Virgilio Barco Vargas
Crisis y narcotráfico
1921–1997
La biografía
Virgilio Barco Vargas (Cúcuta, 1921 — Bogotá, 1997) fue ingeniero, economista, diplomático y presidente de Colombia entre 1986 y 1990. Su cuatrienio, apretado entre el narcoterrorismo de Pablo Escobar, el exterminio paramilitar de la Unión Patriótica y el asesinato de tres candidatos presidenciales, produjo tres inflexiones estructurales que redefinieron al país: el desmontaje del cogobierno bipartidista heredado del Frente Nacional mediante un esquema explícito de gobierno-oposición, la desmovilización del M-19 bajo un modelo de paz parcelada que se volvería paradigma nacional, y la primera formulación institucional de la ruta que desembocaría en la Asamblea Constituyente de 1991. Presidente discreto, casi mudo en el estilo, Barco encarnó la paradoja de un tecnócrata formado en el MIT que gobernó el momento más operático de la violencia colombiana del siglo XX.
Línea de vida
- 1933
Inicio de estudios superiores en Bogotá
Leer contexto
Durante el gobierno de Enrique Olaya Herrera, Barco se trasladó a Bogotá para iniciar estudios superiores, iniciando una trayectoria académica que lo llevaría a graduarse como ingeniero en la Universidad Nacional de Colombia y luego a doctorarse en el MIT.
- 1947
Edil del Concejo de Cúcuta y secretario del Ministerio de Comunicaciones
Leer contexto
Barco ejerció simultáneamente como edil del Concejo de Cúcuta y como secretario del Ministerio de Comunicaciones, consolidando su perfil de administrador técnico con arraigo político regional en Norte de Santander.
- 1950
Matrimonio con Carolina Isakson
Leer contexto
Barco contrajo nupcias con Carolina Isakson, de ascendencia escandinava, formando la familia que acompañaría discretamente su larga carrera pública.
- 1986
Elección presidencial con el 58,3% de los votos
Leer contexto
En los comicios de mayo de 1986, Barco obtuvo el 58,3% de la votación frente al 35,8% del candidato conservador Álvaro Gómez Hurtado, con el respaldo de Alfonso López Michelsen y el Nuevo Liberalismo, y con mayorías liberales en ambas cámaras del Congreso.
- 1986
Posesión presidencial y anuncio del Plan de Rehabilitación Nacional
Leer contexto
El 7 de agosto de 1986, al posesionarse, Barco anunció el Plan de Rehabilitación Nacional dirigido a los municipios más pobres del país, ampliado a 272 municipios y unos cuatro millones y medio de colombianos, y proclamó el esquema gobierno-oposición que rompía con la tradición del Frente Nacional.
- 1988
Secuestro de Álvaro Gómez Hurtado e Iniciativa para la Paz
Leer contexto
El 29 de mayo de 1988, el M-19 secuestró a Álvaro Gómez Hurtado en Bogotá para presionar un diálogo multipartidista. Tras su liberación en julio, el gobierno lanzó en septiembre de 1988 la Iniciativa para la Paz, estructurada en tres fases: distensión, transición e incorporación.
- 1990
Acuerdo de Corinto y desmovilización del M-19
Leer contexto
El 9 de marzo de 1990 se firmó el Acuerdo de Corinto con la desmovilización de aproximadamente 900 guerrilleros del M-19, que se transformó en la Alianza Democrática M-19 y se integró a la vida política legal, sentando el precedente del modelo de paz parcelada.
El ingeniero que se hizo político
Barco pertenece a una estirpe santandereana en la que la actividad política se hereda como se hereda un apellido. Nortesantandereano de origen, terminó el bachillerato en su ciudad natal y en 1933, durante la administración liberal de Enrique Olaya Herrera, se trasladó a Bogotá a iniciar estudios superiores. Se graduó como ingeniero en la Universidad Nacional de Colombia y luego partió a Estados Unidos, donde obtuvo el doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Durante su estancia norteamericana amplió su formación hacia la economía, dictó clases y colaboró en publicaciones especializadas: al regresar a Colombia, traía un perfil poco común en la política del país, en el que el rigor de la ingeniería y el vocabulario del desarrollo económico convivían con las lealtades del liberalismo regional.
La política le venía por herencia; el liberalismo lo eligió él. Su primera investidura fue modesta y territorial: concejal del municipio de Durania, en Norte de Santander. De allí escaló hacia la administración departamental como secretario de Obras Públicas y Hacienda, y en 1947 aparecía ya como secretario del Ministerio de Comunicaciones y edil del Concejo de Cúcuta. En 1950 contrajo matrimonio con Carolina Isakson, de ascendencia escandinava, con quien formaría una familia que acompañaría discretamente su carrera pública. Esa combinación —ingeniero formado en Cambridge, liberal santandereano de escalafón, hombre de administración antes que de tribuna— definiría su estilo de gobierno: la desconfianza hacia el gesto, la preferencia por el diseño institucional, la sospecha frente a la retórica.
Antes de la presidencia, Barco había recorrido casi todos los escalones del Estado colombiano: ministerios técnicos, embajadas —incluyendo la de Washington y la del Reino Unido en Londres—, la representación en organismos internacionales de financiamiento, la alcaldía de Bogotá. Cuando el Partido Liberal lo postuló como candidato para las elecciones de 1986, no llegaba como una promesa, sino como el resultado acumulado de cuatro décadas de servicio público.
El mandato del 58 por ciento
Los comicios de mayo de 1986 fueron un plebiscito. Barco, con el respaldo del expresidente Alfonso López Michelsen y la incorporación del Nuevo Liberalismo, obtuvo el 58,3 por ciento de los votos frente al 35,8 por ciento de Álvaro Gómez Hurtado, el candidato conservador. El liberalismo consiguió además mayorías sólidas en ambas cámaras. La izquierda, representada por Jaime Pardo Leal de la Unión Patriótica, alcanzó 328.752 votos —el 4,5 por ciento—, un resultado sin antecedentes en la historia electoral de la izquierda colombiana y una señal, entonces subestimada, de que un cuarto actor pugnaba por entrar al sistema.
La contundencia de la votación tenía una implicación política que Barco decidió llevar hasta sus últimas consecuencias. Rompió con la práctica de gabinetes compartidos entre liberales y conservadores que se había convertido en costumbre desde el Frente Nacional, y anunció un esquema explícito de gobierno y oposición. El conservatismo, invitado a ser oposición leal, se replegó con incomodidad. La decisión, que hoy parece obvia en cualquier democracia, era en 1986 una ruptura con la lógica de reparto que había regido la política colombiana durante casi tres décadas. Barco entendía que sin un ejecutivo con identidad partidista y capacidad de decisión no era posible enfrentar la crisis que se avecinaba, y que el consenso permanente entre los dos partidos tradicionales había vaciado a la política de contenido programático.
El 7 de agosto de 1986, al posesionarse, anunció un Plan de Rehabilitación Nacional dirigido a los municipios más pobres del país. La premisa era la de un economista: si la pobreza y la desigualdad alimentaban la guerrilla, atacar las causas materiales del descontento vaciaría a las organizaciones armadas de su razón de ser. El PNR, que ampliaba un programa iniciado bajo el gobierno anterior, se extendió a 272 municipios y alcanzó a unos cuatro millones y medio de colombianos con proyectos de infraestructura, servicios y desarrollo local, articulados a través de mecanismos de planeación participativa. Era el intento más ambicioso hasta ese momento de llevar la presencia del Estado a las periferias históricamente abandonadas.
La arquitectura de la paz parcelada
La política de paz de Barco recibió el nombre oficial de Política de Reconciliación, Normalización y Rehabilitación. Detrás del rótulo administrativo se escondía un giro doctrinal profundo. El gobierno de Belisario Betancur había ensayado, entre 1982 y 1986, una fórmula opuesta: diálogo amplio, treguas sin desarme, discusión de reformas estructurales con las guerrillas sentadas a la mesa. Aquella experiencia terminó consumida por el fuego —el holocausto del Palacio de Justicia en noviembre de 1985 fue su epitafio— y por la constatación de que las FARC habían utilizado la tregua para expandirse territorialmente al mismo tiempo que se creaba la Unión Patriótica.
Barco invirtió los términos. Concentró en el ejecutivo la conducción del proceso, exigió que las conversaciones se realizaran en zonas designadas y estableció una condición innegociable: desmovilización completa a cambio de reintegración a la vida civil. Las reformas estructurales —agraria, urbana, política— dejaban de ser objeto de la negociación y pasaban a canales paralelos, decididos por los mecanismos ordinarios de la democracia. La guerrilla podía obtener garantías para su tránsito a la política legal, pero no derecho de veto sobre el diseño del país. Los interlocutores privilegiados de la reforma dejaban de ser los alzados en armas y pasaban a ser las comunidades afectadas por el conflicto.
Para poner en marcha el aparato, Barco nombró en 1986 al economista Rafael Pardo Rueda, entonces sin capital político propio, como consejero presidencial encargado de operar el Plan Nacional de Rehabilitación y, con el tiempo, de conducir las negociaciones. La elección de un tecnócrata joven, sin bandera partidista ni ambición electoral inmediata, era coherente con la lógica del gobierno: la paz como asunto de Estado gestionado por profesionales, no como escenario para el protagonismo de caudillos.
El modelo reposaba sobre cuatro elementos: reconocimiento de la legitimidad del gobierno, reconocimiento de los insurgentes como interlocutores válidos, intención expresa de que la negociación terminara en desmovilización, y compromiso gubernamental de emprender una reforma política de fondo por vías institucionales. La heterogeneidad de la guerrilla colombiana —que impedía cualquier mesa unificada— jugó a favor del esquema: la paz podía negociarse por parcelas, grupo por grupo, sin que un veto lo bloqueara todo.
El M-19 y el Acuerdo de Corinto
El primer y decisivo ensayo del modelo fue el M-19. La organización de Jaime Bateman, protagonista del robo de la espada de Bolívar, de la toma de la embajada dominicana y del holocausto del Palacio de Justicia, llegó al gobierno Barco disminuida militarmente y en busca de un lugar en la vida política legal. El 29 de mayo de 1988, en Bogotá, el M-19 secuestró al dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, precisamente al hombre que Barco había derrotado dos años antes. La operación tenía un propósito paradójicamente político: forzar un diálogo nacional multipartidista sobre la paz.
Gómez permaneció secuestrado hasta julio y su liberación abrió camino a las llamadas Conversaciones de Usaquén, impulsadas por el M-19. En septiembre de 1988, el gobierno respondió con una formulación oficial de su ruta: la Iniciativa para la Paz, que estructuraba el proceso en tres fases sucesivas —distensión, transición e incorporación—. La secuencia era decisiva: no había reforma sin desarme, no había desarme sin garantías, no había garantías sin reforma. Cada peldaño condicionaba al siguiente.
Las negociaciones avanzaron durante 1989 hacia un compromiso central: el M-19 aceptaba desmovilizarse a cambio de la aprobación de una reforma constitucional que abriera espacios de participación política. En noviembre de 1989 se firmó el Pacto Político por la Paz. Semanas después, la reforma fue hundida en el Congreso, en un episodio que un funcionario cercano describiría más tarde con crudeza: congresistas de las mayorías liberales y conservadoras, algunos vinculados a la mafia, votaron para enterrar el acuerdo. El ministro de Gobierno Carlos Lemos Simmonds, que había pilotado la negociación, renunció. En diciembre, el M-19 convocó una Asamblea Constituyente que emergiera directamente del pueblo, saltando por encima de un Congreso que había demostrado ser incapaz de reformarse a sí mismo.
Aun así, el proceso siguió su curso. El 9 de marzo de 1990, en Santo Domingo (Cauca), se firmó el Acuerdo de Corinto y se desmovilizaron aproximadamente 900 guerrilleros del M-19. La organización se transformó en Alianza Democrática M-19, entregó las armas y se preparó para competir en las elecciones. Un mes después, en abril de 1990, su candidato presidencial Carlos Pizarro Leongómez era asesinado a bordo de un avión por un sicario del paramilitarismo. Antonio Navarro tomó las banderas y llegaría a copresidir la Asamblea Constituyente, ministro, congresista, alcalde y gobernador: la reinserción del M-19, medida en trayectorias, fue exitosa.
El precedente estaba sentado. Los diálogos preliminares con el Ejército Popular de Liberación, el Movimiento Armado Quintín Lame y el Partido Revolucionario de los Trabajadores se iniciaron en los últimos meses del gobierno Barco y culminarían bajo Gaviria, entre 1990 y 1991. La perspectiva de participar en la Asamblea Constituyente actuó como incentivo político decisivo: el modelo de paz parcelada demostraba que funcionaba cuando el Estado ofrecía representación política real a cambio del desarme.
El genocidio de la Unión Patriótica
La Unión Patriótica había nacido en 1984 como resultado de los Acuerdos de La Uribe entre el gobierno Betancur y las FARC, y se le dio vida jurídica y política formal el 28 de enero de 1985. Era, en el diseño, el brazo político legal de la insurgencia; en la práctica, un frente amplio en el que confluyeron el Partido Comunista, sectores liberales disidentes, sindicalistas y organizaciones campesinas. Los propios dirigentes de las FARC y del Partido Comunista la presentaron públicamente como proyección política de una guerrilla que no entregaba sus armas, y esa ambigüedad estratégica la marcó para siempre: paramilitares, sectores de las Fuerzas Armadas y élites regionales la señalaron como enemigo interno legítimo.
La violencia contra la UP no comenzó bajo Barco: cuando el partido celebró su primer congreso en noviembre de 1985, ya habían sido asesinados al menos 70 militantes. Para septiembre de 1986 —el mes en que Barco cumplía su primer mes de gobierno— las víctimas rondaban las 300. Ese mismo mes fueron asesinados los congresistas Pedro Nel Jiménez y Leonardo Posada Mendoza, en lo que marcó el inicio público del exterminio bajo el nuevo gobierno.
La UP, sin embargo, seguía creciendo electoralmente. Llegó a elegir 14 congresistas, 18 diputados en 11 asambleas departamentales, 335 concejales en 187 concejos, y en las elecciones de 1988 —las primeras elecciones populares de alcaldes de la historia colombiana— obtuvo cerca del 10 por ciento de las alcaldías del país, alrededor de 100 de 1.000 municipios. El gobierno Barco nombró 23 alcaldes de la UP en los municipios donde el partido había tenido mayor votación. Ese avance, en un país acostumbrado al bipartidismo, chocaba frontalmente con estructuras paramilitares que ya operaban desde Puerto Boyacá y el Magdalena Medio hacia otras regiones.
La violencia se organizó por regiones y por planes. Los paramilitares, con apoyo documentado de mandos militares locales, desplegaron una campaña sistemática de exterminio en Urabá, el Magdalena Medio, los Llanos Orientales, el nordeste antioqueño y Caquetá. Se ejecutaron operaciones bajo nombres como el Plan Baile Rojo y el Plan Esmeralda —este último centrado en Llanos Orientales y Caquetá—, con el propósito expreso de aniquilar la red política de la UP. La coordinación desde Puerto Boyacá hacia otras regiones ha quedado documentada por la memoria histórica del país.
El gobierno Barco intentó reaccionar. Denunció públicamente el paramilitarismo, buscó desmontar su cobertura legal mediante la derogación de la Ley 48 de 1968 —que había servido de amparo jurídico para la organización de grupos civiles armados— y realizó esfuerzos para proteger a dirigentes de la izquierda política. Fue tarde e insuficiente. El paramilitarismo estaba ya profundamente implantado, articulado con narcotraficantes, terratenientes y sectores de las Fuerzas Armadas. La ley se derogó, pero las estructuras siguieron operando.
Sobre la responsabilidad personal de Barco en el exterminio de la UP existe una controversia periodística: el periodista Alberto Donadío ha sostenido tener fuentes que lo comprometerían, versión que otros —como Humberto de la Calle, que lo conoció de cerca— consideran conjetural y contradictoria con el comportamiento democrático del presidente y sus gestos concretos de protección a la izquierda. El juicio más ecuánime es que el gobierno Barco fue impotente antes que cómplice, pero esa impotencia, en un Estado que se reclamaba de derecho, tuvo un costo que las FARC leyeron cuidadosamente: el exterminio de la UP alimentó su desconfianza estructural hacia cualquier tránsito futuro a la política legal y pesaría durante décadas sobre la posibilidad de una salida negociada al conflicto armado.
La guerra contra los carteles
El otro frente, el que ocupó los titulares de todos los diarios del mundo, fue la guerra contra el narcotráfico. En diciembre de 1986, la Corte Suprema de Justicia declaró inexequible la Ley 27 de 1980, que ratificaba el tratado de extradición con Estados Unidos, con el argumento técnico de que el instrumento no había sido firmado por el presidente sino por el ministro de Gobierno encargado. Barco reaccionó de inmediato y sancionó la Ley 68 de diciembre de 1986 para mantener vigente el mecanismo. La extradición se convertiría, en el diseño narcotraficante, en la línea roja de la guerra.
Los carteles, con Pablo Escobar y el Cartel de Medellín a la cabeza, respondieron con un terrorismo sistemático. En diciembre de 1986 había sido asesinado el periodista Guillermo Cano, director de El Espectador. En enero de 1988 cayó el procurador general Carlos Mauro Hoyos. El sistema judicial fue el blanco preferido: entre 1979 y 1991 fueron asesinadas 290 personas en cumplimiento de funciones judiciales, y en 1987 el 25,4 por ciento de los jueces del país reportaban haber recibido amenazas directas o contra sus familias. Los narcotraficantes construyeron el argumento público —falso, como diría más tarde el propio Rafael Pardo— de que la violencia era consecuencia de la aplicación del tratado, cuando en realidad la extradición no se aplicaba desde 1986.
El 18 de agosto de 1989, en la plaza de Soacha durante un acto de campaña, Luis Carlos Galán Sarmiento —candidato presidencial liberal, favorito indiscutible para las elecciones de 1990 y el político más comprometido con la extradición— fue asesinado. Los sicarios estaban encabezados por Jaime Eduardo Rueda Rocha, entrenado en las escuelas paramilitares del Magdalena Medio; uno de los fusiles utilizados fue un Galil perteneciente al lote de armas traído clandestinamente desde Israel para Acdegam. La conexión entre narcotráfico, paramilitarismo y el asesinato del liderazgo democrático quedaba trazada en un solo crimen.
Barco declaró la guerra abierta al narcotráfico. Restableció la extradición por vía administrativa mediante decretos de Estado de Sitio, autorizó extradiciones concretas y golpeó la infraestructura del Cartel de Medellín. En septiembre de 1989, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, pronunció un discurso en el que sostuvo que la guerra contra las drogas era una guerra mundial y convocó a la comunidad internacional a decidir de qué lado estaba. La Asamblea se puso de pie y lo aplaudió durante varios minutos: por primera vez, Colombia planteaba el problema del narcotráfico como una corresponsabilidad global, no como una carga unilateral de los países productores.
Puertas adentro, la corrupción avanzaba más rápido que la persecución. A principios de 1989, el DAS y la Policía tenían información de inteligencia que documentaba relaciones del Cartel de Medellín con altos mandos militares, altos funcionarios del gobierno y políticos. César Gaviria, entonces ministro de Gobierno, y el director del DAS Miguel Maza Márquez, que había sobrevivido a atentados espectaculares, operaban en un entramado en el que la fuerza legítima del Estado se cruzaba con estructuras delincuenciales infiltradas por el dinero del narcotráfico. El monopolio estatal de la violencia, en muchas regiones, había dejado de existir.
La semilla de la Constituyente
Barco entendió temprano que la Constitución de 1886, remendada por el Plebiscito de 1957 y agotada por el Frente Nacional, era un obstáculo estructural para procesar la crisis. En enero de 1988 —el mismo año en que se realizaron las primeras elecciones populares de alcaldes, otro hito descentralizador— propuso una consulta popular para derogar el artículo 13 del Plebiscito de 1957, disposición que impedía una reforma a fondo de la Constitución. La propuesta no prosperó, pero abría el debate.
El fracaso, a finales de 1989, de la reforma constitucional pactada con el M-19 selló el diagnóstico: por la vía parlamentaria ordinaria no era posible reformar la Carta. El propio Congreso, capturado en parte por intereses vinculados al narcotráfico y a las maquinarias clientelistas, se había convertido en obstáculo. La ciudadanía respondió con la iniciativa conocida como la Séptima Papeleta, un voto informal impulsado por el movimiento estudiantil en las elecciones de marzo de 1990, que pedía convocar una Asamblea Constituyente.
La convocatoria formal se realizaría en dos tiempos y a través de dos decretos de Estado de Sitio, uno expedido bajo Barco y otro bajo Gaviria, ambos ratificados por la Corte Suprema de Justicia. Barco puso la primera piedra jurídica; Gaviria la culminó. La paradoja histórica no es menor: la violencia narcoterrorista y el fracaso del Congreso —los dos fenómenos que el gobierno Barco no logró contener— fueron, en el mismo movimiento, los factores que hicieron inevitable la ruptura constitucional que su gobierno había venido diseñando por otras vías.
Las elecciones de 1990 fueron una carnicería política: tres candidatos presidenciales asesinados —Galán en agosto de 1989, Bernardo Jaramillo Ossa de la UP en marzo de 1990 y Carlos Pizarro Leongómez de la AD M-19 en abril del mismo año—. En ese contexto, César Gaviria Trujillo, joven ministro de Barco que había recogido las banderas de Galán, fue elegido presidente. En diciembre de 1990 se realizaron las elecciones para la Asamblea Constituyente. La coalición liderada por el M-19 desmovilizado, con el respaldo del EPL, el Quintín Lame y el PRT, obtuvo cerca de un tercio de los escaños: la solidaridad popular con el M-19 tras el asesinato de Pizarro se tradujo en un resultado que reordenó el mapa político colombiano.
La Asamblea Nacional Constituyente sesionó durante el primer semestre de 1991 y la nueva Constitución fue sancionada el 4 de julio de ese año. Introdujo la elección directa de gobernadores, creó la Corte Constitucional y la Defensoría del Pueblo, incorporó mecanismos jurídicos para la protección de los derechos fundamentales, profundizó la descentralización administrativa y estableció controles políticos sobre el Ejecutivo. Fue una Carta más pluralista y democrática que la de 1886, y su alumbramiento no habría sido posible sin las piezas que Barco había ido colocando en el tablero entre 1986 y 1990.
Red de un gobierno
La política de Barco fue, en gran medida, la política de sus hombres. Rafael Pardo Rueda, el economista sin capital político que llegó como consejero presidencial y terminaría siendo ministro de Defensa bajo Gaviria, fue el operador central de la paz. Germán Montoya, secretario general de la Presidencia, concentró el poder administrativo del ejecutivo en un grado que le valió el mote de vicepresidente sin cargo. César Gaviria pasó de ministro de Hacienda a ministro de Gobierno y de allí, tras el asesinato de Galán, a jefe de campaña y sucesor. Carlos Lemos Simmonds, Julio César Turbay, Alfonso López Michelsen, la vieja guardia del liberalismo, orbitaron alrededor del gobierno con las cautelas y desconfianzas propias de una familia política numerosa.
Su interlocutor conservador fue Álvaro Gómez Hurtado, el hombre a quien había derrotado en las urnas y a quien el M-19 secuestró para forzar el diálogo. Andrés Pastrana Arango, alcalde de Bogotá elegido en la primera elección popular de alcaldes en 1988, fue también secuestrado por el Cartel de Medellín en enero de ese año y liberado en operativo de la Policía. En el extranjero, Barco cultivó la relación con Washington en el contexto de la guerra antidrogas y con la comunidad internacional en un momento en que la imagen de Colombia se derrumbaba por la violencia. Su estilo diplomático, marcado por décadas de embajadas y organismos multilaterales, le dio al país una voz técnica en escenarios donde antes solo había habido queja.
Huella
Virgilio Barco murió en Bogotá el 20 de mayo de 1997, aquejado por la enfermedad de Alzheimer que le había robado la lucidez en sus últimos años. La ironía biográfica es cruel: el ingeniero, el hombre del cálculo y la memoria precisa, se apagó perdiendo el hilo de lo que había construido.
Su legado es doble y contradictorio. Por un lado, el diseño institucional: el esquema de gobierno-oposición que restauró la política programática después del cogobierno bipartidista, el modelo de paz parcelada que se convirtió en paradigma de las negociaciones colombianas posteriores, el Plan Nacional de Rehabilitación como intento pionero de llevar el Estado a la periferia, la ruta jurídica que hizo posible la Constituyente de 1991. En este plano, Barco es el arquitecto silencioso de la transición democrática colombiana del último cuarto del siglo XX.
Por otro lado, la sombra: el exterminio de la Unión Patriótica ocurrió en su cuatrienio y el gobierno no logró impedirlo, aunque lo denunció y actuó tarde. La penetración del narcotráfico en las instituciones alcanzó bajo su mandato una profundidad que ya no sería reversible. La violencia paramilitar, alimentada por una alianza entre narcotraficantes, mandos militares y terratenientes, se consolidó regionalmente en años en que un desmontaje enérgico pudo haber sido posible. Tres candidatos presidenciales fueron asesinados en los últimos doce meses de su gobierno. El monopolio estatal de la violencia se resquebrajó de forma sistémica.
Ambas caras conviven en el mismo hombre y en el mismo período. El diseño racional de un tecnócrata liberal se cruzó con una violencia que ese diseño no logró contener y que, paradójicamente, forzó las rupturas —la Constituyente, la desmovilización de las guerrillas, la crisis del bipartidismo— que ese mismo diseño había venido preparando por vías menos dramáticas. La Colombia del siglo XXI, en buena medida, se cuece en los cuatro años de un presidente que hablaba poco y escuchaba menos, y que dejó al país transformado sin haberlo dicho nunca en voz alta.
En la iconografía de los expresidentes colombianos, Barco ocupa un lugar peculiar: no tiene el brillo trágico de Galán, ni la elocuencia de Alberto Lleras, ni el carisma de López Michelsen, ni la audacia mediática de Betancur. Fue el ingeniero. El hombre que llegó al MIT en los años cuarenta y regresó a un país que apenas comprendía lo que él ofrecía. Su lugar en la historia depende menos de las frases que pronunció que de las instituciones que diseñó y de las que se dejaron diseñar por la fuerza de los hechos. Ese lugar, cuando se lo mira con la distancia necesaria, es más grande de lo que su discreción sugería.
Conexiones del archivo
Red histórica
Ver las 94 restantes
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
45 documentos · 56 fragmentos01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 278, 2812 citas
[1]el paterno, terminó los años de bachillerato en su ciudad natal. Después, en 1933, cuando el gobierno de Olaya Herrera, viaja a la capital colombiana a iniciar estudios superiores. Obtiene el título de ingeniero en la Universidad Nacional, luego de lo cual se desplaza a los Estados Unidos. Allí recibe el doctorado del…
p. 278
[40]Liberalismo y el 71.0 de los liberales. Lo cual refleja las diferencias perceptivas de los colombianos hacia un hecho tan común a todos como es el mando de la nación. Por otro lado, el 13 de marzo de 1988 se efectuaron las primeras elecciones para designa- ción de todos los alcaldes del país por votación popular, de…
p. 281
02Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 4851 cita
[2]10. Ibid., in MMG, 1944, 250; ibid., in MMG 1947, 121. 11. Ibid., in MMG, 1944, 250. 12. Ibid., in MMG, 1947, 122. 13. Ibid., in MMG, 1944, 254. 14. Ibid., in MMG, 1947, 12324. 15. Quote at ibid., in MMG, 1944, 255; see also ibid., in MMG, 1943, 160. 16. Ibid., in MMG, 1944, 255. De León is referring to wartime…
p. 485
03Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Páginas 1, 26 citas
[3]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…
p. 1
[4]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…
p. 1
[18]cercano al, y la Unión PCML EPL EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:27:22 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 Patriótica. El Frente Popular logró dos alcaldes, 30 concejales y dos diputados. La consiguió 20 alcaldías y 70 puestos en…
p. 2
[19]cercano al, y la Unión PCML EPL EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:27:22 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 Patriótica. El Frente Popular logró dos alcaldes, 30 concejales y dos diputados. La consiguió 20 alcaldías y 70 puestos en…
p. 2
[47]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
p. 1
[48]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
p. 1
04Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · Página 1221 cita
[5]San Rafael resquebrajó el dominio del Partido Conservador y mostró una apertura a la pluralidad política que luego se vio frustrada de manera violenta. Cuadro 1. Votaciones presidenciales en San Rafael (1970-1986) VOTACIONES A PRESIDENCIA EN SAN RAFAEL POR (3) CANDIDATOS CON MAYORES VOTOS 1970-1986 1970 1974 1978 1982…
p. 122
05Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 121, 1332 citas
[6]58,3% de la votación total, mientras que su principal adversario escasamente alcanzó un 35,8%. Es importante, igualmente, destacar la votación obtenida por el candidato de la Unión Patriótica, Jaime Pardo, quien obtuvo unos resultados sin antecedentes hasta ese entonces en la historia de la participación electoral de…
p. 121
[13]forzosamente, Barco minimizó su importancia. La negociación quedó reducida al tema del desarme, la desmovilización y reincorporación de las guerrillas mientras que la cuestión de las re formas (agraria, urbana, política, etc.), se decidía e implementaba por ranales paralelos”139. De hecho, bajo el nuevo esquema se…
p. 133
06Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 801 cita
[7]Party has moved much more slowly towards the 'catch-all' model. Virgilio Barco won handily in 1986 by conducting an eminently Liberal Party campaign. In the classic 'catch-all' model, parties move towards the centre of the political spectrum, becoming less distinct in terms of ideology and policy distinctiveness, rely…
p. 80
07Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 5601 cita
[8]of the siege and of military repression. Turbay Ayala took this line to its ultimate consequences. He rose to political office through inside connections, governed with the backing of the political machine, and dealt with social nonconformity and armed insurgence through the traditional expedient of repression. The…
p. 560
08Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 2042 citas
[9]del que tuvieron sus dos predecesores. Al mismo tiempo, promovió sig- nificativamente la reforma del sistema político colombiano y dirigió la desmo- vilización del tercer grupo guerrillero más grande del país, el M-19. Cuando tomó posesión de su cargo, el 7 de agosto de 1986, Barco anunció un “plan de rehabilitación…
p. 204
[10]del que tuvieron sus dos predecesores. Al mismo tiempo, promovió sig- nificativamente la reforma del sistema político colombiano y dirigió la desmo- vilización del tercer grupo guerrillero más grande del país, el M-19. Cuando tomó posesión de su cargo, el 7 de agosto de 1986, Barco anunció un “plan de rehabilitación…
p. 204
09Violence in Colombia: Building Sustainable Peace and Social CapitalWorld Bank (Caroline Moser et al.) · 2000 · Página 821 cita
[11]forces were left out of the dialogue process. Also, the Constitutional Reform of 1991 was partly a response to proposals from civil society and the guerrilla, and in 1997, Samper authorized regional dialogues between governors and armed groups. Rebuilding social and community institutions, or social capital, also runs…
p. 82
10Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Página 2921 cita
[12]presidente Barco, que en líneas gene- rales habría de mantenerse durante el gobierno de César Gaviria (1990 – 1994), tenía como elementos fundamentales el reconoci- miento de la legitimidad del Gobier no, el reconocimiento de los insurgentes como interlocutores válidos, la manifestación expresa de las partes de su…
p. 292
11Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 1591 cita
[14]fue la organización de una comisión de estudios sobre la violencia. Así, el ministro del Interior, Fernando Cepeda, encargó a un grupo de diez investigadores para que efectuaran un diagnóstico de los factores de violencia en la sociedad colombiana y los lineamientos de una nueva política de seguridad. La introducción…
p. 159
12Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 341 cita
[15]a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…
p. 34
13Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 138, 1472 citas
[16]con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…
p. 138
[17]los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…
p. 147
14Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 621 cita
[20]Alocución televisada del Presidente Virgilio Barco, sobre la Cuarta Declaración Conjunta Gobierno nacional -M-19, marzo 17 de 1989. 111 Declaración suscrita entre el Gobierno nacional y las comunidades indígenas de Tacueyó, Cauca, abril 1º de 1989. Virgilio Barco 1986-1990 63 de consensos. El gobierno y el M-19…
p. 62
15Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Página 1701 cita
[21]para que se privilegiaran las listas únicas. El M-19 pactó con el Gobierno que el acuerdo se volviera ley en el Congreso y que luego se convocaría a un referendo para reformar electoral- mente la Constitución del 86. Pero la mafia actuó por medio de sus congresistas y tumbó el acuerdo con mayorías parlamenta- rias…
p. 170
16¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 971 cita
[22]social más amplia, como los de Córdoba o la Sierra Nevada de Santa Marta, liderados por Fidel Castaño y Hernán Giraldo. Pese a la lucha contra la amenaza narcoterrorista, durante el Gobierno Barco se reanudaron las conversaciones de paz con el M -19. Estas se habían iniciado en enero de 1989 tras el secuestro y…
p. 97
17Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 471 cita
[23]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
p. 47
189 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Página 1291 cita
[24]media noche terminamos a pie en lo alto de una montaña. A lo lejos se veía el resplandor de Cali. Cerca de allí nos metieron en una pequeña cabaña completamente oscura y pasaban los minutos hasta de que repente prendieron varios reflectores sobre nuestras cabezas. Poco a poco pudimos ver a varios hombres en lo alto…
p. 129
19Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 2001 cita
[25]M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…
p. 200
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2611 cita
[26]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…
p. 261
21Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2671 cita
[27]lo grar que jefes guerrilleros participaran en pol í tica y fueran elegidos al Congreso y otras corporaciones, buscaban crear un canal para simpatizantes y militantes civiles, muchos de ellos influidos por el curocomunismo, que cre í an que el ambiente pol í tico y la fatiga con la violencia favorec í an la acci ó n…
p. 267
22Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 561 cita
[28]elections. The UP was a political party established by the FARC in 1984 during the peace process with the Betancur administration. It was hoped that the party would be one step toward the gradual demobililzation of the guerrillas. However, the UP would be decimated by the end of the 1980s by paramilitary and military…
p. 56
23Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2241 cita
[29]política y guerrillas: más allá de la llamada combinación de todas las formas de lucha En su gobierno, el presidente Belisario Betancur (1982-1986) puso en marcha un proceso de paz que reconoció las causas objetivas de la violencia, impulsó el diálogo con las guerrillas y admitió la necesidad de importantes reformas…
p. 224
24Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 201 cita
[30]el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…
p. 20
25Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 201 cita
[31]el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…
p. 20
26Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1461 cita
[32](quien pronto sería elegido a la Cámara de Representantes como suplente de Gilberto Vieira, el secretario del PC) hablaron a nombre de la UP, y la presentaron como la proyección política de las FARC, quienes conservaban sus armas. Los grupos paramilitares de todo el país no estaban dispuestos a permitirlo, así que…
p. 146
27El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 1892 citas
[33]lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…
p. 189
[34]lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…
p. 189
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1111 cita
[35]del Estado como su patrimonio natural» 373. El llamado «Baile Rojo» 374 y el «Plan Esmeralda» –este último desarrollado en la región–, tuvieron «la finalidad de perseguir y dar muerte a los miembros de la UP en los llanos orientales y Caquetá» 375, como lo denunció el asesinado congresista Henry Millán. La lucha…
p. 111
2925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · Página 271 cita
[36]pareciera oposición. Ello significó la práctica desaparición de la izquierda no ar- mada y de uno de los pocos logros tangibles de los acuerdos de paz 32. Así. para junio de 1987 se hizo explícito el fin de la tregua con las Farc, que de tiempo atrás no funcionaba en la práctica. Ante el recrudecimiento de la ·•guerra…
p. 27
30Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 1301 cita
[37]organizado, terrorismo a tutiplén. No se arredró ni perdió el hilo reformista de su Gobierno. En las postrimerías de su mandato, comenzó el proceso que derivó hacia la Constituyente de 1991. Modernizó la política y disparó también un proceso de modernización de la economía. Denunció y actuó contra el paramilitarismo.…
p. 130
31Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 1251 cita
[38]allies, the paramilitaries, it was simply an open book. “From the Uribe Agreement [for a cease-fire in 1984], I saw the danger,” the old Communist Party stalwart Alberto Rojas Puyo told me when I met with him years later. “They were going to assassinate all of us. Maybe the army wasn’t able to finish off the…
p. 125
32Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 2461 cita
[39]La frase no era cierta: no deseaban ni tumba ni cárcel, su propósito real era vivir en Colombia libremente, disfrutando de sus ganancias, habiendo sometido al Estado a sus dictados. En diciembre de 1986, la Corte Suprema declaró inexequible la Ley 27 de 1980, por la cual se había ratificado el tratado de extradición…
p. 246
33No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2291 cita
[41]plata» 676. De acuerdo con el exministro de Defensa Rafael Pardo, los narcotraficantes logra- ron posicionar el debate de la no extradición bajo la falsa premisa de que le violencia era producto de la aplicación del tratado de extradición, cuando la realidad era que, salvo algunas excepciones, este no había sido…
p. 229
34Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 641 cita
[42]lo que sería un nuevo paramilitarismo que llegaría a su pico una década después. El principio del fin de las Autodefensas de Henry Pérez comenzó ese 18 de agosto de 1989, cuando sicarios, encabezados por Jaime Eduardo Rueda Rocha, nacido en Yacopí, Cundinamarca, en el Magdalena Medio, y entrenado en las escuelas de…
p. 64
351989María Elvira Samper · 2019 · Página 311 cita
[43]corrupción, inestabilidad política y crisis institucional. Pero tal vez el llamado más importante y más sonado es el que Barco hace ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 1989: “La lucha internacional contra el narcotráfico no puede ser una guerra de palabras”, dice Barco, y advierte que la guerra del…
p. 31
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1161 cita
[44]Beatriz Villamizar y Diana Turbay –asesinada en la operación de rescate–; entre muchos otros. La paradoja de estos años fue que, si bien un sector del Estado combatió a los narcotraficantes, otro sector era su aliado con la justificación de los «fines superiores» en la lucha contrainsurgente. Y del mismo modo, un…
p. 116
37El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 162 citas
[45]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
[46]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
38Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 711 cita
[49]en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…
p. 71
39Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · Página 321 cita
[50]initiatives bifurcated the guerrilla movement, which then re- inforced a bifurcated state policy toward the two halves. Gaviria continued the peace initiatives begun by Barco, o ff ering material incentives and po- litical representation in the Constitutional Assembly to guerrilla groups that would demobilize but,…
p. 32
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1111 cita
[51]de desarrollo de carácter extractivista y que diezmaban la posibilidad de tener derechos sociales y territoriales. Y en buena parte de la región la defensa de la vida, la memoria y los derechos humanos cobró fuerza ante la arremetida de la violencia política. La denuncia de las desapariciones forzadas, las detenciones…
p. 111
41El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1121 cita
[52]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
42Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 2061 cita
[53]necesidad de consolidar los acuerdos firmados con el M-19, abrieron la puer- ta a una reforma de la Constitución. Recién los narcotraficantes habían reconocido el triunfo del Estado, pero paradójicamente fue en buena medida la violencia generada por ellos lo que permitió el proceso que desembocó en la convocatoria de…
p. 206
43La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 901 cita
[54]exilio, registradas principalmente en Ecuador (4.144), Venezuela (3.242), Canadá (2.878), España (2.110) y Estados Unidos (2.038). En los datos de la Acnur se destacan países de frontera, como Ecuador, que en 2007 registraba cerca de 265.000 solicitantes de asilo, y Venezuela, que para el mismo año reportó más de…
p. 90
44Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 941 cita
[55]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94
45La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 451 cita
[56]los antiguos combatientes regresaron a la vida civil y política, y jugaron de inmediato un papel esencial y constructivo. Su comandante, Carlos Pizarro, fue candidato a la alcaldía de Bogotá el mismo mes de su desmovilización y obtuvo la tercera votación. Luego lanzó su candidatura presidencial, que fue truncada por…
p. 45