Jaime Pardo Leal
Crisis y narcotráfico
1941–1987
La biografía
Jaime Pardo Leal fue el abogado, sindicalista y dirigente de izquierda que en 1986 se convirtió en candidato presidencial de la Unión Patriótica, el movimiento nacido de los acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur. Su nombre pesa en la historia colombiana por dos razones inseparables: obtuvo la mayor votación de una candidatura vinculada al comunismo hasta entonces registrada en el país —328.752 sufragios— y fue asesinado el 11 de octubre de 1987, cuando regresaba con su familia de una finca a las afueras de Bogotá, por orden del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha y con la logística de un batallón del Ejército. Entre esas dos fechas cabe la promesa y el fracaso de la apertura democrática que la Constitución de 1991 recogería tarde y a medias: la idea de que en Colombia la izquierda podía disputar el poder por las urnas sin pagarlo con la vida. Pardo Leal encarna el momento exacto en que esa idea fue puesta a prueba y respondida con plomo.
Línea de vida
- 1941
Nacimiento
Leer contexto
Nació en Colombia. Se formó como abogado y ejerció el derecho laboral en paralelo a la creación de varias organizaciones sindicales, trayectoria que lo situó en la izquierda legal colombiana durante el ocaso del Frente Nacional.
- 1985
Fundación de la Unión Patriótica
Leer contexto
La UP fue fundada en 1985, en el marco de los Acuerdos de La Uribe entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur. Pardo Leal se integró al nuevo movimiento como figura civil de primer orden, representando la tendencia que apostaba por la vía democrática como camino en sí mismo.
- 1986
Candidatura presidencial: 328.752 votos
Leer contexto
Reemplazó a Jacobo Arenas como candidato presidencial de la UP. El 5 de febrero de 1986, El Espectador ya registraba su candidatura públicamente. Obtuvo 328.752 votos —algo menos del 5% del total nacional—, la mayor votación de una candidatura de orientación comunista en la historia colombiana hasta ese momento. La UP logró además 9 senadores y 15 representantes a la Cámara a nivel nacional.
- 1986
Presidencia de la UP y denuncia del exterminio
Leer contexto
Asumió la presidencia de la Unión Patriótica y ejerció como figura pública de primer orden. Denunció públicamente la campaña sistemática de exterminio contra militantes de la UP, señalando la participación de militares y narcotraficantes, lo que lo convirtió en blanco prioritario de esa misma alianza.
- 1987
Asesinato
Leer contexto
Fue asesinado el domingo 11 de octubre de 1987 cuando regresaba con su familia de una finca a las afueras de Bogotá. El crimen fue ordenado por Gonzalo Rodríguez Gacha y ejecutado materialmente por los hermanos William y Olivera Acuña Infante, gatilleros formados en la escuela paramilitar de Las Galaxias. Su muerte inauguró el ciclo más cruento del genocidio contra la UP.
El abogado que llegó a la política por el sindicato
De la vida privada de Pardo Leal antes de su irrupción pública queda menos rastro que del político. Nació en 1941 y se formó como abogado, oficio que ejerció en paralelo a la creación de varias organizaciones sindicales. Esa doble condición —jurista y organizador de trabajadores— explica su trayectoria posterior: no llegó a la política como intelectual del Partido Comunista ni como cuadro guerrillero desmovilizado, sino desde el derecho laboral y la representación gremial, un lugar clásico de reclutamiento para la izquierda legal en la Colombia del Frente Nacional y su ocaso.
Ese origen sindical lo situó en una zona particular del espectro: la de quienes creían, con convicción práctica, que la disputa electoral y la organización obrera valían por sí mismas, no como coartada de otra cosa. Cuando la Unión Patriótica lo escogió como candidato presidencial en 1986, no eligió a un guerrillero de civil ni a un cuadro histórico del Partido Comunista Colombiano: eligió a un abogado sindicalista con perfil propio, capaz de hablarle a un electorado más amplio que el estrictamente comunista. La decisión no fue casual ni menor.
El derecho laboral fue, en su ejercicio profesional, algo más que una especialidad técnica: era la plataforma desde la cual comprender el país. Los pleitos por prestaciones, los procesos de negociación colectiva, la defensa de sindicalistas perseguidos en las jurisdicciones locales, la interlocución con dirigentes campesinos ampliaron su conocimiento del mapa social colombiano de una manera que difícilmente habría alcanzado desde la academia o desde la militancia partidaria pura. Cuando accedió a la primera línea de la UP, esa formación previa le daba una calle recorrida en materia de conflicto obrero-patronal, un tema que en la Colombia de mediados de los ochenta seguía siendo el eje de la violencia laboral silenciosa que precedió y acompañó a la violencia política más visible.
Había, además, una manera de pararse ante el auditorio que sus contemporáneos recordarían. Pardo Leal no era un orador de plaza en el sentido tradicional del caudillo liberal ni un tribuno doctrinario del comunismo internacional. Hablaba con la cadencia del abogado que argumenta ante un tribunal, apoyándose en hechos, cifras, casos concretos, sentencias, artículos del código. Esa manera sobria de intervenir, más forense que emocional, contrastaba con el estilo de los oradores que dominaban entonces la política colombiana y le daba, paradójicamente, una eficacia distinta: quienes lo escuchaban podían discrepar, pero difícilmente podían desestimarlo como propagandista.
La Unión Patriótica y los Acuerdos de La Uribe
Para entender la candidatura de Pardo Leal hay que reconstruir el marco en que se produjo. En 1984, la Comisión de Paz del gobierno de Belisario Betancur y las FARC firmaron en La Uribe, Meta, unos acuerdos que abrían por primera vez en décadas la posibilidad de una transición política de la guerrilla más antigua del continente. De ese pacto nació, al año siguiente, la Unión Patriótica: un movimiento amplio pensado como plataforma legal para militantes y simpatizantes de la izquierda, organizado conjuntamente por las FARC-EP y el Partido Comunista Colombiano.
La UP fue lanzada formalmente en 1985. El 11 de mayo de ese año se presentó su plataforma programática, un documento de veinte puntos titulado Plataforma de lucha de la Unión Patriótica, concebido como un frente en el que cabían, según su propia enunciación, liberales, conservadores, socialistas, obreros, campesinos, intelectuales, artistas y estudiantes. Entre el 14 y el 16 de noviembre de 1985, el primer Congreso Nacional del movimiento tuvo lugar en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, un escenario cargado de simbolismo. El programa combinaba reformas al sistema político —apertura de espacios a movimientos de oposición al bipartidismo— con reformas económicas y sociales.
La contradicción del arreglo estaba, sin embargo, inscrita desde el origen. Mientras la UP se organizaba como movimiento civil, las FARC continuaban su expansión militar: entre el inicio y el final del gobierno Betancur, los frentes guerrilleros pasaron de 27 a 48. La decisión no era improvisada; venía de la VII Conferencia de las FARC de 1982, previa al proceso de paz. Pero el efecto público fue devastador para la legitimidad del nuevo partido: la UP nacía como brazo legal de una guerrilla que, simultáneamente, se fortalecía en armas. Esa doble vía —política y militar— sería el argumento que sus enemigos utilizarían para justificar, o dejar hacer, el exterminio.
Del reemplazo de Jacobo Arenas a la papeleta
La primera decisión de la UP para las elecciones presidenciales de mayo de 1986 fue postular a Jacobo Arenas, segundo comandante de las FARC e ideólogo del acuerdo de La Uribe. La señal era inequívoca: la guerrilla proponía su propia cara para la contienda electoral. La designación no prosperó. En su lugar, el movimiento escogió a Jaime Pardo Leal. Para el 5 de febrero de 1986, cuando El Espectador publicó la nota titulada "Pardo Leal, el candidato de la UP", su nombre ya circulaba públicamente como fórmula presidencial.
El cambio fue significativo: ya no fue un cuadro guerrillero quien encarnó la candidatura, sino un abogado sindicalista con perfil civil. La sustitución respondía a un cálculo evidente. Arenas era el rostro visible de la insurgencia y su postulación habría reducido la UP a una vitrina de las FARC; Pardo Leal, en cambio, permitía ensanchar el arco de votantes potenciales.
Como candidato, Pardo Leal cumplió el papel más difícil que puede caberle a un dirigente en un movimiento de composición mixta: hacer de puente entre las dos tendencias internas de la UP. De un lado, los llamados socialdemócratas, representados por Alberto Rojas Puyo, que apostaban con seriedad por el proceso democrático como camino en sí mismo. Del otro, los ortodoxos, representados por figuras como Jacobo Arenas, que defendían la doctrina de la "combinación de todas las formas de lucha" y entendían la actividad legal como una vía complementaria de la armada. Pardo Leal equilibró en campaña la retórica que satisfacía a ambos flancos, un juego de precisión que preservaba la unidad interna al precio de exponerse: cada gesto hacia los ortodoxos alimentaba la sospecha —cuidadosamente cultivada por adversarios y grandes medios— de que la UP era mera fachada armada.
La campaña de 1986 se libró, además, en un país exhausto. El país seguía sacudido por la toma y retoma del Palacio de Justicia de noviembre de 1985 y por la tragedia de Armero, y las elecciones se cruzaron con la irrupción del narcotráfico como poder paralelo. En ese ambiente, Pardo Leal recorrió plazas y municipios pequeños con un discurso que combinaba la denuncia de la corrupción bipartidista, la reivindicación de las reformas agrarias postergadas y el llamado a defender los acuerdos de La Uribe frente a lo que ya empezaba a intuirse: una campaña de exterminio contra los militantes del nuevo partido.
328.752 votos: la mayor votación de la izquierda comunista
Las elecciones presidenciales de mayo de 1986 las ganó Virgilio Barco con holgura. Pero el resultado que marcaría la historia fue el de la UP: 328.752 votos para Pardo Leal, algo menos del 5% del total nacional. La cifra, modesta en apariencia, era la más alta obtenida hasta entonces por una candidatura de orientación comunista en Colombia. Frente a los 82.858 votos que el Frente Democrático había logrado antes en Antioquia, la UP obtuvo en ese mismo departamento 30.515 sufragios presidenciales: menos en términos absolutos, pero dentro de una implantación nacional mucho más profunda.
El dato presidencial, con ser el más simbólico, no fue el más importante. La irrupción de la UP se midió mejor en el Congreso, en las asambleas departamentales y, sobre todo, en los concejos municipales. En las elecciones legislativas concurrentes, el movimiento alcanzó una representación parlamentaria sin precedentes para la izquierda legal colombiana, con nueve senadores y quince representantes a la Cámara, sumando los electos a nombre propio y los obtenidos mediante coalición para el período 1986-1988. La cifra de veintinueve diputados departamentales, repartidos entre los que la UP eligió sola y los que obtuvo en alianzas, confirmaba que el arraigo desbordaba las fronteras del comunismo tradicional. En los concejos municipales, la implantación fue todavía más elocuente: el movimiento consiguió mayoría en treinta corporaciones y accedió, en el régimen anterior a la elección popular de alcaldes, a veinticuatro alcaldías designadas desde esos concejos.
El mapa de esa presencia dibuja el perfil territorial del movimiento con más claridad que las cifras agregadas. En Antioquia, además de un diputado, la UP eligió cincuenta y nueve concejales en veintiocho municipios; en el Alto Nordeste antioqueño, en las poblaciones mineras de Segovia y Remedios, se hizo con seis de las diez curules disponibles en los concejos locales, un dominio abrumador. En la franja centro del país, que unía Cundinamarca, Huila, Tolima y la región del Sumapaz, obtuvo alcaldías en municipios como Cabrera —que sostendría hasta 1998—, Palestina, Villavieja y Coyaima. En el sur de Bolívar ganó la primera alcaldía de San Pablo y entró con concejales a Barranco de Loba. Cada uno de esos triunfos locales, leído por separado, podía parecer marginal; sumados, componían un archipiélago político nuevo.
El patrón regional es revelador: la UP se afianzó donde había frontera agraria activa, minería, colonización o presencia campesina densa. Ese arraigo territorial, más que la votación presidencial, fue el que puso en alerta a las élites locales y a los grupos armados que operaban en esas mismas zonas. Un partido de izquierda con votos dispersos podía ser tolerado; un partido con alcaldías y mayorías municipales en Segovia, en Urabá, en el Sumapaz, en el sur de Bolívar, era otra cosa. Se había vuelto un problema de poder local.
El puente entre dos aguas
Entre 1986 y 1987, Pardo Leal ejerció la presidencia de la UP como una figura pública de primer orden. Su papel en ese lapso combinó tres registros. Primero, la representación institucional del movimiento en un país donde la izquierda legal apenas terminaba de ganar existencia visible. Segundo, la gestión interna del delicado equilibrio entre las dos alas del movimiento, que no había desaparecido con las elecciones sino que se agudizaba conforme el proceso de paz se descomponía. Tercero, la denuncia pública de lo que ya estaba ocurriendo: una campaña sistemática de exterminio contra militantes de la UP en la que, según sus propias palabras, participaban militares y narcotraficantes.
Esa última función lo puso en la mira. Pardo Leal no era un dirigente de perfil bajo que hiciera política a la sombra: era un abogado que denunciaba con nombres y responsabilidades. Entre las primeras víctimas del movimiento estuvo Leonardo Posada Pedraza, suplente a la Cámara, asesinado en Barrancabermeja. En junio de 1987 se hizo explícito el fin de la tregua con las FARC —que en la práctica llevaba tiempo sin funcionar—, y el clima político se enrareció aún más. Cada muerto de la UP era, para Pardo Leal, prueba de que el proceso democrático estaba siendo saboteado por una alianza en la que convergían intereses del narcotráfico, sectores de la Fuerza Pública y estructuras paramilitares en formación.
Esa alianza no era una hipótesis: se venía formando en el Magdalena Medio, en el Nordeste antioqueño, en la Orinoquía. Los narcotraficantes aportaban infraestructura y dinero; sectores del Ejército aportaban inteligencia, tolerancia operativa o participación directa. La doctrina que justificaba esa convergencia estaba escrita: en 1985, el manual Conozcamos a nuestro enemigo circuló en la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdoba señalando a los sindicatos como fachadas de la subversión, como estructuras de dependencia directa de la guerrilla. Un abogado sindicalista dirigente de la UP encajaba en esa definición sin margen para el matiz.
El desgaste personal de aquellos meses fue considerable. Pardo Leal viajaba a los municipios donde acababa de ser asesinado un concejal, encabezaba entierros, firmaba comunicados, atendía audiencias en Bogotá, negociaba con los sectores del Partido Comunista y con los emisarios que llegaban desde la Casa Verde de La Uribe. Simultáneamente, mantenía un ejercicio profesional cada vez más restringido y una vida familiar sostenida a duras penas entre amenazas cotidianas y escoltas insuficientes. La rutina de un dirigente amenazado, en la Colombia de 1987, era la de un hombre que sabía que su nombre aparecía en listas y aun así seguía subiéndose al carro.
Ese carro, en sentido literal, era muchas veces el suyo propio, sin blindaje suficiente y con escoltas prestados por un Estado que al mismo tiempo albergaba, en otras oficinas y en otros batallones, a quienes preparaban su muerte. La paradoja no era retórica: los servicios de protección oficial y los servicios de inteligencia que compilaban rutinas y trayectos convivían dentro de las mismas instituciones. Denunciar esa contradicción en público era, en aquel momento, el único gesto político disponible, y Pardo Leal lo hizo hasta el final.
El domingo 11 de octubre de 1987
El asesinato ocurrió una tarde de domingo. Pardo Leal regresaba con su familia de una finca a las afueras de Bogotá, un viaje de fin de semana como tantos. Los ejecutores materiales fueron los hermanos William y Olivera Acuña Infante, sicarios formados en la escuela paramilitar de Las Galaxias, una de las estructuras de entrenamiento vinculadas a Rodríguez Gacha. La orden la dio el propio Rodríguez Gacha, el narcotraficante del Magdalena Medio que en esa etapa disputaba con Pablo Escobar la primacía dentro del cartel de Medellín y que había apostado con particular intensidad por la guerra sucia contra la izquierda.
El aspecto más grave fue el que las investigaciones revelaron después: la logística del crimen contó con los servicios de inteligencia del batallón de la Escuela de Caballería del Ejército colombiano, comandado por el teniente coronel Alfonso Plazas Vega. Los datos de movimiento, las rutinas, la ruta de regreso: la información que hizo posible el asesinato provino de una estructura militar oficial. La convergencia narcoparamilitar-militar dejó de ser una denuncia abstracta de Pardo Leal para volverse la maquinaria concreta que lo mató.
Pablo Escobar, según el testimonio posterior de su esposa, negó tener responsabilidad en el asesinato antes de esconderse, aunque anticipó que sería señalado como responsable. En menos de doce horas, el Ejército allanó el edificio Mónaco, su residencia. La escenografía institucional funcionó: quien tenía en sus manos la extradición pendiente hacia Estados Unidos —Rodríguez Gacha, autor intelectual real— quedó por fuera del foco inmediato de la reacción oficial, mientras el foco público se dirigió hacia el capo más visible del cartel.
La red que sostuvo y la red que mató
Alrededor de Pardo Leal se movió una red política densa, tanto la que lo acompañó como la que operó para eliminarlo. En la primera estaban Bernardo Jaramillo Ossa —quien lo sucedería como presidente de la UP y sería a su vez asesinado en marzo de 1990— y Manuel Cepeda Vargas, dirigente comunista posteriormente asesinado. Detrás, la vieja guardia del Partido Comunista encabezada por Gilberto Vieira, los cuadros de las FARC que sostenían la vía política y los enlaces con la Casa Verde de La Uribe, donde residían Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas. Alberto Rojas Puyo, desde el ala socialdemócrata, era el interlocutor cotidiano de los equilibrios internos.
La red adversa —la que ordenó, planeó, ejecutó y encubrió el crimen— tenía sus propios nombres. Rodríguez Gacha en el vértice, la escuela paramilitar de Las Galaxias como fábrica de sicarios, los hermanos Acuña Infante como brazo ejecutor, el batallón de la Escuela de Caballería como proveedor de inteligencia. Detrás, la doctrina militar que asimilaba movimiento social y subversión, y sectores políticos y económicos regionales para los que las alcaldías de la UP en Segovia o en Cabrera representaban una amenaza a un orden que consideraban natural. Ni el gobierno de Belisario Betancur —que abrió el proceso— ni el de Virgilio Barco —que lo heredó ya en descomposición— desarrollaron mecanismos de protección efectivos para los dirigentes amenazados.
La huella: cifras, impunidad y reconocimiento tardío
El asesinato de Pardo Leal no fue un episodio aislado sino la coronación temprana de un patrón. Entre 1984 y 2000, la campaña de exterminio contra la Unión Patriótica dejó por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas —sin contar víctimas de violencia no letal—, según el registro del Centro Nacional de Memoria Histórica, cuya cronología ampliada del proceso llega hasta 2002. El 41% de las víctimas de las que se conoce ocupación eran campesinos, trabajadores o administradores de finca; los territorios más afectados fueron Urabá, Tolima, Meta, Caquetá y Magdalena Medio, es decir, precisamente aquellos donde la UP había demostrado implantación electoral.
La respuesta del Estado colombiano durante los años siguientes fue mínima. Los expedientes abiertos por la Procuraduría y por los jueces instructores sobre los crímenes contra la UP no avanzaron significativamente en la recolección de pruebas: los victimarios quedaron en la impunidad. Se instaló, además, una práctica sistemática de difamación póstuma de las víctimas, cuyo detalle personal era menospreciado por los grandes medios para justificar o relativizar los crímenes. Ante el recrudecimiento de la guerra sucia, el gobierno Barco cerró la puerta a un plebiscito reformador que había estado sobre la mesa y respondió con el Estatuto Antiterrorista impulsado por el ministro José Manuel Arias Carrizosa: un retorno a la salida represiva. La derogación de la Ley 48 de 1968 —el fundamento legal de los grupos de autodefensa que habían mutado en paramilitares— llegó tarde: dichas estructuras ya estaban implantadas en múltiples regiones del país.
La justicia colombiana tardaría un cuarto de siglo en nombrar lo ocurrido. En diciembre de 2012, dentro del proceso de Justicia y Paz contra Éver Veloza, alias HH, exjefe del Bloque Bananero de las AUC, los jueces reconocieron por primera vez que el exterminio de la UP constituye un genocidio político. En septiembre de 2016, en un acto en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos reconoció públicamente la responsabilidad del Estado en el exterminio, admitiendo que jamás debió haber ocurrido y que las autoridades no tomaron medidas suficientes para impedirlo. Entre el crimen del 11 de octubre de 1987 y ese reconocimiento oficial habían pasado veintinueve años.
Un experimento truncado
La figura de Pardo Leal condensa una tensión que Colombia no ha terminado de resolver. Su asesinato no fue el colapso accidental de un experimento democrático mal calibrado, sino su destrucción deliberada. Los 328.752 votos, las veinticuatro alcaldías, los nueve senadores y los quince representantes fueron leídos —por Rodríguez Gacha, por sectores del Ejército, por las élites regionales de las zonas donde la UP hizo pie— no como el fruto legítimo de una apertura política sino como un avance contrainsurgente que había que revertir por las armas. El triunfo en las urnas, en vez de blindar a los electos, los convirtió en objetivo.
Su muerte, la de Jaramillo Ossa en 1990, la de Manuel Cepeda Vargas en 1994, más los miles de anónimos, cerraron un ciclo. La izquierda colombiana no volvería a intentar durante décadas una vía puramente electoral de tal ambición ni con tal implantación territorial. La lección que las armas impusieron —hacer política de izquierda en Colombia costaba la vida— condicionó durante una generación entera lo que era pensable en el juego democrático del país.
Pardo Leal fue enterrado en el Cementerio Central de Bogotá. La reparación simbólica ha llegado —el reconocimiento judicial de 2012, el discurso presidencial de 2016—, pero la reparación política, aquella que consistiría en que Colombia pudiera saber qué habría sido de sí misma si Pardo Leal no hubiese sido asesinado, no es asunto de sentencias ni de discursos. Pertenece al territorio de las preguntas que la historia deja abiertas cuando el plomo llega antes que el voto.
Conexiones del archivo
Red histórica
Ver las 28 restantes
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
32 documentos · 40 fragmentos01Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 571 cita
[1]también su oficio en estas escuelas. Por órdenes de Rodríguez Gacha, dos de estos gatilleros, los hermanos William y Olivera Acuña Infante, quienes se formaron en su escuela de Las Galaxias, asesinaron el domingo 11 de octubre de 1987 en la tarde a Jaime Pardo Leal, cuando venía con su familia de una finca a las…
p. 57
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2671 cita
[2]lo grar que jefes guerrilleros participaran en pol í tica y fueran elegidos al Congreso y otras corporaciones, buscaban crear un canal para simpatizantes y militantes civiles, muchos de ellos influidos por el curocomunismo, que cre í an que el ambiente pol í tico y la fatiga con la violencia favorec í an la acci ó n…
p. 267
03Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Páginas 1, 4842 citas
[3]de 2018. Campos, Y. (Dirección), (2003), Documental El Baile Rojo: memoria de los silenciados, Colombia. El Colombiano (1987, 10 de Marzo), “Entrevista con las FARC (1)”. El Colombiano (1987, 12 de marzo), “Entrevista con las FARC (2)”. Elcolombiano.com (2015, 29 de julio), “ Medida de aseguramien- to contra exmilitar…
p. 484
[30]Todo pasó frente a nuestros ojos El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002 INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Todo pasó frente a nuestros ojos El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002 INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Todo pasó frente a nuestros ojos El genocidio de la Unión…
p. 1
04Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · Página 1181 cita
[4]La izquierda: entre la política y las armas Durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) se produjo un hecho inesperado que iba en contravía de las predicciones de la izquier- da con respecto a un mayor endurecimiento del régimen político. In- mediatamente después de asumir la Presidencia el 7 de agosto de…
p. 118
05Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3661 cita
[5]a España Se termina la autopista Bogotá- Medellín 1984 Huelga civil nacional Éxodo capitalino crea crisis Colombia, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Comisión de Paz y FARC firman acuerdo en La Uribe, Meta Se implementa impuesto al valor agregado (IVA) Primer…
p. 366
06Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 5411 cita
[6]conocer el 11 de mayo un documento propuesta de veinte puntos llamado “Plataforma de lucha de la Unión Patriótica”, en el que anunció la decisión de mantenerse provisionalmente como Comando Nacional hasta la realización del primer Congreso Nacional de la UP, que tuvo lugar en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá,…
p. 541
07Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Páginas 1, 144 citas
[7]otros periodistas a una reunión de las. Estaban FARC haciendo el evento de lanzamiento de la. Entonces, yo aproveché que iba a estar en la mañana de ese día en el UP campamento de las y grabé un mensaje de ‘Manuel Marulanda’ hablando sobre la. Lo grabé porque en la tarde en FARC UP Bogotá, cuando yo regresara, iba a…
p. 14
[8]otros periodistas a una reunión de las. Estaban FARC haciendo el evento de lanzamiento de la. Entonces, yo aproveché que iba a estar en la mañana de ese día en el UP campamento de las y grabé un mensaje de ‘Manuel Marulanda’ hablando sobre la. Lo grabé porque en la tarde en FARC UP Bogotá, cuando yo regresara, iba a…
p. 14
[38]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…
p. 1
[40]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…
p. 1
08La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 87, 1972 citas
[9]militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…
p. 197
[39]huida de líderes sociales y políticos, destacados miembros del sector académico, exguerrilleros y sus familias, sindicalistas y también operadores de justicia que llevaban procesos relacionados con los vínculos entre sectores económicos y militares, así como del paramilitarismo y narcotráfico. 115 El hecho devela…
p. 87
09Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2791 cita
[10]las n egoc ia ciones de pa z. En su tra yecto ria labe rínti ca se fo rjaban alianzas tem poral es e ntr e al- g uno s frentes guerrilleros y los traficantes, co n base en el cuidado de ca mpo s de cultivo, v ía s de comunicación, aeropuerto s, pro v i- sión de ar ma s. El Caquetá, por eje mpl o, atravesó una de las…
p. 279
10Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · Página 801 cita
[11]naciente movimiento se difundió y le permitió conquistar nuevos militantes. Surgió, de esta manera, un “frente amplio de convergencia democrática” que permitió a sec- tores tradicionalmente excluidos del sistema político incursionar en la democracia y vincularse a la actividad política legal (Cam- pos, 2008). En El…
p. 80
11Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 791 cita
[12]y el PC, a la UP se unieron liberales, conservadores, campe- sinos, estudiantes, organizaciones sindicales, sociales y populares y muchas otras personas sin adhesiones partidistas, que se sintieron identificados con su apuesta programática. Los esfuerzos políticos de este movimiento se volcaron sobre las regiones…
p. 79
12Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 1041 cita
[13]político que actuaba en el espacio abierto, como era la up, y, por otra, un proceso de desdoblamiento de.os frentes guerrilleros tendiente a copar todo el territorio nacional. No debemos olvidar que en la VII Conferencia celebrada en 1982, las PARC habían tomado la decisión, en palabras de Jacobo Arenas, de…
p. 104
13Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 891 cita
[14]the UP was their hope for the future. Pardo could also bridge the widening gap between the “social democrats,” represented by the Communist stalwart Rojas Puyo, and the “orthodox,” represented by people like Jacobo Arenas. The social democrats sought to discard the armed revolution and embraced the democratic process…
p. 89
14Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 1221 cita
[15]para el período 1986 - 1990. Para 1986, cuando la UP obtuvo 328. 752 votos en la elección a la Presidencia de la República, en Antioquia se registraron 30. 515 sufragios en favor de ese movimiento político de oposición. Es- tas cifras eran signi fi cativas, pues en las pasadas elecciones pre- sidenciales su antecesor,…
p. 122
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1131 cita
[16]Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…
p. 113
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1301 cita
[17]estos por Cundinamarca; en convergencia, fueron elegidos otros seis, entre estos, Julio Enrique Ortiz Cuenca por el Huila (Movimiento de Convergencia Liberal y UP) y Alfonso Gómez Méndez por el Tolima (Movimiento Político Tolima Libre, Liberal Oficial-U, Nuevo Liberalismo, Movimiento Amplio y Democrático-Rescatemos el…
p. 130
17El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 2152 citas
[18]la UP, en las elecciones de marzo de 1986, en las que este partido alcanzó seis de las diez curules en los concejos municipales de Segovia y Remedios. Aunque el Distrito XII de Policía estaba ubicado en el parque central de Sego- via y a las afueras de la cabecera municipal se encontraba una unidad del Ba- tallón…
p. 215
[19]la UP, en las elecciones de marzo de 1986, en las que este partido alcanzó seis de las diez curules en los concejos municipales de Segovia y Remedios. Aunque el Distrito XII de Policía estaba ubicado en el parque central de Sego- via y a las afueras de la cabecera municipal se encontraba una unidad del Ba- tallón…
p. 215
18Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · Página 1821 cita
[20]adulto y desplazado), N° 14 (Hombre, adulto y desplazado); Equipo Nizkor & Derechos Human Rights, Tomo I, Op. Cit. 238 Base de Datos de Información Electoral para el Alto Nordeste Antioqueño (1978−1998), CNMH. 180 Silenciar la democracia. Las masacres de remedios y segovia 1982–1997 Línea de Tiempo N°. 7 Preferencias…
p. 182
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 931 cita
[21]aparece el trabajo político que hace la insurgencia en el sur de Bolívar. Gana la primera alcaldía, la de San Pablo, y concejales en municipios como Barranco de Loba y San Pablo[...] En fin, hay un nuevo auge con las alianzas que se logran con la clase política tradicional de Bolívar. La UP llega a tener escaños en el…
p. 93
20El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 1792 citas
[22]de drogas [...]” 9. El tratar de menospreciar a las víctimas, difamar de su vida personal y atacar su dignidad para justificar vulgarmente el crimen, se volvió algo rutinario. Y los grandes medios lo multiplicaban. Las investigaciones fueron demostrando que a Pardo Leal lo habían matado sicarios del narcotraficante…
p. 179
[23]de drogas [...]” 9. El tratar de menospreciar a las víctimas, difamar de su vida personal y atacar su dignidad para justificar vulgarmente el crimen, se volvió algo rutinario. Y los grandes medios lo multiplicaban. Las investigaciones fueron demostrando que a Pardo Leal lo habían matado sicarios del narcotraficante…
p. 179
21Mi vida y mi cárcel con Pablo EscobarVictoria Eugenia Henao · 2018 · Página 2951 cita
[24]y líder de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal. Antes de irse me dijo que él no tenía nada que ver con ese crimen, pero seguramente lo iban a responsabilizar y por eso prefería esconderse de nuevo. Dicho y hecho porque menos de doce horas después se produjo un nuevo allanamiento del edificio Mónaco, esta vez por el…
p. 295
22Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 4151 cita
[25]MAS, por supuesto, importantes sectores de la Fuerza Pública descubrieron que era posible realizar un trabajo sucio mu- cho más efectivo contra el movimiento guerrillero, sin comprometer la imagen de sus instituciones. Los narcos facilitaron la infraestructura y el dinero aun- que, en forma temprana, algunos de ellos,…
p. 415
23No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2111 cita
[26]1990. Aguilera Peña y Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Colombia), El orden desarmado, 385. 621 Los principales dirigentes de la ATCC fueron asesinados en 1990 en Cimitarra, Santander, junto a la periodista Silvia Duzán. Año 50 40 30 20 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 Paros…
p. 211
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1111 cita
[27]del Estado como su patrimonio natural» 373. El llamado «Baile Rojo» 374 y el «Plan Esmeralda» –este último desarrollado en la región–, tuvieron «la finalidad de perseguir y dar muerte a los miembros de la UP en los llanos orientales y Caquetá» 375, como lo denunció el asesinado congresista Henry Millán. La lucha…
p. 111
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 981 cita
[28]venganza 236. Los sobrevivientes recuerdan que mientras las paredes hablaban, ellos guardaban silen- cio. Si bien la alcaldesa Tobón sobrevivió, fue perseguida, sufrió varios atentados e incluso recibió el señalamiento de comandantes del ejército, como Alejandro Londoño Tamayo. Así lo recordó en diálogo con la…
p. 98
261989María Elvira Samper · 2019 · Páginas 48, 522 citas
[29]y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…
p. 48
[32]de un hecho inicuo que tiene que conmover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidaridad en momentos de crisis”. El ministro de Gobierno, Raúl Orejuela Bueno, sostiene que se trata de un “complot contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno”, y el PC protesta por lo que considera la pasividad del…
p. 52
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 841 cita
[31]esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…
p. 84
28Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · Página 2151 cita
[33]de los más ilustrativos al respecto. Un líder de este partido le dijo a la Comisión: «Allí se produjeron matanzas horribles. Allí fue asesinado el alcalde de Tibú, Tirso Vél ez […], el candidato más opcionado a la Gobernación de Santander […]. En la ciudad de Barrancabermeja, fue asesinado Leonardo Posada Pedraza,…
p. 215
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 941 cita
[34]municipios predominantemente campesinos. El campesinado fue una parte importante de las víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica. Como se puede evidenciar en el mapa 5, los asesinatos de militantes de este partido se cometieron en zonas alejadas de las grandes ciudades capitales y en los límites de la…
p. 94
3025 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · Página 271 cita
[35]pareciera oposición. Ello significó la práctica desaparición de la izquierda no ar- mada y de uno de los pocos logros tangibles de los acuerdos de paz 32. Así. para junio de 1987 se hizo explícito el fin de la tregua con las Farc, que de tiempo atrás no funcionaba en la práctica. Ante el recrudecimiento de la ·•guerra…
p. 27
31Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 811 cita
[36]y Vargas, 2016). “Los expedientes abiertos por la Procuraduría y por un grupo de jueces instructores no avanzaron mucho en la recolección y evaluación de pruebas y dejaron a todos los victimarios en la impunidad” (Noche y Niebla, 2004, página 227). 83 2. ORÍGENES 1981ó1991’ Tabla 4. Votación obtenida por partidos de…
p. 81
32Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4551 cita
[37]Corte Suprema de Justicia. 911 Entrevista 429-VI-00011. Exfuncionario judicial, víctima, en el exilio. 456 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz Muchos funcionarios han ofrendado sus vidas y dedicado sus carreras a investigar los hechos para tratar de dar una respuesta a las víctimas y hacer rendir cuentas a los…
p. 455