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Ensayo · Seguridad Democrática · 2002–2016

La desmovilización de las AUC y las bacrim/AGC (2003-2006)

Entre 2003 y 2006 se desmovilizaron formalmente más de treinta y un mil combatientes de las AUC; en menos de dos años surgieron más de treinta grupos armados nuevos en los mismos territorios. La disputa entre las categorías 'bacrim' (oficial) y 'neoparamilitares' (académica) no es semántica: define si el paramilitarismo colombiano terminó o mutó, y con ello valida o impugna el balance de la Ley de Justicia y Paz.

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La desmovilización de las AUC y las bacrim/AGC (2003-2006)
Actualizado 30 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

Los hechos documentados —fraudes en las listas de desmovilizados, armas ocultadas, jefes que dirigieron redes criminales desde la cárcel, enclaves posdesmovilización calcados sobre los territorios de los bloques AUC y la refundación formal de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia en enero de 2008— sostienen que la desmovilización fue un reciclaje de capital criminal antes que un cierre. La denominación 'bacrim', al reclasificar un fenómeno político como delincuencia común, operó como dispositivo narrativo que validó el éxito de Justicia y Paz y canceló la responsabilidad estatal en la continuidad estructural del paramilitarismo. Sin embargo, la heterogeneidad real de los grupos posdesmovilización —algunos con jerarquía y vocación contrainsurgente, otros como redes criminales urbanas o mafias del narcotráfico— impide una categoría analítica única: la disputa terminológica es también una disputa sobre qué peso asignar a cada dimensión del fenómeno.

La tensión

El gobierno Uribe sostuvo que el paramilitarismo fue extinguido y que los grupos surgidos tras 2006 eran bandas de narcotráfico sin proyecto político ni cadena de mando unificada, lo que hacía de la categoría 'bacrim' una descripción precisa y no una operación de encubrimiento. Frente a esa posición, organizaciones de víctimas, el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, la Corporación Nuevo Arco Iris, la CNRR coordinada por Mauricio Romero y analistas como Jasmin Hristov documentaron que en muchas regiones no hubo desmovilización sino transmisión de mando, que los enclaves territoriales reproducen los de los bloques AUC y que la función discursiva de 'bacrim' fue invisibilizar la continuidad bajo el registro de la criminalidad común. El Centro Nacional de Memoria Histórica adoptó una posición intermedia, reconociendo rupturas y continuidades entre generaciones del paramilitarismo sin equiparar los grupos posdesmovilización con las AUC. La tensión de fondo es si la extradición masiva de mayo de 2008 —que obstaculizó gravemente Justicia y Paz y pudo estar motivada por el temor a revelaciones sobre vínculos políticos— fue el cierre del proceso o su sepultura anticipada.

Temas
Paramilitarismo y contrainsurgencia en ColombiaJusticia transicional y Ley de Justicia y PazNarcotráfico y economías ilegales en el posconflictoCaptura del Estado y redes político-criminalesMemoria histórica y disputa de categorías analíticas
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Ensayo completo

La lectura

¿Fueron las bacrim el fin del paramilitarismo colombiano o solo su cambio de nombre?

Entre el 25 de noviembre de 2003, cuando el Bloque Cacique Nutibara depuso las armas en Medellín, y el cierre del proceso en 2006 con el Bloque Élmer Cárdenas, algo más de treinta y un mil hombres se desmovilizaron formalmente en Colombia bajo el paraguas de las Autodefensas Unidas de Colombia. Fue la operación de desarme más grande del hemisferio en décadas. En menos de dos años, más de treinta grupos armados nuevos disputaban los mismos territorios que habían dominado los bloques. El gobierno de Álvaro Uribe los llamó bandas criminales emergentes —bacrim—; las organizaciones de víctimas, sectores académicos y buena parte de la cooperación internacional los nombraron neoparamilitares o tercera generación paramilitar. La disputa por la palabra no fue accesoria: en ella se jugó, y se sigue jugando, el balance mismo del proceso de Justicia y Paz y la manera en que Colombia registra —o borra— la continuidad del paramilitarismo en su presente.

La respuesta corta es que las bacrim no fueron el fin del paramilitarismo sino su reingeniería bajo un nombre que negaba lo que estaba ocurriendo. La respuesta larga exige mirar cómo se hizo la desmovilización, qué quedó dentro y qué quedó fuera del pacto, y por qué la disputa terminológica se convirtió en el archivo mismo del asunto.

Lo que quedó a medio hacer en Santa Fe de Ralito

El Acuerdo de Santa Fe de Ralito, firmado el 15 de julio de 2003 entre voceros del gobierno nacional y comandantes de las AUC en el corazón del feudo de la Casa Castaño, obligó a las autodefensas a desmovilizar la totalidad de sus filas y a coordinar el desarme, la desmovilización y la reintegración de sus combatientes. La Ley 975 de 2005, conocida como Ley de Justicia y Paz, tradujo el pacto en arquitectura jurídica: penas alternativas de máximo ocho años para paramilitares que colaboraran con la reconstrucción de la verdad y repararan a sus víctimas. Sobre esos dos instrumentos —un acuerdo político y una ley de justicia transicional— se desmovilizaron alrededor de treinta y un mil personas en 38 actos formales y se entregaron poco más de dieciocho mil armas.

Las cifras admiten una lectura menos edificante. Del propio corazón del proceso emergieron los fraudes. Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, confesó ante la justicia que en las listas de desmovilizados se incluyeron trabajadores de fincas de Vicente Castaño y personas ajenas por completo a las AUC. En el Bloque Norte de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, comandantes se registraron como patrulleros y patrulleros como comandantes; se cambiaron alias y se instruyó a los llamados Vinculados con Fines de Desmovilización con libretos sobre cómo responder ante las autoridades. En ese mismo bloque, por orden de un mando conocido como Chely, se ocultaron fusiles, metralletas, granadas e intendencia nueva bajo plásticos negros para no entregarlos al Estado: eran las armas destinadas a equipar el grupo posdesmovilización que aparecería bautizado como Águilas Negras.

Antes de que se apagara el último acto formal, la maquinaria ya estaba diseñada para sobrevivirse. Comunas enteras de Medellín seguían bajo control paramilitar pese a la supuesta desmovilización del Cacique Nutibara. El cese de hostilidades pactado nunca se cumplió. Muchos niños que estaban en las filas de las AUC no fueron entregados conforme a lo comprometido. Desde las cárceles de Itagüí y La Ceja, los jefes recluidos continuaron dirigiendo redes criminales, ordenando asesinatos y administrando depósitos de armas no entregadas, como demostraron las grabaciones telefónicas divulgadas en mayo de 2007. Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, cabeza del Bloque Central Bolívar, dirigió el narcotráfico desde su celda hasta ser extraditado en mayo de 2008. Jorge 40 y otros mantenían esquemas de seguridad, control de negocios y libertad de movimiento incompatibles con su condición de reclusos.

Ese fue el suelo sobre el que se levantaría, meses después, la discusión sobre cómo llamar a lo que venía.

Por qué el nombre importa

Un nombre no es un adorno. Cuando el Estado decide llamar a los grupos sucesores de las AUC bandas criminales emergentes, y no neoparamilitares, hace tres operaciones simultáneas. Reclasifica un fenómeno político como fenómeno delincuencial. Cancela la responsabilidad estatal en su origen —porque las bandas nacen de la mafia, no del pacto contrainsurgente con sectores del Estado documentado durante décadas—. Y valida, por vía negativa, el balance de éxito de la Ley 975: si los paramilitares se desmovilizaron y lo que queda son bandas, entonces el paramilitarismo terminó.

La denominación alternativa —neoparamilitares, tercera generación paramilitar, grupos armados posdesmovilización— hace la operación contraria. Insiste en la continuidad del actor, en la persistencia de sus alianzas con élites regionales, en el reciclaje de sus estructuras y en la sobrevivencia de su proyecto: control territorial, disciplinamiento social, captura de rentas legales e ilegales. Bajo esa mirada, Santa Fe de Ralito fue un artefacto de blanqueo antes que un cierre.

Lo que está en juego no es la exactitud descriptiva —ninguna de las dos etiquetas describe bien la totalidad del fenómeno— sino la memoria pública. De cómo se nombre a estos grupos depende si Colombia entiende que su ciclo paramilitar cerró en 2006, o si lo entiende como un proceso vivo, mutado y expandido durante toda la década siguiente.

Los términos del debate

La posición gubernamental fue explícita desde el comienzo. Uribe afirmó públicamente que el paramilitarismo en Colombia había sido extinguido y que sus líderes estaban en la cárcel. Los grupos que aparecían tras las desmovilizaciones eran, según esa lectura, redes de narcotráfico oportunistas, sin cadena de mando unificada, sin proyecto político, sin las relaciones orgánicas con el Estado que caracterizaron a las AUC. La categoría bacrim las definía por sus rasgos —bandas, criminales, emergentes— y las despojaba de los atributos que las habrían hecho continuadoras del paramilitarismo: la ideología contrainsurgente, la vocación de control territorial, la red de complicidades institucionales.

Frente a esa lectura, Iván Cepeda, del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, sostuvo que el término bacrim buscaba ocultar la reingeniería paramilitar y persuadir a la opinión pública de que el gobierno había acabado con el paramilitarismo. La Corporación Nuevo Arco Iris, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación bajo la coordinación de Mauricio Romero, y organizaciones internacionales de derechos humanos sostuvieron la tesis contraria: en muchas regiones no había habido desmovilización sino transmisión de mando; las estructuras sociales, económicas y armadas del paramilitarismo no habían sido desmanteladas; los nuevos grupos incluían excombatientes rearmados y estructuras que nunca se desmovilizaron.

La investigadora Jasmin Hristov llevó el argumento un paso más allá: la desmovilización fue, en gran medida, un acto formal —muchos de los desmovilizados eran sicarios contratados, se entregaron pocas armas, las medidas legales fueron conducentes a la impunidad— y su función discursiva fue similar a la del abandono del tema de la violencia política en Centroamérica tras los acuerdos de paz: cambiar el lenguaje dominante de seguridad para que la continuidad de la represión política quedara invisibilizada bajo el registro de la criminalidad común.

El Centro Nacional de Memoria Histórica adoptó una posición intermedia: distinguió tres generaciones del paramilitarismo —los grupos originarios del sur del Magdalena Medio, la confederación de las AUC, y los grupos armados posdesmovilización (GAPD)—, reconociendo rupturas y continuidades entre ellas. Los GAPD, en esa clasificación, son sucesores que mantienen ciertos intereses ligados a la contrainsurgencia, pero sin identidad plena con la etapa AUC.

La discusión, entonces, no enfrenta a quienes ven continuidad contra quienes ven ruptura. Enfrenta versiones distintas de cómo pesar la continuidad, cuánto atribuir al narcotráfico frente a la contrainsurgencia, y qué papel juega el Estado en producir la ambigüedad.

El mapa de los hechos

Los hechos resisten tanto la simplificación oficial como el paraguas homogeneizante de la crítica.

La desmovilización estuvo comprometida desde su diseño. No hubo un solo bloque libre de irregularidades. Narcotraficantes del norte del Valle del Cauca, como los conocidos Don Diego y Jabón, rebautizaron sus ejércitos privados —Los Machos y Los Rastrojos— como Autodefensas Campesinas del Valle y Rondas Campesinas Populares con el propósito explícito de acceder a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz. El gobierno nacional optó por aceptar la situación —algunos narcotraficantes habrían comprado su posición en las negociaciones— aunque exigió no dar cabida a nuevos comandantes. La línea entre desmovilizado auténtico y narcotraficante travestido nunca fue nítida.

Los enclaves de las nuevas estructuras reproducen casi calcadamente los territorios que controlaron los bloques de las AUC. Urabá, Córdoba, Chocó, Bajo Cauca, Magdalena Medio, Costa Caribe, Nariño, Putumayo: los mismos corredores del narcotráfico, las mismas rutas de coca y armas, las mismas zonas de disputa. Meses después del cierre formal del proceso, en Nariño, Chocó y Putumayo la población no percibía cambio sustancial en las condiciones de seguridad debido al surgimiento y permanencia de estructuras armadas ilegales ligadas a economías ilícitas.

La emergencia fue acelerada y cuantificable. Los primeros ejercicios de conteo, hacia 2008, identificaban tres tipos de grupos dentro del fenómeno bacrim: completamente nuevos, compuestos por paramilitares desmovilizados que se rearmaron, y compuestos por paramilitares que nunca se desmovilizaron. Se hablaba de unos ocho mil miembros en cerca de doscientos cincuenta municipios. Un año después, los registros habían crecido a 82 estructuras en 273 municipios, con aproximadamente diez mil combatientes, de los cuales cerca de la mitad eran desmovilizados reincidentes. Los Rastrojos, aparecidos en 2002 en el norte del Valle, operaban ya en un tercio de los departamentos del país.

La extradición actuó como bisagra. En la madrugada del 13 de mayo de 2008, el gobierno Uribe extraditó a Estados Unidos a catorce jefes paramilitares, entre ellos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna y Macaco. La decisión, sorpresiva, obstaculizó gravemente el proceso de Justicia y Paz: las audiencias se hicieron muy difíciles por problemas logísticos y de voluntad política, y los representantes de víctimas advirtieron que sus representados quedarían sin verdad y sin reparación. La extradición pudo estar motivada, al menos en parte, por el temor de sectores políticos a lo que los paramilitares podían revelar sobre sus vínculos con el paramilitarismo. Cualquiera fuera el motivo, su efecto sobre la arquitectura criminal fue claro: los lugartenientes de los jefes eliminados o encarcelados se convirtieron en actores autónomos en competencia violenta. En Medellín, la extradición de Don Berna agudizó las pugnas por la Oficina de Envigado y precipitó el ingreso de los Urabeños a la ciudad.

Hubo también refundación con nombre y fecha. El 8 de enero de 2008, en la finca Las Guacamayas, en Necoclí (Antioquia), se realizó la primera asamblea formal de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Su primer Estado Mayor lo integraron Daniel Rendón Herrera (alias Don Mario), Juan de Dios Úsuga (alias Giovanny) y Dairo Antonio Úsuga (alias Otoniel). Don Mario había sido mando del Bloque Centauros y no se había desmovilizado; los hermanos Úsuga aportaban disciplina y adiestramiento militar heredados de su paso por el EPL y las AUC. En octubre de ese año, las AGC decretaron un paro armado con repercusión en Puerto Libertador y Tierralta, varios municipios de Urabá, el Bajo Cauca antioqueño y la Costa Caribe: paralizaron el comercio mediante panfletos amenazantes. Fue el debut público de una organización con capacidad de imponer soberanía negativa sobre regiones enteras. En mayo de 2009, las Águilas Negras rechazaron públicamente la denominación de bandas emergentes y reivindicaron su carácter político como ejército de la Restauración Nacional.

El narcotráfico capturó el proceso desde adentro. Pacho Cifuentes, cuya red operaba en el norte del Chocó en zonas donde también había estado presente el Bloque Elmer Cárdenas, consolidó desde 2003 alianzas con el Cartel de Sinaloa para enviar cocaína en aviones desde la pista clandestina de Curiche, en Juradó, usando como fachada una empresa pesquera; El Chapo Guzmán fue padrino de bodas de su hermano Alexander. En 2007, Don Berna ordenó el asesinato de Pacho Cifuentes por oponerse a entregar a la Oficina de Envigado el control de esas rutas. Los Machos, bajo Don Diego, se recompusieron sobre una base de desmovilizados del Bloque Central Calima. La articulación entre desmovilización, rearme y economías ilegales no fue accidental: fue el mecanismo.

El balance judicial cierra el cuadro. Tras una década de vigencia de la Ley 975 apenas se habían producido 47 sentencias, que condenaron a 195 postulados: alrededor del 8% de los aspirantes a los beneficios de la legislación. Para 2010, la Unidad de Justicia y Paz había recibido más de cuatro mil casos de desaparición forzada dentro de un universo confesado que superaba los cincuenta mil crímenes; se habían exhumado cerca de tres mil fosas y hallado unos 3.700 cadáveres, de los cuales solo un tercio había sido identificado plenamente. La restitución de bienes fue prácticamente nula: apenas el 5% de los hogares rurales que solicitaron devolución la obtuvo, menos del 1% del total de hogares afectados. La ley excluyó a los llamados terceros civiles responsables, a los militares y a los mandos medios y patrulleros, a quienes se aplicó amnistía. El aparato de verdad, justicia y reparación no colapsó: nació estrecho.

Volviendo a la pregunta

La denominación bacrim funcionó como dispositivo estatal de clausura narrativa. Al despojar a los grupos sucesores de su atributo político, permitió al gobierno de Uribe presentar el proceso de Justicia y Paz como éxito consumado y descargar la continuidad territorial-criminal sobre el registro de la delincuencia común. La persistencia de los mismos corredores, la reincidencia masiva de desmovilizados, la ocultación deliberada de armas durante el desarme, la captura del proceso por narcotraficantes que se autodenominaron autodefensas, la refundación explícita de estructuras como las AGC con asamblea, Estado Mayor y paro armado desmienten la lectura de un cierre. Lo que ocurrió entre 2003 y 2008 no fue el fin de un ciclo paramilitar sino su reconfiguración bajo un lenguaje que negaba la reconfiguración.

La etiqueta alternativa —neoparamilitarismo, tercera generación paramilitar— tampoco captura bien el fenómeno. La heterogeneidad de los grupos posdesmovilización es demasiado profunda para caber bajo un solo paraguas. Las AGC en Urabá tienen mando unificado, doctrina interna, capacidad de imponer paros armados regionales, subordinación de estructuras rivales como las Águilas Negras y una genealogía explícita con las AUC. La Empresa en Buenaventura, aliada con Los Rastrojos, controla territorio urbano mediante casas de pique y economías rentistas, sin proyecto contrainsurgente reconocible. Las oficinas de cobro de Medellín, herederas de la Oficina de Envigado tras la extradición de Don Berna, operan como redes criminales con vocación de arbitraje mafioso. Los Rastrojos combinan control de rutas del Pacífico con cooptación de bandas delincuenciales locales en la Costa Caribe. Los Traquetos, Los Paisas, los Vencedores del San Jorge en Córdoba, articulados a la cadena productiva de la coca, funcionan como pequeñas empresas de coerción especializada.

Nombrar todo esto neoparamilitarismo homogeneiza fenómenos cuya diferencia importa. Nombrarlo bacrim borra su continuidad con lo anterior y con las alianzas que lo hicieron posible.

La desmovilización de las AUC y la posterior emergencia de las bacrim y las AGC son la mutación de un mismo tejido criminal-territorial, no el cierre de un ciclo. La continuidad no es idéntica —hay grupos nuevos, hay predominio creciente del narcotráfico sobre la contrainsurgencia, hay pérdida de la unidad de mando de la etapa AUC—, pero es continuidad. La disputa sobre cómo nombrar a estos grupos es política porque en ella se decide si el Estado colombiano se reconoce responsable de una arquitectura que no desmanteló, o si se autoriza a certificar un éxito que las cifras de reparación, verdad y reincidencia contradicen.

La cuestión más incómoda es la que subyace a las dos capas: la desmovilización no fracasó a pesar de sus vacíos —fraudes en las listas, armas ocultadas, mandos operando desde prisión, exclusión de terceros civiles y militares, impunidad de mandos medios—. Fracasó por ellos. Y los vacíos no fueron accidentes técnicos: fueron el margen por donde se filtró la continuidad. Un proceso diseñado con esas holguras produjo previsiblemente la zona gris en la que hoy operan las AGC, los grupos rentistas urbanos y los herederos regionales. La ambigüedad del lenguaje es hija directa de la ambigüedad del pacto.

Queda por resolver el peso relativo del narcotráfico frente a la contrainsurgencia como motor de los grupos posdesmovilización. La captura del proceso por narcotraficantes del Valle, la primacía de las rutas sobre las agendas ideológicas en la mayoría de los enclaves, la ausencia de discurso contrainsurgente sistemático en grupos como Los Rastrojos o La Empresa, sugieren que la etiqueta de neoparamilitarismo puede sobreestimar la dimensión política. Pero las AGC, con su asamblea fundacional, sus comunicados, su vocación de control social sobre juntas comunales, sus prácticas contra líderes sociales, muestran que el componente político no desapareció. La proporción exacta entre uno y otro varía por región y por grupo, y una sola categoría difícilmente la contendrá. Falta trazarse el mapa completo de las complicidades estatales que hicieron posible la mutación —permisividad en el rearme, no persecución efectiva de mandos medios, extradiciones que interrumpieron confesiones—; sin ese mapa, la pregunta de por qué la reconfiguración fue posible no tiene respuesta plena.

Mientras esa revisión no llegue, el país seguirá litigando sobre las palabras. Y en cada litigio semántico se decidirá, una vez más, qué está dispuesto a recordar Colombia sobre lo que hizo —y lo que no hizo— con sus paramilitares.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

55 documentos · 77 fragmentos de referencia
01Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 1691 fragmento
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a la paz de Colombia”, que firmaron el Gobierno nacional y las AUC el 15 de julio de 2003. En este documento quedó de manifiesto que las AUC se comprometían a desmovilizar la totalidad de sus filas, fijaban fechas para un cese de hostilidades con el Gobierno y coordinaban todo lo necesario para su desarme,…

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02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7801 fragmento
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a partir del 1° de diciembre, solicitaron el reconocimiento político, la suspensión de acciones judiciales en contra de sus voceros y seguridad para las regiones donde ejercían sus actividades. Para ese momento, herencia del gobierno de Pastrana, ya estaban en conversaciones confidenciales con Restrepo, a quienes sus…

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03El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 109, 1734 fragmentos
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paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…

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la ley, así como promover su denuncia; brindar apoyo psicosocial y orientación jurídica; propender por la utilizan de medios adecuados que permitan la participación de las víctimas en todas las diligencias; coadyuvar la acreditación de las víctimas y emitir alertas tempranas sobre víctimas amenazadas (Resolución 02608…

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04La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 fragmento
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confron- tación con grupos armados ilegales, el despliegue de operativos militares en contra del secretariado de las FARC-EP, la puesta en marcha de la ley de justicia y paz y del proceso de desarme, desmovilización y reintegración de miembros de las antiguas AUC principalmente. Las desmovilizaciones de las…

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05Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3371 fragmento
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Nutibara, que dejó muchas dudas en relación con el número de desmovilizados y su vinculación real con este grupo armado ilegal, el proceso sufrió una grave parálisis. Después se produjo la desmovilización del Bloque Ba nanero liderado por Ever Veloza, pero, según el relato de monseñor Vidal, fue gracias a la decisión…

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06¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3421 fragmento
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diálogo que integrará las nego- ciaciones en curso con las Auc, el BCB, las Al'vú\1 y las Autodefensas de Meta y Vichada; con las Autodefensas Campesinas de Casanare no se llega a ningún acuerdo definitivo para su desmovilización. El 7 de octubre de 2004 los grupos de paramilitares partícipes de la mesa única de…

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una invitación a la impunidad.4 En efecto, el proyecto buscaba motivar la desmovilización de los grupos armados a cambio de penas bajas, sin que los actores del conflicto contribuyeran a resarcir los daños que habían causado. En esencia, era un proyecto centrado en los victimarios. Después de un proceso de negociación…

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08Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 241, 4262 fragmentos
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Luego de una negociación con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desmovilizaron cerca de 30 000 paramilitares y sus jefes. La base del acuerdo de sometimiento que se plasmó en la Ley de Justicia y Paz era que los paramilitares contribuirían con la verdad de lo sucedido, colaborarían con la justicia y repararían a…

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y Paz que aclaró quiénes podían ser beneficiarios, y un esfuerzo grande de convencimiento del comisionado Restrepo, se superó el escollo. Las desmovilizaciones siguieron entonces entre diciembre de 2005 hasta mayo de 2006 y registraron más de 12151 hombres. La MAPP - OEA contabilizó que hasta entonces habían dejado…

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09Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 20, 2672 fragmentos
[10]

y Paz (SIJYP) y que ha tenido efectos A ntes del #$$# las leyes que regularon el desarme y la desmovi- lización de los grupos armados ilegales fueron la ley %&' de &((), prorrogada por la ley *%' de &(((y, posteriormente, por la)'# del #$$# que modi fi ca las anteriores. Esta última solo contempla- ba la amnistía y el…

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excomandan- te del Bloque Élmer Cárdenas. Para dar cuenta del impacto que tuvieron las extradiciones en el cubrimiento del proceso de Justicia y Paz, a continuación daremos cuenta de cómo el énfasis que le dieron los medios a la voz del victimario determinó lo que se decía sobre el proceso y su &'* Verdad Abierta,…

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10La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 514, 5182 fragmentos
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objetivo de guardarlas, presuntamente para uso del grupo posdesmovilización Águilas Negras. Entr.: Eso sobre los VFD, los Vinculados con Fines de Desmovilización, que entonces me dice que les dieron un libreto… Edo.: Sí, les enseñaron… una instrucción de cómo tenían que hablar, pro- nunciarse ante la desmovilización,…

p. 514
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en 2011, este grupo no se desarticuló (CNMH, 2014, p. 73). Los Rastrojos, por su parte, es un grupo armado ilegal que tuvo una rápida ex- pansión en la región Caribe, a través de la cooptación de bandas delincuenciales previamente existentes. Este grupo apareció en 2002 en el norte del Valle del Cau- ca, con el fin de…

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11Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 2341 fragmento
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internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…

p. 234
12Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 831 fragmento
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40' busca la noche para pasar inadvertido, como los gatos y contrariamente a otros ex jefes 'paras' espera la noche para salir a visitar a sus mas cercanos amigos... Pasa los días en sus fincas del corregimiento de la Mesa, en la Sierra Nevada de Santa Marta, —algo más de cien indígenas Kankuamos están entre sus…

p. 83
13Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 831 fragmento
[15]

40' busca la noche para pasar inadvertido, como los gatos y contrariamente a otros ex jefes 'paras' espera la noche para salir a visitar a sus mas cercanos amigos... Pasa los días en sus fincas del corregimiento de la Mesa, en la Sierra Nevada de Santa Marta, —algo más de cien indígenas Kankuamos están entre sus…

p. 83
14Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 601 fragmento
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control de las estructuras. El opi estableció que para el 2006 ya se identificaban en la región 26 estructuras de grupos armados, en los 31 municipios, como se puede ver en el siguiente mapa: Las características de operación de estos grupos en la región denotaban que eran pequeñas agrupaciones independientes, en las…

p. 60
15Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2531 fragmento
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meses de finalizado el proceso de desarme y desmovilización, la MAPP/OEA, en el marco de las labores de verificación del desmantelamiento de la estructura militar de las AUC y el seguimiento del orden público, identifica un complejo escenario en algunas regiones de Colombia (Nariño, Chocó, Putumayo). En estos…

p. 253
16Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 260, 2894 fragmentos
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del paramilitaris - mo, pues ante la desaparición de las AUC y el surgimiento de los nuevos grupos referidos argumentaron que la única diferencia apreciable era que la labor antisubversiva se hacía en nuevas con - diciones, de forma más secundaria, pero que los demás objetivos y mecanismos eran básicamente los mismos.…

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indicadas con mayor dimensión los grupos emergentes denomi - 261 CAPÍTULO III. CARACTERÍSTICAS Y DINÁMICAS DE LOS GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN nados Los Urabeños, Los Rastrojos, Los Machos y otros simila - res. Al respecto la MOE declaró que las cifras superaban lo suce - dido en las elecciones de 2007 (21 casos de…

p. 260
[41]

indicadas con mayor dimensión los grupos emergentes denomi - 261 CAPÍTULO III. CARACTERÍSTICAS Y DINÁMICAS DE LOS GRUPOS POSDESMOVILIZACIÓN nados Los Urabeños, Los Rastrojos, Los Machos y otros simila - res. Al respecto la MOE declaró que las cifras superaban lo suce - dido en las elecciones de 2007 (21 casos de…

p. 260
17Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 134, 1382 fragmentos
[20]

of those who participated in the demobilization ceremonies were in reality not paramilitary combatants but hired sicarios who pretended to be AUC fighters; 3) the quantity of weapons turned over was much less than what the paramilitary were known to possess; 4) the subsequent activities of those who laid down their…

p. 134
[55]

can reinforce the myth through fragmented de-histori- cized characterizations of the paramilitary. Such writings were discussed in Chapter 2. The disappearance or invisibilization of paramilitarism, as a discursive strategy used by the state and some scholars, bears some similarity to the abandonment of the subject of…

p. 138
18¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1291 fragmento
[21]

1-3. 195.Véase: CNRR - GMH, Justicia y Paz. ¿Verdad judicial o verdad histórica? (Bogotá: Taurus/ Semana 2012). 196. El Tiempo, 2 de diciembre del 2006, 1-4. 197. El País, 5 de septiembre de 2006, 4A. 186 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica sugerían que se trataba de una tercera generación paramilitar…

p. 129
19Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 24, 1072 fragmentos
[22]

paramilitares En la madrugada del 13 de mayo de 2008, y de manera sorpresiva, el Gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición de los líde - res paramilitares desmovilizados (incluidos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna, y once cabecillas más) y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos. La gráfica…

p. 107
[71]

100 0 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 farc eln auc Número de municipios i ntrodu CC ión 25 los retornos que tienen las actividades ilegales en el país, conllevó la mu - tación de muchos grupos paramilitares hacia nuevas bandas emergentes, conocidas como las bandas…

p. 24
20Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 621 fragmento
[24]

as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…

p. 62
21The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 2441 fragmento
[25]

closed following the accusation that it was operating as the political wing of Don Berna’s Oficina de Envigado drug network. 17. Along with other thirteen leaders of the paramilitaries, Don Berna was extradited to the United States in May 2008. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:29 PM…

p. 244
22Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 3611 fragmento
[26]

la ley por seguir delinquiendo e, incluso, fueron extraditados a los Esta- dos Unidos; algunos otros no se desmovilizaron y tampoco cumplieron penas de privación de la libertad; y unos últimos fueron asesinados por diferentes razones. La idea en esta sección es revisar el panorama de lo que pasó con los comandantes…

p. 361
23Violence Entrepreneurs, Law and Authority in ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 71 fragmento
[27]

and political networks were reconfigured and adapted to the new situation. The relations between violence, crime and politics were also reshuffled. The recognition on which citizenship and property depend remains connected to these forms of unofficial authority, but the hybridity of the new order — the various…

p. 7
24No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4981 fragmento
[28]

bajan un poco las muertes, ya como que cesa un poquito. Algunos se quedan a vivir y se organizan aquí con niñas del municipio, ahí llegaron a conformar familia. Ellos se desmovilizan pero vuelven y aparecen otros grupos. Aquí en El Zulia hubo presencia de Águilas Negras y Rastrojos como en 2009. Esos también mataron…

p. 498
25Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 471, 4742 fragmentos
[29]

sobre cómo enfrentar sus nocivos efectos requiere elementos conceptuales para analizarlos y poder plantear una política pública de seguridad eficaz. Así, este capítulo propone algunos elementos conceptuales para categorizar los grupos armados surgi- dos, reconfigurados o evidenciados a partir de proceso de…

p. 471
[34]

Esta clasificación se debe a quien, entonces, ejercía las labores de coordinador del área de ddr de la cnrr, el profesor Mauricio Romero, hoy catedrático de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Neoparamilitarismo en Colombia 473 ducto del Bloque Héroes de…

p. 474
26Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1592 fragmentos
[30]

replied that “paramilitarism in Colombia has been extinguished and its leaders are in jail. What is seen today is the appearance of bandas criminales emergentes based on drug trade.” Vice President Francisco Santos added that the report of the human rights group was not based on data and was biased. 47 The important…

p. 159
[31]

replied that “paramilitarism in Colombia has been extinguished and its leaders are in jail. What is seen today is the appearance of bandas criminales emergentes based on drug trade.” Vice President Francisco Santos added that the report of the human rights group was not based on data and was biased. 47 The important…

p. 159
27Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 881 fragmento
[32]

en escenarios urbanos. Es decir, la violencia derivaría de una lógica de disputa por el con- 89 1 El fenómeno paramilitar y la actual etapa de los GAPD. Una aproximación cualitativa fl icto armado (fuerza pública-guerrilla y paramilitares-guerrilla) a la violencia librada por las disputas históricas entre las…

p. 88
28Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 311 fragmento
[33]

hasta entonces empiezan a coordinarse alrededor del Clan Castaño en el sur de Córdoba, norte de Urabá y nordeste antioqueño, con intención de expandir el fenómeno a nivel nacional. Así, pasar del control mi - litar al control político, social y económico, intentan - do configurarse como un tercer actor 55 armado del…

p. 31
29Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 484, 4972 fragmentos
[35]

52). Ahora bien, en cuanto a las tácticas de contrainsurgencia, Francisco Gutiérrez y Mauricio Barón (2007: 297) 13 establecen que, en lo posible, los aparatos paramilitares, incluso durante la etapa de expansión (1997-2003), evitaban las confrontaciones directas con los grupos insurgentes. Sin em - bargo, estas…

p. 484
[45]

de los otros neoparamilitares para ejer - cer sus actividades. Esta distribución geográfica de los tipos ideales que contiene la caracte - rización de los 26 grupos analizados muestra claramente una continuidad territorial entre las auc y el fenómeno del neoparamilitarismo. Además, una tendencia a consolidar nuevos…

p. 497
30Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1521 fragmento
[37]

2008 2009 2010 2011 2012 20082009201020112012 Chocó 30 9 7 16 19 28 43 47 70 63 93 Cesar 25 15 14 21 23 23 60 56 76 92 92 Córdoba 28 15 21 23 24 25 54 75 82 85 89 Valle 42 16 20 20 26 32 38 48 50 61 76 Sucre 26 9 7 16 17 19 34 27 61 65 73 Meta 29 12 13 16 20 19 41 45 55 68 65 Bolívar 45 11 7 23 34 24 24 16 51 75 53…

p. 152
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 175, 1782 fragmentos
[38]

pública 480, detuvo y asesinó a una familia de campesinos que se dirigía a cosechar cacao en la vereda Mulatos. Al medio día, en la vereda La Resbalosa, municipio de Tierralta, Córdoba, asesinaron a otra familia en su propia casa. Las víctimas fueron torturadas y asesinadas sin usar armas de fuego, de las ocho…

p. 175
[50]

puros excombatientes y excompañeros que habían sido de nosotros, volvieron a ser compañeros nuestros porque ya ellos quedaron sin apoyo del Estado» 487. Daniel Rendón Herrera –alias Don Mario– capturado en el 2009, Juan de Dios Úsuga –alias Giovanny– y Dairo Antonio Úsuga –alias Otoniel– tomaron el mando de la…

p. 178
32Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 951 fragmento
[39]

las pretensiones de bandas tradicionalmente vinculadas al narcotráfico y otras formas organizativas delin - cuenciales de la capital antioqueña que han transitado por di - ferentes ciclos del conflicto violento en el Valle de Aburrá, con interés de participar en el control de recursos de manera descen - tralizada e…

p. 95
33Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 3352 fragmentos
[42]

Tiempo, 27 de septiembre de 2007; Semana, 28 de julio de 2008, 36-37; Semana, 20 de abril de 2009, 28-29. 112 Gustavo Duncan, “El dinero no es todo”, explora el carácter de vínculos clientelistas seme- jantes y su relación con las drogas ilícitas en Colombia. Véase, también, su libro Los señores de la guerra. 113…

p. 335
[43]

Tiempo, 27 de septiembre de 2007; Semana, 28 de julio de 2008, 36-37; Semana, 20 de abril de 2009, 28-29. 112 Gustavo Duncan, “El dinero no es todo”, explora el carácter de vínculos clientelistas seme- jantes y su relación con las drogas ilícitas en Colombia. Véase, también, su libro Los señores de la guerra. 113…

p. 335
34Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 941 fragmento
[44]

como La Agonía y La Divisa, que provocaron un incendio ocurrido en el sector Altos de la Virgen, además del enfrentamiento por el control de expendio de drogas o plazas y del control territorial con el objetivo de establecer corredores estratégicos hacia el occidente de Antioquia”. Por este hecho se desplazaron 9…

p. 94
35De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 5081 fragmento
[46]

de 126 líderes de derechos humanos en Colombia desde 2007 hasta agosto de 2011, cuatro de ellos y un indígena en Toli- ma. Al respecto, la publicación menciona: “La escalofriante cifra de 126 líderes asesinados en los últimos cinco años, es solo otro reflejo del mínimo desmonte que han tenido los herederos del…

p. 508
36Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 351 fragmento
[47]

ci - vil, en especial contra líderes sociales y comunitarios. En todo caso, Las Águilas Negras y Los Rastrojos están tras el control de rutas de narcotráfico y la explotación de petróleo y uranio que hay en esta región (El Tiempo, noviembre 6 de 2011). Los GAI cobran por la protección de la maquinaria, los lugares de…

p. 35
37Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 28, 362 fragmentos
[48]

visto desde un enfoque netamente institucional, con el cambio de Gobierno en 2010 se hicieron esfuerzos más loables para recomponer el camino. Sin embargo, el daño estaba hecho. 37 1 El componente de justicia en la Ley 975 de 2005: análisis a partir de los informes del CNMH La negligencia de muchas entidades del…

p. 36
[61]

en relación con el esquema judicial adoptado por la Ley 975, puede constatarse que además de ser poco apropiado para garantizar una justicia material y formal, fue profundamente ineficaz en asuntos prácticos. Lo anterior se sustenta en las cifras que se manejaron en 2017 en relación con Justicia y Paz y las…

p. 28
38Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 3781 fragmento
[49]

esfuerzos gubernamentales y estatales por refrenar en particular sus actuaciones ilegales y la instrumen- tación que hacen ahora de las expresiones de rearme posdesmovilización referidas. (CNMH, 2016a, p. 232) La conformación de grupos posdesmovilización ha tenido un impacto en di- ferentes zonas de los departamentos…

p. 378
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 152, 1572 fragmentos
[51]

Bloque Elmer Cárdenas. Miembros de la Oficina de Envigado –antigua ala sicarial del Cartel de Medellín– buscaron apropiarse de las salidas y rutas en Juradó y Bahía Solano controladas por antiguos socios de Pablo Escobar. Pacho Cifuentes consolidó desde el 2003 alianzas con el Cartel de Sinaloa para enviar aviones con…

p. 157
[72]

1985-2005, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Proyecciones de población municipal por área 2005-2020, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. 602 Entrevista 208-PR-02012. Testigo, mujer, religiosa. 153 fiflćffć́Th́ El repliegue de la insurgencia, los herederos del paramilitarismo y la…

p. 152
40El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 379, 3852 fragmentos
[52]

la cooptación de otras estructuras mediante alianzas: Paralelamente, las AGC entablaron su propia e intensa guerra que se ex- pandió en varias regiones con ‘los Paisas’; chocaron en Urabá, Córdoba y Medellín y extendieron las disputas al Bajo Cauca y a varias zonas de la región Caribe. Es de recordar que cuando se…

p. 385
[53]

territorial se defina, primordialmente, por los intereses de actores ilegales, que han logrado esta- blecer acuerdos con actores que se sitúan políticamente en la legalidad y eco- nómicamente entre la formalidad y la informalidad, como pasaremos a ver. El análisis del proceso de reconfiguración del conflicto armado,…

p. 379
41Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 143, 1582 fragmentos
[54]

cia de la Alcaldía de Medellín, quien actuó de manera independiente. Esta comisión logró un cese de los enfrentamientos entre estos bandos, pero esto no significó el fin de las acciones armadas de la disputa. Pocos meses después se reiniciaron los enfrentamientos, con el agravante del ingreso de un actor armado…

p. 158
[76]

la ciudad (Tribunal Superior de Medellín, Sala de Justicia y Paz, 2016). La intervención del Ejército y la ofensiva paramilitar en la comuna 13, así como la desaparición y posterior asesinato de dos de sus máximos cabecillas, conocidos con los alias de Nando y Carlos el 27 de noviembre de 2001, ocasionó su derrota…

p. 143
42Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2491 fragmento
[56]

su apoyo. Pero los fines comunes de los actores del entramado han trascendido la contrainsurgencia, entendida como una lucha contra la guerrilla, que es solo una capa del conjunto de motivaciones que se conectan en la disputa por el poder político y económico. 323 Una forma de explicar las distintas etapas del…

p. 249
43Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 42, 462 fragmentos
[57]

paramilitarismo. Sin embargo, al referirse a sus orígenes y desarrollo plantea que los grupos de autodefensa son casi tan antiguos como las guerrillas, solo que no se transformaron en un gran movimiento, hasta los ochenta y en los noventa evolucionaron a convertirse en una organización con influencia nacional (2007).…

p. 46
[59]

la reedición y lento avance de la discusión en torno al paramilitarismo. Aunque todos los comisionados coinciden en comprender al fenómeno paramilitar, como uno de los factores de persistencia del conflicto armado colombiano, la discusión gira en torno a si se trató de una expresión contingente, “habilitada” por el…

p. 42
44La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 631 fragmento
[58]

me tocó dejar todo allá cuando me vine con mis hijos que porque ellos me amenazaban que me iban hacer el mal, que me violaban y que se iban a meter con mis hijos (…) De ahí para acá mi vida ha sido terrible, ha sido de amenazas y amenazas, persecución y amenazas (CNMH, Esther, mujer adul- ta, Magdalena, 2015). La…

p. 63
45La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 1011 fragmento
[60]

los desmovilizados retornaron al delito y se unieron a grupos mafiosos, generando una explosión de bandas criminales que todavía hoy afecta a grandes zonas del territorio. Finalmente, los procesos judiciales y la reparación de las víctimas contemplados en la Ley de Justicia y Paz fueron, a todas luces, ineficaces. Al…

p. 101
46Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 98, 1562 fragmentos
[64]

Del 9% de la población total que afirmó que había perdido bienes, el 83% afirmó que no ha pedido su devolución, mientras que el 15% sí lo ha hecho. De quienes pi- dieron devolución, el 95% afirmó que no lo había recibido, mientras que sólo al 5% sí le fue devuelto el bien. Esta cifra es alarman- te porque significa…

p. 156
[67]

adecuadamente a las víctimas [117] 2.9 Desinformación sobre la programación de las versiones libres de los jefes paramilitares desmovilizados [119] 2.10 Conocimiento de la Ley de justicia y paz [119] 2.11 Dificultades de las víctimas para contar con representación judicial [120] 2.12 Ausencia de una estrategia de…

p. 98
47Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1971 fragmento
[65]

repetición para garantizar que las organizaciones que perpetraron los crímenes investigados sean desmontadas y las estructuras que permitieron su comisión re- movidas, a fin de asegurar que tales crímenes no volverán a tener lugar (CConst, Sentencia T-821 de 2007, página 38). El no desmonte de esas estructuras se debe…

p. 197
48Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 581 fragmento
[66]

7% 5% 3% 19% 15% 20% 17% 4% 5% 7% 4% 4% Es obstáculo para la reconciliación No tiene nada que ver con la reconciliación No sabe Total Población General Muestra aleatoria y representativa Muestra exploratoria Afectados (Víctimas) No Afectados Víctimas Organizadas Expertos Base: Total muestra; 1843 encuestas en…

p. 58
49Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2891 fragmento
[68]

de la regulación de una parte importante del narcotráfico y de otros mercados criminales. Pero la misma expan sión descontrolada a lo largo del territorio nacional de las AUC dio lugar a un proceso de fragmentación de grandes ejércitos privados. Los mandos de diversas regiones comenzaron a reclamar un poder autónomo…

p. 289
50Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 2231 fragmento
[69]

presentes en las negociacio- nes habían comprado su posición 29. El gobierno nacional optó por aceptar la situación, pero exigió que no se diese cabida a nuevos comandantes. Los paramilitares no respondieron, pero al momento de escribir este texto es claro que algunos narcotraficantes siguen buscando su ingreso a la…

p. 223
51"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 3351 fragmento
[70]

Los Machos bajo el mando de Don Diego, el cual regulaba la producción y procesamiento de la hoja de coca y la comercialización de sus derivados. Esto era posible en virtud de la consolidación de una estructura armada, que tuvo como base para su recomposición a desmovilizados del Bloque Central Cali- ma (Defensoría del…

p. 335
52Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6771 fragmento
[73]

comunidades afrocolombianas de Bajamar, en el municipio de Buenaventura, Valle del Cauca. Bajamar es un territorio poblado por habitantes desplazados de las cuencas de los ríos Yurumanguí, Naya, Calima y Cajambre, que se asentaron en la isla Cascajal, al costado del puerto, en barrios que son considerados los más…

p. 677
53«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 741 fragmento
[74]

ataques de los paramilitares. Los grupos guerrilleros amenazan y matan también a miembros de comunidades indígenas y afrodescendientes a los que acusan de ponerse de parte del enemigo. La situación humanitaria y en materia de derechos humanos de las comunidades afrodescendientes de la ciudad portuaria de Buenaventura,…

p. 74
54Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 2051 fragmento
[75]

2012, de Los Urabeños al puerto. Para 2010 la guerrilla de las FARC se había replegado a la zona rural, teniendo influencia esporádica en la Comuna 12. Los gru- pos posnegociación y La Empresa, en alianza con Los Rastrojos, controlaban para ese momento casi todo el territorio urbano (…) digamos en estos momentos que…

p. 205
55Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2061 fragmento
[77]

intraurbano. La Comuna 13 se ve sometida a la acción de dos fuerzas con- tradictorias en paralelo. a) La continuidad de la violencia: • Durante la primera etapa de los paramilitares des- movilizados, en la Comuna 13 continúa un orden de violencia ahora impuesto por los desmovilizados rearmados y las bandas cri-…

p. 206