La Guajira
“La Guajira ocupa el extremo más septentrional de Suramérica y constituye, paradójicamente, uno de los territorios que Colombia nunca logró integrar plenamente a su proyecto nacional.”
En el extremo nororiental de Colombia, empujada hacia el Caribe como una cuña árida entre la Sierra Nevada de Santa Marta y el golfo de Venezuela, La Guajira es a la vez el punto más septentrional de Suramérica y el territorio que el país nunca terminó de incorporar. Península semiárida de dunas de cincuenta metros, sabanas de trupillo y una serranía —la Macuira— que atrapa la lluvia de los alisios, es también el hogar histórico del pueblo wayúu, que constituye cerca de la mitad de sus habitantes y que ha sostenido durante cinco siglos un orden social propio, articulado en el clan, el pastoreo, el comercio y una justicia autónoma reconocida por el Estado colombiano. Fue el primer suelo firme donde desembarcaron los europeos en 1499, y desde entonces su historia se escribe en un pulso obstinado con Bogotá: la geografía la vuelca hacia el mar y hacia Venezuela; las bonanzas —perlas, dividivi, marihuana, carbón, gas— la han enriquecido de fuera hacia dentro sin integrarla; y el contrabando, más que un delito, ha sido durante siglos su sistema económico de facto. Entender La Guajira es entender los límites de la nación colombiana como proyecto.
Una península que es casi una isla
El geógrafo Ernesto Guhl definió el carácter de La Guajira con una imagen que sigue siendo la más exacta: es una península con carácter insular, comparable a Curazao, Aruba y Paraguaná. Lo determinan su clima —seco, batido por unos alisios que no logran condensar la humedad sobre un relieve casi allanado— y una geografía que la aísla del resto del país. La única conexión terrestre con Colombia es la estrecha depresión que corre entre la Sierra Nevada y las últimas estribaciones de la Cordillera Oriental; durante siglos, las vías de acceso fueron marítimas, y hasta hace pocas décadas no había otra alternativa práctica que el barco. La carretera troncal del oriente vino tarde, y llegó a un territorio ya organizado según sus propias reglas.
La razón de esa aridez tan singular en el Caribe húmedo se remonta a la deriva continental. La península que hoy llamamos Guajira formó parte de Gondwana, y en sus costas se abrió parte de la grieta que separó esa masa de lo que hoy es Norteamérica. Las sucesivas irrupciones y retiradas del mar Caribe sobre la placa gondwánica depositaron sedimentos, allanaron el relieve original y dejaron una superficie donde las nubes cargadas de humedad no encuentran ya montañas donde precipitarse. El resultado es una de las pocas zonas semiáridas sobre el Caribe.
El territorio se divide en tres franjas de fisonomía muy distinta. La Baja Guajira, al sur, vecina a los sistemas montañosos, dispone de agua y pastos y ha sido tradicionalmente la más agrícola. La Media Guajira ocupa una posición intermedia. La Alta Guajira, al norte, es semiárida, salpicada de pequeños macizos y bordeada por dunas litorales que corren de Riohacha a Sinamaica y llegan hasta los cincuenta metros de altura, interrumpidas por fallas geológicas en Bahía Portete y Bahía Honda. En el extremo nororiental, la serranía de la Macuira —822 metros— intercepta las nubes que vienen del oriente y las convierte en lloviznas: en su sombra crecen, a escala menor, fríjol, patilla y yuca, y hoy el Parque Nacional Macuira conserva parte del ecosistema original de la península.
De esa combinación de clima duro, aislamiento y suelos ingratos surgió, a lo largo de los siglos, una cultura pastoril, seminómada y, en el mejor sentido de la palabra, anárquica: un orden social sin más autoridad central que la del clan, orientado hacia el mar y hacia el oriente venezolano más que hacia el interior andino.
El primer suelo del continente
En 1499, Alonso de Ojeda alcanzó el Cabo de la Vela y con ese desembarco La Guajira se convirtió en la primera tierra firme suramericana pisada por los europeos. Ojeda navegaba con licencia obtenida en el marco de la política de la Corona de recortar los privilegios de Colón sobre Tierra Firme —una política canalizada por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, que multiplicó los permisos entre navegantes— y llevaba la compañía de Juan de la Cosa y Américo Vespucio.
Poco después, en 1500, Rodrigo de Bastidas firmó su propia capitulación con la Corona y zarpó hacia el Cabo de la Vela; recorrió la costa hacia el occidente, descubrió la desembocadura del río Magdalena y la ensenada de Urabá, y comerció con los indígenas mediante el sistema del rescate: espejos, avalorios y machetes a cambio de oro, perlas y nácar. Bastidas tuvo, entre los conquistadores, fama de moderación —trataba bien a los indígenas y esquivaba el combate cuando podía—, aunque el modelo de intercambio que inauguró contenía ya la lógica que definiría la explotación de la península. En 1508 la Corona repartió el litoral: a Ojeda y sus asociados les asignó la franja entre el golfo de Urabá y el Cabo de la Vela; a Diego de Nicuesa, la provincia de Veraguas al occidente.
El Cabo de la Vela fue, durante décadas del siglo XVI, una de las plazas más codiciadas del Caribe por sus bancos de perlas. Pero la conquista efectiva del interior peninsular nunca ocurrió. Los wayúu resistieron —a caballo, con armas de fuego adquiridas por rescate, aprovechando el conocimiento del terreno y la porosidad de la frontera con Venezuela— y produjeron a lo largo de los siglos coloniales una realidad singular: mientras el resto del Virreinato del Nuevo Reino de Granada se estructuraba bajo encomiendas, resguardos y cabildos, en la Alta Guajira la Corona nunca logró imponer un dominio estable. La península quedó como un territorio de frontera interna, formalmente español pero de hecho gobernado por los clanes wayúu y por sus alianzas cambiantes con contrabandistas holandeses, ingleses y franceses.
La economía del contrabando: siglo XVII a XX
Lo que en otras regiones fue anomalía, en La Guajira fue estructura. Desde el siglo XVII —y con especial intensidad entre 1640 y 1660, cuando las potencias rivales de España se establecieron en el Caribe insular—, el contrabando desplazó al comercio legítimo en los puertos de Riohacha y Santa Marta. Las naves españolas casi no atracaban allí; los comerciantes cartageneros se negaban a transportar bienes legales a esas plazas; y en el vacío se instaló un sistema alterno que no era marginal sino central. Los criollos de Riohacha comerciaban productos locales con los wayúu y los exportaban, pasando por las islas holandesas —Curazao, sobre todo—, hacia los mercados del Atlántico Norte. En sentido inverso, grupos de comerciantes turcos y del interior andino introducían mercancías hacia Venezuela y las tierras altas colombianas por lo que se llamó la Ruta de Jerusalén, una red de caminos de origen colonial.
Los gobernantes lo sabían y en gran medida lo permitían. El contrabando no fue nunca perseguido con seriedad porque una parte de la sociedad guajira —criolla, wayúu, mestiza— vivía de él, y porque interiorizó esas actividades como procesos legítimos, con reglas propias, códigos de honor y disputas resolubles fuera del aparato judicial del Estado. Whisky y cigarrillos entraban desde el Caribe; armas de fuego circulaban en las dos direcciones; salían café y ganado. El acordeón —hoy consustancial a la música de la costa Caribe— y el whisky escocés llegaron por esas mismas rutas: el contrabando fue también un canal cultural.
En el siglo XX el modelo persistió con adaptaciones. La república lo toleró con las mismas ambigüedades del virreinato, y las autoridades departamentales convivieron con jefes y familias contrabandistas que, sin sustituir formalmente al Estado, gozaban de un peso real en la vida política y económica. Desde los años sesenta se elevaron los índices de homicidio en la península, muchos de ellos asociados al contrabando, al narcotráfico incipiente y a los ajustes de cuentas entre esas redes. Pasado y presente del contrabando en La Guajira, de Santiago González-Plazas, publicado en 2008 por la Universidad del Rosario, dio nombre académico a lo que en la península era un saber cotidiano: que la economía ilegal no era una desviación del sistema, sino el sistema mismo, alimentado por una exclusión económica, política y social que llevaba siglos acumulándose.
Intendencia, comisaría, departamento: una integración fallida
La forma en que Bogotá administró La Guajira durante el siglo XX es un catálogo de decisiones que confundieron la geografía con la nómina. La península fue encuadrada alternativamente como Intendencia y como Comisaría antes de convertirse en departamento; en 1911 se creó la Comisaría de la Guajira, una entre varias entidades administrativas de orden inferior al departamento que la República creó para gestionar sus periferias sin darles peso pleno.
La primera capital fue Uribia, decisión discutible por estar situada fuera de la lógica de asentamiento indígena que animaba a la península. Su traslado posterior a Riohacha —noventa kilómetros hacia el occidente— fue, en términos de geografía política, un error mayor: alejó el centro administrativo del grueso de la población wayúu y desplazó la capital en la dirección contraria a la orientación vital del territorio, que miraba al oriente, hacia La Guajira alta y hacia Venezuela. La justificación aparente del traslado no fue geográfica ni administrativa, sino presupuestal: apropiarse de las partidas que sostenían la entidad. A la comisaría se le agregaron además partes meridionales del antiguo Departamento del Magdalena, y en esa franja anexada se concentró después la mayor parte de la población urbana del nuevo ente. Hoy, el 21,7 % de los habitantes del departamento vive en zonas urbanas ubicadas en ese territorio de origen magdalenense, mientras la población indígena —cerca de la mitad del total— habita la península propiamente dicha. La heterogeneidad interna del departamento no es un accidente sino el resultado de esas costuras administrativas.
El caso de las Empresas Públicas de Maicao ilustra el patrón. Las campañas electorales inflaron nóminas y convirtieron estructuras administrativas municipales en instrumentos de intereses electorales particulares, con la consecuente ineficiencia. La debilidad del Estado central y la ausencia de una clase dominante regional enraizada favorecieron un localismo centrífugo que obstaculizó la consolidación de estructuras estables. Más que un caos incompetente, lo que se ve en la trayectoria administrativa de La Guajira es un Estado selectivamente presente: incapaz de ordenar el territorio, pero muy capaz de sostener burocracias funcionales a redes clientelares locales y a intereses económicos que operaban por encima o por debajo de la legalidad.
El pueblo wayúu: territorio, clan y justicia propia
En todo esto, los wayúu no fueron actores pasivos. Descienden, según las hipótesis clásicas de Schmidt (1917) y Jahn (1927), de grupos arawak cultivadores de yuca y maíz que se expandieron buscando tierras adecuadas, y llevan al menos medio milenio como el eje sociocultural de la península. Los cinco siglos que van del desembarco de Ojeda al presente los han visto conservar territorio, lengua —el wayuunaiki—, sistema de parentesco matrilineal, autoridades propias y una relación con la tierra que no se deja traducir a las categorías del Estado colombiano.
Para los wayúu, el territorio está inseparablemente unido al clan: sin territorio no hay posibilidad de crianza de animales, ni de enterramiento de los muertos, ni por tanto de pertenencia a una ranchería. La tierra es soporte físico, pero también genealogía y ritual. Esa concepción explica por qué la resistencia wayúu no ha sido solo una defensa de recursos, sino de la condición misma de existir como pueblo.
El sistema de justicia wayúu, articulado en la figura del pütchipü'üi o palabrero —un mediador comunitario que resuelve conflictos entre clanes—, es reconocido por el Estado colombiano como jurisdicción legítima, en el marco constitucional del reconocimiento a la diversidad étnica y cultural. El palabrero no impone: escucha, traduce, propone compensaciones, teje acuerdos. Que Bogotá haya aceptado convivir con esa justicia paralela es a la vez un acto de reconocimiento tardío y un reconocimiento de facto de que en la Alta Guajira nunca gobernó plenamente.
Los wayúu han desempeñado además papeles centrales en el comercio regional, incluidas las actividades que los Estados nacionales no siempre reconocieron como legítimas. Su presencia estructura la vida cotidiana también fuera de sus rancherías: la sociedad criolla guajira está fuertemente influida por pautas wayúu de control social, sociabilidad y economía, y en la vida urbana de Riohacha, Maicao o Uribia el orden wayúu no es un exotismo sino un ingrediente. Las experiencias wayúu sobre desigualdades sociales y ambientales acumuladas no han sido tenidas en cuenta con la seriedad que exigen las decisiones que hoy afectan su territorio: la expansión minera, los parques eólicos, la disputa por el agua.
La bonanza marimbera: el primer paraíso de la droga
A mediados de los años setenta, La Guajira se convirtió en el epicentro del primer boom colombiano de exportación de drogas. La marihuana cultivada en la Sierra Nevada de Santa Marta empezó a salir hacia Estados Unidos por las rutas antiguas de contrabando de La Guajira y Magdalena, y también por vía aérea y camuflada en bultos de café, aprovechando la bonanza cafetera de la misma década.
La coyuntura la hizo posible la represión mexicana. El llamado efecto colchón de aire —la fumigación intensiva de los cultivos en México— dejó libre el mercado estadounidense y Colombia, con su clima, su Sierra y sus rutas listas, ocupó el hueco. Un estudio de ANIF estimó que había unos 6.000 productores de marihuana solo en la Sierra Nevada, y que 13.000 jornaleros rurales se dejaban atraer por salarios dos o tres veces superiores a los del campo tradicional. Cerca de 30.000 familias dependían total o parcialmente de la marihuana: aproximadamente un tercio de los hogares rurales de los departamentos orientales de la Costa Atlántica según el censo de 1973, y cerca de uno de cada siete del total de hogares rurales costeros. Fue una economía que dobló la vida cotidiana de la región.
El vínculo entre las redes tradicionales del contrabando y la nueva bonanza no fue circunstancial: el whisky, los cigarrillos, las armas y la marihuana usaron las mismas ensenadas, los mismos pilotos, los mismos intermediarios. Y los dólares volvieron al país lavados por mecanismos que el Estado toleró con extraordinaria elasticidad: la ventanilla siniestra del Banco de la República compraba dólares sin preguntar, hubo amnistías tributarias y las exportaciones ficticias o sobrefacturadas encontraron laxitud en las aduanas. Washington lo detectó y lo denunció.
La respuesta estatal llegó bajo presión diplomática de Estados Unidos. El gobierno de Julio César Turbay Ayala militarizó la lucha antidrogas y ordenó fumigaciones con paraquat sobre los cultivos de la región caribeña. Desde diciembre de 1975, la DEA ejecutó la Operation Stopgap con vuelos sobre la costa de La Guajira para detectar embarcaciones sospechosas y alertar a la Guardia Costera estadounidense; hacia 1978 calculaba haber reducido en un tercio el flujo de marihuana colombiana. La combinación de fumigaciones y patrullaje agotó la bonanza, pero dejó estructuras: capitales, contactos internacionales, redes de sicariato, tradición del negocio. Sobre ese sedimento se montaría, en la década siguiente, la cocaína, que Colombia industrializaría a mayor escala aunque ya no principalmente desde La Guajira. La península había servido de laboratorio.
El Cerrejón: el enclave del carbón
Mientras la marihuana declinaba, otra bonanza tomaba forma bajo tierra. El Cerrejón —yacimiento de carbón térmico en el centro-sur del departamento— se convirtió en las décadas siguientes en la mina de carbón a cielo abierto más grande de Colombia y de América Latina, y la décima del mundo. Desde los años noventa, el carbón es el segundo producto de exportación del país después del petróleo, y los proyectos de Drummond y Cerrejón aportan el 92,3 % del volumen total producido en Colombia.
La operación es de una escala industrial y logística difícil de exagerar. El Puerto Bolívar, ubicado a 150 kilómetros al norte de la mina y conectado por un ferrocarril propio, recibe barcos de hasta 180.000 toneladas de peso muerto, con una tasa de cargue promedio de 5.900 toneladas por hora y picos de hasta 9.000. Es una salida directa al mercado global que apenas toca el país que la aloja.
Los beneficios de esa escala rara vez se han quedado en La Guajira. El gobierno colombiano redujo las regalías del carbón a instancias del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, permitiendo a las empresas extranjeras retener una mayor proporción de la riqueza extraída. Según datos del DANE de 2005, la minería representaba el 52,64 % del PIB departamental: la economía de La Guajira depende del carbón, pero la riqueza del carbón no depende de La Guajira. Los empleos generados por la mina, aunque existieron, rara vez fueron ocupados por miembros de las comunidades locales; la mayor parte del valor fluyó a multinacionales y a élites nacionales.
El costo ambiental y social ha sido brutal. En 2015, Cerrejón consumía más de 45 millones de litros de agua por día en un departamento donde solo el 16,3 % de la población rural dispersa tiene acceso a agua potable y apenas el 4 % a sistemas de saneamiento básico mejorado. La mina ocupa 69.393,45 hectáreas de territorio ancestral, ha deforestado masivamente e intervenido directamente el río Ranchería y los arroyos Tabaco, Bruno y Cerrejón, con la desviación de más de ocho corrientes de agua. Las comunidades afrodescendientes de Tabaco, Roche, Manantial, Patilla y Chancleta —fundadas históricamente siguiendo el curso del Ranchería y del arroyo Tabaco— fueron desplazadas o reasentadas, perdiendo con ello la referencia hídrica que las había constituido como asentamientos. La antropóloga Astrid Ulloa ha estudiado cómo el pueblo wayúu representa y defiende los derechos territoriales del agua frente a la expansión de Cerrejón, y organizaciones como la Fuerza de Mujeres Wayúu han encabezado esa resistencia. En una cultura donde el territorio es indisociable del clan y donde el agua tiene una dimensión ritual, la desviación de un arroyo no es un daño ambiental abstracto: es una amputación cultural.
Bahía Portete y la violencia paramilitar
El paramilitarismo llegó a La Guajira con la lógica que había ensayado en otras regiones —ocupación territorial, control de rentas ilegales, desarticulación del enemigo social— pero adaptada a las condiciones de la península. El Frente Contrainsurgencia Wayúu, integrado al Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, se conformó en 2002 con la meta de ocupar la Alta Guajira y sus rutas.
El 18 de abril de 2004, hombres de ese frente atacaron Bahía Portete. La masacre dejó seis víctimas fatales, cuatro de ellas mujeres. El Centro Nacional de Memoria Histórica ha sostenido que las mujeres asesinadas no fueron víctimas casuales, sino conscientemente seleccionadas por su rol en la comunidad. Los paramilitares torturaron a las víctimas, destruyeron sus rostros, abandonaron los cuerpos en lugares públicos, profanaron el cementerio y quemaron las casas.
Cada uno de esos actos era una violación deliberada del orden simbólico wayúu. En esa cultura, los cuerpos de las mujeres están fuera de las dinámicas de la guerra y los cementerios son inviolables incluso por los enemigos. Impedir los rituales funerarios, desfigurar los cuerpos, atacar precisamente a mujeres: era la forma más eficaz de lesionar cultural y moralmente a la comunidad entera. La masacre no fue solo un episodio de violencia sino un mensaje —brutal, calculado— sobre quién mandaba en la Alta Guajira y sobre el precio de sostener el propio orden.
El Frente Contrainsurgencia Wayúu no participó en el proceso de desmovilización paramilitar y permaneció activo en el tráfico de drogas y la extorsión. Tres años antes, el 28 de enero de 2001, otra masacre paramilitar —la de Rodeíto El Pozo, en el municipio de Hatonuevo— había dejado trece víctimas; la institucionalidad la atribuyó inicialmente a un conflicto entre clanes wayúu, interpretación que sirvió para estigmatizar a las víctimas y postergar la justicia hasta que se demostró la responsabilidad paramilitar. El patrón se repetía: la violencia contra los wayúu se convertía primero en una supuesta violencia de los wayúu, y esa reescritura era ya parte del daño.
La crisis del agua y el presente
En el presente, La Guajira concentra las contradicciones acumuladas en cinco siglos. Es el departamento del enclave minero más grande de América Latina y, al mismo tiempo, uno de los territorios con peores indicadores de acceso a agua potable y saneamiento del país: apenas el 16,3 % de la población rural dispersa dispone de agua potable, y solo el 4 % de sistemas de saneamiento básico mejorado. En asentamientos donde no llega el servicio de recolección de residuos sólidos han proliferado botaderos satelitales que contaminan fuentes hídricas ya escasas.
La falta de agua se ha vuelto en las últimas décadas un problema estructural que las comunidades wayúu describen con imágenes precisas: tormentas tropicales que ya no traen agua, arroyos que se secan, distancias que se alargan para acercarse a un pozo. Mientras tanto, la mina de Cerrejón consume decenas de millones de litros al día. La coexistencia es obscena y no es casual: pertenece al mismo régimen territorial que reduce regalías, entrega el agua a la extracción y deja las cifras de mortalidad infantil como problema de otros.
A eso se suma el desplazamiento. En la Serranía del Perijá, zona limítrofe entre La Guajira y el Cesar, el municipio de Agustín Codazzi ha sido identificado como el de mayor expulsión y recepción simultánea de población desplazada de la región. La violencia armada convive con la sequía en los territorios ancestrales; el mismo departamento que exporta carbón al mundo importa hambre desde sus propios corregimientos.
La huella de una frontera
La historia de La Guajira no es la historia de una periferia que llegó tarde a la nación, sino la de una nación que llegó a la península en modo extractivo y distorsionado. La Corona española repartió licencias sobre su costa sin someterla; la República la reencuadró como intendencia y comisaría antes que como departamento pleno, y cuando le dio ese estatuto lo hizo con capitales mal ubicadas y territorios anexados sin lógica geográfica. Las bonanzas se sucedieron sin dejar riqueza: las perlas del Cabo de la Vela en el siglo XVI, el dividivi en los siglos XVIII y XIX, la marihuana de los setenta, el carbón desde los ochenta, el gas y hoy los parques eólicos que se instalan sobre territorios wayúu sin consulta suficiente. Cada bonanza recodificó las anteriores: las rutas del contrabando colonial sirvieron a la marimba, la infraestructura del carbón se apoyó en el trazado ferroviario de sus propias necesidades, la crisis del agua actual continúa la desviación de arroyos iniciada por la mina.
Y sin embargo, la península resiste como sujeto. Los wayúu sostienen su lengua, su justicia, su matrilinealidad y su territorio, con una tenacidad que las políticas de Estado no han logrado erosionar. La sociedad criolla guajira —con sus propias élites, sus contrabandistas de leyenda, sus músicos, sus escritores, sus políticos— es reconocible como guajira antes que como colombiana, orientada al Caribe y a Venezuela, tejida por parentescos y códigos que Bogotá apenas alcanza a nombrar. El acordeón, el whisky, el vallenato, la mochila arhuaca y wayúu, el ganado y la sal de Manaure, la memoria de la cacica Eulalia Ipuana y del almirante José Prudencio Padilla, la Riohacha de Jorge Isaacs y el Maicao contemporáneo componen una identidad regional densa, hecha en el pulso mismo con el Estado.
La Guajira sigue siendo, como al principio, una frontera. No una frontera hacia adentro que espera ser conquistada, sino una frontera que ha aprendido a existir como tal: puerta abierta al mar, patria del clan, territorio del contrabando, enclave del carbón, escenario de una crisis humanitaria que interpela al país entero. Cinco siglos después de Ojeda, la pregunta que abre no es cuándo terminará de incorporarse a Colombia, sino qué tipo de Colombia sería la que estuviera a la altura de incorporarla.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
38 documentos · 50 fragmentos01Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 479, 4852 citas
[1]político y económico de la región. Picon anota además que hay dunas en la zona del lito- ral a todo lo largo de la península, de Riohacha a Sinamaica, algunas tan altas que llegan a medir 50 metros. En ciertos sitios las interrumpe la falla geológica, como sucede en la región de Bahía Portete y Bahía Honda. Ernesto…
p. 479
[46]significado diáfano de ‘intruso, metiche o invasor’. De todos modos, y pese al volumen de artículos que se han publicado sobre los guajiros, su trayectoria pre- colombina no ha sido dilucidada ni mucho menos. En efecto, Max Schmidt y Alfred Jahn en 1917 y 1927, respec- tivamente, argumentaron la procedencia de los…
p. 485
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2511 cita
[2]el 21, 7 % es urbana y concentrada en el territorio que fue del departamento del Magdalena. La población indí- gena, que vive en la península propiamente dicha, abarca aproximadamente la mitad de la total. Ubicación y relieve: es la parte más septentrional de la República y del continente, y está unida al resto del…
p. 251
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1482 citas
[3]la península que hoy llamamos Guajira era parte del continente de Gondwana y fue en sus costas en donde se abrió parte de la grieta que la separó de Norteamérica. En su viaje hacia el suroccidente esas costas afrontaron continuos embates de las aguas oceánicas y cuando la placa se detuvo, se inició un largo proceso de…
p. 148
[4]que se transformaron en carbón, la península que hoy llamamos Guajira era parte del continente de Gondwana y fue en sus costas en donde se abrió parte de la grieta que la separó de Norteamérica. En su viaje hacia el suroccidente esas costas afrontaron continuos embates de las aguas oceánicas y cuando la placa se…
p. 148
04Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 174, 1782 citas
[5]impera una cobertura vegetal de bosques secos, matorrales o vegetación xerófila, especialmente cactáceas, en la Alta; estepas herbáceas y montes espinosos semiáridos densos o esparcidos (cardonales), en la Media; y bosques de galería reemplazados cada vez más por pastos y cultivos, o por centros urbanos y la…
p. 178
[41]la noche. Somos, los indios más que hombres, una decisión frente al mundo... Antecedentes históricos y descripción general de la región La Guajira como zona de refugio, región capitalista y posible espacio de diversidad étnica Fueron múltiples los factores que se conjugaron a lo largo de los últimos 500 años para dar…
p. 174
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1122 citas
[6]de desarrollar los distintos ti- pos de recursos que el acceso a dichos océanos podrá aportar. Las aguas encerradas por las líneas de base rectas se con- sideran aguas interiores y, por lo tanto, el Estado ejercerá en ellas los derechos de soberanía absoluta, de conformidad con normas aceptadas por el dere- cho…
p. 112
[7]de desarrollar los distintos ti- pos de recursos que el acceso a dichos océanos podrá aportar. Las aguas encerradas por las líneas de base rectas se con- sideran aguas interiores y, por lo tanto, el Estado ejercerá en ellas los derechos de soberanía absoluta, de conformidad con normas aceptadas por el dere- cho…
p. 112
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 40, 972 citas
[8]aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…
p. 40
[14]ad a m e n te las necesidades de bienes im p o rtad o s ni com petía con los precios d e sus rivales europeos, que habían establecido sus bases en el C aribe en tre 1640 y 1660. Por consiguiente, el co n trab an d o fue d esp laz an d o cada vez m ás el com ercio legítim o, hecho q u e se reflejó en la dism inución de…
p. 97
07Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 571 cita
[9]una casi total desaparición de los sujetos en un breve plazo. 1 Segunda Parte LOS HECHOS DE LA CONQUISTA Capítulo 4 El DESCUBRIMIENTO DE LA COSTA Y LAS PRIMERAS GOBERNACIONES 1. Los viajes de exploración 1 Cristóbal Colón fue el primer explorador que avistó tierra del continente, cuando en 1498, en su tercer viaje a…
p. 57
08El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2821 cita
[10]Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…
p. 282
09Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 851 cita
[11]pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…
p. 85
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 651 cita
[12]"pleitos colombinos", que sólo se pudieron resolver con el hijo de Diego, Luis Colón, mediante el pago de indemnización y la confirmación de la nobleza de la familia. Fue con estas nuevas condiciones con las cuales en el año 1500, Rodrigo de Bastidas, escribano de Triana, barrio de Sevilla, capituló la conquista del…
p. 65
11Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 1121 cita
[13]verse muy poco en los anales del mundo. En uno de esos viajes, Colón había explorado las costas de las Cayanas y Venezuela; hasta donde dejó la marca de las perlas. En otro, vio la América Central hasta Veragua, donde encontró el primer oro de Tierra Firme. Ahora es preciso unir estos dos puntos del mapa, explorar un…
p. 112
12Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 851 cita
[15]coast, served as the political and cultural center. The third face was the upper peninsula, the historic Wayuu territory—the source of most native products and labor and the location of natural ports for importation and exportation. Smugglers connected the three pieces together in at least two ways. On one hand,…
p. 85
13La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 401 cita
[16]menor a cincuenta kilómetros todos los pisos térmicos, lo que favorece la libre siembra y la producción de cultivos en laboratorios escondidos en la espesura de las montañas de la Sierra (Villarraga, 2009, p. 16). La SNSM se convirtió en un punto estratégico de disputa de los distintos actores armados para el control…
p. 40
14La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3431 cita
[17]fue gobernador. Entonces… pero él se retiró, a él lo hicieron retirar. Entr.: ¿El grupo lo hizo retirar? Edo.: Sí. Entr.: ¿Y qué se escuchó? ¿Cómo fueron las amenazas a él? Edo.: No, si eso era a voz llena. Ese man no podía estar ahí. Todo mundo decía, todas las tropas… (…) [Decían:] que no, aquí el gobernador es Her-…
p. 343
15No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1611 cita
[18]abogados de Escobar los habían sacado de la cárcel. El expediente había desaparecido 472. Los cultivos declarados ilícitos fueron profusos desde mediados de la década. Primero estuvo en auge la marihuana en la Sierra Nevada de Santa Marta, desde allí era exportada por rutas antiguas de contrabando de La Guajira y…
p. 161
16Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 158, 1942 citas
[19]la circulación de mercancía de contrabando. • Prácticas y rituales de la memo- ria con la transmisión oral de las historias de guerras y sus guerre- ros, de los arreglos de género y la división sexual del trabajo. • Sociedad segmentada, en la cual las lealtades y solidaridades no son primordialmente transversales. •…
p. 194
[38]la intervención de megaproyectos en su territorio. Conflictos entre familias wayúu por el control del puerto natural. Foco Masacre perpetrada por las AUC entre los días 18 y 20 de abril del año 2004 (6 víctimas fatales, 4 de ellas mujeres). Una masacre que ilustra la confluen- cia entre violencia contra las mujeres,…
p. 158
17Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 3651 cita
[20]e o f T i r o C u l t u r e s: O u a l i t a t i v e a n d Q i i a n t i t a t i v e R e s e a r c h i n t h e S o c i a l S c i e n c e s. Nueva Jersey: Princeton University Press. González, Fernán, (julio-diciembre, 2003). “¿Colapso parcial o presencia diferenciada del Estado en Colombia?: una mirada desde la…
p. 365
18La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 39, 2302 citas
[21]sobre el daño a la persona. En: http:// www.pucp.edu.pe/dike/bibliotecadeautor_carlos_fernandez_cesa- reo/articulos/ba_fs_4. González-Plazas, S. (2008). Pasado y presente del contrabando en La Gua- jira. Aproximaciones al fenómeno de ilegalidad en la región (n o. 10). Bogo- tá: Centro de Estudios y Observatorio de…
p. 230
[27]territorio venezolano en el estado de Zulia. tinacionales: BHP Billiton, Anglo American y Xstrata (Sarmiento, 2008: 132-151). Desde los años 1990, el carbón es el segundo producto de exportación colombiano después del petróleo. El 92,3% del volumen total producido en Colombia es apor- tado por los proyectos de…
p. 39
19Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1031 cita
[22]En forma de Intendencia unas veces, o de Comisaría otras, venía integrándose a un ritmo lentísimo pero de todos modos creciente. De repente sin motivo alguno diferen- te del de apropiarse de las partidas que la sostenían, se agrega- ron a ella partes meridionales del Departamento del Magdalena y se trasladó su capital…
p. 103
20Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2431 cita
[23]el designado Jorge Holguín retira los tratados del debate del Congreso y Reyes reasume el mando. Reyes se embarca hacia Santa Marta y abandona el país. El Congreso elige a Ramón González Valencia para terminar el sexenio, y restablece la división del país en departamentos. 1910 Reforma Constitucional: abolición de la…
p. 243
21Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 2311 cita
[24]que la fuerza eléctrica es traída de Venezuela, las Empresas Públicas Municipales de Maicao no deben afrontar problemas de mantenimiento de plantas, ni compra de combustible, ni sostenimiento de grandes nóminas de trabajadores. Se calcula que con cuatro obreros y un ingeniero sería suficiente para manejar este…
p. 231
22El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2431 cita
[25]perfiles dramáticos hacia 1920. LOCALISMO E IDENTIDAD REGIONAL La ordenación político-administrativa de la subregión cambió con fre- cuencia. Esta fluidez reflejaba más que caos o incompetencia, varias si- tuaciones de hecho: la fuerza localista de los cacicazgos municipales y la virtual inexistencia de una verdadera…
p. 243
23The rights of the Wayúu people and water in the context of mining in La Guajira, Colombia: demands of relational water justiceAstrid Ulloa · 2020 · p. 1, 52 citas
[26]1 Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia Corresponding Author: Astrid Ulloa, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Cra 30 No.45- 03, Colombia. Email: eaulloac@ unal. edu. co Article Human Geography 2020, Vol. 13(1) 6–15 © The Author(s) 2020 Article reuse guidelines: sagepub. com/ journals- permissions…
p. 1
[31]2% of the national GDP, in the mining and quarry- ing sector, and generates 44% of the departmental GDP in the same sector (Cerrejón, 2017). Environmentally, the effects of Cerrejón’s mining opera - tion on water are: violation of the rights to water, food, to a healthy environ- ment and to health, among others; its…
p. 5
24Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 152, 1692 citas
[28]Afro-Colombian and indigenous communities. As was the case with oil, the Colombian government had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how…
p. 169
[29]had lowered the royalty rates for coal at the urging of the International Monetary Fund and World Bank, allowing foreign companies to keep a greater share of the country’s resource wealth. It was difficult for me to see how the implementation of such policies was benefiting rural Colombians who lived in resource-rich…
p. 152
25Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1461 cita
[30]constituye la principal actividad de la poblacién campesina e indigena. La agricultura co- 146 Entrada a Riohacha, la capital guajira Fotografia de German Montes. Ramas de la economia Actividad Agropecuaria, silvicultura, caza y pesca 7,86 Mineria 52,64 Electricidad, gas y agua 5,92 Industria 0,51 Construccién 2,97…
p. 146
26The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 1571 cita
[32]The occupational impact of this bonanza must have been crucial throughout the Atlantic Coast, especially in the eastern regions. A study by the National Association of Financial Insti- tutions (ANIF) indicated that there were some 6,000 producers in the Sierra Nevada alone, and that an army of 13,000 rural laborers…
p. 157
27Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 571 cita
[33]no muy lejana de lo destruido y deco- misado en México en seis años, de 1970 a 1976. Hubo protestas de cultivadores y políticos de la región contra los excesos de los militares, casos de corrupción de estos e inconformidad al interior de las fuerzas armadas por emplear a sus miembros en actividades de corte policíaco.…
p. 57
28Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1051 cita
[34]varios ministros. En ese momento, Co lombia ya era conocida en Estados Unidos por la alta calidad de su marihuana gracias, en parte, al efecto “colchón de aire”, es decir, a la fuerte represión a los cultivos en México. Pese a todo esto, el gobierno y las élites empresariales colombianas no se percataron del cambio de…
p. 105
29Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 199, 5842 citas
[35]y Carlos José García. Además, quedaron heridas cinco personas. Esta masacre fue perpetrada por el grupo armado Los Contadores, una disidencia de las FARC-EP vinculada al control del narcotráfico en la costa Pacífica nariñense, quienes se atribuyeron la responsabilidad de estos hechos. El 28 de enero de 2001, la…
p. 199
[49]paz» o entente cordiale 1526. Un habitante de la comunidad de Tabaco, en la Guajira, relata cómo su comu- nidad, junto con las de Roche, Manantial, Patilla y Chancleta, fueron producto de largas caminatas liberadoras y de la reconstrucción de tejidos comunitarios de negros cimarrones y palenques fundados en la época…
p. 584
30Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1221 cita
[36]lugares sagrados reciben energía y emerge energía. Sus puntos están conectados con otros lugares que son energéticos, ¿no? Por ejemplo, hay un punto de la línea negra que está conectado con los picos nevados» 305. En la masacre de Bahía Portete, ocur rida el 18 de abril de 2004, en La Guajira, un grupo de…
p. 122
31Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 481 cita
[37]en los demás estudios. El primer informe que publicó el CNMH al respecto marcó la pauta en torno a la relevancia de establecer el contexto para comprender el origen y empleo de la violencia basada en géne- ro. La Masacre de Bahía Portete, ocurrida en el mes de abril de 2004, hubiera podido ser entendida simplemente…
p. 48
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1101 cita
[39]de una fuerza descomunal que nace de lo más profundo de la ruindad humana y que en su camino arrasa con el pasado, el presente y el futuro de las víctimas y sus comunidades. En La Guajira, un testimonio nos recuerda que en la cultura y cosmovisión wayúu la guerra tiene límites humanitarios, que existen reglas…
p. 110
33Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 1391 cita
[40]como sabedoras son quienes realizan la preparación de los muertos para que sigan el camino hacia el Jepirra, entre otras. Su eliminación no solo fue física sino simbólica referente a la intención de acabar con estas funciones para debilitar al colectivo. El siguiente testimonio evidencia cómo la muerte de las wayúu a…
p. 139
34Wayuu Palabreros in Colombia: Indigenous and Process-Oriented Conflict Facilitation Worldviews ExploredAdriana Eugenia Vásquez Del Río · 2014 · p. 11, 652 citas
[42]reason why the Colombian government allows and supports the Wayuu people to use their justice system, instead of trying to impose the traditional national one. I believe Wayuu have something important to contribute around how they see conflict and the role 2 of facilitator as a legitimate and essential role in the…
p. 11
[45]appreciated and acknowledged his time with me (I was curious if I would have to pay for each interview?). “The instruments are made here. Why? To teach the new generations.” He explained each instrument and specially played one, which is used for shepherding horses and donkeys. When far away they play high-pitched…
p. 65
35Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 351, 4442 citas
[43]juro que nosotros nunca tuvimos contacto con la guerrilla. Recuerdo que un día cogí y le vacié la casa a mi mamá, y le dije: «¡Nos vamos de aquí! No nos vamos a hacer matar». Yo creía que con traérmele todas sus cosas se iba a venir conmigo, pero ella dijo: «No, yo no me voy. Si me van a matar, que me maten en mi…
p. 351
[48]cardón y el jamuchi. Aquí abundan, pero todo gracias al agua. Esta era una sola nación hace más de sesenta años: Kasichi, Maicaíto e Ishan. Pero hace ocho años, por el crecimiento del número de familias, nos independizamos. Nos constituimos por medio de la construcción del micro acueducto, de la historia de…
p. 444
36Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 2051 cita
[44]engage in alliances, love, or antagonistic relation - ships, and move through places and ancestral trails. Some are considered beneficial and loving such as Jepirachi, because of the cold that sur - rounds it... others, like Joutai, dry and hot wind from the east, are associated with hunger and drought; others are…
p. 205
37Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazoPaula A. Rossiasco, Ana Aguilera, Germán Caruso, Rosa María Martínez, Cristina Savescu · 2018 · p. 1141 cita
[47]Colombia Así mismo, se registran déficits en el manejo de desechos sólidos, lo que está causando contaminación de fuentes hídricas y del medio ambiente. Los asentamientos no cuentan con un servicio de recolección de residuos sólidos y en algunos casos, los rellenos sanitarios no permiten la entrada a particulares que…
p. 114
38Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 501 cita
[50]Guajira] 23 del Zulia” (Testimonio de hombre Wayúu en GMH, 2010, página 65). Por otro lado, en la Serranía del Perijá 24, cuya población es ma- yoritariamente campesina, el municipio Agustín Codazzi se destaca como el de mayor expulsión y recepción de población desplazada 25. A pesar de que el cruce de frontera en…
p. 50