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Idea · Colonia

Sincretismo

Proceso largo, desigual y disputado por el cual indígenas y africanos en el Nuevo Reino de Granada reprocesaron el catolicismo barroco impuesto por la Corona española, usando las propias instituciones coloniales como intersticios donde sus cosmovisiones sobrevivieron bajo formas cristianas, con máxima intensidad entre finales del siglo XVI y mediados del XVIII.

4.320 palabras44 documentos58 fragmentos citados
Sincretismo

Trayectoria de una idea

  1. 1563

    Institucionalización del aparato evangelizador

  2. 1594

    Primera gran campaña de extirpación de idolatrías en Fontibón

  3. 1600

    Decomiso masivo de ídolos muiscas en el altiplano

  4. 1610

    Instalación de la Inquisición en Cartagena de Indias

  5. 1617

    San Basilio de Palenque: sincretismo en libertad negociada

  6. 1634

    Palenques como espacios de sincretismo cimarrón

  7. 1700

    Cofradías como zonas grises del sincretismo caribeño

  8. 1745

    Derrota del palenque El Castigo en el Valle del Patía

  9. 1900

    Sincretismo en el pensamiento de Manuel Quintín Lame

03

La lectura

El sincretismo en el Nuevo Reino de Granada no fue una fusión armónica sino una negociación violenta en la que las poblaciones subordinadas aprendieron a decir cosas distintas en el vocabulario prestado del dominador. Su arquitectura más visible se construyó sobre los escombros de las campañas de extirpación de idolatrías: donde la Iglesia destruyó diez mil ídolos muiscas en el altiplano, los chuques siguieron operando; donde la Inquisición persiguió hechiceras en Cartagena, las redes de magia amatoria cruzaron todas las castas. La cofradía, institución diseñada para la devoción católica, se convirtió en el recipiente donde los indígenas del San Jorge transfirieron el sobijo ritual a los santos cristianos, y los palenques cimarrones, especialmente San Basilio, desarrollaron lenguas y culturas propias que mezclaron herencias africanas diversas bajo una fachada de capitulación colonial. Lo que el sincretismo neogranadino produjo no fue un panteón paralelo identificable como en Cuba o Brasil, sino algo más elusivo: modos de habitar la fiesta, relaciones con los santos, presencias en los ritos funerarios y formas de curar que todavía sostienen la religiosidad popular colombiana, desde la Virgen de Chiquinquirá hasta San Pacho en Quibdó. Es la crónica silenciosa de una resistencia que no pudo nombrarse a sí misma.

El sincretismo religioso en Colombia no es una anécdota folclórica ni una fusión armónica de credos: es el nombre que damos a un proceso largo, desigual y disputado por el cual indígenas y africanos —y sus descendientes mestizos, mulatos y zambos— reprocesaron el catolicismo barroco impuesto por la Corona española, usando las propias instituciones de la Colonia como intersticios donde sus cosmovisiones sobrevivieron bajo formas cristianas. Ocurrió, con máxima intensidad, en la Colonia madura del Nuevo Reino de Granada, entre finales del siglo XVI y mediados del XVIII, y su arquitectura simbólica todavía sostiene buena parte de la religiosidad popular colombiana: la Virgen de Chiquinquirá que recorre pueblos, San Pacho bailando por las calles de Quibdó, el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, los santos convertidos en intercesores cotidianos allí donde nunca hubo suficientes sacerdotes. Fue también un proceso truncado: la Inquisición, las leyes de limpieza de sangre y el despojo territorial fragmentaron muchas de las cosmovisiones subordinadas antes de que pudieran integrarse plenamente. Este artículo intenta narrar esa doble condición.

Qué llamamos sincretismo en el Nuevo Reino

Sincretismo, en el sentido riguroso que exige la historia neogranadina, no es cualquier mezcla ni cualquier superposición. Es la operación mediante la cual una población subordinada —forzada a adoptar el credo del dominador— reprocesa las formas religiosas impuestas sin abandonar del todo las propias, produciendo prácticas, imágenes y ritos en los que conviven, se solapan o se contradicen dos o más matrices simbólicas. En la Nueva Granada este proceso tuvo tres protagonistas desiguales: la cultura española, impuesta por la fuerza como norma; las culturas indígenas del altiplano, del suroccidente, de la costa y de los valles interandinos, subordinadas y perseguidas; y las culturas africanas traídas por Cartagena de Indias en cadenas, dispersas por los ingenios, las minas y las haciendas del Caribe, el Pacífico y las tierras bajas del Magdalena.

Ninguna de estas tres tradiciones entró en la mezcla en pie de igualdad. La española llegó armada de Estado y de Iglesia; las otras dos llegaron, o quedaron, subvaloradas y perseguidas. Hablar de sincretismo colombiano exige, entonces, hablar en el mismo aliento de asimetría: la fusión nunca fue libre, la coexistencia nunca fue pacífica, y las formas resultantes casi siempre llevaron cicatrices de esa violencia originaria. El sincretismo neogranadino es la crónica silenciosa de una negociación en la que el más fuerte dictó las palabras y los otros aprendieron a decir cosas distintas en ese vocabulario prestado.

La evangelización como política de Estado

Antes del sincretismo hubo una imposición. La cristianización del Nuevo Reino de Granada no fue una empresa espiritual autónoma: fue política de Estado, sostenida por el pacto entre la Corona y la Iglesia que puso en manos de las órdenes religiosas —dominicos y franciscanos, sobre todo— la conquista simbólica de los territorios que Gonzalo Ximénez de Quesada y sus lugartenientes habían ganado por las armas desde la fundación de Santafé en 1538. La delegación fue enorme: durante los siglos XVI, XVII y XVIII, esas órdenes acumularon poder social, político, cultural y económico, y se convirtieron en agentes centrales del ordenamiento colonial.

La institucionalización siguió el ritmo del asentamiento. En 1563 Santafé fue elevada a arquidiócesis, y fray Juan de los Barrios ocupó la primera silla arzobispal hasta su muerte en 1569. Décadas después, hacia 1594, fray Luis Zapata de Cárdenas ordenaba levantar información sobre un hecho ocurrido en un pueblo cercano a Santafé, Chiquinquirá, que cambiaría para siempre la cartografía devocional del Nuevo Reino. Y en 1610 la Corona instaló en Cartagena de Indias el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, cerrando el aparato: un arzobispado en el altiplano, órdenes religiosas en todo el territorio, un tribunal inquisitorial en el puerto.

El problema fue que ese aparato, imponente sobre el papel, era desigualmente denso sobre el terreno. La escasez de sacerdotes en zonas rurales, mineras y costeras dejó a comunidades enteras a cargo de doctrineros ocasionales, cofradías, hermandades y devociones domésticas. Ese vacío institucional —no una tolerancia buscada, sino una insuficiencia estructural— fue el primer intersticio en que se colaron los contenidos religiosos de las culturas subordinadas.

Los ídolos escondidos: la resistencia muisca

El primer sincretismo del que hay evidencia archivística es también el más obstinado: el de los muiscas del altiplano cundiboyacense. Bajo la superficie de la conversión formal, los antiguos cultos siguieron funcionando en la clandestinidad de las casas, las cuevas y los santuarios ancestrales. Hacia 1594, en Fontibón y sus alrededores, se emprendió una campaña de extirpación de idolatrías en la que se recogieron y destruyeron imágenes de los antiguos dioses que los indígenas mantenían escondidas. La campaña fue considerada exitosa. No lo fue.

Años después, el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero confirmó en el mismo pueblo de Fontibón la presencia de 82 chuques —sacerdotes indígenas— y más de 3.000 ídolos que habían sobrevivido a la razia anterior. En el mismo arco de visitas, Lobo Guerrero decomisó alrededor de 10.000 ídolos en los pueblos de Bojacá, Cajicá, Chía, Serrezuela, Suba y Tuna. La cifra —diez mil objetos rituales, extraídos casa por casa, en el corazón del altiplano ya evangelizado— es una de las estadísticas más elocuentes de la historia religiosa colombiana. Décadas de doctrina, misa y catecismo no habían borrado los santuarios: los habían empujado bajo tierra.

La Iglesia respondió afinando el instrumento. En el siglo XVII circuló entre los curas doctrineros del altiplano un Confesionario en lengua mosca chibcha que incluía preguntas directas sobre la adoración de santuarios y sobre las ofrendas de mantas, esmeraldas, oro y otros bienes hechos a los dioses indígenas. El sacramento de la penitencia se convirtió en un dispositivo de vigilancia: el confesor no solo perdonaba pecados, también censaba prácticas religiosas paralelas. Ya en el XVII, Juan de Valcárcel encabezaría campañas de extirpación cuya memoria sigue leyéndose en la historiografía contemporánea.

Aquí conviene detenerse. Lo que ocurrió en Fontibón, Bojacá y Cajicá no fue sincretismo en su forma clásica —no una fusión visible— sino una doble vida religiosa: catolicismo externo, culto ancestral oculto. Es el grado cero del proceso, la fase en que la imposición es demasiado reciente y las cosmovisiones subordinadas todavía se mantienen separadas, aunque clandestinas. El sincretismo propiamente dicho, la mezcla que produce formas nuevas, vendría después y en otras geografías, cuando la vigilancia aflojara, cuando las generaciones se sucedieran, y cuando las instituciones coloniales mismas ofrecieran los marcos formales para el reprocesamiento.

La cofradía como zona gris

Ese marco fue, en muchas regiones, la cofradía. Nacida en la España medieval como asociación laica de fieles bajo advocación de un santo, llegó a la Nueva Granada como herramienta ordinaria de la vida parroquial: agrupaba devotos, financiaba fiestas patronales, mantenía altares, enterraba a los muertos. Para las poblaciones indígenas del río San Jorge y del Magdalena medio, esa institución probó ser algo más. Bajo su fachada canónica, los indígenas de la región aprovecharon la cofradía como espacio de supervivencia física y cultural, mezclando o combinando sus dioses con los santos cristianos y transfiriendo prácticas rituales antiguas a las imágenes católicas.

El caso más documentado es el del sobijo ritual —una práctica de manipulación física del cuerpo del santo: tocarlo, frotarlo, invocarlo con las manos— que fue trasladado a imágenes católicas en localidades como San Martín de Loba, en la depresión momposina. En 1772, en la misma región, se denunciaron casos de idolatría en el Tetón, señal de que casi dos siglos después de la conquista las prácticas híbridas seguían vivas. No se trataba de un doble juego consciente en el que la cofradía fuera una máscara para un culto opuesto: se trataba de una operación más profunda, en la que la imagen católica pasaba a ser también el receptáculo de gestos y sentidos anteriores. El santo cristiano no reemplazaba al dios indígena; lo alojaba.

Este fenómeno se repitió, con variantes, en muchas regiones. Y sugiere una hipótesis sobre el sincretismo caribeño: donde la evangelización descansó en instituciones que exigían participación colectiva ritualizada —cofradía, fiesta patronal, procesión— más que en la vigilancia individual del confesor, allí las poblaciones subordinadas tuvieron mayor margen para reprocesar los contenidos. La cofradía no fue diseñada como intersticio; funcionó como tal.

Cartagena y la apropiación afrodiaspórica

Ninguna geografía del sincretismo neogranadino se explica sin Cartagena de Indias. Puerto principal de la trata negrera en la América española, la ciudad fue el mayor reducto de la esclavitud colonial del Nuevo Reino; Mompox, río Magdalena arriba, fue el segundo. Por sus muelles pasaron, entre finales del siglo XVI y mediados del XVIII, decenas de miles de africanos de origen diverso: bantúes, yorubas, angolas, congos, mandingas. Fue en ese contexto donde Alonso de Sandoval, jesuita, escribió tratados sobre la evangelización de los esclavos, y donde su discípulo Pedro Claver ejerció el ministerio con los recién llegados hasta convertirse, más tarde, en santo canonizado.

La evangelización de los esclavos, sin embargo, produjo algo distinto de lo que Sandoval y Claver imaginaron. La asimilación del catolicismo por las poblaciones negras no fue rechazo frontal —eso hubiera sido imposible— pero tampoco conversión limpia: fue apropiación original que mezcló ritos y santos católicos con imaginarios de formas religiosas africanas y, donde el contacto con indígenas lo permitió, también con influencias de religiosidad indígena. El resultado fue una religiosidad popular específicamente afroneogranadina, distinta del catolicismo criollo pero también distinta de las religiones africanas de origen.

Aquí la comparación con el resto del Caribe se vuelve inevitable, y dolorosa. En Cuba, Haití y Brasil, al amparo de sociedades secretas y cabildos de nación, se conservaron los cultos de los dioses africanos bajo formas reconocibles: la santería, el vudú, el candomblé, la macumba. En Colombia, ese sincretismo profundo —con panteones paralelos identificables, con lenguas rituales, con posesión codificada— no se produjo. La máscara ritual y la danza ceremonial africanas desaparecieron casi por completo de la cultura negra colombiana. Lo que sobrevivió fue algo más elusivo: modos de habitar la fiesta, cadencias musicales, relaciones con los santos, presencias en los ritos funerarios, formas de curar y de conjurar.

Esa diferencia tiene explicación en el aparato colonial. En Cartagena, la Inquisición instalada en 1610 vigiló activamente a las poblaciones subordinadas. En el barrio de San Diego —conocido también como los Jagüeyes— cohabitaron judíos conversos y africanos esclavizados, y el Santo Oficio persiguió a ambos grupos calificando sus prácticas religiosas de diabólicas, al menos hacia 1616. Las mujeres negras acusadas de brujería respondieron de maneras diversas: algunas aprovecharon el miedo que sus poderes atribuidos generaban para desplegar formas de terror contra los blancos; otras se sometieron voluntariamente al tribunal apelando al perdón por arrepentimiento. Los conjuros y las magias amatorias acercaron a hechiceras blancas, negras y mulatas, y mujeres de las élites blancas y mestizas acudían a ellas para resolver males de amor y para invertir, siquiera por unas horas, el orden social de subordinación, castidad y monogamia.

Este último dato importa. El sincretismo cartagenero no fue solo un asunto de esclavos: fue una red transversal en la que las jerarquías coloniales se filtraban por debajo. La cultura dominante blanca describía las prácticas rituales y espirituales de mujeres mestizas e indígenas —hechicería, brujería, curanderismo— como parte de su propio universo cultural, silenciando el origen de esas prácticas en otras tradiciones. La mujer, en la Costa Atlántica, fue agente central del mestizaje cultural, transmitiendo y transformando valores de distintas culturas a través de prácticas cotidianas que en la mayoría de los casos ni siquiera se reconocieron como tales.

Los palenques: sincretismo en libertad negociada

Fuera del control directo de Cartagena, otro escenario del sincretismo afroneogranadino se desplegó en los palenques: comunidades de cimarrones, esclavos fugitivos que se asentaron en zonas de difícil acceso y sostuvieron por décadas —a veces por siglos— autonomía política y militar frente al orden colonial. Benkos Biohó, el rey Bioho, es la figura más célebre de este cimarronismo. En el palenque de Matuna fue proclamado rey del arcabuco y estableció una organización social y política formal en la que la gente elegía en cabildo a sus propias autoridades según mérito y servicio. Matuna sirvió de modelo a los palenques posteriores, sobre todo en la zona de Loba y Mompox.

Otros palenques dejaron huellas más o menos duraderas. El Palenque del Limón, cercano a Cartagena, existía al menos antes de 1634. El palenque El Castigo, en el valle del Patía —hoy Cauca—, fue derrotado por una expedición armada al mando de Juan Álvarez y Tomás Hurtado en 1745, tras múltiples intentos fallidos de negociación por parte de la Real Audiencia de Quito. Y sobre todo San Basilio de Palenque, formado hacia comienzos del siglo XVII en las faldas de los Montes de María, negoció con las autoridades coloniales por mediación del obispo Casiani una capitulación que le permitió sobrevivir como comunidad libre y desarrollar, con el paso de las generaciones, una lengua y una cultura propias, producto de la convivencia prolongada de gente de distintas regiones de África.

Los palenques importan para la historia del sincretismo por una razón particular: fueron los únicos espacios donde poblaciones de origen africano pudieron reprocesar los contenidos religiosos coloniales con relativa autonomía. Las formas de organización en cabildos —así las llamó Bioho— se replicaron en otros palenques, y al cesar la esclavitud y el cimarronismo habrían tenido continuidad bajo otras formas. Sus estrategias de supervivencia oscilaron entre momentos de coexistencia pacífica y trueque con los vecinos, y episodios de conflicto en que los colonos los acusaban de bandidaje. En esas comunidades el catolicismo llegó, pero llegó negociado: no impuesto por un doctrinero armado, sino incorporado como una capa entre otras, junto con memorias africanas y con formas nuevas surgidas de la propia experiencia palenquera.

En Cartagena misma, más modestamente, se toleró el arrabal de Getsemaní, extramuros, como espacio de descendientes libres de esclavos dedicados a oficios artesanales y domésticos; su estatus se reforzó mediante la prestación de servicios de milicia a la Corona. Getsemaní no fue un palenque, pero fue una zona gris urbana en la que las poblaciones afrodescendientes sostuvieron formas de sociabilidad —y de religiosidad— relativamente propias, bajo la mirada tolerante de una autoridad que las necesitaba armadas.

Los resguardos y la fragmentación indígena

Mientras las poblaciones africanas negociaban sus intersticios en la costa, las indígenas del interior vivían un proceso paralelo pero de sentido opuesto: la reducción sistemática de su margen de autonomía. La encomienda —esa cesión de tributo primero grupal, luego per cápita, de un clan indígena a un español meritorio con obligación de catequizarlo— dio paso, entre 1595 y 1642, a los resguardos: territorios de propiedad colectiva donde se concentró a los indios para facilitar tanto su instrucción religiosa como la liberación de tierras para los españoles. En 1593 quedó formalizada la obligación de vivir en pueblos junto a las tierras de cultivo, y así se configuraron las dos repúblicas del orden colonial: la de los españoles en las ciudades, la de los indios en los pueblos.

El resguardo tuvo un problema fundacional. Al reunir en una misma unidad a poblaciones de orígenes y tradiciones distintas —comunidades muiscas, panches, pijaos o quimbayas mezcladas por decreto administrativo— fragmentó las cosmovisiones que decía proteger. Los indígenas concentrados no se resignaban a la pérdida de sus tierras originarias, abandonaban los resguardos, y los territorios eran paulatinamente ocupados por blancos pobres y mestizos. En el siglo XVIII, mediante ventas de la Corona y despojos de los terratenientes vecinos, los resguardos quedaron reducidos a su mínima expresión, y las poblaciones migraron a haciendas como peones asalariados, aparceros o vendedores de fuerza de trabajo para cubrir tributos.

Solo en la región suroccidental del Nuevo Reino —lo que hoy es Cauca y Nariño— los resguardos mantuvieron su vigencia durante toda la Colonia, resistiendo tanto los embates de la política colonial como los de la republicana posterior. No es casualidad, entonces, que sea justamente allí donde el sincretismo indígena-católico se estabilizó con mayor claridad. En el área de Guambía, por ejemplo, la conversión religiosa fue facilitada en parte por la permisividad de algunos curas frente a deidades y objetos sagrados indígenas, desestimados como meras supersticiones. Esa mirada condescendiente —que juzgaba las prácticas ancestrales como demasiado insignificantes para perseguirlas— dejó abierta la puerta para que persistieran junto al catolicismo, formando capas superpuestas sin necesidad de conflicto abierto.

La reducción de la población indígena a aproximadamente el 10% de su volumen original erosionó, hacia fines del siglo XVII, el sistema de dominación basado en la dualidad racial y en la extracción del tributo indígena. La preponderancia demográfica de los mestizos obligó a transformar pueblos de indios en parroquias de vecinos, y con ello se abrió el escenario propiamente barroco de la sociedad neogranadina: una república en la que las castas se multiplicaban, las mezclas se ordenaban jerárquicamente y las prácticas religiosas heredadas circulaban ya sin adscripción étnica clara.

Limpieza de sangre: el techo del sincretismo

Todo este proceso ocurrió bajo un techo institucional que conviene nombrar con precisión, porque explica los límites del sincretismo colombiano. Desde el siglo XVII, las órdenes religiosas establecieron leyes de segregación por origen familiar que impedían el acceso a la profesión religiosa a indígenas, negros y mestizos; estos últimos y algunos indígenas fueron admitidos solo, en ciertas épocas, como religiosos donados, es decir, servidores sin profesión religiosa plena. El acceso a colegios mayores, seminarios y universidades quedó condicionado por la limpieza de sangre: solo podían ingresar quienes demostraran no tener sangre de la tierra y que ni ellos ni sus padres hubieran ejercido oficios bajos.

La consecuencia fue estructural. La población conventual se hizo progresivamente más criolla; las órdenes religiosas se vincularon a las élites locales, que integraban sus filas mientras las barreras impedían el acceso a los demás grupos; los oficios nobles quedaron reservados a los limpios de sangre, y los oficios plebeyos o manuales fueron destinados a mestizos y aculturados. La vida intelectual, modelada sobre el patrón europeo, quedó en manos de eclesiásticos y funcionarios.

El sincretismo neogranadino nunca pudo producirse desde arriba, desde el interior mismo de la Iglesia, como sí ocurrió parcialmente en Nueva España con la teología indígena o con figuras como Sor Juana. En el Nuevo Reino, la Iglesia se cerró sobre sí misma como institución criolla, y las poblaciones subordinadas quedaron reprocesando el catolicismo desde afuera —desde la cofradía, la fiesta patronal, la casa, el palenque, el resguardo— sin representantes propios que pudieran teologizar la mezcla. De ahí el carácter mudo, no sistematizado, casi inconsciente del sincretismo colombiano: nadie con autoridad eclesiástica lo pensó como tal.

La imagen milagrosa y el barroco criollo

Y sin embargo, la propia Iglesia produjo, sin proponérselo, los símbolos que la religiosidad popular convertiría en centros de sincretismo. El caso paradigmático es la Virgen de Chiquinquirá. Pintada sobre una manta —con la Virgen en el centro, flanqueada por San Andrés y San Antonio— por encargo de un encomendero que pagó veinte pesos de oro, la obra fue ejecutada antes de 1586. En diciembre de ese año, según información levantada por orden del arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas, la pintura fue objeto de una renovación milagrosa presenciada por María Ramos, y desde entonces se convirtió en el centro de un culto masivo que la elevaría a patrona de Colombia. En 1919, cuando la imagen fue llevada a Bogotá con motivo del Congreso Mariano, el recorrido desde el santuario tomó más de una semana y la ciudad entera se movilizó para recibirla, superando en convocatoria al Congreso Eucarístico de 1913.

La devoción mariana ocupó, en el imaginario neogranadino, el lugar que las cosmovisiones indígenas y africanas habían asignado a lo femenino sagrado, a la madre-tierra, a las diosas protectoras. Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos —el pintor santafereño de la segunda mitad del siglo XVII— produjo obras marianas que fueron veneradas casi como objetos con virtudes sobrenaturales propias. La imagen no era representación; era presencia. En un catolicismo con escasos sacerdotes, los santos y las vírgenes se convirtieron en intercesores cotidianos, casi deidades paralelas en la práctica popular, y esa transferencia funcional —del dios lejano al santo cercano y tangible— fue la puerta más ancha del sincretismo.

El arte religioso lo acompañó. Las iglesias neogranadinas del siglo XVIII se decoraron predominantemente en gusto rococó, con Quito como foco de mayor intensidad. La zona sur —Cauca, Nariño, Valle del Cauca— recibió esa influencia quiteña, mientras el altiplano cundiboyacense y Tunja desarrollaron sus propios talleres. Joaquín Gutiérrez, a fines del siglo XVIII, retrataba a los virreyes en poses tiesas y ceremoniales para la reverencia criolla. En medio de esa iconografía de poder circulaban también las imágenes populares que los devotos vestían, tocaban, sacaban en procesión, invocaban en la enfermedad y el amor.

La devoción a San Francisco de Asís en el litoral pacífico se remonta, según la tradición, al fraile franciscano Matías Abad, que hacia 1648 habría llegado a tierras quibdoseñas con el encargo de evangelizar a los citaraes. De aquella evangelización proviene, a través de generaciones, la fiesta que hoy se conoce como San Pacho: rumba, goce, religiosidad y chirimía por las calles de Quibdó durante días entre septiembre y octubre, declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO en 2012. En San Pacho, la matriz afrocolombiana ha reprocesado a fondo la devoción católica: el santo europeo baila al ritmo de una orquesta local, en un rito que no es simplemente católico ni simplemente africano, sino específicamente chocoano.

Los conventos, las mujeres y las hechiceras

Un capítulo menos visible del sincretismo colombiano es el que se juega en la vida religiosa femenina. La consolidación de la vida conventual en la Colonia respondió a un modelo social impulsado por la Iglesia para regular y jerarquizar la sociedad en torno a la esfera espiritual, y el ingreso de mujeres a los monasterios podía obedecer, al menos en parte, a una opción de vida para quienes se encontraban fuera de la institución matrimonial. Los conventos y monasterios femeninos del Nuevo Reino cumplieron funciones económicas, sociales y religiosas simultáneas, y desde ellos se ejerció una influencia cultural que la historiografía apenas ha empezado a reconstruir.

Fuera de sus muros, las mujeres populares —negras, mulatas, indígenas, mestizas— fueron las agentes silenciosas del sincretismo cotidiano. Las hechiceras de Cartagena, las curanderas del San Jorge, las tejedoras del altiplano que llevaban a sus hijos al bautismo cristiano y a la vez guardaban objetos sagrados heredados: en ellas se cruzaron las tres matrices sin necesidad de teología. Y cuando eran denunciadas ante el Santo Oficio o ante el confesor, sus prácticas eran descritas por la cultura dominante como brujería, superstición o herejía, silenciando el hecho de que se trataba, casi siempre, de saberes trasplantados y transformados.

Yuxtaposición o fusión: la pregunta abierta

Conviene, al final, no exagerar la coherencia del proceso. En el pensamiento de Manuel Quintín Lame —líder indígena del Cauca que escribió sus tratados en el primer tercio del siglo XX— coexistían mitos precolombinos como la viejecita Ollo y el sacerdote Sinviora, con figuras católicas como la Virgen y Jesús, tanto en forma de paralelismo como de abierta contradicción, sin integrar las dos tradiciones. Esa yuxtaposición sin fusión revela algo importante: la desintegración espiritual introducida por la conquista dejó a muchas comunidades indígenas viviendo con dos sistemas simbólicos superpuestos que nunca terminaron de resolverse en una síntesis coherente.

Habría que sumar una intuición que el propio material sugiere: la identificación emocional del indígena con la Pasión de Jesucristo pudo apoyarse en la preexistencia de una religiosidad telúrica marcada por el sufrimiento y la opresión histórica. El cristianismo del Cristo torturado encontró en las comunidades indígenas colombianas —tras siglos de despojo y trabajo forzado— un eco emocional que hizo posible la conversión afectiva incluso donde la doctrinal quedaba trunca. Ese puente afectivo, más que teológico, explica buena parte de la religiosidad popular andina hasta el presente.

La huella

Doce de los dieciocho días festivos anuales de Colombia están asociados al calendario litúrgico católico, en un país que se percibe cada vez más secular. La observación es más profunda de lo que parece: la arquitectura simbólica del sincretismo colonial sigue estructurando, en el siglo XXI, la vida pública y el ritmo del año. San Pacho en Quibdó, el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto —articulado en torno al 6 de enero litúrgico—, la Semana Santa en Popayán, Mompox y Tunja, las romerías a Chiquinquirá, las fiestas patronales de miles de pueblos: ninguna de esas expresiones es solo católica ni solo indígena o afro. Cada una es un depósito estratificado de negociaciones antiguas.

Durante el siglo XIX, en medio de las guerras civiles y de la construcción del Estado republicano, la Iglesia católica no logró el dominio total de la moral y la imaginación espiritual de los campesinos colombianos. Muchos curas eran considerados corruptos o aliados de los opresores; otros eran respetados por defender al pobre. Esa relación ambigua con el clero dejó espacio para una religiosidad popular que nunca se ajustó plenamente a la ortodoxia, y que sigue viva en las prácticas de curación con santos, en las promesas y las mandas, en las procesiones que se salen del guion litúrgico, en los altares domésticos donde la Virgen convive con retratos y objetos que ningún catecismo aprobaría.

El sincretismo colombiano no es, entonces, un fenómeno cerrado. No produjo, como en Cuba o en Brasil, panteones alternos identificables ni liturgias paralelas con nombre propio. Produjo algo más difícil de nombrar: una manera de habitar el catolicismo desde adentro, cargándolo por debajo con memorias que la Colonia no supo —o no pudo— extirpar, y también con las cicatrices de las que sí extirpó. Fue una negociación asimétrica en la que las poblaciones subordinadas ganaron intersticios, no capítulos enteros; en la que las cosmovisiones antiguas sobrevivieron como cadencia y como gesto, más que como doctrina. Los diez mil ídolos que Lobo Guerrero decomisó en el altiplano son la medida de lo que se perdió; las fiestas que todavía llenan las calles de Quibdó, de Pasto, de Mompox y de tantos pueblos son la medida de lo que, contra todo pronóstico, se salvó.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Evangelización colonial: marco institucional que impuso el catolicismo barroco y generó los intersticios donde el sincretismo se produjo
  2. 02Cosmovisión indígena: matriz simbólica subordinada que sobrevivió clandestinamente bajo formas católicas en el altiplano cundiboyacense y las regiones periféricas
  3. 03Cimarronaje: proceso paralelo que en los palenques, especialmente San Basilio de Palenque, permitió formas de sincretismo afroneogranadino en condiciones de autonomía relativa
  4. 04Inquisición: aparato de control que en Cartagena de Indias persiguió las prácticas religiosas híbridas de africanos, judíos conversos y mujeres de distintas castas, fragmentando cosmovisiones subordinadas
  5. 05Cofradía: institución colonial que funcionó como zona gris del sincretismo, permitiendo que contenidos religiosos autóctonos persistieran bajo formas católicas en la región del San Jorge y el Magdalena
  6. 06Mestizaje: proceso social paralelo al sincretismo religioso, con el que comparte la asimetría de origen y la producción de formas culturales nuevas a partir de matrices desiguales
  7. 07Benkos Biohó: líder cimarrón cuya organización en el palenque de Matuna modeló formas de autonomía política y cultural que sostuvieron el sincretismo afroneogranadino
  8. 08Cartagena de Indias: principal puerto de entrada de esclavos africanos y epicentro del sincretismo afrodiaspórico en el Nuevo Reino de Granada
06

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 58 fragmentos

01Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 11 cita
[1]

43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…

p. 1
02Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 29, 322 citas
[2]

de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…

p. 29
[47]

que al Nuevo Testamento, hizo que el pueblo tomara a los santos más que como sus verdaderos custodios. Así, se llegó a considerar a los santos casi que como deidades paralelas, o al menos auténticos intercesores ante Dios, antes que ser percibidos como modelos de vida, este último aspectos era, a fin de cuentas, el…

p. 32
03Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 62 citas
[3]

57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

p. 1
[6]

beneficios que otorgaban, especialmente en cuanto a poder simbólico e intelectual y bienestar económico. 16 Esto fue facilitado también por las leyes de segregación por origen familiar que impedían el acceso a la profesión religiosa —especialmente a partir del siglo — a indígenas, negros y mestizos. Eran los XVII…

p. 6
04Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2091 cita
[4]

o ser anguicliócesis en 1563. Misiones evangelizadoras Las misioneros que iniciaron la evan. gelización en las tierras colombianas fueron franciscanos llegados con el arribo de sa labor debie- at hamtrr las costumbres onsideraron paganas y de vida Ticenciesa de los indica, comoda codi cio y repacidad de los…

p. 209
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 821 cita
[5]

contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…

p. 82
06La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 67, 702 citas
[7]

1492 por realizar una obra evangelizadora. Con diverso grado y éxito se realizó esa evangelización. Al principio la evangelización fue super- ficial. Muestra de esto es la persistencia de la religión indígena en la clandestinidad. El arzobispo de Lima debió iniciar una campaña sistemática de extirpación de la…

p. 70
[13]

indio... abarca mundos extraordinariamente dispares, en dife- rentes niveles de cultura y formas religiosas”. 84 Pero del análisis de ella, descubrimos aspectos que configuran la tradición cultural colombiana; hay un lenguaje de la natu- raleza que actúa como divinidad o como animada por espíritus sobrenaturales; hay…

p. 67
07Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 56, 592 citas
[8]

viviendas corrientes también encontrarían ofrendas. En total, los españoles decomisaron 1.041 pesos de ídolos de oro bajo y fino, doce pesos y tres tomines de esmeraldas (Eugenio 19). En casi todos los testimo- nios de las visitas a santuarios en el siglo XVI y XVII, los indígenas mestizos y españoles coincidían en…

p. 56
[10]

Económica, 1991. Hernández, Guillermo. De los chibchas a la colonia y a la república. Bogotá: s. e., 1978. Hugh-Jones, Stephen. “Shamans, Prophets, Priests and Pastors.” Shamanism, History and the State. Eds. N. Thomas y C. Humphrey. Michigan: University of Michigan Press, 1998. 32-74. Carl Henrik Langebaek 50 Ibarra,…

p. 59
08Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 931 cita
[9]

Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…

p. 93
09Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1221 cita
[11]

el informe negativo anterior de! protector Lorenzo de Aponte, AGÍ, Escribanía de Cámara, leg. 644, cuaderno 1, fols. 47- 51 (declaración en San Andrés, 8 de febrero de 1675). Detalle del Milagroso. 65A LOS INDIOS DE JEGUA APRENDEN A SOBREVIVIR jeguanos de la cofradía y los habitantes de otras partes, es otra muestra…

p. 122
10En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · p. 1031 cita
[12]

católicos y los mitos precolombinos o telúricos se entremezclan en la mente de Quintín. En algunos casos hay identificación o correspondencia —«Jehová es el verdadero Muschca »—, pero en otros casos las dos mitologías persisten en forma paralela, o se confrontan en abierta contradicción. Ejemplo de paralelismo: la…

p. 103
11La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 731 cita
[14]

en mucho y creyeron ser gran cosa, y dende á otros cuatro ó cinco días hobo otros 300 que se les hizo la misma fiesta (Andagoya 1829: 440-442). EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 74 L a g e n t…

p. 73
12La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
[15]

nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
13Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 45, 482 citas
[16]

acuerdo con las necesidades de cada familia indígena. La característica esencial era la propiedad colectiva sobre las tierras, las ventas, aún con el consentimiento de todo el común, se prohibieron en el siglo XVII. Según Friede, la conciencia de ser propietario no era igual en las comuni dades indígenas de América, y…

p. 45
[18]

indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…

p. 48
14Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 711 cita
[17]

Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…

p. 71
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 671 cita
[19]

á s ricos estaba en la plaza mayor. Sin embargo muchos hicieron casas en sus haciendas, en las que viv í an LA COLONIA: 1550-1810 71 buena parte del a ñ o. Los reales de minas, que se mov í an siguiendo la riqueza de los aluviones, eran campamentos provisionales. En el siglo xvii y sobre todo en el xvm algunas de las…

p. 67
16Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 196, 2284 citas
[20]

normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…

p. 228
[21]

normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…

p. 228
[37]

las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…

p. 196
[38]

las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…

p. 196
17Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 441 cita
[22]

sentido cultural—, o para fines de utilidad general: mitas para el transporte de leña, para obras públicas; y —lo que en un tiempo fue particularmente opresivo— para el transporte de perso- nas y mercancías a hombros, para la boga en el Magdalena 5, y para el trabajo de las minas de plata de propiedad fiscal de Las…

p. 44
18Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 352 citas
[23]

de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…

p. 35
[24]

de los indígenas en los res- guardos, que fueron agrupados unos con otros, trasladados a tierras más distantes y menos fértiles o simplemente disueltos. Únicamente en la región suroccidental los resguardos mantuvie- ron su vigencia, tanto así que resistirán no sólo los embates de la política colonial sino también los…

p. 35
19Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1031 cita
[25]

cimarrón; otros se quedaron donde habita- ban, pero actuando como espías en apoyo de Bioho. El palenque de Matuna creció a tal punto que debió darse una organización social y política formal: Bioho fue proclamado " r e y del arcabuco" y la gente eligió en cabildo a sus propias autoridades según mérito y servicio.…

p. 103
20La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 23, 312 citas
[26]

“Our Rome”: “La primera ciudad de nuestro mar”, “nuestra Roma”. 19 Los sabios Juan y De Ulloa lo contaron: con el arribo de la Flota, Cartagena se convertía, como buen puerto del Caribe, en un lugar de jolgorios, en el que se abrían muchas tabernas y en el que el ambiente marinero se hacía sentir. La cosa llegaba al…

p. 23
[35]

los judíos y a los negros por lo que calificó de prácticas diabólicas para referirse a sus religiones. En San Diego, conocido para aquel entonces como el barrio de los Jagüeyes, es decir de los cangrejos, situado en la parte alta de la ciudad, cohabitaron en extraña cercanía judíos conversos –por lo que hemos visto no…

p. 31
21Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3471 cita
[27]

de Cartagena, puerto de entrada de negros esclavos para el reino y ade - más escenario de zambajes y mulatajes, se toleró un sitio de poblamiento con un estatus superior al de los palenques y las rochelas. Se trataba del arrabal de Getsemaní, situado fuera de la muralla de la ciudad, en el que se toleraba el…

p. 347
22The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2721 cita
[28]

descendants of cimarrones, people who won their freedom by escape. They express pride in that past, especially through the heroic symbol of Benkos Biohó, the most famous leader of the communi- ties that later coalesced to become known as Palenke, where there is now a statue in his honor. Colombia’s palenques have…

p. 272
23Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 120, 2292 citas
[29]

vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…

p. 120
[49]

sexos al tribunal de la penitencia, pudiendo asegurarse que durante la misión y Semana Santa se conciliaron con Dios más que 4.000 almas 166. Sin embargo, ni los halagos ni las disciplinas de la Igle- sia católica lograron el dominio total de la moral y la ima- ginación espiritual de los campesinos colombianos durante…

p. 229
24Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 651 cita
[30]

su perspectiva, fray Juan de Santa Gertrudis manifestó: Ha muchísimo tiempo que unos ladrones se dieron maña de hurtar un situado que bajaba con treinta mulas cargadas de plata del Rey, de Pasto a Popayán, y estos se fueron temerosos de la justicia a buscar donde poder estar sin riesgo. Unos indios de Taminango les…

p. 65
25Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[31]

constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…

p. 393
26Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 561 cita
[32]

while common places of origin and the hardships of the slave ship may have had initial bonding effects on some slaves in the Americas, the day- to- day experiences people lived and shared, the family and kinship bonds they developed over time, and the strategies they used to create meaning for their lives all…

p. 56
27Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 1771 cita
[33]

simbólicos y materiales. Los conjuros, rituales, pócimas y magias para fines amatorios acercaron a hechiceras blancas, negras y mulatas, a quienes las mujeres blancas y mesti- zas de las elites acudían para resolver sus males de amor e invertir el orden social de subordinación, castidad y monogamia. Esta trasgresión…

p. 177
28Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 101 cita
[34]

de los inquisidores. 17 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 99 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…

p. 10
29¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 451 cita
[36]

de que los cronistas registran que en algunas ocasiones surgían desacuerdos entre vecinos y algunas complicaciones regionales, estas nunca fueron serias ni derivaron en motines y prácticamente hasta antes de la revuelta de los Comuneros, en 1780, no hubo manifestaciones entre estas familias de una insatisfacción…

p. 45
30Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 304, 3102 citas
[39]

distintas etapas de nuestra historia: la herencia de las grandes culturas precolombinas que al ser descubiertas ya habían desarrolla- do una serie de tecnologías adaptati- vas al medio ambiente y estructurado un conjunto de sistemas de pensa- miento; la importación de la cultura española también diversificada por di-…

p. 304
[52]

en la segunda mitad del siglo XVI, en una situación de ex- pansión colonial y bajo el imperio del sistema esclavista, no les fuera posible a los africanos venidos a América con- servar sus creencias y tradiciones de una manera integral. Máscara y danza ritual desaparecen casi por completo de la cultura negra…

p. 310
31Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 233, 2542 citas
[40]

son el concepto de la honra y el hidalguismo -con su consiguiente desprecio del trabajo manual- en la que rige una división en castas y una rigurosa distinción entre "oficios nobles", que están a disposición solamente de los "limpios de sangre", es decir, de aquellos sin "sangre de la tierra", y "oficios plebeyos", o…

p. 254
[42]

marcan aproximada- mente los años 1740 y 1820 y se localiza sobre todo en la capital del Virreinato, Santa Fe de Bogotá. Este gusto, más europeo que propiamente español, se manifestó sobre todo en el mobiliario y en la decoración o en aspectos accesorios y ornamentales de las pinturas y esculturas, pues seguía la…

p. 233
32Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4661 cita
[41]

de hecho cualquier prohibición, y fue así como se convirtieron en arrendatarios o poseedores de los resguardos indígenas. La reducción secular de la población indígena (a un 10% de lo que había sido originalmente) hizo ceder, finalmente, el prejuicio. En el siglo XVIII se experimentaron nuevas formas de organización…

p. 466
33Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 551 cita
[43]

y vara y tres cuartas de ancho, y pintada la Virgen en el centro, como viese que le quedaba mucho espacio blanco a los lados, los llenó con las efigies de San Andrés y San Antonio, poniendo esta a la derecha de la Virgen en obsequio del encomendero, 56 Míndic Anersít quien pagó por el cuadro veinte pesos de oro.…

p. 55
34Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 49, 682 citas
[44]

caer una flor y la des- petala, los quiteños y los cuzqueños acumulan cien y las densifican. Concebida en tal forma, esta decoración re- sulta profundamente americana; se liga a la decoración precolombina, alucinada por la reiteración sin fin de un 50 Míndí Tníií mismo motivo, a la asfixia decorativa y al sentido…

p. 49
[45]

median- te la inteligente inserción de pequeñas zonas cromática- mente fuertes, que esa aparente fragilidad es aristocracia y no abulia, distinción y no debilitamiento. Ni el dise- ño ni el color dan un paso en falso; por eso la definición de los personajes es tan enérgica como deseaba hacerse aparecer ante los…

p. 68
35Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 3321 cita
[46]

Vásquez de Arce y Ceballos (atribuido), segunda mitad del siglo XVII, óleo sobre lienzo, 177 × 249 cm. Fuente: © Colección de la Universidad de los Andes, fotografía de Óscar Monsalve. Diversidad a orillas del río Atrato El origen de la devoción a san Francisco en el litoral pacífico parece remontarse al siglo XVII,…

p. 332
36Colombia - Culture Smart!: The Essential Guide to Customs & CultureKate Cathey · 2011 · p. 731 cita
[48]

from the Santa Elena neighborhood make elaborate and enormous ower arrangements mounted on wooden structures that they carry on their backs during the parade. Being a silletero is a matter of local pride in Santa Elena, where they have passed down the tradition now through four generations. Days before the parade you…

p. 73
37Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 2961 cita
[50]

negros han de ir a buscar al Padre para que los catequice y les confiera los sacramentos es pensar en lo irrealizable... " los misioneros tienen que enfrentarse Ha la apatía y la ignorancia de los negros" (Merizalde, 1921: 208). Si bien es cierto que no hubo un rechazo frontal, la asimilación de la religión católica…

p. 296
38Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 831 cita
[51]

the Pacific socialized, played marimba music, drank, danced, and worshipped. Sometimes they did so along with members of other racial groups and social classes, even including the local white elites. In other cases, their musical practices were worrisome for the authorities. In any case, the terms in which music-…

p. 83
39Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 1681 cita
[53]

FSBQPSRVFIBCÎBTJEPSPCBEPPFTDPOEJEPQPSBMHVJFO%F JHVBMNBOFSB BTBO"OUPOJPTFMFBUSJCVZFFMQPEFSEFMSPNBODF4FDSFFRVFGVFVO santo enamorador que luchó contra los usureros y que además manejaba muy bien la palabra. También está san Pacho, famoso por las festividades de Quibdó que fue- ron declaradas por la Unesco, en 2012,…

p. 168
40Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1931 cita
[54]

Carnival celebrations in Colombia follow, historically, the northern trajectory of the Magdalena River. An earlier Carnival was celebrated in the river port city of Mompox, a city eclipsed by the growth of Cartagena and later Bar- ranquilla. The modern carnival has lost any identification with or control by the…

p. 193
41Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2411 cita
[55]

cotidiana en Colombia varía notoriamente, pues el modo en que las personas se distraen depende de la clase social, la región, la identidad religiosa, y de si residen en zonas urbanas o rurales del país. Este capítulo explora las fuerzas culturales que mueven a Colombia y a los colombianos; por ejemplo, las fiestas…

p. 241
42Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3561 cita
[56]

Juan y de otros san- Propaganda de la Kola Champaña, primer producto de la fábrica de gaseosas Posada Tobón, de Medellín, a comienzos de siglo. 356 Capítulo 15 357 Procesión con las reliquias de San Pedro Claver, en Cartagena, según una tarjeta postal de los años 20. tos, con nutridas procesiones. Tam- bién los…

p. 356
43Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · p. 11 cita
[57]

74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…

p. 1
44Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1641 cita
[58]

de la cultura blanca, las mani- festaciones de carácter ritual de los pueblos vencidos, des- cribiéndolas como si fueran parte integral de un todo específico de la cultura blanca, desconociendo y relegando al silencio y al olvido los valores de las otras culturas. A pesar de esto, y aunque no podemos tener la certeza…

p. 164