Circuitos de intercambio interregional y microverticalidad muisca
Entre 1400 y 1537, las comunidades muiscas del altiplano cundiboyacense articularon un sistema de intercambio no monetario que conectaba la sabana fría de Bogotá con el valle del Magdalena, el piedemonte llanero y la costa Caribe, integrando pisos térmicos mediante mercados periódicos, especialización cacical por producto y circulación de bienes como sal, mantas, oro, coca y esmeraldas. Este sistema constituye uno de los casos mejor documentados de integración ecológica prehispánica en Colombia y ofrece un contrapunto al modelo del control vertical de archipiélagos ecológicos formulado por John V. Murra para los Andes centrales.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- Circa 1400–1537
- Dónde
- Sabana de Bogotá, Altiplano cundiboyacense, Tunja, Sogamoso, Zipaquirá, Boyacá, Llanos Orientales, Valle del Magdalena, Río Magdalena, Río Suárez, Río Chicamocha, Piedemonte llanero
- Protagonistas
- Gonzalo Jiménez de Quesada, Pedro de Aguado, Zipa (cacique de Bacatá), Zaque (cacique de Hunza/Tunja), Caciques muiscas del altiplano cundiboyacense, Comunidades sutagaos, Carl Henrik Langebaek, John V. Murra, Ana María Boada, Marianne Cardale de Schrimpff
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La compresión ecológica de la cordillera Oriental, que en pocas jornadas de camino yuxtapone tierra fría, templada y caliente, generó una complementariedad estructural de recursos que ninguna comunidad podía satisfacer por sí sola.
- La especialización cacical en productos estratégicos —sal en Zipaquirá, coca en el Chicamocha, tabaco en Samacá, algodón en el piedemonte— creó dependencias intrarregionales que solo el intercambio podía resolver.
- La ausencia de depósitos auríferos en el territorio muisca obligó al Zipa a obtener oro mediante comercio con el valle del Magdalena, articulando un circuito de larga distancia basado en el monopolio salino de Zipaquirá.
- La alta densidad demográfica del altiplano generó una demanda sostenida de bienes que la tierra fría no producía, como coca, algodón y frutos tropicales, impulsando el tráfico interregional desde épocas muy anteriores a 1400.
- La existencia de rutas naturales —vertientes de los ríos Apulo, Seco, Sogamoso y Opón— facilitó los desplazamientos regulares entre pisos térmicos y la consolidación de infraestructura de albergue para mercaderes.
Consecuencias
- Se consolidó un sistema de mercados periódicos de ciclo cuatridiano, ubicados dentro de los cercados cacicales, que integraron políticamente a los cacicazgos del altiplano y sus vecinos bajo la autoridad de zipas y zaques.
- La sal de Zipaquirá alcanzó una distribución geográfica de hasta ochocientos kilómetros, llegando al sur hasta Neiva, al norte hasta Barrancabermeja y al oriente hasta los Llanos, convirtiendo al Zipa en el actor dominante de los circuitos de larga distancia.
- Las mantas de algodón emergieron como el bien de referencia más aceptado en los intercambios, funcionando como cuasi-moneda sin llegar a ser un medio general de cambio estandarizado, lo que define el carácter no monetario de la economía muisca.
- El hallazgo de depósitos de sal y mantas cerca de La Tora por exploradores de la expedición de Jiménez de Quesada en 1537 orientó la conquista española hacia el altiplano, convirtiendo los circuitos de intercambio muisca en un factor directo de la invasión.
- El sistema dejó evidencia arqueológica duradera —restos de batata y aguacate en Zipacón hacia 3.270 años antes del presente, caracoles Strombus en la sabana— que permite rastrear la microverticalidad muisca mucho antes del período estudiado y documentar la profundidad temporal de la integración ecológica andina en Colombia.
La clave interpretativa
Por qué importa
El sistema de intercambio muisca demuestra que la integración ecológica entre pisos térmicos no requirió el control directo de colonias en tierras lejanas —como postula el modelo de archipiélagos de Murra para los Andes centrales— sino que pudo articularse mediante mercados periódicos, especialización cacical y redes de trueque sostenidas por autoridad política local. Su estudio obliga a diversificar los modelos de integración regional prehispánica en América del Sur y revela que economías complejas y de largo alcance pueden operar sin moneda, sin Estado centralizado y sin control territorial directo de los recursos.
Desarrollo histórico
La historia completa
Circuitos de intercambio interregional y microverticalidad muisca (1400–1537)
En el siglo previo a la llegada de las huestes de Gonzalo Jiménez de Quesada al altiplano cundiboyacense, las comunidades muiscas habían tejido un sistema de intercambio que conectaba la sabana fría de Bogotá con el valle caliente del Magdalena, el piedemonte llanero y, por vías más indirectas, la costa Caribe. Un entramado de mercados periódicos, especialización cacical por producto y circulación de bienes valorados —sal, mantas de algodón, oro, coca, esmeraldas, yopo, caracoles marinos— que integraba pisos térmicos separados por pocas horas de camino y regiones distantes hasta ochocientos kilómetros. Montado sobre la geografía escalonada de la cordillera Oriental y sostenido por la autoridad de zipas, zaques y caciques menores, este sistema constituye uno de los casos mejor documentados de integración ecológica prehispánica en Colombia, y ofrece un contrapunto ineludible al modelo del "control vertical de un máximo de pisos ecológicos" formulado para los Andes centrales.
El escenario físico: pisos térmicos en distancias cortas
El altiplano cundiboyacense se extiende entre los 2.500 y los 2.600 metros sobre el nivel del mar, con temperatura media de 13,5 °C y una precipitación anual cercana a los 850 milímetros. Es tierra fría de sabanas amplias —la de Bogotá suma 4.250 kilómetros cuadrados— rodeada por páramos que trepan hasta los 4.000 metros en el macizo de Sumapaz. En época seca, las oscilaciones diarias son brutales: máximas de 25 °C, mínimas bajo cero. Allí prosperan la papa, el maíz de altura, los cubios, las quinuas y los fríjoles; no la coca, ni el algodón, ni los frutos de tierra caliente.
Lo decisivo de esta geografía no es la altitud del altiplano sino la brevedad de la distancia que lo separa de los otros climas. La cordillera Oriental cae hacia el oeste sobre el valle del Magdalena y hacia el este sobre el piedemonte llanero en pendientes tan pronunciadas que, en pocas jornadas de camino, un grupo humano puede atravesar tierra fría, templada y caliente. Las vertientes de los ríos Apulo, Seco y Sogamoso funcionaron como corredores naturales que enlazaron los pisos cálidos con la sabana; por el flanco septentrional, los valles del Chicamocha y el Suárez ofrecieron otros pasos. Esta compresión ecológica —microverticalidad, en el vocabulario de la antropología andina— fue la premisa material sin la cual el sistema muisca no podría entenderse.
Que los desplazamientos entre pisos térmicos son muy antiguos lo confirma un dato arqueológico de peso. En el sitio de Zipacón, en una capa datada hacia 3.270 años antes del presente, coexisten restos de batata —planta de tierra templada o caliente— y endocarpios de aguacate, también de piso cálido, en pleno altiplano frío. La combinación es imposible localmente: prueba que ya en el segundo milenio antes de Cristo había circulación regular de productos entre las tierras del Magdalena, las vertientes cordilleranas y la sabana. Al mismo orden de evidencia pertenecen los fragmentos de caracoles marinos del género Strombus hallados en la sabana desde épocas prehistóricas, que documentan contactos hasta el Caribe muchos siglos antes de la conquista.
Sobre esta base ecológica, y con la mayor concentración demográfica prehispánica del actual territorio colombiano asentada precisamente en el altiplano, se levantó la sociedad muisca. Su cohesión y su camino hacia formas cacicales complejas se sostuvieron en una base de recursos permanentes y de fácil aprovechamiento; su intercambio, en la explotación deliberada de las diferencias que la cordillera ofrecía a la mano.
Especialización cacical: quién producía qué
Hacia 1537, cuando los cronistas de la expedición de Jiménez de Quesada empezaron a describir el mundo muisca, la producción especializada de ciertos bienes estaba asociada de manera nítida a territorios cacicales precisos. La sal era el caso más evidente. Las minas de Zipaquirá, junto con las salinas de Nemocón y Tausa, otorgaban al Zipa —el gran cacique de Bacatá— una posición sin equivalente: eran los únicos yacimientos de sal gema explotables a gran escala en la región, y su producto se comerciaba a distancias enormes. Los panes de sal muiscas llegaban hacia el sur hasta Neiva, hacia el norte hasta los alrededores de Barrancabermeja, en el Magdalena medio, y penetraban hacia el oriente a unos ochocientos kilómetros del altiplano. La sal era un producto geográficamente restringido, esencial para la vida y ausente en las tierras vecinas: esa combinación de necesidad y escasez la convertía en el bien de intercambio de larga distancia por excelencia.
La coca tenía como productores más importantes a los cacicazgos del valle seco del Chicamocha, aunque también se obtenía en las laderas templadas de la cordillera. Los muiscas del altiplano frío, que no podían cultivarla en sus propias sabanas, dependían de este comercio interno con las comunidades cordilleranas de piso templado y del valle del Magdalena. El tabaco, en cambio, se concentraba en el Valle de Samacá, Icaga y Oicatá, tres cacicazgos cercanos a Hunza (Tunja) que abastecían al Zaque y a sus tributarios.
El algodón siguió una lógica distinta, más difusa. Se cultivaba en el piedemonte llanero, en términos de Vélez, en territorio panche y muzo, y en las partes bajas y templadas de los valles de los ríos Garagoa y Negro. Algunas comunidades muiscas con acceso a parcelas templadas —Subachoque, por ejemplo, con excedentes documentados— producían su propio algodón; otras lo obtenían íntegramente por comercio. De Chita, en territorio de los laches, en el piedemonte oriental de la cordillera, venía un algodón especialmente buscado para la producción textil muisca, práctica prehispánica que persistió en el periodo colonial temprano.
La orfebrería agrega otra capa. El territorio muisca carecía de depósitos auríferos: el oro que alimentó a los talleres de Guatavita, Tunja o Sogamoso venía enteramente de fuera, principalmente de la región de Neiva y de otros puntos del valle del Magdalena. El Zipa, pese a su poder, era en este renglón un importador: cambiaba sal, mantas y esmeraldas —estas últimas provenientes de las minas de Muzo, Coper y Somondoco— por el metal que sus orfebres transformaban en pectorales, narigueras y las célebres figuritas planas fundidas en oro o en tumbaga, la aleación de oro y cobre. Las esmeraldas, en cambio, sí eran producto propio, y salían del altiplano en dirección al Magdalena, a los Llanos y hasta zonas mucho más lejanas.
En este mapa de especialización, la autosuficiencia local seguía siendo la norma en los productos de subsistencia. Incluso en Tausa, una de las principales salinas, los indígenas sembraban maíz, papas y fríjoles, y a veces disponían de excedentes para el intercambio. Nadie vivía solo de la sal, ni solo de la coca, ni solo del algodón. La especialización operaba sobre la superficie de una economía campesina básicamente autosuficiente en alimentos, y añadía a esa base un estrato de bienes de circulación amplia cuya distribución seguía lógicas territoriales estrictas.
Los mercados periódicos y el ciclo de cuatro días
El mecanismo que hacía circular esa producción especializada era el mercado. Los muiscas celebraban mercados periódicos con un ritmo de cada cuatro días en Tunja y otros centros cacicales, ciclo asociado a su sistema de numeración. El sitio del mercado se ubicaba dentro del cercado del cacique: no era una plaza neutra sino un espacio bajo autoridad política directa.
Al mercado de Tunja acudían muchos caciques y señores principales de los cacicazgos circundantes, tanto por deferencia al cacique local como por sus propios intereses. La imagen es reveladora: los mercados no eran solo lugares de trueque entre productores anónimos, sino escenarios donde los jefes de las comunidades participaban activamente, negociando y desplegando sus propias redes. Un cacicazgo especializado —el productor de tabaco de Oicatá, por ejemplo— llegaba al mercado con sus excedentes y salía con los bienes que su territorio no producía; el cacique acompañaba y a menudo dirigía la operación.
Un caso menor pero muy ilustrativo es el de los sutagaos, al sur del altiplano, que acudían a los mercados de Pasca y Fusagasugá para adquirir mantas de algodón a cambio de maíz, papas, cubios, fríjoles, curíes, y carne y pellejos de venado. Lo que aparece aquí es un intercambio directo, palpable, entre productores de bienes específicos de sus zonas —los sutagaos, cazadores y horticultores del piedemonte sur; los muiscas de Pasca y Fusagasugá, tejedores— sin mediación monetaria y sin necesidad de un aparato administrativo que centralice y redistribuya. El mercado hace el trabajo.
Las mantas como cuasi-moneda
Que ese intercambio de mantas por maíz, curíes y venado funcionara sin más aparato que el mercado mismo tiene una condición: la existencia de un bien lo bastante aceptado como para ordenar el resto de las equivalencias. En la economía muisca ese bien fue el textil de algodón. Las mantas eran aceptadas en intercambio por muchas otras mercancías, funcionaban como unidad de referencia para tasar bienes disímiles y circulaban con una amplitud geográfica que ningún otro producto igualaba. En los relatos de los conquistadores, la manta aparece una y otra vez como aquello que los muiscas ofrecían y que a la vez servía para pedir cualquier cosa.
Llamarla "moneda" sería excesivo. Las mantas no eran homogéneas: existían las mantas finas, tejidas con esmero y decoradas, y existían las mantas chingas, hechas con tejidos menos elaborados y menor cantidad de trabajo, cuyo valor relativo era distinto. No había una unidad estandarizada. El oro y la sal, otros dos bienes de circulación amplia, tampoco alcanzaron a funcionar como medios generales de cambio: eran poco aceptados justamente en las regiones donde se producían en abundancia, lo que limitaba su papel como referente universal.
La economía muisca fue, en rigor, no monetaria. Se articuló por trueque e intercambio de bienes mediado tanto por necesidades materiales como por la importancia simbólico-religiosa de ciertos productos —el yopo, los caracoles marinos, ciertas piezas de orfebrería—. Pero dentro de esa lógica, la manta ocupó un lugar particular: era portable, divisible en tamaños, ampliamente aceptada, y su producción estaba distribuida entre muchas comunidades. Fue lo más parecido a un dinero que la sociedad muisca produjo, sin llegar a serlo del todo.
Los conquistadores lo notaron desde el primer encuentro. Cuando exploradores de la expedición de Jiménez de Quesada, remontando el río Opón en 1537, hallaron cerca de La Tora depósitos con grandes bloques de sal y mantas de algodón, entendieron que río arriba había una sociedad organizada y rica. Fue la combinación de sal minada y textiles elaborados, más que cualquier otro indicio, lo que alteró el rumbo de la expedición y la orientó hacia el altiplano.
El circuito del Magdalena: oro, coca y las trochas del Opón
La ruta principal hacia el oeste descendía desde el altiplano al valle del Magdalena por una serie de trochas en las estribaciones de la cordillera. Fray Pedro de Aguado, hacia 1581, las describió como tan angostas que los propios españoles tuvieron que ampliarlas cuando subieron. Eran caminos de mercader, no rutas ceremoniales: senderos estrechos ajustados al paso de indios cargueros con panes de sal, cestas de coca y fardos de mantas.
En la región del Opón, los conquistadores encontraron dos o tres bohíos que funcionaban como ventas y aposentos de mercaderes y pasajeros indígenas. Se trata de infraestructura permanente de albergue para viajeros de comercio, en tierras que ya no eran muiscas sino de grupos vecinos del Magdalena medio: la huella de un tráfico habitual entre comunidades organizadas para atenderlo, no de un contacto esporádico entre extraños.
Por esas rutas salían del altiplano los principales artículos de exportación muisca —sal, esmeraldas, coca de las laderas cordilleranas, telas de algodón— y entraban el oro del alto Magdalena y de Neiva, plumas de aves tropicales, aves vivas y yopo. El circuito operaba en dos sentidos y en cascada: los productores directos vendían a intermediarios de las tierras templadas, y estos a otros intermediarios de las tierras cálidas, sin necesidad de que un mismo mercader recorriera toda la distancia. El Zipa, en particular, obtenía por esta vía el oro que su territorio no producía y sin el cual no habría orfebrería en Guatavita ni en Bacatá.
La sal de Zipaquirá no era solo un producto: era el instrumento estructural sobre el que el Zipa apalancaba su posición en los circuitos de larga distancia. El monopolio salino le daba una ventaja permanente frente a otros cacicazgos y frente a las sociedades del Magdalena, que necesitaban su sal y no podían obtenerla en otra parte. La integración interzonal muisca no fue nunca puramente económica: estuvo atravesada por la política cacical, y sus flujos favorecieron a los jefes que controlaban recursos estratégicos.
El circuito de los Llanos: yopo, algodón y el tráfico de moxas
Cruzando la cordillera hacia el piedemonte y los Llanos corría otro circuito, de naturaleza distinta. Aquí los muiscas no comerciaban solo con sociedades cacicales complejas sino con grupos de cazadores-recolectores nómadas —cuyos descendientes son los actuales cuiva y otros pueblos de las sabanas— que abastecían al conjunto del sistema de bienes de importancia ritual: miel silvestre, venenos vegetales y, sobre todo, semillas de yopo, la Anadenanthera peregrina, tostadas y molidas para inhalarse por medio de tubos hechos con huesos de aves.
El yopo era, para los muiscas y para los laches del piedemonte, mucho más que una sustancia de goce: era el vehículo central de la comunicación con lo sagrado, y sostenía la práctica religiosa de los especialistas rituales. Su llegada al altiplano dependía de una cadena de intermediación larga: los cazadores-recolectores llaneros lo entregaban a grupos de cultura de selva tropical del piedemonte, y estos lo hacían llegar a los cacicazgos laches y muiscas. Esa cadena, tejida en pactos ritualizados y en visitas regulares, articuló a sociedades muy distintas: bandas nómadas cazadoras de la Orinoquia y jefaturas cacicales agricultoras del altiplano, unidas por el flujo de un alucinógeno.
Del mismo circuito oriental venía también el algodón de Chita, y parte de las plumas ceremoniales que aparecen entre los bienes importados. En los dominios de Sogamoso, el gran centro ceremonial en los bordes orientales de la cordillera, se ha registrado una importante parafernalia de drogas alucinógenas, y algunas creencias muiscas fueron influenciadas por el chamanismo amazónico. Los especialistas religiosos muiscas reclamaban capacidades asociadas a esa tradición. La geografía religiosa reforzaba así la geografía comercial: los cacicazgos orientales, más próximos al piedemonte, eran también los más permeados por las prácticas rituales que dependían de bienes llaneros.
Por esa misma vía se movía, sin embargo, un bien distinto y particularmente sombrío: los moxas. Se trataba de esclavos jóvenes conseguidos en la denominada Casa del Sol, ubicada en el piedemonte llanero, con el único propósito de ser sacrificados ritualmente por los muiscas. La cadena que abastecía al altiplano de yopo, plumas y algodón abastecía también de personas: niños capturados o entregados en tierras bajas para morir en ceremonias del altiplano, mercancía viva integrada en el mismo tramado de intermediarios que llevaba las semillas de la Anadenanthera. El paralelo no es casual. El sacrificio del moxa y la inhalación del yopo pertenecían al mismo horizonte religioso —la comunicación con el sol y con lo sagrado, protagonizada por los sacerdotes muiscas— y ambos bienes procedían de las mismas tierras llaneras. El circuito oriental no fue solo una ruta de sustancias: fue también, en su tramo más oscuro, una economía de cuerpos, plenamente inscrita en el orden ceremonial de los cacicazgos del altiplano.
El circuito norte y la conexión con la costa
Más allá del territorio muisca propiamente dicho, el sistema se prolongaba al septentrión hasta conectar con el mundo tairona de la Sierra Nevada de Santa Marta por medio de intermediarios sucesivos. Los tairona sostenían un mercado que, mediante esa cadena de intermediarios, alcanzaba el altiplano cundiboyacense. Los artículos de mayor trueque en ese intercambio de larga distancia eran objetos de oro, collares de cuentas de concha o de piedra, y caracoles marinos.
La geografía del circuito era desigual y silenciosa. A diferencia del corredor del Opón, con sus bohíos-venta y sus mercaderes indígenas visibles, la cadena que unía el Caribe con la sabana atravesaba territorios de los que las crónicas apenas conservan noticia: los valles medios del Magdalena, las estribaciones norte de la cordillera Oriental, los enclaves chibchas del actual Santander y los Andes de Ocaña. Cada tramo suponía intermediarios distintos, lenguas distintas, condiciones distintas de trueque. El oro tairona y las cuentas de concha pasaban de mano en mano hasta llegar, muy encarecidos por el trayecto, a los mercados del altiplano; los productos muiscas hacían el camino inverso —sal, esmeraldas, mantas— aunque con menor visibilidad documental, porque los cronistas que describieron el sistema estaban asentados en Bogotá y Tunja, no en la Sierra Nevada.
Los caracoles del Caribe llegaban así al frío altiplano —donde no crecen ni conchas ni corales— por una cadena de intermediación que atravesaba centenares de kilómetros y varias fronteras étnicas. La aparición temprana de Strombus en depósitos arqueológicos de la sabana de Bogotá muestra que este circuito norte era muy antiguo, mucho anterior a la consolidación de las jefaturas muiscas históricas. Los objetos marinos funcionaban como bienes de prestigio, marcadores de rango y elementos de tocado ceremonial: la distancia recorrida les añadía valor. En el mundo muisca, una concha marina que había pasado por cinco manos y cruzado tres cordilleras no era una curiosidad: era una insignia.
Los caciques, la redistribución y el problema del Estado
Los caciques muiscas eran actores centrales de este sistema. Controlaban la distribución del excedente concentrado mediante tributo en especie y en trabajo, y lo redistribuían en ocasiones solemnes: festejos, situaciones de guerra, momentos de necesidad. El trabajo tributario se destinaba al cultivo de las tierras del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en menor medida, a obras comunes como los canales de desecación y riego que aún se detectan en la sabana. Los caciques asistían personalmente a los mercados, negociaban en ellos y desempeñaban además funciones militares.
Caracterizar esta política cacical como un aparato de centralización redistributiva al modo inca sería, sin embargo, excesivo. Los grandes jefes muiscas —el Zipa de Bacatá, el Zaque de Hunza, el iraca de Sogamoso, los caciques mayores de Duitama y Tundama— tenían influencia, alianzas y guerras, pero no imponían autoridad política directa sobre comunidades conquistadas. La guerra entre caciques muiscas tenía un carácter principalmente ceremonial y de reconocimiento competitivo; no hay registro de caciques impuestos desde Tunja, Sogamoso, Duitama o Bogotá sobre otros pueblos. Cada cacique era, en su territorio, dueño de sus tributos y sus mercados; los grandes señores presidían pero no administraban las economías subordinadas.
Los caciques concentraban excedentes y los redistribuían en ocasiones ceremoniales, pero el grueso del intercambio interzonal circulaba por mercados y por comercio directo entre comunidades, sin pasar necesariamente por la caja del cacique. La integración era policéntrica antes que jerárquica, y descansaba tanto en la agencia de los productores especializados y de los mercaderes intermediarios como en la de los jefes.
Muisca frente al modelo andino central: dos formas de integración vertical
El contraste con el modelo andino central permite precisar lo que el sistema muisca fue y lo que no fue. La hipótesis del "control vertical de un máximo de pisos ecológicos" sostiene que las sociedades andinas del Perú y Bolivia habrían accedido a productos de distintas altitudes enviando colonos permanentes —los mitmaqkuna en tiempos incaicos, con antecedentes preincaicos— a establecer enclaves productivos en tierras alejadas de la comunidad madre. El resultado era un "archipiélago vertical" de asentamientos discontinuos, todos subordinados políticamente al núcleo, distribuidos en pisos que iban desde la puna hasta la costa o la ceja de selva.
El modelo muisca operó sobre premisas geográficas y sociales distintas. La cordillera Oriental colombiana es menos ancha, y sus pisos térmicos están comprimidos en distancias mucho más cortas que las del altiplano peruano-boliviano; un pueblo del altiplano cundiboyacense podía enviar a sus productores a tierra templada y recibirlos de regreso en pocos días. Esa microverticalidad hacía innecesaria la colonización permanente y permitía dos alternativas más económicas: comunidades con parcelas en varios pisos accesibles desde su asentamiento principal —Subachoque, con sus algodonales en tierra templada, es un ejemplo—, y mercados periódicos que hacían llegar los bienes de un piso a otro sin desplazar poblaciones.
Además, los cacicazgos muiscas no formaban un Estado unificado capaz de organizar y proteger colonias lejanas al modo inca. La integración interzonal descansaba, por tanto, en instituciones de intercambio —mercados, ferias, mercaderes profesionales, cadenas de intermediación— antes que en instituciones administrativas. Donde el Tahuantinsuyo enviaba mitmaqkuna, la Confederación muisca convocaba mercados cada cuatro días en el cercado del cacique.
Fueron respuestas distintas a problemas distintos, adaptadas a geografías y a escalas políticas distintas. El sistema muisca alcanzó, mediante intercambio, integraciones ecológicas que en los Andes centrales requirieron colonización y Estado; y logró articular, sin aparato imperial, redes de larga distancia que llegaban de Neiva a Barrancabermeja y de la costa Caribe a los Llanos.
Cuando en marzo de 1537 la hueste de Jiménez de Quesada emergió por las trochas del Opón sobre la sabana de Bogotá, no encontró un imperio ni una economía de mercado, sino algo más difícil de nombrar: una red de cacicazgos ligados por la sal y las mantas, por el oro y las esmeraldas, por la coca y el yopo, integrada sin colonias y sin dinero, sostenida por mercados cada cuatro días y por caminos angostos que bajaban a las tierras calientes. La conquista desmontó el sistema en pocas décadas; pero antes de desmontarlo, los conquistadores dejaron —en cartas, relaciones y visitas— las huellas que hoy permiten reconstruirlo: una de las economías prehispánicas más sofisticadas de América, cuya sal viajaba ochocientos kilómetros por relevos de mercaderes, sin registro escrito y sin administración imperial que la controlara.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 122 citas
[1]© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…p. 4
[15]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3151 cita
[2]y 2. 600 msnm, es decir, en la tierra fría. Existen en la Cordillera Oriental tres grandes altiplanicies y numerosas pequeñas; la de Bogotá es la más meridional, y la más extensa, lin- dando con el macizo de Sumapaz en el sur. Abarca ella la parte alta de la cuenca del río Bogotá con un total de 4. 250 km 2, de los…p. 315
03El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 891 cita
[3]la cualidad fría por la violencia de los rayos del sol, estas se llaman y son siempre tierras calientes. De modo que en cada uno de todos los días del año se hallan las cuatro estaciones de él en los dos climas inmediatos al ecuador, pero no en uno, sino en diferentes terrenos, con este orden: al pie de los páramos…p. 89
04La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 241 cita
[4]han perfeccionado las observaciones sin contradecir los re~sultados originales. Una reciente aplicación del sistema Holridge de las zonas de vida a Colombia y en especial a Antioquia, ha sido ampliamente aceptada, pero se trata más bien de una clasificación de los climas que de la vegetación existente. Los límites y…p. 24
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 94, 98, 1343 citas
[5]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…p. 94
[26]la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…p. 134
[43]escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…p. 98
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 211 cita
[6]valle del río Magdalena, a través de la cuenca del río Sogamoso. Otra vía fue la vertiente del río Apulo, tributario del Bogotá, que marca valles alargados y vías naturales de fá- cil acceso para los grupos que debieron despla- zarse desde los pisos térmicos cálidos hasta la sa- bana de Bogotá, y en sentido inverso,…p. 21
07Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 119, 1372 citas
[7]que, durante el citado período, hicieron su aparición en la sabana de Bogotá las primeras ma- nifestaciones agro-alfareras. En los abrigos roco- sos de Zipacón (Cundinamarca), en una capa que data de 3.270 años antes del presente, aparecen los registros cerámicos más antiguos que se conocen en la altiplanicie…p. 119
[16]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…p. 137
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 14, 372 citas
[8]casi todo el territorio. T em pe ra tu ra constante y lluvia ab u n d a n te producen una vigorosa vegetación. Esto es cierto en las tierras bajas y en las m ontañas que, por lo general, ofrecen u n tono v erd e esm eralda que contrasta con la desolada aridez de la vertiente occidental de los A ndes peruanos. H…p. 14
[10]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…p. 37
09Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 15, 66, 78, 109, 1295 citas
[9]“lugares de mercado fueron casi todos que había de indios en estas dos provincias de Bogotá y Tunja”. Por otro, dijeron que en Tunja se hacía cada cuatro días, período relacionado con su sistema de numeración, y parece que así era en muchos otros lugares. Al parecer el sitio exacto del mercado era dentro del cerca- do…p. 129
[29]de la naturaleza, así como la reproducción de la 69 Los muiscas a Chibchacum haciéndolo cargar la tierra sobre sus hombros. Los testimonios de cronistas están repletos de referencias sobre conductas no aprobadas para los muiscas y de referencias sobre esfuerzos para mantener el equilibrio y las buenas costumbres!?, En…p. 66
[38]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…p. 109
[41]es decir desde una óptica que los antropólogos llaman “etnocéntrica”. Los muiscas, desde una perspectiva negativa, han sido calificados como una sociedad enferma, mal alimentada, con una pobre esperanza de vida. Y estos son apenas unos ejemplos. Al final, una cosa es clara: ambas posiciones, el idealismo extremo y la…p. 15
[44]resto de regiones investigadas. De hecho, onjunto de estimativos de población mencionados sugiere que ción a la llegada de los españoles era más densa en ciertos tre s del sur y del occidente del país que en varias regiones de los S s orientales. La población del Bajo Magdalena parece haber nenor que la de la Sabana…p. 78
10Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 2, 19, 64, 84 y 3 más7 citas
[11]que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…p. 135
[12]"de algodón el cual van a buscar a Chita", en dominios laches (/1602/ A.N.C. Vis. Boy. XVII f 776r). En contraste con la información antes expuesta, parece que los intercambios de algodón y mantas al extremo sur del territorio muisca no fueron muy comunes (mapa 6) aunque se sabe que los sutagaos entraban a los…p. 84
[13]mostrar en línea generales qué clase de artículos intercambiaban los muiscas con etnias vecinas y a través de cuáles ruta podían circular los productos por el territorio de lo que hoy en día es Colombia. Paralelamente, se plantearán algunos datos generales sobre el trueque prehis-pánico en diversas regiones del país…p. 139
[17]de origen agrícola fueron: Sisativa lugar en el cual "en los años abundantes y que no se les hiela tienen para su sustento y para vender" (/1594/, A.N.C. Vis. Boy. XVII f 477r), Ramiriquí donde en 1572 el Cacique refirió que los indios de su repartimiento trocaban parte de su producción de maíz y turmas (A.N.C. Vis.…p. 64
[18]medida este grupo pudo actuar como intermediario en la circulación de artículos muiscas, pero resulta interesante anotar la información de Friede (/1953/ 1974: 166) en cuanto a que sus miembros hacían trueques con los indígenas del Alto Magdalena, productores de coca, pita y maní. 146 CAPITULO V Consideraciones…p. 146
[40]prudente entonces, reconocer la necesidad de imponer un límite cronológico a los documentos que pueden servir para interpretar los aspectos precolombinos del intercambio. En ese orden de ideas, el material de consulta de esta investigación se ha restringido hasta la visita de Luis Henriquez que marcó el fin del Siglo…p. 19
[45]CARL HENRIK LANGEBAEK Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas SIGLO XVI BANCO DE LA REPÚBLICA Bogotá, Colombia. © Carl Henrik Langebaek Para esta edición, Banco de la República ISBN: 958-9028-40-3 Diseñado y producido por: Banco de la República Departamento Editorial Calle 13 No. 35-51 Bogotá,…p. 2
11Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[14]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…p. 36
[24]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…p. 43
12Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 182, 303, 3708 citas
[19]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…p. 303
[20]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…p. 303
[30]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…p. 370
[31]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…p. 370
[32]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[33]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[36]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…p. 158
[37]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…p. 158
13Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 332, 3492 citas
[21]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…p. 332
[25]que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…p. 349
14Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1231 cita
[22]tener sus hijos) 26,43 Tasa bruta de mortalidad (# de defunciones por cada 1.000 habitantes) 6,18 Tasa global de fecundidad (# promedio de hijos por mujer durante su vida 27 reproductiva) Tasa general de fecundidad (# de nacidos vivos por cada 1.000 mujeres en edad 86.00 reproductiva) 4 Esperanza de vida en hombres…p. 123
15Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 771 cita
[23]Tora. 3 From there they turned east to follow a tributary that descended from the eastern highlands, hoping that it would reveal a route into the moun- tains. After a lengthy exploration, their search proved unsuccessful. Dejected at finding no clear path into the mountains and no sign of riches, San Martín decided to…p. 77
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 441 cita
[27]1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…p. 44
17Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 2971 cita
[28]una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…p. 297
18La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[34]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…p. 51
19Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 451 cita
[35]casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…p. 45
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1321 cita
[39]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…p. 132
21Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 541 cita
[42]cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…p. 54