Luis Carlos Galán
Crisis y narcotráfico
1943–1989
La biografía
Luis Carlos Galán Sarmiento (Bucaramanga, 1943 – Soacha, 18 de agosto de 1989) fue el político colombiano que a finales del siglo XX encarnó la última apuesta seria por refundar el liberalismo desde adentro del bipartidismo, antes de que el narcoterrorismo cerrara esa ventana. Cofundador del Nuevo Liberalismo junto a Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Educación a los veintisiete años, candidato presidencial en dos ocasiones y favorito indiscutido para las elecciones de mayo de 1990, hizo de la denuncia del dinero del narcotráfico en la política y de la defensa de la extradición el eje de un proyecto reformista que le costó la vida. Su asesinato en la plaza de Soacha, la noche del 18 de agosto de 1989, no eliminó únicamente a un candidato: clausuró una vía de reforma interna del sistema y precipitó la salida constituyente de 1991.
Línea de vida
- 1971
Ministro de Educación a los veintisiete años
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Bajo la administración Pastrana, Galán impulsó el fortalecimiento de los Fondos Educativos Regionales (FER), señalando que eran el único vínculo real entre el ministerio central y los departamentos pero que se les daba poca o nula participación en la toma de decisiones. Su proyecto de reforma del Estatuto del Personal Docente fue hecho fracasar por FECODE.
- 1982
Fundación del Nuevo Liberalismo y expulsión de Escobar
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Cofundó con Rodrigo Lara Bonilla el Nuevo Liberalismo como corriente independiente del Partido Liberal, denunciando la influencia del dinero del narcotráfico en la política. En ese mismo ciclo electoral desautorizó y expulsó a Pablo Escobar, quien intentó vincularse a sus listas, convirtiéndose en el principal enemigo político del capo.
- 1984
Asesinato de Rodrigo Lara Bonilla
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El cofundador del Nuevo Liberalismo fue asesinado como resultado de su oposición pública al narcotráfico y su labor como ministro de Justicia promoviendo la extradición. Galán perdió a su principal aliado y Colombia entró en una escalada de violencia narcoterrorista que redefiniría la década.
- 1989
Regreso al Partido Liberal e inscripción de candidatura presidencial
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Bajo un acuerdo de unidad liberal que incluía reforma constitucional, agenda legislativa y consulta popular como mecanismo para definir candidato único, Galán inscribió su candidatura el 4 de julio de 1989. El 22 de julio fue recibido con una ovación de más de cinco minutos en la Convención Nacional Liberal en Bogotá, consolidándose como favorito indiscutido con imagen positiva superior al 60% según encuesta de El Tiempo.
- 1989
Asesinato en Soacha, 18 de agosto de 1989
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Fue asesinado a tiros frente a miles de asistentes durante una plaza pública en Soacha. La decisión fue liderada por Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo Escobar y Henry Pérez; el autor material fue el sicario Jaime Eduardo Rueda Rocha, enviado por la organización paramilitar del Magdalena Medio. Su muerte clausuró la vía de reforma interna del sistema político y precipitó la salida constituyente de 1991.
La semblanza
Quienes lo conocieron desde la universidad coinciden en un rasgo que Galán conservó intacto durante un cuarto de siglo: un idealismo apasionado, obstinado, alimentado por sus ideas sobre Colombia y por lo que llamaba la misión de las nuevas generaciones. Ese temperamento —el de un hombre que a los veinte años ya hablaba como si el país fuera un asunto personal y a los cuarenta y cinco seguía hablando igual— explica buena parte de su ascendencia sobre una franja de electores urbanos que veía en él algo escaso en la política colombiana de los años ochenta: convicciones no negociables.
Galán creía en una democracia con contenidos reales, no en la mera alternancia formal que las estructuras heredadas de 150 años de vida republicana habían normalizado. Su palabra favorita era interpretar: interpretar los nuevos apremios del país, leer las señales que el bipartidismo tradicional ya no sabía descifrar. En esa obsesión hermenéutica hay una clave: Galán no aspiraba a demoler el sistema, sino a obligarlo a entenderse a sí mismo. Ahí radicó su fuerza —fue el reformador viable, no el ruptor— y también su vulnerabilidad, porque los enemigos que se hizo operaban con una lógica ajena al lenguaje democrático que él intentaba refundar.
Los orígenes: Bucaramanga, Bogotá, Roma
Nacido en Bucaramanga en 1943, Galán perteneció a esa generación de santandereanos que llegó a Bogotá para hacer carrera pública en los años sesenta, en una Colombia todavía moldeada por el Frente Nacional. Formado en el liberalismo, pronto quedó bajo la órbita de Carlos Lleras Restrepo, expresidente y patriarca del ala reformista del partido, quien lo promovió políticamente y le abrió las puertas del alto gobierno cuando apenas rebasaba los veinticinco años. La relación con Lleras fue determinante: le dio no solo el impulso institucional sino un modelo de política —el del técnico riguroso, moderno, con vocación de Estado— que Galán retomaría como herencia y transformaría en programa propio.
El primer gran escenario de esa formación fue el Ministerio de Educación, que asumió a los veintisiete años bajo la administración Pastrana. Desde allí ensayó lo que sería su marca de fábrica: la reforma administrativa concebida como palanca de contenido democrático. Impulsó el fortalecimiento de los Fondos Educativos Regionales (FER), sobre los que en 1971 hizo un diagnóstico revelador: reconoció que los FER constituían el único vínculo real entre el ministerio central y los departamentos, pero denunció la debilidad de ese vínculo al señalar que se les daba poca o nula participación en la toma de decisiones administrativas. La observación era técnica en la superficie y política en el fondo: describía un Estado central que no sabía llegar a sus regiones. Su proyecto de reforma del Estatuto del Personal Docente, sin embargo, fue hecho fracasar por FECODE, y Galán aprendió temprano la lección que marcaría el resto de su vida pública: en Colombia, las reformas serias generan resistencias organizadas.
Tras el ministerio vino un paso por Roma como embajador ante organismos internacionales, un intervalo diplomático que le dio distancia del país sin sacarlo del todo. Allí terminó de decantar la convicción que definiría la segunda mitad de su carrera: el Partido Liberal, tal como estaba, no era el instrumento capaz de interpretar los apremios del país que él quería descifrar.
La ruptura: nace el Nuevo Liberalismo
A finales de los setenta, Galán empezó a dudar abiertamente de los estándares éticos de los principales líderes del Partido Liberal. Dos elementos concurrieron en esa desconfianza: la percepción de que el partido se había convertido en una máquina de administrar burocracia sin proyecto, y la sospecha —pronto certeza— de que el dinero del narcotráfico había comenzado a filtrarse en la financiación de campañas regionales y, a través de ellas, en las campañas nacionales. El sistema del Frente Nacional, al obligar a un reparto de poder entre los dos partidos y al mismo tiempo abrir cierta libertad para presentar opciones propias, había facilitado esa filtración: sin diferencias programáticas reales entre liberales y conservadores —cosa que el propio Alfonso López Michelsen reconocía—, los electores se movían por otras lealtades y las campañas se financiaban por otras vías.
En ese diagnóstico se apoyó la creación del Nuevo Liberalismo, cofundado por Galán y Rodrigo Lara Bonilla como corriente independiente dentro del Partido Liberal. La aparición del movimiento coincidió con las elecciones de 1982, en las que el liberalismo se dividió: la facción oficialista, encabezada por López Michelsen, que buscaba la reelección, y la disidencia galanista, que denunció públicamente lo que llamaría la "influencia nefasta" del dinero de la droga en la política colombiana. La denuncia era, en 1982, todavía novedosa. Pocos políticos estaban dispuestos a nombrar el problema con esa claridad; menos aún a construir sobre él la columna vertebral de un programa.
El costo político fue inmediato —la división liberal facilitó el triunfo conservador de Belisario Betancur en 1982—, pero el rédito simbólico fue enorme: el Nuevo Liberalismo se instaló como la única fuerza que hacía de la lucha contra la corrupción el centro de su discurso público, y Galán empezó a construir la reputación de intransigencia moral que lo acompañaría hasta el final.
El choque con Escobar
El episodio fundacional de esa reputación ocurrió en las mismas elecciones de 1982. Pablo Escobar Gaviria, entonces un traficante ascendente que buscaba blanquear su fortuna con una carrera política, se presentó como candidato al Congreso e intentó vincularse a las listas del Nuevo Liberalismo. La operación formaba parte de una estrategia mayor: Escobar llevaba tiempo cultivando bases populares en Medellín con dinero fresco —construyendo canchas de fútbol, repartiendo mercados, ofreciendo ayuda material a barrios marginales— con el propósito explícito de proyectarse como figura pública. La política era, para él, la coronación natural de un clientelismo comprado.
Galán lo desautorizó y lo expulsó del movimiento. La decisión, tomada por un líder de treinta y ocho años frente a un capo que ya movía sumas capaces de comprar campañas enteras, resultó ser el gesto que definiría la relación entre los dos hombres. Escobar, sin embargo, no se resignó: acabó elegido al Congreso por otra lista liberal, y luego hizo una generosa contribución a la campaña de un candidato presidencial liberal derrotado. La derrota que Galán le infligió fue simbólica; la victoria de Escobar, estructural. El bipartidismo, con sus múltiples listas y sus dinámicas descentralizadas, ofrecía siempre otra puerta.
En el Congreso, Rodrigo Lara Bonilla continuó el trabajo. Se opuso públicamente a Escobar, lo acusó de narcotraficante y le negó el derecho a ocupar su curul. Cuando en 1983 Lara asumió como ministro de Justicia bajo el gobierno Betancur, convirtió esa denuncia en política de Estado: promovió la aplicación del tratado de extradición y la persecución judicial de los capos. Su asesinato, ordenado desde el aparato narco, cerró trágicamente aquella primera ofensiva del Nuevo Liberalismo contra el naciente poder de los carteles. Galán perdió a su cofundador, y Colombia entró en una escalada de violencia que redefiniría los años siguientes.
La travesía y el regreso al liberalismo
Los años que siguieron al asesinato de Lara Bonilla fueron para Galán una travesía compleja. El Nuevo Liberalismo se sostuvo como corriente independiente, pero la fragmentación del voto le impedía competir por la presidencia con opciones reales. La política colombiana de mediados de los ochenta —marcada por la toma del Palacio de Justicia en 1985, la tragedia de Armero, el recrudecimiento de la guerra con los carteles y el desangre paramilitar en el Magdalena Medio— exigía capacidad de agregación, y la disidencia pura tenía techo electoral.
La decisión estratégica llegó en 1989. Bajo el gobierno de Virgilio Barco, Galán negoció el regreso a las filas del Partido Liberal en el marco de un acuerdo de unidad que incluía tres condiciones concretas: una reforma constitucional, una agenda legislativa compartida y —lo más importante— una consulta popular como mecanismo para definir el candidato único del liberalismo a la presidencia de 1990. Ese acuerdo era, en la práctica, la aceptación por parte del liberalismo tradicional de la agenda reformista galanista como precio del reencuentro.
Galán inscribió su candidatura el 4 de julio de 1989. Competía en la consulta contra Ernesto Samper y Hernando Durán Dussán, pero los números no dejaban margen a la sorpresa: se perfilaba como ganador seguro. La Convención Nacional Liberal, celebrada en Bogotá el 22 de julio, lo recibió con una ovación de más de cinco minutos —un gesto que, en el ritual de un partido acostumbrado a las liturgias del poder, valía como consagración. En esa misma convención, Alberto Santofimio Botero, antagonista político de Galán dentro del liberalismo, pronunció un discurso vehemente contra los llamados "divisionistas". La alusión era transparente y el tono, hostil: Santofimio veía en Galán un rival de peligro.
La campaña de 1989 y la posición sobre extradición
La campaña de 1989 giró alrededor de un solo eje: la extradición. Galán mantenía sobre este punto una posición intransigente. Sostenía que el Estado colombiano debía honrar el tratado con Estados Unidos y que la extradición era el instrumento decisivo para desmontar el poder de los carteles. Los narcotraficantes habían montado, en respuesta, una operación política y propagandística de envergadura: los llamados extraditables buscaban imponer el debate bajo la premisa de que la violencia en Colombia era producto del tratado, cuando en realidad este no se aplicaba desde 1986, tras haber sido declarado inexequible por la Corte Suprema. La posición de Galán rompía la coartada: si la extradición no estaba operando y la violencia igualmente escalaba, entonces el argumento de los capos era falso, y su verdadero temor era el regreso del mecanismo bajo un presidente decidido a usarlo.
Esa claridad convirtió a Galán en el enemigo público número uno de los carteles. Al mismo tiempo, lo consagró frente al electorado. La mañana del 18 de agosto de 1989, El Tiempo publicó una encuesta que le daba una imagen positiva superior al 60%. Faltaban nueve meses para las elecciones y Galán aparecía como el favorito indiscutido para la presidencia. Ninguna proyección seria contemplaba otro escenario.
Soacha, 18 de agosto de 1989
Aquella noche Galán tenía programada una plaza pública en Soacha, un municipio popular a las afueras de Bogotá. Subió a la tarima acompañado de su equipo. Fue asesinado a tiros frente a miles de asistentes y ante las cámaras de televisión, en una de las imágenes más traumáticas de la historia reciente de Colombia.
La reconstrucción posterior del crimen dibujó una cadena de mando concreta. El autor material fue el sicario Jaime Eduardo Rueda Rocha, oriundo de Yacopí, Cundinamarca, enviado desde la organización paramilitar de Henry Pérez, que operaba en el Magdalena Medio. La decisión y la planeación del homicidio estuvieron lideradas por tres figuras: Gonzalo Rodríguez Gacha —el "Mexicano"—, Pablo Escobar Gaviria y el propio Henry Pérez. La convergencia entre el Cartel de Medellín y el aparato paramilitar del Magdalena Medio para ejecutar un magnicidio político revelaba una arquitectura del crimen mucho más sofisticada que la del sicariato urbano al que Colombia se había acostumbrado: era la fusión operativa entre narcotráfico y contrainsurgencia armada al servicio de un objetivo político.
El móvil era transparente. Galán encarnaba la extradición y la lucha sin tregua contra el narcotráfico; su elección presidencial en mayo de 1990 era, a la luz de las encuestas, prácticamente segura. Eliminarlo era, en la fría contabilidad de los carteles, la operación más rentable posible: un costo criminal a cambio de neutralizar la única amenaza estratégica al poder narco.
Existe, además, una zona incómoda en la responsabilidad intelectual del crimen. Para principios de 1989 circulaba información de inteligencia sobre vínculos del Cartel de Medellín con altos funcionarios del Estado. La complicidad directa de agentes estatales en el magnicidio específico nunca quedó judicialmente probada, pero la sombra política del crimen —la pregunta sobre quiénes, dentro del sistema político, se beneficiaban de que Galán no llegara a la presidencia— acompañaría durante décadas a la memoria del caso, hasta desembocar, muchos años después, en procesos judiciales que alcanzaron a Alberto Santofimio Botero.
La reacción del Estado y la contraofensiva de los extraditables
La respuesta del gobierno Barco fue inmediata y masiva. En los tres meses siguientes al magnicidio, fueron detenidas 11.000 personas en el Magdalena Medio, Urabá y Medellín. La casi totalidad de esas detenciones no arrojó vinculación con el crimen ni con el narcotráfico, y los detenidos fueron liberados. Medellín fue copada militarmente. Estados Unidos aprobó una ayuda de emergencia de 65 millones de dólares, consistente principalmente en helicópteros artillados y otro armamento pesado.
Aquella ayuda contenía una anomalía elocuente. El propio director de la Policía Nacional, general Gómez Padilla, señaló que el armamento enviado no se adaptaba a la represión del narcotráfico. El tipo de equipos militares aportados sugería otra cosa: que el interés norteamericano estaba más orientado a combatir las guerrillas que a suprimir el negocio de la cocaína. Mientras 65 millones se destinaban al armamento pesado, la protección de los 1.600 jueces amenazados de muerte —los mismos que debían procesar al narcotráfico— recibió apenas 2,5 millones de dólares. El contraste era inexplicable. Y contaba, por sí solo, una historia sobre las prioridades reales de la alianza antinarcóticos de fin de la Guerra Fría.
La contraofensiva de los extraditables fue proporcional al golpe. Anunciaron una escalada de violencia total. Dinamitaron las sedes de los periódicos El Espectador y Vanguardia Liberal, así como el edificio de la inteligencia estatal. Colombia entró en el año más sangriento de su guerra contra los carteles. Entre agosto de 1989 y abril de 1990 fueron asesinados tres candidatos presidenciales: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa de la Unión Patriótica y Carlos Pizarro Leongómez del M-19 desmovilizado. La democracia colombiana llegó a las elecciones de 1990 con la mitad de sus opciones ejecutadas.
Su red: familia, aliados, adversarios
La figura pública de Galán no puede entenderse sin la red humana que la sostuvo y que la sobrevivió. Gloria Pachón, su esposa, se convirtió tras el asesinato en guardiana de su memoria política y en figura pública por derecho propio, con una trayectoria diplomática y editorial que prolongaría en el espacio público el lenguaje del galanismo. De ese hogar salieron tres hijos —Juan Manuel, Claudio y Carlos Fernando Galán Pachón— que heredaron el nombre y lo llevaron, cada uno por su camino, a la política activa durante las tres décadas siguientes, en un itinerario familiar que culminaría con la elección de Carlos Fernando como alcalde de Bogotá en 2023. El apellido, que en 1989 quedó suspendido en un cadáver sobre una tarima, se transformó con los años en una segunda biografía colectiva.
En el flanco de los aliados, Rodrigo Lara Bonilla ocupa un lugar que ninguna otra figura podría disputar: cofundador del Nuevo Liberalismo, mártir de la lucha contra los carteles, precursor cronológico del propio Galán en el sacrificio. Sin él, el movimiento no habría nacido; sin su asesinato en 1984, la vía galanista habría tenido otro relieve. Detrás, más atrás en el tiempo, está Carlos Lleras Restrepo, el padrino institucional sin cuyo respaldo temprano no habría existido el ministro de Educación de 1970 ni, muy probablemente, el candidato presidencial de 1982. Y en el flanco más próximo a la escena de la muerte aparece César Gaviria Trujillo, jefe de debate de la campaña, que tras el magnicidio recogió la candidatura liberal, ganó las elecciones de mayo de 1990 y desde la presidencia convocó la Asamblea Nacional Constituyente que redefiniría el orden político colombiano. En la genealogía de los aliados hay así una línea que va del maestro al mártir y del mártir al heredero circunstancial.
Del lado de los adversarios, la figura de Alberto Santofimio Botero terminó por tener la resonancia más larga: años después, la justicia colombiana lo condenaría como coautor intelectual del asesinato, en un fallo que enlazaba su discurso en la Convención de julio de 1989 con la operación narcoparamilitar que acabaría con Galán tres semanas más tarde. En un segundo círculo estaban Alfonso López Michelsen, encarnación del liberalismo tradicional del que Galán se separó en 1982 y con el que negoció el retorno en 1989, y Julio César Turbay Ayala, expresión de la política liberal que Galán quería reformar. Y por encima de todos, en el vértice del antagonismo, Pablo Escobar: la figura frente a la cual Galán definió, desde 1982, la frontera moral del Nuevo Liberalismo, y quien acabaría por resolver el enfrentamiento con un asesinato.
La huella: la Constituyente de 1991
El asesinato de Galán actuó como catalizador de un proceso político que él no diseñó pero que su muerte hizo inevitable. La iniciativa de paz del gobierno Barco, que solo tomaría vuelo un año después con el secuestro de Álvaro Gómez Hurtado y las Conversaciones de Usaquén, se articuló sobre un país que ya había interiorizado, tras el magnicidio, la certeza de que las instituciones existentes no bastaban.
El movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta —la iniciativa ciudadana que en las elecciones de marzo de 1990 depositó una papeleta extraoficial pidiendo una asamblea constituyente— surgió en ese clima. Fue formalizada después mediante dos decretos de Estado de Sitio, uno en el gobierno de Barco y otro en el de Gaviria, ambos avalados por la Corte Suprema de Justicia. Aunque la propuesta de reestructurar el sistema político a través de una asamblea constituyente fue desarrollada bajo Barco, fue Gaviria quien la convocó formalmente y la llevó a término. La Constitución de 1991 es, en ese sentido, un producto híbrido: hija del shock del magnicidio, de la movilización estudiantil, de la desmovilización guerrillera del M-19 y de una convergencia política amplia. Galán no fue su arquitecto, pero fue su detonante moral. La violencia contra los candidatos presidenciales —Galán, Jaramillo, Pizarro— movilizó a ciudadanos de todas las tendencias políticas y creó las condiciones sin las cuales la Constituyente no habría sido posible.
Hay una segunda dimensión de la huella, menos institucional y más íntima: Galán se convirtió en referente moral personal para toda una generación política. Ingrid Betancourt, que años después sería una figura central de la política colombiana, tomó la decisión de regresar al país y hacer política en diciembre de 1989, cuatro meses después del magnicidio, inspirada directamente por la vida y muerte de Galán; a lo largo de su carrera lo usó como brújula ética, preguntándose qué habría dicho o hecho él ante cada decisión difícil. Ese uso de Galán como conciencia interior fue común a muchos políticos y ciudadanos de las tres décadas siguientes, y explica por qué su figura resistió sin desgastarse los ciclos de olvido característicos de la política colombiana.
Una lectura serena del personaje
El proyecto de Galán tenía límites que su propio material biográfico revela. El Nuevo Liberalismo operaba dentro de un bipartidismo estructuralmente poroso al dinero narco: la dinámica del Frente Nacional, la ausencia de diferencias programáticas reales entre los dos partidos, la existencia de múltiples listas dentro de una misma etiqueta partidaria, hacían que expulsar a Escobar del Nuevo Liberalismo no impidiera que llegara al Congreso por otra lista liberal. La reforma desde adentro enfrentaba techos sistémicos que el asesinato de Lara Bonilla en 1984 no había clausurado y que Galán, de haber llegado a la presidencia, habría debido enfrentar sin la comodidad de la oposición.
Esos límites no cancelan lo esencial. Galán fue la figura que, en la Colombia de los ochenta, articuló con más claridad y más respaldo electoral el diagnóstico correcto: la política colombiana estaba siendo capturada por el dinero del narcotráfico y la única respuesta posible era una reforma con contenido democrático real. Que fuera electoralmente viable —60% de imagen positiva la mañana de su muerte— es lo que hizo que su asesinato fuera racional para los carteles: no atacaron a un candidato marginal, atacaron al único capaz de sostener la extradición desde el poder.
La lectura serena del personaje reconoce ambas cosas. Galán no era un santo laico y su proyecto no era la única vía posible; pero era la vía viable, la que combinaba capital moral, respaldo electoral y arraigo institucional dentro del liberalismo. Su asesinato clausuró esa vía no porque fuera imposible en abstracto, sino porque eliminó al único actor con la autoridad para sostenerla. El país, forzado a llenar el vacío desde afuera del bipartidismo tradicional, tomó la salida constituyente de 1991. Esa Constitución es el legado indirecto de Galán, en el sentido preciso en que existe porque él ya no estaba.
En el Cementerio Central de Bogotá reposan sus restos, junto a los de otros próceres de la República. La cifra de los tres hijos que continuaron la política, el nombre repetido en universidades, plazas y programas de gobierno, y la persistencia de la fórmula "qué habría dicho Galán" en el debate público colombiano constituyen el testimonio más elocuente de una carrera interrumpida a los cuarenta y seis años. La bala que lo tumbó en Soacha no resolvió el problema que él nombraba; solo lo aplazó, y lo dejó abierto hasta el presente.
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Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 30 fragmentos01Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 151 cita
[1]permitieron saber que Luis Carlos Galán seguía siendo el mismo idealista apasionado, el mismo compañero entusiasta, el mismo hombre en cuya cabeza hervían todo el tiempo ideas sobre el país y la misión de las nuevas generaciones en la construcción de una Colom - bia para el siglo xxi. A un hombre se le conoce, en…
p. 15
02Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1511 cita
[2]y en último lugar la enseñanza superior. Este congreso tuvo cierta influencia sobre el Plan de Emergencia de 1967. En la década del setenta, la FE- CODE radicalizó sus posiciones sin- dicales y políticas, sobre todo a partir del proyecto de reforma del Estatuto del Personal Docente presentado por el ministro de…
p. 151
03Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · Página 1551 cita
[3]to intervene in public education at departmental level. By 1971, Luis Carlos Galan, the Minister of Education, could affirm that the only 'real link' between the central ministry and the departments were the FERs. However, Galan also pointed to the relative feebleness of this link: A los FER se acude muchas veces en…
p. 155
04No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 167, 2292 citas
[4]obligaba a un reparto de poder entre los dos partidos y, de alguna manera, había una especie de libertad para que cada cual presentara su opción. Esa era una invitación a que los dineros de la droga, de 493 Consultar en detalle en Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de Colombia. 494…
p. 167
[16]plata» 676. De acuerdo con el exministro de Defensa Rafael Pardo, los narcotraficantes logra- ron posicionar el debate de la no extradición bajo la falsa premisa de que le violencia era producto de la aplicación del tratado de extradición, cuando la realidad era que, salvo algunas excepciones, este no había sido…
p. 229
05Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 1551 cita
[5]Su tratamiento se volvió de competencia de diferentes profesionales de la seguridad, sobre todo de la Policía y el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), para quienes la lucha contra las drogas constituía un vector de autonomía con respecto al Ejército. A pesar de que no es oportuno retomar aquí los detalles…
p. 155
06Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 14 citas
[6]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
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[7]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
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[25]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
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[26]63 III. Bienvenidos al futuro (1990-1994) En los últimos días del gobierno de Virgilio Barco ya se habían iniciado diálogos de paz con las guerrillas, y Quintín PRT EPL Lame. Por esta razón, desde la hora cero del gobierno de César Gaviria, se buscó recobrar esos diálogos y reiniciar procesos de desmovilización y…
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07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 241, 2542 citas
[8]los electores conservadores se inclinaron m á s bien por los ospinistas. En el liberalismo la divisi ó n inicial fue entre el “ oficialismo ” y el mrl, que enfrent ó con hostilidad a Alberto I leras Camargo, principal asesor del presidente Alfonso L ó pez, y al hijo de é ste, Alfonso L ó pez Michelsen. Para Lleras, L…
p. 241
[9]tica que se impuso poco a poco en todas partes: joyas ostentosas, ropas estridentes y de marca, casas y edificios con exceso de lujos, grifer í as y decoraciones doradas, operaciones de cirug í a pl á stica que convert í an a las muje res en objetos que se exhib í an junto a carros y joyas lujosas. Pod í an enfrentar…
p. 254
08The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4501 cita
[10]left dozens wounded and one dead; second, the bombing of Avianca flight 203 in November, which was an attempt to kill then presidential candidate César Gaviria but instead ended the lives of 107 passengers and crew; third, the early December bombing of the das, or Departamento Administrativo de Seguridad (Colombia’s…
p. 450
09Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 1971 cita
[11]las inmensas riquezas genera- das por el narcotráfico estaban produciendo una profunda trans- formación de la sociedad colombiana, la cual aún continúa. Las jerarquías sociales, el destino de las inversiones, el régimen polí- tico, todo esto fue afectado completamente por el narcotráfico. Fue en el terreno político…
p. 197
10Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1701 cita
[12]uno de ellos —al que tenía la fama de ser el más poderoso y rico de todos— a los sagrados recintos del Congreso nacional. En un gesto que le costaría la vida, Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia, se opuso abiertamente a Escobar, acusándolo en público de ser un narcotraficante y negándole el derecho a ocupar…
p. 170
11Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2561 cita
[13]las condiciones estruc turales de las distintas sociedades sino también en las actuaciones particulares de los agentes legales e ilegales. A principios de los ochenta Pablo Escobar daría form a a las relaciones entre el estado y los criminales al declararle la guerra al estado colombiano. L a g u e r r a d e E s c o b…
p. 256
121989María Elvira Samper · 2019 · Páginas 89, 932 citas
[14]reforma constitucional, una agenda legislativa y la consulta popular como mecanismo para definir candidato único a la Presidencia en 1990, abre las puertas para el regreso del líder del Nuevo Liberalismo a las filas rojas. En el marco de ese acuerdo, Galán inscribe su candidatura el 4 de julio de 1989 y en la…
p. 93
[15]Torregrosa, el director del DAS le asegura que todo está bajo control. Y se sabe que también esa tarde, no obstante la desconfianza y las alertas sobre el peligro, le dice a su amigo Gustavo Gaviria: “El país no me va a conocer a mí como un cobarde”. Los capos del narcotráfico buscan venganza desde hace años. No le…
p. 89
13El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 2242 citas
[17]Pérez García. El principal autor material fue el sicario de Yacopí, Cundinamarca, Jaime Eduardo Rueda Rocha, enviado 226 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ por la organización paramilitar de Henry Pérez. (Semana, 1996, 28 de octubre; El Tiempo, 2014, 16 de agosto) Los relatos muestran la…
p. 224
[18]Pérez García. El principal autor material fue el sicario de Yacopí, Cundinamarca, Jaime Eduardo Rueda Rocha, enviado 226 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ por la organización paramilitar de Henry Pérez. (Semana, 1996, 28 de octubre; El Tiempo, 2014, 16 de agosto) Los relatos muestran la…
p. 224
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1591 cita
[19]cien dólares por asesinar a alguien, incluidos políticos y policías. La guerra entre el Estado y el cartel de Medellín, liderado por Escobar, se intensificó entre 1989 y 1990, periodo al que el historiador Marco Palacios se refiere como “de fuego cruzado”. 34 En agosto de 1989, mientras hacía campaña por la…
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15El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 2052 citas
[20]de Galán Sarmiento empezó una increíble cacería de brujas, donde miles de inocentes la pasaron mal o caye- ron asesinados. En tres meses 11 mil personas fueron detenidas en el Magdalena Medio, Urabá, y Medellín, ciudad que además fue copada militarmente. La casi totalidad de ellas debieron de ser libe- radas al no…
p. 205
[21]de Galán Sarmiento empezó una increíble cacería de brujas, donde miles de inocentes la pasaron mal o caye- ron asesinados. En tres meses 11 mil personas fueron detenidas en el Magdalena Medio, Urabá, y Medellín, ciudad que además fue copada militarmente. La casi totalidad de ellas debieron de ser libe- radas al no…
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16Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2861 cita
[22]legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…
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17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2611 cita
[23]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…
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18Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 671 cita
[24]lejos de mis padres. Pero Fabrice, con toda razón, consideraba que Colombia era violenta y peligrosa, y no quería que nuestros hijos crecieran allí. Esta situación degeneró en un conflicto de pareja, que se adicionó a otros que ya teníamos, y nos llevó a la difícil decisión de separarnos. En diciembre de 1989, apenas…
p. 67
19Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 138, 1472 citas
[27]los car- teles en el Guaviare y Caquetá y la guerra a muerte que, como se mencionó, estos decretaron contra la UP. Barco y la transición a Gaviria, agosto de 1988-junio de 1994 De mayo a julio de 1988 el M -19 mantuvo en cautiverio al dirigente conserva- dor Álvaro Gómez Hurtado, secuestro que, inesperadamente, puso…
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[28]con el citado Estatuto de Defensa de la Democracia que calificaba de "terroristas” todas 146 PAZ CUATRIENAL sus acciones. La norma se estrenó con el establecimiento de la Jefatura Mili tar en Urabá, baluarte electoral de la UP y del PC. Al mismo tiempo era escan dalosa la permisividad gubernamental con la expansión…
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20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 1011 cita
[29]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
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21El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1121 cita
[30]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
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