Idea · Crisis y narcotráfico
Magnicidio
En Colombia el magnicidio se transformó, a lo largo del siglo XX, de crimen excepcional en método serial: entre 1984 y 1993 el Cartel de Medellín y sus aliados paramilitares asesinaron ministros, candidatos presidenciales, jueces y periodistas hasta arrancarle al Estado la prohibición constitucional de la extradición, redefiniendo el concepto y marcando de forma indeleble la historia política del país.
Trayectoria de una idea
- 1914
Asesinato de Rafael Uribe Uribe
- 1948
Asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el Bogotazo
- 1984
Asesinato de Rodrigo Lara Bonilla: el crimen que instaura la técnica
- 1987
Exterminio de la Unión Patriótica y asesinato de Jaime Pardo Leal
- 1989
Asesinato de Luis Carlos Galán en Soacha
- 1990
Tres candidatos presidenciales asesinados en un año electoral
- 1991
Prohibición constitucional de la extradición: el programa cumplido
La lectura
El magnicidio en Colombia no es un fenómeno uniforme: atraviesa más de un siglo de historia política y muta de forma según el contexto. En su primera etapa republicana, representada por el asesinato de Uribe Uribe en 1914, fue un crimen excepcional que conmocionó al país sin transformar sus instituciones. Con el asesinato de Gaitán en 1948 adquirió dimensión fundacional: eliminó al líder más carismático del siglo XX y desencadenó una insurrección urbana que aceleró La Violencia y reconfiguró el sistema político por décadas. La transformación decisiva ocurrió entre 1984 y 1991, cuando el Cartel de Medellín convirtió el magnicidio en instrumento de extorsión institucional: una cadena calculada de crímenes —ministros, candidatos presidenciales, directores de periódico, jueces— destinada a arrancarle al Estado la prohibición constitucional de la extradición, objetivo que se cumplió en 1991. Paralelamente, la alianza entre narcotraficantes, paramilitares y sectores militares ejecutó el exterminio sistemático de la Unión Patriótica, expandiendo el concepto hacia el magnicidio colectivo distribuido en cientos de municipios. El resultado fue una categoría ampliada del término: ya no solo el asesinato del jefe de Estado o del gran hombre, sino el asesinato selectivo y serial de cualquier figura que encarnara al Estado, disputara el orden establecido o representara una alternativa política incómoda para los poderes fácticos.
En Colombia el magnicidio dejó de ser, en algún momento de los años ochenta, lo que la palabra prometía en su origen latino: el asesinato del gran hombre, del jefe de Estado, del príncipe. Se convirtió en otra cosa. En una técnica. En un método serial con blancos, plazos y demandas concretas. Entre 1984 y 1993 el Cartel de Medellín ensayó una gramática política inédita en el continente: matar ministros, candidatos presidenciales, directores de periódico, jueces y magistrados hasta arrancarle al Estado una cláusula constitucional. Lo consiguió en 1991. Paralelamente, y a veces con los mismos ejecutores, una alianza de narcotraficantes, paramilitares y sectores de las Fuerzas Armadas ejecutaba un exterminio distinto: el de la Unión Patriótica, magnicidio colectivo distribuido en 367 municipios. De esos años emergió una categoría ampliada —el asesinato selectivo de cualquier figura que encarnara al Estado o disputara el orden establecido— que redefine la palabra y explica buena parte del siglo XX colombiano tardío.
De Uribe Uribe a Gaitán: la prehistoria del magnicidio moderno
El precedente republicano es el asesinato del general Rafael Uribe Uribe, muerto a hachazos a las dos de la madrugada del 16 de octubre de 1914 cuando se dirigía al Capitolio en Bogotá. Tenía cincuenta y cinco años y estaba en el apogeo de su influencia política; había apoyado meses antes la candidatura del conservador José Vicente Concha, elegido por un margen de ocho a uno. Su cuerpo fue velado en la Cámara de Representantes; el cortejo fúnebre al cementerio quedó bloqueado durante horas por las multitudes. Asistieron a los funerales el presidente Concha, sus ministros, el Delegado Apostólico del Vaticano y los embajadores de Estados Unidos, Chile, Perú y Bélgica. El biógrafo Luis Zea Uribe escribió que aquel crimen "cambió para peor el curso de nuestra historia".
El juicio de Zea nombra una intuición que Colombia repetiría muchas veces: la de que ciertos asesinatos no eliminan un individuo, sino que clausuran un camino. Uribe Uribe murió durante el largo período de estabilidad relativa que corrió entre 1910 y 1930 bajo la hegemonía conservadora, un tiempo en el que su crimen quedó registrado junto al terremoto de 1917 y la epidemia de gripa de 1918 como uno de los sucesos aciagos del cuatrienio de Concha. No hubo entonces una teoría del magnicidio: hubo el hacha, la conmoción, el luto oficial. El país todavía leía el asesinato como acontecimiento, no como método; faltaban tres décadas para que aprendiera a leerlo de otro modo.
El paradigma fundacional se instala treinta y cuatro años después. El 9 de abril de 1948, a la salida de su oficina en el centro de Bogotá, Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado por Juan Roa Sierra mientras la ciudad hospedaba la IX Conferencia Internacional de Estados Americanos, la reunión que redactaba la carta constitutiva de la Organización de Estados Americanos. Roa Sierra fue linchado por la multitud antes de cualquier proceso judicial; años después un juez ordenaría un estudio retrospectivo para reconstruir sus móviles. La autoría intelectual nunca quedó establecida judicialmente y sigue perdiéndose, según las versiones, en la suposición y la incertidumbre.
Lo que siguió al disparo fue el Bogotazo: una insurrección sin dirección, una explosión invertebrada de furia. El centro de Bogotá quedó saqueado y en escombros; el sistema de tranvías sufrió daños de los que no se recuperaría, varias iglesias y archivos eclesiásticos ardieron, los negocios asociados al conservatismo fueron asaltados. El Palacio de Justicia original se incendió aquel día y nunca fue restaurado a su forma anterior —el edificio que lo reemplazó, construido con criterios de seguridad, sería el que tomara el M-19 en noviembre de 1985—. El gobierno de Mariano Ospina Pérez y el general George Marshall, que estaba en la ciudad, difundieron de inmediato la versión del complot comunista; treinta años más tarde un documento del Departamento de Estado estadounidense aclararía que los comunistas no habían tenido nada que ver con el crimen. La Iglesia Católica y sectores conservadores, en particular la arquidiócesis de Medellín, mantuvieron sin embargo la lectura de la "explosión comunista" y la usaron para reabrir el debate sobre la cultura colombiana.
Gaitán no era comunista: representaba el ala izquierdista del Partido Liberal, escribía sobre ideas socialistas y había inaugurado una manera inédita de hacer política, confrontando a las oligarquías y hablándole directamente al pueblo. De los grandes líderes populistas latinoamericanos de la época —Lázaro Cárdenas, los Perón, Getúlio Vargas, Víctor Raúl Haya de la Torre—, fue el único asesinado. Su muerte no fundó La Violencia, que ya venía en curso, pero sí la aceleró y la elevó a otra escala. Debilitó el ala progresista del liberalismo: la irrupción violenta de las masas en Bogotá reforzó la imagen de peligrosidad de los sectores populares y erosionó la base política del gaitanismo dentro del partido. El asesinato del líder y la lectura oficial del levantamiento operaron juntos, como después ocurriría muchas veces.
Entre 1948 y 1984 el magnicidio siguió siendo, en su definición estricta, un episodio excepcional. Lo que cambiaría después no es la ocurrencia del crimen —Colombia nunca dejó de matar a sus figuras públicas— sino su transformación en método. La diferencia es de orden: no un crimen que estremece a un país, sino una cadena de crímenes que rediseña sus instituciones.
30 de abril de 1984: el crimen que instaura la técnica
El último día de abril de 1984, Rodrigo Lara Bonilla se dirigía a su residencia en el norte de Bogotá cuando dos jóvenes en motocicleta se acercaron a su vehículo. El pasajero disparó una pistola automática. Era el ministro de Justicia del gobierno de Belisario Betancur; era el primer ministro en ejercicio asesinado en la historia de Colombia. El método —moto, sicario, arma automática— llevaba la firma inconfundible del Cartel de Medellín.
Lara Bonilla había hecho lo que nadie antes: denunciar públicamente a Pablo Escobar Gaviria como narcotraficante y oponerse a que ocupara su curul en el Congreso. Su asesinato fue la respuesta orgánica del cartel a esa denuncia, y fue mucho más que una represalia individual. Fue el acto inaugural de una política.
El contexto amplifica la magnitud del crimen. El 28 de abril, apenas dos días antes, el gobierno Betancur había firmado una tregua con las FARC; el país esperaba una nueva época. El asesinato de Lara Bonilla partió esa expectativa en dos. Betancur reaccionó con urgencia; el asesinato aceleró un giro en la manera en que el Estado colombiano abordaba el narcotráfico y debilitó las posiciones más tolerantes hacia el tráfico. La medida más importante fue reactivar el tratado de extradición con Estados Unidos. Fue entonces cuando el cartel encontró su enemigo definitivo y comprendió que solo un cambio jurídico podía neutralizarlo. En mayo de 1984, en Panamá, el expresidente Alfonso López Michelsen recibió a través de Santiago Londoño White —contactado por Felipe López— una solicitud de reunión: era el primer intento de los capos por hacerle llegar un mensaje al gobierno. La escena, con su mezcla de secreto, mediación de élite y propuesta velada, ya anunciaba la lógica que dominaría la década.
El asesinato de Lara Bonilla instaló un principio: el Estado, encarnado en un ministro, podía ser matado. La regla implícita que había protegido a los altos funcionarios cayó con él. A partir de ese abril, cualquier figura que encarnara la extradición se convirtió en blanco.
Serialidad: la cadena 1986–1990
La lista debe leerse de corrido, porque su efecto es acumulativo.
Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador, fue asesinado por el narcotráfico. El periodista Jorge Enrique Pulido cayó por la misma mano, junto con atentados dinamiteros contra las sedes de El Espectador y de Vanguardia Liberal. En septiembre de 1986 fueron asesinados el senador Pedro Nel Jiménez y el representante Leonardo Posada Mendoza, ambos de la Unión Patriótica; era el inicio del exterminio de ese partido. Jaime Pardo Leal, dirigente de la UP y profesor de la Universidad Nacional, fue asesinado en 1987.
Entre los funcionarios judiciales, la lista se vuelve estadística, y esa transición de la biografía al promedio es en sí misma un dato: cuando los muertos son tantos que solo el promedio los ordena, la violencia ha alcanzado escala institucional. Entre 1979 y 1982 morían, en promedio, dos jueces al año en cumplimiento de sus funciones; entre 1985 y 1988, diez y media. Casi seis veces más, en el lapso de un lustro. Enrique Low Murtra, Carlos Mauro Hoyos, Hernando Baquero Borda: nombres de una nómina que se alargaba mientras el sistema aprendía a operar en el terror.
El cuatrienio de Virgilio Barco (1986-1990) coronó la serialidad. Fueron asesinados tres candidatos presidenciales. Luis Carlos Galán Sarmiento, del Partido Liberal, cayó el 18 de agosto de 1989 en la plaza de Soacha durante un acto de campaña; el sicariato fue encabezado por Jaime Eduardo Rueda Rocha, entrenado en las escuelas de las autodefensas del Magdalena Medio, y entre las armas utilizadas figuraba un fusil Galil del arsenal traído clandestinamente desde Israel para esas autodefensas. Bernardo Jaramillo Ossa, dirigente de la UP y candidato presidencial, fue asesinado en 1990; antes de su muerte reflexionaba sobre la necesidad de que la guerrilla se inclinara hacia la negociación y revisara la combinación de las formas de lucha. Carlos Pizarro Leongómez, candidato presidencial del M-19 recién desmovilizado, fue asesinado en abril de 1990 a bordo de un avión, por un sicario asociado al paramilitarismo.
Tres candidatos presidenciales en dos años. Ningún sistema político moderno del hemisferio había registrado nada equivalente.
Los Extraditables: extorsión institucional como programa
Detrás de la serialidad estaba una organización con nombre y con objetivo declarado. Los Extraditables —Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, los hermanos Ochoa Vásquez, Jairo Ortega y su red— no querían morir en Colombia: querían vivir libremente en Colombia, sometido el Estado a sus dictados. La meta central era la prohibición de la extradición.
Su comunicado más citado amenazaba con desatar "la guerra total contra los antinacionalistas y los vendepatrias", sin respetar familias, incendiando industrias y propiedades de la oligarquía. La fórmula marcaba el paso: de la violencia selectiva al terror masivo. Los atentados dinamiteros contra las sedes de El Espectador y de Vanguardia Liberal fueron la escenificación de ese anuncio; los magistrados amenazados, la escenificación cotidiana.
La estrategia funcionaba en dos frentes. En el jurídico, cada asesinato de juez o magistrado alimentaba el argumento —tácito— de que el sistema no podía sostener la extradición sin autoinmolarse. En diciembre de 1986, la Corte Suprema declaró inexequible la ley que ratificaba el tratado con Estados Unidos; la decisión se atribuyó al temor de una Corte debilitada por la toma del Palacio de Justicia por el M-19 en noviembre de 1985 y asediada por amenazas narcoterroristas, más que a razones estrictamente jurídicas. Fue el primer triunfo estructural del cartel: había logrado que la máxima instancia judicial actuara bajo miedo.
En el frente político, la campaña buscaba modificar la Constitución. Barco canceló la prohibición de extradición tras el asesinato de Galán en agosto de 1989, y los Extraditables respondieron con una escalada de atentados y asesinatos que se prolongó hasta 1991. Ese año, la Asamblea Nacional Constituyente prohibió constitucionalmente la extradición de colombianos. Escobar se entregó a la justicia al día siguiente. El programa se había cumplido.
La alianza narco-paramilitar-militar
El magnicidio serial no fue obra exclusiva del cartel. Los Extraditables operaban desde el Magdalena Medio en estrecha asociación con grupos paramilitares que Escobar, Rodríguez Gacha y Ortega financiaban con infraestructura, dinero y ejércitos privados para proteger los laboratorios de cocaína y combatir a la guerrilla. La misma red que ejecutaba magistrados en Bogotá ejecutaba dirigentes campesinos, sindicalistas y líderes de la UP en las regiones.
La masacre de La Rochela, perpetrada el 18 de enero de 1989 por los paramilitares conocidos como los Masetos, asesinó a doce miembros de una comisión judicial que investigaba, entre otros hechos, la desaparición forzada de diecinueve comerciantes en el Magdalena Medio, crimen en el que estaban involucrados altos oficiales del Ejército. La Rochela probó documentalmente lo que muchos jueces sabían: la guerra sucia contra el aparato judicial no era solo del narcotráfico. Había una concurrencia entre el cartel, los paramilitares y un sector de las Fuerzas Armadas. El magnicidio funcional del funcionario incómodo era una tecnología compartida.
Esa alianza redefine el análisis. Los carteles no doblegaron a un Estado fuerte: colonizaron uno ya fracturado, cuyas instituciones carecían de capacidad coercitiva autónoma. El gobierno Barco estimaba que apenas uno de cada cinco crímenes llegaba siquiera a conocimiento de las autoridades, y de ese exiguo caudal solo el cuatro por ciento terminaba en sentencia. Dicho de otro modo: noventa y seis de cada cien delitos quedaban sin castigo. En un ecosistema así, matar era barato y la respuesta institucional era improbable; el magnicidio dejaba de ser un acto extremo y se convertía en una herramienta administrativa, una línea contable en el presupuesto operativo de la coacción.
El exterminio de la Unión Patriótica
Ninguna cifra ilumina mejor el cambio de escala del magnicidio en Colombia que la de la Unión Patriótica. El partido, creado a partir de los acuerdos de paz firmados durante el gobierno Betancur, fue concebido como una plataforma amplia para la participación de sectores políticos alternativos. Entre 1984 y 2002 —el arco completo del exterminio— la violencia contra la UP se registró en 367 municipios: uno de cada tres del país. Tres subregiones concentraron el 48,8% de las víctimas asesinadas o desaparecidas: Ariari-Guayabero, Magdalena Medio y Urabá. Los tres eran territorios de fuerte presencia paramilitar y de intereses narcotraficantes.
En su breve momento electoral, la UP no había sido una fuerza marginal. En las elecciones de 1986-1988 obtuvo dos senadores propios —cuatro más en coalición—, tres representantes a la Cámara —seis más en coalición— y 29 diputados, entre propios y de coalición. Ganó 24 alcaldías en todo el país; en 1988, en las primeras elecciones directas de alcaldes de la historia colombiana, sostuvo varias de esas administraciones. La UP era la izquierda electoral que Colombia no había tenido, y por eso mismo era intolerable para quienes veían en su origen —los acuerdos con las FARC— y en la persistencia de vínculos entre algunos militantes y la guerrilla armada, una prueba de que el partido era un instrumento subversivo.
El asesinato de Pardo Leal en 1987, y el de Jaramillo Ossa como candidato presidencial en 1990, coronaron a nivel nacional lo que en las regiones se hacía a diario: la eliminación sistemática de concejales, diputados, alcaldes, militantes de base. La estigmatización por el origen del partido operó como una licencia moral difusa. Las prácticas de secuestro, extorsión y boleteo de las FARC fueron invocadas como pretexto por la derecha organizada militarmente para seguir matando a la UP. El resultado fue un magnicidio colectivo: no el asesinato del jefe, sino la desaparición programada de una fuerza política entera.
Esta es la lógica que no cabe reducir a la del cartel. Los Extraditables extorsionaban al Estado para arrancarle una cláusula jurídica; el exterminio de la UP eliminaba a un adversario político para impedirle ejercer los derechos que la Constitución le reconocía. Ambas lógicas se retroalimentaron —los mismos hombres, las mismas armas, los mismos territorios— y juntas rediseñaron la categoría de magnicidio. Ya no se trataba del asesinato del soberano. Se trataba de matar cualquier cuerpo que encarnara una amenaza al orden establecido: un ministro anticorrupción, un juez tenaz, un candidato reformista, un concejal de izquierda en un pueblo del Ariari.
El sistema judicial como frente de guerra
Merece un cierre propio la guerra contra la rama judicial, porque es el rasgo que más distingue al magnicidio colombiano de la década de la extradición. En ningún país del hemisferio se asesinó a jueces con la sistematicidad con que se los asesinó en Colombia entre 1985 y 1991.
La mecánica puede reconstruirse con tres golpes de cifra que conviene leer despacio. Primero, la escala global: entre 1979 y 1991, casi trescientas personas fueron asesinadas en Colombia mientras cumplían funciones judiciales, y la Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial constató que la mayoría de esas muertes se concentró en el segundo lustro del período, cuando la ofensiva de los Extraditables se volvió sistemática. Segundo, el efecto sobre los vivos: una encuesta de 1987 encontró que uno de cada cuatro jueces y juezas del país había recibido amenazas directas o contra sus familias por causa de su oficio; la cifra, un veinticinco por ciento largo, describe menos un riesgo profesional que una condición ambiental del oficio. Tercero, lo que las cifras dejan afuera: los cientos de funcionarios que se exiliaron, los que renunciaron a los cargos, los expedientes que quedaron sin instructor porque nadie quería firmarlos. La estadística cuenta a los muertos; no cuenta a los que se retiraron para no morir.
El objetivo era doble. Por un lado, neutralizar investigaciones concretas: cada juez que investigaba al cartel era un frente que podía cerrarse con un sicario. Por el otro, generar en toda la rama el reflejo de la autocensura, el traslado de expedientes, el archivo por temor. La declaratoria de inexequibilidad del tratado de extradición en diciembre de 1986 fue la manifestación institucional de ese éxito: cuando la Corte Suprema misma opera bajo miedo, el sistema entero se acomoda. La masacre de La Rochela mostró que a esa presión narcoterrorista se sumaba la de sectores militares con intereses propios en desactivar investigaciones sobre desapariciones y masacres. La rama judicial colombiana atravesó esos años como una institución en estado de sitio no declarado, sostenida por individuos —los que se quedaron, los que firmaron— cuya valentía no cabía en las estadísticas.
La Constituyente: paradoja del terror
La cadena de magnicidios produjo, por caminos que ninguno de sus autores había previsto, la apertura política más significativa del siglo XX colombiano.
El asesinato de Galán el 18 de agosto de 1989 marcó el punto de quiebre emocional. La sensación de crisis profunda que recorrió a la sociedad se articuló con un movimiento estudiantil que impulsó la iniciativa ciudadana de la Séptima Papeleta —una boleta adicional en las elecciones de marzo de 1990, con la que los electores pedían una asamblea constituyente—. La convocatoria se formalizó luego por dos decretos de Estado de Sitio, uno bajo Barco y otro bajo César Gaviria, aprobados por la Corte Suprema. Los esfuerzos reformistas venían desde 1988; el terror los aceleró.
Gaviria mismo era producto del ciclo: había sido ungido candidato liberal en reemplazo de Galán y ganó la presidencia con esa investidura. El proceso de paz con el M-19 culminó el 9 de marzo de 1990 con el Acuerdo de Corinto y la desmovilización de aproximadamente 900 guerrilleros; el M-19 se transformó en movimiento político, aunque su candidato, Pizarro, ya había sido asesinado en abril. La Constituyente sesionó con esa fuerza incorporada, junto con la del EPL, también desmovilizado. Actores que habían estado excluidos del sistema participaban ahora en el proceso constituyente.
La Constitución de 1991 introdujo reformas sustanciales al sistema político, entre ellas la eliminación de restricciones a la competencia política heredadas del Frente Nacional. Y prohibió la extradición de colombianos. Los Extraditables habían ganado su guerra jurídica; la Constituyente, presionada por el terror que ellos mismos habían desatado, incorporó su demanda al texto máximo. Escobar se entregó al día siguiente de la aprobación de la cláusula.
La paradoja es doble. La reforma más democrática del siglo se hizo bajo el chantaje explícito del narcoterrorismo, y una de sus disposiciones fue la victoria concreta del extorsionador. Pero la misma prohibición de extradición viabilizó jurídicamente el sometimiento a la justicia y, con él, el desmantelamiento del cartel. Escobar se fugó de La Catedral el 21 de julio de 1992 y reanudó los atentados. Cayó abatido el 2 de diciembre de 1993, fecha que suele señalarse como el punto final del narcoterrorismo del Cartel de Medellín. Entre 1994 y 1995 el Cartel de Cali fue desvertebrado, aunque sus jefes habían gozado hasta entonces de amplia impunidad y financiado la política con generosidad. Se cerraba la era de las grandes organizaciones; se abría la de sus herederos, más fragmentados, más incrustados en la política regional, y sobre los cuales la palabra magnicidio seguiría cerniéndose.
Ecos: memoria, impunidad y marcos jurídicos
Los magnicidios de la década no se cerraron con la muerte de Escobar. Álvaro Gómez Hurtado fue asesinado en 1995. En diciembre de 1992 Escobar fue llamado a juicio por el crimen de Galán; el proceso siguió su curso durante décadas, con condenas parciales y autorías intelectuales que fueron aflorando lentamente. La regla de la impunidad estructural pesaba también sobre los magnicidios: los sicarios eran identificables, los eslabones intermedios rara vez, los autores intelectuales casi nunca en tribunales, aunque sí en la conciencia pública. Ese desfase —entre lo que el país sabía y lo que los tribunales podían fijar como verdad jurídica— se volvió una segunda impunidad, más sutil que la primera, y quizá más corrosiva: la del hecho notorio que jamás encuentra su sentencia.
La Jurisdicción Especial para la Paz, nacida del acuerdo con las FARC y anclada en el ordenamiento constitucional en 2017, heredó la experiencia acumulada por el Centro Nacional de Memoria Histórica y pudo perfilar estándares de justicia más eficaces que los de la década anterior. La comparación pertinente es con Justicia y Paz, el marco de 2005 que sometió a los jefes paramilitares desmovilizados a un régimen de penas alternativas a cambio de verdad y reparación. Ese proceso quedó truncado cuando el gobierno colombiano extraditó masivamente a esos jefes a Estados Unidos, privilegiando los cargos de narcotráfico sobre los crímenes de lesa humanidad. La extradición interrumpió procesos judiciales en Colombia, obstaculizó el esclarecimiento de graves violaciones a los derechos humanos y distanció a los responsables de las víctimas que aguardaban su verdad. Organizaciones de derechos humanos objetaron esa política señalando la jerarquización implícita que introducía: el tráfico de drogas resultaba, ante los tribunales estadounidenses, más reprochable que las masacres cometidas en Colombia. Una vez en prisiones extranjeras, con procesos ajenos y sin canales robustos de cooperación judicial, la posibilidad de que los paramilitares extraditados continuaran contribuyendo a la verdad y a la justicia en su país quedó reducida al mínimo. La JEP intentaría, más tarde, no reincidir en esa jerarquía y mantener la centralidad de la víctima.
El magnicidio, en su versión colombiana ampliada, dejó tres legados difíciles. Uno, jurídico: la Constitución que rige el país fue redactada, en parte, bajo la presión del terror, y una de sus cláusulas fue la exigencia expresa de quienes lo ejercían —aunque esa misma cláusula, luego, sirvió para desmontarlos—. Dos, institucional: el sistema judicial colombiano se profesionalizó y se transformó bajo el trauma, con figuras como los jueces sin rostro, las medidas de protección, la Fiscalía General creada por la propia Constitución de 1991. Tres, categorial: la palabra misma quedó redefinida. Cuando en Colombia se dice hoy magnicidio, no se alude solo al asesinato del jefe de Estado —que el país, notablemente, no ha vivido en su historia republicana—. Se alude al asesinato selectivo de la figura pública que encarna una función esencial del Estado o una alternativa política significativa: el ministro, el candidato, el juez, el director de periódico, el dirigente del partido de oposición.
Esa ampliación semántica no es un abuso del lenguaje. Es la constatación de que, en la experiencia colombiana, esos asesinatos operaron como magnicidios en el sentido político clásico: cerraron caminos, alteraron el curso de procesos, forzaron cambios estructurales, decidieron por la fuerza cuestiones que la deliberación democrática debía haber resuelto. El asesinato serial de la década que va de Lara Bonilla a Escobar redefinió lo que el país podía ser. La palabra que lo nombra tuvo que estirarse para caber en la magnitud de lo ocurrido; y una vez estirada, ya no volvió a su antigua forma.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01La Violencia1946–19571
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Rafael Uribe Uribe
- 02Jorge Eliécer Gaitán
- 03Rodrigo Lara Bonilla
- 04Luis Carlos Galán
- 05Bernardo Jaramillo Ossa
- 06Carlos Pizarro Leongómez
- 07Jaime Pardo Leal
- 08Guillermo Cano Isaza
- 09Pablo Escobar
- 10Gonzalo Rodríguez Gacha
- 11Unión Patriótica
- 12Extradición
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
63 documentos · 68 fragmentos
01Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 1081 cita
[1]Academia de la Lengua y de la Facultad de Medicina. También se fueron construyendo va- trios kilmetros de vias férreas, puentes y lineas te- legraficas. Eran necesidades urgentes de las que el pais no podia prescindir. Durante el gobierno del presidente Concha se Monserior Carlos Cortés Lee, nombrado ministro de…
p. 108
02Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 431 cita
[2]the blows were fatal. The gener- al expired at 2 a.m. on October 16. Uribe Uribe’s body was taken to the Chamber of Representatives where it lay in state. It was then conducted to the Cathedral accompanied by files of soldiers and members of congress. On October 17, the mourn- ers, including President Concha, his…
p. 43
03Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 11 cita
[3]ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…
p. 1
04Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 3161 cita
[4]de autorregularse de acuerdo a esa comprensión. 314 Sandra Luda Castañeda que sus derechos de ciudadanía debían ser reivindicados y que s u s bienes materiales debían ser devueltos. Segunda variación o punto de desencuentro: el proceso Gaitán "El viernes 9 de abril de 1948 a la 1 p.m. en la calle más céntrica de…
p. 316
05Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1111 cita
[5]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…
p. 111
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1961 cita
[6]calificación Magna cum laude. Gaitán regresó al país en 1928, fue elegido representante a la Cámara y desde allí investigó los suce- sos de la masacre de trabajadores de la United Fruit; sus denuncias se convir- tieron en abierto debate contra el go- bierno de Abadía Méndez y fueron el fundamento para su figura de…
p. 196
07Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2181 cita
[7]Gaitán”—which translates (politely) in English as “that dark-skinned Gaitán”—a reference to his mixed-blood, mestizo features. On the day he was killed by an assassin’s bullet, Gaitán was working in his downtown office, preparing to compete in the 1950 presidential elections. His death touched off a wave of urban…
p. 218
08Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1051 cita
[8]104 contra todo lo que representaba el poder clerical-conservador de la época. Los símbolos del liberalismo, como el periódico El Tiempo, no sufrieron ningún daño, pese a que se encontraban en el epicentro de las revueltas. El gaitanismo parecía anunciar, así, su retorno al oficia- lismo liberal… Detrás de los actos…
p. 105
09Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1211 cita
[9]que estaba rompiendo el esquema liberal-conservador”, afirma. Por su parte, Mario Jursich añade que, si bien Gaitán no logró romper con el muy arraigado elitismo, por su asesinato, su inédita forma de hacer política y relacionarse con la gente tuvo que ser replicada por los políticos de las siguientes décadas…
p. 121
10Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 751 cita
[10]país, Ospina Pérez en- vía el siguiente mensaje a los emba- jadores y cónsules de Colombia en el exterior: «Un desconocido dio muerte al doctor Gaitán; la multitud destrozó el cadáver del asesino que no ha sido identificado; se trata de un comunis- ta.» El general Marshall de inmediato difundió la versión de que el…
p. 75
11Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1421 cita
[11]masas que haya conocido la política colombiana. El crimen repercutió en todo el territorio nacional. Una revolución había comenzado. ¡A la carga! Gaitán no se equivocó cuando sentenció en uno de sus grandilocuentes discursos en la plaza pública: “Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me…
p. 142
12Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[12]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
13Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[13]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…
p. 115
14De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1111 cita
[14]principal en el 9 de abril no fue exclusividad de la arquidiócesis de Bogotá. La de Medellín también adoptó esta actitud. El libro Historia de la arquidiócesis de Medellin establece. en la sección dedicada al 9 de abril, que «el 9 de abril fue una típica explosión comunista. ¿Quiénes más, ino los comunistas, serían…
p. 111
15La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4701 cita
[15]y se han ejecutado todas las locuras. A la oposición se le silencia con Consacá. Al desastre económico se le muestra el endriago de Consacá. A la disolución de los partidos, se les señala Consacá. A la república lacerada se le abate con los ramalazos de Consacá. Y, a la conciencia civil de Colombia, desfalcada por los…
p. 470
16Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 691 cita
[16]prontitud en el des- monte de los aparatos liberales y al li- beralismo que pugna por pasar el cua- trenio con los menores golpes posi- bles, antes de recuperar la presiden- cia. El país se caldea y en los campos y pueblos comienza la Violencia. Jor- ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- do del partido, hace vibrar…
p. 69
17Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 231 cita
[17]Gémez, un demagogo: pero de plaza y no de parlamento, y de izquierda, no de derecha. Su oratoria vindicativa e incendiaria, diri- gida contra «las oligarquias» (tanto conservadoras como liberales), reanudaba, en palabras, el refor- mismo liberal de la «Revolucién en Marcha», inte- rrumpido por la «pausa» del gobierno…
p. 23
18Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · p. 21 cita
[18]1 Jorge Eliécer Gaitán Las ideas socialistas en Colombia 2 Las ideas socialistas en Colombia Jorge Eliécer Gaitán Bogotá, abril de 2017 Impreso en Colombia 3 A MI MADRE, Con el tributo pleno de mi amor ardentísimo; a ella, faro en mis tinieblas, puerto en mis naufragios, caridad y bálsamo en el dolor cruel de mis…
p. 2
19El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 471 cita
[19]el centro de la plaza que lleva su nom bre, encima de las escaleras de piedra que rodean su estatua, lugar habitual de descanso para los amantes y empleados bogotanos que comparten su receso de media mañana con una bandada de pa lomas, la figura de Simón Bolívar domina la plaza vacía. Bolívar, como todo lo valioso de…
p. 47
20Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1701 cita
[20]uno de ellos —al que tenía la fama de ser el más poderoso y rico de todos— a los sagrados recintos del Congreso nacional. En un gesto que le costaría la vida, Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia, se opuso abiertamente a Escobar, acusándolo en público de ser un narcotraficante y negándole el derecho a ocupar…
p. 170
21Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1202 citas
[21]los negociadores del presidente lograron firmar una tregua con las FARC el 28 de abril de 1984. Todos esperaban, y mu- chos creían, que este acuerdo sería el inicio de una nueva época de paz para Colombia. Pero fue en ese momento que los sicarios de Pablo Escobar asesi- naron al ministro de Justicia Rodrigo Lara…
p. 120
[22]los negociadores del presidente lograron firmar una tregua con las FARC el 28 de abril de 1984. Todos esperaban, y mu- chos creían, que este acuerdo sería el inicio de una nueva época de paz para Colombia. Pero fue en ese momento que los sicarios de Pablo Escobar asesi- naron al ministro de Justicia Rodrigo Lara…
p. 120
22Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1551 cita
[23]Su tratamiento se volvió de competencia de diferentes profesionales de la seguridad, sobre todo de la Policía y el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), para quienes la lucha contra las drogas constituía un vector de autonomía con respecto al Ejército. A pesar de que no es oportuno retomar aquí los detalles…
p. 155
23Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1651 cita
[24]de abril de 1984, en el norte de Bogotá, cuando Lara se dirigía a su residencia. Antecedente de ese hecho tan lamentable fue también el doloroso asesinato de Rafael Pardo Buelvas, ministro de Gobierno de López Michelsen, ocurrido en su propia residencia al mes siguiente de concluida esa administración, el 17 de…
p. 165
24Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2021 cita
[25]con quienes opinaban que la bonanza del narcotráfico era una ben- dición, más aún en momentos en que el resto de América Latina padecía una fuerte crisis económica, o con aquellos que consi- deraban beneficioso el desplazamiento de las elites tradicionales, a las cuales achacaban todos los problemas de país, por parte…
p. 202
25Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4151 cita
[26]citizens to be tried in foreign jurisdictions, have been a source of national controversy since the 1980s. The assassination of the minister of justice in 1984 and the ensuing wave of terrorism and violence against judges, poli- ticians, and journalists was a strategy by the Medellm Cartel to pres- sure the state to…
p. 415
261989María Elvira Samper · 2019 · p. 931 cita
[27]reforma constitucional, una agenda legislativa y la consulta popular como mecanismo para definir candidato único a la Presidencia en 1990, abre las puertas para el regreso del líder del Nuevo Liberalismo a las filas rojas. En el marco de ese acuerdo, Galán inscribe su candidatura el 4 de julio de 1989 y en la…
p. 93
27Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2611 cita
[28]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…
p. 261
28Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 641 cita
[29]lo que sería un nuevo paramilitarismo que llegaría a su pico una década después. El principio del fin de las Autodefensas de Henry Pérez comenzó ese 18 de agosto de 1989, cuando sicarios, encabezados por Jaime Eduardo Rueda Rocha, nacido en Yacopí, Cundinamarca, en el Magdalena Medio, y entrenado en las escuelas de…
p. 64
29Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 361 cita
[30]diversas concausas, una serie de resortes políticos y emocionales que condujeron inicialmente a grupos de estudiantes, y luego a escritores y algunos dirigentes políticos, a promover la idea, y a buena parte de la población a aceptarla con alborozo. Sin duda la muerte de varios candidatos presidenciales, entre ellos…
p. 36
30Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[31]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
p. 1
[62]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
p. 1
31Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 1721 cita
[32]While he was happy to collect some of the proceeds, directly and indirectly, he didn’t like the trouble that came with them: the police, the U.S. Drug Enforcement Administration, and the squabbles over money and drug routes. One of his fellow commanders told me that the few who disobeyed his order with regard to the…
p. 172
32The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4501 cita
[33]left dozens wounded and one dead; second, the bombing of Avianca flight 203 in November, which was an attempt to kill then presidential candidate César Gaviria but instead ended the lives of 107 passengers and crew; third, the early December bombing of the das, or Departamento Administrativo de Seguridad (Colombia’s…
p. 450
33La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 451 cita
[34]los antiguos combatientes regresaron a la vida civil y política, y jugaron de inmediato un papel esencial y constructivo. Su comandante, Carlos Pizarro, fue candidato a la alcaldía de Bogotá el mismo mes de su desmovilización y obtuvo la tercera votación. Luego lanzó su candidatura presidencial, que fue truncada por…
p. 45
34Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 cita
[35]a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…
p. 34
35Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1731 cita
[36]por la paz y la democracia! Por nuestro compromiso con el pueblo colombiano; en homenaje a la memoria, a los ideales y a los propósitos políticos de Bernardo Jaramillo; en homenaje a su alegría y a su sueño de vida y libertad para Colombia, en recuerdo de su presencia imborrable, suscribimos el siguiente llamamiento a…
p. 173
36El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[37]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
37¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1011 cita
[38]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
p. 101
38Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 291 cita
[39]that the party had lost touch with the labour unions and the stu- dents. 18 Yet anti-c/ientelista discourses, such as that of Carlos L1eras Restrepo, were never endorsed by the majority of the electorate. Further- more, clientelism had some redistributive functions; according to Miguel Urrutia this would help to…
p. 29
39Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2461 cita
[40]La frase no era cierta: no deseaban ni tumba ni cárcel, su propósito real era vivir en Colombia libremente, disfrutando de sus ganancias, habiendo sometido al Estado a sus dictados. En diciembre de 1986, la Corte Suprema declaró inexequible la Ley 27 de 1980, por la cual se había ratificado el tratado de extradición…
p. 246
40Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2861 cita
[41]legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…
p. 286
41Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4151 cita
[42]MAS, por supuesto, importantes sectores de la Fuerza Pública descubrieron que era posible realizar un trabajo sucio mu- cho más efectivo contra el movimiento guerrillero, sin comprometer la imagen de sus instituciones. Los narcos facilitaron la infraestructura y el dinero aun- que, en forma temprana, algunos de ellos,…
p. 415
42Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4551 cita
[43]Corte Suprema de Justicia. 911 Entrevista 429-VI-00011. Exfuncionario judicial, víctima, en el exilio. 456 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz Muchos funcionarios han ofrendado sus vidas y dedicado sus carreras a investigar los hechos para tratar de dar una respuesta a las víctimas y hacer rendir cuentas a los…
p. 455
43La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3561 cita
[44]llanos orientales y el Putumayo, con los aparatos armados al servicio del narcotráfico” 583. Estos grupos armados entraron en el conflicto perpetrando crímenes contra la población que afectara sus intereses económicos o que eran considerados aliados de grupos guerrilleros. Así apoyaron a las Fuerzas Militares en el…
p. 356
44La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2971 cita
[45]Eduardo Ramírez, 95 Hacia 1987 el paramilitarismo del Magdalena Medio comenzó a perturbar re- giones de Córdoba y Urabá. La expansión del grupo paramilitar comandado por Gonzalo y Henry Pérez a territorios que transcendían al Magdalena Medio tuvo cierta semejanza con el proceso de enquistamiento que años atrás…
p. 297
45¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1051 cita
[46]fin del narcoterro- rismo. La prohibición constitucional de la extradición abrió el camino para la salida a la guerra del narcotráfico contra el Estado y viabilizó la implementación de la figura jurídica del sometimiento a la justicia como ruta para el desmantelamiento del Cartel de Medellín. Este aspecto será…
p. 105
46Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 181 cita
[47]extradición y al día siguiente se entregó a la justicia Pablo Escobar Gaviria, cabeza del cartel de Medellín y autor de innumerables asesinatos y varios atentados terroristas en lugares públicos. Su fuga de la cárcel de lujo que había acondicionado con sus propios recursos, seguida por su persecución y muerte a manos…
p. 18
47Pablo Escobar: Colombia's Hero or Villain? History of the Greatest Drug LordJ.D. Rockefeller · 2015 · p. 91 cita
[48]Velasquez also known as “Popeye” discusses the attack, he was once Escobar’s hitman. During the siege, the Colombian Supreme Court had been discussing the Colombian extradition treaty with the United States. In his book, Roberto Escobar stated that the M-19 had been paid to storm the Colombian Supreme Court, eliminate…
p. 9
48No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2261 cita
[49]los datos de la Comisión Andina de Juristas, mientras que para el periodo 1979-1982 se presentaban en promedio anual dos muertes de funcionarios judiciales, entre 1985 y 1988 este subió a 10,5 665. La Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial (Asonal) calculó, por su parte, 110 asesinatos…
p. 226
49El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 162 citas
[50]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
[51]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 841 cita
[52]esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…
p. 84
51La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1971 cita
[53]militantes y simpatizantes, que no eran miembros de las FARC-EP –antes del Acuerdo de La Uribe, Meta, en 1984–, agraviados, desesperados e indignados por el exterminio que estaba sufriendo este partido y la falta de garantías para hacer política de oposición y 350 La Unión Patriótica fue concebida inicialmente como…
p. 197
52Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 1151 cita
[54]la violencia, es im- portante constatar los patrones de concentración y si hubo simulta- neidad en la perpetración de la violencia en más de un territorio. Centrados en las víctimas de los homicidios y las desapari- ciones forzadas documentadas por el Observatorio de Memo- ria y Conflicto del CNMH, la violencia contra…
p. 115
53La MANE y el movimiento estudiantil en Colombia. Agendas, luchas y desafíosAndrés Felipe Mora Cortés (compilador), Mauricio Archila Neira, Laura Isabel Buitrago Rodríguez, José Abelardo Díaz Jaramillo, Paulina Andrea Farfán Trujillo, Paola Alejandra Galindo García, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, Andrea Lopera Lombana, Jairo Andrés Rivera Henker · 2020 · p. 531 cita
[55](Torres, 1982, p. 34). Protestas estudiantiles en Colombia: una mirada histórica, 1908 -2015 | 59 mismo centro universitario y de otros en el país, lo que reforzó la lucha por la vigencia de los derechos humanos (Cote, 2011, pp. 295-296). 31 Aunque hubo otros hechos similares en esos años, lo ocurrido en la…
p. 53
5425 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 271 cita
[56]pareciera oposición. Ello significó la práctica desaparición de la izquierda no ar- mada y de uno de los pocos logros tangibles de los acuerdos de paz 32. Así. para junio de 1987 se hizo explícito el fin de la tregua con las Farc, que de tiempo atrás no funcionaba en la práctica. Ante el recrudecimiento de la ·•guerra…
p. 27
55Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 1321 cita
[57]político en la Unión Patriótica (Bogotá: ceja, 2001), 24, 89. 53 Harnecker, Entrevista, 12. 134 Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 como los del secuestro, la extorsión y el boleteo, practicados por las farc, insinuando que estos se convertían en el pretexto para que la “derecha organizada…
p. 132
56Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1131 cita
[58]Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…
p. 113
57Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1301 cita
[59]estos por Cundinamarca; en convergencia, fueron elegidos otros seis, entre estos, Julio Enrique Ortiz Cuenca por el Huila (Movimiento de Convergencia Liberal y UP) y Alfonso Gómez Méndez por el Tolima (Movimiento Político Tolima Libre, Liberal Oficial-U, Nuevo Liberalismo, Movimiento Amplio y Democrático-Rescatemos el…
p. 130
58Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[60]a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…
p. 271
59Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 711 cita
[61]en el nuevo pacto social (1989 – 1996) El año 1989 fue determinante en el proceso de adopción del nuevo pacto social a partir del fortalecimiento del movimiento por una Asamblea Constituyente. En ese año, el gobierno de Barco continuó con los acercamientos con los grupos subversivos ten- dientes a su desmovilización,…
p. 71
60Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 471 cita
[63]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
p. 47
61Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1772 citas
[64]El Tiempo. (1985a). Acuerdo político, en la mitaca de 1988 la elección de alcaldes p. 1A y 12A. 30 de octubre de 1985. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/eltiempoimpreso/ index.php?modeq=poranio&anio=1985 El Tiempo. (1985b). M- 19 se toma el Palacio de Justicia. Recuperado de: (http://www3.…
p. 177
[65]El Tiempo. (1985a). Acuerdo político, en la mitaca de 1988 la elección de alcaldes p. 1A y 12A. 30 de octubre de 1985. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/eltiempoimpreso/ index.php?modeq=poranio&anio=1985 El Tiempo. (1985b). M- 19 se toma el Palacio de Justicia. Recuperado de: (http://www3.…
p. 177
62Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 691 cita
[66]víctimas de manera que sea posible evitar o solucionar escenarios similares que puedan acontecer en el marco de la re- cientemente creada Jurisdicción Especial para la Paz 26, que podrá valerse de la experiencia histórica reconstruida minuciosamente en el informe, y que junto a un análisis imparcial de los hechos que…
p. 69
63Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4792 citas
[67]a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…
p. 479
[68]a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…
p. 479