Cartagena de Indias
“Cartagena de Indias no fue una ciudad que creció desde adentro hacia afuera, sino una que existió porque el Imperio la necesitó exactamente donde estaba: su bahía semicircular, su proximidad al istmo de Panamá y su fondeadero profundo la…”
Cartagena es la ciudad colombiana en la que la piedra habla más alto que los archivos. Fundada en 1533 por Pedro de Heredia sobre un archipiélago donde la bahía dibuja un semicírculo que penetra en el continente, fue durante casi tres siglos el nodo caribeño del Imperio español: puerto natural de enorme capacidad, plaza fortificada, sede del Tribunal del Santo Oficio, punto de entrada del mayor tráfico de esclavos africanos hacia Sudamérica y salida legal del oro neogranadino. Su historia condensa la colombiana como pocas: cada fuerza que atravesó el país —conquista, esclavitud, evangelización, corso, independencia, decadencia republicana, Regeneración, turismo patrimonial— le dejó una capa visible. Cartagena no es escenario; es sujeto histórico con biografía propia, y esa biografía se lee mejor por estratos que por vistas.
La semblanza: una ciudad diseñada para el Imperio
Cartagena existió, en su primer siglo largo, porque el sistema imperial español necesitaba exactamente el lugar donde ella se levantó. La lógica de la conquista, heredada de la Reconquista peninsular, hizo de la fundación de ciudades el instrumento primero de la colonización, y esas ciudades primeras fueron costeras: interesaba menos internarse que asegurar la comunicación rápida con España. En esa oleada inicial, la bahía cartagenera reunía lo que el Imperio buscaba —fondeadero profundo, protección natural, cercanía al istmo de Panamá por donde bajaba el oro peruano— y por eso llegó a ser la primera plaza del Nuevo Reino de Granada dentro del poderío español en América.
Esa función explica casi todo lo demás. Cartagena fue paso obligado de las flotas que trasegaban los tesoros americanos, centro de exportación legal del oro neogranadino, sede de la Inquisición para el virreinato y, sobre todo, principal puerto de entrada del comercio de esclavos africanos hacia Sudamérica. Su prosperidad no fue orgánica sino de nodo, dependiente de que Sevilla, Cádiz, Portobelo y Lima siguieran demandando lo que Cartagena redistribuía. Cuando ese sistema colapsó, la ciudad no encontró cómo reinventarse rápido, y el siglo XIX la dejó reducida a menos de un tercio de sus habitantes. Que hoy vuelva a ser el principal polo turístico del litoral Caribe colombiano no borra la paradoja: su segunda vida vive de la piedra que le dejó la primera.
Los orígenes: Heredia, la bahía y una ciudad de castas
Pedro de Heredia fundó Cartagena en un emplazamiento excepcional. El archipiélago sobre el que se asentó permitía cerrar la bahía por dos bocas —Bocagrande y Bocachica—, un rasgo geográfico que iba a definir dos siglos de arquitectura militar. La ciudad se pobló al ritmo de la doble lógica del Imperio: escaseaba la inmigración española, limitada por las dificultades de la navegación transatlántica y por las grandes empresas navales de la monarquía, y abundaba, en cambio, la mano de obra africana que empezó a llegar por el puerto muy pronto. La costa atlántica se pobló, en buena parte, de castas: mestizos de origen africano, negros libres, mulatos, pardos, además del núcleo blanco peninsular y criollo y de las poblaciones indígenas circundantes.
En 1534, apenas un año después de la fundación, el propio Heredia salió desde Calamari hacia los montes de María, iniciando una lenta expansión hacia el interior que en Cartagena, a diferencia de otras plazas, siempre fue secundaria respecto a la vocación portuaria. La ciudad miraba al mar, no al continente. Esa asimetría —muralla mirando afuera, tierra adentro relativamente descuidada— marcaría sus siglos siguientes, y explica por qué el olor a salitre, y no el rumor del monte, es lo primero que reconoce el viajero cuando cruza sus puertas.
La trayectoria: los siglos en los que Cartagena fue el Caribe
Las murallas contra el corso (1586–1741)
La riqueza convocó a los depredadores. Cartagena fue objetivo permanente de las potencias rivales de España, y su respuesta fue la construcción, por ensayo y error, del sistema defensivo más ambicioso del Caribe. Se probaron soluciones, se descartaron tras cada ataque, se rehizo el plan; el resultado empleó casi todo el siglo XVII y tres cuartas partes del XVIII. El sistema combinó la muralla que encerró progresivamente la ciudad, la obstrucción y apertura de Bocagrande, escolleras y los fuertes de San Fernando y San José, que dominaban desde ambas orillas el estrecho paso de Bocachica, entre las islas de Tierrabomba y Barú.
Francis Drake ya había mostrado, décadas antes, cuán vulnerable podía ser el Caribe hispano: sus expediciones alcanzaron los puertos del Pacífico suramericano —Tarapacá, Coquimbo, Lima— con botines enormes. Pero el episodio fundacional de la leyenda defensiva cartagenera no fue Drake sino la ofensiva británica de 1741. La marina inglesa al mando del vicealmirante Edward Vernon llegó a la bahía convencida de que las murallas y castillos, presentados como orgullo de España en el Nuevo Mundo, caerían ante su despliegue.
La ciudad tenía apenas 4.000 soldados —blancos, indios y negros— para defenderse. La dirigía don Blas de Lezo, marino curtido que había perdido la pierna izquierda en la batalla de Gibraltar en 1704, y cuya figura mutilada se volvería, con el tiempo, más eficaz que cualquier bastión. Precedido por un bombardeo de 300 bombas, el asalto se estrelló contra la geografía y la ingeniería: la marina de Vernon no logró tomar la ciudad y hubo de retirarse. El episodio consagró a Blas de Lezo y validó, tardíamente, las décadas de obra defensiva.
Hacia 1760, en el marco de una nueva guerra con los ingleses, el gobierno español obstruyó definitivamente con piedras y arena el canal de Bocagrande —hasta entonces suficientemente profundo para los navíos mayores—, concentrando la entrada en Bocachica bajo el fuego cruzado de sus fuertes. La Costa Pacífica quedó, en contraste, casi indefensa: ni interesaba a España desarrollarla ni a los piratas atacarla, que solo llegaban regularmente a los puertos del extremo sur del continente.
El puerto de los esclavos (1580–1640 y después)
Mientras las murallas subían, por el muelle bajaban seres humanos encadenados. Cartagena fue, con distancia, el principal puerto de entrada del comercio esclavista hacia Sudamérica. Entre 1580 y 1640 —el período de su mayor esplendor, coincidente con la unión de las coronas española y portuguesa que puso el tráfico en manos de asentistas lusos— ingresaron bajo registro no menos de 110.000 esclavos africanos. Ampliada la ventana, de los aproximadamente 600.000 esclavos que entraron a puertos americanos en el conjunto del período documentado, 196.000 lo hicieron por Cartagena: más que por cualquier otro puerto del Caribe o del Brasil.
La cifra pesa como una losa. Desde el muelle cartagenero se redistribuían los cautivos hacia las minas y plantaciones del interior neogranadino, hacia las minas de plata del Perú, hacia Buenos Aires, hacia Santo Domingo, Jamaica y Cuba. Las patentes de venta, conservadas de los siglos XVII y XVIII, registraban la casta y la región de procedencia —designaciones étnicas imprecisas pero suficientes para rastrear orígenes en el África occidental y central—. Los precios eran altos: en Remedios, hacia 1616, un negro bozal valía 350 pesos oro y uno adiestrado en minería podía alcanzar los 450, cuando en otras regiones americanas los precios eran la mitad o la tercera parte. Los retrasos frecuentes de los asentistas, las suspicacias con la Corona y las dificultades financieras del monopolio garantizaron que una parte considerable de la demanda se satisficiera por vías no oficiales, en un contrabando de cuerpos que corría paralelo al de mercancías.
Ese número —casi doscientos mil seres humanos entrando por un solo puerto— es el hecho estructural más pesado de la historia cartagenera y colombiana. Sobre él se construyó buena parte de la economía colonial: en las minas de Antioquia y el Chocó, en las haciendas ganaderas de la costa, en la boga del Magdalena, en las actividades urbanas de las ciudades neogranadinas, el trabajo africano fue base o pieza decisiva de la producción. El comercio en Cartagena, Santa Marta y Riohacha hizo del elemento africano un ingrediente ineludible de lo que después se llamaría Colombia. Cada arroba de oro que salía por la aduana descansaba, aguas arriba, sobre un cuerpo desembarcado meses antes en el mismo muelle. La ciudad olía, por debajo del incienso y el salitre, a la sangre y al sudor con que se pagaba su esplendor.
Palenques, Getsemaní y las formas de la resistencia
La misma ciudad que subastaba esclavos vivía bajo la amenaza permanente de los que se fugaban. Los palenques cimarrones, asentamientos de esclavos huidos, se instalaron en los montes cercanos y obligaron a las autoridades coloniales a oscilar entre la represión y la negociación. El caso emblemático es San Basilio, cuya población obtuvo reconocimiento formal mediante una capitulación gestionada por el ilustrísimo Casiani, que autorizó a los descendientes de cimarrones a asentarse en la falda de la montaña de María. La figura del líder Benkos Biohó pertenece a esa genealogía de resistencia que precedió y sostuvo la existencia palenquera, y que devolvió a los montes vecinos una soberanía negra que la Corona nunca alcanzó a extirpar.
En la propia ciudad, extramuros, el arrabal de Getsemaní concentró a los descendientes libres de esclavos —artesanos, sirvientes, milicianos— con un estatus intermedio: por debajo del vecino blanco de la ciudad amurallada, muy por encima del cimarrón. Ese estatus se fortaleció con los servicios de milicia que estos grupos prestaron a la Corona, incluyendo la defensa contra Vernon en 1741. Getsemaní sería, dos siglos después, el barrio desde donde se disparó la independencia: el arrabal que había sostenido con sus armas al Imperio fue también el que primero lo repudió.
Bajo la fachada del catolicismo obligatorio, los esclavos sostuvieron formas de religiosidad sincrética: tambores, danzas, cantos que invocaban fuerzas mágico-sagradas y ancestrales de origen africano, interpretadas por las autoridades españolas como pactos con el demonio y perseguidas como tales. La ciudad rezaba en latín de día y en yoruba de madrugada, y la Inquisición supo desde temprano que las dos oraciones convivían en las mismas calles.
La Inquisición y los jesuitas
El Tribunal del Santo Oficio con sede en Cartagena ejerció jurisdicción sobre el virreinato. Su blanco preferente en una plaza portuaria fueron los reformistas: 82 personas —protestantes, luteranos, calvinistas, hugonotes— fueron procesadas durante la existencia del tribunal, y los luteranos encabezaron las causas, lo que revela hasta qué punto el comercio internacional dejaba entrar cuerpos y libros que la Corona quería mantener afuera. Una ciudad que vivía de recibir barcos no podía evitar recibir también las herejías que esos barcos traían en sus bodegas.
La Compañía de Jesús se instaló en Cartagena al menos desde 1604 y marcó su historia con dos huellas mayores. Una fue material: actividades productivas cerámicas que combinaron técnicas europeas y mano de obra africana, consolidando tradiciones locales aún rastreables. La otra fue Pedro Claver, el jesuita catalán que evangelizó a los esclavos africanos que desembarcaban en el muelle. Claver los bautizaba, los curaba, aprendía sus lenguas a través de intérpretes negros a los que sentaba en lugares prominentes y a los que hacía regalos, escándalo permanente para los españoles locales. No denunció, sin embargo, la institución de la esclavitud: acompañó al esclavo, no combatió el sistema. Restaurada la Compañía en 1883, los jesuitas consolidaron a Claver como el santo "esclavo de los esclavos" y su figura fue engastada en una identidad nacional volcada a la unidad católica, con más resonancia póstuma que la que el propio Claver, en vida, dio a la disputa sobre el sistema.
1810–1815: junta, independencia y martirologio
Cuando la crisis del Imperio abrió el ciclo de las juntas americanas, Cartagena reaccionó con velocidad y con radicalidad. El cabildo depuso al gobernador provincial en dos actos, el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810. En noviembre siguiente se conformó una junta suprema que reunió al cabildo con seis diputados electos por los habitantes de la ciudad y cinco por los cabildos subalternos, constituyéndose como junta interina. El 11 de diciembre de 1810 se dictó la instrucción para elegir diputados ante la Suprema Junta de la Provincia mediante elecciones parroquiales, de partido y capitulares: un ensayo temprano de representación en un continente que aún no sabía cómo elegirse a sí mismo.
El paso decisivo llegó el 11 de noviembre de 1811, cuando los hermanos Gabriel y Germán Gutiérrez de Piñeres impulsaron la declaración de independencia absoluta de la provincia de Cartagena, adelantándose al resto del virreinato. Menos de un año después, el 14 de junio de 1812, se sancionó la Constitución del Estado de Cartagena de Indias, uno de los textos fundacionales del constitucionalismo colombiano.
La independencia cartagenera, sin embargo, no fue ni monolítica ni generosa hacia afuera. Antes del asedio realista, Bolívar solicitó auxilios a la ciudad para continuar la guerra; Cartagena se los negó por rivalidades políticas, y Bolívar decidió marchar contra ella para tomar por la fuerza los aprovisionamientos que necesitaba, empresa que abandonó al conocer la llegada de fuerzas realistas a Venezuela. El episodio anticipa la marca cartagenera del período: soberanía provincial celosa, difícil de subordinar a proyectos mayores.
Esa autonomía se pagó carísima. En 1815, la expedición de reconquista de Pablo Morillo puso sitio a la ciudad. El asedio duró entre 102 y 108 días de hambre extrema, epidemias y bombardeo. Cuando Morillo entró, el 6 de diciembre de 1815, encontró cadáveres en las calles, ruinas y miseria; Cartagena había perdido más de la tercera parte de su población, y los propios españoles sumaron 3.125 muertos y otros 3.000 enfermos. La caída aseguró la reconquista realista de la Nueva Granada.
En 1816, bajo el dominio español restablecido, la mayoría de los líderes independentistas neogranadinos fueron fusilados, y Cartagena aportó a esa lista una nómina propia y célebre —José María García de Toledo, Manuel Rodríguez Torices, Pedro Romero entre los que la memoria republicana consagraría como los mártires de la ciudad heroica—. La liberación llegó tarde: unos meses después de la de Santa Marta, tomada el 11 de noviembre de 1820, y con las operaciones del sitio suspendidas más de cuatro meses por el armisticio de Trujillo firmado entre Bolívar y Morillo el 21 de noviembre de 1820. En la campaña final participó el almirante José Prudencio Padilla, y con su acción se cerró el ciclo militar de la independencia caribeña.
El siglo de la caída (1820–1885)
La república halló a Cartagena arruinada. La ciudad que en 1809 tenía cerca de 18.000 habitantes —cifra que otras estimaciones elevan a 25.000 hacia 1810— descendió sostenidamente a lo largo del siglo: alrededor de 10.000 a mediados del XIX, menos de 8.000 en 1881. En 1861 vivía uno de sus períodos de mayor depresión, con viajeros extranjeros describiendo pobreza, miseria, enfermos y lisiados por las calles. La misma piedra que había resistido a Vernon empezaba a resquebrajarse por el abandono; en las murallas crecían la hierba y el musgo, y las iglesias olían más a salitre que a incienso.
Varias fuerzas concurrieron en la caída. El fin del monopolio imperial la privó de su función redistributiva. La rivalidad regional se reconfiguró: Barranquilla, aldea pequeña a comienzos del siglo, creció hasta convertirse en la tercera ciudad del país y en la principal salida comercial del río Magdalena, mientras Cartagena, cuya conexión con el Magdalena por el canal del Dique —proyecto emprendido hacia 1650 por su gobernador para abaratar el transporte que se hacía por vía marítima o a lomo de mula— nunca terminó de resolverse, perdió primacía portuaria. Nueve décimas partes de las importaciones y exportaciones colombianas del siglo XIX pasaban por las ciudades caribeñas y el río Magdalena; que ese flujo se desplazara hacia Barranquilla decidió jerarquías.
La élite y la clase activa cartagenera emigraron a Santa Marta, a Panamá, a la propia Barranquilla, a los pueblos prósperos de las sabanas de Bolívar, El Carmen y Corozal. Las rivalidades interurbanas —Cartagena contra Barranquilla, Santa Marta contra Ciénaga, Mompox contra Magangué— definieron una geografía costera donde el comercio y el declive corrían parejos. Que la caída no fuera un destino sino un desenlace contingente lo prueba precisamente esa rivalidad: no fue la pérdida del Imperio sino la reconfiguración fluvial y comercial republicana lo que hundió a Cartagena. Otra geografía de rutas, otra decisión sobre el Dique, y la historia habría sido distinta.
Núñez, la Regeneración y el regreso al centro (1880–1900)
En el fondo de esa decadencia surgió, sin embargo, la figura política más influyente que Cartagena aportó a la construcción del Estado colombiano: Rafael Núñez. Liberal escéptico, positivista, casado con Soledad Román, congresista y secretario de Hacienda antes de la presidencia, Núñez encabezó desde 1880 el proyecto de la Regeneración, que junto con el católico ultramontano e hispanófilo Miguel Antonio Caro rediseñó el país con la Constitución de 1886: centralismo, concordato con la Santa Sede, proteccionismo, orden fuerte.
La paradoja cartagenera fue completa. Un hijo de la ciudad más golpeada por la decadencia liberal-federalista lideró la reacción centralizadora y católica. La burguesía comercial liberal —justamente la que había prosperado con Barranquilla, el librecambismo y el federalismo—, excluida del poder por la Regeneración, se lanzó a la oposición reclamando el retorno a lo que había perdido. Núñez, desde su casa del Cabrero en las afueras de Cartagena, gobernó una república que ya no giraba en torno a su ciudad, y sin embargo le devolvió, por un instante, protagonismo político nacional. Su ascenso se inscribió, además, en las transformaciones del mundo occidental del último cuarto del XIX, cuyos aires autoritarios y proteccionistas no fueron ajenos al giro colombiano.
Los hombres, los lugares, las ideas
Hay ciudades que producen personajes y ciudades por las que los personajes pasan: Cartagena hizo las dos cosas a la vez, y esa duplicidad la vuelve difícil de contar por biografías individuales. Su historia funciona más bien como una constelación en la que cada figura ilumina a las demás por contraste.
Heredia abrió el surco desde el mar y avanzó apenas un año después hacia los montes, dejando la marca de una ciudad que iba a mirar siempre más al Atlántico que a su propio traspaís. Blas de Lezo, mutilado, le prestó a la mitología imperial un cuerpo roto que resultó más eficaz que cualquier bastión; Vernon, al fracasar frente a él, la consagró para siempre en la memoria hispánica. Pedro Claver la convirtió en capital de una santidad ambigua: acompañó al esclavo pero no impugnó la esclavitud, y su nombre se pegó a las piedras del muelle donde bautizaba a los recién llegados como si allí, y no en el confesionario, se disputara la salvación. Benkos Biohó y la genealogía cimarrona construyeron en San Basilio la excepción negra que la Corona no pudo ni destruir ni digerir, y que sigue siendo la única respuesta larga que Cartagena dio a lo que ocurría en su muelle.
Antonio Nariño la orbitó desde el interior con su prensa emancipadora; Bolívar la asedió y luego la necesitó, en una relación de rechazo y dependencia que anticipa el pulso siempre incómodo entre ciudad y república. Morillo la doblegó al precio de dejarla vacía, y esa página de cadáveres en las calles quedó como el fondo negro sobre el que se levantó luego el martirologio republicano. Mauricio José Romero, pardo, fue diputado por la provincia ante la Convención Constituyente de 1832 que erigió el Estado de la Nueva Granada, vicepresidente de esa convención y segundo firmante de la primera Carta Constitucional: prueba temprana de que la ciudad de castas producía también élite política afrodescendiente en la joven república. Rafael Núñez, por último, la devolvió al centro del poder desde la periferia, mostrando que incluso la ruina podía dar presidente.
Los lugares importan tanto como los nombres, porque en Cartagena la geografía escribe con la misma tinta que la política. Bocagrande y Bocachica son los dos umbrales por los que la ciudad se abría y se cerraba al Caribe; Tierrabomba y Barú custodian el paso angosto que definió la defensa; el Castillo de San Felipe de Barajas y el fuerte de San Fernando son los grandes monumentos de la ingeniería militar española en América, obras en las que la piedra caliza sudó siglos de trabajo africano. Getsemaní es el arrabal artesano que sostuvo la milicia y la independencia. San Basilio es la excepción palenquera. Turbaco, en las afueras, fue lugar de tránsito de expediciones y luego de villegiaturas; Mompox, hacia el interior por el Magdalena, fue socia y luego competidora. Portobelo y Cádiz cierran el arco imperial atlántico dentro del cual Cartagena tuvo sentido, y Santa Marta es la vecina y rival costera, cuya liberación en 1820 antecedió a la propia.
Las ideas atraviesan también esa red, y conviene no leerlas como capítulos sucesivos sino como sedimentos que siguen operando bajo la piedra. La lógica extractiva imperial —fundar puertos, controlar rutas, redistribuir cuerpos y metales— explica el esplendor y también la fragilidad: una ciudad de nodo depende de que la red exista. La doctrina defensiva que llevó tres siglos de obra convirtió la piedra en argumento geopolítico, y ese argumento, cuando el Imperio se retiró, quedó hablando solo, como un discurso pronunciado en un salón vacío. La evangelización jesuita, la vigilancia inquisitorial y el sincretismo afrocatólico modelaron una vida religiosa que nunca fue del todo la que la Corona quería. El constitucionalismo temprano de 1812 y el republicanismo pardo pusieron a la ciudad en la vanguardia jurídica del continente antes de que ese continente supiera qué hacer con sus propias vanguardias. La Regeneración, finalmente, mostró que desde la Cartagena empobrecida podía rediseñarse el país entero, invirtiendo la relación entre centro y periferia justo cuando parecía definitiva.
Pocas ciudades en América han cambiado tantas veces de función sin cambiar de plano urbano. Esa terquedad del trazado, que sobrevivió a asedios, colapsos económicos y reconquistas, es lo que permite hoy leer la biografía entera en unas pocas manzanas: las capas se apilan pero no se borran.
Su huella: patrimonio, turismo y las deudas
Cartagena entró al siglo XX como una ciudad pequeña, empobrecida, encogida sobre su muralla. Salió del XX convertida en el principal polo turístico del Caribe colombiano. La transformación descansó, precisamente, sobre lo que la decadencia decimonónica no destruyó: las murallas, los fuertes, el trazado colonial, las iglesias, las casas de balcón. Lo que había sido arquitectura del control imperial y de la extracción esclavista se convirtió, en la mirada del siglo XX, en patrimonio.
La UNESCO inscribió la ciudad amurallada y sus fortificaciones en la Lista del Patrimonio Mundial, y más tarde reconoció al Espacio Cultural del Palenque de San Basilio en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ese doble reconocimiento —la piedra imperial y la resistencia afrodescendiente— hizo justicia, tarde, al carácter dual de la historia cartagenera: no hay muralla sin palenque, no hay Blas de Lezo sin Benkos Biohó, no hay Claver sin el esclavo al que Claver evangelizaba.
Las contradicciones del presente cartagenero son extensiones de esa dualidad. La ciudad es considerada por muchos la más bella de la costa atlántica colombiana y una de las más hermosas del mundo, aunque relatos de viajeros de otras épocas ya habían señalado aspectos menos favorables de su ambiente urbano —el calor, la humedad, la sal, la enfermedad que persistió mucho tiempo—. Sus murallas, sus playas, su arquitectura colonial atraen cada año a millares de turistas. Al mismo tiempo, en el departamento de Bolívar del que es capital ha habido progresos en la reducción del analfabetismo, pero la pobreza ha aumentado, y el mejoramiento en los indicadores de condiciones de vida y desarrollo humano es muy lento. La temperatura media es de 27,5 grados centígrados y sube en las horas medias del día por encima de los 35 a la sombra; el clima que en el siglo XVI incomodó a los conquistadores sigue moldeando la vida cotidiana, hinchando la madera de los balcones y descascarando la cal de las fachadas.
Cartagena termina así en un pliegue que su historia entera anuncia: la ciudad diseñada como nodo del Imperio sobrevive vendiendo la imagen del Imperio a los turistas que pasean por murallas construidas para excluirlos. Cada capa se ve a través de la siguiente. Quien fotografía el Castillo de San Felipe fotografía, sin saberlo, la obra de dos siglos de esclavos, milicianos pardos e ingenieros militares; quien se casa en la Iglesia de San Pedro Claver lo hace junto a los restos del jesuita que bautizaba cautivos recién desembarcados; quien atraviesa la Puerta del Reloj entra por donde entró Morillo y salieron los mártires. El puerto por el que desembarcaron casi doscientos mil africanos es hoy paisaje patrimonial, el arrabal de Getsemaní es distrito de bares y hostales, San Basilio de Palenque es circuito cultural. La ciudad cobra entrada por su propia herida.
Esa acumulación de tiempos superpuestos, más que la belleza o la antigüedad, es lo que hace de Cartagena el espejo concentrado de la historia colombiana. Colombia también es, como su ciudad más fotogénica, una superposición de capas donde la conquista, la esclavitud, la independencia mal saldada, la decadencia decimonónica, la Regeneración autoritaria y la modernización desigual conviven en una misma piedra. Leer a Cartagena en serio —no como postal sino como sujeto— es leer el país entero. Y entender, en la muralla y en el palenque, que ninguna de las dos existe sin la otra.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Ver las 147 restantes
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
42 documentos · 56 fragmentos01Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 951 cita
[1]presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…
p. 95
02Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 691 cita
[2]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…
p. 69
03Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 29, 922 citas
[3]por Pedro de Heredia. En 1535 o 1536 desembarcó allí otro soldado- escritor, Pedro Cieza de León (nacido en Extremadura, España, alrededor de 1518 y muerto allí mismo en 1560). En la primera parte de su Crónica del Perú (publicada en España en 1553) Cieza de León dejó los primeros testi- monios sobre la conquista del…
p. 29
[16]por último, narra cómo la marina de Inglaterra, 36 Soledad Acosta de Samper, Diario íntimo y otros escritos de Soledad Acosta de Samper, ed. de Carolina Alzate, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 2004, p. 562. 98 Sebastián Pineda Buitrago al mando del pirata Vernon, fue vencida por el malherido capitán…
p. 92
04Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 131, 308, 3283 citas
[4]llegó a ser en bre- ve una de las plazas principales del poderío español en América; pero, sobre todo, la primera del Nuevo Reino de Granada. Poblada por gentes ricas y por los empleados del Go- bierno español, desplegó desde un principio el genio alegre y hospitalario, altivo y dominador, algún tanto aristocrático en…
p. 131
[14]después el morro de la Popa y las blancas torres de la Catedral nos anunciaron la apro - ximación de la Ciudad Heroica. Luego se dibujó esta en su totalidad; pasamos delante de la muralla y de la esco- llera de Bocagrande; recorrimos el costado oriental de la isla de Tierrabomba, en rumbo hacia el sur, y penetrando…
p. 328
[48]de Venezuela envenenados con el re- cuerdo de las crueldades de Boves y Morales. La huma- nidad recobró sus derechos cinco meses más tarde en el tratado de regularizaron de la guerra celebrado entre Bo- lívar y Morillo. Despejado así el Magdalena, Santa Marta y Carta- gena, ocupadas aún por fuerzas españolas…
p. 308
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2192 citas
[5]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
[6]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
06Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1212 citas
[7]españoles tenían como objetivo principal albergar a la élite dominante, primero a los conquistadores, luego a los sacerdotes y a la burocracia de las monarquías y finalmente a los servidores blancos e indígenas de las tres élites. Su localización en el territorio siguió primero la necesidad de ocupar las bahías más…
p. 121
[8]principal albergar a la élite dominante, primero a los conquistadores, luego a los sacerdotes y a la burocracia de las monarquías y finalmente a los servidores blancos e indígenas de las tres élites. Su localización en el territorio siguió primero la necesidad de ocupar las bahías más adecuadas para establecer puertos…
p. 121
07Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 62, 672 citas
[9]norte, por el archipiélago sobre el cual está construida la ciudad de Cartagena; esta rada se desa - rrolla en un magnífico semicírculo que penetra mucho en el interior de la costa. Podría contener flotas enteras, pero allí no había sino miserables canoas. Sobre las colinas, en donde esperaba distinguir algunas…
p. 62
[13]la anchura de un golfo estrecho, y puede comunicarse con esos diversos puntos más rápidamente que todas las otras ciudades de la República; su rada es una de las más bellas del mundo entero y muy fácilmente podrían cavarse en ella diques flotantes o de carena, nece - sarios hoy en todos los grandes puertos…
p. 67
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 27, 952 citas
[10]d u ra n te la Colonia. G racias a su puerto fortificado y a su proxim idad al istm o de Panam á, d o n d e ag u ard ab a la plata peruana, C artagena llegó a ser paso obligado para las flotas españolas que transportaban los tesoros am ericanos. La ciu d ad abastecía de alim entos y vituallas a las naves peninsulares…
p. 27
[23]la región que concurrían a ofrecer alim entos y otros servicios a la tripulación. D urante la década de los años 1770, la población cartagenera osciló alrededor de los 12.000 habitantes. A u n q u e la bien protegida bahía de C artagena le b rindaba gran d es ven ta jas com o puerto, el desarrollo de un centro de…
p. 95
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 297, 327, 4303 citas
[11]prestara para ello. Otros lugares como Tol ú, tambi é n poseyeron algunas defensas. La Costa Pac í fica con una menor importancia portuaria, por lo dif í cil de í camino de Bue naventura a Cali, no jug ó papel significativo por no interesar a Es pa ñ a su desarrollo ni a los piratas su ataque, que com ú nmente solo…
p. 430
[19]de “ tres por dos ” 5 muleques de. “ tres por dos ”, 3 muleques ‘ ‘ dos por uno ”, 42 negros y negras “ piezas de india ” y. 35 negros “ piezas ” 2 a. ¡ ^ É lgraii c omer c io de es c lavos en Cartagena y otros puertos neogranadi- rSos - c omo Santa Marta y Rio h a ch a pone de mani f iesto la de c isiva parti c i pa…
p. 297
[31]COLOMBIA Principales Palenques • ✓ Zona de Palenques 342 LA ESCLAVITUD Y LA SOCIEDAD ESCLAVISTA '. • v ci ó n y destrucci ó n de esta comunidad, pero los palenqueros resis tieron los ataques y en no pocas ocasiones pusieron en serio peligro la seguridad del puerto. Las relaciones con este palenque y algunos- otros…
p. 327
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 150, 2222 citas
[12]Pacífica con una menor importancia por- tuaria, por lo difícil del camino de Buenaventura a Cali, no jugó papel significativo por no inte- resar a España su desarrollo ni a los piratas su ataque, que comúnmente sólo llegó hasta los puertos del extremo sur de América. La defensa de Cartagena implicó el tanteo de varias…
p. 222
[20]también se destacaron los funciona- nos, las comunidades religiosas y los artesanos. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de los 425 compradores 31 adquirieron 10 o más esclavos y solamente uno compró más de 100. Esto hace evidente cierta amplitud de la trata, si bien esos 31 compradores adquirieron el 55.5%…
p. 150
11Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 4751 cita
[15]arrojando 300 bombas sobre la ciudad. Conoce la entrada de la bahía que está defendida por los castillos más recios del Caribe. Sabe de sus murallas, que son el orgullo de España en el Nuevo Mundo. Pero, después de todo, es la misma Cartagena que asaltó Pointis, y ahora no hay, adentro de las murallas, sino 4. 000…
p. 475
12Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1221 cita
[17]lanza contra los pueblos desprevenidos de la costa meridional del Pacífico. En uno solo de los barcos que haya surcado en Valparaíso, obtiene 37.000 ducados. Saquea a Tarapacá, Coquimbo y Lima y tras de — 121 — dar la vuelta al Globo regresa a Inglaterra lleno de fama, de oro y de leyenda. Pero a pesar de las hazañas…
p. 122
13La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 271 cita
[18]puertos americanos ingresaron en esos años alrededor de 600 000 esclavos, de los cuales el mayor número, 196 000, lo hizo por Cartagena. Según el historiador Germán Peralta, en el período de poco más de medio siglo que va de 1580 a 1640, en el que Cartagena tuvo su mayor esplendor y crecimiento, entraron por este…
p. 27
14Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 38, 492 citas
[21]de Popayán como centro del tráfico, allí se dejaron numerosas pa- tentes, casi todas en el original. Algo semejai1te debía ocurrir en los centros mineros y en algunas ciudades que tocaban los mercaderes de la carrera 23 • Las patentes enumeran uno por uno los esclavos vendidos y mencio- nan, además del precio de…
p. 49
[22]administrativos. Entre 1595 y T 1640, cuando la trata dependió de la unidad de las coronas española y por- ~; fuguesa, las cifras pactadas con los asentistas portugueses arrojan una es- l tiñlaéión inicial que puede controlarse con las cargazones pr-obables de barcos autorizados para pasar a las Indias y,…
p. 38
15Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3281 cita
[24]mismo un lote de 31 esclavos, a razón de 260 pesos la pieza126, lo cual indica que el precio debía ser más bien de 3 0 0 pesos. Más al interior, en Mariquita, un comerciante de esclavos, Fran cisco García de la Jara, vendió en 1590 una partida de 28 esclavos a Juan Martín, vecino de Vitoria. Más tarde se alegó que los…
p. 328
16Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2971 cita
[25]of its inhabitants were white; . percent, free people of color; . percent, slaves; . percent, ecclesiastics; and . percent, In- dians (Meisel and Aguilera, ‘‘Cartagena de Indias,’’ ). . Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n; Bossa, Cartagena independiente, . . Padrón del barrio de Sto. Thoribio, año…
p. 297
17Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2971 cita
[26]of its inhabitants were white; . percent, free people of color; . percent, slaves; . percent, ecclesiastics; and . percent, In- dians (Meisel and Aguilera, ‘‘Cartagena de Indias,’’ ). . Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n; Bossa, Cartagena independiente, . . Padrón del barrio de Sto. Thoribio, año…
p. 297
18Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 821 cita
[27]left.” 46 People of African descent performed most of the labour in the city and its hinterlands. Cartagena was a major port and political and military centre and, like most of New Granada, agricul - tural production was for consumption within the colony. By contrast to other major sites of enslavement in the…
p. 82
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 901 cita
[28]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
20Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 347, 3492 citas
[29]de Cartagena, puerto de entrada de negros esclavos para el reino y ade - más escenario de zambajes y mulatajes, se toleró un sitio de poblamiento con un estatus superior al de los palenques y las rochelas. Se trataba del arrabal de Getsemaní, situado fuera de la muralla de la ciudad, en el que se toleraba el…
p. 347
[39]a los pardos indica que en esta provincia los obstáculos sociales a la incorporación inmediata de los pardos al cuerpo ciudadano fue menor que en otras de fuerte presencia de negros esclavos, como Popayán. Mauricio José Romero —diputado por la provincia de Cartagena ante la Conven - ción Constituyente de 1832 que…
p. 349
21Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[30]constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…
p. 393
22Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 891 cita
[32]propios 55 Palacios de la Vega, Joseph, op. cit., pág. 75. 90 Bíndice Cnrdif Cnianonv de las naciones africanas. En estos se invocaban fuerzas mágico-sagradas portadoras de poderes que otorgaban determinados beneficios. Para estos trabajadores forzados, el mundo real tenía su paralelo con otro mundo, abstracto,…
p. 89
23Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 61 cita
[33]a un judaizante; el segundo, de aquellas que podrían delatar a un mahometano; el tercero se refería a los luteranos; el cuarto, a los alumbrados, secta mística desarrollada en España en el siglo; el quinto, a otras herejías, como blasfemias, brujerías y XVI satanismo; el sexto, a delitos sexuales, como la prostitución…
p. 6
24Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 450, 4662 citas
[34]proceso cerámico, sorteando las dificultades que implicó el uso de materiales y técnicas de fabricación propias de una tradición europea implantada en territorio americano, entonces con una mano de obra africana. De esto resultó la consolidación de una tradición (aunque adoptada por la sociedad criolla) que logró…
p. 450
[35]una identidad nacional volcada hacia la unidad católica. El santo representaba los valores de la evangelización, es decir, la misión universalista del catolicismo, como agente “unificador” del país. Bibliografía complementaria Aristizábal, Tulio. El templo de San Pedro Claver en Cartagena. Bogotá: Editorial Kimpes,…
p. 466
25The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1121 cita
[36]Bogotá (an encomienda was a grant made by the crown, in which a Spaniard received the right to collect tribute, paid in labor and in goods, from a specific group of Indians). Yet priests received goods and labor from Indians too, and also meted out punishments, meaning that when a voice from the pulpit called for…
p. 112
26La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 1521 cita
[37]de la Independencia. Bogotá: I/M, 2000, p. 25. 22 Sosa Abella, Guillermo. Representación e independencia 1810-1816. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2006, pp. 139-144. 23 Caballero, Diario de la Independencia..., p. 26. 24 Diario Político de Santafé, n.º 24, tomo 1, 24 de noviembre de 1810. La…
p. 152
27Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[38]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
28Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 1831 cita
[40]Frencb Raolution. 4.-Fo, the rheto.ical use ofthe sovereign people as an actor' see Guerra, Modernidad e independenctas, 35r. i. "Itrr..t..iott.s que deber6 observarse en las elecciones parroquiales' en las de partido y en las capitulares, para el nombramiento de diputados en la supremaJunta de ia provincia de…
p. 183
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1121 cita
[41]padres de familia de cada parroquia, para que el 11 de fe- brero de 1811 eligieran diputados al Colegio Electoral Constituyente. La Constitución, de cor- te monárquico-republicana, fue aprobada el 30 de marzo de 1811 y promulgada por el presiden- te Jorge Tadeo Lozano el 4 de abril de ese año. Mediante el Acta de…
p. 112
30Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2811 cita
[42]ahora reñía 16 años de edad, y la pidió formalmente en matrimonio. Y Tomasa, otra hija, se casó con el distinguido cartagenero Lázaro María de Herrera, de impecable proceder durante la revolución. ¿Cómo podían permitir estos caballeros ningún mal a su suegra? Algo parecido le esraba ocurriendo también a los Gutiérrez…
p. 281
31Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 27, 1452 citas
[43]una negociación de paz, a proponer una capitulación? Muchos individuos -conti- nuaba-, de los más comprometidos, me propo- nían un cuarto partido, si merece llamarse tal la miserable resolución de quedarme en la capi- tal, llamar al enemigo y aplacarlo, rindiéndole armas a discreción. Por más increíble que esto…
p. 27
[54]arrojados por la fatalidad sobre un rebaño indefenso. Así cayó él (Núñez) sobre la República". Rafael Núñez 161 Un hecho profundamente humano, y de una elocuencia gigante en la vida del Regenerador, lo constituyó su amor por Soledad Román, el que tuvo suficiente autonomía y significado en la existencia de este hombre…
p. 145
32El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4111 cita
[44]reconocer la nueva Constitución; se hacía inevitable una guerra civil. Bolívar debió someter la ciudad [de Cartagena]. Con dos mil hom- bres se dirigió otra vez a la costa para atacar nuevamente a los españoles. Pero sus fusiles no pasaban de quinientos, 205 Antonio Ricaurte Lozano (1786-1814), militar neogranadino,…
p. 411
33Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 1591 cita
[45]no tenían atribuciones en asuntos militares y que los oficiales del ej ército debían obedecer las órdenes del comando nacional, no del gobierno local. Durante el involuntario retraso, el número de soldados de que disponía Bolívar, que a la sazón estaban estacionados en Mompós, comenzó a declinar a causa de…
p. 159
34¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 511 cita
[46]biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…
p. 51
35Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 281 cita
[47]dia a los nativos lares. Como es de suponer, cuando finalmente el ge- neral Morillo y sus tropas penetraron en la ciudad, 859 lo que encontraron fue el mas macabro de los es- pectaculos: cadaveres, ruina, miseria, muerte por todas partes. Don Lino de Pombo, testigo presencial del asedio, y otros coeténeos, como el…
p. 28
36Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 6331 cita
[49]e s m e rc a n tile s, p o r lo q u e lo s c o m e rc ia n te s c o n fre c u e n c ia se a tra s a b a n e n sus re g is tro s c o n ta b le s. L a C á m a ra de C o m e rc io de C a rta g e n a n o m b r ó en 1917 u n a c o m is ió n, en ca be za d a p o r C a rlo s d e l C a s tillo de la E., p a ra q u e c o n ju…
p. 633
37Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1651 cita
[50]y activas se estaban yendo o se habían ido a otros sitios de mayor movimiento (Santa Marta, Panamá y Barranquilla) y a los pueblos de las sabanas de Bolívar, especialmente El Carmen y Corozal donde empeza- ba a intensificarse la antigua siembra de tabaco para exporta- ción. La crisis se palpaba en la pobreza y miseria…
p. 165
38Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3371 cita
[51]el frangipán, la fragancia de los rosales, y el alucinante aroma del borrachero, la herramienta más poderosa del chamán, la más encantadora de todas las plantas ornamentales, admirada y respetada por todos los colombianos. Los umbrales que conforman la fachada del gran paseo costero se abren para revelar a un grupo de…
p. 337
39The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 331 cita
[52]the expense of older locales. The most dramatic example of this reallocation of population was the emptying of the walled colonial stronghold of Cartagena and the growth of the hamlet of Barranquilla to become the country’s third-largest city. Population movements often ex- acerbated interurban rivalries between…
p. 33
40El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[53]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
41Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 591 cita
[55]un 20% con respecto a 1991 y el area en pastos ha aumentado en un 7%, Ha habido progresos en la reduccion del analfabetismo, pero la pobreza ha aumentado, y se observa un muy lento mejoramiento en los indica- dores de condiciones de vida y desarrollo humano en general. Las tasas de crecimiento demografico.…
p. 59
42Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[56]Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…
p. 352