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Idea · Posconflicto

Acuerdo de paz

En Colombia, el acuerdo de paz designa a la vez un texto, un proceso y una institución: la gramática recurrente con que el Estado ha intentado, desde 1982, traducir la salida negociada del conflicto armado interno en compromisos jurídicos, territoriales y de verdad. Su versión más ambiciosa, el Acuerdo Final con las FARC-EP de 2016, es el episodio decisivo para entender qué puede y qué no puede lograr esa gramática.

3.884 palabras56 documentos71 fragmentos citados
Acuerdo de paz

Trayectoria de una idea

  1. 1982

    Primer ciclo formal: Ley 35 y Comisión de Paz de Betancur

  2. 1990

    Desmovilizaciones de los gobiernos Barco y Gaviria

  3. 1998

    Proceso del Caguán: agenda de doce puntos y colapso

  4. 2003

    Acuerdo de Santa Fe de Ralito y Ley de Justicia y Paz

  5. 2012

    Fase exploratoria en La Habana y firma del Acuerdo General

  6. 2012

    Instalación formal de la mesa en Oslo y apertura de negociaciones en La Habana

  7. 2016

    Plebiscito del 2 de octubre: derrota del Sí

  8. 2016

    Renegociación y firma del acuerdo revisado en el Teatro Colón

  9. 2017

    Instalación de la JEP y puesta en marcha del SIVJRNR

  10. 2020

    Avances y tensiones en la implementación: macrocasos de la JEP

03

La lectura

El acuerdo de paz en Colombia no es un hecho singular sino una institución histórica en construcción permanente: cada ciclo de negociación ha sedimentado lecciones que el siguiente ha intentado incorporar, con resultados desiguales. El Acuerdo Final de 2016 representa la síntesis más elaborada de esa acumulación: una agenda acotada que excluía la revolución pero incluía por primera vez a las víctimas y el fin del conflicto como objetivos explícitos, un sistema transicional que articulaba verdad, justicia y reparación en lugar de canjear confesiones por impunidad, y una internacionalización deliberadamente acotada que aprendía del Caguán. Su talón de Aquiles fue político: sometido a plebiscito para blindarlo, fue derrotado en las urnas por una campaña que combinó el argumento legítimo de la justicia con desinformación sistemática, y entró a implementarse sin la legitimidad popular que se había buscado. La historia posterior —implementación fragmentada, reconfiguración armada en los territorios, disputa permanente sobre lo acordado— convirtió el posconflicto en el verdadero campo de batalla del concepto: la prueba de que un acuerdo de paz es tan fuerte como la voluntad política de cumplirlo.

En Colombia, un acuerdo de paz no es un evento sino una forma recurrente de hacer política: un procedimiento con gramática propia —negociación en el exterior, agenda temática acotada, refrendación pública, arquitectura transicional posterior— que el país ha ensayado, con éxitos parciales y fracasos sonoros, desde el gobierno de Belisario Betancur en 1982. La expresión designa a la vez un texto (el documento firmado entre el Estado y una organización armada), un proceso (las fases exploratoria, de negociación e implementación) y una institución (el conjunto de reglas, instrumentos y expectativas que orientan la salida negociada del conflicto armado interno). Su versión más ambiciosa es el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado con las FARC-EP en 2016, que por primera vez en la historia nacional tradujo esa gramática acumulada en instrumentos jurídicos, territoriales y de verdad con vocación vinculante. Su suerte posterior —implementación fragmentada, disputa política permanente, reconfiguración armada en los territorios— convirtió el llamado posconflicto en el episodio decisivo para entender qué puede y qué no puede lograr un acuerdo de paz en Colombia.

La gramática que viene de atrás

La política de paz colombiana como asunto de Estado nace el 19 de noviembre de 1982, cuando el Congreso aprueba la Ley 35 y Belisario Betancur inaugura el primer ciclo formal de negociaciones con las guerrillas. La ley concedió amnistía por delitos políticos y fue diseñada como gesto de buena voluntad hacia los alzados en armas. Betancur ensayó un enfoque que no exigía desarme previo ni fijaba un cronograma de desmovilización como condición del diálogo: la Comisión de Paz —presidida por Otto Morales Benítez— firmó ese año ceses al fuego con las FARC, el M-19, el EPL y el ADO.

El experimento fracasó. La tregua fue desconocida en la práctica por ambas partes, y la toma del Palacio de Justicia por el M-19 en noviembre de 1985 pulverizó el capital político de la iniciativa. Peor aún, el proceso convivió con la expansión de la guerrilla que decía dialogar: las FARC pasaron de unos mil combatientes en 1982 a cerca de 3.600 en 1986, y sus frentes crecieron de 17 a 30, siguiendo el Plan estratégico político militar trazado en su Séptima Conferencia. La paz de Betancur dejó dos lecciones que estructurarían todo lo que vino después: negociar sin desarme puede ser aprovechado por la contraparte para fortalecerse; y existen enemigos agazapados del proceso dentro y fuera del gobierno —militares, gremios, sectores del propio establecimiento— con capacidad para sabotearlo desde adentro.

Los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria heredaron el problema y ajustaron el método. En el tránsito de los ochenta a los noventa se produjeron las desmovilizaciones del M-19 y de una parte del EPL, entre otros grupos menores, mientras las FARC y el ELN continuaron el conflicto. De ese ciclo emergió una lección adicional: era posible desmovilizar guerrillas pequeñas y con vocación política reciente, pero no las organizaciones campesinas de vieja data enraizadas en economías rurales y en la geografía marginal del país. Andrés Pastrana intentó saldar esa deuda con el proceso del Caguán (1998-2002), que las FARC utilizaron para exponer una agenda de doce puntos —modelo económico, modelo político, futuro de las fuerzas armadas, relaciones internacionales— y que colapsó sin acuerdo, dejando la impresión de que la salida negociada con las FARC era imposible. Álvaro Uribe Vélez llegó a la presidencia en 2002 sobre esa impresión.

En paralelo, otra vía se abría con los grupos paramilitares. El Acuerdo de Santa Fe de Ralito, firmado el 15 de julio de 2003, inició la negociación del Gobierno Uribe con las Autodefensas Unidas de Colombia. La Ley de Justicia y Paz de 2005 estableció que los paramilitares debían confesar sus crímenes públicamente a cambio de penas reducidas. La aplicación fue desordenada: las confesiones resultaron insatisfactorias para las víctimas, pocos jefes devolvieron las tierras y fortunas acumuladas mediante despojo y narcotráfico, y varios líderes fueron extraditados a Estados Unidos en 2008, cortando de tajo los procesos de verdad en curso. El programa de Desarme, Desmovilización y Reintegración —el DDR— mostró falencias tempranas: en marzo de 2005, sesenta desmovilizados marcharon encapuchados en Bogotá denunciando que el Gobierno los había traicionado tras dos años en albergues que debían abandonar. Las bandas criminales sucesoras —las llamadas Bacrim— reconfiguraron en muchas regiones, especialmente en la costa Caribe, el poder de facto de las antiguas estructuras. Y varios políticos cercanos al propio Uribe fueron procesados por sus vínculos con el paramilitarismo, evidenciando que la desmovilización armada no había desmontado la red política que la sostenía.

Cuando Juan Manuel Santos —ministro de Defensa de Uribe— llegó a la presidencia en 2010, la gramática acumulada era ya considerable: la certeza de que la negociación exige desarme, no solo tregua; la conciencia de que la agenda debe acotarse para no repetir el Caguán; la evidencia de que la refrendación popular puede legitimar o hundir un acuerdo; y el aprendizaje amargo de Ralito, según el cual sin un marco jurídico serio de verdad, justicia y reparación, el posconflicto reproduce la violencia bajo otras siglas.

La Habana: diseño y agenda

Entre el 23 de febrero y el 26 de agosto de 2012, delegados del Gobierno Santos y de las FARC-EP sostuvieron una fase exploratoria secreta en La Habana, con Cuba y Noruega como garantes y Venezuela como facilitador logístico. Diez rondas de negociación en seis meses produjeron el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado el 26 de agosto de 2012. Santos lo anunció públicamente el 4 de septiembre.

La arquitectura del proceso condensaba las lecciones anteriores. La agenda quedó estructurada en seis puntos: política de desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas, víctimas, e implementación, verificación y refrendación. Frente a las FARC, que llegaron pidiendo retomar la agenda de doce puntos del Caguán, el Gobierno trazó líneas rojas explícitas: quedaban fuera el modelo económico, el modelo político, el futuro de las fuerzas armadas y las relaciones internacionales de Colombia. La paz se negociaría, no la revolución. Por primera vez, las FARC aceptaron sentarse con el objetivo expreso de poner fin al conflicto armado, incluyendo en la agenda puntos sobre víctimas y sobre terminación de la guerra: una novedad radical frente a todos los procesos previos.

La mesa fue instalada formalmente en Oslo, en octubre de 2012, y su sede principal se estableció en La Habana. El equipo del Gobierno lo encabezó Humberto de la Calle, exvicepresidente, con Luis Carlos Villegas, Sergio Jaramillo, Frank Pearl, el general (r) Óscar Naranjo y el general (r) Jorge Enrique Mora: una mezcla deliberada de peso político, arquitectura conceptual y respaldo militar. Las FARC delegaron a Iván Márquez, Jesús Santrich, Andrés París, Marco León Calarcá y Rodrigo Granda, un equipo de perfil ideológico con experiencia acumulada en procesos anteriores.

La internacionalización fue acotada: Noruega y Cuba como garantes con roles definidos, Venezuela como facilitador. Un grupo más amplio de países europeos y latinoamericanos, junto a la Unión Europea y Naciones Unidas, conformó el acompañamiento externo. El presidente Barack Obama ofreció una presión benéfica bajo la consigna "todo para la paz, nada para la guerra", en paralelo al deshielo estadounidense con Cuba. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, calificaría después el proceso como un ejemplo para los conflictos que enfrenta el mundo, recordando que en 2011 parecía una posibilidad remota. Cuando una crisis muy temprana amenazó con romper la mesa en La Habana, fue la intervención de Noruega y Cuba la que evitó el naufragio y llevó a ambas partes a ceder.

Cuatro años de negociación produjeron el Acuerdo Final. Pero antes de firmarlo definitivamente, Santos tomó una decisión que marcaría el resto de la historia: someterlo a plebiscito.

El 2 de octubre de 2016

El plebiscito del 2 de octubre de 2016 no era jurídicamente indispensable. Uno de los interlocutores del propio Santos reconocería después que fue un error: la ratificación por el Congreso habría sido suficiente. La convocatoria buscaba dotar al Acuerdo de una legitimidad popular que blindara la implementación frente a la oposición cerrada de Álvaro Uribe y del Centro Democrático, transformado desde 2014 en el principal opositor del proceso.

Ya en las elecciones presidenciales de 2014 la paz había estructurado el debate: Santos planteó la oposición guerra/paz, mientras el candidato uribista Óscar Iván Zuluaga formuló la oposición justicia/impunidad. Santos ganó la segunda vuelta con el 51% frente al 45% de Zuluaga. El argumento uribista era estable y potente: el Acuerdo representaba impunidad, y la justicia —entendida como pena retributiva en establecimientos carcelarios— era precondición de la paz. Uribe y sus seguidores rechazaban cualquier sanción que no implicara reclusión efectiva, y su lectura del conflicto se apoyaba en la figura del enemigo interno más que en la categoría de conflicto armado político.

La campaña por el No combinó ese argumento central con temas movilizadores adicionales, como la llamada "ideología de género", y con desinformación deliberada en redes sociales: cifras falsas sobre pagos a exguerrilleros, tergiversaciones sobre la elegibilidad política. El propio coordinador de la campaña reconocería después el uso de noticias falsas para confundir a la opinión pública.

El No ganó por un margen muy estrecho. En el Eje Cafetero, bastión histórico del uribismo, la ventaja fue mayor al promedio nacional: 60,13% en Quindío, 57,9% en Caldas, 55,69% en Risaralda. El resultado sorprendió a ambos bandos: nadie tuvo plena conciencia del grado de polarización social ni del rechazo acumulado hacia las FARC.

La respuesta del Gobierno fue rápida. Se abrió una fase de renegociación con los voceros del No, en la que tomaron mayor fuerza los temas de justicia transicional y participación política de exguerrilleros con delitos de lesa humanidad. Los aspectos ideológicos —"ideología de género" y afines— fueron rápidamente abandonados de la discusión formal. La revisión del 12 de noviembre introdujo dos concesiones principales: la obligación de las FARC de entregar bienes de origen ilícito a las víctimas, y el compromiso de no incorporar los acuerdos en la Constitución. El acuerdo revisado se firmó el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón de Bogotá, en una ceremonia deliberadamente más austera que la de Cartagena, y fue refrendado a finales de ese mes por vía legislativa, la opción que emergió como más viable en medio del debate jurídico posterior al plebiscito.

El daño estaba hecho. El Acuerdo entraba a implementarse políticamente huérfano, sin la legitimidad popular que se había buscado y con una oposición envalentonada por la victoria en las urnas. Desde el comienzo de la implementación, altos tomadores de decisiones dentro del Estado se arrogaron el derecho de cambiar unilateralmente lo acordado, erosionando su carácter de pacto vinculante para ambas partes.

El Sistema Integral: verdad, justicia, reparación

La pieza jurídica más ambiciosa del Acuerdo es el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, el SIVJRNR. Su lógica invierte el modelo de Ralito: en lugar de confesiones aisladas a cambio de penas reducidas, articula tres instituciones que operan en paralelo con enfoques distintos y complementarios: la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).

La JEP fue instalada el 15 de enero de 2017, cuando el presidente Santos posesionó a treinta magistrados y magistradas y al Director de la Unidad de Investigación. Su diseño se apoya en un principio: quienes reconozcan verdad plena y responsabilidad recibirán sanciones propias con restricciones efectivas de libertad, no reclusión carcelaria; quienes no confiesen y sean condenados enfrentarán penas privativas de la libertad ordinarias. La lógica es transaccional: verdad a cambio de proporcionalidad en la sanción. Hacia octubre de 2020, la JEP reportaba avances significativos en comparecientes y víctimas acreditadas en sus macrocasos, un volumen procesal sin precedentes en la justicia colombiana.

La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, presidida por el jesuita Francisco de Roux, operó con una lógica extrajudicial. Estableció Casas de la Verdad en el territorio para recoger testimonios de víctimas, victimarios, terceros y agentes del Estado, y produjo el informe final Hay futuro si hay verdad, sustentado en miles de testimonios recogidos a lo largo del país. Su tarea era establecer un relato compartido sobre lo ocurrido, no juzgar; su producto es una narración histórica con vocación pedagógica y de memoria pública.

La UBPD trabaja con enfoque humanitario y extrajudicial en la búsqueda de personas desaparecidas en el contexto del conflicto, un universo de decenas de miles de casos que atraviesan a las guerrillas, a los paramilitares y a agentes del Estado. Su lógica es la del alivio del sufrimiento familiar por encima de la imputación penal.

El Decreto 588 de 2017 organizó la CEV e incorporó en sus criterios orientadores el enfoque diferencial y de género, así como el mandato de esclarecer el impacto del conflicto en pueblos étnicos. Una omisión sustantiva marca sin embargo su origen: el decreto no fue consultado con los pueblos étnicos, lo que evidenció desde el principio la tensión entre la letra progresista del Acuerdo y las prácticas efectivas de su implementación.

Desde posiciones ideológicas de derecha, tanto la JEP como la CEV han sido objeto de críticas severas —acusaciones de sesgo, de lentitud, de blandura frente a las FARC—, pero han cumplido sus objetivos y tareas principales. Patricia Linares, primera presidenta de la JEP, y otros responsables institucionales del SIVJRNR describieron el proceso como un referente internacional en justicia transicional, enfocado en las víctimas más que en la retribución penal. Con las lecciones acumuladas de Ralito a la vista, la diferencia de diseño es genuina: el SIVJRNR no es un canje de silencio por libertad, sino un sistema que exige verdad exhaustiva como condición de la sanción atenuada.

Los territorios: PDET, PNIS y la reconfiguración armada

Si el SIVJRNR es la pieza jurídica, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) y el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) son la apuesta territorial. Ambos parten del diagnóstico que las FARC y el Gobierno compartieron en la mesa: el conflicto se enraíza en la exclusión rural, la concentración de la tierra y la economía cocalera, y sin transformar esas condiciones el fin de la guerra sería nominal.

Los PDET fueron concebidos como planes participativos de transformación regional en dieciséis subregiones priorizadas por su afectación por el conflicto, pobreza y presencia de economías ilegales. Su promesa era la construcción, junto con las comunidades, de una hoja de ruta de inversión pública sostenida durante quince años. La implementación efectiva se limitó, en la práctica, a proyectos demostrativos, sin lograr la transformación participativa regional que se esperaba.

El PNIS ofreció a familias cocaleras un paquete de asistencia técnica, seguridad alimentaria y proyectos productivos a cambio de la sustitución voluntaria de sus cultivos. Los resultados comparativos son elocuentes: en la sustitución voluntaria pactada en el Acuerdo la resiembra alcanzó solo el 0,8%, mientras que en la erradicación forzada trepa al 50%. La evidencia empírica respalda con claridad la superioridad del modelo negociado. Y sin embargo, la política antidrogas del gobierno de Iván Duque se inclinó decisivamente hacia la erradicación forzada, alineada con los lineamientos de la administración Trump en materia de cultivos ilícitos.

La reincorporación económica de exguerrilleros mostró resultados dispares. En 2020 había 632 personas en proceso de reincorporación en Norte de Santander y 425 en Arauca, dos de las regiones más críticas. Los proyectos productivos individuales y colectivos avanzaron con lentitud, dependencia de la buena voluntad institucional y desprotección frente a la violencia.

Porque la violencia no se detuvo. Entre la firma del Acuerdo, en noviembre de 2016, y aproximadamente 2021, más de trescientos exmiembros de las FARC-EP fueron asesinados en todo el país. En zonas donde se implementaban el PNIS y los PDET, la debilidad de los programas estatales y la reactivación de exintegrantes de las FARC generaron incertidumbre entre los pobladores y la reanudación de prácticas vinculadas a los cultivos de coca. Entre 2016 y 2020, 113 líderes sociales fueron asesinados solo en Putumayo, Caquetá y Guaviare. Entre las víctimas se contaban promotores y firmantes del PNIS: quienes habían apostado por la sustitución voluntaria pagaron con la vida el vacío de Estado.

El paralelo con Ralito es incómodo pero necesario. La desmovilización paramilitar produjo entre 2002 y 2007 una caída del 50% en los homicidios, resultado combinado de la derrota relativa de las FARC, la eficacia de la fuerza pública y la disminución de masacres. Pero la violencia se reconfiguró en las Bacrim, que continuaron el negocio del narcotráfico y en la costa Caribe retomaron la influencia política y económica de las AUC. En el posconflicto FARC, patrones análogos —resiembra de coca, captura territorial por otros actores armados, violencia contra liderazgos sociales— reprodujeron el drama estructural: el Estado colombiano carece de la capacidad de consolidar presencia legítima en los territorios que las guerrillas abandonan, con independencia del marco jurídico que enmarque su salida.

Las causas que el Acuerdo diagnosticó y no pudo transformar

El primer punto del Acuerdo —la Reforma Rural Integral— reconocía que la tierra y la pobreza campesina ocupan un lugar central entre las causas del conflicto. El segundo —participación política amplia e incluyente, con estatuto para la oposición— señalaba la exclusión política y el férreo control de las élites sobre el aparato político como otra raíz. El cuarto —solución al problema de las drogas ilícitas— apuntaba a una economía cocalera que ofrecía a los campesinos ingresos superiores a los de la agricultura legal, y que las élites regionales habían usado a lo largo de décadas, junto con la guerrilla misma, para bloquear reformas agrarias y concentrar aún más la tenencia de la tierra a través del desplazamiento y el despojo.

Ese diagnóstico es lúcido. Su traducción implementativa fue mucho más frágil. La reforma rural avanzó a un ritmo incompatible con las metas del Acuerdo. La participación política de la nueva formación surgida de las FARC —el partido Comunes— se dio en condiciones de altísima vulnerabilidad física de sus militantes y en un ambiente de estigmatización. Y en materia de drogas, la política oficial se distanció crecientemente del enfoque negociado.

Las causas socioeconómicas que alimentaban la guerra —tierra, exclusión, narcotráfico— seguían vivas al momento mismo de las negociaciones. Aunque el Estado había debilitado enormemente a las guerrillas militarmente, ambas partes confiaban en su fuerza y aplazaban la paz, en un contexto donde las experiencias previas habían derivado en recrudecimientos del conflicto. Ese aplazamiento tuvo un costo estructural: cuando por fin se llegó al Acuerdo, las condiciones sobre las que debía operar seguían intactas.

Desde 1993, la relación de las FARC con el narcotráfico había marcado una nueva fase de la guerra: una etapa en que la organización se habría alejado de sus objetivos revolucionarios originales para consolidarse como aparato armado con economía propia. Esa lectura, sin ser consenso historiográfico, ayuda a entender por qué el desarme fue posible y por qué la reconfiguración fue simultánea. Los frentes que se apartaron —las llamadas disidencias— se desprendieron precisamente donde la economía cocalera seguía intacta y donde el Estado no llegó.

El legado de medio siglo de violencia política y crimen organizado, sumado a la generalización de comportamientos mafiosos, deterioró a la sociedad tanto como al Estado. El posconflicto exigía una reconstrucción de capacidades estatales para garantizar derechos, no solo la sofisticación de un diseño jurídico. Y esa reconstrucción no ocurrió al ritmo del Acuerdo.

Duque, Petro y la disputa por el sentido

El gobierno de Iván Duque (2018-2022) llegó con la promesa de "hacer trizas" el Acuerdo, aunque en la práctica no lo derogó. Lo modificó unilateralmente desde adentro: reformas por decreto, ajustes a la JEP intentados por vía de objeciones presidenciales, desfinanciación silenciosa de programas territoriales, reorientación de la política antidrogas hacia la erradicación forzada y hacia la eventual reactivación de aspersión con glifosato. Duque mantuvo trazas de una política de seguridad basada en la figura del enemigo interno, que se recrudeció, y adoptó posiciones alineadas con Washington en materia de cultivos ilícitos y frente al gobierno de Nicolás Maduro, atribuyendo propósitos desestabilizadores a los críticos de la política oficial.

El gobierno de Gustavo Petro, desde 2022, reactivó el vocabulario de la implementación integral y planteó una "paz total" que buscaba negociar simultáneamente con el ELN, las disidencias de las FARC y estructuras del crimen organizado. La ambición dejó al descubierto la nueva geografía del conflicto: al Estado ya no se le enfrenta una guerrilla nacional con proyecto político, sino un archipiélago de actores armados con economías ilegales entrelazadas. La paz total encontró resistencias, ambigüedades tácticas y limitaciones operativas propias, pero devolvió al centro de la agenda pública una idea que el uribismo había buscado desterrar: que la salida negociada, aun con actores desprestigiados, sigue siendo preferible al ciclo indefinido de guerra.

La disputa por el sentido del Acuerdo continúa. Para una parte de la sociedad, es la traducción tardía de las causas del conflicto en un marco de derechos y verdad; para otra, un pacto blando con criminales que perdonó lo imperdonable. Ambas lecturas conviven, se movilizan políticamente y se traducen en ciclos electorales que redefinen, en cada gobierno, qué se implementa, qué se congela y qué se sabotea.

Una institución en disputa

Visto desde 2024, el Acuerdo de La Habana ha logrado y no ha logrado cosas simultáneas. Ha logrado el desarme de la guerrilla más antigua del continente, la reincorporación económica y política —desigual y peligrosa, pero real— de miles de excombatientes, un sistema de justicia transicional que produce verdad procesal a un ritmo sin precedentes, una comisión de la verdad con un informe robusto en circulación pública, y una jurisdicción especializada en buscar desaparecidos que trabaja con familias durante décadas huérfanas de respuesta institucional. Ha fracasado, en cambio, en transformar las condiciones estructurales que su propio texto diagnosticó como raíces del conflicto: la tierra sigue concentrada, la economía cocalera sigue siendo racional para el campesino pobre, el Estado sigue ausente de los territorios donde ejerció soberanía la guerrilla, y la violencia contra líderes sociales y exguerrilleros persiste con cifras que reproducen, bajo otras siglas, el patrón anterior.

La lección más incómoda del posconflicto colombiano no es que el Acuerdo estuviera mal diseñado —al contrario, es el más sofisticado de la historia latinoamericana— sino que la sofisticación del diseño institucional no sustituye la presencia territorial del Estado ni neutraliza los incentivos económicos del narcotráfico. Ningún acuerdo, por bien negociado que esté, puede en el corto plazo transformar condiciones estructurales que llevan siglos formándose.

Y sin embargo, la gramática del acuerdo de paz —heredada de Betancur, refinada por Barco y Gaviria, fallida en el Caguán, incompleta en Ralito y madura en La Habana— es hoy una institución colombiana en el sentido pleno del término: un repertorio de reglas, expectativas e instrumentos al que el país recurrirá una y otra vez, porque su alternativa —la guerra indefinida— ha demostrado ser más costosa aún. El Acuerdo de 2016 no cerró el ciclo de la violencia política colombiana; inauguró la primera fase en la historia del país en la que ese cierre parece, por lo menos, imaginable con instrumentos concretos. Que se realice o no dependerá menos del texto firmado en el Teatro Colón que de la voluntad política sostenida para implementarlo. Es decir, dependerá de lo que siempre ha faltado.

04

En el archivo

9 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Juan Manuel Santos — presidente que diseñó y firmó el Acuerdo Final con las FARC-EP en 2016
  2. 02Humberto de la Calle — jefe negociador del Gobierno en La Habana
  3. 03Iván Márquez — jefe negociador de las FARC-EP en La Habana
  4. 04Belisario Betancur — inauguró el primer ciclo formal de negociaciones de paz en 1982
  5. 05Álvaro Uribe Vélez — principal opositor del Acuerdo de 2016 y promotor de la campaña del No
  6. 06Francisco de Roux — presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad
  7. 07La Habana — sede principal de las negociaciones entre 2012 y 2016
  8. 08Justicia transicional — marco conceptual e institucional que articula el SIVJRNR
  9. 09Caguán — proceso fallido cuyas lecciones estructuraron el diseño del Acuerdo de 2016
  10. 10Desmovilización — componente central de todos los ciclos de paz colombianos desde 1982
06

Documentos y fragmentos citados

56 documentos · 71 fragmentos

01Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1511 cita
[1]

se observan en los sucesivos procesos se explican, en buena medida, por el deseo de no repetir los errores de oportunidades anteriores y por las evoluciones que se iban presen- tando en las distintas coyunturas. Pero más allá de las diferencias entre un proceso y otro, es posible hablar de dos modelos generales que…

p. 151
02Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 cita
[2]

de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…

p. 51
03Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 14 citas
[3]

16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

p. 1
[4]

16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

p. 1
[12]

48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…

p. 1
[13]

48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…

p. 1
0425 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 231 cita
[5]

seria su primer presidenle. 21 Colombia dK/igtna..., págs. 272 y SS. 1 ' SegUn Maria Teresa Finclji, hubo una nueva dinamica con tos illdigenas. de trato mas reciproco, de "autoridad a au10· ridad'" rMoviniento social y cuiiW potiUca: el caso del movimienro de auroriclades indlgenas en Colombia-. en Amado GUOITero…

p. 23
05Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 3041 cita
[6]

doctor Belisario Betancur, e integrada por miembros de la Comisión de Paz, voceros de los partidos liberal y conservador, dignatarios de la Iglesia católica, representantes de las fuerzas laborales, del arte y la cultura, y los comisionados por el Movimiento 19 de Atóúl, M-19, y por el Partido Comunista de Co lombia…

p. 304
06Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 11 cita
[7]

BIBLIOTECA DE LA PAZ 1980-2013 Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (Documento resumen) ÁLVARO VILLARRAGA SARMIENTO FUNDACIÓN CULTURA DEMOCRÁTICA BIBLIOTECA DE LA PAZ 1982-2014 Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (Documento resumen) ÁLVARO VILLARRAGA SARMIENTO FUNDACIÓN CULTURA DEMOCRÁTICA BOGOTÁ, DC,…

p. 1
07Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 91 cita
[8]

evitar los efectos inflacio - narios de la bonanza ilegal. Así mismo, ante las dificultades del sistema de justicia para reprimir el delito y mediar en la solución de todo tipo de con- flictos, la guerrilla se abroga sus funciones, condu - ciendo a que la población demande su presencia. Los procesos de paz con la…

p. 9
08Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1982 citas
[9]

la fuer- za armada de las FARC no tenía más de mil hombres. Sin embargo, gracias a la iniciativa de paz de Belisario Betancur, las FARC crecieron prácticamente sin impedimento durante cuatro años, hasta triplicar su tamaño para 1986, cuando llegó a tener 3600 combatientes. 43 Rodear y tomarse a Bogotá era parte del…

p. 198
[10]

la fuer- za armada de las FARC no tenía más de mil hombres. Sin embargo, gracias a la iniciativa de paz de Belisario Betancur, las FARC crecieron prácticamente sin impedimento durante cuatro años, hasta triplicar su tamaño para 1986, cuando llegó a tener 3600 combatientes. 43 Rodear y tomarse a Bogotá era parte del…

p. 198
09Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 491 cita
[11]

increased, culminating on the morning of Novem ber 6, 1985, when the M-19 seized the Palacio de Justicia on the Parque Bolívar in downtown Bogotá. The army reestablished control the following day, but only after more than one hundred deaths, in clud ing eleven of the twenty-four Supreme Court justices, and the gut-…

p. 49
10Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 261 cita
[14]

democratizing reforms on the table and also demonstrating a new willingness to concede material gains to peasants and workers in war zones. 30 This first round of the peace process succeeded in achieving truces of two to three years in duration with three of the four guerrilla groups (all but the ELN) but no permanent…

p. 26
11Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 45, 492 citas
[15]

del bloque más numeroso de las F A R C (septiembre de 2010) y el máximo comandante (noviembre del 2011). Las gestiones continuaron y a principios de 2012 se inició una fase exploratoria que se prolongaría durante seis meses hasta que, el 26 de agosto, se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la…

p. 45
[44]

una especie de adenda sobre derechos humanos y una presentación de los principios y las generalidades. El título del documento ilustra su enfoque. Se encamina a darle cuerpo a la obsesión gubernamental de que las víctimas tienen que estar en el centro de la salida política del conflicto armado. Se trata de un acuerdo…

p. 49
12Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1201 cita
[16]

Jurídico para la Paz, el Gobierno de Juan Manuel Santos ini- ció nuevamente un proceso de diálogos de paz con las FARC que se plasmó en el Acuerdo General para la Terminación del Conflic- to y la Construcción de una Paz Estable y Duradera 161. A partir de la suscripción de dicho acuerdo que contempla una agenda de…

p. 120
13The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 6151 cita
[17]

for Toward a Stable and Enduring Peace 593 Peace anyway, despite the “no” vote. Over a four-year period many young Colombi- ans had become used to hearing the term “postconflict” used to describe the country they lived in. For them, turning the page means moving into uncharted political terrain. The delegates of the…

p. 615
14The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 641 cita
[18]

Havana, accompanied by representatives from the Norwegian and Cuban governments, to discuss an agenda for formal negotiations. The FARC wanted to resume the twelve- point agenda from Caguán. The government wanted a more limited agenda, and Santos (2019, 320) insisted on various “red lines”: the political and economic…

p. 64
15La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 2601 cita
[19]

guerrilla, en cambio, hubo serios reparos, pues consideraron que se había cedido mucho frente a la agenda del Caguán, y que hacían falta, justamente, los temas que nuestro gobierno se negó a discutir, como el modelo económico y el modelo político. Finalmente, aprobaron continuar el proceso, convencidos de que el…

p. 260
16Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 313, 3552 citas
[20]

de sustitución y recuperación am- biental de las áreas afectadas por los cultivos ilícitos. b.- Programas de prevención del consumo y salud pública. c.- Solución del fenómeno de producción del consumo y la sa- lud pública. 5. Víctimas. Resarcir a las víctimas está en el centro del acuerdo Gobierno Nacional-farc-ep. En…

p. 355
[23]

el 18 de octubre de 2012, y comenzó a funcionar el 19 de noviembre de ese mismo año. El Gobierno seleccionó un equipo negociador representativo en sus perfiles, conformado por el exministro y exvicepresidente de Colombia Humberto de la Calle;Luis Carlos Villegas, presidente de la andi y presidente del Consejo Gremial;…

p. 313
17Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3351 cita
[21]

de una reforma agraria integral, pues en las causas del conflicto armado, dicen las FARC, siempre la tierra y la pobreza del campesino han ocupado un lugar central; segundo, la participación política amplia e incluyente, pues desde sus inicios, la exclusión ha minado la efectividad de la democracia colombiana, lo que…

p. 335
18At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3051 cita
[22]

a backchannel contact with FARC leaders early on that resulted in ongoing secret preliminary talks with FARC leaders in Havana, Cuba in February 2012. By August, Santos and the FARC signed onto a formal document outlining the conditions of a formal peace process, the rules by which the negotiations would operate, and…

p. 305
19Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1152 citas
[24]

el contrario, ha contribuido a dilatar el proceso, lo que a la vez ha generado un precedente negativo para Colombia a nivel internacional. El Estado colombiano aún no ha comprendido del todo los verdaderos alcances del fallo y tampoco ha logrado crear una estrategia adecuada para frenar la pretensión de Nicaragua…

p. 115
[25]

el contrario, ha contribuido a dilatar el proceso, lo que a la vez ha generado un precedente negativo para Colombia a nivel internacional. El Estado colombiano aún no ha comprendido del todo los verdaderos alcances del fallo y tampoco ha logrado crear una estrategia adecuada para frenar la pretensión de Nicaragua…

p. 115
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[26]

de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…

p. 140
21Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 843, 9492 citas
[27]

julio de 2016, había declarado exequible la ley estatutaria de plebiscito, aprobada en diciembre pasado por el Congreso y sancionada por el Presidente el 24 de agosto, con el número 1806, “Por medio de la cual se regula el plebiscito para la refrendación del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la…

p. 843
[60]

desde La Habana, cuando ordenó a mandos, unidades y combatientes: “Se acabó la guerra. Convivamos como hermanos y hermanas”. 952 En su orden: el contralmirante Orlando Romero; Marcos Calarcá de las FARC-EP; y Jean Arnault, jefe de la Misión de la ONU en Colombia. 953 “Frente de las FARC dice que no entregará las…

p. 949
22Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 2261 cita
[28]

la elección más importante de la historia contemporánea del país, que buscaba refrendar con una pregunta directa los acuerdos de paz iniciados en 2012 por el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tenía no solo la meteorología en contra, sino una serie de hechos que…

p. 226
23Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 3851 cita
[29]

yo escrutaba, por lo menos, el Sí había barrido sobre el No. Yo sentía que ese día estábamos ratificando un sueño, que era el de terminar esa guerra con la guerrilla y empezar a aprender a convivir en paz en medio de todas nuestras diferencias. Por eso, cuando comenzaron a llegar los resultados —que fueron…

p. 385
24Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 781 cita
[30]

decenios. Entre las estrategias de la campaña del “No” se destacan la exas- peración del rencor, el estímulo de la revancha, la exigencia del castigo y la divisa según la cual “el fin justifica los medios”, que les permite poner en circulación fórmulas breves y efectivas contra el Acuerdo, cargadas de mentiras,…

p. 78
25Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 781 cita
[31]

decenios. Entre las estrategias de la campaña del “No” se destacan la exas- peración del rencor, el estímulo de la revancha, la exigencia del castigo y la divisa según la cual “el fin justifica los medios”, que les permite poner en circulación fórmulas breves y efectivas contra el Acuerdo, cargadas de mentiras,…

p. 78
26Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3741 cita
[32]

Instituto, el que mayor probabilidades tenía — de acuerdo con 51 variables consideradas— de gestar un posconflicto pacífico y sostenible, es decir, una “paz de calidad” (< quality peace)M S. ¿Cómo explicar, en tonces, este resultado que sorprendió a tirios y a troyanos, tanto a los partidarios del Sí como a los…

p. 374
27Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1361 cita
[33]

medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…

p. 136
28No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 555, 5622 citas
[34]

defendiendo el Acuerdo de Paz y en medio del proceso de renegociación con los voceros del no, se empezaron a barajar diferentes estrategias para refrendar el nuevo Acuerdo. En medio del debate jurídico la opción más viable fue buscar la refrendación vía legislativa. Finalizando el mismo mes de noviembre de 1628…

p. 562
[63]

Uribe, se veía ahora dividida en torno al apoyo al proceso de paz, en medio de un gobierno que no lograba consolidar una narrativa clara que involucrara a los colombianos. La división de la sociedad se hizo evidente en las elecciones presidenciales del año 2014. En estas, Santos buscó su reelección y para ello se…

p. 555
29Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 281, 2842 citas
[35]

sostenidos durante dos a ñ os con recursos p ú blicos, as í como a que las farc siguieran present á ndose ante la opini ó n, con algo de prepotencia, como un movimiento que hizo una guerra justa, que era la respuesta inevitable a la opresi ó n del sistema, lo que justificaba que las v í ctimas de estas d é cadas de…

p. 284
[68]

cel, fueron extraditados en 2008. Aunque la Corte Constitucional impuso algunas obligaciones a los desmovilizados, como confesar sus cr í menes, los acuerdos fueron generosos y su aplicaci ó n des ordenada. Al final, las confesiones fueron insatisfactorias para las v í ctimas y pocos paramilitares tuvieron que…

p. 281
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1811 cita
[36]

guerra. Al respecto, Oscar Rodrigo Campo, gobernador del Cauca de la época, expresó en una entrevista a la prensa: Como demócratas entendemos lo que el país de una u otra manera se ha pro- nunciado referente a la desaprobación al acuerdo de paz a través del plebiscito y esperamos que las voces oficiales se pronuncien…

p. 181
31Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 142, 2782 citas
[37]

the ELN’s options dramatically diminished, as they became the sole military target of the Colombian armed forces. However, the ELN leadership does not exert complete control over midlevel field commanders, and this has led to erratic and unpredictable decisions/actions. Finally, it is inevitable to assume that any…

p. 142
[42]

Truth, Coexistence, and No- Repetition, on a temporary and extrajudicial basis, as part of the Comprehensive System of Truth, Jus- tice, Reparations, and No- Repetition—representing the significant institu- tional framework that took shape from the Peace Agreement. In this sense, in addition to the Commission for the…

p. 278
32Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 259, 2622 citas
[38]

three hundred pages of small-font text) cannot and will not please all, in Colombia, or outside the nation. The November 12 revision offered two major concessions to the vocal critics who managed to deliver a majority of “No” votes during the October 2 plebiscite. The new final accord forces the insurgents to forfeit…

p. 262
[67]

the nation’s paramilitary forces, the AUC, which resulted in the 2005 “Ley de Justicia y Paz,” whereby the forces disbanded, publicly admitted to crimes, and received reduced sentences for their apparent transparency. The public airing of some of these crimes, massacres in many cases, shocked Colombians, and soon many…

p. 259
33Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 9, 1682 citas
[39]

foco de controversia: la participación en política de excombatientes acusados de crímenes graves y la estructura del Sistema de Verdad, Justicia y Reparación como escenario para que concurrieran a rendir cuentas todos los victimarios. El ambiente en La Habana estaba ya saturado. Cuando el Presidente transmitió la idea…

p. 168
[65]

los críticos y atribuyéndoles, en muchos casos de manera caprichosa, propósitos desestabilizadores. También en el caso de los militares han existido quejas serias. Aunque las fuerzas militares y de policía han anunciado cambios en sus respectivas doctrinas, y aunque en efecto muchas de las nuevas políticas han…

p. 9
34¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 691 cita
[40]

sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…

p. 69
35JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020.htmlp. 11 cita
[41]

JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020 Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Destacan-logros-del-Sistema-Integral-de-Verdad%2C-Justicia%2C-Reparaci%C3%B3n-y-no-Repetici%C3%B3n-de-Colombia.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10.…

p. 1
36JEP - Declaración de Patricia Linares en la instalación de la jurisdicción.htmlp. 11 cita
[43]

JEP - Declaración de Patricia Linares en la instalación de la jurisdicción Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Comunicado-de-prensa-005.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10. Contenido de la página ​​​​Declaración de la Presidente de la Jurisdicción…

p. 1
37Comisión de la Verdad - metodología étnica.htmlp. 11 cita
[45]

los Pueblos Étnicos. Respecto al Sistema integral de Verdad, Justicia y Reparación, que incluye a la Comisión de la Verdad, se acordó, entre otras cosas que: “En el diseño de los diferentes mecanismos judiciales y extrajudiciales acordados respecto a los pueblos étnicos se incorporará la perspectiva étnica y cultural.…

p. 1
38Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 151 cita
[46]

en el futuro inmediato, por medio de acciones, programas y proyectos que den respuesta a las demandas inaplazables de las víctimas. Solo así se logrará dar cumplimiento a algunas de las tareas pendientes del Esta- do, si de verdad quiere contribuir a resarcirlas y a la búsqueda de la paz en el país; en cuanto a la…

p. 15
39La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[47]

poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 189, 1912 citas
[48]

territorio haciendo cobros injustos y violentos a través de citaciones y mensajes, que sirven también para reclutamiento forzado bajo amenazas y que se reportaron ofrecimientos a firmantes del Acuerdo de volver a las filas. A la población civil la intimidan a través de advertencias y mensajes amenazantes en los que se…

p. 191
[52]

calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…

p. 189
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[49]

sus- titución de cultivos, pactada en el Acuerdo, la resiembra llega solamente al 0.8%» 455 y, en los casos de erradicación forzada, la resiembra se incrementa al 50%, según cifras de Indepaz. Respecto a las víctimas del conflicto, la violencia en contra de líderes y lideresas que trabajaron en el propósito de la paz…

p. 168
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1961 cita
[50]

otro que lo ponga a matar, no van a haber hombres ni para la guerrilla, ni para el Gobierno» 695. Por eso, cuando se establecieron las Zonas Veredales de Transición y Normalización (ZVTN) en Tibú, Norte de Santander, y en Arauquita, Arauca, hubo expectativa porque los miembros de las FARC-EP dejaban sus armas para…

p. 196
43Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 161 cita
[51]

desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…

p. 16
44Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 891 cita
[53]

la que, por primera vez, resulta posible pensar en su desactivación por la vía militar debido a que tras décadas de violencia, y sin atisbo de victoria por ningún lado, tanto Gobierno como guerrilla, racionalmente, llegan a un punto crítico (ripe moment) por el que mantener el conflicto abierto es mutuamente…

p. 89
45Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 3451 cita
[54]

paz. Este giro hacia la negociación política para poner fin al conflicto armado abre grandes oportunidades al país para resolver, por vías democráticas, sus conflictos sociales acumulados. Es previsible que aumente la expresión abierta de conflictos, sobre todo en el campo, pues las élites regionales han aprovechado…

p. 345
46¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1101 cita
[55]

procesos de negociación. Las gu errillas venían de la carrera demencial de fortalecerse 217 ¿Otra lústoria de Colombia? hasta convertirse en un ejército regular; sin embargo, y como lo estudió Ariel Ávila, el Estado logró un fortalecimiento militar capaz de frenar ese objetivo y de desalojarlas de los epicentros de la…

p. 110
47Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 3051 cita
[56]

salvar la paz de Colombia. El presidente que- ría pasar a la historia por haber acabado la guerra con las FARC, que en el fondo implicaba acabar con este grupo guerrillero. No necesariamente era lo mismo, pero, desde una visión del esta- blecimiento, de tcidas formas era un gran triunfo. La responsa- bilidad, sin…

p. 305
48Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[57]

ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…

p. 168
49Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 3551 cita
[58]

de secues- tro cayó desde su pico de 3. 550 en el año 2000 a 1. 500 en 2010, reflejando los éxitos de la política de seguridad de la administración Uribe, pero siendo todavía bastante con- siderable. La cifra bajó radicalmente a sólo 188 en 2016, gran logro del proceso de paz del presidente Santos. Como ministro de…

p. 355
50Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6191 cita
[59]

indebida, una presión benéfica para el tema de la paz, los países amigos nuestros, ellos lo que estaban haciendo era, más o menos la consigna era “todo para la paz, nada para la guerra”, o sea, “les ayudamos a ustedes para el diálogo, para la paz, pero no les ayudamos para la guerra”. […] Había un gobierno de los…

p. 619
51Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 651 cita
[61]

mundo. El Consejo está integrado por cinco miembros permanentes: China, Francia, Federación Rusa, Reino Unido y Estados Unidos.Y por 10 no permanentes: Angola, Egipto, España, Japón, Malasia, Nueva Zelandia, Senegal, Ucrania, Uruguay, y Venezuela. El día 27, los 33 gobiernos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos…

p. 65
52Orden y libertad. Economía política del castigo en Colombia y LatinoaméricaManuel Iturralde · 2022 · p. 1721 cita
[62]

miembros del sector industrial y gran- des empresarios), y organizaciones sociales y religiosas que, a pesar de ser de orígenes diversos, compartían una ideología conservadora y antisubversiva. El argumento principal de la campaña por el No era que no estaba en contra de la paz sino de la impunidad. Para esta…

p. 172
53Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 141 cita
[64]

the right, such as the Conservative Party, that contained both Uribe and Santos supporters. In a tight but decisive contest, President Santos won reelection in a June 2014 runoff with 51% of the vote to his CD opponent’s 45%, with about 4% of voters casting blank ballots, suggesting some disillusionment with both…

p. 14
54Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 4031 cita
[66]

una Colombia en paz con opor- tunidades y garantías para todos. Por el Gobierno Nacional: LUIS CARLOS RESTREPO Alto Comisionado para la Paz Por las Autodefensas Unidas de Colombia AUC: HERNAN HERNÁNDEZ RAMIRO VANOY LUIS CIFUENTES FRANCISCO TABARES ADOLFO PAZ JORGE PIRATA VICENTE CASTAÑO CARLOS CASTAÑO SALVATORE…

p. 403
55Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 671 cita
[69]

ahí a ver qué pescan, creo que lo mejor para los desmovilizados es involucrarlos en seguridad privada o con el Estado (Semana, 2005, junio 5, “Habla Vicente Castaño”). Era claro que las desmovilizaciones individuales se habían convertido en una estrategia de guerra, ya que su objetivo era restarle gente a los grupos…

p. 67
56Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 12 citas
[70]

DESMOVILIZACIÓN Y REINTEGRACIÓN PARAMILITAR Panorama posacuerdos con las AUC Centro Nacional de Memoria Histórica DESMOVILIZACIÓN Y REINTEGRACIÓN PARAMILITAR Panorama posacuerdos con las AUC DESMOVILIZACIÓN Y REINTEGRACIÓN PARAMILITAR Panorama posacuerdos con las AUC Director General del Centro Nacional de Memoria…

p. 1
[71]

DESMOVILIZACIÓN Y REINTEGRACIÓN PARAMILITAR Panorama posacuerdos con las AUC Centro Nacional de Memoria Histórica DESMOVILIZACIÓN Y REINTEGRACIÓN PARAMILITAR Panorama posacuerdos con las AUC DESMOVILIZACIÓN Y REINTEGRACIÓN PARAMILITAR Panorama posacuerdos con las AUC Director General del Centro Nacional de Memoria…

p. 1