Hernán Pérez de Quesada
Conquista
N. 1500
La biografía
Hernán Pérez de Quesada fue el hermano menor y ejecutor de Gonzalo Jiménez de Quesada durante la conquista del altiplano cundiboyacense, y quedó a cargo del Nuevo Reino de Granada entre 1539 y 1543, mientras el adelantado gestionaba títulos en la Corte. En esos años, como lugarteniente y gobernador interino, consolidó por la fuerza el dominio español sobre los muiscas: repartió encomiendas a discreción, expulsó al enviado de la Real Audiencia de Santo Domingo, dio muerte al último zaque de Tunja y a sus capitanes reunidos, sometió a tormento a los señores indígenas para arrancarles su oro y lanzó una expedición desastrosa hacia El Dorado que atravesó la Cordillera Oriental hasta Mocoa y Pasto. Su regreso, con el ejército deshecho, coincidió con la llegada de Alonso Luis de Lugo, que lo desplazó del poder. Murió pocos años después en el Caribe, fulminado —según la tradición— por un rayo, en un final que sus contemporáneos leyeron como sentencia divina. Sin él, sin embargo, la conquista del Nuevo Reino no se entiende: fue quien hizo el trabajo que Gonzalo prefirió no firmar.
Línea de vida
- 1536
Partida desde Santa Marta
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Formó parte de la expedición que salió de Santa Marta en los primeros días de abril de 1536 bajo el mando de su hermano Gonzalo Jiménez de Quesada, nombrado general de la jornada por el gobernador Pedro Fernández de Lugo. De los seiscientos a setecientos hombres iniciales, solo unos ciento sesenta y seis o ciento setenta emergieron al altiplano muisca en marzo de 1537.
- 1538
Fundación de Santafé y Tunja
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Participó en la fundación de Santafé el 6 de agosto de 1538 y en la de Tunja poco después, como parte del núcleo duro de conquistadores que consideraban el Nuevo Reino su recompensa legítima tras once meses de hambre y selva.
- 1539
Asunción del gobierno interino
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Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada partió hacia España a defender sus derechos tras la convergencia de las huestes de Federmán y Belalcázar, dejó a Hernán Pérez al frente del Nuevo Reino. Sin título estable, Hernán Pérez repartió encomiendas a miembros de las tres huestes, en detrimento de los conquistadores originales, sembrando resentimientos duraderos.
- 1540
Expulsión de Jerónimo Lebrón
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Jerónimo Lebrón, enviado por la Real Audiencia de Santo Domingo como juez de residencia y gobernador, partió en enero de 1540 con ciento ochenta hombres y llegó al altiplano con noventa. Hernán Pérez lo obligó a retirarse y regresar a Santa Marta, desde donde Lebrón instauró un juicio de residencia contra ambos hermanos Quesada, con numerosos testimonios adversos.
- 1541
Asesinato del zaque de Tunja y sus capitanes
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Aprovechando que los uzaques y capitanes viejos del señorío de Hunza estaban congregados en Tunja con motivo del matrimonio del zaque, Hernán Pérez dio muerte al último zaque y a todos sus capitanes en un mismo acto calculado, destruyendo con ellos la generación depositaria de la memoria oral muisca y eliminando cualquier cabeza política capaz de coordinar resistencia.
- 1541
Expedición hacia El Dorado
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Atraído por el mito de El Dorado y presionado por conquistadores sin encomienda, Hernán Pérez salió de Santafé con un grupo de españoles y varios millares de indios cargueros. La expedición atravesó la Cordillera Oriental, descendió a las vertientes orientales, alcanzó el río Guaviare y llegó hasta Mocoa, para luego ascender de nuevo la cordillera y arribar a Pasto con el ejército deshecho. La jornada fue un fracaso absoluto: no encontró ciudad ni laguna y dilapidó vidas de españoles e indígenas.
- 1543
Regreso a Santafé y pérdida del poder
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Al regresar desde Pasto a Santafé, Hernán Pérez encontró ya instalado como nuevo gobernador a Alonso Luis de Lugo, hijo del difunto Pedro Fernández de Lugo, quien había recibido la gobernación de Carlos V. La autoridad interina de Hernán Pérez se extinguió por el simple hecho consumado de otra autoridad con título real.
El hermano segundo
De Hernán Pérez de Quesada antes de América se sabe poco y lo poco es concordante: nació hacia comienzos del siglo XVI, probablemente en Granada, en el seno de la familia castellana de letrados y soldados que produjo también a su hermano mayor Gonzalo Jiménez de Quesada. Los dos llegaron al Nuevo Mundo en la gran armada de Pedro Fernández de Lugo, adelantado de Santa Marta, que zarpó de Sanlúcar en 1535. Gonzalo iba con nombramiento de teniente general y una Instrucción y Memoria firmada el 1 de abril de 1536. Hernán, como capitán bajo su mando, formaba parte de esa segunda línea de conquistadores letrados que combinaban espada y expediente.
La expedición que partió de Santa Marta en los primeros días de abril de 1536 —el 6, según una de las relaciones— reunía entre seiscientos y setecientos hombres. Solo unos ciento sesenta y seis o ciento setenta emergieron a las planicies muiscas a principios de marzo de 1537, tras once meses de hambre, enfermedad y selva. Hernán Pérez estuvo entre los sobrevivientes, y ese dato —haber pasado por el Opón, por el hambre, por los cadáveres de los compañeros— explica buena parte de su conducta posterior. Pertenecía al núcleo duro de la conquista, a los "primeros conquistadores" que consideraban el Nuevo Reino su recompensa legítima y verían con creciente amargura llegar a otros a repartirse el botín.
En el altiplano participó en el sometimiento de los cacicazgos muiscas, en la fundación de Santafé el 6 de agosto de 1538 —en el sitio de esparcimiento del zipa, probablemente Teusaquillo— y en la de Tunja poco después. Cuando en 1539 convergieron sobre Santafé Nicolás de Federmán, llegado desde Venezuela con sus alemanes y su hueste, y Sebastián de Belalcázar, subiendo desde Quito, los tres capitanes acordaron no combatir entre sí y remitir la disputa por la titularidad del reino a las autoridades peninsulares. Gonzalo Jiménez de Quesada partió entonces hacia España a defender su derecho. Dejó al frente del Nuevo Reino a su hermano.
El gobierno interino
Hernán Pérez recibió una jurisdicción sin título estable. Su hermano era teniente de un gobernador —Pedro Fernández de Lugo— que había muerto en Santa Marta. El Nuevo Reino no era todavía una gobernación en propiedad. Sobre el altiplano confluían, además de los conquistadores originales de Quesada, los recién llegados con Federmán y Belalcázar, todos reclamando tierras, indios y recompensa. Su primera tarea, y su primer error político, fue el reparto de encomiendas.
Adjudicó encomiendas a miembros de las huestes de Federmán y Belalcázar, en detrimento de los derechos de los compañeros originales de la expedición de su hermano. No era un gesto arbitrario ni desinteresado: buscaba comprar la paz entre las tres huestes y consolidar clientela propia frente a una autoridad futura que sería, previsiblemente, hostil. Pero las encomiendas se entregaron solo en depósito, sin la fuerza jurídica del título real, y esa provisionalidad convirtió a cada beneficiario en un aliado precario, pendiente siempre del gobernador que llegara después.
El balance de largo plazo mostraría con crudeza el desplazamiento de los compañeros de Quesada. Hacia mediados de siglo existían ciento ocho encomiendas repartidas entre Tunja y Santafé; de ellas, apenas veintiséis en Tunja y diecinueve en Santafé estaban en manos de sus antiguos compañeros. De los doscientos sesenta y cinco conquistadores que pasaron por las expediciones de 1537 a 1543, solo noventa conservaron o ganaron encomienda. El reparto de Hernán Pérez no fue el único responsable de ese desenlace, pero fue su punto de partida, y sembró el fondo de resentimientos que los cronistas registrarían durante décadas.
En ese contexto le llegó el desafío de Jerónimo Lebrón.
La expulsión de Lebrón
La Real Audiencia de Santo Domingo, al conocer la muerte de Pedro Fernández de Lugo, despachó al Nuevo Reino a Jerónimo Lebrón, con encargos que las relaciones denominan indistintamente "juez de residencia" y "gobernador". Su misión era establecer sobre el altiplano la autoridad de Santa Marta y, de paso, tomar cuentas a quienes ejercían el poder sin título. Lebrón partió en enero de 1540 con unos ciento ochenta hombres; en el trayecto, marcado por las mismas dificultades que había padecido la hueste de Quesada, la mitad se le quedó por el camino, y llegó al altiplano con noventa.
El cabildo de Vélez lo aceptó como gobernador. La razón probable es transparente: los conquistadores allí asentados esperaban que Lebrón, investido de autoridad legítima, convirtiera en propiedad las encomiendas que Hernán Pérez les había entregado en simple depósito. Buscaban legalizar por vía externa lo que el hermano de Quesada no podía otorgarles con firmeza. Pero en Santafé, y en las otras plazas donde Hernán Pérez tenía apoyos sólidos, Lebrón encontró rechazo. La confrontación fue breve. Hernán Pérez lo obligó a retirarse y a regresar por donde había venido, con la escolta reducida y sin haber ejercido jurisdicción efectiva.
De regreso en Santa Marta, Lebrón hizo lo que le quedaba: instauró un juicio contra Hernán Pérez y contra su hermano ausente, recogiendo testimonios adversos a la fama de ambos. Ese expediente fue la primera acusación formal, sistemática, contra los procedimientos de los Quesada en el Nuevo Reino, y sembró en los archivos de la Corona la sospecha que años después justificaría enviar sobre ellos a residenciadores.
La violencia sobre los señores muiscas
El período de Hernán Pérez como autoridad interina coincidió con la fase más brutal del sometimiento de la nobleza muisca. La conquista militar del altiplano ya estaba en lo esencial concluida; lo que quedaba era extraer el oro, y para eso los conquistadores desarrollaron un repertorio de coacción que Hernán Pérez sistematizó.
El caso emblemático es el del zaque de Hunza. Cinco años y medio después de la conquista inicial, el último zaque de Tunja se casaba, y los uzaques y capitanes viejos del señorío se habían congregado en la ciudad para el matrimonio de su señor. Hernán Pérez de Quesada, aprovechando la reunión, dio muerte al zaque y a todos los capitanes en un mismo acto. Fue un asesinato calculado, no un incidente de combate: se eliminaba de una vez a la generación que aún recordaba el mundo anterior, a los depositarios de la memoria oral, a los intermediarios políticos capaces de coordinar una resistencia. Con ellos se destruyeron los recuerdos y tradiciones que habrían podido suplir, siquiera en parte, la pérdida de los archivos de Iraca. El efecto cultural fue irreversible: los indios de Sogamoso, degradados por la esclavitud posterior, ya no podrían transmitir memoria coherente de la Conquista. Un cronista temprano llamaría a esos ejecutores "bárbaros y feroces", subrayando el contraste entre su brutalidad y su pretensión de actuar en nombre de un rey cristiano.
El otro nombre que resume la violencia del período es el de Sagipa, sucesor irregular en el zipazgo tras la muerte de Tisquesusa. Sagipa fue sometido a tormento por los españoles para que revelara el tesoro del zipa. Murió en prisión pocos días después, sin que se estableciera que el tesoro fuera encontrado. En el proceso que se le siguió se argumentó que no era necesario tener con él tantos "miramientos" como con un cristiano, doctrina que dejaba a los señores indígenas fuera del marco jurídico que protegía a un vasallo del rey y los reducía a la condición de instrumentos a exprimir. Los conquistadores justificaban ese trato como un derecho legítimo: si los caciques ocultaban su oro, la tortura era el procedimiento admisible para obligarlos a entregarlo.
La lista de atrocidades atribuidas a Hernán Pérez excede la lógica del interrogatorio. Mandaba saquear aldeas, matar hombres, mutilar mujeres y niños. Cuando notó que los indios no temían la horca —porque su cosmovisión no incluía ese tipo de muerte como oprobio— pasó a empalarlos. Colgaba cautivos sobre hogueras; los quemaba vivos en aceite hirviendo; hacía que perros destriparan niños; asesinaba recién nacidos para que sus madres pudieran cargar más peso en las jornadas. Estas prácticas figuran en los procesos y crónicas como cargos probados, no como rumores. Ninguna de ellas era, hay que decirlo, un invento suyo: pertenecen al repertorio general de la conquista americana. Lo específico de Hernán Pérez es la sistematicidad y la impunidad con que las ejerció durante un período en que era, de facto, la máxima autoridad del Nuevo Reino.
Sería un error, sin embargo, leer esa violencia solo como carácter individual. Su función era estructural: extraía oro que financiaba la maquinaria conquistadora, disolvía las cabezas políticas indígenas capaces de coordinar resistencia y aterrorizaba a las poblaciones hasta la sumisión productiva. En ese sentido Hernán Pérez fue eficaz. El altiplano que entregaría a Alonso Luis de Lugo era un territorio quebrado en su capacidad de respuesta, con su nobleza aniquilada o rota, y ese quebrantamiento fue la base sobre la que se edificó el orden colonial temprano.
La jornada de El Dorado
El otro gran hecho de su gobierno interino fue la expedición hacia los Llanos y el sur en busca de El Dorado, que emprendió en 1541. La leyenda llevaba años instalada en la imaginación de los conquistadores del Nuevo Reino. Desde 1537, cuando desde una brecha de la cordillera se percibieron los llanos orientales, se hablaba de tierras dilatadas, muy pobladas y ricas al oriente de la sierra nevada. Los muiscas mismos le habían contado a Gonzalo Jiménez de Quesada el ritual que alimentaba el mito: un hombre espolvoreado de oro que saltaba anualmente a una laguna para asegurar la prosperidad, y se rumoreaba, además, que la laguna estaba llena de ídolos áureos. A esas noticias se sumaron las que Juan de Avendaño había recogido en la expedición de Diego de Ordás por el Orinoco, y las que Luis de Sanabria trajo cuando Jerónimo Ortal buscaba el Meta: cantidades fabulosas de oro, ciudades cargadas de riqueza, imperios ocultos. La leyenda tomaba cuerpo cartográfico: los mapas empezarían a fijar una "Manoa" —palabra achagua que significa laguna—, la "ciudad de La Laguna", como capital de El Dorado.
Hernán Pérez, presionado por una tropa creciente de españoles sin encomienda —muchos de ellos hombres que Lebrón había dejado al retirarse—, encontró en el mito el instrumento perfecto: cada expedición tendía a desencadenar otras, porque generaba expectativas de nuevos repartos y sacaba de las ciudades a los desocupados peligrosos. Salió de Santafé llevando consigo a un grupo de conquistadores y a varios millares de indios cargueros. Enganchó por el camino otros vecinos e indios para la jornada. Dejó a un teniente al frente de la ciudad.
La expedición atravesó la Cordillera Oriental y descendió a las vertientes orientales; siguió con enormes penalidades hacia el sur. Al llegar al río Guaviare, los españoles vieron por primera vez las selvas amazónicas; vacilaron ante ese paisaje que no se parecía a nada conocido, y se lanzaron adelante. Alcanzaron Mocoa. Desde allí, en lugar de regresar por donde habían venido, Hernán Pérez tomó la decisión —desesperada o soberbia— de ascender de nuevo la cordillera. Llegó a Pasto con el ejército deshecho. La jornada había durado, con sus rodeos y demoras, cerca de dos años.
Durante el camino, la violencia contra los indígenas encontró un nuevo escenario y las mismas formas. Cortar senos a mujeres, narices y orejas a niños, empalar, quemar vivos, matar recién nacidos para aligerar la carga de las madres: el repertorio que había ensayado sobre los muiscas se repitió sobre los pueblos de los Llanos y del piedemonte amazónico, con la diferencia de que allá no había oro que legitimara los procedimientos ante ningún tribunal futuro. La jornada de El Dorado fue, en clave contable, un fracaso absoluto: no encontró ciudad ni laguna, dilapidó vidas de españoles y de miles de cargueros indígenas, y devolvió al Nuevo Reino un ejército reducido a sus últimos harapos.
Fue también el mecanismo por el cual Hernán Pérez perdió el poder. Mientras él marchaba hacia Mocoa, la política peninsular seguía su curso.
La llegada de Alonso Luis de Lugo
Carlos V no había aceptado el traspaso de la gobernación de Santa Marta a Gonzalo Jiménez de Quesada. La heredaba, en cambio, Alonso Luis de Lugo, hijo del difunto Pedro Fernández de Lugo. Alonso Luis se embarcó a fines de 1542 para hacerse cargo de la gobernación, pasó por Riohacha y ascendió al Nuevo Reino. Cuando Hernán Pérez de Quesada regresó desde Pasto a Santafé, encontró en la ciudad al nuevo gobernador ya instalado. La autoridad interina se había extinguido por el simple hecho consumado de otra autoridad, esta vez con título del rey.
De lo que ocurrió entre ambos hombres queda poco. El gobierno de Alonso Luis de Lugo abrió, a fines de 1542, un nuevo período de inestabilidad: el reparto de encomiendas volvería a agitarse, la clientela de los Quesada se descompondría todavía más, y el balance de los "primeros conquistadores" —esos noventa de doscientos sesenta y cinco que conservaron encomienda— se agravaría bajo los gobernadores siguientes. Hernán Pérez quedó desprovisto de mando y expuesto, además, al juicio que Lebrón había instaurado desde Santa Marta. La denuncia por procedimientos ilegales, los testimonios sobre atrocidades, los reclamos de conquistadores desplazados: todo estaba ya en los archivos.
De sus últimos años apenas queda un registro somero. Murió en el Caribe, hacia 1544, fulminado por un rayo. Sus contemporáneos leyeron el hecho como castigo divino, y con esa lectura selló, en gran parte, la memoria posterior: el hermano ejecutor terminó calcinado por el cielo, mientras Gonzalo —el que había sabido irse a tiempo a la Corte— seguiría gestionando títulos, encomiendas y crónicas propias durante décadas.
La red de los Quesada
La figura de Hernán Pérez no se explica sin la de su hermano. Gonzalo Jiménez de Quesada fue el estratega, el letrado que negociaba en Madrid, el fundador que firmaba la fundación de Santafé el 6 de agosto de 1538 y la de Vélez, donde el 13 de agosto de ese año recibió con Juan de Sanct Martín un poder del cabildo para representar a la ciudad ante la Corte de España. Hernán fue el brazo, el que permaneció en el altiplano y sostuvo el aparato de dominación mientras el mayor tramitaba lo demás. Esa división del trabajo entre hermanos —uno en el archivo peninsular, otro en el terreno americano— fue una fórmula común en la conquista, y en el caso de los Quesada resultó particularmente eficaz para preservar la figura del mayor: cuando llegaron los procesos y los cargos por atrocidades, el nombre que quedó más manchado fue el de Hernán, y el de Gonzalo pudo defenderse detrás de la distancia geográfica y del argumento —siempre esgrimible— de que ignoraba los detalles.
En torno a los dos hermanos operaba un puñado de figuras que dio forma al Nuevo Reino temprano. Antonio de Lebrija había firmado con Quesada los documentos fundacionales y estado a su lado en las primeras exploraciones del altiplano; era el tipo de compañero letrado y disciplinado que la hueste necesitaba para dejar constancia escrita de cada paso, y su firma aparece una y otra vez en los papeles capitales de esos años. Gonzalo Suárez Rendón, veterano de las mismas jornadas, fundó Tunja y se instaló allí como una de las autoridades más sólidas del reino temprano: cabeza de la ciudad que Hernán Pérez elegiría para consumar la matanza del zaque, quedó vinculado sin remedio, por vecindad y por cargo, a los procedimientos de aquellos años. Juan de Sanct Martín, capitán y procurador, fue el hombre a quien Gonzalo asoció para representar a Vélez ante la Corte, y encarnó, junto a Lebrija, la doble función jurídica y militar que caracterizó al primer círculo. Antón de Olalla, llegado a Santa Marta en 1535 con la misma armada de Pedro Fernández de Lugo, hizo la travesía del Opón, sobrevivió y fue recompensado con encomienda: es la biografía tipo del "primer conquistador" que Hernán Pérez debía proteger en sus repartos y que, a la larga, quedaría también en la minoría que conservó su merced.
Con Federmán y Belalcázar la relación fue de compromiso funcional. El pacto de 1539 evitó una guerra entre conquistadores y remitió la disputa a España, pero dejó sobre el altiplano una masa de hombres armados de tres huestes distintas que Hernán Pérez tuvo que administrar, y que su reparto irregular de encomiendas intentó neutralizar mediante la mezcla de lealtades.
Del lado indígena, sus interlocutores fueron los cacicazgos muiscas ya quebrados: Tisquesusa asesinado durante la conquista inicial; Sagipa capturado y sometido a tormento; el zaque de Hunza y sus capitanes eliminados en Tunja. Con la desaparición de esa nobleza, la interlocución política entre españoles y muiscas cesó como diálogo entre poderes y se convirtió en administración pura de encomienda.
El olvido
La memoria del Nuevo Reino trató a Hernán Pérez con incomodidad desde temprano. Las crónicas favorables a los Quesada lo mencionaron lo justo, evitaron los procedimientos, se concentraron en los hitos del mayor. La imaginería épica del Renacimiento suavizó con tintes heroicos lo que los procesos consignaban con crudeza. Otros cronistas retomaron con matices los materiales anteriores, integrando episodios de violencia y anécdotas de gobierno que la memoria oficial prefería omitir.
Las cifras mismas llegan envueltas en discordia. Sobre el número de hombres que salieron de Santa Marta en 1536 unas relaciones hablan de setecientos cincuenta, otras bajan a seiscientos. Cada dato que atañe a Hernán Pérez —hombres, encomiendas, indios cargueros, muertos— aparece con márgenes variables. Es un hombre que aparece siempre en función pública, nunca en función íntima; que se conoce por lo que firmó, por lo que ordenó, por lo que se le imputó. De su vida privada apenas hay rastro; de sus procedimientos, en cambio, quedaron el juicio de Lebrón, los testimonios sobre las atrocidades y las probanzas de méritos que los sobrevivientes de la expedición presentaron durante décadas para reclamar mercedes al rey.
La memoria colombiana lo ha tratado con reticencia. La conquista del altiplano se construyó en torno a la figura de Gonzalo —el letrado, el fundador de Santafé— y desplazó a Hernán al margen: hermano menor, ejecutor, personaje secundario cuya crueldad, si se mencionaba, se atribuía al carácter general de la época o se compensaba con la exaltación de las fundaciones. La muerte por rayo cerraba la historia con una economía moral cómoda: el hermano brutal había sido castigado, el hermano ilustrado sobrevivió y podía ser reivindicado. Los manuales escolares republicanos consolidaron ese esquema durante generaciones; el nombre de Gonzalo pasó a calles, plazas y monumentos, el de Hernán no llegó siquiera a las notas al pie.
Hernán Pérez de Quesada encarna la conquista en su fase menos mitificada: la del trabajo sucio, la de la violencia que hace posible el orden posterior, la del gobierno sin título que ejecuta lo que ningún gobernador con nombramiento firmaría con su nombre. En él se concentraron durante cuatro años las contradicciones del sistema: encomiendas en depósito, autoridad interina, competencia entre huestes, señuelo de El Dorado, doctrina de que los caciques no merecían los mismos miramientos que un cristiano. La conquista del altiplano cundiboyacense necesitó a alguien que hiciera lo que él hizo, y ese alguien tuvo nombre, apellido y expediente. Que su figura se haya diluido en la sombra de un hermano más letrado y más longevo no altera el hecho: el orden colonial temprano del Nuevo Reino se edificó sobre los muertos que él ordenó, las encomiendas que él repartió y los caminos que él abrió con hierro caliente.
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Documentos y fragmentos citados
22 documentos · 33 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 73, 75, 76, 784 citas
[1]las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…
p. 78
[10]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…
p. 75
[18]destacamento de los recién llegados, entre los cuales se con- taba Jiménez de Quesada, emprendió una expe- dición a la parte oriental de la gobernación, La Ramada. Sostuvo algunos encuentros con los indios y recogió algún oro. Sin embargo, desi- lusionado de lo que esperaba fuera un paraíso, abandonó la empresa. Sin…
p. 73
[23]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…
p. 76
02Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 113, 116, 2133 citas
[2]sobre sus descubrimientos, se fue directamente a España. La conquista de los chibchas, sin embargo, fue conocida inmediatamente en Santa Marta, pues Federmán, Quesada y Belalcázar hicieron diversas declaraciones en Cartagena al respecto. El gobernador enviado por la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo Lebrón, decidió…
p. 116
[6]a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…
p. 113
[30]estas rebeliones. 28. Castellanos, III, 421 y ss. 29. Id., III, 430 y ss. 30. DIHC, VIII, 173. 31. Id., VIII, 259. 32. Cieza de León, Crónica (Madrid, 1947), Cap. XXVI. 8 33. Ibid., Cap. XXVI. 34. Acosta (Descubrimiento y Conquista, 474) y otros afirman que Briceño se había casado con la viuda de Robledo, lo que…
p. 213
03Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Páginas 31, 1342 citas
[3]Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…
p. 134
[25]12 H is t o r ia ec o n ó m ic a y so c ia l i toda nueva conquista que no estuviera autorizada por las Audiencias obe decía al designio de la Corona de retomar la carga que ella había abando nado a la iniciativa de los particulares desde el comienzo. Se quiso ante todo hacer cesar un derroche de vidas humanas, las de…
p. 31
04Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 3391 cita
[4]muchos respectos. Cinco años y medio después, Hernán Pérez de Quesada daba muerte violenta y alevosa al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uza - ques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su desventurado señor, matando en ellos de una vez los recuerdos y tradiciones que…
p. 339
05El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · Página 3001 cita
[5]no le daban oro saqueaba las aldeas, mataba a los hombres, les hacía cortar los senos a las mujeres y las narices y las orejas a los niños. Su tropa violaba y pervertía por doquier. Al notar que los indios no temían que los colgaran, dio instruccio- nes a sus hombres para que los empalaran, insertando una estaca entre…
p. 300
06Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 301 cita
[7]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…
p. 30
07Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1281 cita
[8]pe- queño”; pero en vista de que dilataba el acuerdo, fue preso. Sagipa continuaba renuente por lo que: “los capitanes y soldados pusieron acusa- ción al Sagipa ante su general” del incumplimiento de la entrega del tesoro que “pertenecía al fisco real y a ellos” y “substanciándose el proceso muy judicialmente, de…
p. 128
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 1441 cita
[9]colonizaci ó n que a la desenfre nada conquista, enganch ó otros vecinos e indios para la jornada. Luego se dirigi ó y atraves ó la Cordillera Oriental y siguiendo con ingentes penalidades las vertientes orientales de la cordillera hacia el sur, alcanz ó Mocoa, ascendi ó la cordillera y lleg ó a Pasto con su ej é…
p. 144
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 451 cita
[11]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
p. 45
10El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · Páginas 390, 4012 citas
[12]provincias donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó 134 Fray Pedro Simón, Noticias historiales o conquistas de Tierra Firme, noticias 6 y 7, caps. 7 y 8. 391 Eí Ondicec dírstnaóc a claro y perfecto día, mediante la predicación de muchos varones apostólicos que reputaron el oro…
p. 390
[15]noticias, ya verificadas del famoso Dorado y de sus gentes; ojalá sea cuanto antes, para bien y salud eterna de aquellas almas. Dos palabras debo explicar antes de pasar adelante: la primera es Manoa, nombre que dan los mapas a la ciudad principal de El Dorado, y digo que Manoa es en lengua achagua tercera persona del…
p. 401
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 591 cita
[13]descubrimientos. Mientras lograban que Almagro, venciendo mil obstáculos, les en- viara un buque, Pizarro y los suyos esperaron en la isla de Gorgona, que había sido descubierta poco antes por Almagro. Algo después, Pizarro emprendería el viaje que lo llevaría a la conquista del Perú. Ha- bían transcurrido, hasta…
p. 59
12More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 411 cita
[14]Chibchas were the most highly developed of the groups that lived within the boundaries of modern-day Colombia, but they existed be- yond the borders of Incan, Mayan, and Aztec rule. By the time the Spanish arrived in Colombia, Hernan Cortes had al- ready conquered Mexico. Fortunately, Francisco Pizarro, the ruthless…
p. 41
13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Página 281 cita
[16]corte, el único lugar donde podía obtener por merced real su título de gobernador. Otra razón para que Belalcázar se dirigiese al norte debía estar relacionada con las experiencias de dos de sus compañeros, Juan de Avendaño y Luis de Sanabria. Aven- daño había hecho parte de la exploración de Diego de Ordás, Orinoco…
p. 28
14Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 221 cita
[17]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
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15Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 171 cita
[19]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
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16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 45, 472 citas
[20]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
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[24]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…
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17El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2881 cita
[21]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…
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18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1011 cita
[22]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
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19Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 3691 cita
[26]dad de su carne y su abundancia de sebo, indispensable entonces para la fabricación de velas. El fundador de esta importante hacienda, Antón de Olalla, tuvo un origen bas tante modesto. Fue un oscuro pero afortunado soldado que, llegado a Santa Marta en 1535, no sólo logró sobrevivir a los azares del dificilísimo…
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20Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Páginas 34, 132, 1423 citas
[27]1 Heredia, Pedro de founder of Cartagena, 39 n. 9 governor of Cartagena, 9 n. 19, 29, 29 n. 17 Hernández, Gonzalo, 46 n. 25, 57 Hernández Gallegos, Diego, 42 n. 17, 49, 52 injured in battle, 57 Hierro Maldonado, Hernando, 96 n. 26 Hispaniola, 3, 32, 39 n. 8 horses, 21, 28, 29 n. 16, 35 n. 1, 72, 84, 88, 96, 97, 105,…
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[28]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…
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[32]UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:46 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. bI bl I o G r AP hy Primary Archival Sources AGI Archivo General de…
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21Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 32, 352 citas
[29]el poder, la institución de la Real Audiencia prefirió guarecerse en el altiplano, entre Tunja y Bogotá, ciudades alejadísimas del mar y de la metrópoli. Naturalmente, allí se acen- tuó el formalismo de la ley y la escritura, y bajo aquella atmósfera mestiza encontramos los primeros textos narrativos. xxvi. De acuerdo…
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[31]poética del Renacimiento para pintar con tintes heroicos a los conquistadores de la zona equinoccial como héroes de la Ilíada o la Odisea, como varones ilustres que se aventuraban por un territorio selvático, con ríos y montañas enormes, que se enfrentaban a comunidades indígenas que no se caracterizaban por su…
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22Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1661 cita
[33]cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…
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