Candelario Obeso
Estados Unidos de Colombia
1849–1884
La biografía
Candelario Obeso (Mompós, 1849 – Bogotá, 1884) fue el primer poeta colombiano que hizo de la lengua de los bogas del río Magdalena materia de alta cultura impresa. Nacido libre en vísperas de la abolición, hijo ilegítimo de una ciudad ribereña en declive, se formó en la Bogotá del Olimpo Radical y publicó en 1877 los Cantos populares de mi tierra, obra que introdujo el habla vernácula negra del Caribe colombiano en el canon letrado del país. Traductor de manuales militares y de italiano, autor de comedias y polémicas, tesorero municipal en Magangué y coronel en las guerras del federalismo, Obeso encarna como pocos la contradicción interna del proyecto radical: los Estados Unidos de Colombia le dieron acceso a la educación superior, la imprenta y el patronazgo político, pero lo dejaron orbitando en los márgenes sociales del círculo que lo acogió. Murió a los treinta y cinco años, justo antes de que la Regeneración clausurara el ciclo liberal que lo había hecho posible, y su figura quedó desde entonces como un gigante solitario en la historia de la expresión escrita del negro en Colombia.
Línea de vida
- 1849
Nacimiento en Mompós
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Nació libre en 1849 en Mompós, ciudad ribereña del Magdalena en la región Caribe colombiana, hijo ilegítimo, en vísperas de la abolición definitiva de la esclavitud en la Nueva Granada (1851).
- 1869
Tesorero municipal de Magangué y composición de los Cantos
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Según el antologista Luis Carlos López (el Tuerto), hacia 1869 Obeso se desempeñó como tesorero municipal del puerto de Magangué, sobre el río Magdalena, y en ese período habría compuesto los poemas que formarían los Cantos populares de mi tierra.
- 1877
Publicación de Cantos populares de mi tierra
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Publicó en Bogotá su obra más reconocida, escrita en el habla popular vernácula del bajo Magdalena. La Canción del boga ausente, poema central del volumen, es considerada por la crítica el texto que lo inmortalizó como poeta. El gesto era inédito en la poesía colombiana de la época.
- 1877
Actividad literaria y técnica en Bogotá
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Durante la década anterior a su muerte, Obeso produjo una obra diversa en la capital: la comedia Secundino el Zapatero, los volúmenes Lectura para Tí y Lucha de la Vida, traducciones del Curso de Lengua Italiana y de las Nociones de Táctica de Infantería, de Caballería y de Artillería, además de polémicas y documentos legales.
- 1884
Muerte en Bogotá
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Murió en Bogotá en 1884 a los treinta y cinco años, justo antes de que la Regeneración clausurara el ciclo liberal-radical que lo había formado. Su figura quedó desde entonces como un gigante solitario en la historia de la expresión escrita del negro en Colombia.
Un momposino en el umbral de la abolición
Obeso nació en 1849 en Mompós, ciudad ribereña del Magdalena que atravesaba entonces un declive lento pero visible. El brazo del río que le había dado prosperidad colonial se desplazaba, alejando los canales navegables principales y amenazando con sepultar económicamente al puerto. La ciudad conservaba, sin embargo, un arraigo cultural y familiar distinto al de Cartagena: sus familias, aisladas de la incertidumbre por el peso de su propia historia, guardaban una identidad local más preservada que la del gran puerto Caribe.
Nació libre, y esa palabra tiene fecha: la abolición definitiva de la esclavitud en la Nueva Granada se decretaría apenas dos años después, en 1851. Su condición jurídica al nacer no era la de un esclavo emancipado, pero sí la de un hombre negro en una sociedad que apenas empezaba a desmontar el régimen esclavista y en la que los prejuicios sobre mulatos, pardos e indígenas —heredados de las castas coloniales y sostenidos por una minoría blanca que monopolizaba las valoraciones sociales— seguían operando con plena fuerza. Nació además como hijo ilegítimo, fisura añadida a su lugar de origen.
Su educación inicial ocurrió en la Costa, en ese mundo ribereño donde el río era la principal arteria de comunicación entre el Caribe y el interior del país, y donde los bogas —hombres negros libres o de ascendencia africana— controlaban la navegación fluvial. Los bogas del Magdalena eran una figura peculiar en la geografía social del siglo XIX: como empleados del servicio postal gozaban de privilegios contenciosos, operaban fuera de la jurisdicción política de los asentamientos por los que transitaban, y esa libertad de movimiento resultaba poco común entre los trabajadores negros del país. Ese mundo —su lengua, su música, sus rutinas de remo y canción— sería la matriz que Obeso llevaría consigo cuando el río lo llevó, más adelante, hacia el interior andino.
El acceso a Bogotá y la cultura letrada
El traslado a Bogotá le abrió las puertas de tres cosas que, en la Colombia de los años setenta, definían el estatus de un letrado: la educación superior, una floreciente cultura impresa y el patronazgo político. Las tres eran productos directos del régimen instalado por la Constitución de Rionegro de 1863, el pacto federal que había reducido el poder del Ejecutivo, otorgado amplias libertades individuales y dividido el país en nueve estados soberanos. El liberalismo radical —el de los llamados gólgotas— presidía desde 1850 una aceleración notable del cambio económico y social, y una de sus expresiones fue la ampliación, siempre precaria pero real, del acceso letrado.
Obeso aprovechó esa apertura. Durante la década anterior a su muerte se convirtió en un escritor prolífico: publicó polémicas, tradujo manuales, redactó documentos legales, escribió poesía y teatro. Su audiencia era pequeña pero políticamente cargada, un grupo reducido y conflictivo de políticos e intelectuales del Olimpo Radical. Y aquí aparece la primera fractura de su trayectoria: ese acceso nunca se tradujo en pertenencia. Obeso orbitaba en los márgenes sociales de sus propios lectores. Su formación lo colocaba en el mundo letrado; su origen racial y regional lo anclaba fuera de él. El reconocimiento como individuo notable coexistía con una distancia estructural que ninguna publicación conseguía cerrar.
Las élites letradas de la capital —incluidos los liberales católicos que dominaban la escena— expresaban con naturalidad una imagen despreciativa de los grupos populares de negros, mulatos e indígenas, tanto por su fenotipo como por sus costumbres, en el marco del proyecto liberal contra el llamado atraso y la barbarie. Ese clima no era hostilidad abierta contra Obeso: era el aire que respiraba el círculo que lo publicaba. En una representación visual de la época se lo retrató como un notable en su lecho de muerte, con rasgos faciales y cabello que evidenciaban su condición de mulato, mientras al fondo aparecían un boga en su embarcación y la Canción del boga ausente. La composición decía lo que la sociedad no formulaba: Obeso era una figura de frontera, situada entre el texto escrito y el trabajo ribereño, entre la biblioteca bogotana y el remo del Magdalena.
Magangué, el tesorero y los versos de 1869
Antes de asentarse definitivamente en Bogotá, Obeso pasó por una experiencia decisiva para su obra: hacia 1869 se desempeñó como tesorero municipal del puerto de Magangué, sobre el propio Magdalena. Allí, según el antologista Luis Carlos López —el Tuerto—, compuso los poemas que ocho años después formarían los Cantos populares de mi tierra. La datación encaja con la geografía interna del libro: los Cantos respiran el mundo ribereño de Magangué y Mompós, el habla de los bogas, la música y los bailes de las comunidades negras del bajo Magdalena.
El cargo mismo es revelador. La tesorería municipal de un puerto fluvial era una posición modesta pero visible, típica de la burocracia estatal del régimen federal, y muestra que Obeso, antes incluso de su consagración bogotana, ya se movía dentro de las estructuras administrativas del Estado Soberano de Bolívar. No era un boga; era un letrado costeño con empleo público que escribía sobre bogas. Esa distancia —cercana pero no coincidente— sería el ángulo desde el cual construiría toda su obra: la de alguien que conocía el habla y el trabajo del río lo bastante para transcribirlos, pero desde una posición administrativa e ilustrada que le permitía llevarlos a la imprenta.
El coronel Obeso
A la vida pública civil de Obeso se sumó una dimensión militar. Aparece mencionado como "coronel Obeso de Mompox" en un contexto comparativo con otros caudillos y militares costeños del siglo XIX —los generales loriqueros Lugo y Zarante, figuras como Mosquera y Morillo—, con un calificativo revelador: dejao. La palabra costeña sugiere un mando poco enérgico, un estilo de liderazgo laxo o poco disciplinado, en contraste con los caudillos de fuste que dominaban la escena militar de los Estados Unidos de Colombia.
El rango era el de coronel, no el de general, y la vinculación geográfica —Mompox, no Magangué— probablemente remite a su origen y residencia más que a un teatro de operaciones específico. En un régimen federal que vivió repetidas guerras civiles entre estados soberanos, entre facciones liberales, y contra los conservadores, el grado de coronel implicaba participación efectiva en alguno de esos conflictos, pero no un lugar de mando protagónico. La imagen del militar dejao completa el retrato: Obeso ejerció los oficios que su condición de letrado costeño le abría —tesorero, oficial, escritor, traductor, dramaturgo—, pero en ninguno ocupó el centro de la escena. Su marginalidad no era solo racial: era también la de un hombre que nunca acumuló el capital político o militar suficiente para convertir su singularidad en programa.
Los Cantos populares de mi tierra (1877)
La publicación de los Cantos populares de mi tierra en 1877 es el hecho central de su trayectoria. El libro reúne poemas escritos en el habla popular vernácula del bajo Magdalena, con las supresiones, elisiones y contracciones fonéticas propias del dialecto de los bogas y las comunidades negras ribereñas. La Canción del boga ausente —el poema más reconocido del conjunto, el que según buena parte de la crítica lo inmortalizó como poeta— fija la voz de un boga que canta su ausencia en el registro exacto de su habla, sin mediación culta ni corrección ortográfica hacia el español letrado.
El gesto era inédito. En 1877, la poesía colombiana estaba dominada por el romanticismo hispano, la métrica académica y una noción de lengua literaria que suponía la corrección castellana como umbral de entrada. Introducir el habla boga en un libro impreso —no como caricatura costumbrista, no como recurso pintoresco puntual, sino como el material mismo de la poesía— constituía una operación cultural sin antecedentes en el país. El propio Tuerto López reconocería después que los Cantos populares eran la aportación singular y diferenciada de Obeso: una contribución única y original de la cultura negra de la región Caribe, escrita en un registro propio de esa tradición. El resto de su poesía, decía el mismo López, caía en el romanticismo ramplón de la época. La grieta corría por dentro de la obra: cuando Obeso escribía en castellano culto, era un poeta más del Olimpo; cuando escribía en habla boga, era el único.
Los Cantos evocan temas de libertad e igualdad racial, con versos que resuenan con reclamos de dignidad —"as free as the white", en una de las formulaciones más recordadas—, pero sin constituir un manifiesto articulado de demandas de ciudadanía plena. Su fuerza es de otro orden: la del habla que se hace visible, la del cuerpo trabajador del río que aparece por primera vez como sujeto poético en la alta cultura colombiana. El libro es, en ese sentido, más radical de lo que su propio autor probablemente calculaba: no proclamaba un programa, pero desplazaba silenciosamente el mapa de quién podía hablar en la poesía nacional.
Traducciones, teatro, polémica: la obra en varios frentes
Los Cantos no son la totalidad de Obeso. Su producción incluye una comedia en tres partes, Secundino el Zapatero; los volúmenes Lectura para Tí y Lucha de la Vida; poemas dispersos como Er boga charlatán, con referencias al porro bailado en rueda; y una obra técnica-práctica poco recordada pero significativa: las traducciones al español del Curso de Lengua Italiana y de las Nociones de Táctica de Infantería, de Caballería y de Artillería.
Esa segunda mitad de la obra dice mucho sobre el lugar que Obeso ocupaba en el aparato letrado del Olimpo. Traducir un manual de táctica militar y un curso de lengua italiana no eran tareas de poeta: eran encargos del Estado y del mercado editorial dirigido a un público de oficiales, estudiantes y funcionarios. Obeso trabajaba en los intersticios prácticos de la cultura impresa que el radicalismo intentaba expandir, produciendo herramientas de instrucción para un país que aspiraba a modernizarse por la vía de la educación laica y el ejército profesional. A eso se sumaban las polémicas, los documentos legales y las piezas menores: un escritor prolífico, disperso entre géneros, que ganaba sus ingresos y su lugar en la escena capitalina cubriendo todas las demandas que su condición de letrado le permitía atender.
La dispersión también fue su límite. Obeso no fue, como Rafael Pombo, un poeta consagrado por instituciones y salones; no fue, como José María Samper, un ideólogo del liberalismo capaz de acumular cargos y libros programáticos; no fue, como Jorge Isaacs, el autor de una novela nacional. Fue, en cambio, un trabajador de la pluma que llenaba muchos frentes y cuyo aporte singular —los Cantos— quedó rodeado de una producción menor que diluyó su recepción.
Obeso en el Olimpo: la red radical y sus jerarquías
La Bogotá de los años setenta era la capital de un país gobernado por los liberales radicales. Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Manuel Ancízar, José María Samper componían la constelación política e intelectual del régimen. La Constitución de Rionegro de 1863 había consagrado un federalismo extremo, con nueve estados soberanos y libertades individuales amplísimas, y desde entonces la vida pública estaba organizada en torno a un ideal de nación ilustrada, laica y comercial, cuya expresión letrada eran precisamente los círculos que publicaban a Obeso.
Pero ese proyecto llevaba dentro su propia crisis. Desde 1876, cuando los conservadores desencadenaron una guerra civil, el liberalismo se dividió en dos alas: los radicales, herederos del ciclo de Rionegro, y los independientes, agrupados en torno a Rafael Núñez. La fractura no fue táctica: cortó por el eje mismo del proyecto federal. Los radicales defendían la descentralización, el laicismo y el libre comercio; los independientes, con Núñez como cabeza, proponían un retorno a la autoridad, el fortalecimiento del gobierno central y una alianza pragmática con el Partido Conservador. En las elecciones de 1880, Núñez desplazó a los radicales del poder.
Obeso escribió y publicó en esa coyuntura exacta. Su producción prolífica de polémicas, manuales, documentos legales y poemas se desplegó entre mediados de los años setenta y 1884, en los años en que el régimen que lo había formado se resquebrajaba. La rivalidad entre estados soberanos había implantado aduanas internas que frenaban el comercio interior y erosionaban la seguridad de la vida y la propiedad; el descrédito del régimen radical crecía; Miguel Antonio Caro empezaba a consolidarse como ideólogo del giro conservador, especialmente desde finales de 1884.
Obeso dependía del patronazgo político para su supervivencia como letrado, y ese patronazgo era, en lo esencial, el de los radicales. Su lugar en el Olimpo era el de un cliente, no el de un igual. La red de figuras con las que se cruzaba —los grandes nombres del liberalismo, los editores de la cultura impresa capitalina, los políticos que financiaban traducciones y encargos— era la misma que estaba perdiendo el poder. Su muerte en 1884, un año antes de la guerra civil que consumaría la caída de los radicales y dos antes de la Constitución centralista de 1886, lo dejó del lado de un ciclo que se clausuraba. No alcanzó a ver la Regeneración: alcanzó apenas a intuir su llegada.
Entre dos mundos: la frontera racial del liberalismo
La posición de Obeso en la sociedad bogotana revela con precisión el límite racial del universalismo liberal. La Constitución de Rionegro había proclamado libertades individuales amplísimas y un régimen de ciudadanía formal que, sobre el papel, no distinguía por raza. En la práctica, los círculos letrados que administraban el prestigio, los cargos y la reputación seguían operando bajo códigos heredados del orden colonial de castas.
Obeso vivió esa contradicción en persona. Era, sin duda, un letrado: escribía, publicaba, traducía, era leído por los notables de la capital. Pero su condición de mulato lo situaba, según los códigos internos del Olimpo, del lado de los grupos populares que el discurso liberal denunciaba como el atraso y la barbarie. Fue percibido, en consecuencia, como mediador entre el mundo de los bogas del Magdalena y el de los letrados bogotanos: pertenecía formalmente al segundo, sin dejar de ser leído desde el primero. El reconocimiento social que obtuvo no borraba su origen racial; al contrario, lo enmarcaba. Se lo elogiaba como singular, no como representativo; como caso, no como pauta.
Esa condición fronteriza —singular pero periférica, notable pero marginal— es la que hace de Obeso una figura reveladora del proyecto radical. El federalismo ilustrado abrió efectivamente un espacio para que un hombre negro y ribereño accediera a la imprenta y al patronazgo. No abrió el espacio para que su obra fuera recibida como aporte estructural a la cultura nacional. Los Cantos populares de mi tierra no encontraron eco inmediato entre los ilustrados criollos, que preferían la cultura letrada en francés y las convenciones del romanticismo hispano. La obra estuvo publicada, disponible, incluso reseñada, pero no fue leída como lo que era: una intervención mayor en la definición de qué contaba como poesía colombiana.
Un crítico posterior lo diría con exactitud: Obeso fue, en la historia de la expresión social escrita del negro en Colombia durante el último cuarto del siglo XIX, un gigante solitario en una muchedumbre sin oídos. La imagen captura lo esencial. No era invisibilidad; era una sordera selectiva. El público existía, pero no estaba entrenado para escuchar. El mismo círculo letrado que abrió las puertas de la imprenta a un poeta negro se rehusaba a asumir su lengua como material legítimo.
Muerte temprana y disputa póstuma
Obeso murió en 1884, a los treinta y cinco años, en el umbral exacto de la Regeneración: un año antes de la guerra civil de 1885 que derrumbaría al liberalismo radical y dos antes de que la Constitución de 1886 clausurara formalmente el ciclo federal e instalara el dominio conservador que se prolongaría hasta 1930.
La representación visual del poeta en su lecho de muerte —el notable mulato, con el boga y la Canción del boga ausente al fondo— condensa la ambigüedad de su lugar. Se le honraba como figura, pero se le encuadraba como caso excepcional. Su obra quedó publicada, dispersa entre volúmenes y ediciones locales, sin la operación de canonización que sí recibieron otros poetas de su generación.
La recepción crítica se construyó lentamente. En 1911 José M. Restrepo abordó la poesía popular colombiana en un artículo temprano —De la Poesía Popular en Colombia—, reimpreso en 1929 en El Cancionero de Antioquia. En 1943 Vicente Caraballo publicó en Bogotá El negro Obeso, y en 1949 apareció en Barranquilla El libro de oro del centenario de Obeso, coincidiendo con los cien años de su nacimiento. Un año después, en 1950, la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana del Ministerio de Educación Nacional publicó en Bogotá la recopilación más importante de su obra, bajo el título Cantos populares de mi tierra: fue la primera vez que el Estado colombiano asumió institucionalmente la tarea de conservar y difundir su poesía.
En 1978 David E. Peñas publicó en Mompós, en mimeo, Candelario Obeso, el precursor, prueba de que la memoria local del poeta seguía viva en su ciudad natal. Y en la última década del siglo XX la crítica académica internacional lo recuperó: Laurence E. Prescott publicó en 1993, en la Afro-Hispanic Review, el artículo "Negro Nací": Authorship and Voice in Verses Attributed to Candelario Obeso, y Valerie J. Wheat publicó en 1996, en la misma revista, un estudio comparativo entre los Cantos populares de mi tierra y las Lyrics of Lowly Life del poeta afroamericano Paul Laurence Dunbar. La comparación es reveladora: la crítica del siglo XX descubrió que Obeso pertenecía a un fenómeno hemisférico —el uso del dialecto negro como afirmación de identidad literaria— del que ninguno de sus contemporáneos colombianos parece haberse dado cuenta.
Orlando Fals Borda, en su estudio monumental sobre la historia doble de la Costa, trazó un paralelo personal entre su propio dolor ante el deterioro de Mompós y la región, y el que atribuía a Obeso ante el desplome de la sociedad y la cultura de su época. La lectura fue afectiva más que analítica, pero fijó a Obeso en el imaginario académico costeño como emblema del mundo ribereño perdido: la ciudad que el río abandonó, el poeta que la sociedad letrada no supo oír.
La huella
La huella de Candelario Obeso opera en dos planos. En el primero, y más evidente, es el del pionero: fue el primer poeta colombiano que hizo del habla popular negra material de alta poesía impresa, abriendo un camino que el siglo XX transitaría bajo otros nombres —Jorge Artel, Manuel Zapata Olivella, la larga tradición afrocolombiana que reconoce en él su antecedente inevitable—. La Canción del boga ausente se convirtió, con el tiempo, en pieza fundacional de esa genealogía, y su obra fue estudiada más allá del contexto colombiano en la historia comparada de las literaturas negras de América.
En el segundo, más denso, Obeso es un síntoma. Su trayectoria muestra qué podía y qué no podía hacer el proyecto radical con un hombre negro talentoso. Podía educarlo, publicarlo, emplearlo como tesorero, encargarle traducciones, promoverlo como caso singular. No podía, en cambio, escuchar su obra mayor como aporte estructural a la definición de lo colombiano. El techo racial del universalismo liberal —invisible en la letra de la Constitución de 1863, cotidiano en las prácticas del Olimpo— es el que fija a Obeso en su lugar de gigante solitario. La federación ilustrada le dio las herramientas para escribir; no le dio el público capaz de leerlo como corresponde.
Su muerte prematura en 1884, en vísperas de la Regeneración, completó la figura. Obeso no vivió lo suficiente para consolidar su obra ni para presenciar la disputa por su memoria; murió cuando el ciclo que lo había formado se derrumbaba, y quedó como una figura póstuma disputada entre generaciones que le atribuirían sentidos distintos. Los críticos costeños lo leyeron como el poeta del río perdido; los académicos afrohispanistas lo enmarcaron en la historia hemisférica de la poesía negra; el Estado colombiano lo canonizó tarde, a mediados del siglo XX, cuando ya el país que él había habitado no existía. La disputa continúa. Es, a fin de cuentas, la disputa por el lugar que la Colombia moderna está dispuesta a otorgar al Caribe negro en su relato de sí misma —una disputa que Obeso abrió, sin proponérselo del todo, cuando en 1877 imprimió en Bogotá un libro escrito en la lengua de los bogas.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 24 fragmentos01The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Páginas 18, 3292 citas
[1]are as free As the white.... —Candelario Obeso, Cantos populares de mi tierra, 1877 This is a historical study inspired by the work of a poet. Candelario Obeso was born free in 1849, on the eve of New Granada’s slave emancipation, in the Magdalena River town of Mompós, in what would become the Ca- ribbean region of…
p. 18
[24]Paulo, 1920–1964. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1997. Wheat, Valerie J. “Nineteenth Century Black Dialect Poetry and Racial Pride: Candelario Obeso’s Cantos populares de mi tierra and Paul Laurence Dunbar’s Lyrics of Lowly Life.” Afro-Hispanic Review 15, no. 2 (Fall 1996): 26–36. Wolfe, Justin. “…
p. 329
02Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 3371 cita
[2]el frangipán, la fragancia de los rosales, y el alucinante aroma del borrachero, la herramienta más poderosa del chamán, la más encantadora de todas las plantas ornamentales, admirada y respetada por todos los colombianos. Los umbrales que conforman la fachada del gran paseo costero se abren para revelar a un grupo de…
p. 337
03The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 2101 cita
[3]a sound. The jaguar gave a horrible yell. Braulio was seen behind the clump of oaks, nearer to us, grasping the handle of the lance, from which the blade had been broken. The brute swung around in search of him. He shouted, “Fire, fire!” and leaped back at a single bound to the place where he had lost his lance-head.…
p. 210
04Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Páginas 89, 942 citas
[4](el Tuerto) López. Las poesías que se usan en este libro son exclusivamente de la serie Cantos p o p u l a r e s de mi tierra, que constituyen una contribución única, muy propia y original, de la cultura negra de esta región. Son poesías escritas cuando Obeso era resorero municipal del puerto de M a g a n g u é, hacia…
p. 94
[9]para producir, entre otros, su inolvidable poema Canción d e l boga ausente, que todo colombiano conoce: " ¡ Q u é ejcura que etá la n o c h e! ". Pero Ramón nos espeta otro igual de triste que dice: [B] TRANSICIÓN SOCIAL Y ACUMULACIÓN CULTURAL 47B de los indígenas. Pero las indispensables formas de organiza- ción y…
p. 89
05El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 951 cita
[5]muralla de las aguas a su paso por los Portales de la Marquesa, pero eran aguas ya tan turbias y hediondas de Aldrín que los mohanes y el hombre-caimán habían tenido que huir y refu- giarse en las frescas aguas de algunas ciénagas cercanas. Iba por allí un río sin sábalos, manatíes, tortugas ni caimanes. Pero ahí…
p. 95
06Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2281 cita
[6](Bogotá: Librería Americana, 1905), 470 – 71. 27. Ibid., 467. 28. Ibid., 470 – 71. 29. José M. Restrepo, “De la Poesía Popular en Colombia” (1911) reprint- ed in José M. Restrepo, El Cancionero de Antioquia (Barcelona, Editorial Lux, 1929), 50 – 51. 30. Jesús Martín Barbero, De los Medios a las Mediaciones (México:…
p. 228
07Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Páginas 51, 2262 citas
[7]Apenas se conocen algunas de sus características técnicas y un esbozo de su origen. Un paso en la dirección adecuada es el artículo de Ciro A. Quiroz, "El porro pelayero", Coralibe (Bogotá), No. 29 (junio, 1981), en el que se consignan algunos derroteros para seguir profundi- zando sobre el tema. Entre otros datos…
p. 226
[16]al general". ¿Cómo sería ese general y caudillo costeño? Intrigante pregunta. ¿Sería sanguinario como el mascachochas Mosquera, cruel como Morillo, en fin, violento y disciplinado, o más bien dejao como el coronel Obeso de Mompox y jovial como los gene- rales loriqueros Lugo y Zarante? El trabajo investigativo sobre…
p. 51
08Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 4211 cita
[8]la intelectualidad criolla de los salones santafereños. Allí en los saraos literarios se componían y recitaban versos en francés, se detectaban gazapos y se criticaba la pronunciación galicada de los ilustrados (Curcio 1975: 69). Infortunadamente en la historia de la expresión social escrita y propia del negro en…
p. 421
09Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1971 cita
[10]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
10Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1101 cita
[11]la Indepen- dencia. Este cambio, sin embargo, era más rápido cuando la situación de demanda (doméstica y externa) hacía irresistible para la clase dirigente la posibilidad de enormes ganancias. Durante el período 1845-1885las riendas del gobierno estuvieron en manos de los liberales radicales (o "gólgotas", como se…
p. 110
11El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1261 cita
[12]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
12Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1331 cita
[13]servicio público; al escéptico au- tor del 'Que sais je', el iniciador vidente del ferrocarril del norte; al don Juan irresistible, robador de mujeres, el jefe austero de un hogar cristiano". Parra se posesionó el lo. de abril de 1876 y a los tres meses le tocaría hacer frente a una sangrienta guerra civil concebida…
p. 133
13Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
[14]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
14Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 601 cita
[15]era irrevocablemente liberal. Los acontecimientos de fines de ese año no sólo lo entregaron, ob- jetivamente, en manos de los conser- vadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no debía volver a levantar cabeza. Y los elementos del pensamiento conservador, el autori- tarismo, la utilización del…
p. 60
15Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 931 cita
[17]Pérez Benavides Obeso parecía ser el mediador entre el mundo de los bogas del Magdalena y el de los letrados bogotanos; si bien su formación le permitía hacer parte del segundo, su origen lo ubicaba en el lado de la melancolía y de aquellos cantos popu- lares: era capaz de convertir en poesía el lenguaje de los bogas,…
p. 93
16Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 681 cita
[18]al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…
p. 68
17Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 1431 cita
[19]de una élite, que se identificaba fácilmente entre sí, hacia los blancos pobres. Con todas las complejidades que pueden resultar de un examen somero de las designacio- nes raciales que proceden de los documentos de la época, el problema resulta incomparable- mente mayor si se trata de establecer las actitu- des y la…
p. 143
18Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 3741 cita
[20]de ruta inevitable hacia y desde el exterior y, en forma concordante, aumentó progresivamente la navegación. Pero, no obstante su importancia histórica y el creciente tráfico en ambas direcciones, durante el largo periodo transcurrido desde la fundación por los españoles de los principales puertos ribereños y la…
p. 374
19Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · Página 791 cita
[21]around seventy days. 35 Travel from the Caribbean coast to the interior and the Pacific was lengthier. The Magdalena River was the main artery of movement between the Caribbean and the interior of the Viceroyalty. The river permitted mobility and relative freedom for people of colour in the eighteenth century. Bogas,…
p. 79
20Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 1611 cita
[22]labranzas son destruidas todos los años por las grandes avenidas, sino aun pueblos enteros; en otras oca- siones, no es al avanzar las aguas, sino al retirarse, cuando causan la ruina. Si un leñador o un agricultor no tiene ya el río a la vista para aprovechar el paso del vapor y ofre- cer a este su leña o sus…
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21Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Página 1951 cita
[23]momento, como se ha ido per - diendo poco a poco el brío que en la juventud me animaba para contrarrestar los golpes de la aciaga fortuna. M ANUEL M ARÍA M A di E d O 1815-1888 – 199 – § El boga del Magdalena ¡Dichoso el que no conoce más rio que el de su patria, y duerme anciano a la sombra do pequeñuelo jugaba! A.…
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