Boyacá
“Boyacá es el territorio donde se superponen con mayor densidad los estratos que componen la historia colombiana: sobre el altiplano que los muiscas convirtieron en nodo comercial de sal, esmeraldas y telas, los españoles levantaron una ciudad…”
Boyacá es, antes que un departamento, un altiplano estratificado. Sobre sus valles fríos entre 2.500 y 2.800 metros —el corazón de la Cordillera Oriental— se depositaron, capa sobre capa, los mundos que produjeron a Colombia: la confederación muisca que administraba sal y esmeraldas, la ciudad encomendera que Gonzalo Suárez Rendón fundó sobre la antigua Hunza el 6 de agosto de 1539, el campo de batalla donde en 1819 se decidió la independencia de la Nueva Granada, el bastión conservador que sostuvo la Regeneración y suministró a la República buena parte de su clase política, y el escenario del despojo agrario que atraviesa toda la historia colombiana, desde la mita urbana de Tunja hasta las guerras verdes del cinturón esmeraldífero. Ningún otro territorio del país concentra tantos comienzos ni exhibe con tal claridad la distancia entre el símbolo nacional y la vida material de quienes lo habitan.
El altiplano antes de España
Cuando las huestes de Jiménez de Quesada remontaron el Magdalena en 1537, encontraron en las tierras altas y mesetas de los actuales Boyacá y Cundinamarca la sociedad indígena más densa y organizada de todo el territorio que sería Colombia. Los muiscas —hablantes de una lengua chibcha— habían levantado comunidades agrícolas populosas y una economía compleja articulada por mercados que se celebraban cada cuatro días en los principales centros del altiplano.
La cúspide política estaba dividida entre dos señores: el Zipa, con asiento en Bacatá, y el Zaque, con asiento en Hunza. Su soberanía era nominal más que efectiva: bajo ellos operaban caciques locales con poder propio, y algunas evidencias sugieren un dualismo o sistema de mitades al interior de los cacicazgos. Eduardo Londoño ha propuesto, para Tunja y Ramiriquí, la existencia de dinastías paralelas. Esta arquitectura política fragmentada, más que la fábula de una guerra civil entre Zipa y Zaque que los cronistas tardíos inventaron para explicar la conquista, es lo que conviene retener: Boyacá empieza siendo un espacio de coexistencia entre poderes rivales, no un reino unificado.
La economía muisca del Zaque descansaba sobre dos monopolios geográficos. Las minas de esmeraldas de Somondoco —hoy en el suroriente boyacense— estaban bajo su control, y de allí obtenía el Zipa las gemas de las que carecían sus dominios. Sal, esmeraldas, coca y telas de algodón eran los grandes productos de intercambio, que salían por rutas de larga distancia hacia el valle del Magdalena y regresaban convertidos en oro, plumas, aves y yopo. El oro que consumía el Zipa provenía de Neiva y otros puntos del Magdalena; la coca y el algodón, que el frío del altiplano impedía cultivar, llegaban también del comercio con pueblos de tierra caliente. La opulencia muisca era, así, una opulencia comercial: dependía menos de recursos locales que de una red de intercambios que atravesaba media Cordillera Oriental.
Sobre esa población se estratificaban ya diferencias internas. Estudios decimonónicos sobre restos craneales en cementerios del altiplano y variaciones dialectales sugirieron que la ocupación chibcha se había superpuesto a pueblos anteriores subyugados; una hipótesis moldeada por las categorías raciales del siglo XIX, pero que en todo caso desmiente la imagen de un altiplano culturalmente homogéneo. Boyacá, desde antes de España, era ya palimpsesto.
Hunza se vuelve Tunja
La fundación de Tunja el 6 de agosto de 1539 por Gonzalo Suárez Rendón, capitán de la hueste de Quesada, fue un acto deliberadamente palimpséstico: la ciudad española se levantó sobre el sitio exacto que había ocupado la capital de los zaques. La operación no era solo simbólica. La densa población indígena del altiplano era, precisamente, el recurso que hacía atractiva la conquista, y trazar la ciudad sobre Hunza permitía capturar de un golpe la infraestructura territorial y la mano de obra muisca.
El sistema que hizo posible la Tunja colonial fue la encomienda. Hacia 1550-1560 existían aproximadamente 108 encomiendas entre Tunja y Santafé, pero de los 265 conquistadores de las expediciones de 1537-1543 solo 90 conservaron o ganaron una: los demás quedaron como simples vecinos. La ciudad se organizó como una jerarquía estricta de encomenderos rodeada por una masa de españoles pobres, ambos viviendo del trabajo de los indios tributarios. La mita urbana sostuvo la construcción y el mantenimiento de iglesias, conventos y casas señoriales; los indios de las encomiendas rurales abastecían el mercado de víveres.
La planificación del territorio corrió por cuenta de la Audiencia. El licenciado Luis Henríquez, oidor, visitó personalmente o por medio del escribano Rodrigo Zapata los sitios donde debían levantarse los pueblos de indios en Cundinamarca y Boyacá, y expidió instrucciones a los encomenderos: dónde poner la plaza, dónde la iglesia, cómo trazar las calles y —detalle brutal— cómo quemar los antiguos asentamientos para forzar el traslado. Los pueblos boyacenses que hoy parecen inmemoriales nacieron así, por orden del oidor, sobre las cenizas literales del mundo muisca.
La opulencia inicial fue engañosa. Los encomenderos de Tunja labraron casas costosas cuyas portadas decoraron con escudos de armas, y la ciudad se consolidó como núcleo culto, con conventos que atrajeron artistas y donaciones. Pero ciento cincuenta años después de fundada, Tunja no reunía más de 500 vecinos españoles. El motivo era el colapso demográfico indígena que asoló todo el altiplano y toda la Nueva Granada, y que obligó en el siglo XVII a agregar pueblos para no perder los últimos brazos tributarios. La ciudad llevaba en sí el germen de su decadencia: montada sobre mano de obra indígena, monopolios y sueldos coloniales, se marchitaba con ella. En el siglo XVIII, mientras Santafé crecía como sede virreinal, Tunja se replegaba en su meseta.
La provincia de la independencia
El siglo XIX rescató a Tunja de esa marginalidad melancólica y la convirtió, casi contra su propia inercia, en escenario fundacional de la República. El proceso empezó con el juntismo. El 20 de julio de 1810 estalló en Santafé, y apenas cinco días después, el 25 de julio, se conformó en Tunja una Junta de Gobierno. La provincia se sumaba al movimiento con una prontitud que anunciaba su temperamento político: sería federalista.
El 27 de noviembre de 1811, las provincias de Antioquia, Cartagena, Pamplona, Neiva y Tunja se constituyeron en las Provincias Unidas de Nueva Granada, con una constitución federal frente al centralismo que Antonio Nariño defendía desde Cundinamarca. El conflicto entre ambos proyectos —el eje político de la llamada Patria Boba— tuvo a Tunja como capital efectiva de la causa federal, bajo el liderazgo intelectual de Camilo Torres. Hubo choques militares: el general Antonio Baraya, que operaba bajo Nariño, desertó en marzo de 1812 y se pasó al Congreso; fuerzas de Nariño y de Tunja se enfrentaron en el terreno sin que las negociaciones posteriores sellaran acuerdo alguno. La Provincia de Tunja no era simplemente periferia de la disputa: era uno de sus dos polos.
La reconquista española de 1815-1816 borró temporalmente esa geografía política, pero la campaña libertadora de 1819 la restauró. A finales de mayo de ese año, en Mantecal, Bolívar reunió un consejo de oficiales y expuso el plan que juzgaban temerario incluso los propios patriotas: cruzar los Llanos en la temporada de lluvias, escalar los Andes por el páramo de Pisba y caer sobre la retaguardia realista en el altiplano. La marcha remontó Guasdualito, el Arauca y Tame, donde las fuerzas de Bolívar y Santander confluyeron con la vanguardia de José Antonio Anzoátegui y las lanzas llaneras de Juan José Rondón.
Las batallas decisivas se libraron todas en la Provincia de Tunja. El 1 de julio, el 23 de julio —victoria en el Pantano de Vargas, donde la carga de Rondón salvó la jornada— y, finalmente, el 7 de agosto de 1819, la batalla de Boyacá. En un puente sobre el río Teatinos, a pocos kilómetros de Tunja, el ejército del coronel José María Barreiro fue destrozado en poco más de dos horas. El propio Barreiro fue apresado por un joven boyacense de quince años, Pedro Pascasio Martínez, que rechazó los sobornos del prisionero y lo entregó al mando patriota. La gran mayoría de jefes, oficiales y tropas realistas quedaron capturados. Al día siguiente el virrey y las autoridades españolas huyeron de Santafé, y Bolívar entró a la capital sin resistencia.
La consecuencia inmediata fue política: liberada Nueva Granada, se abría el camino para la creación de la República de Colombia —la Gran Colombia—, proclamada meses después en el Congreso de Angostura. La consecuencia simbólica fue duradera: Boyacá quedó inscrita en la fundación misma del Estado. Su territorio, que había sido puente entre los Llanos y la capital, se convirtió en el lugar donde se ganó la independencia, y el 7 de agosto, en la fecha civil por excelencia de la nación. La provincia rezagada por el colapso indígena era ahora cuna republicana.
Detrás de la épica había, sin embargo, un dato menos glorioso: la campaña había podido sostenerse porque el terror español de la reconquista había afectado a todos los grupos sociales, y campesinos y sectores populares del altiplano se sumaron progresivamente a una causa que empezaba a parecerles idea compartida de salvación. La independencia boyacense fue tanto obra de la élite criolla como del campesinado que se dejó reclutar por el ejército libertador. Ese doble origen —heroico y popular— será el suelo sobre el cual la República construirá, con el correr del siglo, la imagen del ruanero como pueblo raíz.
Hacienda, resguardo y minifundio
Debajo de la historia política, la estructura agraria del altiplano cundiboyacense seguía siendo la que había dejado la Colonia. La concentración de mano de obra muisca y la benignidad del clima para los europeos habían convertido a la franja entre Bogotá y Tunja, desde el siglo XVI, en tierra de encomiendas, latifundios y haciendas de órdenes religiosas y de descendientes de españoles. La independencia no modificó ese cuadro: sustituyó al Rey por la República, pero mantuvo intactas las jerarquías de propiedad.
El siglo XIX vio consolidarse en Cundinamarca y Boyacá haciendas agrícolas y ganaderas que emplearon considerable población indígena y mestiza bajo relaciones principalmente serviles: concertaje, arrendamiento con obligación de trabajo, aparcería. Junto a ellas, dos procesos alimentaron el nacimiento de un campesinado parcelario. En zonas como Choachí, el Valle de Tenza, Saucio, Tenjo, Duitama y Sogamoso, vecinos pobres ocuparon sectores de los resguardos —cuya disolución avanzó a lo largo del siglo— y, en algunos casos, arrendatarios o concertados de haciendas descompuestas accedieron a la tierra por fragmentación de los antiguos dominios. Emergió así el minifundio boyacense: parcelas diminutas en ladera, insuficientes para sostener una familia sin trabajo asalariado complementario, cultivadas con papa, trigo y maíz.
La productividad era baja. En las haciendas ganaderas se introdujeron nuevas variedades de trigo y de papa, pero la trilla se seguía haciendo, hasta bien entrado el siglo XIX, echando bestias sobre montones de trigo segado. Después de 1870 aparecieron algunas trilladoras mecánicas, y en la última década del siglo la Sabana de Bogotá contaba con una trilladora de vapor y unas veinte movidas por mulas: la industrialización agrícola del altiplano avanzaba a paso de mula, literalmente.
A finales del siglo XIX, la presión demográfica en las zonas minifundistas de Boyacá se hizo insostenible. La migración se abrió como válvula de escape, sobre todo hacia las zonas de colonización cafetera del occidente cundinamarqués, Tolima y Antioquia. El sistema de arrendamiento con que las haciendas cafeteras pagaban a su fuerza de trabajo, tomado de las pequeñas plantaciones de caña del occidente de Cundinamarca, era similar en muchos aspectos al vigente en las tierras altas cundiboyacenses; se lo consideraba adecuado a las características peculiares del campesino boyacense, y esa adecuación —parcial, provisional, más ideológica que técnica— facilitó el trasplante de brazos boyacenses al naciente eje cafetero. La misma sociedad criolla que exportaba trabajadores exportaba también los prejuicios coloniales sobre ellos: el geógrafo Francisco Javier Vergara y Velasco, en su geografía de 1901, reiteró los argumentos tradicionales sobre la naturaleza del campesino boyacense, argumentos herederos directos de la jerarquía de castas.
Ya en el siglo XX, y sobre todo tras 1950, el eje cundiboyacense se consolidaría como corredor de complejos agroindustriales, industriales y mineros: Bogotá, la Sabana Centro con Tocancipá, Chía, Cajicá, Nemocón, Tabio, Cota y Zipaquirá, hasta el distrito industrial de Duitama y el complejo turístico de Paipa. Pero esa modernización convivió con la persistencia del minifundio precario en las provincias altas, donde la estructura agraria heredada de la Colonia siguió determinando la vida de miles de familias.
El bastión conservador
Si la fisonomía agraria de Boyacá era la del minifundio en la ladera y el latifundio en el valle, su fisonomía política, desde mediados del siglo XIX y hasta bien entrado el XX, fue la del conservadurismo. La adhesión no fue uniforme ni universal —hubo liberalismo boyacense, y fuerte—, pero sí lo bastante estable como para hacer del departamento uno de los pilares de la Regeneración y de la Hegemonía Conservadora.
El caso paradigmático es el de la vereda Chulavita, en el municipio boyacense de Boavita, cuyo nombre pasaría a la historia nacional. Desde 1837, según la tradición, esa vereda volcó su adhesión incondicional al Partido Conservador, y su nombre terminaría, un siglo después, designando —bajo la forma "chulavita" o "chulativa"— a las fuerzas de policía conservadoras de la primera ola de la Violencia. La etimología es discutida, pero la carga simbólica no: Chulavita era, para el imaginario nacional, la abreviatura de un conservadurismo campesino, católico, terco y armado, que la geografía y la historia identificaban con Boyacá.
En las primeras décadas del siglo XX, el departamento fue plataforma política de figuras nacionales. Rafael Reyes, oriundo del Cocuy boyacense, ocupó la presidencia y durante el llamado Quinquenio (hasta 1909) impuso una reorganización autoritaria del Estado; durante su gobierno se mejoraron carreteras en Cundinamarca y Boyacá, señal temprana de la integración vial que solo el siglo XX completaría. La Hegemonía Conservadora que dominó Colombia entre 1886 y 1930 se sostuvo sobre la Constitución de 1886 y su centralismo político-administrativo, y Boyacá aportó a esa hegemonía tanto votos como cuadros. El regionalismo y el caudillismo, sin los cuales no puede comprenderse la dinámica de los partidos colombianos del siglo XIX, siguieron articulando la política departamental al menos durante las primeras décadas del XX, y las redes de poder local de base hacendil continuaron siendo el sustrato efectivo de la lealtad partidista.
Las cifras de las asambleas departamentales de 1929-1931 y 1931-1933 —60.859 votos conservadores contra 42.512 liberales en el primer período; 63.291 contra 51.480 en el segundo— confirman el predominio, ya en tiempos de la República Liberal que en Boyacá tardaría más en implantarse. El departamento no era monolítico: la competencia era real y las minorías liberales, sustanciales. Pero la balanza se inclinaba, y esa inclinación tendría consecuencias trágicas.
La Violencia baja del páramo
El 9 de abril de 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, Colombia se encendió. En Boyacá, la reacción no fue de duelo sino de movilización armada del bando contrario. El gobernador conservador —don Chepe Villareal— convocó a los conservadores mayores de dieciocho años para defender el gobierno, la patria y la Iglesia, y los organizó en comisiones con misiones diferenciadas, entre ellas la de marchar sobre Bogotá.
En Boavita, la escena fue todavía más nítida. Bajo la orientación del cura párroco —el padre Goyo— y de un sargento de apellido Sánchez, se formaron grupos de hombres con encargos precisos: detener a los liberales del Cocuy, defender el pueblo y alistarse para el descenso hacia la capital. El detalle importa: la contramovilización conservadora del 9 de abril en Boyacá no fue improvisada ni respondía únicamente a órdenes bogotanas. Tenía raíces municipales, párrocos que actuaban como oficiales de un ejército paralelo y una capacidad de organización local que solo décadas de sedimentación política pueden explicar. Boyacá no fue instrumento pasivo del centralismo conservador; fue uno de sus laboratorios.
La violencia, sin embargo, no había empezado el 9 de abril. Desde el cambio de gobierno en 1946, el presidente Mariano Ospina Pérez había nombrado gobernador conservador de Boyacá a Valderrama, quien emprendió una revancha partidista mediante técnicas directas, simples y brutales: llenó la policía departamental con simpatizantes conservadores, destituyó empleados públicos liberales, intimidó a portadores de cédulas del partido rival, permitió el despojo de tierras y encubrió asesinatos. Los latifundistas boyacenses aprovecharon la violencia para recuperar tierras perdidas tras las reformas agrarias liberales de los años treinta o para crear nuevos latifundios. La Violencia no era un fenómeno abstracto: era, en el altiplano, una reconcentración de la propiedad rural por métodos criminales.
La irradiación regional del conflicto boyacense fue profunda. Los liberales expulsados o amenazados buscaron refugio en tierras bajas, y durante los años cincuenta la violencia partidista se extendió a los Llanos Orientales, donde la población campesina se organizó en guerrillas móviles. Las guerrillas llaneras aprendieron pronto a nombrar al enemigo: llamaban a las fuerzas oficiales "chulavitas", "chulavos", "chunchullo", "Guates", "Paisanitos", "Chatos", "Patones" e "indios" —una taxonomía despectiva que identificaba la represión estatal con el contingente boyacense conservador. El 22 de julio de 1952, la emboscada de El Turpial dejó 96 miembros de las Fuerzas Armadas en el campo: una demostración de que la guerrilla llanera ya no era protesta sino ejército.
En el altiplano, la mecánica de la violencia era distinta pero no menos letal: menos batallas y más asesinatos selectivos, incendios de fincas, desplazamientos y despojos que reconfiguraron la propiedad rural en las provincias. Cuando Gustavo Rojas Pinilla llegó al poder en 1953, buena parte de Boyacá estaba sometida a una guerra civil larvada de baja intensidad cuyos protagonistas eran vecinos.
Las guerras verdes y los años del carbón
La segunda mitad del siglo XX añadió al palimpsesto boyacense una nueva capa: la economía extractiva de gran escala y la violencia armada asociada a ella. En Paz del Río, cerca de Sogamoso, se instaló el gran centro siderúrgico que abastecía la demanda nacional de hierro y acero, y su existencia —junto con la disponibilidad de energía eléctrica— impulsó el desarrollo industrial de Sogamoso y Duitama. El corredor industrial boyacense empezó a modernizar la fisonomía del norte del departamento, incluso mientras las provincias occidentales entraban en un ciclo distinto y más oscuro.
Ese ciclo fue el de las esmeraldas. Las minas de Muzo, Coscuez y Chivor —herederas directas del viejo control zaque sobre Somondoco— pasaron durante buena parte del siglo XX bajo un monopolio estatal ejercido por el Banco de la República. Desde los años sesenta, los llamados patrones esmeralderos trabajaron sistemáticamente para socavar ese régimen: mediante redes políticas, sobornos a funcionarios, guaqueo clandestino y presión armada, buscaban legalizar sus fortunas y ser reconocidos como empresarios mineros legales. Con el tiempo, la administración de las minas por el Banco terminó por colapsar, y el negocio pasó a manos de los patrones.
La transición fue sangrienta. La primera "guerra verde" estalló a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, en el occidente de Boyacá, con repercusiones en Chiquinquirá y Bogotá. La tercera se extendió durante los años ochenta y sumó al conflicto esmeraldero el factor externo del narcotráfico: Gonzalo Rodríguez Gacha, del cartel de Medellín, intentó tomar por asalto el cinturón esmeraldífero. Su muerte, el 16 de diciembre de 1989, desalentó la violencia; tras ella, Víctor Carranza —el más poderoso de los patrones— buscó un acuerdo de paz con los bandos contrarios mediante intermediación de la Iglesia católica, que puso fin a esa tercera guerra.
La paz duró poco y fue una paz armada. En la década siguiente, el occidente boyacense se convirtió en escenario de la incursión paramilitar. El Bloque Elmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia, bajo el mando de Fredy Rendón Herrera —alias El Alemán—, fue llevado desde el Urabá hasta Boyacá por el narcotraficante Yesid Nieto, con contactos en el Guaviare. El Frente Héroes de Boyacá, adscrito al mismo bloque, asesinó a más de un centenar de personas y disputó el control del cinturón esmeraldífero, incluida la zona de Maripí, con otros bloques paramilitares del Magdalena Medio y de Cundinamarca. Antes había ocurrido, en el Magdalena Medio, la consolidación desde 1981 del grupo Muerte a Secuestradores —MAS, cuyos hombres fueron apodados "Masetos"— y el fortalecimiento de las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá y del Magdalena Medio, estructuras seminales del paramilitarismo colombiano cuya órbita tocó de lleno el occidente boyacense.
Las FARC, creadas en 1964, entraron también en la ecuación. Desde finales de los años sesenta, el Frente IV hizo presencia en el Magdalena Medio y, a partir de la provincia del Sumapaz y con apoyo del movimiento agrario en Yacopí, la guerrilla se expandió hacia el occidente cundinamarqués e incursionó en Boyacá. El departamento nunca fue frente principal del conflicto armado nacional, pero sus zonas de frontera —el Magdalena Medio, el piedemonte llanero, el occidente esmeraldero— quedaron inscritas en la geografía general de la guerra. Todavía en 2014 se identificaría en Boyacá una alianza presunta entre comerciantes y Los Urabeños destinada a controlar las subregiones de Occidente y Centro —incluida Tunja—, con nexos entre el negocio esmeraldero, el lavado de dinero del narcotráfico y las rutas de drogas.
Los recursos minerales de Colombia —esmeraldas, carbón, hierro, metales preciosos— fueron señalados por Luis López de Mesa como factores importantes, en algunos momentos, para la viabilidad fiscal del Estado y para proveer ingresos mínimos a algunos colombianos. El caso boyacense demuestra, con la crudeza del occidente y de Muzo, que ese aporte fiscal tuvo un costo humano proporcional.
El ruanero como emblema
Al mismo tiempo que Boyacá sufría estas capas sucesivas de despojo y violencia, el imaginario nacional construía sobre ella una figura opuesta: la del campesino ruanero como reserva moral de la República. La imagen tiene fuentes múltiples. Está la memoria del 7 de agosto de 1819 y de Pedro Pascasio Martínez, el niño boyacense insobornable que capturó a Barreiro y rechazó su oro. Está la longevidad del conservadurismo católico y la asociación entre Boyacá y la Iglesia como pilares del orden. Está la persistencia de una economía campesina de minifundio que, vista desde Bogotá, aparecía como reserva de virtudes agrarias en un país que se urbanizaba.
Los prejuicios coloniales raciales que describían al campesino boyacense a partir de la jerarquía de castas persistieron hasta el siglo XX, y se filtraron incluso en dispositivos culturales de la modernidad. En las comedias televisivas colombianas anteriores a 1983, el personaje boyacense —"un boyacense de toda la papa"— fue uno de los estereotipos regionales que estructuraban el humor geográfico, y solo a partir de series como Dejémonos de vainas se intentaría, con éxito parcial, superar ese modelo. En los concursos nacionales de belleza, la Señorita Boyacá era descrita con rasgos exclusivamente blancos —piel, cabello y ojos—, en un contraste elocuente con la iconografía de los campesinos que evocaban los reportajes conmemorativos de la Batalla de Boyacá. La región era, a la vez, cuna épica y objeto de humor; sus mujeres, blancas en la representación oficial; sus hombres, morenos y toscos en la caricatura popular. El ruanero era, según el uso, héroe o payaso.
La dieta contaba también su parte. Los hábitos alimentarios del campesino boyacense presentaban una escasa presencia de carne bovina, con raciones apenas ocasionales de bistec y carne salada, y ese patrón no habría cambiado sustancialmente hasta la actualidad. La continuidad de la vida material desmentía la retórica de la modernidad.
Frente a esos estereotipos, el propio departamento producía su respuesta cultural. El pintor Jesús María Zamora (1871-1949), boyacense, cultivó desde alrededor de 1900 el género paisajístico que constituyó uno de los indicios de la modernidad artística colombiana; su mirada al altiplano ofrecía una versión de Boyacá distinta a la de la caricatura capitalina. En el siglo XXI, el ciclista Nairo Quintana, nacido en Cómbita, actualizaría el emblema del campesino resistente al llevar la ruana simbólica hasta los podios del Tour de Francia y el Giro de Italia, convirtiendo la altura del páramo en ventaja competitiva y en orgullo nacional.
La huella
Boyacá dejó a Colombia mucho más que un campo de batalla y un festivo cívico. Le dejó la infraestructura simbólica de su fundación republicana: el 7 de agosto como fecha civil por excelencia, el nombre mismo del departamento inscrito en el orden constitucional, el Puente de Boyacá como lugar de memoria oficial. Le dejó también una geografía política que atravesó siglo y medio: el eje conservador que sostuvo la Regeneración, la Hegemonía y buena parte de la resistencia a la República Liberal, con presidentes como Rafael Reyes que salieron de sus provincias, y con Enrique Olaya Herrera —también boyacense, aunque de raíz liberal— inaugurando en 1930 el ciclo opuesto.
Le dejó, además, una economía que integra la República: el hierro de Paz del Río, el acero de Sogamoso, las esmeraldas del occidente, el corredor industrial Duitama-Sogamoso-Paipa, el minifundio de papa y trigo que sigue abasteciendo la Sabana. Le dejó ciudades cuya memoria arquitectónica —Tunja colonial, Villa de Leyva, Monguí, Ráquira— fija en piedra el paso de las capas históricas.
Y le dejó una lección incómoda sobre la construcción de identidades regionales. El ruanero heroico, moral, católico y trabajador que el centralismo bogotano y las propias élites boyacenses fabricaron a lo largo de los siglos XIX y XX es una figura que ha servido, simultáneamente, para dignificar a un pueblo y para ocultar la continuidad del despojo que ese pueblo ha padecido. Bajo la épica del 7 de agosto se extienden la mita urbana de la Tunja colonial, el resguardo disuelto, el minifundio insuficiente, la revancha partidista de 1946, el destierro de los liberales, la reconcentración latifundista de La Violencia, las guerras verdes y la incursión paramilitar. El palimpsesto boyacense se lee en las dos direcciones: hacia arriba, es cuna de la nación; hacia abajo, es archivo de sus modos recurrentes de extracción y violencia. Ninguna de las dos lecturas anula a la otra; ambas son, precisamente, lo que hace de Boyacá una entidad central —y no periférica— en la historia de Colombia.
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Documentos y fragmentos citados
62 documentos · 71 fragmentos01Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1271 cita
[1]en las que se producía abundante comida, que estaban densamente pobladas. Más adelante, la expedición encontró, en las me- setas y sabanas de Cundinamarca y Boyacá (nom- bres de la actual distribución administrativa de Co- lombia), una agrupación indígena numerosa que fue llamada de los muexas o muiscas desde los pri-…
p. 127
02Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[2]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
[3]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 371 cita
[4]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…
p. 37
04Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3321 cita
[5]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
05Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1561 cita
[6]menos claro). En concretos, esto quiere decir que la sociedad se divide en “mitades”, cada una con su propio liderazgo. Por lo general nes entre esas mitades es asimétrica, de manera que una obre la otra, aunque las mitades suelen tener esferas de rentes, o complementarias: en algunos casos una mitad ás de lo secular…
p. 156
06Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 241 cita
[7]su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…
p. 24
07Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 341 cita
[8]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…
p. 34
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 671 cita
[9]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…
p. 67
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 131 cita
[10]las comunidades religiosas que se establecieron en la ciudad de Tunja desde el momento mismo de su fundación (1539). Al Letra capital de un libro de coro iluminada con las armas del arzobispo Lobo Guerrero. 739 mismo tiempo acudieron tallado- res y artistas de la región, convoca- dos por dichas comunidades para la…
p. 13
10Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 951 cita
[11]presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…
p. 95
11Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 1341 cita
[12]Tunja y 50 en Santa Fe. Entonces sólo 26 de las primeras pertenecían a los antiguos compañeros de Quesada y 19 en términos de Santa Fe6. Así, los datos de Flórez de Ocariz resumen la situación a partir de 1550 (muy probablemente hacia 1560). Después de 1550, la recompensa inicial se había desvanecido para mu chos de…
p. 134
12Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3751 cita
[13]se avecindaron en Tunja, labrando casas cos - tosas, cuyas portadas sembraron de escudos de armas «para eternizar su fama en la posteridad», según cándidamente lo afirmaba Juan de Castellanos, primer cura y cronista de la encopetada ciudad, la cual, no obstante todo aquello, progresó tan poco, que ciento cincuenta…
p. 375
13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1551 cita
[14]de tomar posesión del territorio por parte de los españoles. Se fundaron ciudades-puerto, ciudades-centros adminis- trativos, ciudades mineras, ciudades de frontera y ciudades de abrigo y sustento en los largos valles. El tipo de ciudad que dominó el primer siglo colonial fue la ciudad enco- mendera, no sólo porque…
p. 155
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2171 cita
[15]al variar su distribución general, y dar origen a problemas que hoy conocemos como minifundio, paralelo al latifundio. Puede anotarse que casi ninguna de las poblaciones 226 Nueva Historia de Colombia, Vol. I fundadas en ese momento han desaparecido, en tanto de 500 a 700 poblados que existieron por la época de la…
p. 217
15Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2252 citas
[16]década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…
p. 225
[17]década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…
p. 225
16Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[18]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
17Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4221 cita
[19]Constitución de Cundinamarca. 40 14 de junio: Antonio Nariño lanza su periódico La Bagatela. 41 19 de septiembre: Lozano es depuesto. Nariño asume la presidencia de Cundinamarca. 42 Octubre: Reunión de un nuevo Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada. 43 11 de noviembre: Cartagena declara su independencia…
p. 422
18Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4221 cita
[20]Constitución de Cundinamarca. 40 14 de junio: Antonio Nariño lanza su periódico La Bagatela. 41 19 de septiembre: Lozano es depuesto. Nariño asume la presidencia de Cundinamarca. 42 Octubre: Reunión de un nuevo Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada. 43 11 de noviembre: Cartagena declara su independencia…
p. 422
19Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 1561 cita
[21]tomarse la ciudad en junio de 1815, pero no pudo continuar avanzando.1 2 Tanto en el nor-este como en el sud-oeste del país los bolsones de resistencia realista continuaron amenazando la auto nomía de Nueva Granada y a pesar del inminente peligro que involucraba esa resistencia, durante todo este período, conocido…
p. 156
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 501 cita
[22]a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…
p. 50
21Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 691 cita
[23]También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…
p. 69
22Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 391 cita
[24]de Tunja, don Juan Nepomuceno Nino, y muchos oficiales. Narifo no se envanece con el triunfo, al contra- rio, se muestra humanoy generoso con los prisio- neros y altamente agradecido con los vencedores, para quienes crea, como premio, un escudo para el brazo consistente en una placa circular con la ins- cripcién Nueve…
p. 39
23Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2631 cita
[25]inmenso. El invierno los acompañó hasta el mismo Puente de Boyacá. En la Aldea de Setenta, a orillas del río Apure, el Libertador convocó un consejo de oficiales patriotas y les expuso los planes de invasión a la Nueva Granada. Corrían los días de finales de mayo de 1819, para continuar la más grande acción militar…
p. 263
24El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 741 cita
[26]á ez entretuvo a Morillo con acciones de desgaste durante febrero del 19 en la regi ó n que une a Achaguas con San Fernando al Sur del Apure. Achaguas fue durante este tiempo el cuartel general de P á ez, en tanto que San Fernando lo fue de Morillo. Luego, en la acci ó n de Las Queseras del Medio, P á ez Infligi ó una…
p. 74
25Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 281 cita
[27]se logro configurar una idea de sal- vacion de la nacion, si se abrio paso el sentimiento del caracter injusto de la guerra sostenida por Es- pana. De los meros intereses locales, de faccién o del puro interés egoista de defensa de las aspiraciones economicas de uno o de otro grupo, fue posible pa- sar a la…
p. 28
26Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 321 cita
[28]protegiendo el camino real de Santa Fe, linea de comunicaci6n que la fraccion realista quiso siempre mantener a toda costa, pues implicaba la unica via de escape hacia la capital. Santander ordené la ejecucién de la maniobra de flanqueo que, en combinacién con el paso del Puente, tenazmente defendido por el enemigo,…
p. 32
27Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 1461 cita
[29]ilustrasen sobre el proyecto de Constitución. Pero el presidente del Congreso no estimó conveniente la suspensión del debate del proyecto constitucional, argumentando que su obediencia no podía ser obligatoria sino para el pueblo que la aceptara expresamente, pero la posición de la diputación del Casa - nare hizo ver…
p. 146
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 40, 1702 citas
[30]lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…
p. 40
[54]de esmeralderos a emerger y cuestionar su poder. El segundo factor fue el descubrimiento en Maripí de importantes vetas para la explotación. Estos nuevos yacimientos estaban, justamente, en manos de algunos de quienes quisieron ocupar el espacio dejado por Carranza, como Horacio Triana, Diosdé González y los hermanos…
p. 170
29Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1701 cita
[31]por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…
p. 170
30Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 582 citas
[32]que los orígenes del campesino parcelario en las feraces campiñas de la altiplanicie cundiboyacense, como Choa- chí, el Valle de Tenza, Saucio y Tenjo, Duitama y Sogamoso, se remontan a la ocupación de un sector de los resguardos por par- te de vecinos pobres. Es posible también que en algunos casos el nacimiento del…
p. 58
[33]que los orígenes del campesino parcelario en las feraces campiñas de la altiplanicie cundiboyacense, como Choa- chí, el Valle de Tenza, Saucio y Tenjo, Duitama y Sogamoso, se remontan a la ocupación de un sector de los resguardos por par- te de vecinos pobres. Es posible también que en algunos casos el nacimiento del…
p. 58
31Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 891 cita
[34]hand, clear signs of a cultural link between the inhabitants of El Tequendama and the Valle de Tenza, particularly in their musical folklore. It could also be sug- gested that the arrendamiento system used by the estates for paying their workforce was better suited to the peculiar characteristics of the boyacense…
p. 89
32Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2921 cita
[35]a esclavos y campesinos que podían huir a lugares aislados en los que podían subsistir. Los mayores obstá- culos a esos movimientos posiblemente eran las enfermedades tropicales que podían diezmar poblaciones. Por eso durante los siglos xviii y xix surgieron “palenques” o asentamientos de esclavos cimarrones fuera del…
p. 292
33Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 34, 452 citas
[36]Valderrama, who immediately set about a revancha of Boyacá for his party using techniques, in the words of historian Richard Sharpless, that were “direct, simple, and brutal”: In swing vote areas the national police ranks were filled with Conserva- tive sympathizers willing to carry out the orders of Conservative…
p. 45
[42]the fact of being a Liberal was sufficient motive to place their lives in danger.” 14 In Meta unfulfilled promises of the Revolución en Marcha, widespread, un- controlled banditry on the plains, the high cost of living, and raucous political squabbling between nearly evenly divided Liberals and Conservatives created a…
p. 34
34Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 321 cita
[37]dera movidos por bue yes o mulas y de sperdiciaban mucho jugo. En las haciendas cundibo yacenses de predominio ga nadero fueron introducidas nuevas variedades de trigo y papa, pero la producti- vidad era muy baja; se trillaba haciendo correr bestias de carga sobre montones de trigo segado. Después de 1870 aparecieron…
p. 32
35Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 1141 cita
[38]anterior cuadro de Roberto Pizano titulado «Misa en el pueblo». El sentir religioso era muy fuerte entre el pueblo colombiano, y haciéndose eco del mismo el partido conservador basé uno de sus principios en la defensa de la moral cristiana y en la lucha contra el ateismo. A la derecha, el notable estadista Rafael…
p. 114
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[39]gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…
p. 49
37Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 38, 452 citas
[40]gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…
p. 45
[41]su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote "chulativa”, con que los grupos libérales desig naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia', ese era el nombre de una vereda conservadora del municipio boyacense de Boavita que desde 1837 había…
p. 38
38Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 2481 cita
[43]de dieciocho años, todos los buenos cristianos, y todos los con- servadores, debían presentarse para defender el Gobierno, para defender la patria, para defender la Iglesia. En medio de aquellas carreras se nombraron comi- siones; una para detener a los liberales del Cocuy, otra para defender el pueblo, otra para…
p. 248
39El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2691 cita
[44]constituía la mayoría. Tabla N° 5A. Composición de las asambleas departamentales (febrero 1929-febrero 1931) Departamentos Liberales Conservadores Boyacá 42.512 60.859 Norte de Santander 20.165 28.359 Santander 60.238 39.198 Tabla N° 5B. Composición de las asambleas departamentales (febrero 1931-febrero 1933)…
p. 269
40Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2391 cita
[45]which today we see in other countries.s? Rafael Reyes, whose candidacy was supported publicly by moder- ate Conservatives and privately by most Liberals, was a man whose life and thought contrasted sharply with that of Velez. In his mid-50's in 1904 Reyes had received little formal education and was known as a man of…
p. 239
41Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 301 cita
[46]por Pepe Sierra, consuegro y amigo personal de Reyes, y aunque no tuvo los resultados esperados, durante el periodo se ocupó de la política monetaria, administró las finanzas guber- namentales, corrigió los déficits presupuestales e hizo posible el pago de la deuda externa. En cuanto al Ministerio, adelantó lo…
p. 30
42Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 51 cita
[47]had tried to put down the Panama revolt without success, was able to gain the presidency in 1904 by calling for a program of na- tional restoration. Once installed, he quickly adopted authoritarian meas- ures to create a dictatorship known as the Quinquenio that endured until 1909. 10 Historians find the Quinquenio a…
p. 5
43Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3211 cita
[48]con el templa- do valle del río Suárez. En el lado oriental, cerca del límite de Santander, la altiplanicie se convierte en el valle templado del río Chicamocha, cuya producción se orienta tanto del lado de Soatá como hacia Málaga en Santander. Los centros urbanos son Tunja (41. 000 habi- tantes y a 2. 820 msnm),…
p. 321
44La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 471 cita
[49]extensiones de tierra allí donde la presencia guerrillera era nutrida, aprovechando los bajos precios que para entonces imperaban en esas regiones violentas. Los nuevos propietarios llegaron listos para enfrentar la amenaza guerri- llera, primero patrocinando y luego asumiendo directamente el mando de organizaciones…
p. 47
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 741 cita
[50]en el territorio. Los grupos delincuenciales ligados al contrabando heredado de la primera mitad del siglo, crecieron y se sofisticaron. Algunas confrontaciones que dieron cuenta de ello fueron: la «guerra del Marlboro», entre contrabandistas antioqueños a comienzos de los años setenta en el Valle de Aburrá 182; la…
p. 74
46Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 501 cita
[51]Banco de la República con un equipo de lapidación apropiado. Actualmente, las labores de explotación a cie- lo abierto y subterráneas se ejecutan paralela- mente con una explotación visual en las áreas reconocidas como productoras de esmeraldas, si- guiendo la orientación de mineros expertos. Se están adelantando…
p. 50
47Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1012 citas
[52]mala distribución del ingreso ha ocasionado que en algunos momentos los minerales hayan constituido una solución 29 Don Luis López de Mesa (1970) hace un recuento de las posibles riquezas mineras: platino, esmeraldas, rubíes, zafiros, granates, amatistas, diamantes (en el Riogrande antioqueño) sal, carbón, petróleo,…
p. 101
[53]ha ocasionado que en algunos momentos los minerales hayan constituido una solución 29 Don Luis López de Mesa (1970) hace un recuento de las posibles riquezas mineras: platino, esmeraldas, rubíes, zafiros, granates, amatistas, diamantes (en el Riogrande antioqueño) sal, carbón, petróleo, hierro, cobre, mercurio, plomo,…
p. 101
48La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 21, 822 citas
[55]y guerrilleros, que a su vez ejecutaban actos como los asaltos a Restrepo, Sevilla, Vega del Cravo y Magangué con 22 muertos; las acciones de Pache- quiaro, Trinidad, El Recreo, Agua Azul y Tacaré; los asaltos a Granada (Boca de Monte), con 40 muertos, a San Pedro de Ja- gua, Yopal, Algarrobo y Agualinda; la…
p. 82
[57]al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso auxiliar; al doctor Andrew Pearse…
p. 21
49Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 661 cita
[56]total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…
p. 66
50Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 401 cita
[58]décadas an- teriores. La violencia mutó a una forma bandoleril, que en la región próxima a Cundinamarca encontró lugar en la zona esmeraldera de Boyacá y la figura de Efraín Guzmán (Sánchez, Meertens y Hobsbawm, 1985). La paz duró poco en el país. La confrontación se reactivó en 1955 con la guerra de Villarrica…
p. 40
51Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 3201 cita
[59]hacia regiones más ricas; por una parte, a fin de ganar adeptos para su proyecto de lucha armada y, por otra, para incrementar sus posibilidades de financiación im- poniendo cargas y cobros a los distintos agentes de la economía local. El crecimiento de las guerrillas estuvo acompañado con el aumento de sus acciones…
p. 320
52No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[60]una presencia pre- dominante, sobre todo en las zonas más alejadas. Es así como en los años ochenta la disputa por el control territorial en el Magdalena Medio –región donde se encuentra ubicado Simacota– tuvo como actor principal a los grupos paramilitares, en parti- cular el Muerte a Secuestradores (MAS), que se…
p. 47
53Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 631 cita
[61]más que se encontraban con el esmeraldero en una finca de descanso ubica- da en el municipio cundinamarqués de Sasaima, el 27 de febrero de 1989. Por otra parte, la muerte de Rodríguez Gacha se produce el 16 de diciembre del mismo año, lo que finalmente desalienta la violencia en el occidente de Boyacá. De inmediato,…
p. 63
54Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3522 citas
[62]nes. En efecto, para el año 2014 en Boyacá según distintas fuentes existía una alianza entre comerciantes y Los Urabeños, con el fin de ejercer control en las subregiones de Occidente y Centro, en cual se encuentra su capital Tunja, en la cual existen nexos entre el negocio de las esmeraldas, lavado de dinero del…
p. 352
[63]nes. En efecto, para el año 2014 en Boyacá según distintas fuentes existía una alianza entre comerciantes y Los Urabeños, con el fin de ejercer control en las subregiones de Occidente y Centro, en cual se encuentra su capital Tunja, en la cual existen nexos entre el negocio de las esmeraldas, lavado de dinero del…
p. 352
55El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 1181 cita
[64]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
56El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 1181 cita
[65]en tanto regiones vecinas que permiten incrementar acciones de presión por parte de la insurgencia hacia la capital del país. Con respecto al Macizo colombiano 4, es necesario mencionar el papel que desempeñan Tolima y Huila en tanto corredores entre el sur del país (Caquetá y Putumayo) y la zona del Sumapaz. También…
p. 118
57Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 1171 cita
[66]como se profundizará en el capítulo siguiente, en lo relacionado con el ideal femenino era frecuentemente rechazada por ser considerada el opuesto de lo esperado de las mujeres del país. Con las “gringas”, Victoria comparte no solamente el color del cabello sino también una audacia que la lleva a cumplir un gesto…
p. 117
58Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 291 cita
[67]a hot spot of the Pacific Ring of Fire. Medellín, north of the main coffee zone, is an important commercial and industrial hub of west-central Colombia, serving as a marketplace for coffee from the south and mineral wealth from surrounding Antioquia and the Chocó. It is also the most developed industrial and…
p. 29
59Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3491 cita
[68]que está rodeado de una familia opita (su mejor amigo es huilense), una antioqueña de todo el maíz, un boyacense de toda la papa, un paisa urbano —lo sabemos por los dichos y ciertas referencias tales como la afición a un equipo de futbol de Me- dellín—, un costeño de todo el ñame, un caballero bogotano (el típico ca-…
p. 349
60Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1871 cita
[69]through significant rural-rural migration that extended into the "empty lands" {tierras baldias), where many settlements were estab- lished outside state control. A diverse geography and resultant regionalism thus exacerbate the lack of communal feelings among the masses and provide little basis for national cohesion…
p. 187
61El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 3831 cita
[70]este patrón regional no cambió de modo sustancial hasta la actualidad, según lo constata el estudio de Catalina González sobre hábitos nutricionales en la Boyacá del siglo XXI 65 • Como se verá aparte de las ocasionales raciones de bistec y de carne salada, la comida presentaba un énfusis y una variedad bastante…
p. 383
62Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 6421 cita
[71](Bogotá: ICANH, 2012) 335, 348 y 355. 26 Montero, Monjas coronadas, 405. 27 Acosta y Cruz, “Monjas muertas, ¿pintores opacados?”, 24-28. PAISAJE (C. 1900, FIGURA 160) DEL ARTISTA BOYACENSE Jesús María Zamora (1871-1949) nos presenta una amplia vista del paisaje colombiano, posiblemente de la región oriental de los…
p. 642