Guardia Indígena Nasa y Comunidades de Paz como soberanías civiles desarmadas (2002–2015)
Durante la Política de Seguridad Democrática y el proceso de paz de La Habana, la Guardia Indígena Nasa del norte del Cauca y las Comunidades de Paz de San José de Apartadó, el Cacarica y Puente Nayero (Buenaventura) desarrollaron modelos de soberanía civil desarmada que rechazaron simultáneamente al Estado, las guerrillas y los paramilitares, ejerciendo gobierno territorial propio mediante bastones de mando, neutralidad activa y acompañamiento humanitario internacional. Estas experiencias anticiparon la noción de 'paz territorial' recogida en el Acuerdo Final de 2016.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 2002–2015 (con antecedentes desde 1997 y raíces en el CRIC de 1971)
- Dónde
- Norte del Cauca, Toribío, Cauca, San José de Apartadó, Corinto, Cerro Berlín, Piendamó, Caldono, Coconuco, Puracé, Silvia, Inzá
- Protagonistas
- Javier Giraldo, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos, Guardia Indígena Nasa, Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), Comunidad de Paz de San José de Apartadó, Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad del Cacarica (CAVIDA), Espacio Humanitario de Puente Nayero, Aida Quilcué, Feliciano Valencia, Luis Eduardo Guerra, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La prolongada disputa territorial del pueblo nasa —heredera del programa de Manuel Quintín Lame (1939) y del CRIC (1971)— que exigía recuperar resguardos, fortalecer cabildos y rechazar el terraje, creó una institucionalidad comunitaria capaz de sostener formas de gobierno propio frente a actores armados.
- La militarización del territorio colombiano bajo la Política de Seguridad Democrática (2002–2010) y la ausencia o complicidad del Estado frente a paramilitares y guerrillas dejaron a comunidades rurales e indígenas sin protección efectiva, impulsándolas a organizarse autónomamente.
- El ciclo de resistencia civil no armada iniciado el 28 de mayo de 1999 en Piendamó —cuando manifestantes expulsaron a una columna de las FARC— y las acciones espontáneas de 2000–2002 en Caldono, Coconuco, Puracé, Silvia e Inzá demostraron la viabilidad de la confrontación desarmada e impulsaron la institucionalización de la Guardia Indígena.
- La experiencia del Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), desmovilizado en 1991, dejó como lección política la renuncia a la lucha armada y ratificó el carácter pacífico de la resistencia nasa, convirtiendo el bastón de mando en sustituto deliberado del fusil.
- La expansión paramilitar violenta entre 1997 y 2004 —más de 150.000 homicidios y desapariciones forzadas y más de 3,5 millones de desplazados en Colombia— y el desplazamiento forzado masivo de comunidades del Cacarica en 1997 obligaron a poblaciones campesinas y afrodescendientes a crear mecanismos colectivos de autoprotección como las Comunidades de Paz.
- La presencia de economías ilegales —laboratorios de coca, corredores de tráfico de armas— en los resguardos del norte del Cauca y en las zonas de Urabá y el Pacífico generó una presión constante de actores armados sobre las comunidades, que respondieron con expulsiones y declaraciones de neutralidad activa.
Consecuencias
- En julio de 2012, la Guardia Indígena Nasa juzgó a milicianos de las FARC encontrados con explosivos y expulsó al Ejército colombiano de su campamento en el Cerro Berlín (Toribío), evidenciando ante el país la existencia de una soberanía territorial civil incompatible con la soberanía estatal y guerrillera.
- La Comunidad de Paz de San José de Apartadó sufrió persecución sistemática: el líder Luis Eduardo Guerra y siete miembros —incluidos niños— fueron asesinados en febrero de 2005 en un operativo con participación de estructuras militares y paramilitares, y en 2008 se documentaron amenazas paramilitares con presencia policial pasiva.
- El 16 de diciembre de 2008, soldados del Ejército asesinaron a José Edwin Legarda Vásquez, compañero de la lideresa Aída Quilcué, cerca de Popayán; siete militares fueron acusados de homicidio en persona protegida por el DIH, ilustrando el costo personal del liderazgo en estos procesos.
- Las comunidades del Cacarica/Jiguamiandó recurrieron al Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos y obtuvieron atención de la CIDH, internacionalizando el modelo de Comunidades de Paz y Zonas Humanitarias como categoría jurídico-política reconocible.
- El pueblo nasa recibió el Premio Nacional de Paz en 2000 y 2004, el Premio Ecuatorial de Naciones Unidas en 2005 y fue nominado al Nobel de Paz en 2007, construyendo un andamiaje de legitimidad internacional que operó como escudo parcial frente a la violencia.
- Los modelos de neutralidad activa, gobierno comunitario y expulsión de actores armados desarrollados entre 2002 y 2015 fueron incorporados conceptualmente en la noción de 'paz territorial' del Acuerdo Final de La Habana (2016), que reconoció la necesidad de transformaciones estructurales en los territorios más afectados por el conflicto.
- La constitución del Espacio Humanitario de Puente Nayero en Buenaventura (abril de 2014), iniciada con el desmonte de una 'casa de pique', extendió el modelo de Comunidades de Paz al contexto urbano-portuario del Pacífico colombiano, demostrando su adaptabilidad más allá de los contextos rurales e indígenas.
La clave interpretativa
Por qué importa
La Guardia Indígena Nasa y las Comunidades de Paz constituyen el caso latinoamericano más documentado de soberanía civil desarmada ejercida en condiciones de guerra activa: no son expresiones de pacifismo abstracto sino formas concretas de gobierno territorial que controlaron espacios, expulsaron actores armados y administraron justicia propia sin recurrir a las armas. Su importancia histórica radica en que anticiparon —y en parte forzaron— el reconocimiento de que la paz en Colombia requería transformaciones territoriales desde abajo, noción que el Acuerdo Final de 2016 recogió bajo el concepto de 'paz territorial'. Al mismo tiempo, el precio pagado —asesinatos de líderes, estigmatización estatal, persecución paramilitar— documenta la violencia estructural que el Estado colombiano y los actores armados ejercieron contra quienes se negaron a ser gobernados por ninguno de ellos.
Desarrollo histórico
La historia completa
Guardia Indígena Nasa y Comunidades de Paz: soberanías civiles desarmadas en Colombia (2002–2015)
Entre 2002 y 2015, mientras la Política de Seguridad Democrática militarizaba el territorio colombiano y La Habana ensayaba una salida negociada al conflicto con las FARC, tres experiencias comunitarias sostuvieron a la vez lo que ningún actor armado del país aceptaba: que la soberanía sobre un territorio podía ejercerse sin armas y rechazando por igual a guerrillas, paramilitares y fuerza pública. La Guardia Indígena Nasa del norte del Cauca —cuadrillas civiles con bastones de mando bajo autoridad del cabildo— y las Comunidades de Paz de San José de Apartadó (1997), del Cacarica (1997) y de Puente Nayero, en Buenaventura (2014), formalizaron, cada una a su modo, una neutralidad activa que no era pacifismo abstracto sino gobierno cotidiano: control de asambleas, expulsión de laboratorios de coca, prohibición de ingreso a hombres armados, acompañamiento humanitario internacional. En ese arco, esas comunidades anticiparon la noción de paz territorial que el Acuerdo Final de 2016 recogería después, pagando el precio de ser blanco de todos los ejércitos a la vez.
La densidad larga: Quintín Lame, la Ley 89 de 1890 y el CRIC
La Guardia Indígena Nasa no fue invento del siglo XXI. Se apoyó en una arquitectura política que el pueblo nasa había pulido durante décadas, y que a su vez remitía a resistencias mucho más antiguas frente al despojo territorial y al terraje —el trabajo servil que los indígenas debían a los hacendados por vivir en tierras que consideraban suyas.
En la primera mitad del siglo XX, Manuel Quintín Lame formuló un programa cuyos puntos esenciales siguen siendo, un siglo después, la columna vertebral del movimiento indígena caucano: recuperar y ampliar las tierras de los resguardos, fortalecer los cabildos como autoridad propia, no pagar terrajes. Lame escribió sus reflexiones en 1939; sus manuscritos permanecieron inéditos hasta 1971, año en que fueron publicados por primera vez. La fecha no es casual. Ese mismo año, en el municipio caucano de Toribío y en un contexto atravesado por las luchas por la tierra que la Asociación de Usuarios Campesinos (ANUC) impulsaba en distintas regiones, se fundó el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que institucionalizó la lucha del pueblo nasa —el grupo mayoritario entre las etnias del departamento— y de otras comunidades caucanas. El CRIC se reconoció explícitamente heredero del programa de Lame.
Las banderas de esa herencia se ampliaron: a la recuperación territorial y el fortalecimiento del cabildo se sumaron la defensa de las prácticas culturales, la educación en lenguas propias y la búsqueda de representación indígena en el Congreso. Pero el núcleo era, y sigue siendo, territorial. Sin tierra colectiva, gobernada por cabildos elegidos, no hay pueblo nasa que preservar.
La Constitución de 1991 marcó un umbral. Con la participación indígena en la Asamblea Nacional Constituyente y el reconocimiento del pluralismo étnico, se abrió un espacio jurídico que el pueblo nasa aprovechó de inmediato. En los años siguientes ganaron alcaldías en Toribío, Caldono y Caloto; en 1998, Toribío recibió el premio nacional de planeación al mejor municipio del país. Los reconocimientos siguieron llegando en la década siguiente: premio nacional de paz en 2000 y 2004, premio ecuatorial de las Naciones Unidas para pueblos indígenas en 2005, nominación al Nobel de Paz en 2007. Ese aparato de premios y reconocimientos internacionales no era decorativo: era el andamiaje de legitimidad global que blindaba, en parte, un proceso local acorralado por las armas.
De ese acumulado —Ley 89 de 1890 que reconocía los resguardos, programa de Lame, CRIC de 1971, cabildos consolidados, alcaldes propios, Constitución de 1991— emerge la Guardia Indígena. No como novedad, sino como una capa más de institucionalidad frente a una guerra que, entrado el nuevo siglo, se cerraba sobre los resguardos.
Cerro Berlín, bastones de mando: la Guardia como gobierno
La Guardia Indígena empezó a consolidarse en la Zona Norte del Cauca y se extendió después a todas las zonas indígenas del departamento. Su emblema es el bastón de mando, símbolo de autoridad heredado del cabildo, no un arma. Sus integrantes son hombres y mujeres de las comunidades, sin remuneración, que asumen turnos rotativos bajo la orientación del cabildo respectivo.
Sus funciones son de gobierno territorial en el sentido más literal. La Guardia controla las asambleas y movilizaciones comunitarias, traslada heridos en zonas de combate, expulsa laboratorios y cocinas de procesamiento de drogas instalados por actores armados en los resguardos. Cuando comunidades indígenas del Cauca participaron en la liberación de personas secuestradas por las FARC en operaciones que llevaron a delegaciones a departamentos vecinos, incluido el Caquetá, la Guardia fue parte del dispositivo civil que hizo posibles esos desplazamientos en medio de la guerra.
El episodio más nítido del período fue la Minga de Resistencia de julio de 2012 en Toribío y Corinto. En medio de combates prolongados entre el Ejército y las FARC que devastaban los cascos urbanos, la Guardia Indígena Nasa juzgó, según su justicia propia, a milicianos de la guerrilla encontrados con explosivos, y expulsó al Ejército de su campamento en el Cerro Berlín, montaña sagrada para los nasa en el municipio de Toribío. Las imágenes de comuneros con bastones desmontando trincheras militares y encarando a soldados armados dieron la vuelta al país. La respuesta del gobierno de Juan Manuel Santos osciló entre el reconocimiento tácito de la autonomía y la denuncia mediática de que la Guardia obstaculizaba la lucha contrainsurgente. La disputa reveló lo que el proceso llevaba años planteando: dos concepciones incompatibles de soberanía sobre un mismo territorio.
Esas confrontaciones no fueron gratuitas. El norte del Cauca era zona de alta prioridad estratégica para las FARC. Los corredores de alta montaña del Macizo Colombiano permitían la movilidad de tropas, armas y economías ilegales entre el suroccidente y otras regiones. En los años 2000, el suroccidente colombiano —Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Putumayo— fue precisamente la zona hacia donde se desplazó con mayor intensidad el conflicto. Sobre ese terreno, la Guardia Indígena impuso una regla incómoda para todos: aquí manda el cabildo, y el cabildo no negocia con hombres armados.
El ciclo de resistencia civil que hizo posible la Guardia había comenzado antes. El 28 de mayo de 1999, en Piendamó, manifestantes indígenas expulsaron a una columna de las FARC que había intentado incorporarse a un acto de protesta popular. Entre 2000 y 2002 se produjeron numerosas acciones espontáneas de confrontación desarmada con columnas guerrilleras en Caldono, Coconuco, Puracé, Silvia e Inzá. Esas acciones —no siempre coordinadas centralmente— dejaron dos convicciones asentadas: que las comunidades podían frenar el paso de tropas irregulares sin usar armas, y que ese poder requería institucionalizarse. La Guardia Indígena fue esa institucionalización.
En su formulación política, la Guardia y el conjunto del proceso nasa avanzaban hacia lo que llamaron un Territorio Autónomo Indígena en el marco del derecho propio: integrado a la sociedad global y al Estado colombiano, pero conservando autonomía sobre el gobierno interno, la administración de justicia, la economía comunitaria y la relación con la Madre Tierra. Esa última noción no era retórica ambientalista. En el proceso conocido como Liberación de la Madre Tierra, comunidades nasa emprendieron la recuperación de tierras históricamente vinculadas a sus ancestros y ocupadas por ingenios azucareros como Incauca, en un conflicto con el gremio agroindustrial —Asocaña, Incauca— que produjo capturas, torturas, judicializaciones, fumigaciones de huertos, ofrecimiento de recompensas por asesinar a liberadores y combates entre Ejército y guerrillas en las fincas liberadas. La disputa por la tierra, en el corazón del programa que Lame había formulado en 1939, seguía abierta con métodos actualizados.
Hay una experiencia previa que la memoria nasa no oculta y que explica el carácter desarmado de la Guardia. En los años ochenta, ante los asesinatos de líderes —entre ellos el sacerdote Álvaro Ulcué Chocué en 1984— y la ausencia estatal, un sector del movimiento indígena constituyó el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), guerrilla indígena que se desmovilizó en 1991 en el marco de las negociaciones del gobierno de César Gaviria y participó en la Asamblea Constituyente. Esa experiencia, contradictoria y dolorosa, tuvo un efecto largo: erradicó la lucha armada como opción de autoprotección y ratificó el carácter pacífico de la resistencia colectiva del pueblo nasa. La Guardia recogió esa lección; el bastón sustituyó al fusil no por debilidad sino por decisión política tomada tras haber probado ambos caminos.
San José de Apartadó, 1997: neutralidad activa bajo asedio
Mil kilómetros al norte, en el Urabá antioqueño, otra experiencia de soberanía civil desarmada tomaba forma con genealogía distinta. Allí no había cabildos tricentenarios ni resguardos coloniales. Había campesinos pobres, muchos afrodescendientes, colonos recientes y una violencia paramilitar que en la segunda mitad de los noventa desplazó comunidades enteras.
La Comunidad de Paz de San José de Apartadó fue fundada el 23 de marzo de 1997 con la firma de su declaración de principios por aproximadamente 500 personas; en total, el proceso integraba unos 1.400 habitantes de la zona. Su fundación contó con el respaldo del obispo de Apartadó, monseñor Isaías Duarte Cancino —después arzobispo de Cali, asesinado en 2002—, y con el acompañamiento sostenido de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, dirigida por el jesuita Javier Giraldo, que venía del CINEP y había documentado la masacre de Trujillo. Esa infraestructura eclesial no fue decorativa: fue condición de posibilidad de la experiencia.
El principio fundacional era la neutralidad activa: prohibición del ingreso de cualquier actor armado a la zona, sin excepciones. Los reglamentos internos mencionaban explícitamente a las FARC y al Ejército; la exclusión de los paramilitares se desprendía del principio general. La actividad económica y los servicios públicos se organizaron comunalmente. Nadie podía portar armas dentro del perímetro.
El fundamento jurídico invocado era el principio de distinción del Derecho Internacional Humanitario entre combatientes y no combatientes. Pero la fundamentación política era más honda: la Comunidad de Paz constituía un acto de autodeterminación mediante el cual los habitantes se reconocían como sujetos políticos que reivindicaban su posición en el conflicto y proclamaban no apoyar a ningún actor armado, incluido el Ejército nacional. Esa última cláusula fue la que atrajo el rencor del Estado. Para el gobierno colombiano —cualquiera que fuera— era inaceptable que una comunidad rural declarara al Ejército como un actor más del conflicto del cual convenía protegerse.
Bajo el gobierno de Álvaro Uribe (2002–2010) esa incompatibilidad se agudizó. La Política de Defensa y Seguridad Democrática subsumió bajo la lógica del control territorial estatal cualquier política de paz o de derechos humanos, y rompió con la búsqueda de solución política negociada al conflicto que gobiernos anteriores habían intentado. Sus objetivos declarados —control territorial del Estado, eliminación del narcotráfico, fortalecimiento de la fuerza pública— se tradujeron en retenes militares, allanamientos, detenciones arbitrarias y ocupación militar de escuelas, parques y centros culturales en amplias zonas rurales, subordinando la vida cotidiana a una lógica de guerra estatal. El componente ofensivo, el Plan Patriota, diseñado desde el Comando Sur de Estados Unidos con participación de militares y contratistas estadounidenses, buscó recuperar el control de los territorios de influencia de los Bloques Sur y Oriental de las FARC, operando principalmente en los llanos del Yarí y el río Caguán. El Congreso estadounidense autorizó hasta 800 miembros de Fuerzas Especiales en Colombia y eliminó el límite sobre mercenarios de Compañías Militares Privadas dentro del Plan Colombia. Uribe expandió las Fuerzas Militares y de Policía en unos 96.000 nuevos reclutas y creó batallones de alta montaña.
En ese marco, una comunidad que se declarara neutral frente al Ejército era vista, en el mejor de los casos, como obstáculo; en el peor, como fachada de la guerrilla. La estigmatización se convirtió en violencia. Entre 1997 y 2004, la expansión paramilitar violenta dejó en Colombia más de 150.000 homicidios y desapariciones forzadas y más de 3,5 millones de desplazados forzados. Sobre San José de Apartadó, el patrón territorial se consolidó hacia finales de los noventa y comienzos de los 2000: los paramilitares fueron tomando las zonas urbanas y las rutas de acceso, mientras las FARC mantenían presencia en las zonas montañosas. La Comunidad de Paz quedó entre dos frentes.
Los hitos de la persecución son documentables. El líder Luis Eduardo Guerra, junto con siete miembros de la Comunidad —incluidos niños—, fue asesinado en febrero de 2005 en un operativo cuya autoría involucró a estructuras militares y paramilitares. En abril de 2008, durante todo un día, paramilitares recorrieron San José amenazando a habitantes; el 20 de ese mes, cuatro paramilitares dijeron a Alberto García que si no vendía sus tierras negociarían la compra con su viuda. Testigos señalaron contactos entre esos paramilitares y agentes de la policía. Los grupos armados ilegales pos-AUC —surgidos tras la desmovilización nominal de las Autodefensas Unidas de Colombia en 2003–2006— desplegaron en el suroccidente y el Urabá un repertorio de homicidios selectivos, desapariciones forzadas, amenazas, restricciones a la movilidad y al acceso a bienes indispensables, estigmatizaciones y accidentes con minas antipersonal.
A pesar de todo, la Comunidad no se disolvió. Sostuvo sus zonas humanitarias, mantuvo la prohibición de ingreso de hombres armados, produjo cacao y otros cultivos bajo esquemas cooperativos, y construyó una red internacional de acompañamiento que incluyó organizaciones europeas y norteamericanas de solidaridad. Peace Brigades International (PBI), presente en Colombia y que ya acompañaba físicamente a defensores como Madero, de CREDHOS, en Barrancabermeja, incluyó a comunidades urabaenses en su dispositivo de protección por presencia.
Cacarica: el retorno como fundación
En la cuenca del río Cacarica, en el Bajo Atrato chocoano, la Comunidad de Paz nació del trauma y del retorno. Entre el 24 y el 28 de febrero de 1997, en el marco de la operación militar conocida como Génesis, comunidades afrodescendientes y campesinas de Riosucio sufrieron un desplazamiento forzado masivo en operaciones donde existió coordinación operativa entre estructuras paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y unidades del Ejército. Más de 4.000 personas fueron desplazadas en esas semanas. El 17 de diciembre del mismo año, aproximadamente 200 paramilitares remontaron el caño Jiguamiandó y recorrieron caseríos como Santa Fe de Churima, Bella Flor de Remacho, Curvaradó y Brisas de Curvaradó, generando nuevos desplazamientos en las cuencas del Jiguamiandó y el Curvaradó.
Las mil familias desplazadas del Bajo Atrato en aquellas semanas eran campesinos afrodescendientes muy pobres, sin conexiones ni influencia, lo que facilitó los vejámenes y la desatención de las autoridades militares regionales. Las ACCU expandían su presencia por el Urabá chocoano y antioqueño respondiendo a la ofensiva de las FARC y a intereses vinculados a grandes proyectos de infraestructura y agronegocios en la región. El control territorial no era gratuito: quien controlaba el Bajo Atrato controlaba corredores estratégicos hacia el Pacífico y hacia Panamá.
Al organizar su retorno, las comunidades del Cacarica no volvieron como habían salido. Se agruparon en Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad (CAVIDA), declararon Comunidades de Paz y Zonas Humanitarias, y proclamaron neutralidad activa frente a todos los actores del conflicto, incluida la fuerza pública. No todas las 23 comunidades originales fueron repobladas; el proceso continuó organizativamente durante las dos décadas siguientes, apoyado también por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz.
Ante la impunidad y las amenazas sostenidas, CAVIDA recurrió al Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos. El caso llegó a la Corte Interamericana, que emitió sentencia el 20 de noviembre de 2013 en el caso de las comunidades afrodescendientes desplazadas de la cuenca del río Cacarica —conocido internacionalmente como Operación Génesis vs. Colombia—, declarando la responsabilidad del Estado colombiano por las violaciones cometidas. La sentencia no cerró la persecución, pero convirtió a Cacarica en referente jurídico internacional del despojo territorial afrodescendiente y del uso de mecanismos supranacionales por comunidades de resistencia.
Puente Nayero, 2014: la Comunidad de Paz urbana
La última de las tres experiencias, y la más joven, se instaló en un contexto radicalmente distinto: una calle de Buenaventura, la ciudad portuaria del Pacífico. En abril de 2014, en la calle conocida como El Puente Nayero, en el barrio La Playita, familias afrodescendientes constituyeron el Espacio Humanitario de Puente Nayero, respaldadas por organizaciones de derechos humanos, iglesias y organizaciones internacionales.
El detonante fue el desmonte de una casa de pique —vivienda usada por grupos armados urbanos para desmembrar personas, práctica que en aquellos años transformó Buenaventura en símbolo internacional de la violencia paramilitar posdesmovilización—. Sobre ese acto simbólico y físico, los habitantes construyeron la premisa central: no permitir el ingreso de ningún actor armado al espacio de paz como mecanismo de protección de la vida. Los principios eran los mismos de San José de Apartadó y del Cacarica, traducidos a un contexto urbano: una calle, no un caserío rural; una ciudad portuaria bajo control de bandas surgidas de la fragmentación paramilitar, no una vereda del Urabá o del Bajo Atrato.
Esa traducción urbana era inédita. La Comunidad de Paz, como categoría jurídico-política, había nacido rural: los desplazamientos, la prohibición de portar armas, las zonas humanitarias, presuponían un territorio delimitable y una economía comunitaria posible. En Puente Nayero se probó su transposición al asfalto, en un barrio donde el control paramilitar se ejercía casa por casa. El Sistema Interamericano acompañó también este proceso: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos activó mecanismos de protección para el Espacio Humanitario ante las amenazas registradas.
Uribe, Santos y las resistencias entre dos ciclos
Los ocho años del gobierno de Álvaro Uribe (2002–2010) fueron el marco en que las tres experiencias se pusieron a prueba. No solo por la Política de Seguridad Democrática y el Plan Patriota, sino por lo que ambos hicieron con las críticas: durante los primeros años del mandato se registró una cooptación persistente sobre organismos de control e investigación, incluida la remoción de funcionarios judiciales que buscaban investigar excesos violentos de Policía y Fuerzas Militares. La lógica gubernamental —según la cual quien criticara la política de seguridad era funcional a la insurgencia— fue asfixiante para las comunidades que se declaraban neutrales frente al Ejército.
Los llamados falsos positivos —ejecuciones extrajudiciales bajo la modalidad de presentar civiles como combatientes muertos en combate— revelaron el fondo de esa lógica. El Centro Nacional de Memoria Histórica documentó que se trató de una práctica planificada con estructura de mando, distribución de funciones y encubrimiento con complicidad de paramilitares, civiles y algunos funcionarios del Estado. Contra ese trasfondo, la desconfianza de las comunidades hacia la fuerza pública no fue paranoia sino cálculo estadístico.
El caso de mayor visibilidad fue el asesinato, el 16 de diciembre de 2008, de José Edwin Legarda Vásquez, compañero de la lideresa indígena nasa Aida Quilcué —vocera de la Minga de ese año—, cuando conducía una camioneta cerca de Popayán. Siete militares fueron acusados de homicidio en persona protegida por el Derecho Internacional Humanitario. Quilcué había liderado semanas antes una movilización nacional que confrontó abiertamente al gobierno Uribe; el asesinato de su compañero fue leído por el movimiento indígena como represalia y como señal de hasta dónde podía llegar la respuesta estatal contra las vocerías indígenas.
Con la llegada de Juan Manuel Santos en agosto de 2010, y sobre todo con el inicio en 2012 de los diálogos de La Habana con las FARC, el marco político cambió sin que la violencia cesara. La Guardia Indígena Nasa expulsó al Ejército del Cerro Berlín en julio de 2012, apenas semanas antes del anuncio formal del proceso de paz. Las Comunidades de Paz siguieron denunciando amenazas paramilitares y presencia de grupos armados en sus zonas. Pero por primera vez en más de una década se abrió un espacio en el que la idea de que la paz tenía una dimensión territorial —que no bastaba con desarmar guerrillas, había que reconocer las formas de gobierno y economía que las comunidades habían construido bajo la guerra— empezaba a circular en los circuitos oficiales.
Estructura, causas, contrastes
Las causas estructurales que hicieron posibles estas experiencias son distintas en cada caso pero convergen en un mismo diagnóstico. En el norte del Cauca, tres siglos de resistencia territorial nasa, la Ley 89 de 1890 que reconoció resguardos y cabildos, la sedimentación del CRIC desde 1971 y los reconocimientos constitucionales de 1991 crearon un piso institucional propio sobre el cual la Guardia se levantó como brazo civil de una autonomía preexistente. En el Urabá y el Bajo Atrato, el desplazamiento masivo de 1997, la iniciativa del obispo Duarte y el acompañamiento sostenido de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz crearon una institucionalidad más frágil pero más flexible, capaz de exportarse a otras geografías —del Cacarica al Jiguamiandó, del Urabá rural al Buenaventura urbano.
Los detonantes coyunturales fueron simétricos: la expansión paramilitar de fines de los noventa, la Política de Seguridad Democrática desde 2002, la disputa territorial entre FARC, paramilitares reconfigurados y Ejército sobre las mismas rutas y los mismos recursos. Sin ese triple asedio, ni la Guardia habría necesitado la formalización militar-desarmada que adquirió a partir de 2001, ni las Comunidades de Paz habrían radicalizado la exclusión de la fuerza pública hasta convertirla en su principio identitario.
Las consecuencias fueron múltiples. La primera, sostener la vida: miles de personas que en circunstancias comparables fueron desplazadas o asesinadas permanecieron en sus territorios. La segunda, producir jurisprudencia: la sentencia de la Corte Interamericana sobre Operación Génesis en 2013, las medidas cautelares del sistema interamericano para varias de estas comunidades, las decisiones de la Corte Constitucional colombiana sobre desplazamiento y protección étnica. La tercera, y la más discutible, anticipar la agenda del Acuerdo Final de 2016: la noción de paz territorial que el texto de La Habana adoptó como principio orientador reconocía, aunque tímidamente, que la paz no se firma solo en una mesa sino que se construye en las relaciones concretas entre comunidades y territorios. Esa idea circulaba desde hacía dos décadas en San José de Apartadó, desde hacía tres en Toribío.
Conviene, sin embargo, no aplanar las diferencias. La Guardia Indígena Nasa se apoya en una densidad histórica que las Comunidades de Paz no tienen: cabildo, resguardo, lengua propia, medicina tradicional, autoridad ritual sobre lugares como el Cerro Berlín. Las Comunidades de Paz son, en buena medida, invenciones institucionales de los años noventa forjadas en el trauma del desplazamiento, sostenidas por infraestructura eclesial y de derechos humanos, y traducidas después —como en Puente Nayero— a contextos urbanos donde ninguna tradición previa las respaldaba. Ambas son formalizaciones bajo asedio, pero la nasa formaliza tradición y la de Urabá inventa tradición desde el trauma. Reconocerlo no las jerarquiza: las sitúa.
Lo que queda
En 2015, al cierre del período que aquí se recorre, las tres Comunidades de Paz seguían existiendo bajo amenaza sostenida, y la Guardia Indígena Nasa se había convertido en referente latinoamericano de resistencia civil desarmada, con réplicas incipientes en otros pueblos indígenas del continente. El Acuerdo Final se firmaría al año siguiente, y con él llegarían nuevas violencias contra líderes sociales y comunidades étnicas que probarían que la paz territorial seguía siendo, sobre todo, un programa por cumplir.
Lo que estas experiencias mostraron entre 2002 y 2015 no fue que la resistencia civil pudiera reemplazar al Estado, ni que la neutralidad activa fuera un modelo generalizable a cualquier comunidad rural del país. Mostraron algo más modesto y más difícil: que en las condiciones límite de una guerra en la que ningún actor armado respetaba la distinción entre combatientes y civiles, y en la que el propio Estado había construido su política de seguridad sobre la sospecha generalizada contra las poblaciones rurales, existía todavía margen para que grupos humanos organizados —con bastón de mando o con declaración de principios, con tres siglos de cabildo o con veinte años de comunidad— sostuvieran una soberanía sin armas. Que esa soberanía fuera precaria, costosa en vidas y permanentemente contestada no la hace menos real. La hace, quizás, más importante como memoria de lo que fue posible cuando parecía que ya nada lo era.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 5651 cita
[1]grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…p. 565
02Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 5641 cita
[2]del Alto Patía, asopatía. Al incluir dos regiones, se decidió para este labo - ratorio de paz que su dirección se sostuviera también en dos organizaciones El Laboratorio de Paz del Cauca y Nariño 563 regionales 19. En esta estructura, el cric tiene esencialmente un rol político y directivo. Las competencias…p. 564
03Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1071 cita
[3]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…p. 107
04The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 3001 cita
[4]“little republic” of Indians, counterposed to the “big republic” of the whites. A few years after his death, indigenous activists founded the Consejo Regional Indígena del Cauca (Regional Indigenous Council of Cauca), and later, an indigenous armed guerrilla movement took Quintín Lame’s name. Both groups took up his…p. 300
05Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 39, 682 citas
[5]lucha indígena del Cauca, pasando a los guambianos y de éstos al CRIC!#. Claro salto en la evolución política de ambos pueblos, apo- yada por el naciente partido socialista, que ofrecía cambiar la socie- dad colombiana, y que transformó en los años treinta la vereda de Zumbico (en Jambaló) en “ el templo de la…p. 68
[9]la comunidad tenía que desplazarse temporalmente a los sitios de asamblea permanente, con el control de la guardia. Ésta ayudaba también, a la movilización de los equipos de salud para atender a los heri- dos de la comunidad. La Guardia Indígena comenzó a consolidarse en la Zona Nor- te y rápidamente fue extendiéndose…p. 39
06Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 220, 2592 citas
[6](CRIC) y de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). En estos años, el pueblo nasa ha obtenido logros importantes como su participación en la Asamblea Nacional Constituyente y a nivel electoral, de manera exitosa, se han elegido varios alcaldes indígenas en los municipios de Toribío, Caldono, Caloto y…p. 220
[12]leyes del estatuto rural, concebido como una ley que favorecería el despojo; el cumplimiento de los acuerdos firmados por el gobierno nacional y de los tratados internacionales, así como anexión a la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas; y la creación de mecanismos de soberanía. En julio…p. 259
07A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 112 citas
[7]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…p. 11
[8]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…p. 11
08Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 319, 3212 citas
[10]menos abiertos, tal como ha ocurrido en varios momentos a lo largo de las últimas décadas en el departamento del Cauca. No por casualidad el corazón de la resistencia indígena, bajo la modalidad de movilizaciones directas de la población para contener la acción de los grupos armados, está localizado en esta región,…p. 319
[13]de redes del narcotráfico en la región. Ante el incremento de la acción de los actores armados desde finales de los años noventa, las organizaciones comunitarias respondieron con la movilización. Con ello se ha configurado un nuevo ciclo de resistencia, esta vez de carácter civil y no armada, que corresponde a una…p. 321
09Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 3621 cita
[11](2003). Conflits armés, décompositions et recompositions identitaires en Amérique latine. En Hassener, Pierre et Marchal, Roland (Directeurs). Guerres et sociétés. Etats et violence après la guerre froide. Paris: Karthala. 362 Guerra propia, guerra ajena Entre el año 2000 y 2002, casi un centenar de acciones es-…p. 362
10Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 2341 cita
[14]la Policía y los confrontaban y solo con machete y cabuya los enfrentaban. O sea, hay un principio de sentimiento guerrerista que el indio lo lleva, que se hace matar. Eso es una fuerza para la guerrilla (CNMH, hombre indígena, an- tiguo miembro de la guardia indígena Jambaló, Cauca, entrevista, Jambaló, 27 de…p. 234
11Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 64, 832 citas
[15]to San José. Three weeks later, paramilitary gunmen accosted the cooper - ative’s president before dawn and forced him to open the co-op and give them money in the co-op safe, after which they killed him and three other leaders— two of whom had given testimony to the commission. Soldiers from the Seventeenth Brigade…p. 64
[26]The main exponent of this his - tory was a thirty- one- year- old soft- spoken peasant named Luis Eduardo Guerra. Guerra pointed out that the army killed peasants in the 1970s before paramilitaries ever arrived in the region. The absence of any state presence except the army compelled residents to or ga nize their own…p. 83
12Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 1271 cita
[16]José down to Apartadó was taken over by paramilitary groups, but the FARC continued to be present in the hills. The settlers were truly be- tween a rock and a hard place. Inspired by Monseñor Isaías Duarte (later killed), a major force behind the Cuartas “Consenso” experiment, the San José de Apartadó Peace Community…p. 127
13Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2662 citas
[17](alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…p. 266
[18](alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…p. 266
14«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 821 cita
[19]la comunidad. Los hombres les dijeron que los matarían si volvían a verlos y que todos los habitantes de la zona eran guerrilleros. Después les apuntaron con sus armas y les dijeron que quizá fuera mejor que los mataran allí mismo. Acto seguido les indicaron que se marcharan y que ya sabían lo que les pasaría si los…p. 82
15Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1841 cita
[20]disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…p. 184
16Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 611 cita
[21]hecho, la violenta expansión paramilitar que se produjo entre 1997 y 2004 dejó más de 150 mil homicidios y desapariciones forzadas, además más de 3.5 millones de desplazados forzados. En todo caso, esta ola de violencia se desató mientras el país observaba el fracaso de los diálogos del Caguán y se creaba la imagen de…p. 61
17Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 1841 cita
[22]y varias motocicletas. En noviembre de 2000, hombres de las Autodefensas Campesinas de Ortega, un grupo paramilitar de campesinos indígenas, recibieron entrenamiento de los ‘paras’ del Bloque Calima. Una vez cul- minado el curso de 15 días, José Hebert Veloza García alias 'HH', princi- pal jefe del Bloque, ordenó que…p. 184
18Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 183, 3492 citas
[23]al Gobierno nacional con respecto a sus derechos, a través de las mingas y las tomas de la carretera, acrecentaron las amenazas y los asesinatos a sus liderazgos, así como la violencia contra ellos a manos de miembros de la fuerza pública. El 16 de diciembre de 2008, un grupo de soldados del Ejército atentó contra la…p. 183
[57]reintegración. Aunque en algunos casos los excombatientes vivieron procesos de exclusión por su pasado guerrillero, la regla general fue la reincorporación exitosa en los ambientes familiares y comunitarios, incluyendo, por supuesto, las instituciones locales y regionales propias, y las del Estado colombiano. El mismo…p. 349
19Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 2081 cita
[24]que ésta fuera utilizada como escudo humano y apareciera la ocupación de bienes protegidos, principalmente escuelas y colegios. A causa de estas dinámicas, la población es víctima de estigmatizaciones y señalamientos por parte de los distintos grupos armados, de restricciones a la mo - vilidad y al acceso a bienes…p. 208
20Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 171 cita
[25]haga sentir mano dura contra la liberación de la Madre Tierra. Y así fue en el último mes crecen los ataques, hay combates entre ejército y guerrillas en las fincas que estamos liberando estallan bombas en nuestras aldeas de liberación —el posconflicto se instala en todo el norte del Cauca—, capturan, torturan, y…p. 17
21Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1601 cita
[27]army is involved. Communities are in vulnerable and inescapable positions in the mid - dle of the armed groups, therefore, declaring a position of active neutrality, i.e., claiming that they do not support any of the armed groups including the Colom - bian army, renders their work as an act of peacebuilding.…p. 160
22Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 288, 2902 citas
[28]participar en la guerra, ni convivir o colaborar con ningún actor armado de ninguna tendencia, constituyéndose en comunidades de paz 866. De sde allí, han apostado por reconstruir el tejido social que la violencia afecta y han desarrollado iniciativas que recurren a lo comunitario, a la solidaridad, a la cooperación y…p. 288
[29]a las 23 comunidades existentes antes del desplazamiento forzado masivo de 1997, aunque continuaron vinculadas al proceso organizativo de la s Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad del Cacarica. Puesto que los procesos de resistencia organizada han enfrentado la impunidad, amenazas y persecución en sus…p. 290
23Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2151 cita
[30]modelos de explotación y ocupación territorial (específicamente los de la palma aceitera asociados a paras y testaferros). 1997 en ade- lante Comunidad de paz - zonas huma- nitarias A su regreso estas se organizaron en experiencias de resistencia civil conocidas como las Comuni- dades de Paz y las Zonas Humanitarias,…p. 215
24Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 4221 cita
[31]en la calle conocida como El Puente Nayero ubicado en el barrio La Playita, con el respaldo de organizaciones defen- soras de derechos humanos, iglesia y organizaciones internacio- nales como: “Conpaz (Consolidación de la Paz Comunidades en los Territorios), la Comisión de Justicia y Paz, el Perpetuo Socorro Parroquia…p. 422
25La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 210, 2132 citas
[32]de 2006 había cinco Zonas Humanitarias en las cuen- cas de Jiguamiandó y Curvaradó, albergando aproximadamente 400 de las 2.125 personas que vivían en la zona antes del inicio de las operaciones de contrainsurgencia." Organizaciones no gubernamen- 24. Tomado de…p. 213
[49]las aproximadamente mil familias despla- zadas ni la situación de desamparo en la que quedaron, hubieran des- pertado alguna preocupación en las autoridades militares de la región; eran campesinos afrodescendientes muy pobres, con pocas conexio- nes y capacidad de influencia. Su situación de vulnerabilidad facilitó…p. 210
26Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 cita
[33]que estaban en condiciones de indefensión. Según la información del CNMH, en el 56 % de los municipios del país se registró al menos una ejecución extrajudicial en los últimos treinta años como parte del conflicto armado. En algunos casos las ejecuciones se planearon con un alto grado de sofisticación, y existían…p. 131
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 cita
[34]coordinación opera- tiva de estructuras paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá 347 Entrevista 077-VI-00002. Hombre, víctima, Consejo Comunitario, región del Urabá antioqueño. 348 Informe 119-CI-00686, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz et al, «Van por nuestras tierras a sangre y fuego».…p. 131
28Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1861 cita
[35]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…p. 186
29Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 771 cita
[36]militarización de la vida cotidiana colombiana en la que van a resultar rutinarios la puesta en marcha de retenes militares, la creación de cuarteles, los allanamientos, registros y detenciones arbitrarias o la ocupación militar de las escuelas, parques o centros culturales. Toda la vida social va a quedar supeditada…p. 77
30Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 160, 1682 citas
[37]de los políticos, incluidos los de la coalición centro-izquierdista del Polo De mocrático que, en la campaña electoral del 2005-2006 ni mencionó el tema que, claro está, descubrió poco después.39 Contra el Caguán En las elecciones del 26 de mayo de 2002 Alvaro Uribe Vélez ganó la presi dencia de Colombia. Había…p. 160
[38]plataforma de cien puntos, tópicos de campaña electoral de un político profesional: contra la corrupción, el despilfarro del sector público, la ineficiencia administrativa y los rigores sociales que padecen los pobres como efecto de políticas neolibe- rales y por una Colombia sin guerrillas ni paramilitares. La…p. 168
31Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1551 cita
[39]e l o P m e n t i n C o l o m B i a 1 0 mines the success of those sincerely trying to reintegrate: “These gaps are particularly apparent in the fields of health, psychosocial support, and edu- cation, and many former combatants have no possibility of finding work or pursuing productive projects” (oa S 2006a, 4). As…p. 155
32At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2981 cita
[40]that were meant to be more mobile, organizationally fl exible, and stealthy. He also expanded the overall size of 99 Forero (2005); CJA (2010); Hristov (2014:134 – 35). 100 This accusation that would come back to haunt him when a formal criminal investi- gation was launched against him and he was eventually forced…p. 298
33La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 641 cita
[41]no tenían. La creación de los batallones de alta mon- taña fue clave en el desarrollo de esta fase. Otro componente importante en el despliegue de la Políti- ca de Seguridad Democrática fue el desarrollo de “operaciones ofensivas”, en donde se realizó el Plan Patriota. Su objetivo fue recuperar el control de la…p. 64
34El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2992 citas
[42]terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…p. 299
[43]terrorismo”. Al fin se oficializaba lo practicado desde la “Iniciativa Andina” del presidente 299 Capítulo XV George Bush, padre. El Congreso también aprobó el aumento de hasta 800 miembros de sus Fuerzas Especiales en Colombia, y eliminó el límite que existía sobre la cantidad de mercenarios contratados por las…p. 299
35Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 1341 cita
[44]international mechanisms in relation to Colombia,” Gustavo told me. Our specific objective was to contribute to the improvement of the human rights situation in Colombia. That was not the same as what other groups were trying to do, other groups had other objectives, which were very valid and important, they were just…p. 134
36No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3471 cita
[45]de Revisión. Sentencia T-268/03. Magistrado ponente: Marco Gerardo Monroy Cabra. 27 de marzo de 2003. Recuperado de: https://www. corteconstitucional.gov.co/relatoria/2003/t-268-03.htm. Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso de las comunidades afrodes- cendientes desplazadas de la cuenca del Río Cacarica…p. 347
37Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 691 cita
[46]for women’s rights. As a result, they had repeatedly been accused of being guerrillas by the paramilitaries. Over the years, the organization’s leader, Yolanda Becerra, had received numerous death threats, as had other members. And several members had been assassinated by the paramilitaries. “Are the paramilitaries…p. 69
38Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 2051 cita
[47]de izquierda y de defensa de los derechos humanos, terminan involuntariamente convergien- do hasta invisibilizar las voces femeninas en esta historia. 1.1. Las iniciativas de memoria, trayectorias y mediadores 1.1.1. Los orígenes de las mediaciones: Justicia y Paz (1990-1995) Son varios los actores y las…p. 205
39Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1271 cita
[48]a las FARC de las riberas del río Atrato. Su principal resultado fue generar el desplazamiento de más de 4000 personas. Los refugiados tuvieron que instalarse en condiciones extremadamente duras, en lugares desprovistos de servicios básicos. Los que permanecieron en la región fueron reunidos en las poblaciones de…p. 127
40Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2431 cita
[50]sitúan dentro del Parque Nacional Natural Nudo de Paramillo, por ejemplo, Ituango, Dabeiba y Peque—, las minas antipersonales y el miedo 163. El Urabá antioqueño, como eje de salida de narcóticos y entrada de armas y contrabando, ha sido una zona en disputa territorial entre grupos ilegales. Buena parte de los…p. 243
41Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 741 cita
[51]co- munidades negras son víctimas de dos fenómenos menos visibles, pero igualmente violatorios de sus derechos: el confinamiento y la resistencia. Como lo documenta en detalle la Corte Constitucional (2009), incluso cuando las comunidades no abando- nan sus territorios, la presión de los actores que pretenden…p. 74
42Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1741 cita
[52]del derecho de la población afro- colombiana a la propiedad y a la autonomía sobre el territorio, a la vez, que muestra la salida desesperada de personas quienes, a pesar de sus estrechos y profundos vínculos con la tierra, no en- contraron otra opción que la huída. 231 Rodríguez G., César; Alfonso S., Tatiana y…p. 174
43Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1691 cita
[53]se expandió hacia las regiones vecinas como el Urabá chocoano y antioqueño, el bajo Cauca y el Nordeste antioqueño (CNMH, 2010-c, página 97). En tanto se concretaban grandes proyectos de infraestructura como la carretera Panamericana 208, las ACCU vieron la necesidad 208 Carlos Páez, líder reclamante de la ONG Tierra…p. 169
44Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 481 cita
[54]de Páez. La misma Beatriz asegu ra que a partir de allí “la vara es la que manda”. Con esa expresión indica que los indígenas que viven en este territorio obedecen las leyes de sus gobernadores, máximas autoridades de sus resguardos, quienes cargan un bastón de madera como símbolo de su poder. Las tierras habitadas…p. 48
45Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[55]está en la pervivencia propia y la de su familia. La lucha constante por lo económico ha creado un a desestabilización en su rol de mujer en los espacios comunitarios, ellas se reconocen como mujeres que han trabajado de la mano con la comunidad, de la mano con la autoridad propia, ejerciendo y apoyando su autonomía y…p. 49
46Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1191 cita
[56]Të Wálas, ba- luartes fundamentales de la cultura, como tampoco se podrían concebir las duras faenas agrícolas, cuya rudeza es soportada con la práctica tradicional del mambeo. 1 Debe anotarse, de manera especial, que la producción de tisanas requiere que una vez se ha recolectado la hoja de coca, ésta sea sometida a…p. 119
47Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 3241 cita
[58]have recognized that these subjugated peoples reappropriated the term “indige - neity” to transform it from a tool of domination into discourses of political resistance. 18 Inspired by decolonial theory, critical approaches to modernity, 19 and the concept of hybridity, 20 the Chilean sociologist Jorge Larraín…p. 324