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Idea transversal

Extradición

La extradición pasó de ser un tecnicismo del derecho internacional a convertirse en el eje de una batalla política, jurídica y armada entre el Estado colombiano, el narcotráfico y la presión de Estados Unidos, siendo prohibida, restablecida y vuelta a prohibir entre 1979 y 1997.

3.674 palabras36 documentos50 fragmentos citados
Extradición

Trayectoria de una idea

  1. 1904

    Primer rastro documental: caso Arboleda en Iquitos

  2. 1925

    Tratado de extradición Colombia-México

  3. 1979

    Firma del tratado de extradición Colombia-Estados Unidos

  4. 1983

    Primeras solicitudes formales de extradición por Estados Unidos

  5. 1984

    Asesinato de Lara Bonilla y restablecimiento de la extradición

  6. 1985

    Toma del Palacio de Justicia y destrucción de expedientes

  7. 1987

    Primera prohibición: la Corte Suprema declara inexequible el tratado

  8. 1988

    Asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos

  9. 1989

    Restablecimiento bajo Barco tras el asesinato de Galán

  10. 1991

    Prohibición constitucional en la Constitución de 1991

  11. 1997

    Restablecimiento constitucional de la extradición

03

La lectura

La extradición en Colombia no es solo una figura del derecho internacional: es el termómetro de la relación entre el Estado, el crimen organizado y la soberanía nacional a lo largo de medio siglo. Ningún otro instrumento jurídico ha sido prohibido, restablecido y vuelto a prohibir con tanta violencia de por medio, ni ha costado tantas vidas —un ministro de Justicia, un procurador general, magistrados, un candidato presidencial— en su defensa o en su abolición. La campaña de Los Extraditables demostró que un grupo criminal podía doblarle el brazo al Estado y a su Constitución mediante el terror sistemático, mientras la toma del Palacio de Justicia reveló hasta qué punto la extradición había dejado de ser un asunto técnico para convertirse en una cuestión de vida o muerte institucional. La prohibición constitucional de 1991, arrancada en el contexto del narcoterrorismo más intenso de la historia colombiana, y su restablecimiento en 1997, marcan los dos polos de una tensión que no ha desaparecido: la que existe entre la soberanía de juzgar a los propios nacionales y la necesidad de rendir cuentas ante una criminalidad que desborda las fronteras.

La extradición en Colombia

La extradición es el acto por el cual un Estado entrega a una persona reclamada por otro para que sea juzgada o cumpla condena en territorio ajeno. En Colombia, sin embargo, la palabra dejó de ser un tecnicismo del derecho internacional para convertirse, en la segunda mitad del siglo XX, en el nombre de una batalla larga: la que enfrentó al Estado colombiano con el narcotráfico y, simultáneamente, con la presión persistente de Estados Unidos. Entre 1979 y el presente, la extradición ha sido prohibida, restablecida, prohibida por vía constitucional y de nuevo restablecida por reforma constitucional; ha costado la vida de un ministro de Justicia, de magistrados, de candidatos presidenciales y de periodistas; ha desencadenado la toma más traumática que ha sufrido la rama judicial en la historia republicana; y ha servido, ya en el siglo XXI, para sacar del país a jefes paramilitares en plena confesión judicial. Ninguna otra figura jurídica ha operado con tanta densidad política ni ha dejado tantos muertos en el camino.

Un instrumento antiguo con una vida nueva

Antes de convertirse en el nervio de la guerra contra el narcotráfico, la extradición fue una herramienta modesta del derecho consular. En mayo de 1904, el cónsul colombiano en Iquitos gestionaba ante el gobierno la extradición de Neftalí Arboleda, preso en territorio peruano por asesinato: un trámite rutinario que se documentaba en el archivo del consulado sin ruido político. Dos décadas después, el 12 de junio de 1925, Colombia firmó con México un tratado bilateral de extradición, aprobado por la ley 30 de 1930, cuyos instrumentos de ratificación se canjearon en México el 1 de julio de 1937. Ese tipo de acuerdos —discretos, técnicos, casi invisibles para la opinión pública— constituía la práctica ordinaria de la figura durante la primera mitad del siglo XX.

El giro empezó a insinuarse en la década de 1970. Desde la administración de Misael Pastrana (1970-1974), Estados Unidos comenzó a ejercer sobre Colombia una presión antidrogas sostenida que se prolongaría, sin pausa real, hasta el presente. El país empezaba a ser identificado en Washington como corredor y luego como productor central del tráfico de cocaína hacia el mercado norteamericano, y la política estadounidense empezó a exigir instrumentos jurídicos que permitieran juzgar en sus propios tribunales a los responsables. El tratado de extradición entre Colombia y Estados Unidos, firmado en 1979 bajo el gobierno de Julio César Turbay Ayala, fue la respuesta a esa demanda. Entró en vigencia en marzo de 1982.

Ese tratado —y no la vieja figura consular— es lo que en Colombia se llama, sin más apellidos, "la extradición". A partir de él, la palabra dejó de designar un procedimiento y pasó a nombrar una batalla de soberanía, de justicia y de terror.

El tratado de 1979 y la reticencia inicial

El tratado firmado por Turbay Ayala estableció un procedimiento en el que la Procuraduría emitía un concepto previo no vinculante y la decisión final quedaba en manos del Ejecutivo. Sobre el papel, Colombia se comprometía a entregar a sus nacionales para ser juzgados en Estados Unidos por delitos vinculados al narcotráfico. En la práctica, el gobierno que recibió el instrumento ya vigente en 1982 —el de Belisario Betancur— no manifestó el menor interés en aplicarlo. Estados Unidos formuló sus primeras solicitudes formales en abril de 1983 y encontró una pared: la administración colombiana había apostado por una política de apertura, diálogo con las guerrillas y contemporización con sectores sociales complejos, y la extradición no encajaba en ese talante.

La posición de Colombia ante el narcotráfico, hasta mediados de los años ochenta, era además ambigua. Sectores de la economía y buena parte de la opinión pública veían con benevolencia la bonanza de divisas y empleo que traía el negocio; los capos se movían con desenvoltura en la vida pública, financiaban obras y, en algún caso, aspiraban a cargos de elección popular. En una reunión celebrada en Panamá, los propios narcotraficantes ofrecieron al gobierno una fórmula amplia: reformas al tratado de extradición, exención por crímenes anteriores, entrega de la infraestructura del narcotráfico y hasta la cancelación de la deuda externa del país. Betancur y Estados Unidos rechazaron la oferta. Poco después, y a través del expresidente Alfonso López Michelsen, los del Cartel de Medellín volverían a poner sobre la mesa otra versión de la misma propuesta: desmantelar sus operaciones a cambio de amnistía y abolición de la extradición. Tampoco prosperó.

Fue el asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, el 30 de abril de 1984, el que rompió la ambigüedad. Lara había hecho de la denuncia contra el narcotráfico —y en particular contra Pablo Escobar Gaviria— una bandera personal, y su muerte, ejecutada por sicarios del Cartel de Medellín, obligó a Betancur a reaccionar. El gobierno restableció la extradición por vía de estado de sitio y, en 1985, fueron efectivamente entregados a Estados Unidos los primeros cuatro narcotraficantes colombianos. La guerra había empezado.

Los Extraditables

Frente a esa política, un núcleo del Cartel de Medellín —encabezado por Escobar, con José Gonzalo Rodríguez Gacha, los hermanos Jorge Luis, Fabio y Juan David Ochoa Vásquez y, según algunos testimonios, con vínculos con Fidel Castaño— se agrupó bajo un nombre que era también una consigna: Los Extraditables. Su lema, "Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos", resumía con crudeza el temor que unía a hombres muy distintos entre sí, y que arrastraban tensiones ideológicas internas nada menores. Ese temor —evitar la extradición a toda costa— se convirtió en el motor de la campaña terrorista más devastadora de la historia colombiana reciente.

La lógica de Los Extraditables combinó tres registros. Uno de amenaza abierta: un comunicado célebre anunció "la guerra total", advirtió que no respetarían a las familias de sus enemigos y prometió incendiar propiedades de la oligarquía. Otro de violencia selectiva: magistrados amenazados, jueces asesinados, periodistas eliminados, funcionarios secuestrados. Y un tercero de terror indiscriminado: la voladura de las sedes de El Espectador y de Vanguardia Liberal, el atentado con explosivos contra un avión de Avianca en vuelo con todos sus pasajeros a bordo, y los coches bomba que sacudieron ciudades enteras.

En ese contexto se produjo el secuestro y asesinato del procurador general Carlos Mauro Hoyos en 1988, atribuido a Los Extraditables bajo el mando de Escobar —un crimen que, además, ocurrió en la zona de operaciones de la IV Brigada, comandada entonces por el brigadier general Ruíz Barrera, en una coincidencia que la investigación posterior nunca terminó de despejar—. Los Extraditables no solo pedían el fin de la extradición: aspiraban también a un tratamiento político equivalente al indulto que se otorgaba a las guerrillas alzadas en armas, en la lógica de considerar sus acciones como delito político. La aspiración chocaba con la doctrina jurídica colombiana y no prosperó.

El Palacio de Justicia

El 6 de noviembre de 1985, un comando del M-19 asaltó el Palacio de Justicia en el centro de Bogotá. La respuesta militar convirtió el edificio en una hoguera de veintisiete horas en la que murieron casi la mitad de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y desaparecieron para siempre miles de expedientes. La toma tiene muchas lecturas, pero una de ellas, ineludible, es la de la extradición.

Ese día, la Sala Constitucional debía estudiar la primera ponencia sobre la demanda de inexequibilidad del tratado con Estados Unidos. Varios magistrados de las salas Constitucional y Penal —encargadas de tramitar las demandas contra el tratado y de emitir concepto sobre las solicitudes concretas— habían recibido amenazas de muerte si no lo declaraban inexequible, amenazas atribuidas a Los Extraditables. Los asaltantes del M-19 se dirigieron precisamente al cuarto piso, donde funcionaban esas salas. Roberto Escobar, hermano del capo, afirmaría años después que el M-19 fue pagado para asaltar la Corte, eliminar jueces y destruir los expedientes de Los Extraditables. Enrique Parejo González, ministro de Justicia sucesor de Lara Bonilla, enumeró un catálogo de indicios circunstanciales —las amenazas, la coincidencia con la ponencia sobre el tratado, la dirección exacta que tomaron los asaltantes— que apuntaban a que la operación había reportado beneficios tanto al narcotráfico como al M-19, sin que ello equivaliera necesariamente a una alianza formal entre ambas organizaciones.

En el incendio se destruyeron más de seis mil expedientes, entre ellos procesos contra militares por violación de derechos humanos. La Corte que ardió con el edificio se había resistido a tumbar el tratado, dictando en varias ocasiones autos inhibitorios. La Corte que la reemplazó en diciembre de 1986 declararía inexequible el tratado un año después. Entre los muertos del Palacio estaba Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corporación; entre los sobrevivientes emblemáticos de esa etapa, magistrados como Hernando Baquero Borda serían asesinados por el narcotráfico fuera del edificio.

Al deterioro previo entre magistrados y Fuerzas Militares —agravado durante el gobierno Betancur, mientras el Ejército criminalizaba su campaña contrainsurgente y establecía vínculos con grupos paramilitares como el MAS— se sumó, con la toma, la percepción de que sectores duros del Estado veían con alivio la desaparición de una Corte incómoda. El resultado, contradictorio, es que el objetivo del narcotráfico —bloquear la extradición— terminó cumpliéndose por vía indirecta: la Corte de reemplazo hizo lo que la anterior se había negado a hacer.

La primera prohibición y el retorno bajo Barco

La inconstitucionalidad del tratado, declarada en 1987, no se fundamentó en un debate sobre soberanía o derechos, sino en un argumento formal: la ley aprobatoria había sido firmada por un ministro delegatario en funciones presidenciales —Germán Zea— y no por el presidente titular, lo que a juicio de la Corte implicaba una delegación indebida del manejo de las relaciones internacionales. El argumento de forma bastaba para tumbar el instrumento sin tener que pronunciarse sobre el fondo. El fallo, sin embargo, llegó tras años de amenazas, magistrados asesinados y una toma del Palacio de Justicia: la coacción y la decisión jurídica no pueden desanudarse.

La prohibición no duró. El presidente Virgilio Barco Vargas (1986-1990) restableció la extradición tras el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento, en agosto de 1989, en un momento en que el país atravesaba una ola de violencia política sin precedentes: caían líderes de la Unión Patriótica, magistrados, dirigentes de izquierda, y varios candidatos a la Presidencia eran ultimados en sucesión. El narcotráfico fue señalado como responsable de una parte de esos crímenes, y el clima —con Escobar poniendo bombas en supermercados y calles— hizo políticamente inviable seguir sin la herramienta de la extradición. Barco reanudó las entregas sin contar ya con el tratado tumbado, apoyándose en mecanismos alternativos de excepción.

Ese mismo período reveló una dualidad del narcotráfico frente al Estado que la historia ha tendido a simplificar. Mientras un sector —el de Los Extraditables— hacía la guerra abierta al aparato judicial para forzar el fin de la extradición, otro sector se aliaba con fuerzas estatales y grupos paramilitares en la lucha contrainsurgente, en particular contra las FARC, el ELN y la Unión Patriótica. Los narcotraficantes eran, a la vez, enemigos y aliados del Estado, según qué sectores y qué proyectos se miraran.

La Constituyente de 1991 y La Catedral

Con Barco terminaba una fase y comenzaba otra. César Gaviria Trujillo (1990-1994), su sucesor, entendió que la guerra frontal contra el Cartel de Medellín no podía ganarse solo por las armas. Diseñó una política de sometimiento a la justicia que ofrecía a los narcotraficantes rebajas de pena y garantías carcelarias a cambio de que se entregaran y colaboraran. La pieza jurídica que faltaba para que esa oferta fuera creíble era, precisamente, la eliminación de la extradición. La Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución de 1991 la incluyó como prohibición expresa: ningún colombiano por nacimiento podría ser entregado a un gobierno extranjero.

La decisión no fue solo capitulación. La Constituyente respondía a una agenda mucho más amplia de reforma política e institucional —tras el asesinato de tres candidatos presidenciales, tras el colapso del sistema bipartidista, tras la exigencia de un pacto refundacional—, y en su seno hubo argumentos jurídicos serios sobre soberanía y sobre el derecho de los nacionales a ser juzgados por sus jueces naturales. Pero el contexto pesaba: al día siguiente de la aprobación de la prohibición, Pablo Escobar se entregó. La correlación era demasiado precisa para ser casual.

Como condición para su entrega, Escobar había exigido —además del fin de la extradición— la construcción de su propia cárcel en un terreno elegido por él y con guardias de su confianza. Así nació La Catedral, en las afueras de Envigado, un recinto que era menos una prisión que un centro de operaciones fortificado. La Iglesia Católica actuó como mediadora del proceso. Durante trece meses, Escobar dirigió su negocio desde allí, recibió visitas, ordenó asesinatos y siguió acumulando fortuna. En julio de 1992, cuando el gobierno intentó trasladarlo a una cárcel ordinaria, se fugó.

La fuga marcó el fracaso pleno de la política de sometimiento a la justicia. Se reanudaron los atentados; el Estado organizó una persecución masiva; apareció el grupo Los Pepes —"Perseguidos por Pablo Escobar"—, una alianza turbia de antiguos socios traicionados, paramilitares y agentes estatales que aplicó al capo su propia medicina, asesinando a sus abogados, familiares y colaboradores. El 2 de diciembre de 1993, Pablo Escobar fue abatido por la Policía en un tejado de Medellín. Su muerte cerró el ciclo del narcoterrorismo y del Cartel de Medellín. El sometimiento a la justicia, la política que había justificado la prohibición constitucional de la extradición, terminó aplicándose apenas a algunos lugartenientes de Escobar y a capos menores como los hermanos Ochoa Vásquez; los jefes del Cartel de Cali, entretanto, gozaron durante años de una impunidad amplísima.

El regreso: 1997

Muerto Escobar y desmantelado su cartel entre 1993 y 1995 —seguido del desmantelamiento del Cartel de Cali entre 1994 y 1995—, desaparecía también, al menos en apariencia, el temor que había paralizado al Congreso frente al tema de la extradición. Fue entonces, paradójicamente, cuando el país volvió a extraditar.

El detonante fue el gobierno de Ernesto Samper Pizano (1994-1998), atrapado desde el inicio en el llamado Proceso 8000: la revelación de que su campaña presidencial había sido financiada por el Cartel de Cali con seis millones de dólares. El escándalo produjo una crisis política de dimensiones extraordinarias, con rechazo internacional, investigaciones del propio Estado, llamados a la renuncia del presidente y hasta un episodio de conato golpista. Aunque en junio de 1996 el Comité de Acusaciones de la Cámara de Representantes absolvió a Samper, la debilidad del gobierno era estructural. Estados Unidos aprovechó ese vacío. Utilizó como palanca la "descertificación" —el señalamiento oficial de que Colombia no cooperaba lo suficiente en la lucha antidrogas, con efectos comerciales y financieros severos— y mantuvo el escándalo como arma diplomática para exigir mayores resultados.

Samper, que inicialmente se había opuesto al restablecimiento de la extradición, terminó impulsando la reforma constitucional. En noviembre de 1997, mediante una reforma al artículo 35 de la Constitución, la extradición adquirió por primera vez rango constitucional expreso. Ya no era solo un instrumento posible: era una figura consagrada en la Carta. La desaparición del Cartel de Medellín había vaciado al Congreso del miedo que había paralizado el debate durante una década, y la presión estadounidense —constante desde Pastrana— hacía el resto. La reforma admitía, además, extraditar a colombianos por delitos cometidos con posterioridad a su aprobación, aunque con excepciones acotadas.

En 2004, bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Colombia extraditó por primera vez a insurgentes guerrilleros por tráfico de drogas hacia Estados Unidos. El caso más simbólico fue el de Simón Trinidad, dirigente de las FARC. La figura, nacida para atacar a los carteles, se extendía ahora a un nuevo actor.

Los paramilitares del 13 de mayo

Si la extradición había servido en los años ochenta como arma contra el narcoterrorismo y en los noventa como concesión ante Washington, en 2008 se convirtió en un instrumento de otro orden: la interrupción calculada de un proceso de justicia transicional.

En la madrugada del 13 de mayo de 2008, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez extraditó de manera sorpresiva a catorce jefes paramilitares desmovilizados, entre ellos Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar Pupo (Jorge 40) y Diego Fernando Murillo (Don Berna). En días próximos también sería extraditado Hernán Giraldo Serna. Todos habían aceptado someterse a la Ley de Justicia y Paz, marco de justicia transicional creado en 2005 para procesar a los paramilitares que se desmovilizaran, y estaban en pleno ciclo de audiencias de versión libre: contando crímenes, nombrando cómplices, revelando vínculos con políticos, militares, empresarios y funcionarios.

El gobierno justificó la operación argumentando que los postulados habían seguido delinquiendo desde la cárcel. El argumento tenía respaldo legal —la Ley de Justicia y Paz contemplaba la extradición para quienes no cooperaran con la verdad o no hicieran restitución—, pero no despejó las sospechas. Salvatore Mancuso denunció en una carta pública a la Corte Suprema que el gobierno había faltado a su palabra, que sus confesiones habían comenzado a tocar intereses políticos y económicos poderosos y que, cuando eso ocurrió, se le deslegitimó y se le impidió reconstruir la verdad. Alegó también que el fiscal general Mario Iguarán y el jefe de la Unidad de Justicia y Paz se habían reunido en Washington con funcionarios estadounidenses y les habían dicho que no conocían los motivos de la extradición. Don Berna declaró que no había garantías para él ni su familia y anunció que no volvería a declarar ante la justicia colombiana, aunque simultáneamente ofreció colaborar en los procesos de la llamada "parapolítica" a cambio de reducciones de pena en Estados Unidos.

El problema jurídico era doble. Por un lado, no existía un convenio de cooperación escrito entre Colombia y Estados Unidos que garantizara el acceso de la justicia colombiana a los extraditados una vez en suelo norteamericano, lo que limitó severamente la continuidad de los procesos de Justicia y Paz. Por otro, la justicia estadounidense investigaba a los extraditados por narcotráfico, no por los crímenes de lesa humanidad cometidos en Colombia: masacres, desplazamientos forzados, desapariciones. El mensaje era, para muchos, el equivocado: que traficar droga era más reprochable que cometer atrocidades.

Organizaciones de derechos humanos y de víctimas protestaron. Amnistía Internacional advirtió que las extradiciones podían ocultar la dimensión real de las violaciones y los vínculos de los paramilitares con fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y personalidades políticas y empresariales, y que sin investigación por parte de tribunales estadounidenses sobre crímenes de lesa humanidad, las víctimas quedarían sin acceso a la verdad y la justicia. Encuestas entre poblaciones afectadas revelaron que los aspectos más perjudicados por las extradiciones eran, en su percepción, la ubicación de cuerpos de personas desaparecidas, la revelación de la verdad en casos individuales y la entrega de bienes para reparación.

La retransmisión de audiencias desde cárceles estadounidenses fue posible pero limitada, obstaculizada por problemas logísticos y por la voluntad política de las partes. Hernán Giraldo Serna, que había reconocido 118 crímenes del Bloque Resistencia Tayrona antes de su salida del país, no llegó a admitir algunos casos específicos —entre ellos la desaparición forzada de dos investigadores del CTI y de dos mujeres— antes de partir, y desde el exterior el proceso de esclarecimiento se hizo mucho más difícil.

Balance de un instrumento

La extradición colombiana ha vivido cuatro momentos: la resistencia y aplicación reactiva bajo Betancur y Barco; la prohibición constitucional de 1991 como pieza del sometimiento a la justicia; el restablecimiento de 1997 bajo presión estadounidense; y la aplicación masiva a partir de la década de 2000, que alcanzó su cifra más alta bajo Juan Manuel Santos, quien firmó más de mil cuatrocientas extradiciones —posiblemente el mayor número de un presidente colombiano en la historia—.

El balance, sin embargo, es equívoco. La figura se ha ido deformando con el tiempo: cada vez se envían más mandos medios y menos capos verdaderos, y muchos de los extraditados han recibido en Estados Unidos penas irrisorias comparadas con las de otros delincuentes. El negocio del narcotráfico sigue funcionando después de décadas de entregas, lo que ha llevado incluso al propio Santos a reconocer públicamente que el instrumento no ha sido tan eficaz como se creía.

El caso de Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, máximo jefe del Clan del Golfo, ilustró en 2022 el problema en su forma más aguda: fue extraditado justo cuando empezaba a compartir información con la Jurisdicción Especial para la Paz y con la Comisión de la Verdad. La justicia estadounidense se concentró en los delitos de narcotráfico sin atender las responsabilidades del procesado en la violencia cometida en Colombia. Las víctimas quedaron, otra vez, sin acceso a la verdad sobre los determinadores del daño que padecieron.

Ahí reside la paradoja más honda de la historia de la extradición en Colombia. Nacida como respuesta a una amenaza que rebasaba al Estado colombiano —el poder narcoterrorista del Cartel de Medellín—, y convertida en pieza de política exterior bajo la presión constante de Washington, la figura sobrevivió a las prohibiciones y a las reformas, pero nunca terminó de integrarse en una arquitectura judicial propia. Cuando actuó, lo hizo reactivamente: tras el asesinato de un ministro, tras el de un candidato, tras un escándalo de financiación, tras una descertificación. Cuando cedió, lo hizo con argumentos formales que enmascaraban rendiciones de fondo. Y cuando se aplicó con volumen —bajo Uribe, bajo Santos—, terminó sirviendo con más frecuencia a la justicia estadounidense que a las víctimas colombianas.

El péndulo entre prohibición y restablecimiento no ha sido, en el fondo, una oscilación de doctrinas jurídicas: ha sido un termómetro de la debilidad estatal frente a poderes que lo superaban, del norte y de adentro. Que un país haya reformado dos veces su Constitución en torno a un solo instrumento penal, y que cada reforma se haya producido bajo coacción —narcoterrorista en 1991, diplomática y política en 1997—, dice sobre Colombia algo que ninguna ley alcanza a decir por sí sola. La extradición, en la historia colombiana, no es un capítulo del derecho: es la cicatriz visible de una guerra que el Estado libró sin haberla escogido, y que aún no termina.

04

En el archivo

63 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Crisis y narcotráfico1974–199023
  1. 1974Crisis y narcotráfico (1974–1990)Época
  2. 1976Bonanza marimbera y emergencia del narcotráfico (1976–1980)Hecho
  3. 1978Bonanza marimberaFicha
  4. 1980Carlos LehderFicha
  5. 1982Paz negociadaFicha
  6. 1984Asesinato de Rodrigo Lara BonillaHecho
  7. 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
  8. 1984NarcotráficoFicha
  9. 1984Pablo EscobarFicha
  10. 1984Rodrigo Lara BonillaFicha
  11. 1984TreguaFicha
  12. 1985Alfonso Reyes EchandíaFicha
  13. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Pregunta
  14. 1986Gonzalo Rodríguez GachaFicha
  15. 1986Guillermo Cano IsazaFicha
  16. 1988Virgilio Barco VargasFicha
  17. 1988Yair KleinFicha
  18. 1989La guerra contra la justicia en Colombia (1984–1991)Pregunta
  19. 1989Luis Carlos GalánFicha
  20. 1989MagnicidioFicha
  21. 1989Magnicidios y crisis del bipartidismo (1989–1990)Hecho
  22. 1989NarcoterrorismoFicha
  23. 1991Diana Turbay QuinteroFicha
02Constitución de 19911991–200213
  1. 1989Desmovilización del M-19 y conversión política (1989–1990)Hecho
  2. 1989La Constitución de 1991 y su décadaÉpoca
  3. 1989Muerte de Pablo Escobar y reconfiguración del narcotráfico (1993)Hecho
  4. 1990Alonso Salazar JaramilloFicha
  5. 1990Apertura económica y reformas neoliberales en Colombia (1990–1993)Hecho
  6. 1990La Asamblea Nacional Constituyente y la Constitución de 1991Hecho
  7. 1991César GaviriaFicha
  8. 1991La Constitución de 1991Pregunta
  9. 1994Gobierno Samper, Proceso 8.000 y las Convivir (1994–1998)Hecho
  10. 1996Ernesto Samper PizanoFicha
  11. 1997Bill ClintonFicha
  12. 1997Carlos Castaño GilFicha
  13. 1998Hernán Giraldo SernaFicha
03Seguridad Democrática2002–201620
  1. 1997Salvatore Mancuso GómezFicha
  2. 2001George W. BushFicha
  3. 2002Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005)Hecho
  4. 2002ProhibicionismoFicha
  5. 2003Carlos Mario Jiménez NaranjoFicha
  6. 2003Don Berna (Diego Fernando Murillo Bejarano)Ficha
  7. 2003Éver Veloza GarcíaFicha
  8. 2003Falsificación de cifras y ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho
  9. 2003Negociación de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho
  10. 2003Santa Fe de RalitoFicha
  11. 2005Justicia y PazFicha
  12. 2005La Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz)Pregunta
  13. 2006Bandas criminales y rearme posdesmovilización (2006–2014)Hecho
  14. 2006El escándalo de la parapolíticaHecho
  15. 2006Francisco Santos CalderónFicha
  16. 2006La desmovilización de las AUC y las bacrim/AGC (2003-2006)Pregunta
  17. 2007Daniel Rendón HerreraFicha
  18. 2007Mario IguaránFicha
  19. 2007Óscar Naranjo TrujilloFicha
  20. 2010El archivo transicional del paramilitarismo colombianoPregunta
04Posconflicto2016–presente3
  1. 2016Dairo Antonio Úsuga David, alias OtonielFicha
  2. 2018Néstor Humberto Martínez NeiraFicha
  3. 2018Patricia Linares PrietoFicha
05Transversal3
  1. 1903Washington en la historia de ColombiaFicha
  2. 1971Guerra contra las drogasFicha
  3. 1995Lavado de activosFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Pablo Escobar — líder de Los Extraditables, principal impulsor de la campaña terrorista para prohibir la extradición y beneficiario directo de su eliminación constitucional en 1991
  2. 02Rodrigo Lara Bonilla — ministro de Justicia asesinado el 30 de abril de 1984 por el Cartel de Medellín; su muerte marcó el inicio de la política extraditora activa del Estado colombiano
  3. 03Luis Carlos Galán — candidato presidencial asesinado en 1989 cuyo crimen impulsó al gobierno Barco a restablecer la extradición tras la prohibición de 1987
  4. 04Corte Suprema de Justicia — institución que declaró inexequible el tratado en 1987 y cuyos magistrados fueron amenazados y asesinados por Los Extraditables; la toma del Palacio de Justicia en 1985 destruyó la Corte que se resistía a tumbar el tratado
  5. 05Estados Unidos — potencia que presionó a Colombia desde la administración Pastrana (1970-1974), firmó el tratado de 1979 y formuló las primeras solicitudes de extradición en 1983
  6. 06Salvatore Mancuso — jefe paramilitar desmovilizado bajo la Ley de Justicia y Paz, extraditado a Estados Unidos en el siglo XXI en plena confesión judicial, ilustrando el uso de la extradición como instrumento de presión sobre excombatientes
  7. 07Palacio de Justicia — escenario de la toma del 6 de noviembre de 1985, donde se destruyeron expedientes vinculados al tratado de extradición y murieron magistrados que se resistían a declararlo inexequible
  8. 08Constitución de 1991 — instrumento que consagró la prohibición expresa de la extradición como concesión para frenar el narcoterrorismo, prohibición que sería revertida por reforma constitucional en 1997
06

Documentos y fragmentos citados

36 documentos · 50 fragmentos

01Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2471 cita
[1]

y permite reextradición. El tratado de extradición entre Co: lombia y México se firmó en Méxica el 12 de junio de 1925, aprobado por la ley 30 de 1930, y el canje de instru- mentos de ratificación => efectuó en México el 1 de julio de 1937. El ar- ticulo 3 prevé: «No se concederá la ex- tradición por delitos de culpa…

p. 247
02Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 218, 2892 citas
[2]

a series of economic and social reforms, very similar to those pursued at the time by other Latin American governments, including the privatization and liquidation of state compa - nies, the surrender of the health and pension systems to private capital, the dismantling of a protectionist system of import tariffs, and…

p. 218
[27]

article narrates that in a session of the U.S. Congress, Senator Joseph Biden denounced the illegal drug business for producing around US$500,000,000. In the same session, U.S. senators discussed how drug traffickers were paying most public workers around the world. The impunity and massive power of narcos and Escobar…

p. 289
03Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 641 cita
[3]

Don Neftalí Arboleda, mientras nuestro Cónsul acreditado en Iquitos recaba al Gobierno de Colombia la extradición del reo para su juzgamiento, a quien se le envía copia igual de este memorial y firmaron. Río Caraparaná. Argelia, Mayo 6 de 1904. Gregorio Calderón. Alejo A. Tovar C. Oliverio Cabrera S. Manuel Maria…

p. 64
04Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 243, 2482 citas
[4]

opinión y dijo que se proponía ser elegido al Concejo de Bogotá. Su carrera política llegó a su fin en septiembre, cuando fue solicitado en extradición por el gobierno de Estados Unidos y optó por pasar a la clandestinidad. Unas semanas después anunciaba la disolución del MLN. 9 Los hechos recogidos a continuación han…

p. 243
[32]

aprovechada por el cartel de Cali. Esta organización evitó siempre enfrentarse directamente con el Estado; por el contrario, prefirió el dinero y la corrupción para impulsar sus intereses. En 1994, el cartel de Cali entregó seis millones de dólares a la campaña del liberal Ernesto Samper, quien fue electo presidente.…

p. 248
05Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3661 cita
[5]

a España Se termina la autopista Bogotá- Medellín 1984 Huelga civil nacional Éxodo capitalino crea crisis Colombia, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Comisión de Paz y FARC firman acuerdo en La Uribe, Meta Se implementa impuesto al valor agregado (IVA) Primer…

p. 366
06Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 5011 cita
[6]

que condujeran al cese al fuego y abrieran los caminos del diálogo nacional. La euforia del acuerdo firmado entre Gobierno y FARC-EP se vio enturbiada el 30 de abril por el asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, el primero de una larga cadena de crímenes contra hombres públicos por parte de las…

p. 501
07Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 111, 1742 citas
[7]

en acciones paramilitares anticomunistas en el Mag dalena Medio. En esas circunstancias, la dea ofreció pruebas de las activida des del cartel de Medellín y sus miembros se desbandaron a Panamá. Confiaban que el general Noriega que, complotaba con las operaciones de drogas y armas dé Oliver North para derrocar a los…

p. 111
[43]

ridades colombianas” (Reyes, 2011, p. 373). Del mismo modo que la extradi- ción siempre ha sido temida por los narcotraficantes colombianos, grupos defensores de derechos humanos y de la oposición criticaron estas extradi- ciones porque, como se acaba de ver, reducen la posibilidad de hacer justicia sobre crímenes de…

p. 174
08Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 202, 2102 citas
[8]

con quienes opinaban que la bonanza del narcotráfico era una ben- dición, más aún en momentos en que el resto de América Latina padecía una fuerte crisis económica, o con aquellos que consi- deraban beneficioso el desplazamiento de las elites tradicionales, a las cuales achacaban todos los problemas de país, por parte…

p. 202
[30]

cual fue redactada pensando en los narcotraficantes pero la cual tiene una aplicación mucho más amplia, permitiéndole al Estado hacerse a las propiedades en relación con las cuales sus tenedores no puedan demostrar que las adquirieron con recursos legales. Adicionalmente, debió enfrentar presiones muy fuertes…

p. 210
09Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4151 cita
[9]

citizens to be tried in foreign jurisdictions, have been a source of national controversy since the 1980s. The assassination of the minister of justice in 1984 and the ensuing wave of terrorism and violence against judges, poli- ticians, and journalists was a strategy by the Medellm Cartel to pres- sure the state to…

p. 415
10No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 191, 2562 citas
[10]

1984, luego del terremoto de Popayán, apareciera con «talegos de billetes para repartir a los damnificados de la tragedia». (El Heraldo, «Testigo recuerda el día que mataron a ‘El Mexicano’», El Heraldo). 565 Los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, José Santacruz Londoño y Hélmer Herrera. 566 Los párrafos…

p. 191
[14]

políticos estaban implicados. Mientras una parte de la mafia estaba en guerra contra el estable- cimiento y las instituciones, la otra parte estaba en alianza con aquel, en respaldo a sus guerras contra la subversión y en persecución a los líderes sociales como enemigos internos, como lo demostraron las masacres en…

p. 256
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2611 cita
[11]

permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…

p. 261
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2861 cita
[12]

legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…

p. 286
13"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 471 cita
[13]

país (julio/85 a Julio/86), Asesor principal de delegación ante la Junta Interamericana de Defensa (de agosto 1/89 a agosto 31/91; Agregado Militar de la Embajada de Colombia en EEUU y Canadá y Jefe de Estudios del Colegio Interamericano de Defensa de noviembre/89 a agosto de 1991 107. Mientras estuvo al mando de la…

p. 47
14Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 18, 1472 citas
[15]

liderado por Pablo Escobar, y orientado a forzar al Gobierno a suspender la extradición de narcotraficantes a Estados Unidos. El sucesor de Barco, César Gaviria, ofreció como alternativa a la confrontación terrorista la política de sometimiento a la justicia y aceptó prohibir la extradición en la reforma…

p. 147
[28]

extradición y al día siguiente se entregó a la justicia Pablo Escobar Gaviria, cabeza del cartel de Medellín y autor de innumerables asesinatos y varios atentados terroristas en lugares públicos. Su fuga de la cárcel de lujo que había acondicionado con sus propios recursos, seguida por su persecución y muerte a manos…

p. 18
15Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 202, 4302 citas
[16]

secuestro de Ospina y los otros crímenes en los que había participado. Su confesión llevó a que las autoridades allanaran Las Tangas para buscar los cadáveres enterrados en la playa. Encontraron 22, entre ellos los de los hermanos Escobar, de 18 y 24 años, Ovidio Carmona, de 20 y Jorge David Martínez, de 21. 120…

p. 202
[35]

de la fuerza pública fueron necesarios para el traslado de los 58 paramilitares» detenidos en La Ceja a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. El ministro del Interior, Carlos Holguín, dijo que se iban a fugar y por eso la súbita movida. Además explicó que seguían delinquiendo desde la cárcel. No obstante, y aunque…

p. 430
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1161 cita
[17]

Beatriz Villamizar y Diana Turbay –asesinada en la operación de rescate–; entre muchos otros. La paradoja de estos años fue que, si bien un sector del Estado combatió a los narcotraficantes, otro sector era su aliado con la justificación de los «fines superiores» en la lucha contrainsurgente. Y del mismo modo, un…

p. 116
17La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 63, 682 citas
[18]

de muerte a varios Magis- trados de la Salas Constitucional 21 y Penal de la Corte Suprema de Justicia, si no declaraban inexequible el Tratado de Extradición entre Colombia y los Estados Unidos. 6. El día del asalto, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia debía estudiar la primera ponencia sobre la…

p. 68
[19]

guerrilla y, luego, por la responsabilidad en que pudieron haber incurrido los miembros de La Tragedia del Palacio de Justicia 69 la Fuerza Pública, al repeler el ataque del M-19. Es evidente que la muerte de los Magistrados, en buena medida, se debió al abandono, por parte del Ejército y la Policía, de su deber…

p. 63
18Pablo Escobar: Colombia's Hero or Villain? History of the Greatest Drug LordJ.D. Rockefeller · 2015 · p. 91 cita
[20]

Velasquez also known as “Popeye” discusses the attack, he was once Escobar’s hitman. During the siege, the Colombian Supreme Court had been discussing the Colombian extradition treaty with the United States. In his book, Roberto Escobar stated that the M-19 had been paid to storm the Colombian Supreme Court, eliminate…

p. 9
19El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · p. 49, 1722 citas
[21]

magistra dos sobrevivientes no hacían quorum en ninguna de las tres salas restantes. Quizá la muerte -meses después, también de un ataque cardiaco- del magistrado Luis Enrique Aldana, quien luego de la tragedia quedó como vicepresidente de la Corte, ilustra el luto y las dificultades que siguieron en el esfuerzo por…

p. 172
[23]

entre los generales y coroneles de línea dura. Muchos de ellos consideraban u los magistrados como obs táculos entrometidos en una guerra ineludible, dirigida contra todos aquellos que, por su filiación, los militares consideraban traidores potenciales de las modalidades culturales y sociales de la restrin gida…

p. 49
201989María Elvira Samper · 2019 · p. 1621 cita
[22]

Claro, por una razón, porque la Corte Suprema tumbó el tratado de extradición con el argumento peregrino de que como la ley aprobatoria del tratado había sido firmada por Germán Zea, ministro delegatario en funciones presidenciales, significaba delegar el manejo de las relaciones internacionales que son del resorte…

p. 162
21¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 105, 1502 citas
[24]

Lisandro Martínez Z. 211 Guerra y justicia en la sociedad colombiana 3.2. Los reacomodos de la justicia y el nacimiento de la Constitución de 1991 (1987-1992) Este periodo tiene la particularidad de contar, por un lado, con la más grave crisis de la justicia producida por la violencia ejercida selectiva- mente contra…

p. 150
[25]

fin del narcoterro- rismo. La prohibición constitucional de la extradición abrió el camino para la salida a la guerra del narcotráfico contra el Estado y viabilizó la implementación de la figura jurídica del sometimiento a la justicia como ruta para el desmantelamiento del Cartel de Medellín. Este aspecto será…

p. 105
22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[26]

a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…

p. 271
23Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4191 cita
[29]

reformas al tratado de extradición y exención por los crímenes cometidos antes de tales reformas; ofrecieron entregar al Estado toda la infraestructura pro- ductiva de la droga, incluso rutas y laboratorios, y abandonar por completo su negocio. Además, hablaron de cancelar la deuda externa de Colombia. Distintos…

p. 419
24Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 931 cita
[31]

Reform and Oversight, Washington, DC, February 14, 1997). The use of “decertification” as leverage was known by Samper, as the Colombian desk officer in the U.S. embassy in Colombia, Denise Malczewsky, informed Samper in 1996 that the U.S. “wanted to maintain the pressure of the scandal as a weapon... in order to…

p. 93
25Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 2341 cita
[33]

internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…

p. 234
26Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 1071 cita
[34]

paramilitares En la madrugada del 13 de mayo de 2008, y de manera sorpresiva, el Gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición de los líde - res paramilitares desmovilizados (incluidos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna, y once cabecillas más) y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos. La gráfica…

p. 107
27La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 5291 cita
[36]

la Ley 975 de 2005. Entre el 5 de junio de 2007 y el 22 de febrero de 2008, Giraldo participó de las audiencias de versión libre previstas por el mecanismo, mientras se encontraba privado de la libertad en la Cárcel Modelo de Barranquilla, antes de su extradición a Estados Unidos en mayo de 2008. Giraldo contaba desde…

p. 529
28The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 2441 cita
[37]

closed following the accusation that it was operating as the political wing of Don Berna’s Oficina de Envigado drug network. 17. Along with other thirteen leaders of the paramilitaries, Don Berna was extradited to the United States in May 2008. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:29 PM…

p. 244
29Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 621 cita
[38]

as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…

p. 62
30Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 267, 2712 citas
[39]

excomandan- te del Bloque Élmer Cárdenas. Para dar cuenta del impacto que tuvieron las extradiciones en el cubrimiento del proceso de Justicia y Paz, a continuación daremos cuenta de cómo el énfasis que le dieron los medios a la voz del victimario determinó lo que se decía sobre el proceso y su &'* Verdad Abierta,…

p. 267
[40]

y locales con el paramilitarismo. Man- cuso, por ejemplo, envió una carta a la Corte Suprema de Justicia donde advirtió que el Gobierno había faltado a su palabra, por lo que él no había podido cumplir con su compromiso de confesar: “cuando empecé a contar las verdades tal como me exigen la ley y mi consciencia, y…

p. 271
31Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 479, 4834 citas
[41]

a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

p. 479
[42]

a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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[45]

fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
[46]

fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
32«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 341 cita
[44]

Justicia. De este modo, la dimensión real de las violaciones de derechos humanos cometidas a lo largo de los años por los paramilitares, así como el papel fundamental desempeñado por las fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y destacadas personalidades de la política y del mundo empresarial en estos delitos,…

p. 34
33Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 1031 cita
[47]

violencia 45% 41% 41% 37% 37% 35% 38% 39% 45% 40% 19% 20% 18% 17% 21% se facilita se dificulta no se ve afectada no sabe no responde 2% 2% 2% 1% 2% … la posibilidad de que cumplan penas de cárcel ajustadas a la gravedad de sus delitos … la revelación de las complicidades entre paramilitares y políticos o sectores…

p. 103
34Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3481 cita
[48]

“colabore efec- tivamente con la verdad, la justicia y la reparación en los términos establecidos en la Ley 975 de 2005 ” 613. Esa decisión sería noti fi cada al Juez Único Especializado de Sincelejo el 10 septiembre de 2007. El 12 de mayo de 2008, El Ministerio del Interior y Justicia orde- naba la entrega de Hernán…

p. 348
35Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4801 cita
[49]

de la DEA. la impunidad como factor de persistencia del conflicto armado 481 En el conflicto armado, que ahora no se despega del mundo de la droga y su secuencia ilícita, la extradición sigue cumpliendo su papel de ajuste. El último capítulo lo protagonizó Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, máximo jefe de la…

p. 480
36Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 761 cita
[50]

los narcotraficantes sobre el Estado, y en ese sentido sí fue una traición del país al legado de Galán, que tenía eso como símbolo. Pero viéndolo hoy retrospectivamente, la extradición misma, ¿sirvió o no sirvió? ¿Era eficaz o no era eficaz? Un libro reciente de Rafael Pardo, La guerra sin fin, dice algo que es…

p. 76