887 el andamio de un Estado confesional, centralista y presidencialista. Abadía Méndez fue el heredero natural de esa tradición: no un fundador como Rafael Núñez o Caro, sino su intérprete tardío, el hombre que llegó a la primera magistratura cuando ya el edificio crujía por dentro.
Del gabinete permanente a la Presidencia
Antes de 1926, Abadía Méndez llevaba más de un cuarto de siglo instalado en el aparato del Estado. Había ocupado carteras bajo administraciones sucesivas, en un país donde el conservatismo, tras la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá en 1903, había reorganizado su hegemonía en torno a Rafael Reyes (1904–1909), Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y una nómina relativamente estable de notables. Ese ministro perpetuo —culto, discreto, sin fortuna propia ni base regional fuerte— era exactamente el perfil que convenía a un partido que había aprendido a resolver la sucesión presidencial fuera de las urnas.
Porque la candidatura de 1926 no se decidió en una convención ni en el voto: se decidió en el arzobispado. A comienzos de ese año, el arzobispo primado de Bogotá, Bernardo Herrera Restrepo, convocó a los dos aspirantes conservadores —el propio Abadía y el general Alfredo Vásquez Cobo— a una reunión en sus dependencias, o en el Seminario Conciliar según la versión que se prefiera. Herrera Restrepo, ya anciano, no los recibió en persona: delegó la notificación en su coadjutor, monseñor Ismael Perdomo, que les comunicó la decisión ya tomada por "autoridades superiores". El acuerdo era escueto y perfectamente hegemónico: Abadía gobernaría el cuatrienio 1926–1930; Vásquez Cobo lo sucedería en 1930.
Esa escena —dos militares y letrados citados a la curia para escuchar de labios de un coadjutor su turno presidencial— resume la máquina política de la Hegemonía. Desde 1886, el arzobispado de Bogotá se había convertido en el sitio donde se escogía al candidato conservador; y como la maquinaria electoral del partido, unida al aparato estatal y a la influencia de los párrocos, hacía imposible una victoria liberal, ese candidato equivalía en la práctica a presidente electo. En 1925, unas reuniones previas habían logrado además unificar al Partido Conservador en torno a las líneas nacionalistas —el viejo sueño de Marco Fidel Suárez de un partido sin facciones—, y esa cohesión artificial se prolongó lo suficiente para que Abadía llegara al poder sin contendor liberal en agosto de 1926.
La danza de los millones que él no bailó
Abadía heredó una economía en euforia. La administración de Pedro Nel Ospina (1922–1926) había abierto lo que la memoria colombiana bautizaría como "la danza de los millones": un flujo de recursos inéditos alimentado por los veinticinco millones de dólares que Estados Unidos empezó a pagar en 1922 como indemnización por Panamá, y por una cascada de créditos privados extranjeros que llegaban a departamentos y municipios con generosidad casi imprudente. Con ese dinero se construyeron ferrocarriles, carreteras, puentes, acueductos, plantas eléctricas, edificios públicos. Colombia parecía, por primera vez en su historia republicana, un país que se modernizaba de veras.
Abadía no era, por temperamento, un modernizador. A diferencia de Reyes o de Ospina, no comulgaba con la fe progresista en la obra pública como motor cívico; su conservadurismo, más filosófico que empresarial, le permitía calcular con recelo las consecuencias sociales de un plan que estaba desarraigando a miles de peones de sus veredas y presionando al alza los salarios urbanos. Esa cautela intelectual, sin embargo, no se tradujo en un timonazo: la inercia de la bonanza era mayor que las dudas del presidente, y las obras siguieron ejecutándose bajo su mandato mientras las tensiones estructurales que preveía se iban acumulando.
El costo se pagaría pronto y en varios frentes. Departamentos y municipios se habían endeudado agresivamente —la "prosperidad a debe"— para financiar servicios y construcciones; los fondos se manejaban con frecuencia sin planes previos, entre especulación inmobiliaria y episodios francamente ilícitos, como el contrato con la casa Berger para canalizar el río Magdalena, que dilapidó los recursos y dejó la obra en el limbo. La migración masiva del campo hacia las obras y las ciudades redujo la producción agrícola, empujó los precios de los alimentos y agudizó los conflictos laborales en los nuevos frentes de trabajo. Para contrarrestar el alza del costo de vida, el gobierno terminó rebajando o suprimiendo aranceles sobre bienes extranjeros, incluidos alimentos, lo que a su vez desalentó a la incipiente industria y agricultura nacionales. Cada solución generaba un problema nuevo.
En paralelo, la modernización avanzaba sin proyecto social. Se construían barrios residenciales de lujo mientras más del 75% de la población seguía siendo analfabeta y la mortalidad infantil, altísima. Quienes manejaron recursos públicos o invirtieron a tiempo en bienes raíces se enriquecieron de manera notable; la mayoría del país, ajena por completo a la danza, apenas veía pasar los millones.
1928: el año en que todo se rompió
El punto de inflexión fue 1928. A comienzos de ese año, los prestamistas estadounidenses cortaron el crédito internacional a Colombia. Adujeron despilfarro —había motivos— y, sobre todo, protestaron contra la legislación colombiana que intentaba controlar las explotaciones petroleras nacionales, un asunto que enfrentaba al gobierno con las compañías norteamericanas. El corte fue abrupto y golpeó donde más dolía: sin nuevos créditos externos, el gasto en obras públicas tuvo que reducirse, y miles de trabajadores fueron despedidos de un día para otro. En 1929, los precios del café —el otro pulmón económico— iniciaron su propio derrumbe: la libra, que a comienzos de 1928 rondaba los treinta centavos de dólar, cayó a veintitrés a comienzos de 1929 y, hacia finales de ese año, se hundió a diecisiete o dieciséis centavos.
El país entró en crisis con un presidente que era, ante todo, un jurista de gabinete. No tenía instrumentos fiscales para amortiguar el choque —el Banco de la República apenas llevaba unos años funcionando, tras la misión Kemmerer de 1923— ni la capacidad política para reorientar el gasto. La conflictividad laboral, que ya venía subiendo desde las huelgas petroleras de Barrancabermeja de 1924 y 1927 —esta última reprimida con enfrentamientos armados—, encontró en el desempleo y la carestía combustible nuevo.
Fue en ese clima donde el gobierno tomó las dos decisiones que marcarían su memoria: la Ley Heroica y la respuesta militar a la huelga bananera.
La Ley Heroica
Aprobada en octubre de 1928, la Ley Heroica constituyó el marco jurídico más represivo del período. Su eje central era prohibir la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición, impedir la difusión de ideas socialistas y establecer mecanismos de condena rápida contra los implicados en los delitos que definía. Concentraba, además, en la autoridad estatal la potestad de decidir cuándo una expresión de inconformismo social era legal o ilegal: un poder discrecional que, en la práctica, criminalizaba el simple hecho de protestar.
El respaldo eclesiástico fue explícito. El arzobispo de Cartagena envió a los congresistas que la aprobaron un telegrama de felicitación en el que bendecía el triunfo del "partido del orden social". La legación diplomática estadounidense, por su parte, observó con lucidez incómoda que el gobierno colombiano estaba exagerando los disturbios sociales precisamente para obtener el apoyo parlamentario a esta legislación: un diagnóstico severo viniendo de quienes, en principio, no tenían por qué defender al movimiento obrero.
Lo notable de la Ley Heroica no es solo su contenido, sino lo que revela sobre la doctrina del Estado conservador ante los conflictos laborales. Para el régimen, todo conflicto que rebasara el estrecho marco económico —un pliego de peticiones, una asamblea, una huelga— dejaba de ser un asunto laboral y se convertía en un problema de orden público, cuya atención correspondía al Ministerio de Gobierno o a las Fuerzas Armadas, no a una autoridad mediadora entre patronos y obreros. La clase trabajadora quedaba así objetivamente excluida del juego democrático como clase; y esa exclusión sistemática, más que la coyuntura de 1928, es lo que explica que la Ley Heroica anticipara, en su lógica, formulaciones represivas que reaparecerían mucho después en el siglo XX.
La masacre de las bananeras
Dos meses más tarde, esa doctrina se puso a prueba en el Magdalena. La United Fruit Company operaba en la zona bananera como un verdadero enclave: controlaba el ferrocarril, el transporte marítimo, los comisariatos donde los trabajadores canjeaban vales —pues no se les pagaba en dinero— y empleaba, hacia 1928, a unos treinta mil obreros. El sistema de contratistas intermediarios permitía a la compañía evadir el seguro colectivo previsto por la legislación colombiana, y las condiciones de vivienda y atención médica eran precarias.
Cuando el líder sindical Raúl Mahecha, curtido en Barrancabermeja, logró organizar a más de treinta y dos mil asalariados bananeros —con la cercanía del Partido Socialista Revolucionario, que había estado detrás de varias huelgas de la década—, el pliego de peticiones que emergió era, visto en retrospectiva, moderado: abolición del sistema de contratistas, pago de salarios atrasados, aumento salarial, mejora en vivienda y servicios médicos, eliminación del pago en vales, cumplimiento de la ley colombiana sobre accidentes de trabajo. Nada de ello obtuvo respuesta negociadora.
El gobierno de Abadía envió al Ejército. El general Carlos Cortés Vargas asumió el mando militar de la zona y utilizó, para justificar una represión rápida, la amenaza —real o inflada— de una posible intervención de marines estadounidenses en defensa de la United Fruit. En la madrugada del 6 de diciembre de 1928, en la plaza de Ciénaga, Cortés Vargas ordenó disparar contra la multitud de huelguistas concentrados. El número de muertos ha sido objeto, desde entonces, de una disputa historiográfica y política que nunca cerrará: Cortés Vargas reconoció 47; un corresponsal de El Espectador calculó cerca de 100 muertos y 238 heridos hasta el 13 de diciembre; Raúl Mahecha habló de mil. La cifra exacta importa menos que la certeza de que se trató de una matanza deliberada de trabajadores desarmados.
Tras la masacre vino la persecución jurídica. Por decreto, Cortés Vargas declaró a los huelguistas "cuadrilla de malhechores" y los persiguió como delincuentes comunes; al menos 54 participantes fueron sometidos a consejos de guerra verbales, con condenas de prisión. El presidente Abadía Méndez respaldó al general y sostuvo la versión oficial. El costo político, sin embargo, no tardaría en cobrarse.
El joven abogado liberal Jorge Eliécer Gaitán viajó a la zona, recogió testimonios y llevó al Congreso, en 1929, un debate que se convertiría en uno de los momentos fundadores de su carrera política y en un golpe demoledor al prestigio del Partido Conservador. La masacre pasó a ser, para una parte creciente del país urbano, la prueba de que la Hegemonía había perdido la brújula moral que decía encarnar.
1930: la máquina se rompe
La derrota conservadora de 1930 no vino, sin embargo, solamente de la indignación por las bananeras ni de la crisis económica. Vino, sobre todo, de la incapacidad del régimen para reproducir su propio mecanismo de poder.
Herrera Restrepo, el viejo arzobispo capaz de imponer un candidato con una carta o una convocatoria, había muerto. Su sucesor, monseñor Ismael Perdomo, ascendido al primado, era de personalidad menos firme y de menor habilidad política. Cuando llegó el momento de designar al candidato conservador para 1930 —que según el pacto de 1926 debía ser Vásquez Cobo—, Perdomo no logró imponer una candidatura única. La jerarquía eclesiástica se partió a lo largo del país: el arzobispo de Medellín y el fogoso monseñor Miguel Ángel Builes apoyaron al poeta y político payanés Guillermo Valencia; los obispos de Ibagué y de Cali respaldaron a Vásquez Cobo, y este último llegó a ordenar a los párrocos de su diócesis trabajar por su candidatura.
El Partido Conservador se presentó así con dos candidatos, y ese fue el empujón final que le faltaba a los liberales, unificados en torno a Enrique Olaya Herrera, un veterano diplomático conocido por su contacto íntimo con banqueros neoyorquinos. La plataforma liberal proclamaba "puertas abiertas al capital extranjero" —respuesta directa al corte de crédito de 1928— y prometía la concentración nacional, es decir, un gobierno con participación de las élites conservadoras dispuestas a acompañar.
En las elecciones del 9 de febrero de 1930, Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos; Valencia, 240.833; Vásquez Cobo, 213.469. Sumadas, las dos candidaturas conservadoras superaban a la liberal, pero divididas resultaron perdedoras. La Hegemonía iniciada en 1886 terminó, en rigor, por una fisura en el arzobispado.
La entrega del poder
El 12 de abril de 1930, dos meses después de las elecciones, Abadía Méndez incorporó a su gabinete a tres ministros liberales para facilitar la transición. El 7 de agosto entregó el poder a Enrique Olaya Herrera y se retiró de la política activa. En un continente latinoamericano donde la crisis de 1929 estaba engendrando dictaduras militares y golpes de Estado en Argentina, Brasil, Perú, ese gesto —el presidente conservador entregando el mando al liberal victorioso, respetando la voluntad de las urnas— fue percibido, con razón, como profundamente democrático.
La lectura menos épica es también cierta: el régimen carecía, a esas alturas, de la cohesión interna necesaria para intentar la vía autoritaria. Un partido dividido en dos candidaturas, una jerarquía eclesiástica fragmentada, un presidente cauteloso y un país exhausto no ofrecían las condiciones para un golpe. La virtud democrática de Abadía Méndez fue, en parte, virtud forzada por la debilidad estructural del conservatismo. Pero fue virtud, y conviene reconocerla: en 1930 pudo haber sangre, y no la hubo.
Olaya Herrera formó un gobierno de concentración nacional con ministros conservadores encabezados por Carlos E. Restrepo, un gesto de transacción entre élites que sectores duros del conservatismo tacharon de traición. Comenzaba la República Liberal, que se prolongaría hasta 1946 y transformaría, con las reformas de Alfonso López Pumarejo, el pacto social heredado de 1886.
El hombre detrás del cargo
Es difícil, revisando esta trayectoria, no percibir la desproporción entre el temperamento de Abadía Méndez y las tareas que le tocó enfrentar. Fue un jurista de gabinete lanzado a administrar la primera crisis económica global que Colombia vivía como país integrado a los flujos de capital internacional; un conservador de convicciones filosóficas —no de doctrina económica— al frente de una economía de endeudamiento que él no había diseñado; un catedrático de derecho a cargo de la respuesta estatal a una huelga industrial masiva.
Su presidencia también acumuló obras concretas que la historiografía suele consignar en registro menor: infraestructura portuaria en Bocachica y Buenaventura, avances en telefonía a larga distancia, en comunicaciones alámbricas e inalámbricas. Son logros reales que quedan opacados, con toda lógica, por la magnitud política de la masacre de las bananeras y la crisis final del régimen. Nadie recuerda a Abadía por Bocachica.
Su decisión de no abandonar nunca las cátedras universitarias, ni siquiera durante la Presidencia, dice mucho de él: se veía a sí mismo como un profesor de derecho al que las circunstancias habían llevado al Palacio de la Carrera. En otro país, en otra década, esa vocación intelectual habría sido un adorno; en la Colombia de 1926–1930, fue una limitación estructural.
La huella
Miguel Abadía Méndez murió en Bogotá en 1947, pocos meses antes del asesinato de Gaitán —el joven parlamentario que se había hecho un nombre denunciando las bananeras— y del estallido del 9 de abril de 1948, que abriría el ciclo de La Violencia. Alcanzó a ver el retorno del conservatismo al poder con Mariano Ospina Pérez en 1946, hijo de aquel Pedro Nel Ospina bajo cuya administración se había gestado la danza de los millones. Una simetría melancólica y muy colombiana.
Su lugar en la memoria nacional ha sido incómodo. La izquierda y el liberalismo lo asociaron durante décadas, con razones sobradas, a la masacre de Ciénaga y a la Ley Heroica; el conservatismo tampoco lo reivindicó con entusiasmo, porque su presidencia terminó con la pérdida del poder tras cuarenta y cuatro años de hegemonía. Quedó como el hombre que apagó las luces, un papel que rara vez genera devociones.
Pero verlo así es reducirlo a un desenlace. Abadía Méndez fue, más bien, el punto donde se hicieron visibles las fracturas acumuladas de un régimen que había sustituido la legitimidad electoral por la designación eclesiástica, la política laboral por el Ministerio de Guerra, la modernización con proyecto por la modernización a debe. Cuando el crédito se cortó, el café cayó, los obreros se organizaron y el arzobispado se dividió, no hubo instituciones capaces de absorber el choque. La Hegemonía no cayó por una razón: cayó porque ya no tenía mecanismos para no caer.
En esa caída, Abadía hizo dos cosas. Autorizó —o permitió, o no impidió— la respuesta militar que produjo la masacre de las bananeras, y ese es su débito moral central. Y entregó el poder pacíficamente al ganador liberal, en un país que en 1930 pudo haber elegido otra ruta. Ambas cosas son ciertas y ambas son parte del retrato. El último presidente de la Regeneración fue, a un tiempo, un represor de huelguistas y un demócrata forzado; un jurista cultísimo y un gobernante rebasado; el hijo predilecto del arzobispado y el hombre al que la fractura del arzobispado dejó sin base política.
De ese doblez está hecho su lugar en la historia de Colombia.
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Red histórica
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 41 fragmentos01Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Páginas 180, 1872 citas
[1]decade Conservatives had no reason to believe that their long dominance of national affairs was near its end. A series of meetings in 1925 resulted in the achieving of Marco Fidel Suárez’s dream of a unified party along largely Nationalist lines, and in early 1926 the party was given its candidates for the coming two…
p. 180
[13]at attention and saluting President Abadía. Behind the general lies a row of human corpses; behind Abadía lies a pile of ducks. “I killed a hundred!” says Cortés. “That’s nothing,” replies Abadía, “I killed two hundred!” 36 Economic fears accompanied widespread unhappiness over Abadía’s insen- sitivity to the problems…
p. 187
02Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 2851 cita
[2]dictadura de trece años, y en Guatemala Jorge Ubico inicia la suya, que se prolongará hasta 1944. En Colombia un sistema que tiene 50 años es sustituido por otro; el par- tido conservador pierde la presidencia y el partido liberal llega a gobernar; el cambio se ha realizado por elecciones y el poder se juega entre…
p. 285
03Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1231 cita
[3]no se iniciase tna investigación respecto de Los erí- menes cometidos y mientras nose ex pidiera una ler electoral. El afán de colaboración enarbolado poros “civi listas”, según Gerardo Molina, escon- día el deseo de codirigir el desarrollo económico al que asistía el país, forta- tecido por capitales extranjeros; no…
p. 123
04Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 368, 3722 citas
[4]así una de las presidencias más letradas, pero más erráticas que haya tenido el país. "La danza, de los millones", pero al debe... En las elecciones de 1922 el país se debatió entre dos figuras que encarnaban los ideales políticos del momento: el general Benjamín Herrera, adalid radical, y el también - general Pedro…
p. 368
[14]Con el agravan- ~ te de que en Colombia comenzó antes, pues los intereses 1 norteamericanos, preocupados por los intentos oficiales ' de control de las explotaciones petroleras, decidieron cor- tar los créditos internacionales. El New York Times atribu- yó esa política oficial al "deseo de la administración del…
p. 372
05Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Páginas 119, 1232 citas
[5]Bogota, procla- maron, por intermedio de los doctores Enrique Ca- ballero Escobar, Gabriel Turbay, Eduardo Santos y Alfonso Lépez, la candidatura del doctor Enrique Olaya Herrera. EI domingo 9 de febrero de 1930 se celebraron las elecciones. El doctor Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos, Guillermo Valencia 240.833 y el…
p. 123
[7]Su entierro fue una verda- dera apoteosis. Dos anos después, el 28 de abril de 1929, el pais le tribut6 un homenaje nacional y en el mausoleo del cementerio de San Pedro, en la capital antio- quena, le recordaron con palabras emocionadas Guillermo Valencia y el poeta bumangués Aurelio Martinez Mutis, quien recit6 su…
p. 119
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 1531 cita
[6]múltiples proyectos de infraestructura para abaratar costos de exportación e integrar las regiones. Abrió un programa de obras públicas que tendría fuertes incidencias en la hasta entonces inmóvil mano de obra rural, en los índices de inflación y en movilizaciones sociales y conflictos obreros. Los departamentos y…
p. 153
07Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 602 citas
[8]los llamados “barrios residenciales” en donde algunos cambiaron sus casas coloniales por imitaciones de los palacetes de la “ Belle Époque ”. En esa década, como lo sintetiza Jorge Orlando Melo (2003): “ solo el 12 % vivía en las ciudades de más de 10.000 habitantes. El analfabetismo superaba el 75 % y solo uno de…
p. 60
[9]ricos urbanos, los llamados “barrios residenciales” en donde algunos cambiaron sus casas coloniales por imitaciones de los palacetes de la “ Belle Époque ”. En esa década, como lo sintetiza Jorge Orlando Melo (2003): “ solo el 12 % vivía en las ciudades de más de 10.000 habitantes. El analfabetismo superaba el 75 % y…
p. 60
08María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · Página 1971 cita
[10]y la necesidad de purificar el sufragio mediante reformas electorales 128. Para ese año de 1928, era evidente que la política económica de los últimos gobiernos conservadores había prácticamente empeñado al país y había agudizado los problemas sociales, tanto en el campo como en las ciudades. Las cifras dadas por…
p. 197
09Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 901 cita
[11]o principios de 1931, en términos de una concepción ideológi- ca del gobierno conservador de Mi- guel Abadía Méndez (7 de agosto de 1926 - 7 de agosto de 1930) sobre lo económico, diferente de aquella que exhibió el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera (7 de agosto de 1930 - 7 de agosto de 1934) durante el primer…
p. 90
10Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2071 cita
[12]norteamericana del dragado y am- pliación del canal de Bocachica, y a la termina- ción y drenaje del puerto de Buenaventura. La ejecución de estas y otras obras públicas, en Bogotá y algunas ciudades de provincia, atrajo el interés de millares de campesinos, quie- nes, ante la perspectiva de mejores ingresos y…
p. 207
11Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3331 cita
[15]«danza de los millones» tiene va- rios contrapuntos que frenan la eufo- ria de las gentes. Un prolongado ve- rano entre 1925 y 1926 paraliza las obras públicas ante la suspensión del tráfico fluvial que impide la llegada de los materiales; las siembras se pier- den, el agua escasea, la carne y los ví- veres suben…
p. 333
12Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 691 cita
[16](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…
p. 69
13Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 651 cita
[17]horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…
p. 65
14The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4871 cita
[18]it is established that banana workers across the Santa Marta region did in fact strike in 1928, and that strikers were massacred when General Carlos Cortés Vargas ordered soldiers to fire on a large crowd at Ciénaga on December 6, the ques- tion remains: “How many?” Labor organizer Raúl Mahecha reported a thousand…
p. 487
15¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 791 cita
[19]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…
p. 79
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 471 cita
[20]se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…
p. 47
17Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2351 cita
[21]Capítulo 9 creto las fuerzas del mercado eran el capital y el trabajo. Ahora bien, si el conflicto salía de los marcos econó- micos, entonces ya era cuestión de or- den público. Como el Estado no debía inmiscuirse en la negociación econó- mica, su función no debía ir más allá de promulgar unas pocas leyes labo- rales…
p. 235
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1331 cita
[22]A further complication was social and labor unrest, in part a renewal or continuation of the artisans' struggle during the previous century for job security and benefits. While Suarez was president, a tailors' demonstration in Bogota against the importation of military uniforms led to several deaths at the hands of…
p. 133
19El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 1541 cita
[23]con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…
p. 154
20Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 361 cita
[24]petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…
p. 36
21El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 39, 444 citas
[25]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
[26]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
[31]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…
p. 44
[32]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…
p. 44
22Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Páginas 50, 2602 citas
[27]H. Freeman Matheus decía en 1928: " La legación ha expresado en el pasado su opinión de que el gobierno ha exagerado mucho dichos daños en favor de sus propios propósitos, y que el objeto inmediato de los pasajes pertinentes del mensaje [del gobierno] parecen estar dirigidos a obtener apoyo para la famosa Ley Heroica…
p. 260
[33]la sociedad (trabajadores asalariados principalmente, pero también campesinos e indígenas y sectores medios urbanos), el conservatismo perdió terreno político para las cruciales elecciones de 1930. La división en dos candidaturas y el errático comportamiento de la Iglesia --cuyos jerarcas vacilaron en apoyar a uno u…
p. 50
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1981 cita
[28]de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…
p. 198
24Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1221 cita
[29]de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…
p. 122
25Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · Página 1321 cita
[30]maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…
p. 132
26Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 821 cita
[34]problema parecía agravarse. Los conservadores, divididos, perdieron las elecciones y entregaron el poder a los liberales: fue el único país de América Latina donde, en medio de la crisis mundial, el partido perdedor permitió una transición pacífica a la oposición. Los liberales, por su parte, apoyándose en los…
p. 82
27De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 801 cita
[35]reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…
p. 80
28De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 801 cita
[36]de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948, cuando la Iglesia Católica se…
p. 80
29Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 581 cita
[37]escogiera, en la que no figuraba el poeta Guillermo Valencia, porque decían que era “masón”. Antes de tomar la resolución, el prelado se puso en oración con todo el fervor de su alma y le pidió a Dios que le mandara la muerte si cometía error. Como no murió, dio su veredicto: Alfredo Vásquez Cobo, tal como lo había…
p. 58
30Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1301 cita
[38]Hasta los últimos meses de 1929 la pregunta parecía superflua. Sin embargo había síntomas ominosos. La di vis ión de la casa azul se ramificaba hacia la Iglesia. Si todos los párrocos y todos los purpurados luchaban por el alma de la nación, muchos también querían sus votos. Pero, ¿votar por quién? Pasado el pro- ceso…
p. 130
31Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 1321 cita
[39]on the vulnerability of the Colombian labor movement to ruling-class initiatives during the resurgence and reorganization of world capitalism in the wake of the Second World War. The fourth reflects on the relationship of this whole social process to the phenomenon of the Violence. The Advent of the Liberal Republic…
p. 132
32Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 4151 cita
[40]dividió por causa del doble desafio a su hegemonía política, y las elecciones de 1930 fueron ganadas por una coaliciónbipar tidista dominada pOr los liberales y dirigida por los principales arquitec tos del orden institucional establecido en 1910. La plataforma del Partido Liberal victorioso proclamaba "puertas…
p. 415
33Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3651 cita
[41]en las obras pú- blicas, en las cuales perdieron la afi- ción a las faenas agrícolas, el amor al hogar y a una vida morigerada. Mu- chos de «estos desgraciados» se dedi- caron «al juego, a la embriaguez, al lujo en el vestir, a la deshonestidad, a malas amistades, a la asistencia asidua a los espectáculos públicos y a…
p. 365