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Una historia del territorio

Nariño

Nariño es uno de los territorios colombianos donde la geografía ha actuado con mayor determinismo histórico: la concentración del 81% de su población en apenas el 15% del territorio —la zona montañosa— ha generado una presión estructural sobre la…

18 min de lectura48 fuentes

En el ángulo suroccidental de Colombia, donde los Andes se estrechan antes de cruzar a Ecuador y la cordillera se desploma sobre el Pacífico, se extiende Nariño: un departamento de contrastes extremos, de altiplano frío y litoral húmedo, de frontera terrestre por Rumichaca y marítima por Tumaco, cuya capital, Pasto, se asienta a los pies del volcán Galeras y cuyo territorio guarda, al mismo tiempo, la memoria más tenaz del realismo colombiano y algunas de las cicatrices más recientes del conflicto armado. Nariño es una bisagra en el sentido más literal: articula lo andino con lo pacífico, lo colombiano con lo ecuatoriano, lo indígena con lo mestizo y afrodescendiente, y lo hace en un espacio geográfico tan fragmentado que la fragmentación misma se ha vuelto su rasgo estructural. Comprenderlo exige aceptar que su historia no cabe en una sola clave: es a la vez el bastión que resistió a Bolívar, el valle donde los capuchinos rehicieron la propiedad de la tierra a comienzos del siglo XX, el corredor por el que hoy transitan las rutas del narcotráfico, y el archivo vivo de una diversidad étnica que ninguna homogeneización externa ha conseguido borrar.

Un territorio partido en tres

La geografía manda en Nariño con una brutalidad que otras regiones colombianas apenas insinúan. El 81% de sus habitantes se concentra en la zona montañosa, que representa menos del 15% del territorio departamental; de ese conjunto, el 54,8% vive en tierra fría. La consecuencia es una presión demográfica extrema sobre un espacio reducido: subdivisión permanente de la propiedad, minifundios antieconómicos, una economía campesina de subsistencia muy precaria y, como salida, la emigración forzosa por falta de tierra, trabajo y alimento. Este desequilibrio no es reciente ni accidental. Desde la conquista, la orografía andina colombiana empujó a la población a refugiarse en las altiplanicies y vertientes de altura, donde se escapaba del calor y las enfermedades tropicales y donde la agricultura era viable, mientras las tierras bajas —la llanura del Pacífico, los cañones cálidos— permanecían menos pobladas y más difíciles.

Al altiplano nariñense, articulado en torno a Pasto, Ipiales y Túquerres, se le suma hacia el occidente la llanura pacífica, donde Tumaco y Barbacoas organizan un mundo distinto: caluroso, lluvioso, poblado mayoritariamente por comunidades afrodescendientes, atravesado por ríos que desembocan en el mar. Entre uno y otro se abren los cañones —el del Patía, sobre todo— y las estribaciones donde nacen los grandes ríos. Nariño comparte con el Cauca el Macizo Colombiano, esa fábrica de agua que es la más importante de Colombia y la segunda de América Latina, declarada reserva de la biosfera por la UNESCO, y del cual bajan el Magdalena, el Cauca, el Caquetá y el Patía. Esta condición hidrológica y biogeográfica le da al sur del país una importancia geopolítica que trasciende con creces su peso demográfico.

Al sur, la cordillera se anuda en el Nudo de los Pastos antes de continuar hacia Ecuador. Allí, en la frontera, Rumichaca marca el paso terrestre por el que han circulado, desde tiempos prehispánicos, poblaciones, mercancías y ejércitos. Del otro lado están los mismos pueblos: los Pastos, los Awá, los Kamëntšá, los Inga son binacionales, y la línea fronteriza que Colombia y Ecuador trazaron en el siglo XIX cortó territorialidades más antiguas sin borrarlas.

Antes de la Conquista: pastos, quillacingas y una cultura que apenas se descubre

Cuando llegaron los españoles, el territorio del actual Nariño estaba ocupado por sociedades diferenciadas según la unidad paisajística. En el altiplano vivían los pastos y quillacingas; en el valle del Guamués, los sibundoyes; en el cañón del Patía, los tabiles; y en la llanura del Pacífico, los tumas, iscuandés y telembíes. Buena parte de la zona cordillerana había formado parte del Imperio inca, cuya frontera septentrional se extendía hasta este flanco colombiano, dejando huellas que la arqueología aún trabaja en precisar.

La densidad cultural del sur andino se hizo visible tardíamente. El descubrimiento arqueológico de la llamada cultura de Nariño es reciente: apenas a comienzos de los años sesenta del siglo XX empezaron a aparecer piezas de cerámica y figuras modeladas de estilo desconocido, procedentes de los altiplanos y regiones montañosas de la región andina limítrofe entre Colombia y Ecuador. Entre los hallazgos más notables están los aerófonos cerámicos del área Nariño-Carchi: instrumentos con forma de caracol que contienen un tubo enrollado en espiral, producidos por cientos o miles a lo largo de generaciones en las sociedades asentadas en torno a Ipiales y los valles interandinos del río Chota y la cuenca del Guaitará-Carchi. Su factura revela una alta especialización en el modelado de arcilla y constituye, por sí sola, una proeza técnica.

El Pacífico prehispánico ha dejado menos huellas legibles, aunque los grupos que lo habitaban se articulaban a redes de intercambio que conectaban costa y montaña. La heterogeneidad del sur colombiano —esa "colcha de retazos" étnica y cultural con la que se ha descrito al Macizo, Cauca y Nariño— no es un producto colonial: es una condición antigua que la Conquista reorganizó pero no inventó.

La entrada española y la formación de Pasto

La conquista del sur llegó por el flanco quiteño, no por el del Nuevo Reino. Sebastián de Belalcázar, que actuaba nominalmente bajo las órdenes de Francisco Pizarro pero con el propósito claro de independizarse de él, inició desde 1535 exploraciones al norte de Quito mediante el envío de capitanes. A esas expediciones se atribuyen las fundaciones de Pasto, Popayán, Cali, Anserma y Cartago. Pasto quedó así, desde su origen, como una pieza del sistema payanés, articulada más al Pacífico y a Quito que a Santafé.

La estructura colonial que se implantó en el sur combinó dos economías. En el altiplano, el tributo indígena sostuvo a una élite terrateniente y a los pueblos españoles; en las tierras bajas del Pacífico, y sobre todo en Barbacoas, se abrió una frontera minera esclavista explotada por propietarios de Popayán, que hacia el siglo XVIII consolidaron una élite terrateniente, minera y esclavista. Este doble régimen —tributario en la altura, esclavista en la costa— definió la estructura social del sur durante toda la Colonia y dejó marcas que aún son legibles. Las manumisiones espontáneas fueron rarísimas; los pocos casos corresponden a esclavos urbanos —sacristanes, mulatas, recién nacidos— y no a los cuadrilleros de las minas.

El aislamiento geográfico del sur, causado por barreras cordilleranas, cañones y ríos caudalosos, tuvo un efecto paradójico: preservó los resguardos indígenas mucho más tiempo que en otras regiones. Mientras en el altiplano oriental las leyes de desamortización disolvían las tierras comunales durante el siglo XIX, en las provincias de Popayán y Pasto los resguardos gozaron de una tregua prolongada. Los pueblos indígenas del alto Cauca, especialmente los paeces, resistieron activamente esas disposiciones mediante protestas, dilaciones legales, resistencia pasiva y negociación. En Nariño, la disolución llegaría, pero con retraso —y con consecuencias devastadoras para la estructura agraria.

Pasto realista: la resistencia más larga

Ningún episodio ha marcado tanto la percepción externa de Nariño como su papel en las guerras de Independencia. Pasto y su provincia mantuvieron una posición realista desde los primeros brotes independentistas y la sostuvieron con una tenacidad que exasperó, sucesivamente, a Antonio Nariño, a Simón Bolívar y a Antonio José de Sucre. A los indígenas de Pasto se los llegó a describir como "el más firme baluarte del gobierno colonial", y la resistencia se prolongó hasta 1826-1828 e incluso, según testimonios posteriores, hasta 1840, cuando algunos aún vitoreaban a Fernando VII.

Esta lealtad no fue accidente ni superstición. La provincia estaba articulada eclesiásticamente a la diócesis de Popayán, cuyo obispo Salvador Jiménez de Encizo influyó decisivamente en las actitudes realistas del sur: el 27 de agosto de 1819 dirigió una circular a los curas párrocos que orientó políticamente al clero rural. Los resguardos indígenas, que habían negociado su supervivencia con la Corona, tenían buenas razones para desconfiar de un proyecto republicano cuyas élites criollas venían del mundo terrateniente que los presionaba. Y la propia geografía del cañón del Patía, con sus guerrillas patianas de largo aliento, ofreció condiciones para una resistencia armada difícil de doblegar.

Los hitos militares son conocidos y duros. En 1814, tras la captura de Antonio Nariño en Pasto, el coronel Cabal asumió el mando de los restos del Ejército del Sur —apenas ochenta hombres— y condujo la retirada. En 1822, Bolívar libró la batalla de Bombona con bajas considerables y sin victoria decisiva: el jefe realista, sintiéndose en superioridad, solo aceptó el regreso de las tropas republicanas a sus posiciones de origen, forzando al Libertador a retirarse a El Peñol. Bolívar debió esperar refuerzos de Popayán que fueron demorados por la hostilidad de las guerrillas patianas, repasar el Juanambú y situarse en El Trapiche antes de poder recomponer sus fuerzas. Al terminar 1823, la provincia de Pasto era la única que aún resistía su incorporación plena a Colombia.

El asedio y toma de Pasto en 1822, con sus episodios de represalias sobre la población, ha sido cuestionado por quienes subrayan que los propios libertadores eran conscientes de los criterios de moralidad en la guerra. La resistencia continuó después de la Independencia formal: es en las campañas de 1823 y siguientes cuando emerge la figura de Agustín Agualongo, el caudillo pastuso que encarna hasta hoy, en la memoria local, la fidelidad a una causa perdida. La derrota final integró a Pasto a la Gran Colombia y luego a la República, pero la reincorporación fue política antes que afectiva: la lealtad al rey persistió en la memoria popular durante generaciones.

Del olvido republicano al departamento

Durante buena parte del siglo XIX, el sur permaneció como una periferia difícil dentro de la provincia de Popayán y luego del Estado del Cauca. Las guerras civiles del período —incluida la Guerra de los Mil Días, en la que el sur volvió a ser escenario de operaciones militares complejas por su geografía y su cercanía a Ecuador— reforzaron la percepción de que se trataba de un territorio distinto, mal integrado al centro andino colombiano.

En 1904, en el marco de la reorganización administrativa promovida por el gobierno de Rafael Reyes, se creó el departamento de Nariño, con capital en Pasto. El nombre honraba a Antonio Nariño —traductor de los Derechos del Hombre, protagonista de la Patria Boba, y quien había sido derrotado precisamente en Pasto en 1814—, en un gesto que buscaba tanto conmemorar al precursor como resignificar el territorio: la ciudad que había sido baluarte realista pasaba a nombrarse en honor a uno de los padres de la independencia. La operación simbólica fue elocuente. Nariño departamento nacía como un intento de suturar la brecha entre el sur y el proyecto nacional, un siglo después de la ruptura.

El despojo del Sibundoy y la quiebra de los resguardos

El siglo XX trajo al altiplano nariñense y al valle del Sibundoy una transformación agraria que operó por vías jurídicas más que por conquista militar, pero cuyos efectos fueron igual de profundos. En 1911, el gobierno colombiano declaró territorio baldío el Valle de Sibundoy, en el actual Putumayo pero entonces articulado administrativamente al sur andino, abriendo la puerta a la colonización y al despojo de tierras indígenas de los pueblos inga y kamëntšá. La Ley 53 de 1913 reglamentó la tenencia de la tierra en el Sibundoy asignando 50 hectáreas a cada colono mayor de 21 años, pero solo 2 hectáreas por indígena a las comunidades. La desproporción era arquitectónica.

Los misioneros capuchinos, encargados por el Estado colombiano de la evangelización y "civilización" de los territorios del sur, se convirtieron en los mayores terratenientes del Valle de Sibundoy. Impulsaron la colonización desde finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, y organizaron una estructura agraria que concentró la propiedad en manos misioneras y relegó a los indígenas kamëntšá a las zonas pantanosas menos aptas para la agricultura. Para mediados del siglo XX, la comunidad indígena poseía apenas el 22% de la propiedad de la tierra en el valle. El Putumayo, entretanto, sufrió sucesivas modificaciones administrativas —perdió territorio con la Ley 56 de 1916, fue anexado a Nariño por Decreto 2674 de 1953, volvió a ser comisaría en 1957, intendencia en 1968 y departamento en 1991—, oscilaciones que reflejaban la dificultad del Estado para gobernar esa periferia.

En el altiplano propiamente nariñense, la disolución de los resguardos llegó tarde y produjo minifundios antieconómicos y modificaciones profundas en la estructura social. El caso del resguardo de Anganoy es revelador: fue extinguido en 1948 por insistencia del propio gobernador de indígenas, quien amenazó a los comuneros con la expropiación si no aceptaban la parcelación. Antes de su extinción formal, el resguardo ya era pequeño, limitado al ámbito del pueblo y algunas tierras adyacentes, señal de que las haciendas vecinas habían venido reduciéndolo por vías que las escrituras no siempre registran. La justificación jurídica para muchas de estas extinciones fue la imposibilidad de encontrar títulos de propiedad en las notarías, lo que permitía declarar las tierras como baldíos y a los indígenas como simples ocupantes.

El resultado fue una estructura agraria caracterizada por la extrema fragmentación en el altiplano —con familias intentando vivir de parcelas insuficientes— y por la persistencia de grandes propiedades en el Patía, donde las comunidades negras fueron despojadas de sus tierras "engañándolos de a poquito", mientras las zonas planas quedaban en manos de propietarios de Popayán que las mantenían prácticamente sin producción. La economía nariñense del siglo XX se organizó sobre este desequilibrio: minifundio pobre arriba, latifundio improductivo abajo, y una emigración constante hacia las ciudades, hacia Ecuador o hacia las tierras bajas del Pacífico.

El Pacífico: negro, extractivo, disputado

Si el altiplano nariñense es el reverso andino de la Colombia central, el Pacífico nariñense pertenece a otro país. Habitado mayoritariamente por poblaciones negras desde los siglos XVII y XVIII —cuando esclavos libres y cimarrones se establecieron en la región formando comunidades—, ha vivido una historia paralela a la del interior. Sus formas colectivas y de subsistencia de uso de la tierra —basadas en la pesca, la agricultura de manglares y ríos, la extracción tradicional del monte— han entrado en conflicto sucesivo con economías extractivas: primero el oro colonial, luego la tagua, la madera, y desde los años setenta la agroindustria de la palma africana.

En el valle del Patía, dos palenques dejaron huella como espacios de libertos y cimarrones, paralelos a la apropiación de predios vacíos entre haciendas ganaderas por familias afrodescendientes que se organizaban alrededor de los platanares. Este proceso, iniciado en la Colonia, dio origen a los asentamientos negros que hoy se extienden desde el Patía hasta el litoral, en municipios como Tumaco, Barbacoas y las cuencas de los ríos que bajan al mar.

Las comunidades negras del Pacífico nariñense construyeron un sistema etnoecológico singular: un régimen de conocimiento sobre plantas, peces, maderas, manglares, mareas, corrientes y ciclos hidrológicos y lunares con eficacia cognitivo-práctica propia. No es folclor: es una forma de habitar el territorio que articula economía, cultura y ambiente en un equilibrio delicado. Ese equilibrio empezó a resquebrajarse desde finales del siglo XX, cuando la politización de las identidades étnicas —favorecida por la Constitución de 1991 y por la Ley 70 de 1993, que reconoció los territorios colectivos de comunidades negras— coincidió con la llegada de nuevos actores armados y económicos al litoral.

Corredor estratégico: conflicto armado y cultivos ilícitos

Desde los años ochenta, el suroccidente colombiano —Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo— se convirtió en el escenario hacia el que se desplazó con mayor intensidad el conflicto armado del país. La razón es geográfica antes que política: la región concentra tres corredores estratégicos de valor excepcional para los actores armados. El Macizo Colombiano, con su condición de reserva de biosfera y su geografía escarpada, permite la movilidad de tropas, armas y droga entre el centro y el sur. El Nudo de los Pastos, en la frontera con Ecuador, ofrece salidas terrestres binacionales. Y el litoral Pacífico proporciona una fachada marítima difícil de vigilar, con esteros y manglares que amparan embarques.

La secuencia de llegada de actores armados es reveladora. El ELN ingresó al corredor Ipiales-Tumaco en los años ochenta. En los noventa lo siguió el Bloque Occidental de las FARC-EP con el Frente 29 Alfonso Arteaga, cuya intención era expandirse hacia zonas con salida al mar y potencial de explotación petrolera y narcotráfico. En 1999 llegó el Bloque Libertadores del Sur de las ACCU, para disputar el control de las vías terrestres con salida al Pacífico. Cada oleada añadió una capa de violencia sobre la anterior sin sustituirla del todo.

A mediados de los noventa llegaron los cultivos de coca al corredor nariñense. El fenómeno se aceleró con el Plan Colombia, cuyas fumigaciones aéreas en Putumayo —iniciadas oficialmente el 22 de diciembre de 2000— propiciaron el desplazamiento de los cultivos hacia el Pacífico nariñense. La cercanía al mar, la frontera ecuatoriana y las vías terrestres con salida al Pacífico convirtieron al departamento en un corredor privilegiado para la exportación de droga. El narcotráfico llegó a utilizar el crudo del Oleoducto Trasandino como precursor para el procesamiento de cocaína, algo que se evidenció en el retiro de 184 válvulas ilícitas y en la destrucción de 999 refinerías clandestinas artesanales por la Fuerza Pública.

Las consecuencias fueron devastadoras. En el norte de Nariño y en las zonas de cordillera, la economía campesina de subsistencia basada en café, maíz y yuca fue transformada por la coca, que también empujó una tecnificación de la producción cafetera. En el Pacífico, las comunidades negras vieron perturbados sus supuestos territoriales y organizativos: los cultivos, su procesamiento y su salida hacia mercados internacionales convivieron con la presencia de grupos armados que impusieron su ley sobre los procesos de etnización que apenas se consolidaban. Líderes sociales como Yolanda Cerón fueron asesinados. Tumaco, municipio con presencia significativa de población afrodescendiente, fue escenario de violencias específicas contra comunidades étnicas, incluidas personas negras y afrodescendientes LGBTIQ+, perpetradas por grupos paramilitares posdesmovilización entre 2008 y 2016.

La firma del Acuerdo de Paz de 2016 no cerró el ciclo. Al contrario: la salida de las FARC-EP de sus territorios históricos abrió una disputa entre múltiples grupos armados —disidencias, ELN, estructuras posparamilitares, organizaciones vinculadas al narcotráfico— por el dominio de las rutas hacia el Pacífico y hacia Ecuador. El corredor nariñense se intensificó como zona de conflicto en los años posteriores al acuerdo, con impacto directo sobre las comunidades indígenas Awá del piedemonte, las poblaciones campesinas del norte y las comunidades negras del litoral.

Pasto, Ipiales, Tumaco: tres capitales de un solo departamento

Pasto, capital del departamento, es la ciudad andina por excelencia del sur: fría, húmeda, articulada a un valle sembrado a los pies del volcán Galeras, centro comercial del extremo sur de Colombia. Su vida cultural conserva la densidad de una ciudad episcopal antigua, con un catolicismo popular pronunciado y una tradición artesanal notable. Ipiales, más al sur, hace de puerta terrestre a Ecuador por Rumichaca y concentra el comercio binacional; es también un centro artesanal importante de la madera en Colombia, junto con Duitama, Sogamoso y Bogotá. Cerca de Ipiales, en un cañón profundo, se levanta el Santuario de Las Lajas, uno de los grandes centros de peregrinación del país, cuya arquitectura neogótica encajada en la roca lo ha vuelto emblema visual del departamento.

Tumaco es la contracara pacífica: el segundo puerto del país sobre el Pacífico, ciudad mayoritariamente afrodescendiente, con una economía golpeada por décadas de conflicto y por la volatilidad de las economías extractivas. Barbacoas, tierra adentro sobre el río Telembí, guarda la memoria de la minería colonial. Túquerres, sobre el altiplano occidental, articula un mundo campesino frío. La Cruz y Samaniego pertenecen a la cordillera, con sus propias trayectorias de conflicto y resistencia. En el altiplano de Cumbal, al pie del volcán del mismo nombre, se mantiene una presencia indígena Pasto activa. Y en torno a la Laguna de La Cocha —el segundo lago natural más grande de Colombia—, junto a Pasto, se ha desarrollado una experiencia notable de conservación campesina, con reservas naturales privadas manejadas por comunidades locales.

El carnaval y la memoria: identidad nariñense

Si algo condensa la síntesis cultural nariñense es el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, que se celebra en el período previo a la festividad de los Reyes Magos, hacia comienzos de enero, y que ha sido reconocido como una de las expresiones festivas más importantes del suroccidente colombiano. La fiesta conjuga tradiciones urbanas de principios del siglo XX con tradiciones campesinas y afrodescendientes, en un sincretismo que refleja la propia composición étnica de la región. Su día de negros y su día de blancos —con el juego del cosmético y la pintura sobre el rostro— dramatizan de manera ritual la coexistencia de mundos que la historia real ha mantenido separados.

La gastronomía del sur andino, compartida con el Gran Cauca, integra tamales de pipián y salsa de maní como herencia de las culturas andinas; el uso del aceite extraído de palmas y la incorporación del chontaduro se atribuyen a las etnias negras esclavizadas, en un proceso de criollización culinaria en el que mestizos, mulatos, indígenas, negros y blancos han compartido y transformado un repertorio común. El maíz —alimento básico de los pueblos americanos nativos— articula todavía la dieta de las tierras frías, con sus arepas, envueltos, sopas y bebidas.

La producción literaria nariñense ha dado nombres de peso a la cultura nacional. Aurelio Arturo, nacido en La Unión, es uno de los grandes poetas colombianos del siglo XX; su obra breve, densa y luminosa recupera el paisaje del sur con una musicalidad que trasciende lo regional. La memoria de Agustín Agualongo, por su parte, sigue viva en la iconografía popular pastusa: no como derrotado, sino como símbolo de una fidelidad territorial que la historia oficial nunca supo integrar del todo.

Nariño hoy: entre la vulnerabilidad y la resistencia

El Nariño contemporáneo carga con la herencia estructural de su geografía y con las decisiones acumuladas de un siglo largo. La presión demográfica sobre las tierras frías sigue produciendo minifundio y emigración; el Pacífico continúa siendo escenario de conflicto y disputa por rutas; los pueblos indígenas Pastos, Awá, Kamëntšá, Inga, Quillasingas y otros mantienen procesos organizativos, muchos de ellos binacionales, con visiones integradoras del territorio que desafían las fronteras administrativas. Las comunidades afrodescendientes del litoral han insistido en la defensa de sus territorios colectivos frente a la palma, la minería ilegal y el narcotráfico. Programas de sustitución de cultivos, con avances desiguales, han intentado desde 2016 ofrecer alternativas a las economías ilícitas, con resultados que dependen menos de los diseños de política pública que del control territorial efectivo, aún disputado.

Nariño se ha construido, y se sigue construyendo, en la tensión entre una vulnerabilidad estructural —geográfica, agraria, política— y una resistencia sostenida que atraviesa toda su historia: la de los Pastos y quillacingas frente al Imperio inca, la del sur realista frente a la República bolivariana, la de los resguardos frente a la desamortización, la de los kamëntšá frente a los capuchinos, la de las comunidades negras del Pacífico frente al extractivismo y la guerra. Ninguno de esos proyectos externos —conquista española, incorporación republicana, misión capuchina, Plan Colombia— logró homogeneizar a Nariño. La bisagra siguió siendo bisagra: espacio de fricción, no de fusión. Y en esa fricción persistente, en esa negativa a dejarse reducir, se encuentra probablemente lo que hace de Nariño una pieza indispensable del rompecabezas colombiano, un lugar que solo desde el sur puede entenderse, y que desde el sur ha estado, desde siempre, mirando hacia el mar, hacia la frontera y hacia sí mismo.

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Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

46 documentos · 48 fragmentos
01
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 283
1 cita
[1]

con la gran llanura del Pacífico y al oriente con la selva amazónica. En el centro se encuentran las altas cuencas surcadas por los profundos cañones de sus ríos, y las vertientes de variacio- nes térmicas entre el nivel del mar y los 4. 000 m de altura. 284 Eíndice Grst El hombre. El nariñense no tiene el afán…

p. 283
02
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 14
1 cita
[2]

casi todo el territorio. T em pe ra tu ra constante y lluvia ab u n d a n te producen una vigorosa vegetación. Esto es cierto en las tierras bajas y en las m ontañas que, por lo general, ofrecen u n tono v erd e esm eralda que contrasta con la desolada aridez de la vertiente occidental de los A ndes peruanos. H…

p. 14
03
Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 553
1 cita
[3]

Nariño 551 m apa 1 División regional y municipal del Macizo colombiano y el Alto Patía Océano Pacífico Cauca Nariño Putumayo Ecuador 552 Guerra y violencias en Colombia En términos geográficos y ambientales, la región del Macizo asume una grandísima importancia. “Al Macizo Colombiano se lo identifica como la fábrica…

p. 553
04
Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 553
1 cita
[4]

Laboratorio de Paz del Cauca y Nariño 551 m apa 1 División regional y municipal del Macizo colombiano y el Alto Patía Océano Pacífico Cauca Nariño Putumayo Ecuador 552 Guerra y violencias en Colombia En términos geográficos y ambientales, la región del Macizo asume una grandísima importancia. “Al Macizo Colombiano se…

p. 553
05
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 163
1 cita
[5]

coraz6n de los poetas: Arturo Cova, Clemente Silva, Santos Luzardo... O Ladislao. Y sus monumentos: el solemne rio que abre los dias y las noches, la misterio- sa selva catedralicia, la columna estelar de la palmera, la llanura donde el viento se fatiga y donde el alba desem- boca «como una roja turba de leones». Y…

p. 163
06
Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 32
2 citas
[6]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

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[7]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
07
Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 71
1 cita
[8]

orfebrería precolombina más de- sarrollada en cuanto al diseño de sus representa- ciones, puesto que las sometió a una de las más simples y elaboradas abstracciones geométricas de la forma dentro de una rigurosa planimetría. Cultura de Nariño De Nariño se conocen en la actualidad una serie de manifestaciones…

p. 71
08
Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 121
1 cita
[9]

Ipiales y los valles interandinos del río Chota y la cuenca del río Guaitará / Carchi modelaron cientos o quizás miles de aerófonos en cerámica en forma de caracol a lo largo de decenas de generaciones. Muy apetecidas por coleccionistas, y mal llamadas ocarinas, (pues estas son flautas globulares cerradas), cada uno…

p. 121
09
Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 141
1 cita
[10]

a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…

p. 141
10
Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 90
1 cita
[11]

í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
11
Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 181
1 cita
[12]

como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…

p. 181
12
Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 5
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[13]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
[14]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

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13
Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 257
1 cita
[15]

declaraban que el resguardo de indígenas dejaba de existir por carecer de titulación necesaria, es decir, por ser imposible encontrarla en las notarías; por lo mismo, las tierras se consideraban como baldías y los indígenas como simples ocupantes o colonos a quienes se les podía reconocer lo que tuviesen cultivado y…

p. 257
14
Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 115
1 cita
[16]

los esclavos, ge- neralmente un solar o un pedazo de tierra 10 • La marquesa de San Miguel de la Vega agregó a su liberalidad con el esclavo sacristán 200 patacones para que comprara géneros e instalara una tienda en uno de los locales.de su casa en la plaza mayor. Además, se obligaba a darle de comer «como hasta aquí…

p. 115
15
Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 39
1 cita
[17]

que las había originado, con mayo res posibilidades de abastecimientos y de mano de obra. Así, de las veinte ciudades que fueron fundadas entre 1537 y 1550, solamente dos fueron abandonadas más tarde. A partir de 1550, la Audiencia estimuló la funda ción de centros mineros y entre 1550 y 1560 se cuentan once…

p. 39
16
¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 50
1 cita
[18]

a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…

p. 50
17
Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 52
1 cita
[19]

que buscaban enemigos rezagados. El panico se apoderé del Ejército del Sur, pues fue atacado desde el primer momento por cuarenta soldadosy veinte indios, al mando del teniente co- ronel Francisco Jiménez, quien habia quedado re- zagado después de Tacines; con estos efectivos persiguié a los doscientos patriotas…

p. 52
18
Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 179
1 cita
[20]

de origen los que alzaron esa bandera, y no sólo tuvieron que combatir a los expedicionarios de España, sino a las tribus indígenas, que fueron entonces el más firme baluarte del gobierno colonial. Séanos lícito preguntar: el valor tenaz de los indios de Pasto, los araucanos de Colombia, que todavía en 1826 y 1828…

p. 179
19
Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 100
1 cita
[21]

vol. VI, pags. 229 y 235-237; Lima, 1971. 1055 aniquilados, pero su bravura fue reconocida hasta por el gallardo comandante espanol, en cuyas filas también hubo considerables bajas. La dificil circunstancia en que Bolivar se encon- traba después de este sangriento combate de Bom- bona, sobre todo por la tardanza en…

p. 100
20
Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 209
1 cita
[22]

electoral, firmada el 31 de julio siguiente, en las páginas 347-348. 168 Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831 del Magdalena y otros más de Cundinamarca y Popayán, rebaja en dos tercios del sueldo a los empleados públicos. Al frente de una escuadrilla naval, el general José Padilla forzó la entrada…

p. 209
21
Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 34
1 cita
[23]

Espana. Este clero realista defen- dié la estrecha unidad entre la Monarquia y la Re- ligién, con la defensa mutua de los derechos sobre América en lo espiritual y terrenal; lucharon contra los falsos fildsofos de la Ilustracién, responsables del desorden, la anarquia y el anticlericalismo, y pre- dicaron sobre la…

p. 34
22
Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 29
1 cita
[24]

marcharon a Quito y Guayaquil (Ecuador) y al Perú. Conforme al espíritu Ilustrado y racionalista y al cuadro de valores liberales que definían el móvil emancipador, cabe preguntar ¿cuál derecho de guerra aplicó Bolívar en el asedio y toma de la provincia de Pasto y su capital en 1822? Más cerca de nuestra…

p. 29
23
Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 62
1 cita
[25]

negros en el Patía a la orilla de la carretera, ¿no? Les fueron quitando la tierra engañán- dolos de a poquito. En la cordillera se mantiene la misma estructura, digamos, de tenencia de la tierra, y la producción del café también se mantie- ne, sí. Es una pequeña economía de subsistencia muy precaria, 63 1 Las…

p. 62
24
Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá: raspachines víctimas y lecciones de la madre tierra para pervivirGrupo de Memoria Kamëntšá; William Caicedo Jamioy; Víctor Andrés Chasoy; Clementina Chicunque Chindoy; Wbeimar Arturo Jacanamejoy Chicunque; Judy Jaqueline Jacanamejoy Chicunque; Arturo Jacanamejoy Mavisoy; Jacinta del Rosario Jamioy; Aida Yuleni Juagibioy; Laura Guzmán Peñuela; Tania Helena Gómez Alarcón · 2020 · p. 20
1 cita
[26]

En 1911, el Gobierno declaró territorio baldío al Valle de Sibundoy (Chaparro, 2015, p. 93). Poste- riormente, por medio de la Ley 53 de 1913, se reglamentó la tenencia de la tierra: mientras a cada colono mayor de veintiún años le correspondieron cincuenta hectáreas, a cada comunidad de indígenas se le adjudicó una…

p. 20
25
Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 32
1 cita
[27]

definición de límites de Colombia con Ecuador, perdió gran parte de su territorio mediante la Ley 56 de 1916 y en 1943 nuevamente perdió territorio cuando La Cocha fue anexada a Nariño (Ley 26 de 1943). La parte del bajo Putuma- yo perdió territorio cuando se creó la Comisaría especial del Amazonas (Ley 2 de 1943). En…

p. 32
26
Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 16
1 cita
[28]

to the department of Nari ñ o and Putumayo to Cauca. By the same act it split off several municipios from the intendancy of Meta and reassigned them to Boyac á, Huila, Quesada, and Tundama. 38 Within fifteen months this arrangement was further modified. Decree 778 of July 5,1907, revised the limits of the Meta…

p. 16
27
Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 120
1 cita
[29]

binacionales que habitan en las cinco fronteras de Colombia. Así: frontera colombo-brasileña: Pueblos Inga y Uitoto (Muruy-Muina); frontera colombo-ecuatoriana: pueblos indígenas Inkal, Awa, Pastos, Kofan, Siona, Huitoto (Murui), Kamëntsa, Kechwa, Emberá Chamí, Koreguajes, Misak, Inga y Nasa; frontera…

p. 120
28
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38
1 cita
[30]

libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…

p. 38
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Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 286
1 cita
[31]

mayoritariamente por pobladores negros que ocupan la región desde los siglos XVII y XVIII y solo hasta hace poco ha sido afectada por el con fl icto ar- mado y la coca. Sus pobladores han visto disputados sus territorios por la presencia sucesiva de economías extractivas, tales como la explotación del oro, la tagua y…

p. 286
30
¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 49
1 cita
[32]

por la cual se les dejó libres. Esa condición de esclavos libres, de cimarrones al azar buscando horizonte, les permitió establecerse en este territorio inmenso donde hallaron un entorno suficientemente parecido al de su África nativa, es decir, una zona tropical húmeda con gran pluviosidad, que aunque no era de mucha…

p. 49
31
Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 19
1 cita
[33]

y sus comunidades, animales y sus poblaciones, suelos y sus fertilidades, comportamiento y estructura de los ríos desde las cuencas altas hasta sus desembocaduras, mareas, corrientes, manglares y los ciclos hidrológicos, lunares y climáticos, por mencionar tan solo algunos de sus componentes no humanos. Esta es la…

p. 19
32
Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 266
1 cita
[34]

la tercera, en alianza con grupos paramilitares a los que estaban vinculados o contrataban, y las torturaban, intentaban asesinarlas, o de hecho las asesinaban o las desaparecían. En el marco de esas asociaciones, las víctimas fueron violentadas mientras estaban en el espacio público y era de noche, pues la oscuridad…

p. 266
33
Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 94
1 cita
[35]

comunica con el Ecuador, y la vía alterna que comunica Ipiales y Tumaco con el océano Pacifico, y mantiene conexión por la vía Pasto-Mocoa con el departamento del Putumayo. Además, este corredor ha sido de gran interés para el desarrollo de economías asociadas a la explotación maderera, la extracción petrolera,…

p. 94
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Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 270
1 cita
[36]

de ‘comunidades negras’. La bonanza de la coca Entre los tipos de empresarios con presencia en el Pacífico se encuentra el de los narcos. Estos constituyen sin duda el factor más perturbador para los supuestos desde los que operan los conceptos de territorio del proceso de etnización de las ‘comunidades negras’. En…

p. 270
35
Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 337
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[37]

verle la cara a la guerra que ya desangraba a Urabá, a Córdoba, al Magdalena Medio y a los Llanos Orientales. Pero el gobierno Pastrana había aprobado la fumigación con glifosato por aire de los cultivos de coca de Putumayo y Caquetá, los campeones nacionales en cultivos de coca. Además envió a esas selvas y llanos…

p. 337
36
Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 77
1 cita
[38]

de ellos han sido en el departamento de Nariño, en particular en este mes de agosto tuvimos 4 atentados; un atentado el 9 de agosto en el municipio de Mayama, la vereda Providencia. Otro el 10 de agosto en Ricaurte, en la vereda Encellada, otro el 19 de agosto en el mismo sitio, tuvimos uno el 18 de agosto en…

p. 77
37
Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 184
1 cita
[39]

disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…

p. 184
38
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 121
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[40]

habían superado ya su versión vigilan- te —con su énfasis en el ámbito militar y territorial—, para convertirse entonces en un proyecto social, económico, muchas veces enfrentado al Estado central, ya fuera por reticencia y desconfianza frente a procesos de modernización institucional no “consultados con las…

p. 121
39
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 139
1 cita
[41]

su cuerpo y negro su corazón» 534. Según Pérez Alzate y otros desmovilizados del BLS, el asesinato de Yolanda suscitó un movimiento nacional e internacional de protesta y llamados al gobierno a actuar en la región. Como resultado, a partir de ese momento se registraron combates entre militares y paramilitares en la…

p. 139
40
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 376
1 cita
[42]

del narcotráfico por el Pacífico. También obedecían a intereses de élites económicas y políticas que buscaban frenar las demandas por la tierra y autonomía política de los pueblos indígenas y afrodes- cendientes. De acuerdo con el CNMH, entre 1965 y 2013 las FARC-EP concentraron sus acciones en los departamentos de…

p. 376
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Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 386
1 cita
[43]

Front Camilo Torres Restrepo in the Catatumbo region, Norte de Santander (COL), around 2011 71. FARC’s Front 59 and ELN in Cesar/ Baja Guajira (COL), and Zulia (VEN), around 2011* † 72. paramilitary group under alias “Pablo” and Wayúu group in La Guajira (COL) and Zulia (VEN), around 2004* † 73. Paisas and Wayúu…

p. 386
42
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 193
1 cita
[44]

Carnival celebrations in Colombia follow, historically, the northern trajectory of the Magdalena River. An earlier Carnival was celebrated in the river port city of Mompox, a city eclipsed by the growth of Cartagena and later Bar- ranquilla. The modern carnival has lost any identification with or control by the…

p. 193
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La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 47
1 cita
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ciudades y pueblos y la población 54 Hay que señalar que los anuncios en la región sobre posibles tomas armadas o incursiones militares, también han sido una estrategia utilizada por las FARC-EP. Una característica de estos anuncios es que siempre se han hecho con antelación a celebraciones o días especiales, como…

p. 47
44
Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 161
1 cita
[46]

Cestería, empaques de viandas, juruparis, colchones, rellenos para tapice- ría, sombreros, vestuarios tradicionales indígenas. Hueso. Arpones, agujas, cabos de herramienta, carracas, cráneos para ocarinas, flechas, flautas, pi- pas, siripos, etcétera. Madera. Se usa en la construcción, en la fabri- cación de muebles,…

p. 161
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Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 41
1 cita
[47]

para hacer la vida posible y mejorar sus condiciones. Dicho en 42 minsit rnavcesSacvrc Biblioteca básica de cocinas tradicionales de Colombia otras palabras, criollizaron al extranjero. De cierta manera, en la región del Gran Cauca los mestizos y mulatos, los indígenas y negros, los blancos herederos ya no de España…

p. 41
46
El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 283
1 cita
[48]

domingo en el páramo de San Antonio, masticando coca y mirando cómo deshacía el viento las nubes sobre el valle de Sibundoy. Habíamos llegado a Pasto, la capital del depar- tamento de Nariño y el centro comercial del extremo sur de Colombia, a eso del mediodía. La ciudad estaba anor- malmente tranquila. La decisión…

p. 283