Idea · Pre-independencia
Atlántico revolucionario
El Atlántico revolucionario designa el espacio hemisférico que, entre la independencia de las Trece Colonias y las juntas hispanoamericanas de 1810, unió por un mismo tráfico de personas, mercancías, impresos y consignas políticas a ciudades como Filadelfia, París, Cartagena, Caracas y Santafé. Aplicado a la Nueva Granada, el concepto revela un virreinato activamente enganchado al ciclo revolucionario atlántico, no un territorio apartado que despertó tardíamente a la política moderna.
Trayectoria de una idea
- 1777
Estanco de tabaco y reformas borbónicas
- 1781
Revolución Comunera y su recodificación atlántica
- 1791
Infraestructura ilustrada: el Papel Periódico y la Expedición Botánica
- 1793
Nariño imprime los Derechos del Hombre
- 1797
Conspiración de Gual y España y circulación caribeña de impresos
- 1806
Expedición de Miranda y la navegabilidad del circuito atlántico
- 1810
Crisis imperial y activación del vocabulario atlántico
La lectura
El Atlántico revolucionario no fue para la Nueva Granada una corriente que llegó de fuera y arrastró pasivamente a sus actores, sino un campo de filtraciones, recodificaciones y recepciones parciales en el que el virreinato participó de manera asimétrica pero real. Sus puertos caribeños, especialmente Cartagena, funcionaron como membranas permeables donde el contrabando de mercancías, la trata negrera, el correo consular y el desplazamiento de refugiados llevaban adherida una capa informativa: un impreso era una mercancía más y viajaba con las mismas rutas. La paradoja central del proceso es que fueron las propias reformas borbónicas —al triplicar la presión fiscal y al financiar colegios, expediciones científicas y prensa ilustrada— las que crearon simultáneamente el agravio y la capacidad intelectual para nombrarlo con el vocabulario disponible en el Atlántico. Así, los comuneros de 1781 protestaron en clave fiscal local, pero su gesta fue recodificada por Miranda en clave revolucionaria hemisférica; Nariño tradujo en 1793 un texto llegado al escritorio del propio virrey, y la conspiración venezolana de 1797 envió sus impresos desde Guadalupe hasta las costas del Caribe hispano en semanas. Cuando en 1810 la monarquía colapsó, el virreinato no tuvo que inventar nada: tenía ya el vocabulario, las redes y la memoria de agravios que tres décadas de circulación atlántica habían depositado, capa a capa, en sus ciudades y sus élites.
El Atlántico revolucionario es el nombre del espacio hemisférico que, entre la independencia de las Trece Colonias y las juntas hispanoamericanas de 1810, quedó unido por un mismo tráfico de personas, mercancías, impresos y consignas políticas. Filadelfia, París, Puerto Príncipe, Kingston, Curazao, Caracas, Cartagena y Santafé participaron de un solo circuito en el que las noticias de una revuelta viajaban en barcos mercantes junto con el añil y los cueros, y en el que una traducción hecha en Guadalupe podía llegar a la costa venezolana en cuestión de semanas. Aplicado a la Nueva Granada, el concepto deshace una imagen tenaz: la de un virreinato apartado y tardío que solo despertó a la política moderna cuando Napoleón entró en Madrid. Entre 1776 y 1810, la Nueva Granada fue un nodo activo, aunque asimétrico, de la conmoción atlántica: sus puertos caribeños la conectaron con las revoluciones del norte y de las Antillas, sus criollos ilustrados tradujeron y leyeron los textos fundacionales del ciclo, y sus propios episodios de protesta —el estanco, los comuneros, los pasquines— fueron recodificados por agentes como Francisco de Miranda para uso geopolítico transatlántico. Lo que sigue reconstruye ese nodo: qué lo hizo posible, quiénes lo tejieron, por dónde circuló y qué huella dejó cuando la crisis imperial de 1808 volvió inevitable la conversación sobre soberanía.
Anatomía del concepto
Hablar de un Atlántico revolucionario neogranadino no supone que la Nueva Granada tuviera una revolución propia entre 1776 y 1810 —no la tuvo—, sino que estuvo estructuralmente enganchada al ciclo que sí las tuvo en otras partes. El enganche operó en tres registros simultáneos. El primero, material: Cartagena de Indias, gran puerto atlántico del virreinato, funcionaba como mercado de esclavos, punto de entrada de mercancías legales e ilegales y foco de una cultura miliciana con densas conexiones caribeñas. El segundo, intelectual: una red de criollos formados en los colegios de Santafé —El Rosario, San Bartolomé—, en la Expedición Botánica dirigida por José Celestino Mutis y en la prensa incipiente del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá leyó, tradujo, imprimió y discutió lo que llegaba del norte y de Europa. El tercero, político-fiscal: las reformas borbónicas, al triplicar la presión tributaria y suprimir autonomías locales, crearon el sustrato de agravio que hizo permeables a estos territorios a cualquier lenguaje de resistencia disponible en el Atlántico.
La tensión que atraviesa el concepto es la de la agencia. Los actores neogranadinos rara vez actuaron con la conciencia de estar participando en un proceso hemisférico. Los comuneros de 1781 pidieron reversión fiscal, no ruptura con la Corona. Antonio Nariño imprimió los Derechos del Hombre en 1793 no desde una red criolla coordinada, sino desde un libro llegado a manos del virrey. La conspiración de Gual y España, que en 1797 sí formuló un programa igualitario radical, era venezolana, y su onda expansiva hacia Cartagena viajó por los circuitos mercantiles del Caribe. El Atlántico revolucionario neogranadino se entiende mejor, por eso, como un campo de filtraciones, recodificaciones y recepciones parciales que como una empresa consciente. Y sin embargo, esa porosidad bastó: bastó para que en 1810, cuando la monarquía se derrumbó en la península, los cabildos del virreinato tuvieran ya el vocabulario, las redes y la memoria de agravios para articular, en cuestión de meses, un movimiento juntista propio.
Los orígenes: reformas borbónicas y el sustrato del agravio
El ciclo comienza, paradójicamente, con una operación de fortalecimiento imperial. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, los Borbones intentaron rehacer el pacto colonial: aumentar los recaudos, someter a audiencias y cabildos —que bajo los Habsburgo habían gozado de amplia autonomía— y controlar la producción de las colonias impidiendo, por ejemplo, que los textiles locales compitieran con los peninsulares. En la Nueva Granada, el giro fue brusco. En 1777 se estableció el estanco de tabaco. En 1778, el regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres restableció el impuesto de la armada de Barlovento y extendió la alcabala a nuevos productos. El resultado, medido en carga fiscal sobre la economía virreinal, fue una operación de casi triplicación: la exacción, que antes de las reformas pesaba en torno a un 2,9 % del producto agregado, escaló hasta rondar el 10,4 % en el quinquenio de mayor presión del último tercio del siglo, y todavía hacia 1810 se mantenía cerca del 8,4 %. En la última década colonial, los ingresos de la Corona en la Nueva Granada promediaron 2,4 millones de pesos anuales, de los cuales un tercio salía de los estancos de tabaco y aguardiente.
Este trasfondo explica por qué la Nueva Granada era permeable al lenguaje revolucionario que empezaba a circular por el Atlántico. La monarquía había roto tácitamente el equilibrio anterior: pedía más y devolvía menos autonomía. La élite criolla, formada intelectualmente gracias a las mismas reformas —expediciones científicas, sociedades económicas, tertulias, colegios reforzados—, se encontró en la posición paradójica de deberle a Madrid su formación ilustrada y, con esa misma formación, poder cuestionar el orden que Madrid intentaba imponer. Los campesinos y artesanos del interior, en cambio, encontraron en las nuevas cargas fiscales un motivo directo, tangible y compartido de rebelión.
La trayectoria: cinco escenas de un nodo atlántico
1781: el Socorro y la primera lectura hemisférica
El 16 de marzo de 1781 estalló en la provincia del Socorro la Revolución Comunera. Campesinos y artesanos se levantaron contra las políticas del estanco de tabaco —que compraba barato a los productores y vendía caro—, contra los nuevos gravámenes y contra la represión de las siembras consideradas ilegales. La rebelión creció rápidamente y avanzó hacia el altiplano. En Zipaquirá, el arzobispo Antonio Caballero y Góngora negoció con el líder criollo Juan Francisco Berbeo las Capitulaciones que revertían buena parte de las medidas fiscales. Reforzada militarmente la capital, las autoridades anularon lo pactado, persiguieron a los comuneros que —como José Antonio Galán— habían rechazado la componenda, y los ejecutaron. El propio Caballero y Góngora, cuando se convirtió en virrey, viajaría a Cartagena y Turbaco buscando alejarse del pesado fardo que le había dejado su antecesor Manuel Antonio Flórez con la represión y, también, de su propio papel como negociador de Zipaquirá.
Las demandas comuneras iban más allá del bolsillo: exigían que los cargos oficiales fueran ocupados preferentemente por naturales de la Nueva Granada en lugar de españoles peninsulares. Era un paso hacia un sentimiento nacionalista embrionario, aunque distaba mucho de un reclamo de independencia. La rebelión, sin embargo, tendría una segunda vida atlántica. Francisco de Miranda —el venezolano que desde su estancia en los Estados Unidos entre 1783 y 1784 fue madurando el proyecto de independencia hispanoamericana— utilizó la narración del Socorro como argumento ante potencias extranjeras. En su expediente para convencer a británicos, rusos y norteamericanos, los comuneros neogranadinos aparecían como prueba de que los suramericanos ya estaban listos para levantarse. Un agravio fiscal local se convirtió en argumento geopolítico transoceánico. El Socorro entró en el ciclo atlántico por la puerta trasera de la propaganda de un exiliado.
1789-1797: la circulación caribeña y el miedo a Haití
La toma de la Bastilla, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la radicalización jacobina y —sobre todo— la revolución de esclavos en Saint-Domingue a partir de 1791, que dio origen a Haití, marcaron un antes y un después. Para las autoridades españolas en el Caribe, las ideas revolucionarias francesas dejaron de ser filosofía y se volvieron amenaza inmediata. Cartagena, con su función de gran mercado de esclavos hacia el interior por los ríos Magdalena y Cauca —hacia Santafé, Antioquia, Cali, Popayán, el Chocó—, era un punto de vigilancia obvio. Cualquier indicio de revuelta inspirada en Haití o en los principios franceses encendía la alarma.
El miedo no era paranoia burocrática. En 1795, la llamada "ley de los franceses" inspiró una revuelta de esclavos en la región de Coro, en Venezuela, en un contexto donde circulaban conversaciones sobre seguir el ejemplo de Saint-Domingue. Dos años más tarde, en 1797, estalló en La Guaira la conspiración de Gual y España, liderada por el hacendado José España, el oficial Manuel Gual y el catalán exiliado Juan Bautista Picornell, acérrimo partidario de la Revolución francesa. Su programa era el más radical formulado hasta entonces en el mundo hispano: libertad, igualdad y fraternidad racial, abolición de la esclavitud, supresión de la tributación indígena. Descubierta la conspiración, sus impulsores se refugiaron en el Caribe. Desde Guadalupe se hizo imprimir una traducción de la Declaración de los Derechos del Hombre acompañada de un "discurso preliminar a los americanos", que fue enviada como propaganda a las costas de Venezuela.
La geografía de esa circulación merece atención. Guadalupe, Curazao, Jamaica y Saint-Thomas formaban un archipiélago editorial donde los exiliados de la Península, los libertos francófonos, los comerciantes holandeses y los emisarios británicos convergían con impresores dispuestos a producir en castellano lo que las prensas peninsulares vetaban. La Guaira y Cartagena eran los dos puertos hispanos más expuestos a ese archipiélago: goletas, balandras y bergantines los enlazaban en trayectos de dos a cuatro semanas, muchas veces con escalas en las Antillas menores donde se rehacía la carga y se sumaban pasajeros. Las noticias del complot de Gual y España llegaron a Cartagena en un barco mercante en menos de un mes; la densidad del tráfico entre ambos puertos sugiere que los impresos de Guadalupe viajaron por las mismas bodegas. En 1799, el gobernador de Cartagena informó de folletos sediciosos hallados en manos de marineros; en 1800, se detectó en Maracaibo la circulación de la traducción caribeña de la Declaración; en 1806, la expedición fallida de Miranda con la corbeta Leander —salida de Nueva York, con escala en Jacmel, Haití— pretendió desembarcar en Coro y demostró que el circuito no era metafórico sino navegable. Cartagena, además, recibía por Portobelo y La Habana las gacetas norteamericanas y los folletos españoles impresos en Filadelfia, ciudad donde en la década de 1790 se habían instalado tipografías dedicadas al mercado hispano. Cada capa de ese entramado —el contrabando de mercancías, la trata negrera, el correo consular, el desplazamiento de refugiados franceses expulsados de Saint-Domingue— llevaba adherida una capa informativa. En el Caribe hispano de fin de siglo, un impreso era una mercancía más y viajaba con las mismas facilidades y las mismas rutas.
1793: Nariño y la traducción atlántica
El 13 de diciembre de 1793, en la Imprenta Patriótica ubicada en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, Santafé, Antonio Nariño imprimió su traducción castellana de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. El texto fuente había llegado hasta él por una vía característica del ciclo atlántico: una obra de Christophe Félix de la Touloubre, más conocido como Montjoie —cuyo título ha sido dado alternativamente como Las causas y comienzo de la Revolución o Historia de la Asamblea Constituyente—, que contenía transcrita la Declaración y que había llegado al escritorio del virrey Ezpeleta. El impresor fue Diego Espinosa, hijo del director de la Imprenta Real. Un libro francés cotejado en el gabinete del virrey, traducido por un criollo neogranadino y estampado por el hijo del impresor oficial.
La reacción fue proporcional al escándalo. Nariño y Espinosa fueron arrestados; el proceso lo instruyó el oidor Joaquín de Mosquera y Figueroa por "impresión sin licencia". Nariño fue condenado a diez años de prisión, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Lo defendió el criollo José Antonio Ricaurte. La confiscación permitió a las autoridades conocer la biblioteca clandestina que Nariño había introducido en Santafé: clásicos griegos y latinos, historia, filosofía, teología, matemáticas, medicina, ciencias naturales, tratados de leyes y —el corazón del asunto— los enciclopedistas franceses del siglo XVIII. Esa biblioteca es, ella misma, un mapa del Atlántico revolucionario en formato encuadernado. Contra Nariño se comprometió también, entre otros, a Francisco Antonio Zea —catedrático de ciencias naturales en San Bartolomé y miembro de la Expedición Botánica— y al doctor Manuel Ignacio Fróes de Carvalho. El virrey Ezpeleta comunicó a los gobernadores de Quito, Caracas y otras ciudades sobre los pasquines sediciosos que habían aparecido casi simultáneamente en varias ciudades y sobre la circulación del impreso, al que se atribuía potencial para turbar el orden establecido. La coincidencia de fechas entre la publicación de la Declaración y los pasquines llevó a las autoridades a interpretar ambos fenómenos como piezas de una misma conspiración anti-hispánica en marcha.
La situación financiera de Nariño se enredó con lo político: como tesorero de diezmos, se vio obligado a restituir anticipadamente fondos que, según las prácticas habituales de la época, los recaudadores solían negociar hasta una fecha predeterminada. Los dos asuntos —el desfalco y el juicio por los Derechos— coinciden en el tiempo. La ruina económica y la ruina política caminaron juntas.
1791-1797: la infraestructura ilustrada
El caso Nariño no habría sido posible sin una infraestructura previa. Entre 1791 y 1797 circuló en Santafé el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, fundado y dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Sus alrededor de 265 o 270 números publicaron ensayos sobre botánica, física, medicina, filosofía y literatura, y reunieron a lo más selecto de la Ilustración neogranadina: Mutis, Zea, José Manuel Matiz, Francisco José de Caldas, Pedro Fermín de Vargas —que también participaría en la reflexión política crítica— y Ulloa. La prensa colonial tardía cumplió una función precisa: creó un sentimiento de comunidad compartida entre las élites criollas de regiones distantes, que hasta entonces habían tenido pocos canales para reconocerse como miembros de una misma cosa.
Detrás del periódico había una red educativa. En los colegios de Santafé se cruzaban estudiantes de distintas provincias que luego mantenían correspondencia privada, tejiendo un vínculo interregional lento pero eficaz. La influencia de Mutis se propagó por generaciones: enseñó a Felipe Vergara y Caycedo en los años 1760 y a Eloy Valenzuela en los 1770, y ambos transmitieron matemáticas y filosofía moderna en el Rosario. En la segunda mitad de los 1770, José Félix Restrepo se hizo seguidor de la filosofía científica y enseñó entre 1778 y 1781 en San Bartolomé, para luego llevar esa enseñanza al Colegio-Seminario de Popayán. Camilo Torres Tenorio, José Ignacio de Pombo y otros criollos de la generación de 1810 se formaron en ese ambiente. La paradoja borbónica se expresa aquí con nitidez: las mismas reformas que apretaron el tornillo fiscal financiaron y alentaron las expediciones, las cátedras y las tertulias que producirían a los hombres capaces de pensar la posibilidad del autogobierno.
1783-1810: Miranda, el nodo humano
Ninguna figura personifica el Atlántico revolucionario aplicado a la Nueva Granada mejor que Francisco de Miranda, aunque no fuera neogranadino. Sus movimientos dibujan el circuito. En 1783-1784 estuvo en los Estados Unidos, donde se reunió con George Washington y trazó en Boston los primeros planes para la independencia de la América española, discutiéndolos con generales norteamericanos. Escapando de perseguidores españoles, llegó a Filadelfia; desde La Habana, J. Seagrove le informó el 16 de marzo de 1784 —fecha simbólicamente coincidente con el aniversario del Socorro— que un juez de residencia le había impuesto pérdida del empleo militar, multa y exilio a Orán por diez años. En 1785 pasó a Inglaterra, donde las condiciones no eran propicias para pedir apoyo británico. Siguió entonces por Europa, visitando gobernantes y personalidades, llegando incluso a la corte de Catalina la Grande de Rusia.
Miranda hizo dos cosas fundamentales para el enganche neogranadino con el Atlántico revolucionario. Primero, insertó a la Nueva Granada en el argumentario de la independencia hispanoamericana ante las potencias: el Socorro, un episodio interno y contenido, se volvió pieza de un caso hemisférico. Segundo, mantuvo abiertas por décadas las líneas de contacto entre exiliados, agentes y simpatizantes hispanoamericanos en Londres, París y las Antillas, líneas por las que después transitarían Simón Bolívar y otros. En 1810, ya de regreso en Venezuela, Miranda se alojó en casa de Bolívar y fue elegido diputado por San Juan Bautista de Pao al Congreso de 1811 —una circunscripción remota que reflejaba la desconfianza que aún generaba entre los notables criollos. El trabajo estructural, el de haber mantenido durante casi tres décadas el circuito abierto, ya estaba hecho.
La red: puertos, castas y milicias
El Atlántico revolucionario neogranadino no fue solo un asunto de bibliotecas y traducciones. Tuvo una dimensión material que se jugó en Cartagena, en Mompox y en las costas menores del Caribe. El contrabando era en ese puerto una práctica de tal extensión que, incluso cuando la Corona permitió ferias legales a la llegada de los galeones, comerciantes, funcionarios y españoles recién llegados se desplazaban a las costas aledañas para practicar el comercio ilegal. Autoridades y viajeros lo consignaban como un lugar común. El Tratado de Utrecht había abierto brechas significativas en las barreras al comercio extranjero con las colonias, y el Tratado de San Lorenzo de 1795 profundizó esas concesiones. Entre 1787 y 1804, por Cartagena se exportaron volúmenes significativos de oro, cacao, algodón, añil, cueros, azúcar, quina y palo de tinte. Mompox operaba como nodo intermediario en el eje que conectaba el Alto Magdalena con la costa, gravando las mercancías que subían y bajaban.
La geografía menor del contrabando importa tanto como la de los grandes convoyes. Riohacha, con su población guajira nunca del todo sometida, era la puerta abierta al comercio con Curazao y Aruba: por allí entraban tejidos holandeses, armas, pólvora y, en menor volumen, papel impreso. Santa Marta funcionaba como escala del cabotaje que conectaba Cartagena con Maracaibo y La Guaira. Portobelo, aunque decadente tras la supresión de los galeones, seguía siendo puerta hacia el Pacífico y ruta de correspondencias hacia el Perú. Y Sabanilla, Tolú y las bocas del Sinú operaban como caletas informales donde las balandras extranjeras descargaban en playas sin funcionarios reales. Este archipiélago menor —costas, ciénagas, canales fluviales— era imposible de controlar con las guarniciones disponibles, y por él se filtraba lo que la aduana de Cartagena no dejaba entrar por la puerta grande.
Un dato menor pero elocuente ilumina la porosidad religiosa e ideológica del puerto: la Inquisición de Cartagena procesó a 82 personas por reformismo religioso —protestantes, luteranos, calvinistas y hugonotes—, prueba de la circulación efectiva por la ciudad de personas de tradiciones vetadas por la ortodoxia católica. Los luteranos fueron el grupo más perseguido por su mayor extensión local. Donde llegan hugonotes y calvinistas también llegan, tarde o temprano, panfletos.
La otra dimensión es social. La costa Caribe neogranadina, a diferencia del interior andino prácticamente desprovisto de fuerzas armadas, contaba con milicias disciplinadas por su interés estratégico frente a amenazas europeas, piratería y contrabando. Esa cultura militar generó redes sociales entre sectores pardos y élites criollas que no existían en el altiplano: los milicianos participaban en tertulias, bailes y recepciones, y accedían al matrimonio en círculos patricios. El caso del pardo Ayarza, que obtuvo por petición al rey la supresión legal de la condición de pardo de su hijo mayor —con la salvedad explícita de que no serviría de precedente para otros—, muestra a la vez la porosidad y sus límites: se abría la puerta para el caso individual y se cerraba de golpe para la categoría. La combinación de milicias disciplinadas, matrimonios interraciales de élite, contrabando estructural y proximidad marítima con Saint-Domingue, Jamaica y Curazao hacía del Caribe neogranadino un territorio distinto al del interior. Ese Caribe tenía su propia relación —más directa, más inquietante para las autoridades— con el ciclo revolucionario atlántico, y era una relación que no pasaba necesariamente por las bibliotecas de Nariño.
La huella: 1808-1810 y la memoria activa
El Atlántico revolucionario neogranadino no produjo, en el período que aquí interesa, ni ruptura política ni proyecto acabado de independencia. Produjo algo más modesto y quizá más consecuente: un stock de vocabulario, un archivo de agravios y una red de personas que en 1808 estaban listos para actuar cuando la contingencia lo exigiera.
La contingencia llegó por Europa. La ocupación napoleónica de la península ibérica y el arresto de Fernando VII generaron una crisis de soberanía que puso en circulación, en todo el mundo hispano, un mismo argumento: si faltaba el monarca, la soberanía revertía al pueblo. Ese razonamiento tenía raíces escolásticas —Suárez, Vitoria— que las élites criollas conocían por su formación teológica, y raíces ilustradas —Locke, Rousseau— que las mismas élites frecuentaban por las bibliotecas clandestinas del tipo de la de Nariño. Ambas tradiciones convergieron en 1808-1810 en una fórmula única y operativa. Ignacio de Herrera y Vergara la formuló con nitidez el 1 de septiembre de 1809 en Santafé: "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta". Los cabildos neogranadinos —Santafé, Popayán, Socorro, Tunja, Loja, entre otros— redactaron instrucciones al delegado ante la Junta de Sevilla. El cabildo de Santafé produjo el llamado Memorial de Agravios, redactado por Camilo Torres Tenorio en noviembre de 1809, que condensaba las quejas criollas contra la representación desigual en la Junta Central peninsular —donde América, con más población que la Península, obtenía menos escaños— y proponía un programa de gobierno ilustrado. Los demás cabildos remitieron documentos similares. En estos textos convergen las tres capas del Atlántico revolucionario neogranadino: la doctrina de la reversión de la soberanía —ideas ilustradas europeas cruzadas con escolástica hispana—, el lenguaje de los derechos —el mismo que Nariño había traducido en 1793— y la memoria concreta de los agravios acumulados desde las reformas borbónicas y desde el Socorro de 1781.
Los acontecimientos se precipitaron en cadena. En Quito, el 10 de agosto de 1809, se instaló la primera junta autónoma del virreinato, rápidamente reprimida por tropas enviadas desde Santafé, Guayaquil y Lima. En Charcas y La Paz, en mayo y julio del mismo año, se habían dado movimientos análogos. En Caracas, el 19 de abril de 1810, el cabildo depuso al capitán general Vicente Emparan. En Cartagena, el 22 de mayo de 1810, el cabildo obtuvo del gobernador Francisco de Montes la aceptación de dos diputados criollos en la Junta de Gobierno; el 14 de junio, Montes fue depuesto. En Santafé, el 20 de julio, el enfrentamiento con el comerciante peninsular José González Llorente, provocado en la plaza mayor por los hermanos Morales, sirvió de detonante para la instalación de la Junta Suprema. En cuestión de tres meses, las principales ciudades del virreinato habían asumido, por sí mismas, la gestión de la soberanía en nombre del rey ausente. La rapidez de la secuencia y el paralelismo casi coreográfico entre cabildos que no habían coordinado previamente entre sí son la prueba retrospectiva más contundente de que el enganche atlántico había hecho su trabajo.
Esa memoria estuvo activa. Los sucesos de 1781 resonaron con fuerza en la crisis de 1794-1797 —la de los pasquines, la de Nariño, la de Gual y España— y en la de 1808-1810. Fueron recordados por gobernantes y pueblo a lo largo del período, aunque —curiosamente— tardarían más de un siglo en encontrar su primera gran historia: la publicación de Los comuneros de Manuel Briceño en Bogotá, en 1880. La memoria fue política antes que historiográfica.
Las autoridades coloniales, por su parte, cambiaron de tono. En los años 1780 habían promovido, con matices, la Ilustración científica en sus formas más asépticas: expediciones botánicas, cátedras, sociedades. En los 1790, tras la radicalización francesa y la revuelta de Saint-Domingue, empezaron a percibir las revoluciones norteamericana y francesa como fenómenos perturbadores. El proceso a Nariño y la vigilancia sobre el Caribe son las dos caras de ese giro represivo tardío. Pero el material humano ya estaba formado, los libros ya circulaban clandestinamente y el vocabulario ya había sido traducido. Cerrar la puerta en 1794 no servía para desandar lo hecho en las décadas anteriores.
En 1810, cuando los cabildos neogranadinos empezaron a formar juntas locales, no partían de cero ni improvisaban a partir de noticias europeas frescas. Actuaban desde una posición ya cargada: una élite criolla ilustrada, formada en los colegios y en la Expedición Botánica, con lecturas atlánticas familiares; una experiencia de agravio fiscal documentada y viva; un caso de mártir intelectual —Nariño— que había convertido la traducción de un texto en acto político; y un Caribe conectado con Venezuela, las Antillas y el norte por rutas que ni el estanco ni la Inquisición habían logrado cerrar.
Un nodo asimétrico, pero nodo
La pregunta que subyace a la categoría de Atlántico revolucionario es la de la simultaneidad. ¿Fueron las revoluciones atlánticas partes de un mismo proceso o episodios paralelos? El caso neogranadino sugiere una respuesta específica. La conexión fue real pero desigual. Real, porque los flujos materiales —esclavos, mercancías de contrabando, refugiados, impresos— y los flujos intelectuales —libros, traducciones, correspondencias— existieron en ambos sentidos. Desigual, porque la Nueva Granada participó del ciclo en una posición estructuralmente subordinada: recibía más de lo que emitía, reaccionaba más de lo que iniciaba, y su inserción atlántica se produjo con frecuencia a espaldas de los propios actores locales, por filtración antes que por diseño.
Eso no la disminuye. Un nodo no deja de serlo por ser periférico: los flujos pasaban por él, se transformaban en él y salían modificados. El Socorro de 1781, un episodio de reversión fiscal, salió de la Nueva Granada convertido —en el discurso de Miranda— en prueba de la vocación revolucionaria hispanoamericana. La Declaración de los Derechos del Hombre entró como libro francés en el gabinete del virrey y salió como imprenta clandestina santafereña, con toda la generación ilustrada implicada en el proceso. Las noticias de Gual y España llegaron a Cartagena en un mes y quedaron, aunque las autoridades reprimieran, sedimentadas en las conversaciones del puerto.
Cuando en julio de 1810 los criollos neogranadinos dieron el paso hacia las juntas, no inventaron un vocabulario nuevo ni descubrieron de repente que existía un mundo atlántico. Actualizaron, para un momento propicio, un enganche que llevaba treinta y cuatro años tejiéndose en silencio, con arrestos, contrabando, tertulias y traducciones. La conexión atlántica de la Nueva Granada del período pre-independiente no fue una etiqueta impuesta desde fuera: fue la trama efectiva —imperfecta, filtrada, a veces involuntaria— que hizo posible que, cuando la monarquía cayó, un virreinato aparentemente remoto tuviera ya listos los argumentos, las redes y la memoria para responder.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Antonio Nariño — traductor e impresor de los Derechos del Hombre en Santafé (1793), nodo intelectual del circuito atlántico en Nueva Granada
- 02Francisco de Miranda — agente transatlántico que recodificó la Revolución Comunera de 1781 como argumento geopolítico ante potencias extranjeras
- 03Cartagena de Indias — puerto atlántico del virreinato, nodo material del circuito caribeño de mercancías, esclavos e impresos sediciosos
- 04Reformas borbónicas — proceso fiscal que triplicó la carga tributaria y creó el sustrato de agravio que hizo permeable a Nueva Granada a los lenguajes revolucionarios atlánticos
- 05Conspiración de Gual y España — episodio venezolano (1797) cuya onda expansiva llegó a Cartagena por los circuitos mercantiles del Caribe, con impresos producidos en Guadalupe
- 06Manuel del Socorro Rodríguez — director del Papel Periódico de Santafé (1791-1797), pieza de la infraestructura ilustrada que permitió la recepción y discusión de ideas atlánticas
- 07Toussaint Louverture y la revolución de Haití — referente hemisférico que transformó las ideas revolucionarias francesas en amenaza inmediata para las autoridades caribeñas hispanas
- 08José Celestino Mutis — director de la Expedición Botánica, formador de la red criolla ilustrada que operó como receptor activo del ciclo atlántico
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
39 documentos · 49 fragmentos
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 204, 2312 citas
[1]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
[31]Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…
p. 204
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 16, 1692 citas
[2]entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…
p. 16
[28]en duda el viejo orden social y político, sino también los preceptos de la fe que regían hasta entonces, para establecer métodos de investigación más objetivos y, si pudiera decirse, científicos. Parale- lamente al racionalismo de Descar- tes se instaura, principalmente en Inglaterra, el empirismo, cuyos mayores…
p. 169
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[3]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
[4]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
04Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[5]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
05Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 cita
[6]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[7]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
07Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 45, 512 citas
[8]el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…
p. 51
[36]tomo V, 1. Por su lado, J. Seagrove, quien había ayudado a Miranda a escapar, le escribió desde La Habana, el 16 de marzo de 1784, para manifestarle el agrado que le había producido la noticia de su llegada a Filadelfia, es - capado de “un conjunto de muy empedernidos perseguidores”, y para informarle que el juez de…
p. 45
08Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 cita
[9]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
09Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1611 cita
[10]a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…
p. 161
10Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 cita
[11]su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…
p. 405
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 128, 1362 citas
[12]u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…
p. 128
[33]sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…
p. 136
12El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 188, 3982 citas
[13]llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…
p. 398
[30]resultaba siempre, si se sabía dar con las personas apropia- das, un vivo intercambio de ideas sobre lo leído. Esta vida cultural es tanto más notable por cuanto que hasta 1738 no se estableció en Bogotá la primera imprenta, llevada allí por los jesuitas, y hasta 1789 no apareció el pri- mer periódico colombiano 57.…
p. 188
13La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 431 cita
[14]tres cabecillas de la insurrección, entre ellos el legendario Tula, fueron ajusticiados de manera aterradora. Dos años después se hizo, de nuevo en Venezuela, un primer intento de romper los lazos con España y fundar una república independiente. Las fuerzas propulsoras de la insurrección eran el hacendado José España…
p. 43
14Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 38, 422 citas
[15]talks between free and en' slaved blacks about following the example of Saint Domingue, fearing rhe attraction that "seditious ideas" held among slaves and people of color.52 Spanish fears became a reality when in 1795 the "law of the French" inspired a major slave revolt in the Coro region of Venezuela.53 It is…
p. 42
[42]recom' mended Ayarza's sons echoed his arguments' According toJoseph Miguel Pey, the mayor of Bogotd, the fine behavior ofJos6 Ponseano (Ayarza's son) clearly demonstrated his excellent upbringing, winning him the esteem and consideration ofpeople ofrepute "in spite ofhis pardo quality."tr Ay^rz'" approach proved…
p. 38
15La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 341 cita
[16]de sentir y cosmovisiones. Eran, en otras palabras, una verdadera influencia cultural que, por encima de las obsesiones racistas de superioridad, lograban que aspectos claves de la cultura afro penetraran en las emociones de los miembros de las élites. Cuentan también sobre el comercio de los galeones y el…
p. 34
16Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 331 cita
[17]los pardos. 12 Esta tensión problemática determina el número y reparto de los milicianos en el territorio de la Nueva Granada. Mientras que la costa caribe, cuyo interés estratégico se explica por la continua amenaza de las demás potencias europeas, la piratería y el contrabando, cuenta con milicias disciplinadas, el…
p. 33
17Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 331 cita
[18]los pardos. 12 Esta tensión problemática determina el número y reparto de los milicianos en el territorio de la Nueva Granada. Mientras que la costa caribe, cuyo interés estratégico se explica por la continua amenaza de las demás potencias europeas, la piratería y el contrabando, cuenta con milicias disciplinadas, el…
p. 33
18Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 152, 2792 citas
[19]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
[41]imposición de la coronilla real o marca -opera- ciones conocidas como de Palmeo y Carimba- se procedía a la subasta pública por lotes o por "piezas de indias" (34) y posteriormente a su dis- tribución e internación a los distintos sitios de trabajo. En el caso de la Nueva Granada, los esclavos eran conducidos en…
p. 152
19Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 161 cita
[20]dida. El 2 de diciembre del mismo año se reanudó pero ya en el taller denominado: "Imprenta. Patriótica", que funcionaba en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, cuyo 13 propietario era don A n to n io Nariño. A llí se sacaron los últimos seis números del "PAPEL PERIODICO." El impresor de esta tercera tipografía,…
p. 16
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1031 cita
[21]que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…
p. 103
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 102, 1062 citas
[22]Colegio de San Bartolomé, y había actuado como alcalde ordina- rio y tesorero de diezmos a partir de 1789. A pe- sar de haberse visto envuelto en una investigación en la cual su desempeño como tesorero había sido duramente criticado, fue la publicación de Los Derechos del Hombre la que lo hizo caer definiti- vamente…
p. 102
[48]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…
p. 106
22Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 141 cita
[23]circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…
p. 14
23Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2921 cita
[24]llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…
p. 292
24Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 461 cita
[25]Derechos del Hombre, y las ideas propagadas por tal publicación fueron consideradas subversivas por el Gobierno colonial, y comprometieron en causa por se- dición a todos los que en tal publicación hubieran tenido parte. Entre otros distinguidos ciudadanos resultaron com- prometidos don Francisco Antonio Zea,…
p. 46
25Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1831 cita
[26]frutos vegetales y sobre las crías de los animales, con destino al servicio del culto. Precisamente Antonio Nariño, quien era recaudador de ellos, incurrió en un desfalco al no poder presentar los dineros confiados a su custodia, en el momento en que se le exigían. Sin embargo, para juzgar su conducta hay que tener en…
p. 183
26Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5551 cita
[27]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
27Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1101 cita
[29]febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- bía llegado dos años antes al Nuevo Reino de Granada en calidad de ami- Primera página del "Papel periódico de la Ciudad de Santafé…
p. 110
28The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 1011 cita
[32]them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…
p. 101
29El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 5381 cita
[34]su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…
p. 538
30¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[35]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
31Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 161 cita
[37]durante muchos años, para viajar extensivamente por Europa. Su vida en él exilio la comenzó en Estados Unidos, que sólo recientemente se había independizado, y al parecer fue durante su estadía en este país, en 1783-84, que sus intenciones originales de justi 17 ficarse ante la corona española dieron paso al anhelo de…
p. 16
32Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 608, 6192 citas
[38]sentó a la misma mesa con él. Washington, de 51 años, en la cumbre de su glo- ria, ofrecía al inexperto venezolano, de sólo 23, la visión espléndida del hombre que ha libertado a un pueblo. La campana de Filadelfia se ha echado a vuelo en el corazón de Miranda. Queda transformado en el caballero 609 Bíndicerc sta…
p. 608
[39]de la América española, y él cómo halaga con sonrisas y saludos. ¿Recuerdas tú, Miranda, cuando Filadelfia parecía Jerusalén rediviva? Qué hermosas le parecen al revolucionario las calles de Caracas, con sol y democracia, al recordar las de Nueva York cubiertas de nieve y él mendigando el favor de los filibusteros;…
p. 619
33Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 901 cita
[40]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
34Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3341 cita
[43]que aguantaban la travesía viajaron hasta Bogotá. La mayoría se llevaron sus riquezas —además de sus títulos y su linaje— a Mompox, un asentamiento ideal por su ubicación: suficientemente lejos del mar, pero con la cercanía justa para que los mercaderes y comerciantes, los contrabandistas y especuladores pudieran…
p. 334
35Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 61 cita
[44]a un judaizante; el segundo, de aquellas que podrían delatar a un mahometano; el tercero se refería a los luteranos; el cuarto, a los alumbrados, secta mística desarrollada en España en el siglo; el quinto, a otras herejías, como blasfemias, brujerías y XVI satanismo; el sexto, a delitos sexuales, como la prostitución…
p. 6
36Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1271 cita
[45]expresa, o sin ninguna, tomaran la resolución, en forma más o menos formal, de franquear el comercio con el extranjero —o por lo menos con las colonias extran- jeras, en el caso de nuestra región geográfica—. Algunas veces lo hicieron funcionarios subalternos 98. Pero ade- más en distintas épocas, no anormales como…
p. 127
37Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4011 cita
[46]entre 1787-1804. Años Artículos 1787-1795 625.842 pesos en oro y doblones 623 zurrones de cacao 119 pacas de algodón 10 zurrones de café 1795-1797 86.817 pesos en oro y doblones 2.900 quintales de algodón 1.132 @ en semilla 357 zurrones de cacao 60 tercios de añil 18 tercios de café 2.800 cueros al pelo 1800-1804…
p. 401
38Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 311 cita
[47]mundo cambió para millones de personas que habitaban la América española. En este capítulo se examinan dichas transformaciones ideológicas, políticas, económicas y territoriales para el caso de Colombia, 6 las cuales estaban inextricablemente ligadas a los cambios que ocurrían simultáneamente en el contexto del mundo…
p. 31
39Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 331 cita
[49]to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…
p. 33