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Hecho histórico · Crisis y narcotráfico · 1974–1990

X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilización

En octubre de 1989, doscientos veintisiete delegados del M-19 reunidos en Toribío (Cauca) votaron la dejación de armas y la conversión del movimiento en partido político legal, en un mecanismo deliberativo sin precedentes en guerrillas latinoamericanas del siglo XX. La decisión legitimó internamente el acuerdo de paz firmado con el gobierno Barco en marzo de 1990.

X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilización
Octubre de 1989 (Conferencia); 9 de marzo de 1990 (dejación de armas en Santo Domingo, Cauca)
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Octubre de 1989 (Conferencia); 9 de marzo de 1990 (dejación de armas en Santo Domingo, Cauca)
Dónde
Bogotá, Colombia, Toribío (Cauca), Santo Domingo (Cauca), Ciudad de México
Protagonistas
Carlos Pizarro Leongómez (Comandante General del M-19), Antonio Navarro Wolff (dirigente del M-19), Virgilio Barco Vargas (presidente de Colombia), Rafael Pardo Rueda (consejero presidencial para la paz), Vera Grabe (dirigente del M-19), Otty Patiño (dirigente del M-19), Rosemberg Pabón (dirigente del M-19), Afranio Parra (dirigente del M-19), Movimiento 19 de Abril (M-19), Gobierno Nacional de Colombia
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. El desgaste militar y político del M-19 tras la toma del Palacio de Justicia (1985) y la muerte de sus principales comandantes (Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad), que erosionaron la hipótesis de la vía armada.
  2. El marco de negociación del gobierno Barco, que exigía reconocimiento mutuo de legitimidad, zonas de concentración desmilitarizadas, desmovilización completa como horizonte y compromiso de reforma política profunda.
  3. El secuestro de Álvaro Gómez Hurtado (mayo-julio de 1988) por el M-19, que paradójicamente abrió el canal de diálogo formal entre la guerrilla y el Gobierno.
  4. El asesinato de Luis Carlos Galán el 18 de agosto de 1989, que volvió políticamente urgente cerrar el frente guerrillero y dio impulso definitivo a la iniciativa de paz lanzada en septiembre de 1988.
  5. La convicción ideológica de la dirección del M-19 de que las transformaciones sociales perseguidas podían lograrse por vía democrática si se arrancaba al régimen bipartidista una reforma política real, lo que reorientó la organización hacia la conversión en partido.
Octubre de 1989 (Conferencia); 9 de marzo de 1990 (dejación de armas en Santo Domingo, Cauca)X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilización

Consecuencias

  1. La dejación de armas de aproximadamente 900 guerrilleros del M-19 el 9 de marzo de 1990 en Santo Domingo (Cauca), con Carlos Pizarro depositando su pistola calibre 45 envuelta en la bandera de Colombia como acto simbólico de cierre.
  2. La transformación del M-19 en movimiento político legal (Alianza Democrática M-19), que obtuvo representación significativa en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.
  3. El fracaso del proyecto de reforma constitucional pactado en el Congreso —hundido por las mayorías liberal y conservadora— que, paradójicamente, abrió el camino a la convocatoria de la Asamblea Constituyente de 1991.
  4. La creación de un modelo procedimental de desmovilización con consulta orgánica ampliada que sirvió de referencia comparativa para procesos posteriores de conversión de guerrillas en actores políticos legales, tanto en Colombia como en América Latina.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La X Conferencia es el único caso documentado en la historia de las guerrillas latinoamericanas del siglo XX en que una organización armada sometió su propia disolución militar a una consulta deliberativa de delegados, distinguiéndose de los modelos centroamericanos y de los demás procesos colombianos de los años noventa, donde la decisión recayó en las direcciones políticas sin mecanismos equivalentes de validación ampliada. Al convertir la dejación de armas en un mandato orgánico y no en un pacto de comandancia, la Conferencia dotó al proceso de una legitimidad interna que resultó decisiva para el capital político inicial del M-19 como partido y para el diseño institucional de los acuerdos de paz que vendrían después en Colombia.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La X Conferencia del M-19

En octubre de 1989, en un campamento del municipio caucano de Toribío, doscientos veintisiete delegados del Movimiento 19 de Abril votaron la disolución militar de su propia organización y su conversión en partido político legal. La reunión, conocida internamente como la X Conferencia Nacional, no fue un trámite: fue el dispositivo mediante el cual una guerrilla que llevaba diecisiete años en armas produjo, por vía deliberativa y con acta de por medio, la decisión que cinco meses después firmaría Carlos Pizarro Leongómez en Santo Domingo. En la historia de las guerrillas latinoamericanas del siglo XX, ninguna organización armada había sometido antes su propia extinción como aparato militar a una consulta orgánica de esa escala. La Conferencia legitimó hacia adentro el pacto con Virgilio Barco y proyectó hacia afuera una imagen —un movimiento que se desarmaba por convicción y por voto, no por derrota— que resultaría decisiva para el capital político inicial de la Alianza Democrática M-19 y para el diseño mismo de los procesos de paz que vendrían después.

El mundo del que brota la Conferencia

Cuando Virgilio Barco Vargas tomó posesión el 7 de agosto de 1986, el M-19 arrastraba una acumulación de derrotas y desgastes que había erosionado su hipótesis fundacional. La toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985 había liquidado a una parte central de su dirigencia; Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad habían caído en operativos militares en 1985 y 1986 respectivamente; el proyecto de expansión hacia el suroccidente encontraba resistencia y aislamiento. La organización que Carlos Pizarro Leongómez recibió como comandante general era menor, más concentrada geográficamente en el Cauca y más consciente de los límites de la vía armada de lo que su propia retórica dejaba entrever.

Barco llegó al gobierno con una doctrina de paz distinta a la de su antecesor. Belisario Betancur había ensayado treguas amplias, ceses al fuego pactados y una interlocución política con las guerrillas sin exigencias inmediatas de desarme; el saldo había sido, entre otras cosas, el exterminio de la Unión Patriótica —creada como resultado de aquellos acuerdos y que desde septiembre de 1986 vería asesinar a más de mil de sus militantes— y la ruptura del proceso con el M-19 tras Palacio. El nuevo gobierno concentró las actividades de paz en la Presidencia y fijó un marco distinto: las conversaciones se llevarían en zonas designadas, exigirían el reconocimiento mutuo de la legitimidad del Gobierno y de los insurgentes como interlocutores válidos, contemplarían la desmovilización completa como horizonte y comprometerían al Estado a impulsar una reforma política de fondo. Como complemento, Barco anunció al posesionarse un Plan Nacional de Rehabilitación dirigido a los municipios más pobres, bajo la premisa —discutible pero explícita— de que reducir la pobreza y la desigualdad erosionaría la razón de ser de la guerrilla.

Para gestionar este andamiaje, Barco nombró en 1986 a Rafael Pardo Rueda como consejero presidencial. Pardo, economista con estudios de economía del desarrollo en los Países Bajos y profesor de la Universidad de los Andes, carecía de capital político previo, y esa condición tecnocrática le daba paradójicamente margen de maniobra: no representaba un ala del liberalismo ni una clientela regional, sino la voluntad presidencial. Bajo su coordinación se articuló un equipo que combinó la Consejería para la Paz con funcionarios del PNR desplegados como delegados ad hoc en los campamentos, enlaces entre la Presidencia, el Ejército y la guerrilla. Fue una arquitectura poco visible pero decisiva: separaba lo político —la discusión de propuestas— de lo operativo —los esquemas de seguridad, la logística de las zonas de concentración, la traducción en campo de lo que se pactaba en las mesas.

El detonante inesperado fue el secuestro de Álvaro Gómez Hurtado. Entre mayo y julio de 1988, el M-19 mantuvo cautivo al dirigente conservador, hijo de Laureano Gómez y una de las figuras más simbólicas de la derecha colombiana. La operación, concebida como golpe de fuerza, terminó abriendo un canal. Su liberación puso al Gobierno y al M-19 en el camino de una mesa; las Conversaciones de Usaquén, promovidas por la guerrilla en 1988 y a las que el Gobierno no asistió oficialmente, prepararon el terreno para la iniciativa de paz que Barco lanzó en septiembre de ese año. Esa iniciativa, sin embargo, no tomó vuelo de inmediato: pasaría casi un año antes de que un hecho externo —el asesinato de Luis Carlos Galán— la volviera políticamente urgente.

El año largo entre Usaquén y Toribío

Las conversaciones formales con el M-19 se iniciaron en enero de 1989. El 7 de febrero, la Dirección Nacional del movimiento se reunió para discutir los pasos con el Gobierno y ratificó la cohesión en torno a Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo, Rafael Pardo y sus asesores se encontraron en el hotel Camino Real de Ciudad de México con Antonio Navarro Wolff, Gerardo Ardila, Rafael Vergara y Rubén Carvajalino. La reunión debió interrumpirse al conocerse el asesinato de José Antequera, dirigente de la Unión Patriótica, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá; el atentado había herido gravemente al precandidato liberal Ernesto Samper Pizano, que saludaba a Antequera en ese momento. La escena resume el clima: cada avance en la mesa se producía sobre un fondo de asesinatos que amenazaban con hacer inviable la propia mesa.

De ese proceso salieron declaraciones conjuntas sucesivas. La primera la firmaron Pardo y Pizarro en el sur del Tolima. Vinieron otras dos. La Cuarta Declaración Conjunta acordó que los miembros del M-19 se ubicarían en áreas desmilitarizadas con presencia gubernamental, y el 17 de marzo de 1989 Barco se dirigió al país en alocución televisada para explicar su alcance. En los meses siguientes se instalaron las Mesas de Análisis y Concertación, un espacio donde la guerrilla presentaba sus propuestas de reforma —Pacto Social por la Paz y la Democracia, Plan de Emergencia para la Reconstrucción Nacional, reformas electorales— y el Gobierno respondía, matizaba o resistía.

El proyecto político que el M-19 llevó a esas mesas no era socialista en sentido estricto. Se trataba de una plataforma que apostaba por profundizar la democracia, la justicia social y un capitalismo democrático apoyado en la pequeña y mediana empresa, la industria no monopólica y una reforma agraria. Sus demandas electorales concretas —circunscripción nacional para el Senado, voto obligatorio, segunda vuelta presidencial, acuerdos de partidos para proyectos de ley— apuntaban a romper la arquitectura bipartidista heredada del Frente Nacional. Antonio Navarro describiría esas ambiciones no como agitación revolucionaria sino como "transferencia de una parte del poder" y "participación", incluyendo la apertura de las juntas directivas de instituciones financieras a fuerzas nuevas. Era el lenguaje de una guerrilla que ya se estaba pensando como partido.

Sobre este trabajo se abatieron dos golpes. El 18 de agosto de 1989, en Soacha, sicarios vinculados al narcoterrorismo asesinaron a Luis Carlos Galán durante una manifestación de campaña. Uno de los fusiles Galil utilizados provenía del arsenal traído clandestinamente desde Israel para las autodefensas del Magdalena Medio. El crimen se sumaba a una cadena que incluía los asesinatos previos de Jaime Pardo Leal, candidato presidencial de la UP, y del procurador Carlos Mauro Hoyos. Paralelamente, militantes del propio M-19 caían durante el proceso: en febrero, los educadores Isidro Caballero y María del Carmen Santana fueron capturados y desaparecidos por una patrulla militar en San Alberto (Cesar); en marzo murieron dos miembros en el Huila; en julio, cinco integrantes de la compañía Zoraida Téllez fueron muertos en Santander, entre ellos un menor de dos años. Las promesas de investigación no tuvieron mayor recorrido.

Y sin embargo, el asesinato de Galán tuvo un efecto paradójico. La iniciativa de paz de septiembre de 1988, casi inerte durante un año, cobró vuelo político. La violencia narcoterrorista volvió urgente cerrar un frente. En septiembre de 1989, Barco denunció ante la Asamblea General de la ONU que la guerra del narcotráfico era mundial y exigió acción colectiva; recibió una ovación de pie. Puertas adentro, el Gobierno aceleró el marco legal. La ley 77 del 22 de diciembre de 1989 definiría la situación jurídica de cada integrante del M-19 que se acogiera al proceso: permitía dictar auto de cesación de procedimiento a quienes no aparecieran responsables de delitos atroces o de lesa humanidad. Ese instrumento —construido en paralelo a las negociaciones— sería la llave técnica que haría posible el paso a la vida civil.

Pero la decisión no era del Gobierno. Era del M-19. Y el M-19 aún no la había tomado.

Toribío, octubre de 1989: la Conferencia

La X Conferencia Nacional se reunió en octubre de 1989 en un campamento del M-19 en la cordillera central caucana, jurisdicción del municipio de Toribío, en la misma zona donde el movimiento había consolidado sus últimos años de presencia armada. Doscientos veintisiete delegados —comandantes de frente, mandos medios, representantes de la militancia urbana y de las estructuras políticas del movimiento— fueron convocados con un mandato explícito: decidir, mediante voto, si el M-19 dejaba las armas y se convertía en partido político legal.

La deliberación duró varios días. No fue una ratificación protocolar de una decisión ya tomada por la comandancia, sino un debate sostenido en un momento en que la posibilidad de retorno a la guerra seguía técnicamente abierta, con los ataques recientes contra militantes del propio movimiento como argumento para quienes desconfiaban del proceso, y con la memoria fresca del exterminio de la UP como advertencia de lo que podía significar entregar las armas en un país como el que se estaba pactando.

Pizarro, que ejercía como comandante general y había sido el articulador político del proceso desde adentro, defendió la salida negociada. La sostuvieron figuras como Antonio Navarro Wolff, Vera Grabe, Otty Patiño, Rosemberg Pabón —el Comandante Uno de la toma de la embajada dominicana de 1980—, Afranio Parra y Everth Bustamante. La lectura que estos dirigentes hicieron ante los delegados no fue la de una rendición: fue la de una apuesta ideológica. El M-19, sostuvieron, no estaba militarmente derrotado; apostaba a la paz por convicción, al considerar que las transformaciones sociales que perseguía podían lograrse por la vía democrática si el proceso lograba arrancarle al régimen bipartidista una reforma política real y una apertura del sistema.

El voto de los 227 delegados aprobó la dejación de armas y la conversión en partido. La cifra importa por dos razones. Primera, porque documentaba la decisión: no era una declaración de la comandancia, era un acuerdo orgánico con nombres, con delegaciones regionales, con un procedimiento verificable. Segunda, porque el número mismo —227— señalaba que la organización había convocado a una base amplia, no a un cónclave restringido de mandos, y que había aceptado el riesgo de que la decisión pudiera perderse en el voto.

Ninguna guerrilla latinoamericana del siglo XX había hecho antes algo comparable. Los procesos centroamericanos que vendrían después —FMLN en El Salvador, URNG en Guatemala— seguirían lógicas de mesa negociadora con validación de comandancia, no de consulta ampliada a delegados. En Colombia misma, el EPL, el Movimiento Armado Quintín Lame, el PRT y más tarde la Corriente de Renovación Socialista se desmovilizarían entre 1990, 1991 y 1993 mediante decisiones de sus direcciones políticas, sin réplicas equivalentes de un dispositivo deliberativo de la escala de Toribío. Ese carácter singular convertiría a la X Conferencia en un objeto único: una guerrilla que, antes de firmar con el Estado, se dio a sí misma la forma de un partido votando su propia disolución militar.

De la Conferencia a Santo Domingo

Con el mandato de Toribío, la negociación entró en fase de cierre. La ley 77 del 22 de diciembre de 1989 aterrizó el marco jurídico. En paralelo, el Gobierno tramitaba en el Congreso una ley que recogía varios aspectos de los acuerdos, incluida la creación de una jurisdicción especial de paz para facilitar la representación del nuevo movimiento político en cuerpos colegiados. El proyecto más ambicioso —convertir el acuerdo en ley y convocar un referendo para reformar electoralmente la Constitución de 1886— tropezaría con las mayorías parlamentarias liberales y conservadoras y terminaría hundido, provocando la renuncia del ministro de Gobierno Carlos Lemos Simmonds, que había participado en el proceso. Ese fracaso legislativo, en apariencia una derrota, abriría poco después el camino a la Asamblea Constituyente de 1991.

El campamento de Santo Domingo, en el Cauca, se convirtió en el escenario final. Allí se concentraron los combatientes en las semanas previas a la ceremonia. Y allí, el 9 de marzo de 1990, aproximadamente novecientos guerrilleros del M-19 hicieron dejación formal de sus armas ante representantes del Gobierno y observadores internacionales, entre ellos figuras vinculadas a la Internacional Socialista como Heinrich Buchbinder, miembro de su Comisión Militar. Carlos Pizarro depositó su pistola calibre 45 envuelta en la bandera de Colombia y pronunció la fórmula que quedaría fijada como cierre simbólico: "El M-19, en las manos de su Comandante General, hace dejación de la última arma en manos del Movimiento 19 de Abril, por la paz y la dignidad de Colombia". Carlos Erazo y otros mandos intervinieron también en el acto.

La ceremonia era la consecuencia visible de una decisión tomada cinco meses antes en Toribío. Sin la Conferencia, la firma habría sido un pacto de comandancia; con la Conferencia, era la ejecución de un mandato orgánico. La diferencia, formal en apariencia, pesaría en todo lo que vino después.

Las causas: por qué la Conferencia fue posible y por qué fue necesaria

En el plano estructural, el M-19 arrastraba una crisis estratégica prolongada: la pérdida de dirigentes históricos, el desgaste militar, el aislamiento tras Palacio de Justicia y la constatación de que su hipótesis insurreccional no encontraba condiciones sociales para prosperar. Esa crisis no equivalía a una derrota —los propios dirigentes sostendrían siempre que no se sentían militarmente vencidos— pero sí a un impasse que exigía definiciones.

En el plano coyuntural, la política de Barco creó por primera vez un marco creíble de negociación: reconocimiento mutuo, zonas de concentración, jurisdicción especial, compromiso de reforma política. La arquitectura institucional del proceso —Consejería para la Paz, equipos del PNR como enlace en campo, ley 77 como salida jurídica individual— redujo la incertidumbre técnica de la desmovilización y ofreció garantías operativas que en 1984 no existían. El asesinato de Galán funcionó como acelerador: la crisis nacional demandaba resultados y el M-19 se convirtió en la interlocución posible cuando el narcoterrorismo dominaba la agenda.

Hay una tercera capa, más específica, que explica por qué la decisión tomó la forma de una consulta a 227 delegados y no la de un comunicado de comandancia. El M-19, desde su fundación, había cultivado una autoimagen distinta a la de otras guerrillas colombianas: menos leninista, más nacional-popular, con vocación de movilización pública y con un discurso permanentemente enfocado en la democracia. Esa marca de origen hacía que la coherencia entre lo que se proclamaba —profundización democrática, apertura del sistema, participación— y la forma de tomar la decisión más importante de la organización no fuera un detalle secundario. Un M-19 que se desarmara por orden de su comandancia habría contradicho su propio discurso; un M-19 que se desarmara por voto de sus delegados lo confirmaba.

La Conferencia fue, en ese sentido, tanto una necesidad interna —para que la decisión fuera aceptada por una militancia dispersa geográficamente y con memoria de rupturas y disidencias— como un acto de fabricación de legitimidad hacia afuera. El país iba a leer la desmovilización a la luz del procedimiento que la había producido; el procedimiento formaba parte del contenido político del acuerdo.

Las consecuencias inmediatas

La primera consecuencia se llamó Alianza Democrática M-19. Tras el 9 de marzo, el movimiento se transformó en un partido político legal. Pizarro lanzó su candidatura presidencial. En abril de 1990, un sicario del paramilitarismo lo asesinó a bordo de un avión, y el movimiento —que apenas había comenzado su vida civil— sufrió el golpe más duro imaginable en el momento más frágil. No retomó las armas. Antonio Navarro Wolff asumió el liderazgo político y encabezó la lista de la AD M-19 para la Asamblea Nacional Constituyente que se elegiría a finales de 1990.

El resultado electoral fue extraordinario: aproximadamente 992.000 votos, cerca del 26,9% del total, una fracción de la votación que la formación asociaba tanto al efecto de solidaridad tras el asesinato de Pizarro como al capital simbólico acumulado en el proceso mismo. Navarro fue uno de los tres copresidentes de la Constituyente, junto a Álvaro Gómez Hurtado —el mismo que había estado secuestrado por el M-19 dos años antes— y a Horacio Serpa. La conjunción no fue coincidencia: era el mapa de una transición nacional donde el ex-secuestrado y el ex-secuestrador copresidían la asamblea que redactaba la nueva Constitución.

La segunda consecuencia fue la extensión del modelo. El EPL, el Movimiento Armado Quintín Lame y el PRT manifestaron en mayo de 1990 su voluntad de desmovilizarse; el 25 de mayo, el EPL y el Quintín Lame firmaron un primer comunicado conjunto todavía bajo la administración Barco. La perspectiva de participar en la Constituyente aceleró decisivamente esas negociaciones durante 1990. En octubre de 1990, el XII Pleno del EPL aprobó respaldar la lista de unidad nacional encabezada por Navarro. En febrero de 1991, el EPL se desmovilizó con más de 2.500 combatientes y se transformó en la estructura política Esperanza, Paz y Libertad; una facción disidente, conducida inicialmente por Francisco Caraballo hasta 1994, se mantendría en armas. El Quintín Lame y el PRT completaron su desmovilización en 1991. En 1993 se sumaría la Corriente de Renovación Socialista, disidencia del ELN.

Ninguno de estos procesos incorporó un dispositivo deliberativo comparable al de Toribío. Las decisiones se tomaron en direcciones políticas restringidas, aceleradas por el incentivo constituyente y sostenidas en la validación cruzada que ofrecía el precedente del M-19. Conviene sostener el matiz: la singularidad de la X Conferencia se explica menos por una supuesta superioridad organizativa del M-19 y más por el hecho de que el contexto que le dio sentido —una desmovilización sin garantía previa de participación constituyente, obligada a producir su propia legitimidad— no volvió a presentarse. El EPL, el Quintín Lame, el PRT y la CRS negociaron con el atajo ya abierto por Toribío y por la Asamblea Constituyente; podían apoyarse en un piso que el M-19 tuvo que construir votando.

La tercera consecuencia fue constitucional. La Asamblea de 1991 recogió varias de las banderas que el M-19 había llevado a las mesas de Barco. La circunscripción nacional para el Senado, demanda central del movimiento, quedó consagrada en la nueva Constitución y resistió después intentos de reemplazarla por circunscripción departamental. Otras propuestas de la agenda pactada con Barco —reformas electorales, mecanismos de participación— se adoptaron por vías legales o constituyentes, con un efecto democratizador que trascendió al M-19 mismo. La política de paz de Barco, en sus líneas generales, se mantuvo durante el gobierno de César Gaviria, que además nombró un civil como ministro de Defensa, reforzando la subordinación de las Fuerzas Militares al Gobierno.

En términos comparativos, el proceso quedó fijado como referente. Pablo Catatumbo, comandante de las FARC, invocaría años después los logros del M-19 —amnistía, participación en la Constituyente, circunscripción especial, ministerios, acceso a medios— como parámetro para cuestionar las condiciones ofrecidas a su organización en sus propias negociaciones. La memoria del proceso operó como piso mínimo de lo que una guerrilla podía razonablemente esperar de una salida negociada.

Las consecuencias de largo plazo

El capital político inicial de la AD M-19 se desgastó con rapidez, y la curva es elocuente: de los 992.000 votos de 1991 la formación cayó a 140.000 votos (2,7%) en el Senado de 1994 y a 60.000 (0,6%) en las elecciones locales de 1997. En seis años, el partido que había copresidido la Constituyente quedó reducido a una fracción marginal del electorado. Los factores son múltiples y se refuerzan entre sí: la fragmentación interna del movimiento, la dificultad de traducir un capital carismático en estructura partidaria estable, la absorción de sus cuadros por otras formaciones políticas, la violencia sostenida contra exmilitantes en regiones como el Magdalena Medio, el Caquetá y el Cauca. Antonio Navarro tuvo una trayectoria política larga —ministro, congresista, alcalde, gobernador— que fue simultáneamente signo de éxito individual y síntoma de que la AD M-19 como partido no logró consolidarse: los líderes sobrevivieron políticamente, la organización no.

Ese contraste ilumina retrospectivamente el sentido de la X Conferencia. La legitimidad producida en Toribío operó con fuerza en el momento fundacional —hizo posible la firma, sostuvo al movimiento tras el asesinato de Pizarro, alimentó la votación de 1991— pero no bastó para producir por sí sola una estructura política duradera. El ritual deliberativo generó solidez simbólica inicial; la sostenibilidad electoral y organizativa dependía de otras variables que la Conferencia no podía asegurar.

La violencia contra exmilitantes matizó también el relato del éxito. Exintegrantes de la AD M-19 en regiones específicas sufrieron atentados, amenazas y desplazamientos a medida que el conflicto se intensificaba en la segunda mitad de los noventa, en zonas con creciente presencia paramilitar. La desmovilización no fue la garantía de vida que el discurso oficial había prometido, aunque tampoco reprodujo la magnitud del exterminio de la UP.

Y, sin embargo, el M-19 no volvió a las armas. Ni el asesinato de Pizarro, ni la muerte de exmilitantes en las regiones, ni el declive electoral empujaron a la estructura desmovilizada a reactivarse militarmente. La decisión de Toribío tuvo, en ese sentido, una densidad que la protegió: no era la decisión de un comandante que podía revocarse, era el mandato de una conferencia orgánica que había ordenado la conversión en partido. Reactivarse militarmente habría requerido otra conferencia, y esa conferencia ya no era convocable.

Por qué la X Conferencia sigue importando

En la historia reciente de Colombia, la X Conferencia del M-19 quedó como el momento en que una guerrilla se dio a sí misma la forma de un partido antes de firmar la paz. Esa inversión del orden habitual —primero la deliberación democrática interna, después el acuerdo con el Estado— produjo un tipo específico de legitimidad que ninguna desmovilización posterior replicó, porque ninguna necesitó hacerlo con la misma intensidad: el propio precedente del M-19 abrió el camino y la Constituyente ofreció desde 1990 un incentivo institucional que hacía innecesario construir legitimidad desde cero.

Los acuerdos de 1991, los de 1993 y los que vendrían décadas después con las FARC operaron con lógicas distintas: mesas negociadoras, refrendaciones populares externas, plebiscitos, validaciones de comandancia. Ninguno tuvo que hacer lo que hizo el M-19 en octubre de 1989, y esa asimetría es precisamente la que fija el lugar histórico de Toribío. Lo que allí se decidió no fue solo la dejación de armas: fue el procedimiento mediante el cual una organización armada podía convertirse en actor legal sin renunciar a su propio relato. La firma de Santo Domingo puso el sello; el contenido político venía dictado desde el campamento caucano, y venía dictado en la forma de un voto.

Queda por eso, en la memoria de los procesos de paz colombianos, como un caso al que nadie volvió y al que probablemente nadie vuelva: no porque el modelo haya fracasado, sino porque el problema que resolvió —producir legitimidad orgánica en ausencia de garantías institucionales previas— dejó de existir en cuanto Toribío mismo lo resolvió.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 44 fragmentos
01Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2042 citas
[1]del que tuvieron sus dos predecesores. Al mismo tiempo, promovió sig- nificativamente la reforma del sistema político colombiano y dirigió la desmo- vilización del tercer grupo guerrillero más grande del país, el M-19. Cuando tomó posesión de su cargo, el 7 de agosto de 1986, Barco anunció un “plan de rehabilitación…p. 204
[2]del que tuvieron sus dos predecesores. Al mismo tiempo, promovió sig- nificativamente la reforma del sistema político colombiano y dirigió la desmo- vilización del tercer grupo guerrillero más grande del país, el M-19. Cuando tomó posesión de su cargo, el 7 de agosto de 1986, Barco anunció un “plan de rehabilitación…p. 204
02Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 cita
[3]a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…p. 34
03Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 2921 cita
[4]presidente Barco, que en líneas gene- rales habría de mantenerse durante el gobierno de César Gaviria (1990 – 1994), tenía como elementos fundamentales el reconoci- miento de la legitimidad del Gobier no, el reconocimiento de los insurgentes como interlocutores válidos, la manifestación expresa de las partes de su…p. 292
04Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1591 cita
[5]fue la organización de una comisión de estudios sobre la violencia. Así, el ministro del Interior, Fernando Cepeda, encargó a un grupo de diez investigadores para que efectuaran un diagnóstico de los factores de violencia en la sociedad colombiana y los lineamientos de una nueva política de seguridad. La introducción…p. 159
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 138, 142, 1473 citas
[6]los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…p. 147
[7]con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…p. 138
[37]a b l a i v. 2 Votación porADM-19, 1990-1997 Año Votación Porcentaje Tipo de elección 1990 754000 12,6% Presidente 1991 992 000 26,9% ANAC 1991 454000 8,5% Senado 1991 4 8 3 0 0 0 1 0, 1 % Cámara 1994 140000 2,7% Senado 1997 60000 0,6% Locales FUENTE: Elaboración p r o p i a con base en i n f o r m e s de la…p. 142
06¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 97, 1032 citas
[8]social más amplia, como los de Córdoba o la Sierra Nevada de Santa Marta, liderados por Fidel Castaño y Hernán Giraldo. Pese a la lucha contra la amenaza narcoterrorista, durante el Gobierno Barco se reanudaron las conversaciones de paz con el M -19. Estas se habían iniciado en enero de 1989 tras el secuestro y…p. 97
[41]la caída del Muro de Berlín en 1989 y el derrumbamiento de la Unión Soviética en 1992 reforzaron esta situación, además del exitoso proceso de paz con las guerrillas del M -19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT entre 1990 y 1991 (al que se sumaría la Corriente de Renovación Socialista en 1993, disidencia del ELN). A…p. 103
07Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 1, 3, 5, 78 citas
[9]en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…p. 5
[10]en medio de un replanteamiento de su forma de lucha. El 7 de febrero de 1989 se realizó un encuentro de la Dirección Nacional del M-19, para discutir los pasos a seguir con el Gobierno. El movimiento en conjunto manifestó la cohesión con su comandante general, Carlos Pizarro. Los días 3 y 4 de marzo de 1989, en…p. 5
[31]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…p. 1
[32]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…p. 1
[34]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…p. 3
[35]palabras, determinó que la Constituyente no podía quedar sujeta a los temas impuestos por el Gobierno o el poder político. Con este nuevo impulso para los procesos de negociación, el convocó al XII Pleno del Partido Comunista Marxista EPL Leninista los días 18, 19 y 20 de octubre, en el campamento de Labores. “Este…p. 3
[39]que se sentó justamente detrás de Pizarro, se levantó de su asiento, fue al cuarto de baño, recogió allí una metralleta y regresó para disparar todo el cargador del arma sobre el dirigente de izquierda” (Lozano, 27 de abril de 1990). De otra parte, por la imposibilidad de encontrar puntos en común frente a la decisión…p. 7
[43]que se sentó justamente detrás de Pizarro, se levantó de su asiento, fue al cuarto de baño, recogió allí una metralleta y regresó para disparar todo el cargador del arma sobre el dirigente de izquierda” (Lozano, 27 de abril de 1990). De otra parte, por la imposibilidad de encontrar puntos en común frente a la decisión…p. 7
08Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 149, 1572 citas
[11]grupos guerrilleros, decidió, no obstante, tomar esta decisión atrevida y llena de riesgos. Luego del primer comunicado firmado en el sur del Tolima entre Pardo y Pizarro, se redactaron otras dos declaraciones, hasta que, finalmente, en la cuarta declaración conjunta se llegó al acuerdo de que los miembros del m -19…p. 149
[17]civiles en Colombia”. Luego depositó su propia arma envuelta en la bandera de Colombia sobre la mesa: “El m -1 9, en las manos de su Comandante General, hace dejación de la última arma en manos del Movimiento 19 de Abril, por la paz y la dignidad de Colombia”, y ordenó: “¡Oficiales de Bolívar, rompan filas!”195. Los…p. 157
09Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 621 cita
[12]Alocución televisada del Presidente Virgilio Barco, sobre la Cuarta Declaración Conjunta Gobierno nacional -M-19, marzo 17 de 1989. 111 Declaración suscrita entre el Gobierno nacional y las comunidades indígenas de Tacueyó, Cauca, abril 1º de 1989. Virgilio Barco 1986-1990 63 de consensos. El gobierno y el M-19…p. 62
10Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 711 cita
[13]en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…p. 71
119 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 90, 1832 citas
[14]de negociar. 50 — Delgado fue capturado por el Ejército en Cali en enero de 1995. Hernando Pizarro era hermano mayor de Carlos. Apareció asesinado en Bogotá en 1995. 51 — Tomás Concha, Hernán Hernández, Ricardo Polo, Carlos Enrique Garzón y Juan José Fernández, funcionarios del PNR, asumieron esta peculiar función con…p. 90
[25]de pleno cumplimiento a la base guerrillera del M- 19 y de las otras guerrillas; se implementaron unos esquemas de seguridad que con excepciones muy dolorosas y costosas cumplieron con el objetivo de proteger la vida de la militancia y de gran parte de la dirigencia; con fundamento en la ley 77 del 22 de diciembre de…p. 183
12Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 166, 1702 citas
[15]para que se privilegiaran las listas únicas. El M-19 pactó con el Gobierno que el acuerdo se volviera ley en el Congreso y que luego se convocaría a un referendo para reformar electoral- mente la Constitución del 86. Pero la mafia actuó por medio de sus congresistas y tumbó el acuerdo con mayorías parlamenta- rias…p. 170
[27]de trans- formar al país. En términos de la narrativa de entonces, la de hacer la revolución, el movimiento le apostó a la.idea de que las transformaciones sociales que los países de la región necesita- ban se podían lograr por la vía pacífica de la democracia. El proyecto del M-19 no era socialista. Buscaba una…p. 166
13Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 531 cita
[16]de casi 17 años de lucha, el viernes 9 de marzo de 1990 en Santo Domingo, Cauca, los guerrilleros del M-19, y su comandante Carlos Pizarro León-Gómez, (hijo del almirante Juan Antonio Pizarro), depusieron las armas; él envolvió su pistola en una bandera de Colombia. Nadie mejor que Antonio Navarro Wolf, el único…p. 53
14Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 619, 6282 citas
[18]igual forma, las armas que el M-19 tenía en Bogotá, Medellín y otras partes fueron concentradas en el campamento. A las 16:37 horas de ese jueves, Carlos Erazo, Nicolás, dio una orden perentoria: “Por Colombia, por la paz, dejad las armas”. Con un paso al frente, uno a uno, los combatientes fueron depositando sobre la…p. 628
[20]de febrero, los educadores Isidro Caballero y María del Carmen Santana, integrantes del M-19, fueron capturados y desaparecidos por una patrulla militar en San Alberto (Cesar). En el Huila, donde aún permanecía la compañía Gloria Amanda Rincón, se presentaron varios ataques; en el primero de ellos, al finalizar marzo,…p. 619
15Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 43, 472 citas
[19]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…p. 47
[44]tener tanto la Fuerza Pública, especialmente en el departamento de Córdoba, como muy especialmente la acción paramilitar de las embrionarias ACCU en la región de Urabá. Hacia finales de 1990 se comienza a negociar, pues, una desmovilización que se materializa en febrero de 1991, con más de 2.500 combatientes y una…p. 43
16Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 641 cita
[21]lo que sería un nuevo paramilitarismo que llegaría a su pico una década después. El principio del fin de las Autodefensas de Henry Pérez comenzó ese 18 de agosto de 1989, cuando sicarios, encabezados por Jaime Eduardo Rueda Rocha, nacido en Yacopí, Cundinamarca, en el Magdalena Medio, y entrenado en las escuelas de…p. 64
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2611 cita
[22]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…p. 261
181989María Elvira Samper · 2019 · p. 31, 1862 citas
[23]aportan luces para la comprensión de los fenómenos de violencia que vivió el país a mediados de la década del ochenta. ¿Qué recuerda de 1989 que le haya causado más impacto? El asesinato de Galán. Fue la culminación de un proceso de violencia que incluye los asesinatos, años antes, de Jaime Pardo Leal y de…p. 186
[24]corrupción, inestabilidad política y crisis institucional. Pero tal vez el llamado más importante y más sonado es el que Barco hace ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 1989: “La lucha internacional contra el narcotráfico no puede ser una guerra de palabras”, dice Barco, y advierte que la guerra del…p. 31
19La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 451 cita
[26]los antiguos combatientes regresaron a la vida civil y política, y jugaron de inmediato un papel esencial y constructivo. Su comandante, Carlos Pizarro, fue candidato a la alcaldía de Bogotá el mismo mes de su desmovilización y obtuvo la tercera votación. Luego lanzó su candidatura presidencial, que fue truncada por…p. 45
20¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3151 cita
[28]expresión la circunscripción nacional en la lla- mada reforma de "equilibrio de poderes". La propuesta original del Gobierno fue volver a la circunscripción departamental que existía antes de 1991, para que cada departamento eligiera dos senadores, con lo cual de los ciento dos Senadores actuales sesenta y cuatro…p. 315
21Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 3171 cita
[29]los cambios ocurridos en la sociedad frente a la insurgencia, a las condiciones que regulan los procesos de paz y a las circunstancias que motivaron ciertos instrumentos legales que acompañaron las negociaciones con las guerrillas de finales de los ochenta. Pablo Catatumbo argumenta: El m-19 obtuvo amnistía,…p. 317
22El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 101 cita
[30]Constituyente y el «más 22 PRDHX*» reciente hombre del momento de Colombia»-, su secretaria, una ex guerrillera, me señala con sus uñas rojas una silla distante y me dice con frialdad «espérese allá». Es igual de arrogante y apática que cualquier otro funcionario público bogotano. Navarro viene a la puerta. Detrás de…p. 10
23Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7911 cita
[33]en nueve masacres, mientras que posterior a la fusión, durante 1996 y 1997, fue responsable de 18 masacres 2734. Desde la unión con los paramilitares, se inició una de las más sangrientas épocas entre los diversos grupos en la zona del Urabá, y los líderes sociales, sindicalistas y miembros del PCC, así como la…p. 791
24Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[36]Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…p. 85
25Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[38]a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…p. 271
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[40]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…p. 94
27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[42]cuando la guerrilla, los grupos paramilitares y la fuerza pública fueron responsables del agravamiento de la crisis humanitaria que padeció el país durante más de sesenta años. Algunas guerrillas se desmovilizaron alrededor de la aprobación de la Constitución de 1991, como el Ejército Popular de Liberación (EPL), el…p. 184