Santiago Pérez de Manosalbas
Estados Unidos de Colombia
1830–1900
La biografía
Santiago Pérez de Manosalbas (1830-1900) fue presidente de los Estados Unidos de Colombia entre 1874 y 1876, y una de las figuras más representativas del llamado Olimpo Radical: aquella franja de dirigentes liberales que, desde las cátedras, las redacciones y los ministerios, intentó fundar un país laico, federal y letrado sobre la ruina del orden colonial. Cronista de la Comisión Corográfica, ministro en Washington, jefe del Partido Liberal durante la Regeneración, publicista y pedagogo hasta el final, Pérez condensó la ambición del proyecto radical y, por eso mismo, cargó con sus fracturas. Su presidencia coincidió con el cenit del liberalismo olímpico —matrículas escolares en máximos, misión pedagógica alemana funcionando en todos los estados, prensa doctrinaria en efervescencia— y con el primer estallido armado que anunciaba su ocaso. Cuando la Regeneración clausuró aquel ciclo, Caro lo desterró por decreto; Pérez murió en el exilio en 1900, el mismo año en que la guerra de los Mil Días desangraba lo poco que quedaba del país que él había querido gobernar con libros.
Línea de vida
- 1853
Apuntes de Viaje publicados en la prensa bogotana
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Como miembro de la Comisión Corográfica, Pérez recorrió el Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto. Sus crónicas, publicadas en El Neogranadino y El Tiempo de Bogotá en 1853, documentaron el paso del Quindío y el sistema de cargueros humanos, la pobreza de los negros libres del Pacífico, la ausencia de caminos y la carencia de escuelas, sembrando la convicción que orientaría toda su carrera: sin instrucción pública y sin vías no habría república.
- 1872
Misión diplomática en Washington y elogio del presidente Grant
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Al despedirse como ministro colombiano ante los Estados Unidos, el presidente Ulysses S. Grant declaró que el gobierno de Colombia, al nombrarlo ministro, se había honrado a sí mismo y honraba al gobierno estadounidense. El historiador Gustavo Arboleda recogió este testimonio como indicativo de la calidad humana y el prestigio diplomático de Pérez.
- 1874
Asunción de la presidencia de los Estados Unidos de Colombia
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Pérez asumió la presidencia en 1874, sucediendo a Manuel Murillo Toro. Las elecciones que lo llevaron al cargo fueron disputadas y anticiparon las fracturas internas del liberalismo. Gobernó durante el cenit del proyecto radical: matrículas escolares en máximos, misión pedagógica alemana operando en todos los estados y prensa doctrinaria en efervescencia.
- 1876
Apoyo a la candidatura de Aquileo Parra y detonación de la guerra civil
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Pérez apoyó francamente la candidatura de Aquileo Parra en las elecciones de 1876, decisión que precipitó levantamientos armados vinculados a los anhelos nuñistas y exacerbó los ánimos de sus opositores. La guerra civil de 1876-1877, iniciada por una facción conservadora en el Cauca bajo la bandera de la oposición a la educación laica, se libró principalmente en el Cauca y el Tolima, duró aproximadamente once meses y costó el equivalente al 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878.
- 1884
Discurso en Bogotá sobre el progreso científico y universal de Colombia
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En 1884 Pérez pronunció en Bogotá un discurso en el que expresó esperanzas de progreso científico y universal para Colombia; el texto fue reproducido en obras de literatura durante muchos años y se convirtió en testimonio de las aspiraciones de su generación, frustradas por tres guerras civiles en los dieciséis años siguientes.
- 1900
Muerte en el exilio
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Pérez murió en 1900 en solitario exilio, después de que la Regeneración —encabezada por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro— lo desterrara por decreto. Falleció el mismo año en que la guerra de los Mil Días desangraba lo poco que quedaba del proyecto federal y laico que él había intentado gobernar con libros.
El letrado que salió al territorio
Pérez pertenece a la generación que se formó leyendo a Bentham en las escuelas de derecho neogranadinas y que, al salir de las aulas, encontró un país todavía sin mapa. Su primera aparición pública de peso no fue política sino científica: entró como miembro de la Comisión Corográfica, la empresa fundada por Agustín Codazzi para levantar el inventario físico, humano y económico de la Nueva Granada. Como secretario y cronista, recorrió con la Comisión el Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto, y de aquel itinerario surgieron los Apuntes de Viaje que publicó en 1853 en El Neogranadino y El Tiempo de Bogotá.
Esos apuntes son un documento clave para entender al Pérez posterior. Describió allí con detalle etnográfico el paso de la montaña del Quindío y la práctica del carguero —los hombres que atravesaban la cordillera con viajeros a la espalda—, registró la pobreza de los negros libres del Pacífico, la ausencia de caminos, la carencia de escuelas y la indiferencia de los blancos hacia esas poblaciones. Al lado de la denuncia asomaban juicios menos generosos sobre las gentes que describía: el liberal cosmopolita miraba a la Colombia real desde una distancia que él mismo reconocía y a la vez no lograba franquear. Aquel viaje sembró la convicción que atravesaría toda su carrera política: sin caminos y sin escuelas no habría república. La escuela, sobre todo. Pérez volvió a Bogotá con la certeza de que la nación estaba por hacerse con instrucción pública y federalismo, y esa certeza orientaría al radicalismo por las tres décadas siguientes.
De aquel primer momento salieron también las herramientas de su oficio: la prosa clara, el gusto por el dato preciso, la vocación pedagógica y una relación con el periodismo que no abandonaría jamás. Los radicales se dedicaban ante todo al mundo de la política y de la ideología, y cuando no ocupaban cargos preferían la cátedra y la redacción. Pérez fue ejemplo puro: hombre de gobierno cuando le tocó, maestro y publicista cuando no.
El Olimpo Radical: sociología de una élite
Para entender a Pérez hay que entender el grupo. El Olimpo Radical no era un partido en sentido moderno sino una fracción del liberalismo que, entre 1863 y 1885, controló los mecanismos centrales del Estado y buena parte de la vida intelectual del país. Sus dirigentes compartían un perfil reconocible: Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldán, Aquileo Parra, Felipe y Dámaso Zapata, Eustorgio Salgar y el propio Pérez venían de un mismo origen letrado. Se habían formado en el utilitarismo de Bentham, leían a Frédéric Bastiat y Jean-Baptiste Say, y profesaban una fe en el progreso científico y la libertad de comercio que era, en igual medida, doctrina económica y programa civilizatorio.
Su base social se concentraba en la burguesía comercial bogotana. Entre 1867 y 1877, los comerciantes de la capital lograron, a través del Partido Liberal, una hegemonía política que en la práctica se ceñía al Estado Soberano de Cundinamarca, pero que desde allí proyectaba influencia sobre la federación. El dato importa: el radicalismo era, más que un movimiento nacional, la construcción política de una élite regional que gobernaba a la nación en nombre de principios universales. La contradicción entre discurso universalista y anclaje oligárquico habitó al proyecto desde el comienzo.
En ese círculo, Pérez ocupaba un lugar peculiar. No era el estratega financiero como Camacho Roldán, ni el caudillo partidario como Murillo Toro, ni el gestor administrativo como Parra. Era, ante todo, el letrado: el hombre de la palabra pública y de la escuela, el que redactaba discursos memorables y organizaba periódicos, el pedagogo del grupo. Esa condición le dio prestigio moral y, cuando la Regeneración lo persiguió, credibilidad simbólica; pero también lo dejó desprovisto de la maquinaria clientelar que sus rivales manejaban con desenvoltura. Pérez gobernaría con el prestigio de la doctrina, no con el peso de una red.
La reforma educativa: el corazón del proyecto
Antes de llegar a la presidencia, Pérez fue actor y beneficiario de la reforma educativa que definió al radicalismo. El decreto orgánico de instrucción pública, publicado en enero de 1871 y difundido en el periódico La Escuela Normal, estableció el carácter obligatorio, gratuito y de neutralidad religiosa de la escuela pública. Fue la empresa educativa más ambiciosa intentada en el siglo XIX colombiano —probablemente desproporcionada para los recursos económicos y humanos del país— y el eje sobre el que giraría todo el enfrentamiento con la Iglesia y con el Partido Conservador.
La reforma no fue solo un texto legal. Trajo consigo la contratación de una misión pedagógica alemana que, para finales de 1872, había organizado escuelas normales en todos los estados federales, masculinas y femeninas. Uno de aquellos maestros, Hotschick, se radicó en Colombia, editó libros y llegó a dirigir la educación pública en Santander. La misión no fue un gesto de propaganda: fue una operación técnica seria, financiada con recursos escasos, sostenida contra la resistencia de la Iglesia y de amplios sectores conservadores que veían en la escuela laica la amenaza directa a su hegemonía cultural.
Las cifras acompañaron el proyecto. De unos veintidós mil niños matriculados en escuelas elementales hacia 1852, se pasó a sesenta mil en 1870, setenta mil en 1874 y cerca de ochenta mil en 1876, distribuidos en más de mil cuatrocientas escuelas. En el cuatrienio 1872-1876 se sumaron más de trescientas escuelas nuevas y más de veintisiete mil escolares. Un dato paradójico atraviesa el balance: el estado de mayor crecimiento educativo bajo el régimen radical fue Antioquia, gobernada por el conservador Pedro Justo Berrío, cuyas autoridades hicieron un esfuerzo notable por instalar escuelas incluso mientras rechazaban la orientación laicista del decreto. Antioquia demostró, sin proponérselo, que la reforma podía funcionar cuando el poder local la asumía, y que la controversia no era tanto sobre la instrucción como sobre quién controlaba su contenido.
Ese detalle explica en buena medida lo que vendría después. La reforma de 1871 no fracasó por incompetencia técnica ni por indiferencia social; produjo resultados. Fracasó porque tocaba la cuestión religiosa, la línea de fractura que separaba a liberales de conservadores más que cualquier otra doctrina. La Iglesia consideró la escuela laica como una expropiación simbólica y respondió con toda la fuerza de su influencia sobre curas de pueblo, cofradías y familias. Cuando Pérez llegó al poder, la reforma llevaba tres años operando y la reacción clerical ya estaba cargada.
La presidencia (1874-1876)
Pérez asumió la presidencia en 1874, sucediendo a Manuel Murillo Toro, que ejercía desde 1872 su segunda administración. Las elecciones que lo llevaron al cargo fueron disputadas y anticiparon lo que definiría al bienio: la pugna dentro del propio liberalismo. Las fracturas no eran doctrinarias —radicales y nuñistas compartían formación, base social y buena parte del programa— sino de facciones, intereses regionales y ambición de poder. Dos grupos rivales de una misma agrupación política se disputaban la conducción del Estado.
El sistema federal instituido por la Constitución de Rionegro de 1863 organizaba el conflicto de un modo que lo agravaba. Los períodos presidenciales de 24 meses sin sucesión inmediata condenaban al fracaso cualquier plan de largo plazo en transporte, comunicaciones o educación: en los años previos a 1884, cada presidente ocupó el cargo poco más de un año en promedio. Los nueve estados soberanos disponían de amplia autonomía fiscal y legislativa; podían adoptar códigos propios —minero, civil, electoral, de tierras— e imponer aduanas interiores que fragmentaban el mercado nacional. Dos estados, Antioquia y Tolima, estaban firmemente en manos conservadoras, lo que hacía decisiva la disputa por los otros siete.
Sobre este tablero, el gobierno central carecía de mecanismos legales para garantizar elecciones limpias o para apoyar legítimamente a gobiernos estatales aliados. Cuando lo hacía, era por vías ilegales, incluida la intervención armada de la guardia nacional a favor de facciones amigas. El fraude era generalizado, y cada división del Partido Liberal se convertía en incentivo para golpes y revoluciones. Pérez heredó ese sistema y, como todos sus antecesores, tuvo que operar dentro de él.
En 1876, con la elección presidencial encima, Pérez apoyó francamente la candidatura de Aquileo Parra. Fue una decisión política deliberada, coherente con la lógica del radicalismo bogotano, y también el detonante inmediato del estallido. La postura del presidente enfureció a los nuñistas, que consideraron el respaldo un abuso de poder, y precipitó levantamientos armados que llegaron a poner en riesgo su permanencia en la primera magistratura. La elección de 1876 hizo visible lo que el sistema de Rionegro ocultaba mal: que el liberalismo se había partido en dos y que la reforma educativa laica había reunido en su contra a una coalición clerical-conservadora dispuesta a la guerra.
La guerra civil de 1876-1877
El estallido no vino primero de los liberales divididos sino de los conservadores. En 1876, una facción conservadora del Estado del Cauca se levantó en armas contra el gobierno de Aquileo Parra —que sucedía a Pérez en la presidencia— con la bandera declarada de la oposición a la educación laica. Los clérigos de Palmira, Cartago y Tuluá abanderaron la causa antirreformista que precedió a la contienda en el Cauca. Era la reacción largamente incubada contra el decreto de 1871.
La guerra se libró principalmente en el Cauca y el Tolima, con actividad conexa en Antioquia y Santander. Duró aproximadamente once meses. Su costo equivalió al 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878: una hemorragia fiscal que un Estado ya débil no podía absorber sin quedar tullido. Las tropas liberales, predominantemente negras y mulatas, ocuparon Cali en la Nochebuena de 1876 y saquearon propiedades de conocidos conservadores; el episodio quedaría en la memoria caucana como emblema de la guerra racial que los conservadores denunciaban y de la revancha social que algunos liberales encarnaban. Las fuerzas conservadoras de Antioquia, al intentar penetrar en el territorio caucano, fueron derrotadas en la batalla de Garrapata, en la región de Los Chancos.
La guerra también hirió a la reforma educativa que la había desencadenado. La Universidad Nacional cerró el 21 de agosto de 1876 y solo reabrió el 22 de febrero de 1877. En 1877, los liberales santandereanos —envalentonados por la victoria y por el resentimiento acumulado— promulgaron legislación anticlerical que dio pie al destierro del obispo de Pamplona y al arresto de eclesiásticos. La derrota militar del conservatismo no cerró el conflicto religioso: lo profundizó.
Los liberales ganaron la guerra con relativa facilidad, y ese dato pesa. La coalición clerical-conservadora no era militarmente invencible, y el proyecto radical aún tenía capacidad de imponerse en el campo. Lo que no logró imponerse fue en su propio interior. La intransigencia con que los radicales manejaron la victoria —las medidas anticlericales de Santander son solo un ejemplo— alejó a un sector del liberalismo, que empezó a llamarse independiente y a mirar hacia Rafael Núñez. Esa división, más que la fuerza del enemigo, decidiría la suerte del proyecto.
Washington y París: la misión diplomática
La misión diplomática más recordada de Pérez fue su ministerio en Washington, cumplido antes de la presidencia. En 1872, al despedirse del presidente Ulysses S. Grant, este declaró que el gobierno de Colombia, al nombrar a Pérez ministro, se había honrado a sí mismo y honraba al gobierno estadounidense. La frase se cita hasta hoy como testimonio de la calidad humana de Pérez. Es también un dato sobre el radicalismo: la generación que gobernó a Colombia entre 1863 y 1885 se preciaba, y con razón, de haber producido diplomáticos cuya sobriedad y cultura hacían buena impresión en las capitales del mundo. En una época en la que Colombia era, para casi todo el planeta, un accidente geográfico, ese capital simbólico contaba.
La misión en Washington no fue un adorno curricular. La relación con Estados Unidos giraba entonces sobre el problema del istmo de Panamá —parte todavía del territorio colombiano— y sobre la cuestión de un canal interoceánico que las potencias europeas y la norteamericana disputaban en la sombra. La generación radical entendía que la geografía colombiana era, en ese punto, un asunto de negociación permanente, y que los ministros enviados a Washington no viajaban a saludar sino a contener. Pérez cumplió esa función con la sobriedad que le era propia, sin dejar rastros ruidosos y sin producir concesiones onerosas. En el mismo período, el radicalismo mantuvo agentes en París y Londres, escenarios donde se dirimía la reputación financiera del país y la posibilidad de acceder a crédito externo. La diplomacia bogotana de aquellos años se movía en un tablero de dependencia estructural que ningún discurso podía disimular, y trabajaba con las herramientas disponibles: la palabra correcta, el traje sobrio, la insistencia paciente en los foros donde Colombia figuraba, cuando figuraba, como república remota.
De la Cámara al frente doctrinario
Tras entregar el poder en 1876, Pérez continuó activo en la Cámara, en el periodismo y en la enseñanza. La derrota electoral del liberalismo radical llegaría en 1880, cuando Rafael Núñez —con apoyo de liberales independientes y conservadores— ganó la presidencia y comenzó una política de centralización que rompía con Rionegro. La segunda elección de Núñez en 1884 y la derrota liberal de 1885 sellaron el fin del ciclo. Pérez, en el frente doctrinario, mantuvo la posición radical con dignidad y sin estridencia. Redactó editoriales, sostuvo periódicos de vida efímera, dio clases, corrigió pruebas, contestó ataques con la misma cortesía cansada con la que había gobernado. Los últimos radicales aprendieron en esos años a hacer oposición con los recursos de la letra, no de las armas, y Pérez fue el pedagogo silencioso de esa reconversión.
El discurso de 1884
En 1884 pronunció en Bogotá un discurso que sería reproducido en textos de literatura durante décadas. Expresó allí las esperanzas de progreso científico y universal para Colombia que habían animado a su generación: la fe en la razón, en la educación, en la libertad y en el trabajo, el vocabulario ilustrado con el que se habían formado en las aulas neogranadinas y con el que aún creían posible pensar el país. El discurso quedó como monumento de un momento y como epitafio de un proyecto.
En los dieciséis años siguientes, tres guerras civiles frustrarían aquellas esperanzas. La de 1876-1877 ya había sucedido. La de 1884-1885 estaba por estallar y sería la que le daría a Núñez la excusa para enterrar la Constitución de Rionegro. La de los Mil Días, entre 1899 y 1902, coincidiría con la muerte de Pérez y con el hundimiento del país en su peor sangría del siglo. Pérez pronunció su discurso en el punto exacto en que la esperanza aún era pronunciable y ya no era razonable. Por eso se sigue citando.
La Regeneración y el destierro
La Constitución de 1886 —obra en gran medida de Miguel Antonio Caro, el principal pensador conservador de la época— clausuró el proyecto de Rionegro y estableció el marco político que regiría a Colombia, en lo esencial, hasta 1991. El Concordato de 1887, firmado por Núñez, hizo del catolicismo la religión oficial del Estado, devolvió propiedades eclesiásticas que gobiernos anticlericales habían confiscado, ató la educación pública a los preceptos de la Iglesia y abolió el divorcio. Era la antítesis punto por punto del proyecto radical.
La Regeneración no se limitó a un cambio constitucional. Bajo el gobierno de Caro —que asumió el control completo en Bogotá tras la muerte de Núñez en 1894, aunque en la práctica lo ejercía desde antes—, el régimen adquirió un carácter marcadamente autoritario. Caro prefirió gobernar con la ley 61 de 1888, conocida como ley de los caballos, un estatuto excesivamente represivo que rigió las administraciones regeneradoras hasta 1904. En documentos oficiales, calificó al Partido Liberal como banda de facciosos que actuaba en cuadrilla de malhechores, negándole toda legitimidad política. Sostenía que no podían concederse derechos a quienes estaban en el error —los liberales— y se consideraba investido de respaldo divino, convicción que reforzaba su intransigencia. El sistema electoral, viciado y fraudulento, se encargó del resto: durante toda la Regeneración, el liberalismo tuvo un único representante en la Cámara, ninguno en el Senado, y su presencia en el gobierno fue nula.
En este contexto se produjo el segundo acto público mayor de Pérez tras la presidencia. En septiembre de 1892, delegados liberales de todo el país se reunieron en Bogotá y lo nombraron director del Partido Liberal. El nombramiento reconocía su prestigio moral y también la escasez de opciones: la generación radical, sobria y moderada, era casi lo único que quedaba de una tradición proscrita. Pérez asumió la jefatura con la misma discreción con que había gobernado.
Duró poco. El diario El Relator, órgano cercano a los liberales, fue clausurado por el gobierno en 1893. Por decreto número 1227 del 14 de agosto de 1893, el presidente Caro desterró a Santiago Pérez, jefe del Partido Liberal. El gobierno se valió del artículo K de las Disposiciones Transitorias de la Constitución, invocado para dictar decretos destinados a reprimir los abusos de la prensa y utilizado también con fines persecutorios contra los liberales. La persecución respondió más al feroz ultramontanismo que la Regeneración exhibía por rachas que al radicalismo real del expresidente, que hacía tiempo era, como otros liberales de su generación, un ejemplo de sobriedad, moderación y virtud cívica. Caro necesitaba enemigos ejemplares; Pérez, por su prestigio y por lo que representaba, era el enemigo perfecto.
Murió en el exilio en 1900. Ese año la guerra de los Mil Días —desencadenada en buena medida por la exclusión política sistemática del liberalismo bajo Caro— entraba en su fase más destructiva. Pérez no vio el final del conflicto ni la Colombia que emergería de él, mutilada por la separación de Panamá en 1903 y agotada en su tesoro y en sus hombres.
La familia y la red
El radicalismo fue también una cuestión de familias. Camacho Roldán, los Zapata, los Cuervo, los Pérez: un tejido de linajes bogotanos entrelazados por matrimonios, sociedades comerciales, colaboraciones periodísticas y padrinazgos escolares. Los hijos estudiaban en los mismos colegios, se casaban entre sí, heredaban las suscripciones a las revistas europeas y las tertulias del padre. Cuando la Regeneración proscribió al liberalismo, no clausuró solo un partido: intervino sobre una red familiar densa que había sido, al mismo tiempo, aparato político, círculo intelectual y sociedad económica. La derrota del proyecto no disolvió esa red, pero la dispersó geográficamente y la obligó a operar desde los márgenes o desde el extranjero.
El caso del hijo de Pérez ilustra esa deriva con particular claridad. Santiago Pérez Triana prolongó en el exilio la tradición liberal cosmopolita del padre y llevó al terreno de la escritura y la diplomacia oficiosa el capital simbólico que la familia había acumulado en Bogotá. Publicista, diplomático y escritor, se instaló en Londres, donde fundó revistas de tono hispanoamericanista y sostuvo correspondencia con Rubén Darío y otros modernistas. Desde allí actuó en negociaciones sobre asuntos colombianos —incluida la cuestión panameña— en un exilio que fue a la vez destierro y observatorio; sus intervenciones en la prensa europea sobre la separación de Panamá y sobre la política de Washington en el istmo dieron continuidad, en clave de opinión internacional, a la vieja diplomacia radical que su padre había practicado en misiones oficiales. Otros hijos y nietos del radicalismo escribirían en París, enseñarían en universidades del continente, regresarían a la Cámara cuando la política colombiana volvió a permitirlo tras 1904. La biografía de Pérez, vista desde este ángulo, es el primer capítulo de una diáspora liberal que se extendería por décadas y que solo empezaría a repatriarse, en clave institucional, con la República Liberal de los años treinta.
Balance: catalizador de una crisis estructural
Las fracturas eran anteriores a Pérez y más profundas que su gestión: el período presidencial de 24 meses, el fraude electoral estructural, las aduanas interiores, la incapacidad del centro para arbitrar entre estados, la debilidad fiscal, la fragmentación del mercado interno, la cuestión religiosa como línea de fractura irresuelta. Cualquier presidente radical entre 1874 y 1876 habría enfrentado los mismos vientos. Los conservadores del Cauca no se levantaron contra Pérez sino contra el decreto de 1871, y lo habrían hecho tarde o temprano, con cualquier ocupante del palacio.
Su gestión, sin embargo, fue el momento en que esas tensiones latentes se convirtieron en guerra abierta y en división liberal irreversible. Su respaldo franco a la candidatura oficial en 1876 no fue la causa de la crisis, pero fue el gesto que la desencadenó; su continuidad de la política laica no creó la reacción clerical, pero la coaguló; su fidelidad a la doctrina radical no dividió al liberalismo, pero le negó la maniobra que quizás lo habría mantenido unido. Pérez actuó como catalizador de un colapso estructural que necesitaba, como todo colapso histórico, un rostro y un momento.
Su trayectoria posterior a la presidencia se ajusta a un patrón sobrio: gobernó dos años, entregó el poder, no se enriqueció, mantuvo su doctrina bajo persecución, murió en el exilio. El Olimpo Radical, con todas sus contradicciones —la hegemonía bogotana, la desconexión con el país profundo, la fe en la escuela como redentora universal—, produjo dirigentes de ese corte, y la figura de Pérez condensa el intento colombiano de constituir, en el último tercio del siglo XIX, una república laica y federal. Aquella república no llegó a existir. Sobrevivieron, en cambio, los materiales sueltos que la habían anunciado: escuelas normales que la Regeneración reabsorbió sin destruir del todo, una prosa pública sobria que ninguna proscripción logró borrar del canon escolar, una tradición liberal que resistió cuarenta y cinco años de exclusión y volvió a gobernar cuando el país estuvo dispuesto a leerla de otro modo. Pérez alcanzó a ver el hundimiento y no la resaca, y esa fue, quizá, la ironía última de un letrado que confió en la instrucción pública como cimiento de la república en un país que apenas comenzaba a deletrearla.
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Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 38 fragmentos01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 127, 1302 citas
[1]de 1885. Un analista de su obra, Galindo, dijo: "Si las administraciones siguientes hubieran gober- nado como lo hizo el general Salgar, el partido liberal se habría sostenido en el poder indefini- damente". 143 Santiago Pérez 1869 1874-1876 C uando don Santiago Pérez visitó al presi- dente norteamericano, general…
p. 127
[7]varios autores, pues precipitó levan- tamientos armados contra su gestión al compás de los anhelos nuñistas. Los militares destituidos fueron considera- dos como mártires y héroes por los envalentona- dos seguidores del cartagenero, quienes adelan- taron movimientos bélicos y partidistas en los departamentos o Estados…
p. 130
02Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 4181 cita
[2]adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…
p. 418
03Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 501 cita
[3]Bogotá in 1884 and reprinted in their literature texts for many years after- ward: “Be happy then, Athenians, even when we old ones vainly strain against the rocks to which we’re chained! New Promethians are stealing fire from the gods. Each new conquest of science invigorates the spirits of Colombians. Thus will our…
p. 50
04Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 461 cita
[4]behind the aphorism that 'bankers live off peace': the Banco de Bogota, and presumably the Banco de Colombia too, made loans to enable Radical- dominated central government to establish control of Antioquia, whose own bankers were among the first victims of this action. 15 Bankers survive by power. A theoretical…
p. 46
05Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 3891 cita
[5]encima y a veces una mujer o un mu- chacho por añadidura… De regreso del mercado, el buey sin carga se convierte en cabalgadura del amo, y con- tra todas sus costumbres trota o galopa de una manera grotesca que hace reír al que por primera vez presen- cia el inusitado andar de aquellos caballos con cuernos, obedientes…
p. 389
06Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3501 cita
[6]Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…
p. 350
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1431 cita
[8]el fraude para garantizar ese voto era grande, tanto para los poderes locales como para el gobierno de la federaci ó n. Las divisio nes del Partido Liberal se convert í an en incentivos para golpes y re voluciones y, como dos estados fueron dominados por los conserva dores (Antioquia y Tolima), la disputa por los…
p. 143
08¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
[9]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
p. 68
09El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 4551 cita
[10]los créditos de la deuda exterior y en la reducción del tipo de interés de los bancos. La escuela primaria su- frió también en esta revolución profundas heridas, todavía no curadas por entero. Frente a las guerrillas conservado- ras surgidas en casi todos los estados, el Gobierno de la Unión juntó un ejército de 25.…
p. 455
10Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 581 cita
[11]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…
p. 58
11Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 581 cita
[12]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…
p. 58
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 531 cita
[13]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
p. 53
13Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 2221 cita
[14]última guerra civil (1876), la Universidad, cuyo estado era lisonjero, como todos los es- tablecimientos de utilidad pública, sufrió golpes mortales, y el Gobierno, compelido por las imperiosas necesidades de la guerra, se vio obligado a cerrarla el día 21 de agosto. Felizmente el 22 de febrero del año siguiente se…
p. 222
14Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
[15]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
15Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 641 cita
[16]sus padres, re- ciban dicha instrucción de los párrocos o ministros», aunque no resultó esto en garantía suficiente para los sectores más tradicionalistas. Esta enérgica política instruccionis- ta que planteaba la reforma se reflejó no sólo en un amplio debate educativo sino, también, en un rápido y soste- nido…
p. 64
16The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 2711 cita
[17]7 January 1871. Notes to Pages 107–11 255 24. Obeso, Proyecto de lei sobre orden público, 5; Caraballo, El negro Obeso, 21– 22; Torres Almeida, Manuel Murillo Toro, 2–3, 5, 294, 300; Rodríguez Piñeres, El Olimpo radical, 201, 205–7; quoted from Marroquín, Obras escogidas en prosa y en verso, 51. 25. Wilson, A Ramble…
p. 271
17Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2641 cita
[18]quejaba de no poder iniciar labores por falta de libras y de estudiantes. Pero Hotschic ’ í tuvo gran é xito en Cundinamarca; se residenci ó definitivamente en Colombia, edit ó libros y lleg ó a ser director de Educaci ó n pfl. blica en Santander. Para fines de 1872 la misi ó n hab í a organizado escuelas normales en…
p. 264
18Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Páginas 213, 2652 citas
[19]la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…
p. 213
[23]temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…
p. 265
19Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1971 cita
[20]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
20Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 107, 1142 citas
[21]texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…
p. 107
[24]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
21Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1491 cita
[22]el ejer- cicio y la sucesión presidenciales, el sistema político colombiano pudo planificar más efectivamente la acción a largo plazo y llevar a cabo las decisiones de los funcionarios elegidos. En los años anteriores a 1884, cada presidente, en promedio, ocupó el cargo poco más de un año a la vez. Cualquier plan a…
p. 149
22Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Página 631 cita
[25]power, with the blessing of the state, "to impose onerous conditions on their debtors." Caro believed that behind the demand for free stipulation lay the desire to dismantle the entire re- gime of paper money that the Regeneration had constructed. Oppo- nents of paper money proceeded from the false assumption that…
p. 63
23Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1141 cita
[26]pro- liferaron en la época, se podría inten- tar una síntesis diciendo que el perio- dismo de este período se destacó por su militancia, combatividad y extrema politización. Todas esas publicaciones contribuyeron a radicalizar posiciones y a exacerbar los ánimos de unos par- tidos que buscaron los campos de ba- talla…
p. 114
24Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Páginas 30, 1002 citas
[27]aplicaba a los liberales por motivos politicos. Con funda- mento en la autorizacién dada por el articulo «K» del Capitulo de Disposiciones Transitorias, el Go- bierno dictaba a su arbitrio decretos para «reprimir los abusos de la prensa», también con fines per- secutorios. Por decreto numero 1227 del 14 de agosto de…
p. 100
[32]borado y prefirié gobernar con un estatuto dema- siado represivo, la ley 61 de 1888, mejor conocida con el nombre de «ley de los caballos», que tantos males causé al pais, pues seguin ella gobernaron las administraciones «regeneradoras» hasta 1904. A tal grado lIlegé la animosidad de don Miguel Antonio Caro contra el…
p. 30
25De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 442 citas
[28]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
[30]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
26De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 442 citas
[29]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
[31]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
27Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 41, 762 citas
[33]negada con sólo seis votos a favor. Del mismo modo apoyaron una pro- Capítulo 2 61 puesta de investigación del Banco Na- cional, que tuvo apenas el apoyo de los mismos seis representantes antio- queños. El Ministerio del Tesoro, se- gún se dijo, habría ofrecido resistir con las bayonetas todo intento de en- trar al…
p. 76
[34]algunos tenían fortunas independientes, más bien modestas, y cuidaban alguna ha- cienda o un negocio comercial, la ma- yoría de los dirigentes radicales se ha- bía dedicado ante todo al mundo de la política y de la ideología. Cuando no ocupaban un cargo público, un minis- terio o la presidencia, la enseñanza y el…
p. 41
28La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1461 cita
[35]decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…
p. 146
29El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 1131 cita
[36]57. 11 Entre las muchas descripciones contemporáneas, véase especialmente A. Cuervo, Cómo se evapora un ejército, París, 1900, que ofrece la versión de la guerra del 60-61 desde el campo gubernamental y S. Camacho Roldán, Memorias, pp. 151-231, que describe las actitudes de la juventud liberal hacia Mosquera desde su…
p. 113
30El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1301 cita
[37]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
31Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1211 cita
[38]Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…
p. 121