Idea transversal
Tecnocracia
En Colombia, la tecnocracia designa el proceso histórico de sustitución progresiva de la deliberación política por la decisión experta, apoyada en universidades, centros de pensamiento y bancos centrales, y validada por organismos internacionales, desde la Misión Kemmerer de 1923 hasta el presente.
Trayectoria de una idea
- 1923
Misión Kemmerer y creación del Banco de la República
- 1949
Fundación de la Universidad de los Andes
- 1951
Misión Currie y el modelo del Banco Mundial
- 1960
Plan Decenal y consolidación del DNP
- 1963
Creación de la Junta Monetaria
- 1968
Reforma constitucional de 1968
- 1991
Constitución de 1991 e independencia formal del Banco de la República
La lectura
La tecnocracia colombiana no surgió de una revolución ni de un programa explícito, sino de la convergencia entre la desconfianza de las élites urbanas hacia el político forense, la presión de los prestamistas externos y el vacío dejado por un populismo débil y una izquierda marginal. Su marca distintiva fue una prudencia macroeconómica intransigente —control del déficit, defensa de la moneda, desconfianza del gasto expansivo— que explica tanto la estabilidad relativa de Colombia frente a sus vecinos como la postergación crónica de reformas estructurales en materia agraria, tributaria y laboral. Su poder fue siempre indirecto: no ganó elecciones sino que ocupó las juntas, los ministerios y los centros de investigación, circulando por una red pequeña y reconocible que funcionó simultáneamente como sistema de credenciales y como puerta giratoria entre Bogotá, Washington y Nueva York. La legitimidad del tecnócrata colombiano descansó en su desinterés declarado frente a los grupos de presión, argumento que le permitió arrebatar en 1963 el control monetario a la banca privada y que, con variaciones, justificó cada expansión posterior del poder ejecutivo sobre el legislativo. Como proceso histórico, la tecnocracia colombiana representa menos una doctrina coherente que una forma de gobierno cuya estabilidad dependió de que el marco general —apertura, disciplina fiscal, autonomía del banco central— rara vez entrara al debate del que dependían los propios recursos de quienes lo administraban.
En Colombia, la palabra tecnocracia nombra menos una doctrina que una manera de gobernar: la sustitución progresiva de la deliberación política por la decisión experta, apoyada en universidades, centros de pensamiento y bancos centrales, y validada por organismos internacionales. No es un episodio ni una escuela, sino un largo proceso que se extiende, con distintos ritmos, desde la Misión Kemmerer de 1923 hasta hoy, y que ha convertido a un puñado de economistas —formados en Bogotá, Cambridge, Chicago y Washington— en los operadores más constantes del Estado colombiano. Ese estilo de gobierno ha producido una estabilidad macroeconómica notable en el vecindario latinoamericano y, al mismo tiempo, una legitimidad estrecha: la ortodoxia se impuso menos por convicción compartida que por la debilidad crónica de sus alternativas.
Un poder que gobierna sin nombrarse
La tecnocracia colombiana no tiene un manifiesto, no ganó elecciones y rara vez se presentó como partido. Su fuerza es indirecta: dicta la política monetaria desde la Junta del Banco de la República, redacta los planes de desarrollo en el Departamento Nacional de Planeación, define los términos del debate desde Fedesarrollo, y llena, gobierno tras gobierno, los ministerios de Hacienda, las embajadas en Washington y las direcciones ejecutivas en Nueva York. Sus miembros circulan por una red pequeña y reconocible —el CEDE de los Andes, el Banco Mundial, el FMI, la CEPAL— que funciona como puerta giratoria y como sistema de credenciales.
Su marca es una prudencia macroeconómica intransigente: control del déficit, defensa de la moneda, desconfianza del gasto expansivo. Esa disciplina explica que Colombia haya evitado la hiperinflación argentina, la moratoria mexicana de 1982 y las cesaciones brasileñas, pero también que las reformas estructurales —agraria, tributaria, laboral— hayan quedado siempre subordinadas al equilibrio fiscal. Como personaje histórico, el tecnócrata colombiano es hijo de tres padres poco compatibles: la desconfianza de las élites urbanas hacia el político forense, la presión de los prestamistas externos, y el vacío que dejaron un populismo débil y una izquierda marginal.
Kemmerer, o cómo se importa un Estado
El punto de partida es 1923. Ese año, Edwin Walter Kemmerer, joven profesor de Princeton, encabezó la misión que reorganizó las finanzas colombianas y creó el Banco de la República. No era un asesor cualquiera: era un ingeniero institucional que venía a montar, sobre las ruinas de la larga inestabilidad monetaria del siglo XIX y de las guerras civiles, una estructura capitalista moderna. El Banco Nacional de 1880 no había sido un antecedente viable —nunca tuvo monopolio de emisión, nunca fue prestamista de última instancia, y terminó cerrado en 1896 por emisiones ilegales—; con Kemmerer se instalaron, en cambio, las bases estables del sistema monetario que aún rige el país.
El efecto fue inmediato y medible. Los ingresos fiscales crecieron con rapidez en los años veinte: los impuestos de aduanas, que aportaban el 56% del recaudo, saltaron de 22 millones de pesos en 1922 a 75 millones en 1927, y en 1925 el país registró por primera vez un superávit presupuestal. La contracara era la dependencia: hacia 1925 la política de inversiones públicas obedecía a las necesidades de exportación de capital de los centros financieros del norte, sobre todo de Nueva York, que empujaban obras de infraestructura de transporte para asegurar el retorno de sus créditos. La misión educativa alemana llegada en 1924 no tuvo la misma suerte, ahogada por las ambigüedades del gobierno; la financiera, en cambio, sí prosperó, y por una razón que se repetiría a lo largo del siglo: los intereses externos y los internos coincidían en que el país necesitaba, antes que nada, orden fiscal.
Kemmerer fijó un patrón. La expertise venía de afuera, se acompañaba de crédito externo, y aterrizaba en instituciones nuevas dirigidas por locales educados en su lengua. El resto del siglo colombiano puede leerse como variaciones sobre ese esquema.
Currie y el segundo acto: del Banco Mundial al desarrollo por decreto
La segunda gran misión no fue estadounidense sino multilateral. Lauchlin Currie, economista canadiense que había servido en la Reserva Federal y en la Casa Blanca de Roosevelt, encabezó la misión del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento —el futuro Banco Mundial— cuyos resultados publicó el Banco de la República en 1951 con el título Bases de un programa de fomento para Colombia. Currie diagnosticó la economía entera, propuso reasignaciones de recursos entre sectores, condicionó el respaldo a la siderurgia a que su acero pudiera venderse a precios comparables con el importado, y estableció el criterio de competitividad de costos como filtro del apoyo estatal a la industria.
El informe tuvo una peculiaridad reveladora: al menos algunas de sus recomendaciones —y las de estudios afines promovidos por organismos multilaterales— apuntaban a reubicar personal técnico agropecuario desde el campo hacia la ciudad, con la intención de institucionalizar bases para la liberalización de los mercados sustrayendo el conocimiento técnico del mundo rural. En 1955, un segundo diagnóstico del BIRF, encabezado por Herbert Stewart, examinó la estructura agraria colombiana. Ni el informe de Currie de 1950 ni el de Stewart de 1955 se tradujeron en políticas correctoras de la concentración de la tierra. La ortodoxia técnica podía diagnosticar la desigualdad rural con precisión y, a la vez, dejarla intacta: el sesgo estaba en las prioridades, no en la ceguera.
En paralelo, la CEPAL publicaba en 1957, en su versión definitiva, El desarrollo económico de Colombia, primer informe sistemático del organismo sobre el país y puerta de entrada del estructuralismo latinoamericano al debate local. Colombia adquirió así, en menos de una década, dos lenguajes técnicos rivales: el del Banco Mundial, centrado en eficiencia y precios; el de la CEPAL, centrado en la industrialización protegida. Los tecnócratas que emergerían después manejarían ambos, pero terminarían, casi siempre, inclinándose por el primero.
La formación de la casta: Los Andes, 1949
Un país que gobernaba con expertise importada necesitaba, tarde o temprano, producir la propia. Ese fue el papel de la Universidad de los Andes, abierta en Bogotá en 1949 con apoyo simultáneo de políticos liberales, conservadores e industriales, bajo el modelo de las universidades privadas norteamericanas. La coincidencia bipartidista de sus fundadores era en sí misma una declaración: en un país que se despedazaba en la Violencia, un grupo de urbanos acordaba que había tareas —la formación de ingenieros y economistas— por encima de la disputa partidista. Los Andes se especializó desde el inicio en carreras que las universidades tradicionales atendían mal: ingeniería, economía, administración de empresas.
No sustituyó a la Universidad Nacional ni a la Javeriana, pero abrió una vía de ascenso distinta. El político forense —abogado, orador, hombre de discurso latino y jurisprudencia— empezó a competir con un nuevo tipo: el economista de posgrado, formado luego en Harvard, MIT, Chicago o alguna escuela pública estadounidense, cómodo con modelos y estadísticas. La legitimidad para dirigir el desarrollo económico dejó, poco a poco, de reposar en la elocuencia y comenzó a reposar en las credenciales técnicas.
Alrededor del núcleo académico crecieron los centros de investigación. El Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico —el CEDE de Los Andes— se convirtió en el laboratorio donde figuras como Miguel Urrutia Montoya alternaban producción académica y cargos públicos. Fedesarrollo, fundado como think tank independiente, se consolidó como principal formador de opinión en política económica; por su dirección pasaron, a lo largo de medio siglo, nombres como Roberto Junguito, Carlos Caballero, José Antonio Ocampo, Guillermo Perry y Miguel Urrutia, y más tarde Juan Echavarría, Mauricio Cárdenas, Roberto Steiner y Leonardo Villar. Casi todos alternaron la casa con el Ministerio de Hacienda, el Banco de la República, el DNP o algún organismo multilateral: Fedesarrollo era la sala de espera y la casa de retiro de la misma élite.
Esa red produjo dependencias financieras específicas. Programas académicos de Los Andes dirigidos a consolidar la democracia liberal y la economía de mercado recibieron financiamiento del National Endowment for Democracy y del Center for International Private Enterprise, dos entidades vinculadas a la política exterior estadounidense. No se trataba de subordinación doctrinaria —los economistas colombianos habrían defendido la ortodoxia macroeconómica con o sin ese dinero—, sino de una coincidencia práctica que operaba como refuerzo: la agenda que Washington quería promover en la región era la misma que la élite técnica bogotana consideraba deseable, y esa doble validación estrechaba, sin que hiciera falta explicitarlo, el rango de lo discutible. Se podía debatir con dureza tal o cual medida del gobierno de turno; el marco general —apertura, disciplina fiscal, autonomía del banco central— rara vez entraba al debate del que dependían los propios recursos.
El Plan Decenal y la planeación como Estado paralelo
El instrumento con el que la tecnocracia entró al aparato público fue la planeación. La idea venía de lejos —la planeación soviética de los años veinte, las respuestas al derrumbe de los treinta— y había ingresado a la Constitución colombiana en los años cincuenta. Pero se hizo materia práctica en 1960, cuando el Departamento Administrativo de Planeación y Servicios Técnicos elaboró el Plan Decenal, respuesta directa a los compromisos que Colombia había adquirido en la reunión de Punta del Este en el marco de la Alianza para el Progreso.
Fue una operación reveladora. Kennedy ofreció recursos a América Latina a cambio de planes de desarrollo formalmente elaborados; Colombia respondió montando una oficina técnica que redactó el documento requerido. La tecnocracia se legitimaba internamente porque producía los documentos que el crédito externo exigía. Con los años, ese departamento derivaría en el Departamento Nacional de Planeación, corazón del Estado tecnocrático colombiano: el lugar donde se decidía la asignación de la inversión pública y, en la práctica, la orientación económica del gobierno.
Las reformas administrativas de 1958 —al final del régimen militar de Rojas Pinilla y en el arranque del Frente Nacional— y de 1968 completaron la arquitectura. Ambas crearon agencias de formulación de políticas responsables ante el presidente, con poder de decisión sobre política agrícola, industrial, de vivienda, bancaria y de recursos naturales. Fueron pobladas mayoritariamente por tecnócratas. El Congreso legislaba sobre asuntos generales; las decisiones concretas —cuánto crédito, qué tarifas, qué subsidios— se tomaban en oficinas ejecutivas de segundo o tercer piso.
La Junta Monetaria: 1963 como pequeño golpe institucional
El episodio que mejor condensa el desplazamiento de la política por la técnica es la creación de la Junta Monetaria en 1963. Hasta entonces, la junta directiva del Banco de la República tenía mayoría de miembros vinculados a los bancos privados y al sector empresarial: eran, en la práctica, los usuarios del crédito los que decidían las condiciones del crédito. La Ley 21 de ese año, promovida por el ministro de Hacienda Carlos Sanz de Santamaría, transfirió los poderes del directorio del Banco a una nueva Junta Monetaria, con el objetivo explícito de promover el crecimiento económico y alinear las políticas cambiaria, monetaria y fiscal.
El argumento técnico —el conflicto de interés de las asociaciones empresariales sobre la política monetaria— era impecable. Pero el efecto político fue mayor: el gobierno arrebató a la banca privada el control del instrumento monetario y lo entregó a un cuerpo dominado por funcionarios y expertos designados. La política monetaria dejó de ser negociación entre gremios y pasó a ser decisión de Estado, apoyada en criterios que la nueva economía cuantitativa proveía. Los tecnócratas se instalaron desde entonces en el centro de la política macroeconómica, con una legitimidad basada en su desinterés declarado frente a los grupos de presión.
1968: la reforma que cambió la Constitución sin nombrarla
El giro decisivo fue la reforma constitucional de 1968, impulsada por Carlos Lleras Restrepo y presentada al Congreso por su ministro de Gobierno, Misael Pastrana Borrero. Lleras, abogado y economista, encarnaba mejor que nadie la ambición modernizadora del Frente Nacional: quería un Estado capaz de intervenir la economía con instrumentos precisos, y creía que la Constitución de 1886, incluso con sus enmiendas, no lo permitía.
La reforma amplió el poder presidencial en varios frentes. Desarrolló el concepto de planeación ya consagrado en los años cincuenta, creando mecanismos institucionales para vigilar el gasto y los planes de desarrollo. Introdujo, en el artículo 122, la figura del estado de emergencia económica —propuesta y defendida desde el MRL por Alfonso López Michelsen—, que autorizaba al presidente a legislar por decreto ante crisis fiscales o monetarias. Y creó también una comisión especial del Congreso, integrada por parlamentarios regionales, encargada de vigilar la ejecución de los planes de desarrollo: en la jerga parlamentaria de la época se le llamó el congresito, apodo entre irónico y resignado que reconocía su naturaleza de miniatura legislativa dentro del legislativo mayor. Nunca llegó a integrarse ni a funcionar, y sería suprimida por la Constitución de 1991.
El precio político de la reforma se pagó por bajo. La mayoría de los parlamentarios se concentró en aspectos que los afectaban directamente —los auxilios parlamentarios, el número de curules— y dejó pasar sin examen los cambios institucionales de fondo. La reforma prolongó, además, la paridad bipartidista del Frente Nacional por cuatro años adicionales, hasta 1978, extendiendo así rasgos de la democracia restringida más allá de su período original. Constitucionalistas como Néstor Pineda y Tulio Enrique Tascón la calificaron de centralista, conservadora y autoritaria, con predominio de la tendencia a vigorizar al ejecutivo.
Vista desde el largo plazo, 1968 fue el momento en que la tecnocracia dejó de ser una influencia y pasó a ser un poder constitucional. El fenómeno se inscribía en un movimiento global: el Estado gendarme del siglo XIX cedía terreno al Estado intervencionista, que en todas partes desplazaba competencias del legislativo al ejecutivo. En Colombia, el desplazamiento fue especialmente profundo porque el Congreso lo aceptó sin resistencia, absorbido por sus propias concesiones clientelares.
Los hombres del oficio
Hay un momento, hacia los años sesenta, en que el tecnócrata deja de ser una figura excepcional y se vuelve el habitante natural del gabinete. El desplazamiento tiene precedentes claros, pero ninguno tan revelador como el contraste entre dos maneras de encarnar la presidencia. Guillermo León Valencia, presidente entre 1962 y 1966 —poeta, orador, hombre de la política tradicional—, generó desconfianza en amplios sectores urbanos precisamente por carecer de la formación económica o técnica que empezaba a considerarse necesaria para liderar el desarrollo. Su presidencia marcó el momento en que el político del viejo tipo forense empezó a caer en descrédito, no porque hubiera fracasado ostensiblemente, sino porque el estándar de legitimidad se estaba desplazando bajo sus pies. Los mismos gestos que en Laureano Gómez o en Alberto Lleras habían sido virtudes —la cita latina, la floritura oratoria, el manejo del código forense— en Valencia empezaron a parecer signos de una época que se iba.
Detrás de ese desplazamiento había una genealogía. Esteban Jaramillo, ministro de Hacienda de Enrique Olaya Herrera, había representado en los años treinta el arquetipo del hombre público formado en finanzas. Alfonso López Pumarejo, con la reforma constitucional de 1936, consagró el intervencionismo del Estado en la economía y dio forma jurídica a las ideas que venían desarrollando pensadores intermedios entre el capitalismo y el socialismo. Mariano Ospina Pérez llegó al poder con perfil de ingeniero-empresario. Alberto Lleras Camargo, en su segundo gobierno, presidió la primera fase del Frente Nacional que sentó las bases institucionales de la tecnocracia posterior.
Con Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) la figura adquirió centralidad indiscutida. Su gabinete, y las oficinas que creó, marcaron el arribo definitivo del economista al centro del Estado. Alrededor suyo trabajaron o se formaron Rafael Prieto, Jorge Méndez Munévar y una generación de jóvenes que pasarían por la CEPAL, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Fondo Monetario antes de regresar como ministros. La carrera dejó de ser una secuencia de cargos y se convirtió en un circuito.
Nadie encarnó ese circuito con más pureza que Miguel Urrutia Montoya, que hizo su vida entre el DNP, el Ministerio de Hacienda, la dirección del Banco de la República, la Universidad de Naciones Unidas en Japón y la dirección del CEDE, sin que fuera fácil decir cuál de esos lugares era su casa y cuáles sus viajes. Roberto Junguito Bonnet alternó Fedesarrollo, Hacienda, embajadas y organismos multilaterales con la misma naturalidad, y desarrolló una habilidad particular para aparecer siempre que se necesitaba negociar deuda. José Antonio Ocampo repitió el itinerario y le añadió un paso largo por Naciones Unidas, desde donde intentó, con éxito desigual, injertar acentos heterodoxos en un lenguaje que era esencialmente ortodoxo. Rudolf Hommes, formado en administración, se convertiría en el símbolo del giro de los noventa; Armando Montenegro dirigiría el DNP en los años decisivos de la apertura.
Y sin embargo, en ese circuito faltaba casi todo el mundo. Entre 1923 y 2022, solo seis mujeres alcanzaron posiciones equiparables a las de estos hombres: ninguna en el corazón del Banco de la República durante décadas, casi ninguna en Hacienda, algunas en el DNP. La tecnocracia colombiana no fue solo una hermandad de credenciales; fue también una hermandad masculina, y el dato no es marginal: describe la estrechez sociológica del cuerpo del que salieron las decisiones estructurales de la economía colombiana durante un siglo. Cuando el debate era interno a la casta, el rango de biografías que lo alimentaba era todavía más reducido de lo que sugerían los currículos.
1991: la Constitución que consagró la técnica
Si 1968 fue el momento constitutivo del ejecutivo tecnocrático, 1991 fue el de su blindaje frente a la política electoral. La Constitución promulgada bajo el gobierno de César Gaviria reemplazó una carta centenaria que existía en buena parte suspendida bajo el estado de sitio permanente, y creó mecanismos como la tutela para defender derechos. Pero también, y aquí importa más, reformó el Banco de la República para darle autonomía frente al gobierno. La política monetaria pasó a ser competencia de una Junta Directiva en la que, nominalmente, el único voto favorable al ejecutivo era el del Ministro de Hacienda; los codirectores, aunque nombrados por el presidente, tenían períodos escalonados diseñados para evitar la sincronía con los ciclos políticos.
La autonomía formal no eliminó las fricciones. Durante el primer gobierno de Álvaro Uribe (2002-2006), el presidente nombró tres codirectores, y persistieron tensiones prácticas en torno a los nombramientos y la coordinación de políticas. La independencia era real pero porosa: los tecnócratas del Banco compartían formación, redes y a menudo empleadores previos con los tecnócratas del ministerio, lo que producía convergencias sin necesidad de subordinación formal.
En paralelo, Gaviria y su ministro Rudolf Hommes emprendieron la apertura económica, aplicación local del programa de reformas que se conocería como Consenso de Washington. El resultado fue mixto y elocuente. Entre 1990 y 1994 el PIB creció en promedio 4,26%, pero el PIB agropecuario apenas 2,52%, con una caída dramática a -2,0% en 1992. El crecimiento fue impulsado sobre todo por consumo suntuario —automóviles importados—, construcción y sector financiero, no por industria ni por agricultura. La promesa de que la apertura generaría competitividad e incursión en mercados externos resultó, en buena medida, ilusoria. La visión progresista del Estado en ese período se formuló, en cambio, en un lenguaje deliberado de realismo y tecnocracia, que evitaba el populismo y también, con frecuencia, la deliberación amplia: ni siquiera la totalidad del Congreso participaba en discusiones clave de política pública.
La red completa: Fedesarrollo, la FIP, los grupos económicos
Al lado del Estado, la tecnocracia produjo su propia sociedad civil especializada. Fedesarrollo funcionaba como caja de resonancia y como refugio: los economistas circulaban entre gobierno, banco central y think tank sin cambiar de código ni de agenda. La pequeña tecnocracia económica podía ejercer peer-group pressure sobre el gobierno, y junto con Fedesarrollo y otros actores contribuía a un sesgo definido en favor de políticas sin grandes déficits fiscales.
A finales de 1999, en pleno proceso de paz de Andrés Pastrana con las FARC, miembros destacados de los grupos económicos y de otras élites empresariales fundaron la Fundación Ideas para la Paz como vehículo para desarrollar ideas sobre la negociación y trabajar directamente con la administración. Fue una señal reveladora: cuando el país enfrentó su asunto más político —la guerra—, las élites económicas respondieron creando un think tank. La forma tecnocrática era, para entonces, el modo por defecto en que las élites urbanas se organizaban para incidir en el Estado.
La tecnocracia trabajó, además, con los dos partidos tradicionales. Liberales y conservadores se apoyaron en ella para imponer una ortodoxia económica cuidadosa que a veces parecía desconocer aspectos fundamentales de la realidad del país. Los tecnócratas fueron, en los años iniciales del gobierno de Uribe (2002-2010), aliados entusiastas del proyecto uribista, que combinó su presencia con la de políticos tradicionales reinventados como outsiders. Uribe terminó, sin embargo, enfrentándose con muchos de ellos; la relación entre técnica y poder personal siempre fue tensa, y el uribismo mostró que la tecnocracia podía perder cuando el líder decidía prescindir de su marco.
Corrientes: estructuralismo, monetarismo, un debate silenciado
El pensamiento económico colombiano no fue monolítico. La reforma constitucional de 1936, impulsada por López Pumarejo, había consagrado un intervencionismo cercano a las ideas de pensadores intermedios entre el capitalismo y el socialismo. Antonio García desarrolló una obra de orientación estructuralista con tintes socialistas, tanto en sus conclusiones como en sus enfoques metodológicos. La CEPAL había traído la teoría del deterioro de los términos de intercambio y el estructuralismo latinoamericano, que en Colombia encontró oídos atentos hasta bien entrados los setenta. Salomón Kalmanovitz, décadas después, sostendría desde la heterodoxia una crítica sistemática al monetarismo local.
Pero la corriente dominante fue otra. La red Andes-Fedesarrollo-Banco de la República bebió sobre todo de la macroeconomía neoclásica en su versión estadounidense, con el monetarismo como piso común y la ortodoxia fiscal como tabú compartido. La carga tributaria efectiva sobre una misma renta creció de manera sostenida entre 1950 y 1978 —de 1,9% a 18,2%, con una reducción temporal en 1974—, prueba de que el intervencionismo fiscal se profundizó durante décadas; pero la retórica de la prudencia y la disciplina se mantuvo intacta, y a partir de los ochenta empezó a materializarse en desmonte progresivo del proteccionismo. La alta expertise técnica se canalizó predominantemente hacia agendas neoliberales, mientras en otros países de la región la misma clase de saber sirvió también a proyectos de izquierda.
Estabilidad sin arraigo
¿Qué dejó, entonces, la tecnocracia colombiana? Antes que nada, una excepción macroeconómica en la región: Colombia atravesó las décadas perdidas de América Latina sin cesación de pagos, sin hiperinflación y con tasas de crecimiento moderadas pero constantes. Esa estabilidad fue real y tuvo precio. La prudencia fiscal se logró con reformas tributarias regresivas, subejecución crónica de la inversión social y postergación indefinida de la reforma agraria diagnosticada desde Currie y Stewart. Las cifras macro se sostenían porque las cifras sociales se postergaban; uno de los dos lados del libro contable estuvo, durante décadas, cargado sobre poblaciones que no participaban en su redacción.
Dejó también un estilo de gobierno donde las decisiones fundamentales de política económica se toman fuera del debate público. La reforma de 1968 desplazó competencias hacia el ejecutivo, la de 1991 hacia una junta autónoma, y el resultado combinado es un país donde el Congreso legisla sobre asuntos generales mientras las variables macroeconómicas se deciden en oficinas técnicas coordinadas con el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Daniel Pécaut resumió la peculiaridad colombiana como la invocación casi permanente del Estado de Derecho, un sistema de representación pluralista y una orientación ortodoxa y prudente en lo económico, con la ausencia de una expresión nacionalista fuerte como su principal problema, y con la persistencia de las desigualdades sociales como su desafío no resuelto.
Y dejó, sobre todo, una legitimidad estrecha. La tecnocracia colombiana funciona porque sus alternativas nunca se consolidaron: no hubo un peronismo criollo, la izquierda quedó marginal o clandestina, los movimientos sociales no lograron traducirse en partido, y el gran empresariado —que en una época tuvo empuje y compromiso— fue perdiendo ambos gradualmente, en contraste con contextos como el mexicano donde surgió un empresariado con proyecto nacional propio. La ortodoxia se volvió sentido común por default y no por deliberación. Cuando aparecen liderazgos que rechazan explícitamente el marco técnico —Uribe en su enfrentamiento con los codirectores, líderes posteriores que apelan al voto contra la élite bogotana—, la tecnocracia descubre que su respaldo estaba hecho de credenciales y no de electorado, y que las credenciales no votan.
El gobierno Barco (1986-1990) ofreció, hacia el final del período clásico, una imagen nítida de la máquina en funcionamiento: llenó posiciones clave con egresados de Los Andes —María Mercedes Cuéllar en el DNP, Fernando Cepeda en Comunicaciones y luego en Gobierno, Rafael Pardo como asesor de las negociaciones de paz—, mostrando que la universidad privada creada por la coalición bipartidista de 1949 se había convertido, cuarenta años después, en el proveedor casi natural de los cuadros del Estado.
Coda
La tecnocracia colombiana no fue un injerto tardío ni un accidente reciente. Fue un proyecto de larga duración, construido desde afuera hacia adentro y desde arriba hacia abajo, que aprovechó cada crisis de legitimidad política para reforzarse: las guerras civiles decimonónicas hicieron necesaria a Kemmerer, la Violencia y el subdesarrollo hicieron necesarias a Currie y a Los Andes, el desgaste del Frente Nacional hizo necesarias las reformas administrativas de 1968, la crisis de los ochenta hizo necesaria la apertura de los noventa. Su continuidad no vino de un diseño coherente sino de la debilidad crónica de sus alternativas, y esa debilidad —populismo tenue, izquierda arrinconada, empresariado sin proyecto nacional, movimientos sociales sin traducción partidista— es tanto la explicación de su éxito como el límite que lo define.
Ese estilo de gobierno produjo un país macroeconómicamente estable en un continente inestable, y a la vez perpetuó una economía política en la que las grandes reformas estructurales quedan siempre para después. La disciplina fiscal cumplió durante un siglo una función que no le correspondía: reemplazar al pacto social que Colombia nunca supo o nunca quiso firmar. Donde otras sociedades negociaron —tarde y mal, pero negociaron— redistribución, derechos y ciudadanía económica, aquí se administró la escasez con planillas y se blindó el resultado detrás de juntas autónomas. La estabilidad tuvo, así, un carácter defensivo: no era el fruto de un acuerdo, sino el sustituto de uno.
Queda la biblioteca. Del informe Kemmerer al Plan Decenal, de las bases del programa de fomento a los planes cuatrienales, del acta fundacional de la Junta Monetaria a los comunicados del Banco de la República independiente, la tecnocracia colombiana dejó un archivo denso, competente y en buena medida ilegible fuera de su círculo. Es la biblioteca de un país que aprendió a gobernarse con planillas antes de aprender a gobernarse con acuerdos, y que descubre, cada cierto tiempo, que las planillas no bastan para contener lo que los acuerdos no lograron establecer. La pregunta que la tecnocracia deja abierta —al cabo de un siglo de méritos técnicos y de reformas postergadas— no es si supo gobernar, sino si esa manera de gobernar puede, por sí sola, sostenerse cuando el país que administró en silencio decide, por fin, hablar.
En el archivo
5 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Regeneración1886–19291
02Frente Nacional1958–19741
03Crisis y narcotráfico1974–19901
04Constitución de 19911991–20021
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Edwin Walter Kemmerer: economista de Princeton que encabezó la Misión de 1923, punto de partida del modelo tecnocrático colombiano al crear el Banco de la República y reorganizar las finanzas públicas
- 02Lauchlin Currie: economista del Banco Mundial cuyo informe de 1951 consolidó la planeación desarrollista y el criterio de competitividad como filtros de la política económica
- 03Departamento Nacional de Planeación: institución central de la tecnocracia estatal colombiana, heredera del Departamento Administrativo de Planeación y Servicios Técnicos, encargada de redactar planes de desarrollo y asignar la inversión pública
- 04Fedesarrollo: think tank independiente que funcionó como principal formador de opinión en política económica y como puerta giratoria entre la academia y los cargos públicos de hacienda y banca central
- 05Universidad de los Andes: institución fundada en 1949 que formó a las generaciones de economistas e ingenieros que nutrieron la tecnocracia colombiana, articulada con el CEDE y con financiamiento del National Endowment for Democracy
- 06Banco de la República: institución creada en 1923 y reformada en 1963 y 1991, núcleo institucional de la política monetaria tecnocrática colombiana
- 07Carlos Lleras Restrepo: presidente que impulsó la reforma constitucional de 1968, ampliando el poder ejecutivo y consolidando la arquitectura institucional de la tecnocracia
Personas
- Alfonso López Pumarejo3 piezas compartidas
- Carlos Lleras Restrepo3 piezas compartidas
- César Gaviria3 piezas compartidas
- Virgilio Barco3 piezas compartidas
- Alberto Lleras Camargo2 piezas compartidas
- Alfonso López Michelsen2 piezas compartidas
- Edwin Kemmerer2 piezas compartidas
- Ernesto Samper2 piezas compartidas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
34 documentos · 42 fragmentos
01Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 521 cita
[1]dirección de un joven profesor de Princeton, Edwin Walter Kemmerer, experto en 60. Kalmanovitz, Salomón, López Enciso, Enrique, La agricultura colombiana en el siglo XX, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, Banco de la República, 2006, p. 73. historia de colombia contemporánea (1920-2010) 52 cuestiones económicas y en…
p. 52
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 921 cita
[2]fue bruscamente eliminado cuando en 1887 se decidió suspender el derecho a emisión de los bancos privados. La obligatorie- dad en la recepción de los billetes del Banco Na- cional creado en 1880, mediante la figura del cur- so forzoso de papel moneda, el gobierno de Rafael Núñez logró convertir al Banco Nacional en su…
p. 92
03Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 381 cita
[3]ster- ling (more or less its traditional value of parity with the dollar.) 49 In 1909 the Junta de Conversión was created with specific funds to retire the paper money by burning it. As a result in 1914, only ten million pesos oro were circulating within Colombia, which was insufficient for the national economy. The…
p. 38
04El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 4111 cita
[4]había subido moderadamente en Bogotá a una tasa del 10% anual 35. Los impulsos de la actividad económica y financiera tuvieron efectos inmediatos so- bre los recursos fiscales. En aquel período el 56% de los ingresos estatales provenían de los impuestos de aduanas y éstos suben de $22 millones en 1922 a $75 millones…
p. 411
05La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 5121 cita
[5]se consideran como una categoría ocupacional nueva y, de una manera más o menos consensuada, se definen como correspondientes a un grupo social con cierta habilidad especial, una habilidad generalmente sustentada en un conocimiento abstracto y racionalizado, que requiere un entrenamiento previo que asegure el…
p. 512
06The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 2421 cita
[6]businessmen and technicians for political leadership seems more than a random process. To some degree it is an expression of the intensified aspirations for and concern about eco- nomic development among Colombia's urban sectors. In the struggle to develop, men with some claim to technical and economic competence not…
p. 242
07Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 132, 2302 citas
[7]de enseñan- za, también aquí el sector privado se desarrolló mucho. Este movimiento remontaba a 1931 cuando los jesuítas volvieron a abrir la Pontificia Univer- sidad Javeriana en Bogotá, para con- trarrestar así la enseñanza universita- ria oficial, iniciando en esa época la enseñanza de la economía en Colom- bia.…
p. 132
[40]estructuralista del pensamien- to de Antonio García, cuyos tintes so- cialistas no sólo trascienden en sus conclusiones sino que también pene- Capítulo 10 231 tran en los enfoques metodológicos que le sirven como punto de partida. Igualmente su trabajo Bases de eco- nomía contemporánea es fundamental en el análisis de…
p. 230
08Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 43, 642 citas
[8](Fundación Ideas Para la Paz 2004b). FIP was founded by leading members of Colom- bia’s economic groups, as well as other leading business elites at the end of 1999, as a vehicle to develop ideas about the peace process and to directly work with the Pastrana administration in its negotiating efforts (Richani 2002,…
p. 64
[14]efficiently, displacing peasants from their properties (accelerat- CIVIL-MILITARY RELATIONS IN COLOMBIA 32 ing urbanization), and exacerbating land concentration. Foreign investment increased in manufacturing during the late 1940s and early 1950s, industrial production increased by 56 percent between 1948 and 1953,…
p. 43
09Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 2711 cita
[9]0/ Budget Institutions 255 consumers, and fortunately for Colombia, there is no powerful importer lobby,30 nor a well organised populist party. The left has been a con- fused focus of opposition to the traditional parties and has never had significant popular backing or influence over public opinion. In economic…
p. 271
10A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 260, 2662 citas
[10]chief program - ming unit: José D. Uribe; director of investment and public finance: Carolina Soto; director’s assistant: Juan M. Laserna. 25 Just six women from 1923 to 2022. Chapter 13 in this volume presents an extensive discussion of women’s participation in economic policy in the 20th century. 26 Directors of…
p. 266
[19]and Ecuador, the govern - ment decided to remove the monetary authority from the bank in 1963. The idea of aligning exchange and monetary policies with fiscal expenditure pro - moted the creation of the Junta Monetaria. Before 1963, the board of the Banco de la República had a majority of members related to the banks…
p. 260
11Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 4371 cita
[11]Wiesner, quien se desempeñaba como decano en esa universidad, me ayudó a conseguir una oficina en el Centro de Estudios sobre Desarrollo Eco-- nómico (CEDE), donde Wallace Atherton sirvió como director interino de mi investigación. Los estudios del siglo XIX y comienzos del siglo XX de Colombia tuvieron un comienzo…
p. 437
12Estado crítico de la propiedad rural y de las políticas agrarias en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 72 citas
[12]del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…
p. 7
[13]del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…
p. 7
13Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1441 cita
[15]haya sido la causa del abuso del artículo 121 de la Constitución” 93. Otra importante innovación fue la de desarrollar el concepto de planeación que se había consagrado constitucionalmente en los años cincuenta. La reforma del 68 creó una comisión especial encargada de vigilar la ejecución de los planes y programas de…
p. 144
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1051 cita
[16]directamente guiadas y emprendidas por el poder ejecutivo, según lo que en cada momento entendiera por tales: creación de industrias manufactureras, concesión de terrenos baldíos, atracción de inmigrantes de origen europeo, construcción de ferrocarriles, telégrafos y caminos carreteables, escuelas normales, textos de…
p. 105
15Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 891 cita
[17]ingreso a la vida laboral en Colombia? IB: Llegué a Colombia a principios de 1990. Los primeros meses se me fueron en hacer contactos, pues mi red social en Colombia se limitaba a mis antiguos amigos de colegio. Me acuerdo, por ejemplo, que visité a Horacio Serpa, quien ejercía en ese momento como ministro de Gobierno…
p. 89
16Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 211 cita
[18](General Directorate of the National Police) DIC Direccion de Investigacion Criminal (Criminal Investigation Directorate) Dijin Direccion de Policia Judicial e Investigacion (Judicial and Investigative Police Directorate) DNP Departamento Nacional de Planeacion (National Planning Department) EAE Escuela de Aviacion…
p. 21
17Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 209, 2212 citas
[20]que éstos no cedan ante esas presiones. Si al tomar decisiones los bancos centrales cedieran ante el gobierno o el sector privado, se estarían validando ex- 2 Este concepto fue introducido por los premios Nobel de Econo- mía Kydland y Prescott (1977). Acá empleo simplemente una aplica - ción del mismo a las políticas…
p. 209
[21]y no los del gobierno. Lo anterior sin perjuicio de la obligación del Banco de coordinar sus decisiones con la política económica del gobierno. Entrevista a Salomón Kalmanovitz, Bogotá, mayo 14 de 2008. 221 La independencia del Banco de la República y la reelección presidencial Salomón Kalmanovitz (César Gaviria);…
p. 221
18Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 241, 2442 citas
[22]Bogotá a Indira Gandhi, primera ministro de la India, octubre de 1968. que en el futuro las reformas debili- taran la representación parlamentaria de su partido. En los primeros días de diciembre Ospina busca el reinicio de la colaboración con Carlos Lleras, es- fuerzo que culmina con la refrenda- ción de la…
p. 244
[24]los parlamenta- rios, al igual que como resultado de los debates y las transacciones. Aun así, ya para febrero de 1967, el go- bierno había logrado la aprobación en la Comisión Primera del Senado de un proyecto de reforma que respetaba en gran medida las ideas del presidente Lleras Restrepo. Una adición impor- tante…
p. 241
19Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 201 cita
[23]obras publicas, régimen organico del presupuesto, subdivisi6n del territorio). Constitucionalistas de probada autoridad calificaron la reforma con las ex- presiones de «centralista, conservadora y autorita- tia, predominando la tendencia a vigorizar la in- fluencia del ejecutivo» (Néstor Pineda y Tulio Enri- que…
p. 20
20Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2231 cita
[25]tenidos en cuenta gracias a la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) y a que la reforma agraria recibió un gran impulso con el objetivo de entregar tierras a los campesinos. Otro asunto importante durante el gobierno de Lleras fue la reforma constitucional de 1968, pues, desde el inicio de…
p. 223
21Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2741 cita
[26]firmadas y en parte incumplidas. Muchas de sus normas constitu í an una actualizaci ó n indispensable de una constituci ó n formalista, ya centenaria, convertida en obst á culo a la democracia: reemplaz ó a una constituci ó n que exist í a en buena parte en la medida en que su vigencia se suspend í a, de modo que se…
p. 274
22The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 136, 2862 citas
[27]2019. 5. Email communication January 26, 2021. 6. Hall (2005) argues that New Labour had a choice: to offer a radical alternative to Thatch- erism, recognizing the sea changes of globalization, postindustrialization, new technologies, and the new neoliberal hegemony which made impossible a return to a Keynesian…
p. 286
[31]he thought about the common perception of him as a politician versus Jaramillo as a technocrat. He replied that he thought it was important to defend the “morality” of the peace process “from the perspec- tive of warriors and not from a position of surrender. As a gesture of strength and not weakness of the state.…
p. 136
2325 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 301 cita
[28]importaciones. pero desatendió la infraestructura. sobre todo la rural. que atravesó la peor recesión en muchos años. Mientras el PIB general creció en pro- medio 4,26% entre 1990 y 1994. el agropecuario lo hizo en 2,52% con cambios dramáticos como pasar de 5.9% en 1990 a -2.0% en 1992"". El crecimiento del PIB…
p. 30
24Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 561 cita
[29]reforms, a balanced bud- get, and an emphasis on export expansion and import substitution (World- mark 1984). Aided by favorable world economic conditions and moderate fiscal and monetary policies, the Colombian economy showed stable and consistent growth. From 1966 until 1974, annual growth rates of real G d P…
p. 56
25Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 1571 cita
[30]siquiera la totalidad del Congreso daba una verdadera discusión en esta, que es una pieza clave de la política pública. También sacó del limbo cierto autismo en los temas de orden público confinados al terreno de los militares y del presidente. Se había creado una especie de campana neumática consentida por todos. Los…
p. 157
26El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1161 cita
[32]una gran maestría para dejar saber a sus líderes 104. No es el objetivo de este capítulo hacer una anatomía del uribismo, pero este inicialmente incluyó al grueso de la tecnocracia y a políticos de trayectoria que querían inventarse como outsiders. Uribe terminó peleando con muchos de ellos. 105. Debido a que en la…
p. 116
27Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 2071 cita
[33]los dos partidos han servido para organizar la acción del Estado —con el apoyo de tecnócratas que, a veces, imponen una ortodoxia cuidadosa y razonable del manejo económico, pero a veces parecen desconocer muchos aspectos de la realidad del país— poniendo de acuerdo a los diferentes grupos económicos, gremios o…
p. 207
28Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 662 citas
[34]y a las ilusiones. En este punto es importante sintetizar cuatro opiniones recientes de analistas del estado del país: Daniel Pécaut recuerda que la “singularidad” del país consiste en “haber invocado, de manera casi permanente, el Estado de Derecho, así como un sistema de representación pluralista en el campo…
p. 66
[35]las ilusiones. En este punto es importante sintetizar cuatro opiniones recientes de analistas del estado del país: Daniel Pécaut recuerda que la “singularidad” del país consiste en “haber invocado, de manera casi permanente, el Estado de Derecho, así como un sistema de representación pluralista en el campo político y…
p. 66
29Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1041 cita
[36]distribución del poder, excluyendo a su pueblo, negando lo propio y asumiendo ante el mundo el tono y el discurso de una sociedad sin carácter, entregada a la imitación y carente de todo orgullo local. Lo que uno no entiende es que esos poderes hayan mirado con tanto rencor toda expresión de inconformidad, la hayan…
p. 104
30Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3081 cita
[37]estructura agraria, más bien las acusaciones de corrupción por la compra de ganado y bienes raíces fueron un componente de la etapa final de su gobierno, centrándose más en los procesos de coloni zación y parcelación. De igual manera que el informe de la Misión Currie de 1950, el diagnósti co efectuado en 1955 por…
p. 308
31Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 9031 cita
[38]exportaciones; el mercado potencial para esos nuevos productos; el costo relativo del aumento de la producción de artículos de exportación, en com- paración con el de la producción de trigo; y la posibilidad de usar ventajosamente para otros objetos la tierra y los brazos empleados ahora en la producción de trigo.…
p. 903
32Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 1111 cita
[39]partidos del Frente 23 Del primer informe de la CEPAL sobre Colombia, El desarrollo económico de Colombia, existe un “resumen de los aspectos más importantes”, publicado en la Revista del Banco de la República, (1955, 20 de octubre), volumen XXVIII No.336, Bogotá, páginas 1234-1246.La versión definitiva de este…
p. 111
33Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 4331 cita
[41]t 53 secular, 350 subcultura ju ve nil, 320-322 supersticiones, 318 tradiciones, 3 t8- 319, 350 transformaciones sociales, 93 urbana,92 valores, 109, 292, 324 vida urbana, 303, 318, 323 v. t. familia sociedades de socorro mutuo, 63 sociólogos, 323 soldados, derecho de sufragio, 100 sometimiento a la justicia, 329 v.…
p. 433
34Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 5521 cita
[42]del concepto de gasto neto utilizado en el cuadro VILg. 19 Esta tendencia derrotó incluso las medidas de alivio para los menores ingresos decretadas en 1960 y 1974. El efecto fue obviamente mucho más marcado en los años ochenta, como consecuencia de los altos ritmos de inflación. Memorando Económico (octubre de 1986,…
p. 552