El Estatuto de Seguridad de Turbay (1978–1982)
En septiembre de 1978, el presidente Julio César Turbay Ayala firmó el Decreto Legislativo 1923, conocido como Estatuto de Seguridad, el instrumento jurídico más comprensivo para restringir libertades públicas en Colombia desde 1958: transfirió el juzgamiento de civiles a la justicia penal militar, habilitó detenciones sin orden judicial y criminalizó la protesta social, dejando un saldo de dieciséis mil detenidos políticos y tortura generalizada. Su fracaso para contener la insurgencia forzó, al término del cuatrienio, el viraje de Belisario Betancur hacia la negociación de paz.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 6 de septiembre de 1978
- Dónde
- Bogotá, Caquetá, Urabá, Magdalena Medio
- Protagonistas
- Julio César Turbay, Alfonso López Michelsen, Belisario Betancur, Jaime Bateman, Alfonso Reyes Echandía, General Luis Carlos Camacho Leyva, Rosemberg Pabón, M-19
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977, que dejó 18 muertos y 3.000 detenidos, fue interpretado por las Fuerzas Militares y sectores del bipartidismo no como descontento social acumulado sino como ensayo insurreccional, lo que impulsó la demanda de un instrumento jurídico de excepción.
- El gobierno de López Michelsen (1974–1978) incumplió sus promesas de reforma política y social y adoptó medidas antipopulares, sedimentando una conflictividad que los mandos castrenses leyeron bajo la lógica de la Doctrina de Seguridad Nacional, según la cual huelgas y movilizaciones eran focos de subversión que el Estado debía controlar.
- Las Fuerzas Militares habían elaborado el texto del Estatuto durante el gobierno de López Michelsen, quien lo rechazó; Turbay Ayala lo recogió y firmó en su primer mes de gobierno, respaldado por la alianza con su ministro de Defensa, el general Camacho Leyva.
- La Operación Ballena Azul del M-19 —sustracción de más de 5.000 armas del Cantón Norte de Bogotá en la noche del 31 de diciembre de 1978— fue recibida por el Ejército como una ofensa sin precedentes y aceleró la aplicación más dura del Estatuto, extendiendo la represión más allá de la insurgencia hacia la militancia legal, el sindicalismo y la intelectualidad.
Consecuencias
- Durante la vigencia del Estatuto, 16.000 personas fueron detenidas por razones políticas y más de 5.000 fueron torturadas solo en Bogotá; la tortura se generalizó en cuarteles, brigadas e instalaciones de inteligencia, y la desaparición forzada se registró como práctica documentada.
- La ampliación de la jurisdicción penal militar sobre civiles —con condenas proferidas por comandantes de brigada sin recurso de segunda instancia— eliminó en la práctica las garantías del debido proceso para quienes fueran señalados de perturbar el orden público, criminalizando la protesta social y la oposición política legal.
- La represión sostenida internacionalizó el caso colombiano: Amnistía Internacional realizó una misión de investigación en 1980 y publicó un informe que documentó torturas, detenciones arbitrarias y desapariciones, recomendando levantar el estado de sitio, derogar el Estatuto y trasladar los procesos de civiles a la justicia ordinaria.
- La toma de la Embajada de la República Dominicana por el M-19 (27 de febrero–abril de 1980), que duró aproximadamente 61 días, trasladó a la escena internacional el debate sobre el Estatuto y convirtió la denuncia de sus abusos en capital político insurgente.
- La política represiva no logró eliminar la guerrilla; al término del cuatrienio los grupos insurgentes habían crecido y el país estaba al borde de una confrontación generalizada, lo que convirtió la paz en el eje de la campaña presidencial de 1982 y forzó el viraje de Belisario Betancur hacia la negociación.
- La ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba el 23 de marzo de 1981, anunciada por Turbay en presencia de los altos mandos militares, extendió la lógica contrainsurgente al plano internacional como consecuencia directa de la política del Estatuto.
La clave interpretativa
Por qué importa
El Estatuto de Seguridad es el momento en que Colombia tradujo la Doctrina de Seguridad Nacional al derecho interno con mayor sistematicidad, borrando la frontera entre subversión armada y disidencia civil y entregando a la justicia militar el juzgamiento de la sociedad. Su fracaso no fue solo operativo —la guerrilla creció— sino político: demostró que la legalidad de excepción sostenida durante cuatro años agrava el conflicto en lugar de resolverlo, produce víctimas que alimentan el ciclo de violencia y destruye la legitimidad del Estado ante la comunidad internacional. Ese doble fracaso es el argumento histórico que hizo posible, y en cierta medida inevitable, el giro de Betancur hacia la negociación en 1982.
Desarrollo histórico
La historia completa
El Estatuto de Seguridad
El 6 de septiembre de 1978, apenas un mes después de posesionarse, el presidente Julio César Turbay Ayala firmó el Decreto Legislativo 1923, conocido desde entonces como Estatuto de Seguridad. Amparado en el estado de sitio que Alfonso López Michelsen había declarado dos años antes mediante el Decreto 2131 de 1976, el nuevo estatuto elevó las penas por rebelión, transfirió a la justicia penal militar el juzgamiento de civiles en delitos vinculados al orden público, tipificó como crimen la perturbación urbana con condenas de hasta veinticuatro años y facultó a los organismos de seguridad para detener sin orden judicial. Durante los cuatro años que estuvo vigente, dieciséis mil personas fueron detenidas por razones políticas, la tortura se generalizó en cuarteles y brigadas, y Colombia se colocó, por vez primera, en la agenda internacional de derechos humanos. Al final del cuatrienio, la guerrilla había crecido, el país estaba al borde de una confrontación generalizada y la paz se había convertido en el tema central de la campaña presidencial de 1982. Ese doble movimiento —el endurecimiento jurídico de la represión y su fracaso político— hizo del Estatuto la última gran apuesta colombiana por resolver el conflicto interno mediante la legalidad de excepción, y el antecedente que forzó, cuatro años después, el viraje de Belisario Betancur hacia la negociación.
Un país acumulado: del paro cívico de 1977 al despacho de Turbay
El Estatuto no brotó del vacío ni de una decisión personal del nuevo presidente. Venía siendo empujado desde el estamento militar durante los últimos años del gobierno de López Michelsen, cuya administración (1974-1978) había desatendido buena parte de sus promesas de reforma y adoptado medidas antipopulares que fueron sedimentando una conflictividad social sostenida. Los mandos castrenses le propusieron a López un instrumento jurídico de esa envergadura, y el presidente lo rechazó.
El punto de quiebre fue el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977. Convocado por las cuatro centrales obreras, desbordó el marco sindical y se convirtió en una explosión urbana que dejó dieciocho ciudadanos muertos y tres mil detenidos. Para las Fuerzas Militares y para sectores decisivos del bipartidismo, el paro no fue leído como un episodio de descontento acumulado sino como un ensayo insurreccional, la punta visible de una convergencia entre movilización social y proyecto guerrillero. Esa lectura —consistente con la Doctrina de Seguridad Nacional que circulaba entonces por los ejércitos del continente— exigía un instrumento jurídico que le diera piso a una respuesta contundente.
Turbay Ayala, liberal formado en la vieja política y elegido por un margen estrecho sobre el conservador Belisario Betancur, aceptó la propuesta que López había desechado. En su primer mes de gobierno recogió el texto elaborado en los cuarteles, lo firmó como decreto de estado de sitio y lo puso en circulación en septiembre de 1978. El país tenía ya doctrina, tenía instrumento y tenía —en el general Luis Carlos Camacho Leyva, su ministro de Defensa— el ejecutor decidido a aplicarlo.
La arquitectura del Decreto 1923
El Estatuto de Seguridad no era una sola norma sino un sistema. Su primera pieza fue el endurecimiento penal: la rebelión, que antes se sancionaba con cinco años de cárcel para los combatientes y ocho para los líderes, pasó a nueve y doce años respectivamente. Las penas por secuestro, extorsión, incendio voluntario y ataques armados subieron proporcionalmente. La innovación decisiva, sin embargo, estaba en los tipos penales nuevos, redactados con una amplitud que borraba la frontera entre subversión y protesta: quienes causaran o participaran en perturbaciones del orden público en centros urbanos podían ser condenados hasta a veinticuatro años de prisión, y quienes ocuparan transitoriamente lugares públicos o distribuyeran propaganda considerada subversiva quedaban expuestos a arresto inconmutable de hasta un año.
La segunda pieza fue la transferencia de competencias. El Estatuto amplió la jurisdicción penal militar hasta permitirle juzgar civiles por delitos contra el orden público, y ese traslado no fue simbólico: las condenas eran proferidas, como regla, por comandantes de brigada, y no admitían recurso de segunda instancia. Un civil detenido por participar en una huelga, distribuir un volante o ser señalado como colaborador de la insurgencia podía ser juzgado por un oficial del Ejército, sin apelación posible ante un tribunal superior. Los juristas críticos describieron el Estatuto como el conjunto normativo más comprensivo para restringir libertades públicas y garantías individuales expedido en Colombia desde 1958, y como el más cercano al modelo represivo de las dictaduras latinoamericanas de la época.
La tercera pieza fue la ampliación de las facultades operativas de los organismos de seguridad, habilitados para detener sin orden judicial y para llevar adelante allanamientos con márgenes muy amplios. Se añadieron mecanismos de censura sobre informaciones de radio y televisión, cuyo alcance práctico varió con la coyuntura. El habeas corpus, aunque formalmente vigente, se volvió difícil de hacer valer, y las detenciones prolongadas sin control judicial efectivo se convirtieron en la regla.
El conjunto operaba como la traducción jurídica de la Doctrina de Seguridad Nacional al derecho colombiano. Bajo esa lógica, las huelgas, las manifestaciones y la actividad de ciertos sectores políticos eran tratadas como focos de conflicto sujetos a control estatal, y el "enemigo interno" se definía por su capacidad de disputar el orden social antes que por el uso efectivo de las armas. El Estatuto no era, en rigor, un instrumento contrainsurgente en sentido estricto: era el marco que habilitaba una redefinición del adversario del Estado.
Turbay y Camacho Leyva: una alianza sin fisuras
La aplicación del Estatuto reposó en la relación entre el presidente y su ministro de Defensa. Turbay y Camacho Leyva funcionaron, en materia de seguridad, como uno solo: la fórmula recorre la literatura del período y describe con precisión la delegación de facto que caracterizó al cuatrienio. El gobierno civil otorgó a las Fuerzas Militares una autonomía prácticamente total en el manejo del orden público interno, y esa autonomía se tradujo en un traslado real del poder: fueron los oficiales quienes decidieron a quién detener, dónde interrogar, qué considerar subversivo. Los comandantes de brigada acumularon funciones de policía judicial, juez de instrucción y juez de conocimiento.
Esa configuración explica lo que el Estatuto produjo. Un instrumento tan amplio, entregado a una institución que se sentía asediada tras el paro de 1977 y que interpretaba la movilización social como extensión de la guerrilla, se aplicó con criterios institucionales antes que civiles. La represión no fue conducida desde el Palacio de Nariño: fue habilitada desde allí y ejecutada desde los cuarteles. Turbay respaldó públicamente cada operativo, cada denuncia de exceso fue devuelta con retórica de patriotismo, y el círculo se cerró sobre sí mismo.
El Cantón Norte y el ingreso al ciclo duro
La aplicación del Estatuto se aceleró con un episodio específico. En la noche del 31 de diciembre de 1978, un comando del M-19 sustrajo más de cinco mil armas del Cantón Norte de Bogotá, en Usaquén, tras cavar un túnel que conectaba una casa vecina con la sala de armas del complejo militar. La Operación Ballena Azul —así la bautizó la organización— fue recibida por el Ejército como una ofensa sin precedentes: un grupo insurgente había desarmado, sin disparar un tiro, al principal depósito de armamento de la Brigada de Institutos Militares.
La respuesta fue inmediata y desbordó ampliamente el objetivo declarado. Entre el 2 y el 8 de enero de 1979, allanamientos masivos recorrieron Bogotá y otras ciudades. El 9 de enero, el Consejo de Ministros autorizó, mediante el Acta 10, la detención de 138 personas —algunas vinculadas al M-19, otras no—, y la misma acta legalizó retroactivamente capturas ya realizadas. Abogados defensores denunciaron el procedimiento ante el Procurador General, sin resultado práctico. El Ejército recuperó buena parte de las armas robadas, capturó a dirigentes como Iván Marino Ospina y desmanteló varias caletas y "cárceles del pueblo" del M-19; en términos operativos, el golpe fue efectivo.
La operación, sin embargo, no se limitó al M-19. En las semanas siguientes, la represión se extendió a militantes de partidos políticos legales, sindicalistas, intelectuales, artistas, estudiantes y personas sin filiación de ninguna clase. En octubre de 1978, cerca de ciento cincuenta estudiantes de la Universidad Nacional habían sido capturados en allanamientos nocturnos violentos, y los testimonios recogidos años después por la Comisión de la Verdad describen el miedo instalado en Bogotá durante aquellos meses. El Ejército había extendido el concepto de enemigo interno hasta cubrir, sin diferenciación práctica, a los alzados en armas y a la militancia legal del comunismo, la izquierda democrática y las organizaciones sociales. El Estatuto ofrecía el paraguas jurídico; los cuarteles hacían el resto.
La tortura como práctica
Las cifras del período son fragmentarias pero elocuentes. Dieciséis mil personas detenidas por razones políticas durante la vigencia del Estatuto; más de cinco mil detenidos y torturados solo en Bogotá según una estimación conservadora. Las víctimas incluyeron militantes del M-19 y de otros grupos guerrilleros, pero también a sus familiares, a miembros de la Unión Nacional de Oposición y de partidos de izquierda legal, a dirigentes sindicales, a intelectuales, a artistas y a un número indeterminado de personas sin vinculación política alguna, detenidas por error o por señalamiento.
Los métodos fueron documentados en los años siguientes por organismos internacionales y por la justicia colombiana. Golpes, submarino, colgamientos, choques eléctricos, aislamiento prolongado, simulacros de ejecución, violencia sexual contra detenidos de ambos sexos. El caso de Olga López de Roldán, torturada en la Brigada de Institutos Militares y desaparecida junto con su hija, llevó años más tarde a una condena al Estado colombiano por responsabilidad directa. No fue un caso aislado: fue el que llegó a sentencia. Las denuncias de tortura en la Escuela de Caballería, en el Batallón Charry Solano, en instalaciones del entonces DAS y del F-2 se acumularon en escritorios de abogados defensores durante los cuatro años.
La figura del abogado de presos políticos se consolidó en ese período. Eduardo Umaña Mendoza, Alberto Alava y otros aparecieron mencionados en actas del Consejo de Ministros como personas contra las que existía orden de captura —el Acta 35 del 3 de mayo de 1979 es una de las que registra esas menciones—. Que el gobierno estudiara la detención de los abogados que denunciaban la tortura describe, con más precisión que cualquier análisis, la lógica del período: el Estatuto no distinguía entre subversión y crítica, y quien documentaba abusos pasaba a integrar la categoría de sospechoso.
Febrero de 1980: la Embajada Dominicana
El segundo gran episodio del ciclo fue una respuesta directa del M-19 al Estatuto. El 27 de febrero de 1980, un comando bajo la conducción de Rosemberg Pabón, "Comandante Uno", ocupó la Embajada de la República Dominicana en Bogotá durante la celebración del día nacional dominicano. Entre los rehenes había entre catorce y dieciséis embajadores, incluidos los de Estados Unidos y el Vaticano. La operación duró aproximadamente sesenta y un días.
Las exigencias del comando incluían la liberación de presos políticos y el reconocimiento gubernamental de las violaciones de derechos humanos ocurridas bajo el Estatuto. Turbay no cedió en el primer punto y no admitió el segundo. Tras dos meses de negociación conducidos por comisionados del gobierno, el comando salió hacia Cuba con un rescate económico —muy inferior a los cincuenta millones de dólares exigidos inicialmente— y con los rehenes liberados. En el balance operativo, el gobierno no había capitulado; en el balance político, la ecuación era otra. La toma trasladó a la escena internacional el debate sobre el Estatuto, obligó a los embajadores liberados a hablar en sus países de origen de lo que habían escuchado durante dos meses de cautiverio en Bogotá, y dio al M-19 —según comunicaciones internas de Jaime Bateman Cayón— una victoria política previa a cualquier desenlace. La denuncia del Estatuto se convirtió, sin proponérselo el gobierno, en capital insurgente.
El ciclo se prolongó al año siguiente con la fallida invasión del M-19 por la costa Pacífica, en Nariño y Chocó, y con la ruptura de relaciones diplomáticas entre Colombia y Cuba anunciada por Turbay el 23 de marzo de 1981 en presencia de los altos mandos. La ruptura fue presentada como extensión natural de la política contrainsurgente: si el M-19 se apoyaba en La Habana, La Habana pasaba a ser adversario formal del Estado colombiano.
La internacionalización del caso
La represión sostenida terminó produciendo lo que ninguna acción diplomática colombiana había producido antes: la entrada del país en la agenda internacional de derechos humanos. Organizaciones colombianas —bufetes de defensa, comités de familiares, sectores de la Iglesia, la incipiente red de organizaciones no gubernamentales— sensibilizaron a Amnistía Internacional y solicitaron su intervención. La organización realizó una misión de investigación a Colombia durante 1980 y publicó ese mismo año un informe que documentó torturas, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas ocurridas bajo el Estatuto, y que recomendó al Estado colombiano tres medidas concretas: levantar el estado de sitio, derogar el Estatuto de Seguridad y trasladar a la justicia ordinaria los procesos de civiles adelantados por la jurisdicción penal militar.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos incluyó a Colombia por primera vez, en su Informe Anual 1981-1982, en el Capítulo V sobre situación de derechos humanos en países del hemisferio, con señalamientos específicos sobre el derecho a la vida y la integridad personal. La sola inclusión —que agrupaba tradicionalmente a las dictaduras del Cono Sur y a Centroamérica— fue una señal política. Colombia, que se había presentado durante décadas como la democracia estable de la región, aparecía ahora en el mismo capítulo que Argentina, Chile y Guatemala.
El impacto interno de esos informes fue significativo. Sirvieron de respaldo a las denuncias de las organizaciones colombianas, forzaron al gobierno a defenderse públicamente ante instancias que no controlaba y desplazaron el debate sobre el orden público del terreno militar al de las garantías. Un ciclo que había comenzado con la promesa de restablecer la autoridad del Estado terminaba erosionando su legitimidad ante la comunidad internacional.
La criminalización de la protesta
Junto a los episodios espectaculares corría, en un plano menos visible, la extensión sostenida del Estatuto sobre la vida sindical, estudiantil y campesina. La huelga, la manifestación, el paro cívico local, la ocupación de un edificio universitario, la distribución de propaganda —todas conductas que en cualquier democracia consolidada corresponden al ejercicio ordinario de derechos— quedaron expuestas, bajo el Estatuto, a tipos penales amplios y a competencia militar. El derecho penal del enemigo, categoría que la doctrina jurídica formularía años más tarde, encontraba en Colombia una aplicación práctica antes de tener nombre teórico.
La consecuencia fue una redefinición silenciosa del espacio político. Militantes de la Unión Nacional de Oposición, dirigentes del Partido Comunista, activistas de organizaciones campesinas del Caquetá, el Urabá y el Magdalena Medio, sindicalistas de Facatativá y de las zonas industriales de Bogotá pasaron a ser considerados, indistintamente, integrantes de la amenaza subversiva. Autoridades civiles, fuerza pública y grupos de civiles armados recurrieron a ese lenguaje para justificar acciones contra partidos alternativos y contra organizaciones que se movilizaban por derechos laborales y reforma agraria. La distinción entre insurgencia y oposición legal, que en cualquier ordenamiento democrático es una frontera cardinal, se volvió operativamente borrosa.
Ese fue, tal vez, el efecto más duradero del Estatuto: no la represión inmediata, sino la instalación de una gramática política que consideraba la movilización social como extensión del proyecto guerrillero. Esa gramática sobreviviría al Estatuto, sobreviviría al gobierno de Turbay y reaparecería, en los años siguientes, en episodios que no habrían sido concebibles sin ella.
El fracaso: guerrilla en crecimiento, país al borde
Al cabo de cuatro años, el diagnóstico era inequívoco. El Estatuto, diseñado para exterminar la subversión, había producido el efecto contrario. El M-19, golpeado tras el Cantón Norte pero fortalecido políticamente por la Embajada Dominicana, mantenía capacidad operativa. Las FARC habían ampliado su presencia territorial. El ELN, en crisis a mediados de la década, iniciaba su reconstrucción. El país, según los balances académicos del período, había llegado al borde de una confrontación generalizada.
La explicación del fracaso no admite reducciones. La expansión guerrillera respondía a una lógica incremental propia, alimentada por dificultades económicas, por malestar social preexistente y por la propia dinámica interna de las organizaciones armadas. Sostener que la represión fue la causa principal del crecimiento insurgente sobrepasa lo que la evidencia autoriza. Puede afirmarse, en cambio, algo más preciso: el Estatuto no logró detener esa expansión y, al criminalizar la oposición legal, cerró los canales políticos por los que parte del descontento social podía haberse tramitado sin apelar a las armas. La política de seguridad no derrotó a la guerrilla y estrechó, al mismo tiempo, el espacio de la política democrática.
A menos de tres meses de dejar el poder, el gobierno Turbay levantó el estado de sitio que llevaba seis años ininterrumpidos en vigor —los dos últimos de López y los cuatro suyos—, con el argumento de que la acción subversiva estaba controlada. El estado del país al momento de la transición desmentía esa lectura.
La Comisión de Paz: una contradicción dentro del propio gobierno
En medio del ciclo represivo, y con una lógica que parecía contradecir la orientación general del gobierno, Turbay convocó una Comisión de Paz encabezada por el expresidente Carlos Lleras Restrepo. La comisión no produjo resultados tangibles, y su existencia coexistió con la aplicación más dura del Estatuto. Pero su sola constitución tiene un significado que conviene retener: mostraba que dentro del propio gobierno operaba una conciencia —minoritaria, subordinada, contenida— de que la solución exclusivamente militar tenía límites. La comisión fracasó por la falta de voluntad efectiva, por la ausencia de agenda, por la desconfianza mutua entre los actores. Pero abrió, sin proponérselo del todo, el camino institucional que Betancur retomaría con orientación distinta.
Esa dualidad —represión con Camacho Leyva, ofrecimiento formal de paz con Lleras Restrepo— revela algo sobre el gobierno Turbay que las lecturas maniqueas del período tienden a perder. No era un régimen dictatorial en sentido estricto; era un gobierno civil que había delegado la conducción del orden público en las Fuerzas Armadas y que mantenía, en su borde institucional, gestos hacia la salida negociada. Esos gestos no bastaron para modificar la trayectoria general, pero explican por qué la transición hacia Betancur fue política y no ruptura.
1982: el desenlace electoral
Las elecciones presidenciales de 1982 se decidieron sobre la fractura que el Estatuto había producido en el liberalismo. El partido de gobierno llegó dividido: la facción oficialista, encabezada por Alfonso López Michelsen —que buscaba una segunda presidencia—, y una facción disidente que se separó del aparato tradicional. La división abrió una puerta que el conservatismo llevaba dieciséis años sin poder atravesar. Belisario Betancur, que había sido derrotado por Turbay cuatro años antes, se presentó con una campaña centrada en la paz como programa. Ganó.
La paz fue el tema central de la campaña, y su centralidad no era espontánea: era el precipitado político de cuatro años de Estatuto. Las denuncias de tortura, los informes de Amnistía Internacional y de la CIDH, la Embajada Dominicana, la crisis con Cuba, las capturas masivas, el juzgamiento de civiles por militares —todo eso, acumulado, había convertido la seguridad en un asunto que no podía tramitarse por más represión sin costo político mayor. El liberalismo perdió credibilidad en esa erosión, y el conservatismo la aprovechó.
El primer gesto del nuevo gobierno fue jurídico. La Ley 35 de 1982 decretó una amnistía amplia, incondicional y automática para presos políticos y para quienes depusieran las armas, con centenares de enjuiciados por la justicia castrense liberados —la mayoría del M-19—. La ley precisaba además condiciones de reincorporación a la vida civil y política. En tres meses, el nuevo gobierno le había arrebatado al M-19 la bandera de la paz, y el efecto sobre la opinión pública, sobre la propia élite del poder y sobre la guerrilla fue de sorpresa medible.
El viraje generó, casi de inmediato, resistencias internas. Otto Morales Benítez, designado por Betancur para presidir la Comisión de Paz, renunció a fines de mayo de 1983 denunciando "una poderosa coalición civil-militar" hostil al proceso, "enemigos de la paz y de la rehabilitación agazapados por dentro y por fuera del gobierno". Corrientes de las Fuerzas Armadas, acostumbradas a la autonomía del período Turbay y ahora subordinadas a una orientación civil que las contradecía, buscaron soluciones al margen. El proyecto contrainsurgente que había interpretado la movilización social como extensión de la guerrilla no desapareció con el Estatuto: se replegó, se recompuso y, en algunos casos, buscó soluciones clandestinas con apoyo de sectores civiles. Esa continuidad —doctrinaria más que jurídica— sería una de las herencias más pesadas del período.
Por qué sigue importando
El Estatuto de Seguridad marcó el punto en que Colombia intentó, dentro de los márgenes formales de su democracia, aplicar la Doctrina de Seguridad Nacional con la sistematicidad con que la aplicaban las dictaduras del Cono Sur. La diferencia formal —el gobierno era civil, el Congreso seguía sesionando, había elecciones— no debe oscurecer la sustancia: dieciséis mil detenidos por razones políticas, tortura generalizada, juzgamiento masivo de civiles por militares sin recurso de apelación, criminalización de la oposición legal.
Su fracaso quedó registrado en varios planos a la vez. Militar: la guerrilla creció durante el período. Jurídico: buena parte del andamiaje del Estatuto sería posteriormente cuestionado por la Corte Suprema de Justicia, presidida entonces por Alfonso Reyes Echandía, y desmontado como parte del retorno a la normalidad constitucional. Político: el partido de gobierno perdió las elecciones siguientes sobre la evidencia acumulada de su costo. Internacional: Colombia ingresó a la agenda de derechos humanos del hemisferio y ya no salió de ella.
El fracaso más profundo, sin embargo, fue de otro orden. El Estatuto probó que la ampliación indefinida de las facultades militares y la criminalización de la protesta social no resolvían el conflicto armado y sí producían un tipo de Estado que la sociedad terminaba rechazando. Esa lección quedó incorporada en la conciencia política del país, y explica por qué las apuestas posteriores por soluciones exclusivamente militares —cuando reaparecieron— tuvieron que envolverse en lenguajes distintos y sostenerse sobre precauciones jurídicas mayores. La Constitución de 1991, con su énfasis en la limitación del estado de excepción y en las garantías judiciales, es incomprensible sin el Estatuto de Turbay como memoria de lo que había ocurrido cuando el estado de sitio funcionaba sin frenos.
El giro de Betancur no fue una consecuencia mecánica del fracaso represivo. Fue el resultado de la confluencia entre ese desgaste de legitimidad, la dinámica autónoma de las insurgencias y la fractura del liberalismo, en un momento en que la sociedad colombiana estaba en condiciones de escuchar un programa distinto. Pero sin el Estatuto —sin sus cifras, sin sus informes internacionales, sin la Embajada Dominicana, sin la tortura documentada— ese programa no habría tenido el aire político para respirar. Lo que el Estatuto quiso derrotar por la fuerza terminó imponiendo, por agotamiento, un cambio de método. Ese es, probablemente, su lugar más exacto en la historia del conflicto colombiano: no el episodio del que la democracia se recuperó, sino aquel en que la democracia comprendió, al costo que fuera, que no podía repetirse.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 371 cita
[1]del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…p. 37
02Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 331 cita
[2]grupo gue- rrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN). Omaira había sido una de las creadoras de las estructuras urbanas del ELN en la ciudad de Medellín 43. Años después, el ELN bautizaría a uno de sus frentes con el nombre de “Omaira Montoya Henao”. 3. Antecedentes El segundo semestre de 1977, el país vivía un…p. 33
03No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 147, 1512 citas
[3]presidente a esa reunión. Cuando terminó la reunión, López agradeció la invitación y se levantó y nos fuimos, no hizo el más mínimo comentario. No le podían presentar a un libe- ral como él hacer censura de prensa. Tiempo después, el Estatuto de Seguridad se lo propusieron a López y dijo que no» 425. Sin embargo,…p. 147
[38]Redacción, «Diálogos con la ausencia». 433 Entrevista 429-PR-00458. Hombre, víctima, excombatiente. 434 Informe 748-CI-00851. Fundación Carlos Pizarro Leongómez, «Análisis político del M-19», 25. 435 Caso 119-CI-00232. Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (Cajar), Comisión Intereclesial de Justicia y Paz y…p. 151
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 86, 922 citas
[4]Leyva y el General Abraham Barón Valencia que era el ministro de guerra de la época, el ministro de Defensa del gobierno López, pidieron endurecer las medidas. […] Un mes después de posesionado, el doctor Julio César Turbay aprobó el Estatuto de Seguridad que es uno de los hechos más vergonzosos de la historia…p. 86
[33]y violación sexual: «Me llevaron y me pararon en un hormiguero, bajándome el bluyín y la ropa interior, introduciéndome hormigas en los órganos genitales; esto causa una piquiña terrible y yo estaba vendada y atadas las manos fuertemente. […] Después me llevaron a una pieza, me mostraron a una muchacha que estaba…p. 92
05Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 691 cita
[5]de septiembre de 1977, la represión contra los partidos de oposición y los movimientos so- ciales se endureció. Los sectarismos políticos se reeditaron y tu- vieron las mismas manifestaciones violentas de años anteriores. Un año después fue expedido el decreto que dio vida al Estatuto de Seguridad Nacional del…p. 69
06Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 571 cita
[6]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…p. 57
07La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2721 cita
[7]miembros de las fuerzas armadas. En 1976, fue expedido el decreto 2578, que le concedía a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con una multa a personas consideradas potencialmente criminales. El segundo decreto fue el 0070, promulgado en enero de 1978 que concedía a miembros de…p. 272
08Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 80, 854 citas
[8]rural y urbana. Es en este periodo cuando la prensa por primera vez documentará la inquietud del gobierno respecto del hecho de que la guerrilla había incursionado en las ciuda- des y específicamente en Bogotá, donde se dan las primeras células guerrilleras (El Tiempo, 1977: 1y4c). Estos hechos dieron pie para que la…p. 80
[9]rural y urbana. Es en este periodo cuando la prensa por primera vez documentará la inquietud del gobierno respecto del hecho de que la guerrilla había incursionado en las ciuda- des y específicamente en Bogotá, donde se dan las primeras células guerrilleras (El Tiempo, 1977: 1y4c). Estos hechos dieron pie para que la…p. 80
[35]ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…p. 85
[36]ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…p. 85
09Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 61, 682 citas
[10]es decir, un mes después de la posesión presidencial, fue asesinado en su hogar el exministro Rafael Pardo Buelvas por parte del ado. El 31 de diciembre, miembros del M-19 ingresaron por un túnel al complejo militar más importante y más custodiado del país y sustrajeron miles de armas en la llamada Operación Ballena…p. 61
[31]el liderazgo y miraban con apre hensión cómo el M -19 se había convertido en el jugador más visible. Carlos Alfonso Velásquez, La esquiva terminación del conflicto armado, op. cit., p. 47. 71 Cambiar el futuro muchos menos en pleno auge de la nueva ola guerrillera en América Latina, tras el triunfo de los sandinistas…p. 68
10¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1491 cita
[11]setenta y los ochenta en lo que atañe al tratamiento jurídico de la guerra y de la extensión de su lógica al campo de los conflictos sociales. Estas dos décadas están atravesadas por una dualidad que está bien represen- tada en ese caso: de un lado, la extensión de la guerra al campo jurídico a través del uso de un…p. 149
11Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2691 cita
[12]del p en- sami ento argentino de la <1seg uridad naci onah>. Segú n el presidente, esos asuntos debían ser abordados por una Asamblea Constituyente qu e má s ta rd e la Corte Suprema declararía inconstituciona l. En la s el ecc iones d e 1978, Turba y, el repre se ntant e por exce- lencia de la clase política li bera…p. 269
12Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 3671 cita
[13]se adelantan cap- turas sin orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por 180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas, tortu- ras, restricciones a las garantías judiciales y al derecho al babeas corpus. La labor de las ONG de…p. 367
13El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 129, 1434 citas
[14]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…p. 129
[15]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…p. 129
[50]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…p. 143
[51]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…p. 143
14Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3181 cita
[16]armas para derrocar al Gobierno Nacional, legalmente constituido, o par a cambiar o suspender en todo o en parte el régimen constitucional existente, en lo que se refiera a la formación, funcionamiento o renovación de los Poderes Públicos u órganos de la soberanía, quedarán sujetos a prisión de seis meses a cuatro…p. 318
15"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 251 cita
[17]6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…p. 25
16Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 511 cita
[18]durante más de una década. EL GOBIERNO DE JULIO CÉSAR TURBAY AYALA, 1978-1982 Antes de finalizar este primer capítulo, y aunque ya se han apuntado algunas de las cuestiones en torno a los diferentes gobiernos presidenciales que tienen lugar en Colombia desde los años ochenta, resulta necesario recoger de un modo algo…p. 51
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2551 cita
[19]panameños en 1999. Se firmaron tratados de delimitación de áreas marinas y submarinas con Ecuador, Panamá, Costa Rica, República Do- minicana y Haití. Administración Turbay Ayala A López lo sucedió Julio César Turbay Ayala (1916), uno de los más hábiles políticos de la his- toria de Colombia. Su programa presidencial…p. 255
18Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 521 cita
[20]que el manejo debía ser de manera amplia estatal, no solamente la aplicación de la fuerza y operaciones militares. Se percibe la participación de los ministerios en lo que es de su esencia y su responsabilidad. Y en cuanto a las Fuerzas Militares hay un margen de maniobra más amplio. Por ejemplo, el manejo por parte…p. 52
19Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3791 cita
[21]1982 to begin this process in earnest. During the government of President Turbay Ayala (19781982), guerrilla actions, especially those instigated by the M-19, reached new, unexpected levels compared to the previous decade. It was during this period, for example, that the M-19 stole hundreds of weapons from the army's…p. 379
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1171 cita
[22]a un periodo de la historia del conflicto marcado profundamente por graves violaciones a los DD. HH. por parte de agentes estatales. Durante los primeros meses de este gobierno, dos hechos ocurridos en Bogotá motivaron una respuesta oficial de grandes proporciones en las que se cometieron graves atropellos contra…p. 117
21Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 441 cita
[23]te nía casa, carro, una pequeña finca de recreo... Yo ganaba mucho di nero en el ejercicio de mi profesión. Recibía, además, el sueldo de esa época para los representantes a la Cámara: treinta mil pesos... Como yo encabezaba la lista de Anapo Socialista para las elecciones de 1978 y no resulté elegido, cobré mi último…p. 44
22Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 491 cita
[24]via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 CHAPTER ONE The M19 learned its lesson. When the group tunneled into a mili- tary weapons depot in northern Bogota in 1978, only military pride was injured. That injury, however, prompted the military to lash out at the M19,…p. 49
23Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2001 cita
[25]M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…p. 200
24Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 4311 cita
[26]proveedores para todas las armas” 468. La reacción de las Fuerzas Armadas, amparadas en el Estatuto de Seguridad, fue inmediata. Sin contemplaciones pasaron a la ofensiva y procedieron a allanar, detener y aplicar refinadas formas de tortura, como más adelante lo pudieron constatar organismos públicos y privados,…p. 431
25La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 205, 2112 citas
[27]de 311, cuyos nombres se entregarían oportunamente. • Publicación de un manifiesto del grupo en los principales dia- rios de los países de los rehenes. • Pago de un rescate de 50 millones de dólares. • Reconocimiento por parte del gobierno de que en el país se tor- tura y se violan los derechos humanos. • Diálogo con…p. 205
[28]Oriente al que vaya el M-19, ya que si van a Irán, por ejemplo, peligrarían. ”8. Posible que viaje un representante de países afecta- dos”. El Embajador cubano visitó en tres ocasiones la Embajada de la República Dominicana para ajustar el viaje hacia Cuba. Jaime Bateman, jefe nacional del M-19, había hecho llegar un…p. 211
26Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 123, 135, 1443 citas
[29]organización integrada por algunos dirigentes expulsados de las FARC y del PCC que se unieron con cuadros radicalizados de ANAPO. 28 Inspirado en los Tupamaros de Montevideo, “el eme” alcanzó la cota máxima de popularidad de su breve historia en uno de los momentos de mayor impo- pularidad del sistema político y del…p. 123
[55]poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…p. 135
[57]país, culminara en la reconci- liación nacional. El impacto inicial fue de sorpresa en la opinión pública, en la élite del poder y en la misma guerrilla, pues en tres meses el gobierno ha- bía arrebatado la “bandera de la paz” al M -19. Cómo conducir un proceso político diametralmente opuesto al énfasis…p. 144
27Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2691 cita
[30]como M-19, que entre otras realizó operaciones como las siguien- tes: el robo de más de cinco mil armas a unas instalaciones del ejército, en las afueras de Bo- gotá; la toma durante 61 días de la embajada de la República Dominicana, también en la ca- pital; el intento de sabotaje de la cumbre de presidentes…p. 269
28Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 272, 2882 citas
[32]estado de sitio, la designación de alcaldes y gobernadores militares 770. El despliegue de las detenciones arbitrarias se justificó, de nuevo, en las acciones contrainsurgentes. A inicios de la década del setenta, las detenciones arbitrarias ya formaban parte de las modalidades de la fuerza pública. Un antiguo…p. 272
[37]y de pertenecer a organizaciones sindicales, sociales, campesinas y estudiantiles, consideradas por parte de algunos miembros de la fuerza pública como base social de las guerrillas 824. Así, varios miembros de grupos guerrilleros u organizaciones sociales fueron desaparecidos y asesinados por efectivos de…p. 288
29Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4161 cita
[34]1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas, dentro de las cuales se encontraban figuras del M-19, estudiantes y médicos, entre otros. Al menos 19 personas detenidas entre el 2 y el 8 de enero de 1979 fueron incluidas en actas ministeriales posteriores a su detención. Es decir, dichas…p. 416
30La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3511 cita
[39]guerrilla se volvió más audaz y con - fiada, llegando a cometer secuestros y asesinatos muy aparatosos, como cuando el M-19, una guerrilla urbana que hizo presencia en 1977, asesinó 1978 a José Raquel Mercado, principal dirigente sindical de la CTC, y, luego, saqueó los depósitos de armas del Cantón Norte, principal…p. 351
31El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 322 citas
[40]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…p. 32
[41]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…p. 32
32Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 721 cita
[42]grave situación de derechos humanos por la que atravesaba el país, además de recomendarle al Estado una serie de acciones que iba desde levantar el Estado de sitio y derogar el Estatuto de Seguridad, hasta trasladar a la justicia ordinaria los procesos de civiles que estaban en cabeza de la Jurisdicción Penal Militar…p. 72
33Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2831 cita
[43]la CIDH orientó a los respectivos Estados investigar y sancionar a los autores de las violaciones de derechos y reparar a las víctimas. Con la entrada en vigencia de la CADH, la CIDH continuó consolidando y desarrollando estos estándares a la luz tanto de la Declaración como de la Convención. Pueden verse sus informes…p. 283
34El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1792 citas
[44]corretear a Alfonso Meneses, a Manuel Ortiz. Por allá los cogieron. En- tonces, Darío Arango fue muerto, torturado allá en esa concentración de Guasimal. Lo metieron en un tanque. (CNMH, CV, López, 2017, 5 de mayo) Tales situaciones en que las acciones de la guerrilla dejaban expuesta a la militancia de la UNO a…p. 179
[45]corretear a Alfonso Meneses, a Manuel Ortiz. Por allá los cogieron. En- tonces, Darío Arango fue muerto, torturado allá en esa concentración de Guasimal. Lo metieron en un tanque. (CNMH, CV, López, 2017, 5 de mayo) Tales situaciones en que las acciones de la guerrilla dejaban expuesta a la militancia de la UNO a…p. 179
35Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2431 cita
[46]con el manejo del conflicto social como problema de orden público. Durante buena parte del gobierno Turbay la fuerza pública tuvo facultades dadas por el Estatuto de Seguridad. Por contraste, durante el gobierno Betancur, el Ejecutivo impulsó una política que puso el énfasis en la negociación con las guerrillas y en…p. 243
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 691 cita
[47]de las estructuras estudiantiles y sindicales 123. A partir de 1977 las estructuras urbanas del M-19 presionaron pliegos de peticiones sindicales y llevaron a cabo acciones obreristas, como la toma de buses transportadores de trabajadores donde arengaban a los ocupantes y distribuían propaganda. También emprendieron…p. 69
37Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[48]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…p. 1
[49]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…p. 1
38Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 971 cita
[52]cial durante el gobierno Turbay y por tanto abrió una posibilidad de regreso al poder del Partido Conservador, que representaba de facto a la oposición en su competencia electoral con el Partido Liberal, pese a la prolongación de la simetría en la repartición burocrática heredada del Frente Nacional. 99 Argelino Durán…p. 97
3925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 201 cita
[53]este paso. lejos de fortalecer a las confederaciones tradicionales. las debilitó más porque permitió que se agudizaran sus crisis internas. De esta forma, el sindicalismo ya no representarla un gran desafío social, como se consta- tó en el Segundo Paro Cívico Nacional de 1981. Si por un lado '1\ubay jugaba a la…p. 20
40Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 5021 cita
[54]Betancur. Durante su administración se propone una nueva conducta en el manejo de los pro- blemas nacionales. Una nueva mentalidad que reclama cambios y reformas políticas y sociales, que reconoce la necesidad de dialogar y negociar para poner punto final al conflicto armado, se abre paso en la opinión pública. Para…p. 502
41Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1991 cita
[56]a fi anzamiento del sistema capitalista y el neoliberalismo, caracterizado por la reducción del Estado, liberación de importaciones y apertura fi nanciera y de capital En 1984, en el municipio de la Uribe, el campamento de Casa Verde de las Farc, fue el escenario donde se adelantaron las Categoría de análisis…p. 199