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Idea · Regeneración

Mercado interno

El mercado interno colombiano fue, durante el siglo XIX, más una ausencia y un proyecto que una realidad: la fragmentación geográfica, los fletes de mula prohibitivos y la autarquía regional impidieron la integración económica nacional hasta bien entrado el siglo XX. La Regeneración (1886-1899) intentó construirlo desde arriba mediante moneda única, arancel y obras públicas, con resultados parciales y contradictorios.

4.621 palabras41 documentos66 fragmentos citados
Mercado interno

Trayectoria de una idea

  1. 1863

    Federalismo y aduanas interestatales

  2. 1875

    Colapso agroexportador liberal

  3. 1881

    Creación del Banco Nacional

  4. 1886

    Constitución de 1886 y papel moneda de curso forzoso

  5. 1896

    Clausura del Banco Nacional y crisis monetaria

  6. 1905

    Arancel de Reyes y proteccionismo moderado

  7. 1930

    Integración incipiente por café, vapores y ferrocarriles

03

La lectura

El mercado interno colombiano no fue una realidad heredada sino una construcción histórica de larga duración, cuya ausencia durante la Colonia y buena parte del período republicano reflejaba tanto la brutalidad de la geografía andina —fletes de mula entre 18 y 48 veces más caros que los ferrocarriles estadounidenses— como la autarquía alimentaria que las tres cordilleras hacían posible. La Regeneración intentó resolver ese problema desde el Estado: moneda única, arancel, abolición de aduanas interestatales y obras públicas fueron sus instrumentos, pero el Banco Nacional terminó siendo un agente fiscal inflacionario antes que un regulador del crédito, y la política arancelaria coexistió con una apertura total al capital extranjero en los sectores exportadores. La contradicción no era accidental: tanto liberales como conservadores mantuvieron como principio el vínculo agroexportador con el mercado mundial, de modo que el mercado interno fue siempre un proyecto subordinado a la inserción exterior. Fue el café —con sus vapores, sus ferrocarriles y su demanda de bienes de consumo— el que tendió los puentes que ninguna constitución había podido tender, y aun así la integración plena de la producción manufacturera no se completó sino hacia mediados del siglo XX, casi un siglo después de que los regeneradores la proclamaran como tarea urgente.

El mercado interno colombiano

Tipo: Categoría económica e histórica.

Ámbito: República de Colombia (y territorios previos: Nueva Granada, Estados Unidos de Colombia).

Período de formación: ca. 1850-1950, con núcleo institucional en la Regeneración (1886-1899).

Marco normativo fundacional: Constitución de 1886; ley 57 de 1887 (privilegio de emisión del Banco Nacional); arancel de 1905.

Instrumentos: moneda única, arancel, ferrocarriles, códigos comerciales unificados, abolición de aduanas interestatales.

Actores centrales: Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos Holguín, Rafael Reyes; en oposición, liberales radicales, grandes comerciantes y cafeteros endeudados en oro.

Palanca material efectiva: ciclo cafetero (1870-1930).

Consolidación: mediados del siglo XX.

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Hablar de mercado interno en la Colombia del siglo XIX es, en rigor, hablar de una ausencia y de un proyecto. Ausencia, porque durante el período colonial y buena parte del republicano la actividad comercial giró hacia afuera —hacia España primero, hacia el Atlántico después— mientras el intercambio entre las regiones se sostenía en un hilo delgado de arrieros, mulas y ferias. Proyecto, porque a partir de la década de 1880 la Regeneración liderada por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro asumió como tarea deliberada la construcción de los instrumentos jurídicos, monetarios y viales que debían suturar esas economías regionales fragmentadas en un cuerpo económico único. Ese proyecto —promulgado en la Constitución de 1886, financiado con papel moneda por el Banco Nacional y proyectado en carrileras y aranceles— chocó con obstáculos de dos órdenes: los que la propia Regeneración generó al depender de la emisión inflacionaria y de una infraestructura pensada para la exportación, y los estructurales que ninguna política podía disolver en una generación: tres cordilleras, fletes de mula prohibitivos y una autarquía alimentaria regional que hacía innecesario, para las mayorías, comprar lejos lo que se producía cerca. El resultado fue una integración parcial y lenta, cuya consolidación no se completó sino hacia mediados del siglo XX.

Definición: qué es un mercado interno en un país sin caminos

Un mercado interno es, en su definición más seca, la circulación regular de bienes, capitales y personas dentro de un territorio nacional bajo reglas comunes: una misma moneda, un mismo derecho comercial, aduanas solo en las fronteras exteriores, precios que se comunican entre plazas. En Colombia, cada uno de esos elementos tuvo que ser construido, y ninguno estuvo plenamente en su lugar antes de finales del siglo XIX. Hasta 1886 no hubo, en sentido estricto, moneda nacional exclusiva; hasta esa misma fecha coexistieron códigos comerciales y aduanas interestatales por decisión constitucional; y los precios entre Bogotá y Medellín, o entre Popayán y Barranquilla, respondían a lógicas locales que las dos o tres semanas de camino separaban con eficacia.

La materia física del problema era brutal. Los fletes por mula a mediados del siglo XIX oscilaban entre 22 y 34 centavos por tonelada-kilómetro en verano, y se duplicaban —entre 40 y 60 centavos— en las temporadas de lluvia o durante las guerras civiles. En Estados Unidos, canales y ferrocarriles movían mercancía por alrededor de 1,25 centavos por tonelada-kilómetro. Los fletes colombianos costaban, así, entre 18 y 48 veces lo que sus equivalentes estadounidenses. Un saco de maíz o de papas no aguantaba doscientos kilómetros de arriería: llegaba al destino con un precio incompatible con cualquier bolsillo. Solo bienes de alto valor por peso —oro, quina, tabaco de calidad, textiles finos importados— o bienes que se movían por sí mismos —el ganado— podían recorrer distancias largas. Todo lo demás circulaba en radios cortos.

A esa restricción física se sumaba una condición ecológica singular. La diversidad climática y altitudinal de las tres cordilleras andinas permitía que casi cada región produjera una dieta diversificada localmente: en un radio de pocos días de mula un poblador podía obtener maíz, papa, plátano, panela, carne y sal. Esa autosuficiencia relativa —bendición para la subsistencia— redujo, sin eliminarlo, el imperativo de intercambio interregional. La geografía colombiana no solo encarecía el comercio: en muchos casos lo hacía innecesario.

El diagnóstico de la época era claro. Un observador podía hablar de un "fondo inmenso de valor de esperanza" en minas y tierras eriales que permanecían inexplotadas por falta de caminos que sacaran los productos al mercado. Las tierras abandonadas, en otros casos, habían agotado su fertilidad. La riqueza estaba, pero no circulaba. El país existía como suma de regiones antes que como economía.

Los orígenes: intercambio prehispánico, comercio colonial, República fragmentada

El comercio de larga distancia en el actual territorio colombiano es anterior a la conquista. Los muiscas intercambiaban textiles de algodón y sal con las comunidades de la hoya del Magdalena, y recibían de ellas oro y conchas de mar. La sal muisca, extraída en las salinas del altiplano cundiboyacense, era un bien geográficamente restringido, esencial para la vida y no disponible en las áreas vecinas: llegaba al sur hasta la región de Neiva, al norte hasta los alrededores de Barrancabermeja, y hacia el oriente podría haber penetrado hasta unos ochocientos kilómetros. En el occidente, los indígenas del actual territorio antioqueño intercambiaban oro por esclavos, textiles y pecaríes con los pueblos de la costa. Había, pues, redes prehispánicas que la conquista no inventó pero sí reorganizó.

El orden colonial superpuso a esas redes un patrón radicalmente distinto, volcado hacia afuera. Los capitales más cuantiosos se dedicaban a la importación de bienes europeos —telas, paños, aceite, vino, quincallería—, cuyo consumo, restringido a las élites porque satisfacía costumbres europeas, absorbía la mayor parte del oro que las minas producían. Ser "comerciante" en sentido institucional era importar desde España. El comercio interno existía, pero con vida lánguida: la cordillera Oriental abastecía a Antioquia con tejidos de lana y algodón; los valles del Alto Magdalena criaban el ganado que abastecía a Bogotá, Popayán, las haciendas azucareras del Cauca y sus minas, y ocasionalmente a Quito; el ganado de Casanare cruzaba pasos a tres mil metros de altura para aprovisionar el altiplano cundiboyacense y Santander. La sal y el tabaco fueron los dos bienes del comercio de larga distancia con mayor valoración, y por ello su venta fue monopolio estatal durante la Colonia.

Santa Fe de Bogotá funcionaba como centro de acopio y distribución: las manufacturas y productos agrícolas de los altiplanos con destino al occidente y al Caribe tendían a canalizarse a través de ella, en parte porque el camino de herradura Santa Fe-Honda, aunque descrito como abominable por los viajeros, era mejor que las alternativas hacia el Magdalena. Era una centralidad de peaje geográfico, no de mercado.

La Independencia no alteró de fondo esa estructura. Las guerras dispersaron ganado, arruinaron haciendas y desorganizaron circuitos de arriería, pero la topología del intercambio permaneció. Los liberales de mediados de siglo —Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldán, Aníbal Galindo— apostaron por el librecambio y por la inserción agroexportadora como palanca de modernización. Los ciclos de tabaco, añil, algodón y quina fueron sucesivos auges de corta duración que perdieron rentabilidad en los mercados europeos, sin lograr articular la economía colombiana al mercado mundial de manera estable. Cada ciclo movilizaba una región, dejaba una estela de fortunas efímeras y se apagaba antes de haber tendido puentes con las demás.

La Constitución de 1863 —los Estados Unidos de Colombia— llevó el federalismo a su expresión más plena. Nueve estados soberanos con capacidad para adoptar sus propios códigos —minero, de tierras, electoral, civil—, un Ejecutivo reducido, libertades individuales ampliadas. En materia económica, esa arquitectura tuvo un efecto que sus arquitectos no habían buscado: las rivalidades entre estados soberanos llevaron a la implantación de aduanas interestatales que frenaban el comercio interno y fragmentaban el mercado interior. El país que se soñaba librecambista hacia afuera terminó protegido, en su interior, por barreras arancelarias que separaban a Antioquia de Cundinamarca o a Santander del Cauca. A esa fragmentación institucional se sumó la constatación, ya visible a mediados de la década de 1870, de que las políticas librecambistas no habían transformado la agricultura de subsistencia en agricultura comercial: los campesinos respondían con lentitud a los incentivos del mercado, y los beneficios de las exportaciones se concentraban en especuladores y latifundistas.

El colapso del tabaco de exportación desde 1875, junto con la caída de precios de las demás exportaciones, minó la base material del liberalismo radical. El desarreglo económico se sumó a la desintegración política, y el programa de Núñez de retorno a la autoridad central encontró eco amplio. En las elecciones de 1880 los radicales fueron relevados; en 1885, tras la guerra civil de ese año, su régimen colapsó definitivamente.

La trayectoria: la Regeneración construye desde arriba

La Regeneración se instaló con una convicción y un diagnóstico. La convicción: sin un Estado central fuerte, sin moneda propia, sin mercado unificado, ninguna vinculación con la economía mundial podía sostenerse. El diagnóstico: la inestabilidad crónica y la fragmentación económica tenían como causa el sistema federal. El Consejo Nacional de Delegatarios, instalado el 10 de noviembre de 1885 en Bogotá con conservadores e independientes, redactó la Constitución de 1886 sobre esa premisa. Los estados soberanos se convirtieron en departamentos; el Ejecutivo recuperó primacía; se estableció una centralización política, administrativa y económica; se creó un ejército nacional; y se restablecieron relaciones más armoniosas con la Iglesia.

Sobre esa arquitectura constitucional se montaron las tres piezas del proyecto económico regenerador: moneda, arancel, obras públicas.

La pieza monetaria se había anticipado. El Banco Nacional fue creado en 1881, durante la primera administración de Núñez, con el fin de establecer una emisión de dinero que cubriera la totalidad del país. Tras el triunfo del gobierno en la guerra de 1885, el decreto 104 del 19 de febrero de 1886 estableció el papel moneda de curso forzoso. La ley 57 de 1887 otorgó al Banco Nacional el privilegio exclusivo de emisión, y ese mismo año se suspendió el derecho de emisión de los bancos privados. Estos quedaron obligados a aceptar los billetes del Banco Nacional a valor nominal, bajo pena de perder su propia facultad de emitir, y se prohibió por ley estipular cualquier otra moneda en los contratos. En teoría, Colombia tenía por primera vez una moneda única con circulación nacional.

En la práctica, el Banco Nacional no funcionó como banco central: no fue prestamista de última instancia, no reguló el crédito y no ejerció efectivamente el monopolio de emisión. Actuó como agente fiscal del gobierno, emitiendo papel moneda para financiar el déficit público y las guerras. La expansión monetaria generó inflación, que algunos contemporáneos vieron con buenos ojos porque depreciaba la moneda y favorecía a los exportadores cafeteros. Pero esos mismos exportadores, junto con los grandes comerciantes, se opusieron a la Regeneración: sus transacciones con el extranjero se hacían en oro y vivían endeudados, de modo que los supuestos beneficios de la inflación quedaban anulados. La oposición fue tan tenaz que en 1896 el Congreso, tras acusaciones de emisiones clandestinas, procedió a clausurar el Banco Nacional. Aun así, la Tesorería continuó emitiendo billetes para financiar la Guerra de los Mil Días. En 1898 circulaban aproximadamente 31.400.000 pesos en billetes del Banco Nacional; durante la guerra el gobierno, los departamentos e incluso algunos generales emitieron papel moneda por decenas y cientos de millones. La depreciación fue severa. La primera moneda nacional colombiana nació y murió como instrumento de guerra, no de mercado.

La pieza arancelaria fue menos espectacular pero más duradera. Durante el primer gobierno de Núñez (1880-1882) se estableció un recargo arancelario para ciertos artículos de producción interna —ropa, muebles, cerillas— y se rebajaron gravámenes para materias primas y herramientas. Fue un primer paso hacia el proteccionismo, coherente con la convicción, expresada por Núñez y los nacionalistas, de que el libre comercio convertía a los artesanos en simples proletarios y a los ciudadanos en esclavos. La Constitución de 1886 reemplazó el principio de libertad de industria y trabajo por prerrogativas estatales sobre la actividad económica. Los regeneradores se declararon proteccionistas y defensores de las industrias nacientes.

Los resultados fueron modestos y ambiguos. Entre 1886 y 1898 avanzaron algo las industrias modernas: cerveza —surgida desde la década de 1870, el ejemplo más notable a fines del siglo XIX—, chocolates, pastas, procesadoras de alimentos. Aparecieron o se consolidaron ferrerías en Pacho, Amagá y Samacá. La ferrería de Amagá, en operación desde antes de 1869, logró disminuir la importación de hierro y fue considerada en 1870 "la empresa de más porvenir que se ha acometido en el Estado". La política arancelaria de la Regeneración no fue, sin embargo, un proteccionismo industrial en sentido estricto: fue más bien un instrumento de control de la balanza de pagos, moderado y discontinuo, que coexistió con una apertura total al capital extranjero en ferrocarriles, minería y agricultura de exportación. La contradicción no era producto del descuido: era la estructura misma del proyecto, que mantenía como principio el vínculo agroexportador con el mercado mundial.

La pieza de las obras públicas fue quizá la más consecuente. Desde 1885, el secretario de Fomento Napoleón Borrero identificó las "buenas vías de comunicación", junto con la atracción de capitales extranjeros, como el "remedio más heroico" para la crisis económica y para los factores que amenazaban el orden social. El gasto de fomento durante la Regeneración se orientó principalmente a los ferrocarriles, y entre 1885 y 1898 los kilómetros de carrilera crecieron significativamente. Pero la red construida antes de 1920 estuvo en gran medida vinculada al comercio exportador: conectaba zonas productoras con puertos, tenía cobertura limitada y no alcanzó a todas las regiones cafeteras. Localidades productoras como Angelópolis y Fredonia no fueron alcanzadas por el ferrocarril sino en 1917 y 1918, respectivamente. Amplias zonas cafeteras de Cundinamarca, Tolima y el sureste antioqueño se expandieron sin acceso ferroviario. Los ferrocarriles ayudaron a bajar costos de transporte y a activar el comercio interregional, pero la afirmación de que fueron el motor de la integración del mercado nacional exagera su alcance: sirvieron primero al circuito exportador, y solo secundariamente al mercado interno.

Del colapso a Reyes: la República Conservadora temprana

La Guerra de los Mil Días (1899-1902) y la separación de Panamá en 1903 dejaron al país con una moneda destrozada, un aparato productivo golpeado y una élite obligada a revisar sus certezas. Tras la guerra, la oligarquía colombiana llegó a un consenso político sobre el modelo de desarrollo y las formas de organización estatal que debían prevalecer. Ese consenso no transformó los fundamentos del orden político dominante, pero sí facilitó una fase de reconstrucción activa.

El gobierno de Rafael Reyes (1904-1909), el Quinquenio, sintetizó ese consenso bajo los valores de Orden y Progreso. El arancel de 1905 introdujo un principio que resultaría duradero: gravaba con altos derechos los bienes finales importados y con derechos muy bajos las materias primas semielaboradas, permitiendo que la industria se desarrollara en casi todas las regiones del país. El estímulo perduró en sus características básicas hasta la década de los veinte y fue, quizá, la política proteccionista más eficaz del período. En infraestructura, Reyes amplió la red ferroviaria con las conexiones de Antioquia a Puerto Berrío, Girardot con la Sabana, Honda-La Dorada hasta Ambalema, Bogotá-Zipaquirá, Girardot-Ibagué, el ferrocarril del Cauca hasta Papagayeros y el de Santa Marta hasta Fundación con 95 kilómetros, además de iniciar los trabajos para el de Puerto Wilches. Mejoró carreteras, especialmente en Cundinamarca y Boyacá. Introdujo una reforma militar orientada a profesionalizar las fuerzas armadas y apartarlas de la política.

El efecto acumulado fue un cambio de atmósfera. La industria adquirió un dinamismo propio; la deuda externa aportó recursos; el café, en plena expansión, empezó a generar demanda sostenida de transporte, crédito y consumo. Entre 1870 y 1910 las exportaciones colombianas de café se quintuplicaron, pasando de aproximadamente 100.000 a 570.000 sacos de 60 kilos, con la expansión más intensa entre 1885 y 1898. Ese ciclo —asentado primero en un régimen de haciendas en el occidente de Cundinamarca, los Santanderes, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca; después, desde comienzos del siglo XX, en el avance de pequeñas y medianas unidades en el sur de Antioquia, el viejo Caldas, el norte del Valle y Tolima— fue lo que verdaderamente empezó a articular regiones. Con la consolidación del café como producto de exportación se inició el lento proceso de ampliación del mercado nacional que sentaría después las bases para la industrialización.

El café no integró el mercado interno porque una política se lo propusiera: lo hizo porque su demanda de sacos, mulas, alimentos para arrieros, vagones, oficinas, casas de trilla y crédito comercial construyó, a lo largo de cuarenta años, una red de intercambios más densa que la que ninguna ley pudo decretar. Los aranceles ayudaron a proteger las manufacturas incipientes que ese mercado en crecimiento hizo posibles; los ferrocarriles bajaron costos en los trayectos que tocaron; pero la palanca fundamental fue el café. Ese desplazamiento del centro de gravedad —de la política a la economía, del decreto al arriero cafetero— es acaso la lección más nítida del período: el mercado interno colombiano no se construyó por adhesión doctrinal a un modelo, sino por la acumulación silenciosa de tráficos que un cultivo hizo posible.

La red del proyecto regenerador

El proyecto del mercado interno bajo la Regeneración no fue la obra de un elenco de nombres yuxtapuestos, sino una configuración de vínculos con centro, contrapesos y periferias. En el centro, un triángulo compacto: Rafael Núñez, cuatro veces presidente entre 1880 y 1894, aportó la conducción política y la síntesis programática; Miguel Antonio Caro, su vicepresidente y luego ejecutor efectivo del régimen, la formulación doctrinaria, la redacción constitucional y el andamiaje jurídico; Carlos Holguín, la administración en momentos clave. Ese triángulo trabajó desde una alianza mayor —la de conservadores e independientes reunidos en el Consejo Nacional de Delegatarios de 1885— que fue la fórmula política del régimen: una coalición de gobierno con base en Cartagena, Bogotá y Popayán, articulada por la prensa oficialista, el episcopado y las redes clientelares departamentales que la nueva Constitución había puesto en manos del Ejecutivo.

Alrededor de ese núcleo, la Regeneración tejió su apoyo en cuatro anillos. El primero fue el clero, restablecido en su función pública por el Concordato de 1887, con capacidad para movilizar opinión en los pueblos y legitimar el orden centralista desde el púlpito. El segundo fue la burocracia departamental, dependiente ahora del nombramiento central, con incentivo directo para sostener al régimen que la designaba. El tercero fue el ejército nacional recién creado, que sustituyó a las milicias estatales del federalismo y concentró el monopolio de la fuerza. El cuarto, más fluido, fue el de los publicistas y hacedores de doctrina —Caro mismo, José Manuel Marroquín, la red de gramáticos y humanistas conservadores— que dieron al régimen el prestigio letrado que el liberalismo radical había monopolizado durante décadas.

Frente a esa red se organizó la oposición, no menos densa. Los liberales radicales, herederos de Camacho Roldán, Galindo y Murillo Toro, sostenían el librecambio, el federalismo y la propiedad privada plena como principios innegociables, y disponían de sus propias redes: prensa capitalina, sociedades económicas, logias, universidades. A ellos se sumó una alianza inesperada: los grandes cafeteros y comerciantes exportadores, que en teoría debieron favorecer la depreciación monetaria pero cuyo endeudamiento en oro y cuya articulación con circuitos internacionales los convirtieron en enemigos activos del papel moneda. Mercaderes y banqueros de Bogotá, Medellín y la costa Caribe se opusieron a las reformas arancelarias y a la creación del Banco Nacional con poder exclusivo de emisión, y fueron el flanco financiero de la oposición que en 1896 logró la clausura del banco. Un tercer vector, minoritario pero significativo, fue el de los artesanos urbanos, cuya relación con la Regeneración fue ambivalente: beneficiarios teóricos del arancel proteccionista, resintieron sin embargo la inflación y la represión política.

Las regiones tuvieron pesos y funciones diferenciadas en esa red. Antioquia, con su tradición minera y su naciente industria, se benefició tanto de la protección arancelaria como de las conexiones ferroviarias hacia Puerto Berrío, y aportó al régimen apoyo empresarial matizado por su autonomía cultural. La Sabana de Bogotá consolidó su función de centro político y mercado agrícola del altiplano, y fue la base electoral y burocrática natural del gobierno. Santander conservó su especialización en textiles artesanales, en declive frente a las importaciones, y aportó a la Regeneración cuadros doctrinarios y a la oposición liberal buena parte de su tropa. El Cauca, empobrecido tras la abolición de la esclavitud y las guerras civiles, quedó rezagado; pero aportó al régimen a Caro y a un sector conservador de peso. La Costa Caribe —Barranquilla, Cartagena, Santa Marta— vivió del comercio exterior más que del interior; el río Magdalena, con sus vapores, fue el eje que conectaba puerto y altiplano y también la principal ruta por la que las importaciones penetraban al país. Honda y Medellín cumplieron funciones de nodo: la primera como bisagra fluvial, la segunda como capital de una economía regional que aprendía a proyectarse hacia el resto del país.

La red regeneradora fue, así, un sistema de alianzas y contrapesos con soporte institucional en la Iglesia, el ejército y la burocracia, doctrina en los humanistas conservadores y una geografía política que asignaba a cada región un lugar y una función.

Las tensiones estructurales

Detrás del elenco y del mapa regional se movían tensiones que ninguna decisión de gabinete podía cancelar. La primera y más visible fue la coexistencia de un proteccionismo declarado con una apertura efectiva. Reyes y sus sucesores, como Núñez antes, sostuvieron el discurso de la industria nacional y de la moneda nacional, pero mantuvieron concesiones especiales al capital extranjero en ferrocarriles, minería y agricultura de exportación. El grado de intervención económica de la Regeneración fue moderado si se lo compara con modelos contemporáneos como el de Porfirio Díaz en México o el de José Manuel Balmaceda en Chile, en parte por la debilidad fiscal del Estado colombiano y en parte por la inestabilidad crónica de los productos de exportación, que hacía imprevisibles los ingresos aduaneros y arriesgada cualquier política con pretensiones de horizonte largo.

La segunda tensión, más profunda, atañía al régimen agrario. El proyecto regenerador apostó por la gran hacienda cafetera como su ancla productiva, y no por los pequeños productores independientes. Esa apuesta tuvo consecuencias que la sola economía no captura. La hacienda inserta en el mercado mundial no logró cimentar las condiciones para el libre juego de las fuerzas de trabajo ni para liberalizar la sociedad jerárquica; la ampliación del mercado interno vía consumo campesino habría requerido un régimen agrario distinto, con más propietarios de tierra y más ingresos monetarios en el mundo rural. Ese régimen —la caficultura de pequeños y medianos productores— fue precisamente el que empezó a emerger desde comienzos del siglo XX en el viejo Caldas y sus áreas de influencia, y sería el rasgo característico de la economía cafetera del siglo XX. La paradoja es notable: el mercado interno que la Regeneración quiso construir por decreto acabó edificándose sobre una estructura agraria distinta de la que sus arquitectos habían privilegiado.

La tercera tensión, la que el material regenerador nunca resolvió, fue la persistencia regionalista. El elevado grado de centralización política alcanzado con la Constitución de 1886 no eliminó de inmediato las tendencias regionalistas. Todavía en la primera década del siglo XX, sectores dirigentes seguían concibiendo las antiguas secciones como entidades casi independientes, ligadas al resto de la República solo para efectos internacionales. Las guerras civiles del último período del siglo XIX cumplieron, paradójicamente, una función homogeneizadora que la legislación no había podido lograr: abolieron aduanas y pontazgos internos, igualaron regímenes jurídicos, comerciales, aduaneros y tributarios, y forzaron la disolución de los ejércitos y milicias regionales para concentrar el monopolio de la fuerza en el Estado central. Hasta 1886, cada estado federado organizaba y financiaba su propio ejército; el estado central contaba únicamente con una guardia nacional que nunca superó los setecientos hombres, dado que los liberales radicales se oponían ideológicamente a un ejército centralizado fuerte. Fue la violencia política, tanto como la ley, la que armó las condiciones institucionales de un mercado nacional.

Su huella: qué quedó del proyecto regenerador

Al cerrar la primera década del siglo XX el balance era ambiguo y prometedor. Existía por primera vez un marco jurídico unificado: un código de comercio, una legislación aduanera común, una moneda nacional —aunque destrozada por la guerra y en proceso de estabilización— y un Estado con capacidad de recaudación centralizada. Existía una red ferroviaria embrionaria que, aunque orientada al comercio exterior, ya conectaba tramos importantes del país. Existía un ciclo exportador cafetero con dinamismo propio, que empezaba a generar la demanda interna capaz de sostener manufacturas regionales. Existía un consenso oligárquico, hilvanado tras la Guerra de los Mil Días, sobre la vía de desarrollo. Y existía, aún incipiente pero real, una industria manufacturera protegida por el arancel de 1905 que iba a expandirse en las dos décadas siguientes.

No existía todavía, sin embargo, un mercado interno digno de ese nombre. La consolidación de un mercado nacional integrado, apoyada en el café, los vapores del Magdalena, los ferrocarriles y las carreteras, ocurrió de manera incipiente entre 1870 y 1930 y se consolidó para el conjunto de la producción manufacturera solo a mediados del siglo XX. Los fletes seguían siendo altos; la geografía seguía dictando su ley; la autosuficiencia regional seguía siendo la norma para la mayoría de la población rural. El proyecto había sembrado las condiciones institucionales, pero la maduración material requería décadas más y transformaciones —urbanización, industrialización sustitutiva, ampliación del consumo asalariado— que la Regeneración no vivió ni previó.

La huella del proyecto es, con todo, considerable. La Constitución de 1886 rigió a Colombia durante más de un siglo, hasta 1991, y su matriz centralista sigue reconociéndose en la arquitectura del Estado. El Banco de la República, creado en 1923, nació como corrección tardía del fracaso del Banco Nacional y heredó de él la aspiración a una moneda única, esta vez bajo reglas técnicas. El arancel de 1905 fijó el molde proteccionista que enmarcaría la industrialización sustitutiva del siglo XX. La red ferroviaria y de carreteras del Quinquenio orientó por décadas el trazado físico de la integración nacional. En ese conjunto —constitución, moneda, arancel, infraestructura— la Regeneración dejó las coordenadas duraderas de la Colombia moderna.

Junto a ese legado material, quedó otro más incómodo: la primacía del ciclo exportador sobre el mercado interno, que subordina periódicamente la política económica a los precios de dos o tres productos; la desigualdad entre el eje andino modernizado y unas periferias que nunca alcanzaron su ritmo; la fragilidad fiscal del Estado central frente a demandas de gasto que exceden sus ingresos ordinarios; la distancia recurrente entre discurso proteccionista y práctica aperturista. Cada una de esas tensiones, hoy legibles en el debate económico colombiano, reconoce en la Regeneración un antecedente que no se limita a lo simbólico.

Vista con distancia, la Regeneración fue el momento en que Colombia intentó, por primera vez de manera deliberada, dejar de ser una suma de regiones para volverse una economía nacional. El intento fue serio, coherente en su diseño y limitado en sus resultados. Fracasó parcialmente porque el Estado carecía de la capacidad fiscal y técnica para sostener sus propios instrumentos —el Banco Nacional derivó en agente de déficit, los ferrocarriles atendieron ante todo a la exportación, el proteccionismo fue moderado y discontinuo— y porque enfrentaba obstáculos estructurales que ninguna política podía disolver en una generación. Pero también sembró: el ciclo cafetero que iba a integrar realmente el mercado creció bajo su amparo institucional, y la industria que emergería en los años veinte se apoyó en el arancel de 1905 y en los ferrocarriles del Quinquenio. El mercado interno colombiano, ese objeto esquivo del siglo XIX, no fue obra de la Regeneración, pero sin la Regeneración su formación posterior habría sido distinta y probablemente más lenta. Como tantas cosas en la historia económica del país, fue un proyecto incompleto cuyo mayor legado consistió en fijar el marco dentro del cual lo que vino después tuvo que moverse.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Rafael Núñez: arquitecto principal del proyecto de mercado unificado mediante la Constitución de 1886, el Banco Nacional y la política arancelaria proteccionista
  2. 02Banco Nacional: instrumento monetario central de la Regeneración, creado en 1881 para emitir moneda de circulación nacional, que actuó en la práctica como agente fiscal inflacionario antes que como banco central
  3. 03Río Magdalena: arteria fluvial principal del comercio interregional colombiano, cuya navegación a vapor fue una de las palancas materiales de la integración incipiente entre 1870 y 1930
  4. 04Federalismo radical: régimen cuyas aduanas interestatales fragmentaron el mercado interior entre 1863 y 1885, constituyendo el principal antecedente institucional negativo que la Regeneración buscó superar
  5. 05Colonización antioqueña y hacienda cafetera: procesos materiales que, junto con los ferrocarriles, impulsaron la integración económica regional desde finales del siglo XIX
06

Documentos y fragmentos citados

41 documentos · 66 fragmentos

01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 16, 23, 823 citas
[1]

tales que los propietarios de recuas no aceptaban carga en las épocas de crudo invierno debido al gran riesgo para los anim ales. A un d u ran te el verano, los fletes de m uía fueron relativam ente altos: de 22 a 34 centavos por tonelada-kilóm etro a m ediados del siglo xix. En estaciones de lluvia o cuando la guerra…

p. 16
[3]

ciertas regiones y con un valor suficien tem ente alto para justificar los costos del transporte. Los m uiscas, por ejemplo, intercam biaban textiles de algodón y sal (escasa en casi todas las dem ás regio nes) por oro y conchas de m ar, con las com unidades de la hoya del M agdalena. Del m ism o m odo, los indígenas…

p. 23
[14]

bién se convirtió en el principal centro de acuñación de m oneda. El oro q u e llegaba a Santa Fe para ser acuñado y am o n ed ad o fue uno de los factores que contribuyó a que la ciu d ad se convirtiera en uno de los principales centros de acopio y distribución de m ercan cías im p o rtad as hacia el interior del…

p. 82
02The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 40, 1922 citas
[2]

size. By 1870, when Bogotá had slightly more than forty thousand inhabitants, its only rival was Medellín, with less than thirty thousand. The dozen next largest towns, scattered widely about the country, ranged in size from seven to thirteen thousand. 3 The combination of mountainous terrain and tropical climate…

p. 40
[49]

war in 1885. 7 The years 1883 through 1885 were also characterized by a rapid drop in the volume, though not in the price, of Colombian coffee exports. Between 1893 and 1902 the average price of Colombian coffee exported to the United States dropped steadily from eighteen cents per pound to five cents. These years…

p. 192
03Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1781 cita
[4]

la deficiencia y a veces la carencia de vías de comunicación y la excesiva reglamentación. El mercado interno colombiano solo vino a formarse prácticamente a finales del siglo xix y primeras décadas del xx. La actividad comercial giraba hacia el exterior: el occidente era minero; las regiones costaneras y cálidas,…

p. 178
04Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 15, 156, 1713 citas
[5]

s 150 kil ó metros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros) era una proe za de ingenier í a. Las v í as de comunicaci ó n — los mejores caminos de mu í as y los ferrocarriles — redujeron poco a poco los costos del transporte y permitieron un comercio interregional m á s activo, as í como la exportaci ó n de…

p. 15
[7]

una poblaci ó n similar, y que no a ñ adi ó entre 1500 y 1950 una sola especie exitosa a los cultivos locales y m á s bien dej ó perder muchas. Al mismo tiempo, la agricultura colonial y republicana, con su orientaci ó n hacia el uso extensivo de sabanas en ganader í a, impul s ó la deforestaci ó n y ayud ó a…

p. 156
[32]

gobern ó desde un pueblo remoto, pues ■ ai salud le imped í a subir a las alturas de Bogot á. Durante los gobiernos de 1886 a 1898 el gobierno, para obte ner recursos, cre ó un Banco Nacional al que dio el derecho de emi- lir billetes de curso forzoso. Su manejo fue descuidado o ilegal, pero la expansi ó n monetaria…

p. 171
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2101 cita
[6]

Cordillera Central y para las carretas en los altiplanos. Pero el hombre ya sólo rara vez es degradado como ani- mal de carga. El viaje por el río Magdalena de la costa hacia Bogotá duró, hace unos setenta años, siete días con aguas favora- bles, pero se podía demorar también semanas. Luego, tres días a caballo para…

p. 210
06Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 205, 2382 citas
[8]

el ac- ceso de las tierras bajas al mar sin afectar los costos de transporte entre éstas y las zonas templadas. La distancia económica entre una y otra zonas aumentó de manera especial con el advenimiento de la navega- ción regular a vapor en el Magdalena. Es claro, entonces, que aun sin los importadores de bienes…

p. 238
[23]

económicas y sociales se lograrían, según los liberales, aumentando la libertad individual. En ningún otro sentido fracasó tan estruendo- samente la política liberal como en sus efectos sobre el bienestar de la población agrícola. Sin duda, los agricultores colombianos se beneficiaron con las políticas librecambistas,…

p. 205
07Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 121 cita
[9]

es la natu- raleza salvaje y primitiva —dice—, pero más bello es aún el contraste que delante de ella forma la tierra ya cultivada y adecuada a las necesidades del hombre». Su descripción de los parajes que recorre entre Bogotá y Barranquilla destaca lo yermo y salvaje de tierras no ex- plotadas y lo que él denomina…

p. 12
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1371 cita
[10]

y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
09Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 3032 citas
[11]

productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

p. 303
[12]

productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…

p. 303
10El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 731 cita
[13]

Rica), aunque ninguno de estos sitios fue exitoso". El mercado interregional de ganado no fue una novedad de este período. Aún du- rante la Colonia, el ganado ayudó a integrar el país por medio de una división regional del trabajo. El ganado en el valle del alto Magdalena abasteció a Bogotá, Popayán, las haciendas…

p. 73
11Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 427, 4302 citas
[15]

etc., todos estos puestos se multiplicaban capricho samente para sonsacar el dinero a una sociedad ávida de preeminencias o de gentes deseosas de hacer una inversión estable. Las operaciones comerciales eran de dos tipos. Por un lado, el comercio al por mayor de bienes procedentes de España. Era este comercio el que…

p. 430
[16]

En cierta medida, las regio nes en donde circulaba la plata eran las que conocían los beneficios del oro. Era de allí de donde salían los «frutos de la tierra» y descendían por el río Magdalena hasta el Nare y Mompox para alcanzar los centros mineros de Remedios, Gáceres y Zaragoza. Los mineros mismos cambiaban…

p. 427
12El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 126, 1332 citas
[17]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
[59]

propone que el ciclo de precios internacionales, la dispo- nibilidad de mano de obra para los requerimientos iniciales de la expansión, las condiciones ecológicas del país y la existencia de una infraestructura de transportes mínima que se había consolidado en la era precafetera, ex- plican mucho más el ascenso y…

p. 133
13El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 82, 85, 883 citas
[18]

Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

p. 82
[55]

1900 1905 1910 Fuentes: Basado en: 1 Véase cuadro 2.2 107 120 353 270 500 570 (EN 000, SACOS DE 60 KILOS) Total «suave» 2 Brasil 3 4 847 5 568 4 894 6 327 4096 4444 4 420 7 237 4 982 9 454 4 553 10524 3 976 15 324 2, 3, 4 Roth, Die Ubererzengung, pp. 63 y ss. Gran total 4 10415 11211 8 540 11657 13 941 15 077 19 300…

p. 88
[63]

del Estado colombia- no se desenvolvió la lucha política de la segunda mitad del siglo XIX. El equilibrio de las fuerzas hacía inevitables las guerras. Como éstas nunca se llevaban hasta sus últimas conse- cuencias --el aniquilamiento del vencido, debido, entre otras cosas, al alto grado de partici- pación directa de…

p. 85
14Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3511 cita
[19]

El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…

p. 351
15Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 197, 3503 citas
[20]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
[40]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[66]

el gobierno del general Rafael Reyes (1904-1909), centrado en los valores de Orden y Progreso, parecía ser el antídoto a los males que consumían la re- 1. Nos haríamos interminables si citáramos aquí el grupo de mujeres intelectuales y obreras que participaron de los ideales modernizadores y rebeldes del momento,…

p. 350
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 92, 1132 citas
[21]

de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
[31]

fue bruscamente eliminado cuando en 1887 se decidió suspender el derecho a emisión de los bancos privados. La obligatorie- dad en la recepción de los billetes del Banco Na- cional creado en 1880, mediante la figura del cur- so forzoso de papel moneda, el gobierno de Rafael Núñez logró convertir al Banco Nacional en su…

p. 92
17Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 114, 1232 citas
[22]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
[35]

los billetes. El Banco era independiente en su diseño institucional y al secreta- rio de Hacienda se le prohibía asistir a su junta directiva. Sin embargo, sus compromisos de emisión moderada no fueron creíbles, en especial el de no superar el límite de los 12 millones de pesos, que era en ese entonces el presu-…

p. 123
18Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 47, 702 citas
[24]

de Independencia, influida por la ideología utilitarista, presionaba un ambicioso programa de reformas tendiente a vincular la economía colombiana al mercado mundial. Entre las reformas propuestas descollaban la supresión de algunos monopolios estatales --siendo el del tabaco el más importante--, la adopción formal…

p. 47
[57]

hasta los años veinte, y luego bajo la República Liberal, hasta 1946. Económicamente, con la consolidación del café como producto de exportación, se inició un lento proceso de ampliación del mercado nacional. Posteriormente las coyunturas internacionales exigieron la sustitución de importaciones, generando las bases…

p. 70
19Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 882 citas
[25]

la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…

p. 88
[26]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[27]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
21Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 8, 28, 313 citas
[28]

la baja oferta agraria, los precios tendían a subir. Para la época se aducían como causas del atraso de la agricultura las siguientes: la concen- tración de la propiedad del suelo en pocas manos, el ausentismo, la inse- guridad en la vida campestre (por las guerras civiles, las expropiaciones y confiscaciones de…

p. 28
[45]

públicas a partir de 1886." Capítulo 1 31 Vista panorámica de Bogotá en 1895. con las fábricas de Tívoli y Fenicia (envases de vidrio) en primer plano. El primer decenio de la Regeneración comportó una reactivación económica. bio y de la decadencia económica ge- neral que se había iniciado a mediados de los años…

p. 31
[56]

que se han adoptado aquí para la subdivisión cronológica del tema. De hecho, en sus comienzos en las últimas décadas del siglo XIX, la expan- sión cafetera se asentó sobre un régimen de haciendas, principalmente en el occi- dente de Cundinamarca, los Santande- res, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. Sin…

p. 8
22Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 341 cita
[29]

our export goods at a disadvantage with respect to similar goods from other countries.” He pointed out that Mexico, Argentina, and Chile had entered a new era thanks chiefly to railroads that had helped bring both prosperity and peace. “For Colombia,” he concluded, “the moment has come to enter the main- stream unless…

p. 34
23Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 57, 632 citas
[30]

many of the Conservatives backing Nunez must have felt they were entitled to take any steps necessary to secure their continued exclu- sive enjoyment of the honors and perquisites of public office. Moreover, many leading Nationalists sincerely believed theirs was a sacred mission to rescue Colombia from the dangers…

p. 57
[36]

power, with the blessing of the state, "to impose onerous conditions on their debtors." Caro believed that behind the demand for free stipulation lay the desire to dismantle the entire re- gime of paper money that the Regeneration had constructed. Oppo- nents of paper money proceeded from the false assumption that…

p. 63
24The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4831 cita
[33]

granted the right to issue $4,000,000 in bills, without any obligation to so redeem them. This was the beginning of fiat money in Colombia. By a law of 1881 private banks were bound to accept the National Bank bills at their face value, under pen- alty of losing their own right to issue notes. Worst of all, it was…

p. 483
25Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2231 cita
[34]

idea, marcada por un individualismo acen- drado, se pronunció Rafael Núñez, quien siempre propugnó por la con- sagración de la potestad de emisión como privilegio exclusivo del Estado. Entre los escritores que defendieron con vehemencia el privilegio de emi- sión a favor del Estado se recuerda a Felipe de Ángulo y a…

p. 223
26Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 59, 612 citas
[37]

e el manifiesto proteccionismo de N úñe z y la c re ación del Ba nco Nac ional y del papel mone da plantaron la se- milla de la industrialización co mo un p royec to de d esarrollo na - cional autónomo. El grad o de inter vención eco n ómica de la Re ge n erac i ón fue moderado en compara ci ón co n otros modelo s co…

p. 59
[58]

- sacciones con el extra njer o en moneda -o ro y vivían e nd eudados: l as exportaciones de un año pa g aban las importa c ion es del año anterior. Así hubi e ra res ultado que se beneficiaron de la inflación 61 62 M arco Palacios causada por las emisiones de papel moneda, tales benefici os de- bieron quedar anulados…

p. 61
27Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 130, 1344 citas
[38]

la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…

p. 134
[39]

la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…

p. 134
[53]

las manufacturas del país, más con el ánimo de controlar la balanza de pagos de otorgar garan- tías efectivas a la artesanía, para no hablar de la industria fabril, pues el proyecto de los Regeneradores consistió más bien en de- sarrollar la gran hacienda cafetera. 67 Ibid., p. 48. 134 ECONOMÍA Y NACIÓN Uno podría…

p. 130
[54]

las manufacturas del país, más con el ánimo de controlar la balanza de pagos de otorgar garan- tías efectivas a la artesanía, para no hablar de la industria fabril, pues el proyecto de los Regeneradores consistió más bien en de- sarrollar la gran hacienda cafetera. 67 Ibid., p. 48. 134 ECONOMÍA Y NACIÓN Uno podría…

p. 130
28Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1231 cita
[41]

de otro lugar 46. La percepción de los vencedores de la Guerra Civil de 1884 a 1885 era que la constante inestabilidad política era la culpa - ble de todos los males que aquejaban el país. Y en especial, consideraban que la causa de esta inestabilidad era el sistema de gobierno federado. Entonces, una vez finalizada…

p. 123
29Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 981 cita
[42]

caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…

p. 98
30Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 961 cita
[43]

unity among all Colombians who have had to learn to live under the guidance and protection of the same institutions. Several forces worked toward this end. We will begin with the armed forces, which began to take shape as a unified and hierarchically organized institution in 1886. Until that date, which represents the…

p. 96
31Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2131 cita
[44]

directores natos del Estado» al mismo tiempo que concebían a las antiguas secciones como unas entidades independientes, ligadas al resto de la República sola- mente para efectos internacionales. Así sucedía en la primera década del siglo xx, no obstante el elevado grado de centralización política alcanzado con la…

p. 213
32Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 17, 302 citas
[46]

due ñ a de la Naviera Colombiana, de una bien montada red de almacenes de dep ó sito, secadoras y trilladoras de caf é en diversas regiones del pa í s. MANUAL DE HISTORIA III 35 III Los transportes. Los ferrocarriles As í, pues, la aspiraci ó n por parte de la burgues í a para montar un ent á ble industrial era…

p. 30
[50]

a pocas operaciones, las ú ltimas, se obviaba en buena medida el obst á culo que presentaba la escasez de capitales y de t é cnica ” 2. Por un corto tiempo, pero el suficiente para adquirir un dina mismo propio, la industria pudo desarrollarse ampliamente en casi todas las regiones del pa í s al amparo de este tipo de…

p. 17
33Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1651 cita
[47]

pursued by the Reyes govern- ment worked against the expansion of coffee in its former 'speculative' manner. The impact of the railways on coffee expansion before 1920 has recently been exaggerated. 25 By 1898, the end of the first cycle of ex- pansion, in Cundinamarca and Tolima there were only 65 kilometres of track…

p. 165
34Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 301 cita
[48]

por Pepe Sierra, consuegro y amigo personal de Reyes, y aunque no tuvo los resultados esperados, durante el periodo se ocupó de la política monetaria, administró las finanzas guber- namentales, corrigió los déficits presupuestales e hizo posible el pago de la deuda externa. En cuanto al Ministerio, adelantó lo…

p. 30
35Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5381 cita
[51]

nuestros pro - ductos de exportación. En la Memoria de 1885, el secretario de Fomento, don Napoleór Borrero, ha escrito: «La crisis económica que atraviesa hoy el país y los malos elementos que tien- den a destruir el orden social, no tienen a mi modo de 539 Eíndnice r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge ver, remedio…

p. 538
36Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 111 cita
[52]

La inflacién encarecié las importacio- nes y estimulé la especulacién, la cual favorecié a los comerciantes, quienes la aprovecharon para amasar nuevos capitales. En las ultimas décadas del siglo xix el pais pre- sencié el auge del café, el producto agricola que se convirtié desde entonces en el principal monocul-…

p. 11
37¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[60]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
38Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 5121 cita
[61]

de Amagá. Encontró todas las dificultades de rigor, y el término que se le dio para iniciar la producción hubo de ser prorrogado, pero ya en 1869 su producción había hecho disminuir la importación de hierro 632. En 1870 era «la empresa de más porvenir que se ha acometido en el Estado» 633. Poco 630 Pero no se pasó de…

p. 512
39The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1821 cita
[62]

much of the Caribbean coast remained morally and politically suspect and outside official control, which encouraged Catholic missions to its hinterlands. The largely Jesuit project to stamp out concubinage and Liberalism reinforced the divide between city and countryside, in the process overlaying new exclusions with…

p. 182
40Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 331 cita
[64]

del centenario de la Independencia en 1910. Como lo señala Miguel Ángel Urrego, “la coyuntura que representó la Guerra de los Mil Días había desestructurado parcialmente la relación de fuerzas entre los partidos, sin que ello hubiese significado un cambio en los fundamentos del orden político dominante. La guerra…

p. 33
41Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1301 cita
[65]

to guarantee the opposition a reasonable number of seats in Congress, department assemblies, and municipal councils. To do so, in 1905 he arbitrarily dissolved the overwhelmingly Con- servative Congress and convoked in its place a national assembly, which voted to extend his presidential term from six years to 10.…

p. 130