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Hecho histórico · República Liberal · 1930–1946

La Colonia Agrícola del Sumapaz y el autogobierno campesino (1928–1936)

Entre 1928 y 1936, miles de arrendatarios y colonos ocuparon más de 300.000 hectáreas en la región del Sumapaz, organizándose bajo el liderazgo de Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela en una experiencia sostenida de autogobierno campesino —ligas, defensa legal, presencia electoral— que funcionó como matriz organizativa de los conflictos agrarios colombianos del siglo XX.

La Colonia Agrícola del Sumapaz y el autogobierno campesino (1928–1936)
1928–1936
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1928–1936
Dónde
Sumapaz, Cundinamarca, Tolima, La Uribe, Bogotá, Icononzo, Cunday, Fusagasugá, Pandi, Usme, San Martín, Girardot
Protagonistas
Erasmo Valencia, Juan de la Cruz Varela, Jorge Eliécer Gaitán, Miguel Abadía Méndez, Partido Agrario Nacional (PAN), Partido Comunista de Colombia (PCC), Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), Corte Suprema de Justicia de Colombia, Ministerio de Industrias
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La sentencia de la Corte Suprema de 1926 estableció la 'prueba diabólica': el único medio válido de probar la propiedad privada era exhibir el título original de enajenación estatal, requisito que la mayoría de los grandes hacendados de Cundinamarca y Tolima no podía cumplir porque sus dominios se habían formado mediante usurpación de baldíos nacionales.
  2. El decreto de colonización de 1928, expedido por el Ministerio de Industrias, declaró baldío todo el territorio de Icononzo y Cunday no amparado por títulos originales, entregando a arrendatarios y colonos un argumento legal para proclamarse ocupantes legítimos de las tierras que ya labraban.
  3. El régimen de hacienda cafetera excluía sistemáticamente a los arrendatarios de los beneficios del auge exportador: no podían sembrar café en sus parcelas ni aspirar a la propiedad, lo que acumuló un descontento estructural que la difusión de ideas socialistas después de 1925 convirtió en movilización organizada.
  4. La escasez relativa de fuerza de trabajo libre generada por las obras públicas y la urbanización resquebrajó las instituciones rurales que fijaban al campesino a la hacienda, debilitando la legitimidad del orden servil y facilitando las invasiones.
1928–1936La Colonia Agrícola del Sumapaz y el autogobierno campesino (1928–1936)

Consecuencias

  1. La Colonia funcionó como matriz organizativa del repertorio campesino colombiano: ligas por vereda, defensa legal colectiva, financiamiento mediante cuotas y presencia electoral propia, un modelo que ningún otro movimiento agrario contemporáneo alcanzó con igual nitidez.
  2. El Partido Agrario Nacional eligió concejales en Fusagasugá, Pasca, San Bernardo y Pandi en octubre de 1935, y llevó a Erasmo Valencia como diputado a la Asamblea de Cundinamarca para 1935–1936, dotando a la Colonia de una traducción institucional inédita en el agrarismo colombiano de la época.
  3. La presión acumulada de los conflictos del Sumapaz y de otras zonas de Cundinamarca y Tolima contribuyó al contexto que obligó al Congreso a expedir la Ley 200 de 1936, primera reforma agraria formal de la historia colombiana.
  4. Juan de la Cruz Varela, emergido como dirigente en el contexto de la Colonia hacia 1933, encabezó la resistencia armada en el Sumapaz durante la Violencia, organizó el páramo como retaguardia estratégica y se desmovilizó el 31 de octubre de 1953 sin perder el control político de la zona, trazando una línea de continuidad directa entre la Colonia y las formas de autodefensa que antecedieron a las 'repúblicas independientes' de los años sesenta.
  5. Las luchas agrarias del Sumapaz fueron objeto de la 'revancha terrateniente' durante la Violencia, confirmando que el conflicto iniciado en 1928 no se cerró con la Ley 200 sino que se prolongó como guerra campesina durante décadas.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La Colonia Agrícola del Sumapaz obliga a fechar el conflicto agrario colombiano contemporáneo no en el Bogotazo de 1948 sino en el cruce entre la sentencia de 1926 y el decreto de 1928, revelando que las formas de autogobierno campesino que la historiografía suele asociar a las 'repúblicas independientes' de los años sesenta tienen una genealogía organizativa que arranca dos décadas antes. Al combinar ocupación territorial, litigio legal, financiamiento colectivo y participación electoral bajo un liderazgo propio, la Colonia demostró que el campesinado colombiano fue capaz de construir instituciones de facto antes de que el Estado liberal ofreciera reforma alguna, lo que reescribe la periodización del autogobierno campesino y la historia de la violencia política en Colombia.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La Colonia Agrícola del Sumapaz

Entre 1928 y 1936, en las laderas orientales de la cordillera que separa la sabana de Bogotá del Alto Magdalena, miles de arrendatarios y colonos ocuparon las tierras altas de las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima invocando una ambigüedad jurídica sembrada por la propia Corte Suprema. Lo que empezó como una serie de invasiones a fincas de Icononzo y Cunday derivó, en la región del Sumapaz, en una experiencia sostenida de ocupación, organización y disputa por más de 300.000 hectáreas que la memoria posterior designaría como Colonia Agrícola. Bajo el liderazgo de Erasmo Valencia y, más tarde, de Juan de la Cruz Varela, la Colonia funcionó como matriz de un repertorio campesino —ligas, defensa legal, presencia electoral, embriones de autodefensa— que sobrevivió a la Ley 200 de 1936, atravesó la Violencia como retaguardia guerrillera y llegó hasta el umbral de Marquetalia. Su historia obliga a fechar el conflicto agrario colombiano contemporáneo no en 1948, sino en el cruce entre la sentencia de la Corte de 1926 y el decreto de colonización de 1928.

El terreno jurídico: prueba diabólica y baldíos declarados

El punto de partida no está en el monte sino en un fallo. En 1926 la Corte Suprema de Justicia estableció que el único medio válido para probar la propiedad privada de la tierra era exhibir el título original mediante el cual el Estado —primero la Corona, luego la República— había enajenado el predio del dominio público. La doctrina se conoció como la prueba diabólica: para la mayoría de los grandes propietarios de Cundinamarca y Tolima era imposible cumplirla, pues sus dominios se habían formado a lo largo del siglo XIX por acumulación, compraventa entre particulares, remates y, con frecuencia, usurpación silenciosa de baldíos nacionales.

Dos años después, en 1928, el Ministerio de Industrias expidió un decreto de colonización que reservaba varios miles de hectáreas para una colonia oficial en los municipios de Icononzo y Cunday. La norma estipulaba que todo el territorio contenido en esos linderos debía considerarse baldío, salvo que los propietarios exhibieran los títulos originales que ahora exigía la jurisprudencia. Al pretender ordenar la frontera agraria, el gobierno de Miguel Abadía Méndez había hecho algo distinto: entregó a los arrendatarios y colonos un argumento legal para volverse contra sus patrones.

La consecuencia fue inmediata. Poco después de expedido el decreto, arrendatarios de varias fincas cafeteras se proclamaron colonos y sostuvieron que las tierras que labraban habían sido usurpadas al dominio público. Entre los ocupantes había trabajadores asalariados contratados por arrendatarios para sustituirlos en obligaciones laborales, arrendatarios de fincas vecinas y desempleados del puerto de Girardot y de Bogotá. Cuando el Estado intentó implementar el programa de colonización, descubrió una verdad incómoda: la magnitud de las usurpaciones de tierras públicas por parte de terratenientes durante el medio siglo anterior era mucho mayor de la prevista. Los invasores, en buena parte, tenían razón.

La Corte reiteraría el criterio en 1934, consolidando la doctrina y prolongando el filo. Entre 1929 y 1936 las invasiones se multiplicaron en Cundinamarca, el norte del Valle del Cauca y Tolima, hasta obligar al Congreso a expedir la Ley 200 de 1936, primera reforma agraria formal de la historia colombiana. Pero antes de esa salida legislativa, en las tierras altas del Sumapaz, ya había ocurrido algo distinto: los colonos no solo habían invadido, se habían organizado.

La hacienda cafetera y la aritmética del descontento

Para entender qué invadían los colonos hay que entender de dónde venían. En las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima, la fuerza de trabajo permanente estaba constituida por arrendatarios que recibían el usufructo de una parcela de pan coger a cambio de trabajar una parte de su tiempo en los cafetales del hacendado. El arreglo tenía dos caras. Al campesino le aseguraba subsistencia; al patrón, una mano de obra fija en zonas donde el asalariado libre escaseaba. Pero excluía sistemáticamente al arrendatario de los beneficios del auge cafetero: no era propietario, y en la mayor parte de los casos tampoco podía sembrar café en su parcela, obligado a contentarse con maíz, plátano y yuca.

Esa exclusión operó como una ecuación silenciosa durante décadas. La relación se sostenía en la mentalidad servil de los campesinos boyacenses migrantes de primera y segunda generación, para quienes trabajar la tierra de otros a cambio de un pedazo propio era el orden natural del mundo. Después de 1925, esa legitimidad se agrietó. La difusión de ideas socialistas —vinculada al ascenso del movimiento obrero y a la actividad de figuras como María Cano y Torres Giraldo— llegó a las haciendas y ofreció a los arrendatarios un vocabulario nuevo para nombrar lo que ya sentían. La respuesta de los hacendados fue una refeudalización: endurecimiento de obligaciones, restricción de la siembra de café en las parcelas, cobros adicionales.

A esa presión de arriba se sumó la succión de abajo. Las obras públicas del gobierno de Pedro Nel Ospina y de Abadía Méndez, junto con la urbanización acelerada de Bogotá y las ciudades intermedias, generaron una escasez relativa de fuerza de trabajo libre que resquebrajó las instituciones rurales que fijaban al campesino a la hacienda. Cuando la sentencia de 1926 y el decreto de 1928 aparecieron en escena, el sistema estaba ya tensionado por dentro. Las cifras de organización lo prueban: hasta 1939, Cundinamarca y Tolima concentraron 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica reconocida en el país. En proporción a su territorio, ninguna otra región estuvo más agitada.

Del decreto a la Colonia: 1928–1933

Las primeras invasiones que siguieron al decreto de 1928 no fueron, en sentido estricto, ocupaciones nuevas. Fueron autodesignaciones: arrendatarios que habitaban ya las tierras altas de las haciendas, en las zonas de páramo y monte que los hacendados no habían puesto en café, se declararon colonos sobre baldíos usurpados. El argumento era circular pero jurídicamente sólido en el marco creado desde arriba: si los propietarios no podían exhibir los títulos originales exigidos por la Corte, y si el decreto declaraba baldío todo lo no titulado, entonces las tierras que labraban eran baldías y ellos, colonos con derecho.

La región del Sumapaz reunía condiciones particulares para que el argumento cuajara en una experiencia duradera. El macizo, límite sur de la hoya hidrográfica del río Bogotá y con alturas máximas cercanas a los 4.000 metros, era desde fines del siglo XIX un espacio de litigios permanentes entre colonos y herederos de títulos coloniales, resueltos con frecuencia a bala. Las 300.000 hectáreas en disputa se extendían por los municipios de Bogotá, Usme, Pandi, Cunday, San Martín y La Uribe, en un arco que iba de la sabana al piedemonte llanero. La geografía —páramos altos, cañones profundos, caminos malos— dificultaba tanto el control hacendatario como la acción coercitiva del Estado.

Sobre ese terreno se desplegó, entre 1928 y comienzos de los años treinta, una experiencia de ocupación que combinó tres rasgos poco frecuentes en episodios similares. Primero, escala: los ocupantes se contaban por miles, no por decenas, distribuidos en una franja de varios municipios contiguos y no en un solo predio. Segundo, permanencia: la ocupación no fue una toma efímera, sino un poblamiento con roza, siembra de pan coger, apertura de caminos y construcción de viviendas. Tercero, dirección política: apareció desde temprano un núcleo dirigente capaz de dar coherencia jurídica y organizativa al conjunto.

Erasmo Valencia fue el nombre alrededor del cual esa dirección se cristalizó. Vinculado a los movimientos obreros y campesinos de los años veinte —contemporáneo, en ese arco, de María Cano y de Torres Giraldo—, Valencia entendió antes que otros dirigentes de izquierda que la disputa por el Sumapaz no se ganaba solo con invasiones sino con memoriales, abogados y presencia electoral. La estrategia de las ligas campesinas que él impulsaría —recolectar cuotas para financiar memoriales, contratar abogados, imprimir hojas sueltas, litigar caso por caso ante las autoridades nacionales— nació de esa lectura. En algún momento de esos primeros años, Juan de la Cruz Varela, que emergería como dirigente hacia 1933, se sumó al núcleo organizador. La dupla Valencia-Varela definiría la matriz política de la Colonia durante toda su vida activa.

Anatomía del autogobierno

Llamar Colonia Agrícola a lo que ocurrió en el Sumapaz entre 1928 y 1936 no es una metáfora. Fue, en sentido estricto, un régimen de facto de ocupación reglada, en el que los propios colonos administraban el reparto de parcelas, la apertura de caminos, la defensa jurídica colectiva y la mediación de conflictos internos, mientras el Estado oscilaba entre reconocerlos como beneficiarios del decreto de 1928 y tratarlos como invasores.

El tejido organizativo tuvo tres capas superpuestas. En la base, las ligas de colonos por vereda y municipio, encargadas de recolectar cuotas, llevar el registro de mejoras y presentar frente unido a terratenientes y funcionarios. Por encima, una coordinación regional que Valencia y sus aliados sostenían desde Fusagasugá y desde Bogotá, con capacidad de contratar abogados en la capital y de introducir el pleito en las oficinas del Ministerio de Industrias y en los juzgados de circuito. Y, transversalmente, la actividad electoral: cuando en octubre de 1935 el Partido Agrario Nacional —del que Valencia era figura central— eligió concejales en Fusagasugá, Pasca, San Bernardo y Pandi, y llevó al propio Valencia como diputado a la Asamblea de Cundinamarca para el período 1935–1936, la Colonia se dotó de una traducción institucional que ningún otro movimiento agrario contemporáneo alcanzó con esa nitidez.

La cifra de más de 6.000 ocupantes atribuida a la Colonia en su fase de mayor extensión debe leerse en ese marco: no como padrón municipal de un solo asentamiento, sino como estimación gruesa de las familias vinculadas al régimen agrario disidente que Valencia y sus ligas coordinaron a lo largo del Sumapaz. La territorialidad era polinuclear y discontinua, adaptada al patrón de las haciendas invadidas y de los baldíos disputados.

La respuesta terrateniente completó el retrato del régimen. Los propietarios recurrieron a métodos coercitivos precisos: soltar ganado en las parcelas para arruinar las siembras, confiscar productos en el camino al mercado, cortar puentes, cerrar caminos veredales. En varios casos actuaron en connivencia con autoridades locales —alcaldes, jueces de circuito, inspectores de policía— que ejecutaban los desalojos con fuerza pública o los toleraban cuando los ejecutaban civiles armados de la hacienda. La Colonia se defendió mediante los mismos canales que había aprendido a usar: memoriales, denuncias penales cruzadas, presencia física en las diligencias judiciales, presión política en Bogotá.

Diputado en la Asamblea de Cundinamarca, Valencia utilizó su banca para introducir proyectos de ordenanza que apuntaban a desmontar los engranajes de coerción rural, entre ellos la prohibición del concierto de personas —una figura mediante la cual las autoridades locales obligaban a campesinos a trabajos forzados como sanción por infracciones menores, y que en la práctica funcionaba como mecanismo de disciplinamiento laboral al servicio de los hacendados—. La medida era simbólica y práctica a la vez: mostraba que la Colonia había pasado de invadir tierras a intentar reformar, desde adentro del aparato del Estado, el orden jurídico que sostenía la hacienda.

Faccionalismo con frente unido

La Colonia no fue una experiencia ideológicamente homogénea. Sobre ella compitieron, y a veces convergieron, tres corrientes distintas de la izquierda y el reformismo colombiano de los años treinta, con temperamentos y tácticas que se rozaban sin llegar a fundirse.

El más ortodoxo era el Partido Comunista de Colombia, heredero directo del Partido Socialista Revolucionario y del ciclo de agitación de los años veinte. Su fortaleza estaba a las puertas del Sumapaz, en la zona cafetera del Tequendama, con Viotá como epicentro: allí el PSR había persuadido a trabajadores de las haciendas para invadir tierras y crear organizaciones de defensa armada, y había establecido una zona de influencia y control campesino que se prolongaría durante décadas. Desde esa base, la línea del PCC insistía en desconfiar de las autoridades nacionales. Acudir a los tribunales era, en su lectura, complicidad con el sistema.

Contra esa desconfianza jugaba la UNIR de Jorge Eliécer Gaitán, activa en la primera mitad de los treinta. Sus ligas movilizaban a los campesinos por la vía legal —cuotas, memoriales, abogados, hojas sueltas— y defendían los intereses de los invasores dentro del marco jurídico vigente, apostando a que la elocuencia del pleito pesara más que la fuerza en el monte. Era la estrategia que Valencia también practicaba, aunque desde una plataforma propia y sin la marca personalista del caudillo liberal.

Esa plataforma era el Partido Agrario Nacional, con base electoral en los colonos del Sumapaz y en la región cafetera de Fusagasugá, y la creación política más directamente vinculada a la Colonia. Su alcance quedó regional —los concejales electos en 1935 fueron todos de municipios cundinamarqueses—, pero su existencia mostraba que el movimiento campesino del Sumapaz había construido algo que ni el PCC ni la UNIR consiguieron en esa escala: un vehículo electoral propio.

Las diferencias estratégicas fueron reales. Comunistas, uniristas y agraristas discutían sobre la vía legal, sobre la relación con los partidos tradicionales, sobre el uso de la fuerza. Un funcionario del Tolima, en un informe de la época, señalaba a Valencia como uno de los organizadores comunistas prominentes cuya influencia contribuía, a su juicio, a que los campesinos se infectaran de ideas subversivas. En la práctica, sin embargo, las ligas presentaban un frente unido: ante el terrateniente y ante el Estado, las tres corrientes convergían en la defensa de los ocupantes, sin que el faccionalismo lograra dividir la Colonia ni diluir su presión sobre Bogotá. A la disputa se sumaron candidatos liberales y conservadores que, por cálculo electoral, respaldaron ocasionalmente a los invasores. La Colonia sabía usar esa competencia a su favor.

La Depresión y el giro liberal

El ciclo de la Colonia coincidió con el mayor terremoto económico y político que había vivido el país en medio siglo. La Gran Depresión hundió el ingreso nacional de 75,2 a 54,3 millones de dólares entre 1929 y 1930. El precio del café se derrumbó en paralelo, de 23 a 16 centavos de dólar la libra entre septiembre y noviembre de 1929, y el empleo industrial cayó de 65.100 trabajadores en 1925 a 42.402 en 1931. El crédito externo se había interrumpido antes, desde 1928, cuando intereses norteamericanos reaccionaron con desconfianza a los intentos de Abadía Méndez de regular las explotaciones petroleras: aunque la propuesta se retiró en junio de ese año, los préstamos no volvieron.

Sobre ese fondo, la Hegemonía Conservadora, que gobernaba desde 1886, se derrumbó en las elecciones de 1930. El Partido Conservador se dividió en dos candidaturas y el arzobispo primado de Bogotá, cuya venia había orientado el voto católico durante décadas, no logró decidirse por ninguno. Enrique Olaya Herrera, candidato de la Concentración Nacional, ganó la presidencia y abrió el ciclo de la República Liberal.

El paso decisivo llegó en 1934, con Alfonso López Pumarejo y la Revolución en Marcha. La llegada de López no supuso la derrota de la base terrateniente del liberalismo —fue producto de alianzas tácticas dentro del partido, que incorporaban también a la clase media urbana y a la clase obrera—, pero sí un giro en las relaciones del Estado con los sectores populares. Por primera vez desde la Regeneración, el gobierno nacional no leyó las invasiones campesinas exclusivamente como problema de orden público. La Colonia del Sumapaz, con su diputado en la Asamblea de Cundinamarca y sus concejales en cuatro municipios, se movía en un espacio político nuevo.

El Estado intentó, en paralelo a la vía legislativa, la compra de terrenos en litigio. La hacienda Doa, en Pandi, y otros predios del propio Sumapaz fueron objeto de esas gestiones. La operación tenía lógica: si los títulos coloniales eran dudosos y los baldíos disputados, comprar era más barato que reprimir. Pero la escala del problema desbordaba cualquier compra puntual.

La Ley 200 y el nudo de 1936

La Ley 200 de 1936 fue promulgada en el marco de la Revolución en Marcha como respuesta legislativa al ciclo de invasiones iniciado ocho años antes. Su innovación conceptual fue el principio de la función social de la propiedad: la propiedad de la tierra no era un derecho absoluto sino condicionado a su explotación productiva. Su artículo sexto, el más celebrado, establecía un plazo de diez años para que los grandes propietarios explotaran efectivamente sus predios, so pena de extinción del dominio sobre las tierras incultas.

Para los colonos, sin embargo, el efecto más inmediato de la ley no estuvo en ese artículo sino en otro punto. La Ley 200 resolvió el problema de los títulos a favor de los terratenientes: sustituyó la exigencia jurisprudencial de exhibir cadenas titulativas hasta la Corona o la República por el criterio de destinación económica del predio. Quien explotara la tierra —así fuera con ganado extensivo— podía probar propiedad por posesión inscrita y explotación, sin necesidad de exhumar títulos coloniales. La prueba diabólica que había armado a los colonos desde 1926 quedó desmontada.

La ley expresaba, en forma ambigua, dos vías para el desarrollo del capitalismo agrario: la distribución de tierras no explotadas a colonos y la transformación capitalista de la hacienda mediante trabajo asalariado. En la práctica se prefirió la segunda. Nunca se pretendió eliminar a los terratenientes como clase; el artículo sexto se aplicó de forma muy limitada; y los propietarios locales, que controlaban alcaldías, policía y juzgados de circuito, ofrecieron interpretaciones alternativas de las disposiciones que reducían al mínimo los espacios de los colonos para hacer valer sus derechos.

Muchos terratenientes usaron la nueva ley al revés de su enunciado: expulsaron colonos y arrendatarios de sus tierras, aprovechando estipulaciones de la propia norma para consolidar dominios ahora blindados por el criterio de destinación económica. La Caja Agraria aprobó 453.618 préstamos entre 1936 y 1943 para facilitar la compra de parcelas por parte de campesinos, en un esfuerzo complementario que benefició sobre todo a pequeños propietarios ya establecidos, no a los colonos en litigio.

El desenlace formal llegaría en 1944, cuando la Ley 100 del segundo gobierno de López amplió el plazo concedido a los latifundios para poner a producir sus tierras, revirtiendo en buena medida el impulso reformista. Pero el freno había comenzado ya durante el gobierno de Eduardo Santos (1938–1942).

Para la Colonia del Sumapaz, 1936 marcó una bisagra. La ley cerraba la ventana jurídica que había abierto la sentencia de 1926, pero la matriz organizativa —ligas, liderazgos, presencia electoral, territorialidad discontinua sobre 300.000 hectáreas— quedó instalada. Cuando el marco legal cambió, la Colonia no se disolvió: se replegó sobre su propio tejido interno y esperó.

Consecuencias inmediatas y de larga duración

La Colonia forzó al Estado colombiano a legislar. La Ley 200 de 1936 no habría existido —o no habría existido con esa forma— sin el ciclo de invasiones abierto por el decreto de 1928, del cual el Sumapaz fue el capítulo más denso y organizado. Que la ley terminara favoreciendo la transformación capitalista de la hacienda antes que la distribución no borra el hecho de que el legislador se sintió obligado a actuar y a introducir, por primera vez en la historia colombiana, el principio de la función social de la propiedad.

En el mediano plazo, la Ley 100 de 1944 y el freno reformista del gobierno de Santos revirtieron los avances de 1936. Muchos colonos fueron expulsados; otros consiguieron consolidar sus mejoras; en unas zonas los terratenientes recuperaron control, en otras el tejido de ligas siguió activo. La aplicación de la Ley 200 fue desigual: dependió del poder político local, de la fuerza organizativa de los colonos y de la geografía. En el Sumapaz, la matriz organizativa sobrevivió.

En el largo plazo, la Colonia Agrícola dejó tres legados que reconfiguran cualquier periodización sensata del conflicto agrario colombiano. El primero es infraestructural: las ligas del Sumapaz, aun cuando entraron en latencia, dejaron una red de liderazgos veredales, memoria organizativa y territorialidad reconocida que se reactivaría cuando el conflicto volviera a intensificarse. Cuando en los años cincuenta Juan de la Cruz Varela encabece la resistencia armada del Sumapaz durante la Violencia, no estará fundando algo nuevo sino reactivando algo que en los años treinta él mismo había ayudado a levantar.

El segundo legado es de repertorio. La combinación de invasión, defensa legal, presencia electoral y embriones de autodefensa que la Colonia ensayó entre 1928 y 1936 constituyó una gramática política que reaparecería, con actores y contenidos distintos, en cada ciclo posterior del conflicto agrario. Las autodefensas campesinas comunistas de los años cuarenta y cincuenta, las llamadas repúblicas independientes denunciadas por Álvaro Gómez Hurtado en los años sesenta, las columnas de marcha que fundaron colonias en el Duda, el Guayabero y El Pato tras los bombardeos a Villarrica, todas heredan, sin línea recta pero con parentesco reconocible, algo del modelo Sumapaz.

El tercer legado es genealógico y admite mayor debate. La resistencia guerrillera del Sumapaz durante la administración Rojas Pinilla, encabezada por Varela, imprimió al conflicto el carácter de guerra campesina contra la revancha terrateniente que la Violencia desató en las antiguas zonas de agitación agraria: Tequendama, Rionegro, Sumapaz en Cundinamarca; centro y norte del Tolima; Viejo Caldas. Varela optaría por la desmovilización y entrega de armas el 31 de octubre de 1953, pero conservaría el control político de la región. Una década después, cuando la ofensiva militar contra Marquetalia culminó en 1964 y el Programa Agrario de los Guerrilleros declaró: Somos el espíritu de un movimiento revolucionario en construcción desde 1948, la invocación de continuidad histórica encontraba un eco cierto, aunque su fecha estaba corta: la construcción venía, en verdad, desde 1928.

La continuidad, sin embargo, no fue lineal. La revancha terrateniente durante la Violencia, los bombardeos de Villarrica, los desplazamientos masivos hacia el Duda, el Guayabero y El Pato, la exclusión de los campesinos comunistas del Sumapaz de los programas de rehabilitación del Frente Nacional, transformaron a los actores, los territorios y las motivaciones. La base social que nutriría a las FARC estaba compuesta principalmente por campesinos sin tierras cuyas motivaciones inmediatas eran la tierra y la supervivencia, no la herencia consciente de una tradición organizativa. La matriz Sumapaz sobrevivió como infraestructura latente y como repertorio disponible, no como línea directa de filiación política. Cada ciclo de violencia estatal la reconfiguró.

Por qué la Colonia sigue importando

Reconocer la Colonia Agrícola del Sumapaz como fase constitutiva —y no como preludio menor— del conflicto agrario colombiano tiene tres implicaciones que aún hoy siguen sin saldarse.

La primera es cronológica. Si la matriz organizativa del campesinado insurgente colombiano se instala entre 1928 y 1936, la Violencia de 1948 y las FARC de 1964 dejan de ser puntos cero para convertirse en nudos de una trama más larga. El conflicto armado contemporáneo tiene un antecedente rural anterior a la muerte de Gaitán y a la Guerra Fría, ligado a la ambigüedad jurídica de los baldíos y a la estructura de la hacienda cafetera. Cualquier periodización que empiece en 1948 —o peor, en 1964— pierde de vista la mitad del proceso, y con ella el nervio jurídico y económico que hizo posible todo lo demás.

La segunda es interpretativa. La Colonia mostró que el campesinado colombiano no fue solo objeto de decisiones estatales ni masa manipulada por partidos externos: leyó una oportunidad jurídica abierta desde arriba, construyó liderazgos propios, tradujo la invasión en presencia electoral y sostuvo una territorialidad discontinua sobre 300.000 hectáreas durante casi una década. Esa agencia importó más que las ideologías que la disputaban. Comunistas, uniristas y agraristas compitieron por representar a la Colonia, pero la Colonia existía antes que ellos y sobrevivió a la ley que se suponía debía resolverla. Ese desfase entre representantes y representados es una de las claves menos leídas del ciclo.

La tercera es política y sigue viva. La Ley 200 de 1936, la Ley 100 de 1944, el Frente Nacional, la reforma agraria del INCORA en los años sesenta, los acuerdos de paz posteriores: cada intento del Estado colombiano de resolver la cuestión agraria ha operado sobre el mapa que la Colonia ayudó a dibujar. Las zonas donde el conflicto persistió con más intensidad —Tequendama, Sumapaz, Rionegro, centro y norte del Tolima, Viejo Caldas— coinciden con notable exactitud con las regiones donde las ligas de los años treinta habían echado raíces. En el páramo del Sumapaz, donde Varela organizaría después su retaguardia estratégica desplazándose desde El Palmar hacia Icononzo, Guatimbol y el Nevado a medida que se intensificaban los combates, el suelo guardaba las huellas de las mejoras que los colonos habían abierto tres décadas antes bajo un decreto que el gobierno de Abadía Méndez expidió sin sospechar qué estaba desatando. La Colonia Agrícola del Sumapaz fue eso: la conversión de un decreto administrativo en un experimento de autogobierno que ninguna ley posterior consiguió del todo cancelar.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

47 documentos · 65 fragmentos
01Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 224, 2492 citas
[1]programa de colonización patrocinado por el Gobierno, el Ministerio de Industrias reservó varios miles de hectáreas para una colonia en los municipios de Icononzo.y Cunday. En el decreto por medio del cual se estableció la colonia, el Ministerio estipulaba que todo el territorio dentro de los límites establecidos para…p. 224
[18]Borda, Resistencias..., pp. 177b-178b. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-1950) Las ligas formadas por esos partidos ayudaban a los colonos a presentar un fren- te unido en sus relaciones tanto con los terratenientes como con el Gobierno. Aunque no se dispone de detalles sobre la afiliación y la…p. 249
02Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4451 cita
[2]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…p. 445
03Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 100, 1182 citas
[3]factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…p. 100
[8]by the large estates but by peasant producers, the government endeavored to facilitate colonization of the public domain by peasant settlers in order to expand food production. The uncertain status of landownership, however, frustrated the endeavor, leading the Supreme Court to define what was private property and…p. 118
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 363, 4102 citas
[4]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…p. 363
[11]a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…p. 410
05When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 913 citas
[5]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…p. 91
[6]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…p. 91
[7]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…p. 91
06De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 80, 962 citas
[9]y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década de 1920, el proceso de…p. 96
[42]de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948, cuando la Iglesia Católica se…p. 80
07De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 80, 962 citas
[10]dispu- ta entre propietarios y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década…p. 96
[43]reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…p. 80
08Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3801 cita
[12]de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…p. 380
09Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 68, 3022 citas
[13]que, como Cundinamarca y Tolima, habían sido beneficiadas por los ferrocarriles. A ello se sumó la valorización de la co- secha cafetera gracias al aumento de los precios internacionales del grano, lo que pondría la cuestión de la utili- zación económica del suelo en el cen- tro de las discusiones sobre el proble- ma…p. 68
[32]fueron, ante todo, una reacción ante la supuesta amenaza de un movimiento laboral insurgente contra la hegemonía política y social de la clase gobernante. Las concesio- nes que implicaban para los trabaja- dores urbanos y rurales fueron apro- badas y toleradas por elementos im- portantes de la clase dominante mien-…p. 302
10El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 291 cita
[14]los inicios del siglo; la fiebre de las exportaciones y los créditos de 1925 en ade- lante añadieron demanda efectiva a la industria y ésta acometió importantes ampliaciones, obteniendo cambios cualitativos y fo- mentando la urbanización y el desarrollo de un mercado inte- rior. Esto acarreó a su vez condiciones para…p. 29
11El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 3491 cita
[15]social que Martínez Alier ha denomina- do «seudoservidumbre andina» y parece que la descripción presentada avala el término. Seguramente que análisis más detallados y profundos de las dimensiones políticas e ideoló- gicas asociadas con el mundo de las haciendas de café podrían descubrir la trama y estructu- ra de…p. 349
12Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 971 cita
[16]size of the coffee plantation under contract, he was obliged to take on any extra hands from outside his family, the share-cropper was unable to be overexigent in the conditions of employment, since he was not a landowner and his contract was for a fixed period and not automatically renewable. In general the agreed…p. 97
13Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[17]de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…p. 76
14Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2021 cita
[19]sobre todo en Cundinamarca y Tolima, donde había gran des haciendas cafeteras (Sánchez, 1977). También algunos candidatos del partido liberal y conservador trataron de aumentar sus caudales electorales respaldando las solicitudes de los invasores en algunas regiones; la pesca política se puso al día. 85 Dice LeGrand:…p. 202
15Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5251 cita
[20]reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…p. 525
16Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2821 cita
[21]entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…p. 282
17When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 791 cita
[22]radicals were intimidating those who refused to join them) inter- fering with police) destroying property) and traveling through the EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:58 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 Chapter 3 cordillera…p. 79
18Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 315, 3232 citas
[23]liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…p. 315
[24]antioqueño respalda el pro- pósito de reforma. En el propio campo, los dueños de tierras parecen empezar a asegurarse frente a los colonos. El 4 de septiem- bre recibe J. E. Gaitán un telegrama de Chaparral: «Suscritos colonos, pa- cíficos trabajadores terrenos denomi- nados Comunidad Mandarco suplicá- rnosles…p. 323
19¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 741 cita
[25]estallido re- volucionario en los países latinoamericanos”. Ciertamente, durante la Violencia, la confrontación en algunas zonas del país se entrelazaba con la “revancha terrateniente”, una suerte de venganza por las luchas campesinas de las décadas de 1920 y 1930. 21 La 21. Las reivindicaciones de líderes y…p. 74
20Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1771 cita
[26]durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…p. 177
21Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 157, 1722 citas
[27]especie de estado socialista, y los comunistas se establecieron entre ellos; poco a poco lograron una posición de influencia dominante. Esto es cierto, en especial, de Víctor Merchán que, prácticamente, parece dirigir sus asuntos; y de Juan de la Cruz Varela, quien durante la administración Rojas fue el líder militar…p. 157
[29]y militares. La respuesta desde el movimiento guerrillero no fue del todo homogénea: las guerrillas de los limpios del sur del Tolima, la de los Loaiza, la de los García y otras, entraron en contacto con el Gobierno, y algunas de ellas se pusieron a disposición de las autoridades militares para luchar contra los…p. 172
22Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 29, 452 citas
[28]la actitud de explotación y represión que a lo largo de la historia ha mostrado la oligarquía como constante” 41. La “segunda guerra” se explica igualmente por un acto injusto del Estado, que respondió a la organización pacífica de los campesinos con un operativo militar. Esa “segunda guerra” se desenvolvió en…p. 45
[31]1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…p. 29
23Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 1561 cita
[30]muchos cadáveres, no sólo de animales sino de cristianos. Se andaba por ventiaderos de morte - cino. Los niños llegaron casi los mismos porque por el camino nacieron unos y se murieron otros. Las comisiones caminaban por el lado de afuera, peleando, comidiando, y los niños, las mujeres y la dirección íbamos en el…p. 156
24La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 841 cita
[33]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…p. 84
25De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 461 cita
[34]los Ariza, los Guerrero, los Loaiza, nosotros los Rubiano y muchos otros (…) al prin- cipio fuimos solo como 40 hombres, comandados por noso- tros los Rubiano y don Gerardo Loaiza, con sus cinco hijos y dos hermanos (…) y recuerdo que todo iba muy bien hasta que el Ejército nos derrotó en Herrera, que estaba en manos…p. 46
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2041 cita
[35]López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…p. 204
27Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3372 citas
[36]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…p. 337
[37]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…p. 337
28No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 672 citas
[38]las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…p. 45
[61]la colonia agraria comunista, con estrategias de guerra como los bombardeos, desencadenó grandes desplazamientos forzados en regiones como el Sumapaz. El siguiente mapa da cuenta de esos desplazamientos, las distancias entre los lugares de salida y llegada, y estrategias de comunicación y resistencia como la llamada…p. 67
29Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 22, 242 citas
[39]lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…p. 24
[49]Depresión que, al aumentar los precios de los productos importados, los había puesto por fuera del alcance de la 1nayoría de los consu1nidores y estünuló así la demanda de productos locales, disponibles a precios mucho más b~jos. Es de anotar que el Par- tido Conservador ejercía un proteccionisn1o con1ercial que rigió…p. 22
30Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[40]conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…p. 497
31Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2411 cita
[41]over landownership. In legal cases where landowners prevailed over tenants, and then proceeded to evict, owners were required to reimburse their former em- ployees for any improvements made during the time tenants had occupied the land. Should owners be unable to pay squatters for such improvements, ten- ants had the…p. 241
32Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 751 cita
[44]tradicionales la aceptaban. El debate de los años treinta radicaba en la forma de la intervención, en su intensidad, su sentido y su función. De modo que el resultado de la década fue un Estado con mayores funciones económicas. Frente a la crisis intervino con instrumentos de regu- lación, macroeconómica, en un primer…p. 75
33Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 3721 cita
[45]Con el agravan- ~ te de que en Colombia comenzó antes, pues los intereses 1 norteamericanos, preocupados por los intentos oficiales ' de control de las explotaciones petroleras, decidieron cor- tar los créditos internacionales. El New York Times atribu- yó esa política oficial al "deseo de la administración del…p. 372
34Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 501 cita
[46]la sociedad (trabajadores asalariados principalmente, pero también campesinos e indígenas y sectores medios urbanos), el conservatismo perdió terreno político para las cruciales elecciones de 1930. La división en dos candidaturas y el errático comportamiento de la Iglesia --cuyos jerarcas vacilaron en apoyar a uno u…p. 50
35El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 442 citas
[47]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…p. 44
[48]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…p. 44
36Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 711 cita
[50]sus atribuciones; por otra, extender la ciudadanía a sectores hasta entonces excluidos por los prejuicios del clero. La política incluyente del Gobierno también estuvo determinada por criterios sociales. La Revolución en Marcha significó una nueva etapa en las relaciones Estado-sectores populares, lo que supuso un…p. 71
37Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3151 cita
[51]y 2. 600 msnm, es decir, en la tierra fría. Existen en la Cordillera Oriental tres grandes altiplanicies y numerosas pequeñas; la de Bogotá es la más meridional, y la más extensa, lin- dando con el macizo de Sumapaz en el sur. Abarca ella la parte alta de la cuenca del río Bogotá con un total de 4. 250 km 2, de los…p. 315
38El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3031 cita
[52]y esta autoridad decidió ordenar su desalojo violento, "hasta el extremo de ordenar a fuego la destrucción de nuestras casas de habitación a fin de no pagar mejoras". 73 En 1914 el personero de Belalcázar denuncia también "innumerables conflictos, divergencias y contrariedades entre los vecinos de la población porque…p. 303
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 661 cita
[53]de Cabrera, también sirvieron de excusa para excluir de los programas de rehabilitación a la población comunista. Así mismo, les fueron negados los préstamos que otorgaba la Caja Agraria en el marco 156 Entrevista 076-CO-00120. Colectiva, dirigentes Sumapaz, procesos violencia. 157 Entrevista 401-PR-00665. Testigo,…p. 66
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 592 citas
[54]campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…p. 59
[58]guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…p. 53
41La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 801 cita
[55]Caldas, 1.425.000 (h); Valle, 227.000 (i), Tolima, 200.000 (j); Chocó, 7.000. a) "Reisen in Antioquia und im Cauca im Jahre 1880 und 1881", Petermanns Mitteilungen (1883), pág. 441. b) Al tiempo del censo de 1905 el nuevo departamento de Caldas no incluía ni la región Pensilvania-Manzanares, ni la provincia del…p. 80
42Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 761 cita
[56]las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…p. 76
43Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[57]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…p. 35
44Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
[59]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…p. 232
[60]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…p. 232
45A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 792 citas
[62]civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…p. 79
[63]civil que se refugió en el alto Sumapaz y de allí se desplazó poco a poco hacia el Duda, el Guayabero y El Pato. Aquí, Richard y Camargo se agregaron a la colonización e impusieron su autoridad. Una república independiente, al decir de Gómez Hurtado. Richard murió en el año 64 y Camargo se apartó del movimiento.…p. 79
46Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2441 cita
[64]el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…p. 244
47Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 3501 cita
[65]world the rationale behind Marquetalia’s position. It was to become the public face of frontier Communism for decades to come. Issued on Colombia’s July 20 independence day, amidst ongoing combat around Marquetalia, the Guerrilla Fighters’ Agrarian Program (Programa Agrario de los Guerrilleros) opened with an…p. 350