Amazonas
“El departamento del Amazonas condensa, en sus 109.665 kilómetros cuadrados de selva tropical, la paradoja fundamental de la relación entre Colombia y sus márgenes: un territorio habitado durante milenios por decenas de pueblos indígenas —con 53…”
En el extremo sur de Colombia, allí donde el mapa deja de ser un dibujo cómodo y se afila en un trapecio hundido entre Brasil y Perú, se extiende el departamento del Amazonas: 109.665 kilómetros cuadrados de selva tropical húmeda, dos municipios, nueve corregimientos y una capital fluvial, Leticia, asomada al río más caudaloso del planeta. Es el departamento menos poblado y uno de los más grandes del país, pieza central de una región amazónica colombiana que suma alrededor de 423.000 kilómetros cuadrados —el 37% del territorio nacional y cerca del 30% de la Amazonía sudamericana—. Pero su relevancia histórica no está en los números. El Amazonas es el margen que Bogotá aprendió a nombrar tarde: un territorio habitado durante milenios por decenas de pueblos indígenas, disputado por cuatro repúblicas vecinas, devastado por sucesivas bonanzas extractivas e incorporado al Estado colombiano mediante una soberanía reactiva que llegó siempre tras el hecho consumado —tras el caucho, tras la invasión peruana de 1932, tras la coca—.
Un país de agua y de selva
La geografía del Amazonas colombiano se organiza en torno a tres ríos que lo cruzan de occidente a oriente: el Putumayo al sur, el Caquetá al centro y el propio Amazonas en el extremo sur, marcando la frontera con Perú y desembocando en el Atlántico brasileño a 1.700 millas de Leticia. En ese punto, a 3.200 kilómetros de su desembocadura, el río alcanza un ancho de 1.600 metros; crece y baja con las estaciones, y ha sido, para Leticia, alimento, mercado flotante y camino. La cobertura vegetal combina selva ombrófila siempre verde, selva media ombrófila y bosques inundables de aguas cíclicas, un ecosistema que durante la temporada de lluvias convierte la planicie en un mar de agua donde ríos, caños y ciénagas se confunden.
El clima no es la caricatura ecuatorial de calor uniforme. El fenómeno conocido como friaje —cuñas de aire frío subtropical que se cuelan durante el invierno antártico— hace descender la temperatura hasta 15 o 18 grados, y reordena las siembras, las enfermedades y los rituales de las comunidades ribereñas. La Amazonía colombiana está delimitada al norte por los ríos Guaviare y Guayabera, y se extiende hasta las fronteras con Perú, Ecuador y Brasil, una vecindad múltiple que ha definido buena parte de su historia diplomática y militar.
Sobre esa base física se levanta una densidad demográfica ínfima. Hacia 1970, cuando el Amazonas todavía figuraba como comisaría con 121.240 kilómetros cuadrados, su densidad era de 0,1 habitantes por kilómetro cuadrado, un promedio que ni siquiera refleja la distribución real de una población concentrada en riberas y caseríos separados por selva. Puerto Nariño, La Pedrera, Tarapacá, La Chorrera, El Encanto: nombres que en el mapa parecen puntos equidistantes son en realidad enclaves aislados entre sí, conectados por trochas, ríos y pistas aéreas, no por carreteras.
Los pueblos que llegaron primero
Antes de cualquier nombre republicano, la Amazonía colombiana fue —y sigue siendo— territorio de pueblos indígenas cuya presencia se mide en milenios y cuya diversidad lingüística es una de las más densas del continente. Se hablan allí unas 53 lenguas originarias pertenecientes a dieciséis familias lingüísticas, una constelación que desafía cualquier reducción cartográfica.
La familia tukano agrupa a los tukano, guanano, taiwano, kubeo, karapano, desano, barasano y makuna del Vaupés, además de los sionas y koreguajes del occidente. La familia witoto incluye a los witotos, boras, muinanes, andokes y mirañas, todos pueblos cuyo territorio se despliega entre los ríos Caquetá y Putumayo, precisamente donde luego se ensañaría la explotación cauchera. La región del Vaupés colombiano y el Uaupés brasileño es el territorio ancestral de los llamados colectivamente tukanoanos, y toma su nombre del río Vaupés, afluente del río Negro.
Cada pueblo mantiene roles culturales específicos —cazadores, maloqueros, madres de comida, taitas, médicos tradicionales o payés— orientados por leyes de origen transmitidas ancestralmente. Ese sistema de conocimiento estructura la relación con la selva, con los animales, con los ríos y con los otros pueblos. Cuando se habla del Amazonas como territorio, se habla de este sustrato: un mapa cultural anterior en siglos a las fronteras trazadas por tratados, vigente todavía en las comunidades y resguardos que ocupan hoy buena parte del departamento.
Las malocas —grandes casas comunales que funcionan como espacio ritual, residencial y político— organizan la vida de muchos de estos pueblos, y las chagras —parcelas de cultivo itinerante en las que se siembran yuca brava, plátano, piña, ají y una variedad de frutales— sostienen su economía junto con la caza, la pesca y la recolección. La yuca brava, procesada laboriosamente para eliminar su toxicidad y convertida en casabe o en fariña, es alimento base de la mayoría de las comunidades ribereñas. Ese conjunto de prácticas configura un modo de habitar la selva que las bonanzas sucesivas intentaron desmontar sin conseguirlo por completo.
El caucho: la primera destrucción
A finales del siglo XIX, la Amazonía occidental entró en la órbita mundial del capitalismo por la vía del caucho. El auge de la industria automotriz y eléctrica disparó la demanda de látex, y en el Putumayo, el Caquetá y el Vaupés se instalaron empresas caucheras que operaron sin más ley que la del terror. La más notoria fue la Casa Arana, dirigida por el peruano Julio César Arana, que ejerció sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá un régimen de despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio. El armamento moderno les permitió reducir poblaciones enteras mediante el miedo.
El mecanismo económico era el sistema de endeude: se obligaba a los indígenas a trabajar como mano de obra esclava y se les cargaban deudas ficticias por herramientas, ropa o alimentos, deudas que se heredaban de padres a hijos. La servidumbre se hacía así perpetua e intergeneracional, esclavizando no solo al individuo sino a todos sus hijos nacidos y por nacer. Quienes se resistían o no producían las cuotas exigidas eran asesinados o torturados por los agentes de la compañía. Aun cuando el ciclo clásico del caucho terminó, la esclavitud persistió: los trabajadores solo lograban su libertad cuando estaban enfermos de muerte, mientras los comerciantes que los controlaban acumulaban capital y poder político local.
El pueblo Murui —también llamado Uitoto— fue uno de los más devastados. Sus sobrevivientes huyeron río Caquetá arriba hacia territorio koreguaje, pueblo con el que hicieron las paces tras haber sido enemigos: la violencia externa reordenó las alianzas indígenas internas. Las denuncias del cónsul británico Roger Casement, cuyas investigaciones sobre los abusos en el Putumayo alcanzaron eco internacional a comienzos del siglo XX, convirtieron a la Casa Arana en un escándalo global, pero no detuvieron la lógica del enclave.
Esa lógica se reprodujo después con otras materias primas. Quina, pieles y maderas preciosas configuraron una sucesión serial de bonanzas que dejaron devastación ambiental y humana, siempre implementadas mediante trabajo esclavizado o coaccionado y siempre beneficiando a actores externos a la región. La disposición del Estado a subordinar violentamente pueblos indígenas a intereses empresariales quedó documentada en la década de 1930, cuando el gobierno concesionó a la Colombian Petroleum Company el territorio ancestral del pueblo barí, en Norte de Santander, comprometiéndose incluso a repeler con la fuerza pública a los indígenas en apoyo de la empresa. La relación entre Colombia y su Amazonía se ajustaba a la misma gramática: condiciones económicas y políticas impuestas desde las sierras y las costas, que presentaban la destrucción de la quina, el caucho y las maderas como heroísmo civilizador y no como criminal despilfarro del patrimonio nacional.
Trazar líneas sobre la selva
Mientras las caucherías arrasaban con la vida indígena, las cancillerías de Bogotá, Lima, Quito, Caracas y Río de Janeiro dibujaban sobre esos mismos territorios líneas que ninguna comunidad local había pactado. Antes de la década de 1940-1950, la Amazonía era "tierra de todos y tierra de nadie": Venezuela, Perú, Brasil y Ecuador reclamaban partes del territorio, y Colombia pretendía una zona mayor que la actual. La definición fronteriza fue un ejercicio de geometría diplomática que se prolongó durante casi todo el siglo XX.
Los antecedentes venían del período colonial. La cédula real de San Ildefonso de 1739, que restableció el Virreinato de Nueva Granada y le anexó la Audiencia de Quito segregándola del Virreinato del Perú, aparece en la memoria histórica como referencia para la delimitación amazónica. El tratado de Guayaquil de 1829, firmado por la Gran Colombia y Perú poco antes de la disolución de aquella, también quedó como pieza de la genealogía diplomática regional. Durante la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual departamento formó parte de los departamentos del Azuay y de Boyacá; luego perteneció al territorio nacional del Caquetá desde 1831; en 1857 fue parte del estado federal correspondiente; y en 1886, con la Regeneración, pasó al departamento del Cauca.
La definición efectiva llegó por partes. Con Brasil, el tratado Vásquez Cobo-Martins, firmado el 24 de abril de 1907, fijó la frontera desde la Piedra del Cocuy hasta la desembocadura del río Apaporis en el Caquetá. El tratado García Ortiz-Mangabeira de 1928 completó la línea desde el Apaporis hasta la desembocadura de la quebrada San Antonio en el Amazonas, entre Leticia y Tabatinga. Los 1.645 kilómetros de frontera colombo-brasileña quedaron así trazados por la llamada línea Apaporis-Tabatinga, que corta el Putumayo en su camino.
Con Ecuador, el tratado Suárez-Muñoz Vernaza de 1916 —complementado por el Acta del 28 de septiembre de 1917— fijó la frontera incluyendo el sector del río Güeppí en el Putumayo, y creó una comisión mixta para delimitarla en la región amazónica, garantizando la libre navegación de los ríos comunes a perpetuidad. La Ley 56 de 1916, ligada a esa definición, implicó para Colombia la pérdida de gran parte del territorio del Putumayo.
Con Perú, la historia fue más larga y más violenta.
Leticia: la guerra que hizo departamento
El 24 de marzo de 1922 se firmó el Tratado Lozano-Salomón, que estableció la línea fronteriza entre Colombia y Perú. Colombia cedió vastas extensiones entre los ríos Putumayo y Napo, y obtuvo el Trapecio Amazónico, esa franja que baja hasta el río Amazonas y donde se asienta Leticia. El tratado fue profundamente impopular en Perú: se creía que Colombia no tenía derecho legítimo al territorio cedido y que Estados Unidos había presionado al presidente Augusto Leguía a firmarlo como compensación por la pérdida de Panamá, todavía fresca en la memoria continental.
Diez años después, el resentimiento estalló. El 1.° de septiembre de 1932, un grupo de aproximadamente 250 peruanos —civiles armados con apoyo tácito de sectores militares— ocupó Leticia e izó la bandera peruana. Colombia no estaba preparada militarmente. La guarnición más cercana estaba en Caucayá, en el Putumayo, a mil millas de distancia, y los informes desde Leticia tardaban entre diez días y seis semanas en llegar a Bogotá. La lejanía, hasta entonces una comodidad administrativa, se reveló como una vulnerabilidad estratégica.
El gobierno de Enrique Olaya Herrera reaccionó con una movilización nacional inédita. Se emitieron bonos de guerra que recibieron amplio apoyo popular; se recolectaron joyas y argollas matrimoniales —aunque al menos un testimonio describe esa recolección como requisa forzosa más que como donación voluntaria—; y, por primera vez en la historia militar colombiana, se utilizaron aviones para transportar tropas y suministros, servicio prestado por la SCADTA, Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos. La aviación se convirtió, en la práctica, en la única vía posible para proyectar soberanía sobre un territorio al que las carreteras nunca llegarían.
El combate clave tuvo lugar en Güeppí, asentamiento que en 1917 controlaba Perú. El 24 de octubre de 1933 se concertó un armisticio, y Leticia quedó provisionalmente bajo administración de la Liga de Naciones mientras se negociaba el acuerdo definitivo. Ese acuerdo se firmó como Protocolo de Río de Janeiro el 24 de mayo de 1934, y por él Colombia retuvo su soberanía plena sobre Leticia y el Trapecio Amazónico. Fue una victoria diplomática, pero también un despertar: el país descubrió que poseía una selva enorme sin saber gobernarla.
De comisaría a departamento
La construcción administrativa del Amazonas colombiano fue lenta, fragmentaria y siempre a la zaga de los acontecimientos. La Comisión Corográfica de mediados del siglo XIX, que cartografió buena parte del país bajo la dirección de Agustín Codazzi, excluyó de exploración intensiva la zona del Caquetá —que abarcaba los actuales departamentos de Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Putumayo, Arauca y parte del Caquetá—, señal temprana de los límites del alcance estatal en esas regiones.
La comisaría del Amazonas se creó en 1928, apenas cuatro años antes de la invasión peruana. Hacia 1930-1931, un proceso legislativo que incluyó la Ley 10 aprobada por el Congreso el 8 de octubre de 1930 la elevó a intendencia, en una decisión impulsada por Olaya Herrera como parte de una política de integración territorial anterior a la guerra con Perú. La coincidencia cronológica no es casual: la conciencia de la fragilidad fronteriza precedió al conflicto, pero fue el conflicto el que aceleró todo lo que vino después.
Olaya Herrera y su sucesor, Alfonso López Pumarejo, rompieron con una larga tradición de abandono hacia los territorios de frontera. Impulsaron reformas administrativas, subsidios y políticas de colonización orientadas a extender el control nacional efectivo sobre esas regiones. La Ley 4ª de 1934, aprobada en pleno cierre del episodio con Perú, forma parte de esa arquitectura. La guerra por Leticia avivó el nacionalismo colombiano y aceleró las políticas de integración amazónica de un modo que ninguna consideración previa había logrado.
La Comisaría especial del Amazonas fue creada mediante la Ley 2 de 1943, segregando territorio del bajo Putumayo, y esa sería la forma jurídica del territorio durante casi medio siglo. Todavía hacia 1970, cuando el Estado ya se había consolidado en el interior del país, el Amazonas figuraba como comisaría con una superficie superior a los 121.000 kilómetros cuadrados y una densidad casi nula. El transporte aéreo, provisto por SATENA a partir de sus primeras rutas Bogotá-Leticia, fue durante décadas el único vínculo real con el país: el jefe de la Dirección de Territorios Nacionales advertía en 1966 que, sin esos vuelos, las intendencias y comisarías habrían quedado totalmente aisladas del centro.
Fue solo con la Constitución de 1991 que el Amazonas se convirtió en departamento, junto con Vaupés —comisaría desde el Decreto 1131 de 1910— y otros antiguos territorios nacionales. La reforma constitucional cerró un ciclo administrativo iniciado seis décadas antes por el susto de Leticia y por la voluntad reformista del liberalismo de los años treinta. Entre el reconocimiento de que aquel territorio debía ser nombrado y el otorgamiento de plena jerarquía política transcurrieron cerca de siete décadas.
Leticia: puerto, umbral, encrucijada
Leticia es más una encrucijada que una ciudad. Sentada en la orilla colombiana del Amazonas, a pocos metros de Tabatinga en Brasil y a corta distancia fluvial de las poblaciones peruanas cercanas, funciona como puerto, aeropuerto, mercado y frontera simultánea. Su vida cotidiana se organiza en torno al río, que es alimento, comunicación y mercado flotante. La distancia de 1.700 millas a Pará, en la desembocadura brasileña del Amazonas, no es solo un dato geográfico: es la medida de una lejanía que durante décadas hizo de Leticia una ciudad más cercana a Manaus o a Iquitos que a Bogotá.
Esa condición fronteriza triple —Colombia, Brasil, Perú— convirtió también a Leticia en punto pivote para economías ilegales. El transporte de pasta de cocaína a través de la ciudad comenzó en 1971, y para 1973 se contrabandeaban anualmente más de 1.000 kilos por el puerto amazónico. El eje Leticia-Tabatinga se consolidó como pivote para el mercado negro en general y el tráfico de armas en particular, aprovechando la porosidad de las fronteras y la escasa presencia estatal.
La coca, el corredor y la guerra reciente
Desde aproximadamente 1970, la Amazonía colombiana fue una de las regiones donde se cultivó, procesó y transportó droga ilícita, con la hoja de coca como producto central en la etapa inicial. Las bajísimas densidades de población, la incomunicación entre caseríos y el acceso limitado por ríos, trochas y pistas aéreas configuraron condiciones ideales para el negocio. Con el tiempo, los principales centros geográficos del cultivo se desplazaron hacia la franja Pacífica, pero la Amazonía mantuvo un papel importante en el circuito, tanto por sus rutas fluviales hacia el Atlántico brasileño como por su condición de zona de retaguardia para laboratorios y pistas clandestinas.
La expansión del cultivo alteró la geografía humana del territorio. La colonización campesina que se había desplegado desde los años cuarenta hacia el piedemonte —empujada por la violencia bipartidista y por la falta de tierras en el interior del país— encontró en la coca un producto capaz de sortear la ausencia de vías y de mercados legales. Comunidades enteras pasaron a depender del ciclo de la hoja: siembra, raspachín, pasta base, comercializador. En ese circuito, los pueblos indígenas quedaron ubicados en el eslabón más frágil, obligados con frecuencia a arrendar territorio, a permitir el paso de cargamentos o a incorporarse ellos mismos al trabajo de las cocinas.
El corredor del Bajo Caquetá-Amazonas se convirtió en escenario privilegiado del conflicto armado. Las FARC-EP controlaron durante años el macroterritorio étnico del Putumayo-Amazonas, involucrando a comunidades indígenas en la producción de pasta base a cambio de apoyo económico. Esa relación, ambigua y coercitiva, rompió las formas organizativas y de sustento propias de las comunidades —la caza, la pesca, la recolección en las chagras—, ya afectadas antes por la colonización y por los ciclos extractivos. Los frentes guerrilleros impusieron normas de conducta, tribunales paralelos y sistemas tributarios sobre los cultivos, sustituyendo de hecho a un Estado que apenas aparecía en la selva a través de operativos puntuales. En diciembre de 2000, autoridades colombianas arrestaron en Leticia al miembro de las FARC Ricardo Márquez Patiño, hecho citado como indicio de la actividad guerrillera en la zona amazónica fronteriza. La porosidad de la triple frontera facilitó tanto el tránsito de precursores químicos y armamento como la fuga de combatientes hacia territorio peruano o brasileño cuando la presión militar arreciaba en el lado colombiano.
La respuesta estatal en las décadas del 2000 y 2010 combinó la aspersión aérea con glifosato, operativos de erradicación manual y presencia militar creciente. Los efectos ambientales y sanitarios de las fumigaciones alcanzaron a cultivos de pancoger y a fuentes de agua utilizadas por comunidades indígenas y campesinas. El desplazamiento intracomunitario, la ruptura de circuitos de intercambio tradicionales y la aparición de enfermedades vinculadas a la exposición prolongada al herbicida se sumaron a la lista de afectaciones. El resultado fue una geografía humana cada vez más fragmentada, con comunidades atrapadas entre la economía cocalera, la presión armada y una política de erradicación que las trataba, en la práctica, como parte del problema.
Con la firma del Acuerdo de Paz en 2016 no llegó la calma. Los programas de sustitución voluntaria de cultivos, incluidos bajo el Programa Nacional Integral de Sustitución, tuvieron una implementación lenta y desigual en la Amazonía, y en muchos casos las comunidades que se acogieron a la sustitución quedaron sin los pagos comprometidos y sin proyectos productivos alternativos. La reconfiguración territorial posterior a la desmovilización de las FARC-EP fue rápida: los espacios dejados por los antiguos frentes fueron ocupados por disidencias, por grupos herederos de estructuras paramilitares y por organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico. A partir de 2021, grupos como el Frente Carolina Ramírez y los Comandos de la Frontera —integrados por exguerrilleros, exparamilitares, delincuentes comunes y exmilitares vinculados al narcotráfico— ocuparon el corredor amazónico, amenazaron a la población y la obligaron a vender la pasta base a un único comercializador. Distinto agente, misma lógica de coerción.
Los datos sobre desplazamiento forzado en resguardos indígenas revelan la magnitud del impacto. En 16 municipios con resguardos, la incidencia del desplazamiento respecto al porcentaje de indígenas censados supera el 100%, y 14 de esos municipios se ubican en el sur del país. Al confinamiento territorial impuesto por los grupos armados —restricción de la movilidad fluvial, prohibición de acceder a zonas de caza y pesca, control de horarios— se suman las limitaciones estructurales de una región donde el acceso a salud, educación y justicia sigue mediado por vuelos irregulares, radios comunitarias y viajes de días por el río. Lo que suele llamarse "ausencia del Estado" no describe con precisión lo ocurrido: el Estado colombiano ha estado presente, pero de manera selectiva, coincidiendo históricamente con los ciclos extractivos más que con la provisión de servicios y protección. La misma región donde los reportes tardaban seis semanas en llegar a Bogotá en 1932 recibió aviones antes que carreteras, concesiones antes que escuelas y operativos militares antes que hospitales. Los pueblos indígenas han pasado del terror de la Casa Arana a la coacción de los grupos armados contemporáneos, en un continuo cuya persistencia contradice la imagen de un Estado meramente ausente.
Herencia y disputa
El Amazonas colombiano es hoy un departamento con capital en Leticia, dos municipios, nueve corregimientos y seis inspecciones de policía: una malla administrativa mínima sobre una selva enorme. En ese territorio conviven, superpuestos y en tensión, varios órdenes simultáneos: el orden indígena de decenas de pueblos y sus lenguas ancestrales; el orden diplomático de fronteras trazadas por tratados en el siglo XX; el orden extractivo de las bonanzas seriales; y el orden estatal, cuya consolidación efectiva sigue siendo parcial.
La Constitución de 1991, que elevó el Amazonas a departamento y reconoció los derechos territoriales de los pueblos indígenas mediante la figura de los resguardos y de las entidades territoriales indígenas, representó un giro formal cuya materialización sigue siendo desigual. Los resguardos que hoy cubren buena parte del departamento —entre ellos el Predio Putumayo, uno de los más extensos del país— fueron el resultado de procesos de titulación adelantados entre los años ochenta y noventa, y funcionan como territorios colectivos con autoridad tradicional propia, aunque su capacidad de gobierno se ve tensionada por la presencia de economías ilegales y por la debilidad de la coordinación con las instituciones departamentales y nacionales. Junto a los nombres que escribieron esta historia desde el poder o desde la depredación —Julio César Arana, Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, los negociadores de los tratados fronterizos— están, con más razón todavía, los de quienes llegaron primero y siguen allí: los Murui, los Bora, los Muinane, los Miraña, los Ticuna, los Yagua, los tukanoanos del Vaupés, los sionas y koreguajes del occidente, cargando con la memoria larga de un territorio anterior al caucho, a los tratados y al departamento.
Un Amazonas que no fue creado en Bogotá, aunque en Bogotá se firmara finalmente el papel que lo nombró.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
38 documentos · 50 fragmentos01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1711 cita
[1]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
02Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 12, 2342 citas
[2]bota 0 trapecio ama Al conformarse la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual de- partamento del Amazonas form parte de los departamentos del Azuay (que se extendia ademas por todos los territorios anexados posteriormente por el Pert al ntre 1831 y If nacional del Caqueta; en 1857 formo parte del estado…
p. 12
[35]este, pasé a pertenecer al esta- do federal y luego (en 1 al departamento del Cauca. El decreto 1131 de 1910 creo la Comi-saria del Vaupés, segregada del antiguo territorio del Caqueta; las leyes 18 de 1963 y 55 de 1977 segregaron del Vaupés las comisarias del Guaviare y Guainia, con lo cual la comisaria del Vaupés…
p. 234
03Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 1721 cita
[3]corporal como las pociones y los polvos que les facilitan ir más allá de lo obvio, las gentes del Amazonas han seguido los pasos propios del método científico. Han probado lianas, mace- rado raíces, tostado hojas y hervido brebajes. Conocidos los efectos, han repetido meticulosas observaciones de sí 173 Hfiífinfiídi…
p. 172
04Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 45, 1442 citas
[4]enero y junio y hacia el sur entre julio y diciembre, se caracteriza por un alto contenido de vapor de agua, que casi alcanza los niveles de saturacién, y una temperatura superficial mas 0 menos constante, Un cao en la Pai 143 Rio Iscuandé, en Narifio. Acuarela d Dositeo Can januel al, 1856. con variaciones que no…
p. 144
[27]Mira. La boca de la quebrada Pipala. El origen principal del rio Carchi, Alumbre 0 Jativa. La boca de la quebrada El Morro. El cerro La Quinta. El cerro Troya. El origen de la quebrada Pun. La boca de la quebrada La Industria. La cumbre del cerro de Pax. EI meridiano de la boca del tio Cuhimbé. Longitud aproximada en…
p. 45
05Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 23, 37, 914 citas
[5]includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…
p. 23
[22]funds for basic economic reforms, received pledges of ten million pesos to buy war bonds. 37 Energized by the outpouring of popular support, Olaya Herrera mobilized the army to confront the Peruvians, but the difficulties of fighting a war in remote Amazonas were soon apparent. Reports from Leticia took Page 41…
p. 91
[23]On the other hand, the Ecuadorans were furious at what they regarded as a violation of the 1916 treaty agreement. Abruptly "confronted by a 300 mile boundary with their enemy, Peru, instead of the same line with Colombia, a country they had formerly regarded as a friend," they broke off diplomatic relations with Bogot…
p. 37
[36]Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…
p. 1
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38, 412 citas
[6]53 lenguas originarias, pertene- cientes a dieciséis familias lingüísticas, y en las prácticas culturales que perviven en buena parte de las comunidades, donde los miembros desempeñan papeles específicos y fundamentales para la supervivencia de sus pueblos: cazadores, maloqueros, madres de comida, taitas, médicos…
p. 38
[10]Municipio de Leguízamo y Alto Resguardo Predio Putumayo -Acilapp; Asociación de Cabildos Indígenas de Orito Putumayo - Aciop; Asociación Indígena Pueblo Awá - AIPA; Asociación de Cabildo Indígenas de Puerto Caicedo - Asocipca y la Asociación de Cabildos Indígenas del Municipio de Villagarzón, Putumayo. Acimvip 42…
p. 41
07El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 721 cita
[7]Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…
p. 72
08Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 271 cita
[8]doctoral research among the Tikuna, who live near the Amazon port town of Leticia. As often happens with anthropological field - work, I ended up elsewhere, in the Central Northwest Amazon, in a region near the Equator straddling the Colombia- Brazil border, home to indigenous people collectively known as Tukanoans.…
p. 27
09Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 18, 1452 citas
[9]y sociocultural de las caucherías en el putumayo Agradecimientos............................................................................... 9 Presentación.................................................................................... 11 1. La explotación cauchera, el tráfico y la esclavitud de los indios en…
p. 18
[11]se hallaban aprovi- sionados “del armamento necesario para reducir a los indígenas a una obediencia basada en el terror”, que “puso en sus manos a tribus enteras a las que tenía gran interés en aterrorizar”. 145 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo Fuentes…
p. 145
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[12]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
11Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 61 cita
[13]con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…
p. 6
12El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 416, 6332 citas
[14]un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…
p. 416
[43]estaba funcionando la planta de energía, como a veces sucedía, había luz todas las noches entre las seis y las diez, justo la suficiente para encender los bombillos del asta de la bandera frente a la modesta oficina de madera del comisario. No había teléfo- nos, y sólo unos pocos radios. La noche, en general, todavía…
p. 633
13Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6411 cita
[15]cualquiera de las localidades de la región. La lógica de la inversión del Estado en infraestructura logra crear un efecto de “inaccesibilidad” para sus habitantes que se percibe, paradójicamente, como ausencia del Estado. Extracción y explotación El aprovechamiento de las legendarias riquezas de estas regiones ha…
p. 641
14Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 491 cita
[16]se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…
p. 49
15La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 1831 cita
[17]clara visión de los problemas”, ya que el paisaje lúgubre que recreaban como demostración de una derrota “biológica” de un medio hostil sobre el hombre producían un encubrimiento “de las adversas condiciones económicas y políticas que allí fueron implantadas por gobiernos de las sie - rras y las costas” 16. En la…
p. 183
16Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6481 cita
[18]de esto son los casos de persecución de los pueblos indígenas awá, kofán, siona, koreguaje, uitoto (murui), inga, kamëntsá y kichwa, en Putumayo, que fueron afectados por la «fiebre» del caucho. En la década de los treinta el pueblo indígena motilón-barí, en Norte de Santander, sufrió algo similar. El Gobierno…
p. 648
17Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 cita
[19]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
18Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 781 cita
[20]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
19Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1121 cita
[21]se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…
p. 112
20Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[24]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
21Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[25]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
p. 318
22Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 2381 cita
[26]los años 30 o 31, no recuerdo bien. Pero me acuerdo que un tiempito después de volver, cuando ya la tierra estaba cogiendo otra vez cara, Olaya nos llamó para la guerra del Perú. Nosotros obedecimos porque Laureano se puso de parte del Gobierno y nos mandó a la guerra. Estuve entonces en el batallón Juanambú y cuando…
p. 238
23Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 661 cita
[28]feopolític»—i Lo desconocido del territorio, así como las dificultades de los transportes para llegar -a sitios que en las cartas geográfi- cas habían sido marcados de manera irregular y muchas veces antojadiza, la ejecución del trazado se fue demorando hasta el momento de la independencia de los países americanos en…
p. 66
24Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 cita
[29]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
25Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 41 cita
[30]region floundered by the late 1910s, Peru’s and Colombia’s continued to grow. By 1917 the Peruvians were reported to control the portion of the Putumayo from the Brazilian border to the strategic settlement of Güeppí,19 later the site of a key battle during the 1932/33 Peruvian-Colombian war which broke out over the…
p. 4
26Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28, 322 citas
[31]definición de límites de Colombia con Ecuador, perdió gran parte de su territorio mediante la Ley 56 de 1916 y en 1943 nuevamente perdió territorio cuando La Cocha fue anexada a Nariño (Ley 26 de 1943). La parte del bajo Putuma- yo perdió territorio cuando se creó la Comisaría especial del Amazonas (Ley 2 de 1943). En…
p. 32
[48]región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…
p. 28
27Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 561 cita
[32]treaty also guaranteed in perpetuity free navigation of jointly held rivers and created a mixed commission to settle the boundary in the Amazon region, an area further complicated by Peruvian encroachment. Both governments praised the Treaty of 1916 as a positive outcome of the traditionally cordial relations between…
p. 56
28Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11, 20, 953 citas
[33]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
[34]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
[45]EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:25 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos Orientales 96 agricultural and pastoral development and the economic and social progress of…
p. 95
29Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 621 cita
[37]a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…
p. 62
30Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 421 cita
[38]23 6 23. Valle del Cauca 21.245 105,6 42 387 83 11 ii. Intendencias 139.289 1,3 13 69 13 4 1. Arauca 23.490 1 2 25 2 - 2. Caquetá 90.185 1,2 7 25 6 1 3. Putumayo 25.570 2,2 3 17 5 3 4. San Andrés y Providencia 44 380,3 2 2 - - iii. Comisarías 388.900 0,2 4 8 24 1 1. Amazonas 121.240 0,1 1 - 7 1 2. Guainía 78.065 0,1 -…
p. 42
31Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1041 cita
[39]econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…
p. 104
32Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 802 citas
[40]procesarla. Trasportaba luego la cocaína a Antioquia, donde se trasladaba a aviones más grandes que volaban a Matamoros, México, para ser luego ingresada a los Estados Unidos. 49 Según la agencia de seguridad nacio- nal de Colombia, DAS, la pasta de cocaína comenzó a transportarse a través de Leticia en 1971. Para…
p. 80
[41]procesarla. Trasportaba luego la cocaína a Antioquia, donde se trasladaba a aviones más grandes que volaban a Matamoros, México, para ser luego ingresada a los Estados Unidos. 49 Según la agencia de seguridad nacio- nal de Colombia, DAS, la pasta de cocaína comenzó a transportarse a través de Leticia en 1971. Para…
p. 80
33Arms Trafficking and ColombiaKim Cragin, Bruce Hoffman · 2003 · p. 561 cita
[42]reports have yet to be definitively confirmed, but they still remain a source of serious concern. Brazil is another a source of illegal weapons. Iguazu Falls is a signifi - cant source of illicit goods for the entire region, including Colombia. The area is part of the tri-border black market, which links Argentina,…
p. 56
34Colombia - Culture Smart!: The Essential Guide to Customs & CultureKate Cathey · 2011 · p. 201 cita
[44]of the country. Many regions of Colombia are so mountainous or so tangled in jungle that they stay untamed. Much of the southern jungle area along the Ecuadorian and Peruvian borders continues to be lawless and controlled by illegal armed groups and narco-tra ckers, a no- go zone for travelers. Many departments, such…
p. 20
35Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1021 cita
[46]propicios para los cultivos ilícitos. El territorio de 1142 000 km2, poco menos del 60% del mexicano, está dividi do en cinco grandes regiones naturales: Caribe, Andina, Pacífica, Orinoquia y Amazonia. Aunque de c. 1970 al presente en todas se cultivan, procesan y transportan drogas ilícitas, los principales centros…
p. 102
36Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 981 cita
[47]Putumayo, al imponerles hora- rios de pesca y tránsito, y con la siembra de minas antipersonal. Esta guerrilla, además, involucró indígenas en la producción de pasta de coca, a cambio de apoyo económico. Este macroterritorio étnico permaneció bajo el control de las FARC-EP hasta la firma del Acuerdo de Paz. A partir…
p. 98
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 271 cita
[49]la guerra insurgente-contrainsurgente, cuyo objetivo central es la búsqueda y elimi- nación del enemigo, al que se asimilan las poblaciones y territorios en los nacieron y se insertaron las guerrillas o aquellos que se oponen a la lógica de acumulación de riqueza y poder hegemónicos. La paradoja es que la inserción de…
p. 27
38Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 4301 cita
[50]cada 10 indígenas en Colombia ha sido desplazado. De acuerdo a la informa- ción contenida en el registro oficial, con corte al 31 de agosto de 2103, en 16 municipios con resguardos indígenas, la incidencia del despla- zamiento forzado respecto al porcentaje de indígenas censados supe- 430 Una nación desplazada ra el…
p. 430