Idea · Conquista
Guerra justa
Tecnología jurídico-teológica heredada del medievo ibérico que, aplicada al territorio del actual Colombia entre 1499 y mediados del siglo XVII, decidía qué pueblos podían ser exterminados, esclavizados o despojados con licencia del rey y bendición del confesor. Articuló soberanía colonial, evangelización compulsiva y explotación del trabajo indígena en un solo marco doctrinal cuyas categorías sobrevivieron a la Conquista.
Trayectoria de una idea
- 1493
Bulas alejandrinas y fundamento pontificio
- 1499
Primeras capitulaciones vinculadas a tierras colombianas
- 1513
El Requerimiento: guion ritual de la guerra legítima
- 1526
Cláusulas de buen tratamiento en las capitulaciones
- 1536
Expedición de Jiménez de Quesada y la guerra en el Magdalena
- 1543
Inicio de la guerra de exterminio contra los pijaos
- 1550
Transición al régimen colonial y debate lascasiano
La lectura
La guerra justa no fue en el Nuevo Reino de Granada un debate filosófico sino una llave que abría o cerraba regímenes de excepción: declarar a una comunidad 'caribe', 'rebelde' o 'de guerra' bastaba para habilitar su exterminio, esclavización o despojo con plena cobertura jurídica. Su potencia residía en la clasificación, no en la argumentación: el mismo enfrentamiento podía leerse como conquista legítima o sublevación de vasallos, y de esa lectura dependían el destino de los sobrevivientes y el reparto del botín. Alimentada por la escolástica agustiniana y tomista, por las bulas alejandrinas de 1493 y por la mentalidad de Reconquista que identificaba lo civil con lo religioso, la doctrina llegó a América ya lista para operar, y los conquistadores —Ojeda, Bastidas, Jiménez de Quesada, Belalcázar, Borja— la aplicaron sin necesidad de invocarla por su nombre. Sus efectos demográficos fueron devastadores: los quimbaya pasaron de cien mil a cuarenta personas en cuarenta años; los pijaos fueron llevados al borde de la extinción tras cuarenta y ocho expediciones; la provincia de Tunja perdió el 90% de sus habitantes en dos siglos. La categoría sobrevivió a la Conquista: cuando el Estado republicano del siglo XIX habló de 'bárbaros' e 'indios bravos' para justificar la desposesión de resguardos y territorios de frontera, seguía operando la misma lógica, apenas traducida al léxico liberal.
La guerra justa en el Nuevo Reino de Granada
La guerra justa no fue en América una doctrina que se debatiera en los claustros: fue una tecnología jurídico-teológica de clasificación que, aplicada al territorio del actual Colombia entre 1499 y mediados del siglo XVII, decidía quién podía ser exterminado, esclavizado o despojado con licencia del rey y bendición del confesor. Bajo ese nombre viajaron a la conquista tres materiales heredados del medievo ibérico. Primero, la escolástica agustiniana y tomista. Segundo, las bulas alejandrinas de 1493. Tercero, la mentalidad de Reconquista, que identificaba lo civil con lo religioso y equiparaba paganismo a ausencia de derechos. Con ellos, capitanes como Gonzalo Jiménez de Quesada, Sebastián de Belalcázar o, más tarde, Juan de Borja legitimaron campañas concretas contra pueblos declarados "de guerra" —pijaos, carares, chocoes, kunas— cuyos efectos aún se leen en la demografía. La categoría sobrevivió a su nombre: cuando la República del siglo XIX habló de "bárbaros" e "indios bravos", seguía operando la misma clasificación, apenas traducida al léxico republicano.
Semblanza: qué nombra la guerra justa
En el vocabulario jurídico-teológico del siglo XVI, la guerra justa designaba las condiciones bajo las cuales un príncipe cristiano podía emprender lícitamente una acción armada, adquirir soberanía sobre pueblos vencidos y disponer de sus bienes y personas. Trasladada al Nuevo Mundo, se convirtió en el eje discursivo que articulaba tres pretensiones simultáneas: legitimar la soberanía de la Corona sobre territorios habitados, autorizar la evangelización compulsiva y organizar la explotación del trabajo indígena.
Su fuerza no estaba en la abstracción, sino en la clasificación. Un mismo hecho —el enfrentamiento entre una hueste española y una comunidad indígena— podía leerse como conquista legítima, sublevación de vasallos, resistencia de rebeldes o guerra contra caribes, y de esa lectura dependían el destino de los sobrevivientes, el reparto del oro y el tipo de encomienda o esclavitud que seguiría. En el Nuevo Reino de Granada, donde el mosaico étnico era denso y las guerras coloniales se prolongaron durante más de un siglo, la doctrina funcionó menos como principio filosófico que como una llave que abría o cerraba regímenes de excepción.
Su peso en la historia colombiana es doble. En lo inmediato, autorizó una violencia que redujo poblaciones enteras al borde del aniquilamiento biológico: los quimbaya pasaron de cien mil a cuarenta personas en cuarenta años; la provincia de Tunja, sin haber sido nunca declarada "de guerra", perdió el 90% de sus habitantes en dos siglos. En lo largo, dejó sedimentadas en el derecho y en la lengua las categorías —bárbaro, salvaje, indio bravo, tierra de nadie— con las que el Estado republicano continuaría, durante el siglo XIX, la desposesión sobre resguardos y territorios de frontera.
Los orígenes: escolástica, Reconquista y las bulas alejandrinas
La doctrina que los conquistadores llevaron a Tierra Firme no fue elaborada para América. Venía moldeada por siglos de reflexión cristiana sobre la licitud de la guerra —una tradición que San Agustín había abierto y que Santo Tomás de Aquino había sistematizado en el siglo XIII— y por la experiencia peninsular de la Reconquista, en la que la lucha contra el musulmán había fundido en una sola las categorías de enemigo político y enemigo religioso. Cuando Isabel y Fernando, coronados Reyes Católicos durante el pontificado de Alejandro VI, tomaron Granada en 1492 y patrocinaron el viaje de Colón el mismo año, esa fusión estaba plenamente disponible como esquema mental.
Los confesores y consejeros de los Reyes Católicos pertenecían a las órdenes que se reclamaban discípulas de Agustín, Francisco y Tomás de Aquino —agustinos, franciscanos y dominicos—, y serían esas mismas órdenes las que, en América, recibirían los sitios más prominentes en las nuevas ciudades. La continuidad no era accidental: la Corona no separaba la expansión política de la expansión de la fe. Lo que estaba fuera de la cristiandad se leía como paganismo o herejía, y por tanto como ausencia de derechos. De ahí que el conquistador —Ojeda, Bastidas, Fernández de Lugo, Jiménez de Quesada— llegara con una convicción heredada: que civil y religioso eran una sola cosa, y que someter a los indígenas para catequizarlos era una operación coherente, no contradictoria.
El instrumento que convirtió esa mentalidad en título jurídico fueron las bulas concedidas por Alejandro VI en 1493, mediante las cuales el papado reconoció a los Reyes Católicos, en su calidad de "príncipes cristianos", derechos sobre los territorios del Nuevo Mundo. De esa concesión se desprendió el patronato real de Indias, que concentró en la Corona tres facultades decisivas: la exclusiva para autorizar la construcción de templos mayores, el patronato en sentido tradicional castellano y el derecho de presentación de personas idóneas para los cargos eclesiásticos. La Iglesia americana nacería, así, funcionalmente incorporada al aparato de la monarquía, y la conversión de los indios sería considerada tan constitutiva de la empresa como el reconocimiento de la soberanía española.
Sobre este cimiento se erigió la lógica de la guerra justa colonial. No hacía falta que cada capitán la invocara por su nombre: bastaba con que el sistema jurídico —capitulaciones, requerimientos, cédulas— la presupusiera como marco.
Las capitulaciones y el Requerimiento: la máquina jurídica de la Conquista
La capitulación fue el contrato que, desde finales del siglo XV, la Corona firmó con los particulares que se ofrecían a descubrir y conquistar por su cuenta y riesgo. Tenía tres partes: la licencia real, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias, todas condicionadas al éxito de la empresa y a la conducta del capitán. Alonso de Ojeda obtuvo en 1499 una capitulación para explorar la costa del golfo de Paria, y ese mismo año alcanzó el cabo de la Vela: fue de los primeros instrumentos de este género vinculados a tierras del actual Colombia. Rodrigo de Bastidas adquirió en 1500 derechos para reconocer la costa atlántica entre el cabo de la Vela y el golfo de Urabá.
A partir de 1526, las capitulaciones incluyeron cláusulas expresas sobre el buen tratamiento de los indios, con lo que su carácter público se acentuó: el contrato pasaba a exhibirse como un pacto no solo entre rey y conquistador, sino con obligaciones frente a los pueblos por someter. En la práctica, esas cláusulas convivieron con la facultad de repartir tierras y encomendar indios que el mismo instrumento otorgaba al adelantado.
Complementando la capitulación, el Requerimiento —redactado en 1513 por Juan López Palacios Rubios— proveía el guion ritual que precedía formalmente al ataque. Se leía a los indígenas, en castellano y a menudo desde lejos, una exposición de la soberanía del papa, la donación alejandrina y la obligación de aceptar al rey de Castilla y la fe cristiana; si rehusaban o no respondían, la guerra que siguiera sería jurídicamente justa y sus consecuencias —muerte, esclavitud, despojo— legítimas. La ficción era transparente incluso para los contemporáneos, pero cumplía su función: convertía la agresión en respuesta.
Con ese aparato viajó, en 1536, la expedición de Pedro Fernández de Lugo, de la que formaba parte Gonzalo Jiménez de Quesada como su teniente general. Zarpó de Santa Marta con al menos diez barcos y más de mil hombres, remontó el Magdalena y llegó al altiplano muisca, donde el saqueo de oro y esmeraldas la convirtió, en cifras, en la segunda empresa más lucrativa del siglo XVI después de la de Francisco Pizarro en el Perú. Cuando Jiménez y los suyos apresaron y sometieron al cacique Sagipa para obligarlo a entregar sus tesoros, no dudaron de su derecho a aplicar sobre él toda la violencia necesaria: bastaba con no tener con él los "miramientos" que se debían a un cristiano. Casi un siglo después, fray Pedro Simón, al reconstruir el episodio, mostraría ya una cautela que en los cronistas contemporáneos —Aguado, Castellanos— no aparece.
La trayectoria: campañas, cronistas y la producción del "indio de guerra"
La guerra justa se hizo tangible en el Nuevo Reino de Granada a través de campañas específicas contra pueblos que los españoles identificaron —con criterios más militares que etnográficos— como resistentes irreductibles. La categoría operativa fue "caribe", extendida a grupos que ofrecían resistencia armada, usaban flechas envenenadas o practicaban, según los cronistas, el canibalismo. Que muchos de esos pueblos no fueran de origen caribe importaba menos que el efecto jurídico del nombre: declarar caribe a una comunidad habilitaba operaciones de castigo, esclavización y despojo que, contra un pueblo simplemente "de paz", habrían requerido más formalidades.
La expedición de Jiménez de Quesada tuvo su primer contacto con esa lógica en 1536, al alcanzar el poblado de La Tora —hoy Barrancabermeja— y trabar combate con yariguíes, carares y opones. Los cronistas de los siglos XVI y XVII pintarían a los carares como belicosos, robustos y de costumbres macabras: caracterizaciones que, además de justificar operaciones de "pacificación", coexistían con reconocimientos ocasionales de que su beligerancia respondía a la defensa del propio territorio.
El caso más extremo fue el de los pijaos, entre el alto Magdalena y las cordilleras del Tolima y Huila. Destruyeron sucesivamente Los Ángeles en 1543, San Vicente, Villavieja en 1569 y San Sebastián de la Plata en 1577, matando a los españoles y quemando las construcciones. La respuesta colonial fue una guerra larga y explícitamente exterminadora: hacia 1611 se habían realizado no menos de cuarenta y ocho expediciones contra ellos, que los llevaron al borde de la extinción. Bajo el gobierno de Juan de Borja, la campaña contra los pijaos alcanzó el rango de guerra formal, y los tres cronistas mayores del Nuevo Reino —Aguado, Castellanos y Simón— dejaron testimonio de operaciones que, examinadas hoy, tienen el perfil inconfundible del exterminio.
En el occidente, la marcha de Sebastián de Belalcázar hacia Cali y Popayán, desde el sur, dejó un rastro que Pascual de Andagoya describió sin adornos al recorrer poco después las diez leguas del camino: pueblos de quinientas y ochocientas casas reducidos a cimientos, todos los naturales muertos o huidos, la que había sido la tierra más poblada y fértil vuelta desierto. La política de masacres y quemas de Belalcázar no requería ser nombrada guerra justa para producir sus efectos, pero se inscribía en el mismo marco doctrinal: los pueblos que resistían eran, por ese solo hecho, tratados como enemigos legítimos.
La retórica cronística contribuyó a fijar las categorías. Aguado, Castellanos y Simón emplearon un lenguaje heroico de corte renacentista para presentar al conquistador como varón ilustre enfrentado a comunidades incivilizadas, y esa narrativa —forjada en las expectativas europeas más que en la observación de las sociedades indígenas— fue la que llegó a los archivos y a los tribunales. La versión colonial de la guerra no la escribieron los vencidos.
La red doctrinal: Vitoria, Las Casas, Sepúlveda y sus ecos neogranadinos
Mientras las huestes operaban en América, en las universidades peninsulares se libraba el debate sobre los títulos de la Corona y la condición de los indios. Francisco de Vitoria, desde la cátedra de Salamanca, sometió a crítica jurídica los títulos tradicionales —donación pontificia, descubrimiento, imperio universal— y sostuvo que la guerra contra los indios solo podía ser justa por causas específicas: obstáculo a la predicación, defensa de conversos, tiranía intolerable. Sus reservas abrieron el espacio que Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda ocuparían con posiciones opuestas.
Las Casas, antiguo encomendero convertido en defensor de los indios, argumentó desde la piedad y desde la razón: los indígenas eran plenamente humanos, dotados de razón y capaces de la fe, y la guerra contra ellos era injusta salvo en circunstancias extremas. Sepúlveda, apoyándose en Aristóteles, sostuvo que había pueblos naturalmente destinados a la servidumbre y que la guerra contra los indios era lícita por su idolatría, sus sacrificios y su inferioridad cultural.
El debate tuvo raíces materiales concretas. El Estado español buscaba racionalizar la explotación de la mano de obra indígena y, ante la desaparición acelerada de la población autóctona en las Antillas, tenía interés en preservarla como fuente permanente de trabajo y tributo. La discusión teológica sobre la humanidad del indio tocaba directamente la economía del imperio, y es ahí donde se produjo un desplazamiento cargado de consecuencias: a medida que la defensa jurídica del indio ganaba terreno, la carga del trabajo forzado se trasladó hacia cuerpos africanos, sobre los que la doctrina de la guerra justa había producido, por otras vías teológicas y comerciales, una legitimación paralela. Cartagena de Indias se convertiría en uno de los grandes puertos negreros de la América española, y las cuadrillas de esclavizados africanos sustituirían a los indígenas en las minas del Chocó, del Cauca y de Antioquia. La doctrina, tan minuciosa cuando se trataba del indio, guardó frente a esa violencia paralela un silencio que solo tardíamente algunos religiosos —Alonso de Sandoval, Pedro Claver— empezarían a interrogar, y nunca con la fuerza jurídica que Vitoria o Las Casas habían desplegado contra el sometimiento indígena.
En el Nuevo Reino, los ecos de esa disputa llegaron desfasados. La ideología del conquistador de los años 1530 y 1540 era todavía la medieval-ibérica: paganismo igual a ausencia de derechos, y guerra contra el indígena reticente como continuación natural de la Reconquista. Los debates lascasianos produjeron efectos legales —las Leyes Nuevas de 1542, la creación de la Audiencia de Santafé en 1549, la prohibición de esclavizar indios—, pero apenas atenuaron la lógica sobre el terreno. Un siglo más tarde, fray Pedro Simón mostraría una cautela mayor que la de Aguado al describir la violencia contra los caciques muiscas: la conciencia había cambiado, aunque el andamiaje colonial no.
Las instituciones herederas: encomienda, mita, reducción
Los debates de Salamanca y Valladolid no se quedaron en los tratados. Descendieron —lentamente, imperfectamente— a cédulas, ordenanzas y visitas, y sobre todo dieron forma a las instituciones con las que la Corona, hacia mediados del siglo XVI, quiso ordenar lo que hasta entonces había sido botín. Hacia 1550 se cierra la sociedad de conquista, hecha de saqueo y hueste, y se abre la organización colonial de la explotación indígena mediante instituciones estables. La guerra justa no desapareció con ese giro: bajó de escala, se rutinizó, se hizo administración cotidiana.
La primera fue la encomienda. Al conquistador se le asignaba un pueblo preexistente —clan, tribu, cacicazgo— obligado a pagar tributo en trabajo, bienes agrícolas o mercancías. El cacique, convertido en intermediario forzoso, respondía por la entrega en nombre de su comunidad. El encomendero se obligaba, a cambio, a garantizar la catequización de los indios y a no separarlos de su comunidad. En el discurso institucional, la evangelización era la contrapartida ética del tributo. En la práctica, la encomienda fue un sistema de control y utilización de mano de obra en el que el encomendero disponía casi sin límites de la fuerza de trabajo asignada, y los caciques —presionados desde arriba y desde abajo— quedaron atrapados entre la lealtad al grupo y la exigencia colonial.
La mita completó el arreglo. Ya no bastaba con el tributo local: los indígenas eran desplazados periódicamente para trabajar en haciendas, minas o ciudades, especialmente en la extracción de oro y otros metales, y esa movilidad forzosa rompía los ciclos agrícolas, separaba familias y drenaba comunidades enteras hacia los frentes extractivos. La reducción, tercer engranaje, agrupó a las comunidades dispersas en pueblos concebidos para facilitar el control, el tributo directo al rey y la evangelización sistemática. La doctrina de reducir a los indios a caseríos "para que vivieran en policía cristiana" quedó expresada en instrucciones reales desde 1551, como la dirigida a Sancho de Clavijo en Panamá, y se convirtió en la fórmula estándar para justificar el despojo de las formas dispersas de vida.
Los tres engranajes se articulaban entre sí. La reducción concentraba a la gente para que la encomienda pudiera contarla, y la mita la extraía cuando los frentes mineros o urbanos lo requerían. La lógica de la guerra justa, incorporada a este mecanismo, cambió de escala: ya no autorizaba operaciones militares puntuales, sino un régimen permanente en el que la resistencia a la reducción, al tributo o a la catequización podía reactivarse en cualquier momento como causa justa de una nueva campaña. Bastaba con que una comunidad se negara al traslado, huyera al monte o dejara de pagar el tributo para que el dispositivo militar volviera a activarse con cobertura doctrinal.
Los efectos fueron devastadores. La población indígena de la provincia de Tunja, calculada por Juan Friede en cerca de 215.000 personas en 1537, se había reducido a apenas 25.000 en 1757: el 90% en dos siglos, con una caída del 25% solo en los primeros veinticinco años. En Popayán, la merma fue del 90% en 68 años; en Cartago, del 97% en apenas cincuenta. Los quimbaya pasaron de 100.000 a 40 individuos en cuarenta años.
Estas cifras revelan una verdad incómoda para la mera doctrina: pueblos como el muisca, jamás declarados "de guerra", sufrieron catástrofes comparables a las de los pijaos exterminados en campaña. La violencia estructural del régimen colonial —encomienda, mita, epidemias, desestructuración social— era suficiente por sí sola para producir exterminio sin necesidad de invocar la guerra justa. La doctrina no fue, entonces, la causa única del colapso demográfico; fue el mecanismo de intensificación y legitimación de la violencia allí donde había resistencia armada. Donde los pueblos resistían, la guerra justa aceleraba el exterminio con cobertura jurídica; donde se sometían, las instituciones producían el mismo resultado por vías más lentas. Ambas lógicas se retroalimentaron.
Corona, Audiencia y órdenes: el control mutuo de un régimen violento
La Corona no ignoraba los excesos. Los conocía, y trató de administrarlos. Las Leyes Nuevas de 1542, promovidas en parte por la insistencia de Las Casas, limitaron el goce de las encomiendas a solo dos generaciones sucesivas y ordenaron un trato más benigno a los indios. Su aplicación provocó una guerra civil en el Perú, y la Corona optó por suspenderlas en el Nuevo Reino de Granada. La ambigüedad no fue casual: entre proteger al indio como fuente permanente de trabajo y satisfacer a los encomenderos que buscaban su máximo provecho inmediato, la monarquía oscilaba según la coyuntura, disfrazando con ropaje religioso o humanista cálculos de racionalización económica.
La Real Audiencia de Santafé, creada en 1549, respondía a una arquitectura jurídica de fondo: el concepto medieval de justicia retenida. Los actos de los gobernantes americanos eran controlados por servidores administrativos y no por jueces de carrera, sin separación funcional ni independencia respecto de la administración central. Amparo, súplica y apelación eran los recursos disponibles, todos filtrados por la misma maquinaria que producía los agravios.
Sobre esa base se tejió un sistema de control mutuo que —junto con el Consejo de Indias, virreyes, corregidores y gobernadores— la monarquía usó para contrabalancear a los distintos órganos de la administración colonial. Dos instrumentos daban al entramado su nervio cotidiano: la visita —general o de la tierra—, para obtener informes amplios sobre la administración, la hacienda y la situación de la población indígena; y el juicio de residencia, que examinaba la gestión de los funcionarios al concluir su cargo. El oidor Grajeda, por ejemplo, condujo el proceso contra el conquistador Montaño, sobre quien confluyeron quejas de la Audiencia, el cabildo, los oficiales reales y miembros prominentes de la sociedad santafereña.
Los límites del dispositivo aparecían en el ras del suelo. Los funcionarios reales llegaban con séquitos de familiares y dependientes a quienes favorecían con encomiendas, y esos favoritismos generaban conflictos que el propio sistema no lograba conjurar. A partir de 1570, el monopolio de mano de obra por parte de los encomenderos alimentó nuevas fricciones y forzó al aparato colonial a ensayar mecanismos correctivos.
El brazo eclesiástico operó dentro del mismo entramado. Los sitios más importantes de las ciudades coloniales se otorgaron a los conventos de agustinos, franciscanos y dominicos —las mismas órdenes cuyos maestros habían formado la conciencia de los Reyes Católicos—, y clérigos y religiosos se integraron a la estructura junto a encomenderos y administradores. La evangelización no fue un proyecto paralelo al del Estado: fue política de Estado, porque la expansión de la monarquía y la de la fe se pensaban como una sola cosa. El Concilio de Trento (1545-1563) proveyó instrumentos catequéticos como el Catechismus ad Parochos, que se difundieron ampliamente en Hispanoamérica y modelaron la formación religiosa de los católicos latinoamericanos. El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, establecido en Cartagena de Indias, añadió una jurisdicción propia sobre creencias y prácticas, con peso político y social equiparable al de los tribunales civiles.
Cuando en el siglo XVIII las reformas borbónicas buscaron centralizar el poder, las órdenes religiosas fueron miradas con desconfianza precisamente por la independencia mostrada bajo los Habsburgo y por depender de autoridades internacionales fuera de España. La Compañía de Jesús fue considerada la más peligrosa: por la autonomía de sus reducciones, imposibles de vigilar, y por enseñar doctrinas jurídicas del siglo XVI —herederas de Vitoria y Suárez— que en el clima absolutista dieciochesco se leían como subversivas. La expulsión de 1767 cerró ese ciclo.
Las fronteras que no se sometieron: Chocó, Darién, Guajira
No todos los territorios cedieron. En las fronteras del Nuevo Reino, la guerra justa continuó operando como marco de campañas puntuales durante los siglos XVII y XVIII, y su fracaso reiterado reveló los límites del sistema.
En el Chocó, los intentos de reducción emprendidos desde mediados del siglo XVII por franciscanos como Simón Amigo y Luis Antonio de la Cueva, hacia 1665, encontraron una hostilidad persistente. El sistema de reducción exigía que las comunidades sostuvieran a los misioneros, y en una región con largo historial de contacto europeo y acceso al oro los frailes ofrecían poco atractivo adicional. La ausencia de un sistema político centralizado con el que negociar obligaba a repetir el intento pueblo por pueblo, y la persistencia indígena en formas dispersas de vida frustró la construcción de una red estable de reducciones. Cada intento fallido, cada misionero replegado o muerto, reactivaba en los papeles de la Audiencia la clasificación de los chocoes como pueblos "de guerra", y con ella el ciclo de expediciones punitivas que la doctrina autorizaba.
En el Darién, la política de frontera borbónica tardía, impulsada tras el nombramiento de José de Gálvez como ministro de Indias, recurrió crecientemente al ejército para pacificar y colonizar naciones indígenas soberanas. La campaña fracasó de manera manifiesta: aunque algunos caciques kuna aceptaron títulos de capitanías asalariadas, rechazaron abiertamente el vasallaje al rey de España y continuaron comerciando con los británicos. La Guajira ofreció una resistencia comparable: los wayúu mantuvieron autonomía efectiva frente a los intentos coloniales de sometimiento, controlaron rutas de contrabando con las Antillas y forzaron a la Corona a alternar entre la campaña militar y la negociación pragmática, sin lograr nunca la reducción efectiva.
Estos fracasos son reveladores. Muestran que la resistencia armada indígena —y no solo la doctrina española— determinó quién quedaba dentro o fuera del régimen de guerra justa. Los grupos que combatieron con eficacia forzaron a los españoles a activar el dispositivo jurídico contra ellos; y al hacerlo, esos mismos pueblos configuraron involuntariamente las categorías legales que los perseguían. Los pijaos, los carares, los kunas no fueron meros objetos de una clasificación foránea: al resistir, moldearon la frontera del régimen colonial. Los grupos con rasgos de sociedades bandales que sostuvieron la lucha armada lograron, con más frecuencia que los sedentarios cohesionados, evadir la encomienda —al precio, en el caso pijao, de la extinción.
La propia frontera fue territorio de acomodaciones. Las rochelas y palenques del Caribe neogranadino —refugios de indios, zambos, mulatos y negros que huían de la reducción forzada— aparecen en los documentos coloniales como formas de resistencia, aunque los movimientos frecuentemente eran instigados o liderados por magnates y sacerdotes locales que dominaban la zona sin ser cuestionados. Ni todo era heroísmo cimarrón ni todo era sometimiento: la frontera fue una zona de negociación en la que la guerra justa se aplicaba de manera intermitente, según convenía a los poderes locales.
La huella: del "indio bravo" al resguardo dividido
Con la Independencia, el vocabulario colonial se transformó, pero su lógica sobrevivió. Los legisladores republicanos del siglo XIX, inspirados en el principio racionalista de igualdad ante la ley, abolieron la legislación protectora colonial —propiedad, tributación, trabajo— y equipararon formalmente al indígena con los ciudadanos más ilustrados de las clases dirigentes, concediéndoles derechos que no estaban en capacidad de ejercitar. El caso más patente fue la división y comercialización de los resguardos, las tierras comunales de indios, cuyo desmantelamiento facilitó una nueva ola de despojo bajo el signo del liberalismo.
Al mismo tiempo, las regiones que la Colonia no había logrado someter —Guajira, Chocó, llanuras del Casanare y del Meta, selvas del Putumayo y del Caquetá— fueron redefinidas como territorios de "salvajes", "bárbaros" o "indios bravos", categorías que operaban con la misma lógica clasificatoria que en el XVI había habilitado la guerra justa. Sobre ese fundamento se emprenderían, a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, nuevas campañas de "pacificación", "reducción" y "civilización", esta vez a cargo de misiones católicas amparadas por el Concordato y de ejércitos republicanos financiados por el naciente Estado colombiano.
La guerra justa dejó tres herencias. La primera, demográfica: pueblos enteros desaparecidos o reducidos a fragmentos, un mapa étnico rehecho por la violencia, y la sustitución parcial de la mano de obra indígena por la africana esclavizada, con sus propias catástrofes. La segunda, jurídica: la costumbre de dividir a los habitantes del territorio en categorías —vasallos, rebeldes, forajidos, bárbaros— que activaban regímenes diferenciales de derechos, un hábito que sobrevivió a la República y que se rastrea en las leyes de misiones, en los códigos indígenas y en la propia geografía del reconocimiento constitucional posterior. La tercera, discursiva: la retórica heroica renacentista con que Aguado y Castellanos pintaron al conquistador dejó plantillas narrativas que los historiadores del siglo XIX heredaron y que solo en las últimas décadas la etnohistoria ha comenzado a desmontar sistemáticamente.
Nombrar hoy con precisión lo que la guerra justa fue —no una teoría abstracta, sino un tamiz que separaba, cédula por cédula y hueste por hueste, a los que podían ser muertos de los que debían ser tributarios— es la condición para leer sin eufemismos las cifras de Tunja, los cimientos que vio Andagoya en el camino de Popayán, las cuarenta y ocho expediciones contra los pijaos, la caída del 97% en Cartago. Y para entender por qué la resistencia de los pueblos indígenas del actual Colombia no fue un accidente de la historia colonial, sino la respuesta racional a un régimen que había resuelto, desde 1493, que su existencia misma era una causa lícita de guerra.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Conquista1499–15991
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Francisco de Vitoria — teólogo salmantino que sometió a crítica los títulos tradicionales de la Corona y delimitó las causas lícitas de guerra contra los indios, abriendo el espacio del debate doctrinal
- 02Bartolomé de las Casas — antiguo encomendero convertido en defensor de los indígenas, argumentó que la guerra contra ellos era injusta salvo en circunstancias extremas; su posición tuvo raíces materiales en la necesidad de la Corona de preservar la mano de obra indígena
- 03Juan Ginés de Sepúlveda — humanista que, apoyándose en Aristóteles, sostuvo que había pueblos naturalmente destinados a la servidumbre y que la guerra contra los indios era lícita por su idolatría e inferioridad cultural
- 04Juan López Palacios Rubios — jurista redactor del Requerimiento en 1513, instrumento que ritualizó la declaración de guerra justa antes de cada ataque
- 05Gonzalo Jiménez de Quesada — conquistador del altiplano muisca cuya expedición de 1536 aplicó la lógica de la guerra justa en el Magdalena y el altiplano, con el episodio del cacique Sagipa como caso paradigmático
- 06Sebastián de Belalcázar — conquistador del occidente neogranadino cuya campaña hacia Cali y Popayán dejó, según Pascual de Andagoya, pueblos de quinientas y ochocientas casas reducidos a cimientos
- 07Juan de Borja — gobernante colonial bajo cuyo mando la guerra contra los pijaos alcanzó rango de guerra formal y exterminadora hacia 1611
- 08Requerimiento — instrumento ritual que convertía la negativa indígena en causa jurídica de guerra justa, complementando las capitulaciones
- 09Encomienda — institución que organizó la explotación del trabajo indígena tras la conquista; la guerra justa decidía qué pueblos podían ser encomendados y en qué condiciones
- 10Bulas alejandrinas — fundamento pontificio de 1493 que otorgó a la Corona derechos sobre el Nuevo Mundo y articuló la dimensión religiosa de la guerra justa con la soberanía política
- 11Reconquista — experiencia peninsular que fusionó enemigo político y enemigo religioso, proveyendo el esquema mental con el que los conquistadores equipararon paganismo a ausencia de derechos
- 12Nueva Granada — territorio donde la doctrina de la guerra justa se aplicó de forma sostenida entre 1499 y mediados del siglo XVII, dejando huellas demográficas, jurídicas y lingüísticas de larga duración
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
45 documentos · 61 fragmentos
01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 252 citas
[1]de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…
p. 25
[2]una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…
p. 25
02Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 291 cita
[3]Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…
p. 29
03Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 61 cita
[4]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…
p. 6
04La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 531 cita
[5]más importantes de la estructura colonial” 66 Esta identificación entre la Corona y la Iglesia marcó el proceso evangelizador que coincide con el proyecto político. ¿Pero cuáles eran los rasgos del conquistador? El español llegaba con una característica esencial y era el ser creyente de cris- tiandad. Es decir, una…
p. 53
05La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 67, 832 citas
[6]sobre la “humanidad” del indio. La propia exp e riencia colonizado- ra en el sur de España abrió la posibil i dad de” concebir un nuevo tipo de poblamiento para las ti e rras de ultramar, con plaza rectangular y calles rectas, un poco más eficiente que el antiguo en la Iberia (Foster, 1960). El mismo ambiente…
p. 67
[13]parte del i m pulso de las conquistadores provenía del no muy celestial afán de rique- za y del ansia de poder. Su ideal de hombría era el soldado, y aun los religiosos y místicos resultaron ser “caballeros a lo divino”. Aunque hablaban mucho de la justo, demostra- ron tener solo un sentido abstracto de la justicia y…
p. 83
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 24, 422 citas
[7]cumplidas- del mandante (Ots Capdequi, 1946). Las capitulaciones tenían tres partes según el autor: la licencia del Rey para conquistar y descubrir, las obligaciones del descubridor y las mercedes regias concedidas por la Corona, y el carácter condicional de las mercedes, supeditadas al éxito de la empresa y la…
p. 24
[31]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…
p. 42
07Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 851 cita
[8]pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…
p. 85
08Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 30, 422 citas
[9]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…
p. 30
[15]Túquerres, en 1800, los rebeldes —indios y mestizos— mataron al corregidor y a su hermano; tres acusados fueron condenados a muerte. _______________ 22 “Los indios deben ser reducidos a caseríos y no permitidos a vivir divididos y separados en montañas y selvas, donde están privados de todo consuelo espiritual y…
p. 42
09Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 291 cita
[10]de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…
p. 29
10Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 541 cita
[11]así ex - poliar otros pueblos. Agotada esta segunda instancia, se hizo necesario “sistematizar la explotación de sociedades indígenas para mantener los frutos de la Conquista” (Colmenares, 1997 a, p. 4). La tesis, enmarcada 54 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 dentro de la lógica de una…
p. 54
11The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 371 cita
[12]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
12Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 69, 952 citas
[14]conquistados. En desarrollo de esa política fueron introducidos en América los primeros esclavos africanos. El cambio en la concepción y valoración del indígena tuvo sus raíces materiales muy concretas. Con la dominación colonialista en las Antillas y la intensísima tasa de explotación, la población autóctona estaba…
p. 95
[33]explotación de los indígenas, pero por causa de esta tendencia adoptó instituciones que garantizaran a los conquistadores el no interferir su prejuicio con respecto al trabajo material y que les permitieran vivir de sus rentas a costa de los sometidos.⁷⁸ Pero esta tendencia no se hubiera concretado si no hubieran…
p. 69
13La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 71, 732 citas
[16]en mucho y creyeron ser gran cosa, y dende á otros cuatro ó cinco días hobo otros 300 que se les hizo la misma fiesta (Andagoya 1829: 440-442). EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 74 L a g e n t…
p. 73
[23]h a s t a 1 9 7 1 pueblos en la ruta a Cali, llamada entonces Lili o Lile. Masacres y quema de casas se convirtieron en su política, pueblos enteros fueron arrasados o destruidos completamente. Pascual de Andagoya, que sirvió brevemente como adelantado de la provincia de Popayán, describió lo que encontró en su…
p. 71
14El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2871 cita
[17]para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…
p. 287
15El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2871 cita
[18]para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…
p. 287
16Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 1421 cita
[19]1 Heredia, Pedro de founder of Cartagena, 39 n. 9 governor of Cartagena, 9 n. 19, 29, 29 n. 17 Hernández, Gonzalo, 46 n. 25, 57 Hernández Gallegos, Diego, 42 n. 17, 49, 52 injured in battle, 57 Hierro Maldonado, Hernando, 96 n. 26 Hispaniola, 3, 32, 39 n. 8 horses, 21, 28, 29 n. 16, 35 n. 1, 72, 84, 88, 96, 97, 105,…
p. 142
17El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 181 cita
[20]encontrar uno de los afluentes del río San Juan, sigue por este aguas abajo hasta encontrar el punto inicial. ATCC, CPDPMM, PDR. Plan de desarrollo integral del área de influencia de la ATCC 2.004 – 2.014 “Desarrollo integral con todos y para todos”. La India, Febrero 2004. capítulo 3. Pp. 4-5. 20 ATCC, CPDPMM, PDR.…
p. 18
18Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35, 1212 citas
[21]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…
p. 35
[29]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…
p. 121
19Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 861 cita
[22]que desprecio por los gimoteos de piedad de sus víctimas. Su concepto del valor marcial como guerreros era soportar, sin dar muestra alguna de debilidad o dolor, la tortura y el desmembramiento por parte de perros salvajes, a los que invariablemente los sometían los españoles cuando los capturaban. En 1543, los pijaos…
p. 86
20Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 351 cita
[24]poética del Renacimiento para pintar con tintes heroicos a los conquistadores de la zona equinoccial como héroes de la Ilíada o la Odisea, como varones ilustres que se aventuraban por un territorio selvático, con ríos y montañas enormes, que se enfrentaban a comunidades indígenas que no se caracterizaban por su…
p. 35
21Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 27, 462 citas
[25]quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…
p. 27
[36]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…
p. 46
22Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 271 cita
[26]Nuñez de Balboa founded Santa Mar í a la Antigua del Darién in 1510. This was the first city in what today we call Colombia, and one of the first of Spanish origin on the American continent. However, the conquerors soon understood they were facing nations with different languages, customs, hierarchical regimes,…
p. 27
23Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1091 cita
[27]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…
p. 109
24Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 3031 cita
[28]nuestras ideas sobre por qué la gente va a la guerra, muere y mata. En el momento de la Conquista, los indígenas tenían conflictos entre sí y no hay duda de que sus desavenencias se remontaran a épocas muy anteriores. La escasa información arqueológica con que se cuenta confirma que la violencia no fue desconocida,…
p. 303
25Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 481 cita
[30]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…
p. 48
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[32]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…
p. 13
27Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 233 citas
[34]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[41]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
[42]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
28¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 341 cita
[35]de la tierra, se ha solido enseñar, se expresó mediante diferentes instituciones: una fue la encomienda, donde un grupo indígena era obligado a trabajar para un español -el encomendero- que lo recibía en recompensa por su participación en la Conquista, a cambio de no separarlo y garantizar su conversión al…
p. 34
29Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 751 cita
[37]pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…
p. 75
30Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2981 cita
[38]y con ellos sus madres, desgastadas prematu- ramente por los múltiples partos y por el arduo trabajo de la casa y la parcela. La poca comida y las enfermedades hacen que el crecimiento de las poblaciones del Cauca indí- gena sea más lento que el de las poblaciones del Cauca campesino. La pausada expansión demográfica…
p. 298
31Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 11 cita
[39]43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…
p. 1
32Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 631 cita
[40]la rap iñ a y las g u erras faccionales de la C onquista y la institucionalización m ás re p o sad a del resto del p eriodo colonial. En el orden político, en los sistem as de p roducción y en el trato a las poblaciones indígenas som etidas, los españoles m an tu v iero n algunos com portam ientos característicos del…
p. 63
33Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 165, 3462 citas
[43]y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…
p. 346
[44]Real Audiencia. Si desplegaba su ira contra los dominicos por su mundano vivir y por la suntuosidad de la iglesia que estaban construyendo, no faltaban tampoco cr í ticas contra su pro pia Orden. Las quejas que continuamente llegaban contra Barrios al Consejo de Indias, acus á ndolo de maltrato de los religiosos, de…
p. 165
34Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1701 cita
[45]de los virreyes, presiden- tes y audiencias y aun en los funcionarios de menor categoría como corregidores, gobernado- res y alcaldes que pudieron, simultáneamente, dictar providencias de carácter legal, servir de instancia de apelación en los litigios civiles y cri- minales y ordenar el cumplimiento de las leyes. Los…
p. 170
35Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 291 cita
[46]eran uni - ficadas, centralizadas y solo existió una autoridad normadora: la voluntad real. En el anterior sentido, entonces, el llamado control jurídico de los actos de los gobernantes coloniales americanos es una derivación del concepto de justicia retenida que operó en el medioevo y ejercido desde la administración…
p. 29
36Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 11 cita
[47]89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…
p. 1
37Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
[48]Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…
p. 10
38Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 1061 cita
[49]century, there were significant differences between the Atrato, San Juan, and Baudó Rivers. Water was central to how the Chocó and the Pacific were understood and traversed. Jiménez notes that during the colonial period, the region was divided by natural borders and characterised by cultural politics; saw renewed…
p. 106
39Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 821 cita
[50]contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…
p. 82
40Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1381 cita
[51]y respuestas al alcance de to- dos. Su uso es antiguo en la vida de la Iglesia y desde fines de la Edad Media aparecieron textos de doctrina cristiana para los niños y el pueblo y fue el Concilio de Trento, con su Catechismus ad Pa- rochos, que inició la obra de los catecismos manuales de uso en todo el m u n d o. En…
p. 138
41Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 187, 1904 citas
[52]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…
p. 187
[53]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…
p. 187
[54]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…
p. 190
[55]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…
p. 190
42La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 401 cita
[56]títulos individuales de 60 varas cuadradas, las que se tomaban en sabanas, aventaderos y cerros; en quebradas o madre de río eran de 80 varas cuadradas. Estaba específicamente establecido que el dueño de más de una cuadrilla de negros, no podía gozar de muchas minas, cada una de las cuales debía ser estacada y…
p. 40
43Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 46, 562 citas
[57]the appointment of the uncompromising reformer José de Gálvez as minister of the Indies, throughout its American domin- ions the Crown increasingly relied on the army to pacify and colonize the still sovereign indigenous nations. In New Granada, this new frontier policy targeted the Darién and, to a lesser extent, the…
p. 46
[60]in response to forced resettlement and often were not autonomous movements, but were instigated or led by local magnates. For example, Palacios de la Vega claimed that near Nechí he faced alone three hundred armed men and ‘‘a troop, in my opinion, of over two hundred concubines [armed] with lances, machetes and…
p. 56
44Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 46, 562 citas
[58]the appointment of the uncompromising reformer José de Gálvez as minister of the Indies, throughout its American domin- ions the Crown increasingly relied on the army to pacify and colonize the still sovereign indigenous nations. In New Granada, this new frontier policy targeted the Darién and, to a lesser extent, the…
p. 46
[61]in response to forced resettlement and often were not autonomous movements, but were instigated or led by local magnates. For example, Palacios de la Vega claimed that near Nechí he faced alone three hundred armed men and ‘‘a troop, in my opinion, of over two hundred concubines [armed] with lances, machetes and…
p. 56
45El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 4321 cita
[59]ocurrió con toda la legis- lación sobre indígenas. Las leyes de Indias se acogieron al hecho de que en una sociedad donde existían grupos so- ciales tan diferentes como los indígenas, los criollos y los españoles, los primeros necesitaban una especial protec- ción de la ley, lo cual dio por resultado toda la…
p. 432