Idea · Crisis y narcotráfico
Investigación Acción Participativa
Método de producción de conocimiento nacido en Colombia hacia 1970 que propone que el investigador se inserte en la comunidad, adopte su perspectiva y construya con ella una ciencia propia capaz de contrarrestar el colonialismo intelectual. Concebida por Orlando Fals Borda, es una apuesta epistemológica y política que atraviesa medio siglo de historia colombiana.
Trayectoria de una idea
- 1960
Semilla académica en la Universidad Nacional
- 1970
Nacimiento formal de la IAP en la Costa colombiana
- 1973
Primer laboratorio: la ANUC y los baluartes de la Costa Atlántica
- 1983
Sistematización teórica: 'Ciencia Propia y colonialismo intelectual'
- 1985
Reflexión metodológica: 'Por la praxis'
- 1991
La gramática de la IAP entra a la Constitución
- 1998
Institucionalización y mutación: difusión global, pérdida de aristas fundacionales
La lectura
La Investigación Acción Participativa nació como un acto de ruptura: la decisión de un grupo de intelectuales colombianos de abandonar los claustros universitarios colonizados por la cultura euroamericana para producir conocimiento desde adentro de las comunidades campesinas e indígenas, no sobre ellas. Su núcleo metodológico —la observación militante, la horizontalidad entre saber científico y saber popular, la construcción de una ciencia propia— fue al mismo tiempo una teoría del conocimiento y una posición política que Fals Borda inscribió en la tradición del socialismo humanista. En los años setenta, la IAP acompañó las movilizaciones de la ANUC en la Costa Atlántica y los procesos de recuperación territorial del CRIC en el Cauca, probándose a sí misma en territorios concretos donde el investigador compartía los riesgos del campesino que lo hospedaba. La violencia de los años ochenta y noventa la sometió a su prueba más dura: el exterminio sistemático de los dirigentes comunitarios que eran sus interlocutores naturales instaló un miedo estructural que inhibió la participación y dejó al método sin buena parte de sus sujetos colectivos. Su paradoja final es que la Constitución de 1991 consagró su gramática —participación, pluralismo, reconocimiento multicultural— en el mismo período en que la violencia desmontaba los movimientos que le habían dado vida, convirtiendo a la IAP en un vocabulario oficial que sobrevivió, difundido por el mundo, a los procesos que le habían dado su filo original.
La Investigación Acción Participativa —IAP para el gremio, para los campesinos de la Costa y los cabildos del Cauca, para las oficinas de cooperación internacional que la citan hoy sin sospechar su filo original— es un método de producción de conocimiento nacido en Colombia hacia 1970 que propone algo aparentemente sencillo y en el fondo insurgente: que el investigador no observe a la comunidad desde afuera, sino que se inserte en ella, adopte su perspectiva y construya con ella una ciencia propia capaz de contrarrestar el colonialismo intelectual. No es una técnica de encuesta ni un manual de trabajo social. Es una apuesta epistemológica y política concebida por Orlando Fals Borda y un grupo de intelectuales que rompieron con la sociología académica para trabajar codo a codo con la ANUC en Córdoba, con los baluartes campesinos de la Costa Atlántica, con los indígenas del CRIC. Su vida colombiana atraviesa medio siglo y una violencia intensa: entre 1982 y 1998, mientras el narcotráfico y el paramilitarismo desmontaban a sus interlocutores comunitarios más lúcidos, la IAP se transformó, se institucionalizó, entró a la Constitución de 1991 vestida de democracia participativa y salió del período convertida en algo distinto —difundida por el mundo, canonizada en las universidades, pero despojada, en buena parte, de las aristas que Fals Borda había reconocido como fundacionales.
La semblanza
La IAP no es una escuela sociológica más ni un tecnicismo metodológico. Es una manera de estar en el mundo académico —o, mejor, de rehusarse a estar en él bajo sus términos convencionales— que combina tres exigencias simultáneas: producir conocimiento riguroso, transformar la realidad estudiada y hacerlo desde adentro, como miembro voluntario de la comunidad y no como director externo.
En su formulación falsbordiana, la IAP sustituyó la observación participante clásica de la etnografía por lo que llamó observación militante: una inserción del investigador que no oculta su compromiso, sino que lo asume como condición del conocimiento. Fals Borda atribuyó el desarrollo del enfoque a autores marxistas —Lenin, Mao, el general vietnamita Vo Nguyen Giap—, lo que revela desde el nacimiento el tono de la operación: no una sociología aplicada a los pobres, sino una teoría del conocimiento pensada desde una posición de combate intelectual contra el orden dominante.
Su núcleo epistemológico es la relación horizontal entre el conocimiento científico y el conocimiento popular. La IAP sostiene que ambos deben converger hacia una ciencia propia —título de uno de los libros más citados de Fals Borda, publicado en Bogotá en 1983—, capaz de contrarrestar el colonialismo intelectual que subordina la academia latinoamericana a marcos teóricos europeos y norteamericanos. Pensar con y no sobre las prácticas y discursos populares: en esa preposición mínima se juega todo el desplazamiento. El investigador abandona su rol de académico externo, reorienta sus marcos de referencia hacia los sentimientos y la vida de la comunidad, y renuncia a ser el único agente que define objetivos y métodos del trabajo.
Su importancia histórica en Colombia es doble. Fue el vehículo intelectual con el que una generación de sociólogos, sacerdotes, economistas y activistas acompañó las movilizaciones campesinas e indígenas de los años setenta, y fue también, tres décadas después, uno de los referentes menos nombrados pero más presentes en el vocabulario participativo de la Constitución de 1991. Entre esas dos orillas transcurrió su vida colombiana, y entre ellas se produjo su mutación más profunda.
Los orígenes
La IAP no surgió por generación espontánea. Su prehistoria está en el Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, donde Fals Borda y el sacerdote Camilo Torres Restrepo colaboraron en los primeros años sesenta en el diseño del currículo y en los grupos de trabajo que definieron la orientación de la disciplina en Colombia. El 5 de agosto de 1960, en una sesión de cuatro horas del comité consultivo del departamento, se conformó un grupo de trabajo con Fals Borda, Torres, el economista Aníbal Quijano y Andrew Pearce, que aprobó un currículo de sociología de tres años. Aquella sesión importa porque allí se cocinó, entre café y borradores, la mezcla que años después alimentaría la IAP: la sociología como saber comprometido, la voluntad de mirar América Latina con categorías propias, la sospecha frente a los modelos importados.
De ese suelo académico salió también la primera obra colombiana que hizo temblar la línea entre investigación y compromiso: La violencia en Colombia, publicada como Monografía No. 12 de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, coescrita por Fals Borda con el sacerdote Germán Guzmán y el abogado Eduardo Umaña Luna. El libro convirtió el fenómeno de la violencia colombiana —el bipartidismo desangrado de los años cincuenta— en objeto de análisis sociológico serio y en denuncia pública. Fue el ensayo general de una sociología que ya no aceptaba el papel neutral que la disciplina se había asignado a sí misma.
El salto propiamente iapista, sin embargo, ocurrió afuera del claustro. Fals Borda situó el nacimiento de la IAP hacia 1970, simultáneamente en la Costa colombiana y en regiones campesinas de India y Brasil. La palabra clave es afuera. Una de las razones fundacionales del método —él mismo la formuló así, con una autocrítica que casi es coquetería— fue protestar contra la rutina universitaria colonizada por la cultura del Occidente euroamericano, que impedía descubrir y valorar las propias realidades latinoamericanas. Trabajar fuera de los claustros no fue accidente ni exilio: fue estrategia deliberada de independencia frente a una academia que Fals Borda consideraba estructuralmente incapaz de producir el tipo de conocimiento que Colombia necesitaba.
Detrás de esta decisión había también una identidad ideológica que Fals Borda asumió y refrendó públicamente. Gerardo Molina, dirigente político e intelectual, lo catalogó como socialista humanista en su libro clásico sobre las ideas socialistas en Colombia, y el propio Fals Borda reconoció esa etiqueta como marco de sus preocupaciones —la preferencia por la democracia, la participación, la dignidad de los saberes populares— y como razón de su participación en la articulación temprana del método. La dedicatoria que en 2008 escribió al reeditar La subversión en Colombia, en memoria de Camilo Torres Restrepo, "fundador del Socialismo Raizal e impulsor de los primeros esfuerzos para alcanzarlo en Colombia", muestra cuán tenaz fue esa autoubicación política a lo largo de cuatro décadas. El giro no era retórico: al llamarse socialista humanista, Fals Borda estaba marcando distancia de dos vecinos incómodos, el marxismo de manual y el reformismo tecnocrático, y reclamando un lugar propio en el que la revolución cultural precede y sostiene a la política. La IAP fue, entre otras cosas, la traducción metodológica de esa ubicación: un modo de hacer ciencia que exigía tomar partido sin someterse a partido.
La trayectoria
Los años setenta: la IAP en la Costa
El primer laboratorio fue la Costa Atlántica. En 1973 apareció Capitalismo, hacienda y poblamiento en la Costa Atlántica, obra que Fals Borda concibió como el primer intento documental y pedagógico dirigido al campesinado costeño, y que sería semillero de los cuatro tomos posteriores de la Historia doble de la Costa. El libro nació entretejido con un movimiento social específico: la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, creada el 7 de julio de 1970 al final del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, y que llegó a contar con entre 800.000 y 845.000 usuarios inscritos según distintas estimaciones.
La IAP funcionó en la Costa como método y como praxis simultáneas. Los llamados baluartes de autogestión campesina —también denominados empresas comunitarias populares— fueron el dispositivo organizativo donde el método aterrizó. La ANUC de Córdoba publicó en 1973 los estatutos modelo para formarlos, y en 1974 preparó un folleto explicativo. La Fundación del Caribe, vinculada al mismo entorno intelectual, elaboró ese año reflexiones sobre la situación de los experimentos autogestionarios. Ahí, entre Montería, Sincelejo y San Andrés de Sotavento, la IAP se probó a sí misma: los investigadores no llegaban con cuestionarios, sino con la disposición de aprender la historia local, devolverla convertida en material formativo y acompañar procesos concretos de recuperación de tierras y organización comunitaria. El acompañamiento tenía una consecuencia poco reconocida: el investigador quedaba expuesto a los mismos riesgos que el campesino que lo hospedaba. Esa exposición compartida, más que cualquier tratado epistemológico, era la garantía material de que la horizontalidad no fuera un adorno del discurso.
La Historia doble de la Costa —cuyos cuatro tomos aparecerían entre finales de los setenta y mediados de los ochenta— es la obra en que Fals Borda llevó al extremo su propuesta metodológica. Tiene dos canales narrativos paralelos: uno con el relato accesible al lector no especializado, otro con los datos, notas y aparato erudito. Fals Borda defendió allí el uso declarado de la imaginación y de la ideología como práctica científica legítima. Imaginó al pueblo Zenú de Jegua cuando llegaron los Heredia; llamó Mascachochas al general Tomás Cipriano de Mosquera y fabuló una brigada aérea de mariapalitos venenosas mordiéndolo en una ceremonia masónica en Cartagena. No eran licencias literarias: eran demostración práctica de que la imaginación controlada, cuando se la reconoce y se la sitúa, puede formar parte del método científico sin traicionarlo.
1982-1998: la mutación bajo el fuego
Aquí la historia se vuelve más difícil de contar sin traicionar sus tensiones. La IAP entró a los años ochenta como método consolidado, con una red de practicantes en varias regiones, con vínculos internacionales fuertes —Anisur Rahman, Paulo Freire, las redes de educación popular— y con una influencia creciente en universidades y ONG. Salió de los años noventa siendo otra cosa: más difundida, más institucionalizada, más visible en el vocabulario oficial, pero también decapitada en muchos de sus territorios originarios.
La violencia paramilitar y guerrillera de esas dos décadas fue el gran fenómeno que reconfiguró la IAP sin que sus practicantes tuvieran los recursos para procesarlo teóricamente en tiempo real. En los Montes de María, en el resguardo de San Andrés de Sotavento —el mismo territorio que había sido laboratorio del método en los setenta—, los campesinos e indígenas que habían recuperado tierras a comienzos de esa década las vendieron a finales de los ochenta a los mismos terratenientes contra quienes habían luchado. La reversión no fue casual ni pacífica: fue el resultado del cerco combinado de guerrillas, paramilitares y presión terrateniente. El movimiento campesino de los setenta había sido visto simultáneamente como amenaza revolucionaria por élites propietarias y como base a controlar por guerrillas, y esa doble presión terminó desmontando físicamente los logros organizativos. Los investigadores que habían acompañado el ciclo ascendente se encontraron, una década después, escribiendo elegías de procesos que ellos mismos habían ayudado a levantar. El género literario cambió sin que el método tuviera tiempo de reformularse: de la cartilla formativa se pasó al informe de derechos humanos, y de la sistematización de experiencias a la denuncia de asesinatos.
El exterminio de la Unión Patriótica —reconocido como genocidio político por jueces del proceso de Justicia y Paz en diciembre de 2012, y por el presidente Juan Manuel Santos en septiembre de 2016— tuvo un efecto epistémico sobre la IAP que rara vez se nombra en esos términos. La UP no era solo un partido: era también, en muchas regiones, el conjunto de dirigentes comunitarios, sindicales y campesinos que constituían los interlocutores naturales del método participativo. Su asesinato sistemático instaló en el imaginario colectivo la percepción de que los movimientos y partidos alternativos ya no eran viables, y produjo un miedo estructural que inhibió la participación política y la formación de nuevos cuadros. La IAP quedó sin buena parte de sus sujetos colectivos. El investigador militante podía seguir queriendo insertarse en la comunidad, pero la comunidad organizada —esa que había firmado los estatutos de los baluartes, que había recuperado hectáreas, que había levantado cabildos— estaba siendo asesinada.
A este vaciamiento se sumó otro proceso, en apariencia opuesto pero convergente en sus efectos: la institucionalización. La Constitución de 1991 consagró desde su artículo primero que Colombia es una democracia participativa y pluralista, y estableció como uno de los fines primordiales del Estado facilitar la participación de todos los ciudadanos en las decisiones que los afectan. Introdujo mecanismos de participación directa —la tutela, las acciones populares, la iniciativa popular legislativa—, consolidó el proceso de descentralización iniciado en 1986 con la elección popular de alcaldes, y creó dos escaños adicionales en el Senado para representantes indígenas junto a los cien miembros de la circunscripción nacional.
El vocabulario constitucional era, en muchos aspectos, tributario del léxico que Fals Borda y sus compañeros habían venido puliendo desde los setenta. La perspectiva de la Asamblea Nacional Constituyente animó a grupos insurgentes como el Quintín Lame, el PRT y el EPL a acelerar negociaciones y desmovilizarse en 1990-1991 para participar en su formulación. La participación ciudadana por fuera de los cauces constitucionales establecidos contribuyó también al proceso. La IAP no se firmó en Constitución, pero su gramática —participación, saberes populares, reconocimiento pluriétnico, ciudadanía activa— quedó inscrita en la carta.
Y sin embargo, la propia inscripción constitucional planteó lo que Fals Borda formuló como pregunta abierta: si la creciente institucionalización de la IAP en universidades y en el Estado del Tercer Mundo representaba un avance o un retroceso. Su respuesta, cuidadosa, fue que en ese proceso se perdían un poco sus aristas de nacimiento —su carácter de rebelión intelectual, su condición de trabajo fuera de los claustros, su propósito de ciencia propia anticolonial—, aunque la difusión era quizás inevitable cuando una idea demostraba su valor. La eficacia posterior lo confirmaría. La revocatoria del mandato, esa figura pensada para que la ciudadanía pudiera desmontar a un alcalde que traicionara su programa, se intentó ciento treinta y dos veces entre 1991 y 2012, en ciento diez municipios y dos departamentos, sin conseguir jamás su propósito. La iniciativa normativa territorial, ese cauce por el que un grupo de ciudadanos podía proponer y sacar adelante una norma, solo se abrió camino en una de las siete ocasiones en que se intentó. Los mecanismos existían: los ciudadanos los usaban, las oficinas los tramitaban, los abogados los explicaban en manuales. Pero la insurgencia epistémica que los había concebido —la desconfianza radical frente a la representación política, la apuesta por saberes populares capaces de disputar el sentido común dominante— no había pasado con ellos al texto legal. Lo que quedaba en la ley era la carcasa procedimental de una idea a la que se le había extraído su carga combustible.
Su red
La IAP no fue nunca obra de un hombre, aunque Fals Borda haya sido su figura visible. Su red intelectual y organizativa atravesó geografías, oficios y generaciones, y conviene recorrerla despacio, no como listado sino como el mapa de un pensamiento que necesitaba de muchas manos para no colapsar en la biografía de su fundador.
En la academia colombiana, el núcleo inicial fue el que se reunió en el Departamento de Sociología de la Universidad Nacional a comienzos de los sesenta. Además de Fals Borda y Camilo Torres Restrepo, Aníbal Quijano estuvo entre los que discutieron el currículo fundacional, y llevaría luego a Perú una versión propia del programa, injertada en su teoría de la colonialidad del poder. Andrew Pearce aportó una perspectiva británica en clave latinoamericanista. De ese círculo salieron, en distintas direcciones, algunas de las apuestas más originales de la sociología del continente.
Cuando la academia se volvió estrecha, Fals Borda y sus compañeros fabricaron su propia infraestructura. La Rosca de Investigación y Acción Social —colectivo en el que trabajó con Víctor Daniel Bonilla, Gonzalo Castillo Cárdenas y Augusto Libreros— fue el espacio donde el método se probó fuera de la universidad, con los baluartes campesinos, con procesos indígenas y con obreros. La Rosca funcionó como la infraestructura extraacadémica que la IAP requería por definición: un lugar desde donde acompañar, sistematizar y devolver conocimiento sin depender de los ritmos ni de los criterios universitarios. Que un grupo de intelectuales tuviera que inventar su propio nombre —una palabra que en el habla popular colombiana significa a la vez círculo cerrado y grupo de amigos que se protegen— para poder trabajar, revela cuánto de la IAP fue también una operación de supervivencia gremial.
En el mundo indígena la relación fue tensa y productiva. El Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, mantuvo con la ANUC vínculos difíciles en torno a la representación y orientación del movimiento indígena. La escisión entre el CRIC y AISO —Autoridades Indígenas del Suroccidente—, en medio de debates sobre si la acción política indígena debía estar liderada por autoridades propias en un proceso de recuperación de formas de gobierno tradicionales, ocurrió con participación activa de intelectuales que se movían en el horizonte de la IAP. Los resultados fueron tangibles. En su primera década, el CRIC recuperó treinta mil hectáreas de antiguos resguardos, reconstituyó cabildos en varios municipios del Cauca y montó una economía comunitaria menuda pero real: cerca de cincuenta tiendas comunales y veinticinco empresas colectivas, tejidas en un territorio donde el mercado había funcionado durante décadas como un mecanismo de despojo cotidiano. La cifra importa menos por la contabilidad que por lo que dice sobre la escala: no eran laboratorios pilotos ni experiencias demostrativas, sino la reconstrucción paciente de una infraestructura económica indígena desde abajo. La formación política —talleres, seminarios sobre legislación indígena, cartillas, metodologías de trabajo comunitario— fue valorada por los propios protagonistas como eje que después se proyectó a otros campos organizativos. La metodología de alfabetización liberadora, vinculada a la pedagogía del oprimido de Paulo Freire, se aplicó en talleres donde palabras clave como camino articulaban el aprendizaje con la acción colectiva concreta.
En el mundo eclesial-institucional, la pieza clave fue el CINEP, Centro de Investigación y Educación Popular. Surgió de los CIAS —Centros de Investigación y Acción Social— que los jesuitas organizaron en América Latina, y que en Colombia adoptaron el nombre CINEP. En 1976 su sede en Bogotá fue allanada y los sacerdotes Luis Alberto Restrepo y Jorge Arango fueron detenidos, acusados de pertenecer al ELN: el episodio marca hasta qué punto los años setenta habían radicalizado la línea divisoria entre trabajo social católico y sospecha estatal. El CINEP fue instrumental en la creación en 1982 de la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, ASFADDES —la primera organización colombiana de familiares de víctimas de violaciones de derechos humanos, que se independizó en 1984—, y desarrolló vínculos con las Madres de la Plaza de Mayo a través de las redes eclesiales del Cono Sur. Desde 1987 mantiene, además, un banco de datos que registra y sistematiza eventos del conflicto armado colombiano a partir de fuentes de prensa nacional y regional, base del proyecto Noche y Niebla y una de las referencias centrales para el análisis del conflicto.
En el mundo internacional, la IAP se cruzó con la pedagogía del oprimido de Paulo Freire, con la teoría de la dependencia y con la teología de la liberación. Anisur Rahman fue interlocutor clave desde Bangladesh, y su presencia recuerda que la IAP nunca fue solamente colombiana: nació de una constelación tercermundista en la que Asia, África y América Latina buscaban simultáneamente métodos de conocimiento no tutelados por el Norte. Esas cuatro corrientes —IAP, Freire, dependencia, liberación— contribuyeron a una transformación en la relación entre sujetos investigadores e investigados, cuestionando el esquema en que el investigador era el único involucrado en la definición de objetivos y métodos.
Los lugares son parte de la red y merecen figurar con nombre propio. Montería y San Andrés de Sotavento, en Córdoba, fueron la geografía inaugural, donde la palabra baluarte dejó de ser militar para volverse campesina. Los Montes de María, entre Sucre y Bolívar, fueron el escenario de las recuperaciones campesinas y, más tarde, de su reversión brutal. El Cauca aportó sus cabildos reconstituidos y su pedagogía indígena. Cartagena fue el escenario donde Fals Borda situó la fábula masónica de Mosquera y donde imaginó a los Zenú recibiendo a los conquistadores. Saboyá y Chiquinquirá, en Boyacá, fueron regiones donde educadores populares como Lola Cendales adaptaron el método a otros contextos rurales. Y las oficinas urbanas —Bogotá sobre todo— fueron el taller donde el CINEP, la Rosca y las editoriales alternativas convirtieron años de trabajo de campo en libros, cartillas y bancos de datos.
Su huella
Al cerrar los años noventa, la IAP era una entidad escindida. En el plano internacional se había convertido en referencia canónica: universidades europeas y norteamericanas la enseñaban, agencias de cooperación la incorporaban a sus manuales, tesis doctorales la analizaban. Fals Borda mismo publicó en Bogotá dos libros que sistematizan el método: Ciencia propia y colonialismo intelectual (1983) y Por la praxis: el problema de cómo investigar la realidad para transformarla (1985). La IAP, junto con Freire, se convirtió en una de las contribuciones latinoamericanas más citadas al pensamiento social del siglo XX.
En el plano colombiano, la huella es más ambigua. Por un lado, el vocabulario de la Constitución de 1991 —participación, saberes, ciudadanía activa, reconocimiento pluriétnico— es en parte deudor del programa iapista, y los mecanismos participativos consagrados en 1991 son la forma institucional de una intuición que Fals Borda había venido puliendo desde los setenta. Por otro lado, la práctica insurgente que la IAP encarnó en sus primeros años —la observación militante, el trabajo fuera de los claustros, la construcción de ciencia propia contra el colonialismo intelectual— se diluyó en su propia difusión. La ONGización de los años noventa —el paso de colectivos militantes a organizaciones profesionalizadas con financiación internacional, ciclos de proyectos y lenguaje de indicadores— fue la forma concreta que tomó esa dilución. La IAP sobrevivió como método; su vocación subversiva quedó rezagada.
La lectura más severa acusaría a la institucionalización de haber traicionado el proyecto. La más benigna recordaría que trabajar fuera de los claustros y a la vez necesitar instituciones para sobrevivir fue una tensión constitutiva del método desde su origen: el CINEP, La Rosca y las universidades fueron simultáneamente refugio y vector de domesticación, y la ONGización posterior fue la resolución previsible de esa ambigüedad. Ambas lecturas son parciales. La historia real es que la IAP fue víctima principalmente de su propio éxito estructural: al demostrar en la Costa y en el Cauca su capacidad para articular movimientos capaces de recuperar tierras y refundar cabildos, se convirtió en blanco de élites y guerrillas que compitieron por controlar o eliminar los procesos que había ayudado a articular. La violencia paramilitar y el exterminio de la UP no fueron accidentes exteriores; fueron respuestas funcionales al poder organizativo que la IAP había contribuido a generar. El interlocutor comunitario más radical del método fue precisamente el que las armas persiguieron con mayor sistematicidad.
Lo que queda, al final del período de crisis y narcotráfico, no es ni el fracaso ni la continuidad. Es una práctica escindida: un legado metodológico difundido globalmente y una praxis política local sistemáticamente decapitada. Alfredo Molano, que había trabajado en la misma vena narrativa y militante desde los setenta, siguió publicando desde el exilio y desde el trabajo de campo persistente los relatos que la IAP había vuelto pensables como género —el testimonio campesino como fuente histórica de primer orden—, aun cuando el país que los producía se hacía cada vez más difícil de habitar. Lola Cendales, en la educación popular boyacense, mantuvo viva la línea pedagógica. El CRIC siguió recuperando territorio.
Fals Borda, hasta su muerte en 2008, sostuvo que trabajar de manera independiente y fuera de los claustros universitarios, pese a las dificultades, seguía pareciéndole positivo como estrategia frente al colonialismo académico. En esa constatación —tercamente afirmativa, aunque cargada de la conciencia de todo lo que se había perdido en el camino— está el balance más justo que la propia IAP pudo hacer de sí misma. No un método victorioso, no un método derrotado: un método vivo, escindido, con sus aristas de nacimiento un poco limadas por la difusión y un poco quebradas por el fuego, pero todavía capaz, cuando encuentra comunidades organizadas dispuestas a exigirlo, de hacer lo que se propuso hacia 1970 en las mesas cortas de un baluarte en Córdoba: producir conocimiento que sirva para transformar la vida de quienes lo producen.
En el archivo
3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Crisis y narcotráfico1974–19901
02Transversal—1
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Orlando Fals Borda — principal articulador y teórico de la IAP en Colombia
- 02Camilo Torres Restrepo — cofundador del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, precursor intelectual del compromiso que alimentó la IAP
- 03ANUC — primer laboratorio organizativo de la IAP en la Costa Atlántica colombiana
- 04CRIC — movimiento indígena del Cauca que aplicó metodologías participativas vinculadas a la IAP en procesos de recuperación territorial y formación política
- 05Paulo Freire — referente internacional de la IAP a través de la pedagogía del oprimido y las redes de educación popular
- 06Anisur Rahman — colaborador internacional de Fals Borda en el desarrollo y difusión de la IAP
- 07Constitución de 1991 — texto que institucionalizó el vocabulario participativo y pluralista construido en parte desde la tradición de la IAP
- 08Colonialismo intelectual — concepto que la IAP busca contrarrestar mediante la construcción de una ciencia propia latinoamericana
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
44 documentos · 49 fragmentos
01Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 19, 2902 citas
[1]de Jegua y lo describí con motivo de la primera llegada de los conquistadores Heredia (tomo tercero). En cuanto a la ideología, cuando escribí la Historia doble, el inolvidable maestro Gerardo Molina, dirigente político e intelec- tual de la mayor dimensión, ya me había matriculado como so- cialista humanista y así lo…
p. 19
[13]sociólogos" (nota 6). En efecto, observa que en la investigación participativa con- vencional el sociólogo alcanza metas de carácter empalíeos (del griego empatheia, "en el sufrimiento": compenetrarse de los motivos subjetivos de otra persona). Este convencionalismo se rompe al plantearse el problema de las metas del…
p. 290
02Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 211 cita
[2]estaba descu- briendo en el terreno o en los documentos. Así, por ejemplo, además de llamar "Mascachochas" al sanguinario general Tomás Cipriano de Mosquera, hice que por esta violenta razón le home- najeara con mordiscos una brigada aérea de mariapalitos veneno- sas en una ceremonia masónica en Cartagena (tomo…
p. 21
03El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 11 cita
[3]UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS. DEPARTAMENTO DE HISTORIA. EL MARXISMO en Colombia Orlando Fals Borda. Gerardo Molina. Dar í o Fajardo. Gabriel Misas. Ricardo S á nchez. Klaus Meschkat. Eduardo Pizarro. Carlos Uribe. Fernando D'Janon. Gonzalo Cata ñ o. EL MARXISMO EN COLOMBIA ORLANDO FALS…
p. 1
04Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 381 cita
[4]their sociology.2 Professor Orlando Fals Borda asserts that it is possible to dis¬ tinguish three stages in the development of sociology in Colombia: the philosophical or European phase; the transitional or Euro- North American phase; the present stage which involves an elab¬ oration of the other two.3 Personally, I…
p. 38
05De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1381 cita
[5]presencia de Camilo Torres, profesor de sociología y sacerdote católico joven. enér- gico, práctico y entrenado en una universidad europea. formaba parte de la atracción que tenían el departamento y el programa a comienzos de la década de ]960. Camilo Torres era, además, un buen miembro del Departamento. Participa- ba…
p. 138
06De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1381 cita
[6]a equivocación, que la presencia de Camilo Torres, profesor de sociología y sacerdote católico joven. enér- gico, práctico y entrenado en una universidad europea. formaba parte de la atracción que tenían el departamento y el programa a comienzos de la década de ]960. Camilo Torres era, además, un buen miembro del…
p. 138
07El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 811 cita
[7]en países del Tercer Mundo, ha empezado a institucionalizarse. ¿Es esto avance o retroceso? Todavía no podemos contestar la pregunta, excepto para observar que se ha cumplido la etapa inicial de la implantación y difusión de aquella idea, proceso quizás inevitable cuando la idea demuestra su bondad, así se pierdan un…
p. 81
08Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 45, 492 citas
[8]1975, 11). These investigations employed a method known as Participatory Action Research. According to Orlando Fals-Borda, the method was developed by Marxists such as Lenin, Mao and Giap, and replaced the techniques of participant observation and experimental observation with ‘militant obser - vation’, by which the…
p. 49
[10]asserts that those who bear these signs have the right to abuse and take advantage of those who do not. The inter - action between these classes of values is paradoxical, as it promotes the M. ZULETA 9 idea that the resolution of conflict is achieved through permanent war, in which the strongest side, which are…
p. 45
09La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 11 cita
[9]?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…
p. 1
10La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 11 cita
[11]D e la subversión y la finali D a D histórica Orlando Fals Borda Bogotá, D. C., 2008 Colección 2 l a s ubversión en c olombia 1º Edición española, 1967 Universidad Nacional de Colombia/ Tercer Mundo Bogotá, Colombia. 2º Edición Española, 1968. Idem. 3º Edición Inglesa, 1969. Columbia Univesity Press, New York 4º…
p. 1
11Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 801 cita
[12]The objective, in addition to meeting the needs and demands of these sectors, is to enter and deepen the way in which, from there, owned visions of the world are built. The relationship between scientific and popular knowledge, or people’s science, is then posed horizontally. Although stated as this, they would 5…
p. 80
12Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 2212 citas
[14]en que esta, como lo defendimos aquí, se confronte con el reto de involucrar y reconocer todo este acervo de prácticas políticas “desde abajo”, más atentas a las problemáticas y procesos de organización locales, y a sus singulares trayec - torias y circunstancias. Por último, en cuanto a las formas de saberes otros y…
p. 221
[15]en que esta, como lo defendimos aquí, se confronte con el reto de involucrar y reconocer todo este acervo de prácticas políticas “desde abajo”, más atentas a las problemáticas y procesos de organización locales, y a sus singulares trayec - torias y circunstancias. Por último, en cuanto a las formas de saberes otros y…
p. 221
13Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 231 cita
[16]estos datos y en notas de pie de página se encuentra en el CANAL B. Por razones de comunica- ción y estilo, consideré adecuado compartir la alegría que sentía en aquellos momentos de reflexión y redacción, que dramatiza- ban rasgos personales o gestas colectivas de lo que estaba descu- briendo en el terreno o en los…
p. 23
14Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 201 cita
[17]de Isabel Clemente sobre San An- drés y Providencia, las monografías de José Manuel Vergara y José Luis Garcés (Ciénaga de Oro), Jaime Colpas (Barranquilla), Ber- nardo Ramírez y Edgar Rey (Mojana), Pepe Castro (Valledupar), Víctor Negrete (Sinú), Rafael Velásquez y Víctor Julio Castillo (Magdalena Medio), y otros…
p. 20
15The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 2621 cita
[18]recommended the parceleros to forget about the titles; the best title was our own organization, and not private property. Most of our people accepted provisional assignment contracts, which at that time could be used to obtain loans from the Caja Agraria" (interview 87). 32. O. Fals Borda, "Sentido politico," p. 170.…
p. 262
16El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[19]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
17Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 291 cita
[20]que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…
p. 29
18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1231 cita
[21]de julio de 1970, a un mes de que se terminara el gobierno de Lleras, se creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Para entonces, había casi un millón de hombres y mujeres afiliados a las asociaciones campesinas, y un empoderamiento que se reflejaba en las palabras del líder agrario sucreño Francisco…
p. 123
19Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 25, 3432 citas
[22]sector, la acción política indígena debía estar liderada por sus propias autoridades, en un proceso de recuperación y fortalecimiento de sus formas propias de gobierno. En este debate se produciría la escisión entre el CRIC y AISO (Autoridades Indígenas del Suroccidente), en medio de debates teóricos en los cuales…
p. 25
[25](2002, comunicación personal). Tattay dijo que él no había discutido con Vasco o Bonilla (Tattay, 2002, comunicación personal). También que en Las Mercedes había sólo algunos toros de lidia (Vasco 2002, comunicación personal), aunque Lucero Gómez describió una manada de ganado que arremetió contra la asamblea, pero…
p. 343
20Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 341 cita
[23]nivel y ahí fue donde aprendí a manejar el tema de la política indígena, entender como analizar los problemas de la co- munidad, a desarrollar metodología de trabajo con la comunidad, existe un gran acumulado de la experiencia de formación política. La experiencia de formación política en el CRIC, creo que eso ya es…
p. 34
21Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1101 cita
[24]se aisl6 practicamente de los sec- tores campesinos al crear la Organizacién Revolu- cionaria del Pueblo (ORP), un grupo mas del es- pectro politico de la Nueva Izquierda. A partir de aqui, el movimiento campesino se atomiza y la mo- vilizaci6n popular més importante de este siglo se desmorona, victima de sus propias…
p. 110
22Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3321 cita
[26]ha sido la búsqueda y el ofrecimiento de apoyo a otros organismos populares, incluyendo los campesinos, los sindicales, los de intelectuales y los estudiantiles. Desde sus inicios se propuso integrar a todos los indígenas del 333 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr país alrededor de algún tipo de entidad que les…
p. 332
23Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 831 cita
[27]parecido con el fulano, la fulana y a reírse entre ellos, y eso ya rompía todas las di- ficultades de comunicación que habían antes… Pero tratábamos de ir mucho más allá y justamente por esos días le pedimos a un equipo que se llamaba el Equipo Misionero, un equipo de suizos que no solamente trabajaban en la parte de…
p. 83
24Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 1811 cita
[28]Tras sacar a sacerdotes progresistas como Gustavo Gutiérrez, nombraron al ya mencionado jesuita belga Roger Vekemans, quien había llegado desde Chile. Los jesuitas, por esos años, organizaron centros de investigación que llamaban CIAS (Centro de Investigación y Acción Social), y luego en cada país cambiaron de nombre.…
p. 181
25Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 1081 cita
[29]y tortura en Caqueta (Death and Torture in Caqueta); the report was also translated and published in the United States by activists based in New York. In part because of the international institutional links provided by the Catholic Church, CINEP developed a strong relationship with human rights activists in the…
p. 108
26Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3361 cita
[30]no el único, los particulares también violan los derechos. […] Y entonces aquí aparece el debate sobre la dimensión jurídica de los derechos humanos y luego la dimensión ética de los derechos humanos. Todo ese debate se movía mucho ya no sólo en las organizaciones de derechos humanos sino tam- bién en las…
p. 336
27Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 911 cita
[31]5 Acerca de la desmovilización del M -19 y de la creación de la ADM -19, véase Garibay (2003, p. 412 s.). 6 Entrevista a político en retiro, Santa Marta, 2011. 7 Entrevista a sindicalista, Santa Marta, marzo de 2009. 8 El caso de Urabá ya fue citado. Véase, principalmente, Ortiz Sarmiento (2007) y Suárez (2007). Sobre…
p. 91
28Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 1902 citas
[32]en todos los territorios donde tuvieron presencia. Sin embargo, en los territorios con- solidados (con presencia paramilitar antigua, sin presencia guerrillera y debi- lidad estatal) este control fue más alto y llegó a tener unas lógicas diferentes. El presente capítulo busca identificar cuáles fueron los mecanismos…
p. 190
[33]en todos los territorios donde tuvieron presencia. Sin embargo, en los territorios con- solidados (con presencia paramilitar antigua, sin presencia guerrillera y debi- lidad estatal) este control fue más alto y llegó a tener unas lógicas diferentes. El presente capítulo busca identificar cuáles fueron los mecanismos…
p. 190
29Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 521 cita
[34]la información recolectada por el Cinep, institución que a partir de 1987 empieza a registrar y sistematizar todos los eventos del conflicto armado tomando como base fuentes de prensa de cobertura nacional y re- gional. Esa revisión se realizó en el Archivo de Bogotá, institución que actualmente custodia los registros…
p. 52
301989María Elvira Samper · 2019 · p. 481 cita
[35]y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…
p. 48
31Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2151 cita
[36]de los más ilustrativos al respecto. Un líder de este partido le dijo a la Comisión: «Allí se produjeron matanzas horribles. Allí fue asesinado el alcalde de Tibú, Tirso Vél ez […], el candidato más opcionado a la Gobernación de Santander […]. En la ciudad de Barrancabermeja, fue asesinado Leonardo Posada Pedraza,…
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32Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 2471 cita
[37]tam- bién empieza como a perder ese… ese rol propio de defender libremente al trabajador. Entonces se presentaron muchos vacíos. (CNMH-DAV, exmili- tante de Esperanza, Paz y Libertad, Apartadó, 2017, 3 de diciembre) Otro daño político derivado de la desaparición de la UP fue la instalación en el imaginario y en el…
p. 247
33La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3651 cita
[38]momento societal, y es posible que los reparados ya ni siquiera tengan los mismos niveles de identidad» 725. De esta forma, el exilio se convirtió en una forma de «desarticular la lucha política y obstruir procesos de transformación social en el país […] La imposibilidad de continuar con el trabajo político o social…
p. 365
34La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 2561 cita
[39]distintas bandas armadas afectó de igual manera las formas de tenencia y propiedad de la tierra. Si bien hubo fuertes ganancias en las recuperaciones de las tierras en los setenta, a finales de los ochenta los campesinos empezaron a vender sus propiedades: Cuando uno venía a darse cuenta que se fue el compañero fulano…
p. 256
35Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 441 cita
[40]corte maoísta, la Liga Socialista o por muchos conocidos como la «Línea Morroa», y los llamados «independientes» con un espíritu de izquierda pero con claras intenciones de nego- ciación con el Estado. La violencia padecida por líderes campesinos en los seten- ta tuvo dos factores contribuyentes, según la…
p. 44
36¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 991 cita
[41]la periferia fue la contrarreforma agraria ocurrida en las regiones econó- micas más integradas. Esta trajo consigo una creciente ganaderización, producto de la compra masiva de tierras por parte de los narcotrafican- tes, rasgo particularmente acentuado en la costa caribe, el Magdalena medio y el Meta. 108 La crisis…
p. 99
37Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2771 cita
[42]proceso la participación ciudadana, por fuera de los cauces establecidos por la Constitución, alcanzó su máxima e presión y su producto fue la nueva Constitución Política de Colombia La Carta de 1991 establece un sis- tema al que podríamos denominar de- moracia participativa, descubriendo horizontes para un nuevo…
p. 277
38Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[43]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
p. 49
39Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3361 cita
[44]política, creó una circunscripción nacional para elegir un senado de numerus clausus: 100 miembros, más dos indígenas. Antes de esbozar las grandes líneas de la constitución de 1991, conviene subrayar el silencio en relación con el estatuto de los mi- litares y de la policía y sus relaciones con el poder civil. Las…
p. 336
40Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[45]Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…
p. 85
41¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 4071 cita
[46]2012 se tramitaron 132 iniciativas de revocatoria de mandato, en 110 municipios y 2 departamentos, todas fueron ineficaces. El umbral de votos, problemas en la reco- lección de firmas, presiones indebidas sobre los promotores de la revocatoria y sobre los votantes, la injerencia indebida en el trámite por parte de las…
p. 407
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[47]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94
43Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 761 cita
[48]propaganda ideológica. Un elemento final entre nosotros constituye uno de los debates más fascinantes dentro de la Constituyente del año de 1991, relacionado con esta materia. En un principio, la discusión se abordó de manera más teórica: cuál es el límite a la injerencia de las regulaciones estatales frente a la vida…
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44Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 521 cita
[49]affected by conflict (specifically, PDET regions), the desire for the participation of communities and the need to bring together academic, civil society and government actors. Initially influenced by the optimism of the early post- accord period, the Improbable Dialogues project – named after the concept introduced…
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