Idea · La Violencia
Urbanización acelerada
Proceso por el cual Colombia pasó de ser un país mayoritariamente rural a uno predominantemente urbano en menos de una generación (1938–1973), impulsado por la transición demográfica, la concentración de la tierra y, de manera decisiva, el desplazamiento forzado producido por La Violencia bipartidista.
Trayectoria de una idea
- 1938
Punto de partida: Colombia mayoritariamente rural
- 1948
El Bogotazo y el inicio de La Violencia como máquina de expulsión
- 1951
Censo de 1951: el 40% ya vive en ciudades
- 1953
Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro: primera respuesta institucional
- 1960
Bogotá supera 1,3 millones de habitantes
- 1964
Censo de 1964: Colombia se vuelve mayoritariamente urbana
- 1973
Consolidación: 20,7 millones de habitantes y geografía urbana irreversible
La lectura
La urbanización acelerada de Colombia no fue un proyecto sino una consecuencia: el resultado de que una guerra rural bipartidista destruyera en una década el tejido agrario que sostenía a millones de familias campesinas. Mientras la transición demográfica y la concentración histórica de la tierra habrían producido de todos modos una migración campo-ciudad, La Violencia le imprimió una velocidad y una brutalidad que ninguna institución pudo absorber. Los desplazados llegaron a las ciudades sin que las ciudades los esperaran: ocuparon casonas coloniales subdivididas en cuartos sin ventilación, levantaron ranchos de palos y plástico en los cerros y las sabanas del sur, compraron lotes sin servicios a urbanizadores piratas que loteaban al margen de toda norma. Otros, en número igualmente masivo, no llegaron a ninguna ciudad: colonizaron el Magdalena Medio, el Ariari, el Caquetá y el Putumayo, abriendo con machete una frontera agrícola que en pocas décadas alcanzó la selva. El proceso dejó inscrita en el mapa urbano colombiano una geografía de precariedad —barrios de invasión, comunas en ladera, distritos inundables— que a comienzos del siglo XXI seguía siendo el testimonio más duradero de aquella guerra que nadie firmó y nadie ganó.
La urbanización acelerada en Colombia (1946–1973)
Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y comienzos de los años setenta, Colombia dejó de ser un país rural. En 1938 apenas el 29% de sus habitantes vivía en ciudades; en 1951 eran el 40%; en 1964, por primera vez, la mayoría —52%— vivía en cascos urbanos. El país se dio vuelta sobre sí mismo en una generación. Esa transición, que a otras naciones les tomó un siglo o más, ocurrió aquí comprimida entre la guerra bipartidista conocida como La Violencia y el arranque del Frente Nacional, sin que el Estado tuviera instituciones, planes ni infraestructura preparados para recibir la avalancha. El resultado no fue una urbanización sino un desbordamiento: barrios levantados en una noche con palos y plástico, inquilinatos en casonas heredadas del siglo XIX, colonizaciones espontáneas a lomo de mula sobre la selva del Ariari o del Carare, un mapa nuevo dibujado por millones de personas en fuga. La urbanización acelerada es en Colombia la forma en que la guerra rural bipartidista se convirtió, sin que nadie lo firmara, en política de reordenamiento territorial.
Un país que se vuelca sobre las ciudades
Las cifras del volteo tienen algo de vértigo. La población total pasó de 11.548.172 habitantes en 1951 a 17.484.508 en 1964, y a 20.785.235 en 1973, según los censos del DANE. La tasa intercensal 1951–1964, del orden del 3,2 a 3,3% anual, es la más alta jamás registrada en el país y una de las más altas de América Latina en ese momento. Sobre ese fondo demográfico —una explosión de nacimientos combinada con la caída de la mortalidad infantil— se montó el desplazamiento hacia las ciudades: 2,3 millones de personas migraron netas del campo a los cascos urbanos entre esos dos censos.
Las cuatro grandes ciudades absorbieron el grueso. Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla concentraban el 15,7% de la población nacional en 1951; en 1964 ya reunían el 22,8%, y en 1993 llegarían al 32,6%. Bogotá es el caso más elocuente: rondaba los 500.000 habitantes a comienzos de los años cuarenta, tenía 620.000 en 1950 y superaba el millón trescientos mil en 1960. En veinte años se multiplicó por dos y medio.
Ese ritmo no era, en sí mismo, una anomalía latinoamericana. Colombia se urbanizó rápido, pero no más rápido que México, Venezuela o Brasil. La singularidad estaba en otro lado: en el motor concreto que empujaba a esa gente a moverse, y en la incapacidad casi total de las ciudades de destino para ofrecerles algo distinto a un rancho en el borde.
La Violencia como máquina de expulsión
El 9 de abril de 1948, hacia el mediodía, Jorge Eliécer Gaitán salió de su despacho en el centro de Bogotá y caminó pocos metros por la carrera séptima antes de recibir los disparos de Juan Roa Sierra en la esquina con la calle 13. Era el jefe del Partido Liberal, el candidato inevitable a la presidencia de 1950, la voz que había convertido el reclamo popular en un movimiento con nombre propio. Su muerte desató en horas una insurrección espontánea que arrasó el casco antiguo de Bogotá —lo que el país llamaría el Bogotazo— y se propagó a decenas de municipios. La ciudad ardía mientras se celebraba la IX Conferencia Panamericana con el secretario de Estado norteamericano George Marshall como huésped principal; el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez atribuyó los disturbios, junto con las arquidiócesis de Bogotá y Medellín y el diario caleño El Relator, a una conspiración comunista internacional. La lectura fijó tono: lo que venía no sería negociación política sino guerra.
Entre 1948 y 1958 —el arco convencional de La Violencia— murieron 134.820 personas; sumando heridos que fallecieron después y víctimas indirectas, la cifra asciende a unas 200.000. Otras estimaciones econométricas basadas en censos y tasas de natalidad han bajado ese piso a menos de 60.000 muertes documentables para 1949–1958. Fue una guerra rural, sostenida, con epicentro en las cordilleras cafeteras, que despobló departamentos enteros. En Antiguo Caldas se contaron 8.606 muertes, en Tolima 5.251, en Valle del Cauca 5.016, en Antioquia 2.127; el mapa del cadáver coincide punto por punto con el mapa del café.
Al lado de la contabilidad de los muertos avanzaba otra, más callada y en el largo plazo más determinante: la del despojo. La Violencia produjo el abandono o pérdida de 393.648 parcelas en todo el país, concentradas en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Antiguo Caldas y los Santanderes. Solo en Tolima, el 42,82% de las propiedades —40.176 predios— fueron abandonadas, y el 46% de esas tierras se perdieron entre 1955 y 1956, en el segundo pico del conflicto. En el mismo departamento, 321.621 personas, el 42,6% de la población tolimense, sufrieron exilio permanente o transitorio.
Las tácticas del despojo eran repetitivas y eficientes. Comisiones de policía chulavita —campesinos conservadores de Boyacá reclutados como fuerza irregular al servicio del gobierno— entraban desde 1948 a las veredas liberales del sur del Tolima: Santiago Pérez, Planadas, Gaitania, Chaparral. Quemaban las casas, robaban los semovientes, destruían los beneficiaderos de café, mataban selectivamente a los hombres de la familia, dejaban señales para que nadie volviera. La quema de cultivos y de la instalación agroindustrial —el trapiche, el beneficiadero, el granero— no era vandalismo sino una segunda operación: aseguraba que el retorno fuera imposible incluso cuando la violencia amainara. En las zonas cafeteras, la intensidad del terror crecía en las semanas de cosecha; el robo del grano y del jornal era la forma agraria del saqueo. Junto a las quemas venían el boleteo —extorsiones firmadas—, las ventas forzadas a precios irrisorios que legalizaban el despojo, la aparición del gamonal del pueblo vecino como nuevo propietario de las mejores tierras.
La coincidencia geográfica es demasiado precisa para ser casual. Las zonas donde se concentró la pérdida de parcelas eran las mismas donde en los años veinte y treinta se había librado el conflicto entre hacendados y colonos: el sur del Tolima, la vertiente cafetera del Valle, las cordilleras de Cundinamarca, el occidente de Caldas. La guerra bipartidista, con sus banderas liberal y conservadora, resolvió a favor de los grandes propietarios y de los gamonales locales unas disputas por la tierra que la política ordinaria llevaba décadas sin destrabar. Fue una reforma agraria invertida, ejecutada con machete y fusil.
Dos rutas de fuga
El desplazado no siempre iba a Bogotá. La expulsión abrió dos rutas paralelas y masivas, y entenderlo es indispensable para no leer la urbanización como el único destino de la guerra.
La primera fue la ciudad. Los campesinos del Tolima y el Viejo Caldas bajaron a Ibagué, Armenia, Manizales, Pereira; los del Valle y del norte del Cauca engrosaron Cali; los de los Santanderes y Cundinamarca llegaron a Bogotá; los del Sinú y las sabanas atlánticas fueron a Barranquilla. La Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro, creada bajo el gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla tras el golpe de junio de 1953, había atendido en sus primeros seis meses a 11.622 exiliados en Bogotá y a 20.949 en otras poblaciones, y había logrado el retorno de apenas 4.722 personas a sus hogares bajo escolta militar. Por cada persona que volvía, siete se quedaban.
La segunda ruta, menos visible pero cuantitativamente enorme, fue la colonización espontánea de las fronteras agrarias. Familias enteras del Tolima, Caldas, Antioquia, Boyacá y Santander cargaron sus escasas herramientas y caminaron hacia el Magdalena Medio: las márgenes de los ríos Carare, Opón, Cimitarra y Minero recibieron a colonos que abrieron monte con machete. Otros bajaron al piedemonte llanero: Meta, y especialmente el Ariari, se convirtió en el destino preferido de los migrantes de los Llanos ya desde 1951, y para 1964 la intendencia había superado en crecimiento poblacional a Casanare, Arauca y Vichada. El Sarare araucano, el Caquetá y el Putumayo recibieron entre 1947 y 1962 uno de los procesos migratorios más importantes hacia la Amazonia occidental que ha vivido el país; La Violencia fue la causa principal, aunque a ella se sumaban la carencia crónica de tierra en los minifundios andinos y el llamado religioso de misiones capuchinas y montfortianas.
Estas colonizaciones fueron el otro pulmón del reordenamiento territorial. Sin instituciones que los acompañaran, sin títulos, sin crédito, sin vías, los colonos abrieron una frontera agrícola que en pocas décadas alcanzó a la selva y a la sabana. La cuenta oficial de urbanización, esos 2,3 millones de migrantes netos a las ciudades entre 1951 y 1964, no captura ese otro éxodo horizontal: colombianos que se movieron sin llegar a Bogotá ni a Medellín, colombianos que fueron a fundar pueblos que en el siglo XXI se llamarían Vistahermosa, La Macarena, San Vicente del Caguán.
Aritmética del desplazamiento
Los 800.000 desplazados directos por La Violencia registrados a comienzos de los años sesenta representaban apenas un tercio de los 2,3 millones de migrantes netos hacia las ciudades entre 1951 y 1964. Otras estimaciones, más generosas, elevan el total de desplazados por La Violencia a dos millones a lo largo de todo el conflicto, incluyendo desplazamientos temporales, retornos y segundos desplazamientos.
Aun tomando la cifra más alta, la conclusión es la misma: La Violencia no explica por sí sola la urbanización colombiana. La transición demográfica —el descenso rápido de la mortalidad con una fecundidad aún altísima— habría empujado población hacia las ciudades con o sin guerra. La concentración estructural de la tierra, herencia colonial y republicana no resuelta por ninguna reforma, expulsaba minifundistas incapaces de sostener familias crecientes en parcelas de dos hectáreas. La industrialización, aunque tímida, ofrecía en Bogotá, Medellín y Cali empleos fabriles que las veredas no daban.
Decir que La Violencia no fue causa exclusiva no equivale a decir que fuera marginal. Sin ella, la urbanización habría sido gradual, escalonada, digerible por las instituciones. Con ella, se volvió abrupta, caótica, imposible de administrar. Le imprimió una velocidad y una violencia que ninguna política pública podía absorber, y fijó en el mapa urbano una geografía de precariedad que sesenta años después sigue reconocible en el nombre de los barrios.
El Bogotazo y la ciudad reconstruida
Antes de mirar a los barrios de invasión conviene volver al centro. El 9 de abril de 1948, mientras la muchedumbre saqueaba almacenes, quemaba tranvías y prendía fuego a iglesias, conventos y archivos eclesiásticos, tres sectores específicos del centro de Bogotá quedaron parcialmente en ruinas: La Candelaria en torno a la Plaza de Bolívar, San Victorino junto a la plaza de mercado, y la carrera séptima entre la avenida Jiménez y la calle 22. El Teatro Municipal, símbolo de la vida cultural bogotana desde comienzos de siglo, sería demolido poco después. Los saqueadores atacaron con precisión política los negocios y las propiedades identificadas con la élite conservadora y con la Iglesia.
La reconstrucción tuvo una lógica que rebasó la emergencia. Inversionistas, arquitectos y bancos aprovecharon la destrucción para sustituir las viejas casonas coloniales y republicanas del centro por edificios altos, oficinas, sedes bancarias. Se aceleró un proceso que ya estaba en marcha —el vaciamiento del centro histórico como zona residencial— y se convirtió a la vieja ciudad en distrito comercial y burocrático. Las élites que aún vivían en La Candelaria y en la carrera séptima terminaron de mudarse hacia Chapinero primero y luego hacia el norte. Las grandes casas que dejaron atrás no quedaron vacías: se convirtieron en inquilinatos, subdivididas en cuartos alquilados por semanas a los recién llegados del campo.
Al mismo tiempo, en las márgenes de la ciudad, se abrían por invasión los primeros grandes barrios populares. El Policarpa Salavarrieta, en el suroriente, tomó su nombre en los años sesenta pero era heredero de esa geografía de fuga inaugurada por el 9 de abril. Bogotá comenzó a crecer en dos direcciones simultáneas y contradictorias: hacia el centro que se demolía y verticalizaba, y hacia los cerros y sabanas del sur donde se levantaban ranchos de un día para otro.
Anatomía del asentamiento popular
El desplazado que llegaba a la ciudad tenía tres posibilidades y ninguna era buena. La primera era el inquilinato: una casona del centro subdividida en cuartos sin ventilación, con un baño para diez familias, alquiler semanal, hacinamiento. La segunda era el barrio pirata: un lote adquirido a un urbanizador privado que tenía título legítimo de propiedad sobre el suelo pero que loteaba y vendía al margen de las normas municipales de urbanización, sin acueducto, sin alcantarillado, sin vías, sin registro de la subdivisión. El comprador era propietario legal de un pedazo de tierra que oficialmente no existía. La tercera era la invasión: un asentamiento ilegal de cabo a cabo, sin título sobre el suelo, levantado en terrenos públicos o privados desocupados mediante una toma colectiva. A las seis de la mañana ya había treinta ranchos de palos y plástico, la posesión de hecho consumada antes de que llegara la policía.
Cada ciudad grande cristalizó su propia geografía de precariedad. En Cali, el Distrito de Aguablanca —loma oriental, terrenos inundables junto al río Cauca— se convirtió en el gran depósito de los desplazados del Valle, del Cauca y del Pacífico. En Medellín, la Zona Nororiental —las comunas 1, 2, 3, 4 que trepan por las laderas hacia Bello y Copacabana— absorbió a los expulsados de Antioquia rural y del Viejo Caldas. En Bogotá, Ciudad Bolívar en el sur y una franja de barrios en el suroriente y el occidente. En Barranquilla, La Chinita. En Manizales, Solferino. En Pereira, el barrio Cuba. Ninguno de estos nombres aparecía en los planes de desarrollo municipal; todos existían.
La estigmatización acompañó desde el principio a esas periferias. Los medios y los discursos oficiales las llamaron "zonas rojas", "territorios nacionales" dentro de las ciudades, "islas de anarquía", "repúblicas independientes" —el mismo lenguaje con que Laureano Gómez había caracterizado a las zonas de refugio guerrillero en el sur del Tolima. Nombrarlas así preparaba el terreno para intervenirlas con fuerza policial o militar, no con inversión pública. El desplazado que había huido de la violencia rural encontraba, en su barrio de llegada, la sospecha permanente de las autoridades urbanas.
En paralelo, Ibagué recibía a los expulsados del Tolima, que se ubicaban en las zonas periféricas y trabajaban como vendedores ambulantes, obreros de construcción, empleadas del servicio doméstico, sirvientes ocasionales. El campesino tolimense que en 1950 sembraba café en Chaparral podía estar en 1958 vendiendo tinto en el parque Murillo Toro o cavando cimientos para un edificio de apartamentos en el norte de la ciudad.
Un Estado que llega tarde y mal
Frente a este proceso, la respuesta institucional fue tardía, dispersa e insuficiente. La política de vivienda popular en Bogotá había producido entre 1918 y 1942 apenas 791 unidades habitacionales: nada. El Instituto de Crédito Territorial (ICT), creado en 1939, era la agencia federal encargada de vivienda popular, pero su capacidad instalada era ridícula frente al ritmo de la demanda.
La rehabilitación de posguerra bajo Rojas Pinilla —los decretos de amnistía de 1953, el 0328 que suspendía la acción penal a cambio de reincorporación a la vida civil, el trabajo de la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro— buscó ante todo la desmovilización de los jefes guerrilleros liberales, conservadores y comunistas. A ellos y a algunos de sus lugartenientes se les dieron cargos, contratos, obras para sus comunidades. Los campesinos rasos y las viudas quedaron por fuera. La rehabilitación consolidó, en la práctica, el reacomodo del gamonalismo liberal y conservador en las regiones afectadas, pero no restituyó tierras ni permitió retornos masivos.
Al inaugurarse el Frente Nacional en 1958 con Alberto Lleras Camargo en la presidencia, la reforma agraria volvió a la agenda —la Ley 135 de 1961 crearía el INCORA— pero la dirección del desarrollo económico apuntaba en sentido contrario. Los compromisos adquiridos por Colombia en la reunión de Punta del Este de 1961 con la Alianza para el Progreso, el Plan Decenal elaborado ese año, las recomendaciones de organismos multilaterales, todo apuntaba a liberalizar mercados y a trasladar el conocimiento técnico agropecuario hacia centros urbanos. La modernización se pensaba desde la ciudad.
Lauchlin Currie, el economista canadiense-norteamericano que asesoraba a Colombia desde la misión del Banco Mundial de 1949, se volvió el ideólogo de esa apuesta urbana. Su tesis era brutal en su simplicidad: acelerar a propósito la migración campo-ciudad y hacer de la construcción de vivienda urbana el motor del empleo, del ahorro y de la demanda agregada. Lo que estaba ocurriendo por la fuerza de la violencia y la demografía, Currie quería convertirlo en programa deliberado. La Operación Colombia, que fue elaborando a lo largo de los años sesenta, convertía la desgracia rural en método. Cuando el conservador Misael Pastrana Borrero llegó a la presidencia en 1970, el diseño se hizo Plan de Desarrollo: Las Cuatro Estrategias, con la vivienda urbana como sector líder de la economía. Se creó el sistema UPAC de ahorro y crédito para vivienda; la ciudad se consolidó como eje. El campo quedó minimizado. En 1971 y 1972, el gobierno de Pastrana enterró la reforma agraria con el Pacto de Chicoral, acuerdo con los grandes propietarios que desactivó las expropiaciones. La opción por lo urbano fue explícita.
Kennedy, Salmona y las contradicciones del urbanismo
La respuesta arquitectónica al problema de la vivienda popular osciló entre dos polos y perdió por ambos.
En un extremo, Ciudad Kennedy —originalmente Ciudad Techo, rebautizada en 1961 tras la visita de John F. Kennedy a Bogotá en el marco de la Alianza para el Progreso— fue la apuesta del ICT en escala grande. Planeada para 80.000 personas en su primera fase, ubicada en el occidente de la sabana bogotana, siguió el manual modernista: bloques repetidos, zonas verdes, equipamientos comunales. La fórmula lucía en los planos y fracasaba en el terreno. Con los años se convirtió en ciudad —lo era por fuerza demográfica, no por virtud del proyecto— y quedó consignada como uno de los grandes desatinos urbanísticos del período. Su escala, aun siendo la más ambiciosa del ICT, era ridícula frente a la avalancha: mientras se entregaba una etapa, en el sur bogotano se ocupaban por invasión veinte cerros.
En el otro extremo, un puñado de arquitectos ensayaba una vía culta. Rogelio Salmona, formado en el taller parisino de Le Corbusier, regresó a Colombia decidido a discutirle al maestro. Con Fernando Martínez Sanabria y otros, propuso ladrillo en vez de hormigón blanco, escala doméstica en vez de bloque exento, patios y recorridos en vez de la torre aislada sobre pilotes. El conjunto El Polo primero, las Torres del Parque después, fueron manifiestos construidos. Pero eran arquitectura para clase media alta. Ninguno de esos ensayos tocaba al rancho de plástico en la ladera de Ciudad Bolívar o a la callejuela sin alcantarillado del barrio Cuba.
Entre el bloque del ICT y la torre de Salmona quedaba, como siempre, lo real: los barrios piratas y las invasiones. El urbanizador pirata era, a su manera, el arquitecto más influyente del período. Loteaba una finca en la periferia de Bogotá o de Cali, vendía cada pedazo con recibo pero sin registro, prometía servicios que nunca llegaban y desaparecía. El comprador levantaba su casa por etapas: primero un cuarto de bloque y teja, después la segunda pieza, años después el segundo piso. Los gobiernos municipales, con presupuestos raquíticos y sin instrumentos legales eficaces, corrían detrás. Cuando lograban legalizar un asentamiento —extenderle acueducto, reconocerle las calles, incorporarlo al catastro— ya había otros diez formándose en la colina siguiente. La ciudad la estaban haciendo el urbanizador informal y el invasor. Los arquitectos, en el mejor de los casos, la comentaban.
La lectura de una generación
Mientras la ciudad se hacía sola, una generación de intelectuales colombianos intentaba entender qué estaba pasando. Camilo Torres Restrepo, sociólogo y sacerdote, formuló en 1963 la tesis más incisiva del período: La Violencia había constituido para las áreas campesinas colombianas el cambio sociocultural más importante desde la Conquista española. La expulsión rural había integrado a comunidades campesinas aisladas en un proceso de urbanización en sentido sociológico —división del trabajo, especialización, contacto sociocultural, socialización en nuevas mentalidades, despertar de expectativas sociales— que ninguna política de desarrollo habría logrado provocar deliberadamente. El terror rural había hecho el trabajo cultural de la modernización.
Orlando Fals Borda dio un paso más en La subversión en Colombia, obra dedicada a la memoria de Camilo, muerto en combate como guerrillero del ELN en febrero de 1966. La migración interna en el capitalismo colombiano generaba situaciones que iban desde la proletarización parcial hasta el marginalismo urbano, sin completar la transformación social del capitalismo europeo del siglo XIX. Colombia se urbanizaba sin industrializarse del todo. El migrante no se convertía en obrero fabril sino en vendedor ambulante, en trabajador doméstico, en empleado eventual, en desempleado disfrazado. El sistema producía un lumpemproletariado urbano que no cabía en las categorías clásicas.
Esa lectura marcaría a los jóvenes académicos de los setenta —marxistas, defraudados por el Frente Nacional, formados en las nuevas facultades de ciencias sociales— que hicieron de La Violencia uno de sus temas centrales de investigación y la articularon con los debates sobre la cuestión agraria, el bipartidismo y las vías del desarrollo. La contabilidad del despojo se afinó, la voz de los colonos del Ariari, del Magdalena Medio y del Caquetá empezó a recogerse en primera persona, y el ciclo se cerró: lo que en los años cincuenta había sido barbarie inexplicable se convirtió, veinte años después, en materia de tesis doctoral y de literatura testimonial.
El sedimento
Hacia 1973, cuando terminaba el Frente Nacional y comenzaba el último gobierno de la alternación con Alfonso López Michelsen, el país ya era irreversiblemente urbano. En 1985 la urbanización alcanzaría el 68%. Bogotá se acercaba a los cuatro millones. Los barrios de invasión de los años cincuenta se habían consolidado, algunos habían sido legalizados, muchos seguían sin acueducto ni alcantarillado. Aguablanca, la Zona Nororiental de Medellín, Ciudad Bolívar, La Chinita, Cuba, Solferino: los mapas populares del país.
Lo que había pasado entre 1946 y 1973 tuvo la forma de un reordenamiento territorial ejecutado por la guerra, absorbido por ciudades sin herramientas para absorberlo, y consolidado después como diseño de desarrollo por gobiernos que apostaron por lo urbano precisamente porque el campo se había vuelto ingobernable. El campesino cafetero expulsado de Chaparral en 1953 y su nieta nacida en Ciudad Bolívar en 1980 son las dos puntas de un mismo hilo: una reforma sin ley, sin restitución y sin nombre, cuya factura la seguirían pagando quienes la sufrieron.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Desplazamiento forzado: causa directa que imprimió velocidad y violencia al proceso urbanizador
- 02La Violencia bipartidista: contexto bélico que expulsó entre 800.000 y dos millones de personas del campo entre 1948 y 1958
- 03Bogotá: principal ciudad receptora, pasó de 500.000 a 1.300.000 habitantes entre 1940 y 1960
- 04Tolima: departamento más afectado por el despojo, con el 42,6% de su población exiliada y el 42,82% de sus propiedades abandonadas
- 05Colonización de fronteras agrarias: ruta paralela a la urbanización hacia Magdalena Medio, Meta, Caquetá, Putumayo y Sarare
- 06Frente Nacional: marco político posterior a 1958 bajo el cual se intentó gestionar, sin éxito pleno, las consecuencias sociales del desbordamiento urbano
- 07Lauchlin Currie: economista que diagnosticó y teorizó sobre la urbanización colombiana en el contexto de las misiones internacionales de desarrollo
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
53 documentos · 62 fragmentos
01No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[1]el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…
p. 72
02Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[2]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
03¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 701 cita
[3]de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…
p. 70
04Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4361 cita
[4]menor de muertes en comparación con los otros grandes productores de café, después de 1958 suposición entre los departamentos que padecían la Violencia esri:xu~ho-;m4saltll. (Ve~'elCuad.ro S.G).Durante este pe riodo la Violencia se limitO étlsi exclusivamente a los departamentos pro ductores de café, los más…
p. 436
05Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[5]años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…
p. 44
06La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 3171 cita
[6]Orientales 15. A los seis meses de cumplir con su misión, la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro había auxiliado a 11.622 exilados en Bogotá y 20.949 en otras pobla- ciones y ciudades, y habían regresado a sus hogares bajo el am- paro de las Fuerzas Armadas, 4.722 personas 16. Otra fuente 11 Colección Guzmán,…
p. 317
07The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 431 cita
[7]of landed property, and the contrast between the rapid growth of the so-called commercial crops and the poor performance of the traditional ones. With regard to rural migration, the 1964 census indicated that the net population shift to the cities between 1951 and 1964 was about 2.3 million. 74 According to that…
p. 43
08Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 571 cita
[8]y 7'851.000 diez años más tarde. El censo de 1938 arrojaba una población de 8'701.816 y el de 1951, 11'584.172 (36). A pesar del rápido crecimiento poblacional, que ubicaba a Colombia en cuarto lugar en América Latina después de Brasil, México y Argentina, ésta tenía grandes extensiones prácticamente desocupadas. De…
p. 57
09Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4371 cita
[9]ciudades 12 ciudades” Urbano Rural Total población 1912 5.073 220 378 nd. nd. 1918 5.855 273 473 nd. n.d. 1938 8.702 708 1.021 2.692 6.010 1951 11.548 1.484 2.100 4.468 7.080 1964 17.485 3.491 4.767 9.093 8.391 1973 22915 5641 7.394 13.580 9.335 1985 27.867 7.614 9.937 18.735 9.132 Crecimiento intercensal (%) 1912-38…
p. 437
10Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 261 cita
[10]que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…
p. 26
11Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 501 cita
[11]1.1. El marchitamiento de la primavera de Medellín: 1965-1981 Aunque la urbanización de la población colombiana fue rápida y prema- tura respecto a indicadores mundiales, y a veces se le atribuyeron efectos perversos sobre la vida citadina, “Colombia vivió un proceso de urbaniza- ción típico, similar en su velocidad y…
p. 50
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 cita
[12]forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…
p. 64
13Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 59, 1152 citas
[13]means, therefore, that Cundinamarca was the most populated department that made up the fledgling independent nation- state, since it held close to 50 percent of the total population. Table 2.1 shows how during the two hundred years of the Colombian republic, the population multiplied roughly forty- two- fold. This…
p. 59
[51]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…
p. 115
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2032 citas
[14]crecimiento se eleva y se mantiene cercano al 2,2 por cien- to. La explosión demográfica se ex- perimenta a mediados del siglo, con una tasa de crecimiento entre los censos de 1951 y 1964 de 3,3 por ciento, la más alta de toda su historia. A partir de allí el crecimiento disminuye y, en un lapso muy breve, el…
p. 203
[15]crecimiento se eleva y se mantiene cercano al 2,2 por cien- to. La explosión demográfica se ex- perimenta a mediados del siglo, con una tasa de crecimiento entre los censos de 1951 y 1964 de 3,3 por ciento, la más alta de toda su historia. A partir de allí el crecimiento disminuye y, en un lapso muy breve, el…
p. 203
15Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 2461 cita
[16]to speak up and denounce others. The regions marked by La Violencia are fertile zones of strategic impor - tance, in which products such as rice, coffee, beans and cotton are grown and livestock are raised. The strategies of violence and intimidation used against the peasants included rustling, the burning of crops,…
p. 246
16Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 190, 6282 citas
[17]thousands of Colombians. Its images are unerasable and in good measure have given the Violence its distinctive seal. The extreme modality of this process was, of course, murder. Extreme not only for the number of victims but also because of the indescribable torture that surrounded these murders and marked for life…
p. 190
[57]la Violencia en Colombia, ed. Gonzalo Sánchez and Ricardo Peñaranda (Bogotá), 1986). 4. Camilo Torres R., La Violencia y los cambios socio-culturales en las áreas rurales colombianas (Bogotá, 1963). 5. See, for example, Orlando Fals Borda, Lo sacro y lo violento: Aspectos problemáticos del desarrollo en Colombia…
p. 628
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42, 492 citas
[18]regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…
p. 42
[22]estuvo estrechamente vinculado a las dinámicas de la guerra. Al impacto de la industrialización se sumó el desplazamiento forzado como uno de los factores que definió los ritmos, tamaños y dinámicas específicas del crecimiento y transformación de las ciudades. Los primeros ciclos fundacionales 72 no garantizaron la…
p. 49
18El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 231 cita
[19]A ésta lle- garon oleadas migratorias espontáneas procedentes de diferentes regiones del país. A las márgenes de los ríos Carare-Opón, Cimi- tarra y Minero llegaron campesinos procedentes de Tolima, Cal- das, Antioquia, Boyacá y Santander. 60 La “Violencia”, sin embargo, también generó dinámicas migratorias internas,…
p. 23
19A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 162 citas
[20]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…
p. 16
[21]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…
p. 16
20El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 471 cita
[23]ron 100.000 trabajadores independientes, tenemos todavía una disminución de 307.000 trabajadores, lo cual es un resultado exa- gerado, por más acelerado que haya sido el desarrollo capitalista y la consecuente descomposición del campesinado parcelario. La tasa de aumento de los trabajadores independientes du- rante el…
p. 47
21Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 601 cita
[24]assistance, the Caja de Crédito Agario was authorized to make up to 5 million pesos available in loans to colonos, and on September 26, the commission received 300,000 pesos to begin the process. 24 According to historian Myriam Jimeno Santoyo, “The magnitude of coloni- zation produced by the destabilization of rural…
p. 60
22Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1751 cita
[25]Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…
p. 175
23Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3721 cita
[26]y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…
p. 372
24La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 381 cita
[27]hablo de garantías para la colonización, debo signifi- carle que el artículo 2 del contrato celebrado entre el señor mi- nistro de Obras Públicas y los señores Cano, Cuello y compañía y Pedro Antonio Pizarro, sobre mejoramiento y conservación de las vías que conducen al Caquetá, etc., firmado en Bogotá 15 Sobre las…
p. 38
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 582 citas
[28]mismo tiempo se abrieron huecos, se clavaron palos, se instalaron plásticos. A las seis de la mañana, estaban montados treinta ranchos. Sus palos y sus paredes de plástico. Ya habíamos hecho posesión y para cuando llegaron los policías ya estaban prendiendo las ollas y repartiendo los primeros tintos. Y aunque nos…
p. 58
[31]menos. En, Informe de la Alcaldía de Bogotá. Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá (SDP), «Análisis demográfico y proyecciones poblacionales de Bogotá». 54 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff periferias urbanas, al igual que los territorios de periferia en todo el país fueron estig- matizados como…
p. 53
26Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 247, 2882 citas
[29]artesa nos y sirvientes, se construyeron barrios elegantes con á rboles en i alies y antejardines (el modelo de la “ ciudad jard í n ”, tra í do de I stados Unidos a Teusaquillo en Bogot á, a Prado en Medell í n y a B; (tranquilla y a Manga en Cartagena) y barrios m á s alejados para obreros y pobres. Los viejos…
p. 288
[41]dito Territorial y el Banco Central Hipotecario siguieron haciendo barrios obreros y linanciando vivienda de clase media y, sobre todo a partir de 1995, ■.i- entregaron subsidios de vivienda a m á s de un mill ó n de familias y continu ó el esfuerzo de convertir las ciudades llenas de tugurios de 1960 en ciudades con…
p. 247
27Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3161 cita
[30]también empezaron a con- tar en los nuevos esquema de préstamos hipotecarios. Pero sería erróneo s uponer que el negocio de la especulación urbana era un monopolio. Al contrario, estas prácticas descendieron la escala so- cial y con el tiempo se reprodu cirían en las barriadas. El emp uje de nuevas avalanchas humanas…
p. 316
28¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 961 cita
[32]a los intereses económicos de Estados Unidos. Este viraje aceleró aún más la urbanización del país, la cual llegó a ser de un sesenta y ocho por ciento en 1 985, un fenó meno que también generó el deterioro en la calidad de vida derivado de un crecimiento urbano espontáneo, casi al márgen del Estado. Así aparecieron…
p. 96
29Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 561 cita
[33]of population growth dur- ing the first half of the twentieth century to reach 2.2 percent. These positive demographic shifts, together with difficulties of implementing family planning given the conservative Catholic beliefs that dominated society, resulted in a demographic explosion in the 1960s and 1970s. During…
p. 56
30Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 901 cita
[34]Los analistas han caracterizado el crecimiento de las ciudades en función del proceso de indus- trialización de la siguiente forma: 1930-1950, afianzamiento de la industria y de los centros más Conjunto residencial Los Sauces, del arquitec- to Alfonso García Gal- vis, 1981. importantes (Bogotá y Medellín); 1950-1958,…
p. 90
31Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 121 cita
[35]entre 1912 y 1918 y al 1,9 % entre este ultimo afio y 1928. El crecimiento de la poblacién y los desplaza- mientos internos de ésta otorgaban la disponibili- dad de recursos humanos para la expansién de las actividades de exportaci6n y urbano-industriales y también para la ampliacién de las areas de coloni- zacién.…
p. 12
32El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 4781 cita
[36]capitalistas. Veamos brevemente el dato demo- gráfico primero. EMIGRANTES Y PROPIETARIOS En condiciones de movilidad geográfica y disponibilidad de tierras, las migraciones pueden consolidar economías campesinas en los polos geo- gráficos: el de "expulsión" y el del nuevo asentamiento. Es el caso de las colonizaciones…
p. 478
33A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 1831 cita
[37]the mission did not explicitly mention the presence of undercovered underemployment, it noted the low wage levels, especially for the displaced population, and the relative loss of importance of agricultural production. Self-consumption forms of production in more than half of the rural areas accounted for the lack of…
p. 183
34Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1141 cita
[38]tenden- cia de las tasas de la región que han sido moderadas a princi- pios del siglo y más pronunciadas después. La tasa de crecimien- to que en la actualidad ostenta Colombia (2.9%) puede cata- logarse entre las más altas de América. Sin embargo, no debe sorprender una tasa de este orden de magnitud ya que los cén-…
p. 114
35Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1961 cita
[39]La Violencia. Muchos de los recursos destinados para estos fines terminaron siendo presa de los apetitos de los políticos locales, quienes, en forma antitécnica, y no pocas veces deshonesta, malograron una adecuada inversión en favor de las comunidades. En síntesis, la rehabilitación funcionó a medias: benefició a…
p. 196
36Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5031 cita
[40]Bogotá: IEPRI-Debate, 2014, 278-279. 994 Esta ley revivió la aparcería que había sido implementada con la Ley 100 de 1944. 995 Entrevista 139-VI-00039. Exfuncionario Incora, abogado, víctima. 996 Entrevista 200-PR-00847. Hombre, exfuncionario, Puerto Asís. 504 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz protagonismo en los…
p. 503
37Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 801 cita
[42]fortalecimiento institu- cional subnacional, las respuestas desde las entidades territoriales, aun- que diversas, han estado marcadas por la debilidad o la inestabilidad y no están exentas de desarticulación en el manejo de los recursos. Dichas [12] Entre el liquidado ICT y el actual Fonvivienda, el Instituto Nacional…
p. 80
38Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 198, 2032 citas
[43]avances de la in- fluencia urbana. En las ciudades la nueva arquitectura popular se desa- rrolló en condiciones muy distintas a las de la arquitectura tradicional, con premura y bajo presiones muy fuertes de índole social, económica e institu- cional. Los barrios y las viviendas ina- cabadas se establecieron como los…
p. 203
[52]memoria colectiva de las ciudades. Los hechos violentos del 9 de abril de 1948 aceleraron estos procesos. Tres sectores del centro de Bogotá su- frieron destrucción parcial: La Can- delaria cerca a la Plaza de Bolívar, San Victorino cerca a la Plaza de Mercado y la carrera 7. a entre la avenida Ji- ménez de Quesada y…
p. 198
39Estado crítico de la propiedad rural y de las políticas agrarias en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 72 citas
[44]del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…
p. 7
[45]del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…
p. 7
40La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 4761 cita
[46]el barrio 1º de Mayo—. Estas viviendas tuvieron grandes dificultades para ser adjudicadas (Samper Madrid, 1925, 44). Debido a que no era posible construir dentro de un plazo aceptable y corto las casas baratas suficientes para alojar a todos los que se albergaban en el Paseo Bolívar, se propuso acelerar el proceso…
p. 476
41Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1111 cita
[47]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…
p. 111
42La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4701 cita
[48]y se han ejecutado todas las locuras. A la oposición se le silencia con Consacá. Al desastre económico se le muestra el endriago de Consacá. A la disolución de los partidos, se les señala Consacá. A la república lacerada se le abate con los ramalazos de Consacá. Y, a la conciencia civil de Colombia, desfalcada por los…
p. 470
43El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 2361 cita
[49]ora- toria se inflamaba y crecía su fama, la estructura empezó a resquebrajarse. En los barrios del norte, las dueñas de casa empezaron a quejarse de la altanería de las sirvientas. Los hombres de negocios del centro tuvieron que soportar 237 Eí ndi el desdén de los muchachos emboladores. Los mendigos escupían en las…
p. 236
44Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[50]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
45De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1111 cita
[53]había sido el factor principal en el 9 de abril no fue exclusividad de la arquidiócesis de Bogotá. La de Medellín también adoptó esta actitud. El libro Historia de la arquidiócesis de Medellin establece. en la sección dedicada al 9 de abril, que «el 9 de abril fue una típica explosión comunista. ¿Quiénes más, ino los…
p. 111
46Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 501 cita
[54]La construcci6n se nicid al afio siguiente y termind ochent Tomas Cipriano ¢ enc 10s después, ulso situado sobre el Capitolio. En 1892 se 0 c a calle Déc entre carreras Quinta y Sexta, ocupado desde fines del siglo XVIII por el Coliseo Ramirez, y llamado luego Teatro Maldonado. Estos dos edi > sit en 0s, bastante…
p. 50
47Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 1161 cita
[55]on the cover. The violence sparked by “el nueve de abril” (April 9) made the streets and the public sphere, which had shaped Gaitán into a popular icon, dangerous terrain to tread.36 Once the Cali daily El Relator restarted printing its newspaper on April 12, reports tracked and interpreted the violent fallout of…
p. 116
48Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3321 cita
[56]thinking of a citi- zenry increasingly alienated from its public world. That was the real sense in which the Bogotazo symbolically ended one phase of Colombia’s national his- tory and introduced another. Perceiving its only political option to be closed, the Gaitanista mob figuratively shrugged its shoulders and set…
p. 332
49Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 261 cita
[58]y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…
p. 26
50El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 951 cita
[59]reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…
p. 95
51El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 951 cita
[60]reside en los centros urbanos. Esta tendencia se articula, en nuestro caso, con la existencia de un conflicto armado cuasipermanente que ha llevado, en las dos últimas décadas, a 3´200.000 personas a buscar asilo en las ciudades grandes e intermedias (Codhes, 2004). La guerra y los desplazamientos forzados han sido,…
p. 95
52Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 cita
[61]sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…
p. 135
53La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 11 cita
[62]D e la subversión y la finali D a D histórica Orlando Fals Borda Bogotá, D. C., 2008 Colección 2 l a s ubversión en c olombia 1º Edición española, 1967 Universidad Nacional de Colombia/ Tercer Mundo Bogotá, Colombia. 2º Edición Española, 1968. Idem. 3º Edición Inglesa, 1969. Columbia Univesity Press, New York 4º…
p. 1