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Biografía

Manuel Murillo Toro

Estados Unidos de Colombia

1816–1880

15 min de lectura24 documentos
Nacimiento1816, Chaparral, Tolima
Fallecimiento1880
RolesPeriodista · Abogado
Lugar principalColombia
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

Manuel Murillo Toro (Chaparral, 1816 — 1880) fue el principal ideólogo del liberalismo radical colombiano, dos veces presidente de la República (1864-1866 y 1872-1874) y arquitecto silencioso de las reformas de medio siglo que transformaron el país. Periodista antes que gobernante, secretario de Hacienda antes que jefe de Estado, doctrinario antes que estratega, encarnó como pocos el proyecto federal, laico y civilista que definió al radicalismo entre la caída de la República Conservadora y el amanecer de la Regeneración. Su influencia se ejerció menos desde las dos presidencias —encorsetadas por el mandato bienal de la Constitución de Rionegro— que desde la pluma, el gabinete y la conducción doctrinaria del partido. Cuando murió, en 1880, con Rafael Núñez recién elegido para su primer periodo, el régimen radical perdió a su líder aglutinador y comenzó a desmoronarse el orden que él había ayudado a fundar.

02

Línea de vida

  1. 1847

    Fundación de la Gaceta Mercantil

    Leer contexto

    El 22 de septiembre de 1847 fundó en Santa Marta la Gaceta Mercantil, periódico que dirigió con el propósito explícito de preconizar las ideas liberales. Fue pionera en suministrar noticias internacionales frescas y se pronunció por la libertad absoluta de imprenta, denunciando como 'escándalo vergonzoso' la condena a muerte de un escritor en un país vecino por supuestamente provocar una revolución con sus escritos.

  2. 1849

    Secretario de Hacienda e ideólogo de las reformas de López

    Leer contexto

    Nombrado Secretario de Hacienda por José Hilario López, se convirtió en el ideólogo y principal inspirador del programa reformista más ambicioso de la República hasta entonces: supresión del estanco del tabaco, eliminación de gravámenes coloniales como la alcabala, los diezmos, los derechos de exportación y el impuesto al aguardiente, y adjudicación de baldíos a pobladores que establecieran casa y labranza en extensiones no mayores a sesenta hectáreas por familia.

  3. 1853

    Crítica al laissez-faire de Jean-Baptiste Say

    Leer contexto

    Publicó su crítica más dura al credo económico dominante, calificando la doctrina del laissez-faire de 'egoísta y desastrosa' y resumiéndola como 'dejar hacer, o lo que es lo mismo: dejar robar, dejar oprimir, dejar que los lobos devoren a los corderos'. Esta postura lo situó en un lugar singular dentro del liberalismo colombiano: rechazaba el dogmatismo librecambista sin abrazar el proteccionismo cerrado.

  4. 1856

    Artículo 'Necesidades del país' en El Neogranadino

    Leer contexto

    El 8 de enero de 1856 publicó en El Neogranadino el artículo 'Necesidades del país', en el que caracterizó las aduanas como 'una necesidad transitoria, por el carácter de recurso fiscal', diferenciándose de Florentino González, quien defendía abiertamente su supresión. Esta posición pragmática definió su perfil como reformador que negociaba entre el ideal doctrinario y las restricciones materiales del Estado.

  5. 1864

    Primera presidencia y fundación del Diario Oficial

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    Llegó por primera vez a la Presidencia en 1864, intercalado entre los dos periodos de Mosquera. Mediante decreto del 28 de abril de 1864 fundó el Diario Oficial, ordenando su publicación a partir del 29 de abril en reemplazo del Rejistro Oficial. El decreto fijó detalles como la hora de salida de imprenta (las siete de la mañana, excepto los lunes) y sentó un patrón normativo que se conservaría en medidas oficiales posteriores. El Diario Oficial sigue publicándose en la actualidad.

  6. 1872

    Segunda presidencia (1872-1874)

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    Regresó a la Casa de Nariño en 1872, sucediendo a Eustorgio Salgar y precediendo a Santiago Pérez. Gobernó dentro de los estrechos límites de la Constitución de Rionegro —mandato de veinticuatro meses, sin reelección inmediata, sin ejército nacional— con un estilo civilista y doctrinario opuesto al caudillismo militar. Su segunda administración se distinguió por la continuidad institucional y el vocabulario civilista antes que por reformas legales de gran calado.

  7. 1880

    Muerte y fin de la cohesión radical

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    Murió en 1880, el mismo año en que Rafael Núñez fue elegido para su primer periodo presidencial. Con su desaparición, el liberalismo radical perdió a su líder aglutinador y doctrinario, y comenzó a desmoronarse el orden que él había ayudado a fundar. Su legado intelectual fue reconocido décadas después al situársele en la misma línea del socialismo liberal colombiano que continuarían Rafael Uribe Uribe, Benjamín Herrera y Jorge Eliécer Gaitán.

El tolimense que se hizo un apellido

Murillo nació en Chaparral, en la vertiente occidental de la cordillera Central, en tierra caliente y de tradición mestiza. Su formación temprana estuvo marcada por la escasez: pudo cursar el bachillerato solamente gracias a la caridad de su madrina, Ana Toro, en un gesto que marcaría su biografía de manera literal. En reconocimiento agradecido, el joven Manuel Murillo añadió a su nombre el apellido de su benefactora, y así quedó registrado para la historia como Manuel Murillo Toro. El detalle es más que anecdótico: revela a un hombre que llegó a la élite letrada sin patrimonio familiar ni linaje que lo respaldara, y que hizo del reconocimiento del favor recibido una parte inseparable de su identidad pública.

Formado luego en la Escuela de Derecho de Bogotá, entró en el ambiente ilustrado de la capital neogranadina en los años en que las ideas del liberalismo europeo comenzaban a filtrarse en los círculos universitarios. Su liberalismo, sin embargo, tenía una raíz distinta de la de otros protagonistas de su generación. Los Galindo, por ejemplo, llegaron al bando liberal por un agravio familiar directo —la ejecución del padre por el régimen conservador—; Murillo, en cambio, arribó al credo por vía intelectual, por lectura y convicción antes que por herida. Esa diferencia genealógica importa: mientras otros liberales tenían con el conservatismo una cuenta pendiente de sangre, Murillo tenía con él una discrepancia de principios. Su radicalismo sería siempre más doctrinario que vengativo, más argumentativo que combativo. Décadas después quedaría situado en la misma línea del socialismo liberal colombiano en que se inscribirían Rafael Uribe Uribe, Benjamín Herrera y, más tarde, Jorge Eliécer Gaitán.

El periodista antes que el presidente

Antes de ser cualquier otra cosa, Murillo Toro fue periodista, y este oficio no fue en él una ocupación complementaria sino su forma primaria de intervenir en la vida pública. El 22 de septiembre de 1847 fundó en Santa Marta la Gaceta Mercantil, dirigida por él mismo con el propósito explícito de preconizar las ideas liberales. La Gaceta fue pionera en suministrar noticias internacionales frescas y se pronunció con vehemencia por la libertad absoluta de imprenta. En uno de sus artículos más recordados denunció como "escándalo vergonzoso" la condena a muerte de un escritor en un país vecino por supuestamente haber provocado una revolución con sus escritos. La libertad de expresión no era para él un adorno programático sino una convicción operativa.

Su tribuna más influyente, sin embargo, fue El Neogranadino de Bogotá, en cuyas páginas se ventilaron los debates económicos más álgidos de los años cincuenta: aranceles, aduanas, libre comercio, política agraria. Allí publicó, el 8 de enero de 1856, el artículo "Necesidades del país", en el que fijó una de las posiciones que mejor lo definirían. Frente a quienes, como Florentino González —también colaborador del Neogranadino—, defendían abiertamente la supresión de las aduanas en nombre del librecambio doctrinario, Murillo las consideraba "una necesidad transitoria, por el carácter de recurso fiscal". No las defendía como institución deseable ni las combatía como aberración: las aceptaba como herramienta pragmática de un Estado que aún carecía de otras fuentes de ingreso confiables.

Tres años antes, en 1853, había publicado su crítica más dura al credo económico dominante. El laissez-faire de Jean-Baptiste Say y su escuela, sostenía Murillo, era una doctrina "egoísta y desastrosa" que podía resumirse en tres palabras: "dejar hacer, o lo que es lo mismo: dejar robar, dejar oprimir, dejar que los lobos devoren a los corderos". La frase compartía el lenguaje encendido de los draconianos y los artesanos, quienes desde los años cuarenta acusaban a los librecambistas —a los que llamaban despectivamente "los ricos"— de egoísmo y falta de patriotismo por respaldar teorías que arruinarían la manufactura nacional. Murillo no era exactamente un draconiano —su horizonte era más amplio y su cultura más doctrinaria—, pero compartía con ellos la desconfianza hacia el liberalismo económico dogmático y la intuición de que un país agrario y periférico no podía asumir sin más las recetas escritas para las metrópolis europeas.

Esta postura lo situaba en un lugar singular dentro del liberalismo colombiano: rechazaba el dogmatismo librecambista sin abrazar el proteccionismo cerrado, y admitía instrumentos fiscales del antiguo régimen como transición necesaria hacia un orden distinto. Era un liberal templado por el pragmatismo fiscal, un reformador que entendía la política económica como una negociación permanente entre el ideal doctrinario y las restricciones materiales.

Secretario de Hacienda: la reforma de medio siglo

Su momento decisivo llegó cuando José Hilario López, elegido presidente el 7 de marzo de 1849 por el Congreso —tras no obtener mayoría absoluta en la votación popular y en medio de una tormentosa sesión con presencia de un pueblo vociferante—, lo nombró Secretario de Hacienda. En ese cargo, Murillo Toro se convirtió en el ideólogo y principal inspirador del programa de reformas más ambicioso que había conocido la República hasta entonces.

Durante el gobierno de López, con Murillo coordinando la política fiscal, se suprimió el estanco del tabaco —el monopolio estatal que había sido pilar de las finanzas públicas desde la Colonia—; se eliminaron numerosos gravámenes coloniales, entre ellos la alcabala, los derechos de exportación, los diezmos, el impuesto al aguardiente y los de hipoteca y registro. La política agraria dispuso la adjudicación de baldíos a pobladores que establecieran casa y labranza, con extensiones generalmente no mayores a sesenta hectáreas por familia, en un intento por democratizar el acceso a la tierra sin desbaratar la propiedad existente.

La contradicción central del programa era estructural: al abolir el estanco del tabaco, uno de los principales proveedores de recursos del Estado, la reforma probablemente disminuyó los ingresos fiscales, precisamente en el momento en que se aspiraba a un Estado capaz de emprender obras públicas, comunicaciones y educación. Aquí se vislumbra ya el nudo del proyecto radical: liberar las fuerzas económicas del corsé colonial exigía debilitar el Estado que había vivido de ese corsé, y ningún ingreso nuevo llegaba con la rapidez suficiente para sustituir al viejo. La política aduanera —"necesidad transitoria", como la llamaba Murillo— quedaba así encargada de sostener un edificio que las propias reformas habían aligerado peligrosamente.

Fue en esos años, más que en ningún otro momento, cuando Murillo Toro dejó su huella más profunda. Sin ser presidente, redactó el guión de una transformación que abolió la esclavitud, desmontó los últimos vestigios del pacto colonial y abrió el camino al federalismo. Cuando dos décadas más tarde ocupó la Casa de Nariño, se esperaba de él que continuara esa obra reformista; pero para entonces el marco constitucional había cambiado y las oportunidades ya no eran las mismas.

La primera presidencia (1864-1866)

Murillo Toro llegó por primera vez a la Presidencia en 1864, intercalado entre los dos periodos de Tomás Cipriano de Mosquera (1861-1864 y 1866-1867). Heredó un país exhausto por la prolongada guerra iniciada en 1860, que había culminado con la victoria mosquerista y la promulgación de la Constitución de Rionegro en 1863. Su administración debió enfrentar tres frentes de tormenta: los rescoldos de la revolución conservadora, particularmente activos en Antioquia; el malestar del sector clerical por las normas de tuición y desamortización de manos muertas dictadas por Mosquera; y los esfuerzos persistentes de los conservadores por recuperar el poder por medios políticos o insurreccionales.

Murillo no había participado en la redacción ni en la promulgación de la Constitución de Rionegro, aunque respaldaba sus disposiciones federativas y su generosa carta de libertades civiles. No aprobaba sus normas eclesiásticas más duras. Esa distancia definiría buena parte de su estilo de gobierno: era federalista sin ser sectario, liberal sin ser jacobino.

La Carta de 1863 dividió la nación en nueve estados soberanos. Cada uno ejercía todas las funciones no expresamente reservadas al gobierno central, mantenía milicias propias, determinaba quién votaba en su territorio y podía bloquear cualquier reforma constitucional mediante un requisito de unanimidad casi imposible de superar. El presidente de la Unión gobernaba durante veinticuatro meses, sin reelección inmediata y sin poder intervenir en los asuntos internos de los estados. Era menos un jefe de Estado que un moderador federal con presupuesto reducido.

Dentro de esos estrechos límites, Murillo ejerció el poder con la sobriedad civil que sería su marca. La medida que mejor sintetiza su estilo y su formación fue la fundación del Diario Oficial mediante decreto del 28 de abril de 1864, que ordenaba su publicación a partir del día siguiente en reemplazo del Rejistro Oficial, hasta entonces órgano del ejecutivo. El decreto —redactado por un presidente que era también periodista de oficio— fijaba detalles tan concretos como la hora de salida de imprenta (las siete de la mañana, con excepción de los lunes) y sentó un patrón normativo que se conservaría en medidas oficiales posteriores. El periodista-presidente dejó plasmada en un decreto administrativo la convicción de que la publicidad de los actos de gobierno era condición del régimen republicano. El Diario Oficial sigue publicándose hoy: pocos gestos de la primera presidencia radical han tenido descendencia tan larga.

En 1866, al concluir su mandato, entregó el poder a un breve interregno en el que José María Rojas Garrido ejerció la presidencia antes del retorno de Mosquera. La transición no estuvo exenta de tensiones, pero se cumplió sin ruptura del orden constitucional, algo que en el siglo XIX colombiano ya era un logro.

La segunda presidencia (1872-1874)

Regresó a la Casa de Nariño en 1872, sucediendo a Eustorgio Salgar (1870-1872) y precediendo a Santiago Pérez (1874-1876). Las heridas de la guerra de 1860 estaban más cicatrizadas, el proyecto federal parecía estabilizado y el país entraba en una fase en que las ideas de progreso material dominaban el imaginario ilustrado: telégrafo eléctrico, vapores, ferrocarriles. La generación radical había hecho suya la convicción de que estas tecnologías podían sacar al país del atraso, y buena parte de su política de comunicaciones se inscribió en ese clima.

Frente a las presidencias mosqueristas, que habían acostumbrado a la ciudadanía a un ejecutivo militar y personalista, Murillo representaba lo contrario: un abogado, un periodista, un doctrinario que gobernaba desde el gabinete y el despacho, no desde la silla de campaña. Al caudillo victorioso que hacía de la guerra un método de gobierno, el radicalismo civilista oponía otra gramática del poder: la deliberación pública, la publicidad de los actos oficiales, la separación entre autoridad militar y autoridad civil. La segunda presidencia se recuerda menos por reformas legales de gran calado que por esa insistencia en el vocabulario civilista y por una continuidad institucional que empezaba a ser, en sí misma, un logro raro.

La fragilidad de esa segunda administración no era personal sino sistémica. La Constitución de Rionegro había diseñado un ejecutivo tan débil que ningún presidente podía sostener planes a largo plazo en transporte, comunicaciones o educación. El mandato de veinticuatro meses agudizaba la dispersión del poder; la prohibición de reelección inmediata impedía la continuidad; la ausencia de un ejército nacional dejaba al gobierno central sin herramienta coercitiva; y el requisito de unanimidad para reformar la Carta convertía cualquier ajuste estructural en misión imposible. Murillo gobernó dentro de esa camisa de fuerza, y su moderación fue tanto una virtud personal como el reflejo obligado del marco en que se movía.

La red radical y la generación del Olimpo

Murillo Toro fue reconocido como el líder de larga data de los liberales radicales, y esa condición no derivaba solo de su currículo sino de una autoridad doctrinaria que ningún otro dirigente disputaba. En torno a él se articuló la generación conocida después como el Olimpo Radical: Salvador Camacho Roldán, Aquileo Parra, Santiago Pérez, Santos Acosta, Ezequiel Rojas, entre otros. Hombres formados en las escuelas de derecho, dedicados preferentemente a la política y a la ideología; cuando no ocupaban cargos públicos, se refugiaban en la enseñanza y el periodismo.

La composición intelectual del grupo tenía marca de origen. Su ideología mezclaba influencias de Frédéric Bastiat, Jean-Baptiste Say —sí, el mismo Say que Murillo había criticado en 1853, prueba de que la relación de los radicales con el liberalismo económico europeo era matizada y no simple adhesión— y, sobre todo, el utilitarismo político de Jeremy Bentham, enseñado en las escuelas de derecho colombianas durante casi todo el siglo XIX. Los textos de Say y Antoine Destutt de Tracy eran los más utilizados por los profesores de economía política, y las bibliotecas privadas de la élite letrada guardaban abundantes volúmenes en francés. El radicalismo colombiano fue, en gran medida, la traducción política de esa cultura letrada afrancesada.

Una tensión atraviesa la biografía intelectual de Murillo. Criticaba el laissez-faire de Say, pero era Say quien se enseñaba en las aulas donde se formaban sus correligionarios. Defendía el federalismo, pero gobernaba bajo una constitución que atomizaba el mercado interior —los estados llegaron a establecer aduanas entre sí durante los años setenta— y desarmaba al Estado central hasta dejarlo incapaz de intervenir cuando en algún estado se levantara una facción contra el gobierno existente, situación consagrada legalmente por la Ley 20 de 1867. Respaldaba las libertades de Rionegro pero rechazaba sus normas eclesiásticas. Estas discrepancias no son fallas de coherencia biográfica: son el mapa preciso de las tensiones internas del proyecto radical. Murillo capturó esas contradicciones porque las vivió, no las resolvió; y su liderazgo se sostuvo, entre otras razones, porque su pensamiento era lo bastante flexible para albergar las diferentes almas del liberalismo colombiano bajo un mismo paraguas.

El liberalismo de la época era una coalición amplia que incluía desde el proteccionismo artesanal draconiano hasta el librecambismo doctrinario de Florentino González, canalizando intereses regionales y étnicos muy variados. Murillo tenía la rara habilidad de hablar a todos esos sectores sin fracturarse. Cuando faltó él, faltó también el eje que mantenía la coalición en pie.

El precio del experimento federal

La Constitución de Rionegro fue producto de la victoria mosquerista, no de la pluma de Murillo, pero definió el marco en que él debió gobernar y ejercer influencia durante los quince años siguientes. Garantizó libertades de vanguardia para la época —libertad religiosa, libertad de expresión e imprenta, mantenimiento de la abolición de la pena de muerte, audacia jurídica que asombraba a Víctor Hugo—; y el precio de esas libertades fue una arquitectura institucional que dejó al Estado central sin músculo para sostenerlas más allá de las capitales.

La incapacidad del gobierno de la Unión para intervenir en la política de los estados soberanos durante los años setenta generó un resquebrajamiento de la unidad política y del mercado interior. Las rivalidades regionales llevaron a establecer aduanas entre estados: el mismo instrumento fiscal que Murillo había defendido como "necesidad transitoria" en el plano nacional se volvió herramienta de balcanización interna. La Constitución que garantizaba libertades ejemplares era también la que impedía construir el Estado capaz de hacerlas efectivas.

Murillo Toro vivió esa paradoja sin resolverla. Fue el rostro civilista del federalismo radical y, al mismo tiempo, uno de los pocos dirigentes que percibía sus límites estructurales. Que fuera él, y no otros, quien pudiera mantener el equilibrio dentro de esa arquitectura frágil, explica en buena medida por qué su muerte en 1880 fue tan decisiva.

La muerte y la Regeneración

Murió en 1880, a los 64 años, en el momento exacto en que Rafael Núñez era elegido para su primer periodo presidencial. La coincidencia no fue casual en sus efectos: dos años antes, al inaugurar su presidencia del Senado de Plenipotenciarios, Núñez había enunciado el dilema "regeneración administrativa fundamental o catástrofe". En aquel momento aún contemplaba una reforma administrativa sin sustituir el sistema federal ni los fundamentos de Rionegro. Pero el movimiento estaba en marcha.

Tras la guerra civil de 1876-1877, el Partido Liberal se había fracturado entre radicales e independientes. Estos últimos comenzaron a aliarse con los conservadores que apoyaban a Núñez, mientras los radicales presentaron a Aquileo Parra como candidato. La derrota de Parra frente a Núñez en 1880 selló el desplazamiento del radicalismo del poder ejecutivo, aunque el orden constitucional de Rionegro se mantendría formalmente vigente hasta 1886.

La muerte de Murillo Toro en ese mismo año selló el destino del régimen radical liberal. Mientras vivía, Murillo era el líder aglutinador cuya autoridad doctrinaria mantenía cohesionadas las tendencias diversas del partido. Su desaparición dejó al radicalismo sin árbitro interno en el momento en que más lo necesitaba. En julio de 1882, Núñez advertiría que si el pueblo se persuadía de que las instituciones liberales no aseguraban los beneficios prometidos, se abriría camino a una poderosa reacción irrefrenable. Cuatro años después, la Constitución de 1886 haría realidad esa reacción.

La rigidez misma de la Carta de Rionegro —el requisito de unanimidad para reformarla— hizo que el tránsito hacia el nuevo orden no pudiera realizarse por los mecanismos previstos: exigió una ruptura política con el orden constitucional vigente. La Regeneración no fue reforma sino sustitución. Y Murillo, que no vivió para verla, había sido en vida el principal obstáculo a esa sustitución: mientras él encarnó al radicalismo, la posibilidad de un pacto interliberal con los independientes de Núñez podía plantearse; muerto él, esa posibilidad se cerró.

La huella

La memoria del personaje sigue las líneas de fractura del país. Cierta historiografía de filiación radical asumió una lectura favorable al partido y condenatoria de la Regeneración; desde el lado opuesto, la tradición regeneracionista y conservadora leyó al radicalismo como responsable del caos federal, del debilitamiento del Estado y de la persecución a la Iglesia. Murillo Toro, situado entre ambos fuegos, ha resistido mejor que otros dirigentes del período: incluso quienes discrepan de su proyecto reconocen su seriedad, su desinterés personal y su estatura intelectual.

Queda, en el fondo, la figura de un tolimense que llegó a la política sin patrimonio ni linaje, que hizo del periodismo su tribuna y de la reforma administrativa su método, que gobernó dos veces sin dejarse embriagar por el poder ni tentar por la reelección, y que murió en el momento exacto en que el proyecto de su vida comenzaba a desmoronarse. No fue el más brillante orador de su generación —Camacho Roldán lo superaba— ni el más audaz reformador —Mosquera lo desbordaba—, pero fue el que mejor supo articular las ideas y las tensiones del liberalismo radical en un lenguaje que la República podía entender. Por eso su nombre sigue asociado, con más fidelidad que ningún otro, al momento en que Colombia intentó ser una república federal, laica y civilista. Que el intento fracasara no le resta grandeza al proyecto: le añade, más bien, la dignidad de las causas que definen una época incluso cuando pierden.

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

24 documentos · 27 fragmentos
01When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 421 cita
[1]

its laws."38 The younger Galindo went on to become a convinced Liberal and implacable enemy of those who executed his father. He could no more have become a ConseIVative than he could have viewed his father as other than a martyred ul over of liberty" and patriot shot for the upolitical crime" of upholding the laws of…

p. 42
02El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 1331 cita
[2]

hay cosas dedicadas al cambio, y por lo tanto hay capitales... Luego Colombia no s ó lo es un pa í s que tiene capitalismo sino que se desarrolla econ ó micamente bajo el r é gimen capitalista, en el sentido estricto y cient í fico de la palabra. Es un pa í s de r é gimen capitalista ya que el capital no es un simple…

p. 133
03Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Páginas 57, 732 citas
[3]

un quincenario de la capital de la república. El 10 de septiembre imprimieron en Medell fn: "EL BOBO." "L A GACETA M ERCANTIL" En Santa Marta, el 22 de septiembre de 1847 se dió al público "LA GACETA MERCAN TIL " dirigida por el doctor Manuel Murillo Toro, para preconizar las ideas liberales. Este semanario se destacó…

p. 57
[14]

órgano del ejecutivo de esa época, reemplazado por el "REJIS- TRO OFICIAL”, editado en Bogotá y que llegó a 160 números. El periodista-Presidente, conocedor del oficio, señaló en la norma creadora del periódico una serie de mandatos que se han conservado como patrón en las posteriores medidas oficiales sobre la…

p. 73
04Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 3901 cita
[4]

todas las otras existentes, se denomina única 445 ». La supresión de las aduanas era una de las ventajas que veían al impuesto único. También se pensó en su supre- sión como medida independiente del establecimiento de ese impuesto; era una medida evidentemente muy arries- gada 446. Pero era tan tenaz el sentimiento…

p. 390
05A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Páginas 29, 712 citas
[5]

letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…

p. 71
[16]

Some authors dedicated theirs to “young people” but found little to no room in classes. Most professors used foreign books, especially Destutt de Tracy’s and Say’s. Other foreign texts were popular in the national debate, and Colombian authors translated books like Frédéric Bastiat’s Economic Harmonies (1850) to…

p. 29
06La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 1341 cita
[6]

Presidencia de la República, con- tinuará la obra que inició con tanto éxito cuando fue el ideólogo y principal inspirador de las reformas de López 54. Si miramos con detenimiento esas normas legales, en- contramos en ellas cinco directrices que definen claramente toda una política agraria: primera: se adjudican como…

p. 134
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1471 cita
[7]

] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…

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08Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 2451 cita
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suprimidos muchos gravámenes que entrababan el desarrollo de las fuerzas productivas. En el capítulo referente a los impuestos en la Colonia, vimos cómo estos eran grandes en número, no tenían una finalidad concreta y solo frenaban el desarrollo del comercio. Como expresión franca del sistema colonial, fueron atacados…

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09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1331 cita
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N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…

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10Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 771 cita
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tratura al doctor Manuel Murillo Toro, pero Mos- quera, como primer designado, la tiene que ejercer aun entre el 1 y el 10 de ese mes, debido a la de- mora del nuevo titular en llegar a la capital federal. Murillo Toro es el gobernante que ejerce la pre- 1274 A la izquierda, retrato del procurador Juan Agustin…

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11Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 108, 2842 citas
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la Constitución rionegrera, en cuya redacción y promulgación no había par- ticipado. Sin embargo, respaldaba las medidas federativas y de libertades que ella disponía, y no aprobaba las pertinentes a temas eclesiásti- cos, frente a las cuales tenía criterios y senti- mientos diferentes. Dos hechos de significado…

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Convención de Rionegro Miembro del Ejecutivo Plural Encargado por dicha Convención Elegido Derrocado por Santos Acosta Cronología de gobernantes estudiados en este libro 309 Rufino Cuervo 1847 José Hilario López 1849-1853 José María Obando 1832 1853-1857 1854 José María Melo 1854 Tomás Herrera 1854 José de Obaldía…

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12Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2751 cita
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lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…

p. 275
13El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 3221 cita
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no había en el mundo buques de vapor, que ahora veinticinco años no había en el mundo un solo camino de hierro, que ahora trece años no había en parte alguna un solo telégrafo eléctrico: hoy ambos océanos, y todos los grandes ríos y mares de Europa, Asia y la América del Norte están surcados por buques de vapor de…

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14Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
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so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

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15Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 411 cita
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algunos tenían fortunas independientes, más bien modestas, y cuidaban alguna ha- cienda o un negocio comercial, la ma- yoría de los dirigentes radicales se ha- bía dedicado ante todo al mundo de la política y de la ideología. Cuando no ocupaban un cargo público, un minis- terio o la presidencia, la enseñanza y el…

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16Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3641 cita
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onti er Expansion and P easa nt Pro test in Colomb i a, I 8so- ' 9J6, Albuquerque, 1986 y J ane M. Rausch, Th e Llan os F ro nti er in Co lomb ian History, I8J0-19JO, Albuqu erq ue, 1993. C APi TULO 1 La matriz in ter pr etati va de la historia política delllltim o tercio del siglo XIX se fraguó en l os años del…

p. 364
17¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 651 cita
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garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1221 cita
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Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…

p. 122
19Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1491 cita
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el ejer- cicio y la sucesión presidenciales, el sistema político colombiano pudo planificar más efectivamente la acción a largo plazo y llevar a cabo las decisiones de los funcionarios elegidos. En los años anteriores a 1884, cada presidente, en promedio, ocupó el cargo poco más de un año a la vez. Cualquier plan a…

p. 149
20La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · Página 371 cita
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de que sería bueno tener este monopolio. Esto no siempre ha sido así. Después de la Constitución de Rionegro de 1863, no había un ejército nacional y el Estado nacional no tenía el derecho de intervenir en las cuestiones de los departa- mentos que lo constituían. De hecho, la Ley 20 de 1867 declaraba: Artículo 1.…

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21Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
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central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

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22Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 101 cita
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el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

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23Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 5631 cita
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y 1860 ». Conviene anotar, ante algunas afirmaciones que hace el señor Samper, que toda Constitución —decisión polí- tica— sólo puede ser adoptada por un partido político que imponga sus teorías en torno al Estado y al Derecho, y que en tal virtud reorganice la sociedad y la economía. Las deci- siones políticas que…

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24Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 3701 cita
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que Mosquera, Murillo, Zaldúa, los Pérez… y otros muchos personajes, que por lo menos valían tanto como nosotros, no escaparon a la travesura del lápiz, sin que les acome- tiese el menor acceso de gota […]» 297. 296 Se refiere a la marca del aguardiente «Tres Puentes». 297 El Barbero, n. o 5, Bogotá, 24 de abril de…

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