Gonzalo Jiménez de Quesada
Conquista
1495–1579
La biografía
Fue el abogado que conquistó un reino. Nacido en Granada hacia 1509, muerto leproso en Mariquita el 16 de febrero de 1579, Gonzalo Jiménez de Quesada dirigió entre 1536 y 1539 la expedición que remontó el río Magdalena, cruzó las selvas del Opón, sometió a las federaciones muiscas del altiplano y fundó, el 6 de agosto de 1538, la ciudad de Santa Fe, cabeza del Nuevo Reino de Granada. A diferencia de Pizarro o de los Lugo, era letrado de carrera; a diferencia de casi cualquier otro caudillo de su siglo, dejó su versión escrita de los hechos en el Epítome de la conquista del Nuevo Reino de Granada. Su figura marca el punto en que la conquista dejó de ser solo empresa militar para convertirse también en acto jurídico: un procedimiento con instrucciones, actas, repartos y juicios que tradujo la violencia al vocabulario del derecho castellano y fundó, sobre esa traducción, la primera institucionalidad de lo que hoy es Colombia.
Línea de vida
- 1536
Partida de Santa Marta
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El 6 de abril de 1536, Quesada partió de Santa Marta al frente de entre 705 y 750 hombres, nombrado general de la expedición por el gobernador Pedro Fernández de Lugo, con instrucciones de remontar el río Magdalena en busca de reinos ricos hacia el interior.
- 1537
Llegada al altiplano muisca y saqueo de Tunja
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A comienzos de marzo de 1537, tras once meses de travesía y con apenas 166 a 200 hombres supervivientes, la hueste emergió al altiplano andino. El 20 de agosto de 1537 saqueó Hunza, capital del zaque Quemuenchatocha, obteniendo 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas.
- 1538
Reparto del botín y fundación de Santa Fe
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El 6 de junio de 1538 se repartió el botín total de la conquista muisca: 191.274 pesos de oro fino, 37.288 de oro bajo, 18.288 de chafalonia y 1.815 esmeraldas. El 6 de agosto de 1538, en Teusaquillo, Quesada mandó levantar doce cabañas de paja en torno a una iglesia y celebró la primera misa, acto adoptado como fundación de Santa Fe de Bogotá.
- 1539
Encuentro con Federmann y Belalcázar; viaje a España
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En 1539 convergieron sobre el altiplano las huestes de Nicolás de Federmann (desde Venezuela) y Sebastián de Belalcázar (desde Quito). Los tres capitanes acordaron dirimir la disputa jurisdiccional ante la Corona y se embarcaron hacia España, dejando en Bogotá unos 400 hombres y 150 caballos.
- 1579
Muerte en Mariquita
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Gonzalo Jiménez de Quesada murió leproso el 16 de febrero de 1579 en Mariquita, sin haber obtenido nunca el gobierno pleno del Nuevo Reino de Granada que reclamó durante décadas, pero reconocido como fundador y cronista de la conquista del altiplano muisca.
El letrado que se hizo capitán
Quesada llegó al Nuevo Mundo con un perfil raro entre conquistadores. Era jurista de formación, hombre de tacto político y agudeza de observación, cualidades que sus contemporáneos y sus biógrafos posteriores destacaron sin excepción. Una de las descripciones más citadas lo pinta, hacia 1538, como "un hombre de cuarenta y tantos años", de pequeña estatura, afable en el trato, con una autoridad que dependía más de la palabra que de la fuerza física. La cronología que sitúa su nacimiento en 1509 en Granada resulta difícil de conciliar con esa edad al momento del encuentro con Federmann y Belalcázar —sería más coherente con un nacimiento hacia 1495 o 1498—, y esa ambigüedad ha acompañado toda su biografía.
Lo firme es el contraste. Los conquistadores de su generación —Ojeda, Bastidas, Fernández de Lugo, Heredia— venían movidos por el ascenso social y económico, por la lógica peninsular del honor y la hidalguía, por el ideal de convertirse en señores de indios y de tierras en un mundo donde en España ya no había reinos que ganar. Quesada compartía la ambición, pero llegaba con otra herramienta: el expediente. Un letrado sabía redactar autos, tomar declaraciones, motivar sentencias, invocar la Instrucción real. Sabía convertir un acto de fuerza en un acto de derecho. Y sabía, sobre todo, escribir la historia de lo que había hecho, en un siglo en que la crónica era también un título de propiedad.
Ese perfil lo colocó, no por casualidad, al frente de la expedición terrestre que preparaba en 1535 el nuevo gobernador de Santa Marta, Pedro Fernández de Lugo. La provincia se hundía en el hambre, las enfermedades tropicales, la guerra continua con los pueblos indígenas del litoral y la imposibilidad de sostener un ejército que se contaba ya por miles y que no tenía a quién saquear. Fernández de Lugo, que había reclutado una armada de al menos diez naves y más de mil personas —europeos, algunas mujeres, un pequeño número de africanos esclavizados—, necesitaba lanzar tierra adentro esa masa antes de que se le consumiera. Buscaba las cabeceras del río Grande, el Magdalena, y las noticias que ya circulaban sobre reinos ricos hacia el sur. Nombró general de la jornada a Jiménez de Quesada.
De Santa Marta al altiplano: los once meses del Magdalena
La expedición partió los primeros días de abril de 1536 —el 6 de abril, según la datación más precisa— con una cifra que se sitúa entre 705 y 750 hombres. Entre ellos iba Antón de Olalla, un soldado llegado a Santa Marta en 1535 y alistado como alférez de infantería, uno de los pocos que sobreviviría al viaje entero. La Instrucción y Memoria redactada por Fernández de Lugo dejaba constancia del programa: pedir oro a los indios sin vejarlos, llevar libro detallado del botín, fundar poblaciones, persuadir a los caciques a someterse voluntariamente al rey de Castilla y hacerles guerra únicamente si se negaban. Era, sobre el papel, una empresa civil y jurídica antes que militar. La realidad la corregiría en cada legua.
Los primeros meses en el Bajo Magdalena fueron una prueba de resistencia. Lucas Fernández de Piedrahita, cronista posterior, describió el tránsito como si la naturaleza misma hubiese estado dispuesta para el martirio de los europeos: calor sofocante, plagas, ciénagas, ataques desde las orillas, hambre. La expedición alcanzó Tamalameque en julio y solo llegó a La Tora —el lugar donde hoy está Barrancabermeja— en octubre. Allí Quesada tomó la decisión que definiría toda la jornada: envió una vanguardia a explorar el río Opón, un afluente que subía hacia el oriente. La partida volvió con noticias de chozas indígenas; un segundo destacamento confirmó que había población densa más adelante. Quesada dispuso el giro hacia la cordillera.
El precio del ascenso fue brutal. Las selvas del Opón y el Carare forman una barrera ecológica entre la cuenca caribe y el mundo andino; los cronistas del siglo XVI no dejaron de subrayar la dificultad extrema del paso. Los caballos inutilizados se comían. Los enfermos se dejaban atrás o se enviaban río abajo con el capitán Gallego, quien terminó regresando a Santa Marta con los sobrevivientes de la retaguardia y los bergantines, abandonando de hecho al ejército de tierra. Cuando la hueste alcanzó las serranías del Opón, ya no era una hueste: entre 166 y 200 hombres, apenas 30 caballos, salieron a las planicies andinas a comienzos de marzo de 1537. Habían salido de Santa Marta con más de setecientos.
Lo que encontraron arriba fue otro mundo. Poblaciones sedentarias densas, cultivos abundantes, depósitos de granos, aire fresco de montaña. Los pueblos muiscas huían dejando comida en las casas; los expedicionarios, hambrientos hasta el borde de la muerte, entraban en aldeas enteras servidas. El contraste con las selvas del Magdalena fue tan violento que se grabó en las crónicas como una suerte de resurrección. La conquista militar del altiplano —que ocuparía el resto de 1537 y 1538— empezó allí, con hombres arruinados que de pronto se descubrieron amos de una tierra rica.
El altiplano muisca: botín, juicio, fundación
La resistencia militar muisca fue, comparativamente, débil. No por falta de gente —las federaciones del zipa y el zaque podían movilizar decenas de miles de combatientes— sino por asimetría tecnológica y por una tradición bélica menos temible que la de sus vecinos. Sus armas —tiraderas, macanas, lanzas sin veneno— y sus escudos de madera se enfrentaban a caballos acorazados, arcabuces y acero toledano. Los propios españoles, con el desdén habitual, los describieron como "poco belicosos". La conquista se resolvió en meses, no en años.
El 20 de agosto de 1537, en Hunza —capital del zaque—, Quesada capturó a Quemuenchatocha y le arrebató un tesoro que las cuentas oficiales fijaron en 136.500 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas. Fue el golpe decisivo. El zipa Tisquesusa, señor de Bacatá, murió resistiendo; su sucesor, Sagipa, fue apresado, sometido a un procedimiento judicial por los españoles —que buscaban localizar el tesoro oculto del zipa— y desapareció en circunstancias que las crónicas nunca aclararon del todo. La decisión de someter a un cacique a juicio antes de ejecutarlo, en lugar de matarlo simplemente, delata la mano del letrado. Quesada necesitaba forma jurídica para el saqueo. Necesitaba autos.
El reparto del botín se hizo el 6 de junio de 1538, con la contabilidad detallada que la Instrucción exigía: 191.274 pesos de oro fino, 37.288 de oro bajo, 18.288 de chafalonía, 1.815 esmeraldas. Diez partes se reservaron para Fernández de Lugo, cinco tomó Quesada, los capitanes cuadruplicaron lo de los soldados de a pie. Esa suma —sumada a lo obtenido en Hunza y en otros saqueos— hizo del botín del Nuevo Reino el segundo más lucrativo del siglo XVI en América, solo por debajo del Perú de Pizarro. La riqueza muisca, procesada en oro repartido y esmeraldas contadas, entraba así en la economía imperial.
Dos meses después, el 6 de agosto de 1538, en un lugar que los indígenas llamaban Teusaquillo —sitio de esparcimiento del zipa—, Quesada mandó levantar doce cabañas de paja en torno a una iglesia también de paja, celebró la primera misa, descendió del caballo y arrancó algunas hierbas en gesto ritual de toma de posesión. Ese acto se considera tradicionalmente la fundación de Santa Fe. Las doce chozas evocaban a los doce apóstoles; el nombre "Santa Fe" repetía el de la villa fundada por los Reyes Católicos en la vega frente a la Granada mora, ciudad de la que Quesada era originario; y el territorio entero recibió el nombre de Nuevo Reino de Granada, con la misma resonancia peninsular. La ciudad, en sus primeros años, se conoció por varios nombres a la vez —Bogotá, Casa de Bogotá, Valle de los Alcázares de Bogotá, Santa Fe— hasta que el último se impuso como capital.
Hubo, en rigor, dos actos fundacionales. El primero, el del 6 de agosto de 1538, careció de plena formalidad jurídica: no se documentó en toda regla, y algo pareció faltar en la ceremonia. El segundo, más solemne, se hizo en 1539. Es una anomalía significativa: el jurista que había convertido el saqueo en libro contable no logró en la primera vez fundar la ciudad con los papeles en orden. La violencia iba adelante; el derecho corría detrás.
Alrededor de Santa Fe, la ocupación se extendió con rapidez. Tunja quedó fundada el 6 de agosto de 1539 por Gonzalo Suárez Rendón sobre el sitio de Hunza. Vélez existía como cabildo ya el 13 de agosto de 1538 —Quesada recibió allí un poder para representar a la ciudad ante la Corte—, aunque otras versiones atribuyan su fundación formal a Martín Galeano en 1539. Después vendrían Tocaima, Málaga, Pamplona; y para explotar los yacimientos, Mariquita e Ibagué. Cada fundación era también un reparto: se necesitaban ciudades para dar indios a los soldados en encomienda, y se necesitaban indios para dar sentido a las ciudades.
Tres huestes en el altiplano
Mientras Quesada consolidaba Santa Fe, dos expediciones más convergían sobre el altiplano. Desde Quito, subiendo por el sur y fundando en el camino Pasto, Popayán y Cali, avanzaba Sebastián de Belalcázar, capitán de Pizarro que buscaba independizarse de su jefe y obtener título propio de gobernador, atraído además por rumores de tierras ricas hacia el oriente. Desde la Venezuela occidental, tras más de dos años de travesía por los Llanos —perdiendo setenta europeos, cuarenta caballos y una cantidad incalculable de cargueros indígenas—, subía Nicolás de Federmann, capitán de los Welser. Los tres llegaron al altiplano en 1539 con muy pocos meses de diferencia.
La escena tiene algo de fábula. Tres huestes agotadas, procedentes de tres puntos cardinales, se encontraban en el mismo altiplano reclamando el mismo territorio. Federmann traía apenas un remedo de ejército, tan castigado por los Llanos que apenas se sostenía en pie. Belalcázar llegaba con mejor tropa. Quesada era el primero, el que había fundado ciudad y repartido botín. Cada uno se decía descubridor por derecho propio; cada uno tenía argumentos.
Lo que siguió fue disputa jurisdiccional. Y aquí volvió a asomar la lógica que atraviesa toda la biografía de Quesada: en vez de resolverla por las armas —lo esperable en el siglo XVI americano—, los tres capitanes acordaron viajar a España y dejar la decisión en manos de la Corona. Dejaron en Bogotá unos 400 hombres, 150 caballos y 300 marranas preñadas. Hicieron declaraciones formales en Cartagena antes de embarcarse. La Corona sería el árbitro; ningún conquistador obtendría por su cuenta el gobierno del Nuevo Reino. El precio del acuerdo fue alto: ninguno de los tres recibió, de manera inmediata, el título que reclamaba. La conquista producía descubridores, no gobernadores.
El Epítome y las crónicas: la conquista como texto
De vuelta en Europa, Quesada emprendió lo que quizá era su empresa más propia: convertir su expedición en libro. Se le atribuye la autoría del Epítome de la conquista del Nuevo Reino de Granada, obra que Francisco López de Gómara citó en su Historia general de las Indias y que hoy sobrevive solo en una versión mutilada, transcrita en Sevilla en 1550. La autenticidad plena del texto —qué proporción es de Quesada, cuánto añadió o alteró el copista, cuánto reproduce sin más los originales— sigue siendo asunto difícil de establecer. Pero incluso mutilado, el Epítome fue una pieza clave: fijó una versión de los hechos, ordenó la geografía moral del Nuevo Reino, defendió la primacía de su autor sobre el descubrimiento.
La conquista del Nuevo Reino de Granada quedó documentada como pocas del siglo XVI. La reconstrucción del itinerario exige el cotejo de al menos siete documentos contemporáneos: relaciones de soldados, informes oficiales, correspondencia, el propio Epítome. Casi todos duermen en el Archivo General de Indias de Sevilla. Esa densidad archivística no es accidental: obedece al perfil letrado del caudillo y a la propia lógica de la expedición, que llevaba libro de botín, actas de fundación, declaraciones y poderes. Quesada convirtió la conquista en un fondo documental, y por eso podemos leerla hoy con un detalle que otras jornadas americanas no permiten.
Ese rasgo lo separa nítidamente del resto. Es "apóstol de la ciencia" en la fórmula de sus admiradores; hombre que "nos hizo legado de sus crónicas". Los cronistas posteriores lo trabajarían como figura ambigua: Rodríguez Freyle, en El Carnero —obra basada en fray Pedro Simón, en Juan de Castellanos y en la tradición oral americana—, lo presentó como el gran referente del mundo de los conquistadores, contrapuesto a la burocracia colonial mediocre que vino después. La comparación era desfavorable a los sucesores: donde antes había habido caballeros temerarios, ahora había oidores rutinarios. Quesada quedaba, en esa memoria, como el último gran señor del Nuevo Reino.
Deudas, títulos y el sueño de El Dorado
El viaje a España no le dio a Quesada el premio que esperaba. Otros —Alonso Luis de Lugo, hijo del gobernador que lo había enviado— maniobraron mejor en la Corte. Quesada obtuvo con el tiempo los títulos de adelantado y mariscal, honores más que gobierno. Su hermano Hernán Pérez de Quesada asumió mando durante su ausencia y protagonizó episodios sombríos en el Nuevo Reino, incluida la tortura del último eslabón de la resistencia muisca. Cuando Gonzalo regresó finalmente a América, ejerció por un tiempo como gobernador de Cartagena y luego volvió a Bogotá, donde pasaría los últimos años de su vida.
En la sabana lo esperaba, a estas alturas, la figura del adelantado envejecido. Se lo describe hacia los años sesenta ya cumplidos como un anciano con dificultades para caminar, de carácter afable, respetado más por lo que había hecho que por lo que era. La conquista lo había hecho célebre, pero no rico: pleitos, deudas, mala administración y las obligaciones de un cargo sin rentas suficientes lo tenían acorralado. La Corona no le había dado el gobierno del reino que había fundado. Los repartimientos ya estaban distribuidos entre otros. El primer conquistador del altiplano vivía, en su vejez, del prestigio y de las expectativas.
De ahí nació su última gran empresa. Hacia 1569, ya en el ocaso, Quesada obtuvo permiso para dirigir una expedición en busca de El Dorado, esa quimera que llevaba décadas alimentando la imaginación europea desde que en la propia laguna de Guatavita, en el corazón muisca, los cronistas habían situado la ceremonia del cacique cubierto de polvo de oro. Partió con doscientos soldados hacia los Llanos. Cruzaron la Cordillera Oriental y, desde una cumbre alta, avistaron las llanuras orientales el día del Apóstol Santiago; allí fundaron Santiago de las Atalayas como memorial del descubrimiento. Después vino, otra vez, la selva: años perdidos entre los ríos del oriente, enfermedades, deserción, muerte. La expedición no encontró El Dorado. Nadie lo encontró nunca, porque no existía. Quesada regresó, viejo y arruinado, sin haber hallado lo que buscaba.
Los últimos años los pasó en Mariquita, en tierra caliente, enfermo de lepra. Siglos después todavía se conocía el sitio de su casa: quedaba el portón de piedra pulida y unas pocas vigas que servían como repisas de ventanas. Murió el 16 de febrero de 1579, a los setenta años cumplidos si aceptamos la fecha de nacimiento de 1509, o más viejo aún si aceptamos la descripción contemporánea del hombre de "cuarenta y tantos años" en 1538. La empresa de su vida —la fundación del Nuevo Reino de Granada— lo había hecho un nombre inmortal en la historia americana; su vida propia se apagó en un pueblo minero, enfermo y endeudado, persiguiendo hasta el final una ciudad de oro que solo estaba en los libros.
El personaje y su archivo
La red que rodea a Quesada define la escala de la conquista del altiplano. En el vértice político estaba Pedro Fernández de Lugo, el gobernador de Santa Marta que armó la expedición y murió antes de ver sus frutos; luego su hijo Alonso Luis de Lugo, rival cortesano de Quesada. Sobre el terreno, la hueste incluía a Gonzalo Suárez Rendón, futuro fundador de Tunja; a Martín Galeano, asociado a la ocupación de Vélez; a Antón de Olalla, uno de los sobrevivientes del Magdalena. La Iglesia acompañaba con sus religiosos; la Corona, con sus instrucciones. En el lado muisca, los nombres son también precisos: Tisquesusa, el zipa que murió resistiendo; Sagipa, su sucesor sometido a juicio; Quemuenchatocha, el zaque de Hunza despojado del oro; Nemequene, señor anterior cuya memoria orientaba todavía la geografía política de la sabana.
La geografía del personaje va de Granada —la de los Reyes Católicos, donde había nacido— a Santa Marta, del río Magdalena a Barrancabermeja, del Opón a Suesca, de Bacatá a Hunza, de Santa Fe a Tunja, de Vélez a Pamplona, de los Llanos a Mariquita. Es un mapa que atraviesa Colombia en diagonal, del Caribe a la cordillera y de la cordillera a los ríos del oriente. En cada punto Quesada dejó nombres, actas, ciudades, muertes. En Mariquita dejó, además, su tumba.
La memoria historiográfica lo ha tratado con altibajos. En el siglo XIX, la escritura de la historia colombiana estuvo marcada por la militancia política y la moralización; el pasado colonial se leyó según las urgencias del presente republicano. El siglo XX lo devolvió como el caballero de El Dorado —fórmula que sirvió incluso de título a una biografía traducida al inglés—: aventurero letrado, granadino en las montañas de América. Más tarde llegaría la recuperación paciente de los papeles: la edición de crónicas indianas, la traducción al inglés de las relaciones de la jornada, el cotejo minucioso de los testimonios de soldados. Entre unos y otros, la figura de Quesada se ha ido leyendo con más rigor archivístico y menos épica.
Qué queda del abogado que conquistó un reino
Quesada es, en la memoria colombiana, el fundador de Bogotá. Es también el bautizador del Nuevo Reino de Granada, nombre que perduró casi trescientos años sobre el mapa del virreinato y que aún resuena en los himnos y los toponímicos de la Colombia contemporánea. Es el jefe de la hueste que arrancó a los muiscas su oro, sus esmeraldas y su soberanía política, y que abrió la sabana a la encomienda, al tributo, a la parroquia y al cabildo. Sin él —y sin la coyuntura estructural que hizo posible su éxito: la desventaja tecnológica muisca, la ecología del Magdalena como filtro despiadado, la abundancia alimentaria del altiplano que alimentó a la hueste diezmada— no habría existido, o habría existido de otro modo, la primera arquitectura colonial del territorio.
Pero hay que medir el peso exacto de esa figura. La convergencia de las tres huestes en 1539 mostró que cualquier conquistador que hubiera sobrevivido a las selvas del Opón habría encontrado una resistencia relativamente débil y un botín extraordinario. La conquista del altiplano no fue una hazaña individual sino un encuentro de fuerzas: ecológicas, tecnológicas, políticas. El acuerdo de viajar a España y someterse al arbitraje real demostró, además, que ninguno de los tres capitanes —incluido Quesada— pudo traducir el descubrimiento en gobierno efectivo. La Corona fue el árbitro; los conquistadores, ejecutores prescindibles. Quesada murió sin haber sido nunca gobernador del reino que había fundado.
Su especificidad, entonces, no está en el volumen del oro ni en la extensión del territorio ganado, sino en la textura jurídica y escrituraria de su empresa. El botín contado en partes, los cautivos sometidos a juicio, las ciudades fundadas con nombre simbólico y ceremonia registrada, la Instrucción del gobernador leída y ejecutada, el Epítome redactado, las crónicas legadas: todo eso convirtió una expedición de saqueo en un expediente. La violencia se archivó. Y ese archivo —fragmentario, mutilado, disperso entre Sevilla y Bogotá— es lo que ha permitido que la conquista del Nuevo Reino de Granada se conozca hoy con precisión inusual, y que su protagonista siga apareciendo, cinco siglos después, con nombre, edad, estatura, carácter y última enfermedad.
El abogado que se hizo capitán y que murió leproso en Mariquita persiguiendo El Dorado dejó, al final, lo que un jurista dejaba: papeles. Sobre esos papeles se construyó buena parte del país. Es, quizá, la ironía última de su vida —y su huella más duradera.
Conexiones del archivo
Red histórica
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
26 documentos · 43 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 218, 2212 citas
[1]Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…
p. 218
[37]Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…
p. 221
02More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 411 cita
[2]Chibchas were the most highly developed of the groups that lived within the boundaries of modern-day Colombia, but they existed be- yond the borders of Incan, Mayan, and Aztec rule. By the time the Spanish arrived in Colombia, Hernan Cortes had al- ready conquered Mexico. Fortunately, Francisco Pizarro, the ruthless…
p. 41
03El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Páginas 288, 2942 citas
[3]y hombre de gran tacto político y agudeza de observación, el de más talento de aquellos tres conquistadores. Federmann, cuyo lugar de nacimiento no es conocido, era también de aventajada estatura y rostro blanco y bello, orlado de rojiza barba, muy diestro en toda clase de ejer- cicios, tan cortés y suave que jamás se…
p. 294
[19]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…
p. 288
04Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Páginas 1, 34, 132, 1424 citas
[4]Invading Colombia Spanish Accounts of the Gonzalo Jimenez de Quesada Expedition of Conquest J. Michael Francis latin american originals 2007. Penn State University Press. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable…
p. 1
[32]1 Heredia, Pedro de founder of Cartagena, 39 n. 9 governor of Cartagena, 9 n. 19, 29, 29 n. 17 Hernández, Gonzalo, 46 n. 25, 57 Hernández Gallegos, Diego, 42 n. 17, 49, 52 injured in battle, 57 Hierro Maldonado, Hernando, 96 n. 26 Hispaniola, 3, 32, 39 n. 8 horses, 21, 28, 29 n. 16, 35 n. 1, 72, 84, 88, 96, 97, 105,…
p. 142
[33]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…
p. 34
[39]UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. bI bl I o G r AP hy Primary Archival Sources AGI Archivo General de…
p. 132
05Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 541 cita
[5]así ex - poliar otros pueblos. Agotada esta segunda instancia, se hizo necesario “sistematizar la explotación de sociedades indígenas para mantener los frutos de la Conquista” (Colmenares, 1997 a, p. 4). La tesis, enmarcada 54 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 dentro de la lógica de una…
p. 54
06Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Páginas 17, 212 citas
[6]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
p. 17
[31]noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…
p. 21
07The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 371 cita
[7]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
08Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 3691 cita
[8]dad de su carne y su abundancia de sebo, indispensable entonces para la fabricación de velas. El fundador de esta importante hacienda, Antón de Olalla, tuvo un origen bas tante modesto. Fue un oscuro pero afortunado soldado que, llegado a Santa Marta en 1535, no sólo logró sobrevivir a los azares del dificilísimo…
p. 369
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 73, 75, 763 citas
[9]destacamento de los recién llegados, entre los cuales se con- taba Jiménez de Quesada, emprendió una expe- dición a la parte oriental de la gobernación, La Ramada. Sostuvo algunos encuentros con los indios y recogió algún oro. Sin embargo, desi- lusionado de lo que esperaba fuera un paraíso, abandonó la empresa. Sin…
p. 73
[22]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…
p. 76
[24]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…
p. 75
10Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 221 cita
[10]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
p. 22
11Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 113, 116, 2133 citas
[11]estas rebeliones. 28. Castellanos, III, 421 y ss. 29. Id., III, 430 y ss. 30. DIHC, VIII, 173. 31. Id., VIII, 259. 32. Cieza de León, Crónica (Madrid, 1947), Cap. XXVI. 8 33. Ibid., Cap. XXVI. 34. Acosta (Descubrimiento y Conquista, 474) y otros afirman que Briceño se había casado con la viuda de Robledo, lo que…
p. 213
[17]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
[30]sobre sus descubrimientos, se fue directamente a España. La conquista de los chibchas, sin embargo, fue conocida inmediatamente en Santa Marta, pues Federmán, Quesada y Belalcázar hicieron diversas declaraciones en Cartagena al respecto. El gobernador enviado por la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo Lebrón, decidió…
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12Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · Página 1081 cita
[12]en la cuenca del río Magdalena se encuentran gran número de ecosistemas diferentes 291. Entre estos ecosistemas se encuentran las selvas tropicales ubicadas en las pendientes húmedas desde cerca del nivel del mar hasta 1000 metros de altitud. Estas por lo general se ubicaban en las cercanías de las orillas del río.…
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13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 28, 342 citas
[13]llegan debajo de la rodilla o a la pantorrilla, estofados todos de alto, abajo de algodón, de grueso de tres dedos… y de esta suerte y por esta orden hacen las mangas del sayo y su babera… los arneses o coseletes, y los morriones o celadas… y testera para el caballo que le cubre rostro y pescuezo, y pecho… y faldas……
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[29]corte, el único lugar donde podía obtener por merced real su título de gobernador. Otra razón para que Belalcázar se dirigiese al norte debía estar relacionada con las experiencias de dos de sus compañeros, Juan de Avendaño y Luis de Sanabria. Aven- daño había hecho parte de la exploración de Diego de Ordás, Orinoco…
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14Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Páginas 60, 632 citas
[14]remolinos tan llenos de peces que podían agarrarse con la mano o sacarse metiendo una cesta en el río. Había tantas tortugas en el Magdalena Bajo que viajeros posteriores las califican de obstáculos para la navegación. Un cronista, fray Pedro Simón, cuenta que en un trayecto de trece días por el río, el grupo que lo…
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[18]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…
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15Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 134, 137, 1413 citas
[15]la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…
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[23]cabo la expedici ó n; cl á usula que merece destacarse por ins ó lita. Pues si bien exist í a un derecho consagrado de aprovecharse de los bienes del enemigo, no as í de quienes se somet í an voluntariamente, sin hacer la guerra. Se exig í a pues de los indios pac í ficos, su apoyo a la invasi ó n. El 6 de junio de…
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[27]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…
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16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 45, 472 citas
[16]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
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[28]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…
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17Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1011 cita
[20]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
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18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 671 cita
[21]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…
p. 67
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 451 cita
[25]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
p. 45
20Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · Página 1031 cita
[26]efectivos ala hora de meter miedo a los españoles. Por un lado, sus armas eran bastante menos atemorizantes que las de sus vecinos; apenas usaban tiraderas que arrojaban dardos sin el terrible veneno que se usaba en otras partes, además de macanas y lanzas. Más importante aún: no los amenazaron con comerlos, ni con…
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21Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 32, 412 citas
[34]el poder, la institución de la Real Audiencia prefirió guarecerse en el altiplano, entre Tunja y Bogotá, ciudades alejadísimas del mar y de la metrópoli. Naturalmente, allí se acen- tuó el formalismo de la ley y la escritura, y bajo aquella atmósfera mestiza encontramos los primeros textos narrativos. xxvi. De acuerdo…
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[41]des migraciones y el Nuevo Reino de Granada se encerró sobre sí mismo a la manera de Macondo en Cien años de soledad. Lo único dinámico era la danza burocrática de funcionarios yendo y viniendo para ocupar la presidencia de la Real Audiencia. Rodríguez Freyle mostró en El Carnero cómo el Nuevo Mundo, especialmente en…
p. 41
22Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Página 2641 cita
[35]por la edad del siglo. Era elocuente, garboso, manirroto. Tenía sus ideas. Volvió a España, anduvo por Italia, escribió libros de historia, crónicas de sus viajes. Pero su mente andaba divertida. Seguía pensando en El Dorado. Le hicieron adelantado, mariscal. Regresó a América. Fue gobernador de Cartagena. Pero su…
p. 264
23El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · Página 3901 cita
[36]provincias donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó 134 Fray Pedro Simón, Noticias historiales o conquistas de Tierra Firme, noticias 6 y 7, caps. 7 y 8. 391 Eí Ondicec dírstnaóc a claro y perfecto día, mediante la predicación de muchos varones apostólicos que reputaron el oro…
p. 390
24Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · Página 1691 cita
[38]de la Nueva Granada y fundada por el conquistador original, Gonzalo Jiménez de Que- sada. Este vivió y murió allí y todavía se conoce el sitio donde estuvo localizada su casa. De las ruinas de dicha construcción queda sólo el portón de entrada, hecho en piedra pulida. Puesto que los mariquiteños no utilizan mortero,…
p. 169
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1661 cita
[40]cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…
p. 166
26Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 1, 32 citas
[42]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…
p. 1
[43]relatos históricos en este clima de ideas se expresaron en los modos en los que representaron la realidad. La moralización debía estar acompañada de “una imaginación viva y una ardiente fantasía” para que el historiador pudiera conmover los sentimientos. El relato “fiel de los hechos” debía tener un tono dramático que…
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