Falsificación de cifras y ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar (2003–2006)
Las ceremonias de desmovilización de las AUC (2003–2006) inflaron artificialmente las cifras oficiales —más de 31.000 desmovilizados frente a un pie de fuerza real estimado entre 10.000 y 16.000— mediante la incorporación de civiles reclutados días antes, la retención deliberada de armamento y el ocultamiento sistemático de menores de edad, convirtiendo el proceso en una operación de blanqueo administrativo que comprometió la justicia transicional y facilitó el rearme posterior.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 25 de noviembre de 2003 – 15 de agosto de 2006
- Dónde
- Montes de María, Casanare, Llanos Orientales, Santa Fe de Ralito (Tierralta, Córdoba), La Ceja, Antioquia, Medellín, Antioquia, Urabá antioqueño, Medio Atrato, Chocó, Norte de Santander (Catatumbo), San Vicente de Chucurí, Santander, Nordeste antioqueño (Remedios)
- Protagonistas
- Álvaro Uribe Vélez (presidente de Colombia, impulsor de la Seguridad Democrática y del proceso de desmovilización), Luis Carlos Restrepo (Alto Comisionado para la Paz, arquitecto administrativo del proceso; prófugo judicial), Salvatore Mancuso (comandante de las AUC, signatario del Acuerdo de Ralito), Diego Fernando Murillo, alias Don Berna (comandante del Bloque Cacique Nutibara, signatario del Acuerdo de Ralito), Carlos Castaño (cofundador de las AUC, signatario del Acuerdo de Ralito), Vicente Castaño (comandante de las AUC, signatario del Acuerdo de Ralito), Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40 (comandante del Bloque Norte, incorporado posteriormente al proceso), Fredy Rendón Herrera, alias el Alemán (comandante del Bloque Elmer Cárdenas; denunció la farsa del Bloque Cacique Nutibara), Ramiro Vanoy, alias Cuco Vanoy (comandante del Bloque Mineros, signatario del Acuerdo de Ralito), Eduardo Pizarro Leongómez (académico y funcionario que calificó de 'muy satisfactoria' la entrega de armas), Sergio Caramagna (jefe de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA, MAPP/OEA), Frank Pearl (funcionario del proceso de paz)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Las AUC declararon explícitamente, antes de la instalación de la mesa, que su objetivo era transitar a la vida política conservando su capital económico y simbólico, sin reconocer los derechos de las víctimas, lo que orientó el proceso como una operación de blanqueo desde su origen.
- La Ley 782 de 2002 y el Acuerdo de Santa Fe de Ralito (15 de julio de 2003) habilitaron la negociación sin exigir rendición de cuentas previa ni verificación independiente del pie de fuerza real, dejando al gobierno dependiente de las cifras que los propios grupos suministraban.
- La ausencia de un mecanismo robusto de verificación del número real de combatientes permitió que los bloques incorporaran civiles, desempleados y delincuentes comunes en las semanas previas a las ceremonias para inflar artificialmente los registros.
- La lógica política del gobierno Uribe de mostrar resultados cuantitativos de la Seguridad Democrática creó incentivos para aceptar cifras altas sin cuestionarlas, como evidencia la valoración elogiosa de Pizarro Leongómez sobre la entrega de armas.
- El reclutamiento previo de menores de edad por estructuras como el Bloque Elmer Cárdenas —desde la segunda mitad de los años noventa— y la ausencia de protocolos obligatorios de identificación y entrega al ICBF facilitaron el ocultamiento sistemático de niños y niñas soldados.
- La debilidad del marco jurídico inicial (la Ley 975 de Justicia y Paz solo se aprobó en junio de 2005, cuando ya habían ocurrido varias desmovilizaciones) dejó sin respaldo legal la exigencia de verdad plena sobre la composición real de los grupos.
Consecuencias
- El proceso dejó en libertad a miles de combatientes reales que nunca se desmovilizaron formalmente, lo que explica las altas tasas de rearme y la rápida consolidación de las llamadas bandas criminales (BACRIM) a partir de 2006.
- Los menores de edad ocultados no fueron reconocidos como víctimas del proceso de Justicia y Paz, quedaron excluidos de las medidas de reparación integral y sus reclutadores no respondieron judicialmente por ellos, fracturando la justicia transicional.
- La retención deliberada de armamento —documentada en el Bloque Mineros con aproximadamente 1.000 fusiles M14 nuevos guardados en caletas— dotó a los grupos sucesores de capacidad operativa inmediata sin necesidad de rearmarse desde cero.
- Al menos 4.820 personas fueron asesinadas o desaparecidas forzadamente por los paramilitares desde el 1.° de diciembre de 2002 hasta mediados de 2009, según la Comisión Colombiana de Juristas, evidenciando que el cese de hostilidades fue sistemáticamente incumplido durante y después del proceso.
- Luis Carlos Restrepo, principal arquitecto administrativo del proceso, fue investigado judicialmente por las irregularidades y huyó del país, convirtiéndose en prófugo de la justicia colombiana y sellando el fraude como un hecho probado.
- La credibilidad de la cifra oficial de 31.671 desmovilizados quedó destruida por las investigaciones judiciales y del propio Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad, reconfigurando la lectura histórica de la desmovilización como operación de blanqueo administrativo más que como desmonte real del paramilitarismo.
La clave interpretativa
Por qué importa
La falsificación de cifras y el ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar no fueron anomalías marginales sino el núcleo operativo de un proceso que el gobierno presentó como su mayor logro en seguridad: demuestran que el Estado negoció la apariencia del desmonte, no el desmonte mismo, y que lo hizo a costa de las víctimas más vulnerables —los niños soldados— y de la integridad del sistema de justicia transicional. El fraude probado explica directamente el rearme acelerado de las BACRIM, la impunidad estructural de los crímenes de guerra cometidos contra menores y la fuga del funcionario que firmó las actas, convirtiendo este episodio en una de las deudas más graves de la democracia colombiana con su propia historia judicial.
Desarrollo histórico
La historia completa
Falsificación de cifras y ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar (2003–2006)
Entre el 25 de noviembre de 2003, cuando 868 hombres entregaron armas en La Ceja bajo la bandera del Bloque Cacique Nutibara, y el 15 de agosto de 2006, cuando el Bloque Elmer Cárdenas cerró la ronda en el Urabá, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez celebró la desmovilización colectiva de 31.671 miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia. La cifra —que oscila entre 30.944 y 31.689 según qué informe se consulte— se convirtió en una de las estadísticas fundacionales de la política de Seguridad Democrática: prueba, decía el Ejecutivo, de que la negociación había desmontado el mayor ejército privado del país.
Bajo esa superficie contable operaba otra realidad. Testimonios de comandantes, sentencias de Justicia y Paz, informes del Centro Nacional de Memoria Histórica, denuncias recibidas por la CIDH y el propio Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad revelaron que las ceremonias inflaron sistemáticamente su pie de fuerza con civiles reclutados días antes, ocultaron a los menores de edad que integraban las estructuras y entregaron armamento residual mientras las mejores piezas quedaban guardadas en caletas. La operación numérica ocurrió en simultáneo con un incumplimiento sostenido del cese de hostilidades y con la creación, a la sombra de la mesa de Ralito, de los grupos que muy pronto se llamarían bandas criminales. La fuga posterior del principal arquitecto administrativo del proceso, el Alto Comisionado Luis Carlos Restrepo, terminaría de fijar el fraude como uno de los capítulos más costosos de la justicia transicional colombiana.
El escenario del que brota el fraude
El proceso venía habilitado por dos piezas jurídicas y una zona geográfica. La Ley 782 de 2002 eliminó el requisito de reconocimiento del carácter político para negociar con grupos armados ilegales, lo que permitió al Ejecutivo sentarse con las autodefensas sin la ficción de la beligerancia. El 23 de diciembre de ese mismo año, Uribe nombró una Comisión Exploratoria de Paz que en junio de 2003 entregó diez recomendaciones, entre ellas continuar el diálogo y verificar el cese de hostilidades que las AUC habían decretado unilateralmente en diciembre de 2002.
El 15 de julio de 2003, en el corregimiento de Santa Fe de Ralito, municipio de Tierralta (Córdoba), el Alto Comisionado Luis Carlos Restrepo y nueve comandantes —Hernán Hernández, Ramiro Vanoy, Luis Cifuentes, Francisco Tabares, Adolfo Paz (Diego Fernando Murillo, alias Don Berna), Jorge Pirata, Vicente Castaño, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso— firmaron el Acuerdo de Santa Fe de Ralito. El compromiso central era desmovilizar a la totalidad de los miembros de las AUC de manera gradual antes del 31 de diciembre de 2005. Como testigos figuraron miembros de la Comisión Exploratoria y facilitadores de la Iglesia católica, entre ellos monseñores y un sacerdote de la región.
La Ley 782 no ofrecía, sin embargo, alternativa jurídica para quienes habían cometido crímenes de lesa humanidad. Ese vacío obligó al gobierno a impulsar un marco adicional que, tras dos años de discusión legislativa, cristalizó en la Ley 975 de Justicia y Paz, aprobada el 22 de junio de 2005. La norma consagró los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. Sus penas alternativas fueron consideradas insignificantes frente a la magnitud de los crímenes. Las críticas llegaron el mismo día de la aprobación.
En paralelo, el 1 de julio de 2004 se instaló oficialmente la mesa de negociación en la Zona de Ubicación de Santa Fe de Ralito, un enclave de 183 kilómetros cuadrados en Tierralta donde los comandantes vivirían con estatus de negociadores. Antes de la instalación, las AUC habían publicado un documento firmado por su "Estado Mayor Negociador" en el que declaraban, con inusitada franqueza, que el propósito principal de la negociación era transitar a la vida política conservando su capital económico y simbólico. En el texto no aparecía la palabra víctimas. Esa declaración —anterior al primer paramilitar desmovilizado— fijó el horizonte con el que los comandantes se sentaron a la mesa: no una rendición sino una operación de blanqueo. Lo que el gobierno hizo a partir de entonces fue decidir si contenía esa lógica o si la administraba.
La primera farsa: el Cacique Nutibara
La respuesta llegó el 25 de noviembre de 2003 en La Ceja, Antioquia. Aquel día, 868 hombres presentados como integrantes del Bloque Cacique Nutibara entregaron armas y firmaron actas en la primera desmovilización colectiva paramilitar de Colombia. El acto tenía un valor simbólico enorme: inauguraba el proceso, mostraba al país imágenes de excombatientes ordenados en fila, marcaba un antes y un después. Ocho años más tarde, en audiencia ante el Tribunal Superior el 3 de julio de 2011, el comandante Fredy Rendón Herrera, alias el Alemán, jefe del Bloque Elmer Cárdenas, declararía sin rodeos que aquella ceremonia había sido una farsa: la mitad de los desmovilizados no eran paramilitares.
La afirmación adquiere peso cuando se cruza con otro dato de campo. A finales de 2003, el Bloque Cacique Nutibara —brazo armado de la Oficina de Envigado bajo el mando de Don Berna— ejercía un dominio militar consolidado sobre buena parte de Medellín, con presencia territorial en los sectores populares de la ciudad. Ese aparato no podía disolverse en una ceremonia. Y no se disolvió: por orden del propio Don Berna, en mayo de 2003 —seis meses antes de la desmovilización del BCN— se había creado el Bloque Héroes de Granada para ocupar las zonas dejadas por el disuelto Bloque Metro y, muy pronto, las que oficialmente iba a abandonar el Cacique Nutibara. La operación estaba diseñada para que la mano derecha entregara mientras la izquierda relevaba. La CIDH constató que varias comunas de Medellín siguieron bajo fuerte presencia y control paramilitar después de noviembre de 2003, y en la Comuna 13, entre enero y noviembre de ese año, los homicidios con arma blanca se duplicaron. El desmonte era una reorganización.
El caso del Cacique Nutibara instaló el patrón. Si el bloque inaugural podía ser calificado por otro comandante paramilitar como una simulación, el resto del proceso se leería bajo esa sospecha fundada.
La aritmética del fraude
Los 31.671 desmovilizados oficiales chocan con las estimaciones que los propios comandantes hacían del pie de fuerza real. El Alemán calculó en un máximo de 16.000 el número de miembros que las AUC llegaron a tener. Vicente Castaño, en entrevista publicada por Semana el 6 de junio de 2005, afirmó que unos 4.000 hombres de las autodefensas eran exguerrilleros; si esos combatientes representaban el 40% del total, como sugería la conversación, el pie de fuerza rondaría los 10.000. Entre una y otra estimación, la horquilla real se ubicaría entre 10.000 y 16.000 hombres. La cifra oficial duplica, en el mejor de los cálculos internos, el efectivo estimado por quienes comandaron esas tropas.
La brecha se llenó por dos vías. La primera fue el reclutamiento premeditado de personas ajenas al aparato armado. Testimonios de excomandantes, relatos de desmovilizados y denuncias recibidas por la CIDH describen la incorporación, en las semanas previas a las ceremonias, de civiles, desempleados y delincuentes comunes que aparecerían en las fotografías uniformados y en formación. El caso del Bloque Tolima está documentado: hubo incorporación de civiles en los meses previos a la desmovilización colectiva, con una casi duplicación artificial de efectivos. En el Bloque Centauros —el aparato de los Llanos que había sido de Miguel Arroyave— testimonios directos de desmovilizados confirman que se sumó gente de la zona en el último momento para "tapar el hueco" dejado por combatientes con problemas judiciales o que se negaron a entrar al proceso; a los nuevos les entregaban una manilla como único requisito de pertenencia.
La segunda vía fue el entrenamiento exprés de esos incorporados. Un testimonio recogido por el Mecanismo No Judicial describe el procedimiento: durante aproximadamente una semana, personas sin experiencia paramilitar memorizaban información básica sobre regiones de operación, grupos enemigos y batallones cercanos, y aprendían a comportarse como combatientes ante los funcionarios que tomarían sus datos. Con esa cartilla mínima —una geografía, un enemigo, un uniforme— cruzaban el umbral de la ceremonia.
El fraude alcanzó, en al menos un caso probado, la incorporación de guerrilleros reales y campesinos en una misma pantomima: una desmovilización involucró a 25 combatientes de las FARC y 41 civiles, entre ellos ocho menores de edad, a los que se pagó entre 400.000 y 500.000 pesos por participar. El cerebro fue el exguerrillero Olivo Saldaña en asocio con el narcotraficante Hugo Rojas Yepes. Rafael Pardo Rueda —quien había sido consejero de paz de César Gaviria— advirtió públicamente en su momento que se estaba uniformando y entrenando gente para desmovilizarla poco después, y señaló que el proceso se torció cuando el Comisionado comenzó a aceptar desmovilizaciones individuales, lo que él llamó desmovilizaciones "al detal".
Eduardo Pizarro Leongómez calificaría más tarde de "muy satisfactoria" la entrega de 18.051 armas para 31.671 desmovilizados, comparándola con estándares internacionales. La aritmética no soporta el elogio: si el pie de fuerza real era la mitad, la relación arma-combatiente se invierte y la satisfacción se convierte en una función de la propia falsificación.
Las armas que no se entregaron
El material que sí entregaron los paramilitares también fue objeto de selección. El caso mejor documentado es el del Bloque Mineros, al mando de Ramiro Vanoy alias Cuco Vanoy. Los testimonios describen un "complot bien grande" para escoger las armas más trajinadas —fusiles desgastados, piezas viejas, munición vencida— y reservarlas para el acto oficial, mientras las mejores se enviaban a otras zonas del país o se guardaban en caletas. Un testimonio central estima en aproximadamente mil los fusiles M14 nuevos que quedaron enterrados o trasladados hacia zonas como Briceño. El detalle importa: el M14 es un fusil de asalto de larga vida útil; guardar mil unidades nuevas es guardar la capacidad para volver a levantar una tropa cuando convenga.
El patrón se replicó en los frentes del Bloque Central Bolívar que operaban en Remedios, nordeste antioqueño. Antes de la ceremonia, las estructuras redujeron drásticamente su pie de fuerza o simplemente desaparecieron, de modo que buena parte de los que aparecieron en el acto oficial pertenecían a otro frente o estaban retirados de actividades ilegales. Se desmovilizaba un armazón que ya se había vaciado por dentro.
La cantidad total de armas entregadas por las AUC fue notoriamente inferior a la que se sabía que los paramilitares poseían. La cifra global de 18.051 —celebrada por Pizarro como éxito— convive con la evidencia de retención deliberada en, al menos, uno de los bloques con mayor músculo militar del país. La aritmética del arsenal cuenta la misma historia que la aritmética de los hombres: el proceso registró lo que le pusieron delante, no lo que existía. Y lo que quedó guardado —fusiles nuevos, munición nueva, capacidad operativa completa— reaparecería más tarde en manos de los grupos sucesores, que no tuvieron que empezar de cero porque sus antecesores nunca terminaron.
Los menores que nunca aparecieron
Colombia tenía, según los estimados del conflicto, entre 8.000 y 13.000 niños y niñas soldados en sus filas armadas, reclutados en promedio a los 13 años, aunque algunos apenas alcanzaban los siete. Ese universo fue víctima de un doble abandono en el proceso de las AUC: primero por los grupos que los enrolaron, después por el Estado que negoció con esos grupos. El ocultamiento de menores reclutados fue señalado, junto con las falsas desmovilizaciones y los asesinatos cometidos durante el proceso, como uno de los problemas estructurales de la negociación entre el gobierno Uribe y las AUC.
El caso del Bloque Elmer Cárdenas es indicativo. La estructura comandada por el Alemán había reclutado menores de edad en el Urabá antioqueño y el medio Atrato chocoano, principalmente a partir de la segunda mitad de los años noventa, a través de captación directa por los comandantes de frente. Cuando llegó el momento de la ceremonia, esos menores debían aparecer para que el Estado los recibiera y los canalizara hacia el sistema de restablecimiento de derechos del ICBF, como exigía el Derecho Internacional Humanitario. No aparecieron.
En el Bloque Mineros, en las reuniones previas a la socialización de la desmovilización —con presencia de personas identificadas como abogados o fiscales— se preguntó por los menores de edad para excluirlos del proceso antes de la ceremonia. Hay versiones encontradas sobre el episodio, pero la práctica que describe encaja con el patrón general: los menores no entraban a las filas oficiales; se los devolvía a sus familias, se los trasladaba a otras estructuras o se los desaparecía administrativamente antes de que hubiera un acta que los registrara. La lógica era tan simple como aberrante: un menor en la lista era prueba de reclutamiento ilícito, un crimen de guerra; un menor devuelto a su casa la noche anterior era, para efectos del expediente, un menor que nunca estuvo.
La consecuencia se despliega en dos planos. En el primero, la violación del DIH es flagrante: el reclutamiento de menores es crimen de guerra, y la obligación del Estado receptor era identificarlos y protegerlos. En el segundo, la justicia transicional queda fracturada. Los menores no registrados no fueron víctimas reconocidas del proceso. No accedieron a las medidas de reparación integral de Justicia y Paz. Sus reclutadores no respondieron judicialmente por ellos porque los expedientes no los mencionan. La cifra oficial de desmovilizados no tiene, en la práctica, columna para niños. Y la ausencia de esa columna no fue un descuido estadístico: fue una decisión operativa que blindó a los comandantes frente a un delito imprescriptible.
La coreografía de la ceremonia
Los actos oficiales tenían una estética coherente y una mecánica minuciosa. Antes de la ceremonia había una etapa de concentración que en el Bloque Norte —bajo el mando de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40— duraba aproximadamente una semana en los puntos de La Mesa y Chimila, precedida por preconcentraciones en lugares intermedios donde se reunía a las contraguerrillas dispersas. Otro relato del mismo bloque habla de hasta un mes de acopio previo para reunir escuadras venidas de distintos frentes. En el Magdalena Medio, las estructuras siguieron rutas terrestres hacia la zona de concentración, la mayoría en camiones y con acompañamiento de la fuerza pública; los integrantes del Frente Comuneros Cacique Guanentá partieron desde su campamento principal en el corregimiento de La Paz, en Guaduas (Cundinamarca). En el Bloque Pacífico, el Frente Héroes del Chocó tuvo aproximadamente dos semanas de concentración en Kurungano antes de su ceremonia.
Luego venía el día. Una cancha grande, helicópteros bajando con funcionarios y observadores, mesas donde firmar, cámaras registrando rostros, tinta para las huellas, filas donde cada hombre depositaba su fusil. Al final —o durante— se pagaban 300.000 pesos por cabeza. La liturgia era la misma en La Ceja, en Ralito, en Chimila, en Casibare: un funcionario tomaba datos y registraba a un hombre como excombatiente sin capacidad real de saber si aquel hombre había disparado alguna vez un fusil o si lo había recibido tres días antes en un galpón. La ceremonia no verificaba nada. Consagraba lo que se le presentaba.
Ralito por dentro
La zona de ubicación de Santa Fe de Ralito era el escenario que mejor mostraba la asimetría del proceso. En sus 183 kilómetros cuadrados, sin ningún control estatal efectivo, mandaban los propios comandantes. Cuando la zona fue clausurada y los jefes trasladados, las autoridades encontraron fosas comunes en el lugar. Bajo el epicentro simbólico de la negociación —el suelo donde se firmaba la paz— había cadáveres. Ese hallazgo, más que cualquier otro dato, define lo que Ralito fue: no una mesa protegida por el Estado, sino un territorio donde los comandantes ejercieron sin interrupción su soberanía armada, entierros incluidos.
La sociabilidad de la zona confirmaba la misma extraterritorialidad. Semana denunció que los jefes de las AUC ingresaban cajas de whisky y organizaban bacanales con modelos, actrices y prostitutas traídas de Medellín, Barranquilla y Bogotá, con conjuntos vallenatos, cuentachistes y pianistas. La opinión pública sabía poco de lo que ocurría realmente dentro del enclave, lo que derivó en una crisis de credibilidad para el gobierno. Y desde el centro recreacional de La Ceja —el nuevo sitio de reclusión de los comandantes tras Ralito— varios exjefes continuaron manejando sus estructuras de narcotráfico y se disputaron su control. Un narcotraficante como Francisco Javier Zuluaga Lindo, alias Gordolindo, ingresó al proceso como si hubiera sido comandante paramilitar; la Fiscalía establecería más tarde que no lo era propiamente. La frontera entre autodefensa y capo, que las AUC nunca respetaron internamente, tampoco fue custodiada por el Estado en la negociación.
La violencia que nunca cesó
El compromiso decretado por las AUC en diciembre de 2002 y ratificado en Ralito el 15 de julio de 2003 era un cese de hostilidades sujeto a verificación. No se cumplió. Según registros de la Comisión Colombiana de Juristas hasta mediados de 2009, al menos 4.820 personas fueron asesinadas o desaparecidas forzadamente por los paramilitares desde el 1 de diciembre de 2002. En octubre de 2006, el propio Alto Comisionado admitió que su oficina tenía registrados 549 asesinatos cometidos por los paramilitares durante el proceso. Un año y medio antes, en febrero de 2005, Restrepo había pronunciado la frase que quedaría como emblema del período: "el cese al fuego es una metáfora que tiene que manejarse con mucha flexibilidad".
La flexibilidad se pagó en cadáveres. Entre 2003 y 2005, el Bloque Héroes de Granada —creado por Don Berna para relevar al Cacique Nutibara— ejecutó asesinatos selectivos y masacres. En el Caribe, hacia finales de 2004, aparecen hechos vinculados a la estructura de Jorge 40. La CIDH recibió denuncias de violaciones cometidas en zonas de influencia de bloques cuyos líderes participaban en la negociación en Ralito. La tasa de homicidios en zonas paramilitares mostró comportamientos dispares: en algunas descendió, en otras no. El Bloque Bananero, por ejemplo, registró un aumento del 56% en homicidios por cada 10.000 habitantes entre 2004 y 2005, pasando de 5,21 a 8,11. La desaparición forzada experimentó un descenso relativo en el periodo, aunque los grupos aún activos mantuvieron la práctica; los propios paramilitares implementaron una "economía de la violencia" —una racionalización, no una renuncia— para garantizar la legitimidad del proceso ante la mirada pública.
El gobierno no logró hacer efectiva la verificación. La Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA, encabezada en Colombia por Sergio Caramagna, careció de mandato y capacidad para constatar en terreno lo que ocurría en decenas de municipios. Organizaciones de víctimas y organismos internacionales denunciaron la permisividad del Ejecutivo; el Ejecutivo respondió con la metáfora del comisionado y con la insistencia en las cifras de desmovilizados como prueba de éxito.
Del acuerdo al reciclaje
La consigna que el "Estado Mayor Negociador" había puesto por escrito antes de la mesa —conservar capital económico y simbólico— se cumplió con precisión. Ni las economías ilegales ni los órdenes locales construidos por los paramilitares durante veinte años fueron desmontados por el proceso. Como advirtió la investigadora Jasmin Hristov, las medidas legales y políticas empleadas para regular la desmovilización y sus consecuencias fueron altamente conducentes a la impunidad. Sobre esa impunidad, las estructuras se reconfiguraron.
Los grupos emergentes fueron de tres tipos: reductos de unidades no desmovilizadas, grupos fundados por desmovilizados rearmados y grupos plenamente nuevos que ocuparon los vacíos dejados. Las Águilas Negras aparecieron pronto en el nombre público. En el Magdalena Medio, Alberto Giraldo Gómez, alias Don Alonso, exdesmovilizado de las AUC, se rearmó y heredó estructuras; a su muerte, los grupos que comandaba fueron cooptados por Los Botalones. En Barrancabermeja, durante 2006 y parte de 2007, según el Departamento de Policía Magdalena Medio, fueron asesinados ocho desmovilizados y otros 23 capturados; organizaciones sociales estimaban en unos 15 los desmovilizados asesinados desde la ceremonia. Los que se resistían a reincidir eran presionados con amenazas de muerte por quienes buscaban reconfigurar las antiguas estructuras.
El propio programa de reintegración, cuyos albergues del DDR fueron calificados como un rotundo fracaso por fuentes internas del proceso, dejó a miles de excombatientes en condiciones de vulnerabilidad que facilitaron su recaptura. El circuito se cerraba sobre sí mismo: se los uniformaba para la ceremonia, se los desmovilizaba en el acto, se los abandonaba al día siguiente, se los volvía a reclutar a la semana.
Restrepo, prófugo
El arquitecto administrativo del proceso fue Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz entre 2002 y 2009. Bajo su firma se protocolizaron el Acuerdo de Ralito, las 38 ceremonias de desmovilización colectiva, las actas de entrega, los conteos oficiales de armas y las listas que la Fiscalía usaría después para procesos de Justicia y Paz. Fue él quien, en febrero de 2005, definió el cese al fuego como metáfora flexible, y quien celebró en su momento las cifras que hoy los propios comandantes califican de infladas.
Años más tarde, la justicia colombiana abrió proceso penal por presunta falsedad y concierto en la desmovilización de un frente que habría sido fabricado —el llamado "frente Cacica La Gaitana", investigado como estructura ficticia armada para simular una desmovilización guerrillera—. Antes de ser capturado, Restrepo salió del país. Su prófuga judicial le puso rostro al proceso: el funcionario que había firmado la desmovilización más celebrada de la historia reciente terminó siendo el testimonio viviente de que en aquellas ceremonias no todo era lo que parecía.
Lo que queda
La desmovilización colectiva de las AUC entre 2003 y 2006 fue un éxito enunciativo: 31.671 combatientes, 18.051 armas, 38 ceremonias, un marco jurídico de justicia transicional, una zona de ubicación mediatizada, una Misión internacional de acompañamiento. Debajo de esa contabilidad operó un blanqueo con complicidades funcionales. Los comandantes llegaron a la mesa declarando por escrito que buscaban conservar su capital. El gobierno necesitaba cifras para sostener la Seguridad Democrática. Ambos lados querían lo mismo. Los comandantes tenían razones para inflar sus tropas, ocultar sus menores, retener sus armas y mantener paralelamente sus estructuras. El gobierno tenía razones para no auditar esas cifras, tolerar el incumplimiento del cese al fuego con una metáfora y celebrar cada ceremonia como un hito.
No hizo falta un plan maestro. Bastó con que ambos lados de la mesa prefirieran el mismo error. Y ese error tuvo víctimas concretas: los menores que nunca fueron registrados y por tanto nunca reparados; las comunidades que vieron a los mismos hombres, con otros nombres, volver a controlarlas al año siguiente bajo la bandera de las Águilas Negras o Los Botalones; los procesos de Justicia y Paz que trabajaron sobre listas contaminadas y confesiones parciales; los desmovilizados verdaderos abandonados por un programa fracasado y presionados a rearmarse; las 4.820 personas asesinadas o desaparecidas por paramilitares durante el propio proceso.
El período no admite ya la lectura del proceso de paz imperfecto con problemas de implementación. Fue una operación híbrida donde el Estado colombiano —por conveniencia política, por debilidad institucional o por complicidad activa según el caso— administró el tránsito de las AUC hacia formas nuevas de violencia, en lugar de desmontarlas. La cifra 31.671, repetida en documentos oficiales durante veinte años, es la síntesis de esa administración. La fuga de Luis Carlos Restrepo, que interrumpió las preguntas que la justicia empezaba a hacerle, señala dónde estaban las respuestas.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 411 cita
[1]los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…p. 41
02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7801 cita
[2]a partir del 1° de diciembre, solicitaron el reconocimiento político, la suspensión de acciones judiciales en contra de sus voceros y seguridad para las regiones donde ejercían sus actividades. Para ese momento, herencia del gobierno de Pastrana, ya estaban en conversaciones confidenciales con Restrepo, a quienes sus…p. 780
03Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 358, 4032 citas
[3]una Colombia en paz con opor- tunidades y garantías para todos. Por el Gobierno Nacional: LUIS CARLOS RESTREPO Alto Comisionado para la Paz Por las Autodefensas Unidas de Colombia AUC: HERNAN HERNÁNDEZ RAMIRO VANOY LUIS CIFUENTES FRANCISCO TABARES ADOLFO PAZ JORGE PIRATA VICENTE CASTAÑO CARLOS CASTAÑO SALVATORE…p. 403
[34]comunes entre estructuras paramilitares con relación al reclutamiento de menores de edad, en tanto reviste importancia establecer si el reclutamiento de niños, niñas y adoles- centes puede considerarse un patrón de macrocriminalidad o no. Estable- 42 En versión libre del 29 de mayo y 9 de junio de 2008. CAPÍTULO 4.…p. 358
04Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 169, 2412 citas
[4]a la paz de Colombia”, que firmaron el Gobierno nacional y las AUC el 15 de julio de 2003. En este documento quedó de manifiesto que las AUC se comprometían a desmovilizar la totalidad de sus filas, fijaban fechas para un cese de hostilidades con el Gobierno y coordinaban todo lo necesario para su desarme,…p. 169
[28]reconocido por motivación 45,853% 0,667% 0,019% 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45% 50% 242 MEMORIAS DE UNA GUERRA POR LOS LLANOS ¿a nosotros nos benefició en qué cosa? En que las personas que no querían pudieran continuar con las… Entr.: [Interrumpe] Claro, no se notó la ausencia de los otros. Edo.: Claro, porque…p. 241
05Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 333, 3372 citas
[5]un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…p. 333
[18]Nutibara, que dejó muchas dudas en relación con el número de desmovilizados y su vinculación real con este grupo armado ilegal, el proceso sufrió una grave parálisis. Después se produjo la desmovilización del Bloque Ba nanero liderado por Ever Veloza, pero, según el relato de monseñor Vidal, fue gracias a la decisión…p. 337
06¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1741 cita
[6]aunque, como se ha mencionado, Gobiernos anteriores hubieran sugerido esta alternativa con respecto al paramilitarismo, lo cierto es que algunos de los elementos característicos del origen y accio- nar de estos grupos sembraban dudas acerca de la posibilidad de darles este tipo de reconocimiento. 121 Para zanjar ese…p. 174
07No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 482, 4902 citas
[7]adelantar conversaciones de paz. Al respecto, Pastrana indicó lo siguiente: «Un hombre que se identificó como el Águila se acercó al Gobierno para decirnos que ya Castaño no era el jefe, pero que él tenía la capacidad de hacer un frente unido al interior de los paramilitares para iniciar unas negociaciones con el…p. 482
[53]se dictan disposiciones para la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de manera efectiva a la consecución de la paz nacional y se dictan otras disposiciones para acuerdos humanitarios». 491 fifl pr esflnnr tatrp r pr cri ódladlpsfr (ommo-omThffi) penas…p. 490
08Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2221 cita
[8]de a fi rmar que en Colombia ya no existía con fl icto armado. Mientras el Gobierno defendía el carácter político de los de- litos cometidos por los paramilitares, estos intentaron posicionar- se como actores políticos con una agenda encaminada, supuesta- mente, a proteger la “base social” que representaban. Justi fi…p. 222
09El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 109, 1654 citas
[9]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…p. 165
[10]negociación con los paramilitares constituye uno de los hitos fundamentales de la actuación del Estado en relación con los derechos de las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos. La discusión que condujo a la adopción de esta Ley, y los debates posteriores relativos a su implementación, marcaron la…p. 165
[16]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…p. 109
[17]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…p. 109
10Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1462 citas
[11]beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…p. 146
[12]beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…p. 146
11Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2952 citas
[13]fue utilizada por la oposición para flagelar a Uribe como amigo de las AUC. A nivel internacional, muchos de quienes profesaban un interés por Colombia tacharon la ley propuesta como poco más que la sanción legal de la impunidad. No obstante, al castigar con penas de prisión insignificantes crímenes de lesa humanidad…p. 295
[14]fue utilizada por la oposición para flagelar a Uribe como amigo de las AUC. A nivel internacional, muchos de quienes profesaban un interés por Colombia tacharon la ley propuesta como poco más que la sanción legal de la impunidad. No obstante, al castigar con penas de prisión insignificantes crímenes de lesa humanidad…p. 295
12Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 151 cita
[15]y económicos descritos en el Decreto 128 de 2003 reglamentario se desarrollaron en los artículos 13, 14, 15 y 16. 16 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico La negociación conjunta derivó en una crisis de credibilidad para el Gobierno. La zona de negociación de Santa Fe Ralito, Cór-…p. 15
13La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 cita
[19]confron- tación con grupos armados ilegales, el despliegue de operativos militares en contra del secretariado de las FARC-EP, la puesta en marcha de la ley de justicia y paz y del proceso de desarme, desmovilización y reintegración de miembros de las antiguas AUC principalmente. Las desmovilizaciones de las…p. 100
14¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 3421 cita
[20]diálogo que integrará las nego- ciaciones en curso con las Auc, el BCB, las Al'vú\1 y las Autodefensas de Meta y Vichada; con las Autodefensas Campesinas de Casanare no se llega a ningún acuerdo definitivo para su desmovilización. El 7 de octubre de 2004 los grupos de paramilitares partícipes de la mesa única de…p. 342
15Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2451 cita
[21]la OEA, MAPP/OEA, 2007b). Por otra parte, la cifra de desmovilizados dista de manera significativa de lo que los paramilitares afirmaban tener al principio del proceso. En una entrevista realizada por Semana a Vicente Castaño el 6 de junio de 2005, el jefe paramilitar afirmó que unos 4.000 hombres de las AUC eran…p. 245
16Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 74, 1544 citas
[22]multiplicación de los panes: se desmovilizaron 32.000. Mucha gente se metió ahí porque le perdonaban cosas y le daban plata. Y ahí ve los resultados. ¿Pero cree que el Gobierno estaría consciente de lo que estaba pasando? El Gobierno venía con una política muy buena, que yo respal - dé, cuando solo se aceptaban…p. 74
[23]multiplicación de los panes: se desmovilizaron 32.000. Mucha gente se metió ahí porque le perdonaban cosas y le daban plata. Y ahí ve los resultados. ¿Pero cree que el Gobierno estaría consciente de lo que estaba pasando? El Gobierno venía con una política muy buena, que yo respal - dé, cuando solo se aceptaban…p. 74
[32]paramilitares durante la negociación, el ocultamiento de menores recluta - dos, las falsas desmovilizaciones y la libertad en que se dejó al grueso de los paramilitares. El encubrimiento de los asesi - natos es de una gravedad enorme: por lo menos 4.820 perso - nas fueron asesinadas o desaparecidas forzadamente por…p. 154
[33]paramilitares durante la negociación, el ocultamiento de menores recluta - dos, las falsas desmovilizaciones y la libertad en que se dejó al grueso de los paramilitares. El encubrimiento de los asesi - natos es de una gravedad enorme: por lo menos 4.820 perso - nas fueron asesinadas o desaparecidas forzadamente por…p. 154
17Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 1051 cita
[24]las hacían con palos de madera porque, si las hacían con armas reales, podrían presentarse accidentes. Al parecer, veinticinco de los reinsertados, incluido el comandante Biófilo, sí eran guerrilleros de las FARC y las otras cuarenta y una personas, indigentes y desempleados, incluidos ocho menores de edad, a los que…p. 105
18Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1341 cita
[25]of those who participated in the demobilization ceremonies were in reality not paramilitary combatants but hired sicarios who pretended to be AUC fighters; 3) the quantity of weapons turned over was much less than what the paramilitary were known to possess; 4) the subsequent activities of those who laid down their…p. 134
19Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1921 cita
[26]delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…p. 192
20Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1921 cita
[27]delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…p. 192
21De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 4951 cita
[29]la Verdad, el 20% afirmó que se incorporaron al bloque en el año 2005; algunos de estos en los últimos meses previos al proceso de desmovilización, cuan- do ya el grupo se encontraba diezmado y preparándose para la entrega, por lo que podrían ser considerados como VFD. Adi- cionalmente, solo un 4% de este grupo…p. 495
22La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 333, 3362 citas
[30]antiguos militan- tes, los que sí estaban, que venían de allá directamente. Nos dan unas regiones por las cuales nosotros nos tenemos que regir, nos dicen contra qué batallón nos tocaba combatir, que era contra el batallón de Cartago. Nos dicen contra qué grupos, que era contra Carranza, creo que contra el grupo de…p. 336
[40]participar de la ceremonia de desmovilización en la que, en compañía del alcalde municipal, la Iglesia católica y delegados del Gobierno nacional, entregaron sus armas y, de esta manera, dieron el primer paso hacia la reincorporaración a la vida civil. Antes del acantonamiento de los paramilitares en Kurungano, las…p. 333
23El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 355, 3592 citas
[31]octubre) 358 EL BLOQUE MINEROS DE LAS AUC Las más desgastadas las dejaban para la entrega y las buenas o mejores las enviaban a otras partes del país: (…) ahí hubo un complot bien grande, me imagino que en todos los blo- ques, ahí cogimos las armas más trajinadas… (…) Y como armas también buenas, pero sí quedó fusil……p. 359
[35]general de las AUC, “no estuvo de acuerdo con algo y quería salirse de las negociaciones e irse de Ralito”, sin embargo, al percatarse de “que le estaban haciendo un cerco que evitaba que saliera de allí”, él les expreso “que había tenido ganas de salirse pero que había pensado la cosas bien y volvió y entró a la…p. 355
24«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 681 cita
[36]varias ejecuciones extrajudiciales. Cuando Ángela Torres Valbuena fue a buscar a su esposo y a su hijo, encontró la carretera bloqueada por tropas del ejército. En ese momento pasó un camión con dos cadáveres dentro. Un soldado le dijo que podrían ser los de su esposo y su hijo, mientras otro –al parecer riendo– le…p. 68
25La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 465, 4772 citas
[37]otorgando un halo de legitimidad al proceso. Esta es una muestra más del alto impacto local que tuvieron las diversas cere- monias de desmovilización de grupos paramilitares, si se les compara con otros procesos del pasado. De acuerdo con la información recolectada mediante el MNJCV, la con- centración previa a las…p. 465
[38]enteré por medio del radio… que yo tuve una reunión con Jorge Cuarenta (…) En San Ángel… y que a partir de… nosotros daban un 478 LA TIERRA SE QUEDÓ SIN SU CANTO mes de… de acopio, pa’ acoplarnos todas las contraguerrillas, las escua- dras… y reunirnos en… en casas… en Pueblo fantasma. Y el que no quería, que se…p. 477
26Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 6231 cita
[39]Ya los del oriente los comenzaron a reunir en diferentes bases. Ya faltando ocho días, ya nos reunieron a todos en una cancha de fútbol. En una es- cuela de un colegio, ahí mismo. Y faltando ya dos días, ya a todos nos iban llamando, nos pagaban todo lo que nos debían. Nos pagaron todo, todo, todo lo que nos debían.…p. 623
27El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 5652 citas
[41]el día de la desmovilización: Y otra vez que ¿cómo se llama? ¿De dónde viene?, anótese aquí, que pasa otro anotándolo hasta que ya se llega allá al sitio dónde íbamos, una cancha grande y llegan los helicópteros y toda esa vuelta y se hace la entrega de armas. Se hace la ceremonia y eso era una sola anotadera, que…p. 565
[42]el día de la desmovilización: Y otra vez que ¿cómo se llama? ¿De dónde viene?, anótese aquí, que pasa otro anotándolo hasta que ya se llega allá al sitio dónde íbamos, una cancha grande y llegan los helicópteros y toda esa vuelta y se hace la entrega de armas. Se hace la ceremonia y eso era una sola anotadera, que…p. 565
28Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 971 cita
[43]y como se había acordado en las negociaciones entre el Go- bierno nacional y los jefes de las AUC, en noviembre de 2003 fue creada la primera zona de ubicación para la población paramilitar desmovilizada, en el municipio de La Ceja, en la región del orien- te antioqueño. Como primer acto simbólico de desmovilización,…p. 97
29Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1941 cita
[44]comprometieron a cesar las hostilidades, continuaron los actos de violencia contra la población civil. A la vez, llamó la atención sobre la reparación de las víctimas. 342 …las víctimas que han sido despojadas de sus tierras o propiedades por medio de la violencia ejercida por los actores del conflicto armado tienen…p. 194
30San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 811 cita
[45]un comandante que le decían El culebrero. (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010) Según el propio Doble Cero, esta disputa provocó más de 1.000 muertos en Amalfi, La Ceja, Santa Bárbara, Segovia, Santuario, Santo Domingo, Yalí y, finalmente, en las zonas de repliegue y asen- tamiento de Cristales (San Roque),…p. 81
31Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1211 cita
[46]que se trataba de guerrilleros muertos en combate” (Human Rights Watch, 2015, página 53). A esta fase de la confrontación armada corresponden los cons- tantes combates entre el Ejército, las guerrillas de las FARC, y en menor medida el ELN, que debilitado al fi nal, se repliega y apoya a las FARC con pequeños grupos…p. 121
32Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1851 cita
[47]se presenta un descenso en la desaparición for- zada entre 2003 y 2006, para luego reanudar el incremento hasta el segundo pico de 2007. Este descenso en los registros coincide con el periodo de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia que, justamente, inició el 25 de noviembre de 2003 en Medellín, con…p. 185
33The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 2041 cita
[48]Bogotá to address congress: Salvatore Mancuso, Ernesto Báez, and Ramón Isaza. 2 Wearing new suits and ties, they spoke for about an hour and a half to 60 members (out of 268) of congress, highlighting the historical weakness of the state in its peripheries and the heroism of the self-defense groups. “This was…p. 204
34Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 1801 cita
[49]el norte del Va- lle, denominados Autodefensas Unidas del Valle y de las Rondas Campesinas Popu- lares. Por último se han presentado ame- nazas de las llamadas “Águilas Negras”. En oriente antioqueño, se desmovilizó el Bloque Cacique Nutibara (BCN), y no lo hizo el Bloque Metro (BM), al mando de alias “Doble Cero”. Al…p. 180
35Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 851 cita
[50]muerte de Pablo Escobar (en diciem- bre de 1993), la Operación Orión en la Comuna 13 (en octubre del 2002) y la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara (diciembre del 2003), todas decisiones de los respectivos Gobiernos nacionales; Cesar Gaviria (1990-1994) y Álvaro Uribe (2002-2010). Capítulo 1 85 Gráfico 3.…p. 85
36A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 1031 cita
[51]personas que están dentro de la zona, es un asunto que 1I0sotros hemos man~ado con el mayor Cl/idado para evitar 11/1 escándalo público qlle nos haga daño" 183 El Tiempo, "Hijo de Orlando Benítez está decepcionado porque Justicia absolvió a 'don Berna"', 15 deJullio de 2007. 184 Luego de clausurada la zona de…p. 103
37Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2701 cita
[52]la Ley 975 de 2005. En ese contexto, se puede entender que las AUC puedan ser caracterizadas de mejor manera como una alianza coyuntural de señores de la guerra y narcotraficantes, que por separado terminaron negociando con el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, su trán - sito a la legalidad. 386 383 Entrevista…p. 270
38Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 63, 672 citas
[54]del proceso de negociación con las AUC: no era su fi ciente la desmovilización de las estructuras armadas, también era necesario preguntarse por el desmonte efectivo de las econo- mías ilegales y por los órdenes locales y regionales, que habían construido los paramilitares durante la etapa de mayor ofensiva y…p. 63
[58]ahí a ver qué pescan, creo que lo mejor para los desmovilizados es involucrarlos en seguridad privada o con el Estado (Semana, 2005, junio 5, “Habla Vicente Castaño”). Era claro que las desmovilizaciones individuales se habían convertido en una estrategia de guerra, ya que su objetivo era restarle gente a los grupos…p. 67
39Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 346, 3642 citas
[55]en Remedios, la evidencia muestra que desaparecieron o disminuyeron su pie de fuerza a grupos muy reduci- dos tiempo antes de que tuviera lugar la ceremonia. Por esta razón, una parte considerable de las personas que participaron con relatos sobre estos frentes pertenecían a otro en el momento de la desmovilización, o…p. 346
[57]algunos de estos. Entre las víctimas de estas acciones se hallan algunos desmovilizados y reinsertados de los Bloques de las AUC que se niegan a reincidir en las ac- tividades delictivas y que por ello son presionados con amenazas de muerte por miembros activos del paramilitarismo que pretenden con ello reconfi- gurar…p. 364
40Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 371 cita
[56]Los Urabeños entraron en la disputa de Puerto Be - rrío, causando un elevado número de homicidios (ver mapa 1) y ataques contra la población civil (El Mundo, agosto 17 de 2009). Desde este municipio estarían intentando expandirse hacia otros del Magdalena Medio santandereano, Santander (Cimi - tarra y Landázuri) y…p. 37
41Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 4721 cita
[59]los de la criminalidad común. Posteriormente, se procede a construir una matriz analítica, donde se relacionan estas variables, identificando para cada grupo neoparamilitar los siguientes elementos en cada una de las dimensio - nes. En la primera, su origen, se determina si el grupo es un reducto de una unidad…p. 472