Idea · Seguridad Democrática
Bandas criminales
Las 'bandas criminales emergentes' (Bacrim) fueron la categoría con que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez designó a los grupos armados ilegales surgidos tras la desmovilización de las AUC entre 2003 y 2006, una etiqueta que clausuraba políticamente la discusión sobre la continuidad del paramilitarismo en Colombia.
Trayectoria de una idea
- 2003
Inicio de la desmovilización de las AUC
- 2006
Fin formal de la desmovilización y emergencia de las Bacrim
- 2008
Extradición de jefes paramilitares y fundación de las AGC
- 2008
Estudio tipológico de la Corporación Nuevo Arco Iris
- 2009
Autoproclamación política de las Águilas Negras y escala del fenómeno
- 2012
Consolidación hegemónica de las AGC y declive de los Rastrojos
La lectura
El concepto 'Bacrim' no fue solo una categoría descriptiva sino una decisión política con efectos jurídicos, estadísticos y narrativos: al despolitizar a los grupos armados posdesmovilización, el Estado colombiano consiguió que sus crímenes dejaran de registrarse como paramilitares en las estadísticas oficiales y que las víctimas perdieran los reconocimientos derivados del carácter político del actor victimario. La heterogeneidad real del fenómeno —grupos rearmados con herencia contrainsurgente, reductos nunca desmovilizados y bandas genuinamente emergentes— quedó aplastada bajo una etiqueta que proyectaba sobre el conjunto el perfil minoritario del grupo puramente criminal. La paradoja más reveladora fue que los propios grupos que el Estado insistía en despolitizar, como las Águilas Negras en 2009, reclamaron para sí un carácter político explícito, desmintiendo desde adentro la tesis oficial. La disputa por el nombre 'Bacrim' condensó así una de las tensiones más profundas de la transición colombiana: la tensión entre una narrativa de éxito que requería la extinción del paramilitarismo y una realidad territorial donde las estructuras, los mandos y las economías ilegales habían sobrevivido al proceso de paz. Esa brecha entre el nombre y la cosa no fue un error de diagnóstico sino, según sus críticos más persistentes, una estrategia deliberada de invisibilización que hipotecó durante años la posibilidad de una reparación efectiva para las víctimas.
En la historia reciente de Colombia, pocas palabras han cargado tanto peso político como una sigla administrativa. "Bacrim" —abreviación de "bandas criminales emergentes"— fue el nombre con que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez designó, hacia mediados de la década de 2000, a los grupos armados que continuaron operando en los territorios que las Autodefensas Unidas de Colombia acababan de abandonar sobre el papel. La categoría cumplía dos funciones a la vez: describía un fenómeno real y difuso, y clausuraba, por la vía del vocabulario, una discusión incómoda. Si los grupos que asesinaban reclamantes de tierras, controlaban rutas del narcotráfico y disputaban corredores estratégicos eran "bandas emergentes", entonces el paramilitarismo, en efecto, había terminado. Si eran otra cosa —una tercera generación, una reingeniería, un relevo de mando—, la historia oficial de la desmovilización se derrumbaba. Sobre esa disputa por el nombre se ha construido buena parte de lo que Colombia sabe y no sabe sobre su violencia después de 2006.
Qué se nombra con "Bacrim"
La categoría "Bacrim" —reemplazada hacia mediados de la década de 2010 por la fórmula técnica "GAO" (Grupos Armados Organizados)— agrupa a las estructuras armadas ilegales que sobrevivieron, sucedieron o suplantaron a las Autodefensas Unidas de Colombia tras el proceso de desmovilización desarrollado entre 2003 y 2006. En términos administrativos, la etiqueta las define por lo que se supone que son: organizaciones dedicadas a economías criminales —narcotráfico, extorsión, minería ilegal, despojo de tierras— sin proyecto contrainsurgente ni articulación con el Estado. En términos históricos, nombra el resultado de una desmovilización incompleta: más de treinta mil combatientes acogidos formalmente al proceso, un arsenal entregado notoriamente inferior al que se sabía en manos paramilitares, y un archipiélago de estructuras que continuaron operando en los mismos enclaves y muchas veces bajo los mismos mandos.
El término, entonces, es a la vez descriptivo y programático. Describe una realidad —la existencia de grupos armados post-2006 con predominio de rentas ilegales— y programa una lectura: la ruptura con el pasado paramilitar. Esa doble condición explica por qué "Bacrim" ha sido, desde su acuñación, un campo de disputa. Iván Cepeda y el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE) sostuvieron que el propósito de la denominación era "ocultar la reingeniería paramilitar y persuadir a la opinión pública de que el gobierno Uribe había acabado con el paramilitarismo". El vicepresidente Francisco Santos, en sentido contrario, descalificó los informes de derechos humanos que hablaban de continuidad paramilitar acusándolos de carecer de datos y de estar sesgados. En medio de esa disputa, la estadística oficial dejó de atribuir crímenes a "autodefensas" y comenzó a registrarlos como "delincuencia común" u "organizada", con el efecto de hacer desaparecer, en el papel, un actor que en el terreno no había desaparecido.
La palabra, en suma, hizo trabajo político antes que descriptivo. Cortó el hilo entre un antes y un después, entre un actor con genealogía y un fenómeno sin pasado. La eficacia de esa cesura se mide menos en lo que "Bacrim" nombró que en lo que consiguió dejar de nombrarse: la trama de complicidades locales, económicas y militares que había hecho posible el paramilitarismo, y que no requería del paramilitarismo formal para seguir operando.
La desmovilización incompleta
El proceso que dio origen al problema arrancó el 25 de noviembre de 2003, con la ceremonia de desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en Medellín, y culminó el 15 de agosto de 2006 con la del Bloque Élmer Cárdenas. En el intervalo, las AUC firmaron con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, negociaron un marco jurídico —la Ley de Justicia y Paz de 2005— y concentraron a sus estructuras en zonas de ubicación temporal. La operación fue presentada como el desmantelamiento del paramilitarismo. En rigor, fue otra cosa.
El supuesto cese de hostilidades no se cumplió. El Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) documentó en 2004 que los grupos paramilitares continuaron perpetrando crímenes contra la población civil durante el mismo proceso, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató que comunas enteras de Medellín permanecían bajo control paramilitar tras la desmovilización formal del Cacique Nutibara. A esas evidencias se sumaban dos irregularidades estructurales: personas que participaron en las ceremonias no eran combatientes reales sino sicarios contratados para hacerse pasar por paramilitares, y las armas entregadas resultaron muy inferiores al arsenal conocido. A ello se sumó la conducta de los jefes recluidos en la zona de Ralito, que gozaron de amplia libertad de movimiento y siguieron dirigiendo operaciones y negocios desde adentro.
La Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA (MAPP/OEA) identificó tempranamente que en Nariño, Chocó y Putumayo la población no percibía cambio sustancial en las condiciones de seguridad tras la desmovilización, por el surgimiento y permanencia de estructuras armadas ligadas a economías ilícitas con capacidad de control territorial. El desmonte, en esas regiones, había sido una ficción administrativa.
El desenlace decisivo llegó en mayo de 2008, cuando el gobierno Uribe extraditó a Estados Unidos a catorce jefes paramilitares —entre ellos Salvatore Mancuso, Diego Fernando Murillo alias Don Berna, Rodrigo Tovar Pupo alias Jorge 40 y Carlos Mario Jiménez alias Macaco— bajo el argumento de que estaban delinquiendo desde la cárcel. La extradición, presentada como golpe al narcotráfico, tuvo un efecto lateral decisivo: descabezó las estructuras negociadoras, dejó a los mandos medios en competencia autónoma y aceleró la fragmentación del universo paramilitar. Los procesos judiciales por crímenes cometidos en Colombia quedaron subordinados, en la práctica, a las prioridades de la justicia estadounidense en materia de tráfico de drogas, y las víctimas perdieron el interlocutor con el que habían empezado a construir versiones sobre lo ocurrido.
En ese contexto se acuñó "Bacrim". La categoría llegaba a nombrar los escombros de una desmovilización cuya fractura estaba a la vista.
Nombrar como decisión de gobierno
Nombrar es una decisión política. El gobierno de Uribe podía haber llamado a los grupos posdesmovilización de muchas maneras: neoparamilitares, reductos, disidencias de las AUC, tercera generación paramilitar. Escogió "bandas criminales emergentes" —despolitizadas, sin filiación ni continuidad, definidas por el delito común— y esa elección tuvo consecuencias jurídicas, estadísticas y políticas concretas.
La primera consecuencia fue estadística. Al cambiar la clasificación de los perpetradores, los crímenes que antes se registraban como paramilitares comenzaron a computarse como "delincuencia común" u "organizada". La operación producía por sí misma la prueba de su tesis: si el paramilitarismo había terminado, es porque los homicidios y desplazamientos atribuidos a paramilitares se acercaban a cero en las estadísticas oficiales. La segunda consecuencia fue jurídica. La categoría bloqueó el acceso de las víctimas a los reconocimientos derivados del carácter político del actor victimario, y desplazó el problema hacia la Policía y la lucha antinarcóticos, sacándolo del campo de la fuerza pública destinada a enfrentar amenazas contrainsurgentes o político-militares. La tercera fue narrativa. El gobierno podía declarar, y declaró, que el paramilitarismo estaba extinto y que lo que quedaba era criminalidad residual —un problema policial, no un problema histórico.
Frente a ese marco, las críticas se estructuraron en dos líneas. La primera, encabezada por Cepeda y el MOVICE, sostuvo que en muchas regiones no había habido desmovilización sino "transmisión y relevo de mando", y que los nuevos grupos representaban una reingeniería paramilitar que permitía a sus responsables acceder a la legalidad sin desmontar los soportes ilegales de su poder. La segunda, más académica, provino del Centro Nacional de Memoria Histórica y de una lectura por generaciones o etapas del paramilitarismo —origen en el sur del Magdalena Medio en los años setenta y ochenta, confederación en las AUC entre 1997 y 2006, grupos posdesmovilización desde 2006—, que reconocía rupturas pero también continuidades estructurales. La Corporación Nuevo Arco Iris, en un estudio de 2008, propuso una tipología intermedia: dentro del rótulo Bacrim convivían grupos completamente nuevos, grupos formados por paramilitares desmovilizados que se rearmaron y grupos compuestos por paramilitares que nunca se habían desmovilizado.
Un episodio de 2009 iluminó la tensión de fondo. Las Águilas Negras, una de las estructuras posdesmovilización más agresivas, rechazaron explícitamente en mayo de ese año la denominación gubernamental de "bandas emergentes" y se autoproclamaron "ejército de la Restauración Nacional". La escena era paradójica: los propios grupos que el Estado insistía en despolitizar reclamaban para sí un carácter político. La categoría "Bacrim" describía menos a los grupos que a la mirada que el gobierno quería que se posara sobre ellos.
La heterogeneidad que la categoría no captura
La disputa sobre el nombre habría sido menos densa si los grupos posdesmovilización hubieran sido efectivamente homogéneos. No lo eran. Una investigación tipológica sobre el período agosto de 2006-abril de 2009 identificó al menos dos ejes de variación: el origen —reductos de unidades no desmovilizadas, grupos rearmados y grupos genuinamente emergentes— y el tipo de organización, medido por armamento, liderazgo y jerarquía militar. Los grupos rearmados con estructura jerárquica heredaban comportamientos de los ejércitos paramilitares de las antiguas AUC: la mitad conservaba carácter contrainsurgente, y sus acciones combinaban criminalidad organizada, control poblacional, contrainsurgencia y, en menor medida, captura del Estado. En el otro extremo, ciertas bandas se dedicaban exclusivamente al negocio ilegal, sin proyecto político ni control territorial estable.
Ese universo mixto era, precisamente, el que la categoría "Bacrim" homogeneizaba. Al proyectar sobre el conjunto el perfil del grupo puramente criminal —minoritario dentro del universo neoparamilitar—, la etiqueta convertía la excepción en regla y ocultaba la mayoría. Las cifras que la Fundación Nuevo Arco Iris reportó en 2009 daban la escala del fenómeno: 82 estructuras criminales con presencia en 273 municipios, aproximadamente 10.000 combatientes, de los cuales la mitad eran desmovilizados de grupos paramilitares que habían reincidido. La continuidad, en términos de composición humana, era masiva.
La tensión de fondo era real. La fragmentación posdesmovilización había producido un campo objetivamente confuso, donde la frontera entre continuidad paramilitar y criminalidad organizada era porosa, y donde ninguna etiqueta unitaria capturaba bien el fenómeno. En ese sentido, "Bacrim" no era solo mentira: era también una respuesta interesada a una fragmentación que ninguna categoría alternativa —"neoparamilitares", "tercera generación"— resolvía por completo. La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, en su informe Disidentes, rearmados y emergentes, reconoció esa dificultad y planteó que era prematuro afirmar contundentemente si los grupos eran una tercera generación paramilitar o solo bandas criminales, prefiriendo trazar escenarios futuros posibles. Pero la prudencia analítica no absolvía a la nomenclatura oficial: entre no saber cómo nombrar y decidir nombrar mal, hay una diferencia política que la CNRR no cerraba.
Hay algo más: la elección oficial no era una hipótesis en espera de confirmación, sino una decisión operativa que producía efectos inmediatos sobre la asignación de recursos, la definición de amenazas y el diseño de la respuesta institucional. Un observador podía suspender el juicio; el Estado, al escoger la palabra, ya había juzgado.
La reconfiguración territorial
Mientras se libraba la batalla del nombre, en el terreno las estructuras se rehacían. Entre 2006 y 2012, el mapa paramilitar se reordenó alrededor de dos ejes principales —los Rastrojos y los Urabeños/Autodefensas Gaitanistas de Colombia— y de una constelación de grupos menores con presencia regional.
Los Rastrojos habían surgido en 2002 en el norte del Valle del Cauca como brazo armado del narcotráfico en el corredor del Pacífico. A partir de 2006, aprovechando el vacío dejado por la desmovilización y la extradición de los grandes capos, se expandieron hasta operar en un tercio de los departamentos del país. Su declive comenzó en 2012 con la captura sucesiva de sus principales líderes.
Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia se conformaron oficialmente el 8 de enero de 2008 en una asamblea celebrada en la finca Las Guacamayas, en Necoclí, Antioquia. Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, quedó como comandante general, con los hermanos Úsuga —Juan de Dios, alias Giovanni, y Dairo Antonio, alias Otoniel— en el Estado Mayor. La captura de Don Mario en 2009 no debilitó la estructura sino que aceleró su expansión: bajo el mando de Giovanni, las AGC pasaron del Urabá antioqueño a nueve departamentos y 79 municipios. Cuando Giovanni fue abatido por la Policía a comienzos de 2012, los Urabeños respondieron con un paro armado que paralizó durante dos días el transporte y el comercio en seis departamentos del norte del país, con pérdidas millonarias para negocios y gobiernos locales. La demostración de fuerza —capacidad de imponer un cese de actividades sobre un tercio del territorio colombiano— desmentía por sí sola la tesis de que estos grupos eran "bandas emergentes" de alcance local.
Los enclaves territoriales de las nuevas estructuras reprodujeron, según datos de INDEPAZ, en gran medida los de las antiguas AUC: Urabá, Bajo Cauca antioqueño, Córdoba, Chocó, Nariño, Norte de Santander, Meta, Vichada, La Guajira, Magdalena, Valle del Cauca. La continuidad geográfica era casi calcada, aunque algunas estructuras también desarrollaron presencia propia más allá de la herencia directa. Las economías que sostenían al conjunto eran las mismas —tráfico de drogas, extorsión, despojo de tierras, minería ilegal—, pero con un peso creciente de la última: el auge del oro en la segunda década del siglo aportó rentas comparables a las del narcotráfico en regiones como el Bajo Cauca y el sur de Bolívar. Los Botalones, vinculados a desmovilizados de las AUC rearmados, controlaban en alianza con los Rastrojos parte del negocio en Cimitarra, Landázuri, El Peñón, Bolívar, La Belleza y Puerto Boyacá, extendiéndose desde el Magdalena Medio hacia municipios vecinos.
Ese reordenamiento no fue caótico. Las nuevas estructuras heredaron redes de complicidad con élites locales, contratistas y fuerzas de seguridad que las AUC habían tejido durante años, y las adaptaron a las condiciones del posconflicto parcial: menos exhibición pública de fuerza, más control silencioso de rutas, elecciones y contratos. Donde el paramilitarismo clásico había sido ostentoso, el neoparamilitarismo aprendió a ser discreto sin dejar de ser dominante.
Las víctimas del nuevo mapa
Si la desmovilización hubiera desmontado el paramilitarismo, la reparación y la restitución de tierras habrían podido avanzar. No fue así. El proceso de DDR paramilitar afectó negativamente esos procesos: los reclamantes fueron intimidados, perseguidos y asesinados por las mismas estructuras que la categoría "Bacrim" describía como criminalidad común.
Un grupo armado posdesmovilización llegó a autodenominarse "Ejército Antirrestitución" y profirió amenazas directas contra personas y organizaciones vinculadas a la restitución de tierras en la región Caribe. Los Rastrojos firmaron amenazas contra organizaciones de reclamantes y contra la propia Unidad de Restitución de Tierras. En marzo de 2013 se produjo la primera condena judicial por el homicidio de un reclamante en Colombia: el asesinato de Rogelio Martínez en San Onofre, Sucre, perpetrado por miembros de Los Paisas. La víctima contaba con medidas cautelares de la CIDH; ni siquiera esa protección había sido suficiente.
La violencia también se ejerció hacia adentro. Según el Departamento de Policía Magdalena Medio, entre 2006 y comienzos de 2007 fueron asesinados en Barrancabermeja ocho desmovilizados de las AUC que se habían negado a reincidir; organizaciones sociales y medios de comunicación estimaban la cifra en alrededor de quince. Los homicidios fueron atribuidos a miembros activos del paramilitarismo empeñados en reconfigurar sus antiguas estructuras. Quien no aceptaba volver a las filas era eliminado. La supuesta desmovilización, en la práctica, no protegía siquiera a los desmovilizados.
En zonas urbanas, las Bacrim anunciaron en 2014 operaciones de "limpieza social" en Ciudad Bolívar y Soacha, dirigidas contra población civil marginalizada. En el norte del Cauca, líderes indígenas y sociales recibieron amenazas de muerte de grupos identificados como Águilas Negras, disidencias y ELN, en un patrón que buscaba limitar la organización y la participación política. La violencia contra la población civil, especialmente contra quienes reclamaban derechos frente al despojo, era el rasgo más constante del universo posdesmovilización, y el que menos se compadecía con la etiqueta de "delincuencia común".
El patrón de victimización tenía, además, una lógica selectiva reveladora. Los blancos no eran contendientes en un mercado ilegal, sino actores de la vida civil que amenazaban el orden territorial construido por los grupos: reclamantes que podían romper la propiedad consolidada por el despojo, líderes que podían organizar comunidades, defensores que podían llevar casos a los tribunales. Una banda dedicada al narcotráfico no necesita asesinar a un dirigente campesino; un actor con vocación de control territorial, sí.
La respuesta estatal
El Estado respondió al fenómeno que había reclasificado con las herramientas propias de la lucha antidrogas y del combate al crimen organizado: persecución de objetivos de alto valor, desarticulación de estructuras, capturas masivas. Los resultados operativos fueron significativos. Entre 2006 y 2014, la fuerza pública desarticuló más de treinta bandas, neutralizó un centenar de sus jefes y capturó o dio muerte a cerca de veinte mil integrantes. En 2013 se desarticularon Renacer y Los Machos y se capturaron múltiples jefes de los Urabeños y los Rastrojos.
El fenómeno, sin embargo, no cedía. Cada captura de un jefe desencadenaba disputas internas por el control del grupo, pero el negocio criminal seguía funcionando. La aplicación a las Bacrim de las tácticas que habían mostrado eficacia relativa contra las FARC-EP no funcionaba: capturar mandos altos o medios no desarticulaba las organizaciones ni detenía sus actividades, y los planes gubernamentales resultaban insuficientes a nivel local. El diagnóstico apuntaba a algo más profundo: décadas de paramilitarismo y narcotráfico habían generalizado, en amplias regiones del país, las habilidades para crear organizaciones de violencia rentables. Mientras existieran mercados ilegales rentables y territorios débilmente estatalizados, habría quien ocupara el lugar del capturado.
La categoría "Bacrim" contribuía a ese fracaso. Al despolitizar el fenómeno, había privado a las instituciones de los instrumentos jurídicos y de inteligencia diseñados para enfrentar actores con dimensión política y territorial. Todo se reducía a operativos, incautaciones, extradiciones. Lo que quedaba por fuera era la dimensión que sostenía a los grupos: sus vínculos con políticos locales, empresarios, agentes del Estado, financiadores de campañas, contratistas. Al negar la continuidad, la categoría desarmaba a quienes debían enfrentarla.
De Bacrim a GAO: el reconocimiento tardío
Hacia mediados de la década de 2010, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, la nomenclatura oficial cambió. La categoría "Grupos Armados Organizados" (GAO) reemplazó a "Bacrim" en el lenguaje técnico del Estado. El desplazamiento no era menor: reconocía implícitamente que ciertas estructuras tenían capacidad organizativa y control territorial superiores a los de la delincuencia común, y las habilitaba como objetivos militares —no solo policiales—, lo cual permitía a las Fuerzas Militares emplear contra ellas su capacidad de fuego bajo un marco distinto al del combate al crimen. La reformulación fue, a la vez, un ajuste operativo y una admisión tácita: la categoría "Bacrim" no había capturado el fenómeno.
En paralelo, las AGC —también llamadas Clan del Golfo o Clan Úsuga— completaron una transformación que rebasaba cualquier taxonomía criminal. Desde 2012, bajo el mando de Otoniel tras la muerte de Giovanni, concentraron su capacidad organizativa en el control de rutas de economías ilícitas, la supervisión de puertos y el control municipal. Su financiero alias Nicolás describió una organización que desplegaba más hombres en lo urbano que en lo rural, con una violencia más selectiva orientada a facilitar la actividad comercial ilegal. Entre 2012 y 2017, las AGC consolidaron hegemonía territorial y establecieron acuerdos estratégicos con otros actores armados, y su presencia se extendió con vínculos con políticos locales, empresarios y agentes del Estado, con capacidad de participar en la definición de candidaturas, financiar campañas y pactar con gobernantes la captura de rentas por vía de la contratación pública.
En 2017 llegaron al Pacífico de Nariño mediante una alianza con la disidencia de las FARC-EP encabezada por Miguel Botache Santillana, alias Gentil Duarte, y crearon la estructura Cordillera Sur para controlar puntos estratégicos de minería ilegal y procesamiento de pasta de coca. Ese mismo año, la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP y el vacío territorial dejado por su desmovilización desataron una disputa entre las AGC, el ELN, las disidencias, Los Caparros y otros grupos por el control de regiones como el Bajo Cauca, el sur de Córdoba y el norte de Antioquia. La complejidad se profundizó con la incorporación al escenario de organizaciones del crimen transnacional provenientes de México, dedicadas al tráfico de estupefacientes, cuya presencia se hizo visible en varias regiones del país.
Bajo el gobierno de Iván Duque Márquez, las AGC fueron el principal objetivo de la estrategia contra los GAO. La captura de Otoniel el 23 de octubre de 2021 en Necoclí, presentada como el mayor golpe al narcotráfico desde el sometimiento de Pablo Escobar, ilustró de nuevo la lógica del fenómeno: la estructura reaccionó con un paro armado que paralizó regiones enteras a comienzos de mayo de 2022, previo a su extradición a Estados Unidos, y el mando se recompuso bajo alias Chiquito Malo y alias Siopas. Bajo el gobierno de Gustavo Petro Urrego, iniciado en agosto de 2022, las AGC quedaron incluidas en la política de "paz total" como sujetos de negociación, en una figura de sometimiento diferenciada de las conversaciones con guerrillas: reconocimiento indirecto de que el grupo era más que una banda, y menos que un actor político pleno.
Esa figura intermedia —ni interlocutor político pleno ni mero objetivo policial— confirma, dos décadas después, que la pregunta que "Bacrim" quiso clausurar nunca se cerró. El Estado sigue negociando, en el vocabulario mismo con que trata a las AGC, aquello que en 2006 quiso dar por resuelto de un solo trazo semántico.
La huella del nombre
La vida conceptual de "Bacrim" ilustra un rasgo persistente de la relación del Estado colombiano con su propia violencia: la capacidad de gestionar mediante nomenclatura problemas que se resisten a ser resueltos mediante política. La categoría fue una operación de encubrimiento —permitió a Uribe declarar extinto el paramilitarismo, blindarse frente a la responsabilidad por la desmovilización fallida, trasladar los crímenes a la estadística de delincuencia común y vaciar de contenido los derechos derivados del reconocimiento del carácter político del actor victimario—, pero fue también una respuesta interesada a una fragmentación real que ninguna etiqueta alternativa capturaba con precisión. Lo que el Estado quería ocultar y lo que genuinamente no sabía cómo nombrar convivieron dentro de la misma palabra, y esa convivencia es parte de su eficacia.
La consecuencia práctica fue costosa. Al despolitizar el fenómeno, la categoría dificultó su tratamiento como continuidad histórica del conflicto armado, permitió a los grupos consolidarse bajo el radar del Estado contrainsurgente y dejó a las víctimas —reclamantes de tierras asesinados, líderes sociales amenazados, comunidades enteras desplazadas por segunda o tercera vez— en un limbo jurídico donde los perpetradores no eran actores armados sino delincuentes comunes. La reformulación posterior hacia "GAO" corrigió parte del problema operativo, pero no reabrió la discusión sobre la continuidad ni sobre las responsabilidades del proceso de desmovilización.
Hoy, casi dos décadas después de la desmovilización del Bloque Élmer Cárdenas, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia operan en más de doscientos municipios, controlan corredores estratégicos de narcotráfico y minería ilegal, participan en la política local de vastas regiones y sostienen una capacidad de coacción territorial que ningún grupo puramente criminal alcanzaría. Nombrarlas ha sido, y sigue siendo, una forma de decidir qué hacer con ellas. Y qué no reconocer del país que las produjo.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Álvaro Uribe Vélez — presidente que acuñó y promovió la categoría 'Bacrim' para denominar a los grupos posdesmovilización, declarando extinto el paramilitarismo
- 02Paramilitarismo — fenómeno del que las Bacrim son consideradas continuación, reingeniería o ruptura según la perspectiva analítica adoptada
- 03Desmovilización de las AUC — proceso incompleto entre 2003 y 2006 que dio origen al universo de grupos armados denominados Bacrim
- 04Iván Cepeda / MOVICE — críticos que argumentaron que el término 'Bacrim' ocultaba la reingeniería paramilitar y la continuidad de estructuras violentas
- 05Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC/Urabeños) — principal estructura armada surgida del proceso posdesmovilización, fundada en 2008 y liderada sucesivamente por Don Mario, Giovanni Úsuga y Dairo Antonio Úsuga alias Otoniel
- 06Narcotráfico — economía ilícita central en la definición oficial de las Bacrim y en la expansión territorial de grupos como los Rastrojos y las AGC
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
37 documentos · 54 fragmentos
01El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1092 citas
[1]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
[2]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
02Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 134, 1382 citas
[3]of those who participated in the demobilization ceremonies were in reality not paramilitary combatants but hired sicarios who pretended to be AUC fighters; 3) the quantity of weapons turned over was much less than what the paramilitary were known to possess; 4) the subsequent activities of those who laid down their…
p. 134
[17]can reinforce the myth through fragmented de-histori- cized characterizations of the paramilitary. Such writings were discussed in Chapter 2. The disappearance or invisibilization of paramilitarism, as a discursive strategy used by the state and some scholars, bears some similarity to the abandonment of the subject of…
p. 138
03Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 15, 362 citas
[4]y económicos descritos en el Decreto 128 de 2003 reglamentario se desarrollaron en los artículos 13, 14, 15 y 16. 16 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico La negociación conjunta derivó en una crisis de credibilidad para el Gobierno. La zona de negociación de Santa Fe Ralito, Cór-…
p. 15
[48]visto desde un enfoque netamente institucional, con el cambio de Gobierno en 2010 se hicieron esfuerzos más loables para recomponer el camino. Sin embargo, el daño estaba hecho. 37 1 El componente de justicia en la Ley 975 de 2005: análisis a partir de los informes del CNMH La negligencia de muchas entidades del…
p. 36
04Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 253, 3152 citas
[5]meses de finalizado el proceso de desarme y desmovilización, la MAPP/OEA, en el marco de las labores de verificación del desmantelamiento de la estructura militar de las AUC y el seguimiento del orden público, identifica un complejo escenario en algunas regiones de Colombia (Nariño, Chocó, Putumayo). En estos…
p. 253
[47]que regula el tema, las capacidades de inteligencia, policía judicial y los componentes operativos y operacionales de la fuerza pública se dirigen a la labor de judicialización de los delincuentes (Roldán, 1890, p. 47). El otro tipo de operaciones fue el mismo que se aplicó a las Farc-EP, y era la persecución de los…
p. 315
05«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 241 cita
[6]de Amnistía Internacional muestra que esto es válido para todos los procesos de paz y desmovilización, tanto de paramilitares como de grupos guerrilleros. El gobierno colombiano ha pedido reiteradamente a Amnistía Internacional que reconozca que el proceso de desmovilización de más de 31.000 paramilitares del que se…
p. 24
06Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 221 cita
[7]la población civil, con lo cual de- jaron el camino para la expansión de las estructuras que hoy son las protago- nistas de la violencia que sigue afectando a las regiones. El proceso de DDR no significó el desmantelamiento del paramilitarismo y el cese de la violencia. Por el contrario, se han visto afectados los…
p. 22
07Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 289, 4254 citas
[8]del paramilitaris - mo, pues ante la desaparición de las AUC y el surgimiento de los nuevos grupos referidos argumentaron que la única diferencia apreciable era que la labor antisubversiva se hacía en nuevas con - diciones, de forma más secundaria, pero que los demás objetivos y mecanismos eran básicamente los mismos.…
p. 289
[9]del paramilitaris - mo, pues ante la desaparición de las AUC y el surgimiento de los nuevos grupos referidos argumentaron que la única diferencia apreciable era que la labor antisubversiva se hacía en nuevas con - diciones, de forma más secundaria, pero que los demás objetivos y mecanismos eran básicamente los mismos.…
p. 289
[45]oficiales, desde 2006 hasta 2014 la fuerza pública desarticuló “más de 30 bandas”, neutralizó un centenar de sus jefes y capturó o dio muerte a unos veinte mil de sus integrantes. Tan solo en 2013 se desarticularon dos de las más visibles a nivel nacional: la banda Renacer, que tenía presencia en mu - nicipios de…
p. 425
[46]oficiales, desde 2006 hasta 2014 la fuerza pública desarticuló “más de 30 bandas”, neutralizó un centenar de sus jefes y capturó o dio muerte a unos veinte mil de sus integrantes. Tan solo en 2013 se desarticularon dos de las más visibles a nivel nacional: la banda Renacer, que tenía presencia en mu - nicipios de…
p. 425
08Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 881 cita
[10]en escenarios urbanos. Es decir, la violencia derivaría de una lógica de disputa por el con- 89 1 El fenómeno paramilitar y la actual etapa de los GAPD. Una aproximación cualitativa fl icto armado (fuerza pública-guerrilla y paramilitares-guerrilla) a la violencia librada por las disputas históricas entre las…
p. 88
09Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 148, 1594 citas
[11]replied that “paramilitarism in Colombia has been extinguished and its leaders are in jail. What is seen today is the appearance of bandas criminales emergentes based on drug trade.” Vice President Francisco Santos added that the report of the human rights group was not based on data and was biased. 47 The important…
p. 159
[12]replied that “paramilitarism in Colombia has been extinguished and its leaders are in jail. What is seen today is the appearance of bandas criminales emergentes based on drug trade.” Vice President Francisco Santos added that the report of the human rights group was not based on data and was biased. 47 The important…
p. 159
[42]the new criminal bands. Both of these phe- nomena support Valencia’s thesis. Po liti cal scientist Claudia López furnished a logical connection between this chapter and the next with her analysis of the hidden relationships that the Law of Justice and Peace found throughout the “legitimate” system. She describes the…
p. 148
[43]the new criminal bands. Both of these phe- nomena support Valencia’s thesis. Po liti cal scientist Claudia López furnished a logical connection between this chapter and the next with her analysis of the hidden relationships that the Law of Justice and Peace found throughout the “legitimate” system. She describes the…
p. 148
10¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1291 cita
[13]1-3. 195.Véase: CNRR - GMH, Justicia y Paz. ¿Verdad judicial o verdad histórica? (Bogotá: Taurus/ Semana 2012). 196. El Tiempo, 2 de diciembre del 2006, 1-4. 197. El País, 5 de septiembre de 2006, 4A. 186 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica sugerían que se trataba de una tercera generación paramilitar…
p. 129
11Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 501 cita
[14]apoyan, activas en el marco de la 28. Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, Disidentes, rearmados y emergentes: ¿bandas criminales o tercera generación paramilitar?, www.cnrr.org.co., págs, 7 y 8. aplicación de la Ley de justicia y paz. En segundo término, se puede estar gestando una alianza pragmática…
p. 50
12Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1552 citas
[15]y a la protección de los derechos humanos en Colombia. El informe reporta asesinatos, amenazas, atentados, extorsiones e intimidaciones a los activistas de las garantías fundamentales y a integrantes de comunidades vulnerables (ONU, 2011). La presente investigación delimita hasta esta fecha su rastreo en razón de que…
p. 155
[16]y a la protección de los derechos humanos en Colombia. El informe reporta asesinatos, amenazas, atentados, extorsiones e intimidaciones a los activistas de las garantías fundamentales y a integrantes de comunidades vulnerables (ONU, 2011). La presente investigación delimita hasta esta fecha su rastreo en razón de que…
p. 155
13Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 472, 4882 citas
[18]los de la criminalidad común. Posteriormente, se procede a construir una matriz analítica, donde se relacionan estas variables, identificando para cada grupo neoparamilitar los siguientes elementos en cada una de las dimensio - nes. En la primera, su origen, se determina si el grupo es un reducto de una unidad…
p. 472
[23]la opinión y los documentos gubernamentales: unas bandas armadas criminales organizadas que explotan las diferentes avenidas del crimen. Sin embargo, la evidencia muestra que este tipo de organizaciones son las mino - ritarias. Por ambas razones, su naturaleza y su poca importancia, este tipo de organizaciones…
p. 488
14Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 471, 4792 citas
[19]sobre cómo enfrentar sus nocivos efectos requiere elementos conceptuales para analizarlos y poder plantear una política pública de seguridad eficaz. Así, este capítulo propone algunos elementos conceptuales para categorizar los grupos armados surgi- dos, reconfigurados o evidenciados a partir de proceso de…
p. 471
[24]Para efectos de esta conceptualización, la violencia, como instrumento y característica particular, es el elemento empírico que permite reconocer la forma de comportamiento de estos grupos. De tal suerte que en una combi- nación de acciones y elementos tácticos, es posible evidenciar cómo se define el tipo de…
p. 479
15Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 241 cita
[20]100 0 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 farc eln auc Número de municipios i ntrodu CC ión 25 los retornos que tienen las actividades ilegales en el país, conllevó la mu - tación de muchos grupos paramilitares hacia nuevas bandas emergentes, conocidas como las bandas…
p. 24
16Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 3352 citas
[21]Tiempo, 27 de septiembre de 2007; Semana, 28 de julio de 2008, 36-37; Semana, 20 de abril de 2009, 28-29. 112 Gustavo Duncan, “El dinero no es todo”, explora el carácter de vínculos clientelistas seme- jantes y su relación con las drogas ilícitas en Colombia. Véase, también, su libro Los señores de la guerra. 113…
p. 335
[22]Tiempo, 27 de septiembre de 2007; Semana, 28 de julio de 2008, 36-37; Semana, 20 de abril de 2009, 28-29. 112 Gustavo Duncan, “El dinero no es todo”, explora el carácter de vínculos clientelistas seme- jantes y su relación con las drogas ilícitas en Colombia. Véase, también, su libro Los señores de la guerra. 113…
p. 335
17Violence Entrepreneurs, Law and Authority in ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 71 cita
[25]and political networks were reconfigured and adapted to the new situation. The relations between violence, crime and politics were also reshuffled. The recognition on which citizenship and property depend remains connected to these forms of unofficial authority, but the hybridity of the new order — the various…
p. 7
18Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 191 cita
[26]to the United States in May 2008. The paramilitary commanders saw this as a betrayal on the part of the elites. The elites' need for the alliance was over, and the paramilitaries had become a threat to their power, reputation and relationship with the United States. "Elites may ally themselves with criminals as they…
p. 19
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1781 cita
[27]puros excombatientes y excompañeros que habían sido de nosotros, volvieron a ser compañeros nuestros porque ya ellos quedaron sin apoyo del Estado» 487. Daniel Rendón Herrera –alias Don Mario– capturado en el 2009, Juan de Dios Úsuga –alias Giovanny– y Dairo Antonio Úsuga –alias Otoniel– tomaron el mando de la…
p. 178
20Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 41, 1642 citas
[28]la desaparición y presunta muerte de Vicente Castaño, el liderato recayó indiscutiblemente en Don Mario hasta su captu - ra en 2009 (El Tiempo, 2009, abril 16), cuando ofreció a las auto - ridades desmovilizar 6.000 efectivos (El Tiempo, 2009, abril 18). “Después de la captura de Don Mario a principios de 2009, la…
p. 164
[50]organizacio - nes y la misma Unidad de Restitución de Tierras, firmadas por Los Rastrojos en los dos primeros casos y por el Ejército Antires - titución en el último. Así mismo, en mayo se profirió una amena - za contra periodistas de la región que vienen cubriendo el tema de restitución de tierras. Es importante…
p. 41
21No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4861 cita
[29]defeccionaron del proceso de desarme cuando el Gobierno quiso trasladar a los jefes paramilitares a una cárcel. Pero Vicente Castaño probablemente también fue asesinado por sus socios en 2007. Luego, el mando lo tomó Daniel Rendón, conocido como Don Mario, quien mantuvo un ejército ilegal en el Urabá antioqueño y en…
p. 486
22La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 5181 cita
[30]en 2011, este grupo no se desarticuló (CNMH, 2014, p. 73). Los Rastrojos, por su parte, es un grupo armado ilegal que tuvo una rápida ex- pansión en la región Caribe, a través de la cooptación de bandas delincuenciales previamente existentes. Este grupo apareció en 2002 en el norte del Valle del Cau- ca, con el fin de…
p. 518
23Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 142, 2512 citas
[31]el ELN, con los Frentes Carlos Alirio Buitrago y Bernardo López Arroyave 199. Desmovilización y bandas criminales emergentes La desmovilización en Antioquia puede dividirse en los sitios donde hubo alta y baja concentración de la tierra por parte de los grupos paramilitares 200. En los sitios donde existió alta…
p. 251
[49]los nuevos líderes y grupos que pretenden relevarlos. Paradójicamente, en este sentido coinciden los intereses del Gobierno y de los comandantes desmovilizados en la necesidad de impedir la reproducción del paramilitarismo, pues no solo amenaza el objetivo estatal de recuperar el monopolio legítimo de la fuerza, sino…
p. 142
24Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1581 cita
[32]cia de la Alcaldía de Medellín, quien actuó de manera independiente. Esta comisión logró un cese de los enfrentamientos entre estos bandos, pero esto no significó el fin de las acciones armadas de la disputa. Pocos meses después se reiniciaron los enfrentamientos, con el agravante del ingreso de un actor armado…
p. 158
25Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2891 cita
[33]de la regulación de una parte importante del narcotráfico y de otros mercados criminales. Pero la misma expan sión descontrolada a lo largo del territorio nacional de las AUC dio lugar a un proceso de fragmentación de grandes ejércitos privados. Los mandos de diversas regiones comenzaron a reclamar un poder autónomo…
p. 289
26El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3791 cita
[34]territorial se defina, primordialmente, por los intereses de actores ilegales, que han logrado esta- blecer acuerdos con actores que se sitúan políticamente en la legalidad y eco- nómicamente entre la formalidad y la informalidad, como pasaremos a ver. El análisis del proceso de reconfiguración del conflicto armado,…
p. 379
27Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1521 cita
[35]2008 2009 2010 2011 2012 20082009201020112012 Chocó 30 9 7 16 19 28 43 47 70 63 93 Cesar 25 15 14 21 23 23 60 56 76 92 92 Córdoba 28 15 21 23 24 25 54 75 82 85 89 Valle 42 16 20 20 26 32 38 48 50 61 76 Sucre 26 9 7 16 17 19 34 27 61 65 73 Meta 29 12 13 16 20 19 41 45 55 68 65 Bolívar 45 11 7 23 34 24 24 16 51 75 53…
p. 152
28Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2111 cita
[36]“Los nuevos focos del desplazamiento forzado en Colombia”). 275 El BLS (Bloque Libertadores del Sur), adscrito al BCB (Bloque Central Bo- lívar), se desmovilizó colectivamente el 30 de julio de 2005 con 689 integrantes (Oficina Alto Comisionado para la Paz, 2006, página 31). 276 Debido a que el designio criminal de…
p. 211
29Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 249, 3442 citas
[37]Clan del Golfo). La búsqueda de representación política a nivel nacional por parte de los narcotra - ficantes es uno de los factores de persistencia que ha causado el cruce del narcotráfico con el conflicto armado. La parapolítica fue una expresión de ello y, hasta la actuali - dad, algunos casos relacionados con ella…
p. 344
[44]su apoyo. Pero los fines comunes de los actores del entramado han trascendido la contrainsurgencia, entendida como una lucha contra la guerrilla, que es solo una capa del conjunto de motivaciones que se conectan en la disputa por el poder político y económico. 323 Una forma de explicar las distintas etapas del…
p. 249
30Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5741 cita
[38]avance territorial del grupo armado, los homicidios, las masacres, el desplazamiento forzado, las amenazas selectivas a través de panfletos y las desapariciones forzadas fueron las modalidades más recurrentes utilizadas por las distintas facciones de las AGC 1816. En 2012, con el control sobre los puertos del…
p. 574
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1721 cita
[39]FARC 490. El Clan del Golfo llegó a la región en 2017 gracias a una alianza con la disidencia de Gentil Duarte –presuntamente asesinado en Venezuela en el 2022–. Esta disiden- cia venía expandiéndose desde Cauca hacia Nariño y buscaba reintegrar el Bloque Occidental de las FARC-EP bajo el nombre de Comando Coordinador…
p. 172
32Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 221 cita
[40]of land return efforts and others involved in land restitution processes have been targeted and killed by the Bacrim. One group calls itself the “Anti-Land Restitution Army” and has made threats against land restitution activists in northern Colombia. 96 In early 2012, one of the most powerful Bacrim groups, Los…
p. 22
33Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 371 cita
[41]Los Urabeños entraron en la disputa de Puerto Be - rrío, causando un elevado número de homicidios (ver mapa 1) y ataques contra la población civil (El Mundo, agosto 17 de 2009). Desde este municipio estarían intentando expandirse hacia otros del Magdalena Medio santandereano, Santander (Cimi - tarra y Landázuri) y…
p. 37
34Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 3641 cita
[51]algunos de estos. Entre las víctimas de estas acciones se hallan algunos desmovilizados y reinsertados de los Bloques de las AUC que se niegan a reincidir en las ac- tividades delictivas y que por ello son presionados con amenazas de muerte por miembros activos del paramilitarismo que pretenden con ello reconfi- gurar…
p. 364
35Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 3841 cita
[52](2014). “Las Bacrim anuncia “limpieza social” en Ciudad Bolívar y Soacha. CNAI. http://www.arcoiris.com.co/2014/01/las-bacrim-anuncia-limpieza-so- cial-en-ciudad-bolivar-y-soacha/ Corporación Social para la Asesoría y Capacitación comunitaria (s.f.). Per- secución a la Asociación Departamental de Usuarios Campesinos…
p. 384
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[53]hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…
p. 184
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 841 cita
[54]atropellos por parte de las fuerzas militares, como empadronamientos (restricción de la entrada de víveres a las comunidades), daños a viviendas, ocupa- ciones de bienes civiles, toques de queda, disparos indiscriminados y activación de explosivos contra la población civil, incluyendo menores de edad. Las autoridades…
p. 84