Expedición de Hernán Pérez de Quesada a El Dorado por los Llanos (1541-1543)
Entre 1541 y 1543, Hernán Pérez de Quesada condujo desde Santafé una hueste de conquistadores y miles de cargueros muiscas por los Llanos Orientales y el piedemonte amazónico en busca de El Dorado. Regresó hacia mediados de 1543 sin hallar las riquezas buscadas y con pérdidas humanas enormes. Hubo nuevas entradas y fundaciones orientales después de su fracaso, aunque la ocupación colonial siguió siendo desigual.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1541-1543
- Dónde
- Tunja, Llanos Orientales, Amazonía, Mocoa, Nueva Granada, Cordillera Oriental, Santafé, Sibundoy, Bogotá, Quito, Magdalena, Amazonas, Cesar, Guaviare, Brasil, Putumayo, Caguán, Chocó, Meta, Caquetá, Santafé de Bogotá, Río Guaviare, Pasto
- Protagonistas
- Hernán Pérez de Quesada, Gonzalo Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmán, Sebastián de Belalcázar, Pedro Fernández de Lugo, Pedro de Aguado, Aquiminzaque, Carlos V, Jerónimo Lebrón, Aquiminzaque (último zaque de Hunza), Cabildo de Tunja, Real Audiencia de Santo Domingo, Corona española
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El mito de El Dorado, construido sobre la ceremonia de Guatavita, el culto muisca a las lagunas, relatos sobre la 'casa del sol' de los laches y la visión de los Llanos orientales desde la cordillera, hacía del oriente andino el lugar geográficamente lógico donde debía estar el tesoro, movilizando a la hueste dentro de un sistema de creencias compartido.
- La situación política de Hernán Pérez en Santafé era insostenible: había adjudicado encomiendas en detrimento de los conquistadores originales, generando descontento, y enfrentaba un juicio de residencia abierto por Jerónimo Lebrón desde Santa Marta con numerosos testimonios adversos; la expedición era también una huida de esa presión judicial.
- La práctica sistemática de reclutar cargueros indígenas como única logística viable para expediciones de gran escala, ante la escasez de caballos y mulos, hizo posible organizar la jornada con varios millares de muiscas arrancados de sus comunidades.
- La oposición del cabildo de Tunja a la expedición fue ignorada, lo que revela la ausencia de controles institucionales efectivos sobre los caudillos en el Nuevo Reino recién conquistado y la primacía del poder personal sobre la legalidad colonial incipiente.
Consecuencias
- Muerte masiva de varios millares de cargueros muiscas del altiplano, incapaces de sobrevivir al descenso a los Llanos y a la selva amazónica; la expedición aceleró el colapso demográfico del pueblo muisca al sustraer de sus comunidades a una fracción significativa de su población activa que no regresó.
- Al regresar a Santafé en 1543, Hernán Pérez encontró al nuevo gobernador, Alonso Luis de Lugo. El conflicto por las encomiendas y las denuncias de abusos dieron paso a procesos contra el antiguo jefe interino.
- La jornada fracasó en la búsqueda de El Dorado y dejó una hueste diezmada. No impidió nuevas entradas por los Llanos ni fundaciones como San Juan de los Llanos en 1556; la ocupación del piedemonte y la Amazonía fue posterior, irregular y difícil de sostener.
- Los abusos documentados durante la jornada —incluida la orden de matar recién nacidos para que sus madres cargaran más peso— alimentaron el expediente judicial contra los hermanos Quesada y contribuyeron al ciclo de intervenciones reales que hacia 1550 buscaría someter a los caudillos de la primera conquista a la autoridad de la Corona.
- La expedición estableció el precedente de un caudillo que abandonaba el territorio recién conquistado para escapar de la justicia colonial, dejando tensiones irresueltas sobre encomiendas, legalidad y gobierno que marcarían la política del Nuevo Reino durante décadas.
La clave interpretativa
Por qué importa
La expedición de Hernán Pérez de Quesada muestra el costo humano de las búsquedas de El Dorado: empleó miles de cargueros muiscas y volvió sin las riquezas esperadas. Su fracaso no cerró la expansión oriental, que continuó mediante nuevas entradas, asentamientos y misiones. También permite observar la fragilidad del poder de los caudillos conquistadores: al regresar en 1543, Hernán Pérez encontró al gobernador Alonso Luis de Lugo ya instalado y afrontó procesos por sus abusos.
Desarrollo histórico
La historia completa
Expedición de Hernán Pérez de Quesada a El Dorado por los Llanos (1541-1543)
Entre 1541 y mediados de 1543, Hernán Pérez de Quesada, hermano y lugarteniente del fundador de Santafé, condujo por los Llanos Orientales y el piedemonte amazónico una hueste de conquistadores y varios millares de cargueros muiscas en busca de El Dorado. Regresó a Santafé con el ejército deshecho, sin haber encontrado las riquezas buscadas, tras cruzar la cordillera Oriental, avanzar hacia el sur hasta Mocoa y salir por Sibundoy y Pasto. La jornada no dejó una fundación estable y costó miles de vidas indígenas. Su fracaso reveló la dificultad de sostener aquellas entradas, aunque no impidió nuevas expediciones ni poblaciones al oriente en las décadas siguientes. También agravó los conflictos por el gobierno del Nuevo Reino en un momento en que Hernán Pérez afrontaba denuncias por sus abusos.
El Nuevo Reino en 1541: encomiendas en depósito y un juez que llegaba desde Santa Marta
Cuatro años antes, en marzo de 1537, apenas 170 hombres y 30 caballos de la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada habían emergido a la sabana muisca tras once meses de marcha desde Santa Marta. Las condiciones del altiplano —clima templado, alimentos abundantes que los muiscas dejaban al huir, armas indígenas de madera frente al acero castellano— habían hecho de aquella conquista, con toda probabilidad, la segunda más lucrativa del siglo XVI americano después de la del Perú. En 1539, cuando Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmann y Sebastián de Belalcázar partieron a España a disputar el gobierno del territorio, quedaron en Bogotá cerca de 400 hombres, 150 caballos y 300 marranas preñadas: la base material del asentamiento. El mando quedó en manos del hermano del fundador, Hernán Pérez de Quesada.
La situación política que heredó era estructuralmente inestable. Jiménez de Quesada había repartido encomiendas de indios entre sus soldados, pero solo en calidad de depósito: un título provisional que no garantizaba propiedad y que dependía de la confirmación futura de una autoridad legítima. Sobre esa base incierta, Hernán Pérez introdujo una segunda capa de agravios al adjudicar encomiendas a integrantes de las huestes de Federmann y Belalcázar —los recién llegados desde Venezuela y Quito— en detrimento de los antiguos conquistadores de la primera hueste. La consecuencia fue previsible: hacia 1550-1560, de las 108 encomiendas existentes en Tunja y Santafé, los conquistadores originales habían perdido 61, y solo 90 de los 265 hombres que participaron en las expediciones de 1537-1543 conservaron o ganaron una. El descontento entre los primeros vecinos era ya, en 1540, materia inflamable.
A ese cuadro se sumó, en enero de 1540, la partida desde Santa Marta de Jerónimo Lebrón, enviado como juez de residencia por la Real Audiencia de Santo Domingo al conocerse la muerte del gobernador Pedro Fernández de Lugo. Lebrón siguió la ruta que Quesada había abierto por el Magdalena y alcanzó Vélez, donde el cabildo lo aceptó como gobernador: los vecinos esperaban, con razón o sin ella, que legalizara la posesión de las encomiendas en depósito. Más al sur, en Santafé y Tunja, Hernán Pérez rechazó la autoridad de Lebrón. El juez de residencia regresó a Santa Marta y desde allí abrió causa formal contra los hermanos Quesada, recogiendo numerosos testimonios adversos a la fama de ambos. Sobre la cabeza del gobernador interino pendía, en 1541, una investigación por abusos que él mismo había multiplicado y una legalidad territorial que amenazaba con desmoronarse. Marcharse a buscar El Dorado era, entre otras cosas, una salida.
El señuelo: cómo se construyó el Dorado que empujó al oriente
El mito que movilizó a Hernán Pérez no era una invención suya ni una fantasía flotante: era una construcción específica, tejida a lo largo de cuatro años de conquista con hilos muiscas y andinos. Su núcleo era una ceremonia real: en la laguna de Guatavita, los muiscas ejecutaban un ritual de sucesión en el que el nuevo cacique, cubierto de polvo de oro, arrojaba ofrendas a las aguas. Los españoles vieron confirmada allí, con evidencia empírica, la hipótesis de tesoros hundidos en lagunas. A ello se sumaba el culto muisca de fertilidad rendido a los cuerpos de agua y el mito de origen según el cual el primer hombre había nacido de la laguna de Iguaque: los conquistadores tradujeron esa cosmología en un mapa de yacimientos ocultos por toda la cordillera.
Había más capas. Pedro de Aguado consignó que Jiménez de Quesada, antes incluso de salir de España, había oído hablar de una "casa del sol" en tierras de los indios laches, cuyos platos y patenas de oro resplandecían visibles desde lejos. Y desde muy temprano circuló entre las huestes la certeza —fabricada, exagerada, alimentada por informantes indígenas que decían lo que sus interrogadores querían escuchar— de que al oriente de la gran cordillera nevada se extendían llanos dilatados y muy poblados donde estaba El Dorado. Jiménez de Quesada, antes de viajar a España, había despachado al capitán Juan Tafur a reconocer los llanos orientales; Tafur no logró atravesar la cordillera y regresó. Pero la fama sobrevivió al fracaso del reconocimiento: el día del apóstol Santiago, un grupo de exploradores había divisado desde una alta cumbre las llanuras orientales, y esa visión, propagada por la hueste, funcionó como confirmación visual del rumor.
Sobre esa acumulación de indicios operaba una convicción más amplia. Los conquistadores concebían las grandes cuencas fluviales —Amazonas, Orinoco, Paraná, Magdalena— como asiento de pueblos riquísimos cuyos cauces guardaban ingentes tesoros. Los primeros yacimientos auríferos hallados en el continente habían alimentado la idea de varios Dorados repartidos a lo largo de las cordilleras, siendo los más fabulosos los ubicados al oriente. Cuando Hernán Pérez de Quesada organizó su jornada, no lo hizo movido por un rumor aislado: lo hizo dentro de un sistema de creencias geográficas que hacía del oriente andino el lugar lógico donde debía estar el tesoro. La expedición no era irracional; era la aplicación consecuente de una geografía imaginaria compartida.
Reclutamiento y partida: la oposición de Tunja y la marcha con miles de cargueros
Hernán Pérez organizó la jornada en 1541 desde Santafé. El cabildo de Tunja, más inclinado a consolidar la colonización sedentaria —repartir indios, edificar casas, sembrar— que a lanzarse a nuevas empresas de conquista, se opuso a la expedición. La oposición no lo detuvo: enganchó de todos modos a vecinos tunjanos e indígenas para engrosar la hueste. La composición final incluía un contingente de conquistadores españoles y varios millares de indios cargueros muiscas del altiplano, extraídos de sus comunidades para transportar bastimentos, armas, herramientas y el resto del pertrecho.
El reclutamiento forzado de cargueros indígenas era, en 1541, una práctica sistemática de la conquista americana. Los cargueros de Federmann habían muerto por decenas en la travesía de los Llanos venezolanos hacia el Nuevo Reino; los de Belalcázar habían quedado en las montañas del sur. La lógica era simple y letal: los caballos escaseaban, los mulos no existían aún en cantidad, y sin espaldas indígenas ninguna expedición de dimensión conquistadora era posible. La Corona intentaría, con lentitud y sin éxito inmediato, hacer cesar ese derroche de vidas humanas mediante disposiciones que prohibían el uso de indios como bestias de carga. En la práctica, los cargueros seguían siendo arrancados de sus comunidades y no regresaban jamás.
En el caso muisca, la sustracción tenía además un componente ecológico devastador. Los cargueros del altiplano estaban adaptados al clima frío de la cordillera, a los alimentos de tierra fría —maíz, papa, quinua—, a la altura. Descender a los Llanos y luego internarse en la selva amazónica los exponía al calor húmedo, a enfermedades tropicales para las que no tenían defensas, a un régimen alimentario radicalmente distinto. Morían al bajar. La expedición partió de Santafé, cruzó la cordillera Oriental por el sur de la sabana —probablemente por la vía de Pasca y Fosca— y descendió a las tierras calientes del piedemonte llanero para tomar rumbo sur.
La travesía: de los Llanos al Guaviare, de Mocoa a Pasto
La reconstrucción del recorrido dibuja una gran U invertida a lo largo del flanco oriental andino. Descendida la cordillera, la hueste enfiló al sur por los Llanos, siguiendo las vertientes orientales de los Andes. Al llegar al río Guaviare, los españoles encontraron por primera vez las selvas amazónicas: aquel río marca la frontera natural entre los Llanos, al norte, y la Amazonía propiamente dicha, al sur —420.875 kilómetros cuadrados de selva tropical que se extienden hasta las fronteras actuales con Perú, Ecuador y Brasil, un mundo radicalmente distinto del altiplano muisca del que habían salido.
Fue al cruzar hacia la selva cuando la mortandad se hizo catastrófica. Los cargueros muiscas comenzaron a morir en cantidades masivas. Los que resistían el descenso a los Llanos sucumbían al internarse en las selvas: frío nocturno y calor diurno, hambre por la escasez de alimentos conocidos, extenuación por las cargas, enfermedades. A la mortandad natural se sumó la deliberada. Hernán Pérez ordenó dar muerte a recién nacidos —hijos de las cargueras— para que sus madres pudieran soportar pesos más pesados. La orden condensa la lógica extrema de la jornada: los cuerpos indígenas eran recursos logísticos, y todo lo que estorbaba a su rendimiento como bestias de carga debía ser eliminado.
Sobre las poblaciones nativas encontradas al paso, la hueste practicó una violencia sistemática. Cuando los indígenas no entregaban oro, Hernán Pérez saqueaba las aldeas y mataba a los hombres. Los métodos componen un catálogo de crueldad calculada: cortar los senos a mujeres, mutilar narices y orejas de niños, empalar cautivos, colgarlos sobre hogueras, quemarlos vivos en aceite hirviendo, azuzar perros de caza para que destriparan niños. No eran arrebatos: eran técnicas de interrogatorio y disciplina, aplicadas para arrancar información sobre el oro y para sostener el terror que hacía obedecer a la retaguardia indígena.
Después del Guaviare y de los primeros contactos con la selva, la expedición siguió hacia el sur por el piedemonte, cruzando ríos y superando estribaciones. Alcanzó Mocoa, en el piedemonte amazónico del actual departamento del Putumayo, tras haber atravesado un territorio ocupado por grupos de lengua tucano occidental que se extendían entre el río Napo y las riberas del Caguán, y posiblemente hasta el Guaviare. Desde Mocoa, con el ejército ya visiblemente maltrecho, la hueste no continuó descendiendo hacia el sur ni intentó buscar El Dorado en la selva profunda. Ascendió la cordillera hacia el occidente y salió a Pasto, en el flanco andino suroccidental. El paso de la vertiente amazónica al altiplano nariñense terminó de deshacer lo que quedaba. Desde Pasto, los sobrevivientes emprendieron el regreso a Santafé.
Hacia mediados de 1543, Hernán Pérez volvió a Santafé sin el oro que había ido a buscar. El ejército había perdido hombres y caballos, y los miles de cargueros muiscas reclutados en el altiplano habían sufrido una mortandad devastadora. Las fuentes conservan muy pocos nombres de las víctimas indígenas; los recuentos de la expedición se concentraron en los conquistadores y sus animales.
Una violencia anterior a la expedición: Aquiminzaque y los dirigentes de Tunja
La violencia ejercida por Hernán Pérez no comenzó en los Llanos. Antes de emprender la jornada, hacia 1540, hizo ejecutar en Tunja a Aquiminzaque, último zaque de Hunza, junto con caciques y capitanes de otros pueblos reunidos allí. La matanza eliminó a varios dirigentes del norte muisca y quedó entre los abusos atribuidos a su gobierno interino.
La pérdida de esas vidas afectó las jefaturas y los conocimientos que sus titulares transmitían. Los muiscas no tenían escritura fonética, y una parte importante de sus genealogías y prácticas rituales circulaba oralmente. Sin embargo, la ejecución no extinguió toda la memoria cultural: expedientes de décadas posteriores registran caciques, fiestas, ofrendas y disputas por santuarios en Tunja y otros pueblos. La conquista transformó profundamente esas tradiciones, pero sus comunidades continuaron transmitiéndolas y adaptándolas.
Aquiminzaque murió hacia 1540, aproximadamente tres años después de la entrada española al altiplano y antes de la salida de Hernán Pérez hacia El Dorado. El asesinato y otros maltratos a los indígenas se sumaron a los testimonios adversos reunidos contra los Quesada. Ese trasfondo de violencia y conflicto de autoridad acompañó la preparación de la jornada y volvió a pesar sobre Hernán Pérez cuando regresó.
Por qué fracasó: geografía inhóspita o decisiones concretas
El fracaso de la expedición admite dos lecturas que conviene sostener juntas sin diluirlas. La primera, la más obvia, atribuye el desastre a la geografía: cruzar la cordillera Oriental, descender a los Llanos, atravesar el Guaviare y adentrarse en la selva amazónica era, con la tecnología de 1541, una empresa físicamente demasiado exigente para un ejército con cargueros del altiplano. Los caminos eran precarios o inexistentes, los ríos torrenciales, la selva desconocida, las provisiones agotables. Décadas después, incluso cuando se intentó consolidar la colonización civil en el piedemonte amazónico, el modelo de encomienda fracasó, la explotación aurífera de Mocoa resultó poco rentable, el control de la fuerza de trabajo indígena se reveló imposible y la actividad extractiva chocó siempre con la precariedad de los caminos. Si dos generaciones después Mocoa no lograba articular el altiplano con la Amazonía, no era razonable esperar que Hernán Pérez fundara imperio allí en 1542.
La segunda lectura, menos cómoda, señala decisiones concretas del propio caudillo. Reclutar millares de cargueros del altiplano para llevarlos a la selva —cuando toda la experiencia previa, incluida la propia hueste de Federmann, había mostrado que los cargueros de tierra fría morían al bajar— fue una elección logística catastrófica. Practicar violencia sistemática sobre las poblaciones indígenas del paso —en lugar de negociar alianzas, aprovisionamiento y guías, como habían hecho conquistadores más sagaces— aseguró que la retaguardia se despoblara y que la selva se cerrara hostilmente. Asesinar recién nacidos para incrementar la carga de las madres, ordenar mutilaciones y quemas, no fueron actos gratuitos ni excesos morales aislados: fueron malas decisiones militares que aceleraron el colapso de la propia hueste al eliminar su base de sustento y agua.
Ambas lecturas se refuerzan. Existían límites estructurales —distancia, ecología, dificultades de abastecimiento y control de la mano de obra— que hicieron muy costosa la entrada de 1541. Sobre ellos, Hernán Pérez tomó decisiones que multiplicaron las pérdidas de su hueste. La expedición fracasó, pero otras avanzaron después por los Llanos y el piedemonte; el desastre no cerró por tres siglos el acceso colonial a esas regiones.
Y detrás de todo, la motivación política que la propia coyuntura sugiere: la jornada funcionó también como escape frente al juicio de residencia de Lebrón y como maniobra para reordenar encomiendas y clientelas a favor del caudillo. Marcharse a buscar El Dorado con la mitad activa del ejército del Nuevo Reino era, entre otras cosas, ausentarse del alcance de la Real Audiencia de Santo Domingo. El fracaso aurífero fue, desde ese ángulo, secundario respecto al objetivo interno de perpetuarse en el mando —objetivo que la vuelta a Santafé, con las manos vacías y bajo la sombra del proceso, terminó por frustrar también.
Consecuencias inmediatas: encomiendas disputadas y el fin del gobierno de Hernán Pérez
Cuando Hernán Pérez regresó a Santafé hacia mediados de 1543, Alonso Luis de Lugo ya había llegado al Nuevo Reino, en mayo de ese año, para ejercer la gobernación. El antiguo jefe interino volvía sin las riquezas prometidas y bajo el peso de denuncias por maltratos a los indígenas. Lugo anuló y redistribuyó encomiendas concedidas por los Quesada y sus tenientes, se adjudicó algunas de las más valiosas e inició acciones contra Hernán Pérez y su hermano Francisco. La llegada del gobernador cerró la etapa del mando interino de los Quesada.
La cuestión de las encomiendas, sobre la que se había construido buena parte del conflicto, se resolvió en los siguientes años dentro de un marco desfavorable para los primeros conquistadores. La reasignación que Hernán Pérez había hecho a favor de los hombres de Federmann y Belalcázar no se revirtió, y sucesivas visitas y confirmaciones fueron reduciendo el peso de los originarios. Las cifras del período 1550-1560 —61 encomiendas perdidas de 108, solo 90 conquistadores con encomienda de los 265 de 1537-1543— son el saldo cuantitativo de esa reconfiguración iniciada por la política de reparto de Hernán Pérez.
En el plano jurisdiccional, la expedición aceleró la percepción, en la Audiencia de Santo Domingo y en el Consejo de Indias, de que el Nuevo Reino no podía seguir gobernándose mediante caudillos conquistadores. La creación posterior de una autoridad local con capacidad de someter a los antiguos huestes a obediencia respondió, en parte, a la evidencia acumulada por causas como la de los Quesada. El paso de la fase caudillista a la fase burocrática de la administración colonial —que en el Nuevo Reino se articularía plenamente hacia 1550— tuvo entre sus antecedentes prácticos los excesos de la jornada de El Dorado.
Consecuencias de largo plazo: la Amazonía como frontera diferida
El fracaso de Hernán Pérez no detuvo las entradas orientales. Juan de Avellaneda volvió a internarse hacia las cabeceras del Meta y el Caquetá en la década de 1550 y fundó San Juan de los Llanos en 1556. La búsqueda de El Dorado cambió de rumbo y hubo nuevas empresas por el Orinoco. Esa continuidad no equivale a una ocupación uniforme: muchas poblaciones se sostuvieron con dificultad, y los centros principales del Nuevo Reino siguieron concentrados en los Andes y los valles interandinos.
Los asentamientos del piedemonte muestran esa continuidad precaria. Mocoa fue fundada como ciudad española, pero la colonización civil enfrentó sublevaciones, caminos difíciles y rendimientos mineros menores que los esperados. Otras poblaciones, entre ellas Espíritu Santo del Caguán y Écija sobre el río San Miguel, abrieron rutas hacia la alta Amazonía sin consolidarse de forma duradera. Hubo además misiones en distintos momentos: el agustino Requejada recorrió la región del Caquetá hacia 1542 y 1543; el padre Escobar realizó visitas entre 1572 y 1582; un jesuita estuvo en Mocoa entre 1650 y 1661, y los agustinos volvieron allí entre 1793 y 1803. Más tarde, los caucheros recorrieron parte de aquellas rutas. La presencia colonial existió, aunque fue intermitente y desigual.
La ocupación oriental dependió de procesos más largos que una sola expedición. La dificultad de los caminos, la resistencia indígena, la rentabilidad variable de las actividades extractivas y las decisiones de autoridades y misioneros contribuyeron a una presencia colonial irregular en los Llanos y el piedemonte. En el siglo XIX, el Estado central seguía conociendo y gobernando de manera desigual amplias zonas amazónicas; durante el XX se superpusieron nuevas economías extractivas y proyectos misionales. La jornada de Hernán Pérez fue un episodio temprano y costoso de esa historia, pero no fijó por sí sola el destino de la frontera oriental.
En la provincia de Tunja, las estimaciones citadas para la población indígena pasan de unos 215.000 habitantes en 1537 a alrededor de 25.000 en 1757: una caída próxima al 90 por ciento en dos siglos. En ese proceso intervinieron epidemias, trabajo forzado, cambios ecológicos y ruptura de sistemas de subsistencia. La expedición de Hernán Pérez causó la muerte de miles de cargueros y se sumó a esa catástrofe. La ejecución de Aquiminzaque y otros dirigentes, anterior a la jornada, fue otro episodio de la violencia de su gobierno. Las comunidades muiscas conservaron parte de sus memorias y prácticas culturales.
Por qué sigue importando
La expedición de Hernán Pérez de Quesada a los Llanos y al piedemonte amazónico entre 1541 y 1543 es la contrapartida oscura de la conquista muisca de 1537. Aquella había sido, por su rendimiento y su rapidez, la más brillante de las jornadas neogranadinas; esta fue la más ruinosa. Y sin embargo ambas están hechas de la misma materia: el impulso de buscar oro donde la geografía imaginaria decía que debía estar, la certeza de que los cuerpos indígenas eran recursos consumibles, la convicción de que el Nuevo Mundo se ganaba con caballos, hierro y determinación. Lo que la expedición al oriente añade al retrato de la Conquista es la evidencia de sus límites: la comprobación práctica de que el mito de El Dorado, cuando se aplicaba sin restricción geográfica ni prudencia logística, producía carnicerías sin fundaciones.
La expedición sigue importando por el costo humano de una búsqueda guiada por El Dorado y sostenida con trabajo forzado indígena. Su fracaso ilustra las dificultades de las entradas al oriente, mientras las expediciones y fundaciones posteriores muestran que la región continuó integrada, de modo desigual, a los proyectos coloniales. También obliga a distinguir la violencia previa del gobierno de Hernán Pérez —incluida la ejecución de Aquiminzaque— de las pérdidas causadas por la jornada misma. Las comunidades muiscas sufrieron daños demográficos y políticos profundos, pero conservaron y transformaron parte de sus tradiciones.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 75, 782 citas
[1]las huestes de Federmán y Belalcázar, Pérez de Quesada comenzó a adju- dicarles encomiendas de indios, en detrimento de los derechos de los antiguos conquistadores, lo cual no contribuyó a la tranquilidad social. La llegada al Nuevo Reino de Jerónimo Lebrón, juez de residencia enviado por la Real Audiencia de Santo…p. 78
[5]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…p. 75
02Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 31, 1342 citas
[2]Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…p. 134
[14]12 H is t o r ia ec o n ó m ic a y so c ia l i toda nueva conquista que no estuviera autorizada por las Audiencias obe decía al designio de la Corona de retomar la carga que ella había abando nado a la iniciativa de los particulares desde el comienzo. Se quiso ante todo hacer cesar un derroche de vidas humanas, las de…p. 31
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 141, 1442 citas
[3]colonizaci ó n que a la desenfre nada conquista, enganch ó otros vecinos e indios para la jornada. Luego se dirigi ó y atraves ó la Cordillera Oriental y siguiendo con ingentes penalidades las vertientes orientales de la cordillera hacia el sur, alcanz ó Mocoa, ascendi ó la cordillera y lleg ó a Pasto con su ej é…p. 144
[24]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…p. 141
04Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3391 cita
[4]muchos respectos. Cinco años y medio después, Hernán Pérez de Quesada daba muerte violenta y alevosa al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uza - ques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su desventurado señor, matando en ellos de una vez los recuerdos y tradiciones que…p. 339
05El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 3901 cita
[6]provincias donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó 134 Fray Pedro Simón, Noticias historiales o conquistas de Tierra Firme, noticias 6 y 7, caps. 7 y 8. 391 Eí Ondicec dírstnaóc a claro y perfecto día, mediante la predicación de muchos varones apostólicos que reputaron el oro…p. 390
06Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 1231 cita
[7]como el Amazonas, Orinoco, Paraná y Mag- dalena, eran asiento de pueblos riquísimos y fabu- losos. Su cauce (se pensaba) guardaba ingentes te- soros auríferos, al igual que los lagos y lagunas del interior. Al tenerse conocimiento de la ceremonia de su- cesión del mando en la laguna de Guatavita, se co- rroboró la…p. 123
07Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 2821 cita
[8]Investigaciones realizadas con motivo del bicentenario de la Independencia en el 2010 permitieron hacer, además de análisis formales e iconográficos, un minucioso estudio de la materialidad de este objeto, a través del cual se estableció su técnica de elaboración y sus materiales constitutivos. Esta nueva información…p. 282
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 591 cita
[9]descubrimientos. Mientras lograban que Almagro, venciendo mil obstáculos, les en- viara un buque, Pizarro y los suyos esperaron en la isla de Gorgona, que había sido descubierta poco antes por Almagro. Algo después, Pizarro emprendería el viaje que lo llevaría a la conquista del Perú. Ha- bían transcurrido, hasta…p. 59
09El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 3001 cita
[10]no le daban oro saqueaba las aldeas, mataba a los hombres, les hacía cortar los senos a las mujeres y las narices y las orejas a los niños. Su tropa violaba y pervertía por doquier. Al notar que los indios no temían que los colgaran, dio instruccio- nes a sus hombres para que los empalaran, insertando una estaca entre…p. 300
10Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 231 cita
[11]includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…p. 23
11Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 831 cita
[12]witotos relatan anti- guos viajes a los Andes, donde personajes en figura de trueno intentaban retenerlos para sacrificarlos y comerlos. El piedemonte estaba ocupado básicamente por grupos de lengua tucano occidental, desdeel río Napo hasta las riberas del Caguán, y posible- mente allende hasta el Guaviare. Los…p. 83
12La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 341 cita
[13]Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…p. 34
13Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 34, 2422 citas
[15]de hombres, mujeres y de niños, porque dicha trata ha sido, quizá, la que mayor destrucción ha generado en el conjunto de la región. En ocasiones, tanto la trata humana como la sujeción y el cautiverio se han camuflado en re- laciones paternalistas y de servidumbre, lo mismo que bajo la apa- rente legalidad del pago…p. 34
[26]de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…p. 242
14Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 45, 472 citas
[16]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…p. 47
[22]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…p. 45
15Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 351 cita
[17]de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…p. 35
16Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[18]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
[19]de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…p. 190
17Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1161 cita
[20]sobre sus descubrimientos, se fue directamente a España. La conquista de los chibchas, sin embargo, fue conocida inmediatamente en Santa Marta, pues Federmán, Quesada y Belalcázar hicieron diversas declaraciones en Cartagena al respecto. El gobernador enviado por la Audiencia de Santo Domingo, Jerónimo Lebrón, decidió…p. 116
18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 45, 482 citas
[21]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…p. 48
[25]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…p. 45
19The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 371 cita
[23]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…p. 37