Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Biografía

Tundama

Prehispánico

18 min de lectura20 documentos
NacimientoSin fecha registrada
Fallecimientohacia 1540
RolesCacique del señorío de Duitama · Señor semiautónomo del norte muisca
Lugar principalColombia
Período históricoPrehispánicoantes de 1499
03

La biografía

En vísperas de la conquista española, el norte del altiplano muisca estaba gobernado por un cacique al que los cronistas llamaron Tundama y cuyo nombre acabó fijado, siglos después, en el mapa de Boyacá: Duitama, capital hoy de la provincia que aún se llama Tundama. Su cacicazgo reunía más de treinta comunidades tributarias en el valle homónimo y sus estribaciones, hablaba una lengua propia dentro de la familia chibcha —el duit— y sostuvo, hacia 1539 y 1540, la resistencia armada más prolongada que enfrentaron Gonzalo Jiménez de Quesada y sus capitanes en el altiplano cundiboyacense. Su figura condensa una zona gris del mundo muisca: la del norte semiautónomo, insuficientemente integrado a las cabeceras del Zipa de Bacatá y el Zaque de Hunza, y que por eso mismo pudo articular una respuesta militar más obstinada, aunque no más victoriosa. Tundama fue asesinado hacia 1540, poco después de que las cabeceras centrales del altiplano ya hubieran caído. Su muerte cerró uno de los polos periféricos más consistentes que tuvo el mundo muisca.

02

Línea de vida

  1. 1537

    Cacique independiente en vísperas de la conquista

    Leer contexto

    A la llegada de los españoles al altiplano muisca, Tundama figuraba entre los señores independientes más destacados; su cacicazgo no había sido absorbido plenamente por el Zipa de Bacatá ni por el Zaque de Hunza, y conservaba tributarios propios, territorio propio y una lengua diferenciada, el duit.

  2. 1537

    Gobierno de más de treinta comunidades tributarias

    Leer contexto

    Bajo la órbita de Tundama se contaban comunidades como Paypativa, Saquencipá, Sativa, Socotá, Socha, Paipa, Beteitiva, Cerinza, Onzaga, Soatá y Susacón, entre otras, distribuidas por la franja nororiental del altiplano en la vertiente del río Chicamocha, en un arco de aproximadamente ochenta kilómetros.

  3. 1539

    Inicio de la resistencia armada contra los españoles

    Leer contexto

    Mientras las cabeceras centrales del altiplano —el Zipa Tisquesusa y el Zaque Quemuenchatocha— ya habían caído, Tundama articuló la resistencia más prolongada que enfrentaron Gonzalo Jiménez de Quesada y sus capitanes en el altiplano cundiboyacense, aprovechando la condición periférica y semiautónoma de su cacicazgo.

  4. 1540

    Muerte de Tundama y cierre del polo de resistencia norteño

    Leer contexto

    Tundama fue asesinado hacia 1540, poco después de que las cabeceras centrales del altiplano hubieran caído. Su muerte cerró uno de los polos periféricos más consistentes del mundo muisca y abrió el camino a la reorganización colonial del norte de Boyacá bajo el sistema de encomiendas.

Un cacicazgo en la frontera del mundo muisca

La geografía política del altiplano en el momento del contacto era menos ordenada de lo que sugieren los cronistas cuando la comparan con los tlatoanis mexicas o el Cusco incaico. Los muiscas no formaban un imperio unificado. Poblaban las tierras altas de los actuales departamentos de Cundinamarca y Boyacá, y su organización descansaba nominalmente sobre dos grandes señores —el Zipa en el sur, con cabecera en Bacatá, y el Zaque en el norte, con cabecera en Hunza (Tunja)—, pero esa jerarquía piramidal, tan bien delineada por Fray Pedro Simón, funcionaba con márgenes de autonomía considerables. Sogamoso, Duitama, Sáchica, Tinjacá y Guachetá eran, a la llegada de los españoles en 1537, territorios considerados marginales o casi independientes; su sujeción efectiva al Zipa o al Zaque nunca estuvo claramente definida. Cuando las autoridades coloniales empezaron a reconstruir el ordenamiento indígena para efectos de tributo y encomienda, las visitas de los oidores del siglo XVI dejaron constancia de que Duitama y Sogamoso conservaban sus propios feudatarios: gozaban de una autonomía política interna suficiente como para que la administración española los reconociera como unidades separadas.

Esa autonomía no era absoluta. Se ha sostenido que Duitama y Sogamoso aceptaban un dominio nominal del Zaque de Hunza, sin que ello quedara plenamente establecido. La ambigüedad es estructural: las fronteras de autoridad entre los señoríos muiscas no eran estáticas. Cada gran señor intentaba expandir su territorio a costa de otro e incorporar comunidades previamente independientes, en un proceso de consolidación estatal que la Conquista interrumpió antes de que pudiera cristalizar. Hacia 1537 subsistían en el altiplano varios estados que no habían sido absorbidos por los grandes poderes muiscas, y Tundama figuraba entre los más destacados de esos señores independientes. Otras interpretaciones sitúan la frontera con mayor plasticidad y aceptan que la autoridad del Zaque pudo haber sido reconocida en momentos determinados sin que ello anulara el gobierno interno del cacique norteño. Duitama tenía territorio propio, tributarios propios, una lengua propia y capacidad de articular alianzas militares por su cuenta.

Esta condición de cabecera semiautónoma en la periferia norte del mundo muisca es la clave para entender qué era Tundama y por qué su figura resistió mientras las cabeceras centrales caían con rapidez.

El valle y sus tributarios

El territorio sobre el que gobernaba Tundama se extendía por la esquina nororiental del altiplano, en la vertiente del río Chicamocha, en un arco de aproximadamente ochenta kilómetros en dirección nororiental desde las tierras cercanas a Tunja. Era una zona quebrada, articulada por valles de altura y por las hoyas tributarias del Chicamocha, con acceso a los pisos térmicos templados y fríos que sostenían la agricultura muisca. La región nuclear del pueblo chibcha comprendía los altiplanos de Bogotá, Tunja y Sogamoso, y en esa geografía el valle de Duitama ocupaba una posición intermedia entre Hunza y Sugamuxi, sin haber sido nunca asimilado plenamente por ninguna de las dos.

Los pueblos y comunidades bajo la órbita de Tundama forman una lista extensa. Entre los asociados al cacique de Duitama figuran Paypativa, Saquencipá, Sativa, Sisa, Sisatunja, Socotá, Socha, Soquirá, Suitoto, Susa, Tagasa, Tasguato, Tuequito, Tibabita, Tibaco, Tibativa, Tirque, Tirasa, Tobana, Tocavita, Togabía, Tonnsa, Tuchaga, Turora y Tupachoque. Juan de Castellanos, en las Elegías de varones ilustres de Indias, añadió Beteitiva, Cerinza, Chitagoto, Gacha, Guacha, Ocavita, Onzaga, Paipa y Soatá; a esa nómina se sumó Susacón, y quedan como identificaciones dudosas Lupachoque —posiblemente el mismo Tupachoque— y Tutasá, quizás variante de Tirasá. Aun descontando duplicaciones e identificaciones inciertas, la constelación tributaria del cacicazgo superaba con holgura las tres decenas de comunidades distribuidas por la franja que hoy corresponde al norte de Boyacá.

En ese territorio se hablaba el duit, un dialecto de la familia chibcha distinto tanto del muisca de Bogotá como de la variedad de Tunja. La documentación temprana lo sugiere: el jesuita José Cassani ya había registrado en el siglo XVIII que el chibcha se hablaba en Bogotá, Cajicá, Duitama y Tópaga, admitiendo así que se trataba de un ámbito lingüístico con variantes locales. En el siglo XIX se dio a conocer un manuscrito escrito en duit —considerado entonces el primer documento conservado en un dialecto chibcha—, con una descripción de su distribución: el duit se hablaba al oriente del valle de Guatavita, mientras la lengua de Tunja se extendía hasta ese valle y el chibcha propiamente dicho se circunscribía al triángulo entre Zipaquirá, Bogotá y Facatativá. Esa diversidad lingüística, unida a la evidencia craneológica registrada en el mismo siglo, sirvió para sostener que el llamado imperio chibcha no era una unidad homogénea, sino un mosaico de pueblos con una capa dominante y estratos subyugados que conservaban sus dialectos. Que Tundama presidiera un territorio con lengua diferenciada no es un detalle folclórico: es un indicador estructural de que su cacicazgo no había sido absorbido lingüística ni políticamente por Hunza.

La casa por dentro: capitanías, parentesco y una autoridad tensa

La estructura interna del cacicazgo replicaba el patrón muisca general, con las tensiones que le eran propias. Bajo la autoridad del cacique se organizaban las capitanías, unidades a la vez territoriales y sociales que constituían la célula básica de la vida chibcha. Cada capitanía tenía sus tierras de labranza, su capitán y su comunidad, y esa combinación introducía una fuerza centrífuga permanente: cuando surgían disensiones internas, los capitanes podían separarse del cacique y trasladarse con sus indios a otro repartimiento. La cohesión política de un cacicazgo como el de Tundama oscilaba, así, entre dos tendencias contradictorias: la nucleización en torno al cercado del cacique principal y la dispersión de las capitanías, identificadas cada una con su propio suelo de labor.

El parentesco cumplía un papel de sutura. Entre los cacicazgos muiscas circulaba una red de vínculos familiares que ayudaba a estabilizar unidades políticas más amplias que la comunidad individual. Duitama estaba emparentado con Tobasía, una relación análoga a las que unían a Bogotá con Chía, a Tunja con Ramiriquí y a Guatavita con Teusacá. Estos pares tienen algo de dualidad, de mitades complementarias, y han alimentado la hipótesis de que ciertos cacicazgos operaban con estructuras de liderazgo dual, con dos linajes gobernantes que se alternaban o se completaban. La conjetura es sugerente sin ser concluyente, pero encaja con lo que sabemos de Tundama: un poder que no gobernaba solo, apoyado en un pariente cacique y en una malla de capitanes cuya obediencia estaba siempre en tensión con su autonomía.

Hay que decirlo con cuidado: la imagen que dejaron Aguado, Simón y Castellanos de caciques como Tundama al frente de empresas militares de conquista, sometiendo comunidades vecinas por la fuerza, no queda respaldada por la documentación colonial temprana. Tras la instalación española no aparece registro de comunidades protestando por caciques impuestos por Duitama, Tunja, Sogamoso o Bogotá, ni de campañas expansivas documentadas en detalle. La expansión de los grandes señores muiscas ocurría, sí, pero por mecanismos menos épicos y más lentos que las guerras descritas por los cronistas: alianzas, tributación, matrimonios, presión sostenida. Tundama era una autoridad efectiva sobre un territorio amplio, no un conquistador imperial en miniatura.

Economía del cacicazgo: labranzas, sal, mantas y oro

La base material del poder de Tundama descansaba en un sistema agrario intensivo de piso frío y templado, muy afinado a las condiciones del valle. En las hoyas bajas y en las laderas suaves se cultivaban maíz de varias variedades, papa, quinua, cubios, ibias, chuguas, frijol, ají y algodón donde el clima lo permitía; en los rebordes más templados de la vertiente del Chicamocha se abrían campos de coca y de yuca. La agricultura muisca no dependía del riego a gran escala, pero sí de un aprovechamiento fino de los microclimas escalonados que la geografía del valle ofrecía en pocos kilómetros de distancia. Cada capitanía administraba sus propias tierras de labranza, y una parte de la producción se destinaba al cacique, al culto y al almacenamiento comunitario para períodos de escasez.

A esa base agrícola se sumaban dos activos que hacían del norte muisca una región especialmente próspera. El primero era la sal. Aunque las salinas más famosas del altiplano estaban en Zipaquirá, Nemocón y Tausa, en la órbita del Zipa, el valle de Duitama tenía acceso, por vecindad y por intercambio, a fuentes salobres locales y a los circuitos de distribución que llevaban la sal muisca hacia las tierras cálidas del Magdalena Medio y hacia las estribaciones orientales, donde se cambiaba por oro, algodón, plumería y pescado seco. El segundo activo era el textil. Las mantas de algodón tejidas en los telares muiscas —piezas rectangulares de tamaños estandarizados que funcionaban a la vez como vestido, como bien suntuario y como unidad de cuenta en el tributo— constituían uno de los productos de mayor circulación regional, y la zona de Duitama, con capitanías dedicadas a la producción textil, participaba activamente en ese comercio.

El oro no se extraía en el territorio del cacicazgo, pero llegaba a él por las mismas rutas de intercambio. Los muiscas obtenían el metal de las tierras bajas —principalmente del río Magdalena y de las estribaciones de la cordillera— y lo trabajaban en talleres locales, con técnicas de fundición a la cera perdida, martillado y aleación con cobre que produjeron el conjunto de piezas hoy conocido como orfebrería muisca. En el ajuar del cacique y en las ofrendas rituales del cacicazgo circulaban tunjos, pectorales, narigueras y cuentas que combinaban función política y función votiva. La captura del Zaque en Hunza, con su botín de más de ciento cincuenta mil pesos de oro, sugiere el orden de magnitud del metal que se acumulaba en los cercados principales del altiplano; el de Tundama, aunque menor, participaba de la misma lógica de atesoramiento y redistribución ceremonial.

La vida cotidiana en el valle se organizaba, por lo demás, en torno al bohío familiar, a la parcela de labranza y a los ciclos rituales del calendario agrícola. Las viviendas eran de planta circular o rectangular, con paredes de bahareque y techos cónicos de paja; el cercado del cacique, más amplio y con empalizadas, marcaba el centro político de cada comunidad. Los mercados periódicos —celebrados en fechas fijas y en lugares reconocidos— eran el nervio del intercambio: allí concurrían capitanías vecinas para trocar sal, mantas, ollas, coca, oro trabajado, pescado seco y productos de piso térmico distinto. Ese sistema mercantil, con sus rutas de larga distancia, hacía del altiplano muisca una región densamente conectada, y del cacicazgo de Tundama un nodo importante entre el corredor de Sogamoso y las salidas hacia el oriente y hacia las tierras cálidas del Chicamocha.

La llegada de los hombres barbados

Cuando la hueste de Jiménez de Quesada alcanzó la meseta muisca a comienzos de marzo de 1537, tras once meses de marcha desde Santa Marta, encontró un mundo político fragmentado que supo leer con rapidez. El Zipa Tisquesusa cayó en abril de ese año en las inmediaciones de Bacatá. El 20 de agosto de 1537, según el libro de registro oficial de la expedición, los españoles obtuvieron en el valle de Tunja 136.000 pesos de oro fino, 14.000 pesos de oro bajo y 280 esmeraldas al capturar al Zaque Quemuenchatocha. En junio de 1538, cuando se procedió al primer gran reparto, el botín acumulado ascendía a 191.274 pesos de oro fino y 37.288 pesos de oro bajo. La cabeza del Zaque y la del Zipa habían caído casi en simultáneo; el corazón político del altiplano estaba, aparentemente, dominado.

Pero el norte, no. Estando Quesada en Ubeitá, un indio fugitivo y agraviado se presentó ante los españoles y les ofreció información detallada sobre el territorio y las riquezas del uzaque Tundama. El detalle es más que anecdótico. La conquista del altiplano se hizo con muy poca gente —el núcleo de la hueste no pasaba de ciento sesenta hombres, ocho veintenas, a los que se sumaron reclutas locales indeterminados— y descansó en un uso sistemático de informantes, guías y baquianos indígenas que colaboraron por cálculo, por rencor o por coacción. Los muiscas no fueron, en general, un obstáculo compacto para el avance español; eran una sociedad atravesada por rivalidades que la hueste supo capitalizar. El caso más notorio de esa colaboración quedó registrado en Baganique —el actual Ramiriquí—, adonde el capitán Fernán Venegas llegó en busca de un asiento abastecido y donde encontró a un indio noble que gobernaba por delegación del Zaque. Este personaje, cuyo nombre las crónicas no consignan con precisión, fue calificado por ellas como el primer traidor que mancilló el nombre chibcha; su colaboración permitió a Venegas saquear un templo del que sacó seis mil castellanos de oro fino y otras preseas.

Tundama, avisado o no por esos episodios, entendió lo que se venía. Los muiscas combatían con espadas y lanzas de madera, sin flechas —a diferencia de los caribes—, y sin capacidad de responder al acero andaluz y a los caballos acorazados. Toda la ventaja numérica del altiplano —los ejércitos combinados sumaban decenas de miles de hombres frente a poco más de un centenar y medio de españoles— se disipaba en el momento del choque. Las batallas terminaban una y otra vez en desbandada. Ninguna coalición muisca había logrado, hasta ese momento, sostener una campaña. Y sin embargo, en el norte del altiplano, Tundama intentó exactamente eso.

La confederación con Sogamoso y la resistencia del norte

Fray Pedro de Aguado dejó constancia de que los cacicazgos muiscas se apoyaban, cuando era necesario, en ligas o confederaciones militares, y citó como ejemplo la que unió a Duitama y Sogamoso frente a los españoles. No es del todo claro si esta alianza era preexistente al contacto o si se armó como respuesta específica a la conquista; probablemente combinó ambas cosas, aprovechando una vecindad histórica y una comunidad de intereses ahora exacerbada por la amenaza. Lo seguro es que fue la única articulación regional del altiplano capaz de plantear una resistencia sostenida a los invasores después de la caída del Zipa y del Zaque.

La campaña del norte se libró a lo largo de 1539, cuando Hernán Pérez de Quesada, hermano del adelantado, y otros capitanes como Baltasar Maldonado se internaron en el valle de Duitama y sus estribaciones. Los combates no siguieron el patrón de batalla frontal única y catastrófica que había dado por concluida la resistencia en Bacatá y en Hunza. Se prolongaron, se dispersaron por las quebradas y los cerros del valle, obligaron a los españoles a campañas repetidas y a una presencia militar más costosa que en las cabeceras centrales. Tundama y Sugamuxi combinaban su gente y aprovechaban el terreno; los españoles respondían con la superioridad de sus caballos y sus armas de acero, sin conseguir la rendición limpia que habían logrado en el sur.

No hay que idealizar esta resistencia. Terminó, como todas las del altiplano, en desbaratamiento sistemático. Los muiscas fueron derrotados una y otra vez, y las capitanías subordinadas a Tundama, con sus tendencias centrífugas siempre latentes, se fragmentaron bajo la presión. Fue, en tiempo y en intensidad, la campaña más ardua que enfrentó la hueste de Quesada en el altiplano; y su carácter confederado —dos cacicazgos vecinos combinando fuerzas por decisión propia, sin mediación del Zipa ni del Zaque— es la mejor prueba de que la política del norte muisca operaba con una autonomía real frente a las cabeceras centrales.

Muerte del cacique y sombras sobre la fecha

La resistencia de Tundama se cerró con su asesinato hacia 1539 o 1540. Un documento colonial registra el nombre del cacique de Duitama como Saymoso, muerto en 1540, y consigna que fue reemplazado por Sitimoso, escrito también Sutimoso o Sy/imoso, quien logró sobrevivir a la conquista y conservar algo del prestigio del linaje. Las variaciones en la grafía son características de este tipo de documentación, donde el oído español anota fonemas chibchas con ortografías inestables. Los cronistas prefirieron el nombre genérico y territorial —Tundama, Duitama— que remitía tanto al cacique como a su valle; la documentación administrativa colonial, en cambio, retuvo los nombres personales del cacique y de su sucesor.

Las circunstancias precisas de la muerte de Tundama no quedan del todo aclaradas. Las tradiciones locales han recogido versiones sobre un enfrentamiento final con Baltasar Maldonado y una emboscada o ejecución a golpes, con distintos grados de detalle novelesco. Lo que la evidencia archivística sostiene con seguridad es que hacia 1540 los caciques de Tunja, Bogotá y Duitama habían sido asesinados; el único de los grandes señores del altiplano que sobrevivió al contacto y cuya autoridad la Corona reconoció oficialmente fue el de Sogamoso. Esa diferencia de destinos —tres asesinatos y una supervivencia— dibuja el mapa político del altiplano poco después de la conquista: las cabeceras que resistieron con mayor firmeza fueron eliminadas, mientras la que negoció alguna forma de acomodo pervivió como interlocutora del nuevo orden.

Sitimoso, el sucesor, ilustra la otra vía. Sin el peso militar de su antecesor, se movió en el nuevo régimen con la ambigüedad característica de los caciques posconquista: subordinado en lo político, todavía necesario como intermediario para la administración del tributo y de la mano de obra. En algún momento de las décadas siguientes, la Corona aceptó oficialmente su autoridad y lo incorporó al aparato indirecto de gobierno indígena colonial. Con la dominación española se rompieron los vínculos externos de cohesión de la sociedad chibcha: las confederaciones, las alianzas por parentesco, las capitanías con autoridad efectiva sobre su territorio. Los españoles intentaron reorganizar las comunidades a través de las mismas capitanías, ahora como unidades de integración colonial, pero los capitanes quedaron subordinados a los intereses de los encomenderos y de las órdenes religiosas. Para 1560, los grupos chibchas de la cordillera oriental, incluidos los muiscas de las zonas de Bogotá, Tunja, Vélez y Pamplona, estaban plenamente sometidos al dominio español.

Por qué el norte resistió más

Conviene detenerse en la pregunta que ordena la figura de Tundama: por qué precisamente el cacicazgo periférico, y no las cabeceras centrales del Zipa y el Zaque, sostuvo la resistencia más prolongada. La respuesta no admite un solo hilo.

Cuenta, primero, la geografía. El valle de Duitama y sus estribaciones —quebradas, cerros, hoyas hidrográficas del Chicamocha— ofrecían un terreno más difícil para la caballería española que las sabanas abiertas de Bacatá o los altiplanos de Hunza. Y cuenta, sobre todo, la política. Precisamente porque Tundama no estaba plenamente integrado en la jerarquía piramidal muisca, precisamente porque su autoridad no dependía del Zaque, su cacicazgo no colapsó cuando cayó Quemuenchatocha en Hunza. Los grandes cacicazgos centralizados —Bogotá, Tunja— tenían el problema de que la captura del señor principal desarticulaba todo el edificio tributario y político; el norte, con su malla más descentralizada de comunidades y su hábito de operar por alianzas confederadas, podía perder una batalla sin perder toda la guerra.

Pero la misma ambigüedad que le permitió resistir más tiempo también fijó su límite. La autonomía de Duitama era producto de una integración incompleta en el sistema muisca, no de una soberanía consolidada. Las capitanías internas del cacicazgo, con su fuerza centrífuga, no aguantaron la presión sostenida de campañas repetidas y de deserciones al bando español; el patrón de traiciones internas, que ya había facilitado la caída del Zaque, operó también en el norte. La confederación con Sogamoso, siendo la única alianza regional documentada, no bastó para inclinar la balanza contra una fuerza que, aunque numéricamente ínfima, contaba con superioridad tecnológica, movilidad y una red creciente de aliados locales.

Tundama, entonces, es menos el héroe de una resistencia estructuralmente sólida que la cabeza de un cacicazgo cuya autonomía era, a la vez, su fuerza y su debilidad. Le permitió durar más; no lo hizo indestructible. Y la manera en que fue derrotado —campañas dispersas, asesinato del cacique, sucesión negociada— es también la marca de que el norte muisca operaba con lógicas políticas distintas de las del centro, más sensibles a la fragmentación pero menos vulnerables al golpe único.

Huellas de un cacique

La memoria de Tundama sobrevivió por vías desiguales. En las crónicas de Aguado, Castellanos y Simón quedó fijada como la figura del cacique bravío que resistió a los conquistadores, y con esa reputación entró en la historiografía patriótica del siglo XIX y del XX. Los autores decimonónicos, en su afán de dotar a la naciente república de un panteón indígena, exaltaron a Tundama junto con Tisquesusa y con caciques más al norte como los guanes, y a veces desdibujaron los contornos históricos con capas de leyenda: batallas fabulosas, discursos rebeldes, ejecuciones dramáticas. Buena parte de esa iconografía tiene poco sustento documental; la evidencia archivística es más sobria y más interesante.

En la geografía, en cambio, la huella es literal. El municipio de Duitama, hoy distrito industrial y segundo centro urbano de Boyacá, conserva el nombre del cacique en su topónimo; la provincia que encabeza se llama Tundama, con la variante fonética que privilegiaron las crónicas. La toponimia del norte boyacense —Paipa, Cerinza, Soatá, Beteitiva, Susacón, Sativa— es en gran medida la de las comunidades tributarias del cacicazgo, muchas de ellas todavía identificables con los pueblos actuales. Si ese registro es una conmemoración deliberada del cacique o simplemente la inercia de una nomenclatura anterior a la Conquista no está del todo claro; probablemente combina ambas cosas. Lo indudable es que el mapa del norte boyacense sigue siendo, en buena medida, el mapa que gobernaba Tundama a comienzos del siglo XVI.

La lectura tradicional —el cacique heroico que resistió al invasor— ha dado paso, en la investigación histórica y arqueológica, a una comprensión más estructural del cacicazgo como pieza de un sistema muisca fragmentado, periférico y en proceso inconcluso de consolidación. Tundama importa no tanto por lo que hizo individualmente, sino por lo que encarna: la periferia norte de un mundo político que la Conquista sorprendió a medio hacer, y que quizás, sin la irrupción europea, habría cristalizado en una unidad estatal más amplia o en una fragmentación mayor.

Queda la certeza de que el altiplano cundiboyacense no era, en 1537, un imperio unificado, y de que la conquista española se hizo aprovechando esa fragmentación. Tundama fue la excepción que confirma la regla: el cacique norteño que, precisamente por no depender del centro, pudo articular la resistencia más obstinada del altiplano, y que precisamente por eso —por no contar con la infraestructura política de un estado consolidado— tampoco pudo sostenerla más allá de dos temporadas de campaña. Su nombre, fijado en la geografía, marca la frontera donde el norte muisca resistió más tiempo del que su propia estructura política podía sostener.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

20 documentos · 35 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 521 cita
[1]

en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1291 cita
[2]

en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

p. 129
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 35, 452 citas
[3]

u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…

p. 35
[16]

d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…

p. 45
04Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · Páginas 33, 362 citas
[4]

favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…

p. 33
[7]

Paypativa, Saquencipá, Sativa, Sisa, Sisatunja, Socotá, Socha, Soquirá, Suitoto, Susa, Tagasa, Tasguato, Tuequito, Tibabita, Tibaco, Tibativa, Tirque, Tirasa, Tobana, Tocavita, Togabía, Tonnsa, Tuchaga, Turora y Tupachoque (Friede, 1974: 225 - 226) así como los de Beteitiva, Cerinza (o Ceniza), Chitagoto, Gacha,…

p. 36
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 55, 58, 623 citas
[5]

de Ramiriquí-Tunja, fue el primero en desintegrarse debido a la fundación de la ciudad en el sitio mismo que ocupaba su cen tro. Hacia 1562, ei grupo indígena de Ramiriquí apenas era una encomien da mediana (de 500 tributarios), a comienzos del siglo xvn hacía parte del corregimiento más diezmado en población, el…

p. 55
[10]

los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…

p. 58
[11]

Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…

p. 62
06Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Páginas 116, 125, 2133 citas
[6]

a su vez tenían a la cabeza un cacique común, es decir, a alguien que estaba por encima de una cierta cantidad de jefes de tribu. También aquí nos encontramos con un hecho extendido en el mundo: el nombre del pueblo o de la tribu era el mismo que el del cacique. Para los muiscas la constitución del estado se había…

p. 213
[24]

relaciones siempre fueron reducidos a guazabaras, las cuales eran rápida- mente ‘desbaratadas’ por los hispanos, lo que obligaba a la huida de los muiscas. Refiriéndose a estas batallas, Aguado dice que los cacicazgos se apoyaban en ligas o confederaciones militares, como la de Duitama y Sogamoso (1: 297-8), o la que…

p. 116
[32]

Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…

p. 125
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 94, 134, 1373 citas
[8]

perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

p. 94
[17]

la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…

p. 134
[22]

cabo la expedici ó n; cl á usula que merece destacarse por ins ó lita. Pues si bien exist í a un derecho consagrado de aprovecharse de los bienes del enemigo, no as í de quienes se somet í an voluntariamente, sin hacer la guerra. Se exig í a pues de los indios pac í ficos, su apoyo a la invasi ó n. El 6 de junio de…

p. 137
08Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · Páginas 24, 402 citas
[9]

hasta Zipaquirá y desde Bogotá hasta Facatativá. En las otras partes, aun entre los pueblos sometidos ya al zipa, se hablaba la lengua de Tunja hasta Guatavita y la duit al oriente de este valle. El manuscrito en lengua duit, de que he hablado antes y que he tenido la fortuna de encontrar, nos da a conocer bastante…

p. 40
[15]

su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…

p. 24
09Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · Páginas 84, 89, 109, 1564 citas
[12]

la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…

p. 84
[13]

menos claro). En concretos, esto quiere decir que la sociedad se divide en “mitades”, cada una con su propio liderazgo. Por lo general nes entre esas mitades es asimétrica, de manera que una obre la otra, aunque las mitades suelen tener esferas de rentes, o complementarias: en algunos casos una mitad ás de lo secular…

p. 156
[14]

y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…

p. 109
[23]

Indias en España y fue primero estudiado por Juan Friede y luego, con lujo de detalles, por Augusto Gamboa. En los últimos meses lo he venido trabajando con mi colega Camilo Uscátegui. 92 Una lectura de los testimonios el texto se aclara que el cacique de Sogamoso, el mismo que traron los españoles, se llamaba…

p. 89
10Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 171 cita
[18]

reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…

p. 17
11Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 451 cita
[19]

capitanes y soldados, caballos de guerra, arcabuces, ballestas, espadas, lanzas y otras armas. Sin embargo, si se estudian las crónicas y las relaciones sobre la expedición del licenciado Jiménez, se concluye que otra fue la realidad: los indígenas constitu- yeron una ayuda para el progreso de la expedición y no un…

p. 45
12Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 4161 cita
[20]

tan presto, que tuvieron los indios por más seguro dejarles el lugar expuesto al saco con la fuga que perder las vidas miserablemente con la resistencia». Hicieron los vence - dores copioso botín de bastimento, ropa y oro en el pue - blo, y dieron cuenta del suceso al general Quesada, que a la sazón se encontraba en…

p. 416
13Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Página 1081 cita
[21]

the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…

p. 108
14Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 631 cita
[25]

la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…

p. 63
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 28, 52, 553 citas
[26]

a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…

p. 55
[30]

El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

p. 28
[35]

autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…

p. 52
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 401 cita
[27]

lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…

p. 40
17Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 322 citas
[28]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[29]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
18Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 3321 cita
[31]

true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
19Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · Página 3761 cita
[33]

de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

p. 376
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 631 cita
[34]

de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…

p. 63