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Biografía

Carlos Mario Jiménez Naranjo

Seguridad Democrática

17 min de lectura27 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesJefe máximo del Bloque Central Bolívar (BCB) de las AUC · Comandante paramilitar en el Bajo Cauca antioqueño desde mediados de los años noventa
Lugar principalColombia
Período históricoSeguridad Democrática2002–2016
03

La biografía

Carlos Mario Jiménez Naranjo, conocido en la guerra como Macaco, fue el jefe máximo del Bloque Central Bolívar, la mayor y más rica estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia. Su figura condensa como pocas la contradicción central del proceso de desmovilización paramilitar bajo la Seguridad Democrática: el Estado colombiano lo reconoció como interlocutor político legítimo en la mesa de Santa Fe de Ralito precisamente cuando su poder territorial, económico y militar —construido sobre la franquicia contrainsurgente, el narcotráfico a gran escala y las alianzas con el Cartel del Norte del Valle— se había vuelto demasiado vasto para desmontarse sin negociarlo. Su extradición a Estados Unidos en mayo de 2008, después de que continuara dirigiendo el narcotráfico desde la cárcel de Itagüí, cerró un ciclo que había comenzado a mediados de los años noventa en el Bajo Cauca antioqueño y dejó al descubierto los límites del pacto: víctimas atrapadas entre una justicia transicional lenta y una cooperación judicial inexistente con el país que se lo llevó, y territorios que volvieron a la disputa armada bajo el mando de sus testaferros.

02

Línea de vida

  1. 1996

    Organización criminal en el Bajo Cauca

    Leer contexto

    Desde mediados de los años noventa, Macaco comandaba una organización propia con base territorial estable en el Bajo Cauca antioqueño, incluyendo una finca en la vereda Piamonte de Caucasia, donde tejió alianzas con Cuco Vanoy y Julián Bolívar.

  2. 1998

    Delegación al sur de Bolívar y expansión territorial

    Leer contexto

    Carlos Castaño, al no encontrar aliados confiables en la familia Prada ni en Camilo Morantes, delegó y financió a Macaco para la incursión al sur de Bolívar. Salvatore Mancuso ejecutó la operación militar inicial con tropas del Bloque Córdoba y del Bloque Norte, entregando después el territorio a Macaco y Memo Fantasma.

  3. 2000

    Compra de la franquicia paramilitar y articulación del Eje Cafetero

    Leer contexto

    Macaco negoció con Carlos y Vicente Castaño la compra de una franquicia paramilitar. En ese mismo año se celebró una reunión en el restaurante Cabo Verde, entre Belén de Umbría y Anserma, donde Rodrigo Escobar y socios del Cartel del Norte del Valle financiaron las estructuras del Eje Cafetero articuladas por Macaco, incluyendo el grupo MAGO operativo desde 1998 en Belén de Umbría.

  4. 2000

    Conformación y jefatura del Bloque Central Bolívar

    Leer contexto

    En la segunda mitad de 2000, los hermanos Castaño ordenaron fusionar los grupos paramilitares del sur de Bolívar, Santander, Puerto Berrío, Yondó, Bajo Cauca y Nariño en el Bloque Central Bolívar, quedando Macaco como su jefe máximo con Iván Roberto Duque (Ernesto Báez) como segundo al mando encargado del adoctrinamiento político.

  5. 2003

    Vocería en las mesas de negociación con el gobierno Uribe

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    En las primeras semanas de 2003 arrancó la fase exploratoria de diálogos, con cuatro mesas paralelas (AUC, BCB, Alianza Oriente y ACMM). Macaco ejerció vocería con poder real junto a Castaño, Mancuso y Ernesto Báez, mientras comandantes regionales como Botalón, Don Ramón y El Águila eran interrumpidos al intentar intervenir.

  6. 2003

    Firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito

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    El 15 de julio de 2003 se firmó el Acuerdo de Santa Fe de Ralito entre el Alto Comisionado Luis Carlos Restrepo y los voceros de las AUC, comprometiendo la desmovilización total antes del 31 de diciembre de 2005 y desmovilizaciones parciales anticipadas antes de finalizar ese año.

  7. 2004

    Negociación oficial en Santa Fe de Ralito y tensiones internas

    Leer contexto

    La negociación oficial concentrada en Santa Fe de Ralito arrancó el 1 de julio de 2004. Carlos Castaño había rechazado el Plan Birmania y objetado los nexos de Macaco y Ernesto Báez con la producción ilícita de droga, lo que evidenció tensiones internas que culminaron con la salida de Castaño de la comandancia general de las AUC.

  8. 2006

    Desmovilización formal del BCB

    Leer contexto

    El BCB se desmovilizó formalmente el 31 de enero de 2006, cerrando dos años y medio de negociaciones. Sin embargo, Macaco continuó dirigiendo operaciones de narcotráfico desde la cárcel de Itagüí, lo que evidenció los límites reales del proceso de desmovilización.

  9. 2008

    Extradición a Estados Unidos

    Leer contexto

    En mayo de 2008, Macaco fue extraditado a Estados Unidos después de que se comprobara que continuaba dirigiendo el narcotráfico desde la cárcel de Itagüí. Ante la Corte Federal de Miami declaró, entre otros hechos, que entre 1996 y 2005 el funcionario Buitrago formó parte de la nómina del BCB entregando información de seguridad a las AUC.

La semblanza de un jefe

Macaco no fue un guerrero ideológico ni un caudillo regional en el molde tradicional del paramilitarismo colombiano. Fue, ante todo, un empresario de la violencia con talento para articular economías criminales dispersas bajo una sola arquitectura. Cuando en la segunda mitad de 2000 los hermanos Castaño ordenaron fusionar los grupos que operaban en el sur de Bolívar, Santander, Puerto Berrío, Yondó, el Bajo Cauca y Nariño en una sola estructura —el Bloque Central Bolívar—, quedó bajo su mando general un conglomerado que en pocos años se extendió hasta el Eje Cafetero, el Putumayo, el Caquetá, el Catatumbo y los Llanos Orientales. A diferencia de Salvatore Mancuso o Carlos Castaño, cuyas figuras públicas cargaban con el peso simbólico del proyecto contrainsurgente, Macaco operó siempre más cerca del negocio que del discurso: dejó el adoctrinamiento político a su segundo, Iván Roberto Duque —alias Ernesto Báez—, y concentró en sus manos las decisiones sobre rutas, cargamentos, alianzas con narcotraficantes y compra de comandantes.

Esa distribución de tareas es reveladora. Cuando en 2003 Carlos Castaño rechazó el llamado Plan Birmania y objetó públicamente los nexos de Macaco y Ernesto Báez con la producción ilícita de droga, no estaba denunciando una desviación reciente: reconocía, a su pesar, que el BCB había sido desde su origen una empresa donde el narcotráfico no era el combustible clandestino de una guerra política, sino su razón económica principal. La renuncia de Castaño a la comandancia general de las AUC —cuyo detonante fue precisamente esa tensión— marcó el momento en que la lógica de Macaco se impuso sobre la lógica fundacional del paramilitarismo antioqueño. En Santa Fe de Ralito, meses después, sería él —junto con Mancuso y Ernesto Báez— quien ejerciera la vocería con poder real frente al gobierno de Álvaro Uribe Vélez, mientras comandantes regionales como Botalón, Don Ramón y El Águila apenas conseguían intervenir en las mesas.

Del Bajo Cauca a la franquicia paramilitar

La biografía criminal de Macaco arranca a mediados de los años noventa en el Bajo Cauca antioqueño, donde ya para 1998 comandaba una organización propia con base territorial estable, incluyendo una finca en la vereda Piamonte de Caucasia. En ese corredor —bisagra entre Antioquia, Córdoba y el sur de Bolívar— tejió las relaciones que determinarían su ascenso: alianzas cercanas con Cuco Vanoy, dueño del Bloque Mineros, y con Rodrigo Pérez Alzate, alias Julián Bolívar, quien terminaría siendo el hombre fuerte del ala militar del BCB. El Bajo Cauca no era una periferia cualquiera: era el punto donde el narcotráfico, la extorsión al comercio y la ganadería, y las rutas hacia el Atlántico convergían con la incipiente presencia de las autodefensas cordobesas. Macaco supo leer ese cruce.

El salto decisivo ocurrió a finales de la década, cuando Carlos Castaño buscó llevar el proyecto paramilitar al sur de Bolívar, una región estratégica por la Serranía de San Lucas, sus cultivos de coca y su posición fluvial. Castaño no encontró aliados confiables ni en la familia Prada ni en Camilo Morantes, y terminó delegando y financiando la incursión a través de Macaco. La operación militar inicial la ejecutaron en 1998 tropas del Bloque Córdoba y del Bloque Norte bajo Salvatore Mancuso, que después entregaron el territorio al BCB con Macaco y Guillermo León Acevedo, alias Memo Fantasma, como encargados de sostener la presencia. La lógica del traspaso la explicó el propio Mancuso con crudeza: los paramilitares necesitaban financiadores para sostener la incursión y los únicos disponibles eran los narcotraficantes que controlaban los cultivos de coca de la región. Así entró Macaco al sur de Bolívar, así entró Memo Fantasma, y así quedó fijada la genética del bloque.

Esa entrada tuvo un nombre técnico en el propio léxico paramilitar: franquicia. Macaco negoció con Carlos y Vicente Castaño la compra de una membresía en las AUC, un modelo mediante el cual narcotraficantes con estructuras armadas propias financiaban el sostenimiento del proyecto a cambio de seguridad para sus negocios y autonomía financiera. Castaño reconocería después, con matices, la existencia de estas transacciones; Julián Bolívar diría no haber tenido conocimiento de ellas. Cuando en la segunda mitad de 2000 se formalizó el BCB, Macaco llegaba a la jefatura con complejos cocaleros propios en el sur de Bolívar, el Bajo Cauca, el Eje Cafetero, el Putumayo, el Caquetá y el Catatumbo. No era un comandante que hubiera derivado hacia el narcotráfico: era un narcotraficante que había comprado, con dinero y con hombres, el derecho a llamarse comandante paramilitar.

La arquitectura del Bloque Central Bolívar

Bajo el mando de Macaco, el BCB se convirtió en la estructura más grande y económicamente diversificada de las AUC. Su expansión no siguió un patrón único. En el sur de Bolívar y el Catatumbo se articuló en torno al control de cultivos y cristalizaderos. En el Eje Cafetero absorbió estructuras preexistentes: el grupo MAGO, que operaba en Belén de Umbría desde 1998 con apoyo económico de comerciantes, narcotraficantes, cafeteros, ganaderos, transportadores y cañicultores, fue articulado por Macaco y financiado por el Cartel del Norte del Valle tras una reunión celebrada en 2000 en el restaurante Cabo Verde, entre Belén de Umbría y Anserma, donde Rodrigo Escobar y otros socios del cartel concretaron sus aportes. En los Llanos Orientales, el Frente Vichada fue establecido específicamente para controlar el corredor de tráfico de narcóticos, no por presencia significativa de cultivos, y su despliegue se apoyó en la alianza con Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo, comandante de las Autodefensas Campesinas del Meta y Vichada. En Puerto Berrío, Julián Bolívar consolidó una zona propia cuyos ingresos venían principalmente del cartel de la gasolina.

Esta diversidad económica desmiente la narrativa oficial que presentó al BCB como una estructura antisubversiva desviada por el narcotráfico. En la mayor parte de los municipios donde operó, la guerrilla no representaba una amenaza armada elevada: la expansión respondió al control de economías de enclave —petroleras, cocaleras, del oro, del combustible— más que a la contención de un enemigo insurgente. En algunas zonas de Santander la lucha antiguerrillera sí pesó, pero fue la excepción antes que la regla. La reinversión de las ganancias tampoco tuvo carácter colectivo: se destinaron al enriquecimiento personal de los comandantes. Macaco consolidó su zona de confort entre el Bajo Cauca antioqueño y el Eje Cafetero, con presencia significativa en Risaralda; Julián Bolívar hizo lo propio en Puerto Berrío.

En este esquema, Iván Roberto Duque cumplía la función que Macaco no quería ni podía asumir: dar al bloque una fachada política. Duque, que había sido secretario de Acdegam en los tiempos del paramilitarismo de Henry Pérez y Gonzalo Rodríguez Gacha en Puerto Boyacá, era el principal encargado del adoctrinamiento ideológico del BCB, responsable de los discursos que legitimaban las acciones del grupo con los principios antisubversivos. Esa combinación —un jefe empresarial que negociaba rutas y un segundo que producía la retórica— resultaría decisiva en las mesas de Ralito, donde el Estado necesitaba interlocutores que supieran hablar el idioma de la reconciliación mientras seguían pensando el del negocio.

Ralito, la Seguridad Democrática y la vocería

Cuando Álvaro Uribe llegó a la presidencia en agosto de 2002, la Seguridad Democrática ya tenía trazadas dos direcciones que terminarían cruzándose sobre Macaco. Hacia la guerrilla, una política de recuperación territorial que redujo secuestros, aumentó el control de carreteras y contrajo las áreas guerrilleras. Hacia los paramilitares, la apertura de una mesa de negociación que reconocía a las AUC como actor con estatus político. Los éxitos en seguridad ciudadana abrieron la puerta a la negociación con los paramilitares; el contraste entre ambos frentes marcaría toda la crítica posterior al proceso.

Los diálogos se iniciaron formalmente en las primeras semanas de 2003, con una fase exploratoria en la que el gobierno atendió cuatro mesas paralelas: AUC, BCB, Alianza Oriente y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, estas últimas negándose a compartir espacio con las anteriores. Esa fragmentación inicial reflejaba la propia estructura federada del paramilitarismo, pero también anticipaba que la negociación no sería una sola: sería una suma de mesas donde los comandantes con más poder impondrían su ritmo. Macaco quedó desde el comienzo entre los voceros con capacidad real de decisión, junto a Castaño, Mancuso y Ernesto Báez. Los comandantes regionales —Botalón, Don Ramón, El Águila— eran interrumpidos cuando intentaban intervenir.

El 15 de julio de 2003 se firmó el Acuerdo de Santa Fe de Ralito entre el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, y los voceros de las AUC. El compromiso central era la desmovilización total antes del 31 de diciembre de 2005 y desmovilizaciones parciales anticipadas antes de finalizar 2003. La negociación oficial concentrada en Santa Fe de Ralito arrancó el 1 de julio de 2004. En ese año largo entre la firma del acuerdo y el inicio formal de la negociación terminaron de decantarse las tensiones que Castaño ya había anticipado: el rechazo del Plan Birmania, las objeciones contra Macaco y Ernesto Báez por sus nexos con la droga, la renuncia del comandante fundador. Con Castaño fuera de la escena, la vocería de las AUC se concentró en tres figuras: Mancuso, Macaco y el propio Ernesto Báez. Los tres tenían vínculos directos o indirectos con el narcotráfico. El interlocutor del Estado colombiano en la mayor negociación de paz con estructuras paramilitares de su historia era, en su núcleo operativo, una empresa criminal.

Ernesto Báez declararía después, ante un tribunal de Justicia y Paz, que el presidente Uribe lo habría urgido personalmente a ir al Congreso a justificar el origen de las Autodefensas y contar su trayectoria. La versión provino solo de Duque y no cuenta con corroboración adicional, pero se inscribe en un momento en que el gobierno buscaba dar respaldo político al proceso frente a una opinión pública que empezaba a preguntarse por el estatus de los jefes que se estaban desmovilizando.

La red: narcotraficantes, políticos, funcionarios

El poder de Macaco no se explica sin la trama de relaciones que tejió con actores fuera del universo estrictamente paramilitar. Con el Cartel del Norte del Valle, la relación fue de financiación directa: el cartel puso el dinero para articular las estructuras del Eje Cafetero, y Macaco puso la fuerza. Con Cuchillo, la alianza abrió los corredores del oriente al Frente Vichada. Con narcotraficantes independientes que controlaban complejos cocaleros dispersos, la relación se dio por absorción: entraron al BCB como socios o como tributarios.

El tejido político fue más silencioso, pero igual de sistemático. El llamado Pacto del Tambor —celebrado en la vereda El Tambor, en el municipio caldense de La Merced— reunió a paramilitares del BCB con Ferney Tapasco González, presidente de la Asamblea Departamental de Caldas, y con los aspirantes a la Cámara de Representantes por el Partido Liberal Enrique Emilio Ángel Barco, Dixon Ferney Tapasco Triviño y Juan Pablo Sánchez, sobrino de Samuel Arturo Sánchez, abogado de Ernesto Báez. Los paramilitares ofrecieron a los candidatos el quinto renglón de la lista para las elecciones de marzo de 2006 y negociaron la sectorización territorial de la campaña en el departamento. Cuando en 2007 el escándalo de la parapolítica alcanzó su punto máximo de revelaciones, este tipo de acuerdos —replicados en decenas de municipios del Eje Cafetero, el sur de Bolívar, Santander y el Bajo Cauca— dio el sustento empírico al debate nacional sobre las relaciones entre paramilitarismo y clase política.

También hubo funcionarios en la nómina. Ante la Corte Federal de Miami y ante fiscales colombianos de la Unidad contra el Lavado de Activos, Macaco declaró que entre 1996 y 2005 un individuo identificado como Buitrago formó parte de la estructura del BCB entregando información de seguridad a las AUC. La duración —casi una década— sugiere que la relación con el aparato estatal en algunas regiones no fue esporádica ni oportunista, sino sostenida y funcional al negocio.

La desmovilización y la traición cruzada

El BCB se desmovilizó formalmente el 31 de enero de 2006. La ceremonia cerraba dos años y medio de negociaciones y ponía sobre el papel una cifra —miles de combatientes— que el gobierno exhibiría como logro central del proceso. En la práctica, la desmovilización marcó el comienzo de una nueva fase, no el fin del fenómeno.

Los comandantes de las AUC fueron concentrados inicialmente en una instalación de baja seguridad en el municipio de La Ceja, Antioquia. Desde allí, según las grabaciones telefónicas que la revista Semana publicó en mayo de 2007, varios jefes paramilitares controlaban redes criminales, manejaban cargamentos de cocaína y ordenaban asesinatos. Macaco estaba entre ellos: continuó dirigiendo el negocio del narcotráfico a pesar de haber entregado las armas.

El 1 de diciembre de 2006, el gobierno ordenó el traslado de veintidós comandantes paramilitares del centro de reclusión de La Ceja a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. La medida se produjo en un contexto de rumores de fuga masiva y ante las acusaciones cada vez más sostenidas de que los jefes seguían delinquiendo. El traslado generó una reacción inmediata en el bloque paramilitar, que lo leyó como una ruptura del pacto. Pero la lectura era, en el mejor de los casos, parcial: fueron los propios jefes quienes rompieron primero al mantener operativas sus redes desde la reclusión.

Macaco no cambió su comportamiento en Itagüí. Siguió al frente del narcotráfico y esa continuidad —documentada por interceptaciones, seguimientos e investigaciones judiciales— fue la razón directa de la decisión que el gobierno tomaría un año y medio después.

La extradición de mayo de 2008

En mayo de 2008, el gobierno Uribe extraditó a Estados Unidos a catorce jefes paramilitares. Macaco estaba entre ellos. La razón oficial fue el incumplimiento de los compromisos de Justicia y Paz por haber seguido delinquiendo desde la cárcel. La razón política y estratégica —nunca reconocida formalmente— involucraba también la creciente amenaza que las revelaciones de los jefes representaban para actores políticos, empresariales y militares implicados en el fenómeno paramilitar, en un momento en que el escándalo de la parapolítica llegaba a su cúspide.

La extradición produjo una polémica nacional que no ha terminado de decantarse. Los representantes de las víctimas consideraron que sus derechos a la verdad y a la reparación quedaban en el limbo: las versiones libres que apenas comenzaban a rendir los jefes en el marco de Justicia y Paz —donde debían reconocer crímenes, entregar bienes y contribuir al esclarecimiento— se interrumpían bruscamente al enviarlos a un país donde serían juzgados por narcotráfico y no por crímenes de lesa humanidad. Amnistía Internacional advirtió que las extradiciones podían ocultar la dimensión real de las violaciones de derechos humanos y los vínculos con fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y empresarios, si los tribunales estadounidenses no investigaban esos crímenes. Y no los investigaron: el sistema judicial de Estados Unidos se ocupó de los cargos por tráfico de cocaína para los que los había reclamado.

Las organizaciones de derechos humanos y de víctimas objetaron el fondo del asunto: que se privilegiara el proceso penal por delitos comunes sobre el proceso en curso por graves violaciones a los derechos humanos, y que se diera prelación a la justicia de otro país cuando la justicia interna ya arrojaba ciertos resultados, por modestos que fueran. En términos jurídicos, el problema se agravaba por un hecho básico: no existía un convenio de cooperación judicial entre Colombia y Estados Unidos al momento de las extradiciones. El gobierno colombiano tuvo que empezar a tramitar en los años siguientes posibilidades limitadas y precarias de acceso a los extraditados para continuar los procesos internos.

Las dificultades fueron inmediatas y persistentes. El gobierno de Estados Unidos negó al menos una visa a un fiscal de Justicia y Paz que debía presidir versiones libres en ese país. Las restricciones del Bureau of Prisons —la agencia federal que administra las prisiones estadounidenses— obstaculizaron el acceso de funcionarios colombianos a los extraditados. El 19 de julio de 2010, el Departamento de Justicia estadounidense anunció un plan para aumentar considerablemente la frecuencia de acceso de funcionarios colombianos a los líderes paramilitares extraditados ya condenados, en cooperación con la Embajada de Estados Unidos en Colombia. El estado real de implementación de ese plan al final del gobierno Uribe no está claro.

Justicia y Paz en Virginia

El caso concreto de Macaco ilustra hasta qué punto la extradición fracturó el proceso transicional. En 2011, tres años después de su envío a Estados Unidos, su proceso ante Justicia y Paz continuaba tramitándose desde Virginia. Solo desde el 2 de junio de 2009 había comenzado a celebrarse una audiencia preliminar de medidas cautelares sobre bienes inmuebles. Los avances sustantivos eran mínimos.

El balance más amplio del proceso de Justicia y Paz confirmó lo que el caso Macaco anticipaba. Hacia 2015, casi una década después de la desmovilización del BCB, los tribunales de Justicia y Paz habían proferido apenas 35 sentencias, y la Corte Suprema de Justicia otras 15. Según cifras de la Fiscalía difundidas en 2017, el proceso fue calificado como profundamente ineficaz tanto en términos de justicia material como formal: los tiempos, los recursos y la voluntad política no alcanzaron para procesar el universo de crímenes que la propia negociación había prometido esclarecer.

En este balance, la extradición no fue la única causa del fracaso —hubo problemas estructurales de diseño, capacidad institucional y voluntad—, pero sí un factor decisivo. Sin los jefes en el país, muchos procesos quedaron dependiendo de una cooperación judicial internacional improvisada y de gestos episódicos de las autoridades estadounidenses. La verdad procesal sobre los crímenes del BCB —masacres, desapariciones, desplazamientos forzados, alianzas con políticos y empresarios— nunca alcanzó la escala que las víctimas esperaban.

La huella territorial: lo que sobrevivió a Macaco

Tras la extradición de Macaco en 2008, el control territorial que ejercía en el nordeste antioqueño —una de sus zonas de confort junto con el Eje Cafetero— quedó en manos de sus testaferros. La región de Remedios y Segovia, articulada económicamente en torno a la minería del oro, el comercio y el narcotráfico, entró en un período de disputa armada altamente fragmentada. Múltiples actores político-militares concurrieron a esa competencia, entre ellos Los Urabeños, sin que ninguno lograra imponer una hegemonía estable en el corto plazo.

La modalidad de captura de rentas que había definido al BCB en la región —control sobre la minería del oro, extorsión al comercio, participación en el narcotráfico— no cambió con la desmovilización ni con la extradición. Cambiaron los nombres de quienes cobraban. Esa continuidad estructural es quizá el legado más importante y menos discutido de la trayectoria de Macaco: la arquitectura territorial y económica que construyó durante una década sobrevivió tanto a la desmovilización formal como al retiro físico de su jefe. El paramilitarismo del BCB no se desmontó; se descentralizó, cambió de siglas y siguió cobrando.

Este dato obliga a una revisión del balance oficial. La Seguridad Democrática obtuvo la desmovilización formal de miles de combatientes y la entrega institucional de armas. Macaco obtuvo tiempo dentro del país, legitimidad política durante los años de la negociación, continuidad operativa desde la cárcel y —después de su extradición— la conversión de una condena por crímenes de lesa humanidad en un proceso por narcotráfico en Estados Unidos. Las víctimas obtuvieron un proceso de Justicia y Paz que llegó tarde y llegó poco. Y los territorios donde el BCB había operado no obtuvieron paz: obtuvieron una fragmentación armada que en muchos casos resultó peor que la hegemonía anterior.

La disputa por su lugar

En la historia larga del paramilitarismo colombiano, Macaco ocupa un lugar particular. No fue el fundador —esa condición corresponde a los Castaño y, en su origen histórico, a estructuras anteriores del Magdalena Medio y de Puerto Boyacá—. No fue el ideólogo —esa función la cumplieron primero Fidel Castaño y después Carlos Castaño y Ernesto Báez—. No fue el rostro público del proyecto —ese fue Mancuso—. Fue el jefe del bloque más grande, el más rico y el más entrelazado con el narcotráfico transnacional. Fue quien, en la práctica, convirtió a las AUC en una federación donde el negocio de la cocaína dejó de ser un medio para financiar la guerra y se volvió el fin al que la guerra servía.

Su extradición cerró un ciclo pero no una discusión. La pregunta de si la Seguridad Democrática desmovilizó al paramilitarismo o solo negoció con él una salida honorable de la guerra formal —dejando intactas sus redes económicas, políticas y territoriales— sigue abierta. La respuesta, en su caso, se inclina hacia la segunda opción. Macaco no fue derrotado militarmente ni desarticulado políticamente: fue reconocido, negociado y finalmente enviado a un tribunal extranjero cuando su continuidad criminal se volvió intolerable para el propio gobierno que lo había reconocido. En ese arco —del Bajo Cauca de los noventa a una prisión federal en Virginia— cabe casi toda la contradicción de dos décadas de historia colombiana.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 40 fragmentos
01Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Páginas 158, 182, 3613 citas
[1]

de hoja o pasta base de coca. Las oportunidades de obtener una nueva y altamente rentable fuente de ingresos hicieron que personajes como Macaco, que para 1998 se encontraba en el Bajo Cauca antioqueño, se mostraran interesados en incursionar en esta zona (Gutiérrez, 2004). Macaco contaba con una organización criminal…

p. 158
[4]

movilizaron a Santander (CNMH, CV, Rodrigo Pérez Alzate, 2019). Las ganancias provenientes del accionar ilegal fueron destinadas hacia el disfrute de confortables vidas en zonas de consolidación paramilitar (Macaco en el Bajo Cauca antioqueño y Eje Cafetero, y Julián Bolívar en Puerto Berrío); pero la expectativa de…

p. 182
[27]

la ley por seguir delinquiendo e, incluso, fueron extraditados a los Esta- dos Unidos; algunos otros no se desmovilizaron y tampoco cumplieron penas de privación de la libertad; y unos últimos fueron asesinados por diferentes razones. La idea en esta sección es revisar el panorama de lo que pasó con los comandantes…

p. 361
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Páginas 108, 1262 citas
[2]

parte Julián Bolívar y Guillermo Pérez Alzate, alias Pablo Sevillano 330, se independizó del proyecto de las AUC entre 2001 y 2002 debido a las pugnas internas debido al marcado carácter narcotraficante de algunas estructuras 331. En la sentencia de Justicia y Paz contra Pablo Sevillano se asegura que pequeños y…

p. 108
[39]

y Mallorquín. El encuentro tuvo lugar en el sector de La Piscina, en la vereda El Tambor del municipio de La Merced. Participó el presidente de la Asamblea Departamental de Caldas, Ferney Tapasco González, así como los aspirantes a la Cámara de Representantes por el Partido Liberal Enrique Emilio Ángel Barco, Dixon…

p. 126
03Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · Página 4091 cita
[3]

6 Ejercicio de periodización del delito de desaparición forzada en el Magdalena Medio del narcotráfico en zonas dominadas por las guerrillas (Garzón, 2005, página 67). Mucho se ha hablado sobre el origen de esta facción paramilitar. Algunos consideran que su aparición está ligada a la venta de una “franquicia” de…

p. 409
04Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 831 cita
[5]

40' busca la noche para pasar inadvertido, como los gatos y contrariamente a otros ex jefes 'paras' espera la noche para salir a visitar a sus mas cercanos amigos... Pasa los días en sus fincas del corregimiento de la Mesa, en la Sierra Nevada de Santa Marta, —algo más de cien indígenas Kankuamos están entre sus…

p. 83
05Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 831 cita
[6]

40' busca la noche para pasar inadvertido, como los gatos y contrariamente a otros ex jefes 'paras' espera la noche para salir a visitar a sus mas cercanos amigos... Pasa los días en sus fincas del corregimiento de la Mesa, en la Sierra Nevada de Santa Marta, —algo más de cien indígenas Kankuamos están entre sus…

p. 83
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1221 cita
[7]

agrupar a los grupos paramilitares que operaban en distintas zonas del país. Al proyecto se integraron las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá, las Autodefensas Unidas de Santander y Sur del Cesar (AUSAC), las Autodefensas del Sur del Cesar, parte de las ACCU y…

p. 122
07Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Páginas 52, 2342 citas
[8]

guerra irregular y pudiendo servir como base para el reclutamiento y el entrenamiento de nuevos combatientes. Los compradores de las franquicias eran narcotra fi cantes que tenían un doble interés en orquestar su transformación en paramilitares. Por una parte, la fl uidez de las redes económicas de la cocaína…

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[28]

internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…

p. 234
08No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2331 cita
[9]

hombre. 640 Entrevista 046-AA-00122. Víctima de reclutamiento por M-19, mujer. 641 Informe 066-CI-01008, Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV) y Charles, «La niñez que peleó la guerra en Colombia», 153. 642 Entrevista 216-AA-00010. Víctima de reclutamiento por ELN,…

p. 233
09Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 558, 7772 citas
[10]

a finales de 1999, el Bloque Central Bolívar (BCB) incursionó asociado al narcotráfico, tal como fue aceptado por Salvatore Mancuso, quien había ingresado a la zona antes, en 1998 1760, con las ACCU: «La única forma de encontrar quién nos financiara en el Sur de Bolívar eran los narcotraficantes que manejaban toda esa…

p. 558
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de garantías». hasta la guerra tiene límites 778 nexos con paramilitares, el hijastro del exparamilitar recibió un mensaje de texto con intimidaciones. Macaco aseguró en su declaración ante la Corte Federal de Miami y ante los fiscales de la Unidad contra el lavado de activos y extinción de dominio que, entre 1996 y…

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10El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Páginas 549, 5814 citas
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para los que no, que era una oportunidad que el Gobierno estaba dando, que nos acogiéramos a eso porque Botalón fue uno de los últimos que se acogió a eso. (CNMH, MNJCV, 2013, 18 de diciembre) Al inicio de los diálogos en las primeras semanas de 2003, el Gobierno atendió cuatro mesas paralelas, AUC; BCB; Alianza…

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para los que no, que era una oportunidad que el Gobierno estaba dando, que nos acogiéramos a eso porque Botalón fue uno de los últimos que se acogió a eso. (CNMH, MNJCV, 2013, 18 de diciembre) Al inicio de los diálogos en las primeras semanas de 2003, el Gobierno atendió cuatro mesas paralelas, AUC; BCB; Alianza…

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2:30. Yo estaba en Puerto Boyacá. Eso fue el 16 [de agosto], que pasó eso en Villa Esperanza, cuando capturaron a los señores que estaban ahí. Y yo estuve hasta el 22. Yo arranco para allá [San Fernando] porque nos mandaron a buscar con la Policía. Entonces yo le dije yo no me voy a dejar coger porque no se sabe qué…

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2:30. Yo estaba en Puerto Boyacá. Eso fue el 16 [de agosto], que pasó eso en Villa Esperanza, cuando capturaron a los señores que estaban ahí. Y yo estuve hasta el 22. Yo arranco para allá [San Fernando] porque nos mandaron a buscar con la Policía. Entonces yo le dije yo no me voy a dejar coger porque no se sabe qué…

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11Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · Página 1541 cita
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el señor Carlos Mario Jiménez ya había pedido permiso o ya había hablado con esos comandantes de allá. (…) Entonces ya sabían, incluso se saludaban y todo. O sea que sí les permitieron que se quedaran allí porque sabían que no iban a estar ahí, sino que iban era para otro lado (CNMH, persona desmovilizada, entrevista,…

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12Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Páginas 50, 802 citas
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Medio y sur de Bolívar). De igual manera, profundizaron sus métodos de lucha contraguerrillera, logra- ron fortalecer en varias regiones el modelo de desarrollo agra- rio latifundista y agroindustrial y, por último, llevaron hasta sus últimas consecuencias la estrategia de violencia para excluir la oposición social y…

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de interés hacia la responsabilidad del Estado y, lo más importante, se comenzó a visibilizar a las víctimas como nunca antes había acontecido en nuestra larga confronta- ción armada (CNMH, 2012 -a). A las vicisitudes del proceso por cuenta de su poca legitimidad, a las polémicas sobre el marco jurídico para facilitar…

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13Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · Página 1261 cita
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negativa rotunda a respaldar la iniciativa y sumó a su rechazo las objeciones que ya venía haciendo contra los entonces máximos líderes del Blo- que Norte, Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, y Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, por sus nexos con la producción ilícita de droga (UPI español, 2007, 3 de febrero).…

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14Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 4221 cita
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Montería, ovacionaron al comandante». 30 Años después, ante un tribunal de Justicia y Paz, Duque, quien como se recordará había sido secretario de Acdegam en los tiempos del paramilitarismo de Henry Pérez y Gonzalo Rodríguez Gacha en Puerto Boyacá, y era entonces el segundo al mando del BCB de “Macaco”, aseguró que el…

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15Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 7801 cita
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a partir del 1° de diciembre, solicitaron el reconocimiento político, la suspensión de acciones judiciales en contra de sus voceros y seguridad para las regiones donde ejercían sus actividades. Para ese momento, herencia del gobierno de Pastrana, ya estaban en conversaciones confidenciales con Restrepo, a quienes sus…

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16Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3331 cita
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un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…

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17Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 411 cita
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los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…

p. 41
18Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 221 cita
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resumió en sus propias palabras: “No podemos tener más un país amenazado por guerrillas o defendido por grupos paramilitares. Necesitamos control central” 2. Los rápidos éxitos logrados en la seguridad ciudadana, que fueron evidentes en el mayor control en las carreteras, la disminución del secuestro, la casi…

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19Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · Página 3931 cita
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o 08. Recuperado de http://www.septimadivision.mil.co/?idcategoria=190694 522 León, Juanita (septiembre-octubre de 2004). Las traiciones de Segovia. Revista El Malpensante. Bogotá, N° 57, p. 32–47. 391 Epílogo Desde mediados del año 2003, el BCB impuso la nueva hege- monía paramilitar en la región. Su modalidad de…

p. 393
20No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4901 cita
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se dictan disposiciones para la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de manera efectiva a la consecución de la paz nacional y se dictan otras disposiciones para acuerdos humanitarios». 491 fifl pr esflnnr tatrp r pr cri ódladlpsfr (ommo-omThffi) penas…

p. 490
21Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 621 cita
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as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…

p. 62
22Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Página 2671 cita
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excomandan- te del Bloque Élmer Cárdenas. Para dar cuenta del impacto que tuvieron las extradiciones en el cubrimiento del proceso de Justicia y Paz, a continuación daremos cuenta de cómo el énfasis que le dieron los medios a la voz del victimario determinó lo que se decía sobre el proceso y su &'* Verdad Abierta,…

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23Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · Página 561 cita
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- ño, Magdalena Medio y Bajo Cauca), están en etapa de versiones libres. Los dos primeros a cargo de la Unidad de Justicia y Paz de Medellín, Julián Bolívar con audiencia conjunta de imputación el 9 de febrero de 2011 y Ernesto Báez en audiencia de formulación de cargos que fue aplazada el 26 de abril de 2010. Por su…

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24Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Páginas 479, 4834 citas
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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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25Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 1442 citas
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restrictions imposed by the Federal Bu- reau of Prisons. It questioned as well as the denial of at least one visa for a Justice and Peace prosecu tor scheduled to preside over the voluntary state- ments in the United States. 46 In a communication dated July 19, 2010, Gary G. Grindler, assistant at- torney general of…

p. 144
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restrictions imposed by the Federal Bu- reau of Prisons. It questioned as well as the denial of at least one visa for a Justice and Peace prosecu tor scheduled to preside over the voluntary state- ments in the United States. 46 In a communication dated July 19, 2010, Gary G. Grindler, assistant at- torney general of…

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26«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · Página 341 cita
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Justicia. De este modo, la dimensión real de las violaciones de derechos humanos cometidas a lo largo de los años por los paramilitares, así como el papel fundamental desempeñado por las fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y destacadas personalidades de la política y del mundo empresarial en estos delitos,…

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27Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · Página 281 cita
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en relación con el esquema judicial adoptado por la Ley 975, puede constatarse que además de ser poco apropiado para garantizar una justicia material y formal, fue profundamente ineficaz en asuntos prácticos. Lo anterior se sustenta en las cifras que se manejaron en 2017 en relación con Justicia y Paz y las…

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