Alonso de Sandoval
Colonia
1576–1652
La biografía
Alonso de Sandoval (1576/77–1652) fue el jesuita que convirtió el desembarcadero de esclavizados de Cartagena de Indias en objeto de estudio y de conciencia. Desde una casa de la Compañía a pocos pasos del muelle, escribió el primer tratado europeo sobre los pueblos africanos redactado íntegramente en América, catequizó a decenas de miles de recién llegados durante casi cuatro décadas, formó a Pedro Claver y dejó, en la misma obra, la denuncia más lúcida del trato brutal que recibían los cautivos y la aceptación más elaborada de la institución que los producía. Su lugar en la historia de Colombia es doble: es la voz que documenta el ingreso masivo de africanos al Nuevo Reino de Granada en el siglo del asiento portugués y es, a la vez, el arquitecto teológico de una misión que humanizaba al esclavizado sin cuestionar la esclavitud.
Línea de vida
- 1576
Nacimiento en Sevilla
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Nació en Sevilla, ciudad por la que pasaba el monopolio comercial con las Indias a través de la Casa de Contratación, entre 1576 y 1577.
- 1590
Ingreso a la Compañía de Jesús en Lima
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Llevado muy joven a Lima, ingresó a la provincia jesuítica peruana, la más antigua y consolidada de Sudamérica, donde recibió formación en humanidades, filosofía y teología.
- 1604
Llegada a Cartagena de Indias
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Fue destinado a la casa jesuita de Cartagena, cuya presencia se extendería entre 1604 y 1767, para hacerse cargo del ministerio pastoral con los africanos esclavizados que desembarcaban en el mayor puerto negrero de la América hispánica.
- 1610
Formación de Pedro Claver como discípulo
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Cuando Claver llegó a Cartagena en 1610, Sandoval asumió su dirección espiritual y pastoral, transmitiéndole el método de los intérpretes africanos, el trabajo individual y los límites teológicos de la evangelización sin denuncia de la esclavitud. Claver lo reconocería después como su maestro.
- 1627
Publicación del tratado sobre los africanos esclavizados
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Publicó en Sevilla su tratado, cuyo subtítulo prometía tratar la 'policía sagrada i profana, costumbres i ritos, disciplina i catecismo de todos los Etíopes'. Es el primer tratado europeo sobre los pueblos africanos redactado íntegramente en América y la fuente empírica más importante del período sobre la trata atlántica, incluyendo su estimación del veinte por ciento de mortalidad en la travesía.
- 1652
Muerte en Cartagena de Indias
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Murió en Cartagena en 1652, tras casi cuatro décadas de ministerio en el puerto, habiendo catequizado a decenas de miles de africanos esclavizados y dejado una obra que sería reeditada en Bogotá en 1956 bajo el título 'El mundo de la esclavitud negra en América'.
La semblanza
Sandoval pertenece al tramo del jesuitismo colonial en que la Compañía de Jesús, todavía joven en América, empezó a especializarse por regiones y públicos. Le tocó Cartagena y le tocaron los africanos. Su vida —Sevilla al nacer, Lima en la formación, Cartagena en la obra— dibuja el arco por el que transitó también el tráfico negrero: partió de la metrópoli, se educó en la capital virreinal peruana y se instaló en el puerto de arribada donde ese comercio se hacía carne, subasta y evangelización.
Lo distingue una excepcionalidad tranquila. No fue mártir ni fundador; no dejó una orden nueva ni una diócesis. Fue párroco de un tránsito. Pero de ese tránsito, que sus contemporáneos veían como aduana y contabilidad, extrajo un archivo etnográfico, teológico y moral cuya envergadura recién empezó a medirse en el siglo XX. Su tratado, reeditado en Bogotá en 1956 bajo el título El mundo de la esclavitud negra en América, es hoy fuente ineludible para cualquier historia de la trata atlántica, y muy en particular para la de Cartagena, el mayor puerto negrero del continente entre 1580 y 1640.
Que esa misma obra no impugne la esclavitud como institución no es descuido ni cobardía: es el núcleo mismo de una postura que buscaba salvar almas dentro del orden existente. Sandoval encarna, con más nitidez que cualquier otro personaje del siglo XVII neogranadino, la contradicción estructural de la Compañía en la Colonia Madura: crítica del trato, cómplice del sistema, indispensable para ambos.
Los orígenes: de Sevilla a Lima
Sandoval nació en 1576 o 1577 en Sevilla, la ciudad puerto por la que en ese momento pasaba, monopolizada por la Casa de Contratación, la práctica totalidad del comercio con las Indias. Muy joven fue llevado a Lima, donde su familia se integró al entramado administrativo del virreinato del Perú y donde él ingresó a la Compañía de Jesús. La provincia jesuítica peruana era, en las últimas décadas del siglo XVI, la más antigua y consolidada de Sudamérica: había sido cabeza misional del continente, base de las primeras cátedras, matriz de la que se desprenderían luego las viceprovincias del Nuevo Reino y de Quito.
En Lima recibió la formación clásica jesuita: humanidades, filosofía, teología, y el método universitario que la Compañía había codificado en 1605 sobre la tríada de la lectio, la dictatio y la disputatio. Ese método, que se extendería por toda la red educativa jesuita —desde el San Bartolomé en Santafé hasta los colegios de provincia— sería el más duradero de la universidad colonial neogranadina, prácticamente inalterado hasta finales del siglo XVIII. Sandoval no fue teórico universitario, pero su prosa argumentativa, la escrupulosidad con que ordena categorías y la voluntad enciclopédica de su tratado llevan la huella de esa disciplina intelectual.
Lo determinante ocurrió a comienzos del siglo XVII, cuando fue destinado a Cartagena de Indias. Para un joven jesuita formado en el corazón administrativo del Perú, aquel traslado no era un ascenso en el sentido curial: era enviarlo al puerto, al polvo, al ruido del muelle. Pero era también enviarlo al lugar donde la Compañía apostaba entonces su mayor experimento pastoral en la América hispánica. La casa jesuita de Cartagena, cuya presencia se extendería entre 1604 y 1767, se organizó desde el principio en torno a un problema específico: qué hacer, ministerial y teológicamente, con los africanos que desembarcaban por miles.
La trayectoria: Cartagena y la obra
A Sandoval le correspondió responder esa pregunta durante casi cuatro décadas. El período de su ministerio coincide con el de mayor esplendor de la ciudad y con la fase más intensa del tráfico negrero autorizado: entre 1580 y 1640, entraron por Cartagena, bajo registro, no menos de 110.000 esclavizados africanos. Sumado a los cargamentos anteriores y posteriores del período colonial, el puerto recibió alrededor de 196.000 personas, cifra que lo convierte en el mayor puerto de entrada de esclavizados en la América hispánica.
Sandoval trabajaba en ese engranaje. Los barcos arribaban; los africanos, muchos aún convalecientes de la travesía, eran marcados con la coronilla real —las operaciones de palmeo y carimba— y subastados públicamente por lotes, las llamadas piezas de indias. Desde el muelle salían luego, en grupos pequeños, por los ríos Magdalena y Cauca hacia Santa Fe, Antioquia, Cali, Popayán, el Chocó y los demás centros de explotación minera y agrícola del Nuevo Reino. Antes de esa dispersión, en el intervalo entre el desembarco y la venta, entraba en escena el jesuita.
Su labor era, en apariencia, elemental: catequizar y bautizar. En la práctica era colosal. Los cargamentos llegaban con personas que hablaban decenas de lenguas y venían de regiones que en Europa eran nombres vagos: los Ríos de Guinea, las Islas de Cabo Verde, Angola, el Congo, la costa de Mina, la región de Arará. Sandoval aprendió a distinguirlos, a interrogarlos, a clasificarlos. Se rodeó de intérpretes africanos —esa práctica la heredaría luego Claver, con Andrés Sacabuche, natural de Angola, como el más célebre— y compiló, año tras año, un saber que ningún europeo tenía en ese formato: qué grupos existían, cómo se llamaban, qué ritos practicaban, cómo se comunicaban, qué diferencias había entre un bambara del interior de Senegambia, un cetre de Liberia y un cotocolí del hinterland del golfo de Benín.
De ese trabajo surgió su tratado. La primera edición apareció en 1627. El subtítulo, extenso al modo del siglo, prometía tratar la policía sagrada i profana, costumbres i ritos, disciplina i catecismo de todos los Etíopes, término este último —etíopes— que en la lengua del período designaba genéricamente a los africanos y cuyo uso Sandoval contribuyó a fijar en el vocabulario colonial americano. Es, en esencia, un manual pastoral, pero desbordado por un impulso enciclopédico: los orígenes geográficos, las lenguas, la religión, los cuerpos, las enfermedades, las condiciones del embarque, el viaje, el desembarco. Es también, sin proponérselo del todo, un catálogo del sufrimiento.
Sandoval escribe como testigo ocular. Documenta que los recién llegados morían "podridos y llenos de gusanos", víctimas de azotes y tormentos, y que las autoridades judiciales de Cartagena levantaban informaciones sobre esas muertes cotidianamente. Estima en un veinte por ciento la mortalidad media de la travesía atlántica —cifra que la historiografía moderna ha discutido y afinado, pero que fue durante siglos la única referencia empírica del período—. Consigna casos extremos: un cargamento de quinientos esclavizados enviado desde Cabo Verde a Nueva España perdió ciento veinte personas en una sola noche y casi trescientos antes de llegar a México, una merma cercana al sesenta por ciento. Describe la inspección de los cuerpos en el mercado, con los compradores abriendo a la fuerza la boca de los africanos para examinar la dentadura, como en las ferias de caballos. Registra que el precio en los puertos de arribada oscilaba entre 200 y 400 pesos y que se duplicaba tierra adentro; que en el mercado de Cartagena, durante el asiento de la Compañía de Portugal, el promedio se situó en 270 pesos; que las mujeres valían menos que los hombres, diferencia que fue moldeando la composición de los cargamentos hasta reducir la proporción femenina a un tercio hacia 1524.
En la misma obra convive la teología. Sandoval discute la licitud de la esclavitud africana con los teólogos y juristas de su tiempo, consulta por carta al padre Luis Brandão en Angola sobre las prácticas de captura en origen, sopesa los títulos jurídicos que legitiman —o no— cada cautiverio. Su conclusión, en la línea dominante entre los jesuitas ibéricos del período, es que la institución, adecuadamente conducida, es lícita; que el problema son los abusos, no el orden. Esa conclusión sostuvo su ministerio y le dio la energía moral para denunciar el trato cruel sin poner en cuestión el negocio en cuya periferia trabajaba.
Sandoval murió en Cartagena en 1652, tras haber visto pasar por el muelle a decenas de miles de africanos y haber formado, casi como su obra más consecuente, al hombre que la Iglesia canonizaría como el esclavo de los esclavos.
La red: Claver, la Compañía, el puerto
La escena que mejor define a Sandoval no aparece en su tratado sino en un testimonio de Pedro Claver. Claver cuenta que llegó junto a su maestro a asistir a un moribundo y lo encontró expirado en medio de un patio: desnudo, tendido boca abajo, cubierto de moscas, sin que nadie le prestara atención, tratado como si fuera un perro. Ese cuadro —dos jesuitas caminando hacia un cuerpo del que la ciudad ha decidido apartar la mirada— es el punto en que la etnografía se convierte en pastoral y la pastoral en incomodidad social.
Claver, catalán, llegó a Cartagena en 1610 y se puso bajo la dirección espiritual y pastoral de Sandoval. Lo reconocería después como su maestro. De él heredó el método —los intérpretes africanos, el trabajo individual, el uso de imágenes, la señal de la cruz enseñada con el pulgar y el índice— y también los límites teológicos: la evangelización de los esclavizados sin denunciar la esclavitud. Los documentos del proceso de beatificación de Claver, examinados sin la lente hagiográfica, muestran con claridad que ni el discípulo ni el maestro cuestionaron la trata; se propusieron administrarla con caridad. Claver dedicaba aproximadamente una hora a examinar individualmente a cada catecúmeno; en circunstancias excepcionales llegaba a catequizar en una sola sesión a trescientas o cuatrocientas personas. La escala del trabajo pastoral era, cuando fue necesario, tan industrial como la del comercio que lo alimentaba.
Ese trabajo perturbó a los españoles locales. Que Claver sentara prominentemente a sus intérpretes negros, les hiciera regalos, los distinguiera en los ritos, fue objeto de objeciones repetidas por parte de vecinos de Cartagena que consideraban aquello una subversión del orden. La tensión es reveladora: la distinción entre "criticar el trato" y "aceptar la institución" —tan nítida en la teología escrita— resultaba menos clara en la práctica cotidiana. La mera dignificación ritual del cuerpo africano incomodaba a una sociedad cuyo funcionamiento dependía de tratarlo como mercancía. Sandoval había abierto ese espacio; Claver lo llevó al escándalo.
Detrás de ambos estaba la Compañía. La casa jesuita de Cartagena era una de las piezas de una red hemisférica cuya lógica se ha entendido mejor en las últimas décadas. En el virreinato del Perú y sus provincias satélites, los jesuitas administraban colegios, misiones y haciendas; construían circuitos de comunicación entre Lima, Quito, Santafé y Cartagena; producían y difundían escritura. La imprenta llegaría tarde a la Nueva Granada —la primera publicación colombiana data de 1738, casi tres siglos después de Gutenberg, y fue jesuita—, pero la circulación manuscrita y las ediciones europeas mantenían viva una red intelectual densa. La obra de Sandoval, impresa en Sevilla, es a la vez producto local y engranaje de esa red imperial.
La red incluía también a otros jesuitas escritores del siglo XVII y XVIII que trabajaron sobre poblaciones no cristianas de la América tropical: Joseph Gumilla (1686–1750), autor de El Orinoco ilustrado, sobre las naciones del gran río; Manuel Rodríguez, cronista del Marañón y del Amazonas; Cristóbal de Acuña, con su Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas, publicado en Madrid en 1641. Sandoval antecede a todos ellos y difiere en un rasgo decisivo: su objeto no son los indígenas americanos in situ sino los africanos desplazados; su etnografía no se hace en la selva sino en el muelle. Es, si se quiere, la primera etnografía urbana y portuaria de la América colonial.
La red incluía también a la Inquisición. El Tribunal del Santo Oficio se instaló en Cartagena en 1610, en pleno ministerio de Sandoval, y procesó durante el período colonial a decenas de personas por delitos religiosos: 82 en la categoría de protestantismo y reforma —luteranos, calvinistas, hugonotes—, número elevado por la condición comercial del puerto y la circulación de extranjeros. Perseguía también a judaizantes, mahometanos, alumbrados, blasfemos, brujos y responsables de delitos morales como el amancebamiento. En el barrio de San Diego coexistían judíos conversos y africanos esclavizados, y la Inquisición vigilaba las prácticas religiosas de ambos, calificando de diabólicas las supervivencias rituales africanas que los jesuitas, por su parte, intentaban desmontar por la vía catequética. Sandoval trabajaba en el mismo terreno que la Inquisición sobre poblaciones parcialmente comunes, pero con lógicas distintas: el jesuita quería convertir; el inquisidor quería castigar.
La red incluía, finalmente, el comercio. Los asientos que abastecían Cartagena —el de la Compañía de Portugal, el de la Compañía de Cacheu, el de Antonio Rodríguez Deivas entre 1618 y 1624— movilizaban capitales, funcionarios, tratantes, comunidades religiosas y compradores en escala continental. Solo en el asiento de Rodríguez Deivas se habrían introducido cerca de 20.574 esclavizados, con rentabilidades estimadas en torno al setecientos por ciento sobre la inversión total. En el asiento de la Compañía de Cacheu, la lista de compradores registrados asciende a 425 personas, con hombres, mujeres y entidades colectivas —conventos, cabildos, cofradías—; 31 grandes compradores concentraban el 55,5% de las ventas, pero el resto se distribuía en un espectro social amplio que incluía funcionarios, comunidades religiosas y artesanos. La trata no era una anomalía marginal: era el tejido económico de la ciudad, y las órdenes religiosas —jesuitas incluidos— eran parte de él.
Su obra por dentro: África vista desde el muelle
Lo más singular del tratado de Sandoval, considerado como pieza intelectual y no solo pastoral, es lo que hace con la información africana. Sandoval nunca estuvo en África. Sin embargo, arma un mapa —parcial, tosco por momentos, sesgado por sus corresponsales portugueses— de los pueblos, lenguas y territorios de los que salían los cautivos. Se apoya en la correspondencia con el jesuita Manuel Rodrigues en Angola y con otros compañeros de orden en la costa africana, en el interrogatorio sistemático a los recién desembarcados, en la lectura de las escasas fuentes europeas disponibles —Leo Africanus, cuya obra circulaba en Europa desde 1550 en italiano y desde 1600 en inglés; Luis del Mármol Carvajal, cuya Descripción general de África apareció entre 1573 y 1599— y en su propia observación.
Distinguía a los esclavizados por su procedencia y le atribuía a cada categoría un valor de mercado: los de los Ríos de Guinea, considerados de mayor calidad, se cotizaban en 200 pesos de plata ensayada; los ardás o araraes, menos numerosos, en 160 ducados; los angolas y congos, mayoritarios, en 150 ducados. La Compañía de Cacheu conducía directamente desde las costas africanas cargamentos de Guinea, San Tomé, casta mina y Angola. Sandoval registraba también los términos genéricos con que la trata simplificaba una diversidad que no le interesaba entender: mandinga pasó a designar no solo a los pueblos de habla malinké del valle de Gambia, sino a cualquier habitante entre Gambia, el norte de Ghana y el Alto Volta; chamba se aplicaba indistintamente a cualquier esclavizado traído de la región al norte de Ashanti. Contra esa homogeneización comercial, el jesuita insistía en la particularidad: quería saber a quién bautizaba, en qué lengua, con qué ritos previos.
Ese impulso, lejos de ser filantrópico en un sentido moderno, era estrictamente sacramental. Un bautismo mal administrado —a alguien ya bautizado en un cargamento anterior, o a alguien que no entendía la fórmula por ausencia de intérprete— era inválido; y un bautismo inválido, en la teología del período, era un alma perdida. Sandoval necesitaba distinguir a bambaras de araraes, a angolas de mandingas, a esclavizados de "casta mina" de los llegados por São Tomé, porque de esa distinción dependía la eficacia sacramental de su ministerio. Su etnografía es, en origen, un problema de sacristía.
Pero lo que produjo, considerado con los ojos de la historia, es otra cosa. Es el único archivo colonial hispanoamericano del siglo XVII que registra sistemáticamente, con nombres y matices, la diversidad africana antes de que la trata la disolviera en las tres o cuatro categorías genéricas que quedaron en los registros notariales de haciendas y minas. Es —involuntariamente— un testimonio de humanidad. Los intérpretes que menciona, los ritos que describe, las lenguas que compila, los nombres propios que asoman: todo eso sobrevive como evidencia de sujetos individuales dentro de un sistema que los trataba como piezas de una unidad contable. Andrés Sacabuche, natural de Angola, intérprete y colaborador central de Claver, existe en la historia porque la maquinaria pastoral de Sandoval le hizo lugar.
La huella: entre el santo y el sistema
La obra de Sandoval tuvo dos vidas. En el siglo XVII fue leída, discutida en la Compañía y utilizada como manual por otros jesuitas del Caribe y del Perú. Contribuyó a fijar la doctrina jesuita sobre la evangelización de africanos, alimentó los procesos de beatificación de Claver —cuya causa se apoya recurrentemente en el testimonio del maestro— y quedó como obra de referencia interna. Luego, durante buena parte del siglo XVIII y XIX, se hundió en el olvido erudito, arrastrada por la expulsión de la Compañía de los territorios españoles en 1767 y por el ocaso del régimen esclavista que había sido su marco.
Su segunda vida comenzó en el siglo XX. La reedición bogotana de 1956, bajo el título El mundo de la esclavitud negra en América, la puso al alcance de la historiografía moderna. Desde entonces, cualquier historia de la trata atlántica, y muy especialmente cualquier historia de la esclavitud en la Nueva Granada, cita a Sandoval como fuente de primer orden: su estimación del veinte por ciento de mortalidad en la travesía, sus descripciones del desembarco, sus datos sobre precios y procedencias, sus observaciones sobre ritos y lenguas africanas. Es, en la bibliografía especializada colombiana y latinoamericana, un nombre inevitable.
La restauración de la Compañía de Jesús en 1814 y su retorno a Colombia a partir de 1883 permitieron, además, la reconstrucción de una memoria jesuita local en torno a la figura de Claver, y por extensión a la de Sandoval. El santuario de San Pedro Claver en Cartagena, con la tumba del santo, se convirtió en el nudo material de esa memoria: un edificio que hoy visitan miles de personas al año y que funciona como monumento a una pastoral que se recuerda por lo que tuvo de compasivo, no por lo que tuvo de funcional al orden esclavista.
Ese doble filo es el legado más incómodo y más honesto de Sandoval. Su obra permite reconstruir, con detalle poco común, el infierno del muelle cartagenero: el hierro candente con que se marcaba a los cautivos, la inspección de la dentadura, los cuerpos podridos, el moribundo abandonado en el patio, el veinte por ciento que no llegaba a puerto. Y esa misma obra, en sus capítulos teológicos, argumenta que el sistema —bien administrado, bien evangelizado— es lícito. La historiografía posterior ha oscilado entre subrayar lo primero, para hacer de él un precursor abolicionista, y subrayar lo segundo, para hacer de él un ideólogo del sistema. Ninguna de las dos operaciones lo describe con justicia.
Sandoval fue lo que un jesuita del siglo XVII podía ser en el mayor puerto negrero del hemisferio: un hombre culto, escrupuloso, moralmente sensible, que dedicó su vida a mitigar el sufrimiento de los cautivos y a garantizar la salvación de sus almas, dentro de un marco teológico que no le permitía —y del que no quiso salir— impugnar la esclavitud como institución. Su tratado es, por eso, dos libros a la vez: el testimonio más denso que la América colonial produjo sobre la trata, y el argumento más elaborado para administrarla sin abolirla. Que la historia de Colombia deba a un solo hombre esas dos cosas, indisociables, dice más sobre la Cartagena de la Colonia Madura que sobre la biografía de Sandoval: dice que la ciudad no pudo pensar la esclavitud sin la Compañía, y que la Compañía no pudo pensarse a sí misma sin la esclavitud.
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Documentos y fragmentos citados
17 documentos · 28 fragmentos01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 301, 308, 3313 citas
[1]de Indias, Tun- ja, 1973. R amos, A rthur: Las culturas negras en el Nuevo Mundo, M é xi c o, 1943. S aco, J os é A ntonio: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pa í ses Am é rico-Hisp ú nicos, 4 vols. La Ha bana, 1938. S andoval, A lonso de: El mundo de la esclavitud…
p. 331
[10]de los esclavos va riaba entre 200 y 400 pesos y en los centros de consumo dichos valores se duplicaban 30. En tales condiciones, las ganancias que generaba la trata eran considerables. Teniendo en cuenta datos de Ge ó rges Scelle 31 y en algunos que hemos podido establecer para Cartagena, durante el asiento de…
p. 301
[20]Ley que tiene diferentes nom- bres... y su com ú n precio es a 200 pesos de plata ensayada de contado. La segunda suerte es la de los ard á s o araraes, destos son los menos que se traen y se venden a 160 ducados de a 11 reales, com ú nmente de contado. La tercera e í nfima es de los angolas y congos de que hay…
p. 308
02Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 261 cita
[2]policía sagrada i profana, costumbres i ritos, disciplina i catecismo de todos los Etíopes. 15 Desde entonces, al hablarse de esclavos procedentes del África pudo invocarse su atribuida naturaleza antigua: etíopes. 12 Juan de Vadillo, “Cartas del licenciado Juan de Vadillo al Consejo de Indias relatando su campaña de…
p. 26
03Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Páginas 401, 4042 citas
[3]costo siempre estuvo por debajo del pagado por un varón. Originalmente se establecía que las cargazones de los barcos negreros estuvieron compuestas por cantidades iguales de varones y mujeres pero pronto se cambió el criterio. En 1524 se redujo a una tercera parte el cargamento femenino. La causa por la que se…
p. 404
[7]vidas con crueles azotes y gravísimos tormentos, o ellos atemorizados se mueren podridos y llenos de gusanos. Testigos son las informaciones que cerca de ellos las justicias hacen cada día, y testigo soy yo que lo he visto, algunas veces, haciéndoseme de lástima los ojos fuentes y el corazón, mar de lágrimas (Sandoval…
p. 401
04Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Páginas 450, 4662 citas
[4]una identidad nacional volcada hacia la unidad católica. El santo representaba los valores de la evangelización, es decir, la misión universalista del catolicismo, como agente “unificador” del país. Bibliografía complementaria Aristizábal, Tulio. El templo de San Pedro Claver en Cartagena. Bogotá: Editorial Kimpes,…
p. 466
[5]proceso cerámico, sorteando las dificultades que implicó el uso de materiales y técnicas de fabricación propias de una tradición europea implantada en territorio americano, entonces con una mano de obra africana. De esto resultó la consolidación de una tradición (aunque adoptada por la sociedad criolla) que logró…
p. 450
05The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 112, 1212 citas
[6]Bogotá (an encomienda was a grant made by the crown, in which a Spaniard received the right to collect tribute, paid in labor and in goods, from a specific group of Indians). Yet priests received goods and labor from Indians too, and also meted out punishments, meaning that when a voice from the pulpit called for…
p. 112
[8]of his cloak. Instead, he would use the handkerchiefs to clean the faces of the sick that were often so full of dirt they seemed to be made of pure mud.... Witness Andrés Sacabuche, black man from Angola, interpreter of the Venerable Servant of God, forty-five years old. The way Father Peter Claver would catechize…
p. 121
06La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 27, 312 citas
[9]puertos americanos ingresaron en esos años alrededor de 600 000 esclavos, de los cuales el mayor número, 196 000, lo hizo por Cartagena. Según el historiador Germán Peralta, en el período de poco más de medio siglo que va de 1580 a 1640, en el que Cartagena tuvo su mayor esplendor y crecimiento, entraron por este…
p. 27
[25]los judíos y a los negros por lo que calificó de prácticas diabólicas para referirse a sus religiones. En San Diego, conocido para aquel entonces como el barrio de los Jagüeyes, es decir de los cangrejos, situado en la parte alta de la ciudad, cohabitaron en extraña cercanía judíos conversos –por lo que hemos visto no…
p. 31
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 150, 152, 1543 citas
[11]imposición de la coronilla real o marca -opera- ciones conocidas como de Palmeo y Carimba- se procedía a la subasta pública por lotes o por "piezas de indias" (34) y posteriormente a su dis- tribución e internación a los distintos sitios de trabajo. En el caso de la Nueva Granada, los esclavos eran conducidos en…
p. 152
[12]también se destacaron los funciona- nos, las comunidades religiosas y los artesanos. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de los 425 compradores 31 adquirieron 10 o más esclavos y solamente uno compró más de 100. Esto hace evidente cierta amplitud de la trata, si bien esos 31 compradores adquirieron el 55.5%…
p. 150
[19]de las diferentes castas, naciones o países a los distin- tos grupos de esclavos. Lamentablemente, no se han adelantado trabajos sistemáticos en este sentido y las refe- rencias al origen tribal del elemento negro im- portado a la Nueva Granada son muy generales y vagas, sin que hasta el momento se haya con- frontado,…
p. 154
08Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 731 cita
[13]50 200 2 100 51 180 3 105 52 170 4 110 53 155 5 115 54 140 6 120 55 125 7 130 56 110 8 140 57 95 9 150 58. 80 10. 160 59 65 11. 180 60 50 12 ° 200 61 ° 35 13. 230 62 ° 20 14. 270 63: 5. 290 64. t) buia aceite de coco para que se frotasen el cuerpo y diesen a su piel un negro lustroso. A cada momento se presentaban…
p. 73
09Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · Páginas 1, 142 citas
[14]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…
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[18]algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…
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10Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 901 cita
[15], and reached the province of Antioquia in the s. By the time they were expelled from all Spanish territories in , their teachings, missionary, and parochial work had won the respect of the people and of the local authorities in the province. During the previous half century almost all local parish…
p. 90
11Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 901 cita
[16], and reached the province of Antioquia in the s. By the time they were expelled from all Spanish territories in , their teachings, missionary, and parochial work had won the respect of the people and of the local authorities in the province. During the previous half century almost all local parish…
p. 90
12Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 4801 cita
[17]tradición con tres precisas palabras latinas: lectio, dictatio y disputatio, elementos que permanecieron casi inalterados y como ob- jeto de utilización diaria y general desde 1605, cuando los instituyeron los jesuitas, hasta los finales del siglo xviii, cuando sufrieron fuertes ataques, aunque su desmoro- namiento…
p. 480
13Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · Página 541 cita
[21]pueblos del interior. Así, chamba (o thiamba) significaba cualquier esclavo traído de la región al norte de Ashanti. Los mandingas eran originalmente los pueblos de habla malinké del valle de Gamba, pero la designación se volvió después tan genérica que aludía a cualquier habitante entre Gambia, el norte de Ghana y el…
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14Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 421 cita
[22]noble rey en esa tierra" 48. Durante la trata europea de esclavos, se produjo una información más especializada sobre el sector costero en- tre la boca del río Senegal y Benguela en Angola, donde estaban situadas las factorías, la cual sustentó transaccio- nes comerciales. La descripción del África, de Leo Afri- canus…
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15Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · Páginas 1, 62 citas
[23]89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…
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[24]a un judaizante; el segundo, de aquellas que podrían delatar a un mahometano; el tercero se refería a los luteranos; el cuarto, a los alumbrados, secta mística desarrollada en España en el siglo; el quinto, a otras herejías, como blasfemias, brujerías y XVI satanismo; el sexto, a delitos sexuales, como la prostitución…
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16Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 2391 cita
[26]jera libros sino, sobretodo, porque produjo imprentas. Él 240 Díndic Síeris Pdtína creó un sistema de fabricación revolucionario y eficiente. Tras el éxito del taller de Mainz, las imprentas se multipli- caron. En 1465 las había en Italia; en 1470, en Francia, en 1472, en España; en 1475, en Inglaterra y los Países…
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17El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · Páginas 1, 7792 citas
[27]el orinoco ilustrado J ose PH G u M illa viajes J ose PH G u M illa el orinoco ilustrado viajes Gumilla, Joseph, 1686-1750, autor El Orinoco ilustrado [recurso electrónico] / Joseph Gumilla; presentación, Ramón Cote Baraibar. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1 recurso en línea:…
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[28]Manuel Rodríguez, El Marañón y Amazonas: Historia de los descu- brimientos, entradas, y reducción de naciones. Martín del Río, Disquisitionum magicarum libri sex. Nicholas Bion, L’usage des Globes Célestes et Terrestres et des sphères suivant les differents systèmes du Monde, 1700. Padre Bernardo Lozano y Vélez,…
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