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Idea · Pre-independencia

Comuneros

La Insurrección de los Comuneros (1781) fue la mayor rebelión popular del Virreinato de la Nueva Granada antes de la Independencia: campesinos, artesanos, mestizos, mulatos e indígenas marcharon desde el Socorro hacia Santafé exigiendo la derogación de los nuevos impuestos borbónicos y el respeto de las libertades locales tradicionales.

3.370 palabras37 documentos46 fragmentos citados
Comuneros

Trayectoria de una idea

  1. 1778

    Primeros disturbios en el Guanentá

  2. 1781

    Manuela Beltrán arranca el edicto en el Socorro

  3. 1781

    Victoria comunera al norte de Tunja

  4. 1781

    Capitulaciones de Zipaquirá

  5. 1782

    Anulación de las Capitulaciones y ejecución de Galán

03

La lectura

Los Comuneros representan la confluencia de una tradición jurídica hispánica de libertades locales con el agravio concreto de una fiscalidad colonial que se había triplicado en pocas décadas. Su fuerza radicó en la amplitud de la coalición —campesinos, artesanos, mestizos, indígenas y notables criollos unidos por el rechazo a los monopolios del tabaco y el aguardiente— y su límite estuvo en esa misma heterogeneidad: cuando las Capitulaciones prometieron alivio fiscal, el cemento que unía a pobres y notables se disolvió. El movimiento no buscó la independencia ni invocó derechos ilustrados, sino que habló el lenguaje del vasallo que apela al rey contra sus malos ministros, activando una gramática política antiabsolutista que los Borbones habían intentado silenciar. La brutalidad del castigo a Galán —su cuerpo distribuido entre los pueblos insurrectos— reveló cuánto temía la Corona a ese vocabulario. El siglo posterior convertiría retroactivamente a los Comuneros en preludio de la nación, cargándolos de un significado independentista que ellos mismos nunca reclamaron.

La Insurrección de los Comuneros

En la primavera de 1781, mientras la Corona española libraba en el Atlántico su guerra contra Inglaterra y necesitaba oro con urgencia, un edicto fiscal fijado en la plaza del Socorro fue arrancado por una mujer llamada Manuela Beltrán. De ese gesto —o del relato que quedó de él— nació la mayor rebelión que sacudió al Virreinato del Nuevo Reino de Granada antes de la Independencia. Durante seis meses, un ejército irregular de campesinos, artesanos, mestizos, mulatos e indígenas, encabezado por notables locales de la Villa del Socorro, marchó hacia Santafé de Bogotá al grito de "¡Viva el Socorro y muera el mal gobierno!". No pedían la ruptura con España ni la abolición de la monarquía: pedían que se derogaran los nuevos impuestos, que se respetaran las libertades locales toleradas por los Habsburgo, que los criollos tuvieran preferencia sobre los peninsulares en los cargos, que el aguardiente y el tabaco dejaran de ser monopolios asfixiantes. Los detuvieron en Zipaquirá con la firma de unas Capitulaciones que el virrey improbó apenas las tuvo en las manos; a los pocos meses, José Antonio Galán colgaba en la horca y su cabeza viajaba a Guaduas mientras su mano derecha se clavaba en El Socorro como advertencia. La Insurrección Comunera fue, en rigor, una revuelta fiscal de vasallos leales; el largo siglo posterior la convertiría, retroactivamente, en preludio de la nación.

El Socorro, o por qué allí

El estallido no ocurrió en Bogotá ni en Cartagena ni en Popayán, sino en una provincia de piedemonte oriental cuya economía era, dentro del virreinato, una excepción. En el Socorro, San Gil, Vélez y Pamplona, la tierra no estaba dominada por la gran hacienda esclavista ni por la mina de veta profunda: predominaban parroquias con propietarios blancos pequeños y medianos, y una densa población de artesanos que tejían algodón en rama, lienzos, paños de manos y colchas. Esos textiles se distribuían por todo el virreinato —Santafé, Popayán, Cartagena, Antioquia, Santa Marta, Riohacha—, y salían al río Magdalena por los puertos de Opón y Pedregal.

Había allí una división del trabajo más avanzada que en el resto de la Nueva Granada. El hilado y el tejido se ejercían por especialistas distintos, y en 1694 el Cabildo de San Gil había llegado a acordar que el algodón hilado sirviera como moneda de cambio. Era, en escala colonial, una sociedad mercantil: producía para el mercado interno, medía sus intercambios, dependía del comercio.

Esa estructura la volvía extraordinariamente vulnerable al reformismo borbónico. Donde la hacienda extraía trabajo excedente en forma de servicios y la mina rendía oro directamente a la Corona, en el Socorro cada peso circulaba varias veces por manos de tejedores, hilanderos, pequeños comerciantes y cultivadores de tabaco. Un aumento en la alcabala golpeaba varias veces la misma cadena; un estanco sobre el tabaco liquidaba la subsistencia de familias enteras; una restricción a las siembras "ilegales" era, literalmente, la ruina. No fue casualidad que los primeros disturbios estallaran en la región del Guanentá desde 1778 —en Mogotes en febrero de ese año, otra vez en Mogotes y Simacota en octubre de 1780, en Charalá en diciembre— antes de que Manuela Beltrán rompiera nada. Cuando el edicto voló en marzo de 1781, ya había casi tres años de fuegos menores.

Piñeres y la máquina fiscal

El artífice visible de la reforma se llamaba Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, Regente Visitador. Había desembarcado en 1778 con el encargo de aumentar la remesa fiscal que la Nueva Granada enviaba a la metrópoli, y ejecutó su tarea con la eficiencia gris del burócrata ilustrado. Ese mismo año restableció la Armada de Barlovento —un gravamen destinado a la defensa marítima antillana— y extendió la alcabala a productos que antes no la pagaban. Entre 1780 y 1781 apretó también sobre el tabaco, el aguardiente, la sal, los textiles y el algodón: precisamente los renglones que sostenían la economía socorrana.

El estanco del tabaco condensó todo el problema. El Estado fijaba unilateralmente el precio al que compraba la hoja a los campesinos —a la baja—, imponía el precio al que la vendía al detalle —al alza— y perseguía las siembras no autorizadas. Junto con el aguardiente, ese monopolio aportaba cerca del 32% de los ingresos de la Corona en el virreinato durante la última década colonial. Era demasiado dinero para retroceder y demasiada intrusión para tolerarse.

En términos agregados, la carga tributaria en Nueva Granada se triplicó con las reformas borbónicas: pasó del 2,9% del PIB en las décadas anteriores a rondar el 10,4% a finales del siglo XVIII. Detrás de esos porcentajes había una lógica geopolítica que ningún campesino del Socorro leía en esos términos, pero cuyos efectos sentía en la báscula: España necesitaba financiar la guerra contra Inglaterra —la misma que había arrastrado al virrey Manuel Antonio Flórez a Cartagena para vigilar corsarios—, y sus colonias americanas fueron las llamadas a pagar la factura.

El común y sus fueros

Conviene detenerse en una palabra: común. Los rebeldes no la inventaron. La sacaron de una tradición jurídica y política castellana que había cruzado el Atlántico con los primeros pobladores y se había preservado, tercamente, en las provincias donde predominó el carácter castellano, leonés, aragonés o vizcaíno, favorecida por el aislamiento geográfico y por la relativa indiferencia de la Corona hacia los asuntos municipales. Común era el vecindario reunido, la comunidad política local, el cuerpo del pueblo con voz propia frente al señor o al rey.

En el sistema jurídico heredado de los Austrias, los magistrados tenían amplio poder discrecional: podían fallar conforme a la costumbre y la equidad, sin ceñirse a la letra de la ley cuando ésta resultaba manifiestamente injusta. La escolástica hispánica —la doctrina que Francisco Suárez había sistematizado en el siglo XVI— sostenía además que un mal gobierno invalidaba el juramento de obediencia y autorizaba, en casos extremos, la resistencia. Ese constitucionalismo pactista, con su altivo espíritu de fueros y comunidades, era antiabsolutista por vocación.

Los Borbones lo sabían y trataron de liquidarlo. En el siglo XVIII expulsaron a los jesuitas, que enseñaban esas doctrinas, y prohibieron la circulación de las obras de Suárez y la enseñanza del derecho natural. Cuando los rebeldes del Socorro se armaron en decenas de pueblos y llamaron a sus asambleas "comunes", cuando establecieron comités con ese nombre para tomar la administración local, no estaban improvisando un vocabulario: activaban —con la torpeza y la mezcla propias de un movimiento popular— una gramática política que la reforma ilustrada había intentado silenciar.

De ahí, también, la naturaleza de sus reclamos. Las Capitulaciones que firmarían en Zipaquirá no invocaron derechos inalienables del hombre ni contrato social a la manera de Rousseau. Formularon agravios fiscales concretos —el tributo indígena, la alcabala, el aguardiente— y pidieron equidad y alivio de cargas, disposiciones en favor de indios y mulatos, y preferencia de los neogranadinos nativos sobre los peninsulares en los nombramientos. Era el lenguaje del vasallo que apela al rey contra sus malos ministros, no el del ciudadano que reclama soberanía.

De Manuela Beltrán a Zipaquirá

El 16 de marzo de 1781, Manuela Beltrán arrancó en el Socorro el edicto que anunciaba los nuevos tributos. Se discute si fue en la oficina de rentas o en la plaza pública donde el papel estaba fijado; el gesto quedó fijado, en cambio, como emblema, aunque el descontento venía cocinándose desde hacía años en la región del Guanentá.

Lo que siguió fue una cadena de adhesiones. Mogotes, Simacota, Charalá —donde ya había habido disturbios el diciembre anterior—, San Gil, Vélez, Pamplona, Cúcuta: los notables locales, hasta entonces observadores, comprendieron que si no encabezaban el movimiento serían arrollados por él. En el Socorro emergió como jefe Juan Francisco Berbeo, hombre de la élite mercantil de la Villa, afectado él mismo por los nuevos impuestos. Junto a él aparecieron Salvador Plata, Antonio Monsalve y Francisco Rosillo, todos del mismo estrato: propietarios medianos, comerciantes, capitanes improvisados. Su función era doble y contradictoria: dar orden militar a la muchedumbre y, al mismo tiempo, contener sus impulsos más radicales.

Debajo de ellos hervía un mundo más ancho. Campesinos del Guanentá, artesanos textiles, tejedores del algodón, mulatos pobres —quienes más se habían quejado de la arrogancia e insensibilidad de los guardias de rentas—, indígenas de resguardos que veían en la revuelta la ocasión de reclamar tierras y aliviar tributos. Ambrosio Pisco, cacique de Chía y Bogotá, sería aclamado por algunos como "Príncipe de los Chibchas". Lorenzo Alcantuz encabezaba partidas propias. Y desde abajo, con menos maneras que Berbeo y más furor, subía la figura de José Antonio Galán, un mestizo de Charalá que hacía suya la causa de los pobres con literalidad incómoda para los notables.

Los rebeldes destruyeron las existencias de tabaco y aguardiente pertenecientes a los estancos: acto simbólico y económico a la vez, ataque directo al corazón del sistema fiscal borbónico. El 8 de mayo de 1781, al norte de Tunja, unos quinientos comuneros derrotaron a las fuerzas que el gobierno virreinal había mandado a contenerlos. La noticia cayó en Santafé como una piedra en un estanque quieto. Gutiérrez de Piñeres huyó hacia Cartagena, donde el virrey Flórez seguía atento a los corsarios. En la capital quedaba poca tropa; el aparato militar del virreinato estaba en la costa.

Las Capitulaciones y su improbación

La respuesta institucional fue diplomática por necesidad. Se designó al arzobispo de Santafé, Antonio Caballero y Góngora, para encabezar la comisión negociadora. Cuando el ejército comunero —unas cuatro mil personas, no los dieciséis mil que la leyenda posterior hincharía— llegó a Zipaquirá, el arzobispo estaba esperando.

Las Capitulaciones se firmaron a comienzos de junio de 1781. El documento incluía la reversión de varias medidas fiscales: ajustes en el aguardiente, moderación de la alcabala, alivios al tributo indígena, disposiciones a favor de comunidades indias y mulatas, y la petición de que los criollos tuvieran preferencia sobre los españoles peninsulares para los cargos del virreinato. Berbeo firmó por los comuneros; el arzobispo, por la Corona.

Lo que Berbeo y su gente no sabían —o preferían no considerar— era que el virrey Flórez, todavía en Cartagena, ya tenía formada su opinión. Cuando recibió el texto de las Capitulaciones, las improbó de inmediato. Alegó un defecto que, en la lógica del derecho público, era efectivamente incorregible: haberse negociado bajo amenaza de violencia. Un pacto firmado con las armas al cuello no obligaba a la Corona. La palabra del arzobispo, en rigor, no valía.

Pero la noticia no llegó a los comuneros a tiempo. Confiando en el acuerdo, la multitud se desbandó. Los campesinos regresaron a sus siembras, los artesanos a sus telares, los notables a sus casas. Fue el momento decisivo: el ejército rebelde se disolvió antes de tener a la vista ninguna traición formal. Solo entonces —y solo porque la coalición se había deshecho por sus propias contradicciones internas— pudieron llegar refuerzos desde Cartagena para restablecer el orden.

Galán, o la insurrección que no capituló

Galán no aceptó las Capitulaciones. Consideró que se habían aprobado demasiado rápido, sin garantías, con confianza excesiva en la buena fe de la Corona. Mientras el grueso del movimiento se desbandaba, él siguió recorriendo pueblos, movilizando a mulatos, indios y pobres, radicalizando la protesta original. En sus partidas circulaban además rumores del sur: la rebelión de Túpac Amaru estallaba ese mismo año en el Perú, y algunos agitadores invocaban órdenes suyas para proclamar que todos estaban exentos de tributos, que habían cesado los diezmos, que se acababan las obligaciones eclesiásticas. El eco andino llegaba al Guanentá deformado y potenciado.

Galán planeaba una segunda marcha sobre Santafé para el 15 de octubre. Dos días antes fue aprehendido cerca de Onzaga y conducido a la capital. Lo juzgaron con el nuevo aparato de fuerza ya instalado en Bogotá.

El 18 de marzo de 1782, la Real Audiencia —contando con la tropa venida de Cartagena— expidió el Acuerdo que anulaba formalmente las Capitulaciones de Zipaquirá. Lo firmaron Gutiérrez de Piñeres, ya de regreso, y los oidores Pey Ruiz, Mon y Velarde, Vasco y Vargas y Catani. En esa firma se leía el fondo del asunto: la coalición que aplastaba al movimiento popular incluía a los peninsulares, al arzobispo firmante de las Capitulaciones —que sería premiado con el virreinato— y también al corregidor criollo Juan Francisco Berbeo, que se acomodó al orden restaurado. Del otro lado, colgado ya y descuartizado, quedaba Galán.

Su ejecución se cumplió el 1 de febrero de 1782, junto con Molina, Alcantuz y Ortiz. La sentencia fue de una brutalidad ejemplar y cuidadosamente distribuida. Galán fue ahorcado, decapitado y descuartizado. Su cabeza viajó a Guaduas; la mano derecha se expuso en El Socorro; la izquierda en San Gil; el pie derecho en Charalá; el pie izquierdo en Mogotes. Sus bienes fueron confiscados, su casa arrasada, el suelo sembrado de sal, su descendencia declarada infame, su nombre condenado al olvido. Cada pueblo insurrecto recibió su porción del cuerpo. El mensaje era físico y explícito.

Por qué fracasó

Es tentador reducir el desenlace a una traición: los criollos de Berbeo pactaron con la Corona y vendieron a los plebeyos que los habían llevado al poder. La imagen tiene fuerza —y algo de verdad—, pero es incompleta.

La coalición comunera se sostenía sobre un único cemento: el agravio fiscal concreto. Cuando la promesa de derogar los impuestos ofensivos se firmó en Zipaquirá, ese cemento se disolvió. Campesinos, artesanos, indios y mulatos no compartían con Berbeo y Plata un proyecto político; compartían un enemigo puntual. Retirado ese enemigo por vía diplomática —así fuera engañosamente—, no había programa común que sostuviera al ejército unido. La debilidad estructural del movimiento era anterior a la deslealtad de sus jefes: era lo que hacía posible esa deslealtad.

Hay una segunda razón, de clase. Los notables criollos del Socorro estaban afectados por los estancos y las alcabalas, sí, pero eran también propietarios medianos, comerciantes, hombres de las parroquias que dominaban a sus vecinos indios y mestizos. Un movimiento que se radicalizara —como el que Galán empezaba a articular—, uno que incorporara demandas de tierras, de abolición de tributos, de liberación de obligaciones eclesiásticas, no amenazaba solo a la Corona: los amenazaba a ellos. Preferir el orden imperial restaurado, con algunas concesiones fiscales, era una decisión racional desde su lugar. La fractura decisiva no corría entre criollos y peninsulares. Corría entre las élites locales —criollas y peninsulares juntas— y el común.

De ahí que varios de los futuros líderes de la Independencia hayan estado en 1781 del lado de la Corona. La élite criolla nunca fue un bloque homogéneo. Su alianza táctica con el común contra los estancos no anticipaba una alianza estratégica contra el rey.

El ciclo atlántico y sus resonancias

Los comuneros no leían gacetas de Filadelfia. Las noticias de la independencia norteamericana se filtraban con retraso y llegaban con poca fuerza emocional a Suramérica; la Corona las controlaba. La Revolución francesa todavía no había ocurrido. El horizonte ideológico de los rebeldes era hispánico: Suárez sin nombrarlo, las libertades castellanas, el rey justo frente al mal ministro.

Pero sí compartían el año con Túpac Amaru. La revuelta andina y la comunera fueron parte de un mismo pulso: 1781 fue, como escribiría un cronista, un año cabalístico y antitiránico. Los agitadores del Guanentá invocaban al Tupamaro; la poesía rebelde comunera —la cédula atribuida al lego fray Ciriaco de Arcila entre ellas— dejaba percibir el eco de los levantamientos de México y del Perú. Los canales exactos por los que circulaba esa información son difíciles de rastrear, pero la sincronía es innegable. En las últimas décadas del siglo XVIII, el Imperio español entero temblaba por sus bordes.

Lo que unía esas revueltas no era una ideología común sino un mismo estímulo: la fiscalidad borbónica. Carlos III y sus ministros necesitaban extraer más de América para financiar sus guerras europeas, y esa extracción producía, por reacción, insurrecciones simultáneas en geografías distantes. Los comuneros no sabían que participaban de un ciclo imperial; los dominadores españoles sí lo percibieron. Habían pasado, escribió alguien entonces, los tiempos de la callada obediencia.

La memoria y sus reescrituras

Después vino el largo silencio. La sentencia contra Galán había ordenado el olvido de su nombre, y esa orden se cumplió, a medias, durante más de un siglo. La historiografía decimonónica colombiana estaba ocupada en otras cosas: los héroes epónimos de la Independencia, el Descubrimiento, la Conquista. La rebelión de 1781 era un episodio incómodo —de vasallos que no habían proclamado independencia, de plebeyos aplastados por una alianza de criollos y peninsulares, de una violencia estatal que no encajaba en la épica republicana— y quedó en la sombra.

El primer texto historiográfico importante sobre el movimiento, Los comuneros de Manuel Briceño, apareció en Bogotá en 1880, casi un siglo después de los hechos. Antes de eso, el uso más notable de la memoria comunera había sido externo: Francisco de Miranda, en Londres hacia 1798, incluyó en su expediente ante los británicos una narración de la sublevación iniciada en el Socorro el 16 de marzo de 1781, escrita por un protector general de indios del virreinato. El propósito de Miranda era demostrar que los suramericanos estaban listos para la revolución y se unirían a una expedición libertadora. En sus manos, la revuelta fiscal de vasallos leales se convirtió en prueba de una vocación independentista. Era la primera resignificación, y no sería la última.

A lo largo del siglo XX, la izquierda colombiana recuperó a Galán como símbolo. El Ejército de Liberación Nacional bautizó uno de sus frentes con su nombre. La figura del mestizo ahorcado, descuartizado y esparcido por los pueblos del Guanentá funcionaba bien como emblema de la traición de las élites y de la continuidad de la lucha popular. Desde otra orilla —también de izquierda, pero más escéptica—, Orlando Fals Borda relativizó el alcance transformador de la rebelión: el esfuerzo de Galán, escribió, fue sofocado en su cuna sin lograr impacto de entidad en la sociedad colonial. La disputa por la herencia comunera es, todavía, una disputa política.

Hay algo revelador en el hecho de que la pintura colonial no representara el suplicio de Galán. El 1 de febrero de 1782 no dejó cuadro alguno: los pintores del virreinato seguían trabajando para los mismos poderes que habían firmado la condena. La imagen de la rebelión hubo que construirla después, con óleos tardíos y monumentos republicanos, cuando ya se le había impuesto un sentido ajeno al que sus protagonistas le habían dado.

Lo que queda

La Insurrección Comunera no fue, en sentido estricto, un preludio de la Independencia. Sus dirigentes no lo pretendieron; su gramática política era hispánica, no ilustrada; sus reclamos apuntaban al mal gobierno, no al rey; su desenlace fue un acuerdo con el arzobispo, no una declaración de ruptura. Convertirla retroactivamente en gesta protonacional es una operación de la memoria republicana, no una lectura fiel de los hechos.

Pero tampoco fue un accidente sin consecuencias. Dejó tres cosas duraderas. Un repertorio de agravios —los estancos, las alcabalas, la Armada de Barlovento, la arrogancia de los recaudadores— que treinta años después seguiría vivo en la memoria de las provincias y alimentaría las primeras Juntas de 1810. Una figura: la de Galán, el mestizo que no capituló y fue descuartizado por eso, disponible para todas las apropiaciones posteriores. Y, sobre todo, una demostración incómoda: que las élites locales, criollas y peninsulares, podían aliarse contra el común cuando el común iba demasiado lejos. Esa lección quedó grabada por debajo de la retórica independentista y explicaría, décadas después, muchas cosas: por qué la revolución de 1810 fue tan cuidadosa en su vocabulario social, por qué las guerras civiles del siglo XIX enfrentaron ante todo a facciones de la misma clase, por qué la cuestión agraria y la cuestión indígena siguieron pendientes tanto tiempo.

Los comuneros del Socorro pedían, en 1781, que se derogaran unos impuestos y se respetaran las libertades locales. Eran fieles al rey, hostiles al mal gobierno, herederos de una tradición castellana que los Borbones querían liquidar. Los aplastaron entre todos —el virrey, el arzobispo, los oidores, el corregidor de la Villa que había firmado con ellos las Capitulaciones—, y luego, poco a poco, los inventaron de nuevo. La historia de Colombia los necesitaba fundadores, y ellos, sin haberse propuesto serlo, terminaron siéndolo por defecto.

04

En el archivo

3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Juan Francisco Berbeo — líder principal del movimiento comunero y negociador de las Capitulaciones de Zipaquirá
  2. 02José Antonio Galán — jefe radical que rechazó las Capitulaciones y continuó la insurrección hasta su captura y ejecución
  3. 03Manuela Beltrán — mujer que arrancó el edicto fiscal en el Socorro el 16 de marzo de 1781, detonando la rebelión
  4. 04Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres — Regente Visitador cuyas reformas fiscales borbónicas provocaron directamente el levantamiento
  5. 05Antonio Caballero y Góngora — arzobispo designado para negociar con los comuneros y firmante de las Capitulaciones de Zipaquirá
  6. 06Socorro — epicentro económico y político de la insurrección, provincia con economía mercantil textil vulnerable a los nuevos impuestos
  7. 07Capitulaciones de Zipaquirá — documento de demandas comuneras firmado en 1781 e improbado por el virrey, que condensó las reivindicaciones del movimiento
  8. 08Reformas borbónicas — conjunto de medidas fiscales que triplicaron la carga tributaria en Nueva Granada y detonaron la rebelión
06

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 46 fragmentos

01Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 cita
[1]

deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…

p. 235
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[2]

Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…

p. 231
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 124, 1262 citas
[3]

n te las restricciones, destruían todas las plantas de tabaco sem bra das fuera de las áreas perm itidas y arrestaban y encarcelaban a los violadores. Todo ello ocurría en una época de escasez de alim entos y epidem ia de viruela en la región de G uanentá, cuando, según se dice, m urieron allí unas seis mil personas.…

p. 124
[30]

Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…

p. 126
04¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 391 cita
[4]

itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…

p. 39
05Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[5]

las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…

p. 53
06Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 132, 1392 citas
[6]

de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…

p. 139
[17]

y lanares, o al contado, y del Socorro recoge lienzos, bayetas, colchas y otras piezas útiles. El Socorro. Remite a todo el reino algodones en rama “con pepita y sin ella”, lienzos, paños de manos, colchas y otras piezas útiles. A Santa Fe y Popayán se envían por tierra, a Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha…

p. 132
07Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 cita
[7]

0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…

p. 65
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 161 cita
[8]

entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…

p. 16
09Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 62, 794 citas
[9]

la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…

p. 79
[10]

la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…

p. 79
[13]

las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

p. 62
[14]

las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

p. 62
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[11]

naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…

p. 108
11Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 561 cita
[12]

por la cantidad que de ellos se exige, o por lo que el erario reporta. Tales son en este Reino las alcabalas interiores y los estancos de aguardiente y tabaco». Inme- diatamente afirma: «El producto que aquí dejan al erario los estancos y alcabalas interiores, no corresponde al atraso que causan y al riesgo en que…

p. 56
12Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1591 cita
[15]

Colonia. Jui- cios Civiles de Santander, tomo 6, folio 1: cuentas de un empresa- rio o intermediario de esa clase; pero desde antes la separación de las operaciones de hilado y tejido se había marcado de tal manera, que se llegó al punto de que fuera de tan común giro y aceptación el algodón hilado, que hiciera las…

p. 159
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1701 cita
[16]

y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…

p. 170
14Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 87, 902 citas
[18]

í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
[22]

pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…

p. 87
15El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 1901 cita
[19]

«… no debe guardar el juramento cuando por algún nuevo evento im - premeditado puede venir un peor mal. Si el juramento puede ser contra la salud, es indebido, no tiene fuerza para obligar, como acto que cae sobre indebida materia» 124. Tan claro era el sentido antiabsolutista de esa tradi- ción, que durante el…

p. 190
16Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1931 cita
[20]

con el milagro de su tenacidad y de sus bríos, toda la altivez y el celo de las comunidades castellanas. Tal espíritu como ese, agonizante bajo la inmediata opresión del primero de los Habsburgo, importador del despotismo exótico en la tierra de los fueros, transportábase sobre los berganti- nes aventureros a las…

p. 193
17The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1991 cita
[21]

stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…

p. 199
18Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 4231 cita
[23]

masónicas, que todo es uno mismo. Se expulsa a los jesuitas y en cada hueco de lo que ellos dejan van formándose nuevos estudios en donde, a cambio de metafísica, se enseñan matemáticas, ciencias naturales. Se implanta el culto a la ciencia donde antes sólo existía una preocupación monástica. En cada ciudad de América…

p. 423
19Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2831 cita
[24]

para resistir. España administraba sus colonias a través de un sistema legal y magistrados equivalentes a los propios. Adicionalmente, se trataba de un gobierno de jueces, donde cada oficial delegado ejercía funciones jurisdiccionales de una u otra manera 7. La costumbre y la equidad jugaron un papel crucial en los…

p. 283
20Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2071 cita
[25]

la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…

p. 207
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 95, 982 citas
[26]

el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento!» El alcalde prometió que participaría al cabildo sobre los reclamos de los reunidos para informar al visitador. La muchedumbre no le prestó aten- ción y una vendedora de la plaza, Manuela Bel- trán, rompió el edicto donde se hallaba fijado el impuesto. Como…

p. 95
[31]

del Socorro. En esta pro- vincia, entre el 20 de por el arzobispo Caballero y Góngora, que se ha- llaba de visita en la región, no apoyó las preten- siones del pueblo. Galán, que había llegado a Mogotes el 2 de septiembre, pertenecía al bando de quienes no creían en las promesas del arzobispo de hacer cumplir las…

p. 98
22Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 cita
[27]

estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…

p. 44
2330 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 13, 262 citas
[28]

aprobación sea sin ambigüedad. Campamento de guerra en territorio de Zipaquirá, 5 de junio de 1781. M.P.S. Puesto a los pies de V.A. El más rendido vasallo, JUAN FRANCISCO BERBEO. (Estas Capitulaciones fueron redactadas por don Agustín Justo de Medina y don Juán Bautista de Vargas, Delegados de la ciudad de Tunja. Al…

p. 26
[29]

se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…

p. 13
24Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 cita
[32]

su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…

p. 405
25Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 731 cita
[33]

en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…

p. 73
26Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1611 cita
[34]

a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…

p. 161
27Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 cita
[35]

la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…

p. 101
28Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5611 cita
[36]

é dula ” del lego fray Ci r í aco de Arcila", hermano de un capit á n de los comuneros de Simacota. Estos ú ltimos versos exaltaron a los rebeldes; seg ú n el historiador Manuel Brice ñ o, fueron pregonados en los lugares m á s p ú blicos del Socorro el d í a 30 de marzo de 1781, ante los habi tantes reunidos al son…

p. 561
29When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 301 cita
[37]

the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…

p. 30
30Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
[38]

Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…

p. 10
31Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 511 cita
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el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…

p. 51
32Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2301 cita
[40]

reunían; suponiendo órdenes del rebelde Tupamaro —Tupac-Amaru— 5 y queriéndo - les dar a entender que todos se hallaban exentos de tribu - tos y que habían cesado las contribuciones de diezmos y obligación de cumplir con los preceptos eclesiásticos, para esto, y como el principal motor y cabeza fue un vecino llamado…

p. 230
33El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3981 cita
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llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…

p. 398
34Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 9041 cita
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por la propia organización en noviembre de 1985. 259 Óscar Castaño, El guerrillero y el político, Ricardo Lara Parada, Bogotá, Oveja Negra, 1984, p. 61. 260 Nombre en homenaje al líder de la insurrección de los comuneros de 1781, encabezada por José Antonio Galán. Capturado, fue condenado a la pena de muerte y al…

p. 904
35La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 981 cita
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evaluación de las cosas, dentro de la pers - pectiva general de la civilización occidental. 99 D e la subversión y la finali D a D histórica 5. Subversión y Frustración en el Siglo XIX La paz hispana se mantiene por tres centurias hasta prin - cipios del siglo XIX, sin que hubiera surgido mientras tanto ninguna…

p. 98
36Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 12 citas
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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
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79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…

p. 1
37Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2381 cita
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Villabona. Ya no eran sólo indígenas ni tampoco estaban sometidos a reglas especiales. El sistema del concierto se había abierto para incluir a rodas las personas, con el fin de emplearlas a cambio de un salario. Eran en esencia jornaleros, genre sin distinción de todas las razas y sus mezclas, que vendían su fuerza…

p. 238