Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea transversal

Descentralización

La descentralización en Colombia designa la redistribución del poder político, administrativo y fiscal desde el Estado central hacia departamentos, municipios y entidades territoriales étnicas. Nació como respuesta pragmática a la crisis acumulada del centralismo heredado de 1886, y se materializó en la elección popular de alcaldes (1988), la Constitución de 1991 y un aumento de transferencias del 1,9% al 6% del PIB, aunque sus logros han sido contrarrestados por una recentralización silenciosa y la captura violenta de recursos locales.

4.407 palabras62 documentos67 fragmentos citados
Descentralización

Trayectoria de una idea

  1. 1863

    Constitución de Rionegro: federalismo radical

  2. 1886

    Constitución centralista de la Regeneración

  3. 1983

    Inicio de la descentralización fiscal

  4. 1986

    Aprobación de la elección popular de alcaldes

  5. 1988

    Primeras elecciones populares de alcaldes

  6. 1991

    Constitución de 1991: consolidación del modelo descentralizador

  7. 2001

    Acto Legislativo 1 de 2001: recentralización fiscal

03

La lectura

La descentralización colombiana no fue una conquista ideológica sino una respuesta de emergencia: las élites nacionales la adoptaron cuando el centralismo heredado de 1886 ya no podía contener simultáneamente la protesta cívica, el colapso de los servicios públicos y la guerra insurgente. Su genealogía arranca en la derrota del federalismo radical de Rionegro y en el edificio que Núñez y Caro levantaron sobre sus ruinas, un Estado que gobernó desde Bogotá durante casi un siglo y produjo desequilibrios regionales profundos. La reforma de los años ochenta y la Constitución de 1991 transformaron la arquitectura institucional —elección popular de alcaldes y gobernadores, transferencias multiplicadas, reconocimiento étnico-territorial— pero no resolvieron la paradoja fundacional: la autonomía territorial siguió dependiendo de legislación que el centro tardó o incumplió en producir. La recentralización fiscal de 2001 y la captura violenta de los recursos municipales por guerrillas, paramilitares y redes clientelares revelaron que descentralizar el gasto sin construir instituciones locales sólidas puede reproducir, en escala menor, las mismas patologías del poder que se buscaba corregir. Treinta años después de la Constitución de 1991, el debate entre unidad y autonomía sigue abierto, y las Entidades Territoriales Indígenas previstas en ese texto permanecen sin reglamentación plena.

En Colombia, la descentralización designa la redistribución del poder político, administrativo y fiscal desde el Estado central hacia departamentos, municipios y, en menor medida, entidades territoriales étnicas. Aunque el vocablo evoca la reforma de los años ochenta y la Constitución de 1991, su historia larga arranca en 1886, cuando Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro liquidaron el federalismo radical y edificaron un Estado unitario que gobernó al país desde Bogotá durante casi un siglo. La descentralización moderna nació como reacción tardía a ese diseño: fue la respuesta pragmática de las élites nacionales a una crisis acumulada de legitimidad —agotamiento del Frente Nacional, colapso de servicios públicos, protesta cívica generalizada y guerra— y no una concesión ideológica al principio de autonomía territorial. De ese origen defensivo se desprenden sus logros —elección popular de alcaldes y gobernadores, transferencias que pasaron del 1,9% al 6% del PIB, reconocimiento étnico-territorial— y también sus límites: una recentralización silenciosa, tramitada por actos legislativos y leyes de ajuste, y una captura violenta de los recursos locales por guerrillas, paramilitares y redes clientelares que ninguna reforma ha disuelto.

La sombra larga de 1886

Para entender por qué la descentralización se convirtió en bandera reformista en los años ochenta hay que retroceder a la arquitectura del Estado que se buscaba corregir. La Constitución de Rionegro de 1863 había organizado al país como los Estados Unidos de Colombia, con nueve estados soberanosCundinamarca, Antioquia, Magdalena, Santander, Tolima, Bolívar, Cauca, Boyacá y Panamá— dotados de constituciones propias, congresos, impuestos y burocracias autónomas. El proceso venía preparándose desde 1853, cuando una república unitaria descentralizada abrió la puerta a la creación sucesiva de estados federales entre 1855 y 1863, empezando por Panamá. La derrota militar de las fuerzas opuestas a Núñez en la guerra de 1884-1885 clausuró ese experimento.

La fórmula que Núñez había enunciado en 1878 al inaugurar la presidencia de Julián Trujillo —"regeneración administrativa fundamental o catástrofe"— no apuntaba entonces a demoler el orden federal. La coyuntura militar la convirtió en programa de reconstrucción integral. La Constitución de 1886, redactada en gran medida por Miguel Antonio Caro —vicepresidente de Núñez y árbitro absoluto del gobierno tras la muerte del jefe en 1894—, estableció gobernadores nombrados y removidos por el Ejecutivo, subordinó las regiones al centro y concentró en Bogotá las decisiones esenciales. El Concordato de 1887 devolvió a la Iglesia Católica un papel rector en la vida pública. La libertad de industria y trabajo, principio liberal cardinal del período anterior, cedió ante prerrogativas estatales sobre la actividad económica. El Banco Nacional, creado en 1881, y el papel moneda de curso forzoso decretado en febrero de 1886, junto con el privilegio exclusivo de emisión consagrado por la ley 57 de 1887, cerraron el edificio de una centralización política, administrativa y económica que caracterizó a la Regeneración.

El diseño duró. El Partido Conservador gobernó de 1886 a 1930 con los liberales marginados del poder central. Aún en los años sesenta, durante los debates sobre la reforma agraria, congresistas conservadores argumentaban contra instituciones centralistas contrarias a la realidad del país: la tensión entre Bogotá y las regiones seguía viva un siglo después de Rionegro. El centralismo produjo desequilibrios regionales pronunciados y una concentración de decisiones que, andando el tiempo, alimentaría las protestas cívicas y las propuestas de descentralización de la segunda mitad del siglo XX.

La crisis que forzó la reforma

La descentralización de los años ochenta no fue el fruto de una conversión doctrinaria de las élites bogotanas al principio autonomista. Fue la salida a una crisis simultánea de servicios, de representación y de seguridad, que había convertido al Estado central en un actor descreído y desbordado.

En materia de servicios, los años ochenta arrancaron con síntomas claros de agotamiento: baja calidad, lento crecimiento de la cobertura y un acentuado desequilibrio espacial de las inversiones en infraestructura. El gasto público en educación cayó del 12,72% del presupuesto en 1980 al 10,85% en 1988; el de salud descendió del 5,23% al 4,12% en el mismo período. Frente a ese deterioro, la protesta cívica se generalizó. Comunidades de regiones rurales, ciudades pequeñas y medianas y sectores de las grandes urbes paralizaban actividades para exigir agua, energía, vías y atención médica. El paro cívico se consolidó como forma corriente del conflicto social.

La dimensión política de la crisis era igual de aguda. El Frente Nacional (1958-1974), al imponer la alternancia bipartidista en la presidencia y la paridad burocrática, había debilitado las diferencias ideológicas entre liberales y conservadores y convertido al clientelismo en el mecanismo principal de lealtad política. Cerradas las vías institucionales a expresiones alternativas, el descontento buscó cauces por fuera del sistema. A esto se sumaba un patrón autoritario preocupante: entre 1958 y 1990, en más del 80% del tiempo estuvo vigente alguna forma de estado de sitio, y los presidentes de ambos partidos usaron los poderes de emergencia con frecuencia y sin restricciones efectivas.

Sobre ese cuadro pesaba, además, la guerra. El fracaso del modelo represivo del gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978-1982), acompañado por el malestar de la opinión pública ante los excesos de la represión oficial, empujó a Belisario Betancur (1982-1986) hacia una política de paz que fue eje de su gobierno. Poco después de posesionarse, Betancur creó la Comisión de Paz con la misión de establecer condiciones para dialogar con el M-19 y las FARC-EP. La descentralización se articuló con esa apuesta. El líder liberal Jaime Castro, defensor decidido de la autonomía municipal, argumentaba que abrir el espacio democrático local creaba las condiciones para incorporar a rebeldes que quisieran participar en la vida pública regional. La reforma buscaba desactivar a la vez la protesta social, la insurgencia y el desplome de los servicios.

Presiones externas convergieron en la misma dirección. El Banco Mundial y el FMI apoyaban la descentralización como mecanismo de desarrollo y ajuste, y guerrillas como el M-19 y el EPL la incluían en sus pliegos de democratización. Sobre ese tejido de demandas confluyentes se montó el ciclo reformista.

El ciclo reformista 1983-1991

La reforma se desplegó por fases. La descentralización fiscal iniciada a partir de 1983 otorgó a los municipios autonomía en el cobro de parte de los impuestos locales y en sus gastos correspondientes. La descentralización política de 1986 instituyó la elección popular de alcaldes: las primeras votaciones se realizaron el 13 de marzo de 1988 y pusieron fin a más de un siglo de alcaldes designados por gobernadores. La Constitución de 1991 consolidó y amplió el diseño con la elección popular de gobernadores, la transferencia de responsabilidades de salud, educación y saneamiento a los entes subnacionales, la ampliación de los mecanismos de participación ciudadana —tutela, acciones populares, iniciativa popular— y una restricción severa de los poderes presidenciales de emergencia, contrapesada por la creación de la Corte Constitucional.

Las cifras cuentan la magnitud del giro. Las transferencias totales del gobierno central a las regiones pasaron del 1,9% del PIB en 1982 a cerca del 6% en 2002. El motor de ese crecimiento fue municipal: las transferencias a los municipios subieron del 0,5% al 3,1% del PIB en el mismo período, superando en dinamismo a las departamentales. Departamentos y municipios recibieron responsabilidades de gasto en salud, educación, agua potable y saneamiento básico. Alcaldías que antes eran despacho de trámite pasaron a manejar presupuestos significativos y a decidir sobre servicios que tocaban la vida diaria de sus habitantes.

La Constitución de 1991 rubricó el nuevo orden con un lenguaje deliberadamente ambicioso. Su artículo 1° definió a Colombia como un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, democrática, participativa y pluralista. El municipio quedó consagrado como la entidad fundamental de la división político-administrativa. El Título XI ordenó la organización territorial. La Corte Constitucional, encargada de custodiar ese diseño, se instaló como pieza clave del nuevo sistema de contrapesos, en respuesta directa a los abusos sistemáticos del estado de sitio bajo la Constitución de 1886.

Autonomía dentro de unidad: el filo jurisprudencial

El diseño de 1991 se movió sobre una paradoja constitutiva: reafirmó a Colombia como República unitaria y, al mismo tiempo, reconoció una autonomía territorial que no se pretendía puramente delegada. La tarea de calibrar esa tensión recayó desde temprano sobre la Corte Constitucional.

En la Sentencia C-216 de 1994, la Corte enunció la fórmula que gobernaría la relación: la autonomía territorial está limitada por el principio de unidad, y el principio de unidad está limitado, a su vez, por el núcleo esencial de la autonomía. Ninguno de los dos absorbe al otro; se restringen mutuamente. En la Sentencia C-346 de 1997, la Corte fue más lejos: precisó que las entidades territoriales son titulares de poderes, competencias y atribuciones que les pertenecen por sí mismas —no por traslado desde el centro— para la gestión de sus propios asuntos, conforme al artículo 287 de la Constitución. La formulación era decisiva: los municipios y departamentos no ejercen un poder prestado; ejercen uno propio.

En la práctica, esa arquitectura conceptual quedó continuamente tensionada por dos hechos. La responsabilidad del proceso descentralizador siguió recayendo sobre órganos del nivel central —el Ejecutivo y el Congreso, que reglamentan mediante leyes las facultades territoriales—, y buena parte del contenido de la autonomía dependía de legislación de desarrollo que el centro tardaría, y en muchos casos incumpliría, en producir.

La recentralización silenciosa

Los años noventa mostraron rápidamente el reverso del entusiasmo descentralizador. El gasto de las entidades territoriales creció más rápido que las transferencias que recibían, y muchas entraron en crisis fiscal. Alcaldías endeudadas, departamentos sin caja para pagar nómina, hospitales al borde del colapso: la autonomía nueva chocó con capacidades administrativas viejas y con un apetito de gasto que ninguna disciplina contuvo.

La respuesta del centro fue una recentralización tramitada en clave técnica. La Ley de Endeudamiento Territorial de 1997 puso techos al crédito subnacional. La Ley 617 de 2000, conocida como Ley de Ajuste Fiscal Territorial, sometió a muchas entidades a programas severos de ajuste, exigiendo racionalización de gastos de funcionamiento y equilibrio presupuestal. El paso decisivo fue el Acto Legislativo 1 de 2001, que creó el Sistema Nacional de Participaciones y desvinculó el crecimiento de las transferencias territoriales de los ingresos corrientes de la Nación. En su lugar, estableció que las participaciones crecerían al ritmo de la inflación causada más 2% entre 2002 y 2005, y más 2,5% entre 2006 y 2008, con la promesa de restablecer el vínculo con los ingresos nacionales a partir de 2009. Ese vínculo, en la práctica, sería prorrogado.

La operación fue elegante desde el punto de vista del ajuste macroeconómico y devastadora desde el punto de vista de la autonomía. Se eliminó la presión que el esquema anterior de transferencias ejercía sobre las finanzas públicas nacionales, pero al costo de romper el compromiso implícito de 1991: que las regiones participarían de manera creciente en la riqueza del país conforme esa riqueza aumentara. Sectores políticos leyeron la reforma como una traición al proyecto descentralizador. El Partido Liberal y el Polo Democrático impulsaron un referendo ciudadano para revertirla: la ley, argumentaron, definía la suerte de la descentralización, la salud y la educación. El referendo no prosperó. La controversia dejó al descubierto un rasgo estructural: las decisiones fiscales que gobiernan la autonomía territorial siguieron tomándose en el centro, y allí siguen tomándose.

Descentralización y guerra: el botín municipal

La apertura política de 1988 coincidió con un aumento sostenido de la violencia electoral. En las cuatro elecciones locales realizadas entre 1988 y 1995, la violencia se concentró contra candidatos electos, militantes y simpatizantes de partidos de izquierda —especialmente de la Unión Patriótica—, así como contra sectores sociales y organismos de derechos humanos que respaldaban las políticas de paz. La primera votación popular de alcaldes, el 13 de marzo de 1988, estuvo precedida por al menos dos masacres: la de Piñalito, el 21 de febrero, con catorce simpatizantes de la UP asesinados, y las de La Honduras y La Negra, el 4 de marzo, con veintiún trabajadores sindicalizados abatidos por grupos paramilitares.

El vínculo entre descentralización y violencia era estructural, no accidental. Al aumentar los recursos disponibles en las alcaldías —de 0,5% a 3,1% del PIB en dos décadas— y abrirse la competencia por el poder local, las plazas municipales se convirtieron en fuentes de financiación atractivas para grupos irregulares. Guerrillas y paramilitares, en un Estado con instituciones frágiles en la periferia, aprovecharon la nueva arquitectura para influir en la política local, apropiarse de porcentajes de los presupuestos municipales a través de contratistas obligados a pagar cuotas, y consolidar su poder territorial mediante la violencia.

Los casos documentados son abundantes. En el Guaviare, investigaciones de parapolítica señalaron a alias "Cuchillo" como responsable de intimidar candidatos y apoyar la elección del gobernador Óscar López Cadavid en octubre de 2007: durante el escrutinio del 28 de octubre, el candidato rival aventajaba a López por unos 250 votos cuando se fue la luz; al regresar, López pasó a liderar los comicios. La misma investigación lo vinculó a la elección del gobernador del Vichada ese mismo año. En el Tolima, el Bloque Tolima de las AUC logró control territorial suficiente para incidir en procesos electorales y mantener vínculos con alcaldes —algunos por voluntad, otros por coacción—; la sentencia de Justicia y Paz registró 97 compulsas de copias para que la justicia ordinaria investigara esos vínculos.

La estigmatización del movimiento social por parte de las Fuerzas Armadas amplificó el fenómeno. Un manual titulado "Conozcamos a nuestro enemigo", que circuló en 1985 en la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdoba, señalaba a los sindicatos como fachadas de la subversión. Esa cultura institucional convertía a líderes sociales en blancos legítimos a ojos de sectores estatales, y ofreció el marco simbólico en el que la guerra sucia contra la izquierda electoral pudo desplegarse con relativa impunidad.

Élites regionales y captura del poder local

La violencia no fue el único mecanismo por el que la descentralización se apartó de su promesa democratizadora. Las élites locales desarrollaron estrategias sofisticadas para capitalizar la reforma: capturaron las instituciones que regulan la comunicación entre niveles de gobierno y buscaron ocupar arenas nacionales para defender su dominio provincial. La apertura electoral subnacional no democratizó el poder de manera uniforme; en muchas regiones lo redistribuyó entre redes clientelares que aprendieron rápidamente a operar en la nueva escala.

Buenaventura ilustra el fenómeno con particular crudeza. Por sus muelles transita cerca del 40% del comercio exterior colombiano, y sin embargo la ciudad exhibe uno de los índices de pobreza multidimensional más altos del país. El acueducto se racionó durante décadas y el suministro llegó a operar apenas unas horas al día en amplios sectores; la cobertura de alcantarillado se mantuvo precaria; la violencia urbana en 2014 obligó a decretar un paro cívico que paralizó al puerto durante veintidós días. Las administraciones municipales sucesivas repartieron la contratación entre casas políticas que dominaron el Concejo, el hospital distrital y las plantas de personal, mientras las llamadas "casas de pique" —espacios de descuartizamiento operados por bandas urbanas en los barrios de bajamar— documentaban hasta dónde había llegado la ausencia estatal. La Fiscalía intervino en 2014 al alcalde por presuntas irregularidades en la contratación de alimentación escolar, un patrón que se repitió en administraciones posteriores. El puerto generaba renta; el municipio, en cuyo territorio se descargaba esa renta, no lograba traducirla en servicios básicos para una población mayoritariamente afrocolombiana.

En Quibdó y otras cabeceras del Chocó el mecanismo fue análogo, con matices propios. La contratación municipal siguió pautas de reparto entre familias políticas que se turnaron la gobernación y las principales alcaldías durante décadas, y que operaron simultáneamente como intermediarios ante el nivel nacional. Obras emblemáticas quedaron inconclusas: el hospital San Francisco de Asís, principal centro de tercer nivel del departamento, entró en intervención y liquidación reiteradas por desfinanciamiento y desvío de recursos del régimen subsidiado; los acueductos rurales se construyeron sin agua tratada; las vías terciarias se contrataron y recontrataron sin terminarse. Los recursos de regalías por explotación aurífera y de las transferencias del Sistema General de Participaciones fluyeron a un aparato administrativo con baja capacidad técnica y alta permeabilidad clientelar. Los crímenes contra la administración pública quedaron mayoritariamente impunes: fiscalías con poca capacidad investigativa, jueces expuestos a presiones locales, testigos amenazados. La descentralización, allí, no acercó el Estado al ciudadano: acercó los recursos del Estado a redes locales que sabían disputárselos.

El diagnóstico se agrava al mirar el contexto macro. La profundización de la descentralización en los noventa ocurrió en un Estado que no conocía a fondo su propio territorio y que vivía simultáneamente las bonanzas del petróleo y de la coca. La competencia por rentas lícitas e ilícitas se intensificó, las disputas por el poder local se militarizaron y la reforma que buscaba integrar la periferia terminó, en muchas zonas, alimentando su fragmentación armada.

La promesa étnico-territorial y su incumplimiento

La dimensión más innovadora de la Constitución de 1991 fue el reconocimiento de la diversidad étnica de la nación. Los pueblos indígenas y las comunidades afrocolombianas, sujetos históricamente invisibilizados por la arquitectura republicana, fueron incorporados como titulares de derechos colectivos sobre sus territorios. Las Entidades Territoriales Indígenas (ETI) fueron concebidas para garantizar autonomía territorial y presupuestal a los pueblos indígenas conforme a sus prácticas culturales. La Ley 70 de 1993 desarrolló el reconocimiento de las comunidades negras como sujetos colectivos con derechos territoriales, en continuidad con el espíritu de la Carta.

En áreas de baja densidad poblacional donde no cabía la figura del municipio, la Constitución creó áreas no municipalizadas en los departamentos de Amazonas, Guainía y Vaupés, habitadas principalmente por pueblos indígenas. Esa categoría reconocía la especificidad de territorios en los que el modelo municipal heredado del régimen unitario resultaba impracticable.

Pero la implementación de las ETI quedó condicionada a la promulgación de una Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial que especificara distribución y competencias. Esa ley no se aprobó en los años inmediatamente posteriores a 1991, y treinta años después de la Constitución las ETI seguían sin ser plenamente reglamentadas. El resultado fue una autonomía nominal sin desarrollo institucional: reconocimiento constitucional sin traducción operativa.

La brecha entre la promesa y la realidad territorial fue especialmente visible en el Chocó y el Medio Atrato. Allí, la titulación colectiva afrocolombiana articulada por Cocomacia —Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato— convirtió la organización por cuencas y parentelas en potencialidad política, y las comunidades negras reclamaron y obtuvieron títulos colectivos ante el Estado. Pero el Estado central mantuvo con esas regiones una lógica predominantemente absentista, caracterizada por la carencia de provisión de recursos, servicios y beneficios sociales equivalentes a los del resto del país. Los hospitales carecían de medios básicos, las escuelas de infraestructura, las carreteras de mantenimiento. En el Pacífico sur, en zonas como Tumaco, el afianzamiento del capital agroindustrial —incluida la palmicultura— sobre tierras y trabajo se dio en tensión con los procesos de movilización étnica afrocolombiana de los ochenta y noventa. La reforma reconoció derechos sin dotar de capacidad estatal ni de ordenamiento territorial efectivo a los sujetos reconocidos.

El movimiento indígena colombiano, uno de los más fortalecidos de América Latina en las últimas décadas del siglo XX, había pasado de la confrontación con el Estado a comienzos de los ochenta al reconocimiento formal de sus derechos en 1991. Ese logro quedó parcialmente vaciado por el bloqueo legislativo posterior. Las comunidades siguieron esperando la ley que hiciera operativa la promesa constitucional.

Servicios públicos: cobertura, brechas y recentralización sectorial

En materia de servicios, la descentralización tuvo resultados ambivalentes. Municipios que nunca habían gestionado recursos propios asumieron la administración de escuelas, puestos de salud y acueductos veredales, y ampliaron progresivamente la atención en zonas rurales antes desatendidas. Pero desde los años dos mil, procesos de recentralización sectorial reorganizaron competencias y recursos en agua, educación y salud, y revirtieron parcialmente el impulso autonomista original.

La Ley 100 de 1993 sometió a los hospitales públicos, sin transición, a la competencia con proveedores privados en la oferta de servicios. Los hospitales de primer y segundo nivel, transferidos a la administración municipal y departamental, debieron sostenerse con la venta de servicios a las EPS en un mercado que favorecía a los operadores privados con mayor músculo administrativo. La crisis se agravó en las regiones más pobres, donde la base de afiliados contributivos era mínima y el flujo de recursos del régimen subsidiado dependía de una cadena de intermediación frecuentemente incumplida. En el Chocó y el Medio Atrato, los establecimientos de salud quedaron sin los medios necesarios para atender a la población, y las condiciones de acceso empeoraron. Hospitales como el San Francisco de Asís de Quibdó entraron en ciclos de intervención y liquidación que dejaron al departamento sin centro de tercer nivel operativo durante meses seguidos.

En educación, el Acto Legislativo 1 de 2001 y la Ley 715 del mismo año reorganizaron la asignación de recursos por criterios de matrícula atendida, lo que penalizó a los municipios con población dispersa y demanda baja o fragmentada: el peso relativo de las plantas docentes rurales, con maestros multigrado y coberturas volátiles, dejó de compensarse con criterios distintos al número de alumnos efectivamente matriculados. Los departamentos y municipios certificados asumieron la administración de la planta docente, pero las decisiones sobre número de plazas, escalafón y salarios siguieron centralizadas en el Ministerio de Educación y el Ministerio de Hacienda, con lo que la autonomía territorial en el sector quedó restringida a la gestión de una plantilla que no controlaba. En agua y saneamiento, el esquema de Planes Departamentales de Agua trasladó al nivel departamental competencias que la Constitución había radicado en los municipios, con el argumento de la economía de escala y la capacidad técnica; el efecto práctico fue que muchas alcaldías perdieron la conducción de sus empresas de servicios sin recuperar poder sobre las decisiones que se tomaban en el departamento.

Las brechas territoriales, lejos de cerrarse, se cristalizaron. Municipios del Chocó siguieron rezagados en acceso a servicios y oportunidades económicas, mientras Bogotá, Barranquilla y el clúster antioqueño se consolidaron como regiones líderes donde las intervenciones de cobertura ya no eran prioritarias. La descentralización no produjo automáticamente convergencia entre regiones. Donde había capacidad institucional local previa, la reforma la potenció. Donde no la había, trasladó competencias sin recursos administrativos ni políticos para ejercerlas, y el resultado fue una autonomía formal superpuesta sobre incapacidad real.

La disputa vigente

Al cerrar el primer cuarto del siglo XXI, la descentralización colombiana seguía en discusión activa. Voces críticas, entre ellas la de Orlando Fals Borda y sus colegas de la Escuela Superior de Administración Pública, propusieron reformar la organización territorial sustituyendo la estructura de departamentos y municipios por once regiones y aproximadamente ciento cincuenta provincias, con argumentos de economía de escala, geopolítica y gobernabilidad. Fals Borda sostuvo, además, que la Constitución había sido desobedecida al obstaculizarse por trabas administrativas y fiscales el mandato constitucional de progreso regional equilibrado.

Desde otros sectores se planteó que el proceso descentralizador mostraba serios signos de agotamiento, reducido en ocasiones a simple desconcentración de funciones, y se propuso avanzar hacia formas de federalización. La Constitución de 1991, se argumentó, había recorrido un camino importante en esa dirección sin alcanzar plenamente la meta. La discusión reapareció en cada ciclo de reforma tributaria territorial y en cada intento —fallido— de tramitar una Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial con capacidad efectiva de reglamentar las ETI, precisar competencias entre niveles y ordenar el mapa de regiones administrativas y de planificación previstas por la Carta.

El diagnóstico compartido, más allá de las diferencias, apuntaba a un modelo territorial que arrastra deudas mayores. La persistencia de un centralismo y un presidencialismo que, por su carácter excluyente, siguen alimentando violencia crónica, aunque el modelo posterior a 1991 permitió logros indudables en modernización y calidad de vida. La captura del poder local por élites clientelares y actores armados, que perpetuó la exclusión bajo nuevas formas: la descentralización distribuyó recursos sin distribuir capacidad democrática. Y la brecha entre reconocimiento étnico-territorial y realización efectiva, con las ETI sin reglamentar y las comunidades afrocolombianas sujetas a lógicas económicas y armadas que su titulación colectiva no logró contener.

Sobre esa base se han apilado los debates más recientes: la reforma al Sistema General de Participaciones que buscó recuperar el vínculo con los ingresos corrientes de la Nación, las discusiones sobre autonomía fiscal de las regiones productoras de hidrocarburos y minerales tras la reforma al Sistema General de Regalías, y la irrupción de las Regiones Administrativas y de Planificación —RAP Central, RAP Pacífico, RAP Caribe, entre otras— como intento de articular políticas supra-departamentales sin modificar el mapa constitucional.

Huella

La descentralización no fue un giro épico ni una capitulación del centro. Fue la forma que asumió en Colombia el intento —incompleto, disputado, recorrido por la guerra— de recomponer un Estado que había gobernado desde 1886 desde una sola ciudad y con una sola gramática administrativa, y que a fines del siglo XX descubrió que esa gramática ya no alcanzaba a describir el país que pretendía administrar. Cada reforma tributaria territorial, cada ajuste al Sistema General de Participaciones, cada intento fallido de aprobar la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, cada elección local marcada por la sospecha de infiltración armada o de compra de votos, es un capítulo del mismo argumento largo: cuánto poder, cuánta plata y cuánta autonomía deben ir del centro a las regiones, y bajo qué condiciones.

La pregunta lleva casi cuarenta años abierta, y su formulación misma es un producto de la reforma. Antes de 1988, el país no discutía cómo distribuir el poder territorial: lo administraba desde Bogotá. Que hoy se litigue en el Congreso el porcentaje de los ingresos corrientes que corresponde a las regiones, que las cortes arbitren el núcleo esencial de la autonomía municipal, que un gobernador chocoano y un alcalde bonaverense reclamen ante el gobierno nacional recursos de agua potable, son operaciones políticas impensables bajo la arquitectura de la Regeneración. La descentralización cambió el vocabulario mismo con el que Colombia se piensa a sí misma como Estado. Ese cambio de vocabulario no ha resuelto la desigualdad territorial ni ha desactivado la violencia que se libra por el control de los recursos locales; en algunas regiones incluso los agravó. Pero fijó un piso institucional del que ningún proyecto político posterior ha logrado, ni ha intentado seriamente, retroceder. Los referendos para revertir las leyes de ajuste, las propuestas de federalización, las iniciativas de regiones administrativas: todas se mueven dentro del perímetro que abrió 1991. La discusión pendiente ya no es si el país se descentraliza, sino hasta dónde y con qué reglas.

04

En el archivo

90 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Pre-independencia1780–18091
  1. 1810Cabildo abiertoFicha
02Independencia1810–18312
  1. 1811FederalismoFicha
  2. 1826El fracaso del proyecto bolivariano: Gran Colombia y Congreso de PanamáPregunta
03Nueva Granada1831–18626
  1. 1831República de la Nueva Granada (1831–1862)Época
  2. 1845Historiografía y ciencia nacional en Nueva Granada (1845–1862)Hecho
  3. 1850Geografía políticaFicha
  4. 1853La Constitución de 1853Hecho
  5. 1853Voto femenino en la provincia de Vélez y su clausura (1853–1863)Hecho
  6. 1855Federalización y Confederación Granadina (1855–1858)Hecho
04Estados Unidos de Colombia1863–188513
  1. 1863Estados SoberanosFicha
  2. 1863Estados Unidos de ColombiaÉpoca
  3. 1863Federalismo radicalFicha
  4. 1863Guerras civilesFicha
  5. 1863Justo ArosemenaFicha
  6. 1863Soberanía estatalFicha
  7. 1864Antioquia bajo Pedro Justo Berrío: laboratorio conservador dentro del federalismo radical (1864-1873)Hecho
  8. 1868Pedro Justo BerríoFicha
  9. 1870El Ferrocarril en los Estados Unidos de ColombiaFicha
  10. 1870Olimpo RadicalFicha
  11. 1870Salvador Camacho RoldánFicha
  12. 1875El colapso del Olimpo RadicalPregunta
  13. 1875Santiago Pérez de ManosalbasFicha
05Regeneración1886–19292
  1. 1886Identidad regionalFicha
  2. 1905Fragmentación territorial en 34 departamentos bajo el Quinquenio de Reyes (1905-1908)Hecho
06República Liberal1930–19461
  1. 1940Diego Luis CórdobaFicha
07Frente Nacional1958–19743
  1. 1958Acción ComunalFicha
  2. 1961DesarrollismoFicha
  3. 1968Carlos Lleras RestrepoFicha
08Crisis y narcotráfico1974–19907
  1. 1983Paro cívicoFicha
  2. 1984Apertura democráticaFicha
  3. 1986Alcaldesas y concejalas de la Unión Patriótica en municipios de frontera (1986–1990)Hecho
  4. 1986Descentralización y elección popular de alcaldes (1986–1988)Hecho
  5. 1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Pregunta
  6. 1989Luis Carlos GalánFicha
  7. 1991Apertura económicaFicha
09Constitución de 19911991–200225
  1. 1982Ley 70 de 1993 y el Proceso de Comunidades NegrasHecho
  2. 1989La Constitución de 1991 y su décadaÉpoca
  3. 1990Alonso Salazar JaramilloFicha
  4. 1990Apertura económica y reformas neoliberales en Colombia (1990–1993)Hecho
  5. 1990La Asamblea Nacional Constituyente y la Constitución de 1991Hecho
  6. 1991Acción de tutelaFicha
  7. 1991Autonomía indígenaFicha
  8. 1991Autonomía territorialFicha
  9. 1991César GaviriaFicha
  10. 1991Juan de Dios Mosquera MosqueraFicha
  11. 1991La Constitución de 1991Pregunta
  12. 1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoPregunta
  13. 1991Pluralismo jurídicoFicha
  14. 1991Soberanía fragmentadaFicha
  15. 1992Rudolf HommesFicha
  16. 1993Zulia Mena GarcíaFicha
  17. 1995Cultura ciudadana y transformación de Bogotá (1995–2003)Hecho
  18. 1995Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)Hecho
  19. 1996Eduardo Cifuentes MuñozFicha
  20. 1996Ernesto Samper PizanoFicha
  21. 1996Soberanía limitadaFicha
  22. 1997Floro TunubaláFicha
  23. 1998La paradoja del 91: Constitución garantista y expansión paramilitar en ColombiaPregunta
  24. 2003Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresasPregunta
  25. 2005Captura del EstadoFicha
10Posconflicto2016–presente2
  1. 2016Paz territorialFicha
  2. 2021El paro nacional de 2021Pregunta
11Transversal27
  1. 1600Costa CaribeFicha
  2. 1781SantanderFicha
  3. 1810SoberaníaFicha
  4. 1863RionegroFicha
  5. 1886CentralismoFicha
  6. 1886Fragmentación territorial de Colombia: ¿destino geográfico o decisión de élite?Pregunta
  7. 1889ArmeniaFicha
  8. 1900BucaramangaFicha
  9. 1903Panamá en la historia de ColombiaFicha
  10. 1905AtlánticoFicha
  11. 1905CaldasFicha
  12. 1923TecnocraciaFicha
  13. 1949Lauchlin CurrieFicha
  14. 1966SucreFicha
  15. 1975ClientelismoFicha
  16. 1983AraucaFicha
  17. 1985Ciudad BolívarFicha
  18. 1991Asamblea ConstituyenteFicha
  19. 1991Estado social de derechoFicha
  20. 1991Horacio SerpaFicha
  21. 1991MulticulturalismoFicha
  22. 1991Rafael Pardo RuedaFicha
  23. 1991Resguardo indígena en ColombiaFicha
  24. 1991VaupésFicha
  25. 1995Clientelismo armadoFicha
  26. 1996Gloria Cuartas MontoyaFicha
  27. 1998La Iglesia católica en las zonas de conflicto colombiano, 1980-2016Pregunta
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Rafael Núñez: artífice de la Regeneración y la Constitución de 1886, que instauró el centralismo político, administrativo y económico que la descentralización del siglo XX buscó corregir.
  2. 02Miguel Antonio Caro: principal redactor intelectual de la Constitución de 1886 y vicepresidente de Núñez; gobernó Colombia tras la muerte de este en 1894 y consolidó el modelo centralista.
  3. 03Belisario Betancur: presidente (1982-1986) bajo cuyo gobierno se aprobó la elección popular de alcaldes y se impulsó la descentralización como instrumento de paz frente al conflicto guerrillero.
  4. 04Frente Nacional: régimen de alternancia bipartidista (1958-1974) que debilitó las diferencias ideológicas entre partidos, convirtió el clientelismo en mecanismo de lealtad política y cerró vías institucionales a expresiones alternativas, agudizando la crisis que la descentralización buscó resolver.
  5. 05Constitución de Rionegro (1863): antecedente federal que organizó al país en nueve estados soberanos; su liquidación por la Constitución de 1886 estableció el centralismo contra el cual reaccionó la reforma descentralizadora.
  6. 06Corte Constitucional: creada por la Constitución de 1991 como contrapeso al presidencialismo; definió mediante jurisprudencia (Sentencias C-216 de 1994 y C-346 de 1997) el equilibrio entre unidad nacional y autonomía territorial.
  7. 07Bogotá: sede del poder central cuya concentración de decisiones durante casi un siglo generó los desequilibrios regionales, protestas cívicas y demandas de autonomía que impulsaron las reformas descentralizadoras.
06

Documentos y fragmentos citados

62 documentos · 67 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[1]

de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
02A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 1151 cita
[2]

into nine states (Cundinamarca, Antioquia, Magdalena, Santander, Tolima, Bolívar, Cauca, Boyacá, and Panama) with autonomy over their constitutions and congresses, taxes, and bureaucratic organization. This constitution arose as a solution to the conflicts that had plagued the territory Fiscal Reform and the Origins…

p. 115
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2411 cita
[3]

de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…

p. 241
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 100, 1392 citas
[4]

práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
[21]

en el pasado: ahora se buscaba controlar los excesos del presidencialismo mediante el fortalecimiento del poder legislativo y la ampliación del campo de acción de las altas Cortes en la rama judicial. Los resultados han sido limitados, y, sin embargo, gobernar hoy en Colombia comienza a ser distinto a lo que se…

p. 100
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[5]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
06Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[6]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[7]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
0830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1371 cita
[8]

de su expedición, las ordenanzas de las Asambleas que no deban correr por razón de incompetencia, infracción de leyes o violación de derechos de tercero; y someter la suspensión decretada al Gobierno para que él la confirme o revoque; 8. Revisar los actos de las Municipalidades y los de los Alcaldes, suspender los…

p. 137
09Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 431 cita
[9]

(artículo 61); del artículo 62 al 67 se estructura, de manera general, los grandes rasgos de la función administrati - va y lo atiende al empleo público, razón por la cual se conforma como la primera Constitución colombiana que trata la materia en concreto en su vida republicana, situación que ya se había presentado…

p. 43
10Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[10]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
11De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[11]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
12Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[12]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
13De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[13]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
14El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[14]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
15Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[15]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
16The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1821 cita
[16]

much of the Caribbean coast remained morally and politically suspect and outside official control, which encouraged Catholic missions to its hinterlands. The largely Jesuit project to stamp out concubinage and Liberalism reinforced the divide between city and countryside, in the process overlaying new exclusions with…

p. 182
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[17]

gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…

p. 49
18La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 411 cita
[18]

de esta cláusula fue derogada por la Ley 599 de 2000, pero aun así los “delitos políticos” se tratan muy indulgentemente en Colombia. Estas cláusulas cementaban el equilibrio político descentralizado de Colombia y lo hacían al tolerar bastante violencia. También abrieron el sistema para crear mucho daño colateral.…

p. 41
19Descentralización en Colombia: estudios y propuestasJean-Michel Blanquer, Darío Fajardo · 1991 · p. 9, 602 citas
[19]

una imposición definitiva del epicentro nacional. La estructura así configurada profundizó las diferencias en el desarrollo de las regiones, generando un patrón altamente diferenciado en la participación de las diferentes unidades territoriales en los beneficios del desenvolvimiento económico. Estas diferencias han…

p. 9
[39]

Ql... Q) "O o a. (/) E... -~ o. E <t Un municipio puede crear una contraloría Las entidades beneficiarías son propietaria de los recursos afectados por el Fondo DRL Superioridad de la Inspección de policía municipal sobre la departamentaL Poderes DEMOCRACIA Voto o ~ Qi -o -o ro -o.<!! Q:; "' ~ ro.t::! e ~ "' t9 Q) -o…

p. 60
20Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 971 cita
[20]

salvo vivienda 18, y las políticas públicas de los sectores socia- les fueron cambiantes, y las decisiones, tímidas y dispersas 19. Los servicios públicos empezaron a manifestar síntomas de una pro- funda crisis: baja calidad, lento crecimiento de la cobertura, un acentuado desequilibrio espacial de las inversiones en…

p. 97
21Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 761 cita
[22]

Drug cartels also gained increasing political power, having won seats in Congress and influence among businesspeople, politicians, and government officials. The economic crisis of the 1980s and innumerable other problems forced a reconsideration of the Colombian state model. Changes came swiftly; in less than a year a…

p. 76
22Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 781 cita
[23]

the government of one- party rule, which represented the apex of presidentialism for the country. The bipartisan agreement, by obliging each party to alternate its hold on the presidency, managed to solve one problem: it dramatically slowed political violence that not only bloodied the country 62 Chapter Three from…

p. 78
239 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 511 cita
[24]

dónde se podría presionar una insurrección en las ciudades. Varios años después, en conversaciones con gente que dejó la lucha armada del EPL, del M-19 y también del ELN, me fue confirmado que este paro estaba pensado como el punto de partida de una nueva forma de lucha político-militar, que tendría como escenario las…

p. 51
24Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[25]

a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…

p. 49
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[26]

en lo económico y en lo social» 241. 239 Aguilera, «ELN: entre las armas y la política», 222. 240 El Tiempo, «ELN califica como un error el asesinato de obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo». 241 Entrevista 752-VI-00011. Dirigente político. consolidación guerrillera, persecución política y apertura…

p. 86
26Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 971 cita
[27]

cial durante el gobierno Turbay y por tanto abrió una posibilidad de regreso al poder del Partido Conservador, que representaba de facto a la oposición en su competencia electoral con el Partido Liberal, pese a la prolongación de la simetría en la repartición burocrática heredada del Frente Nacional. 99 Argelino Durán…

p. 97
27No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2111 cita
[28]

1990. Aguilera Peña y Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Colombia), El orden desarmado, 385. 621 Los principales dirigentes de la ATCC fueron asesinados en 1990 en Cimitarra, Santander, junto a la periodista Silvia Duzán. Año 50 40 30 20 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 Paros…

p. 211
28Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 21, 802 citas
[29]

mayors]. 7 Also, in Colombia local councils and deparmental assemblies are popu- larly elected since the nineteenth century. Still, they do not have legisla- tive, but administrative functions (Hooghe et al. 2016). The promoters of the decentralisation reforms claimed that these changes would help to bring the country…

p. 80
[33]

(see Table 10.2). In the book, the recentralisation trends are illustrated mainly using examples from the water supply and sanitation sector. Nonetheless, they also affected education (Eaton and Chambers-Ju 2014; Parra et al. 2021) and health services (Vecino- Ortiz et al. 2020). C olombia ’ s R e C ent R alisation in…

p. 21
29Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 851 cita
[30]

pales fuerzas políticas que desempeñaban un rol en la escena política legal para discutir y presentar al Congreso Nacional proyectos de ley sobre importantes tópicos: la legalización e institucionalización de las fuerzas políticas; la modernización de la Registraduría Nacional del Estado Civil; la financiación estatal…

p. 85
30Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 2111 cita
[31]

mismo, para un importante sector de sus anti- guos pobladores. 3. Tiempos de movilización étnica: vuelve el territorio En Colombia el contexto nacional de los años 1980 está marcado por las medi- das de apertura económica, descentralización y democratización", y por las di- námicas políticas que desembocan en la…

p. 211
31Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 701 cita
[32]

modo, por ser epicentro de las movilizaciones sociales, los centros poblados albergaron el proceso de cualificación de la organización social que, partiendo de los acumulados políticos de las machas campesinas y los paros de los trabajadores petroleros, dio inicio a una etapa de consolida- ción mediante la creación de…

p. 70
32Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2871 cita
[34]

descentralizador (ordenó la elección popular de gobernadores) que se había iniciado con la de alcaldes. Le dio autonomía y funciones a la junta directiva del Banco de la República, lo cual ha tenido importancia en el manejo de la economía nacional. Con la eliminación de la posibilidad de extraditar colombianos por…

p. 287
33Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2811 cita
[35]

Liberalismo y el 71.0 de los liberales. Lo cual refleja las diferencias perceptivas de los colombianos hacia un hecho tan común a todos como es el mando de la nación. Por otro lado, el 13 de marzo de 1988 se efectuaron las primeras elecciones para designa- ción de todos los alcaldes del país por votación popular, de…

p. 281
34Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 422 citas
[36]

del paramilitarismo, 1982-2002 Coyunturas entre 1982 y 2002 3 1 Impacto en crecimiento y expansión paramilitar Las primeras negociaciones de paz con las guerrillas durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) Coincide con el surgimiento de los primeros grupos de autode- fensas y paramilitares. Apertura…

p. 42
[37]

del paramilitarismo, 1982-2002 Coyunturas entre 1982 y 2002 3 1 Impacto en crecimiento y expansión paramilitar Las primeras negociaciones de paz con las guerrillas durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) Coincide con el surgimiento de los primeros grupos de autode- fensas y paramilitares. Apertura…

p. 42
35Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 701 cita
[38]

scal, que se inició a partir de 1983 y que implicaba la autonomía en el cobro de parte de los impuestos locales y en los gastos aferentes. Esta descentralización también afectó las arenas políticas locales, con la elección de alcaldes a partir de 1988. La prestación de servicios públicos sufre cambios del mismo tipo.…

p. 70
36Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2761 cita
[40]

público. La coyuntura para estas transformaciones era favorable. Las agencias de desarrollo internacionales como el Banco Mundial y el FMI apoyaban la idea de la descentralización como mecanismo de desarrollo. Asimismo, dentro de la agenda de negociación de guerrillas como el M -19 y el EPL — que se desmovilizaron a…

p. 276
37Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2151 cita
[41]

del producto interno bruto (PIB). Según los datos, durante el período 1982-2002, las trasferencias totales pasaron de representar el 1,9% del PIB a ser casi el 6% en el 2002. Sin embargo, este incremento obedece principalmente al aumento en las transferencias municipales, las cuales pasaron de 0,5% a una del 3,1% del…

p. 215
38Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 343, 3472 citas
[42]

para apropiarse de bienes públicos y recursos a través del uso de la violencia. De manera parecida al clientelismo tradicional, los grupos irregulares influenciaron los procesos de contratación pública y se apropiaron de un porcentaje de los recursos municipales a través de pagos de los contratistas, entre otras cosas…

p. 347
[56]

se ha expandido en municipios más urbanizados, ricos en recursos naturales y con altos niveles de actividad económica (Bottía, 2003). Además, evidencia reciente muestra que el conflicto interno se ha expandido e intensificado, precisamente, a partir de que la Constitución de 1991 ha exigido más gasto social, más…

p. 343
39Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1731 cita
[43]

en los derechos políticos, sino que tenía que apoyarse también en el reconocimiento de los derechos sociales de los sectores populares. Acorde con esa interpretación de la democracia, López Pumarejo quiso poner en marcha el Estado social de derecho. La Constitución de 1991 profundizó aún más el signifi- cado de la…

p. 173
40Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1161 cita
[44]

CCDI T-338, 512 (Bogota: mimeo, 1993); and CCDI T-III (Bogota: mimeo, 1995). 41. CCDI T -428 (Bogota: mimeo, 1992). 42. CCDI T-180 (Bogota: mimeo, 1993). 43. CCDI T-380 (Bogota: mimeo, 1993). 44. CCDI C-530 (Bogota: mimeo, 1993). 45. The opening address by President Gaviria to the Assembly is reproduced in Cepeda…

p. 116
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 921 cita
[45]

pluricultural: «El Estado reconoce y protege la diversidad étnica de la nación colom- biana» 219. También dispuso la creación de los departamentos, distritos y municipios, estos últimos definidos como la «entidad fundamental de la división político-admi- nistrativa del Estado» 220. Respecto de los territorios…

p. 92
42Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 2631 cita
[46]

promoted by the different com - munities in the territory. 7. Collaborate in the maintenance of public order within the territory in keeping with the instructions and dispositions of the national government. 8. Represent the territory to the national government and other entities. 9. Perform oth er functions indicated…

p. 263
43Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 3161 cita
[47]

the governor and the cabinet secretary, and the mayor and the cabinet secretary, respec- tively, administer local government. Each department has a popu- larly elected departmental assembly. The assembly may range from 11 to 31 members, who complete four-year terms. The head of the departmental administration is the…

p. 316
44Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 1351 cita
[48]

instancia por el principio de unidad (…) y ésta a su vez, se encuen - tra limitada por el núcleo esencial de la autonomía territorial (Sentencia C-216/1994). En varias oportunidades, la Corte ha estudiado la dicotomía exis- tente entre la concepción de unidad y autonomía, y ha establecido que ésta ha de entenderse…

p. 135
45El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 621 cita
[49]

de las trabas que se han venido haciendo a la descentralización administrativa y fiscal. Se ha desobedecido a la Constitución, que buscó un progreso nacional y regional equilibrado. Una meta ha sido la conformación de la Repú- blica Regional Unitaria de Colombia que refleje mejor nuestras ricas diversidades…

p. 62
46Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 471 cita
[50]

la delas em- tidades territoriales. Segundo, la res- ponsabilidad del proceso descentrali- zador recee en árgenos del nivel cen- tral como el Ejecutivo y el Congres A través de leyes so reglamentarán las beultades para la descentralización La modernización del Estado co- lombiano debe realizarse com una cara…

p. 47
47Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 6451 cita
[51]

se incrementaron, el gasto de las entidades territoriales aumentó aún más rápidamente durante los noventa, lo que generó crisis fiscales en muchas de ellas. La Ley de Endeudamiento Territorial de 1997 y, especialmente, la Ley de Ajuste Fiscal Territorial (Ley 617 del 2000), frenaron este proceso, poniendo a muchas…

p. 645
48¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3761 cita
[52]

en materia de ingresos (véanse gráficos 16 y 17) aunque mayor en los municipios que en los depar- tamentos (DNP, 2014). Gráf1co 16. Evolución de los ingresos municipales, 2000-2013 (f) o (f) <lJ Q_ <lJ u <J) <lJ e.2 E <lJ u (f) ~::2' 7.000 6.000 5.000 4.000 3.000 2.000 l 000 o…

p. 376
49Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 1901 cita
[53]

Troya del Neoliberalismo Como principalísimo soporte de las fi nanzas públicas algo ten- dría que ver la privatización parcial de ECOPETROL. Merecerían estudiarse sus repercusiones fi scales o presupuestales: a menos que se inserten cláusulas aún más exóticas el privado no aceptará subsi- diar la gasolina; y como…

p. 190
50Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 5951 cita
[54]

el presidente de la República condenó los hechos… El 21 de febrero de 1988, a escasas tres semanas de celebrarse la primera elección popular de alcaldes, se inauguró “el año de las masacres”, con el ataque de un grupo de paramilitares en el caserío de Piñalito, Vistahermosa, en el Meta, donde asesinaron a 14…

p. 595
51¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 991 cita
[55]

la periferia fue la contrarreforma agraria ocurrida en las regiones econó- micas más integradas. Esta trajo consigo una creciente ganaderización, producto de la compra masiva de tierras por parte de los narcotrafican- tes, rasgo particularmente acentuado en la costa caribe, el Magdalena medio y el Meta. 108 La crisis…

p. 99
52La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 651 cita
[57]

se asegura el flujo fraudulento y continuado de rentas hacia proyectos de naturaleza político-criminal, requieren apoyos muy específicos, tales como complicidad sustancial 90. "Cuchillo" aparece mencionado en una investigación judicialreciente de "parapolítica" que involucra a los gobernadores de Guaviare y Vichada.…

p. 65
53De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 3961 cita
[58]

LOS GRUPOS PRECURSORES AL BLOQUE TOLIMA (AUC) INFORME No. 1 promover y fortalecer la presencia y control del Bloque Tolima de las AUC en todo el departamento, situación que ha motivado 97 compulsas de copias para que la justicia ordinaria investigue” (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justi-…

p. 396
54Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazoPaula A. Rossiasco, Ana Aguilera, Germán Caruso, Rosa María Martínez, Cristina Savescu · 2018 · p. 1551 cita
[59]

desafíos para reducir estas brechas de desarrollo. (b) Regiones líderes: a su vez, un clúster bajo-bajo (Antioquia) puede catalogarse como una región líder en términos de su desarrollo territorial. Estos municipios son los más avanzados y son regiones donde intervenciones en acceso no son prioritarias. 140 Este es el…

p. 155
55Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1381 cita
[60]

Camilo. (Ed.) 1994 La política social en los 90: análisis desde la universidad. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Trabajo Social; Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - Indepaz -, p. 92. iii. Memorias de la exclusión: Lógicas en tensión en chocó y el medio atrato 139 El Estado…

p. 138
56Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 281 cita
[61]

no tenía los medios necesarios y suficientes para atender a la población propia y a quienes llegaban huyendo de Murindó. Apenas se podían brindar los primeros y únicos auxilios. En caso de gravedad, los pacien- tes debían ser remitidos en avión hacia Medellín o en lancha ha- cia Quibdó, la capital de El Chocó. Es…

p. 28
57Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 951 cita
[62]

Bojayá, Chocó, Colombia Manejar la relación FOUSFSÎPTZQBSJFOUFTIBQFSNJUJEPRVF$PDPNBDJBTJHB SFTJTUJFOEP QFTFBMBTBNFOB[BTFJODVSTJPOFTEFOVFWPTBDUPSFTFOFMQBOPSBNB QPMÎUJDPMPDBM/FWBMEPBđSNBRVFMBFTUSBUFHJBEJTFÒBEBQBSBBSUJDVMBSFMUFSSJUPSJP DPMFDUJWPTFJOTQJSÓFOMBTGPSNBTEFSFMBDJÓOFOUSFQBSJFOUFTFOFM.FEJP"USBUP es decir,…

p. 95
58Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 3351 cita
[63]

democracia, terrenos en los que estamos avanzando muy lentamente 459. b) Los avances del movimiento indígena Contra toda previsión, como lo hemos reiterado, el movi miento indígena colombiano resultó ser uno de los más forta le cidos en las últimas décadas 460. En efecto, pese a sus dife ren cias, los pueblos…

p. 335
59Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 661 cita
[64]

el Congreso ha mostrado abulia, y a veces cobardía. Algunas cuestiones —aborto, eutanasia, formas diversas de familia— han sido sistemáticamente excluidas de la agenda legislativa, auspiciando, de esa manera, los ataques a supuestas extralimitaciones de la Corte. F EDERALIZACIÓN Con ese término describimos el…

p. 66
60Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1011 cita
[65]

Nacional, entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez. 76 Álvaro Gómez, hijo de Laureano Gómez; Horacio Serpa, dirigente liberal; y Antonio Navarro, exguerrillero del M-19. 102 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz las hegemonías partidistas tradicionales. La idea era que para democratizar al país, también era necesario…

p. 101
61Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2311 cita
[66]

que cumplen las élites locales y regionales. Los enclaves se desarrollan cuando se producen tres estrategias por parte de las élites. En primer lugar, el control de los vínculos entre lo nacional y lo regional, como el control de las instituciones que regulan y se encargan de la comunicación entre los diferentes…

p. 231
62Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 531 cita
[67]

have won the elec- tions and achieved control of local governments have assigned public contracts to private actors linked to the faction. In that way, the political faction that has control of the mayor’s office has used local public resources for its political empowerment, causing the detriment of the quality of…

p. 53