Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Biografía

Luis Carlos Galán Sarmiento

Crisis y narcotráfico

1943–1989

16 min de lectura21 documentos
Nacimiento29 de septiembre de 1943, Bucaramanga, Santander
Fallecimiento18 de agosto de 1989, Soacha, Cundinamarca
RolesMinistro de Educación · Fundador del Nuevo Liberalismo
Lugar principalColombia
Período históricoCrisis y narcotráfico1974–1990
03

La biografía

Luis Carlos Galán Sarmiento (Bucaramanga, 29 de septiembre de 1943 – Soacha, 18 de agosto de 1989) fue periodista, ministro, senador y dirigente liberal. Fundó el Nuevo Liberalismo en 1979 y fue candidato presidencial en 1982; después de regresar al Partido Liberal, encabezaba las encuestas de la consulta de 1990 cuando fue asesinado a los cuarenta y cinco años. Su denuncia de la infiltración del narcotráfico en la política y su defensa de la extradición lo enfrentaron con el Cartel de Medellín. Las investigaciones y sentencias posteriores documentaron una alianza criminal que incluyó narcotraficantes, estructuras paramilitares, dirigentes políticos y agentes estatales.

02

Línea de vida

  1. 1970

    Ministro de Educación a los veintiséis años

    Leer contexto

    Asumió el Ministerio de Educación en el gobierno de Misael Pastrana e impulsó la descentralización administrativa y los Fondos Educativos Regionales.

  2. 1979

    Fundación del Nuevo Liberalismo

    Leer contexto

    Fundó el Nuevo Liberalismo el 30 de noviembre de 1979. Rodrigo Lara Bonilla se incorporó después como uno de sus dirigentes centrales.

  3. 1984

    Asesinato de Rodrigo Lara Bonilla

    Leer contexto

    El cofundador del Nuevo Liberalismo fue asesinado como resultado de su oposición pública al narcotráfico y su labor como ministro de Justicia promoviendo la extradición. Galán perdió a su principal aliado y Colombia entró en una escalada de violencia narcoterrorista que redefiniría la década.

  4. 1989

    Regreso al Partido Liberal e inscripción de candidatura presidencial

    Leer contexto

    Regresó al Partido Liberal e inscribió su precandidatura en julio de 1989. Encabezaba las encuestas para la consulta liberal y era uno de los principales favoritos presidenciales, sin que el resultado electoral pudiera darse por seguro.

  5. 1989

    Asesinato en Soacha, 18 de agosto de 1989

    Leer contexto

    Fue asesinado a tiros frente a miles de asistentes durante una plaza pública en Soacha. La decisión fue liderada por Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar y Henry Pérez; el autor material fue el sicario Jaime Eduardo Rueda Rocha, enviado por la organización paramilitar del Magdalena Medio. Su muerte clausuró la vía de reforma interna del sistema político y precipitó la salida constituyente de 1991.

La semblanza

Quienes lo conocieron desde la universidad coinciden en un rasgo que Galán conservó intacto durante un cuarto de siglo: un idealismo apasionado, obstinado, alimentado por sus ideas sobre Colombia y por lo que llamaba la misión de las nuevas generaciones. Ese temperamento —el de un hombre que a los veinte años ya hablaba como si el país fuera un asunto personal y a los cuarenta y cinco seguía hablando igual— explica buena parte de su ascendencia sobre una franja de electores urbanos que veía en él algo escaso en la política colombiana de los años ochenta: convicciones no negociables.

Galán creía en una democracia con contenidos reales, no en la mera alternancia formal que las estructuras heredadas de 150 años de vida republicana habían normalizado. Su palabra favorita era interpretar: interpretar los nuevos apremios del país, leer las señales que el bipartidismo tradicional ya no sabía descifrar. En esa obsesión hermenéutica hay una clave: Galán no aspiraba a demoler el sistema, sino a obligarlo a entenderse a sí mismo. Ahí radicó su fuerza —fue el reformador viable, no el ruptor— y también su vulnerabilidad, porque los enemigos que se hizo operaban con una lógica ajena al lenguaje democrático que él intentaba refundar.

Los orígenes: Bucaramanga, Bogotá, Roma

Nacido en Bucaramanga en 1943, Galán perteneció a esa generación de santandereanos que llegó a Bogotá para hacer carrera pública en los años sesenta, en una Colombia todavía moldeada por el Frente Nacional. Formado en el liberalismo, pronto quedó bajo la órbita de Carlos Lleras Restrepo, expresidente y patriarca del ala reformista del partido, quien lo promovió políticamente y le abrió las puertas del alto gobierno cuando apenas rebasaba los veinticinco años. La relación con Lleras fue determinante: le dio no solo el impulso institucional sino un modelo de política —el del técnico riguroso, moderno, con vocación de Estado— que Galán retomaría como herencia y transformaría en programa propio.

El primer gran escenario de esa formación fue el Ministerio de Educación, que asumió en 1970, a los veintiséis años, bajo la administración de Misael Pastrana. Desde allí impulsó la descentralización administrativa y el fortalecimiento de los Fondos Educativos Regionales. En 1971 señaló que esos fondos constituían el vínculo operativo entre el ministerio y los departamentos, pero cuestionó la escasa participación regional en las decisiones. Las controversias alrededor del estatuto docente mostraron también los límites políticos de su programa reformista.

Tras el ministerio vino un paso por Roma como embajador ante organismos internacionales, un intervalo diplomático que le dio distancia del país sin sacarlo del todo. Allí terminó de decantar la convicción que definiría la segunda mitad de su carrera: el Partido Liberal, tal como estaba, no era el instrumento capaz de interpretar los apremios del país que él quería descifrar.

La ruptura: nace el Nuevo Liberalismo

A finales de los setenta, Galán empezó a dudar abiertamente de los estándares éticos de los principales líderes del Partido Liberal. Dos elementos concurrieron en esa desconfianza: la percepción de que el partido se había convertido en una máquina de administrar burocracia sin proyecto, y la sospecha —pronto certeza— de que el dinero del narcotráfico había comenzado a filtrarse en la financiación de campañas regionales y, a través de ellas, en las campañas nacionales. El sistema del Frente Nacional, al obligar a un reparto de poder entre los dos partidos y al mismo tiempo abrir cierta libertad para presentar opciones propias, había facilitado esa filtración: sin diferencias programáticas reales entre liberales y conservadores —cosa que el propio Alfonso López Michelsen reconocía—, los electores se movían por otras lealtades y las campañas se financiaban por otras vías.

Galán fundó el Nuevo Liberalismo el 30 de noviembre de 1979 como una disidencia del Partido Liberal. Rodrigo Lara Bonilla se incorporó al movimiento y se convirtió en uno de sus dirigentes más importantes. En las elecciones de 1982, Galán compitió por la Presidencia contra la candidatura liberal oficial de Alfonso López Michelsen y convirtió la denuncia de la corrupción y del dinero del narcotráfico en uno de los ejes de su programa.

El costo político fue inmediato —la división liberal facilitó el triunfo conservador de Belisario Betancur en 1982—, pero el rédito simbólico fue enorme: el Nuevo Liberalismo se instaló como la única fuerza que hacía de la lucha contra la corrupción el centro de su discurso público, y Galán empezó a construir la reputación de intransigencia moral que lo acompañaría hasta el final.

El choque con Escobar

El episodio fundacional de esa reputación ocurrió en las mismas elecciones de 1982. Pablo Escobar Gaviria, entonces un traficante ascendente que buscaba blanquear su fortuna con una carrera política, se presentó como candidato al Congreso e intentó vincularse a las listas del Nuevo Liberalismo. La operación formaba parte de una estrategia mayor: Escobar llevaba tiempo cultivando bases populares en Medellín con dinero fresco —construyendo canchas de fútbol, repartiendo mercados, ofreciendo ayuda material a barrios marginales— con el propósito explícito de proyectarse como figura pública. La política era, para él, la coronación natural de un clientelismo comprado.

Galán lo desautorizó y lo expulsó del movimiento. La decisión, tomada por un líder de treinta y ocho años frente a un capo que ya movía sumas capaces de comprar campañas enteras, resultó ser el gesto que definiría la relación entre los dos hombres. Escobar, sin embargo, no se resignó: acabó elegido al Congreso por otra lista liberal, y luego hizo una generosa contribución a la campaña de un candidato presidencial liberal derrotado. La derrota que Galán le infligió fue simbólica; la victoria de Escobar, estructural. El bipartidismo, con sus múltiples listas y sus dinámicas descentralizadas, ofrecía siempre otra puerta.

En el Congreso, Rodrigo Lara Bonilla continuó el trabajo. Se opuso públicamente a Escobar, lo acusó de narcotraficante y le negó el derecho a ocupar su curul. Cuando en 1983 Lara asumió como ministro de Justicia bajo el gobierno Betancur, convirtió esa denuncia en política de Estado: promovió la aplicación del tratado de extradición y la persecución judicial de los capos. Su asesinato, ordenado desde el aparato narco, cerró trágicamente aquella primera ofensiva del Nuevo Liberalismo contra el naciente poder de los carteles. Galán perdió a su cofundador, y Colombia entró en una escalada de violencia que redefiniría los años siguientes.

La travesía y el regreso al liberalismo

Los años que siguieron al asesinato de Lara Bonilla fueron para Galán una travesía compleja. El Nuevo Liberalismo se sostuvo como corriente independiente, pero la fragmentación del voto le impedía competir por la presidencia con opciones reales. La política colombiana de mediados de los ochenta —marcada por la toma del Palacio de Justicia en 1985, la tragedia de Armero, el recrudecimiento de la guerra con los carteles y el desangre paramilitar en el Magdalena Medio— exigía capacidad de agregación, y la disidencia pura tenía techo electoral.

La decisión estratégica llegó en 1989. Bajo el gobierno de Virgilio Barco, Galán negoció el regreso a las filas del Partido Liberal en el marco de un acuerdo de unidad que incluía tres condiciones concretas: una reforma constitucional, una agenda legislativa compartida y —lo más importante— una consulta popular como mecanismo para definir el candidato único del liberalismo a la presidencia de 1990. Ese acuerdo era, en la práctica, la aceptación por parte del liberalismo tradicional de la agenda reformista galanista como precio del reencuentro.

Galán inscribió su candidatura el 4 de julio de 1989. Competía en la consulta contra Ernesto Samper y Hernando Durán Dussán, pero los números no dejaban margen a la sorpresa: se perfilaba como ganador seguro. La Convención Nacional Liberal, celebrada en Bogotá el 22 de julio, lo recibió con una ovación de más de cinco minutos —un gesto que, en el ritual de un partido acostumbrado a las liturgias del poder, valía como consagración. En esa misma convención, Alberto Santofimio Botero, antagonista político de Galán dentro del liberalismo, pronunció un discurso vehemente contra los llamados "divisionistas". La alusión era transparente y el tono, hostil: Santofimio veía en Galán un rival de peligro.

La campaña de 1989 y la posición sobre extradición

La campaña de 1989 giró alrededor de un solo eje: la extradición. Galán mantenía sobre este punto una posición intransigente. Sostenía que el Estado colombiano debía honrar el tratado con Estados Unidos y que la extradición era el instrumento decisivo para desmontar el poder de los carteles. Los narcotraficantes habían montado, en respuesta, una operación política y propagandística de envergadura: los llamados extraditables buscaban imponer el debate bajo la premisa de que la violencia en Colombia era producto del tratado, cuando en realidad este no se aplicaba desde 1986, tras haber sido declarado inexequible por la Corte Suprema. La posición de Galán rompía la coartada: si la extradición no estaba operando y la violencia igualmente escalaba, entonces el argumento de los capos era falso, y su verdadero temor era el regreso del mecanismo bajo un presidente decidido a usarlo.

Esa posición lo convirtió en un enemigo prioritario de los carteles y fortaleció su respaldo electoral. En agosto de 1989 aparecía como la figura con mayor ventaja dentro del liberalismo y como uno de los principales favoritos para la elección presidencial de 1990. Las encuestas medían una candidatura ascendente; no podían, sin embargo, anticipar como seguro el resultado de una elección todavía distante.

Soacha, 18 de agosto de 1989

Aquella noche Galán tenía programada una plaza pública en Soacha, un municipio popular a las afueras de Bogotá. Subió a la tarima acompañado de su equipo. Fue asesinado a tiros frente a miles de asistentes y ante las cámaras de televisión, en una de las imágenes más traumáticas de la historia reciente de Colombia.

La reconstrucción posterior del crimen dibujó una cadena de mando concreta. El autor material fue el sicario Jaime Eduardo Rueda Rocha, oriundo de Yacopí, Cundinamarca, enviado desde la organización paramilitar de Henry Pérez, que operaba en el Magdalena Medio. La decisión y la planeación del homicidio estuvieron lideradas por tres figuras: Gonzalo Rodríguez Gacha —el "Mexicano"—, Pablo Escobar Gaviria y el propio Henry Pérez. La convergencia entre el Cartel de Medellín y el aparato paramilitar del Magdalena Medio para ejecutar un magnicidio político revelaba una arquitectura del crimen mucho más sofisticada que la del sicariato urbano al que Colombia se había acostumbrado: era la fusión operativa entre narcotráfico y contrainsurgencia armada al servicio de un objetivo político.

El móvil era transparente. Galán encarnaba la extradición y la lucha sin tregua contra el narcotráfico; su elección presidencial en mayo de 1990 era, a la luz de las encuestas, prácticamente segura. Eliminarlo era, en la fría contabilidad de los carteles, la operación más rentable posible: un costo criminal a cambio de neutralizar la única amenaza estratégica al poder narco.

La responsabilidad del crimen no quedó limitada a los jefes del narcotráfico. La justicia colombiana condenó a Alberto Santofimio Botero como determinador del homicidio y al exdirector del DAS Miguel Alfredo Maza Márquez por su participación en el plan que debilitó la seguridad del candidato. Estas decisiones probaron intervención de actores políticos y de un alto agente estatal, aunque el expediente histórico y judicial conserva preguntas sobre otras responsabilidades y sobre la extensión completa de la alianza que hizo posible el magnicidio.

La reacción del Estado y la contraofensiva de los extraditables

La respuesta del gobierno Barco fue inmediata y masiva. En los tres meses siguientes al magnicidio, fueron detenidas 11.000 personas en el Magdalena Medio, Urabá y Medellín. La casi totalidad de esas detenciones no arrojó vinculación con el crimen ni con el narcotráfico, y los detenidos fueron liberados. Medellín fue copada militarmente. Estados Unidos aprobó una ayuda de emergencia de 65 millones de dólares, consistente principalmente en helicópteros artillados y otro armamento pesado.

Aquella ayuda contenía una anomalía elocuente. El propio director de la Policía Nacional, general Gómez Padilla, señaló que el armamento enviado no se adaptaba a la represión del narcotráfico. El tipo de equipos militares aportados sugería otra cosa: que el interés norteamericano estaba más orientado a combatir las guerrillas que a suprimir el negocio de la cocaína. Mientras 65 millones se destinaban al armamento pesado, la protección de los 1.600 jueces amenazados de muerte —los mismos que debían procesar al narcotráfico— recibió apenas 2,5 millones de dólares. El contraste era inexplicable. Y contaba, por sí solo, una historia sobre las prioridades reales de la alianza antinarcóticos de fin de la Guerra Fría.

La contraofensiva de los extraditables fue proporcional al golpe. Anunciaron una escalada de violencia total. Dinamitaron las sedes de los periódicos El Espectador y Vanguardia Liberal, así como el edificio de la inteligencia estatal. Colombia entró en el año más sangriento de su guerra contra los carteles. Entre agosto de 1989 y abril de 1990 fueron asesinados tres candidatos presidenciales: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa de la Unión Patriótica y Carlos Pizarro Leongómez del M-19 desmovilizado. La democracia colombiana llegó a las elecciones de 1990 con la mitad de sus opciones ejecutadas.

Su red: familia, aliados, adversarios

La figura pública de Galán no puede entenderse sin la red humana que la sostuvo y que la sobrevivió. Gloria Pachón, su esposa, se convirtió tras el asesinato en guardiana de su memoria política y en figura pública por derecho propio, con una trayectoria diplomática y editorial que prolongaría en el espacio público el lenguaje del galanismo. De ese hogar salieron tres hijos —Juan Manuel, Claudio y Carlos Fernando Galán Pachón— que heredaron el nombre y lo llevaron, cada uno por su camino, a la política activa durante las tres décadas siguientes, en un itinerario familiar que culminaría con la elección de Carlos Fernando como alcalde de Bogotá en 2023. El apellido, que en 1989 quedó suspendido en un cadáver sobre una tarima, se transformó con los años en una segunda biografía colectiva.

Rodrigo Lara Bonilla fue uno de los primeros y más visibles dirigentes que acompañaron a Galán en el Nuevo Liberalismo, y desde el Ministerio de Justicia enfrentó públicamente a los carteles hasta su asesinato en 1984. Carlos Lleras Restrepo había impulsado la carrera temprana de Galán y fue una referencia de su liberalismo reformista. César Gaviria, jefe de debate de la campaña en 1989, asumió después la candidatura liberal, ganó las elecciones de 1990 y convocó la Asamblea Nacional Constituyente. Esa secuencia enlaza el proyecto galanista con la reforma institucional posterior sin convertir a la Constitución de 1991 en obra exclusiva de un solo liderazgo.

Del lado de los adversarios, la figura de Alberto Santofimio Botero terminó por tener la resonancia más larga: años después, la justicia colombiana lo condenaría como coautor intelectual del asesinato, en un fallo que enlazaba su discurso en la Convención de julio de 1989 con la operación narcoparamilitar que acabaría con Galán tres semanas más tarde. En un segundo círculo estaban Alfonso López Michelsen, encarnación del liberalismo tradicional del que Galán se separó en 1982 y con el que negoció el retorno en 1989, y Julio César Turbay Ayala, expresión de la política liberal que Galán quería reformar. Y por encima de todos, en el vértice del antagonismo, Pablo Escobar: la figura frente a la cual Galán definió, desde 1982, la frontera moral del Nuevo Liberalismo, y quien acabaría por resolver el enfrentamiento con un asesinato.

La huella: la Constituyente de 1991

El asesinato de Galán ocurrió después de otros intentos de negociación y reforma política del gobierno Barco. El secuestro de Álvaro Gómez Hurtado por el M-19 y las conversaciones de Usaquén habían sucedido en 1988, un año antes del magnicidio. La conmoción de agosto de 1989 se sumó a ese proceso, a la movilización estudiantil de la Séptima Papeleta y a la desmovilización del M-19; la Constitución de 1991 surgió de esa convergencia y no de una sola causa.

El movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta —la iniciativa ciudadana que en las elecciones de marzo de 1990 depositó una papeleta extraoficial pidiendo una asamblea constituyente— surgió en ese clima. Fue formalizada después mediante dos decretos de Estado de Sitio, uno en el gobierno de Barco y otro en el de Gaviria, ambos avalados por la Corte Suprema de Justicia. Aunque la propuesta de reestructurar el sistema político a través de una asamblea constituyente fue desarrollada bajo Barco, fue Gaviria quien la convocó formalmente y la llevó a término. La Constitución de 1991 es, en ese sentido, un producto híbrido: hija del shock del magnicidio, de la movilización estudiantil, de la desmovilización guerrillera del M-19 y de una convergencia política amplia. Galán no fue su arquitecto, pero fue su detonante moral. La violencia contra los candidatos presidenciales —Galán, Jaramillo, Pizarro— movilizó a ciudadanos de todas las tendencias políticas y creó las condiciones sin las cuales la Constituyente no habría sido posible.

Hay una segunda dimensión de la huella, menos institucional y más íntima: Galán se convirtió en referente moral personal para toda una generación política. Ingrid Betancourt, que años después sería una figura central de la política colombiana, tomó la decisión de regresar al país y hacer política en diciembre de 1989, cuatro meses después del magnicidio, inspirada directamente por la vida y muerte de Galán; a lo largo de su carrera lo usó como brújula ética, preguntándose qué habría dicho o hecho él ante cada decisión difícil. Ese uso de Galán como conciencia interior fue común a muchos políticos y ciudadanos de las tres décadas siguientes, y explica por qué su figura resistió sin desgastarse los ciclos de olvido característicos de la política colombiana.

Una lectura serena del personaje

El proyecto de Galán tenía límites que su propio material biográfico revela. El Nuevo Liberalismo operaba dentro de un bipartidismo estructuralmente poroso al dinero narco: la dinámica del Frente Nacional, la ausencia de diferencias programáticas reales entre los dos partidos, la existencia de múltiples listas dentro de una misma etiqueta partidaria, hacían que expulsar a Escobar del Nuevo Liberalismo no impidiera que llegara al Congreso por otra lista liberal. La reforma desde adentro enfrentaba techos sistémicos que el asesinato de Lara Bonilla en 1984 no había clausurado y que Galán, de haber llegado a la presidencia, habría debido enfrentar sin la comodidad de la oposición.

Esos límites no cancelan lo esencial. Galán fue la figura que, en la Colombia de los ochenta, articuló con más claridad y más respaldo electoral el diagnóstico correcto: la política colombiana estaba siendo capturada por el dinero del narcotráfico y la única respuesta posible era una reforma con contenido democrático real. Que fuera electoralmente viable —60% de imagen positiva la mañana de su muerte— es lo que hizo que su asesinato fuera racional para los carteles: no atacaron a un candidato marginal, atacaron al único capaz de sostener la extradición desde el poder.

La lectura serena del personaje reconoce ambas cosas. Galán no era un santo laico y su proyecto no era la única vía posible; pero era la vía viable, la que combinaba capital moral, respaldo electoral y arraigo institucional dentro del liberalismo. Su asesinato clausuró esa vía no porque fuera imposible en abstracto, sino porque eliminó al único actor con la autoridad para sostenerla. El país, forzado a llenar el vacío desde afuera del bipartidismo tradicional, tomó la salida constituyente de 1991. Esa Constitución es el legado indirecto de Galán, en el sentido preciso en que existe porque él ya no estaba.

Galán murió a los cuarenta y cinco años. Su familia, el Nuevo Liberalismo reconstituido y numerosos espacios públicos han prolongado su memoria, mientras las sentencias por el magnicidio transformaron la comprensión inicial del crimen. Su figura conserva fuerza no porque permita saber qué habría ocurrido de haber ganado, sino porque su trayectoria hizo visibles la penetración del narcotráfico en la política y los riesgos de enfrentarla desde las instituciones.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

Aparece en81
Ver las 77 restantes
1968Carlos Lleras RestrepoEntidad1971Guerra contra las drogasEntidad1974Alfonso López MichelsenEntidad1974Crisis y narcotráfico (1974–1990)Época1978El Estatuto de Seguridad de Turbay (1978–1982)Hecho1978El Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978-1982)Ensayo1978Estatuto de SeguridadEntidad1978Julio César Turbay AyalaEntidad1980Carlos LehderEntidad1982El proceso de paz del gobierno Betancur (1982–1986)Hecho1982Paz negociadaEntidad1982Vera GrabeEntidad1983Carlos Jiménez GómezEntidad1984Apertura democráticaEntidad1984Asesinato de Rodrigo Lara BonillaHecho1984Belisario BetancurEntidad1984Extradición en ColombiaEntidad1984Fernando Landazábal ReyesEntidad1984Génesis del paramilitarismo en el Magdalena Medio (1984–1989)Hecho1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho1984NarcotráficoEntidad1984Pablo Emilio Guarín VeraEntidad1984Pablo EscobarEntidad1984Rodrigo Lara BonillaEntidad1984TreguaEntidad1985Aída AvellaEntidad1985Derechos humanosEntidad1986Descentralización y elección popular de alcaldes (1986–1988)Hecho1986Gonzalo Rodríguez GachaEntidad1986Guerra suciaEntidad1986Guillermo Cano IsazaEntidad1986Henry PérezEntidad1987Héctor Abad GómezEntidad1987Mercenarios extranjeros y consolidación paramilitar (1987–1989)Hecho1987ViolentologíaEntidad1988El paramilitarismo del Magdalena Medio (1982-1992)Ensayo1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Ensayo1988Virgilio Barco VargasEntidad1989Desmovilización del M-19 y conversión política (1989–1990)Hecho1989La Constitución de 1991 y su décadaÉpoca1989MagnicidioEntidad1989Magnicidios y crisis del bipartidismo (1989–1990)Hecho1989Muerte de Pablo Escobar y reconfiguración del narcotráfico (1993)Hecho1989NarcoterrorismoEntidad1989X Conferencia del M-19 y consulta interna de desmovilizaciónHecho1990Apertura económica y reformas neoliberales en Colombia (1990–1993)Hecho1990Bernardo Jaramillo OssaEntidad1990Carlos Pizarro LeongómezEntidad1990Desaparición forzadaEntidad1990La Asamblea Nacional Constituyente y la Constitución de 1991Hecho1991Antonio Navarro WolffEntidad1991Apertura económicaEntidad1991Asamblea ConstituyenteEntidad1991César GaviriaEntidad1991Diana Turbay QuinteroEntidad1991Estado social de derechoEntidad1991Francisco CaraballoEntidad1991Horacio SerpaEntidad1991La Constitución de 1991Ensayo1991Monopolio de la violenciaEntidad1991Multiculturalismo constitucional y derechos étnicos en Colombia (1991–1997)Hecho1991Pluralismo jurídicoEntidad1991Rafael Pardo RuedaEntidad1991Soberanía fragmentadaEntidad1992Rudolf HommesEntidad1993Genocidio políticoEntidad1996Ernesto Samper PizanoEntidad1996Soberanía limitadaEntidad1997AutodefensasEntidad1998El exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010)Ensayo2002Activismo judicialEntidad2002ProhibicionismoEntidad2006Francisco Santos CalderónEntidad2006Jesús Abad ColoradoEntidad2007Óscar Naranjo TrujilloEntidad2022Gustavo PetroEntidad2022Triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez (2022)Hecho
Relacionadaspor co-ocurrencia
05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

21 documentos · 30 fragmentos
01Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 151 cita
[1]

permitieron saber que Luis Carlos Galán seguía siendo el mismo idealista apasionado, el mismo compañero entusiasta, el mismo hombre en cuya cabeza hervían todo el tiempo ideas sobre el país y la misión de las nuevas generaciones en la construcción de una Colom - bia para el siglo xxi. A un hombre se le conoce, en…

p. 15
02Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1511 cita
[2]

y en último lugar la enseñanza superior. Este congreso tuvo cierta influencia sobre el Plan de Emergencia de 1967. En la década del setenta, la FE- CODE radicalizó sus posiciones sin- dicales y políticas, sobre todo a partir del proyecto de reforma del Estatuto del Personal Docente presentado por el ministro de…

p. 151
03Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 1551 cita
[3]

to intervene in public education at departmental level. By 1971, Luis Carlos Galan, the Minister of Education, could affirm that the only 'real link' between the central ministry and the departments were the FERs. However, Galan also pointed to the relative feebleness of this link: A los FER se acude muchas veces en…

p. 155
04No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 167, 2292 citas
[4]

obligaba a un reparto de poder entre los dos partidos y, de alguna manera, había una especie de libertad para que cada cual presentara su opción. Esa era una invitación a que los dineros de la droga, de 493 Consultar en detalle en Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de Colombia. 494…

p. 167
[16]

plata» 676. De acuerdo con el exministro de Defensa Rafael Pardo, los narcotraficantes logra- ron posicionar el debate de la no extradición bajo la falsa premisa de que le violencia era producto de la aplicación del tratado de extradición, cuando la realidad era que, salvo algunas excepciones, este no había sido…

p. 229
05Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 1551 cita
[5]

Su tratamiento se volvió de competencia de diferentes profesionales de la seguridad, sobre todo de la Policía y el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), para quienes la lucha contra las drogas constituía un vector de autonomía con respecto al Ejército. A pesar de que no es oportuno retomar aquí los detalles…

p. 155
06Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 14 citas
[6]

16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

p. 1
[7]

16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

p. 1
[25]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
[26]

63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…

p. 1
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 241, 2542 citas
[8]

los electores conservadores se inclinaron m á s bien por los ospinistas. En el liberalismo la divisi ó n inicial fue entre el “ oficialismo ” y el mrl, que enfrent ó con hostilidad a Alberto I leras Camargo, principal asesor del presidente Alfonso L ó pez, y al hijo de é ste, Alfonso L ó pez Michelsen. Para Lleras, L…

p. 241
[9]

tica que se impuso poco a poco en todas partes: joyas ostentosas, ropas estridentes y de marca, casas y edificios con exceso de lujos, grifer í as y decoraciones doradas, operaciones de cirug í a pl á stica que convert í an a las muje res en objetos que se exhib í an junto a carros y joyas lujosas. Pod í an enfrentar…

p. 254
08The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4501 cita
[10]

left dozens wounded and one dead; second, the bombing of Avianca flight 203 in November, which was an attempt to kill then presidential candidate César Gaviria but instead ended the lives of 107 passengers and crew; third, the early December bombing of the das, or Departamento Administrativo de Seguridad (Colombia’s…

p. 450
09Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 1971 cita
[11]

las inmensas riquezas genera- das por el narcotráfico estaban produciendo una profunda trans- formación de la sociedad colombiana, la cual aún continúa. Las jerarquías sociales, el destino de las inversiones, el régimen polí- tico, todo esto fue afectado completamente por el narcotráfico. Fue en el terreno político…

p. 197
10Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1701 cita
[12]

uno de ellos —al que tenía la fama de ser el más poderoso y rico de todos— a los sagrados recintos del Congreso nacional. En un gesto que le costaría la vida, Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia, se opuso abiertamente a Escobar, acusándolo en público de ser un narcotraficante y negándole el derecho a ocupar…

p. 170
11Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2561 cita
[13]

las condiciones estruc turales de las distintas sociedades sino también en las actuaciones particulares de los agentes legales e ilegales. A principios de los ochenta Pablo Escobar daría form a a las relaciones entre el estado y los criminales al declararle la guerra al estado colombiano. L a g u e r r a d e E s c o b…

p. 256
121989María Elvira Samper · 2019 · Páginas 89, 932 citas
[14]

reforma constitucional, una agenda legislativa y la consulta popular como mecanismo para definir candidato único a la Presidencia en 1990, abre las puertas para el regreso del líder del Nuevo Liberalismo a las filas rojas. En el marco de ese acuerdo, Galán inscribe su candidatura el 4 de julio de 1989 y en la…

p. 93
[15]

Torregrosa, el director del DAS le asegura que todo está bajo control. Y se sabe que también esa tarde, no obstante la desconfianza y las alertas sobre el peligro, le dice a su amigo Gustavo Gaviria: “El país no me va a conocer a mí como un cobarde”. Los capos del narcotráfico buscan venganza desde hace años. No le…

p. 89
13El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 2242 citas
[17]

Pérez García. El principal autor material fue el sicario de Yacopí, Cundinamarca, Jaime Eduardo Rueda Rocha, enviado 226 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ por la organización paramilitar de Henry Pérez. (Semana, 1996, 28 de octubre; El Tiempo, 2014, 16 de agosto) Los relatos muestran la…

p. 224
[18]

Pérez García. El principal autor material fue el sicario de Yacopí, Cundinamarca, Jaime Eduardo Rueda Rocha, enviado 226 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ por la organización paramilitar de Henry Pérez. (Semana, 1996, 28 de octubre; El Tiempo, 2014, 16 de agosto) Los relatos muestran la…

p. 224
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1591 cita
[19]

cien dólares por asesinar a alguien, incluidos políticos y policías. La guerra entre el Estado y el cartel de Medellín, liderado por Escobar, se intensificó entre 1989 y 1990, periodo al que el historiador Marco Palacios se refiere como “de fuego cruzado”. 34 En agosto de 1989, mientras hacía campaña por la…

p. 159
15El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 2052 citas
[20]

de Galán Sarmiento empezó una increíble cacería de brujas, donde miles de inocentes la pasaron mal o caye- ron asesinados. En tres meses 11 mil personas fueron detenidas en el Magdalena Medio, Urabá, y Medellín, ciudad que además fue copada militarmente. La casi totalidad de ellas debieron de ser libe- radas al no…

p. 205
[21]

de Galán Sarmiento empezó una increíble cacería de brujas, donde miles de inocentes la pasaron mal o caye- ron asesinados. En tres meses 11 mil personas fueron detenidas en el Magdalena Medio, Urabá, y Medellín, ciudad que además fue copada militarmente. La casi totalidad de ellas debieron de ser libe- radas al no…

p. 205
16Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2861 cita
[22]

legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…

p. 286
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2611 cita
[23]

permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…

p. 261
18Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 671 cita
[24]

lejos de mis padres. Pero Fabrice, con toda razón, consideraba que Colombia era violenta y peligrosa, y no quería que nuestros hijos crecieran allí. Esta situación degeneró en un conflicto de pareja, que se adicionó a otros que ya teníamos, y nos llevó a la difícil decisión de separarnos. En diciembre de 1989, apenas…

p. 67
19Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 138, 1472 citas
[27]

los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…

p. 147
[28]

con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…

p. 138
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 1011 cita
[29]

UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…

p. 101
21El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1121 cita
[30]

idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…

p. 112