Belisario Betancur
Crisis y narcotráfico
1923–2018
La biografía
Belisario Betancur Cuartas (Amagá, Antioquia, 1923 – Bogotá, 2018) fue presidente de Colombia entre 1982 y 1986, y encarna una de las paradojas más densas de la política colombiana del siglo XX: llegó al Palacio de Nariño como el conservador que se propuso hacer la paz, obtuvo del Congreso una amnistía sin precedentes, firmó acuerdos con las principales guerrillas del país y, en menos de cuatro años, vio cómo su proyecto se hundía bajo dos catástrofes ocurridas en el mismo mes de noviembre de 1985: la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y la avalancha del Nevado del Ruiz que sepultó a Armero. Bajo el peso de ese doble trauma quedaron eclipsados —y siguen eclipsados en la memoria política colombiana— una renovación del lenguaje presidencial que rompió con la retórica alambicada de la Regeneración tardía, una diplomacia hemisférica que impulsó el Grupo de Contadora y una ambición cultural que buscó devolverle al país el orgullo por sus regiones. Betancur fue, a la vez, el poeta antioqueño de origen menesteroso y el estadista atrapado entre un Estado demasiado débil para imponerse a sus propios militares y unos actores armados que no renunciaron a la violencia. Su presidencia es, en ese sentido, la primera gran apuesta contemporánea por una salida negociada al conflicto colombiano y también la primera gran demostración de por qué ese camino resulta tan difícil.
Línea de vida
- 1948
Inicio de la vocación política y periodística
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En los años que rodearon al 9 de abril de 1948, Betancur trabajó en el periódico La Defensa y colaboró con El Colombiano, la revista Semana y El Siglo mientras estudiaba derecho en Medellín, emergiendo como laureanista vertical en el conservatismo antioqueño.
- 1970
Primera candidatura presidencial
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Betancur se presentó por primera vez a la presidencia dentro de un conservatismo fragmentado, iniciando una trayectoria de persistencia electoral que lo llevaría a competir de nuevo en 1978 y en 1982.
- 1978
Segunda candidatura presidencial
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Betancur perdió frente a Julio César Turbay Ayala, cuyo gobierno quedaría marcado por el Estatuto de Seguridad, denuncias de violaciones a derechos humanos y escándalos financieros que desgastarían al Partido Liberal.
- 1982
Victoria presidencial con el Movimiento Nacional
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Aprovechando la división liberal entre la facción de Alfonso López Michelsen y otra facción disidente, el desgaste del gobierno Turbay y el escándalo del Grupo Gran Colombiano, Betancur ganó la presidencia bajo el lema 'la paz no es ni liberal ni conservadora, sino nacional', respaldado por un movimiento suprapartidista que incluía a la ANAPO.
- 1982
Ley 35 de 1982: amnistía amplia
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El 19 de noviembre de 1982, el Congreso aprobó la Ley 35, que decretó amnistía por delitos políticos para los alzados en armas. La ley benefició a guerrilleros de las FARC, M-19, ELN, EPL, PLA, ORP y ADO, excarcelando a cerca de dos mil amnistiados políticos excombatientes.
- 1983
Plan Nacional de Rehabilitación
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Betancur estableció el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR) para atender las condiciones objetivas del conflicto armado: pobreza, aislamiento y ausencia del Estado en las zonas de origen guerrillero.
- 1984
Acuerdos de La Uribe y cese al fuego con las FARC
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Las FARC firmaron un cese al fuego en La Uribe, Meta, reducto histórico del secretariado comandado por Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas. Ese mismo año el M-19, el EPL y otros grupos firmaron sus propios acuerdos, en un proceso precedido por reuniones del presidente electo con dirigentes del M-19 en México y España.
- 1985
Nacimiento de la Unión Patriótica
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En mayo de 1985 surgió la Unión Patriótica (UP), movimiento político legal impulsado por las FARC como brazo civil de la desmovilización, nacido con vocación de representación pluralista y como promesa de que la política sin armas era posible en Colombia.
- 1985
Toma del Palacio de Justicia
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El 6 y 7 de noviembre de 1985, un comando del M-19 dirigido por Luis Otero y Andrés Almarales tomó el Palacio de Justicia en Bogotá. La retoma militar dejó cerca de cien muertos, entre ellos once magistrados de la Corte Suprema incluyendo su presidente Alfonso Reyes Echandía, además de desaparecidos y víctimas de ejecuciones extrajudiciales. La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó posteriormente al Estado colombiano por estos hechos.
- 1985
Tragedia de Armero
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El 13 de noviembre de 1985, seis días después de la toma del Palacio de Justicia, la erupción del Nevado del Ruiz y sus lahares destruyeron Armero en el Tolima, causando la muerte de alrededor de 25.000 personas en la peor catástrofe natural de la historia de Colombia.
- 2015
Petición pública de perdón
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A finales de 2015, Betancur pidió perdón públicamente en Ibagué, Tolima, por los hechos del Palacio de Justicia, en el mismo año en que el presidente Juan Manuel Santos también pidió perdón en nombre del Estado colombiano en un acto relacionado con ese caso.
Un antioqueño de Amagá
Nació en Amagá, pueblo minero al suroeste de Antioquia, en 1923, en un hogar que él mismo describiría como menesteroso. Ese origen, que en otros habría sido apenas un dato biográfico, en Betancur se convirtió en clave de lectura: la carrera política construida desde la nada, sin apellidos que la respaldaran, fue considerada admirable precisamente por la distancia recorrida entre la casa pobre de Amagá y el Palacio de Nariño. La montaña antioqueña, con su ética del esfuerzo y su tradición conservadora, marcó su horizonte inicial y también su lengua: cuando llegara al poder, hablaría con giros de la provincia y citaría poesía sin impostación, porque la poesía le venía del mismo lugar del que le venía todo lo demás.
Su vocación política y periodística despertó siendo estudiante de derecho en Medellín, en los años que rodearon al 9 de abril de 1948. En la ciudad convulsa del Bogotazo replicado en provincia, trabajó en La Defensa, órgano del conservatismo antioqueño, y colaboró con El Colombiano, la revista Semana y El Siglo, el periódico laureanista por antonomasia. Emergió a la vida pública como laureanista vertical, discípulo militante de Laureano Gómez, la figura más rígida y doctrinaria del conservatismo colombiano. De esa escuela sacó la disciplina y una cierta gravedad en el trato de los asuntos públicos; con el tiempo se iría distanciando del laureanismo más ortodoxo hasta construir un perfil propio, más humanista y menos sectario, capaz de dialogar con la izquierda y con las guerrillas sin renegar de su origen.
Tres campañas, una presidencia
Betancur se presentó a la presidencia tres veces. La primera, en 1970, dentro de un conservatismo fragmentado. La segunda, en 1978, cuando perdió frente a Julio César Turbay Ayala. La tercera fue la vencedora: 1982. Entre derrota y derrota reaparecía con una persistencia notable —al día siguiente estaba de nuevo en la brega, rozagante, sin que las adversidades le hicieran mella—. Esa terquedad, más que las maquinarias, explica que un candidato conservador terminara ganando en un país cuya mayoría electoral era liberal.
La victoria de 1982 se produjo por la conjunción de varios factores. El Partido Liberal llegó dividido a las urnas: la facción oficialista respaldó a Alfonso López Michelsen, expresidente y patriarca del liberalismo, mientras otra facción se le desprendió por el flanco. A esa fractura se sumó el desgaste del gobierno de Turbay Ayala, asociado con las denuncias de violaciones a los derechos humanos bajo el Estatuto de Seguridad —el decreto de Estado de Sitio de septiembre de 1978 que otorgó amplias facultades a las Fuerzas Armadas para el control del orden público— y con escándalos financieros como el del Grupo Gran Colombiano, conocido en la época como el czarpazo, que ahondó el desprestigio del oficialismo liberal. La economía se deterioraba a ojos vistas: la tasa de crecimiento había caído del 8,9% en 1978 al 2% en 1982.
Sobre ese terreno maltrecho, Betancur no se presentó como candidato del conservatismo puro. Construyó un vehículo suprapartidista al que llamó Movimiento Nacional, con el apoyo de la ANAPO —el populismo rojiblanco fundado por Gustavo Rojas Pinilla— y de otras fuerzas minoritarias. La apuesta era clara: escapar del bipartidismo agotado y presentarse como candidato de una coalición nueva, capaz de hablarle a electores que no se reconocían en las maquinarias tradicionales. En el corazón de la campaña estuvo la paz. López Michelsen sostenía que la paz es liberal, reclamando para su partido el monopolio del tema; Betancur replicó con una frase que se volvería su divisa: la paz no es ni liberal ni conservadora, sino nacional. Fue una consigna afortunada y también un anticipo del método: reencuadrar los debates para que dejaran de ser propiedad de los partidos.
El vértice de la paz
Tomó posesión el 7 de agosto de 1982 y desde ese mismo discurso convirtió la paz en el vértice de su gobierno. El 19 de noviembre de 1982, el Congreso aprobó la Ley 35, una amnistía amplia por delitos políticos para los alzados en armas. Fue una ley de trazo grueso, orientada a quienes depusieran las armas, y sus efectos fueron inmediatos: excarceló a guerrilleros de las FARC, del M-19, del ELN, del EPL, del PLA, de la ORP y del ADO. A mediados del cuatrienio, el propio Betancur calculaba en unos dos mil los amnistiados políticos excombatientes beneficiados por la ley.
Sobre esa base, el gobierno tejió los acuerdos. En 1984, las FARC firmaron un cese al fuego en La Uribe, Meta —el reducto histórico del secretariado comandado por Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas—, y ese mismo año el M-19, el EPL y otros grupos firmaron sus propios tratados. Los diálogos habían sido precedidos por reuniones con dirigentes del M-19 en México y España, donde el presidente ya electo había trazado con ellos los primeros planes. La Comisión de Paz, presidida primero por el expresidente Carlos Lleras Restrepo —heredada del gobierno Turbay— y luego, tras su renuncia por salud, por el exministro Otto Morales Benítez, fue el instrumento institucional del proceso. En paralelo, Betancur obtuvo una Ley de Indulto (Ley 45 de 1985) y estableció en 1983 el Plan Nacional de Rehabilitación (PNR), destinado a atender lo que la retórica oficial llamaba las condiciones objetivas del conflicto: pobreza, aislamiento, ausencia de Estado en las zonas de origen guerrillero.
De esos acuerdos brotó, en mayo de 1985, la Unión Patriótica, movimiento político legal impulsado por las FARC como brazo civil de la desmovilización que apenas asomaba. La UP nació con vocación de representación pluralista y con una promesa implícita: la política sin armas era posible en Colombia. Los años siguientes se encargarían de mostrar el precio.
El proceso, visto en retrospectiva, se desenvolvió sin antecedentes negociadores claros ni una arquitectura previa. El gobierno fue creando de manera sucesiva instancias flexibles —comisiones de verificación del cese al fuego, comisiones de diálogo— a medida que el proceso avanzaba, en una conducción improvisada y fragmentada que compensaba con voluntad lo que le faltaba en método. Y hubo, sobre todo, un problema estructural que ninguna comisión podía resolver: mientras el presidente negociaba, sectores radicales de las Fuerzas Armadas, con una autonomía clandestina manifiesta, promovían la privatización de la lucha contrainsurgente y potenciaban al paramilitarismo naciente. La paz se firmaba en La Uribe y en Corinto; los paramilitares crecían en Puerto Boyacá y en el Magdalena Medio. Betancur presidía un Estado que no controlaba a su propio brazo armado.
Noviembre de 1985
La palabra noviembre pesa en la biografía de Betancur como pesa en pocas biografías presidenciales del siglo XX colombiano. En ese mes, con seis días de diferencia, dos catástrofes le arrancaron al gobierno el aire y a Colombia una parte de sí misma.
El 6 y 7 de noviembre, un comando del M-19 al mando de Luis Otero y Andrés Almarales se tomó el Palacio de Justicia, en el costado norte de la Plaza de Bolívar de Bogotá, con el propósito —según algunas de las versiones que circularon después— de someter al presidente Betancur a un juicio político ante la Corte Suprema por el presunto incumplimiento de los acuerdos de paz. Un testimonio interno del propio movimiento la describió más bien como una operación destinada a forzar el reinicio de las negociaciones. Las dos lecturas coexisten, y ninguna alcanza a explicar del todo el cálculo político de una toma que terminaría siendo, según reconoció después el propio M-19, un error militar y, para casi todos los observadores, un suicidio político.
La operación tenía una sombra adicional. Pablo Escobar había ofrecido financiar la toma —dos millones de dólares que Iván Marino Ospina, entonces uno de los dirigentes del M-19, aceptó— con la condición de que se quemaran los expedientes de extradición y se asesinara a los magistrados favorables al tratado con Estados Unidos. Álvaro Fayad y el propio Marino rechazaron esa exigencia; el dinero, sin embargo, había entrado. La toma quedaría marcada, para la historia, por esa penumbra: un asalto guerrillero cuya financiación se entrelazó con el narcotráfico en un momento en que Colombia empezaba a padecer sus primeras grandes crisis por la extradición.
La respuesta militar fue inmediata y devastadora. La Comisión de la Verdad, décadas después, encontraría indicios de que el operativo de retoma estaba prediseñado: el retiro previo y repentino de la seguridad del edificio y la organización instantánea de la reacción armada sugerían que la fuerza pública había estado esperando el momento. Antonio Navarro Wolff, dirigente sobreviviente del M-19, sostendría que el gobierno de Betancur no estuvo dispuesto a buscar una solución distinta a la rendición o el enfrentamiento armado; que el M-19 envió un comunicado a la Presidencia al día siguiente de iniciada la toma, y que el operativo continuó sin que el gobierno diera señales de negociación.
El saldo fue apocalíptico. Murieron once magistrados de la Corte Suprema de Justicia —entre ellos el presidente de la corporación, Alfonso Reyes Echandía, cuya voz suplicando por el cese al fuego alcanzó a escucharse por la radio antes de ser silenciada—, magistrados auxiliares, empleados judiciales, visitantes, militares y guerrilleros. El número total de víctimas se aproximó a cien, con un margen indeterminado de personas sin identificar y de desaparecidos. Algunos rehenes que salieron con vida del edificio fueron custodiados por miembros de la fuerza pública y aparecieron después muertos, o simplemente no aparecieron; otros fueron torturados en instalaciones militares. La toma y la retoma dejaron, junto con los muertos, la certeza de que el Estado había desaparecido a ciudadanos y magistrados en el corazón mismo de la capital.
Seis días después, el 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz entró en erupción y sus lahares —los flujos de lodo, ceniza y agua que descienden por los cauces cuando el hielo de la cima se derrite— destruyeron Armero, en el Tolima, y otras localidades. Perecieron alrededor de 25.000 personas. Fue, y sigue siendo, el peor desastre natural de la historia de Colombia y la segunda catástrofe volcánica más mortífera del siglo XX en el mundo. Y fue, sobre todo, una catástrofe anunciada: había advertencias previas sobre la actividad del volcán, pero la población no fue alertada a tiempo. Las autoridades temían causar pánico innecesario; los técnicos no lograban predecir con precisión el momento exacto de la erupción; el resultado fue que un pueblo entero se acostó a dormir bajo un cielo que ya estaba lloviendo ceniza.
Los dos hechos, encadenados en menos de una semana, condensaron en imágenes indelebles la fragilidad del Estado que Betancur presidía. Uno de los aparatos estatales latinoamericanos más débiles en presupuesto, capacidad fiscal, integración territorial e infraestructura se veía desbordado simultáneamente por la guerra en su plaza mayor y por una tragedia natural en el corazón del país cafetero. No era casual que una de las primeras decisiones del gobierno, en 1982, hubiera sido renunciar a la organización de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, cuya sede le había sido otorgada en 1974: Colombia no podía. Noviembre de 1985 mostró de manera brutal todo lo que ese no podía significaba.
La huella diplomática y cultural
Antes de que noviembre lo devorara, y en paralelo a las negociaciones internas, el gobierno de Betancur había construido una política exterior de perfil inédito para Colombia. En diciembre de 1982, apenas cuatro meses después de su posesión, los premios Nobel Alfonso García Robles, Alva Myrdal y Gabriel García Márquez, junto con el primer ministro sueco Olof Palme, le dirigieron a él y a otros líderes centroamericanos una carta expresando la esperanza de que se abrieran negociaciones para preservar la paz en la región. García Márquez, que había apoyado al candidato vencido en 1982, puso poco después sus relaciones y buenos oficios a disposición del presidente. Betancur aprovechó ese capital simbólico para insertar a Colombia en una red hemisférica de solidaridad diplomática.
De ahí nació el Grupo de Contadora, iniciativa que reunió a Colombia, México, Panamá y Venezuela en la isla panameña que le dio nombre, con el propósito de mediar en los conflictos centroamericanos —Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras— en plena Guerra Fría, en un momento en que la política estadounidense tendía a militarizar cada crisis del istmo. Las iniciativas de Contadora fijaron metas ambiciosas en democratización, desmilitarización, protección de derechos humanos y desarrollo económico. Sus efectos concretos son discutibles, pero su descendencia institucional no lo es: contribuyeron a la reforma de 1984 de la Carta de la Organización de Estados Americanos, firmada en Cartagena de Indias, que reafirmó la obligación de los Estados americanos de ser democracias representativas, y sentaron las bases del posterior Grupo de Río, que llegaría a considerarse el mecanismo político consultivo más importante de las Américas. Colombia respaldó también los Acuerdos de Esquipulas II y los procesos de paz en El Salvador y Guatemala. La política exterior dejó de ser un apéndice y se volvió una dimensión central del proyecto pacificador.
En el frente interno, Betancur libró otra batalla menos visible pero igualmente reveladora: la del lenguaje. Rompió con la retórica alambicada del oficialismo colombiano de manera análoga —vale la comparación— a como el nadaísmo había roto con la solemnidad de la literatura nacional. Su estilo comunicativo era desembozado, sin arrogancia, dirigido a la persona común, mezclando poesía auténtica con giros que no desentonaban en el habla cotidiana. Sustituyó las reuniones palaciegas y los sacolevas por una imagen campechana: en algún momento se puso al volante de un Renault 4, el carro popular por excelencia, gesto pequeño y elocuente. Buscó estimular el orgullo por las regiones y despertar un fervor nacionalista que no fuera puramente estatal ni militar. Fue un hombre de rupturas, y la primera de todas fue esa: la del estilo. El intento democratizador era sincero, aunque chocara con el peso fósil de la tradición y con la resistencia del país formal a cualquier reforma que le tocara los privilegios.
Red y compañías
En el retrato de Betancur aparecen los rostros que definieron la política colombiana de su tiempo. Su ascenso ocurrió bajo la sombra intelectual de Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez, patriarcas del conservatismo que él primero heredó y luego desbordó. En 1982 se midió con Alfonso López Michelsen, el gran patricio del liberalismo que quiso monopolizar el discurso de la paz; en 1986 le entregaría el poder a Virgilio Barco, del liberalismo. Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano y candidato conservador al que había derrotado internamente, encarnó el ala más beligerante del partido durante buena parte del cuatrienio. Luis Carlos Galán, liberal disidente que aparecería como voz de la renovación política, sería asesinado tres años después de terminado el gobierno Betancur, en 1989, en la escalada de violencia que el proyecto de paz frustrado no logró contener.
Del lado de las guerrillas, Betancur trató directa o indirectamente con Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, del secretariado de las FARC atrincherado en Casa Verde, en La Uribe; con Iván Marino Ospina, Álvaro Fayad y Andrés Almarales, del M-19, que firmaron acuerdos con su gobierno y algunos de los cuales murieron en la toma del Palacio de Justicia o en operativos posteriores. En el Palacio murió también Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema, y en los años siguientes serían asesinados el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla —muerto en 1984 por sicarios del narcotráfico en pleno gobierno de Betancur— y el exministro Enrique Low Murtra, en un ciclo de violencia contra la dirigencia judicial que la política de paz no alcanzó a frenar.
Su vida privada estuvo marcada por Rosa Helena Álvarez, su esposa, y por la tragedia posterior de Diana Turbay —hija de su rival Julio César Turbay Ayala, periodista y directora de la revista Hoy por Hoy, secuestrada por Los Extraditables de Pablo Escobar y muerta en 1991 durante un operativo de rescate—, episodio que ilustra hasta qué punto las líneas familiares y políticas de esa élite terminaron atravesadas por la violencia del narcotráfico. Los lugares de su biografía dibujan un mapa: Amagá y Medellín en la formación; Bogotá y el Palacio de Nariño en el poder; el Palacio de Justicia y Armero en la tragedia; La Uribe, Casa Verde y la Isla de Contadora, en Panamá, en la diplomacia; Madrid en los diálogos preliminares con el M-19; Ibagué, en el Tolima, en el gesto final de contrición.
La posteridad
Terminado su mandato en agosto de 1986, Betancur regresó a la vida civil sin ocupar cargos de primera línea. Su relación con el episodio del Palacio de Justicia se convirtió, con los años, en el eje de la disputa por su legado. Juan Manuel Santos —entonces columnista, luego presidente— defendió públicamente su gestión durante la retoma desde los editoriales de El Tiempo; dirigentes liberales como Virgilio Barco y César Gaviria la criticaron con dureza. Betancur, entretanto, guardó un silencio largo y llamativo. La Comisión de la Verdad lo describiría como un silencio perpetuo, y no le faltaba razón: durante décadas rehuyó pronunciarse en detalle sobre lo ocurrido en el edificio.
En el terreno judicial internacional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por la violación a la libertad personal, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas vinculadas al caso. El expediente había llegado a la Corte precisamente por la falta de avances judiciales dentro del país. En 2015, treinta años después, el presidente Juan Manuel Santos pidió perdón públicamente en nombre del Estado colombiano en un acto relacionado con el caso. A finales de ese mismo año, en Ibagué, el propio Belisario Betancur pidió perdón públicamente por primera vez. Fue un gesto tardío, incompleto para muchos —no zanjó las preguntas sobre las decisiones específicas tomadas durante las horas de la retoma—, pero rompió el silencio.
Murió en Bogotá en 2018, a los 95 años. La memoria política que dejó es tensa, y sigue siéndolo. Fue el presidente que introdujo, con más ambición que ningún antecesor reciente, la idea de que la guerra colombiana podía terminarse por la vía negociada, y que consiguió amnistías, indultos y acuerdos que anticiparon —con todos sus defectos— la arquitectura de los procesos posteriores. Fue el gobernante bajo cuyo mandato surgió la Unión Patriótica, cuyo posterior exterminio se convertiría en una de las heridas abiertas de la democracia colombiana. Fue el estadista que insertó a Colombia en una red hemisférica de diplomacia por la paz, y el poeta antioqueño que le habló al país en una lengua distinta a la del oficio.
Y fue también el presidente en cuyo mandato el Palacio de Justicia ardió, Armero fue sepultada, el paramilitarismo se consolidó bajo la autonomía clandestina de sectores de las Fuerzas Armadas, y la reconciliación quedó pospuesta por otra generación. El fracaso del proceso de paz de Betancur no fue producto de su falta de voluntad ni de su falta de visión: fue el resultado de un Estado demasiado débil para imponerse a sus propios militares, de unos actores armados —el M-19 en primer lugar— que no renunciaron a la violencia como instrumento político, y también, en la hora decisiva, de las decisiones contingentes de un presidente que optó por la rendición o el enfrentamiento cuando quizá hubo margen para otra cosa. Esa mezcla de convicción, contexto adverso y responsabilidad personal es la que hace de su gobierno un caso tan discutido y, al mismo tiempo, tan seminal.
Colombia siguió teniendo, después de él, presidentes de la paz. Ninguno olvidó, sin embargo, la lección de noviembre de 1985: que la paz, cuando no viene acompañada del control efectivo del Estado sobre su propio brazo armado y sobre los actores que dicen buscarla, corre el riesgo de convertirse en el escenario de las tragedias más completas. Belisario Betancur pagó ese precio primero. Su figura, con sus luces largas y sus sombras densas, sigue siendo la referencia contra la cual se miden todas las apuestas posteriores por terminar la guerra en Colombia.
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Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 38 fragmentos01Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2721 cita
[1]a las que también se impusieron ca rgas financieras elevadas para co mprar más empresas. Las operaciones del holding llevaron a la quiebra de las in st ituciones financieras y el grupo cayó como un castillo de naipes. El esclarecimiento del episodio del <czarpazo,> del Grupo Gran Co lombiano ahondó, sin duda, la…
p. 272
02Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · Página 271 cita
[2]en lo económico, lo social y lo político. Su gobierno se vio empañado por la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y por la tragedia de Armero. Dalita Navarro, la segunda esposa de Betancur, alguna vez contó lo siguiente con mucha gracia: “Yo le he dicho a Belisario que si alguno de los dos muere, me voy a vivir a…
p. 27
03Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2731 cita
[3]hasta la casa donde residía transitoriamente. Con todo, aquello se convertía en un símbolo de la lucha que le tenía reservada el futuro, a lo largo de la cual buscaría afanosa- mente escalar posiciones de importancia en la sociedad, hasta alcanzar un sueño que comenzó a contemplar disimuladamente: la presidencia de la…
p. 273
04Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 1091 cita
[4]que se suprima en ese neocorporativismo su forma plutocrática. B ELISARIO Belisario Betancur fue un ejemplo de persistencia en la política. Las derrotas no le hacían mella y al otro día aparecía rozagante, entusiasta y de nuevo en la brega. Belisario fue hombre de rupturas. La primera, el estilo, su lenguaje, su…
p. 109
05La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 401 cita
[5]Betancur, elegido para el periodo 1982-1986, quien quiso consagrarse como el presidente de la paz. Bajo su administración se lanzó el primer gran proceso de diálogo con las guerrillas que se habían formado casi veinte años atrás. Sin embargo, las guerrillas ya no eran las mismas de la década del setenta. El…
p. 40
06Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 12 citas
[6]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
p. 1
[7]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…
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07Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2931 cita
[8]to control inflation Journal Alternativa founded with leftist democratic character Colombian Chronology, 1810–1991 277 Year Politics Society and Economy Culture and Science 1975 — National civil strike — Diplomatic relations with Cuba re- established — Eighteen-year- olds declared legal citizens — Economic program…
p. 293
08Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 731 cita
[9]nacional se convirtió en un componente central de la agenda nacional desde aquel entonces. El nuevo man datario, Belisario Betancur, proveniente de las filas conservadoras aunque candidato de un movimiento suprapartidista gracias al apoyo de la Anapo y otras fuerzas minoritarias que conformaron el llamado Movimiento…
p. 73
09El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 1432 citas
[10]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…
p. 143
[11]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…
p. 143
10La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · Página 101 cita
[12]Belisario Betancur presentó, entre sus propuestas, la de buscar la paz con la guerrilla. Una vez elegido, hizo contacto con las distintas organizaciones subversivas y se reunió, en México y en España, con dirigentes del M-19, con el cual trazó los planes para alcanzar el objetivo indicado. En los años setenta, el M-19…
p. 10
11Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 5021 cita
[13]Betancur. Durante su administración se propone una nueva conducta en el manejo de los pro- blemas nacionales. Una nueva mentalidad que reclama cambios y reformas políticas y sociales, que reconoce la necesidad de dialogar y negociar para poner punto final al conflicto armado, se abre paso en la opinión pública. Para…
p. 502
12Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · Página 1181 cita
[14]La izquierda: entre la política y las armas Durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) se produjo un hecho inesperado que iba en contravía de las predicciones de la izquier- da con respecto a un mayor endurecimiento del régimen político. In- mediatamente después de asumir la Presidencia el 7 de agosto de…
p. 118
13Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 135, 1442 citas
[15]país, culminara en la reconci- liación nacional. El impacto inicial fue de sorpresa en la opinión pública, en la élite del poder y en la misma guerrilla, pues en tres meses el gobierno ha- bía arrebatado la “bandera de la paz” al M -19. Cómo conducir un proceso político diametralmente opuesto al énfasis…
p. 144
[17]poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…
p. 135
14Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 511 cita
[16]de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…
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15Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 671 cita
[18]las organizaciones subversivas” y “se consideraron obligados a asumir la defensa del establecimiento” (Velásquez, E., 2007, página 138). En esta coyuntura de división ideológica se produjo una pro- funda radicalización política “que se manifestó en la exacerbación de autoritarismos regionales y en una creciente…
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16¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 1671 cita
[19]se beneficiaron gue- rrilleros de las FARC, M -19, ELN, EPL, del PLA (Comando Pedro León Arboleda), de la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) y de la ADO (Autodefensa Obrera), que fueron excarcelados. El número de beneficiarios varía dependiendo de la fuente, sin embargo, en la mitad de su gobierno, Betancur,…
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17Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 1581 cita
[20]así como pactar la creación de un movimiento político, la Unión Patriótica, que recibiría en la legalidad a los guerrilleros que se desmovilizaran con los acuerdos. También consiguió comenzar un diálogo con los guerrilleros del M19. Como presidente, Belisario intentó despertar un fervor nacionalista, estimular el…
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18Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 231 cita
[21]los sectores, y a ellos tenía que hacer frente uno de los estados latinoamericanos más débiles, considerando el presupuesto de la nación, la capacidad fiscal, la integración territorial, la infraestructura física o la calidad de las Fuerzas Armadas. Quizás una pequeña muestra de este desbordamiento que padecía el…
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19El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · Página 11 cita
[22]MEMORIA VIVA EiPalacio de Justicia El M*!9 invade el Palacio de Justicia en noviembre de 1985 y toma como rehenes a cientos de civiles, entre quienes se encuentra la mayor par te de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado, en un «golpe revolucionario publicitario»-un espectáculo que se…
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20Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 912 citas
[23]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
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[24]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
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21Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 1292 citas
[25]del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…
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[26]del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…
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22Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 841 cita
[27]a la fuerza las instalaciones del Palacio de Justicia en donde se encontraban las sedes de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. El grupo guerrillero buscaba someter al entonces Presidente de la República, Belisario Betan- cur Cuartas, a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las…
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23Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Página 821 cita
[28]para mí en el recuerdo, pues nunca volví a ser polí- tico allá, a pesar de que más adelante la población apoyó mis campañas electorales. No regresé hasta cuando fui a hacer la paz con el M-19 años más tarde. Las primeras visiones que tuve de La Modelo me atemori- zaron. Vi la realidad del país concentrada en una…
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24No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2071 cita
[29]Palacio de Justicia se perdieron casi cien vidas y se mancilló al poder judicial, en un acto que significó un suicidio político para el M-19, aunque esta guerrilla solo lo admitió como un error militar. A Belisario Betancur le costó el silencio perpetuo hasta su muerte en 2018. Finalmente, por la falta de suficientes…
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25Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 551 cita
[30]y decenas de víctimas mortales, incluyendo once magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Eso fue un golpe mortal en el ánimo del país. Recuerdo que los líderes liberales Virgilio Barco y César Gaviria, que luego serían presidentes, criticaron agriamente la forma en que Belisario manejó el tema, en particular, la…
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26Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 2471 cita
[31]someterse ajuicio, estando los compañeros armados, ahí adentro. La respuesta a este punto era decir no, de manera que se eliminara esa petición. 5 En la toma del Palacio de Justicia murieron once magistrados de la Corte, tres magistrados auxiliares, doce auxiliares de los magistrados de la Corte, un magistra do…
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27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4581 cita
[32]en los hechos. Está comprobado que este último salió con vida del Palacio de Justicia, custodiado la impunidad como factor de persistencia del conflicto armado 459 por miembros de la fuerza pública y luego apareció asesinado 915. Dos miembros del M-19 también salieron con vida: uno reapareció muerto en el Palacio y la…
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28Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1341 cita
[33]podía predecir con precisión cuándo entraría en erupción un volcán. Las medidas preventivas podían resultar demasiado costosas y causar pánico, por eso, a menos de que hubiera señales más claras e inminentes de peligro, no se podía tomar ninguna medida. En consecuencia, nadie alertó a la población local sobre la…
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29Colombia bizarraPirry · 2022 · Página 1301 cita
[34]los comandos satélites, que pocos sabían dónde estaban. Las autoridades encontraron suficiente evidencia para que la Corte pudiera condenar a la política. Lo que pasó después con Merlano, su fuga y recaptura en Venezuela, es un novelón que merece capítulo aparte. L EL BUSCADOR DE LOS NIÑOS PERDIDOS DE ARMERO a…
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30Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3661 cita
[35]a España Se termina la autopista Bogotá- Medellín 1984 Huelga civil nacional Éxodo capitalino crea crisis Colombia, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Comisión de Paz y FARC firman acuerdo en La Uribe, Meta Se implementa impuesto al valor agregado (IVA) Primer…
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31Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 831 cita
[36]de hace dos generaciones y que se había cor- tado por la presencia de Franco y por la hegemonía norteamericana en América. En diciembre de 1982, tres premios Nobel, Alfonso García Robles, Alva Myrdal y Gabriel García Márquez, y el primer ministro del gobierno socia- lista sueco, Olof Palme, les dirigieron una carta a…
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32Colombia: Essays on Conflict, Peace, and DevelopmentAndres Solimano (Editor) · 2000 · Página 121 cita
[37]political support and backing for such significant Latin American peace initiatives as the Contadora Group for Central America and the Esquipulas II Accord, and as a supporter nation to the peace processes in El Salvador and Guatemala. These peace initiatives were recognized for having set ambi- tious goals, not only…
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33Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 3791 cita
[38]1982 to begin this process in earnest. During the government of President Turbay Ayala (19781982), guerrilla actions, especially those instigated by the M-19, reached new, unexpected levels compared to the previous decade. It was during this period, for example, that the M-19 stole hundreds of weapons from the army's…
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